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Granja Integral Agroecológico (página 2)




Partes: 1, 2, 3

La agroecología parte de un supuesto epistemológico[2]que supone una ruptura con los paradigmas convencionales de la ciencia oficial: frente al enfoque parcelario y atomista que busca la causalidad lineal de los procesos físicos, la agroecología se basa en un enfoque holístico y sistémico, que busca la multicausalidad dinámica y la interrelación dependiente de los mismos. Concibe el medio ambiente como un sistema abierto, compuesto de diversos subsistemas interdependientes que configuran una realidad dinámica de complejas relaciones naturales, ecológicas, sociales, económicas y culturales (Jiménez, 1989). Por tanto, el predio productivo, debe describirse como una "unidad medioambiental que integra los procesos geológicos, físico-químicos y biológicos a través de flujos y ciclos de materia y energía que se establecen entre organismos vivos y entre ellos y su aporte ambiental" (Toledo, 1984, citado por González, 1992).

La Agroecología se ha desarrollado desde los años 70 principalmente en Latinoamérica, ligada a procesos de transformación social y de recuperación y validación del manejo tradicional de los recursos naturales; y como respuesta a las primeras manifestaciones de la crisis ecológica en el campo (Guzmán et al., 2000). Dichos procesos han sido emprendidos, principalmente, por comunidades campesinas e indígenas apoyadas por técnicos e investigadores en un contexto de "diálogo de saberes" (Altieri, 1983).

Los enfoques agroecológicos son económicamente viables porque minimizan los costos de producción al aumentar la eficiencia del uso de los recursos localmente disponibles (Altieri, 1997). Por ello, la agroecología ha surgido como un enfoque nuevo al desarrollo agrícola, más sensible a las complejidades de las agriculturas locales, al ampliar los objetivos y criterios agrícolas, para abarcar propiedades de sustentabilidad, seguridad alimentaria, estabilidad biológica, conservación de los recursos y equidad, junto con el objetivo de una mayor producción (Altieri, 1987).

Las técnicas agrícolas regenerativas y de bajos insumos y los proyectos propuestos por la agroecología, son socialmente activadores y requieren un alto nivel de participación popular. Frente al discurso científico convencional aplicado a la agricultura, que ha propiciado el aislamiento de la explotación de los demás factores circundantes (Barg y Armand, 2007). La agroecología reivindica la necesaria unidad entre las distintas ciencias naturales entre sí y con las ciencias sociales para comprender la interconexión entre procesos ecológicos, económicos y sociales; reivindica, en fin, la vinculación esencial que existen entre el suelo, la planta, el animal y el hombre (Greenpeace, 1991).

Desde su concepción más simple, la agroecología puede definirse como la aplicación de principios ecológicos al entendimiento y desarrollo de agroecosistemas sostenibles (Altieri, 1987 y Gliessman, 1998).

A diferencia de la agricultura convencional, basado en la difusión de paquetes uniformes de tecnologías, la agroecología se centra en principios vitales como el reciclaje de nutrientes, conocimiento tradicional, la cooperación e interacción entre los diversos cultivos, animales y suelo, además de la regeneración y conservación de recursos naturales y sobre todo la biodiversidad.

  • Agroecología y biodiversidad de agroecosistemas

La agroecología provee las bases ecológicas para la conservación de la biodiversidad[3]en la agricultura, además del rol que ella puede jugar en el restablecimiento del balance ecológico de los agroecosistemas[4]de manera de alcanzar una producción sustentable. La biodiversidad promueve una variedad de procesos de renovación y servicios ecológicos en los agroecosistemas; cuando estos se pierden, los costos pueden ser significativos (Altieri y Nicholls, 2000).

En esencia, el manejo óptimo de los agroecosistemas depende del nivel de interacciones entre los varios componentes bióticos y abióticos. A través del ensamble de una biodiversidad funcional es posible iniciar sinergismos[5]que subsidien los procesos del agroecosistema a través de proveer servicios ecológicos tales como la activación de la biología del suelo, el reciclado de nutrientes y el aumento de los artrópodos benéficos y los antagonistas (Altieri y Nicholls, 1999).

La agroecología provee ambientes balanceados, rendimientos sustentables, una fertilidad del suelo biológicamente obtenida y una regulación natural de las plagas a través del diseño de agroecosistemas diversificados y el uso de tecnologías de bajos insumos (Gliessman, 1998). Los agroecólogos están ahora reconociendo que los policultivos, la agroforestería y otros métodos de diversificación imitan los procesos ecológicos naturales y que la sustentabilidad de los agroecosistemas complejos se basa en los modelos ecológicos que ellos siguen (Pret, 1994).

Los principios ecológicos de la agroecología favorecen procesos naturales e interacciones biológicas que optimizan sinergias de modo tal que la agrobiodiversidad sea capaz de subsidiar por si misma procesos claves tales como la acumulación de materia orgánica, fertilidad del suelo, mecanismos de regulación biótica de plagas y la productividad de los cultivos (Gliessman, 1998). No obstante, el manejo agroecológico debe tratar de optimizar el reciclado de nutrientes y de materia orgánica, cerrar los flujos de energía, conservar el agua y el suelo y balancear las poblaciones de plagas y enemigos naturales que resultan de varias combinaciones de cultivos, árboles y animales, en arreglos espaciales y temporales diversos (Altieri, 1994).

La agroecología como una ciencia interdisciplinaria la convierte en una herramienta ideal del agroecosistema de bases ecológicas y ambientales. Sin embargo hasta la fecha este tipo de investigaciones apenas comienzan y es necesario incrementar los esfuerzos para el desarrollo de una agricultura sustentable que realmente integre las realidades sociales y ecológicas.

  • Agroecología y diseño de agroecosistemas sustentables

La agroecología provee el conocimiento y la metodología necesaria para desarrollar una agricultura que sea, por un lado, ambientalmente adecuada y, por el otro lado, altamente productiva, socialmente equitativa y económicamente viable (Altieri, 2001). La agroecología combina elementos de ambos conocimientos, el tradicional y el moderno científico. Complementando el uso de variedades convencionales e insumos comerciales, con tecnologías ecológicamente correctas se puede asegurar una producción agrícola más sustentable (Altieri, 1987).

El desafío básico de la agricultura sustentable de hacer un mejor uso de los recursos internos puede ser fácilmente alcanzado, minimizando el uso de insumos externos y preferentemente generando los recursos internos más eficientemente, a través de las estrategias de diversificación que aumenten los sinergismos entre los componentes clave del agroecosistema (Altieri, 2001).

Los elementos básicos de un agroecosistema sustentable son la conservación de los recursos renovables, la adaptación del cultivo al medio ambiente y el mantenimiento de niveles moderados, pero sustentables de productividad; de esta manera se enfatiza la sustentabilidad ecológica de largo plazo en lugar de la productividad de corto plazo (Altieri y Nicholls, 2000).

Desde el punto de vista de manejo, los componentes básicos de un agroecosistema sustentable incluyen (Altieri y Nicholls, 2000):

  • Cubierta vegetal como medida efectiva de conservación del suelo y el agua, mediante el uso de prácticas de labranza cero, cultivos con mulches[6]uso de cultivos de cobertura, etc.

  • Suplementación regular de materia orgánica mediante la incorporación de abono orgánico, composta y desarrollo de la actividad biótica del suelo.

  • Mecanismos de reciclado de nutrientes mediante el uso de rotaciones de cultivos, sistemas de mezclas cultivos/ganado, sistemas agroforestales y de intercultivos basados en leguminosas, etc.

  • Regulación de plagas asegurada mediante la actividad estimulada de los agentes de control biológico, alcanzada mediante la manipulación de la biodiversidad y por la introducción y conservación de los enemigos naturales.

Esta nueva agricultura exige un mejor conocimiento de los componentes del agroecosistema y de las interrelaciones que ocurren entre ellos. Ya no se debería avanzar hacia una tecnología de insumos, intensiva en capital y en técnicas relativas a los componentes individuales (cultivo, maleza, plaga o nutriente), sino hacia una tecnología que abarque al sistema en general, teniendo en cuenta las interacciones de todos sus componentes físicos, biológicos y socioeconómicos y el impacto ambiental que estos producen (Giaccio, 2002).

Los investigadores están demostrando cada vez más que es posible obtener este balance entre el medio ambiente, los rendimientos sostenibles, la fertilidad del suelo mediada biológicamente y el control natural de plagas, a través del diseño de agroecosistemas diversificados y el uso de tecnologías de bajo insumo (Altieri, 1995).

El diseño agroecológico se enfoca en integrar diversos componentes tendientes a aumentar la eficiencia biológica general, preservar la biodiversidad y mantener la capacidad productiva y de autorregulación del agroecosistema (Iceda, 2005). El objetivo es diseñar un agroecosistema que imite la estructura y función de los ecosistemas naturales locales; esto es, un sistema con una alta diversidad de especies y un suelo biológicamente activo; un sistema que promueva el control natural de plagas, el reciclaje de nutrientes y una alta cobertura del suelo que prevenga las pérdidas de recursos edáficos (Altieri, 2001).

El término sustentabilidad comprende una agricultura racional que tiene implicaciones importantes en Cuba, donde se introduce el trabajo mostrando la importancia de la dimensión social de la Agroecología, fundamentando que esta sólo adquiere su naturaleza última al articular los aspectos técnicos de la ecología al manejo de los recursos naturales en el desarrollo participativo social.

Cuba por una agricultura socialmente comprometida

La crisis económica que se inició en Cuba en 1990 tuvo un gran impacto sobre la agricultura. Se propusieron varios sistemas alternativos para lidiar con las dificultades que enfrentaba la producción agrícola. Sin embargo, todos ellos tenían una característica en común: seguían un esquema de sustitución de insumos según el cual las prácticas industriales de altos insumos fueron remplazados por insumos orgánicos. Estos primeros intentos llevaron luego a un enfoque nuevo, basado en sistemas observados en México y otros lugares: convertir los sistemas agrícolas especializados (monocultivos), a menudo manejados centralmente, en sistemas integrados, diversificados (Funes et al., 2009).

En el caso cubano, la sustitución de insumos significó reemplazar los productos químicos por biológicos o de elaboración local: así como de enemigos naturales, variedades resistentes, rotación de cultivos, antagonistas microbianos, cultivos de cobertura y la integración de animales de pastoreo para restaurar la fertilidad del suelo. Los fertilizantes químicos han sido sustituidos por fertilizantes biológicos (productos-microbiales), lombrices y abonos verdes, fertilizantes orgánicos, roca fosfórica, zeolita[7]estiércoles, y otros mejoradores del suelo. Con algunos resultados favorables, los bueyes y otros animales de tracción han reemplazado a los tractores inmovilizados por la falta de combustible, llantas y repuestos (Rosset, 2002).

El desarrollo reciente de la agroecología cubana ofrece ejemplos concretos de cómo puede cerrarse la brecha, no simplemente con técnicas distintas, sino con una transformación de las relaciones metabólicas de producción de comida. Numerosos expertos han descrito los logros científicos de la agricultura orgánica cubana. Sin embargo, su potencial para influir en otros países de Latinoamérica y el Caribe debe ser entendido no solo como la aplicación de una nueva tecnología agrícola, sino más bien como un ejemplo de transformación de la sociedad en su conjunto (Funes, 2002).

Al restablecer las relaciones espaciales de los ciclos nutricionales, la agricultura cubana ha sido alabada por su aplicación de la ciencia racional al desarrollo de la agricultura orgánica (Rosset, 2004). Se han recibido felicitaciones de organizaciones internacionales como las que votaron para otorgar al Grupo de Agricultura Orgánica cubano el Premio Nobel Alternativo por su "desarrollo de métodos agrícolas orgánicos". El éxito reside en parte en el descubrimiento de nuevos métodos, pero también en transmitir la nueva información para su implementación local. Los 280 exitosos Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos[8](CREEs) son un testimonio del potencial de organización racional de un programa nacional para el control biológico de plagas mediante la producción de organismos que atacan a las plagas de insectos de las cosechas (Funes, 2002).

La agricultura cubana ha trabajado durante los últimos trece años en restablecer las relaciones de espacio entre los ciclos de nutrientes y en los intercambios materiales. Una clave básica en la agroecología cubana es la "optimización de los recursos locales y la acentuación de la sinergia en la propia granja a través de las combinaciones planta-animal" (Rosset, 2004, citado por Altieri, 2007).

La agroecología promueve una producción sostenida en el tiempo potenciando la capacidad regenerativa de la naturaleza, apunta a recuperar la base productiva de los recursos naturales: suelo, agua, biodiversidad, mejora en sí la productividad de la granja integral y favorece las condiciones de trabajo desde una alianza con la naturaleza.

Granja integral agroecológica

  • Principios técnicos

Muchos sistemas de cultivos alternativos han sido probados: rotaciones de cultivos, cultivos de cobertura y cultivos mixtos; pero lo más importante es que existen ejemplos de agricultores que demuestran que tales sistemas llevan a la optimización del reciclaje de nutrientes y a la restitución de la materia orgánica, promueven flujos cerrados de energía, conservación de agua y suelos, y un balance de las poblaciones de plagas y enemigos naturales (Altieri, 1995).

En consecuencia, surge la necesidad de evolucionar hacia sistemas agropecuarios sostenibles, tanto en lo ecológico, como en lo económico y social. A nivel de los establecimientos, el cambio de una agricultura convencional hacia una agricultura sostenible implica necesariamente un esfuerzo de gran magnitud que produzca el cambio hacia una conciencia más conservacionista, utilizando la tecnología adecuada para ello. Es necesario también contar con un marco político que aliente esta nueva filosofía de producción y una acción amplia y coordinada, tanto de los organismos oficiales como de las entidades intermedias vinculadas con el agro (Forján, 2002).

Existen muchas definiciones de agricultura sostenible. Sin embargo ciertos objetivos son comunes a la mayoría de las definiciones (Altieri y Nicholls, 2000):

  • Producción estable y eficiente de recursos productivos.

  • Seguridad y autosuficiencia alimentaria.

  • Uso de prácticas agroecológicas o tradicionales de manejo.

  • Preservación de la cultura local y de la pequeña propiedad.

  • Asistencia de los más pobres a través de un proceso de autogestión.

  • Un alto nivel de participación de la comunidad en decidir la dirección de su propio desarrollo agrícola.

  • Conservación y regeneración de los recursos naturales.

La construcción y desarrollo de procesos productivos más integrales y diversos, se ha convertido hoy en una necesidad y prioridad de la población. La mayoría de los esfuerzos en la actualidad en lo que respecta a la producción agrícola están enfocados a sistemas productivos altamente tecnificados. Sin embargo, se ha observado que esto sólo puede beneficiar a un grupo muy reducido de la sociedad. En la búsqueda de alternativas diferentes de producción se están creando y desarrollando granjas integrales (Sanginés y Peraza, 2009).

La granja es un sistema sustentable que integra a plantas, animales, suelo, agua, clima y gente de manera tal que se complementen los unos a los otros y tengan los mayores efectos sinergéticos posibles (Altieri, 2001). Además, las granjas integrales modernas, constituyen un modelo de producción agrícola que beneficia a la comunidad rural, a la economía de la región y al medioambiente. Una granja integral es un sistema de producción moderno en expansión que combina el conocimiento campesino tradicional con la tecnología agrícola actual (Azofeifa y Chávez, 2005).

Por otra parte, la granja integral es un proyecto de vida para la familia campesina que, además de asegurar una alimentación abundante y rica en proteínas, vitaminas y minerales (provenientes de la leche, carne, huevos, hortalizas, frutales, cereales, etc.), le enseña a cada uno de sus integrantes a vivir en armonía con la naturaleza, preservando y disfrutando el medio que los rodea, respirando aire puro, evitando la tala de bosques, conservando los afloramientos o nacimientos de agua y propiciando el mejoramiento de las tierras y de los cultivos. Adicionalmente estimula el uso de tecnologías apropiadas a bajo costo, como el empleo de energía eólica, energía solar y producción de gas metano que, manejadas de forma adecuada, contribuyen al bienestar de la familia campesina, lo cual facilita en el corto tiempo alcanzar los niveles de autosuficiencia y sostenibilidad deseados (Torres et al., 2002).

Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG, 2008), los principios técnicos en los que se basa el desarrollo de una granja integral, son:

  • Aumento de la productividad .En los sistemas de producción este es un punto fundamental para mantener el interés individual de la familia productora, para que ella tenga motivación de seguir produciendo y conservando sus recursos para así satisfacer a sí misma y a la sociedad en sus necesidades de productos y de calidad de vida.

  • Aumento de la cobertura vegetal del suelo. La conservación y mejoramiento del suelo, así como la protección del agua, son elementos muy importantes que contribuyen con la productividad agropecuaria y los servicios ambientales.

  • Aumento de la infiltración del agua en el perfil del suelo y disminución de la escorrentía. Las prácticas para evitar la erosión y pérdida de fertilidad del suelo, así como mejorar la producción de beneficios ambientales por concepto de agua limpia, contribuyen a que la granja tenga mejores condiciones desde el punto de vista de la producción y la conservación.

  • El manejo adecuado de la fertilidad del suelo y manutención de la materia orgánica. Es necesario utilizar prácticas que garanticen la productividad y conservación en el largo plazo.

  • Evitar y reducir la contaminación. La producción de las granjas integrales, orientada hacia el mercado o el consumo familiar, debe garantizar la oferta de productos inocuos y el mejoramiento ambiental.

  • El uso eficiente de la energía. Las granjas integrales buscan maximizar el uso de las energías existentes en el sistema de producción.

  • Difundir experiencias para el fomento de la producción agropecuaria sostenible. Se requiere contar con una o varias personas, de la familia que gerencia la granja, con facilidades y actitudes positivas para la comunicación y la difusión de experiencias y resultados en la aplicación de tecnologías y prácticas de producción sostenible.

La creación según Lozano (2005), de una granja agroecológica debe tener en cuenta aspectos significativos como:

  • Atender prioritariamente las necesidades sociales, económicas, culturales y de mejoramiento humano de las familias en las comunidades rurales y agricultura urbana.

  • Diversidad de especies animales y plantas, favoreciendo interrelaciones beneficiosas entre ellos.

  • Garantizar el reciclado de nutrientes en el suelo de forma estable, mediante el manejo adecuado de los cultivos, animales y árboles en el sistema.

  • Incrementar la biocenosis[9]en el suelo.

  • Empleo de leguminosas en asociación con gramíneas.

  • Uso de animales adaptados a las condiciones predominantes del medio ambiente.

  • Integrar los cultivos, árboles y el ganado en un mismo sistema dirigido por el hombre.

  • Uso de policultivos e integración con animales.

La granja integral agroecológica o microempresa agropecuaria es un modelo de desarrollo agroindustrial para minifundio[10]en el cual se combinan tradiciones y tecnología. Su objetivo principal es el reciclaje de todos sus elementos, con participación activa de todos los miembros de la familia. En ella se conjugan tecnología y experiencia campesina de miles de años enriquecida con el aporte de asesores técnicos, los cuales investigan opciones diferentes a las ofrecidas por modelos foráneos, que resultan costosos e impropios por las características del clima, suelo y poblaciones de diferentes regiones latinoamericanas. Mediante el uso racional de todos los recursos que intervienen en la granja, se consigue equilibrio entre producción y consumo por parte de plantas, animales, humanos y medio ambiente involucrados en este proyecto. De igual manera, el campesino juega un papel importante en su manejo, ya que debe ser técnico de la agricultura, consciente de su responsabilidad en la producción de alimentos y en el equilibrio del medio ecológico que lo rodea (Ospina, 1998).

Los principios técnicos que rigen el funcionamiento de los sistemas integrados de la granja agroecológica, como son: conservación y mejoramiento de las condiciones del suelo, biodiversidad funcional de plantas y animales y máxima interrelación de la producción forestal, agrícola y pecuaria, generan beneficios de vital importancia para la autosuficiencia de la granja.

  • Beneficios de la granja integral agroecológica

La granja integral agroecológica es una propuesta holística. Se fundamenta en el diseño de sistemas diversificados que permiten el equilibrio frente al ataque de plagas y enfermedades, el reciclaje de nutrientes y el mantener y potenciar la vida del suelo (Torre, 2007).

Las granjas pueden prosperar debido al valor de trabajo realizado previamente por el ecosistema salvaje en el desarrollo del suelo, más un esquema que redunda en los beneficios siguientes (Suquilanda, 2009):

  • a) Beneficios económicos: Se satisfacen los requerimientos alimentarios de la familia y el excedente se comercializa. Los ingresos se destina a salud, educación, vestido, vivienda, recreación, etc., es decir, a elevar la calidad de vida y el nivel socio-económico del agricultor y a fortalecer la granja con miras al futuro de la familia.

  • b) Beneficios ecológicos: Con el manejo ecológico se mantiene el equilibrio natural del suelo, se conserva su fertilidad, se evita la erosión y se mantienen las poblaciones biológicas. Las cosechas son más sanas y los consumidores más saludables.

  • c) Beneficios sociales: Son muchos: estabilidad, bienestar y autoestima individual y familiar; mayor participación social y comunitaria; menos pobreza, resurgen los valores ancestrales. Se fortalecen los valores humanos. Finalmente, se promueven la capacitación y la creatividad del agricultor, las actividades artesanales, el agroecoturismo[11]y el consumo de productos orgánicos.

Los beneficios que ofrece la granja son reflejo del manejo integrado que propicia el aprovechamiento adecuado del espacio, aplicación de tecnologías sencillas y baratas que permiten hacer más eficientes las labores que allí se realizan y demuestran que existen alternativas que pueden hacer más redituable el sistema de producción.

  • Manejo de la granja integral agroecológica

Toda práctica agraria es producto del manejo e interacción entre el ser humano y la tierra, por tanto no debe considerarse como una unidad de gestión económica y manipulación físico-química, sino como un ecosistema (Toledo, 1984, citado por González, 1992). Un sistema de manejo de producción que debe (Altieri y Nicholls, 2000):

  • Reducir el uso de energía y recursos y regular la inversión total de energía para obtener una alta relación de producción/inversión.

  • Reducir las pérdidas de nutrientes con la contención efectiva de la lixiviación[12]escurrimiento, erosión y mejorar el reciclado de nutrientes, mediante la utilización de leguminosas, abonos orgánicos, composta y otros mecanismos efectivos de reciclado.

  • Estimular la producción local de cultivos adaptados al conjunto natural y socioeconómico.

  • Sustentar una producción neta deseada con la preservación de los recursos naturales, esto es, mediante la minimización de la degradación del suelo.

  • Reducir los costos y aumentar la eficiencia y viabilidad económica de las granjas de pequeño y mediano tamaño, promoviendo así un sistema agrícola diverso y flexible.

Según la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA, 2009), el manejo ecológico integral se resume en tres principios:

  • La naturaleza debe ser entendida como un todo, es decir, que los componentes de la granja (agua, suelo, aire, plantas, animales y hombre) se interaccionan entre sí y que las modificaciones a uno de ellos repercute directa o indirectamente en el resto; por ello, los productores deben trabajar a favor de cada uno de los componentes.

  • El productor debe aumentar la diversidad de componentes de la unidad de producción: diversidad de plantas, animales y condiciones de producción.

  • El suelo, el agua y el aire deben conservarse limpios y enfatizar su mejoramiento o reciclaje con prácticas diversas.

Las ventajas de la aplicación de los principios del manejo ecológico integral son válidos para unidades de producción grandes y pequeñas, tecnificadas o tradicionales, comerciales o de autoconsumo y se pueden resumir en los siguientes puntos (SAGARPA, 2009):

  • Diversidad de la producción para el autoconsumo y el mercado, lo que permite que el productor no dependa exclusivamente de un cultivo o especie animal.

  • Reduce los riesgos de pérdidas por cambios en el ambiente, debido a que la diversidad permite que algunas especies soporten dichos cambios.

  • Aprovecha más eficientemente el suelo; éste se enriquece con la aplicación de abonos y se protege de la erosión.

Es importante conciliar en el manejo las necesidades de corto plazo que obedecen a la rentabilidad, con las de mediano y largo plazo que apuntan a la sustentabilidad del sistema de producción. La base del planteo estaría en generar y aplicar tecnologías que tiendan a la preservación de estos recursos para así avanzar hacia una agricultura sostenible (Giaccio, 2002).

Actualmente las sociedades modernas y en especial Cuba tienden a buscar caminos que apunten a mejorar la calidad del ambiente y realizar un uso más racional de los recursos naturales, buscan un sistema integral agroecológico, un equilibrio entre producción y conservación que no deteriore los recursos que van a perjudicar en el futuro, impidiendo que las generaciones que siguen tengan las mismas posibilidades de alimentarse que las actuales.

Sistema integral agroecológico en Cuba

Dentro de esta situación, campesinos pertenecientes a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y profesionales del Instituto de Investigaciones de Pastos y Forrajes (IIPF) unieron esfuerzos para demostrar que la integración de la ganadería con cultivos agrícolas, árboles y otras especies de animales, empleando métodos agroecológicos y orgánicos de producción, puede ser una alternativa para superar las dificultades creadas (Monzote et al., 2001).

Un estudio y evaluación riguroso de 6 años realizado por el IIPF, demostró que las granjas integrales son más productivas, más eficientes desde el punto de vista energético y muestran un mejor manejo de nutrientes que las especializadas en productos ganaderos o en determinados cultivos. Los sistemas integrados agroecológicos son en la actualidad presentados como un paso eficaz para la implementación de prácticas sostenibles en Cuba. Su objetivo es maximizar la diversidad de los sistemas, hacer énfasis en la conservación y el manejo de la fertilidad del suelo y optimizar el uso de energía y de los recursos locales disponibles (Funes et al., 2009).

Estos resultados demostraron que al comparar los diferentes sistemas, la cuestión no radica solamente en si los insumos son altos o bajos, en la especialización o la diversificación. Es igualmente importante cómo se interrelacionan y manejan, en especial por los agricultores, las características específicas de cada sistema agrícola, los insumos necesarios y su agrobiodiversidad, las limitaciones del mercado, los contratos de venta con el estado, así como otros factores socioeconómicos, fueron importantes al decidir el grado de conversión de sistemas especializados a sistemas integrados que constituye una mayor eficiencia en el uso de los recursos disponibles (Funes et al., 2009).

La conversión de un sistema especializado a un sistema integral agroecológico con un componente social, agrícola, pecuario y forestal, conlleva a diversificar la agrobiodiversidad de la granja para hacer de esta más productiva, confiable y eficiente, y así proveer no solo de alimento, sino que a través de la venta de sus excedentes obtener ingresos y bienestar para sus asociados.

Componentes de la granja integral agroecológica

  • Componente social

La granja agroecológica tiene una dimensión integral en la que las variables sociales ocupan un papel muy relevante, aunque parta de la dimensión técnica, y su primer nivel de análisis sea la granja; desde ella, se pretende entender las múltiples formas de dependencia que el funcionamiento actual de la política y de la economía genera sobre los agricultores. El resto de los niveles de análisis consideran como central la matriz comunitaria en que se inserta el agricultor; es decir la matriz sociocultural que dota de una praxis intelectual y política a su identidad local y a su red de relaciones sociales de la Agroecología (Guzmán et al., 2000).

Los procesos de transición en la finca; de agricultura convencional a agricultura ecológica se desarrollan en este contexto sociocultural y político. Para ello, la Agroecología (que por su naturaleza ecológica pretende evitar el deterioro de los recursos naturales), ha de rebasar el nivel de la producción para introducirse en los procesos de circulación, transformando sus mecanismos de explotación social en desarrollo sustentable; es decir, la utilización de experiencias productivas de agricultura ecológica, para elaborar propuestas de acción social colectivas que desvelen la lógica depredadora del modelo productivo agroindustrial hegemónico, para sustituirlo por otro que apunte hacia una agricultura socialmente más justa, económicamente viable y, ecológicamente apropiada (Guzmán et al., 2000).

Desde este punto de vista todas las esferas y niveles de la organización (lo macro, lo social, lo institucional, lo grupal y lo individual) ejercen, por tanto, una influencia directa sobre la vida de las personas en sus diversas actividades. Estas herramientas permiten y favorecen el desarrollo, pues proporcionan información, educación y perfeccionan las actividades indispensables para que los miembros que integran la granja ejerzan sobre el medio ambiente con la mirada ecologista y social de que el hombre, al salvar la naturaleza y el entorno, se salva (Urrutia, 2003).

El manejo de la granja es una actividad social que debe ser visto como un asunto importante, ya que la productividad y rentabilidad depende de esta actividad técnico-práctica, a fin de aprovechar al máximo los recursos que se tienen para evitar gastos innecesarios y ser sostenible (Torres et al., 2002).

  • Vivienda ecológica

Establecer una vivienda implica, primeramente, la observación y el análisis de los recursos disponibles y, a partir de éstos, realizar un diseño acorde al medio (Torres et al., 2002). La vivienda debe ser cómoda e higiénica, construida con materiales de la región. En caso de que ya exista una edificación, conviene hacerle las adaptaciones necesarias aprovechando las áreas existentes. Las zonas de circulación deben facilitar el desplazamiento dentro de la casa. El área de servicios debe estar separada del área social y de los dormitorios. Así mismo, se requiere un terreno para recreación, patios y jardines (Ospina, 1998).

En climas medios y cálidos, las puertas y ventanas deben dotarse de persianas para permitir la ventilación e iluminación requeridas y, a la vez, impedir el paso de insectos. Las paredes deben ser gruesas para conservar el calor. Los techos deben tener una inclinación media. Al norte deben ubicarse ventanas pequeñas y al sur las grandes. De preferencia, debe haber una barrera rompevientos que proteja la vivienda; el piso debe ser aislado contra el frío del suelo; la casa puede ser construida de tierra compactada. Para una buena protección y presentación de las paredes se recomienda instalar pedestales (Ospina, 1998).

La vivienda ecológica busca integrarse a los ciclos de la naturaleza. En ella nada se pierde, todo se recicla. El agua jabonosa se filtra y se utiliza para el riego de cultivos, el agua negra se trata y los líquidos residuales se utilizan para el riego de hortalizas y frutales y los lodos después de procesos aeróbicos y anaeróbicos se utilizan como fertilizantes. Los desechos orgánicos se procesan como compostas y se reincorporan al suelo. La basura inorgánica como vidrio, plástico y aluminio se recicla para volver a producir materiales útiles. El agua de lluvia, la luz del sol y el viento se captan y se aprovechan. Para lograrlo, es necesario aplicar ciertas tecnologías y conceptos que no son una receta, sino que hay que adecuarles según las condiciones del medio (SAGARPA, 2009).

Los materiales utilizados en la construcción de los corrales, y viviendas son totalmente provenientes de la zona. Así se aprovecha la mano de obra local y se ahorra en materiales y transporte (López, 2009). Cabe destacar que en estos sistemas, la compra de insumos es mínima y salen para el mercado una gran variedad de productos sanos, que generan un beneficio económico para el productor (Azofeifa y Chávez, 2005).

En si la conformación de la vivienda ecológica es parte fundamental del sistema integrado de producción que alimenta la interacción armónica entre el hombre, el agroecosistema y el ambiente. El reto consiste en crear condiciones propicias para el desarrollo del componente agrícola sustentable, dentro de cada condición agroecológica. Es decir, un cambio hacia una agricultura socialmente justa, económicamente viable y ambientalmente segura.

  • Componente agrícola

Las nuevas formas de ver la agricultura, en lo que se ha denominado agricultura alternativa, ecológica u orgánica integran los saberes tradicionales con los adelantos científicos, conservando los recursos naturales ampliando la biodiversidad y produciendo alimentos saludables, de la mejor calidad, en un ambiente laboral sano, y en el que la agricultura alternativa termina siendo una forma de vida (Altieri y Nicholls, 2000).

Esta agricultura propone un camino que puede ser transitado, inicia por entender que el suelo es, como dice Doménech, el "medio receptivo por excelencia, puesto que actúa químicamente con la litosfera, la hidrosfera y la atmosfera y, sobre todo, recibe el impacto de los seres vivos". En consecuencia se requiere compartir de la comprensión del suelo como centro de la acción y como núcleo dinámico del trabajo de producción agrícola (Torres et al., 2002).

  • Manejo del suelo

El suelo es la acumulación de partículas, minerales y de materias orgánicas que suministran apoyo y substancias nutritivas a las plantas; su conservación es una tarea permanente que incluye labranza e incorporación de abonos orgánicos, los cuales se definen como fertilizantes de origen natural y de los que depende el quehacer de la agricultura orgánica, tendientes a mantener y aumentar la producción, además de contribuir directamente a mejorar la textura[13]porosidad[14]y fertilidad del suelo (Ospina, 1998).

Entender el suelo para aprender a manejarlo sin destrucción, comprender esta aparente simpleza requiere un factor más: cuanto más diversa sea la población de seres vivos del suelo, mejor será su funcionamiento, mayor su fertilidad y más difícil que ese sistema se degrade y se eche a perder. A la luz de esta comprensión, toma su verdadera dimensión el manejo que se le haga a la materia orgánica en el suelo a través de diferentes tipos de compost y abonos verdes, material inorgánico, cultivos asociados, activadores microbianos, entre otros (Torres et al., 2002).

Diversificar el sistema de producción que debe velar, entre otras cosas, por la conservación y uso razonable de los recursos naturales implica realizar un manejo ecológico del suelo que comparta las siguientes características (Altieri, 2001):

  • Mantener la cubierta vegetativa como una medida efectiva de conservar el agua y el suelo, a través del uso de prácticas como labranza cero, cultivos con uso de "mulch" y el uso de cultivos de cobertura y otros métodos apropiados.

  • Proveer un suministro regular de materia orgánica a través de la adición de: compost, lombrihumus, y promoción de la actividad y biología del suelo.

  • Aumentar los mecanismos de reciclaje de nutrientes a través del uso de sistemas de rotaciones basados en leguminosas, integración de ganado, etc.

  • Promover la regulación de las plagas a través de un aumento de la actividad biológica de los agentes de control logrado por la introducción y/o la conservación de los enemigos naturales y antagonistas.

Los principios y procesos en que se basan tales manejos pueden resumirse en los siguientes puntos (Altieri y Nicholls, 2000):

  • Conservación de la diversidad del suelo para la continuidad productiva.

  • Uso óptimo del espacio y de los recursos locales.

  • Reciclaje de nutrientes, desechos, agua y energía.

  • Aumento de la actividad biológica del suelo.

  • Mejora de las propiedades químicas, físicas y biológicas del suelo para recuperar y aumentar su fertilidad.

  • Aumento del contenido de materia orgánica, nutrientes y fauna benéfica en el suelo.

Además, el manejo integral del suelo se caracteriza por promover una agricultura sana, y no utilizar costosos fertilizantes para su nutrición. Por el contrario, un fundamento del sistema es el reciclaje de todos los elementos de la granja en una cadena de transformación constante. Estas actividades, realizadas cotidianamente se transforman en el mejor seguro que el agricultor puede tener, para que su suelo se desarrolle óptimamente y produzca sin dificultades plantas y animales sanos (Torres et al., 2002).

  • Manejo del cultivo

El manejo del cultivo de bajos insumos, diversificados y eficientes en el uso de la energía, resulta una preocupación para investigadores y agricultores en el mundo entero, ya que no es alcanzar un rendimiento máximo sino una estabilidad a largo plazo (Giaccio, 2002), que eviten o minimicen a través de prácticas agronómicas las afectaciones por plagas (Vázquez, 2004).

Existen varias estrategias para restaurar la diversidad e integralidad del cultivo en el tiempo y el espacio incluyendo rotaciones de cultivos, cultivos de cobertura, policultivos, mezclas de cultivo y ganadería y otras estrategias similares (Altieri, 2001), las que exhiben las siguientes características ecológicas:

Rotaciones de cultivo. Diversidad temporal incorporada en los sistemas de cultivo proveyendo nutrientes para el cultivo e interrumpiendo el ciclo de vida de varios insectos plaga, de enfermedades y el ciclo de vida de las malezas (Sumner, 1982).

Policultivos. Sistemas de cultivo complejos en los cuales 2 o más especies son plantadas con una suficiente proximidad espacial que resulta en una competencia o complementación, aumentando, por lo tanto, los rendimientos (Vandermeer, 1989).

Sistemas agroforestales. Un sistema agrícola donde los árboles proveen funciones protectivas y productivas cuando crecen junto con cultivos anuales y/o animales lo que resulta en un aumento de las relaciones complementarias entre los componentes incrementando el uso múltiple del agroecosistema (Nair, 1982).

Cultivos de cobertura. El uso, en forma pura o en mezcla, de plantas leguminosas u otras especies anuales, generalmente debajo de especies frutales perennes, con el fin de mejorar la fertilidad del suelo, aumentar el control biológico de plagas y modificar el microclima del huerto (Finch y Sharp, 1976).

Integración animal. En el agroecosistema ayuda en alcanzar una alta producción de biomasa[15]y un reciclaje óptimo (Pearson e Ison, 1987).

La investigación sobre la diversificación de sistemas de cultivos pone de relieve la gran importancia de la diversidad en un entorno agrícola (Vandermeer, 1989). La diversidad es el valor de los sistemas de cultivo por varias razones (Altieri, 1994 y Gliessman, 1998):

  • A medida que aumenta la diversidad, también lo hacen las oportunidades para la coexistencia e interacción benéfica entre las especies, que pueden mejorar la sustentabilidad del cultivo.

  • Una mayor diversidad siempre permite un mejor uso de los recursos en el agroecosistema. Existe una mejor adaptación a la heterogeneidad del hábitat, llevando a una complementariedad en las necesidades de las especies de cultivo, la diversificación de nichos, el solapamiento de los nichos de las especies y la partición de los recursos.

  • Los ecosistemas en los cuales las especies de plantas están entremezcladas, poseen una resistencia asociada a herbívoros, ya que en los sistemas diversos existe una mayor abundancia y diversidad de enemigos naturales de las plagas, manteniendo bajo control las poblaciones de especies individuales de herbívoros.

  • Un ensamblaje de cultivos diversos puede crear una diversidad de microclimas dentro de los sistemas de cultivo que pueden ser ocupados por un rango de organismos silvestres incluyendo predadores benéficos, parasitoides[16]polinizadores, fauna del suelo y antagonistas que resultan importantes para la totalidad del sistema.

  • La diversidad en el paisaje agrícola puede contribuir a la conservación de la biodiversidad en los ecosistemas naturales circundantes.

  • La diversidad en el suelo determina una variedad de servicios ecológicos tales como el reciclado de nutrientes y la detoxificación[17]de sustancias químicas perjudiciales y la regulación del crecimiento de las plantas.

  • La diversidad reduce el riesgo para los productores o agricultores, especialmente en áreas marginales con condiciones ambientales poco predecibles. Si un cultivo no anda bien, el ingreso derivado de otros puede compensarlo.

Los sistemas de cultivos múltiples es una táctica no suficientemente explotada por los agricultores; sin embargo, está al alcance de todos, consiste en la siembra de dos o más cultivos en la misma superficie durante el año (Tabla 1). Es compatible con la tecnología de la mayoría de los cultivos y aumenta la productividad y diversidad de la producción. Desde luego, hay que tener mucho cuidado con la tendencia a policultivos sin un criterio técnico, porque se puede favorecer el desarrollo de ciertos organismos causales de plagas (Vázquez, 2004).

Tabla 1. Clasificación de las asociaciones de cultivos en base a los factores de crecimiento (Hernández, 1995).

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A todos estos aspectos de manejo se debe incluir las labores culturales, que son las tareas efectuadas para que el cultivo se desarrolle adecuadamente, a fin de: mejorar su presentación final, aprovechar las condiciones del medio en que crece el vegetal y lograr un desarrollo de la planta de acuerdo con las necesidades del cultivo o de comercialización (Torres et al., 2002).

Las labores culturales conllevan a una regulación de especies de plagas a largo plazo, asumiendo que se dé un apropiado manejo cultural de los cultivos (descartando prácticas agrícolas destructivas e incrementando la diversificación de los sistemas de cultivo), garantizando así un ambiente apropiado para incrementar la abundancia y la eficiencia productiva (Flint y Roberts, 1998). Los propósitos principales de estas labores son (Vázquez, 2004):

  • Mejorar la nutrición de las plantas.

  • Mejorar el vigor de la planta.

  • Mejorar la arquitectura de la planta.

  • Eliminar plantas competidoras.

  • Favorecer el crecimiento de los frutos.

  • Eliminar órganos o plantas improductivas o enfermas, entre otros.

El campo cultivado de forma integral es la base para tener éxitos productivos, siempre que en esa integración estén consideradas las prácticas culturales básicas como son (Torres et al., 2002):

Manejo de arvenses: Las arvenses son plantas a las cuales siempre se las ha considerado malezas o malas yerbas; sin embargo, estudios recientes han detectado que, algunas especies se usan como alimento humano, forraje y como cobertura del suelo y, otras como cultivo asociado. Por tanto, se puede hacer un buen manejo y permitir su desarrollo mientras no afecte considerablemente la productividad del cultivo.

Aporque: Durante el crecimiento de los cultivos se efectúa el aporque o labor en caballones, que consiste en colocar la tierra alrededor del cuello o corona de las plantas, para mantener en el surco una adecuada capacidad de absorción de agua y suficiente aireación del suelo durante el crecimiento del cultivo, facilitar la incorporación de fertilizantes y controladores de plagas o enfermedades, llevar a cabo el control de arvenses y proporcionar apoyo para el buen anclaje y desarrollo de las plantas; condición requerida en cultivos como: papa, maíz, remolacha, tabaco, algodón, caña de azúcar, entre otros.

Riego: Para el desarrollo y alimentación adecuado de las planta es esencial el agua. Su manejo es un aspecto central en la agricultura, aun más si se tiene en cuenta que hay zonas en donde de manera natural el recurso está limitado o, por los cambios climáticos sufridos en los últimos tiempos en el planeta, es un recurso escaso y costoso. Desde este punto de vista, se aconseja analizar la posibilidad de implementar sistemas de riego, con lo que se mejora el rendimiento y la calidad de las cosechas.

Tutorado: El tutorado es una práctica necesaria en algunas especies de plantas para mejorar la disposición física de éstas, con el objeto de facilitar su manejo, aumentar la productividad e incrementar la calidad de los productos cosechados.

Fertilización: En el momento de la preparación del suelo o inmediatamente después de ello, el agricultor empieza a fertilizar los campos según las recomendaciones que se originan del análisis de suelos y de la planta. Es importante que los fertilizantes se distribuyan tan uniformemente como sea posible, con el fin de que cada planta tenga a su disposición la misma cantidad de nutrientes para su desarrollo. La fertilización puede incluir material orgánico como estiércol, compost y abonos orgánicos de origen natural.

  • Manejo integrado de plagas y enfermedades

La lucha contra plagas y enfermedades en la agricultura se realiza mediante el manejo del sistema de producción, donde se unen, de forma armónica y balanceada, todos los elementos que inciden sobre las plantas: sustrato[18]plantas cultivadas, resto de la vegetación, tecnología de cultivo, clima, plagas y enemigos naturales, entre otros. Una planta vigorosa, desarrollada en un sustrato con un adecuado balance de nutriente y humedad, cultivada en un ambiente ecológico favorable, con la aplicación de una esmerada atención cultural, resiste mejor el ataque de las plagas y enfermedades. Entre los medios y medidas que se deben utilizar en el manejo integrado de plagas, se hace énfasis en los no contaminantes del medio ambiente. Los plaguicidas químicos se utilizarán en casos extremos, autorizados por especialistas en sanidad vegetal (Martínez et al., 2007).

Para mantener el equilibrio del entorno y controlar la incidencia de plagas y enfermedades en las áreas de cultivo, se ha desarrollado diferentes estrategias o métodos de control como:

Control físico: Mediante el uso de barreras físicas naturales y/o artificiales se elimina o disminuye la migración de plagas hacia el cultivo. En este método de control también se encuentran las trampas que usan algún tipo de atrayente: por ejemplo el uso de cintas de colores a las cuales se les impregna pegante o trampas que funcionan como atrayentes de olores (fitohormonas[19]Otra manera de hacer control por medios físicos es la implementación de un plástico sobre el suelo, lo cual induce el aumento de la temperatura debajo de él; con ello, cualquier plaga adulta o en estadios intermedios de maduración se controla (Torres et al., 2002).

Control biológico: La lucha biológica es un método de protección de las plantas que se basa, principalmente, en el empleo de predadores, parásitos, parasitoides, así como microorganismos entomopatógenos y antagonistas para el control de plagas y enfermedades en los diferentes agroecosistemas. El empleo de hongos entomopatógenos y antagonistas en la lucha contra plagas y enfermedades agrícolas, es otro de los medios de control biológico de mayor importancia y más ampliamente utilizados en Cuba y el mundo. Esos productos (compuestos por bacterias, hongos y toxinas[20]se dañan con la luz solar y las altas temperaturas, y pierden así su actividad. Por esto, sólo se deben aplicar en horas de la tarde, cuando la actividad solar es mínima (Martínez et al., 2007).

Control botánico: El uso de las plantas en el control se practica desde la antigüedad y forma parte de las tradiciones agrícolas en muchos lugares del mundo, constituyendo una alternativa más para pasar la etapa de tránsito de agricultura convencional a sistemas de producción orgánicos sostenibles, la que se caracteriza por la sustitución de insumos, entre los cuales se puede mencionar (Martínez et al., 2007):

  • Ajo (Allium sativum). Insecticida[21]y repelente.

  • Cebolla (Allium cepa). Insecticidas y fungicidas.

  • Cola de Caballo (Equisetum bogotense). Fungicida[22]

  • Manzanilla (Anthemis novilis). Bactericida[23]

  • Ortiga (Urtica urens L). Repelente e insecticida.

Control químico: Los productos químicos serán utilizados sólo en casos extremos, cuando las poblaciones de plagas alcancen densidades para las cuales los biopreparados[24]no son efectivos, o en aquellos casos de plagas muy especiales y que no haya aún algún biopreparado para su control. Las aplicaciones de medios químicos con alta toxicidad serán únicamente autorizados y supervisados por un especialista en sanidad vegetal del territorio (Martínez et al., 2007).

  • Cosecha

La cosecha es una etapa importante de cualquier cultivo y desde el punto de vista agronómico se puede ver como la culminación de todo el proceso o el cumplimiento del objetivo final (Vázquez, 2004).

Un aspecto clave de la cosecha es realizarla en el momento oportuno, conocer la madurez fisiológica del producto, es decir, que el producto al ser cosechado aunque presente un aspecto de inmadurez, pueda seguir un proceso de maduración durante el tiempo de almacenamiento, trasporte y distribución, y alcance el estado ideal de maduración para ser consumido. En general, la decisión de cosecha se basa en criterios organolépticos[25]combinados con otras dimensiones (Torres et al., 2002):

  • Vista: color, tamaño y forma.

  • Tacto: textura, dulzura o blandura.

  • Olfato: olor o aromas.

  • Gusto: dulzura, acidez, amargo.

  • Resonancia: sonido cuando se golpea con la palma de la mano.

  • Tiempo: desde la siembra o desde la floración.

  • Medición de las unidades de calor acumuladas durante el tiempo de cultivo.

  • Proporción de azúcar/ácido.

Durante la etapa de cosecha no se deben realizar aplicaciones de plaguicidas, porque pueden afectar a los sujetos que realizan esta labor o fijarse estas substancias y después al ser consumido, los residuos pueden tener diversos efectos sobre las personas que lo consuman. Por ello, el procedimiento de la cosecha debe ser manejado cuidadosamente (Vázquez, 2004).

  • Pastos y forrajes

Para que un animal sea productivo debe tener salud y además ser eficiente en la conversión animal de los alimentos que consume, denominándose voluminosos aquellos que presentan una baja proporción de elementos nutritivos (pastos y forrajes) y concentrados aquellos que presentan un alto porcentaje de nutrientes, como son las harinas de granos de cereales, leguminosas y girasol (Peña, 2004).

La fuente más económica de alimentación de los animales de la granja son los pastos y forrajes que, con un manejo adecuado, pueden proporcionar los nutrientes para desarrollar las funciones de mantenimiento, crecimiento, reproducción y producción. En general, los animales de la granja (bovinos, caprinos, ovinos, equinos, conejos, cuyes, entre otros) consumen especies forrajeras y subproductos de cosecha, los cuales pueden aprovecharse directamente en pastoreo o suministrarse como forraje fresco (cosechado y picado), conservado, henificado o ensilado[26](Torres et al., 2002).

Los pastos y forrajes deben suministrarse de forma escalonada, de tal manera que al cortar el último tramo de pasto, el que se cortó primero ya esté listo para ser utilizado de nuevo, cumpliendo así un ciclo de manejo (Peña, 2004). El pasto puede encontrarse como pasto de corte que, se corta y suministra al animal en el sitio de estabulación, teniendo la oportunidad de ensilar el sobrante para épocas de escasez. La otra posibilidad la constituye el de pastoreo, que se le da al animal en el sitio de siembra. Para este sistema se recomienda la utilización de cerca eléctrica móvil, que mantiene los animales en el terreno deseado y garantiza un suministro de pasto fresco, aumenta la capacidad de carga, permite la recuperación del mismo y facilita el esparcimiento del estiércol con la ayuda de un rastrillo de madera. (Ospina, 1998).

La integración de la biodiversidad de plantas y animales optimizan el funcionamiento del agroecosistema, por cuanto la actividad pecuaria juega un papel fundamental en los procesos productivos de la granja integral, que maneja una cosmovisión holística de la actividad agropecuaria, pues no se conciben el uno separado del otro, sino tan sólo en su interrelación múltiple.

  • Componente pecuario

Las especies de animales (vacas, borregos, cerdos, gallinas, conejos, abejas, etc.) producen estiércol, controlan plagas, malezas, polinizan y diversifican el agroecosistema productivo (SAGARPA, 2009). Además de las interacciones agroecológicas con los cultivos, los animales desempeñan otras funciones importantes en la economía agrícola. Ellos producen ingresos provenientes de la carne, leche y fibra. El valor del ganado aumenta a través de los años y se puede vender para obtener dinero en tiempos de necesidad, o bien, se puede comprar cuando hay dinero (Canales y Tapia, 1987), generando así recursos económicos favorables para reinvertir en los procesos productivos de la granja y en el mejoramiento de la calidad de vida de la familia en salud, educación, alimentación, vestido, etc. (Orquera y Tello, 2009).

La producción pecuaria (ganado mayor y menor) dentro del agroecosistema ecológico está orientada a entender el sistema como un todo, con énfasis en las metas múltiples de producción, ganancia, vulnerabilidad, equidad, protección de la salud de los trabajadores y consumidores, protección del medio ambiente y una flexibilidad de los sistemas a largo plazo (SAGARPA, 2009).

  • Ganado mayor

La incorporación del ganado en los sistemas agrícolas añaden otro nivel trófico[27]al sistema. Los animales pueden alimentarse de los residuos de las plantas, las malezas y del barbecho[28]esto es útil para convertir la biomasa inútil en proteína animal, especialmente en el caso de los rumiantes (Edwards et al., 1993). Los bovinos son los animales mejor dotados para convertir la hierba en alimento, carne y leche. Por otra parte, el estiércol y la orina de los vacunos son excelentes fertilizantes. Lo ideal es lograr que tengan una cría cada año para obtener más días de producción de leche y más crías en su vida útil. Los animales se deben seleccionar por características genéticas de alta producción, tener buena configuración externa, buen estado de patas, que no estén flacas o descarnadas, ubres bien formadas: pezones iguales y bien repartidos, las venas mamarias gruesas, largas y enroscadas (Ospina, 1998).

Los cerdos generalmente se asignan a un corral especial, equipado con comederos y bebederos. Su alimentación considera desechos domésticos, residuos agroindustriales y alimentos balanceados, en combinación con granos y forrajes (SAGARPA, 2009).

El ganado mayor manejado en forma racional tienen impactos positivos, desempeñan una función importante en la ordenación sostenible de la granja (Torres et al., 2002), ya que, reciclan el contenido nutritivo de las plantas, convirtiéndolo en abono y permitiendo una gama más amplia de alternativas de fertilizantes para el manejo de nutrientes agrícolas (Edwards et al., 1993).

Lo más recomendable, en la granja, es criar una extensa variedad de especies; esta es la mejor manera de aprovechar los recursos de la tierra y de los medios naturales por los que se ayudan mutuamente las diversas clases de ganado (Ospina, 1998).

  • Especies menores

Los animales menores, representan una opción valiosa de diversificación que satisfacen nichos de mercados locales ó regionales; se completan perfectamente a los sistemas de producción agropecuaria a gran y pequeña escala que integran los sistemas de alta productividad con múltiples especies de plantas y animales. Sin embargo, los conocimientos y la intervención directa del hombre son esenciales para el óptimo manejo de los varios componentes del sistema de producción de la granja (Torres et al., 2002).

Las especies menores de animales domésticos y semidomésticos pueden jugar un papel destacado dentro de los sistemas de producción debido a sus características particulares entre las que se destacan las siguientes (Sánchez, 2000):

  • Bajo nivel relativo de inversión inicial y de costos de producción.

  • Independencia de la escala de producción.

  • Flexibilidad de instalaciones y manejo.

  • Rápido crecimiento de número de animales.

  • Valor y demanda de los productos.

Considerando los requerimientos nutricionales y alimenticios en relación al tamaño corporal, las especies menores exigen piensos de mayor valor nutritivo para obtener la máxima expresión del potencial genético. A medida que el tamaño del animal disminuye, la calidad del alimento debe aumentar y en muchos casos, también el tipo de alimento y la presentación. Reconocer esta realidad es esencial para el éxito en la crianza y en la competitividad (SAGARPA, 2009).

Salvo en raras excepciones, las especies menores han sido menospreciadas por los programas de gobierno y solo aquellas con posibilidades de explotación tipo industrial han sido objetivo de las casas comerciales. Sin embargo, tanto en el pasado, como en el presente y el futuro, las especies menores tienen mucho que ofrecer a los pequeños productores para mejorar la alimentación e ingresos familiares por la amplia variedad de opciones, la flexibilidad en la crianza y la demanda, actual y potencial, de los productos (Sánchez, 2000).

La necesidad de alimentos para los animales también amplía la base del cultivo para incluir especies que son útiles para la conservación del suelo y del agua. Las leguminosas, por lo general, se siembran para que proporcionen forraje de calidad y para que mejoren el contenido de nitrógeno en los suelos (Edwards et al., 1993).

Es importante destacar que el elemento arbóreo se acopla perfectamente al sistema de producción integral, actúa biológicamente mejor en un área con cultivos y animales que unilateralmente, y esta integralidad optimiza y diversifica el agroecosistema productivo de la granja.

  • Componente agroforestal

El reto de los productores hoy consiste en incrementar la producción de madera, cereales, carne y leche en forma acelerada y sostenible, de manera que pueda cubrir la demanda de la creciente población humana y que garantice la conservación de los recursos naturales y del medio ambiente. Una alternativa para lograrlo según Giraldo (1996), es diseñando sistemas de producción que combinen actividades agrícolas, ganaderas y forestales que sean productivas y compatibles con el uso racional de los recursos y estos son los sistemas agroforestales.

La agroforestería es una disciplina reciente que está orientada hacia la asociación de especies leñosas con cultivos agrícolas y manejo de animales, con el propósito de proteger y conservar los ecosistemas y su biodiversidad, aumentar los rendimientos del campo, proporcionar una gama de productos útiles, potenciar la seguridad alimentaria y comercializar productos, mejorar la diversificación del paisaje, amortiguar el cambio climático, entre otros (Ospina, 2002). Se fundamenta en principios y formas de cultivar la tierra basado en mecanismos variables y flexibles en concordancia con objetivos y planificaciones propuestos, permitiendo al agricultor diversificar la producción en sus granjas o terrenos, obteniendo en forma asociativa madera, leña, frutos, plantas medicinales, forrajes y otros productos agrícolas (Ramírez, 2005).

Los modelos agroforestales se orientan a permitir actividades productivas en condiciones de alta fragilidad, con recursos naturales degradados, mediante una gestión económica eficiente, alterando al mínimo la estabilidad ecológica, lo cual contribuye a alcanzar la sostenibilidad de los sistemas de producción y, como consecuencia, mejorar el nivel de vida de la población rural (Renda et al., 1997).

Lo anterior permite establecer que el objetivo de la agroforestería es el manejo integrado de especies forestales como forma de uso del suelo, donde existe la interacción ecológica y productiva con la combinación de especies agrícolas y/o animales de manera simultánea en una misma unidad de terreno, lo cual trae beneficios como (Torres et al., 2002):

  • Generar biodiversidad en las unidades productivas rurales.

  • Diversificar la producción.

  • Disminuir los riesgos de los monocultivos.

  • Favorecer el desarrollo de las diferentes especies productivas mediante la utilidad de bienes y servicios de otras.

  • Aumentar las posibilidades socioeconómicas de las poblaciones rurales.

  • Integrar el conocimiento tradicional con las técnicas agrícolas desarrolladas.

  • Conservar los suelos.

  • Mitigar parte de los efectos perjudiciales de factores climáticos como la radiación solar, la lluvia, el viento.

Los tres principales componentes agroforestales, plantas leñosas perennes (árboles), cultivos agrícolas y animales (pastizales), definen las siguientes categorías, las cuales se basan en la naturaleza y la presencia de estos componentes (Palomeque, 2009):

  • Sistemas agrosilvícolas: Consisten en alternar árboles y cultivos de temporadas (anuales o perennes).

  • Sistemas silvopastoriles: Consisten en alternar árboles y pastizales para sostener la producción animal.

  • Sistemas agrosilvopastoriles: Consisten en alternar árboles, cultivos de temporada y pastizales para sostener la producción animal.

Hart (1985), definió el sistema agropecuario como la entidad organizada con el propósito de usar recursos naturales para obtener productos y beneficios agrícolas, forestales o animales. Los sistemas agropecuarios pueden verse como una jerarquía de parcelas, granjas y regiones; de tal manera, que una parcela es un subsistema de una granja y la granja un subsistema de la región.

De acuerdo a lo anterior un sistema agroforestal puede definirse como un sistema agropecuario cuyos componentes son árboles, cultivos o animales que se integran e interactúan entre sí en un agroecosistema productivo, consolidando o aumentando la productividad de los sistemas agropecuarios y forestales.

Conclusiones

  • La agricultura convencional o modelo de "desarrollo" agropecuario promueve el monocultivo, uso de agrotóxicos, transgénicos y extranjerización de la tierra. Estas prácticas convencionales han provocado a lo largo de la historia la degradación de los suelos, simplificación de la biodiversidad, desaparición de especies nativas, contaminación del agua y del aire. Todos estos impactos negativos no son considerados en el cálculo del precio final de los productos, puesto que con ello se demostraría claramente que la agricultura moderna no es económicamente viable y que además es social y ambientalmente perjudicial.

  • La agroecología promueve un manejo dirigido del suelo que resalta la conservación y mejoramiento de los recursos locales (germoplasma, suelo, fauna benéfica, diversidad vegetal, etc.) y la integración de la biodiversidad de plantas y animales que acrecienta la sinergia y optimiza las funciones y procesos del agroecosistema productivo acorde con las condiciones ambientales y socioeconómicas efectivas del entorno.

  • La granja integral agroecológica conjuga los saberes populares con la tecnología contemporánea para mejorar los sistemas de producción agropecuario, no sólo analiza los rendimientos de cosecha y producción animal, sino armoniza el funcionamiento integral del agroecosistema a través de prácticas sostenibles como la producción de abonos orgánicos, la regulación biótica de organismos perjudiciales, reciclado de nutrientes y la producción y acumulación de biomasa, permitiendo así a la granja solventar su propio funcionamiento.

Partes: 1, 2, 3


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