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La necesidad de aprender a filosofar (página 5)

Enviado por Lus ngel Ros Perea



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El mismo Zea en su libro Filosofar: a lo universal por lo profundo, respecto a la auténtica filosofía, sin que sea copia del pensamiento de Europa, piensa que se puede filosofar auténticamente desde Latinoamérica, sin desconocer la importancia de la filosofía occidental, pero ésta no será la que dé las respuestas a la problemática nuestra. Será en la propia filosofía euroeo-occidental –precisa- que los latinoamericanos encuentran los instrumentos para captar y aceptar la original de las expresiones de su propio filosofar o razonar... Se puede filosofar, hacer ciencia, desde una determinada circunstancia que no tiene, ni puede ser la misma de la filosofía europea y occidental... Europa ofrece así el nuevo arsenal de interpretación filosófica, pero no ya la verdad por excelencia que ha de ser buscada y alcanzada por los propios latinoamericanos. Ayuda a plantear y resolver los problemas del hombre de esta América, pero no le da ya la solución misma de esos problemas. Es el hombre, este hombre concreto de Latinoamérica, el que ha de encontrar y dar las respuestas apropiadas... Se parte del propio pasado filosófico, pero también del conocimiento del pasado filosófico europeo, para hacer del mismo instrumento de la propia y original interpretación de una filosofía al servicio de la realidad e historia latinoamericana... Se trata así de una filosofía originaria de Latinoamérica, nacida de su prosa problemática; filosofía que no tiene por qué ser mejor o peor que cualquier filosofía. Tampoco se trata de una filosofía opuesto al filosofar europeo-occidental, sino tan sólo de un filosofar distinto, porque distinto es el campo de su preocupación... Filosofar distinto, pero no extraño al filosofar considerado como universal... Un filosofar consciente de esta situación es, por ello, un filosofar del hombre y para el hombre y por ende filosofar, universal. Porque es el hombre, sujeto y objeto, de todo filosofar en que otorga la universalidad.

Con gran fundamento nos dice la Universidad Santo Tomás que los programas de filosofía deben apuntar hacia la articulación e integración del discurso filosófico universal con las experiencias concretas y situadas de una filosofía y pedagogía inculturadas en Colombia y América Latina, con el propósito de profundizar en su significado y finalidades.

A pesar de que Restrepo Trujillo sostiene que no es posible hablar de filosofía colombiana o iberoamericana, ese filosofar debe enfocarse en la problemática del hombre latinoamericano, específicamente del colombiano, "no sólo como filosofar del y para el hombre latinoamericano y colombiano, sino también, y por ello, como filosofar del hombre y para el hombre. Filosofar concebido como discurso de lo universal pero a partir de nuestras experiencias y situaciones concretas"127. Así afirme Restrepo Trujillo que la filosofía es universal, reconoce que por ese mismo motivo le corresponde a cada persona o pueblo incorporarse al crecimiento de lo que adecuadamente es la universalidad de la conciencia. Además de aceptar que esto es posible y obligatorio, constituye una orientación para Colombia y otras sociedades, necesitadas urgentemente de criterios para manejarse por sí mismas.

En Latinoamérica nos preguntamos ¿qué pasa con la enseñanza de la filosofía en la educación media? En ésta "existe la tendencia a considerar como eje transversal de todos los planes de estudio la formación en valores, en actitudes éticas y en procesos de pensamiento, reflexión y crítica"128. Por eso cuestiona si la filosofía se está diluyendo en el conjunto de las asignaturas. En consecuencia, "debe convertirse en eje transversal... que permita integrarlo a todos los aspectos de la vida escolar"129. Precisamente en uno de los "manuales" de filosofía de una institución educativa no formal (INFORTEC) encontramos que "la enseñanza de la filosofía en educación media busca que el joven adquiera unas herramientas conceptuales, metodológicas y teóricas que le permitan a la vez formarse como individuo autónomo, crítico y responsable frente a su contexto, y frente a la realidad general". ¡Qué ideal tan sublime! ¿Será que en la práctica ese "ideal" se cumple?

En el contexto latinoamericano debemos contar con un joven formado filosóficamente para que pueda convivir armónicamente, respetando y tolerando a los demás; con una mentalidad abierta a otros universos, a otras realidades. "Estamos en mora de poner en práctica una nueva cultura de la cooperación internacional multilateral, basada sobre la tolerancia, el respeto por el otro, por su mundo y por la forma de captarlo y de relacionarse con él"130.

A pesar de que el debate sobre la existencia o no de una filosofía latinoamericana continúa vigente, la verdad es que nuestro continente y específicamente Colombia tiene una realidad propia, concreta, particular, con sus propios problemas. Pero como la filosofía, según Hegel, es hija de su tiempo y de su cultura, debe pensar y repensar los problemas nuestros para que sea una filosofía auténtica, raizalmente situada. Precisamente, por ser raizal la filosofía está lejos del universalismo unívoco, propio de las ciencias, y presenta cierta analogía con otros productos de la cultura: música o literatura, universales a fuerza de ser raizales, tal como lo plantea el aludido Gómez.

Si la reflexión filosófica está animada por el horizonte de comprensión, la situación y la experiencia, se debe enseñar a los jóvenes a filosofar en perspectiva latinoamericana, debido a que nuestro horizonte de comprensión y de visión, nuestra situación y nuestra experiencia individual, social e histórica obedecen a una dinámica que genera problemas propios, producto de la realidad y del contexto peculiar de nuestro continente. En consecuencia, la filosofía latinoamericana será aquella que se hace desde nuestra circunstancia peculiar latinoamericana, tal como la concibe Gómez, quien aconseja que para nuestro horizonte, nuestra situación y nuestra experiencia de subdesarrollo, de opresión y de dependencia, el filosofar en perspectiva latinoamericana será aquella que asuma el proceso de cambio y de liberación, de acuerdo a la propia especificidad de la filosofía.

¿Cómo debe ser la actitud del estudiante ante la filosofía?

El estudiante debe asumir una actitud activa y comprometida en su proceso de aprender a pensar filosóficamente, por cuanto requiere que se libere de la inacción (típica de esta sociedad paternalista) y de los prejuicios. En nuestro contexto, heredero de la tradición escolástica española, se registra un marcado desequilibrio entre teoría y práctica; somos muy teóricos y poco prácticos. El filosofar requiere de práctica, de acción. El alumno demasiado retórico escasamente aprende a repetir, copiar e imitar lo que dijeron los filósofos; el estudiante que combina teoría y práctica, y fundamentalmente actúa, aprende a pensar, a filosofar. En cuanto a lo de liberarse de prejuicios implica deshacerse de los comentarios sin fundamento que a priori se hacen sobre la supuesta inutilidad de la filosofía; de la forma como otros estudiantes y muchos "adultos" (inclusive algunos "profesores" de otras áreas) descalifican la filosofía y la tildan de ser una materia aburrida, una más del pénsum académico. Si vamos a filosofar es necesario liberarnos de la pasividad y de los prejuicios, porque filosofar es actuar y pensar por sí mismo.

El estudiante que empieza a recorrer el apasionante sendero del filosofar debe saber lo que busca en ese camino y a dónde quiere llegar, porque "iniciarse en la filosofía no es asimilar un saber logrado, sino lanzarse, por su propia cuenta y riesgo, a filosofar"131, debido a que "no hay manera a de ingresar en la filosofía sin entrar en el diálogo de los filósofos, aprender su lenguaje, recibir el impacto de sus inquietudes y ser promovido de este modo a un nuevo pensar".132 Con gran sabiduría el filósofo Epicuro, en su famosa Carta a Meneceo, nos dice que "ni el joven sea remiso en ponerse a filosofar, ni el viejo se canse de filosofar. No se es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma. El que dice que no ha llegado todavía a la edad del filosofar, o que ya ha pasado, se asemeja al que dice que para la felicidad o no ha llegado todavía la edad, o ya ha pasado. Así que debe filosofar el joven y el viejo: esté, para que, al envejecer, rejuvenezca con bienes que le acarrea el recuerdo del pasado; aquél, para que sea a la vez joven y hombre maduro por la impavidez ante los sucesos futuros". La afirmación de Epicuro debe ser un ferviente llamado a involucrarnos seriamente en el compromiso de filosofar. La juventud es la mejor edad para comenzar a filosofar, porque tiene exigencia de rigor, de racionalidad y de intelectualidad.

Filosofar es asombrarse de que las cosas sean como sean. Según Karl Jásper, el filosofar es como un despertar de las ligaduras que nos atan a las necesidades de la vida". El comienzo de la filosofía es el asombro, es decir, la capacidad de maravillarnos ante lo que todos a nuestro alrededor consideran obvio y seguro. La inclinación por la filosofía nace fundamentalmente de la admiración o el asombro y de la duda. Platón sostenía que el asombro "es la actitud de un hombre que ama verdaderamente la sabiduría". Aristóteles pensaba que el asombro ha inducido a los hombres a filosofar. "Los hombres, para remediar su ignorancia, empezaron a filosofar", señaló. La filosofía es el arte de asombrarse y los filósofos son pedagogos del asombro. "Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte y el lujo específico del intelectual", escribió José Ortega y Gasset en su Rebelión de las masas. Precisamente sobre la ignorancia es que el hombre comienza a filosofar, tal como lo planteó Sócrates. Según éste, el filosofar comenzaba con el conocimiento de no saber nada: la ironía o el reconocimiento de la propia ignorancia. "Sólo sé que nada sé", fue su máxima. "La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse sin maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados" (Albert Einstein).

Por eso el estudiante, si en realidad quiere aprender a filosofar, es necesario que posea una actitud "infantil", es decir, capacidad de admiración (disposición fundamental para filosofar). Esta disposición es la capacidad de problematizarlo todo, de convertirlo todo en problema. "El que quiera ser filósofo necesitará puerilizarse, infantilizarse, hacerse como el niño pequeño", señala Manuel García Morente. Esta disposición de ánimo, para éste, consiste esencialmente en percibir y sentir por dondequiera, en el mundo de la realidad sensible, como en el mundo de los objetos ideales, problemas, misterios; admirarse de todo, sentir lo profundamente arcano y misterioso de todo eso; plantearse ante el universo y el propio ser humano con un sentimiento de estupefacción, de admiración, de curiosidad insaciable, como el niño que no entiende nada y para quien todo es problema. "Admirarse, sentir esa divina inquietud, que hace que donde otros pasan tranquilos, sin vislumbrar siquiera que hay problema, el que tiene una disposición filosófica está siempre inquieto, intranquilo, percibiendo en la más mínima cosa problemas, arcanos, misterios, incógnitas, que los demás no ven"133.

Ese espíritu de curiosidad, de estupefacción, de admiración, es un elemento que debe animar permanente y espontáneamente la actitud del estudiante, porque le permite vivenciar ese mohín de apertura ingenua y sensible, con lo cual se ilumina lo que está oscuro, opaco, confuso, y lo proyecta por encima del horizonte de lo cotidiano y de lo habitual. La energía de la curiosidad es una fuente inagotable de sabiduría, debido a que comporta un afán de verdad, de pregunta, de interrogación, de inquietud, en procura de respuestas a la problemática y al misterio que nos plantea la vida, la realidad, el universo. Según la pedagoga y psicóloga Leonor Noguera Sayer, la curiosidad se alimenta de la duda, se nutre de la sensibilidad y nos ofrece respuestas. La curiosidad, dice en su libro En busca de una vida propia, se alimenta de la duda pero la supera en demasía porque nace de la capacidad de asombro que se conserva aun ante lo cotidiano; se nutre de la sensibilidad que descubre las invisibles envolturas de las verdades, para encontrar tras ellas el hilo conductor maravilloso que todo lo pone en armónico contacto. Encontraremos respuesta a lo que hemos sabido preguntar.

El discente de filosofía debe tener bien claro que el filósofo no es aquel hombre especulador, que vive "en las nubes", como le han tratado de vender semejante falacia; sino que, por el contrario, el filósofo es el incansable buscador de la verdad, esté dónde esté. El estudiante, como el filósofo, tienen que aspirar a que el saber sea la realización de su ser, y saber por qué hace algo, para qué lo hace, para quién lo hace; y, además, ser autónomo. Debe tener presente que la filosofía "es una actitud, una necesidad y una actividad vital tanto individual como socio-cultural; pues, siendo el filosofar una reflexión sobre la totalidad de lo existente (naturaleza, hombre y Dios), la filosofía, al conocer y sistematizar las leyes y razones últimas de dicha totalidad, se constituye en la conciencia más alta y profunda que el hombre tiene de sí mismo y del mundo en que vive, lo cual de por sí indica, que para filosofar se requiere estudio, trabajo, esfuerzo, ascesis, para escalar las altas y escarpadas cumbres de la sabiduría; por esto, insistimos en que es necesario aprender a pensar bien, reflexionar con objetividad y buscar con alegría siempre la verdad"134.

La filosofía plantea las preguntas y ofrece las respuestas para una vida auténtica. La vida auténtica es precisamente preguntas, la existencia es pregunta. "El ser humano se define en la vacilación, en el error, en el ensayo interminable. La historia es la repetición de la paradoja de las equivocaciones en nombre de la verdad"135. Lo opuesto a la verdad es el error; pero el error, muchas veces, acompaña a la certeza. Hegel nos dice que el error es parte de la verdad; "por consiguiente, la búsqueda también es hallazgo"136. El escritor británico Rabindranath Tagore aconseja no cerrar la puerta a todos los errores, porque la verdad puede quedar fuera. Según Nietzsche, en los errores están los orígenes de la verdad. En todo error suele haber algo de verdad.

El alumno, mediante un proceso interactivo, hermenéutico, dialéctico y dialógico, debe comprender e interiorizar cuál es la singular tarea de la filosofía. Sólo así entenderá su enorme dimensión como una invaluable herramienta para "discutir sobre temas como la vida, la libertad y demás asuntos relacionados con la forma de obrar y ver el mundo. Saber para qué vivimos y por qué existimos. Preguntarnos acerca de Dios. Desarrollar habilidad para plantear y defender ideas; hacer observaciones críticas, evaluar y tomar decisiones apropiadas. Fortalecer la capacidad para sintetizar teorías y conceptos complicados y para resolver problemas. Adquirir capacidad analítica y habilidad para el pensamiento abstracto. Ser un buen lector".137 Y algo importantísimo: buscar el sentido a la vida. El ser humano tiene que filosofar no solo porque en su vida encontrara dificultades, sino, y esencialmente, porque su existencia es un problema. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar el sentido de nuestra vida, si no queremos repetir con Siervo Joya (el personaje principal de la novela Siervo sin tierra, de Eduardo Caballero Calderón): "¡Ah, perra vida! Se le pasa a uno sin darse cuenta y sin entender lo que le pasa!".

El estudiante debe ser consciente que la filosofía también es búsqueda de la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? ¿Dónde esta la verdad? ¿Cuál verdad? ¿Quién tiene o posee la verdad? ¿Cuál verdad: lógica, ontológica, de hecho, de razón, moral, científica, verdadera忠Corresponde al quehacer filosófico, riguroso y profundo, indagar por la verdad, buscar la verdad. Hay que buscar la verdad, porque, según José Saramago (La caverna) "las mentiras son muchas y las verdades ninguna, o alguna, sí, deberá de andar por ahí, pero en cambio continuo, tanto que no nos da tiempo a pensar en ella en cuanto verdad posible porque tendremos que averiguar primero si no se tratará de una mentira probable". ¡Eso sí!, no se trata de cualquier búsqueda, porque "la verdad no se encuentra en los esquemas repetitivos de lo mismo, mediante los cuales la totalidad busca perpetuarse, sino en la vida del niño, del joven y, en últimas, del pueblo"138. La filosofía es un esfuerzo útil para captar la verdad pensando. Pero la verdad es compleja, multifacética e insaciable del todo, como la realidad misma. Sólo captamos perspectivas, verdades parciales en ese vasto y abigarrado pluralismo filosófico y de sistemas. La verdad de la filosofía no se mide por la eficacia de los sistemas o por las soluciones concretas que pueda brindar, sino por el grado concentrado de iluminación que preste al ser del hombre y la realidad en cuanto tal. ¿Cómo comienza esa búsqueda? Cuando nos preguntamos ¿qué es?, ¿cómo es? y ¿por qué es? A las personas nos seduce la pregunta, y por eso el universo nos parece como un problema, como un conjunto infinito de interrogantes. Por ello es fundamental la pregunta en filosofía, por cuanto ella da comienzo y consistencia al filosofar. "Filosofar es la acción de preguntar con una mente lúcida y despierta; filosofar no es llegar a un conocimiento absoluto. ¡Esto es imposible! Filosofar es una aproximación constante a la verdad; filosofar es lograr asomarse en el mundo de lo cotidiano y plantearse, desentrañar aquello que es común a todo. Filosofar es admirarse, como decía Aristóteles, de que las cosas sean como son; filosofar es lograr establecer la armonía entre lo que se piensa con lo que el hombre hace"139. Filosofar es ser coherente con el pensar, con el sentir y con el actuar. Es saber dónde estamos, para dónde vamos y qué es lo que queremos de la vida; por que el que no sabe qué es lo que quiere de la vida, es un perdido en la existencia. No sabemos lo que necesitamos porque, según Fernando Savater, no sabemos lo que queremos. Walter riso señala que sino sabemos qué queremos y para dónde vamos habremos perdido la capacidad de autorregular nuestro comportamiento. El que no sabe lo que quiere, se conforma con lo que tiene.

La filosofía le permite al estudiante encontrar algunas respuestas a sus múltiples inquietudes y preocupaciones. Muchos son los que ávidamente buscan respuestas en la filosofía. Mario Bunge reconoce que, a pesar de que la filosofía, en los últimos años ha sido un desierto, "el hombre contemporáneo está más urgido que nunca de respuestas que sólo la filosofía puede darle. ¿Quién soy, de dónde vengo, de dónde viene el mundo? Desorientados y desconcertados, los jóvenes acuden a las librerías en busca de respuestas. Uno los ve absortos ante un libro esotérico o ante un manual de meditación trascendental. Libros que son a la filosofía lo que la pornografía es al amor. Pero es lo único que tienen a mano para saciar sin esfuerzo el hambre recurrente"140.

El alumno debe reconocer que, además de la búsqueda de la verdad y la sabiduría, la filosofía es la aspiración, el esfuerzo, la ascesis libre e incesante de una explicación verdadera de todo lo existente. "La filosofía no es puro ejercicio mental. También constituye una manera de ser, una forma de vivir, una práctica. El hombre está en lo que dice, pero también en lo que hace" 141. Debe considerar la filosofía como una tecnología para la supervivencia, un saber indispensable para la vida humana, sin cuyo trabajo no se ejerce la libertad que nos procura en alguna forma la racionalidad como seres humanos. Asimismo, concebir la filosofía como una tecnología muy especial por el trabajo que realiza sobre los conceptos y el conocimiento nuevo o descubierto. Por eso la filosofía puede y debe influir sobre su tiempo y sobre la sociedad. Aunque su naturaleza debe ser un saber-hacer teórico y especulativo, la filosofía es una tecnología para la muerte o para la resurrección de nuestra identidad como seres racionales. El estudiante debe concebir la filosofía como una herramienta para la supervivencia, para comprender. Pero no le basta saberla, tiene que hacerla realidad, convertirla en un saber-hacer. "Los avances científicos tienen como objetivo mejorar nuestro conocimiento colectivo de la realidad, mientras que filosofar ayuda a transformar y ampliar la visión personal del mundo de quien se dedica a esta tarea"142.

El estudiante de filosofía debe tener perfectamente claro que "la filosofía no es un quehacer ajeno a la vida y a la realidad, sino la conciencia lúcida de su problematicidad constitutiva. La filosofía es la medida de lo humano, es el hombre mismo puesto en cuestión, es la aventura de atreverse a preguntar en profundidad y radicalidad sabiendo que se desencadena un laberinto de cuestiones en el que es fácil entrar, pero en el que las soluciones son difíciles de conseguir, si es que existen, como soluciones definitivas y absolutas".143 Debe ser consciente que "aprender filosofía no es repetir una filosofía existente, sino llegar, por mediación de un filosofar existente, a un nuevo pensar. No se puede aprender filosofía sino a filosofar, como decía Kant".144 El pensador alemán aclaraba que no se puede enseñar filosofía sino a filosofar, porque ésta no es un cuerpo de saber que pueda ser transmitido. La filosofía es un quehacer de la crítica; una sospecha sistematizada, rigurosa y exigente. El profesor de filosofía esto es lo que debe procurar enseñar. El estudiante tiene que tener presente que "debe evitarse en todos los casos el aprendizaje memorístico, la reducción del pensamiento del autor a frases célebres y la elaboración de trabajos que por su nivel de generalidad no obliguen al estudiante a ser preciso en la presentación de sus ideas".145 El profesor, si es un verdadero filósofo, sabe que filosofar es "una invitación a filosofar y no como un repertorio de lecciones de filosofía"146.

El alumno debe aprender a pensar, y "pensar, desde el punto de vista de la acción, no es entrar en lo ya pensado, no es entrar en una articulación ya establecida; es, ante todo, luchar contra lo que espera el significado del significante, contra todo lo que impide al deseo tomar la palabra y con la palabra el poder".147 Pero ese aprender a pensar es una de las tareas más complejas y a muchos no les gusta lo complejo, lo difícil. "Filosofar no es fácil. Filosofar nunca ha sido fácil. Ya Platón decía que hay que volverse con toda el alma, a partir de lo que deviene, hacia la contemplación de lo que es, hasta lo que se pueda fijar de mirada en lo que hay de más luminoso en el ser. Filosofar requiere de una preparación, una ascesis de los entes al ser, una actitud moral. Filosofar es faena vital, y todo lo que se relacione con la existencia auténtica es difícil. No nos gusta filosofar porque nos disgustan las cosas difíciles. Filosofar es un arte, y como tal requiere motivación, disciplina, paciencia, estudio, concentración, esfuerzo, atención, amor y mucha, pero mucha práctica. Practicando se adquiere el hábito de filosofar. Filosofando se aprende a filosofar. "Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo", sentenció Federico Nietzsche. El pensar es un quehacer, y como todo quehacer, requiere de entrenamiento y herramientas. El entrenamiento del pensar es el pensar mismo. Filosofar es un oficio y hace falta aprenderlo. ¿Dónde se aprende a filosofar? En la escuela".148 Si lo que queremos es encontrar una forma de ver el mundo que nos de resultado, tendremos que tomarnos la molestia de pensar por nuestra cuenta y riesgo, afrontando las dificultades y compromisos que ello implique. Pensar y ser libre son los riesgos que debe afrontar una persona. Existe la falsa sensación de encontrar respuestas fáciles a las preguntas que nos inquietan. Pero las respuestas fáciles no existen. Lou Marinoff nos advierte que la única manera de obtener una solución real y duradera a un problema personal consiste en abordarlo, resolverlo, aprender de él y aplicar lo que se aprenda en el futuro.

El estudiante tiene el compromiso de aprender a buscar sus propias respuestas, pensando por sí mismo, porque "cuando alguien quiere filosofar no puede contentarse con aceptar las respuestas de otros filósofos o citar su autoridad como argumento incontrovertible: ninguna respuesta filosófica será válida para él si no vuelve a recorrer por sí mismo el camino trazado por sus antecesores o intenta otro nuevo apoyado en esas perspectivas ajenas que habrá debido considerar personalmente".149 El profesor Edudoro Rodríguez Albarracín sostiene que "el filosofar no es primariamente un aprendizaje nacional de los sistemas y pensadores sino una actitud personal que desde sí accede a una problematicidad que afecta al mismo individuo y en la cual las preguntas y las respuestas en último término debe ser asumidas como retos personales que afectan la estructura misma de nuestra existencia".150 En este sentido Karl Jaspers planteaba que "el pensar filosófico tiene que ser original en todo momento. Tiene que realizarlo cada uno por sí mismo". Según Santo Tomás, el estudio de la filosofía no es para saber lo que opinan otros sino para darse cuenta cuál es la realidad.

El estudiante de filosofía debe tender a la "configuración de una auténtica actitud filosófica ante la realidad como paso previo a la filosofía sistemática: desinstalación por el pensamiento crítico de la vida inauténtica, mediocre y burguesa. Asunción de los problemas básicos de la realidad en su raíz y fundamentos últimos. Inserción vital en los grandes problemas, autores y grandes líneas que se disputan al ser y el quehacer del hombre. Proceso vital de búsqueda. Disputa y comunicación. Punto terminal: vislumbrar el camino a la sabiduría y columbrar el acceso al misterio absoluto".151 Por eso, además, debe saber que "en su ser, en su quehacer y en el dinamismo de su libertad estamos lanzados a la aventura y la pasión de vivir. La vida que se posee y se construye, he ahí el punto de partida de todo lo auténtico filosofar. Pero el punto de partida no es centro, el término. El hombre es importante porque es la perspectiva, la morada del preguntar, pero de una realidad que lo desborda y lo sobrepasa"152.

El discente debe ser absolutamente consciente e interiorizar que "sin la filosofía la vida sería radical trivialidad, superficialidad, un estar en el mundo sin porqués ni paraqués, un idiotismo que cierra al individuo y le priva de los mejores y mayores horizontes del quehacer intelectual".153 Muchos se arrastran por la vida, día tras día, en un estado inconsciente, siguen sus hábitos y reaccionan a partir de sus emociones, hacen lo que es requerido y nada más. Es por eso que el estudiante debe filosofar, "porque tenemos capacidad para articular lo que aún no lo está; y también porque existe la alienación, la pérdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir; y, finalmente, porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de la falta con la palabra".154 Pero debe tener plena conciencia de que "la filosofía no puede prescindir de la actualidad, de la existencia del hombre solitario y necesitado, como la humanidad, de razón y criterio para el uso de su libertad".155 Como el hombre, la actividad filosófica se da encarnada en un tiempo y un espacio; por tanto, no podemos hablar de un único filosofar, ni de unos únicos principios filosóficos. Si así fuera, tal vez la tarea de educar sería más fácil, pero a la vez menos libre. Para el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, la filosofía puede hallarse donde quiera y el filósofo debe abrirse al mundo en su totalidad e interpretar los datos del mundo como signos o nidos de significaciones, que no están dados sino que se van haciendo dentro de la trama de la experiencia y del saber.

El discente debe preguntarse para qué sirve el filosofar y el fin último del filosofar: la filosofía misma. "La misión de la filosofía es reflexionar, hacer pensar acerca del mundo".156 En este sentido es importante tener presente el planteamiento del profesor Jorge Deháquiz cuando afirma que "la respuesta a esta pregunta orienta el carácter y sentido práctico del estudio-aprendizaje de la filosofía", y agrega que "el ejercicio práctico de filosofar tiene una doble intencionalidad: lógico-epistemológico y ético-antropológico. Es bueno que el alumno interrogue qué pretende la filosofía en el plano lógico-epistemológico. Intelectualmente el ejercicio del filosofar busca la verdad, requiriendo para ello la afirmación verdadera de sus asertos teóricos. Los criterios con los cuales se intenta establecer la veracidad de los argumentos filosóficos son ordenados por la filosofía o reflexión crítico-analítica sobre la filosofía como saber, la epistemología y la metodología de la filosofía, contribuyendo la lógica con la definición de los requisitos de su auténtica implicación y expresión".157 La filosofía como hija de la cultura de una época, nos muestra que "el filosofar ha sido una actitud y una tarea situada, condicionada por los contextos histórico-culturales en donde se ha producido el saber filosófico"158 El filósofo pertenece a una época, a una cultura y a un lugar.

Si bien es cierto que la filosofía no ofrece respuestas a toda nuestra problemática, si plantea problemas a una cultura de su tiempo, porque la filosofía es la conciencia crítica de una época. Manuel García Morente reconoce que el pensamiento, lejos de ser algo que en eternidad y fuera del tiempo subsiste siempre igual a sí mismo, funcionado en las mismas condiciones y capaz de las mismas performancias (rendimientos), está radical y esencialmente condicionado por el tiempo y por la historia. El pensamiento no da de sí en cualquier momento y en cualquier lugar cualquier cosa; sino nace, surge en una mente concreta, en un hombre de carne y hueso, en un individuo, el cual vive en una época determinada y piensa en un lugar determinado; y ese pensamiento viene condicionado esencialmente por todo el pasado, que presiona sobre la mente en la cual se está destilando. El pensamiento filosófico no es ahistórico, fuera del tiempo y del espacio; no es pensamiento que esté lanzado hacia eternidades, sin relación con el momento histórico; el pensamiento es una realidad histórica, tiene una realidad histórica. En nuestro mundo contemporáneo todo sujeto de la cultura puede ser objeto de reflexión filosófica. El mundo actual ofrece un amplio espacio para filosofar. El filosofar posibilita que el estudiante adquiera "fuertes bases teóricas y una amplia comprensión de los problemas, tanto filosóficos como en los otros campos del conocimiento"159.

La propuesta pedagógica del profesor Deháquiz plantea que al culminar el proceso educativo-escolarizado y tras adquirir y formar una actitud intelectual crítico-analítica, extendida a todos los campos del pensar, del conocer y del actuar, el joven bachiller debe estar en capacidad de hacer uso público de su razón, de su racionalidad como discurrir filosófico y científico, sopesando cada afirmación, cada argumentación, autoevaluando sus propuestas ideológicas y confrontando con la crítica de otros sus construcciones teóricas sobre el mundo. Esta actitud, que es disposición normal de la persona que ha llegado a la "mayoría de edad", es fundamental, según lo sugiere el filósofo austriaco Kart Raimundo Popper, "no sólo para el progreso del conocimiento, sino también para lograr establecer sociedades en donde sea posible derrumbar ideas que no nos gustan sin necesidad de eliminar a aquellos que las sustentan"160.

El educando no puede ignorar que filosofar es un requisito para ser libres, comprendiendo que ser libre no es hacer aquello que uno quiere o desea sino aquello que uno debe. La libertad conduce los deseos por los caminos de la racionalidad y de la responsabilidad. La libertad va indisolublemente unida a la conciencia del deber y al sentido moral. Aquello que califica a una persona como tal es su capacidad de pensar, su facultad de decidir asumiendo responsabilidad y su búsqueda del bien para sí mismo y para la comunidad. La filosofía es una escuela activa de pensamiento riguroso, de libertad responsable y de virtud gozosa. Es aquí donde la filosofía tiene un papel central en la formación del ser humano; ya que sólo tendremos hombres en el pleno sentido de la palabra cuando aprendamos a servirnos de nuestro saber para la construcción de un mundo más humano. El estudiante debe comprender que la filosofía es una "dimensión existencial del hombre que se autocomprende como proyecto indeterminado y problemático (libertad y sentido de la vida) abocado a tomar decisiones y opciones fundamentales. Dimensión teórica de búsqueda de los fundamentos últimos y raizales del ser y el conocer. Dimensión práctica como orientadora (ética) y autoconciencia crítica del movimiento social, histórico a nivel del concepto y los principios constitutivos de la praxis sociopolítica"161.

El alumno se debe preguntar por el sentido del filosofar. Pero para establecer cuál es el sentido del filosofar, no puede pasar desapercibida la tarea de la filosofía. Es deber de la filosofía elevar el nivel de profundidad de la reflexión; y así mismo, poner en cuestión las evidencias del sentido común, de lo establecido social y políticamente y lo que se cree como legitimado. Todo esto, para buscar estudiantes autónomos y libres, que indaguen por el bienestar del hombre en sus diferentes niveles de convivencia. El estudiante debe saber que "si en la filosofía pocos son los genios y los creadores, la necesidad del filosofar como actitud auténtica ante la vida debe ser posibilidad universal. Pues en definitiva lo significativo y duradero para nuestra vida personal no son los autores, las obras y los sistemas, sino el grado de iluminación que a través de ellos logremos en el camino interminable e inabarcable de las ideas, los valores y la verdad"162.

Una de las tareas de la filosofía es formar hombres críticos. Pero ser crítico, tal como sostiene el filósofo y sociólogo alemán Max Horkheimer, no significa que el alumno tenga una postura criticona, superficial, sino por el contrario, es un esfuerzo intelectual que el alumno debe lograr para no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes".163 La crítica no puede quedarse en el "no tragar entero"; debe ser un esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, por la construcción de un mundo mejor, por investigar los fundamentos de las cosas, en otras palabras: "por tratar de conocerlas de manera real"164, ya que no se quiere un estudiante pasivo, sino un estudiante con un compromiso y unos cuestionamientos que involucren al otro y los otros para que los individuos regulen su diferencia de sus particularidades construyendo espacios de participación, consenso y diálogo.

El alumno debe ser consciente que la filosofía es un pensar subversivo en el buen sentido de la palabra, porque es el intento del hombre por introducir la razón en el mundo; esto lleva a que tal posición sea cuestionada y puesta en tela de juicio por posiciones dominantes y dogmáticas, ya que el hombre que piensa ejercer una postura incómoda, obstinada e inquieta es una persona que no se domestica y sus preguntas desbordan el horizonte de la cotidianidad. Debe saber que "aprender y educarse en filosofía no significa recibir simplemente determinados contenidos teóricos, sino asumir problemas y prepararse para responderlos de un modo original y creador".165 El profesor Juan José Adrados nos advierte que "en filosofía, más seguramente que en otra disciplina, sólo es fértil el pensamiento educado, apto para plantear cuestiones y formular respuestas con sentido, es decir, encuadradas en un contexto ideológico preciso"166.

El estudiante necesita saber qué hace un filósofo para empezar a motivarse en la inmersión en tan asombroso universo. Aunque la filosofía no es una profesión rentable, de las que necesita el consumismo, tiene muchos campos de acción como "en la investigación, para desarrollar el pensamiento filosófico. En la docencia, impartiendo conocimientos y participando activamente en investigaciones interdisciplinarias. En el periodismo, elaborando artículos que requieran conceptualización y análisis. En la industria editorial, colaborando en la redacción y corrección de libros"167.

También debe tener objetivos claros en el aprendizaje de la filosofía para que aprenda a expresar el pensamiento en forma libre y espontánea como resultado de una reflexión autónoma y argumentada; que sea capaz de manifestar libertad de espíritu y desarrollar habilidad reflexiva para tomar posición frente a las diversas formas de propaganda, de exclusión o intolerancia, como condición para asumir y compartir la responsabilidad de responder a los grandes interrogantes contemporáneos en el campo de la ética y de la política.

El profesor Deháquiz sostiene que el objetivo fundamental del estudio-aprendizaje de la filosofía es claro: potenciar al máximo el pensamiento crítico-reflexivo del alumno, ejercitándolo en la construcción de relaciones intelectuales al más alto nivel; pensamiento elaborado como discurrir con razones filosóficas, como filosofar. Pero no se puede filosofar plenamente sin la aprehensión de la filosofía, sin conocer el contenido objetivo del pensamiento humano concreto y su evolución histórica. Se da una relación dialéctica creativa, pedagógica y metodológica entre el filosofar y filosofía: éste es el objeto del filosofar, el cual es, a su vez, iluminado en su creatividad discursiva por la filosofía. El filosofar es el centro del acto educativo filosofante. La reflexión filosófica posibilitará "que el estudiante pase de ser pasivo y acrítico, a ser una persona pensante, reflexiva, crítica; de un hombre conformista y fatalista, individualista y egoísta, a una persona solidaria que participa activamente en las comunidades".168 El quehacer filosófico llevará al educando a razonar por él mismo, "abandonar la conciencia ingenua que lo hace aceptar las cosas porque sí, porque así deben ser, y que sea capaz de desarrollar su conciencia crítica que lo lleve a relacionar, a pensar y a comprender la realidad"169.

El auténtico compromiso del estudiante, inexorablemente, lo llevará a despertar su espíritu crítico y reflexivo para que acometa por su cuenta y riesgo el fascinante arte de filosofar, que le implica, entre otras habilidades, ir a los textos filosóficos, navegar en sus profundas y caudalosas aguas para encontrarse "frente a frente" con los auténticos filósofos, quienes lo maravillarán y hechizarán con sus obras geniales, pletóricas de la más selecta prosa dialéctica con los libros de Platón y con los estremecedores, impactantes, excelsos y poéticos aforismos de Nietzsche. Leyendo, investigando y reflexionando en la profundidad de los diálogos platónicos, por ejemplo, el estudiante aprenderá a dialogar de manera argumentada, aceptando la diferencia y adquiriendo habilidades dialécticas para el debate, el disenso, el acuerdo, el desacuerdo, la controversia堌os "incómodos" aforismos nietzsechenos, además de impactarlo y afectarlo en su más honda psicología, le servirán de espolique para que se cuestione y replantee su existencia y la forma como hasta ahora estaba percibiendo, interpretando y sistematizando su realidad y la realidad de la cultura occidental.

Hoy cuando se habla de derechos humanos y conservación del medio ambiente, el estudiante debe reflexionar profundamente sobre la tecnociencia, repensar el problema de la vida en relación con la ética. Debe ser consciente de que la bioética, como nueva opción para filosofar, es una reflexión que trata de integrar los saberes filosóficos con los científicos, físicos, técnicos y matemáticos, en búsqueda de una toma de conciencia del ser en el mundo; tratando de asumir los niveles más altos de autoconciencia donde nace el sujeto moral y afirma su autonomía como persona en el análisis y discusiones asumidas con libertad; intentando tomar conciencia de nuestra cuota de responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos, sobre el respeto de los derechos humanos y la conservación de nuestro hábitat.

¿Cuál es el papel del maestro en su quehacer filosófico?

Al docente de filosofía, entre otros quehaceres, le corresponde rescatar el valor de la filosofía y "enseñar" al estudiante a filosofar, a pensar. Su papel en el momento actual, debido a los profundos cambios que se registran en la sociedad y en la educación, es de un gran compromiso por cuanto debe tener su mente muy abierta, adaptarse a los cambios y desempeñar su labor con mucha responsabilidad. Es por eso que tiene que convertirse en un minucioso investigador en el campo de la didáctica filosófica, con el propósito de considerar las nuevas propuestas e implementarlas a su dinámica docente.

El papel del maestro en este sentido implica demasiado compromiso porque sus esfuerzos deben orientarse en lograr que el estudiante aprenda a filosofar. Para que esto ocurra deberá convertirse en un auténtico facilitador del proceso académico en procura de que el alumno se "enamore" de la filosofía, conviva con ella y la vivencie de tal manera que se maraville con el quehacer filosófico como instancia que le permitirá profundizar y comprender la realidad. El profesor ha de comprometerse con su quehacer docente, y en su empeño "constituirse en ejercicio vivo del acto de filosofar a través del cual el estudiante asume su capacidad de pensar y la pone en acción"170.

El maestro debe tener presente que "enseñar filosofía no consiste en informar o ilustrar al discípulo acerca de pormenores que fatigan su memoria, sino suscitar en su ánimo el nacimiento de los problemas y despertar la necesidad de encontrarles perentoria respuesta".171 Una enseñanza de la filosofía no es enseñanza sobre la filosofía: es una enseñanza misma de naturaleza filosófica. El quehacer del docente de filosofía "no es simplemente enseñar la filosofía, sino fundamentalmente la de enseñar a filosofar".172 El filósofo Leonard Nelson nos dice que si acaso existe algo en la filosofía que pueda considerarse enseñanza, sólo puede ser el enseñar a pensar por uno mismo. La Ley General de Educación (Ley 115/FEB/8/94) precisa en su artículo 30 que uno de los objetivos de la educación es "la capacidad reflexiva y crítica sobre los múltiples aspectos de la realidad y la comprensión de los valores éticos堹 de la convivencia en sociedad" (numeral g). La misma norma contempla en su artículo 31 que la filosofía es una de las áreas "obligatorias y fundamentales" de la educación media académica".

La enseñanza de la filosofía debe ser una experiencia grata y enriquecedora. Según Diana Uribe Forero, "enseñar filosofía a los adolescentes es un privilegio, porque para ellos tiene todo un significado, debido a que están formándose valorativamente. Enseñar filosofía es toda una aventura; las clases son toda una aventura. La filosofía es algo muy personal... Cuando uno tiene eso en la cabeza tiene un mundo abierto, y en la medida en que entre a estudiar otros universos los enriquece".

El profesor, como orientador "de un proceso de formación, enseñanza y aprendizaje de los educandos"173, debe comprometerse con su realidad docente, para lo cual deberá estar muy bien preparado y poseer las características de un verdadero maestro. Además, debe ser una persona crítica, "con una formación académica y humana completa, y por lo tanto, pensante. Si alguien va a enseñar a pensar, tiene que pensar"174. El educador debe saber que "la filosofía no es la revelación hecha por quien lo sabe todo al ignorante, sino el diálogo entre iguales que se hacen cómplices en su mutuo sometimiento a la fuerza de la razón y no a la razón de la fuerza"175.

Según la visión de la Universidad Santo Tomás, el profesor de filosofía debe ser un profesional "con una sólida estructura de pensamiento filosófico para que su desempeño docente, investigativo y de servicio a la comunidad contribuya a la promoción y fortalecimiento de la vida cultural colombiana y latinoamericana, así como la recreación y enriquecimiento del patrimonio filosófico universal". Complementando tan interesante visión, los textos de esa institución nos dicen que "el filósofo (docente de filosofía) es un investigador con extraordinaria capacidad de análisis, síntesis y valoración crítica. El análisis, en el sentido cartesiano, consiste en dividir cada una de las dificultades que se examinaren en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiérese para su mejor solución. La síntesis, en la misma concepción, es la conducción ordenada de los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos y difíciles. El análisis, la síntesis y la crítica también se pueden entender de acuerdo con la visión tomista como elementos de la aprehensión y expresión de la verdad: mediante el análisis se da el sentido de lo real; por la síntesis se ofrece el sentido de lo permanente en el devenir; y, mediante la crítica se avala el sentido de fidelidad a la realidad. La crítica en el sentido kantiano se entiende como el juicioso examen de las capacidades, posibilidades, límites y fines de la sensibilidad, el entendimiento y la razón para conocer los objetos que nos son dados en la experiencia sensible. La crítica kantiana también se puede asumir como la racionalidad del pensar por sí mismo, del pensar en el lugar del otro, y del ser consecuentes con lo que pensamos". El quehacer del docente en la enseñanza de la filosofía exige que tenga una "conciencia viva, despierta y a veces dolorosa del enigma, familiaridad con los problemas, seguridad ante las soluciones, actitud para despertar iguales sentimientos en el discípulo".176

El docente de filosofía debe tener bien claro qué enseña y a quiénes enseña; cómo enseñar y para qué enseñar. Asimismo, debe ser un permanente e incansable investigador, que indague "por el papel de la investigación en la docencia y de la docencia en la investigación"177; consciente que la investigación en su quehacer docente "debe asumirse como procedimiento necesario para el desarrollo del conocimiento y de la praxis, constituirse como recurso metodológico de todo proceso de enseñanza"178. Siguiendo la recomendación de Piaget, el verdadero educador buscará herramientas para dar soluciones a la problemática educativa, en procura de una autonomía intelectual y moral del discente. La concepción piagetana indica que el docente promoverá el aprendizaje en función del desarrollo intelectual, mediante los procesos de planteamiento de problemas e impulso a solucionarlos, la búsqueda de alternativas de solución, la opción por una de las alternativas y la satisfacción personal como resultado de haber hallado la solución.

El docente desde el punto de vista psicológico se debe fundamentar en el conocimiento y comprensión que tenga de las teorías del desarrollo del adolescente; y establecer una relación de tipo afectivo con el saber, es decir, con lo que enseña. "La labor filosófica es una renovada marcha hacia el fundamento, lo que quiere y puede trasmitir es aquella convicción inicial de que siempre hay algo más allá de lo que está ante nuestros ojos. Sólo quien se plantee el problema de la falsa evidencia podrá conducir a otros"179.

Debe tener habilidad para comunicarse y relacionarse con el discente. Es necesario que conozca profundamente al alumno para que lo pueda entender y orientar adecuadamente, porque "es evidente que el educador debe ser un consejero, un guía, un conductor, pero su tarea quedará paralizada a mitad de camino si no le enseñara al niño a conducirse por su propia cuenta, si no le diera hábitos de estudio y de trabajo, si no despierta en él el cariño por las cosas del espíritu, si no lo adiestra en el uso de su discernimiento, si no formara su criterio y su conciencia"180. La investigadora Eloisa Vasco Montoya, en su libro Maestros, alumnos y saberes, señala que si el maestro logra renovar su forma de percibir y reconoce a sus interlocutores o estudiantes, podrá preguntarse por el sentido de lo que hace, cae en la cuenta de su quehacer y se formula preguntas sobre los procesos pedagógicos que suceden en su entorno. "Si el docente se preocupa por las relaciones que debe establecer con sus estudiantes, busca la o las formas de conocer su vida, su medio ambiente, sus intereses, sus problemas estudiantiles, familiares y personales, su desarrollo fisiológico, sensorial y psicológico"181.

El profesor tiene que entender que "el acto de enseñar no tiene sentido sino en la medida en que se desencadene en otros el acto de aprender"182; por tanto, la tarea principal del profesor de filosofía debe concentrarse en la planeación de las circunstancias externas que coadyuvan a activar las capacidades internas del individuo para lograr que éstos realicen su propio aprendizaje y desarrollen sus potencialidades. El psicólogo y pedagogo Virgilio Crespo C. plantea que la identidad del maestro se perfila cuando sabe por qué y para qué hace lo que hace, y cuida el estudio del estudiante concreto dentro de los procesos pedagógicos, en un conjunto de relaciones sociales y dentro de su cultura para entenderlo. Eloisa Vasco Montoya dice que el maestro, en su saber pedagógico ("origen y condición de la posibilidad de la pedagogía", el cual define como "un saber complejo cuyo primer sujeto legítimo es el maestro; un saber que se pone en acción primordialmente cuando ese sujeto, el maestro, enseña"), debe saber "qué enseña", a "quiénes enseña", "para qué enseña" y "cómo enseñar". Estos aspectos son muy importantes porque así como es complejo "enseñar" también lo es "aprender". Enseñar es una práctica propia del maestro y el aprender es, igualmente, una práctica propia del alumno. Atendiendo a los planteamientos piagetanos, la labor del maestro debe orientarse a proporcionar al discente experiencias y situaciones problemas que susciten, faciliten y orienten el proceso de construcción del conocimiento por parte de éste, rescatando la reflexión como actividad propia de él a partir de la confrontación y la pregunta. La concepción piagetana, según la psicóloga Rebeca Pucce Navarro, en un artículo publicado en la revista Educación y Cultura, concibe el proceso de construcción de los conocimientos como un proceso en el cual el sujeto asimila lo real, transformándolo, y da paso a la acomodación, es decir, se puede entender la construcción y desarrollo de la inteligencia y del conocimiento no como el simple efecto acumulativo de experiencias, sino como el proceso complejo y activo de la organización, de diferenciación y de la transformación de experiencias.

El docente de filosofía debe realizar su quehacer dentro de un ambiente educativo dinamizador y liberador, ignorando el enfoque domesticador. Se educa para cambiar la sociedad existente y no para perpetuarla. Hay que promover la construcción de jóvenes en función de una iniciativa libre, personal y comunitaria, en procura del advenimiento de una sociedad nueva en la que se descubran nuevos valores y una nueva ciencia. Se necesitan hombres libres.

El maestro de filosofía debe desechar la educación domesticadora, porque ésta solamente busca integrar al hombre a la sociedad, en donde no hay lugar para la duda, la incertidumbre, el disenso, la sospecha, la reflexión y la crítica. El estudiante no se educa para que obedezca ciegamente a la ley y a la libertad, se educa en y para la libertad. El alumno no debe temer a la libertad ni a la verdad; no debe temer a lo nuevo, al cambio.

La filosofía se debe "enseñar" en un espacio dinamizador que permita al estudiante construirse como hombre libre, como proyecto de hombre y sociedad libre. En el ambiente dinamizador y libertad, la verdad se inventa y se construye dentro de sus procesos lógicos. La verdad es proyecto, no posesión. El hombre se transforma y transforma el mundo. La educación dinamizadora debe propender por la autodeterminación personal y social, favorecer el desarrollo de una conciencia crítica y una actitud comprometida en la transformación de la realidad que le impide al hombre realizar sus potencialidades y vivir libre y auténticamente. El docente y el estudiante deben ser conscientes que aprender es buscar significados, criticar, inventar e indagar en la realidad del contexto.

Además de su idoneidad en la enseñanza de la filosofía, el maestro ha de comprender a los alumnos, sus capacidades, las etapas del desarrollo que recorren y las diferentes maneras como el ambiente va dando forma a sus personalidades e intereses, para, de esta forma, enseñar eficazmente en el aula; comprender cómo aprender y cómo conocen las personas y la forma como se modifica un aprendizaje que ya ha tenido lugar; y conocer la situación de aprendizaje para controlarla eficazmente.

Para la enseñanza eficiente de la filosofía, el maestro debe comprender primero a sus alumnos; a medida que ellos avanzan en su desarrollo, cambian los procesos en virtud de los cuales aprenden. A medida que aumenta la edad, sus capacidades para comprender pensamientos más complejos y abstractos, para asimilar otras diferentes clases de información aumenta a cada paso; y conforme cada alumno va cambiando, los métodos de enseñanza que modifican con mayor eficacia la conducta, tendrán que cambiar también.

Debe ser un excelente motivador porque "cuando el maestro habla de la motivación de sus alumnos está refiriéndose a todo el complejo conjunto de actitudes positivas y negativas del alumno hacia el conocimiento, hacia la clase y hacia el mismo maestro"183. El profesor debe hacer todo lo posible para crear la motivación, el ambiente y las condiciones para el aprendizaje; porque enseñar filosofía consiste en motivar para el asombro, para la pregunta, para la duda y para la búsqueda de sentido y compromiso a la propia vida.

El profesor no puede olvidar que la mejor herramienta de la enseñanza-aprendizaje es la motivación, porque ésta lanza al compromiso con el estudio y al deleite en la realización de las actividades escolares. Un estudiante alegre y entusiasta facilita el desarrollo de los procesos curriculares. El aprendizaje es un acto de libertad, y como tal es un hecho de razón: el estudiante debe estar convencido racionalmente de su actividad académica, y actuar en consecuencia. El signo claro de estar ludizado, motivado y significativo en la escuela es la generación de proyectos de estudio creativos e investigativos por parte del educando o de grupos de estudiantes. "Los futuros educadores deben conocer sistemáticamente las distintas formas de pensar que han influido en la solución de problemas universales, y en las controversias educativas de todas las épocas"184.

El maestro debe enseñar al alumno a pensar; pero no lo que tiene que pensar, sino cómo pensar. La filosofía, nos advierte Juan Pablo Feimann, no es una guía para pensar como pensaron los filósofos, sino para pensar por nosotros mismos. Enseñar a pensar implica, de acuerdo con el catedrático Jaime Nubiola, pensar lo que se vive (reflexión), decir lo que se piensa (expresión) y vivir lo que piensa y se dice (pasión). No hay que preparar al estudiante para que responda a todo sin conocer la verdad de nada. Con gran sabiduría, el padre Alfonso Borrero Cabal nos dice que "ser maestro es enseñar a pensar como el discípulo ha de pensar; no a la manera que el maestro piensa, ni pensar lo que piensa el maestro. La desigualdad entre el maestro y el estudiante se restablece en igualdad"185. El maestro debe orientar al estudiante para que adquiera una conciencia crítica y piense para ser libre. "Recordad que es un esclavo aquel que no piensa libremente, y que vuestra misión... es la de preparar a los verdaderos ciudadanos de la democracia"186. Al maestro le "conviene precisar de inmediato que conducir a otro en el desarrollo de la capacidad reflexiva no significa adocenarlo de conceptos abstractos, alejados de su propia realidad, sino más bien ser mediador en el proceso de su personal autodescubrimiento como agente de sí mismo y de su mundo en condiciones determinadas"187. El profesor debe inculcar en el estudiante el "hábito de la filosofía", que, según John Henry Newman, consiste en entrenarlo en el pensamiento crítico y riguroso. Es una disposición para reunir datos, obligarlos a que tengan sentido, seguir preguntando cómo se conectan a otras partes de nuestra visión del mundo. Así el alumno debe pensar con precisión, con rigurosidad, con disciplina.

El docente de filosofía debe tener absolutamente claro y ser consciente que "la filosofía no puede ser sólo un catálogo de opiniones prestigiosas. Más bien lo contrario, si atendemos por esta vez a la opinión prestigiosa de Ortega y Gasset: La filosofía es idealmente lo contrario de la noticia, de la erudición. Desde luego la filosofía es un estudio, no un puñado de ocurrencias de tertulia, y oír tanto requiere aprendizaje y preparación. Pero pensar filosóficamente no es repetir pensamientos ajenos, por mucho que nuestras propias reflexiones estén apoyadas en ellos y sean conscientes de esta deuda necesaria"188. El educador no puede ignorar que "se debe evitar que la enseñanza de la filosofía sea una transmisión de contenidos abstractos y desarticulados que no incite a los estudiantes a la reflexión y que no estimule en ellos el espíritu de discernimiento sobre su propia realidad"189. La educación filosófica debe tener en cuenta el ideal griego, donde ésta estaba más enfocada a la formación general del hombre y del ciudadano (paideia) que a la transmisión y al contenido de los conocimientos en el sentido estricto de la palabra. En este contexto, la dialéctica y la mayéutica, practicada por Sócrates en sus famosos diálogos, eran consideradas técnicas capaces de hacer progresar el razonamiento y el conocimiento. Igualmente, Platón y Aristóteles consideraban que la pedagogía debía ponerse al servicio de fines éticos y políticos.

El ideal kantiano de la filosofía, y en general de la educación, es que el estudiante aprenda a buscar la verdad a través de la crítica (estudio, investigación) y a pensar por sí mismo, con la ayuda de la razón, de la cual surgen los argumentos en contra o a favor de una tesis que sustentamos. Entonces en necesario utilizar el principio de honestidad, que consiste en no presentar aquellos argumentos en los que no se cree en el fondo, y de los cuales uno mismo sospecha.

La tradición racionalista enseña que en el debate con los demás, si vamos a argumentar contra el planteamiento del otro, debe hacerse en el sentido de la razón, esto es, dándole a los argumentos contrarios toda la fuerza posible, hasta el punto de que si nuestro debatiente se equivoca en su forma de argumentar o ejemplificar, debemos ayudarlo a argumentar o a ejemplificar mejor. Kant nos recomienda que si las consecuencias necesarias de la tesis de que hemos partido resultan contradictorias o incluso absurdas, debemos abandonar dicha tesis.

Kant, que concede una importancia grande a la filosofía, sostiene que ésta tiene que ser la encarnación de la razón, y su lenguaje debe ser meramente expositivo y que no intimide, imponga o seduzca. El lenguaje del filósofo debe ser constatativo y no imperativo, sugestivo o performativo. La filosofía no debe inducir a nada, sólo demostrar. El maestro Estanislao Zuleta, siguiendo los ideales platónicos y kantianos, nos dice que el filósofo no debe tener ningún interés ni puede impulsar posición alguna, ni combatir, ni ordenar, ni prohibir; sólo debe demostrar.

El ideal de racionalidad kantiano se enfoca a la exigencia de que el estudiante aprenda a pensar por sí mismo, porque el pensamiento no es delegable, porque entonces en lugar de ser pensamiento sería mera obediencia. El maestro Zuleta nos dice que una cosa es seguir lo que otro diga y otra bien diferente es pensar por sí mismo. Quien repite mecánicamente los planteamientos de un líder, ya sea político, religioso, etc., no piensa por sí mismo. Siguiendo el ideal kantiano, Zuleta invita a los educadores a incitar a la producción de pensamiento, porque la dificultad de enseñar radica precisamente en no dejar pensar a los estudiantes por sí mismos. Martín Heidegger sostiene que para enseñar la verdad hay que dejar pensar al otro.

La Guía del Profesor, de Editorial Voluntad, recomienda que "el profesor debe conducir su enseñanza hacia una opción responsable, o sea, consciente, fundamentada y madura, que parta no de afirmaciones dogmáticas, sino de una visión clara de la verdad, conseguida de modo reflexivo, y de una inclinación al bien, obtenida en virtud de un esfuerzo del pensamiento, por el cual el hombre busca comprenderse a sí mismo, comprender a los demás y determinar su situación en el mundo. Así la filosofía, de asignatura carente de sentido para el alumno, se convierte en orientadora de la propia vida, en cuanto proporciona criterios racionales propios para ver, juzgar y obrar".

El docente de filosofía sabe que el saber no se transmite, sino que se conquista en el marco de un combate compartido contra todos los obstáculos que le impiden pensar al estudiante.

La relación del filósofo y el estudiante debe ser una experiencia intelectual, personal y vital. Los aportes y contribuciones del docente son posibles, no sólo a través de la lectura de los textos de filosofía, sino también de la comunicación personal directa, incluso en el marco de una compleja relación personal. El que lee filosóficamente a un filósofo, o lo escucha, repiensa su filosofía, se la apropia, la hace suya. Al leer, el estudiante aprende a extraer informaciones del texto y adquiere la técnica de leer. El profesor debe ser capaz de relaciones personales. La filosofía, en consecuencia, debe ser conversación, diálogo vivo y directo con los estudiantes.

El brillante sicoanalista alemán Erich From, en su libro Tener y ser, con respecto a la problemática de la lectura, nos dice que "a los alumnos les enseñan a leer un libro para que puedan repetir los principales pensamientos del autor. Así es como los estudiantes conocen a Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Heidegger o Sartre. La diferencia entre los diversos niveles de educación, desde la preparatoria hasta la universidad, consiste principalmente en la cantidad de propiedad cultural que se adquiere, que corresponde aproximadamente a la cantidad de propiedad material que los alumnos esperan recibir en su vida posterior. Los llamados estudiantes excelentes pueden repetir con mayor exactitud lo que ha dicho cada uno de los filósofos. Son como un catálogo de museo bien documentado; pero no aprenden lo que se encuentra más allá de este tipo de propiedad cultural. No aprenden a cuestionar a los filósofos, a hablarles; no aprenden a advertir las contradicciones de los filósofos, si eluden ciertos problemas o si evaden determinados temas; no aprenden a distinguir lo que era nuevo y lo que los autores no pudieron dejar de pensar porque era considerado de "sentido común" en su época; no aprenden a oír para distinguir cuando los autores sólo hablan con su cerebro, y cuando hablan con su cerebro y su corazón; no aprenden a descubrir si los autores son auténticos o falsos; y muchas cosas más".

Enseñar a filosofar implica acudir al lenguaje expositivo, opuesto a la seducción, a la persuasión, a la retórica, a la apelación de la autoridad, a la intimidación o a la imposición, en procura de que la filosofía sea la encarnación de la razón, tal como lo plantea el racionalismo. La filosofía debe inducir a demostrar. Así el estudiante aprende a pensar por sí mismo, renunciando a la mentalidad pasiva que acepta verdades ajenas sin someterlas a una reelaboración. Según Heidegger, la única posibilidad para enseñar de verdad es dejar pensar al otro.

La educación filosófica es una educación racionalista. Los criterios mínimos del racionalismo nos los ofrece Kant: pensar por sí mismo, pensar en el lugar del otro y ser consecuente. Pensar por sí mismo es renunciar a la mentalidad pasiva, que recibe y acepta las verdades construidas por otros sin someterlas a su propia elaboración. Pensar en el lugar del otro significa ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, manteniendo el propio punto de vista, pero con la capacidad de entrar en diálogo con los otros puntos de vista, con la perspectiva de llevar cada uno hasta sus últimas consecuencias, en procura de ver sus coherencias y sus incoherencias. Ser consecuente o no ser terco, es llevar las verdades conquistadas hasta sus consecuencias finales, y si estamos equivocados lo aceptemos.

Según Savater, hay cuatro cosas que un profesor de filosofía no debería ocultarle a sus alumnos:

1. No existe la filosofía sino las filosofías y sobre todo el filosofar.

2. La filosofía no resulta interesante porque ha sido estudiada por talentos tan extraordinarios como Aristóteles o Kant, "sino que dichos talentos nos interesan porque se ocuparon de esas cuestiones de vasto alcance que tanto cuentan para nuestra propia vida humana, racional y civilizada"190.

3. Los mejores filósofos dijeron notables absurdos y cometieron graves errores. Pero se debe tener en cuenta que quienes se lanzan por su cuenta y riesgo al margen de los caminos intelectualmente trillados, tienen más riesgo de equivocarse. "Por lo tanto la tarea del profesor de filosofía no puede ser solamente ayudar a comprender las teorías de los grandes filósofos, ni siquiera debidamente contextualizados en su época, sino sobre todo mostrar cómo la intelección de tales ideas y razonamientos pueden ayudarnos hoy a mejorar la comprensión de la realidad en que vivimos"191.

4. En determinadas cuestiones demasiado generales aprender a preguntar bien es también aprender a desconfiar de las respuestas demasiado tajantes. "Filosofamos desde lo que sabemos hacia lo que no sabemos, hacia lo que parece que no podremos del todo nunca saber; en muchas ocasiones filosofamos contra lo que sabemos o, mejor dicho, pensando y cuestionando lo que creíamos ya saber"192.

Eudoro Rodríguez Albarracín, brillante profesor de filosofía de la Universidad Santo Tomás, invita a los discentes a superar el esquema tradicional de la enseñanza de la filosofía: "aprendizaje de los principios sistemas, problemas y pensadores sin ninguna o poca referencia a nuestra situación. El fin de este aprendizaje son los autores e ideas, sin mediatizarlos, de acuerdo con nuestra circunstancia... La simple repetición o especialización sin referirla a las circunstancias propias es sospechosa del proceso ideologizador cuando por silencio u omisión el filósofo profesional deja su papel crítico y de funcionario de la humanidad, en este caso de una humanidad alienada". Por eso es que callan quienes discrepan. La educación tradicional, orientada a la domesticación", pretende tornar completamente superfluas las funciones de la reflexión crítica, porque quien piensa críticamente incomoda al sistema imperante, y éste es el encargado de "orientar" el proceso educativo.

El quehacer filosófico, además de centrar sus esfuerzos en "hacer" que el estudiante "piense por sí mismo", se orientará a que aprenda a "decidir por sí mismo", porque tal como señala el psicólogo Heinz Dirks el hombre es capaz de decidir por sí mismo en cada caso distinto, y constituye tarea esencial de la enseñanza el capacitarle para estas decisiones; a la vez que aclara que la educación debe proporcionarle una conciencia de su responsabilidad que dé sentido positivo a su vida, puesto que última instancia sus decisiones vendrán determinadas por la dirección que adopte este sentido. Filosofar es experimentar el maravilloso goce de pensar por sí mismo. Pero este goce no se logra desde la pasividad, se logra combatiendo, tratando de pensar por uno mismo, sin delegar nuestro pensamiento. Ese pensar por sí mismo lo lleva a decidir por sí mismo. Es compromiso del docente procurar que los estudiantes luchen por un tipo de sociedad en la que valga la pena vivir y valga la pena estudiar.

Finalmente, es procedente aclarar que, por más que un profesor de filosofía realice óptimamente su labor docente, si el estudiante no está motivado o se muestra refractario al filosofar (porque le parece que es mejor vivir una vida sin sentido, sin preguntas, sin respuestas, sin problemas, sin reflexionar, sin pensar), pocos logros académicos y personales alcanzará el estudiante. Éste, como centro y actor principal de su aprendizaje, necesita comprometerse con su quehacer filosófico, ejercitando sus facultades y estructuras cognitivas y cognoscitivas y, esencialmente, su voluntad para que asuma el filosofar como una de las tareas más importantes de su existencia, si es que en realidad quiere aprender a pensar y, en últimas, a vivir, a existir, porque como afirmaba Descartes en el pensar se patentiza la existencia.

El docente de filosofía, humana y profesionalmente comprometido con su praxis educativa, el auténtico "maestro" de filosofar, el que "enseña" no sólo filosofía, sino a ¡FILOSOFAR!, podrá tener la satisfacción grandiosa si logró que el estudiante, al terminar su "bachillerato", quedara inquieto por el apasionante saber filosófico. Así éste tendrá el interés y la motivación suficientes para ingresar (sin importar hasta dónde lo lleve su ímpetu) en el universo estupendo de la filosofía, con el ánimo de extasiarse, disfrutar, asombrarse y revelar su curioso espíritu pensante que "vive" (posiblemente oculto) dentro de sus facultades mentales: su razón, su intelecto y su entendimiento.

Se dice, desde los antiguos griegos, que dentro de todos los seres humanos existe un filósofo en potencia, un pensador innato. Si el proceso educativo ha logrado "despertar" ese virtual filósofo a través de una educación concebida desde su misma etimología griega como "e-ducere" (sacar fuera), entonces el joven está listo y preparado para la estupenda tarea de ¡filosofar! En este sentido, si educar es "sacar fuera" algo que hay dentro del estudiante, entonces es necesario "sacar desde dentro" ese saber filosófico implícito que "duerme" en lo profundo de su espíritu. Si educar es un acto de interioridad, el discente se inclina a leer dentro de sí. Sin duda alguna, para pensar, razonar o filosofar, hay que adentrarse en lo más recóndito del espíritu, para que desde allí emerja el pensar racional, que con la ayuda sinérgica entre sentidos, reflexión, intelecto, entendimiento y razón se "preparará" y "procesará" la "materia prima" del ¡filosofar!

Así como, en el terreno de la física (antaño un saber ligado a la filosofía), hay energía potencial y energía cinética, dentro de cada persona existe un filósofo potencial, que con el impulso de la educación se convierte en un filósofo "cinético", es decir, un filósofo en movimiento, un ser humano pensante y actuante, un pensador con espíritu, sentido, actitud o mentalidad crítica, que le permitirá vivir debatiendo, cuestionando, refutando, disintiendo, controvirtiendo, dudando racionalmente, preguntando, buscando la verdad, examinando posiciones diversas, pensando y repensando, reconociendo el derecho a la diferencia, practicando una comunicación biunívoca, respetando y asumiendo una actitud profundamente comprometida con su proyecto de vida auténtico, tanto individual como colectivo. Leonardo Tovar González señala en su Tradicionalismo y neoescolástica que por falta de una mentalidad dialéctica, nuestra conciencia oscila entre la sumisión incondicional o la oposición abstracta, pero sin atreverse a reflexionar sobre el significado profundo de las diferentes instancias del pensamiento y de la acción.

Esta "realidad" no quiere decir que el joven necesariamente se convierta en un "filósofo profesional" y se dedique de lleno a la filosofía y al filosofar, desechando otras opciones, otras alternativas. No, lo que aquí se "sugiere" es que piense filosóficamente, sin importar que estudie otra carrera (la de sus afectos, para la que tiene vocación y talento, la de sus posibilidades y proyectos), que en apariencia nada tengan que ver con la filosofía. No se puede ignorar que nada de lo humano es ajeno al pensar, máxime cuando dentro de las misiones prioritarias de los estudios superiores se encuentran el "enseñar" y el aprender a pensar y a investigar. Nuestro país necesita personas reflexivas, pensantes, y no simples seres del "rebaño", meros "borregos".

¿Cuál sería la metodología para "enseñar" al estudiante a filosofar?

El profesor Jorge Deháquiz, en su libro ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar?, plantea una novedosa propuesta que, a mi juicio, es importante tener en cuenta a la hora de desarrollar el quehacer docente. Según ese educador, su Propuesta Crítico-pedagógica, desde un enfoque Pedagógico Hermenéutico-constructivista-liberador, permite que "el estudiante haga uso público de su razón, de su racionalidad como discurrir filosófico y científico, sopesando cada información, cada argumentación, autoevaluando sus propuestas ideológicas y confrontando con la crítica de otros sus construcciones teóricas sobre el mundo".

Esta propuesta involucra los componentes o fundamentos psicológico y epistemológico, y un instrumento didáctico-metodológico. El psicológico permite al estudiante, gracias a la realidad tecnológica actual, interpretar, reinventar y rehacer lo conocido, buscando madurar su juicio para ejercer su criterio propio en todos los aspectos. El epistemológico facilita la integración dinámica alumno-sociedad, la introducción en el patrimonio de la cultura y la reconstrucción sistemática del saber históricamente constituido y establecido.

En esta propuesta, el filosofar hay que entenderlo desde dos ópticas complementarias: desde la intencionalidad de un proceso pedagógico renovado y desde la actividad de estudio-aprendizaje y de construcción del pensamiento crítico-filosófico. La labor pedagógica deberá tener como propósito central orientar al estudiante para que sea una persona participante, crítica, responsable, cuestionadora de la realidad que lo circunda e investigadora del saber filosófico.

Fomentar y construir la racionalidad filosófica con el alumno significa para el acto educativo un cambio de paradigma. El viejo paradigma de la enseñanza tradicional de la filosofía, basado en el enciclopedismo escolástico, no permite el desarrollo de construcciones intelectuales de alto nivel discursivo por carecer de una metodología adecuada y de un horizonte de intelección claros, y porque más parece destinado a mostrar panorámicamente al estudiante un mundo confuso de pensamiento humano, con sus filósofos distantes y sus ideas abstraídas y descontextualizadas histórico-culturalmente, con sus secuelas esotéricas y sus problemáticas áridas, sin profundizar con un mínimo de crítica sus postulados, sin filosofar, dejando, en últimas, al joven con una leve amalgama de datos difícilmente codificables y tan sólo ubicables, con ligereza, dentro de la denominada "cultura general de la vida". Al no tener una orientación definida, menos ecléctica, memorista y repetitiva, la filosofía termina por caer en el olvido de su mismo ejercicio y en la anulación de sus propias posibilidades. El alumno y sus potencialidades crítico-reflexivas quedan al margen de la aventura del filosofar y del conocimiento de la filosofía.

En un sistema educativo abierto, creativo, investigativo, progresista y democrático, es donde puede germinar el filosofar como actividad constructora de pensamiento crítico-reflexivo y como proceso de estudio-aprendizaje vivenciado por el alumno, trabajo pedagógico no exento de dificultades provenientes del medio socio-cultural y aún de los mismos estudiantes. "La función del pensamiento filosófico en el campo educativo consiste no tanto en resolver dificultades como en analizarlas y en aclararlas, proponer los métodos con que han de resolverse, plantear hipótesis que tengan apoyo en la experiencia, y buscar la unidad de los principios y normas de carácter pedagógico"193.

El aprendizaje de la filosofía debe despertar en el alumno, tal como lo concibe Kant, la conciencia de pensar por sí mismo, ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, y llevar las verdades, ya conquistadas, hasta sus últimas consecuencias, es decir, "que si los resultados de nuestra investigación nos conducen a la conclusión de que estamos equivocados, lo aceptemos" 194.

Acorde con las circunstancias actuales –señala de Dehaquiz-, en el proceso enseñanza-aprendizaje tiene demasiada importancia el enfoque pedagógico hermenéutico-constructivista-liberador, que posibilita el logro del ideal educativo democratizador, para lo cual es necesario adelantar una propuesta comunicativa de la racionalidad filosófica coherente y seria, a partir del esclarecimiento de sus elementos teóricos fundamentales y de su instrumento didáctico-metodológico.

El estudio holístico –prosigue-, sinérgico, dialéctico, sistemático, hermenéutico, exegético, semiológico, dinámico y cibernético, planteado por el paradigma constructivista-hermenéutico-liberador, exige a la educación reflexionar, analizar, criticar, cuestionar, desinstalar y analizar continuamente sus procesos de estudio-aprendizaje, es decir, realizar una evaluación diagnóstica permanente y constante de los mismos. En la evaluación deben estar presentes elementos como la madurez conceptual, integración de conocimientos, análisis, síntesis, valoración crítica, aplicación de conocimientos. La visión tomista sostiene que la evaluación "demuestra sus competencias para globalizar, articular y sistematizar los distintos temas y problemas filosóficos... enriquecidos por sus conocimientos, saberes, experiencias y prácticas adquiridas en el mundo de la vida".

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