
Furiosas protestas contra Wall Street: ¿consiguieron algo?
George Orwell (autor de títulos fundamentales en la literatura de la primera mitad del siglo XX), de quien se cumple el 60 aniversario de su muerte, fue un declarado enemigo de los totalitarismos que denunció en obras como sus geniales "Rebelión en la granja" o "1984" y a los que también combatió como informador del gobierno británico a la caza del enemigo comunista.
"A Orwell se le llegó a conocer como "la conciencia de Inglaterra", no sólo por la famosa lista que redactó en 1949, tan sólo un año antes de su muerte, cuando ya estaba gravemente enfermo de tuberculosis, sino también por sus furibundas proclamas antihitllerianas y antistalinistas en las que muchos ven al más cercano antecesor de la airada generación "beat". Orwell o la lucha contra el totalitarismo (Gaceta.es - 15/1/10)
1984 fue publicada en junio de 1949. Seis meses después, el 21 de enero de 1950, hace ahora sesenta años, moría su autor. Puede considerarse, pues, esta obra como el testamento de ese escritor de personalidad inaprensible que fue George Orwell.
En un país imaginario, Oceanía, se ha hecho con el poder un partido único, el IngSoc (English Socialism),cuyo jefe supremo, el Gran Hermano, permanece invisible pero siempre vigilante en aras de imponer un régimen totalitario. El instrumento necesario para alcanzar tan perverso fin es un nuevo idioma, la neolengua (Newspeak). "Lo que se pretendía -explica Orwell- era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir un pensamiento divergente del IngSoc, fuera literalmente impensable, por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras".
El protagonista de 1984, Winston Smith, trabaja como funcionario del Ministerio de la Verdad en la elaboración del diccionario de la neolengua. Odiaba al Gran Hermano e intentaba llevar una doble vida con el fin de reservarse una parcela de intimidad, tanto en su vida afectiva como en lo moral o intelectual. O'Brien, un sagaz comisario político del Partido Único, comenzó a desconfiar de él al darse cuenta de que en sus trabajos se deslizaban, con demasiada frecuencia, expresiones prohibidas, propias de la "vieja lengua".
Finalmente, Winston será encarcelado y sometido a un duro y cruel proceso de reeducación, del que se encargará el malvado e inteligente O'Brien. En tu reintegración, dice O'Brien a Winston, debemos pasar por tres etapas: "Primero aprender, luego comprender y, por último, aceptar" (There is learning, there is understanding, and there is acceptance). Lo que el protagonista de 1984 debe comprender, para más tarde aceptar, es que el individuo no vale nada en sí mismo, que el ser humano es derrotado "siempre que está solo, siempre que es libre", y que para alcanzar la inmortalidad ha de "escapar a su propia identidad" y someterse plenamente a la voluntad del Gran Hermano. La inteligencia y el poder de O'Brien terminarán con la resistencia heroica de Smith, que, tras comprender, aceptará con lágrimas su derrota.
El testamento de George Orwell no pudo ser más pesimista: para sobrevivir en una sociedad en la que se ha matado el deseo de pensar, hablar y vivir libremente sólo cabe la rendición. George Orwell creó a Winston Smith y probablemente se identificó con esa lucha tan dolorosa como estéril de su protagonista por conservarse libre en un mundo que no lo es, por conservar su raciocinio y su individualidad en un país que ha renunciado a la libertad de expresión, donde el poder de un Gran Hermano y un poderoso partido de burócratas dirige el trabajo, la vida y la conciencia de una ciudadanía colectivizada.
Orwell, que en 1984 imaginó e ironizó, con una sobrecarga de pesimismo y amargura que se trasluce en todas las páginas de la obra, lo que llegaría a ser el mundo de continuar la ortodoxia política que reinaba en la Inglaterra de 1948, sabía que la colectivización de las conciencias se puede alcanzar con la imposición de un lenguaje apropiado. Para el célebre autor inglés, el régimen del IngSoc necesitaba la neolengua, no sólo para que sus habitantes tuvieran un idioma propio, sino para que, al final, triunfara el pensamiento único.
George Orwell tuvo el mérito de atreverse a criticar duramente el régimen soviético, por totalitario y liberticida, cuando hacerlo resultaba política e intelectualmente inaceptable. La descripción que hizo de la lucha fracasada de Winston Smith corresponde a los testimonios que, desde la aparición de Archipiélago Gulag, hemos ido conociendo de gentes que vivieron al otro lado del Telón de Acero, en países dominados por el estalinismo soviético. Por otra parte, Orwell fue de los pocos intelectuales de su época que alcanzó a comprender que la imposición de cualquier totalitarismo, de cualquier régimen liberticida, pasa por la colectivización de la sociedad, por la eliminación de todo ciudadano que pretenda reservarse una parcela de individualidad, que pretenda preservar su inteligencia y su afectividad de la imposición del pensamiento único.
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