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El Aborto desde el punto de vista Religioso (página 2)

Enviado por Carlos Tovar



Partes: 1, 2

Para no caer en los enredos con que nos quieren confundir hay que enfrentar una pregunta fundamental: eso que se gesta en las entrañas de la mujer ¿es qué o es quién? ¿El embrión es un quiste, es un cáncer o es un ser humano?

Y resulta provechoso que la respuesta la de, en primer lugar, la biología. Esto porque, como no existen dos verdades, no puede alegarse oposición entre Fe y Ciencia, entre Cultura y Ciencia. Cuando la Biología nos aclare, el Obispo hará su apreciación teológica y moral, y el abogado su encuadramiento jurídico, y también el sociólogo, etc., etc.

Así pues, a la luz de los logros más recientes, la biología –y en particular la embriología– ya reconoce universalmente que el momento que marca el inicio de la existencia de un nuevo "ser humano" está constituido por la penetración del espermatozoide en el oocito.

Si sobre esos logros de la embriología moderna aplicamos los criterios de la interpretación filosófico-antropológica y religiosa, podremos percibir los grandes valores que todo ser humano, aunque sea en la fase embrional, expresa y lleva consigo.

Y, por consiguiente, afrontar la cuestión fundamental del status moral del embrión tomando en cuenta criterios "intrínsecos" al embrión mismo, en vez de aducir razones fundadas en criterios "extrínsecos" (es decir, partiendo de factores externos al embrión mismo), modo de proceder que no es idóneo dado que todo posible juicio acabaría por basarse en elementos totalmente convencionales y arbitrarios.

2) ¿Asesinato prenatal o Interrupción del embarazo?

Repitamos con la embriología: la penetración del espermatozoide en el oocito marca el inicio de la existencia de un nuevo ser que: a) es de la especie humana; b) es un ser individual; c) y es un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.

Precisamente a partir de los datos biológicos, no existe ninguna razón significativa que lleve a negar que ya en esta fase el embrión es persona. Y en apoyo de esta posición, la enseñanza de la Iglesia sobre la animación inmediata, aplicada a todo ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica: "Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente", dice el Salmo (Sl 139, 13-14), refiriéndose a la intervención directa de Dios en la creación del alma de todo nuevo ser humano.

3) Consecuencias lógicas ineludibles

Desde el punto de vista del derecho y la moral, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia) exige en relación a él el pleno respeto de su integridad y dignidad: todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales –el primero de los cuales es el derecho a la vida– ha de considerarse gravemente inmoral e ilícito, un pecado que clama a Dios por venganza.

Para amar la posición que nos enseña la Santa Madre Iglesia es importante tener en claro un punto: ese quien que está protegido en el vientre de la mujer, tiene la misma dignidad que su madre y su padre; y los mismos derechos fundamentales. Quemarlo químicamente, impedir su implantación con bombardeos hormonales o alambres instalados en el nidito que la naturaleza le prepara, expelerlo con fármacos violentos o descuartizarlo para arrancar los pedazos, eso que es el aborto, constituye una crueldad asesina más grave aún de lo que sería cometer iguales atrocidades con sus padres.

Así comprendemos que al tratar de los delitos contra la vida y la libertad del hombre, la Iglesia determina en el Canon 1398 del Derecho Canónico que quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae, es decir, automáticamente, y reserva su absolución al Obispo o un sacerdote delegado.

4) Arrancar a la criatura del vientre de su madre o impedir la a nidación.

Para que quede en la memoria, reiteremos que es un asesinato intrauterino no solamente arrancar a la criatura del vientre de su madre, sino todas los procedimientos conducentes a impedir la a nidación como, por ejemplo, los dispositivos intrauterinos (DIU) que mecánica (y a veces también hormonalmente) provocan una inflamación crónica, que impide la implantación del embrión; o todas las drogas presentadas como anticonceptivos pero que trastornan la motilidad de las trompas, o modifican el desarrollo del endometrio e impiden la a nidación, horroroso ejemplo de los cuales son las inyecciones trimestrales "de depósito" como el acetato de nextroxiprogesterona, o los implantes subcutáneos. Todos ellos tan asesinos prenatales como los tóxicos RU 846 o "píldora del día después", un verdadero pesticida humano que actúa separando poco a poco el embrión de la madre y lo mata lenta e inexorablemente, o las prostaglandinas vendidas perversamente como antiulceroso y que provocan la expulsión del niño por nacer.

Esta reiteración se hace necesaria porque con toda desfachatez se distribuyen en nuestra Diócesis esos preparados funestos, se los difunde en donde se debería promover la vida, y hasta se pretende recomendarlos a los adolescentes por medio de inicuos programas enmascarados como de salud reproductiva o iniciación en el desorden sexual.

c.- Declaración del Pontificio Consejo para la Familia sobre la llamada "Reducción embrionaria".

El Pontificio Consejo para la Familia, invitado a expresar su posición sobre la llamada "reducción embrionaria", tras haber consultado la Congregación para la Doctrina de la Fe publica la siguiente Declaración.

Hoy son menos raros los casos de embarazos múltiples, esto es, cuando el seno materno es compartido por varios embriones. Suelen presentarse ya sea por la aplicación de la estimulación ovárica en caso de infertilidad o por la fecundación artificial, sobre lo cual, el Magisterio se ha pronunciado (Cong. Doct. Fe, Inst. Donum vitae, II). Hay que tener en cuenta las situaciones difíciles y aún dramáticas que el uso de tales técnicas pueden originar. No se puede omitir una llamada a la responsabilidad a aquellos médicos que ponen en riesgo la vida de la madre y de los hijos concebidos por falta de pericia y precaución o en la aplicación de las técnicas de fecundación artificial

Es frecuente la afirmación, por parte de algunos, de que los embarazos múltiples no pueden llegar a término, sea por la muerte espontánea en el útero de los embriones o por su nacimiento prematuro no viable. Añaden además que si los nascituros llegan al parto, la dificultad obstétrica (con el consiguiente peligro para la madre) es mayor. Con estos presupuestos ellos concluyen que podría justificarse la selección y eliminación de algunos embriones para salvar a los otros o, al menos uno de ellos. Por este motivo se ha introducido la técnica denominada "reducción embrionaria".

En relación a lo anterior, es preciso señalar lo siguiente. Como todo embrión debe ser considerado y tratado como persona humana (Cong. Doct. Fe, Inst. Donum vitae, I. 1), con la eminente dignidad que esto implica, el nascituro es sujeto de derechos fundamentales desde el primer momento de la concepción, y en primer lugar del derecho a la vida, que de ninguna manera puede ser violado. Por tanto hay que afirmar claramente evitando cualquier confusión o ambigüedad que la "reducción embrionaria" es un aborto selectivo. Es la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 57). Por tanto, querida como fin o usada como medio, es siempre un desorden moral grave (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 62). Tratándose de una verdad naturalmente accesible a la razón, la ilicitud de tal comportamiento es una norma para todos válida y también para los no creyentes (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 101). La prohibición moral permanece también en el caso en que la prosecución del embarazo comportara riesgo para la vida de la madre y de los otros hermanos gemelos. En efecto, no es lícito jamás hacer el mal, ni siquiera para alcanzar con ello un bien (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 57).

La vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 39). La selección embrionaria no puede ser justificada en base al llamado principio de mal menor, porque se elimina una vida humana y tampoco puede ser justificada en base al principio de doble efecto; ninguno de los dos pueden ser aplicados en este caso. La selección embrionaria puede conducir además mediante las técnicas de diagnóstico pre-natal a una mentalidad eugenésica, es decir, medir el valor de una vida humana y seleccionarla, siguiendo sólo parámetros de "normalidad" y de bienestar físico (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n 63, invocando para ello el concepto de "calidad de vida" de modo reductivo. Esta posibilidad no debería ser minusvalorada.

Que el Señor de la vida acompañe a los padres, en el cumplimiento de su eximia misión sosteniéndolos en el compromiso de respetar el derecho a la existencia del nascituro, y a los hijos, guiando a quienes están al servicio de la vida a hacer todo lo posible para salvar a la madre y los niños, en medio de dificultades, a veces dramáticas. Gracias a Dios, merced a los considerables avances científicos no son pocos los casos en los que los embarazos múltiples pueden ser conducidos a buen término. Sigue siendo verdad que, aunque la limitación humana comporta a veces que se deba asistir impotentes a la muerte anticipada de criaturas inocentes, jamás es moralmente lícito provocar voluntariamente su muerte.

Ciudad del Vaticano, 12 de julio de 2000, Alfonso Cardenal López Trujillo, Presidente.

2.- FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA.

a.- Reseña Histórica.[1]

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás al embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).

En efecto, la Iglesia católica desde el principio ha enseñado que el 5to Mandamiento prohíbe matar a un inocente. El Didache, el primer catecismo escrito (70AD), especifica el aborto entre los pecados contra el 5to Mandamiento: «No matarás »: «Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos... Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás... no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido... Mas el camino de la muerte es éste:... que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ¡Ojalá os veáis libres, hijos, de todos estos pecados! ». (Didache 2:1–2 [A.D. 70]).

Tertuliano, Padre de la Iglesia, siglo II: "El asesinato, estando una vez y para siempre prohibido, no permite destruir ni siquiera el feto en el vientre... Obstaculizar un nacimiento es meramente una forma mas rápida de matar; no importa si tomas una vida nacida o destruyes una que va a nacer. Ese es un hombre que va a ser; tienes la fruta ya en la semilla" (Apología 9:8 [A.D.197]).

Durante la Edad Media, teorías inadecuadas de embriología llevaron a algunos teólogos a especular que quizás una vida humana capaz de recibir un alma inmortal no existía hasta unas semanas de comenzado el embarazo. Estas teorías llevaron a la ley canónica a hacer distinción entre las penalidades por abortos al principio o más tarde en el embarazo. Sin embargo, la enseñanza moral de la Iglesia nunca justificó ni permitió el aborto en ningún momento del desarrollo.

Estas teorías biológicas erradas quedaron obsoletas hace más de 150 años, cuando los científicos descubrieron que el nuevo individuo humano comienza a existir en el momento de la fertilización. Es la ciencia la que demuestra que la vida humana comienza en la concepción (fertilización).

Si sabemos que la vida humana comienza en la concepción (dato científico) y si reconocemos que esa vida humana merece ser respetada como la de toda persona humana, entonces podemos entender la enseñanza católica a favor de la vida y contra el aborto.

En el libro titulado "Aborto: El Desarrollo de la Perspectiva Católica Romana" (Loyola, 1977), que es una de las obras más importantes sobre este tema, el jesuita John Connery concluye su estudio con estas palabras: La tradición cristiana, desde los primeros días, revela una firme actitud contra el aborto... La condenación del aborto no dependió y no estaba limitada de ninguna manera, a las teorías que se refieren al comienzo de la animación fetal. Aun durante los muchos siglos en que la práctica penal y penitencial de la Iglesia se basaba en la teoría de la animación retrasada, esto nunca afectó la condenación del aborto.

Cualquiera que fuese la posición que se tomara sobre el comienzo de la animación, o sobre cuando el feto es un ser humano en el sentido estricto del término, se consideraba el aborto como un mal desde el momento de la concepción y el momento de la animación nunca se veía como una línea moral divisoria entre lo que se puede o no permitir.

Para ponerlo en las palabras más directas del gran teólogo luterano, el Pastor Dietrich Bonhoeffer: La destrucción del embrión en el vientre de la madre es una violación del derecho a vivir que Dios ha dado a esa vida naciente. Presentar la pregunta que si ya estamos aquí frente a un ser humano o no es simplemente confundir el tema. El hecho es simplemente que Dios ciertamente tuvo la intención de crear un ser humano y que este ser humano naciente ha sido intencionalmente privado de su vida. Y esto no es otra cosa sino asesinato.

Desde los tiempos apostólicos la tradición cristiana ha sostenido abrumadoramente que el aborto es gravemente maléfico. Al carecer de conocimientos modernos de medicina, algunos de los primeros Padres decían que el aborto era homicidio; otros, que era equivalente a homicidio; y varios eruditos teorizaron sobre cuando y como los no nacidos son animados o reciben el alma. Pero ninguno disminuyó el mal específico que es el aborto por ser un ataque a la vida misma, y la Iglesia de los primeros siglos asoció estrechamente el aborto con el infanticidio. En breve, desde el principio, la comunidad creyente cristiana sostuvo que el aborto era un mal grave.

Por supuesto, nosotros sabemos con certeza biológica exactamente cuando comienza la vida humana. Por eso las excusas falsamente "religiosas" a favor del aborto y el llamado "derecho a escoger" no son más que eso: excusas que rompen radicalmente con la creencia histórica cristiana y católica.

El aborto mata una vida humana no nacida y en desarrollo. Siempre es un mal grave, como lo son las evasiones que se emplean para tratar de justificarlo. Los católicos que hacen esto - sean famosos o no- solo se engañan a sí mismos y abusan de la fidelidad de los católicos, que buscan sinceramente seguir el Evangelio y vivir su fe católica.

El deber de la Iglesia y otras comunidades religiosas es dar testimonio moral. El deber del Estado y sus funcionarios es servir al bien común, el cual siempre esta enraizado en la verdad moral. Un entendimiento apropiado de la "separación de la Iglesia y el Estado" no implica separar la fe de la vida política. Pero, por supuesto, siempre es importante saber lo que nuestra fe realmente enseña.

b.- El inicio de la vida humana, El estatuto del embrión humano.

Lo que cabe preguntarnos aquí es si nos encontramos ante una persona humana desde la fecundación del óvulo. Tenemos que resolver si en el embrión se cumplen las tres realidades del hombre adulto ("ser individuo de la especie humana, ser humano y ser persona humana").

Muchas personas creen que el embrión humano se convierte en individuo (persona) hasta un cierto momento de su desarrollo. Esto conlleva a afirmar la no existencia de un individuo durante un período determinado del desarrollo embrionario. Si afirmamos esto estaríamos dejando el campo abierto a experimentaciones, manipulaciones y asesinatos a embriones, considerándolos como un conjunto de células desordenadas.

Lo que nadie puede negar es que desde su concepción (es decir la unión de los gametos – óvulo y espermatozoide, el embrión posee ya una realidad biológica propia, única, independiente y determinada. Es un individuo que se está desarrollando de manera autónoma. El ser humano que va a nacer, posee la información genética –genoma- necesaria a su desarrollo desde el momento de la concepción.

El desarrollo embriológico humano tiene propiedades que sirven para considerar al embrión como un sujeto de la especie humana. Estas propiedades son: la coordinación (es decir que las actividades moleculares y celulares dirigidas por el genoma, son sucesivas, tienen auto movimiento hacia una dirección); la continuidad (cada paso del ciclo de desarrollo, depende el anterior: no hay niveles que separen de menor a mayor importancia); la autonomía (el embrión es independiente en su desarrollo, tiene capacidad de auto movimiento).

c.- El aborto y su controversia

El aborto corresponde a la terminación intencional o no de un embarazo. Las razones principales que se dan para justificar este acto son: que el embarazo atenta contra la salud de la madre, se descubre que el feto tiene alguna deformidad o discapacidad severa, el embarazo fue a causa de una violación o de incesto; la mujer o la pareja carecen de medios económicos para mantener a su hijo; el niño que va a nacer interfiere con la felicidad y el bienestar de la mujer o de la familia.

Existen dos corrientes que se oponen sobre la moralidad del aborto: quienes promueven el respeto por la vida y consideran que el aborto es inmoral, y quienes promueven el respeto por la autonomía y el bienestar de la persona y ven el aborto como una alternativa moralmente legítima. Ambas versiones opinan que el aborto es una situación privada y personal y debe ser decidida por la mujer sin que la ley interfiera con su decisión.

Para los conservadores el feto tiene status moral y hay que atribuirle derechos (a la vida…). El momento de concepción es para ellos la línea entre lo humano y lo no-humano. De la concepción nace el cigoto, el cual es visto como un ser humano individual, que tiene los mismos derechos básicos que tiene un adulto. Además sostienen que la práctica del aborto promueve la falta de respeto por la vida. Existen también otras posturas derivadas de ésta: la postura conservadora extrema (que no justifica ninguna razón de aborto) y una conservadora menos extrema (que admite el aborto en caso de embarazo ectópico y útero canceroso).

Algunos liberales niegan que el feto tenga status moral, es decir que aunque el feto es biológicamente humano, no tiene características relevantes desde el punto de vista moral (el aborto no es entonces una forma de homicidio), o consideran que el status moral del feto es irrelevante (se le da prioridad al derecho de la mujer). Además consideran que la autonomía de la mujer y sus derechos a controlar su cuerpo, priman sobre el status moral del feto. Por otro lado, los liberales afirman que la legalización del aborto beneficia a la mujer (que ya no tiene que practicar abortos clandestinos), a los niños (que solo nacen los que son sanos y deseados), y a los sistemas sociales de los cuales dependemos (disminuye el crecimiento poblacional). "Cualquier razón que tengas por decidir en favor del aborto es una buena razón. Éstos son nuestros cuerpos y nuestras vidas. Nadie tiene el derecho a forzarnos a tener un niño(a) o a castigarnos por disfrutar nuestras relaciones sexuales." Esta frase fue pronunciada por una organización que apoya y promueve el aborto.

Los métodos abortivos más conocidos son: Succión o aspiración, Dilatación y curetaje (D y C), Dilatación y evacuación (D y E), Histerotomía u operación cesárea, Aborto de nacimiento parcial (D y X), Prostaglandinas, Inyección salina, Regulación menstrual, La RU 486, Anticonceptivos abortivos, "Anticoncepción de emergencia".

d.- El Aborto y la Biblia.[2]

El aborto (feticidio) es grave pecado contra el 5to. Mandamiento, Éxodo 20,13. La Iglesia así lo ha enseñado desde el principio

La Biblia enseña claramente contra el aborto. Esta enseñanza sale a relucir de muchos modos y por muchas razones. Algunas personas señalan que la palabra "aborto" no aparece en la Biblia, y tienen razón. Sin embargo, la enseñanza sobre el aborto sí aparece. Este mismo es el caso de otras enseñanzas. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia, pero las enseñanzas sobre la Trinidad sí. En cualquier caso, quien quiera negar la enseñanza de la Biblia con respecto al aborto, la negaría aunque la palabra apareciera en ella.

Miremos algunas de las razones bíblicas por las cuales el aborto, la destrucción directa de un niño en el vientre materno es tan terrible.

1) La Biblia enseña que la vida humana es distinta de los otros tipos de vida, ya que los seres humanos están creados a la imagen misma de Dios.

Las narraciones de la creación del hombre y la mujer que aparecen en el Génesis (Génesis 1:26-31; 2:4-25) nos dicen lo siguiente: "Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó." (Génesis 1:27). La palabra "crear" se utiliza aquí tres veces enfatizando un momento culminante dentro del proceso de Dios, haciendo al mundo y todo lo que éste contiene. Al hombre y a la mujer se les concede "dominio" sobre todo lo demás en el mundo visible.

Ni siquiera el pecado original quita de los seres humanos la imagen de Dios. Santiago se refiere a esta imagen, diciendo que debido a ella ni siquiera deberíamos hablar mal los unos de los otros. "Con ella (la lengua) bendecimos a Dios Padre, y con ella maldecimos a los hombres hechos a imagen de Dios...Hermanos, no puede ser así." (Santiago 3:9-11).

¡La imagen de Dios! ¡Esto es lo que significa ser un ser humano! No somos unas simples células que han sido unidas al azar por unas fuerzas impersonales, ajenas a nosotros. Más bien, reflejamos auténticamente a un Dios eterno que nos conocía antes de que fuésemos hechos, y que nos llamó a la existencia.

En los Salmos "¿quién es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo de Adán para que de él cuides?...coronándolo de gloria y grandeza; le entregaste la obra de tus manos" (Salmo 8:5-7). Es ahí en donde está la clave. Dios no sólo nos hizo, sino que nos valora. La Biblia nos habla de un Dios que está locamente enamorado de nosotros, hasta el punto de que se convirtió en uno de nosotros e incluso murió por nosotros, mientras que nosotros le seguíamos ofendiendo (ver Romanos 5:6-8). Frente a esto, ¿podemos decir que los seres humanos son desechables, como un carro, que son más los problemas que causa que lo que vale? "Dios no hace basura."

Quien cree en la Biblia, tiene que creer que la vida humana es sagrada.

2) La Biblia enseña que los niños son una bendición.

Dios ordenó a nuestros primeros padres: "Sean fecundos y multiplíquense" (Génesis 1: 28). ¿Por qué? Dios mismo es fecundo. El amor siempre desemboca en la vida. Cuando la primera madre trajo al mundo al primer niño, exclamó: "Gracias a Yahveh he podido tener un hijo" (Génesis 4:1). La ayuda del Señor es esencial, ya que El tiene dominio sobre la vida humana y el origen de ésta. Los padres cooperan con Dios en traer una nueva vida al mundo. Debido a que todo este proceso está bajo el dominio de Dios, es un pecado interrumpirlo.

El profeta Amós condena a los amonitas, "Porque ellos al extender sus dominios abrieron el vientre de las mujeres encintas de Galaad" (Amós 1:13). "Son los hijos regalo del Señor, es el fruto del vientre premio suyo" (Salmo 127:3).

3) La Biblia enseña que el niño en el vientre es un niño verdaderamente humano, quien tiene incluso una relación con el Señor.

La frase "quedó embarazada y dio a luz" es utilizada en repetidas ocasiones (ver Génesis 4:1,17), y el individuo tiene la misma identidad tanto antes como después del nacimiento. "Pecador desde el seno de mi madre" expresa el salmista arrepentido en Salmo 51:7. La misma palabra es utilizada para el niño antes y después de nacido (Brephos, es decir, "niño," es utilizada en Lucas 1:41 y en Lucas 18:15).

Dios conoce al niño no nacido. "Me tejiste en el seno de mi madre...mis huesos no escapaban a tu vista cuando yo era formado en el secreto" (Salmo 139:13,15). Dios, además, ayuda y llama al ni o no nacido. "Me entregaron a Ti apenas nacido, Tú eres mi Dios desde el seno materno" (Salmo 22:11). "Hasta que me llamó por su mucho amor el que me había elegido desde el seno de mi madre" (Gálatas 1:15).

4) La Escritura en repetidas ocasiones condena la matanza de los inocentes.

Esto fluye de todo lo que, hasta el momento, se ha visto. El dedo mismo de Dios escribe sobre piedra el mandamiento "No matarás" (Exodo 20:13; Deuteronomio 5:17) y Cristo lo reafirma (Mateo 19:18 -notar que El primero menciona este mandamiento). El Libro del Apocalipsis afirma que los asesinos no pueden entrar en el Reino de los Cielos (Apocalipsis 22: 15).

La matanza de niños es condenada por Dios de manera particular a través de los profetas. En la tierra que Dios dio a ocupar a su pueblo, las naciones extranjeras tenían la costumbre de sacrificar en el fuego a algunos de sus niños. Dios dice a Su pueblo que ellos no deben tomar parte en este pecado. Sin embargo, sí lo hicieron, según lo narra el Salmo 106: "Sino que se mezclaron con ellos y los imitaron...Sacrificaron a sus hijos e hijas a los demonios. Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos e hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán; la tierra quedó manchada de sangre" (Salmo 106:35, 37-38).

De hecho, este pecado de sacrificio de niños es mencionado como una de las principales razones por las cuales el Reino de Israel fue destruido por los asirios, y su gente llevada al exilio. "Sacrificaron a sus hijos e hijas por el fuego...entonces Yahveh se enojó muchísimo y los arrojó lejos de su presencia" (2 Reyes 17:17-18).

Ni tan siquiera por la "libertad religiosa" puede ser tolerada la matanza de niños.

5) La Biblia enseña que Dios es un Dios de justicia.

Un acto de justicia es uno de intervención a favor de los indefensos, un acto de defensa para aquellos que son demasiado débiles para defenderse a sí mismos. Al predecir al Mesías, el Salmo 72 dice: "Florecerá en sus días la justicia...pues librará al mendigo que reclame y al pobre que no tiene quién lo ayude" (Salmo 72:7,12). Jesucristo es nuestra justicia (1 Corintios 1:30) porque El nos rescató del pecado y de la muerte cuando no teníamos a nadie que nos ayudara (ver Romanos 5:6; Efesios 2:45).

Si Dios hace justicia por Su pueblo, espera que éstos hagan justicia los unos por los ostros. "Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes" (Lucas 6:36). "Vete tú y haz lo mismo" (Lucas 10:37). "Entonces, todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos" (Mateo 7:12). "Que se amen los unos a los ostros" (Juan 15:17).

El aborto es totalmente contrario a estas enseñanzas. Es la justicia trastornada, invertida, puesta al revés. Es la destrucción de los indefensos en lugar de ser su rescate. Si el pueblo de Dios no interviene para salvar aquellos cuyas vidas están siendo atacadas, no están ni agradando ni adorándolo a El.

Dios, a través de Isaías dice: "¿Por qué vienen a profanar mi templo? Déjense de traerme ofrendas inútiles...¡Ya no soporto más sacrificios y fiestas!...Cuando rezan con las manos extendidas, aparto mis ojos para no verlos; aunque multipliquen sus plegarias, no las escucho, porque hay sangre en sus manos. ¡Lávense y purifíquense!...aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y defiendan a la viuda" (Isaías 1:12-17).

En verdad, aquellos que dicen adorar a Dios, y apoyan el aborto, están cayendo en la misma contradicción que condena el profeta y necesitan escuchar el mismo mensaje.

Cuando se trata de la dignidad humana, Cristo borra toda distinción. San Pablo declara: "Ya no hay diferencia entre quién es judío y quién es griego, entre quién es esclavo y quién es hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno sólo en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28).

De ese mismo modo, nosotros podemos decir: "No hay ni nacido ni no nacido." El usar esta distinción como base para la valoración de la vida y de la protección que uno merece, no tiene sentido y constituye una ofensa para todo lo que la Escritura enseña. El niño no nacido es el grupo más rechazado y discriminado de nuestra sociedad. Cristo mismo de seguro ha de tener un amor especial hacia ellos.

7) La Escritura nos enseña a amar.

San Juan nos dice: "Pues se les enseñó desde el principio que se amen los unos a los otros. No imitemos a Caín, que mató a su hermano..." (1 Juan 3:11-12). El amor es el contraste directo de la matanza. Quitarle la vida a otro es romper con el mandamiento del amor. Fallar en ayudar a los que se encuentran en necesidad y en peligro es también fallar, en amar.

Cristo nos enseña esto, claramente, en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37), en la historia del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19-31), y en muchos ostros lugares.

Ningún otro grupo de personas se encuentra en mayor peligro que los niños y  niñas dentro del vientre materno. "Cuando alguien...viendo a su hermano en apuros le cierra el corazón, ¿cómo permanecerá el amor de Dios en él?" (1 Juan 3:17).

8) La vida es victoriosa sobre la muerte.

Este es uno de los temas más básicos de la Escritura. La victoria de la vida está predicha en la promesa de que la cabeza de la serpiente, a través de quién entró la muerte al mundo, sería aplastada (ver Génesis 3:15).

Isaías prometió: "Y así destruirá para siempre a la Muerte" (Isaías 25:8). En la escena del primer asesinato, la tierra "abrió su boca" para tragarse la sangre de Abel. En la escena de la victoria final de la vida, es la muerte misma la que será "destruida en esta victoria. Muerte, ¿dónde está ahora tu triunfo? ¿dónde está, muerte, tu aguijón?...Por eso demos gracias a Dios, que nos da la victoria por Cristo Jesús nuestro Señor" (1 Corintios 15:54-57).

El aborto es muerte. Cristo vino a vencer a la muerte, y por lo tanto, al aborto. "Yo, en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados" (Juan 10:10).

9) Jesús, no nacido, comienza la obra de la salvación y santifica a una madre y a su niño no nacido.

El evento mas impresionante de las Sagradas Escrituras que revela la dignidad del niño no nacido es el hecho de que Jesucristo mismo se encarnó en el vientre de María Santísima y vivió como niño no nacido.

Desde el vientre hace el primer milagro de gracia.  Ocurre en la visita de la Virgen Santísima a su prima Santa Isabel. Jesús, no nacido, comunica su gracia santificadora a Sta. Isabel y a su niño no nacido, San Juan Bautista.

Lucas 1:41 "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo", Sta. Isabel como respuesta bendice a la Virgen y a Jesús: Lucas 1:42  "y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno", Sta. Isabel además reconoce que el bebé no nacido que vive en María es su Señor.

Lucas 1:43-44  "y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.", La Iglesia, fiel a Jesucristo, siempre ha proclamado que la vida humana es sagrada desde el momento de la concepción.  Es por eso que condena el aborto como un gravísimo pecado contra el Quinto Mandamiento: "No Matarás". 

e.- Quinto Mandamiento: No Matarás[3]

Esquema del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el V Mandamiento.

1) Antiguo Testamento: "No matarás" (Exodo 20,13)

2) Nuevo Testamento: "Habéis oído decir que se dijo a los antepasados: "No matarás"; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal. (Mt. 5, 21-22).

La vida humana es sagrada porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin", Solo Dios es Señor de la vida desde el comienzo hasta su fin. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser inocente[4]

El Aborto, La vida humana comienza en la concepción; desde la concepción todos somos personas y tenemos el derecho a la vida.

Aborto provocado es matar, La cooperación formal a un aborto es una falta grave. El aborto incurre excomunión.

La condenación del aborto ha sido la enseñanza invariable de la Iglesia desde el primer siglo: "No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido" (Didajé, 2,2)

La vida, aun del no nacido, es un derecho inalienable: Es un derecho no subordinado ni a los padres ni a la sociedad ni a la autoridad civil.  Deber por tanto ser un elemento constitutivo de la sociedad civil y su legislación.  El estado tiene obligación de poner su poder al servicio de los derechos de todos, particularmente los más débiles. Cuando esto falta se quebrantan los fundamentos del estado de derecho.

Hoy se hacen diagnósticos al bebé y si se le encuentra algún defecto se le da pena de muerte. Se producen embriones humanos para ser explotados como "material biológico".   Estas prácticas son criminales aunque sean aprobadas por la ley civil.

f.- La posición de la Iglesia Católica ante el aborto.

La preocupación del cristiano en el asunto del aborto es triple: por el bebé, por la madre y por la sociedad.

En la Biblia no aparece escrita la palabra "aborto" como tal. Sin embargo esto no significa que Dios guardara silencio sobre el verdadero valor de la vida. Antes que David naciera, Dios ya lo consideraba como persona, como podemos ver en el Salmo 139:13-15: "Porque tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre. No se te ocultaban mis huesos cuando secretamente era formado y en el misterio era plasmado". Está dicho implícitamente aquí que la vida humana comienza con la concepción. Dios le habla más directamente a Jeremías, demostrando que considera al niño en el útero una persona (Jeremías 1-4,5): "Vino pues, la palabra del Señor a mí, diciendo: antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué."

En su Carta Encíclica Evangelium vitae, el Papa Juan Pablo II habla sobre la "libertad perversa", es decir, aquella que nos da "poder absoluto sobre los demás y en contra de los demás". De esta libertad resulta una "cultura de la muerte". Juan Pablo II se preocupa por nosotros ya que "grandes sectores de la opinión pública justifican ciertos crímenes contra la vida en nombre de la libertad individual". Esta "libertad perversa" nace de una concepción de la libertad que "exalta al individuo aislado de forma absoluta y no da cabida a la solidaridad ni a la apertura y el servicio hacia los demás. Cuando un individualismo extremista se interpreta como libertad, el resultado es la "cultura de la muerte".

Pese a todo, Juan Pablo II no margina ni discrimina a las mujeres que han abortado: más bien les ofrece palabras de aliento y de perdón en esta misma Encíclica: "Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no perdáis la esperanza. (…) Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación."

g.- La posición de la Iglesia Protestante ante el aborto.

La Iglesia Protestante basa su entendimiento de la naturaleza de los seres humanos en la Biblia, que revela que Dios creó el Universo, el mundo, y todas las cosas vivientes (Génesis 1:1; 1:11; 1:21; 1:25). Los seres humanos son la forma más alta de la actividad creativa de Dios, y Él es intencional tanto en su creación como en su destino. "Hagamos al hombre a nuestra imagen,...Y creó Dios al hombre a su imagen,... varón y hembra los creó" (Génesis 1:26,27). "Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7)[5].

Al hacer a los seres humanos a su imagen, Dios los puso sobre todo los otros seres vivientes en la tierra. La "imagen de Dios", que requiere ambos sexos para una expresión completa, significa que el hombre y la mujer son seres personales y espirituales, tanto racionales como relacionales, destinados a tener compañerismo eterno con su Creador personal. Aunque corrompida cuando los primeros humanos cayeron en el pecado (Génesis 3; Romanos 5:12), la imagen de Dios todavía es intrínseca en la naturaleza humana (Génesis 9:6), asegurando que hombres y mujeres son capaz de responder moralmente a su Creador. La creación a la imagen divina no sólo es una expresión del valor incalculable que Dios pone sobre la vida humana, sino también significa que Dios tiene poder soberano sobre la vida. Él es el dador y sustentador de la vida; solo Él tiene el poder para determinar su principio y su fin[6]

La nobleza de los seres humanos se ve en el divino mandato: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Génesis 1:28). Superiores a cualquier otra forma de vida, los humanos deben asumir una posición de custodios responsables de la tierra.

Toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte, entonces debería ser valorada, respetada, nutrida, y protegida. Toda vida humana se ha de vivir en obediencia a Dios y su Palabra. La Biblia describe un orden moral bajo el cual cada persona es responsable. Al fin de la vida, cada persona comparecerá ante Dios para dar cuentas de sus acciones. "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2 Corintios 5:10). Por esta razón, los seres humanos son responsables de traer la luz de la Palabra de Dios a las decisiones respecto de la defensa de la vida. Con este propósito, La Iglesia Protestante ofrece las siguientes perspectivas bíblicas:

1) Anticonceptivos.

Las Asambleas de Dios, al no encontrar ningún mandato bíblico claro, no tiene una postura oficial sobre el uso apropiado de anticonceptivos dentro del matrimonio heterosexual para el propósito de regular el número de hijos, determinar el tiempo de su nacimiento, o proteger la salud de la madre. Estos son asuntos de conciencia personal cuando las parejas devotas, en oración, buscan la voluntad de Dios acerca del crecimiento de sus familias. Aunque hay asuntos éticos importantes en la decisión de tener una familia, la prevención del embarazo se entiende como una diferencia cualitativa de la terminación de un embarazo porque la esperma todavía no ha fertilizado el óvulo y la vida humana todavía no ha empezado. El mismo proceso biológico nos enseña que en el diseño creativo de Dios toda esperma u óvulo no está destinado a sobrevivir y unirse. No obstante, se debe recordar que algunos métodos comúnmente considerados anticonceptivos, tales como DIU y la pastilla para la mañana después, realmente son abortivos que terminan en vez de prevenir el embarazo. La Biblia enseña que en la institución del matrimonio, los hijos son una ordenanza divina tanto para cumplir los propósitos de Dios para la humanidad como para la repoblación de la tierra. El mandato a la primera pareja fue, "fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla" (Génesis 1:28). A través de las Escrituras, los hijos se consideran un don de Dios: "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre" (Salmo 127:3). Hay ciertas circunstancias cuando por muy buenas razones la pareja puede decidir no tener hijos. Sin embargo, el uso de anticonceptivos solamente para evitar las exigencias de la paternidad debe ser examinado en oración en términos de la pureza de sus motivos y las implicaciones personales del mandato divino.

2) Aborto.

La Iglesia Protestante ve la práctica del aborto como un mal que ha sido infligido sobre millones de bebés inocentes y amenazará a millones más en los años que vienen. El aborto es una alternativa moralmente inaceptable como anticonceptivo, control de la población, selección del sexo, y la eliminación de las discapacidades físicas y mentales. Ciertas partes del mundo ya están experimentando serios desequilibrios en la población como resultado del aborto sistemático de bebés femeninos. La promoción y práctica del llamado aborto del nacimiento parcial de bebés es particularmente cruel.

La responsabilidad sexual. La exigencia contemporánea del aborto frecuentemente viene de la práctica de la libertad sexual sin la responsabilidad correspondiente. Las Escrituras hablan muy claramente contra las relaciones sexuales antes del matrimonio o fuera del matrimonio, y declaran que tales prácticas son pecados (Éxodo 22:16; Hechos 15:20; 1 Corintios 6:9, 13, 18; Gálatas 5:19). Utilizar el aborto como un anticonceptivo sólo profundizará y agravará el pecado con la culpa resultante y aflicción emocional. La Iglesia Protestante afirma el mandato bíblico de la pureza y responsabilidad sexual que, cuando es obedecido, elimina muchas, si no todas, las situaciones en las que el aborto se considera necesario o deseable.

La importancia del aún no nacido. Las Escrituras regularmente tratan al niño aún no nacido como una persona bajo el cuidado de Dios.

- La Biblia reconoce que una mujer ha concebido aun en las primeras etapas del embarazo. Cuando la virgen María fue escogida para ser la madre de Jesús, un ángel le trajo este anuncio: "Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo (huios)" (Lucas 1:31). Después el ángel informó a María que su prima Elisabet estaba embarazada: "Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo (huios, "hijo") en su vejez" (Lucas 1:36). Las Escrituras están claras que en la etapa prenatal tanto Jesús como Juan el Bautista fueron reconocidos como varones mucho antes de su nacimiento. Además, Juan, antes de nacer, fue reconocido como un "bebé" (brephos) (Lucas 1:41,44). Es una palabra griega que se usa para los niños antes y después de nacer (cf. Hechos 7:19). La Biblia siempre reconoce al niño en la etapa prenatal de la vida y no sólo como un apéndice del cuerpo de la madre que se puede abortar cuando quiera.

Aun cuando el embarazo en los tiempos bíblicos era el resultado de una relación ilícita, la importancia y el valor de esa vida no era cuestionada. Las hijas de Lot intencionalmente se embarazaron por relaciones incestuosas (Génesis 19:36), y Betsabé dio a luz a Salomón después de una relación adúltera iniciada por el rey David (2 Samuel 11:5). En ninguno de estos casos se consideraba la vida de los bebés aún no nacidos como indigna o algo que merecía el aborto.

- La Biblia reconoce que Dios está activo en el proceso creativo de la formación de nueva vida. Acerca de Lea, la esposa de Jacob, las Escrituras dicen: "Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos... Y concibió Lea, y dio a luz un hijo" (Génesis 29:31,32). Cuando Job se comparó a sus sirvientes, él preguntó: "El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?" (Job 31:15). Reconociendo la imparcialidad de Dios, Job dice de Él: "¿Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni respeta más al rico que al pobre, porque todos son obra de sus manos?" (Job 34:19).

Dios habló por medio de Isaías: "Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob" (Isaías 44:2). Y otra vez: "Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo" (v. 24). David lo resumió: "Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas" (Salmo 139:13-16).

- La Biblia reconoce que Dios tiene planes para el niño aún no nacido. Solo Él sabe el potencial de esta nueva vida. Cuando Dios llamó a Jeremías a su ministerio profético, Él indicó que la ordenación era prenatal, cuando dijo: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones" (Jeremías 1:5). Cuando Zacarías el sacerdote estaba ministrando ante el altar de incienso, un ángel anunció que su esposa, Elisabet, daría a luz un hijo que se llamaría Juan. Allí fue revelado que Dios tenía planes específicos para este niño. Iba a ser el precursor de Jesús (Lucas 1:11-17).

- La Biblia reconoce que Dios es soberano en todas las cosas, incluida la calidad de vida de un niño aún no nacido. Cuando las personas rechazan a Dios, llegan a degradar la vida humana y la hacen relativa. Algunos son considerados dignos de vivir; otros, prescindibles. Quién sino Dios sabría si alguien que fue destruido en el holocausto hubiera descubierto una cura para el cáncer. Quién sino Dios sabría las bendiciones que hubieran traído para mejorar la calidad de la vida los millones de niños sacrificados antes de nacer. Cuando las personas se ponen en el lugar de Dios para determinar si una vida es digna de seguir – sea antes o después de nacer, están usurpando la soberanía del Creador.

También hay cosas que los humanos finitos no pueden comprender. Más altos son los caminos de Dios que los caminos del hombre. Hoy, cuando la tecnología médica frecuentemente hace posible saber cuando hay una discapacidad en un bebé no nacido, es importante que recordemos que todavía están bajo el amor y cuidado de Dios (Mateo 19:14-15).

3) Matar personas inocentes.

La Palabra de Dios es muy clara en cuanto a la terminación de una vida humana inocente. "No matarás" (Éxodo 20:13) no es sólo uno de los Diez Mandamientos, sino también un mandato moral a través de las Escrituras (cf. Mateo 18:19; Romanos 13:9). Moisés fue inspirado por Dios a incluir en las Escrituras una ley que se centra en la defensa de la vida de los niños aún no nacidos. "Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie" (Éxodo 21:22-24).

Se debe notar que el valor de la vida de la madre y del hijo es tanto que aun cuando no haya ninguna herida crítica o perdurable, los responsables son multados. Sin embargo, si la madre o el niño prematuro son heridos seriamente o mueren, entonces se aplican los castigos severos de la ley, posiblemente en este caso los que tratan con el homicidio involuntario (Éxodo 21:13; Números 35:22-25). Es claro que la vida del niño aún no nacido es preciosa, y aun una herida no premeditada causada a un niño aún no nacido es un crimen serio. La actitud de Dios en cuanto a la muerte de los inocentes es clara. Ninguno que tome la vida de otro está sin culpa, con la posible excepción bíblica de la pena de muerte administrada por el sistema de justicia (Génesis 9:6; Números 35:12), la muerte no intencional en defensa propia (Éxodo 22:2), o muertes causadas por policías o poderes de guerra debidamente constituidos (Romanos 13:4-5). Juan Calvino expresó el horror del aborto al comentar sobre Éxodo 21:22,23: "El feto, aunque encerrado en la matriz de su madre, ya es un ser humano, y es un crimen monstruoso quitar la vida a aquel que aún no ha empezado a disfrutarla. Si es peor matar a un hombre en su propia casa que en el campo porque la casa del hombre es su lugar de refugio, entonces seguramente debería ser más atroz destruir el feto dentro de la matriz antes de que haya salido a luz".[7]

4) La vida de la madre en peligro.

En estas situaciones cuando el embarazo severamente amenaza la vida de la madre, los cristianos, que valoran igualmente la vida de la madre como la del hijo, se encuentran en un dilema ético difícil. Si la diagnosis responsable confirma que el parto probablemente resultará en la muerte de la madre, la fe cristiana histórica normalmente ha favorecido la vida de la madre sobre la del niño aún no nacido porque la madre es una persona madura con una familia establecida y relaciones y responsabilidades en la sociedad. Sin embargo, las amenazas imprecisas sobre la salud física o emocional de la madre no pueden llegar a ser la excusa para poner en riesgo la vida del niño. Cualquier intervención necesaria tiene que tener la intención de salvar la vida de la madre, no la intención previa de causar la muerte del niño. Como en cualquier emergencia, en tales circunstancias los hijos de Dios deben orar ferviente y fervorosamente por la intervención divina. Al hacer esto, las personas implicadas tienen que evaluar en oración la diagnosis médica con la ayuda de doctores humanitarios y líderes devotos y hacer, responsablemente y con una conciencia clara, lo que probablemente será una decisión dolorosa. Los efectos emocionales y espirituales. Los abortistas pocas veces avisan a las mujeres embarazadas del posible impacto que el aborto pueda tener en su salud espiritual y mental. Mujeres desesperadas que se encuentran en situaciones muy penosas o inconvenientes como resultado de un amorío ilícito o un embarazo no planeado, y que frecuentemente son obligadas por amantes egoístas, familiares avergonzados, o ambos, son dirigidas a ver el aborto como una "solución rápida". Nada podría estar más lejos de la verdad. Las mujeres frecuentemente no saben que la depresión, la culpa, y la vergüenza las plagará por toda la vida. Aunque Dios puede perdonar, y sí perdonará y sanará el corazón quebrantado de los pecadores arrepentidos que se acerquen a Él para encontrar perdón, la realidad del acto nunca se puede deshacer y probablemente siempre será recordado con dolor y remordimiento.

5) Renuncia de violencia

Las leyes actuales prácticamente permiten el aborto libre, por lo menos en los primeros trimestres del embarazo y, en algunos lugares, permiten otras prácticas, como el suicidio asistido, que destruyen o ponen en peligro las vidas creadas a la imagen de Dios. La Iglesia Protestante cree fuertemente que tales leyes son inmorales y contradicen la ley de Dios. Se debe emplear todo medio legal para revocar los efectos de estas leyes y desmantelar las industrias que producen. Al mismo tiempo, se debe recordar que la ley sólo permite estos males. Nadie está obligado a participar en esta destrucción de la vida. Muchas personas libremente escogen hacerlo por razones de su propia comodidad, y tienen ciertos derechos legales que los cristianos no pueden abreviar. Además de aborrecer las leyes inmorales que permiten y protegen la destrucción de la vida, La Iglesia Protestante también denuncia las acciones violentas, rebeldes, y crueles contra los proveedores y los participantes en estos actos que destruyen la vida, a veces realizados por medio de personas que dicen ser cristianas. Los cristianos que procuran salvar vidas no pueden aumentar el mal dañando o eliminando más vidas.

h.- Las consecuencias del aborto.

Cada año, más de un millón y medio de mujeres se practican abortos. Eso significa que más de 4.000 niños aún no nacidos son matados legalmente cada día. Para mucha gente, el aborto es la decisión correcta. Pero a estas mujeres casi nunca les advierten los posibles efectos físicos y psicológicos producidos por el aborto.

Los posibles efectos físicos son: esterilidad, abortos espontáneos, embarazos ectópicos, nacimientos de niños muertos, trastornos menstruales, hemorragia, infecciones, shock, coma, útero perforado, peritonitis, coágulos de sangre pasajeros, fiebre/sudores fríos, intenso dolor, pérdida de otros órganos, muerte prematura.

Los posibles efectos psicológicos son: Intenso interés en los bebés, instintos maternales frustrados, odio a todos los que tuvieron algo que ver con el aborto, deseo de acabar la relación con su pareja, pérdida de interés en el sexo, incapacidad de perdonarse a sí misma, sentimiento de deshumanización, pesadillas, ataques, temblores, frustración, sentimientos de haber sido explotada, abuso de los niños.

El Sindrome post aborto -SPA- representa un cuadro patológico que comprende síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales, como consecuencia de un aborto. Los tres trastornos que se le presentan a la mujer son: depresión y sentimiento de culpa; agresión contra el padre del niño y contra la sociedad; alteraciones en la personalidad en forma crónica. Los síntomas que suelen presentarse son: síntomas de pesar y dolor; sentimiento de culpabilidad; agresividad; incertidumbre afectiva; interrupción abrupta del ciclo hormonal; la "conciencia biológica"; sentimiento de fracaso como madre y problemas relacionados, otros problemas. El S.P.A. no es muy conocido. Esto se debe a que las mujeres no mencionan en su historia clínica, su experiencia de aborto. Lo que el médico atiende entonces son las consecuencias psicológogicas del mismo. Si el conflicto ha provocado también síntomas físicos o psicolígicos, y el médico no investiga, se tiene que limitar a tratar los síntomas que la paciente le refiere. La sintomatología clínica aparece generalmente un ano después del aborto. Ante un caso de S.P.A., se debe adoptar una actitud terapéutica y comprensiva, y buscar ayuda en lo espiritual.

Conclusiones

1.- El embrión es considerado una persona individual, autónoma. Desde el momento de la fecundación, de la unión de los gametos, el cigoto que se forma contiene toda la información genética, base de su desarrollo.

2.- El desarrollo embriológico se caracteriza por la coordinación, la continuidad y la autonomía: todas las etapas de su desarrollo son importantes, una trae por consecuencia la otra y por lo tanto no se puede crear una línea divisoria entre las etapas, que son continuas. El recién concebido es autónomo, independiente, único en su especie y tiene auto movimiento.

3.- El aborto es la interrupción del embarazo. Existen varias razones por las cuales las mujeres se practican un aborto, pero ninguna es verdaderamente justificable.

4.- Existen personas que luchan contra el aborto, los conservadores, así como personas que lo promueven, los liberales. Existen además otras corrientes intermedias que aceptan el aborto en ciertas circunstancias.

5.- A pesar de todo no hay que olvidar que si se aborta, se está matando a un ser vivo, a una persona.

7.- El embrión humano tiene derechos, según lo establece nuestra constitución, además tiene un status moral y merece ser respetado. No puede ser instrumentalizado, ni utilizado para otros fines, ni manipulado: sus derechos como persona deben de ser respetados.

8.- Dios mismo afirma la existencia de la persona desde el momento de la concepción.

9.- Existen efectos físicos así como psicológicos consecuentes del aborto.

10.- El Síndrome post-aborto comprende síntomas físicos, psicológicos y espirituales. Aunque es poco conocido, sus efectos pueden ser desastrosos en la mujer que abortó. Ella tiene entonces que aceptarlo y buscar ayuda terapéutica así como espiritual lo más pronto posible.

11.- La Biblia ensena que todo ser humano es amado por el Creador, quien anhela tener una relación con cada uno. Cada persona finalmente tendrá que dar cuentas a El por cualquier acción que quito la vida, la salud, o la dignidad de otra persona.

Bibliografía

- Capítulo 9: "Bioética y aborto, Consideraciones para el Juicio Ético del Aborto Terapeútico", del Dr. Carlos Lara Roche.

- "El Inicio de la Vida Humana", Por Jerome Lejeune, catedrático de Genética Fundamental en la Sorbona. Discurso en la recepción del grado de doctor "Honoris caus" en Medicina por la Universidad de Navarra.

- "El síndrome post-aborto: Las consecuencias del aborto", Por Miguel Ángel Fuentes I.V.E. Curso de Especialización Bioética. Bases Teórico-Prácticas.

- "La Controversia del Aborto", Por Luna, Florencia y Sallen, Arleen. En Decisiones de vida y muerte: Eutanasia, Aborto y otros temas de Ética Médica. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2000.

- "Medicina y Ética en el Inicio del Ser Humano", Por el Dr. Luis Miguel Pastor García; Profesor Tutelar de Biología Celular. Facultad de Medicina. Universidad de Murcia.

- "Qué es la "cultura" de la muerte?" Por William A. Donahue.

- "Santa Biblia" versión Reina-Valera ©1960.

- "Síndrome Post-Aborto", Por Hernández Gálvez, Edgar, Médico y Cirujano, Psicólogo, Especialista en Psiquiatría y Psicología Moderna.

-

- http://www.positive.org/DiQueSi/aborto.html

 

[1] Padre Jordi Rivero

[2] P. Frank A. Pavone, Director de Sacerdotes por la Vida (Priests for Life)

[3] Padre Jordi Rivero

[4] Donun Vitae -cf Evangelium Vitae

[5] A menos que se indique lo contrario, todas las citas Bíblicas son de la Versión Reina-Valera 1960.

[6] La Biblia provee precedentes para la pena de muerte justamente administrada para los crímenes capitales, y también para los actos de defensa propia y policías o poderes de guerra debidamente constituidos (Génesis 9:6; Éxodo 22:2; Números 35:12; Romanos 13:4-5).

[7] Juan Calvino, Commentaries on the Four Last Books of Moses, trad. Charles William Bingham,

 

 

Autor:

Carlos Tovar

Partes: 1, 2


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