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La pasión de escribir (página 4)




Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6

Realizó estudios de filosofía y sociología en la Universidad Nacional y en la Universidad Cooperativa de Colombia, respectivamente, y estudios de especialización en docencia universitaria en la Universidad Autónoma de Bucaramanga y como sociólogo titulado ejerció la cátedra universitaria paralelo a su actividad como funcionario público del sector cultural, en la Biblioteca Pública Municipal de la que fue fundador y en la que fue su primer Director, y también en la Emisora Cultural Luis Carlos Sarmiento, en donde era Director a la hora de su muerte. El diseño arquitectónico de la Biblioteca Gabriel Turbay es una alegoría del cuento de Borges, La Torre de Babel que él ideó que se diseñara de esa manera. Tuvo hijos; Natalia, Nicolás y Jorge Andrés como escribió novelas, cuentos y poemas y seguramente plantó un árbol.

La escritura era su pasión literaria por excelencia, columnista en la prensa local y nacional, los temas de la cultura y la literatura fueron siempre sus tópicos de reflexión. Con su complicidad desde la dirección de la Biblioteca Gabriel Turbay cuando era una casona blanca, se fundó la revista literaria El Gran Burundún- Burundá del Grupo de Trabajadores de la Cultura, Jorge Zalamea Borda, que "agenció concursos de cuentos, talleres literarios, tertulias entusiastas y una cuasi bohemia que agitó el medio, provincianamente" como lo señaló uno de sus miembros, Serafín Martínez, e invitaba también en su nueva sede a los pintores, poetas y escritores de la ciudad a sus programas de radio y a las tertulias literarias que auspiciaba con una sonrisa de humo de pipa con la que siempre recibía a los amigos y a los que ofrecía un tinto y el placer de una conversación en su oficina.

Lector y escritor precoz había comenzado como todos leyendo comics; Roldán El Temerario, Pepita, Aguilucho, Trucutú. A los catorce años había leído El Decamerón de Boccaccio y en el ejercicio prematuro de escribir versos cometió poesía y publicó en 1964 un libro de poemas, Invocación de sangre que había terminado a los dieciocho años, y desde entonces no volvería a publicar libro alguno. Aquella experiencia editorial sin embargo, lo hace tomar conciencia de que "escribir no es fundamentalmente una labor cuyo destino más inmediato deba ser el editorial" porque "si un escritor comienza escribiendo para el éxito termina por olvidar que tenía que escribir para la literatura". El hombre sin atributos de Robert Musil, será el paradigma del oficio del escritor y conservará su pasión secreta por la escritura, aunque siempre hablaba con sus amigos de las novelas que estaba escribiendo: Breviario de la porquería vivida, La llegada de la señorita Marquí al país del roscón, Memorias retorcidas de Culino Másmela, Los cachones y el bello amor, etc, obras que permanecen inéditas en espera que se publiquen algún día. Un humor corrosivo del poder y un amor erótico desinhibido son dos de los rasgos literarios que contienen sus novelas y cuentos. Una narrativa experimental, automática y de enumeración caótica que exploró en sus textos como consecuencia también de una experiencia leída en los grandes escritores de la literatura universal y en los decorados y en los giros del lenguaje popular.

Critico mordaz de la literatura colombiana, como en Para matar el tiempo de Eligio García, supo también reconocer los atributos literarios de los escritores que se iniciaban en la narrativa, como en Los parientes de Ester de Luis Fayad o en el ámbito latinoamericano, en La Habana para un infante difunto de Guillermo Cabrera Infante. Como Jurado Calificador en los concursos literarios (en el que tuve la oportunidad de compartir en el Primer Concurso Metropolitano de Poesía, "Gustavo Cote Uribe" en 1999, organizado por el Instituto Municipal de Cultura junto con el poeta José Ortega Moreno) también ejerció a lo largo y ancho del país su sentido de la critica, en la que expresaba que "los concursos literarios se parecen a las loterías. Son juegos al azar, donde al dado de lo conocido, intervienen fuerzas desconocidas y hasta misteriosas como si hubiera una mano fantasmal que entre bastidores moviera las ruedas de la fortuna o la desgracia," pero sin embargo, reconocía que los concursos literarios eran "tan importantes y necesarios como ganarse la lotería de verdad o vivir amando la esperanza", como decía citando a Borges, que decía que los concursos literarios "se dirigen a la esperanza, una de las facultades del hombre"( Vanguardia Dominical,1980).

Ejerció igualmente desde su columna Bosques de árboles blancos, (Vanguardia Dominical,1981) una defensa del oficio del escritor, en la que señalaba "ese desierto del Sahara que es la remuneración del trabajo literario en Colombia," denunciando las trampas que a veces existen en los concursos literarios con respecto al pago de los derechos de autor, defensa que consideraba como "un deber de limpieza y justicia", cuando se le quizo escamotear a Manuel Giraldo Magil con su novela Concierto del desconcierto, los derechos de autor por parte de la editorial Plaza & Janés. Otros temas en sus columnas celebraban los ochenta años del poeta colombo-mexicano Germán Pardo García, donde reinvidicaba su extensa y olvidada obra poética en Colombia, la filosofía; sus interrogantes y enseñanza, la esclavitud entre los hombres, la forma de la tierra, y la vida y la obra de Federico García Lorca, etc.

Su actividad como gestor cultural no ha llegado a tener en la ciudad un referente de comparación, tal vez porque llegó en un momento en que estaba todo por hacer en el ámbito de la cultura, como fundar una biblioteca pública, una emisora cultural y un suplemento literario, pero ese fue su valioso aporte cultural a la ciudad, que está en mora que una institución de igual índole lleve su nombre. La enorme biblioteca personal de más de 8.7000 libros que dejó, serviría como la "primera piedra" para la creación de una fundación o biblioteca que recuerde su nombre y la obra de un tolimense que llegó un día a estas tierras santandereanas y que amó como la suya propia. Debería rendírsele de esta manera un homenaje a un hombre que contribuyó a la cultura en Santander. Tuve la alegría de ser muchas veces invitado a su programa radial Voz Viva y Letras a leer mi poesía y realizar el lanzamiento de una selección de poetas santandereanos publicados en el libro, Sociedad de los poetas e igualmente a su programa Invitado de Honor y El Jinete azul, a una entrevista sobre mi trabajo poético, y en esas circunstancias conversar con el hombre que tenía el espíritu de los libros que había leído, y recibir su solidario y generoso apoyo por la causa de la poesía. Esta semblanza de Jorge Valderrama Restrepo, a tres años y medio de su muerte, es también en memoria a ese amor que despertó entre las muchachas universitarias que lo hicieron soñar en sus últimos días.

ELEGIA

A Jorge Valderrama R

No nos dejaste

una tumba

a donde ir a llevarte flores

y seguramente tus cenizas

fueron arrojadas al mar

o esparcidas en algún lugar

de la tierra en donde

viviste de niño o amaste

a una mujer de pelo largo

o construiste un sueño lleno de libros

No nos dejaste

una tumba

a donde ir a visitarte

de vez en cuando bajo la lluvia

pero están tus poemas de amor

en el corazón de alguna

muchacha o esa biblioteca

enorme que será la

prolongación de tu memoria.

Milciades Arévalo o la sociedad de la imaginación

El escritor colombiano Milciades Arévalo nació en Zipaquirá hace ya más de cinco décadas. Su vida como escritor e imaginero ha transcurrido principalmente en Bogotá, ciudad de la que escribe y alimenta su literatura. Ha sido también marinero, empleado bancario, vendedor de libros, publicista, corrector de estilo, periodista, dramaturgo, guionista, fotógrafo y editor, y aunque estudió algún tiempo en la Pedagógica, Español y Literatura y en la Universidad Incca, Filología e Idiomas se considera autodidacta por naturaleza. Escribe cuentos y novelas, crónicas periodísticas, entrevistas y reseña de libros etc, porque le gusta y porque antes que ser escritor vive la vida en todo su esplendor. Fundó en 1973 la revista de la Sociedad de la Imaginación, Puesto de Combate, donde ha dado a conocer a los nuevos escritores y poetas colombianos. Ha publicado cuentos en inglés, portugués, francés e italiano, muchos de los cuales han aparecido publicados en antologías y revistas de Colombia y en el exterior como Casa de las Américas, y a la vez ha sido jurado en concursos de cuento, novela, teatro y poesía. Ha publicado los libros: A la orilla del Trópico (Relatos, l978); Ciudad sin Fábulas (Cuentos, 1981); La sed de los huyentes (Cuentos, 1985), El Oficio de la Adoración (Cuentos, 1988 y 2003); Inventario de Invierno (Novela, 1995) y Cenizas en la Ducha (Novela, 2001). Entre sus libros inéditos se cuentan: El héroe de todas las derrotas (Novela); El caballo del viento y la muchacha desnuda (Cuentos medievales); Galería de la Memoria (Crónicas) La loca poesía (Antología poética en preparación) entrevistas con poetas y escritores, El oficio de la escritura, en preparación y una antología de cuentos de autores que han pasado por la revista a lo largo de 32 años. Esta entrevista se realizó en la pasada Feria Internacional del Libro en Bogotá.

¿Cómo se inicio en la literatura? ¿Qué autores lo fascinaron, cuáles fueron sus primeras lecturas?

Generalmente casi todos los escritores dicen que nacieron con esa gracia divina, o que estudiaron en los Andes, en Harvard y en otras universidades. Cuando me lo preguntan a mí sencillamente digo que no lo soy, porque el que verdadero escritor puede pasarse la vida escribiendo y nunca se dará cuenta de eso. Uno escribe todos los días, aunque no escriba una sola línea. La vida es la página en blanco que hay que llenar. Para mí la literatura ha sido participación de algo que me gusta y que me parece maravilloso hacerlo a través de las páginas de Puesto de Combate, una revista literaria en la que creo más que en mí mismo, así no tenga quien la defienda ni la apoye.

Los primeros libros que leí, cosa rara en un chico, fueron El Quijote, La Biblia, La Divina Comedia, Pratolini, Moravia, Camus, Kafka y una que otra novelita de amor impetuoso. Sucede que cuando yo era chico y estudiaba donde los curas, frecuentemente me sacaban de clase por no tener saco, ni corbata ni mucho menos devocionario. A mí eso me aburrió tanto que en vez de terminar el bachillerato me fui para la finca de mi papá y me dediqué a sembrar flores. Mientras el huerto florecía, yo aprovechaba para leer los libros que mi hermano tenía en su biblioteca. Indudablemente me fascinaron tanto que toda la vida no he hecho otra cosa bien que comprar libros, que muchas veces termino regalándoselos a esos muchachos y muchachas que sueñan llegar a escribir algún día, con la advertencia que tienen que escribir mejor que mis autores favoritos.

¿Cómo ha sido su relación con el periodismo? ¿Qué aporta a la literatura?

He hecho periodismo en varias publicaciones, y también en la revista que dirijo. Le he aportado a la literatura todo lo que sé y he tenido olfato para descubrir entre la multitud a los verdaderos escritores y les he dado alas a cientos de muchachos y muchachas que tienen mucho que decir y no tienen donde hacerlo. Si no hubiese sido así hoy no conoceríamos los poemas eróticos de Orietta Lozano ni tampoco habríamos conocido a Raúl Gómez Jattin a quien encontré en Cereté comiendo mango viche y tirándole piedrecitas al río. En fin…

¿Su obra cuentística y novelística ha estado signada por lo autobiográfico o es sólo imaginación?

Estoy seguro de que todos los escritores, así lo nieguen, toman de su propia vida hechos que les ocurrieron, por la sencilla razón de que quien escribe una obra debe ponerle todo el encanto, toda la magia, toda la vida y la pasión necesaria que vive el hombre cotidiano para hacer creíble la historia, el cuento o la novela que le sucedió a alguien en particular. Por otra parte, para ser escritor hay que tener mucha imaginación y haber vivido la vida en todo su esplendor. Por eso yo siempre estoy diciendo que el que no tenga imaginación ni haya vivido lo suficiente, mejor que se dedique a otra cosa. Yo he vivido en muchas partes, he conocido infinitos rostros, he recorrido muchos caminos, he navegado muchos ríos y mares, pero siempre he estado ligado a la tierra. Solo me sostiene mi imaginación.

¿Se puede vivir de la literatura en Colombia?

¿Qué escritor vive de la literatura en Colombia? Para que los libros no terminen agonizando en la bodega de una editorial colombiana, hay que irse lejos, a otro país para poder triunfar como García Márquez, Efraím Medina, etc. Aquí nadie lee ni mucho menos compra libros. Los únicos que viven de la literatura son los académicos y los críticos.

¿Cómo ha sido su relación con la poesía en su escritura y su relación con los poetas en la vida?

He sido tan influido por la poesía que eso se me nota en todo lo que escribo. Los verdaderos poetas significan mucho para mí, pero no me gustaría parecerme a ellos. Más de uno me ha golpeado por decirle que la poesía estaba en todas partes, menos en sus poemas.

¿Cómo evalúa su actividad periodística de dar a conocer a los nuevos escritores en la revista Puesto de Combate?

Sin duda ha sido muy valiosa, de lo contrario no los conocerían ni en su casa.

¿Para qué se escribe?

Para saber lo que no sé, para saber de dónde vengo y para dónde voy, para dejar un testimonio del mundo que viví…

¿La literatura nos salva de qué?

La literatura nos salva de la muerte.

Finalmente, Maestro Milciades, ¿a qué proyectos literarios está dedicado últimamente?

Más que literarios son de vida: ir a tenderme en la playa olvidado del mundo y de mí, editar las últimas entregas de Puesto de Combate, terminar de escribir una novela, una obra de teatro, un libros de crónicas, un guión, unos ensayos; seleccionar unos cuentos, unos poemas, ¿qué se yo?

¿Es usted feliz siendo escritor?

Como soy lo más atípico de un escritor, eso me permite ser feliz.

La actividad más fervorosa de Milciades Arévalo aparte de la de ser escritor es la de activista cultural que durante más de treinta años ha publicado la revista literaria Puesto de Combate, un quijote de nuestro tiempo que ha creído en la literatura colombiana donde muchos poetas y escritores han dado a conocer sus primeros textos literarios, entre los que recuerda a Raúl Gómez Jattin y Orietta Lozano. Su casa en el barrio La Candelaria ve pasar todos los días un hombre a veces bajo la lluvia con sus libros bajo el brazo que entre sus premios, distinciones y trabajos culturales que ha tenido se destacan: Segundo y Tercer Premio, Concurso de Cuento Gobernación del Quindío, años 1980 y 1981.Segundo y Primer Premio, Fundación Testimonio (Pasto), años 1984 y 1985. Premio de Novela "Ciudad de Pereira", con el Libro "La Casa del Fuego y de la Lluvia", 1985. Distinción y Reconocimiento "Por la divulgación de la Literatura Colombiana". Cámara Colombiana del Libro, Bogotá 1989. Segundo Premio de Novela "Ciudad de Pereira", con el libro "Inventario de Invierno", 1991. Beca Ministerio de Cultura. Modalidad Periodismo Cultural, 1994. Beca "Banco de Propuestas Artísticas". Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1998. Director Editorial Revista Mosaico II del Instituto de Cultura Hispánica de Bogotá, de Febrero de 1982 a Diciembre de 1985.Asesor Cultural de la Casa de la Cultura de Montería, de Junio de 1988 a Junio de 1989. Organizador de los Encuentros Internacionales de Revista de Literatura y Suplementos Culturales. Feria Internacional del Libro de Bogotá, de 1988 a 1991. Director del Taller de Literatura "Libro Vía" de la Alcaldía Mayor de Bogotá durante los años 1991 y 1992. Director de Arte y Creativo de la Agencia de Publicidad Sancho, de Febrero 1992 a Junio de 1996. Asesor Literario de Post Grado. Universidad Sur Colombiana, años 1998 y 1999. Columnista del diario La Prensa de Bogotá, de febrero de 1991 a mayo de 1996.

Hernán Vargascarreño y los poetas al exilio

El poeta santandereano Hernán Vargascarreño nació en Zapatoca en 1960. Licenciado en Idiomas de la Universidad Industrial de Santander, vive desde hace tres lustros en Santa Marta donde lidera una labor regional y nacional por la difusión de la poesía y de la lectura. Creó en 1991 el grupo Poetas al Exilio, y desde entonces mantiene el programa Poesía Mar Abierto, lo que ha permitido la presencia en la ciudad de Santa Marta de más de cien poetas de Colombia y del mundo. Durante cinco años mantuvo la Biblioteca de Poesía Oscar Delgado, proyecto personal que lideró la formación de muchos lectores. Su poesía, entre otros temas, es el canto a la casa de la infancia, los trenes, la poesía, la vida, la hermana, el hermano, el padre, la abuela, la evocación de Emily y una diatriba contra un pequeño diccionario Larousse. El poeta viene a vivir y en su poesía lo escribe.

A la vida vine a vivir

pero no me la hagan tan difícil

que tengo pocas fuerzas

y estos tiempos son realmente precarios.

Abran paso. No estorben, no malquisten.

Déjenme alucinar con el horizonte de los sueños

y no metan zancadilla solo por envidia,

que soy yo quien debo gozar

mis propias alegrías y mis intimas tristezas.

Miren que la vida regala poco

y todo lo cobra generalmente por adelantado

Abran paso. No estorben. No jodan.

A la vida vine a vivir.

(Fragmento del poema A la vida vine a vivir)

El oficio de poeta y traductor, la actividad cultural y la docencia son sus campos de acción y ha publicado los siguientes libros de poesía: Plural, 1993. País íntimo, Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos, 2000. Almenas del tiempo, traducción de noventa y nueve poemas de Edgar Lee Masters, 2003. Autor de la célebre Antología de Spoon River, publicado en 1915. Entre sus libros inéditos se cuentan: Un sol negro para Antínoo, escrito a partir de la lectura de la novela Memorias de Adriano, de Yourcenar. Esta entrevista se realizó vía internet con el poeta desde Santa Marta frente al mar.

¿Cómo se inició en la poesía?

Creo, ahora que acudo a la memoria, esa mujer avezada en olvidos, que el inicio en la poesía fue algo tardío y supremamente asombroso; tardío para mí porque fue a inicios de la década de los ochenta, y asombroso porque lo hice a través de unos textos de Emily Dickinson; es más, recuerdo el lugar: el tercer piso de la biblioteca de la Universidad Industrial de Santander, de donde egresé. Ese asombro con los textos de Emily, extrañamente, aparece cada vez que acudo a sus poemas. Nunca han dejado de vulnerarme. Pero se necesitaron unos diez años más para empezar a estructurar mi primer libro, Plural, el cual salió finalmente en 1993. Desde entonces la poesía y yo no nos hemos abandonado.

¿Qué representa en su vida la poesía?

¿Qué representa para usted la tierra? ¿Y para usted el trigo? ¿Y para usted los árboles? Serían preguntas que fácilmente nos podrían responder un campesino, un panadero y un carpintero, respectivamente. Pero ocurre algo que desestabiliza a un poeta cuando lo interrogan sobre la poesía. Pues bien, yo diría como esos hombres trabajadores cada uno en una profesión humana y esencial, que la poesía es para mí mi oficio. Oficio con el que no se sobrevive, pero por el cual se vive. Es la poesía la que invade al poeta, y lo elige como su intermediario, por lo tanto uno es su obrero, su oficiante. Por la poesía veo y siento el mundo de una forma e interactúo con la vida de acuerdo a esa relación que establezco con ella. Guerreo y amo, observo y sueño siguiendo los senderos de la poesía. Creo incluso que es un estado de inconsciencia plena el hecho de asumir la vida a través de la poesía.

¿Cómo es su método creador para escribir un poema?

Simplemente, no hay método. Ese es el método. A veces uno logra recordar cómo escribió tal poema, recuerda su proceso, la fuerza que lo impulsó, el tiempo que le tomó darle cuerpo y alma, el afecto que le guarda y la forma como lo asumen los lectores. Pero ese método solo funcionó para un poema, para ese poema específico. Así que cada vez que se escribe un poema, el método, su proceso, cambia. Y el primer sorprendido es su creador.

¿Los poetas de las generaciones anteriores han influido en su poesía? ¿Quiénes?

Si decir quienes son mis poetas preferidos es aceptar que son únicamente ellos los que han influido en mi poesía, sería un despropósito y una descortesía. Y como no he perdido esa calidad de crudeza y sinceridad que marca a la raza de mi pueblo santandereano, quiero ser claro en mi respuesta, ante todo para no ser injusto. Hace apenas una semana, ahora a mis cuarenta y cinco años, descubrí quién era el autor de un mínimo poema que conservo vivísimo en mi memoria, y el cual leí tal vez cuando tenía unos diez años: "Por el río Paraná/ viene navegando un piojo/ con un lunar en el ojo/ y una flor en el ojal."

Y recuerdo también el gracioso dibujo que lo acompañaba en ese libro que hace parte de una enciclopedia para niños, enciclopedia que mi hermano Carlos Arturo, el lector de la casa, solo pudo comprar hasta su tercer tomo. Antes de salir de la adolescencia, mi hermano, que es un hombre mucho más bueno de lo que yo puedo ser, le obsequió a un sobrinito los tres tomos, y a mí me quedó un sabor acre de envidia que nunca pude entender. Después la poesía me lo aclaró todo. Era mi gusto inconsciente por ella lo que me llevó a sentirme desplazado e ignorado por mi hermano al haberle obsequiado a mi pequeño sobrino esos libros que yo tanto quería. Nunca me volví a tropezar con esa enciclopedia, nunca hasta hace un mes, cuando la vi arrumada y destartalada en un estante de una sicóloga. Sin permiso de su dueña tomé los libros y los acaricié, retorné a mi niñez, y con cierta paciencia temerosa me di a la tarea de buscar el dibujo del piojo. Cual fue mi sorpresa al ver que el autor de esos cuatro versos era nada menos y nada más que el humanista de América, el mexicano Alfonso Reyes.

Treinta y cinco años después vengo a entender por qué ese libro me atrapó tanto en la niñez. Y no solo está Alfonso Reyes, hay poemas y canciones de otros autores como García Lorca, Lope de Vega, Rafael Alberti, Machado, Gloria Fuertes, entre muchos otros. Así que mi respuesta es muy amplia: todos los poetas que he leído en mi vida han influido en mi propia obra poética; y no solo los poetas, también los narradores, los pintores y directores de cine, los dramaturgos, todos ellos han ido moldeando con sus obras al poeta que se asiló en mí ser. Ahora bien, si me preguntan cuáles son mis poetas preferidos, puedo hacer una pequeña lista. Colombianos: Silva, Giovanni Quessep, Meira Delmar. Latinoamericanos: Eugenio Montejo, Antón Arrufat, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Alejandra Pizarnik. Norteamericanos: Emily Dickinson y Edgar Lee Masters. Europeos: Kavafis, Cernuda y Reverdy. De otros lares: Kabir y Khayyam y los pocos poetas chinos que conocemos al castellano. En cuanto a narradores hay tres que marcaron mi rumbo: Virginia Wolf, Alejo Carpentier y Marguerite Yourcenar. Y si me piden que elija un libro, uno solo, me quedo fervorosamente con La Ilíada. Y si me dan permiso de elegir un segundo, le echo mano al Quijote y que me perdone Cervantes por elegir primero a Homero.

¿Qué piensa de las vanguardias poéticas?

Que han sido esenciales para renovar la manera de ver y asumir el arte, pero no han sido indispensables para hacer crecer la poesía, la que siempre ha existido con o sin vanguardias. Ese tema prefiero dejárselo a los críticos literarios, que saben enredar y destrozarlo todo inteligentemente.

¿Cuáles son los temas más recurrentes en su poesía?

Creo que tal vez el tiempo, la evocación de lo perdido, un poco el amor y mucho más la muerte.

¿Cree que vale la pena escribir poesía en estos tiempos de miseria y

asesinos?

El tiempo de los asesinos y de las miserias ha sido siempre; esa es la condición natural del ser humano. No veo muchas diferencias entre la época que nos tocó vivir y las pasadas. Dice Ciorán que en lo único en que la humanidad ha avanzado es en la higiene. Es decir, que ahora matamos con más pulcritud. Los artistas siempre han tenido que crear en medio del caos, ya sean estas angustias terrenales o individuales. Y como el arte no precisa pedir permiso a nada ni a nadie para ser, seguimos creando en medio del infierno. El arte, a diferencia de las políticas predadoras, siempre ha tenido su razón transparente de ser: develar el espíritu de nosotros los mortales. Y eso lo seguiremos haciendo tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. Alguien tiene que señalar a los asesinos.

¿Qué opinión le merece la frase de Adorno, de que después de Auschwitz es inmoral escribir poesía?

La capacidad que tenemos los seres humanos para olvidarnos pronto de las grandes desgracias terrenales, como Auschwitz, nos permite continuar a pesar de todo. Es un mecanismo de defensa del ser humano. No estoy de acuerdo con Adorno. De ser así, el arte se habría detenido mucho antes de Auschwitz, siglos, siglos antes.

¿Se siente usted feliz por lo que ha escrito hasta ahora como poeta?

Partamos de que la felicidad no existe. Existen pequeños momentos, ínfimos momentos de felicidad. El dolor de vivir y sentir el universo no nos deja ser felices, y mucho menos a los artistas. Son felices los imbéciles, los que no pueden razonar. Más que feliz, me siento agradecido con los dioses buenos y malos que me han permitido escribir unos buenos poemas. Y por lo único que quisiera alcanzar la vejez, sería para poder escribir mejor, para ver consolidada una obra en torno a mis expectativas, casi todas aterradoras, para alcanzar la muerte sabiendo que hube saboreado la vida.

¿Qué significa para usted ser poeta?

Ser poeta es simplemente ser un hombre que puede ver más allá de donde todos ven. Por lo demás, somos iguales a la gran masa: muchos defectos, pocas cualidades, temerosos, infelices, míseros, caníbales, y afortunadamente, mortales.

Al poeta Hernán Vargascarreño se le puede ver a la orilla del mar caminando bajo las palmeras en la ciudad samaria del Caribe y a la consagración de su oficio literario ha obtenido los siguientes premios: Segundo puesto en el Concurso de relatos infantiles en Lengua Castellana Moscú, 1991. Premio Nacional Literatura del Caribe, modalidad poesía, 1993. Beca de Creación Literaria del Ministerio de Cultura, 1999. Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos, Cali, 2000. Segundo finalista en el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá IDCT, 2002. Premio Nacional de Poesía sin banderas de la Casa de Poesía Silva de Bogotá, 2003. Su obra ha sido parcialmente traducida y publicada en inglés. Es editor de la revista de poesía Exilio, una publicación de la Fundación Poetas al Exilio, donde ha publicado poetas de las distintas regiones del país como Omar Ortiz, Rómulo Bustos, Tallulah Flores, Nora Carbonell, Luis Mizar, Herbert Protzkar, Julián Malatesta, y poetas cubanos como Jorge Iglesias y Noelia Frómeta, y también la poesía de los poetas wayúu como Vito Apushana.

ASUNTOS DE CASA

1

Primero fue una luz. La luz era un sueño.

El sueño una mujer y un hombre que se amaban.

Así, creció la casa.

2

Un día hubo humo en su chimenea.

Y niños iluminados de algarabías.

Un perro y un gato que siempre se peleaban.

Y un hombre sudoroso que llegaba a la seis

todos los viernes por la noche.

Había que oler entonces el amor

emanando por sus ventanas.

3

La casa acostumbró a sus habitantes.

Poco gustaba de visitas, a no ser que fueran

pájaros o aguaceros.

Nunca conoció otra semejante. Lo más cercano

siempre fue la casa del perro o el establo de

las vacas. Por eso era perdonable cierta

altivez que lucia en las mañanas

cuando alardeaban sus contornos.

4

Tuvo enfermedades como todo el mundo

pero siempre hubo alguien atento a sus dolencias:

ajustarle una puerta, cambiarle unas tejas,

remozarle sus colores, obsequiarle macetas nuevas,

esos cuidados menores que uno necesita

para poder volverse viejo.

5

Los muchachos crecieron y buscaron su destino.

Así la casa se acomodó sus primeras canas.

Madre y padre lucieron sus canas

y desgarraban el silencio en sus mecedoras.

Arriba, las estrellas y la luna, puntuales,

atestiguaban la reciedumbre de la casa

plateando sus testaduras paredes.

6

Un día ya no hubo más padre ni madre.

Y en la colina, se cavó para los muertos otra casa,

esa pariente subterránea avezada en olvidos.

7

De eso ya hace muchos años

cuando la casa vivía y aún no se había tendido

en su propio sueño.

Aquí pueden ver sus huesos a ras de tierra.

Su esqueleto demarcado entre yerbas y malvas,

nada más que pobre señales de un monstruo abatido

resistiendo a duras penas las ultimas cicatrices

de su memoria.

Del libro País intimo, 2003.

Guillermo Reyes Jurado: entre la literatura y la política

El escritor santandereano Guillermo Reyes Jurado nació en el Socorro en 12 de abril de 1922. Realizo estudios de Bibliotecología en la Universidad del Valle y estudios de Derecho en la Universidad Nacional que no terminó. Desde muy temprana edad se dedicó a la actividad política y a la literatura como fue muy común en nuestros escritores de comienzo y mediados del siglo pasado. La actividad política de Reyes Jurado lo llevó a ocupar varios cargos en la administración pública y la diplomacia. A la edad de 23 años fue Alcalde de Barichara en 1945, nombrado por el entonces Gobernador de Santander, Alejandro Galvis Galvis. Fue secretario del Tribunal Superior de San Gil, Director de la Imprenta Departamental, Secretario Privado de la Gobernación de Santander durante la Admistracciòn de Alfonso Gómez Gómez, Secretario Privado de la Alcaldía de Bucaramanga durante la administración de Roberto Cadena Arenas, Secretario Ejecutivo de la Universidad Industrial de Santander durante la dirección de Juan Francisco Villareal y Cónsul de Colombia en Venezuela durante el gobierno de Julio César Turbay.

A sus ochenta y tres años, edad en la que se realizó esta entrevista en el Café El Pórtico de la Triada, frecuentado por el escritor donde acostumbra a reunirse a conversar con sus amigos, y retirado ya de los fragores de la política, viste todavía todos los días de saco y corbata, mantiene su buen humor y continua escribiendo en su vieja máquina de escribir Olivetti, de vez en cuando, para los periódicos locales, breves diatribas sobre la realidad nacional y regional.

¿Cómo se inicio en la literatura, en que momento descubrió su vocación de escritor?

Fue en el año 1953, residía en la ciudad de San Gil y tenia 31 años de edad. Un sábado, que estaba en mi casa descansando, me dio el deseo de escribir una novela. No tenía idea de la trama, de las estructuras interiores y exteriores, del desarrollo de los hechos, de los personales que intervenían en ella, pero el relato fue avanzando, a veces con lentitud, otras con cierto dinamismo. Al final resulto una historia interesante con seres vivos, llenos de pasiones, ambiciones, odios, moviéndose en escenarios reales, sufriendo, gozando, en una palabra, viviendo de acuerdo con las circunstancias. Esta novela se tituló La ciudad tiene dos caminos, y fue editada en Bogotá, en la Editorial Iqueima, de un español llamado Clemente Airò.

¿Cómo es su método creador para escribir una novela o un cuento?

La novela es la etapa final de la literatura. Antes que ella, aparece la lírica, el ensayo, etc. La novela es interpretación, captación de cultura. El método que yo utilizo es el de los recuerdos, las confidencias, las experiencias personales. Yo soy un hombre que ha vivido intensamente y al que le han sucedido hechos dolorosos, tristes, alegres, y en ocasiones absurdos. De este horno encendido salen mis novelas, mis cuentos, mis relatos.

¿Que escritores de los que admira influyeron en su narrativa?

El escritor que más ha admirado es Alberto Moravia. He leído la mayoría de sus novelas. Esta considerado como el maestro del realismo italiano. También he leído a Thomas Man, Ernest Hemingway, Steban Zweig, Chejov, Marguerite Yourcenar, Alejo Carpentier, Albert Camus, Bartolini, Borges, Malaparte y 50 escritores más.

¿La literatura es una catarsis o una sublimación de nuestras obsesiones o pasiones?

Para mí, personalmente hablando, la literatura ni es una catarsis ni una sublimación. En mis novelas no hay aspectos neuróticos. Es indudable que el hombre está condicionado socialmente. El ser humano es un producto de la sociedad de su tiempo. Está inmerso en una cultura histórica.

¿Cree que su obra será reconocida por la crítica?

Mi obra ha sido reconocida por la crítica especializada. No por los envidiosos, los ignorantes, los simplemente amigos sino por intelectuales de valía. Eduardo Caballero Calderón, Juan Lozano y Lozano, Carlos López Narváez, Gonzalo España Arenas, Alfonso Gómez Gómez, Eduardo Duran Gómez; han elogiado mis obras. Magda Rocío Vega Gómez para optar al titulo de Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomas, escribió y publicó un largo ensayo sobre mi novela laureada Aguas subterráneas. Otra novela mía titulada Fusilamiento, tuvo amplia difusión en Venezuela y en el Ecuador donde se publicaron sendas ediciones.

¿Cómo le gustaría ser recordado como escritor?

Me gustaría que me recordaran como un escritor que se dedicó a defender la libertad, la dignidad del hombre. El arte por el arte, como calistenia mental, como pasatiempo intrascendente, me parece absurdo. El escritor, el artista como cualquier combatiente tienen que librar más de una batalla por lo que considere digno. Hay que cambiar el mundo; hacer de esta pelota de tierra un lugar para la convivencia, la armonía, la hermandad y la paz.

¿Qué está escribiendo últimamente?

Estoy escribiendo un libro, muy bien documentado, en donde cuestiono la justicia que se imparte en Bucaramanga. Aquí la justicia, como en el resto del país es una farsa. Es increíble el criminal tráfico de influencias, la torpeza y venalidad de la administración de justicia.

¿Qué significa para Ud ser escritor?

Ser escritor es asumir una responsabilidad y un compromiso con la sociedad. Hay que luchar todos los días, todas las horas, contra los vicios y las deformidades de una comunidad sin madurez social como la nuestra. Ser escritor es orientar, señalarle a la gente los caminos que deben transitar para que no se pierda, se precipite en los abismos de la droga, de la violencia, de la prostituciòn, del crimen, de todas las lepras que están acabando con la humanidad.

Entre sus obras publicadas se cuentan las novelas: La ciudad tiene dos caminos, 1953, considerada por el escritor santandereano Gonzalo España, como una novela precursora del erotismo en Colombia. Fusilamiento, 1963. Aguas subterráneas, Premio de novela Jaime Barrera Parra, 1964. La tormenta, 1980. Susana abrió la puerta, 1990. Los desahogos de Don Eleuterio, 2000. Un viaje inesperado, 2005. Artículos, testimonios, cuentos y ensayos políticos están reunidos en sus libros: El cuatrienio perdido, 1998. Enjuiciamiento liberal, 1999. Simon Bolívar, poeta y revolucionario. Semblanzas y revelaciones, 1995. La noche de la infamia, 2005. Aquí estoy pero no me quedo, sucesos cotidianos, 2001. Conversaciones en la noche, 2010.

Santander y su historia

En Santander hemos sido los primeros en Colombia, según la historia, en establecer el voto femenino, en Vélez en 1853, en fundar una "Fábrica de Hilados", en San José de Suaita, en establecer una Fábrica de Licores por Lucas Caballero Barrera, en fundar una Empresa de Chocolatería, en fundar la Universidad Agrónoma de Colombia, en Concepción por Solón Wilches, en organizar un Laboratorio de Física y Química y en traer un aparato de radio, en Zapatota en 1913 por el Pbro Luis A Fajardo, en fundar la Escuela de Artes y Oficios, base del bachillerato industrial y de la Universidad Industrial de Santander, en sembrar café, en 1821 en Cucutilla, actualmente Norte de Santander, en organizar la industria de Forja y Fundición por Penagos, en establecer cultivos de Moreras e instalar la primera Fabrica de Hilados de Seda por José Saaibi, en establecer la Sociedad Cervecera Alemana Bavaria, base de la empresa Bavaria actual por Leo S Kopp, en exportar la quina a Europa en la segunda mitad del siglo XIX por Pablo G Glorent, en fundar la primera Empresa de Aviación, La Cosada en 1922, en establecer la primera imprenta en el Socorro, en editar la primera revista deportiva en Bucaramanga, en nacionalizar los recursos naturales y la creación de la Empresa Colombiana de Petróleo, Ecopetrol en Barrancabermeja, en establecerse el primer levantamiento insurreccional contra el imperio español, en ser un laboratorio experimental del radicalismo durante el Estado Soberano de Santander y en organizar la primera comunidad de paz en Mogotes, ganadora del Primer Premio Nacional de Paz.

La mujer santandereana fue la primera en ser autónoma económica y civilmente, ejemplo de ello son las primeras sombrereras de Girón, las primeras confiteras del Socorro, y las dueñas de estancos y chicherias como Manuela Beltrán. También de Santander fue la primera mujer oficialmente enlistada en las filas de la Fuerza Pública que fue Sildana Díaz. También fuimos los primeros en crear una red estatal de educación secundaria para jóvenes, ideada por Francisco de Paula Santander.

La historia también nos habla de la primera planta eléctrica, la primera sociedad telefónica, la fábrica que elabora el cacao, la fábrica de cigarros y cigarrillos, la empresa del acueducto. El desarrollo industrial, comercial y educativo de alguna manera contribuyó en Santander por la influencia de la inmigración extranjera a nuestro territorio; alemanes, ingleses, franceses, españoles, rusos, irlandeses, daneses, checos y libaneses, no obstante, ese mismo desarrollo se estancó tal vez por el carácter belicoso, rebelde e individualista del santandereano que en su afán de autonomía e independencia fue aislado por los poderes centrales de la administración política y económica del país. Aún hoy se propone la construcción de nuevas carreteras, como la del Alto del Escorial para salir del estancamiento, sin que se tenga una respuesta positiva por parte del gobierno central. La consolidación del poder económico y político en Santander en la segunda mitad del siglo XIX y el cultural en los comienzos del siglo XX no es un mito histórico, ni se trata tampoco de rememorar con nostalgia las glorias en sus episodios, hombres y batallas de un pasado perdido en un paisaje inhóspito de agrestes montañas.

Santander desde sus primeros habitantes; los Guanes, los Yariguies, los Carares, los Chitareros y los Laches y de sus primeros conquistadores como Antonio de Lebrija en 1529 y la primera invasión por Ambrosio Alfinger en 1532, la expedición de Quesada a la Tora en 1536, la expedición de Martin Galeano en 1539 y 1540, el inició de la Minería con la expedición de Alfinger en el Río de Oro en 1532, la conformación de los Resguardos en 1642, el movimiento económico de Vías y Comercio en 1750, la etapa precursora de 1780 a 1810; desde la rebelión de los comuneros y sus mártires, el levantamiento de las ciudades, Pamplona, Socorro y Girón, el proceso de la independencia y sus contingentes, el periodo de la Patria Boba y la batalla terrible de 1816 y sus fusilamientos, las guerrillas de Coromoro y Socorro, encabezadas por Antonia Santos e Ignacio Calvo, el periodo de la República y la creación del Estado de Santander por la Ley del 13 de Mayo de 1857, las constituciones Provinciales, las constituciones de 1859 y 1880, la industria y el Ferrocarril, el 12 de octubre de 1908, la conformación del Departamento de Santander en 1886 y la segregación de Cúcuta, Ocaña y Pamplona en 1909 por la Ley 25 de 1910, son muchas las batallas y los mártires santandereanos y la sangre con la que se ha construido esta región.

Desde José Antonio Galán, Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina, Manuel Ortiz, líderes comuneros decapitados el 1 de febrero de 1782, Vicente Azuero, primer mártir de la independencia, Antonia Santos, fusilada el 28 de julio de 1819, Custodio García Rovira, fusilado en Bogotá el 8 de agosto de 1816, Pedro Agustín Calderón, fusilado en Málaga en 1816, los mártires de Charalá (300 personas) asesinadas el 4 de agosto de 1819, los Caciques Pipatón y Yarima, héroes indígenas etc, hasta las batallas en Vélez en la Conquista entre Guascon y Tisquizoque, en 1540 en Chipatá entre las tropas de Martin Galeano y los indígenas, en Chaganete en 1781 entre Salvador Plata y José Antonio Galán, en el Oratorio en 1860, en Lebrija (Palonegro) Uribe Uribe, Ramón González Valencia, Enrique Arboleda, en 1900 y los combates en la guerra de los Mil Días, Socorro, Girón, Piedecuesta, Peralonso, etc.

Los pueblos de Santander han sido fundados por sacerdotes o religiosos como el fundador de Zapatoca, San José de Miranda, Barichara, Flordidablanca, Jordán, Betulia, lo que ha definido el carácter (ethos) de esas regiones junto con las comunidades o compañías religiosas como los Jesuitas, los Salesianos, los Dominicos, los Capuchinos, los Franciscanos etc, que han contribuido en la formación de valores como la laboriosidad, la disciplina, el ahorro, la constancia y la perseverancia. El sacerdote Francisco Romero impulsó el cultivo del café y el Pbro José de Jesús Trillos fue iniciador de la empresa de acueducto de Bucaramanga en 1916 y el padre Luis Fajardo Páez impulsó la investigación en Zapatoca en 1913, son muchos los sacerdotes que fueron benefactores o cofundadores de nuestros municipios.

Los símbolos nuestros como la bandera está representado por la barra roja que simboliza la nobleza y el heroísmo de nuestros mártires, las estrellas blancas sus seis provincias, el verde heráldico representa la lealtad, la constancia y la esperanza y los frutos que da la tierra, el amarillo y negro representan nuestras riquezas auríferas y los yacimientos de petróleo. Además del temperamento o talante de sus gentes, la topografía y la historia de Santander está representado en su escudo, Galán, que simboliza el heroísmo de su sacrificio y los ideales de libertad por los se ha de luchar siempre y la torre del petróleo extraído de las entrañas de la tierra, base de nuestra economía, las hojas del tabaco que representa el trabajo y la laboriosidad de nuestras gentes, el "Siempre Adelante", la consigna comunera y el Cañon del Chicamocha, la belleza y majestuosidad de nuestras montañas. El Parque, el Monumento, el Telesférico y el Mirador que se construyó en sus orillas es un homenaje a la santandereanidad, esto es, a lo que somos como región y que generará el turismo de propios y extraños.

Con todos estos símbolos y lo que representan, sin embargo nuestro sentido de pertenencia, valoración y orgullo regional es todavía muy precario en relación con el reconocimiento del patrimonio artístico, cultural y literario del quehacer de los trabajadores de la cultura en Santander. Sus escritores y poetas, por ejemplo, con significativas excepciones, son todavía autores anónimos y olvidados, lo que significa una literatura marginal dentro del contexto nacional, marginalidad que se traduce en que son pocos los autores que figuran en las antologías nacionales, no obstante la tradición cultural y literaria que algunos por falta de ilustración, miopía o subestimación niegan, pero que fue muy rica en el proceso de conformación de nuestra ciudad y región, visión con la que se puede ser compresivo de alguna manera en tanto que se carece de una investigación seria sobre nuestro desarrollo cultural y literario. No hay para los artistas y escritores el suficiente reconocimiento en la publicación o exhibición de sus obras y de espacios para su lectura, la perversión editorial obliga a los escritores a hacer algo que no es propio de su oficio, como es el de publicar de su propio bolsillo, esto es, pagar con su propio dinero la edición de sus obras, y aunque en un país como el nuestro con bajo porcentaje de lectura y alto analfabetismo cultural, no es de extrañar sin embargo que la poesía y otros géneros literarios sean solo para deleite de minorías.

La carencia de investigación y crítica contribuye a que no se ha hecho más visible una tradición cultural y literaria en Santander. Los académicos de nuestras universidades han pasado con respecto a estos temas sin pena ni gloria. Una investigación sobre el desarrollo cultural y literario de Santander está por hacerse por parte de la academia o investigadores independientes. Cabe destacar sin embargo algunas investigaciones como Las novelas santandereanas en el siglo XIX, del escritor Gonzalo España, Memoria sentimental de Bucaramanga, del escritor Gabriel Pabón Villamizar y la investigación Presencia y esencia de la mujer en la música en Santander durante el siglo XX (1900-1970) de dos profesoras, Magnolia Sánchez y Gabriela Echeverri. Las dos antologías sobre la poesía en Santander y una de cuentos que se ha realizado, carecen de rigor y de estudio preliminar de los autores, obras y corrientes literarias, y allí no están todos los que son, ni son todos los que están, y esa es otra carencia que tenemos en Santander, no se ha realizado una antología de escritores y poetas santandereanos donde estén todos incluidos, los antiguos y los nuevos. Ahora, frente a la globalización y el Tratado de Libre Comercio, las regiones en Colombia deben afianzar su cultura y promover a sus creadores para que no se corra el riesgo de perder su identidad cultural, aunque esto es algo que no importe mucho a la clase política o cultural en Santander.

El trabajo político en Santander predomina sobre el trabajo cultural en tanto la cultura política de nuestros dirigentes es totalmente ajena a la cultura, que está más interesada en el ejercicio del poder, el enriquecimiento personal o en hacer carrera política, que en las estrategias para el desarrollo cultural de la región. Las estrategias son para alzarse con el poder. En las periódicas elecciones casi nunca ningún candidato de los partidos tradicionales menciona dentro de su campaña política un proyecto cultural para la ciudad o la región. La comunidad cultural y artística carece de una representación política y todavía no tiene la suficiente cohesión y fuerza como para poner un gobernador, alcalde o concejal que trabaje por la cultura. La simulación y la impostura son las actitudes patéticas de nuestras prácticas políticas y culturales. La falta de un liderazgo cultural y político hace que nuestra vida cultural y política sea todavía marginal sin una fuerte repercusión nacional, fuimos una región políticamente audaz y radical, y culturalmente próspera, pero tal vez por nuestra belicosidad fuimos aislados y reducidos a lo que hoy somos. La economía, la política y la cultura en Santander es de tal precariedad en tanto que no se ha abierto al país nacional y ni que decir al mundo, heredamos los fracasos históricos y las batallas perdidas o tal vez perdimos el rumbo de nuestro desarrollo, porque nos hemos ido quedando rezagados del desarrollo económico, político y cultural a causa todavía de nuestra mentalidad de aldea que nos reduce a estar atrapados entre las montañas.

Distintas voces autorizadas han expresado la necesidad de desarrollar un plan de cultura para el departamento, pero todavía no encuentra eco. Desde los tiempos de Jorge Valderrama Restrepo, no ha habido un gestor cultural con visión que haga posibles nuevos escenarios culturales. Los nuevos escenarios son bárbaras Plaza de Toros. El Centro Cultural del Oriente se perfila como nuevo escenario pero todo parece indicar que esta administración por fin lo va a terminar de reconstruir. A veces nuestras instituciones culturales parecen "elefantes blancos" de la cultura. La región requiere con urgencia de nuevos gestores y planes culturales. El ejercicio de lo cultural o su puesta en escena no ha accedido todavía a la modernidad porque sus prácticas son todavía premodernas, reflejo de la mentalidad aldeana con la que a veces se ejercen sus prácticas que son todavía muy escolares, academicistas o folclóricas.( Véase, por ejemplo, los eventos artísticos oficiales). Se requiere de una política económica fuerte que eleve el nivel de lo cultural y revalúe las prácticas culturales para crear un verdadero plan de cultura que haga trascender las regiones. La cultura del tiple y la guabina es un anacronismo que no representa ya contemporáneamente lo que culturalmente somos como región. Se hace necesario exaltar nuestras expresiones culturales más modernas para no seguir teniendo una mentalidad provinciana y ponernos a tono con los avances y las creaciones culturales y artísticas del nuevo milenio.

La filosofía radical en Santander

En el siglo XIX durante la década de 1850 Santander, conformado en ese entonces por las provincias del Socorro, Pamplona, García Rovira, Soto, Cúcuta y Vélez fue el más importante laboratorio, como ya se ha historiado, 1 del radicalismo en Colombia. El experimento radical liberal de Santander fue acaudillado por Manuel Murillo Toro, definido como un liberal ilustrado, y cinco presidentes liberales que hicieron parte de esa utopía radical. Santander fue escogido por ser una región próspera con gentes trabajadoras y pacíficas donde con doctrinas utópicas se quería construir un estado modelo para el resto del país. La rebelión de los Comuneros se originó en 1781 y en el Cabildo del Socorro de 1809 se puso en evidencia la influencia del ideario de la Ilustración en Santander.

Las teorías de J.B. Say sobre economía y de J. Benthan sobre filosofía y economía fueron traídas por santandereanos involucrados en estas actividades políticas. El ideario liberal radical contemplaba la abolición de la esclavitud,( que en Santander era del 1.5 %) la libertad absoluta de prensa y de expresión, la libertad de cultos, la libertad de pensamiento, el derecho de asociación, la libertad de empresa, el voto secreto y universal, la libertad de educación, la libertad de industria y de comercio, incluido el de las armas y las municiones, la liberación de la tierra, que debía ser para quien la trabajara, la abolición de los privilegios de la iglesia, el juicio con jurado, la abolición del ejército y la expulsión de los jesuitas, ideario que contenía la filosofía racional de la Ilustración. Una filosofía radical que se traducía también en el respeto por los derechos del hombre, la defensa de la libertad y los derechos individuales, y que hacia énfasis en el predominio del individuo sobre la comunidad y donde la libertad individual llego a ser uno de sus principios básicos. Su objetivo era "elevar al individuo de su estado de postración y de conducirlo hacia el pleno disfrute de sus derechos en la búsqueda del progreso material y espiritual."

La filosofía política de Voltaire, Montesquieu y Raynal eran objeto de debate en regiones como el Socorro. La filosofía radical logro pasar varias leyes como la separación de la Iglesia y el Estado, la autorización de la repartición de los resguardos indígenas, la eliminación de los peajes en las carreteras, la amnistía para todos los criminales políticos, la abolición de la pena de muerte, la abolición de los monopolios y de los grados académicos en el ejercicio de las profesiones. En el campo de la educación Murillo Toro se declaró a favor de una educación que no estuviera bajo la tutela de la Iglesia y el Estado. Los individuos estaban en total libertad de aprender por cuenta propia y de recurrir a maestros privados. No había que estar subordinado a un plan o programa de estudios determinado. La educación era concebida como una acumulación de conocimiento y de ideas, de una ampliación del horizonte intelectual y en la formación de criterios. El Estado solo debía intervenir en la instrucción primaria y en el establecimiento de talleres de artes y oficios para los trabajadores. En muchos colegios de Santander las ideas radicales también fueron incorporadas donde se establecieron cátedras de economía política y legislación que mediaban por el libre comercio y la eliminación de los impuestos.

Las doctrinas de los socialistas utópicos como Sismondi, Saint Simón, Owen, Fourier y Proudhon comenzaban a llegar a Colombia durante el período de 1849 y 1853. En el Socorro el sistema social de Fourier fue ampliamente debatido y en Piedecuesta se esgrimió el fin de la aristocracia y de la oligarquía como consecuencia de la influencia de esta filosofía radical, que aunque vulgarizada en su interpretación ideológica, los liberales radicales intentaron apropiarse de las ideas de la Ilustración y de adaptarlas a nuestra realidad colombiana.

Los principios de la filosofía política radical criticaba la política del laissez-faire señalando que esa política también originaba la libertad para robar y oprimir. Se afirma por parte de los investigadores que muchas de las ideas del radicalismo liberal se remontaron hasta las treinta y cinco capitulaciones de la rebelión del Socorro. En todas partes se generó una discusión con respecto a los ricos que se justificó el robo, el incendio y el asesinato sí contribuía a eliminar el monopolio de la riqueza. En pueblos como Ocaña y Vélez también fueron centros de las ideas radicales que se tradujeron en la abolición de la pena de muerte, el ejército y de las contribuciones eclesiásticas, la eliminación de los impuestos y la creación de libre comercio.

Por otra parte, a una expresión del universalismo del siglo XVIII se debe la creación de la divisa de que "todo el que pisa tierra santandereana, es santandereano" en tanto que el Estado Soberano de Santander está formado por todos los hombres que pisan su territorio. Artículo propuesto por Vicente Herrera en la Asamblea Constituyente de 1857 que en nombre del pueblo y de Dios creó la Constitución del Estado Soberano de Santander. El artículo de esta divisa contenía en esencia los principios de la igualdad y el individualismo, aunque la reacción conservadora criticaría que no era posible que cualquier persona extranjera tuviera los mismos derechos de un ciudadano de Santander (en la actualidad esa divisa es un slogan de cortesía para turistas) y la decisión de la Asamblea de declarar a Bucaramanga como capital fue objeto de alzamientos armados que los pamploneses se alzaron en rebelión en 1859. En otra perspectiva, el mito de la "raza santandereana" tiene su origen en la cultura de los indígenas guanes que se caracterizaron por su producción artesanal considerada como una civilización muy desarrollada y en la posterior llegada de los inmigrantes alemanes que echaron raíces en estas tierras.

La filosofía radical aspiraba abrir a Santander al mundo para que adquiera una dimensión de importancia en el mercado mundial a través de la construcción de redes ferroviarias y puentes que abriera la comunicación de Ocaña, Giròn, Socorro y Velèz con el Magdalena, a Pamplona con el Carare y a Zulia con Cúcuta. Esa apertura traería para Santander en un intercambio de ideas y de comercio, el progreso intelectual y económico; pero con la entrada del ejército de la Confederación a Santander y en cabeza de Leonardo Canal, se hizo cargo del gobierno y abolió toda la legislación radical de un proyecto político que pudo haber cambiado el destino de Santander y el país. Cuatro años después de gobierno radical fue derrotado militarmente en diez horas de lucha y el ejército de liberales radicales (1.100 hombres) fue hecho prisionero por los soldados de la confederación (3000 hombres). La batalla se desarrolló en El Oratorio cerca del Socorro.

Las continuas guerras intestinas después de la caída de la utopía radical liberal hicieron que la economía entrara en un estado de franco deterioro que hasta nuestro días ha estado estancada. Se culpa de esta situación al carácter individualista del santandereano, tal vez la explicación deriva en que los artesanos desarrollaron su actividad económica en sus hogares y pequeños talleres generando así un carácter individualista. Ahora bien, ante el desencantamiento del proyecto liberal radical se dio un giro en la ideología en el que se aceptaba que el gobierno debía intervenir en la economía del estado y nunca se tuvo la certeza de que ese proyecto político pudiera ser realizable. La rebelión armada conservadora, la crisis que generó y el abandono de las teorías de la filosofía radical ilustrada por parte de sus líderes lo impidieron.

Notas

1. David Church Johnson. Santander. Siglo XIX. Cambios socioeconómicos. Carlos Valencia Editores, Bogota, 1984.

Santander y la tradición literaria

En Colombia un crítico literario escribió una vez que nuestra poesía, cultura o literatura era una "tradición de la pobreza", paradigma que hizo carrera y se instaló cómodamente en la mente y el corazón del país y en muchos de nuestros críticos y académicos. En La decadencia de los dragones (Alfaguara, 2002) William Ospina sostiene que nuestra tradición es tan rica como cualquier otra, y si alguna pobreza padecemos, es la de nuestros críticos, educados en la pequeñez y la impostura, y señala que basta para comprender nuestra riqueza cultural, la orfebrería de los quimbayas o calimas o la alfarería de los tumacos e insiste en que solo escuchando la voz de nuestras tradiciones podemos salvarnos del vacío angustioso de la falta de amor por si mismos.

Una cultura o una literatura inscrita en una "tradición de la pobreza," difícilmente hubiese producido un Gabriel García Márquez o un Alejandro Obregón o un Aurelio Arturo. En la cultura o en la literatura no hay pueblos pobres de espíritu y hasta los que históricamente vivieron en la edad de piedra produjeron imágenes pictóricas que hoy son consideradas arte. No hay comunidad, pueblo o país que en medio de sus carencias no hayan creado las más hermosas y profundas imágenes, objetos, poesía sobre su condición social y humana. Se puede aceptar que la literatura de una región, vista dentro de un contexto nacional, sea marginal, pero no que carezca de una tradición o sea una tradición de pobreza en su creación estética, entendiendo por tradición una numerosa transmisión de noticias, creación literaria, doctrinas, ritos etc, realizada de generación en generación, situación que obedece a otros factores, como la carencia de una evaluación crítica y la divulgación editorial.

Entre otros factores, la precariedad de las editoriales en la región (que no deben confundirse con los impresores; tipografías y litografías que abundan y que algunas se quieren hacer pasar por editoriales) ha contribuido a esa escasa divulgación de los autores y artistas santandereanos, que hace percibir equivocadamente que no hemos tenido una tradición literaria o plástica importante entre nosotros. La marginalidad de nuestra literatura no está en la pobreza estética de nuestra cultura, que sin embargo de la propia tierra ha dado a un escritor como Pedro Goméz Valderrama o un crítico como Hernando Valencia Goelkel. En La poesía ignorada y olvidada, (Casa de las Amèricas, 1965) Jorge Zalamea afirma que en poesía no existen pueblos subdesarrollados porque el don de recrear el universo mediante los rayos del lenguaje, no es un don privativo de los llamados pueblos civilizados de Occidente.

Una tradición literaria no es un inventario de autores muertos, como a veces se ha definido, su permanencia en el anonimato no obedece a la falta de una tradición sino a los factores antes señalados y a la falta de sentido de pertenencia, valoración y rescate del patrimonio literario de la región, es más una cuestión política y cultural en el sentido de que no creemos en lo nuestro y tenemos una visión árida, como nuestras montañas, de lo que debería significar nuestro patrimonio literario, arquitectónico, artístico o cultural. La clase política y la clase empresarial nuestra tienen una mirada fría sobre la cultura y todo lo que represente el arte y su creación, y en esa dirección la defensa del patrimonio cultural regional no está dentro de sus prioridades políticas o económicas. La desidia en la mentalidad para asumir lo cultural como proyecto de ciudad o región se refleja en la desidia administrativa que desdeña la creación de una política cultural, y lo cultural es todavía entendido en una visión premoderna que exalta el tiple y el bambuco.

En Santander la cultura es una convidada de piedra, una cenicienta y eso explica porque históricamente no es más visible una rica tradición cultural entre nosotros. Ni las universidades, con muy pocas excepciones, pero todavía con una baja intensidad y sin una sistemática continuidad o una política cultural, ni los organismos o instituciones culturales, cumplen una función importante de hondo calado que contribuya a la divulgación de lo que somos como región o ciudad. Los temas de la cultura no son vistos todavía como un componente importante para crear tejido social o sensibilizar y reflexionar sobre nuestra condición humana. La carencia de presupuesto es el argumento permanente para disculpar la precariedad de un trabajo cultural que se hace muchas veces con las uñas, aunque la verdad es que presupuesto para la cultura siempre ha existido, pero es desviado hacia otras actividades o saqueado por la clase política dentro del manejo burocrático de la cultura. En este sentido, es significativa la visión de lo cultural que existe en Antioquia, donde se ha logrado crear un fondo bibliográfico permanente que recoge y publica desde sus orígenes la producción intelectual de todos sus artistas, poetas y escritores.

La cultura no se ha institucionalizado, ese es el mayor déficit que nos afecta como ciudad y como región. Los pocos espacios para el análisis y la divulgación de la cultura son los creados por Vanguardia Liberal a través de su suplemento literario, Vanguardia & Cultura, fundado ya hace muchos años con el nombre de Vanguardia Dominical, por el gestor cultural más importante que ha tenido la ciudad, Jorge Valderrama Restrepo (fundador también de la Biblioteca Pública Municipal Gabriel Turbay y la Emisora Cultural Luis Carlos Galán Sarmiento) y que históricamente cumple una función determinante para la construcción de nuestra identidad regional. Otros periódicos como Cátedra Libre de la UIS, se han quedado atrapados en el ámbito de los temas académicos, y el Periódico 15 de la UNAB, tiene una visión social de la ciudad donde el registro cultural es muy esporádico y sus prioridades son otras. Por otra parte, la presencia de Santander en la anual Feria Internacional del Libro en Bogotá es una vergüenza, cuando decide participar a través de su Instituto Municipal de Cultura, y hace varios años que el Instituto no participa, supuestamente nuestro más importante organismo cultural de la región.

Ahora bien, la tradición literaria en Santander ha sido amplia en el campo de la letras; cuentistas, novelistas, poetas, cronistas y ensayistas hacen parte de nuestro patrimonio literario, otra cosa es su desconocimiento y su escasa figuración en el panorama de las letras nacional o regional, resultado de la desidia de una clase política y cultural que no ha logrado situar la región en un contexto nacional, allí radica el provincianismo de una dirigencia política y cultural que se quedó atrapada entre las montañas sin darse cuenta que el mundo está más allá de la Puerta del Sol. No se trata de propiciar una literatura o una cultura oficial que dependa del presupuesto municipal pero si de generar espacios que sólo una gran inversión en la cultura abriría y ampliaría nuestros horizontes culturales. Sin embargo, la marginalidad de nuestra tradición no inválida una tradición literaria entre nosotros. Negar la tradición es como negarnos a nosotros mismos y creer que nunca hemos existido. Los factores determinantes son también un problema político en el sentido que el centralismo político y cultural de la nación determina que lo que se hace en la región por lo general no exista, y ese es un defecto de nuestra organización política y económica que heredamos de nuestros padres fundadores.

En las bellas artes somos una región marginal con una tradición literaria todavía por rescatar, evaluar y situar en el lugar que le corresponde, esa es una función que la academia, las instituciones culturales y los propios escritores tienen que desarrollar para que se recobre el tiempo perdido de nuestra cultura. En Los nuevos centros de la esfera (Aguilar, 2001) William Ospina vuelve a señalar que las tradiciones no son modas; que la memoria, las artes y los sueños colectivos no son ornamentos casuales, episodios contingentes sino la voz persistente de las generaciones, los lazos entrañables que unen a los muertos con los vivos, son el sustrato, el tejido, las instituciones y sabiduría de un pueblo, pueden mezclarse creadoramente con otras tradiciones pero no pueden ser negadas, ni borradas, ni profanadas sin que algo muy profundo y esencial quede vulnerado en el mundo.

En Santander, subestimar una tradición literaria entre nosotros es una incapacidad de reconocimiento del otro, propio de quienes no son capaces siquiera de reconocimiento de si mismos. A veces se es crítico de obras y de autores que no se han leído y ese es un síndrome del arribismo cultural que padecemos. Sin embargo, son contadas las excepciones de los escritores que no se inscriben dentro de ese estado de marginalidad de nuestra literatura, como Pedro Gómez Valderrama, nuestro más universal escritor santandereano y Enrique Serrano, como de los más nuevos escritores que ha dado esta tierra, aunque también hay que reconocer que en nuestra tradición se han creado falsas glorias literarias que es necesario una critica exhaustiva para bajarlos de esa nube. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, escribió Marx. La glorificación literaria del llamado "mayor poeta lírico" de nuestra "historia literaria" es un universo poético lleno de retórica.

En Poesía y Canon (Norma, 2002) David Jiménez señala, citando a Eliot, que una tradición es como un orden ideal que es modificado permanentemente por lo nuevo. No es una herencia, no se recibe como un legado ni consiste en continuar con los hábitos formales o las concepciones ideológicas de las generaciones anteriores. La tradición es objeto de apropiación mediante una disciplina intelectual que en su concepto implica trabajo, rigor y estudio, con la intención de insertarse en un orden que es actual, vigente, a la vez eterno e histórico. El pasado literario no es una masa indiferenciada y tampoco un puñado de favorecidos marcados con una aureola de intocables. Sus "epopeyas," como señala Jiménez, son palabrería bastante hueca que carece de ideas tanto sociológicas como políticas.

La tradición literaria de la región en Colombia, es todavía una presencia discreta en el panorama de la literatura nacional. El croquis de nuestra literatura colombiana tiene que comenzar a trazarse desde las regiones de donde en su mayoría han nacido los escritores. Hay quienes se van a vivir a la capital en busca de nuevas realizaciones y proyectos y otros fuera del país, porque el cielo nacional es demasiado pequeño para su literatura.

La crisis de la crítica literaria en Colombia, que no debe confundirse con el comentario o reseña de libros, es otro factor determinante para que en la región y en el país no opere un reconocimiento de una tradición literaria en donde la mayoría de los escritores han publicado en ediciones de autor creando sus propios sellos editoriales como una forma de llegar a los lectores a través de otros canales distintos a los de las grandes editoriales. Las ediciones de autor son un fenómeno cultural en Colombia que refleja la crisis editorial de una industria que solo se mueve por las leyes del mercado y que muchas veces no le apuesta a los nuevos creadores porque sus nombres todavía no venden.

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