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Gobierno del ingeniero agrónomo Hipólito Mejía Domínguez (2000-2004) (página 2)

Enviado por JOSE MANUEL ACOSTA



Partes: 1, 2

El gobierno del presidente Mejía se caracterizo por ser un gobierno que actuó con responsabilidad ante la población, haciéndose freten a todas las crisis nacionales e internacionales tales como la crisis mundial económica que mantuvo estable la moneda por dos años y medio hasta que se descubrió el fraude bancario mas grande en proporción de la historia Iberoamérica, fraude este que había comenzado en el gobierno anterior de Leonel Fernández y que crecía diariamente sin que las autoridades pudieran desenmascararlo, y fue en su gobierno que se tomaron las determinaciones responsables de someter a la justicia a los dueños de esos bancos, hecho este que le trajo grandes enemigos ya que estos banqueros pertenecían a una parte del poder económico nacional acostumbrado a recibir del gobierno impunidad absoluta antes sus hechos corruptos, y al no ser complacidos por el presidente Mejía se asociaron a sus adversarios políticos que en ese momentos lo representaba principalmente el hoy presidente Leonel Fernández, quien nunca reconoció que el caso de BANINTER era un fraude, sino que con apoyo de una gran inversión económica y con el ofrecimiento de impunidad para los acusados del fraude, elaboraron un plan de campaña electoral que hoy ha quedado esclarecido en la justicia con la condena a los 10 años de prisión de los acusados del fraude BANINTER y otros bancos como BANCRÉDITO.

El presidente Mejía se preocupó por la seguridad ciudadana para que cada dominicano pueda caminar en su país sin temor, se preocupó para que la economía puede traer beneficios a los pequeños empresarios, se preocupó por la educación dándole al mayor por ciento del PBI de la historia, se reocupó por la agricultura tratando que siendo un país agrícola podamos ser autosuficientes en términos alimentarios, en su gobierno se hicieron mas de 300 mil soluciones habitacionales, se aprobaron leyes que tenían mas de 10 años estancadas en el senado que hoy son el sostén del estado en los principales temas nacionales, se preocupó por la inversión extranjera, por la juventud permitiéndole obtener innumerables logros con la Secretaria de la Juventud. A la par con estas situaciones, Hipólito Mejía intentó mantener una postura humanitaria que se vio reflejada durante sus cuatro años de gobierno. Esto se evidenció en la aprobación de varios proyectos de ley que se concibieron para el beneficio de las clases necesitadas. Entre los más notables están: la ley de seguridad social, el código monetario y financiero, la ley de lavado de activos, entre otros.

Mejía ayudó a los pequeños productores agrícolas, pequeños empresarios, subsidios a la tarifa eléctrica, subsidio a familias pobres cuyos hijos asistían a la escuela, activas políticas de reparación de viviendas, construcción de calles, cañadas, aceras, caminos vecinales, instalaciones y celebraciones de los Juegos Panamericanos.

Su gobierno estuvo marcado por grandes reformas económicas y sociales, aparte de una descentralización del presupuesto nacional. Entre las leyes creadas en este periodo se destacan la de Seguridad Social, el Código Monetario y Financiero, Mercado de Valores, Electricidad, Comercio Electrónico, Ley de Policía, Medio Ambiente, Salud, Cámara de Cuentas, Ley de Seguros, Independencia Administrativa y Presupuestario del Poder Ejecutivo y Judicial; además, creación de la Provincia Santo Domingo y sus municipios, mayor partida presupuestaria parea los ayuntamientos, así como otras leyes. Esto le significó en las elecciones del año 2002, obtener una mayoría congresional y municipal. En este periodo se levantaron grandes estructuras deportivas para los Juegos Panamericanos de 2003.

Al gobierno del presidente Mejía le tocó negociar el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, principal socio comercial. También promovió diversas medidas comerciales, ("Paquetazo Económico"). Este "Paquetazo" estuvo acompañado de una serie de medidas sociales, como ayudas a productores agrícolas, subsidios a la tarifa eléctrica, construcción de calles, aceras, caminos vecinales, etc., así como subsidios a familias pobres cuyos hijos asistían a las escuelas, así como creación de nuevos impuestos y aumentos de los ya existentes.

Nota. 2

La Economía Dominicana del año 2000 al 2002

Al economía dominicana presentó una tasa de crecimiento estable de un 202% anual durante el periodo 2000-2002, para luego entrar en marcado descenso durante de dos últimos años de su mandato, hecho que se suelo atribuir a la crisis bancaria mencionada anteriormente.

En el 2000 se registró un crecimiento económico bastante impresionante, el 7.8%. pero en 2001, la contracción de los intercambios en el comercio regional, la recesión en Estados Unidos y el efecto negativo de los atentados terroristas del 11 de Septiembre pasaron factura a los exportaciones efectuadas desde las zonas francas y al turismo, con el resultado de la perdida de miles de puestos de trabajo y un descenso general de la actividad. El año cerró con una taza de crecimiento del PIB del 3% y un repunte inflacionario, rozando el índice el 9%.

Los sectores productivos experimentaron una recuperación, alimentando la precepción de que el contratiempo había sido superado. Por lo demás, el comportamiento de los precios, gracias a que estaban subsidiados, era clemente y el Gobierno siguió proyectando una imagen de dinamismo y preocupación social, aunque empañada por la lentitud o la paralización de varios proyectos emblemáticos. Mejía llegó al ecuador de su mandato con una erosión evidente pero conservando una importante cuota de credibilidad. Todo esto tuvo su reflejo en las elecciones legislativas del 16 de mayo de 2002, en las que el Partido del Presidente retrocedió a los 73 diputados y perdió al mayoría absoluta en la Cámara baja, si bien incrementó sus senadores de 24 a 29. El gran beneficiario de la jornada fue el PRSC, que más que duplicó sus diputados.

La Economía Dominicana del año 2003-2004

Durante el periodo comprendido entre el 2003 y el 2004, la economía se vio negativamente afectada debido, en gran medida, al estallido de la crisis bancaria. Este fraude y las medidas de urgencia que se tomaron para salva mentar a los ahorrantes. Esas medidas evitaron que el país entrara en un corralito y permitió que aunque con inflación la economía se mantuviera en posición de recuperación permanente.

La indignación fue mayúscula al saberse, de boca de propio Mejía, que desde septiembre del año anterior el Estado había estado aportando al Baninter fondos del erario público para tratare de impedir su colapso financiero, resultó que el Banco Central le había inyectando 41,000 millones para cubrí los depósitos de los clientes, los cuales se lanzaron en masa a retirar sus ahorros. Los analistas encontraron una relación directa entre el gigantesco desembolso y la devaluación del 40% sufrida por el peso en el mismo periodo. El Gobierno redujo al punto el gasto público y las subvenciones al consumo.

El directos del Baninter, Ramón Báez Figueroa, amigo intimo de Mejía y padrino de una red de financiación a cambio de favores corporativos en la que estaban metidos todos los partidos, fue arrestado y encarcelado por orden del 7º juzgado de instrucción de Santo Domingo a petición de la Fiscalía del Distrito Nacional, que le formuló acusaciones por los presuntos delitos de lavado de activos, estafa, abuso de confianza y emisión de cheques sin fondos. Igual suerte corrieron los dos vicepresidentes de la entidad.

El súbito encarecimiento de la electricidad por la supresión de los subsidios generó otra ola de descontento popular en febrero de 2003. Ese mismo mes, el gobierno, confrontando con el descenso de los ingresos del turismo y de las franquicias industriales y de servicios, el descontrol de inflación, la imparable devaluación de la moneda nacional y la escalada de los tipos de interés, anuncio un paquete de medidas de austeridad, principalmente un impuesto adicional del 10% a los bienes importados no indispensables y la retirada de circulación por el Banco Central de 300 millones de pesos (12.5 millones de dólares). A continuación, el presidente presentó en el Congreso varios proyectos de ley orientados a prevenir la corrupción y la opacidad en el ejercicio de la función pública.

Nota. 3

Estallido de la crisis

Durante el periodo ya mencionado, presidio por el ex presidente Hipólito Mejía, La economía presento una tasa de crecimiento estable de un 2.2% anual, pero a mediado del año 2003 el país sufrió una fuerte recesión económica debido a una crisis financiera, producto del descubrimiento del fraude ya mencionado catalogado como el mas grande en la historia de Latinoamérica, que superaba el presupuesto nacional de ese entonces.

Este hecho y las medidas que se tomaron par salva mentar a los ahorrantes provocaron un descrecimiento económico, que afecto a pequeños y medianos empresarios, los cuales se vieron obligados a cerrar o al menos ver reducir sus ingresos en más de un 50%. La deuda externa creció a niveles nunca antes vistos en la nación, y hubo un descontento general con las medidas tomadas en el ámbito económico.

En cuanto al manejo de la crisis el presidente fue muy criticado por sus opositores ya que decidió ir en auxilio de los depositantes.

El 16 de agosto de 2000 Mejía tomó la banda presidencial y comenzó su mandato de cuatro años en presencia de nueve gobernantes, de los países mas vinculados a la República Dominicana. El primer jefe del Estado del PRD desde hacía 14 años anunció un paquete de medidas para los primeros 100 días de Gobierno cuyo epitome era el "mantenimiento del equilibrio macroeconómico con un resto humano". El plan, muy ambicioso, contenía actuaciones urgentes para corregir importantes deficiencias en los campos de la educación, la sanidad, la nutrición, el medio ambiente, la producción agrícola, la vivienda. La fusión pública y la seguridad ciudadana, e iba a requerir una inversión total de 5,000 millones de pesos, unos 312 millones de dólares al cambio de entonces. Según el flamante presidente, ese dinero iba a obtenerse con cargo al presupuesto del Estado y de los fondos de depósito de las instituciones locales.

Todo esto era, naturalmente, bienvenido por la población. Pero Mejía anunció y aplicó también una impopular subida media del 25% en el precio de los combustibles, para compensar el encarecimiento del petróleo y evitar hinchar mas la deuda pública interna, rayana en los 1.000 millones de dólares. Antes de abandonar el poder, Fernández Reyna había amagado con aplicar esa medida. Precisamente, en la precampaña, Mejía advirtió al peledeísta que la subida de las gasolinas, además de castigar a la población, generaría una inflación incontrolada. Ahora, no parecía temer tanto el segundo escenario, así que el Gobierno decretó unas alzas de precios que no afectaban al propano y la electricidad.

La muerte de Peña Gómez el 11 de mayo de 1998, pocos días antes de celebrarse los comicios legislativos y municipales, generó un efecto de simpatía que magnificó las ya excelentes perspectivas electorales del PRD; los pronósticos se cumplieron y el partido conquistó la mayoría absoluta en el Congreso y buena parte de las 115 alcaldías sujetas a renovación. La desaparición de su mentor político también determinó los planes personales de Mejía, que hizo público su precandidatura presidencial, aunque contrincantes internos no le faltaban. De hecho, la unidad del PRD había quedado rota.

El 20 de junio de 1999 el PRD, bajo la presidencia orgánica de Emmanuel Esquea Guerrero, celebró una elección primaria de la que Mejía salió proclamado candidato con mas del 80% de los votos. El perito agrícola fue declarado vencedor sobre cuatro contendientes, entre ellos la senadora Milagros Ortiz Bosch, sobrina de Juan Bosch (quien iba a falleceré en noviembre 2001 a la venerable edad de 92 años) y el ex secretario de Estado de Turismo Rafael Suberví Bonilla, que acusó al comité organizador del partido de haberle perjudicado deliberadamente en la fase previa al no incluir en el padrón electoral a miles de afiliados próximos a su precandidatura. La impugnación de Suberví no duró mucho y Mejía elevó un llamamiento a la unidad del partido para encarar con optimismo las elecciones presidenciales de 2000. Dicho y hecho, ya que Milagros Ortiz accedió a ser su compañera en la papeleta presidencial y el propio Suberví fueron complacidos con la reserva para él, de la importante Secretaria de Turismo, su antigua oficina.

Utilizando un estilo popular y directo, alardeando de no tener pelos en la lengua y de ser sincero en toda circunstancia, y sacando partido de su exhaustivo conocimiento de las diversas realidades del país, que era fruto de sus numerosos viajes por motivos profesionales o para hacer proselitismo político, Mejía se presentaba como un granjero jovial y avezado, que estaba perfectamente al tanto de las penurias de los desfavorecidos (no menos del 25% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza) y que sabía cómo confrontar las problemáticas del campesinado (el 17% de la fuerza laboral, en un sector, el agropecuario, que ya solo aportaba el 11% del PIB).

La nueva dirigencia del PRD estaba resulta a seguir capitalizando el enorme predicamento que Peña Gómez había tenido entre las masas pobres, y Mejía, sin forzarse demasiado, porque la espontaneidad era una de sus señas de identidad, se desenvolvió con campechanía e incluso irreverencia a la hora de poner en solfa determinados modos y políticas del establishment conformado por los prebostes del PLD y el PRSC. Mejía se enfrentaba, por el PLD a Danilo Medina Sánchez, Secretario de Estado de la Presidencia en el cuatrienio, y por el PRSC al mismísimo Balaguer, convertido en leyenda viva: con 93 años, el sempiterno caudillo dominicano, presidente de la República durante 24 años repartidos en tres periodos, optaba por novena vez a la suprema magistratura, a pesar de su ceguera total, sus serias limitaciones auditivas y verbales, y su incapacidad para mantenerse en pie.

Puesto que no podía sacar votos a costa de los aspectos puramente macroeconómicos del legado de Fernández Reyna, como eran el crecimiento del PIB a un ritmo en torno al 8% anual (la tasa mas alta del continente), la multiplicación de las inversiones foráneas, la estabilidad monetaria del peso y el mantenimiento de la inflación bajo control, Mejía centró sus propuestas de campaña en un terreno, el social al que el poder había prestado mucho menos atención que las transformaciones modernizadoras y la liberación acelerada de las estructuras.

Así, Mejía prometió reducir la brecha entre ricos y pobres haciendo llegar a todos los dominicanos los beneficios del boom económico de los últimos años, que descansaba en el turismo de hotel y playa, el sector de la construcción, los servicios de telecomunicaciones y los negocios de exportación de maquila en las zonas francas. Su gobierno seria de "rostro humano" y dedicaría al gasto social hasta el 50% del presupuesto. También, adelantó que iba a revisar, en descartar la renacionalización, algunas de las privatizaciones ejecutadas por el Gabinete peledeísta, empezando por la de la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), ahora llamada Corporación Dominicano de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE).

La segmentación de la CDE en cinco empresas de titularidad privada, dos de generación y tres de distribución estaba revelándose como un enorme fiasco, ya que las nuevas compañías energéticas, no solo no habían mejorado el servicio, sino que venían sometido a los sufridos abanados, que eran tanto particulares como industrias enteras, a continuos e interminables cortes en el suministro. El Gobierno del PLD no se decidía a tomar cartas en un asunto que presentaba las características de una estafa al Estado. A mayor abundamiento, las tarifas eran caras, todo lo cual concitaba contra las compañías un sinfín de quejas por negligencia, abuso y desfachatez. El problema era muy serio y no tenia una solución fácil, aunque cabía esperar de las autoridades surgidas de las lecciones, mas firmeza con quienes no estaban cumpliendo con sus obligaciones. Sobre el particular, Mejía prefirió pasar de puntillas, no asumió compromisos concretos y señaló que ya se encargaría de que el servicio eléctrico fuera eficiente.

Por otro lado, Mejía era consciente de que los mensajes de contenido social y las sugerencias de intervencionismo del Estado causaban aprensión en el empresariado, así que dio las oportunas seguridades de que respetaría y prolongaría las reformas pro mercado impulsadas por el presidente saliente. Es mas, concedería, aseguró, nuevas facilidades a la inversión extranjera, citando en particular la de Estados Unidos, aunque sino la misma a unos resultados en las materias de creación de empleo y de elevación de las rentas de la población, esto era, a las actividades productivas de gran repercusión social. Asimismo, afirmó que buscaría gobernar por consenso y desde el mas absoluto respeto a las instituciones, y que combatiría la corrupción.

La campaña de las presidenciales, como venia siendo por costumbre en la democracia dominicana, estuvo plagada de zancadillas y palabras broncas. Mejía, objeto oratoria vulgar y sin nociones claras sobre cómo conducir el país, se quejó de que le estaban destinando una propaganda "sucia" que nacía de una cultura instalada en el "canibalismo político" y el "irrespeto a la institucionalidad".

Por ejemplo, los medios gubernamentales se encargaron de aventar, y de ridiculizar, las expresiones locales utilizadas por Mejía en un encuentro con inversionistas en Miami. En esa ocasión, el aspirante presidencial, con su pintoresquismo inveterado presentó como atractivos turísticos de la República Dominicana a "las mulatas, morenitas y banquitas", frase que fue calificada por los peledeístas de ofensiva y denigrante para la mujer dominicana, y que pasó a engrosar su lista de "vainas", u ocurrencias, como él mismo llamaba. A medida que se acercaba el día de las elecciones, el 16 de mayo, la campaña fue subiendo de tono. No por casualidad, los de nuestro contra el socialdemócrata arreciaron a medida que las encuestas le otorgaron la proclamación presidencial, incluso son necesidad de acudir a la segunda vuelta.

El 9 de mayo estalló el escándalo la Policía acusó formalmente a tres miembros del servicio de seguridad particular de Mejía de haber matado a balazos a dos activistas progubernamentales durante un acto de campaña del candidato en la norteña cuidad de Moca el 29 de abril. Dos de los guardaespaldas fueron puestos bajo arresto y el tercero se dio a la fuga. La Policía fundó su imputación en una grabación de video en la que se mostraba a uno de los tres presuntos homicidas disparando a quemarropa a un manifestante del PRSC, que resultó herido de gravedad.

La reacción de Mejía fue denunciar la videocinta como una "montaje bochornoso" para incriminarle en unos asesinatos en lo que su gente, recalcó, no había tenido nada que ver. Los portavoces dl partido opositor explicaron que los escoltas, en efecto, habían llegado a desenfundar sus armas, pero porque existía un amago de agresión contra su jefe. Simultáneamente, el Gobierno no tuvo ambages en reconocer que los servicios de inteligencia del Estado venían sometiendo a Mejía a un seguimiento exhaustivo, haciendo poner el grito en el cielo al PRD, que vio justificadas sus denuncias de espionaje político.

De todas maneras, en el electorado prevalecieron al malhumor por las políticas liberales de Fernández Reyna y por el desbarajuste del servicio eléctrico, y, en consecuencia, el deseo de un cambio de rumbo, así que Mejía se adjudicó la victoria con un rotundo 49.84% de los sufragios. En puridad, al no alcanzar el preceptivo 50%, Mejía debía verse las caras en una segunda vuelta el 30 de junio con su inmediato rival, Medina, al que sacó nada menos que 25 puntos de diferencia, pero el candidato del Gobierno arrojó la toalla tras constatar que no iba a recibir el apoyo del PRSC, es decir, a repetirse el escenario de 1996. Balaguer, al que la parca concedió aun dos años mas de vida, quedó en un meritorio tercer lugar y a punto estuvo de desbancar a Medina. Inopinadamente, Mejía y Balaguer se disponían a establecer una relación efectiva y afectiva, con piropos constantes del primero al segundo y un respaldo parlamentario de este a aquel, hasta que se produjo el desenlace biológico del antiguo servidor de Trujillo.

Nada mas al ser proclamado presidente, Mejía brindó su triunfo al difunto Peña Gómez y planteó la formación de un Gobierno de unidad nacional abierto a "los mejores", sin importar la filiación partidista. Pero gozar de la mayoría absoluta en el Legislativo era una ventaja demasiado seductora como para desaprovecharla con gestos de nobleza, sobre todo si se entraba en el Palacio Nacional con una agenda rica en proyectos, así que la oferta no llegó a materializarse.

En los meses siguientes, el equipo de Mejía acometió planes de expansión agropecuaria, hidroeléctrica y de las comunicaciones terrestres. La cosecha del banano con tratamiento ecológico (del que la República Dominicana es el primer productor mundial) tuvo unos resultados muy satisfactorios. En cuanto a la red viaria nacional, fue sometida a obras intensivas de reparación y construcción, mayormente vinculadas a los intereses turísticos.

Finalmente, la pretensión de reducir la pobreza y el generoso subsidio a los alimentos básicos y el consumo energético requirieron de un subida de impuestos que pasó e escrutinio de la Cámara de los Diputados en diciembre de 2000 y que el presidente queso orientar a los contribuyentes jurídicos. También, con el argumento de la austeridad, el nuevo poder despidió a decenas de miles de funcionarios que en su gran mayoría, lo cual no debía tomarse por casual, habían sido nombrados por la Administración anterior. Cuando emperezaron las suplencias, saltó a la vista que muchos de los que entrenaban puesto eran personas ligadas al PRD, lo que alentó las denuncias de perpetuación de los usos patrimoniales del Estado.

Mejía aseguró por activa que esta reforma no se hacia pensando en si mismo, y que él n iba a ser candidato en 2004. Pero eso era precisamente lo que pedían los miembros de una llamado Proyecto Presidencial Hipólito (PPH), que presentaba todo la traza de unan plataforma organizada por el perredeísmo mas fiel a Mejía para impulsar la que seria la ambición secreta del presidente.

Mejía transigió ante la contundente medida de presión de la compañías eléctricas, algo que venia conociéndose como "apagones financieros", y dispuso el abono inmediato del 90 de los 320 millones de dólares de la deuda reclamada. Las siete generadoras se reconectaron de la red, pero el caos energético siguió campando por sus respetos, con nuevos cortes que exasperaban a los clientes y el aumento de los impagos y de los robos de suministro.

El 11 de Junio Mejía hizo alzar muchas cejas cuando pidió "orar a Dios por el bien de la República Dominicana, el momento en que la fe es necesaria para superar los problemas". Impetraciones a la divinidad aparte, existía la opinión mayoritaria de que el presidente había contribuido a la confusión y el nerviosismo reinantes con su anuncio del 22 de Abril, cuando arreciaba el escándalo Baninter, de que "autorizaban" al PPH a inscribir su precandidatura presidencial para las elecciones del 2004. La retracción de Mejía después de haberse pasado mas de un año diciendo que no aspiraba a la reelección cayó como una bomba en el PRD, donde cobró nitidez la fractura entre el sector ortodoxo, ligada a la sigla y la tradición del partido y la facción oficialista leal a Mejía por encima de todo. Hatuey Decamps, precandidato in pectore, reacciono negativamente, y la propia presidenta de la República, Milagro Ortiz, acusó a los promotores de la postulación de Mejía de violar un principio fundamental dl PRD como era el rechazo al continuismo en la jefatura del Estado.

El verano del 2003 trajo nuevas algaradas sociales por la carestía de la vida, la penuria de la energía eléctrica y la incertidumbre financiera. El clima político se calentó extraordinariamente. El 6 de agosto. El ejecutivo estableció por decreto un impuesto a la exportaciones del 5 %. Esta era una demanda clave del FMI, que se avino a cerrar el acuerdo de contingencia a dos años el 29 del mismo ms. La República Dominicana recibió un primer desembolso de 120 millones de dólares, pro un Septiembre, la decisión unilateral del Gobierno de la compra por la CDEEE a unió Fenosa de su 50% de participación de capital en la EDE Norte y Sur, fue considerado por el organizador multilateral de crédito un incumplimiento de la carta de intenciones sobre la contención del gasto publico, así que declaro en suspenso el stand-by.

En la primera mitad de octubre Mejía se topó con el doble bofetón de la corte Suprema de Justicia, que con escasos días de diferencia declaro en senda sentencia la inconstitucionalidad de lo decretos de Febrero y Agosto sobre el gravamen de las importaciones y la exportaciones, respetivamente. El congreso, que ya no era fiable para Mejía, suspendió la aplicación de impuesto del 5% a las ventas al exterior, que tanto perjudicaba las empresas comerciales pero que era urgido desde el FMI.

El 11 de noviembre el país quedo paralizado por una huelga general de 24 horas contra la política económica del gobierno. Los pagos fueron convocados por la llamada coordinadora nacional de unidad y lucha (CNUL), colectivo formado en Diciembre del 2002 por diversas organizaciones populares sindicales, y sus principales exigencias a Mejía era la concesión de incremento salariales del 100 %, la desgravación de las gasolinas, una solución definitiva para la crisis de la electricidad y la suspensión de la negociaciones con la FMI. Los choques con las fuerzas antidisturbios de la policía fueron muy violentos y a su termino se contaron 8 muertos, 40 heridos y medio millar de detenidos.

El barullo se instalo de tal manera en el PRD que tuvieron lugar, no una, sino dos elecciones primarias. En la primera, celebrada el 7 de diciembre participaron Decamps, el senador Ramón Alburquerque Ramírez y José Rafael Avinader Wasaf, llevándose la victoria el primero. En la segunda prevista inicialmente para 14 de diciembre y luego postergada al día 21 antes de sufrir un nuevo retrasó, Mejía debía medirse con Ortiz, suberví y el ex presidente del partido Enmanuel Esquea, pero los tres decidieron retirarse alegando que lo "Pepeachistas" habían alterado el patrón a su contra y que el proceso estaba viciado de raíz.

Así las cosas, cuando el 18 de enero de 2004 pudo celebrarse esta singular primaria, Mejía sólo tuvo que enfrentarse con una persona, Frank Joseph Thomén, que no era sino un partidario y amigo personal. Su candidatura fue registrada a toda prisa para dar una imagen de competición interna y únicamente cosechó un 5% de votos. El tortuoso camino de las presidenciales de mayo estuvo completamente despejado para Mejía desde el momento en que la Junta Central Electoral (JCE) dictaminó que la primaria ganada por Decamps no había sido valida por no reunir el quórum de participación necesario que establecen los estatutos generales del PRD.

En enero de 2004 el Gobierno, presionado por el FMI, dispuso toda una batería de medidas de austeridad, tanto impositiva como relacionada con el gasto. El primer grupo abarcaba una serie de aumentos significativos en los precios de los combustibles y la electricidad, y de las tasas al consumo de alcohol, tabaco y otros productos, así como la eliminación de las exenciones del impuesto sobre la renta a los intereses devengados a las empresas por los certificados del Banco Central.

Al mismo tiempo, el Congreso recibió y aprobó un presupuesto general del año que regularizaba la gabela del 5% a las exportaciones de bienes y servicios durante seis meses, un recargo del 2% a las importaciones y la duplicación, de 10 a 20 dólares, del cobro de salida del país en los aeropuertos. Por su parte, el Banco Central trasladó el tipo de cambio oficial con el dólar, que el mercado había dejado ridículamente obsoleto, desde los 16.5 pesos a los 44, aunque en algunas operaciones cambiarias la divisa estadounidense se pagaba ya a 60 pesos.

Ahora mismo, la inflación interanual marcaba el 43% - la tasa mas elevada del continente-, el paro era del 17% y la deuda externa alcanzaba los 7.6000 millones de dólares, el doble que en 2000. En estas circunstancias, no dejó de causar sorpresa, y de invitar a la esperanza, conocer que en 2003 la economía había experimentado un crecimiento negativo del 1.3% cuando un semestre atrás se había vaticinado el -3%. Sin duda, el turismo, los servicios de comunicaciones y la minería del níquel habían salvado al país de lo peor. De hecho, ya estaba en marcha una tímida recuperación.

El encarecimiento de la gasolina repercutió automáticamente en el coste del transporte del autobús, gota que desbordo la paciencia de la Coordinación Nacional de Organizaciones Populares, Sindicales y Choferiles y que precipitó el llamamiento a otra huelga general, de 48 horas. Las reivindicaciones eran las mismas que en noviembre, pero ahora exigía además la moratoria en el pago de la deuda externa, la prohibición de importar artículos de lujo durante dos años, y la fijación de nuevos impuestos a los bienes suntuarios e inmobiliarios, a las rentas de capital y a los beneficios empresariales. El Gobierno replicó que no tenia nada que negociar. Los paros nacionales de enero fueron considerado un "éxito rotundo" por sus convocantes, pero incrementó la cuenta de víctimas de la revuelta social: otras ochos personas fueron muertas por los disparos de las fuerzas del orden, los heridos ascendieron al centenar y hubo 600 detenidos.

Todo esto llenaba de pesadumbre a la opinión pública. Pero, marginadas del candelero informativo, otras tragedias se abatían sobre el país, y éstas eran cotidianas. Por un lado estaba el éxodo de balseros que intentaban llegar por mar a las costas de Puerto Rico, cuyo número crecía de manera exponencial, con el consiguiente aumento de los náufragos por la precariedad de los embarcaciones. En 2003 los guardacostas de la Marina de los Estados Unidos apresaron a casi 2,000 inmigrantes indocumentados de origen dominicano, el doble del año anterior, y en las primeras semanas de 2004 se estaba produciendo un alud sin precedentes. Por otra parte, el drama silencioso de las redadas y expulsiones masivas de haitianos ilegales, desarrolladas con regularidad desde hacía mucho años independientemente de quien gobernase en Santo Domingo, y que tantísimas veces habían ocultado deportaciones forzosas de ciudadanos dominicanos por el mero hecho de ser de raza negra.

El 31 de enero, en plena resaca de la huelga general, Mejía acepto la nominación presidencial de su partido para la elecciones del 16 de mayo que, según decían las encuestas, se le presentaban muy cuesta arriba al presidente Fernández Reyna. En el caso de que ganará, Mejía yo no podría postularse nunca más al más mismo cargo o la vicepresidencia, según rezaba el remozado artículo 49 e la Constitución.

Arropado por miles de seguidores y por el ex presidente Salvador Jorge Blanco, Mejía aseguró que no iba a aceptar "chantajes" de los organizadores de la huelga, "y mucho menos de estos izquierdistas", acuñó las promesas de crear medio millón de empleos y de invertir al país en unos de los principales destinos turísticos del continente en su segundo mandato, y, con tono porfiado, sentenció que vislumbraba "un futuro de paz, trabajo, armonía y prosperidad para tordos los dominicanos, si somos capaces de vencer a los enemigos que hoy nos amenazan: el abuso, la voracidad y el egoísmo de los poderosos".

Antes de las elecciones, el 21 de abril, Mejía tomó una decisión transcendente de política exterior, la orden de retirada inmediata de los 300 soldados que servían en el Irak ocupado dentro de la brigada Plus Ultra, integrada por contingentes hispanos de cinco nacionalidades y componente de llamada División Multinacional Centro-Sur (MND-CS), con campo de operaciones en las provincias sureñas de Najaf y Qadisiyah.

El 16 de mayo de 2004 el pueblo dominicano acudió a votar y, son sorpresas, Fernández Reyna se proclamó presidente sin necesidad de disputar la segunda vuelta del 27 de junio. El peledeístas obtuvo el 57.1% de los sufragios y el perredeísta mereció la confianza del 33.6% de los votantes.

Mejía aceptó sin rechistar, con gesto de buen perder, el veredicto de las urnas y felicitó a Fernández Reyna por su triunfo. Hasta la transferencia del poder, el 16 de agosto, el antiguo ingeniero agrónoma tuvo que hacer frente, a finales d mayo, al desastre provocado por la brutal crecida del río Silié en la zona fronteriza con Haití. La tromba de agua arrasó la localidad de Jimaní, en la provincia sureña de Independencia, donde se contabilizaron más de 800 muertos y unos 320 desaparecidos.

En víspera de su despedida de la presidencia, Mejía explicó que a partir de ahora iba a emplearse en actividades mayormente privadas, aunque sin retirarse del todo del plano público y de la política, citando en particular la organización de un "club de amigos" en la provincia de San Cristóbal y la inauguración de una oficina de análisis de asuntos políticos. Con su franqueza y desparpajo característicos, el aún presidente se calificó de "gobernante ¨atípico" y añadió que pretendía adelgazar los 10 kilos que había adquirido durante su paso por el Ejecutivo, -"aunque después dirán que tengo el SIDA", comentó-, e iniciarse en la artesanía de la madera.

 

 

 

 

Autor:

José Manuel Acosta Rubio

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