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¿Que es Don de Lenguas? (página 2)

Enviado por Alvaro Correa



Partes: 1, 2

(2) Que la manifestación en Corinto fue diferente a la del día de Pentecostés; que el idioma no era uno que hablaban los hombres, y que por eso nadie podía entender a menos que estuviera presente un intérprete que poseyera el don del Espíritu para interpretar ese idioma (1 Cor. 12: 10); que la función del don de lenguas era confirmar la fe de los nuevos conversos (1 Cor. 14: 22; cf. Hech. 10: 44-46; 11: 15) y proporcionar edificación espiritual personal (1 Cor. 14: 4); que lo que Pablo reprochó en 1 Cor. 14 fue el uso de este don en asambleas públicas, pues su principal propósito era la edificación personal, en privado. Otros puntos de vista combinan puntos de estas dos opiniones.

Al considerar esta cuestión es útil enumerar las características del don de lenguas tal como se manifestó en Pentecostés y en Corinto. En cuanto a este don en Pentecostés, ver com. Hech. 2: 4. En esa ocasión fue evidente que el don consistió en la capacidad de hablar lenguas extranjeras, y su propósito fue facilitar la divulgación del Evangelio (HAp 32-33). Un segundo propósito puede verse en el episodio de Pedro en la casa de Cornelio, donde la manifestación del don convenció a Pedro y a los escépticos cristianos de origen judío que estaban con él que Dios aceptaba a los gentiles

(Hech. 10: 46) y, sin duda, también convenció a Cornelio y a los suyos de que la obra de Pedro llevaba el sello del cielo.

El don de lenguas en Corinto

En cuanto al don que más tarde se manifestó en Corinto, se destacan las siguientes características:

  • 1. El don es inferior al de profecía (1 Cor. 14: 1).

  • 2. El que habla en lenguas se dirige a Dios y no a los hombres (vers. 2).

  • 3. Nadie entiende al que habla en lenguas (vers. 2).

  • 4. El que habla lo hace "por el Espíritu", es decir, está en éxtasis (1 Cor. 14: 2, 14; cf. com. Apoc. 1: 10).

  • 5. El que habla expresa misterios (1Cor.14:2; para la definición de misterios, Rom. 11: 25).

  • 6. El que habla se edifica a sí mismo, no a la iglesia (1 Cor. 14: 4).

  • 7. Pablo deseaba que todos tuviesen el don (vers. 5).

  • 8. El que habla debiera orar para poder interpretar de modo que la iglesia sea edificada (vers. 12-13).

  • 9. El entendimiento, o sea la mente, no recibe provecho cuando uno ora en "lenguas", lo que indica que esta experiencia no corresponde a un estado consciente de la mente (vers. 14).

  • 10. El don era una señal para los que no creían (vers. 22).

  • 11. El don debía usarse en la iglesia sólo si estaba presente un intérprete (vers. 27); de lo contrario, el que hablaba sólo debía hablar para sí mismo y para Dios (V 28).

  • 12. Se amonestó a los corintios que no impidieran que se hablara en lenguas (v. 39).

La lista de características del don indica que el apóstol no se está ocupando de un don falsificado. Ha enumerado "géneros de lenguas" entre los dones genuinos del Espíritu (cap. 12: 8-10), y en ninguna parte insinúa que la manifestación descrita en el cap. 14 no es don de Dios; por el contrario, la alaba (cap. 14: 5, 17), y afirma que hablaba "en lenguas" más que los corintios (vers. 18); desea que todos tuvieran el don, e insta a los creyentes a no impedir el uso del don (vers. 39). Su propósito a través de todo el tema es mostrar su debido lugar y papel, y amonestar contra su abuso.

Es evidente que los corintios abusaban del don. Hablaban en lenguas en la iglesia cuando no estaba presente un intérprete y cuando sólo se beneficiaba el que hablaba. Indudablemente varios hablaban al mismo tiempo, mientras otros estaban profetizando, enseñando, etc. Esto producía una confusión general (vers. 26-33, 40).

Los comentadores han debatido mucho si las "lenguas" eran un idioma hablado, un idioma desconocido por los hombres, o sencillamente sonidos inarticulados. Los que creen que el discurso se daba en un idioma desconocido para el que hablaba, pero entendido por los que estaban familiarizados con ese idioma, arguyen, basándose en lo que llaman la analogía de las Escrituras, que el don manifestado en Corinto debe explicarse teniendo en cuenta lo acontecido el día de Pentecostés (Hech. 2) y en otras ocasiones (Hech. 10: 44-46; 11: 15; 19: 6), y que, por lo tanto, es claro que su propósito era habilitar a algunos para predicar el Evangelio en idiomas antes desconocidos para ellos. Explican pasajes como 1 Cor. 14: 2, donde se dice que ninguno de los presentes puede entender, señalando que los que hablan en lenguas se valen de un idioma que un extranjero sí podría entender. Además destacan que es difícil concebir que el Espíritu Santo se manifestara en un idioma desconocido teniendo en cuenta las circunstancias del cap. 14.

Los que sostienen que el fenómeno consistía en sonidos ininteligibles, sin relación con ningún idioma humano, argumentan que esta es la forma más natural de interpretar los diversos pasajes de este tema, y que esta es la conclusión inevitable a que se debe llegar cuando se toman en cuenta todas las características enumeradas. Creen que las ilustraciones de Pablo en los versículos 7- 10 tienen el propósito de mostrar que lo que se escuchaba eran sonidos inarticulados o un idioma que no podía ser comprendido por hombres, a menos que ellos también estuvieran poseídos por el Espíritu y dotados con el don de interpretación (cap. 12: 10).

Cualquiera que sea la posición que se adopte, una cosa es cierta: la manifestación del don en el día de Pentecostés, y los propósitos para los cuales fue dado (Hech. 2), diferían en muchos respectos del don tal como se manifestaba en Corinto. El don en Corinto servía para edificar al que hablaba, y no a otros (1 Cor. 14: 4). Pablo no estimulaba su uso en público a menos que estuviera presente un intérprete (v.12-13, 27). No recomendaba su uso en la iglesia (v. 19,28). El discurso se dirigía a Dios, y no a los hombres (vers. 2, 28). El que hablaba estaba en éxtasis y, por lo tanto, inconsciente (vers. 14). Estás cosas no sucedieron así cuando el don se manifestó en los discípulos el día de Pentecostés. 791 El poder hablar en idiomas extranjeros tenía el propósito evidente de edificar a otros. El don fue conferido para que los discípulos pudieran predicar el Evangelio sin necesidad de un intérprete. Las palabras se dirigían a los hombres, no a Dios, y el que hablaba no estaba en éxtasis, sino que actuaba como quien domina un idioma después de estudiarlo (Hech. 2).

Debido a ciertos aspectos oscuros en cuanto a la forma exacta en que se manifestaba antiguamente el don de lenguas, le ha sido fácil a Satanás falsificar este don. En el culto pagano era bien conocido y los sonidos incoherentes abundaban. En tiempos posteriores, bajo el disfraz del cristianismo, de vez en cuando también han aparecido diversas manifestaciones de un pretendido don de lenguas. Sin embargo, cuando esas manifestaciones se comparan con las especificaciones bíblicas del don de lenguas, se encuentra que hay algo muy diferente con el don impartido antiguamente por el Espíritu. Por lo tanto, esas manifestaciones deben rechazase como falsas. Pero la existencia de la falsificación no debe inducirnos a pensar con desdén del don genuino. La manifestación correcta del don del cual Pablo trata en 1 Cor. 14 cumplía una función útil. Es cierto que había abusos del don, pero Pablo trataba de corregir los abusos y de dar a la presencia del don su debido lugar y aplicación.

El secreto de las lenguas

El secreto de la glosolalia o el asunto de las lenguas encuentra solución y respuesta en una lectura cuidadosa de este capítulo nos proporciona cinco verdades vitales mediante las cuales podemos confirmar el verdadero don e invalidar las falsificaciones.

El don de lenguas resolvió un problema lingüístico

La gran comisión de Cristo es predicar el Evangelio a "toda nación y tribu y lengua y pueblo" (Apoc. 14:6). Ya fuera en el primer siglo o en nuestros días, esta es una tarea colosal dadas las barreras lingüísticas existentes.

Este fue el problema que el milagro del Pentecostés resolvió en un instante. "Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo" (Hech. 2:5). Estas personas no eran residentes permanentes, sino peregrinos de "todas las naciones" que habían viajado a Jerusalén para celebrar la fiesta anual de Pentecostés.

Cuando ocurrió el milagro del Pentecostés, los muchos exilios habían hecho que los judíos llegasen a constituir un pueblo esparcido. En cualquier parte del Imperio Romano se hallaban establecidas numerosas colonias judías. Uno de los problemas de la dispersión era que estos judíos habían olvidado sus idiomas nativos y habían aprendido la lengua de los países en los cuales habían nacido y donde habían vivido por sucesivas generaciones. Fue una situación semejante a la que encontramos en los países donde refugiados de distintas partes han vivido durante dos o tres generaciones.

Su lengua materna es descuidada y olvidada y, en su lugar, asimilan los idiomas de los países de su adopción.

Este era el caso de los miles de peregrinos que habían viajado a Jerusalén para pasar una corta estancia en su patria ancestral. Ellos asistían a los servicios pero necesitaban un traductor. Ya no podían hablar el hebreo ni su aliado más cercano, el arameo, por lo que se vieron obligados a formar grupos de acuerdo con sus idiomas mientras estaban en Jerusalén para la celebración de Pentecostés.

Imagine la gloriosa oportunidad que esta situación les presentaba a los discípulos; si tan sólo pudiesen hablar esos idiomas extranjeros. Entonces podrían contarles acerca del gozo de la profecía cumplida. Podrían decirles que Cristo era el Mesías. Pero más importante todavía, podrían referirles las asombrosas nuevas que los profetas habían predicho: que Jesús había sido crucificado, sepultado y se había levantado de la tumba hacía unas pocas semanas.

Ellos anhelaban contar las buenas nuevas. Si tan sólo pudieran hablar sus idiomas, estos peregrinos podrían llevar de vuelta a sus hogares el Evangelio y difundirlo en las tierras de donde procedían. ¡Cuan pronto entonces podrían dar a conocer la verdad a todas las naciones, y la comisión del Salvador sería cumplida! Pero ¡qué pena! Estos indoctos discípulos se sentían tan incapaces de realizar su ardiente deseo de proclamar este mensaje por causa de las barreras lingüísticas.

El don de lenguas fue dado para suplir esta necesidad y eliminar el obstáculo de la comunicación. Veamos cómo sucedió, ya que es el meollo para la comprensión del fenómeno de las lenguas.

Las lenguas son idiomas conocidos

El texto y el contexto de Hechos 2 aclaran que las lenguas habladas en el día de Pentecostés eran idiomas extranjeros existentes, y no un lenguaje ininteligible. Observe el paralelismo gramatical mediante el cual podemos estar seguros de que los términos lenguas e idiomas se usan con el mismo significado.

Versículo 6: "Cada uno los oía hablar en su propio idioma" (NBE).

Versículo 11: "Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".

Por medio de estos versículos sabemos que idioma y lengua se usan indistintamente. Además, el contexto lo requería. Era absolutamente necesario hablar idiomas extranjeros.

En los versículos 9-11 se mencionan las nacionalidades incluidas en el proceso. Desde la perspectiva de Jerusalén, estos países o idiomas están registrados en un orden casi consecutivo: primero, el este; segundo, el norte; tercero, el oeste y por último, el sur. El asombro de los allí reunidos indica claramente que sus idiomas particulares eran los mismos que se empleaban. El registro dice: "Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?" (vers. 6-8).

No sorprende, entonces, que la mayoría de los comentaristas concuerden en que éstos eran definitivamente idiomas extranjeros.

Los discípulos hablaron estos idiomas

A veces se ha dicho que Pedro habló en un solo idioma y que por virtud de un milagro todas estas personas lo oyeron en sus diferentes lenguas. Eso no es cierto, porque en tal caso el milagro se hubiera producido en relación con el oído y no con la lengua.

Pero ese no fue el caso. El testimonio de Lucas señala claramente que cada uno les oía hablar en su propio idioma.

Aquí deben notarse dos puntos. Primero, no fue a Pedro sino a los otros discípulos a quienes la multitud oía hablar. "Les oía hablar" está en plural en el original griego. Segundo, ellos estaban hablando, no Pedro. Cuando éste abrió sus labios, lo hizo para defender a los once que hablaban. "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios como vosotros suponéis" (Hech. 2:14-15).

Esto corrobora lo dicho. Pedro les dirigía la palabra a sus "varones (hermanos) judíos" que vivían en Jerusalén, no a los visitantes judíos cuyas lenguas nativas eran los idiomas extranjeros en los cuales los once hablaban.

El hecho importante que debe destacarse es que los once hablaban los idiomas de los visitantes extranjeros.

Los discípulos estaban predicando el Evangelio

Los discursos de los discípulos no eran expresiones ininteligibles. Los oyentes entendieron lo que decían. Este es un punto importante. ¿Cómo podemos estar tan seguros de esto? Porque los extranjeros dijeron: "Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios" (vers. 11).

La frase "las maravillas de Dios" se refiere al Evangelio, incluyendo la muerte, sepultura y resurrección de Jesús. El valor del don de lenguas residía en las ideas que transmitía.

El resto del sermón de Pedro a los judíos de Jerusalén contenía la esencia de lo que los otros discípulos estaban predicando a los varios grupos lingüísticos. Tras defenderse de la falsa acusación de estar borrachos o hablar tonterías, lo cual, de paso, es otra evidencia de que las lenguas que hablaban eran idiomas conocidos, Pedro pasó a explicar el mensaje de los apóstoles en los versículos 16-40. El tema era la vida, obras, muerte, sepultura y resurrección de su Maestro. Estos temas convencieron a los oyentes de que Jesús era el Mesías, y como resultado se bautizaron 3,000 personas.

Todo ello es evidencia de que los mensajes fueron expresados en idiomas extranjeros.

Era un don permanente

Cuando consideramos el propósito de las lenguas como instrumento para la predicación del Evangelio en todo el mundo, no sólo por ser lengua extranjera, sino por su naturaleza permanente, su racionalidad se hace manifiesta.

Después de su resurrección, Jesús mismo se les apareció a sus discípulos y estuvo con ellos durante cuarenta días dándoles instrucciones acerca de su tarea global futura.

Significativamente, su última declaración antes de su ascensión tuvo que ver con este tema. Les exhortó a no empezar a predicar inmediatamente, sino a esperar el poder capacitador del Espíritu Santo (véase Hech. 1:8). Les dijo lo que tenían que predicar, dónde hacerlo y cómo serían habilitados para predicar en lenguas extranjeras. La Biblia declara: "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio" (Mar.16:15). Marcos añade: "Hablarán nuevas lenguas" (vers. 17).

En ocasión del Pentecostés los discípulos estaban haciendo todas estas cosas de acuerdo con las instrucciones que habían recibido. Aquel día histórico se podía ver aquí a un discípulo hablándole a un grupo en un idioma; a otro, hablándole allá a otro grupo, y aún otro, dirigiéndose a un grupo adicional, y así por el estilo. Mientras tanto, Pedro hablaba su propio idioma en defensa de ellos delante de los residentes permanentes de Jerusalén y sus alrededores.

A su debido tiempo, los discípulos se dirigieron con su mensaje al mundo gentil, por lo que Pablo pudo decir treinta años después que el Evangelio había sido "predicado a toda criatura que está debajo del cielo" (Col. 1:23; véase también Rom. 1:8; 10:18). Esto indica que los apóstoles viajaron a tierras lejanas como Jesús les había ordenado (véase Mat.28:19-20), lo cual es una evidencia precisa del uso permanente de estos idiomas en sus predicaciones en todas partes del mundo conocido de entonces.

Aunque no podemos precisar los lugares, sí sabemos por las Escrituras que ellos fueron comisionados a ir a todo el mundo a predicar el Evangelio, y que estaban preparados para hablar otras lenguas para poder hacerlo. Había una gran necesidad práctica del don de lenguas que registra Hechos capítulo 2.

Manifestaciones posteriores del don de lenguas registradas en el Nuevo Testamento encajan perfectamente en la manifestación de ese don ocurrida en el día de Pentecostés.

En vista de eso, es oportuno preguntar a aquellos que pretenden hablar en lenguas qué idioma hablan y si se ajusta a los cinco criterios de Hechos 2. Para ajustarse a ellos, el idioma debe ser un segundo idioma, genuino, inteligible y permanente. Además, las personas que los emplean deberían saber lo que están diciendo, y los oyentes deberían poder verificar la exactitud de su uso.

Las lenguas modernas

¿Es comparable el don de lenguas practicado por algunas entidades cristianas de hoy con las manifestaciones de ese don experimentado por los cristianos primitivos? ¿Son las expresiones ajenas a todo lenguaje conocido parte de un idioma inteligible? Alguien puede alegar que tal jerga significa "Dios ama al pecador, pero odia el pecado", pero ¿quién puede asegurar que la expresión está bien traducida? Un intérprete puede decir que significa una cosa, mientras el otro indica lo contrario. Tales expresiones no admiten verificaciones. No resuelven el problema del idioma. Dichas expresiones no pueden presentarse como parte de un idioma definido. El orador no sabe lo que está diciendo ni tampoco el oyente. En consecuencia, el Evangelio no es predicado. No se cumple la comisión dada por Cristo.

A menos que el don de lenguas iguale la experiencia que los discípulos tuvieron el día de Pentecostés, no hay manera de distinguir lo verdadero de lo falso, pero sí podemos hacer

esta distinción comparándolo con el Pentecostés.

Las paulas del libro de los Hechos y las lenguas modernas

La primera experiencia de hablar en "lenguas" dicen muchos: "Es una intempestiva cantidad de palabras ininteligibles que salen de la boca, es un estado de éxtasis espiritual.

Si estuvieran presentes personas que sólo hablan un idioma extranjero, lo único que se lograría sería añadir una barrera adicional a la comprensión.

Tales declaraciones violan el primer principio de todo discurso: comunicación inteligible. No importa cuan bien se sienta alguien al emitir una cantidad indefinida de palabras ininteligibles si no se ajusta a Hechos 2, fracasa en su intento de comunicar.

En los tiempos bíblicos, cuando Dios deseaba comunicar mensajes a los hombres, se dirigía a ellos en el idioma que hablaban y entendían. ¿Por qué, entonces, habría Dios de

comunicarse a través de los hombres hoy en día mediante palabras ininteligibles?

Un reconocido pastor carismático ha dicho del fenómeno de las lenguas: "No es un milagro mental para alguien; en cuanto a la comprensión de las palabras habladas se refiere, la mente es pasada por alto. Es un milagro de carácter espiritual. El individuo está consciente de lo que hace, pero la inspiración no viene a su mente, sino a su espíritu"2 .

Que tremenda admisión! Este así llamado milagro viola todos los criterios de la experiencia de Pentecostés registrada en Hechos 2:

  • 1. No son satisfechas las deficiencias idiomáticas.

  • 2. El orador no habla en un idioma conocido.

  • 3. Ni el orador ni el oyente pueden entender, y por lo tanto

no pueden verificar lo que se ha dicho.

  • 4. El Evangelio no es comunicado.

  • 5. Las expresiones no son un instrumento permanente del idioma

que se usa para difundir el Evangelio.

En las experiencias de lenguas modernas ni el orador ni el intérprete saben lo que se ha dicho. He aquí una prueba sencilla: Pida al intérprete de las palabras ininteligibles que

traduzca las expresiones palabra por palabra. ¡No puede hacerlo! Se hizo entonces un experimento a cargo del doctor Juan Kildahí donde se llegó a lo siguiente:

Con el propósito de investigar la exactitud de estas interpretaciones, se escuchó en privado una cinta grabada de una experiencia vivida por diferentes intérpretes de lenguas. En ningún caso coincidieron las diversas interpretaciones. Uno de ellos dijo que quien hablaba en lenguas estaba orando por la salud de sus hijos; otro dijo que el mismo discurso era una expresión de gratitud a Dios por una reciente y exitosa campaña de recolección de fondos que la iglesia había dirigido.3

En otro caso, un hijo de padres misioneros se levantó en una reunión pública en donde él era desconocido y repitió el Padrenuestro en un dialecto africano. Cuando se sentó, un intérprete dijo que había pronunciado un mensaje acerca de la inminente segunda venida de Cristo. Semejantes falsas interpretaciones ilustran que la única forma de probar la autenticidad de una interpretación es por medio de un idioma humano conocido tanto por el orador como por los oyentes. Eso fue lo que ocurrió en el Pentecostés. Es el único medio seguro. Es la única forma sensata.

Se pone a prueba el don de lenguas en Cesárea, Efeso y Corinto

Además de Hechos 2, existen en las Escrituras varias citas donde se habla de la manifestación del don de lenguas.

Estas son Hechos capítulos 10, 11 y 19 y 1 Corintios 12-14.

Es importante que examinemos estos pasajes en vista de la pretensión de que Hechos 2 y 1 Corintios 14 son dos fenómenos que difieren grandemente.

La experiencia de Pedro con Cornelia

La experiencia de Pedro en Cesárea está registrada en Hechos 10: 45-46: "Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro, se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios".

Lo primero que acude a la mente en cuanto a la experiencia con el don de lenguas en la cual está involucrado Pedro es que debe de haber sido de la misma clase que él experimentó en el día de Pentecostés.

Esta es una conjetura razonable, aunque resulta innecesaria porque Pedro afirma que fue el mismo don manifestado en el día de Pentecostés. Su testimonio fue que " Dios les concedió (a los gentiles) el mismo don ...como sobre nosotros al principio" (Hech.11:17, 15). Esto es claro, ¿no es cierto?

Dios tenía un motivo para impartir el don de lenguas en Cesárea. El puerto marítimo de esta ciudad atraía a personas de lugares distantes y por lo tanto la región era ideal para la predicación del Evangelio y un lugar estratégico para difundirlo en países extranjeros.

La experiencia de Pablo en Efeso

Otro punto que debe tomarse en cuenta es el hecho de que fue en Cesárea donde, por la providencia de Dios, empezó a derribarse la barrera entre judíos y gentiles. Este gran proyecto para el evangelismo mundial se desarrolló más tarde en Efeso. Esta era otra importante ciudad gentil cosmopolita parecida a Cesárea que necesitaba el Evangelio. Su estratégica ubicación en la confluencia de varias rutas naturales del comercio, así como el hecho de que estuviera sobre la carretera principal de Roma hacia Oriente, la hacía un centro ideal para el evangelismo. En el tiempo de Pablo, su teatro en el cual habló una vez, podía acomodar a 25,000 personas.

El don de lenguas en Efeso

Lo mismo que en Cesárea, la manifestación del don de lenguas en Efeso está en armonía con los cinco criterios de Hechos 2 que rigen este don. Lucas registra: "Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres" (Hech. 19:1-2;6-7 Pablo pasó tres años en Efeso estableciendo la obra y preparando un centro desde el cual el Evangelio fuera esparcido a las ciudades de Asia Menor (véase Hech. 20:31).

Este programa tuvo un éxito grandioso (Col. 4: 13-16 y Apoc. 2, 3). Por eso, la necesidad del don de lenguas y su desempeño allí encajan perfectamente en el modelo de Hechos 2. Además de Capadocia, el Ponto, Asia y Panfilia, mencionadas en Hechos 2, había otras comunidades en la provincia romana gobernadas desde Efeso, que abarcaban a Cilicia, Galacia, Bitinia, Licia y Pisidia. Estas poblaciones necesitaban escuchar el Evangelio en sus propios idiomas y dialectos.

Debido a los muchos idiomas que se hablaban en esta región, el don de lenguas era necesario para proclamar el Evangelio en los idiomas locales. De esto inferimos que los

idiomas que usaban los nuevos conversos eran un don permanente y sumamente útil. Sin duda, el don de lenguas no era una jerga ni un éxtasis pasajero.

Una segunda razón para considerar el don de lenguas de Efeso como idiomas conocidos es su nexo escritural con Hechos 2 y Mateo 3:11. Cuando Pablo llegó a Efeso, él les habló primero a los judíos que habían sido discípulos de Juan el Bautista. Ahora, en la predicación del apóstol, ellos escucharon con admiración la continuación del mensaje de Juan, especialmente acerca de la venida del Mesías. En su predicación Juan había dicho: "Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3:11). Esta declaración vincula estrechamente la experiencia del don de lenguas de Efeso con el don de lenguas descrito en Hechos 2:3 "Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen".

Juan hizo pocas predicciones de largo alcance, pero he aquí una que fue cumplida unos veintiocho años después de ser pronunciada. Habiendo aceptado a uno más poderoso que Juan, los aspirantes de Efeso fueron bautizados con el Espíritu Santo como Juan lo había prometido. Ahora experimentaron la venida del Espíritu Santo y recibieron el mismo don de lenguas impartido sobre los discípulos en el día de Pentecostés, y los idiomas que hablaron ese día fueron totalmente comprensibles, capacitándolos para proclamar el Evangelio en los idiomas de las provincias de Asia Menor, algunos de los cuales se encuentran en la lista de Hechos 2.

Las lenguas en cuatro ciudades correlacionadas

La experiencia del don de lenguas en Efeso no sólo está textualmente relacionada con el hablar en lenguas en el día de Pentecostés, sino que con la profecía de Juan se convierte en eslabón de la experiencia de las lenguas en Corinto. Este es un punto importante. Hay quienes arguyen que Hechos 2 y 1 Corintios 14 hablan de dos fenómenos radicalmente diferentes. Ellos admiten que en uno (Hech. 2), los idiomas fueron inteligibles, pero en el otro (1 Cor. 14), sostienen que fueron expresiones ininteligibles. Sin embargo, tal conclusión es incorrecta. Veamos por qué: En su segundo viaje misionero. Pablo había fundado la iglesia de Corinto, y se quedó allí por un año y medio. En su tercer viaje misionero trabajó en Efeso por unos tres años, en cuyo período escribió la primera epístola a los corintios (véase 1 Cor. 16:8). En su carta Pablo señalaba a los corintios que "nada os falta en ningún don" (1 Cor. 1:7).

Esto quiere decir que ellos habían recibido el verdadero don de lenguas durante la estada del apóstol allí. Debe dársele su debido valor al hecho de que él escribiera desde Efeso, donde había impuesto sus manos sobre los seguidores de Juan y que ellos habían recibido el verdadero don de lenguas.

¿Es razonable pensar que bajo el ministerio y la dirección de Pablo el don de lenguas fuera una cosa en un lugar y otra muy distinta en otro? Hemos visto que el don de lenguas de Efeso era el mismo que se describe en Hechos 2. Por lo tanto, concluimos que las tres experiencias del don de lenguas son manifestaciones de uno y el mismo don. No solamente esto, sino que la situación de Corinto repite la de Cesárea y Efeso. Estratégicamente ubicada como lo estaba Efeso, Corinto era un centro importante para el comercio terrestre y marítimo. Los idiomas extranjeros se hablaban en todos los ámbitos de esta ciudad tan popular y poblada. Este era también un centro ideal para enviar las "buenas nuevas" a todos los rincones de ese circuito geográfico. Aquí también había un lugar donde el don de lenguas era necesario y útil para la tarea de la evangelización.

Como Jerusalén, Cesárea y Efeso, la selección de esta ciudad como centro para esparcir el Evangelio, no fue fortuita. Su elección revela una estrategia divina. Los idiomas

encajaban en ese plan.

El don de lenguas en 1 Corintios 14

Primera de Corintios trata las controversias de la iglesia de esa comunidad. Pablo les exhorta a conservar la unidad doctrinal en casi cada capítulo. El don de lenguas no es una excepción. En este sentido, el mismo testimonio del apóstol "Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros" (1 Cor. 14:18) se convierte en un punto vital. Cuando Pablo hablaba de lenguas se refería al mismo tipo de lenguas habladas en Efeso, es decir, idiomas extranjeros inteligibles. Por lo tanto, cuando Pablo escribe desde Efeso para reprender a los corintios por el mal uso del don, obviamente tuvo que ser consistente con su propio testimonio, por no hablar del resto del Nuevo Testamento. Sus amonestaciones a través de todo el capítulo son substanciales: "No seáis niños en el modo de pensar" (14:20), ordenaba. "Si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís?" (14:9). "Si... entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?" (14:23). "Dios no es un Dios de confusión, sino de paz" (14:33). Estas son criticas severas y a veces cargadas de sarcasmo. Sin embargo, hay quienes suponen que estas críticas apoyan la jerga ininteligible en lugar de los idiomas conocidos.

Una cosa es cierta; Pablo no discute la existencia de dos tipos de don de lenguas en la iglesia primitiva. Al contrario, cuando aplicamos su fuerte reprensión a la luz de los criterios establecidos en Hechos 2, los idiomas desconocidos son desechados y aun los idiomas conocidos no deben usarse mal. Es posible mantener la armonía y consistencia con estos principios en cada referencia como veremos más adelante.

El don de profecía y el don de lenguas según 1corintios 14

Pablo empieza el capítulo 14 de la primera epístola a los Corintios con las palabras: "Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios".

Aquí específicamente se da mas énfasis al don de profecía que al de lenguas, el cual, como se ha demostrado, son los idiomas extranjeros. Las razones que apoyan la preeminencia del don de profecía son:

  • (1) El mensaje de un profeta es una revelación autorizada de Dios al hombre.

  • (2) El don de lenguas es simplemente una herramienta de comunicación.

  • (3) Un profeta habla con el idioma de las personas y éstas pueden entenderlo.

  • (4) Un idioma extranjero no se entiende a menos que sea traducido; Se infiere de esto que sólo Dios quien conoce todas las lenguas, podría entender tal idioma.

  • (5) Una persona que hable lenguas extranjeras tiene que depender de los mensajes de los profetas para ejercer autoridad.

La Palabra de Dios y los mensajes de los profetas, ya estén en forma oral o escrita, se clasifican siempre por encima de las lenguas. Pero los que hablaban en lenguas en Corinto estaban rechazando la función autorizada de Pablo como profeta porque sentían que ellos también tenían un don de Dios. Eran tan persistentes, que se había creado una división sobre este asunto (véase el cap. 1:1-15).

Como resultado. Pablo se sintió compelido a preguntarles: "¿Acaso ha salido de vosotros la Palabra de Dios?" (14:36).

La mayoría de los cristianos reconoce que el don de profecía de Pablo constituye la mayor parte del Nuevo Testamento y, por lo mismo, es una parte importante de la Palabra de Dios, la Biblia. Sin embargo, algunos modernos defensores del don de lenguas parecen clasificar este don por encima de la Palabra.

La Nueva Biblia Española rinde 1 Corintios 14:2 de esta manera: "Miren, el que habla en lenguas extrañas no habla a los hombres, sino a Dios, ya que nadie lo entiende".

El original griego no contiene la expresión modificada extrañas. De hecho, la frase "lenguas extrañas" no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Los traductores la han suplido en este versículo en un esfuerzo por clarificar el pasaje.'

La Reina-Valera traduce el pasaje indicando simplemente las muchas menciones como "lengua", alternando la lectura con "lenguas". Esto es correcto puesto que la palabra glosa puede significar lengua o idioma. Si esto es así, ¿cómo entenderemos la sentencia: "el que habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios; pues nadie le entiende?"

Por la misma razón en la Reina-Valera revisada en 1960 sólo dice: "Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres...". Los que revisaron el texto quitaron la palabra suplida.

Supongamos que el idioma al cual se refiere Pablo es el chino y que se está dirigiendo a una iglesia de hispano hablantes. Obviamente nadie entendería nada, excepto Dios, porque él conoce todos los idiomas. ¡Cuan sencilla es esta explicación comparada con aquella que ofrecen los defensores modernos de las expresiones ininteligibles! ¿Les parece razonable que Dios dé un don a un orador para hablarle a una congregación o a sí mismo sin entender lo que él mismo dice? ¡Increíble! Pero ¿cómo se aplican las orientaciones bíblicas a las ultimas palabras de 1 Corintios 14:2: "aunque por el Espíritu habla misterios?" En otra parte Pablo explica lo que él entiende por "misterios".

En 1 Corintios 4:1 llama a los cristianos administradores de los misterios de Dios". Los cristianos son administradores de las buenas nuevas de salvación: el Evangelio. Por eso, quien "habla misterios", está predicando el Evangelio.

Pero si alguien predica el Evangelio en un idioma desconocido que la congregación no entiende, no beneficiaría a los oyentes porque solamente él y Dios entenderían lo que se dice. Predicar el Evangelio en un idioma tal, en este caso, sería infructífero.

¿Qué significa edificación?

Las palabras de un profeta dichas en un idioma que los oyentes comprenden es, ciertamente, más provechoso que la predicación del Evangelio en un idioma extraño que nadie entiende, excepto el orador mismo. Lo anterior puede brindar estímulo y bienestar mediante su mensaje cuando está divinamente inspirado por el Espíritu Santo. Edifica o acrecienta la fe de los creyentes. Un orador que habla en un idioma extranjero puede presentar un buen mensaje, pero no edifica espiritualmente puesto que los oyentes no pueden entenderlo.

Una señora, al preguntársele por qué hablaba en lengua si ella no sabía lo que decía, se defendió diciendo: "Bueno es para la edificación". Pero, ¿cómo pueden las expresiones

ininteligibles edificar cuando la misma persona no entiende lo que dice? Tal ejercicio puede producir un alivio emocional, pero no edifica a nadie.

Al respecto. Pablo escribe convincentemente: "El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia... porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que la interprete para que la iglesia reciba edificación" (vers. 4-5).

Otro aspecto de este pasaje que implica una restricción a hablar en lenguas es, "a no ser que las interprete". La palabra interpretar (diermeneuo) puede entenderse de dos maneras, "traducir" o "interpretar"; el contexto determina cuál de las dos es válida. En el contexto de la iglesia corinta, significa "traducir", de tal suerte que las personas puedan entender lo que se está predicando.

No debemos pasar por alto el versículo 5 de esta sección ya que Pablo dice mucho en cada línea. "Quisiera que todo vosotros hablaseis en lenguas", es decir, que conociera!

idiomas. ¡Cuan maravilloso sería que cada cristiano pudiera hablar y entender muchos idiomas! Pero en el marco de estos versículos, ¿cuan buenas son las herramientas del idioma menos que la persona pueda "interpretar" y "explicar" el Evangelio en un idioma que los oyentes puedan entender? Tal don es inútil en un ambiente monolingüe local.

Evidentemente algunos corintios que poseían el don de hablar en lenguas extrañas estaban exhibiendo sus habilidades, aduciendo que tal don tenía igual autoridad que el de profecía. A propósito, quienes insisten en que Pablo hablaba de expresiones extáticas o ininteligibles confrontan un problema, porque el apóstol dice: "Doy gracias a Dios que hablo en lenguas (idiomas extranjeros) más que todos vosotros" (vers. 18).

Si por "lenguas" Pablo no se refiere a idiomas extranjeros, ¿por qué él, por un lado, desaprueba el abuso de los idiomas por los corintios, mientras que por otro agradece a Dios porque habla más idiomas que todos ellos? ¿No hay inconsistencia aquí?

¿Deben ser las lenguas un habla inteligible?

Pablo aborda este asunto en los versículos 6-10. Observe el buen sentido de su argumento cuando se aplican los principios de Hechos 2 al dirigirse a los extranjeros, mas no a la situación de la iglesia local. "Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?" (vers. 6).

El énfasis de Pablo en un idioma como habla inteligible señala lo que él entiende que deben ser los idiomas. Si él hablaba en un idioma extraño a los corintios, perdía el tiempo, porque los miembros de la iglesia local no podían entenderlo. El deseaba hablar un idioma que tuviese significado real, de otra manera, "¿qué os aprovechará?"

**** El uso apropiado del don de lenguas está en la predicación del Evangelio ya sea en Jerusalén, Cesárea, Efeso, Corinto o en cualquier otro lugar. Aparentemente los corintios no estaban haciendo eso. Lejos de ello, estaban abusando de su facultad de hablar en lenguas extranjeras al predicar el Evangelio en idiomas que sus oyentes no podían entender.

¿Son las lenguas fantasías provechosas o palabras inteligibles?

El apóstol presenta un vigoroso punto de vista en el sentido de que las lenguas no son juguetes sino instrumentos útiles en su uso. "Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieran distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?" (vers. 7).

La siguiente aclaración de un moderno defensor del don de lenguas no está en armonía con este principio. El escribe: "La Biblia dice que el que habla en lenguas lo hace para Dios (1 Cor. 14:2). Por lo tanto, que las personas lo entiendan o no es irrelevante.

De modo que la cuestión es, ¿tiene significado para el orador, y lo entiende el Señor?"4

Pablo dice que a fin de cumplir su propósito una flauta un arpa debe transmitir significado al oyente Pero de acuerdo con la autoridad antes señalada, "Si las personas entienden o no, ... es...irrelevante" ¿A quién le creeremos a esta persona o la Palabra de Dios?

Ampliando un poco más este punto, Pablo explica en los siguientes versículos por qué este principio hace la diferencia: "Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire" (vers. 8-9). Esto no concuerda con el alegato de "si las personas entienden o no, es irrelevante". Sí importa. Las palabras y las frases deben ser inteligibles. Además, Pablo aconseja a los corintios y, por extensión, a nosotros: "Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí" (vers. 10-11). Al expresarse así. Pablo se refiere a los idiomas inteligibles.

***** Sea que un orador hable en su propia lengua a una audiencia nativa o lo haga en un idioma extranjero a otra audiencia extranjera, el consejo es el mismo, que se comunique en forma inteligente y comprensible.

¿Cuándo es infructífera la oración?

La oración nunca debería ser infructífera ni para la congregación ni para el que ora. El requisito para una exposición inteligente, comprensible, es el mismo para la predicación o la oración. Los principios de Hechos 2 y 1 Corintios 14 todavía son aplicables hoy. Esto es así en cualquier idioma.

Pero esto no es lo que los glosolalistas enseñan en la actualidad. Christcnson (1968) cita a un pastor : "Hablar en lenguas es una forma de orar señalada por Dios que puede sobrepasar las capacidades del intelecto... De acuerdo con la Biblia, aunque usted no entienda lo que dice, su espíritu se encuentra en un estado de oración" (p. 73).5

Pablo dice al respecto. Esta sección acerca de la oración en público se encuentra en los versículos 14-17. "Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá él Amén a tu acción de gracias?, pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado"(Vrs16-17).

En esta oración de acción de gracias es importante que los oyentes entiendan lo que se ha dicho. De otra manera, nadie sabrá cuándo decir Amén.

Esto descarta el habla ininteligible. Si la persona misma no sabe lo que está diciendo, tampoco sabrá cuándo decir Amén. Estos versículos excluyen cualquier desviación del intelecto. Se ora con la mente y el espíritu y esto sólo es posible cuando se ora en un lenguaje conocido.

Leamos ahora los versículos 14-15. "Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto (es decir, lo que oro con mi mente no lleva fruto). ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento". Estos versículos sobre la oración son los más malinterpretados de todo el capítulo. Sin embargo, están en completa armonía con Hechos 2 y con el tema que Pablo está tratando en este capítulo. Un idioma extranjero debería usarse sólo cuando la congregación y el que ora pueden entender exactamente los que se dice hasta llegar al Amen de otra manera, la mente se pasa por alto y el entendimiento de los oyentes queda sin fruto, y de acuerdo con Pablo esto debe evitarse.

Samarin (1972) explica el pensamiento de los modernos glosolalistas tratan de explicar que "cuando las personas 'hablan en lenguas' elaboran expresiones de corta o larga duración que les parecen idiomas aunque no tengan la menor idea de lo que podría ser la gramática o el vocabulario: basta para ellos que la producción de su lenguaje tenga significado religioso" (p.1). Tales expresiones pueden emocionar a ciertas personas, pero su ejercicio no cuentan con respaldo bíblico.

Samarin (1972) El autor antes mencionado ofrece asimismo una definición del hablar en lenguas al presente, diciendo que es "una expresión humana con estructura fonológica, sin significado, la cual al orador le parece que es un lenguaje real pero que no tiene semejanza estructural con ninguna lengua común, viva o muerta"(p.2). ¡Qué tremenda admisión! No puede demostrarse que las expresiones ininteligibles sean parte de un idioma. Si no pueden ser entendidas ni por el orador ni por el oyente, fracasan en cumplir con las prohibiciones de Pablo señaladas en Hechos 2 y 1 Corintios 14.

Las mismas reglas aplicables al hablar y orar en idiomas extranjeros se aplican también al "cantar en lenguas". Es por esta razón que Pablo dice: "¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento "(vers.15).

No es suficiente, por lo tanto, que los defensores de la glosolalia digan: "A menos que haya tenido la experiencia de hablar en lenguas, usted no puede juzgarla o entenderla".

Esta lógica podría llevarnos a la conclusión de que como Jesús nunca pecó, no puede entender el pecado. El propósito de Pablo al advertir a los corintios contra el abuso del don de lenguas era prevenirles para que no cayeran en error y no hacer experimentos con él.

Pablo concluye esta sección acerca de la oración pública diciendo del don verdadero: "Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas (idiomas) más que todos vosotros" (vers.18). Sin duda, él fue el más grande misionero del mundo y necesitaba conocer y hablar los idiomas de las tierras extranjeras donde trabajaba. Con todo, él dice: "Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida" [un idioma extranjero que nadie más entiende]" (vers. 19). Esta poderosa comparación es otra evidencia de que Pablo se refiere al verdadero don de lenguas y no a expresiones ininteligibles. El don de lenguas preparó a los primeros cristianos para cumplir la comisión de Cristo de ir a todo el mundo y predicar el Evangelio. Pero aún así, el apóstol declara que él no usaría ese don en público si sus oyentes no entendían el idioma que hablaba. Tal prohibición proscribe cualquier expresión que ni los oyentes ni el orador entendiesen.

¿A qué se refería la profecía de Isaías relativa a las lenguas?

"En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aún así me oirán, dice el Señor" (1Cor.14:21).

El enfoque principal de esta profecía de Isaías citada por Pablo se refiere al juicio que cayó sobre Israel. A causa de su desobediencia fueron llevados cautivos. A causa de su condición de prisioneros tenían que escuchar "las lenguas extrañas" (idiomas) de sus captores. Aun así no se arrepintieron. Pablo citó esta sentencia como ejemplo y reproche a los corintios por pervertir el don de lenguas y hacer mal uso de él.

¿Cuándo son las lenguas una señal?

En 1 Corintios 14:22 Pablo escribió: "Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos". Esto desconcierta a algunas personas porque las reuniones de lenguas modernas se celebran regularmente en iglesias de creyentes. ¿Qué hay de malo en ello? La respuesta está en el hecho de que una lengua es un idioma extranjero.

Las personas de habla extranjera al oír sus propios idiomas articulados por una persona que ha recibido el verdadero don de lenguas, se sorprenderían y se preguntarían cómo y cuándo lo aprendieron. Esto constituiría una señal del interés de Dios en ellos y una apertura de sus mentes y corazones para oír su mensaje.

Pero hablar en un idioma que la congregación no entendía, simplemente "no era para los creyentes". No los beneficiaba.

Las lenguas podrían ser también señal de algo más a los incrédulos que entraran por casualidad en una iglesia en la cual los miembros estuvieran hablando en idiomas extranjeros sin ningún propósito. Puesto que estos incrédulos no entenderían nada, se sentirían tentados a decirles a esos miembros: "¡Ustedes están locos!"

Con el propósito de implantar orden en un estado de cosas potencialmente caótico, el apóstol insistía aplicar las siguientes reglas para el ejercicio del don de lenguas.

"Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios"

(vers. 27-28). Lo que significa que nunca debería hablar más de una persona al mismo tiempo en un idioma extranjero, y sólo si sus palabras son traducidas. Una regulación similar se recomendó para el testimonio público de los profetas.

Es probable que la rivalidad existente entre los oradores en lenguas y los profetas los impulsara a hablar al mismo tiempo. No es de extrañar que el informe de que en sus reuniones "todos hablan en lenguas" y "todos profetizan" (vers. 23-24) turbara al apóstol. Tal práctica entorpecía la comunicación, ya fuera por parte de los que hablaban en idiomas extranjeros o por los profetas, y "Dios no es Dios de confusión sino de paz" (vers. 33).

¿Pueden usarse alguna vez las lenguas en la iglesia?

Para resumir: Sólo es apropiado cuando el don de lenguas se utiliza para transmitir un mensaje a los oyentes, y cuando se sigue la regla de un orador a la vez, y aún en estos casos, sólo cuando hay un traductor presente. Sólo cuando los criterios de Hechos 2 se siguen estrictamente, es decir:

  • 1. Que no se usen a menos que exista la necesidad de comunicar.

  • 2. A menos que las personas entiendan.

  • 3. A menos que se hable un idioma conocido.

  • 4. A menos que el orador entienda lo que dice y su mensaje contenga el Evangelio.

  • 5. A menos que el orador tenga la facilidad de expresarse en un segundo idioma; únicamente así puede haber armonía y consistencia.

Pasar por alto los criterios bíblicos en cuanto al ejercicio del don de lenguas sugiere enfáticamente que el "espíritu que ahora opera" en los hijos de desobediencia" (Efe. 2:2) está obrando. "Ningún cristiano desea nada con ese espíritu.

Estas censuras claramente prohiben el abuso del don de lenguas. La forma más fácil que pudo haber empleado Pablo para enfrentar este abuso hubiera sido prohibir por completo el uso del don de los idiomas extranjeros. Pero esto no habría sido sabio. Obviamente, se necesitaban los idiomas.

La explicación de su resultado

Una respuesta positiva a cualquiera de las preguntas anteriores es anti-bíblica, y se constituye en una advertencia.

Si todas o varias preguntas se contestan con un "Sí" los fenómenos no se ajustan al don de lenguas de la Biblia.

Responder "No" a todas refleja una comprensión de la enseñanza bíblica en cuanto al don de lenguas.

Pueden aplicarse dos pruebas sencillas:

A. Es un idioma definitivamente reconocido, como el español o el francés, en el cual dos personas que lo hablan pueden sostener una conversación racional.

B. Es un don permanente que quien lo posee puede usar en cualquier circunstancia que se requiera hablar en ese idioma. extranjeros para alcanzar a los no creyentes esparcidos por todo el políglota mundo romano. Sin el uso de este don la predicación del Evangelio hubiera sido obstaculizada; por ello, el apóstol no descartó el ejercicio de ese don. Pero traza reglas para su uso apropiado. Las mismas reglas que regían el don de lenguas en los días de la iglesia primitiva se aplican en la actualidad.

Cómo probar si el don de lenguas es o no genuino.

Responda las preguntas (Sí No)

El que habla, ¿cree que hacerlo prueba de que la persona ha recibido el Espíritu Santo?

¿Por lo general ocurren esos fenómenos en una iglesia o reunión religiosa?

¿Hablar en lenguas es una experiencia temporal que se manifiesta con una breve expresión de éxtasis?

¿Ignora el orador lo que dice, pero, con todo, se siente grandemente edificado?

¿Hay ocasiones cuando en una reunión varias personas hablan simultáneamente?

¿Es la "lengua extraña" inidentificable por los presentes como el idioma de algún país?

¿La persona que habla lo hace sólo con Dios a través del Espíritu, y por lo tanto es incapaz de sostener una conversación común en el mismo idioma con personas que hablan idiomas extranjeros, después de la experiencia?

Su resultado: Sí No

Comparemos las lenguas de la Biblia con las expresiones de éxtasis de hoy en día.

El movimiento carismático moderno que da tanto énfasis al don de lenguas no encaja en la definición de lenguas que se da en Hechos y 1 Corintios.

Una barrera idiomática requiere el auxilio de un idioma (lengua) para superarla.

Las "lenguas" modernas de algunas iglesias ignoran dicha barrera y articulan una expresión de éxtasis rara.

Las lenguas a las que se refiere la Biblia son idiomas extranjeros, que establecen una comunicación directa entre el orador y el oyente.

La comunicación directa es imposible mediante la glosolalia moderna.

En la Escritura el mismo idioma es conocido tanto por el orador como por el oyente.

En las "lenguas" actuales ni el orador ni el oyente saben lo que se dice.

En Hechos y 1 Corintios el pensamiento y el mensaje del Evangelio son comunicados al oyente por medio del orador y hay edificación mediante la verdad bíblica.

En las lenguas extrañas el éxtasis sustituye al mensaje.

El relato bíblico del don de lenguas revela un segundo idioma permanente.

En las "lenguas" contemporáneas, el lenguaje extático es sólo una experiencia emocional pasajera.

Referencias

1. Gcrard Thomas Straub, Salvation for Sale (Buffalo,N.Y. Promcthcus Books, 1986), pág. 244.

2. G. P. Duffield, Speaking With other Tongues. Radio Mcssages Preached, Ángelus Temple, septiembre, 1967, pág.

3. John P. Kildahí, The Psychology of Speaking in Tongues (Ncw York: Harper and Row, 1972), pág. 63.

4. Larry Christcnson, Speaking in Tongues (Minneapolis, Min.: Bcthany Housc Pub., 1968), págs. 26-27.

5. Christcnson, pág. 73.

6. William J. Samarin, Tongues ofMen and Angeis (London: The Macmillian Co., 1972), págs. 1-2

 

 

 

 

 

Autor:

Alvaro Correa

Partes: 1, 2


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