Por Hernando Ardila González
Poeta, Abogado y Activista cultural
Presentar éste libro que compendia el trasegar de Antonio Acevedo Linares por el mundo de las letras, no puede menos que ser un privilegio y un fuerte compromiso. Es un compromiso de quien como él, creo en la fuerza de la palabra y la misión de quien la hace. Pero no las palabras y frases de ininteligible maraña para llenar los vacíos de un papel, una hoja en blanco son tan sagradas que ya lo dijo Jaime Sabines refiriéndose a ella; "es como una mujer desnuda esperándonos", y vaya que para el caso si que viene como anillo al dedo ésta sentencia poética, pues Antonio al enfrentar la petición, la llamada urgente que el destino hace, convierte su escritura un acto de amor y de pasión, seducido por la magia de su diosa y cómplice Afrodita, aunque en honor no es ni mucho menos el límite de su obra, pues es infinito su universo de temas.
Al leer la obra de Antonio Acevedo L, hice remembranza de los versos de Sabines, y concluyo que en los dos el éxtasis ante la bella mujer desnuda, el papel en blanco, no hay duda que les provoca orgasmos de tintas con los que sus erectas plumas, preñan los folios para hacerle parir ensoñaciones que marcan a los corazones deambulantes que pacen desesperanzados por éste valle de lágrimas.
"Recuerdo que recuerdo su nombre
sus labios, su transparente falda
tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia
de pezón a pezón cien labios y una hora"
Jaime Sabines
Recuento de Poemas
1950 – 1993
"En un lugar de tu cuerpo
de cuyo nombre quiero acordarme
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Cuando hundas los pómulos en la
almohada y los senos desnudos
Antonio Acevedo Linares
Arte Poética 1988
He aquí ante nuestras ávidas fantasías posibles de realidad si se incorporan al cuerpo a través de nuestro radar ocular extasiado por dos gotas de poesía transparente, aunque distantes en el tiempo, 1950, Sabines, 1988, Acevedo, aunque distantes en el espacio, México, Sabines, Colombia, Acevedo, esos versos, por solo referir un pequeño grandioso ejemplo, son dos gotas de agua cargadas de poesía provocada por la pasión que nos produce recorrer el nacarado paisaje de la diosa del amor. Entonces pudiéramos decir, que Afrodita atemporal y universal, en Sabines y en Acevedo, tiene dos amantes evidentes que no ocupan el banco de suplentes, sino que son de lejos titulares por mérito que a diario le hacen goles de frente a Hefestos, a quien imagino provocado de lanzarle centellas sobre todo al nuestro.
Anastassia Espinel, la hermosa historiadora y escritora rusa que ancló su nave vital en nuestro puerto comunero refirió al prologar éste compendio del poeta en escenario, hace saber qué poeta no ha sido seducido por la promiscua soberana del placer que por no calentar las sábanas del dios mayor del Olimpo, Zeus fue condenada a desposarse con el hacedor de rayos para su jefecito todopoderoso, que así le premió su artesanía. Afrodita se cobra su propia factura dándose a la pluralidad de amantes que la escritora llama a lista: Ares, Hermes, Dionisos, Adonis y Anquises.
Los maestros Anastassia Espinel, en el presente compendio, Hugo Caicedo (qepd), en Arte Erótica, José Ortega Moreno, en Los Girasoles de Van Gogh, Guillermo Reyes Jurado en Atlántica, Julio César Correa, Miguel Ángel Pérez Ordóñez y Claudio Anaya, En el País de las Mariposas, todas obras del maestro Antonio Acevedo L, lo ensayan desde sus erudiciones que le ha dado tanto acumulado literario ya por la obra de cada uno o las sin duda profusas lecturas de tanto y tan buenos autores ya nuestros o de allende las fronteras.
Yo en verdad, lo reconozco, ¡no doy para tanto! cuando Antonio en un arrebato de poeta frente a las Cariátides de nuestro recinto de justicia, ahora adornado por las luces que a veces falta tanto en algunos de sus residentes bien remunerados y poco comprometidos, me pidió que hoy presentara su libro de reseñas de su obra poética, si bien es cierto en Perú tuve la honrosa primera vez, me sentí en trance por la responsabilidad de espantar la cortesía que en el escenario Inca hiciera, la responsabilidad de lo objetivo sin la perspectiva literaria, porque no la tengo y aún con ella, no lo haría, pues acá se trata de ustedes y el poeta en una simbiosis que compromete compañerismo ante todo por encima de cualquier formalidad y cualquier vana pretensión de mi parte de poner flores donde nacen silvestres y en abundancia generosa.
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