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El ser humano y la sociedad




Partes: 1, 2

 

  1. El origen del ser humano
  2. La especificidad del ser humano
  3. La génesis social del ser humano
  4. El dinamismo de la socialización
  5. La tradición
  6. Ante la diversidad cultural
  7. La acción
  8. Trabajo e interacción
  9. Individuo y sociedad
  10. La organización de la sociedad
  11. El Estado liberal
  12. El Estado socialista
  13. El fin de la democracia
  14. El triunfo de la igualdad
  15. Revolución comunista

El origen del ser humano

Al ser humano siempre le ha interesado conocer de donde viene, entre otras cosas porque para saber qué es y a dónde puede ir es importante conocer cuáles son sus orígenes.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, surgió la idea de que el ser humano procede evolutivamente de especies animales antropoides; los más parecidos al ser humano son los clasificados en la familia de los póngidos (gibón, siamán, orangután, chimpancé, gorila.) quienes, junto con los homínidos, forman la superfamilia de los hominoides o antropoides. Y de los homínidos, la única especie viviente es la del ser humano, Homo sapiens.

Aunque no se ha determinado cuál fue el último antepasado del Homo, sí se han encontrado abundantes restos fósiles del denominado eslabón perdido, que permiten reconstruir el proceso evolutivo hasta llegar a la forma actual de ser humano. En este proceso, denominado hominización, se han identificado distintas especies, de modo que el Homo sapiens surgió hace unos 100.000 años en África y Oriente medio y hace unos 40.000 en Europa. Era nómada y vivía de la caza, pero comenzó a practicar también la ganadería y la agricultura; fabricaba armas e instrumentos, como hachas y cuchillos de piedra; utilizaba ropa cosida y se adornaba, enterraba y trataba a los muertos con reverencia, y produjo diversas obras de arte (Altamira, Lascaux.)

En un nuevo proceso denominado humanización, el hombre se independiza progresivamente de la presión natural del medio porque se adapta a él no sólo biológicamente, esto es, actuando condicionado por su estructura fisiológica, sino también a través de un mundo de cultura que él mismo crea y le hace ser como es.

La especificidad del ser humano

Una manera útil de descubrir la especificidad del ser humano consiste en comenzar comparándolo con los animales y determinar las semejanzas y las diferencias que existen entre ellos.

Desde un punto de vista genético y bioquímico, no hay grandes diferencias entre el ser humano y los antropoides, incluso el numero de cromosomas es muy parecido. No obstante, las diferencias anatómicas son muy significativas y probablemente fueron favorecidas por la selección natural (reducción tamaño dientes, habilidad precisa en manos, posición erguida, desarrollo cerebral.)

Respecto al comportamiento, el ser humano tiene los rasgos propios de la vida animal puesto que goza de independencia respecto al medio y de control especifico sobre sí, pero además goza de capacidad de simbolización, lo que supone una comunicación mediante símbolos y no solo mediante signos naturales (el animal simbólico de Cassier); de vivir en la realidad, puesto que nuestra inteligencia nos permite captar las cosas como realidades, como algo distinto a nosotros pero en relación con nosotros (el animal de realidades de Zubirri); del sentimiento del propio cuerpo, desde donde obtenemos noticia de mi existencia, situación, impulsos, pretensiones, limitaciones y poder, conocimiento que, irremediablemente, conlleva un sentimiento, una toma de conciencia, de ahí que al hacernos cargo de la realidad a la vez que percibimos por los sentidos quedamos sentimentalmente afectados adquiriendo un tono vital determinado y nos sentimos impelidos a actual voluntariamente de una forma y no de otra; de la apertura al mundo, ya que el ser humano por su inteligencia es capaz de entender cosas que están más allá de la situación en que se encuentra en el espacio y en el tiempo, y por su voluntad es capaz de quererlas, y es por eso que no está encerrado en su medio vital como en animal, sino que se halla abierto al mundo, entendiendo por mundo el medio que transformamos mediante la acción, dotador de sentido al conocimiento, que a su vez nos modifica; del libre albedrío, puesto que el ser humano es el único animal capaz de decir no a la satisfacción de sus apetencias instintivas y de elegir el futuro; de la inconclusión, puesto que el ser humano nunca está concluso sino que, al contrario, siempre siente el deseo del más (animal de promesas de Nietzsche); del ensimismamiento, porque el ser humano tiene un sí mismo desde el que es capaz de orientarse y regir sus acciones forjando sus ideas y proyectos, de ahí que las personas que no planean la vida desde sí mismas sino que son dirigidas por contextos circunstanciales externos o por los demás en realidad han abandonado su ser personas; y de la capacidad de imaginar y razonar, puesto que la fantasía es la capacidad innovadora que nos permite proyectar ordenadamente a través de la razón (animal fantástico de Ortega y Gasset).


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