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¿Las cosas son en realidad como las percibimos? (página 2)

Enviado por Lus ngel Ros Perea



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El presente texto, fundamentado principalmente en elementales, complejos y novedosos planteamientos filosóficos y científicos, nos llevará a través del apasionante y esclarecedor panorama de las cosmovisiones; nos mostrará la relatividad de las cosas; nos internará por el universo del conocimiento; nos permitirá explorar el complejo y amplio horizonte de la tan anhelada y esquiva verdad y sus criterios; nos facilitará saber qué es la razón y para qué sirve; nos acercará al bello arte de razonar correctamente por medio de la lógica; nos llevará por los intrincados campos de la ciencia; desarrollará y fortalecerá nuestro sentido crítico; nos maravillará con el mundo de las concepciones filosóficas sobre la realidad; nos invitará a revisar viejos paradigmas y a adoptar nuevos paradigmas; nos pondrá al tanto de las consecuencias de los nuevos planteamientos que fundamentan la realidad; nos informará sobre la nueva visión de la ciencia; nos ilustrará sobre la posibilidad de unificar teorías científicas sobre la comprensión del universo; nos alertará sobre el impacto de las revoluciones del conocimiento; nos ilustrará sobre la construcción de la realidad social; nos señalará cuál es la mirada de los jóvenes, y nos expondrá las expectativas y desafíos del nuevo milenio.

La persona que se aventure a explorar este ensayo encontrará la mejor recompensa a su esfuerzo: cambiar sus paradigmas y romper los esquemas que le condicionan su forma de interactuar con la cotidianidad más allá del mundo que le rodea. Su mirada sobre lo establecido y lo que nos condiciona se elevará por encima de dogmas y prejuicios, para abrirse paso en el vasto horizonte de nuevas y revolucionarias concepciones de la realidad que posibilitarán una auténtica manera de vivir libre y autónomamente.

La elaboración de este texto se logró gracias al valioso aporte de muchos libros, revistas, artículos, ensayos, conferencias, reflexiones, Revista Muy Interesante, Enciclopedia Microsoft Encarta, www.monografías.com y otras páginas de la Red de Información (Internet).

Como este modesto texto no tiene ningún interés comercial ni mercantilista, he tenido la osadía de "adueñarme" de ciertas frases y párrafos de algunos de los libros, revistas y páginas de la Red consultados, sin haber tenido la "delicadeza" de citar a sus autores, pero sí la resuelta intención de agradecer profundamente y ofrecer mis sinceras excusas a éstos, pues no pretendo "dármelas" de original ni de investigador exhaustivo

¡Oh confusión! ¡Oh caos! ¡Quién pudiera

del sol de la verdad su lumbre austera

y pura en este limbo hacer brillar!

De lo cierto y de lo incierto, ¡quién un día,

y del bien y del mal, conseguiría

los límites fijar.

Rafael Núñez

La realidad está ante todos, es el mismo drama, la misma caravana de dolores conocidos y de alegrías inesperadas. Pero no todos perciben el espectáculo de la misma manera, no todos interpretan los hechos de igual forma. Historia personal, posición de clase, nivel cultural, formación académica, todo esto condiciona qué realidad vemos y cómo valoramos lo que vemos.

Augusto Ramírez

Las Cosmovisiones (los ojos con que vemos el mundo)

Con frecuencia nos asaltan dudas sobre cómo son, cómo deben o cómo deberían ser las cosas, y qué paradigmas, verdades o creencias tenemos sobre éstas. Un paradigma es un conjunto de normas que permiten la conformación de modelos; un prototipo, figura didáctica que sirve para representar de un modo concreto un trabajo mental; esquema formal en que se organizan las cosas. Paradigma es el término que define un modelo concreto de realidad social y cultural en un espacio y en un tiempo determinado. Los paradigmas son pues un conjunto de valores costumbres y técnicas que determinan las pautas y creencias del grupo social, aquí y hasta ahora. Lo que es verdad es que la época en la que vivimos se caracteriza por un cambio en los paradigmas... es pues tiempo de transición en el que se derrumban los ya obsoletos esquemas, donde se caen los de pronto viejos modelos, cuando se terminan las antiguas estructuras. Emergen en cambio nuevas formas de comprensión de la realidad. Los nuevos paradigmas definen la magnitud y la naturaleza del cambio que está sufriendo nuestra civilización. De acuerdo con la cosmovisión de las cosas y la forma de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, cada persona define y opina de ellas, y, por ende, tiene distintos paradigmas, verdades o creencias de éstas.

Una cosmovisión es un sistema de pensamiento mediante el cual fundamentamos o sustentamos determinadas posturas con relación a nosotros mismos, a los demás y al universo. Se puede definir también como el conjunto de conocimientos que vamos adquiriendo durante nuestra vida, que configuran en cada uno de nosotros la imagen general o universal de la realidad; una especie de idea o visión global del mundo, en la cual cada una de las ideas particulares de las cosas, como si fuera una pieza de un gran rompecabezas, se integra con las demás formando un conjunto armonioso.

Entendemos por cosmovisión la idea global que el hombre se forma del mundo en que vive, la cual le permite dar razón de sí mismo y de cada uno de los seres que integran su mundo. Una cosmovisión, igualmente, se define como aquella forma estructurada de conocer y comprender la realidad total en que predomina una determinada actividad psíquica y una especial actividad vital. Una cosmovisión es una concepción del cosmos que, en un sistema coherente de puntos de vista sobre el mundo (naturaleza, sociedad y pensamiento), influye de manera fundamental en la actividad del hombre. Es ella la que nos permite encontrarle sentido a la fría y muda objetividad de los seres humanos; por ella las cosas se convierten en posibilidades, cobran sentido e interés para nosotros.

Todas las personas tienen una concepción del mundo, sólo que en unas se forma de manera espontánea y en otras se va formando conscientemente, tratando de comprender la vida de la sociedad y la propia, su actitud ante el mundo mediante el estudio de las ciencias concretas y la filosofía. El carácter de la concepción del mundo es determinado en última instancia por el nivel de desarrollo social, por el estado de la ciencia y de la instrucción. La concepción del mundo de un hombre de la época antigua o feudal se diferencia fundamentalmente de la de un miembro de la sociedad capitalista, y más aun de la socialista. Pero al mismo tiempo la concepción del mundo de personas que viven en la misma sociedad es muy distinta. Las ideologías, la religión, la ciencia y las doctrinas políticas también influyen en la concepción del mundo.

Existen diversas cosmovisiones del universo, del mundo o de la realidad (estética, científica, filosófica y religiosa), y aunque cada una de ellas es suficientemente diferente a las demás, ninguna puede aislarse. Los planteamientos sobre el hombre y el universo resultan diferentes desde cada una de ellas. Cada una posee su propia forma de responder a los grandes interrogantes que preocupan al hombre. A veces los planteamientos de estos modelos cosmovisivos están de acuerdo o se complementan. Pero muchas veces se oponen, sin que resulte posible poner de acuerdo a los defensores de una o de otra. Frente a todas estas cosmovisiones, el ideal no consiste en elegir la que nos parezca más provechosa y desechar las demás, sino integrar lo más valioso de todas; única forma de superar las limitaciones de cada una. Quien no logre integrarlas y mirar el universo a través de cada una de ellas, se complicará la existencia y será incapaz de relativizar la verdad.

La cosmovisión artística o estética se caracteriza por abrirse sin barreras al orden sentimental de los valores de la vida y a la observación y comprensión del universo a través de la belleza o de las formas armónicas y agradables a los sentidos. La cosmovisión científica hace hincapié en el logro de objetividad y universalidad para el conjunto de sus conocimientos obtenidos por cuantificación y verificación. Pretende explicar el mundo partiendo de las experiencias científicas. La ciencia se centra en la experimentación, busca la objetividad. Carecen de interés para ésta las explicaciones que no puedan ser comprobadas con todo el rigor de sus propios métodos. La cosmovisión filosófica, que es la más amplia de las cosmovisiones, pretende conocer la razón y las relaciones profundas y permanentes de cada ser y de la totalidad de los seres. La filosofía pretende encontrar el sentido que tienen los seres para el hombre, apoyándose en la razón. La cosmovisión religiosa estructura la captación de la realidad haciéndola pasar a través del prisma de relaciones volitivas (que se relacionan con la voluntad) con seres sobrenaturales.

La religión pretende explicar el mundo mediante fuerzas sobrenaturales. La religión es el conjunto de creencias míticas o reveladas que se aceptan como la explicación verdadera de la realidad, por pura fe, sin necesidad de verificación o comprobación alguna. Es una orientación del hombre hacia lo sagrado. El mito y la revelación le confieren su fundamento. El mito es una afirmación o narración fantástica de algún acontecimiento trascendente en el que intervienen fuerzas sobrenaturales. Es la forma de expresarse que tiene la vivencia religiosa. El mito es una "historia sagrada" elaborada por el hombre primitivo para explicar su realidad, el origen del mundo, animales, plantas y el hombre, transmitidas de generación en generación, en donde los protagonistas son seres divinos. Se caracteriza porque trata de explicar la realidad; es un relato fantástico; surge de la invención y la imaginación del hombre primitivo; es tradicionalista (se transmite de generación en generación); por lo general narra el origen del hombre, del universo y otros interrogantes; puede tener tres bases: hecho real, histórico y filosófico; tiene un sentido simbólico; nace con el advenimiento de un pueblo para explicar su origen; relata siempre hechos muy antiguos desde los inicios de la vida de un pueblo; los protagonistas de un mito son seres sagrados o dioses; narra siempre hechos relacionados con la divinidad; y trata de los secretos divinos o del poder de los dioses. Para la religión existe un hecho básico: el hombre mantiene una relación de dependencia con seres sobrenaturales, que configuran el ámbito de la divinidad. En el mundo de lo divino, al cual sólo tenemos acceso por la fe, según la cosmovisión religiosa, encuentran su respuesta los interrogantes fundamentales del hombre.

Debido a que somos herederos de la tradición medieval, profundamente religiosa, la gran mayoría sólo ve la realidad a través de la cosmovisión religiosa, con algunas consecuencias para la construcción de un proyecto de vida bueno, debido a que la religión contiene ciertos elementos alienadores y masificadores. Sólo quien ha estudiado con sentido crítico la religión, podrá sacar provecho de ésta para su espiritualidad, sin que se convierta en un hombre del rebaño.

Las cosmovisiones se relacionan con las representaciones o modelos del mundo. Cada persona tiene una representación del mundo en el cual se desenvuelve. Esta representación es la que se denomina "modelo del mundo", el cual genera conductas de acuerdo a la representación que tengan los individuos. Las representaciones mentales que cada individuo tiene dependen de sus experiencias, vivencias, cultura, fisiología, entre otras. Cada persona tiene un modelo o mapa del entorno en el cual se desenvuelve, es decir, el modelo del mundo para cada individuo es diferente. Esto depende de sus limitaciones sociales, individuales y neurológicas.

Las personas bloquean su capacidad de percibir alternativas y posibilidades que se le presenten para la solución de sus problemas, debido a que éstas no están presentes en sus modelos del mundo. Existen individuos que atraviesan períodos de cambio con facilidad, los vivencian como periodos de creatividad. Otros, lo viven como etapas de terror y sufrimiento. Esto significa que existen personas con una representación o modelo rico de su situación, en el que perciben una amplia gama de alternativas entre las cuales pueden escoger acciones posibles. Para otras personas, las opciones son poco atractivas. Juegan a perder.

La diferencia está en la riqueza de sus modelos. Unos mantienen un modelo empobrecido que les origina dolor y sufrimiento ante un mundo lleno de valores, rico y complejo. Estas personas eligen lo mejor dentro de su modelo particular. Su conducta cobra sentido dentro del contexto de las alternativas generadas en su modelo. Las personas que no tienen suficientes alternativas carecen de una imagen rica y compleja del mundo.

El universo se presenta al hombre como un enigma que jamás se descifra en su totalidad. Su mundo se va formando como una acumulación de impresiones y experiencias cada vez más perfectas y complejas. La repetición de experiencias semejantes, unida al propio temperamento, da lugar a la formación de diferentes temples de ánimo frente a la vida, que se definen y modifican de acuerdo al curso de ésta. Así, encontramos diferentes temples de individuos: unos viven más apegados a lo concreto, a lo sensible, disfrutando el vivir cotidiano; otros fijan su mirada y sus impulsos en metas sublimes y lejanas que les hacen vivir en la esperanza; hay quienes se satisfacen plenamente con las cosas de la tierra y quienes son optimistas frente al mundo y quienes se enfrentan a él con pesimismo o desconfianza.

El hombre, a través de sus actividades psíquicas (inteligencia, sentimiento y voluntad), conoce la realidad por su inteligencia, la valora afectivamente por el sentimiento y se conduce en ella por la voluntad. La melancolía, por ejemplo, nos muestra el mundo al revés; así perdemos el sentido de lo interno y de lo externo. El melancólico, fuertemente subjetivo e irreflexivo, resiste a la lógica, porque ningún argumento conseguirá convencerlo de que ese estado es imaginario o transitorio. La presencia de los demás se convierte en ausencia. El depresivo, así mismo, se pregunta si son los problemas de la vida diaria los que producen la sensación de depresión o si, por el contrario, es la sensación de apatía y desgana la que conduce a los problemas cotidianos. Un neurótico, igualmente, percibe la realidad alterada, ya que la neurosis genera un desorden crónico de personalidad que produce una visión distorsionada de la vida y una actitud distorsionada ante ella. Un esquizofrénico altera su contacto con el mundo exterior, se instala en su autismo, vive en un mundo fantástico y utópico, producto de su ensoñación; sus deseos no tienen relación con la realidad, se hace impenetrable, indiferente, y pierde todo sentido práctico. Un enajenado mental o loco tiene una forma muy particular de vivenciar la realidad, debido a que la locura es un estado en que la persona pierde la prueba de realidad, se aleja de los patrones del aquí y del ahora, no puede distinguir lo interno de lo externo y, en forma irreversible, se aleja del principio consensual de realidad. Según el filósofo francés Blas Pascal, el pensamiento, que es nuestra verdadera y definitiva vocación, se ve ofuscado por innumerables enemigos: la imaginación, "maestra del error y la falsedad"; las enfermedades, que nos impiden construir un juicio recto, y la cotidiana tendencia a vivir en tiempos que no son nuestros.

John Grinder (Psicolingüísta) y Richard Bandler (Matemático, Psicoterapeuta, Gestaltista), con fundamento en el constructivismo, sostienen que el ser humano no opera directamente sobre el mundo real en que vive, sino que lo hace a través de mapas, representaciones, modelos a partir de los cuales genera y guía su conducta. Estas representaciones, que además determinan el cómo se percibirá el mundo y qué elecciones se percibirán como disponibles en él, difieren necesariamente a la realidad a la cual representan. Esto es debido a que el ser humano al transmitir su representación del mundo tiene ciertas limitaciones, las cuales se derivan de las condiciones neurológicas del individuo, de la situación social en que vive y de sus características personales.

Cada persona tiene una representación del mundo en el cual se desenvuelve. Esta representación es la que se denomina "modelo del mundo", el cual genera conductas de acuerdo a la representación que tengan los individuos. Las representaciones mentales que cada individuo tiene dependen de sus experiencias, vivencias, cultura, fisiología, entre otras. Cada persona tiene un modelo o mapa del entorno en el cual se desenvuelve, es decir, el modelo del mundo para cada individuo es diferente. Esto depende de sus limitaciones sociales, individuales y neurológicas.

Si preguntamos, por ejemplo, "¿qué es la realidad?" a una persona sin una sólida formación académica, a un científico y a un filósofo, tendremos respuestas diferentes. La primera, que por lo general tiene una cosmovisión religiosa y acude al sentido común, ingenuamente contestará que la realidad es todo aquello que nos rodea: personas, animales y cosas. Su saber se reduce a señalar las cosas y sus fenómenos interiores y exteriores, indicando las causas aparentes. Su explicación de la realidad será una explicación empírica, mediante la cual dirá que las cosas pasan de este o de aquel modo, sin poder decir por qué pasan. El científico responderá que la realidad es la naturaleza, incluyendo el hombre y sus creaciones. Su saber no se limita a señalar las cosas y sus fenómenos, sino que además las explicará separadamente en función de sus causas inmediatas. Su explicación será una explicación científica, mediante la cual dirá por qué suceden las cosas cuyas leyes ha establecido. Su opinión será crítica, porque examina y comprueba las aportaciones de los sentidos para poder determinar su verdadero valor. El filósofo dirá que el universo, el hombre y la cultura constituyen la realidad. Trata de explicar la realidad por sus causas primeras dentro del orden natural. Su respuesta es producto de la reflexión fundamental y sistemática. Busca establecer las causas iniciales, elaborando por medio de la reflexión un sistema que comprenda la explicación total de la realidad, que diga por qué ha sucedido todo.

Los seres humanos adquirimos en el transcurso de nuestra existencia una serie de nociones acerca del mundo que nos rodea. Permanentemente estamos confrontando nuestras experiencias con nuestro caudal interior de convicciones respecto de las características del mundo exterior. Muchas de esas convicciones son erróneas ya que están basadas en prejuicios, prenociones, temores, supersticiones, costumbres, mitos y leyendas. Rara vez nos preocupamos por comprobar si nuestras ideas acerca de las cosas se ajustan a hechos sobre los cuales no podamos tener duda. Incluso cuando ponemos a prueba algunas de nuestras ideas o convicciones, la realidad nos demuestra que nuestras creencias son equivocadas. Entonces suele suceder que nos cuesta mucho convencernos de que no teníamos razón, de que no estábamos en lo cierto; a menudo las mantenemos aun a sabiendas de que no son verdaderas o que existe una alta probabilidad de que no lo sean.

El rasgo quizá más característico de la raza humana es que vive y crea sus propias condiciones de vida a través de un proceso de transformación del mundo, al mismo tiempo que va construyendo representaciones mentales de él. Tales representaciones mentales van reflejando de una manera variable, cambiante, las diversas formas que adopta la vida social y natural. "Nos encontramos incluso con hombres de inteligencia indudable que mantienen ciertas opiniones acerca de asuntos determinados, las cuales les fueron inculcadas durante su niñez por niñeras o mozos de cuadra. Y hasta los últimos momentos de nuestra adolescencia, o aún después, seres queridos y admirados, cuyas palabras se imprimen irresistiblemente sobre nuestras mentes, logran hacer generar en nosotros creencias que la razón no osa examinar, y que aunque estén en desacuerdo con el resto de nuestras opiniones, persisten junto a éstas, sin que nunca advirtamos la contradicción entre los dos sistemas de pensamientos", precisa Aldous Hexley en su novela Mi tío Spencer.

La relatividad de las cosas

La concepción de las cosas es relativa para cada uno, ya que si tenemos diferentes cosmovisiones de la realidad o de nuestro entorno, para muchos las cosas son para cada cual lo que cada cual quiera pensar de ellas, tal como lo conciben los sofistas. No es que un hecho sea intrínsecamente abrumador; si lo es o no lo es depende de cómo la persona lo interpreta. Así, no son los problemas los que nos afectan sino la forma como los enfrentamos. Lo que realmente nos atemoriza y desconsuela no son las cosas ni los acontecimientos en sí mismos, sino la forma como pensamos de ellos. No son las cosas las que nos perturban, sino la forma como interpretamos su importancia.

Un hecho determinado puede ser percibido como una amenaza, un desafío o un alivio, según las circunstancias, actitudes y recursos del individuo. Todo acto se define a través de la forma en que lo interpretamos. Lo que constituye la delicia de los niños que viajan dentro de un vehículo, aburre al conductor; lo que es una rutina habitual para las viejas campesinas, llena de terror a un habitante de las grandes ciudades.

Ser incapaz de ver de la naturaleza más de una cara es similar a vivir bajo la sombra del sueño perforada por un solo rayo de luz. Cada uno de nosotros está centrado en su propio ser y contempla el mundo desde una posición estratégica las cosas cambian sin cesar, de modo que siempre vamos encontrando situaciones nuevas.

De acuerdo con el punto de vista de los antiguos egipcios, como el universo es mental, los problemas sólo están en nuestra mente. "Como cada uno es, tal es su vida. Uno es lo que piensa que es", sostiene el principio del denominado Mentalismo. Somos, junto a lo que nos rodea, formas pensantes: un universo pensante, en el que nos proyectamos en espacio y tiempo. Las cosas y las personas no son lo que deseamos que sean ni lo que aparentan ser; son lo que son. Según el principio de identidad, una cosa es lo que es y no otra. Sin embargo, una cosa, en algunas circunstancias, pueden ser dos. Por ejemplo, la salida es a su vez una entrada; salida para el que está adentro y entrada para el que está afuera.

En la concepción diversa de las cosas, algunos consideran que en este mundo no hay abismo entre el ideal y la realidad; no hay separación entre lo que uno quisiera ser y lo que es, entre lo que mi conciencia moral quiere que uno sea y lo que la flaqueza humana en el campo de lo fenoménico hace que sea. La característica de la vida moral, concreta, en este mundo fenoménico, es la tragedia, el dolor, el desgarramiento profundo, que produce en nosotros esa distancia, ese abismo entre el ideal y la realidad. Mundo fenoménico es lo que tenemos ante nuestros sentidos tal como está.

Opinamos de las cosas de acuerdo a cómo las percibamos, partiendo de nuestra posición como seres humanos. Las cosas pueden ser percibidas, interpretadas y sistematizadas, dependiendo de las circunstancias, tal como lo explican las siguientes situaciones:

Primera: "Animales inofensivos: el tigre, el león y la pantera; animales altamente peligrosos: la gallina, el ganso y el pato", decía una lombriz a sus hijos.

Segunda: Dos ciegos querían saber cómo era un elefante. Uno cogía al elefante por la pata y decía que era un árbol; el otro lo tomaba por la trompa y afirmaba que se parecía a una serpiente. Los dos estaban equivocados.

Tercera: ¿Quién aprende más de quién? ¿El estudiante del maestro, o el maestro del estudiante? "El estudiante", responderán algunos. Esto sólo es cierto a medias: el profesor aprovecha más las preguntas de sus alumnos, que éstos las preguntas de aquél. Por tanto, es el profesor quien está aprendiendo de los estudiantes.

Cuarta: Dos amigos se están despidiendo en una estación. El que se queda le dice al que se aleja: "Te estás alejando con el tren". A lo que el viajero responde: "No es cierto, eres tú el que se aleja con el andén. Yo estoy quieto aquí en el vagón del tren". Los dos están en lo cierto, tienen fundamento en sus afirmaciones. Es relativo asegurar quién se está alejando de quién. ¿Un poco complicado esto? La relatividad einsteniana lo explica… Más adelante veremos eso y más.

Quinta: Dos personas (una optimista y otra pesimista) se encuentran frente a una botella cuyo contenido está justo a la mitad de su capacidad. ¿Dirán que está medio llena o medio vacía? El optimista dirá que está medio llena y el pesimista dirá que está medio vacía.

Y la sexta (un poco compleja): Un hombre golpea con su puño una mesa dos veces en el mismo sitio. ¿En realidad habrá golpeado dos veces en el mismo sitio? ¡No! ¿Por qué? La sala donde está la mesa está sobre la tierra, y ésta se mueve en el espacio, girando sobre su eje y trasladándose alrededor del sol; el sistema solar también se mueve en el espacio… Los golpes fueron dados en dos lugares diferentes, ya que sólo podemos hablar del mismo sitio si lo hacemos con referencia a la sala donde está la mesa… ¿Un poco enredado? No se preocupen. La Teoría de la Relatividad de Einstein lo explica fácilmente. Ya veremos.

Séptima: Un esposo celoso sale de viaje. Como sabe que su esposa tiene un amante, le exige que cuando regrese lo espere en la estación, a la que se llega luego de atravesar un bosque donde vive un peligroso y cruel asesino. El día del regreso, la esposa, temerosa del asesino, le pide a su amante que la acompañe a la estación, pero éste se niega por temor a las reacciones de su rival. Entonces pide compañía a un policía, pero éste se niega pretextando que tiene que cuidar a los demás habitantes de la ciudad. Finalmente, acude a vecinos y a otras personas, obteniendo negativas por temor, insolidaridad o comodidad. La esposa decide irse sola para la estación, pero es asesinada en el bosque. ¿Quién es el responsable de su muerte? ¿El esposo celoso? ¿El amante? ¿El policía? ¿Los vecinos y demás personas? ¿La esposa infiel? ¡Ninguno de éstos! ¿Entonces quién? ¿Los celos del esposo? ¿La cobardía del amante? ¿Los pretextos del policía? ¿El temor, la insolidaridad o la comodidad de las personas? ¡Tampoco! ¿Entonces quién? ¿La mala conciencia de la esposa? ¿La inseguridad? ¡No! ¡El culpable es el asesino!

¿Y qué tal estas preguntas?: Primera: "¿La cebra es una animal de color blanco con rayas negras o un animal de color negro con rayas blancas?" Segunda: "¿Quién es más valiente: el que se suicida o el que afronta los fracasos y las enormes dificultades que implica vivir? El expresidente Rafael Núñez, poéticamente nos acabó de confundir: "Ignoro si el veneno de Locusta /sería en el ansia de congoja adusta /para el pecho dulcísimo cordial; /si es más fuerte el que lucha con sus penas /o el que quiebra de su hado las cadenas / a un golpe de puñal". Uno de los personajes de Los sufrimientos del joven Werther, de Goethe, nos dice que "en esto no se trata entonces de si alguien es débil o fuerte, sino solo de si es capaz de soportar su grado de sufrimiento, ya sea moral o físico. Y al mismo tiempo me parece equivocado decir que un hombre que se quita la vida es un cobarde, así como sería inoportuno llamar cobarde a alguien que muere por una fiebre maligna". Tercera: Cuando uno "cumpleaños", ¿cumple un año más o un año menos? Cuarta: Si las cosas son múltiples, temporales, finitas, móviles, cambiantes, y además fluyen y devienen, ¿las cosas no pueden ser y no ser al mismo tiempo? ¿Las cosas tienen un ser, y ese ser, es? ¿El ser, es, y el no ser, es? Quinta: Si el ser es único, eterno, infinito, inmóvil e inmutable, ¿el ser puede ser y no ser al mismo tiempo? ¿Una cosa es y no es al mismo tiempo? ¿Las cosas son y no son? Sexta: Si las cosas cambian, ¿qué son en realidad?

Y de lo grande y de lo pequeño, ¿qué? Se puede decir que un hombre es muy pequeño o que es muy grande: si lo relacionamos con un elefante, es muy pequeño; si lo hacemos con una hormiga, es muy grande; pero, estableciendo relaciones de ese hombre con un mismo objeto, no podemos decir ambas cosas. Podemos decir de un ser que es muy pequeño o que es muy grande porque pudo haber crecido; pero no podemos decirlo al mismo tiempo y desde el mismo punto de vista, porque las cosas pueden resultar completamente diferentes si están vistas desde distintos ángulos. Para algunos, muchos no son suficientes. Según Séneca, nunca es poco lo que es suficiente, y nunca es mucho lo que no basta. ¿Es la cultura la que condiciona un lugar o el lugar el que determina la cultura? ¿Para avanzar, es pertinente retroceder? ¿El pensamiento crea la realidad o la realidad crea el pensamiento? ¿Es la conciencia la que determina el ser o es el ser social el que determina la conciencia? ¿Son las condiciones espirituales las que crean los cambios materiales o son los cambios materiales los que crean las nuevas condiciones espirituales? ¿El cerebro ha sido creado por el pensamiento o el pensamiento es producto del cerebro? ¿El universo fue creado por Dios o existe desde la eternidad? Y la clásica y dialéctica pregunta de quién fue primero: ¿el huevo o la gallina? El sabio Aristóteles dijo que no había solución, pero que en caso de haberla, pensaba que la gallina sería primero. Recientemente dijeron algunos científicos ingleses que primero fue el embrión (¿el huevo?). Muchos, tratando de salirse por "la tangente", contestan que primero fue el gallo… ¡Cuidado! ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

Según el filósofo inglés John Locke, hay una realidad oculta tras lo que vemos y percibimos a través de los sentidos en general. "No percibimos una sustancia, percibimos su existencia", sentenció este pensador. El poeta portugués Fernando Pessoa sostenía que "las cosas no tienen significado sino existencia, / las cosas son el único sentido oculto de las cosas". La realidad se esconde tras las apariencias, y éstas son suficientes para el grueso de la humanidad, que es absolutamente incapaz de separar el grano de la paja. Quien vive de apariencias sólo le basta el oropel y el éxito. Cada observador tiene su propia medida del tiempo. "No sé si lo que llamamos heroísmo /es virtud, embriaguez o fanatismo /odio, ambición, delirio, saciedad… / En la noche que forman las pasiones, / no alcanzo de mis propias emociones / a saber la verdad", nos sensibiliza la extraordinaria y enigmática poética de Rafael Núñez.

Nuestras percepciones a veces son erróneas. Lo que vemos en muchas ocasiones no corresponde con la realidad. Es el caso de los colores. Uno los ve. Sin embargo, no existen. ¿Qué son los colores? Los colores de las cosas dependen de la luz con que estén iluminadas y de la refracción y absorción de las diversas frecuencias de la luz. La luz del sol llega a nosotros en muchos "colores": violeta, azul, amarillo, verde, anaranjado, rojo, que corresponden a luces de diferentes longitudes de onda. Las luces violeta y azul tienen las longitudes de onda más cortas; la anaranjada y roja, las más largas. Lo que percibimos como "colores" es la manera en que nuestros ojos y nuestro cerebro leen estas longitudes de onda de la luz. Un vestido negro absorbe todas las frecuencias de la luz, mientras que una camisa roja absorbe todas las radiaciones, menos la roja que refleja.

Algunos opinan que el hombre es la medida de todas las cosas, y por esto las cosas son para cada cual lo que cada cual quiera pensar de ellas. Otros piensan que las cosas no son como son, sino como cada uno las percibe. Hay quienes creen que todo cuanto vemos y tocamos (las cosas tal como se presentan) no existen de verdad, sino que son otros tantos velos que ocultan la verdadera y auténtica realidad. Las cosas no son aún en acto lo que son en potencia. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen y en cuanto nos acercamos a ellas nos percatamos que no existen, ya sea porque se desvanecen, ya sea porque las descomponemos en otras. Lo real no es real sino en tanto y en cuanto procede de lo posible. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

No son pocos los que piensan que las cosas que se tienen ante nosotros no son nunca, en ningún momento, lo que son en el momento anterior y en el momento posterior; las cosas están constantemente cambiando. Para los dialécticos, una cosa es y no es al mismo tiempo, puesto que el ser consiste en estar siendo, en fluir, en devenir. En contraposición, otros afirman que en este mundo abigarrado de colores, de sabores, de olores, de movimientos, de subidas y bajadas, de las cosas que van y vienen, de la multiplicidad de los seres, de su variedad, de su movimiento, todo este mundo sensible, es una apariencia, es una ilusión de nuestros sentidos, una ilusión de nuestra facultad de percibir. La percepción sensible es ilusoria. Por eso lo que observamos nunca corresponde a la situación física; algunos aspectos son omitidos, otros añadidos y algunos distorsionados. Nunca hay que olvidar que las cosas esconden algo detrás de su apariencia inmediata.

Las imágenes y las apariencias en muchas ocasiones influyen en nuestras percepciones. Veamos un ejemplo. En el primer debate radiotelevisado entre John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon, en 1960, por la presidencia de los Estados Unidos, los dos fueron ganadores. ¿Por qué? Quienes vieron por televisión el debate, dijeron que ganó Kennedy, debido a la influencia que ejerció su imagen fotogénica y saludable, contraria a la de Nixon, cansada y enfermiza. Los que escucharon por radio el debate dijeron que había ganado Nixon, porque había hablado mejor.

Muchas veces, buscando respuestas, nos confundimos más con las diversas teorías que pretenden explicar un hecho. Sobre el origen del hombre americano, por ejemplo, no podemos tener certeza. ¿Cuál es la teoría cierta? ¿Será cierta la del origen múltiple? ¿Será cierta la del origen único? ¿Será cierta la del autoctonismo? ¿Será cierta la que sostiene que proviene de Oceanía, pasando por la isla de Pascua? ¿Será cierta la de las oleadas sucesivas? ¿Cuál es la verdadera? ¿Será otra? ¿Cómo y cuándo saberlo? Lo único seguro es la incertidumbre.

Muchos conceptos y su realidad son relativos. Un ejemplo: el llamado "orden". ¿Qué es orden? Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. ¿Qué es desorden? Un tipo de orden al cual no estamos acostumbrados. Pero muchas veces el orden no es orden. Supongamos que un técnico en reparación de televisores "desarma" uno y distribuye sus partes sobre la mesa de trabajo, y luego sale de su sitio de labores. Al regresar encuentra que alguien ha "recogido" estos componentes y los ha "ordenado", porque percibió que estaban en "desorden". El técnico se disgusta porque en el aparente "desorden" en que tenía esos elementos, se desempeñaba con facilidad, mientras que en el nuevo "orden" (ajeno) su quehacer se le dificulta y se le convierte en un caos. Así, el "desorden" del técnico estaba bien ordenado para sus fines; ahora se pierde en el nuevo "orden". ¿Cuándo había orden: antes o después? El orden también es relativo.

En múltiples ocasiones nuestras concepciones de hechos o fenómenos cotidianos no corresponden con lo que en realidad pueda estar ocurriendo. El tiempo podría ser un claro ejemplo, como puede ser cualquier otro. Casi todo lo que hacemos está influido por el concepto de tiempo. Ovidio dijo que el tiempo vuela; Aristóteles, que se mueve; San Agustín, que es una cualidad del alma; Kant, que es una intuición; Einstein lo convirtió en dimensión y la Física Cuántica lo desmenuzó hasta hacerlo innecesario.

El tiempo lo definió Platón, como imagen móvil de la eternidad, entendiendo tiempo como duración de la vida, y eternidad como vida sin fin, es decir, presencia que no pasa y que es el arquetipo o modelo del tiempo. El tiempo fue creado imagen de la eternidad, dura siempre, y es el movimiento del cielo: la noche, el día, el mes y semejantes son partes del tiempo. Así, que el tiempo no puede existir sin la naturaleza del universo, pues luego que hubo mundo también tiempo, habiendo sido creados el sol, la luna y los planetas para formar el tiempo.

Aristóteles, su discípulo, a partir de la observación del movimiento circular de las esferas celestes y del hecho de que tiempo y movimiento se perciben en forma conjunta, afirmó que el tiempo es el número del movimiento según el antes y el después. Unió indisolublemente tiempo y movimiento, dado que cada uno de ellos sólo puede medirse en función del otro.

Según San Agustín, no se puede decir con exactitud que sean tres tiempos: pasado, presente y futuro. "Habría que decir con más propiedad que hay tres tiempos: un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras. Estas tres cosas existen de algún modo en el alma, pero no veo que existan fuera de ella. El presente de las cosas idas es la memoria. El de las cosas presentes es la percepción o la visión. Y el presente de las cosas futuras es la espera", aclara en sus Confesiones.

El filósofo francés Blas Pascal considera en sus Pensamientos que "casi nunca pensamos en el presente, y si pensamos, es con vistas al porvenir; nunca el presente es nuestro fin; él y el pasado son nuestros medios, y nuestro fin, el porvenir; así que nunca vivimos, sino esperamos vivir, y disponiéndonos siempre a ser dichosos, es inevitable que no lo seamos nunca".

El filósofo alemán Guillermo Federico Hegel concibe el tiempo como devenir intuido, y precisa que mediante sus dimensiones (pasado, presente y futuro) permite el paso del ser a la nada y de la nada al ser.

El escritor portugués José Saramago, en su relación personal con el tiempo, no encuentra lugar sino para un pasado o tiempo vivido y un futuro o tiempo por vivir. "El presente –sostuvo ante un auditorio en la Universidad de Salamanca (España) luego de haber recibido el premio Nobel del Literatura- no será más que un cursor que se desliza a lo largo de una escala, caracterizado por no ser, siquiera mensurable, nada más que un punto móvil, imparable, una luz que corre hacia las tinieblas dejando detrás de sí una claridad difusa, para que la difícil memoria de los tiempos se hará cada vez más ciega, hasta que el flujo del olvido recubra todo".

Henri Bergson, filósofo francés, en su obra La evolución creadora sostiene que "el pasado y el futuro se deslizan en una continuidad indisoluble dentro de la cual el pasado, que va acrecentándome y royendo las puertas del futuro, se encuentra siempre presente, conservado y activo, en cada acción presente que incorpora. Tendemos a reducir su movilidad unitaria, en repetidos escalones que fijamos y estructuramos de acuerdo con la necesidad de nuestro entendimiento". Para éste, el porvenir es la dilatación del presente. Piensa que el tiempo verdadero no es el objetivo, sino el vivencial, el que lleva el hombre dentro de sí mismo.

El filósofo alemán Martín Heidegger, en su obra Ser y tiempo, sostiene que la vieja pregunta de "¿Qué es el tiempo? se ha convertido en: ¿Quién es el tiempo? Más precisamente: ¿somos nosotros mismos el tiempo? O aún con mayor precisión: ¿soy yo mi tiempo?". Responde que sí. El existente humano, consiste precisamente en tiempo, esa inconsistencia transitoria. Según él, estar hechos de tiempo significa estar abocados a la muerte, resbalar sin tregua hacia ella.

Ludwing Wittgenstein, filósofo británico, planteó en su Tratado lógico-filosófico, que si entendemos por eternidad no una duración infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.

A. Comte-Sponville, en La historia más bella de la felicidad, señaló que sólo existe el presente. Siempre es hoy, siempre es ahora. El presente es nuestro lugar, el único: ya estamos en la eternidad. Y casi nunca nos damos cuenta. Estamos habitados por la falta del pasado (pena, nostalgia) o del porvenir (la esperanza).

El filósofo idealista J. M. E. McTaggar planteó que nuestra percepción del tiempo es una ilusión, y que éste es meramente una abstracción sin existencia real.

El popular escritor norteamericano Richard Bach, en su novela Uno, sostiene que el tiempo es el nombre que damos al movimiento de la conciencia. "Todos los acontecimientos posibles que pueden ocurrir en el espacio y el tiempo ocurren ahora, a la vez, simultáneamente. No existe pasado, no existe futuro, tan solo el ahora, aunque debemos utilizar un lenguaje basado en el tiempo para poder conversar. Es como la aritmética. En cuanto conoces el sistema, sabes que todo problema numérico está ya resuelto. El principio de la aritmética ya sabe cuál es la raíz cúbica de seis, aunque nosotros podemos necesitar lo que denominamos tiempo, siquiera sean unos pocos segundos, para averiguar lo que siempre ha existido… El pasado y el futuro no dependen del año en que nos encontramos… Depende de lo que elijamos contemplar".

Según Einstein, para los físicos "la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy pertinaz que sea".

En el libro Cambio de Ritmo, de Stephan Rechtschaffen, se afirma lo siguiente respecto del tiempo: "El tiempo en sí mismo no existe; es sólo una medición de la distancia que alcanza a cubrir un objeto que se desplaza en el espacio, tal como lo planteara Albert Einstein. El tiempo no existe; el ahora, sí. Sentimos el presente. El tiempo presente sólo se percibe individualmente".

Según Tomás Moore, "el tiempo sólo es una faceta de la vida, y la vida es el regalo del tiempo. Querer tiempo es querer vida, querer la oportunidad de vivir plenamente".

Emmanuel Kant, con su complejidad característica, sostiene que el espacio y el tiempo, dos principios fundamentales a priori, son los constituyentes de la representación o intuición pura. El espacio y el tiempo, que son ajenos a toda experiencia y universales y necesarios, fundan y posibilitan la experiencia sensible y permiten la constitución de juicios sintéticos a priori (los únicos que sirven para hacer ciencia porque son universales y necesarios). Espacio y tiempo, como conceptos puros, posibilitan y preceden toda experiencia fenoménica, cualquier relación con el mundo. Gracias a la relación entre los contenidos del a intuición sensible (datos empíricos del a experiencia) y los de la intuición pura (formas trascendentales del espacio y el tiempo) los objetos se dan al conocimiento humano. La realidad es la existencia misma de las cosas en el tiempo, como la cantidad es la imagen pura del espacio; la sustancia es la permanencia de lo real en el tiempo, y a sí sucesivamente.

Según Freud, la idea kantiana de que tiempo y espacio son dos formas necesarias de nuestro pensamiento, puede ser hoy sometida a discusión a consecuencia de ciertos descubrimientos psicoanalíticos, porque los procesos anímicos inconscientes estén en sí fuera del tiempo; es decir, no pueden ser ordenados temporalmente, el tiempo no cambia nada en ellos y no se les puede aplicar la idea de tiempo.

La idea de tiempo en Jorge Luis Borges expresa la existencia del pasado, el presente y el futuro. En otras palabras, es el tiempo momentáneo, en el cual el hombre reconoce para siempre su condición humana. "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego", sostiene poéticamente en su Nueva refutación del tiempo – B. Este brillante intelectual argentino precisa en su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan que el tiempo no es absoluto. Cree en infinitas series de tiempos, en una red creciente vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. "Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades… El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros", señala en ese cuento.

Desde niños sabemos que el tiempo es tridimensional: pasado, presente y futuro. Sin embargo, para los científicos modernos no existe ni pasado, ni presente, ni futuro. ¿Cómo así que no existen, si eso parece que experimentamos en nuestra cotidianidad? Según el reconocido científico alemán Albert Einstein (1879-1955), el intelectual más brillante del siglo XX y posiblemente el más grande de todos los tiempos, la diferenciación entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy tercamente que nos agarremos a ella. ¿Por qué? El tiempo que los científicos tienen en su punto de mira es muy diferente al que perciben nuestros sentidos. ¿Pero son confiables nuestras impresiones? Ellas nos dicen que el tiempo transcurre. El presente nos parece completamente real. El pasado contiene aquello que ya no existe. El futuro, por el contrario, está todavía sin forma y quizá abierto. En ninguna galaxia, según los científicos, existe un instante al que podamos llamar ahora. En su lugar, existe un gran lapso de tiempo con muchos ahoras, cada uno de ellos percibido como ahora por observadores diferentes. Lo que para nosotros no es más que un brevísimo instante, es en realidad una amplia zona compuesta de muchos momentos, cada uno de los cuales sería en un astro muy alejado.

El tiempo es relativo: más largo para el que espera y más corto para el que se va, más largo para el que sufre y más corto para el que goza, más largo para el joven y más corto para el viejo... A medida que envejecemos, aumenta nuestro archivo memorístico. Los científicos opinan que este aumento de la memoria es el responsable de nuestra sensación de ir "haciéndonos" viejos. A los enamorados les gustaría que el tiempo transcurriese más despacio. Cuando menos nos preocupamos por el paso del tiempo, éste parece empeñarse en ir más de prisa. Cuando estamos atrasados para llegar a un sitio a una determinada hora, nos parece que el tiempo transcurre más de prisa. Cuando esperamos en una larga fila, el tiempo también parece ir más de prisa. El que duerme plácidamente le parece que el tiempo transcurre más rápido, mientras que el que trasnocha tiene la sensación de que el tiempo va más lento. La persona desocupada percibe lento el transcurso del tiempo; la persona ocupada en una actividad agradable, por el contrario, tiene la sensación de que éste pasa más rápido. Pero qué paradójico: el tiempo, que es quien nos da la vida; es, a su vez, quien nos la va quitando. Desde que nacemos empezamos a morir. El tiempo, incesantemente, interrumpe la eternidad del hombre.

A propósito: ¿Qué es el tiempo? ¿El tiempo es lo que miden los relojes? San Agustín decía, en sus Confesiones, "sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Pero me atrevo a decir que sé con certeza que si nada pasara no habría tiempo pasado. Y si nada existiera no habría tiempo presente. Según el filósofo y escritor español Fernando Savater, el tiempo pasa porque las cosas pasan o a las cosas les pasan otras cosas. Donde nada puede pasar no puede hablarse de tiempo. ¿Qué estamos midiendo cuando medimos el tiempo? ¿Cómo medir algo que no sabemos apenas lo que es? Savater responde que medir el tiempo equivale más o menos a determinar el plazo de los cambios que nos afectan a nosotros, a nuestras actividades y al mundo en que habitamos. "Pero como tales cambios –señala- pueden ser de numerosos tipos y como las medidas que les aplicamos responden a criterios muy diferentes, es imposible en realidad hablar de un solo tiempo: tendremos que resignarnos a que haya diversos tiempos, según los cambios observados y las pautas de medición utilizadas". Los científicos realizaron la siguiente prueba: colocaron un reloj atómico en la cima de una montaña, y otro a nivel del mar. Einstein estaba en lo cierto: el reloj a nivel del mar anduvo más despacio que el otro. A nivel del mar, la gravedad es más fuerte porque está más cerca del centro de la tierra.

El divulgador científico Jorge Alcalde (español) se pregunta: "¿Tiene la misma concepción del pasado de la vida el lama que reposa la vista sobre un mandala que el ejecutivo que suplica a su reloj digital unos segundos más para salir del atasco de circulación? (Mandala o mándala en el hinduismo y en el budismo, es un dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación). ¿Pasa por igual el tiempo en una aldea china que en el centro de Buenos Aires? ¿El tañir del campanario tiene el mismo significado para el niño que corre ante el pórtico de la catedral que para el condenado a muerte?" Y responde que no. "Los psicólogos lo saben bien: un minuto no pasa igual en la mente de unos que en la de otros. Incluso existen algunas variables físicas que pueden modificar nuestra percepción del paso del reloj. Por ejemplo, la temperatura corporal: siguiendo los estudios del psicólogo Eysenck, algunos científicos han producido variaciones de hasta un 20% en el tiempo subjetivo de sus pacientes modificando su temperatura interna. El consumo de algunas drogas produce efectos similares sobre la capacidad de medir el tiempo íntimamente, pero este fenómeno de alteración mental no es exclusivo de la química. La sinopsis, la meditación, alguna enfermedad mental, el estrés, el miedo… todo puede conducir a una incorrecta interpretación", sostiene en un artículo de la revista Muy Interesante No. 199. El tiempo es una medida subjetiva: lo que cada uno creer que es.

Así las cosas, surge la gran pregunta: ¿Es realmente el tiempo mismo lo que pasa o somos nosotros los que pasamos temporalmente? ¡Qué complejo y misterioso es el tiempo! Y pensar que el tiempo, que es quien nos da la vida, es quien nos la va quitando.

Y sobre los calendarios, ¿qué? Aunque la humanidad ha tratado de unificar el tiempo, se podría decir que de una forma u otra cada civilización tiene su propio calendario. Pero los calendarios no sólo "cuentan" y miden el paso del tiempo y tienen una utilidad civil, también esconden anhelos, temores y creencias de los pueblos y civilizaciones. Cuando en Occidente, profundamente influenciado por el cristianismo, estábamos en el año 2002, los hebreos estaban en el 5750, los mayas en el 5116, los chinos en el 4699 (desde 1912, China se rige oficialmente por el calendario gregoriano, el mismo de Occidente, pero el pueblo chino sigue celebrando sus festividades y sus tradiciones según su antiguo calendario), los tibetanos en el 2128, los etíopes en el 1923 y los musulmanes en el 1422. Luego de algunas revoluciones se ha tratado de establecer nuevos calendarios. Después de la Revolución Francesa y de la Revolución Cubana se intentó iniciar con el año uno, pero esas intenciones no tuvieron acogida. Jorge Alcalde aclara que "el calendario gregoriano que seguimos en el mundo occidental está íntimamente relacionado con la órbita de la tierra alrededor del sol", y agrega que "el empeño por unificar todas las medidas de tiempo ha levado a la instauración de una hora universal conforme a la cual se ajustan todos los relojes oficiales del mundo que se rigen por nuestro sistema".

Muchos nos preguntamos si es posible determinar cuál es la medida correcta del tiempo. Jorge Alcalde dice que nuestro calendario civil, confeccionado de acuerdo con el movimiento aparente del sol, no se ajusta en realidad al periplo de éste. ¿Medirá correctamente el tiempo nuestro calendario solar? ¿Cuál será el calendario más correcto: el basado en las lunas o en el paso de las estaciones? En el apéndice, al finalizar este texto, se ampliará la problemática del tiempo.

Durante mucho tiempo se creyó que la tierra era plana; la observación directa así lo exigía. Como consecuencia, todas las líneas verticales eran paralelas entre sí, y tenía plena justificación decir que el cielo estaba "arriba" y la tierra "abajo". Al conocer que la tierra es redonda, los conceptos de arriba y de abajo sólo tienen sentido respecto al punto en el que está situada la persona que los enuncia. Cuánto tiempo se tuvo la concepción de que la tierra era el centro del universo porque así se veía a simple vista: el sol "salía" por la mañana, "ascendía" hasta el medio día y se "ocultaba" al atardecer. Eso, tiempo antes, era una verdad incuestionable, observable, evidente. Pero no era tal. Según los científicos posmedievales, esto es totalmente falso. Nuevas verdades derrumbaban viejas "verdades".

Muchas de nuestras percepciones son erróneas. Cuando estamos reposando en un sillón, no hay duda que estamos quietos. Esto es cierto sólo para quienes no se preguntan cómo funciona el universo. Los inquietos por las leyes y los misterios del universo sabemos que permanentemente nos estamos moviendo por el cosmos a la velocidad de la luz; más exactamente, por el tiempo espacial, y lo hacemos con todas las consecuencias que implica un movimiento vertiginoso. ¿Increíble? Así son las leyes físicas, o al menos las expuestas por la relatividad einsteniana. ¿Serán ciertas? Algún día podremos confirmarlas o desvirtuarlas. ¿O no podremos hacerlo nunca?

La vaguedad de los conceptos es un aspecto que debe tener en cuenta quien busca saber qué son las cosas. "Aquí", por ejemplo, es un término vago: en la cosmología astronómica, la Vía Láctea puede ser "aquí"; en el estudio de la Vía Láctea, "aquí"es el sistema solar; en el estudio del sistema solar, "aquí" es la tierra; en geografía, es la ciudad o el distrito en que vivimos; en los estudios fisiológicos sobre la sensación, es el cerebro, a diferencia del resto del cuerpo. "Los aquí más vastos contienen otros menores como partes; todos los "aquí" contienen el cerebro del que habla o parte de él", sostiene el filósofo inglés Bertrand Russell en su libro

"El conocimiento humano".

No hay que creer en todo lo que nos dicen los demás si queremos saber qué son las cosas. Los textos educativos (impuestos por el sistema y la tradición escolar) nos han dicho que Cristóbal Colón fue el primero en afirmar que la tierra era "redonda como una naranja". Sin embargo, eso ya lo habían planteado otras personas mucho tiempo antes. Los griegos, a través de los Pitagóricos, de Platón y de otros pensadores, ya habían afirmado que la tierra era esférica, debido a que la esfera es la más perfecta de todas las figuras. Decían que las órbitas eran circulares a causa de que el círculo es tan perfecto como la esfera. En la Edad Media, el filósofo y teólogo ingles Roger Bacon (1229-1292) sostuvo que la tierra era redonda.

Nos "enseñaron" que Copérnico, Galileo y Newton fueron los pioneros en afirmar que el sol era el centro del universo y que los planetas giraban en torno del sol. No obstante, los antiguos griegos ya habían planteado que la tierra podía sostenerse sola sin apoyo en el espacio; éstos, a su vez, habían tomado este conocimiento de los babilonios y de los egipcios. El filósofo Anaxímenes, por ejemplo, dijo que la tierra era una gran hoja que flotaba en el aire. Aristarco de Samos, filósofo egipcio, fue el primero en concebir la teoría de la rotación de la tierra sobre sí misma y alrededor del sol. Se le atribuye a Copérnico ser su descubridor. Lo que pasó fue que esta idea de Aristarco sólo fue admitida hasta los tiempos de Copérnico. La filología, apoyada en el exacto conocimiento del sánscrito, nos demuestra que "en los Vedas encontramos la prueba de que 2.000 años antes de J. C., los sabios indos conocían la esfericidad de la tierra y el sistema heliocéntrico que tampoco ignoraba Pitágoras, por haberlo aprendido en la India, ni su discípulo Platón… los indos conocían perfectamente el sistema heliocéntrico unos 2.000 años por lo menos antes de J. C." (Isis sin Velo, de Helena Petrovna Blavatsky). El filósofo Bertrand Russell afirma en el texto citado antes que "Aristarco de Samos, en el siglo III, propuso el sistema copernicano en su totalidad, y elaboró un método teóricamente correcto para calcular las distancias del Sol y la Luna". La Enciclopedia Microsoft Encarta sostiene que "el astrónomo Aristarco de Samos propuso un sistema planetario heliocéntrico (con centro en el Sol), aunque este concepto no halló aceptación en la época antigua". Es más: el filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez también llama la atención de estas realidades cuando en un ensayo publicado en Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo aclara que el historiador Germán Arciniegas sostenía que Copérnico había desarrollado sus ideas heliocéntricas a partir del descubrimiento de América, "olvidando que en el siglo III a. de C. Aristarco de Samos, llamado el Copérnico de la antigüedad, sostenía que el sol está inmóvil en el centro del universo y que la tierra, como los otros planetas, describe círculos concéntricos alrededor del sol". Y así muchas otras imprecisiones y confusiones, propias de un sistema educativo, concebido para la domesticación y el oscurantismo. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

Los ejemplos, verdades o creencias difieren grandemente en la percepción de las cosas por parte de los adultos y de los jóvenes. Mientras los mayores tienen conceptos más acabados, estructurados y coherentes de cómo son o deben ser las cosas, debido a su bagaje en diversos campos del saber racional y empírico, la juventud, por su forma diferente de observar y enfrentar su realidad, tiene otros arquetipos, verdades o creencias de las cosas con las que tienen que habérselas cotidianamente.

El niño aprecia las ocurrencias de su vida infantil de manera superficial; el joven comienza a ver los aconteceres propios y ajenos con mayor profundidad; y el hombre maduro, hablando en términos generales, logra un criterio objetivo y sensato, que le permite juzgar acertadamente de cuanto pasa en su entorno. La vida social y familiar está llena de dificultades y desaciertos, a causa de la ausencia de criterio en los padres de familia, en los educadores y en los gobernantes. Las relaciones humanas son un intercambio continuo de apreciaciones acerca de personas y hechos de la vida ordinaria.

Igualmente, las cosas son y deben ser dependiendo del contexto social de cada persona, ya sea adulta o joven. El sistema político, el entorno cultural, la clase social, la profesión, la ideología, el nivel de información, la educación, la religión, la edad, el sexo, el estado civil, la satisfacción de necesidades, el código de valores, la ética y la moral dependerán en gran medida del modelo, verdades o creencias de cada cual respecto de las cosas. No vemos las cosas, como son en realidad, sino como somos nosotros.

En el complejo universo ontológico podemos responder a una pregunta de diversas maneras. A la pregunta: "¿Quién existe?" podemos responder así: 1. Yo existo, el mundo existe, las cosas existen, Dios existe. 2. Las cosas existen, y yo como una de tantas cosas. 3. Yo existo, pero las cosas no; las cosas no son más que mis representaciones mentales; las cosas no son más que fenómenos para mí, apariencias que yo percibo, pero no verdaderas realidades. No son en sí mismas, sino en mí. 4. Ni las cosas ni yo existimos de verdad, sino que sólo Dios existe, y las cosas y yo existimos en Dios; las cosas y yo tenemos un ser que no es un ser en mí, sino un ser en otro ser, en Dios. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen y en cuanto nos acercamos a ellas vemos que no existen, ya sea porque realmente se desvanecen, ya sea porque inmediatamente las descomponemos. Como se aprecia, no todo el que quiere existir, o dice existir, existe verdaderamente. Según el científico Edward Harrison, es posible que estemos viviendo en un universo muy distinto al que las observaciones nos enseñan. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

En el campo ético también encontramos diferencias. Una persona con una ética teleológica sostiene que un acto es bueno o malo en función de la bondad o la maldad de su resultado. Para él, Robin Hood es un héroe porque, básicamente, su fin (dar a los pobres) justifica sus medios (robar a los ricos). Por su parte otra persona con una ética deontológica que una norma es una norma: robar está mal. La ética deontológica se guía por un libro de normas que puede consultar cuando trata de encontrar el buen camino. Suele ser fácil estar de acuerdo con las normas básicas. Con la ética teleológica nunca se sabe lo que está bien o mal hasta que se conoce el resultado de los actos, lo cual dificulta toda planificación. Su valor reside en la flexibilidad y la imparcialidad. ¿Y qué decir de quien practica una ética heterónoma o una ética autónoma? Quien practica una ética heterónoma cifra la felicidad en la trascendencia, y quien practica una ética autónoma cifra la felicidad en los bines sensibles inmediatos. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

Para finalizar, es procedente atender el llamado de la psicóloga Leonor Noguera Sayer, quien nos aconseja que cuando creamos que nos contradice, pensemos si más bien se nos quiere decir algo diferente. Así mismo, nos invita a ver las cosas con nuevos ojos y con espíritu juvenil. "Sólo quien mira con nuevos ojos descubre distintas versiones de la realidad que amplían el horizonte. Ojalá tuviéramos la juventud interior suficiente para alimentar y conseguir ese rasgo tan propio de los niños que hace la curiosidad y la sorpresa su forma habitual de ver el mundo" (En busca de una vida propia).

El conocimiento

El conocimiento es algo muy prodigioso. ¿Qué sería de nosotros sin el conocimiento? El conocimiento tiende hacia un fin: la posesión del saber. Conocer es, ante nuestros ojos, poseer los objetos, y al mismo tiempo poseernos; es decir, tomar conciencia de nosotros mismos. Implica necesariamente una curiosidad que debe ser saciada con la posesión plena del ser del objeto.

Cada ser humano tiene la necesidad de recorrer los caminos de la vida cotidiana, y entre sus vericuetos, espejismos y falacias, corre el riesgo de extraviarse. Requiere, entonces, un saber al cual acudir en procura de orientación y auxilio. Y este saber, práctico, técnico y concreto, es el conocimiento de los hombres y del mundo que han construido.

A pesar de la innegable importancia del conocimiento, es preciso tener en cuenta que antes de conocer otras realidades, debemos conocernos a nosotros mismos. Ese conocimiento nos permitirá saber que uno de los sellos de la madurez es reconocer la validez de múltiples realidades, y entender que la gente piensa, siente y reacciona de diferentes maneras. Asimismo, seremos conscientes de que la única persona a la que podemos cambiar y controlar es a nosotros mismos.

El conocimiento de sí mismo está asociado a la naturaleza del ser. Una cosa es lo que yo hago, y otra cosa es lo que yo soy. Saber ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿para dónde voy? y ¿cuál es mi misión en la vida?, implica tener certeza de conocerme. No podemos quedarnos enredados en las situaciones que la vida nos ofrece. Una persona de acuerdo con su nivel de comprensión tiene metas y propósitos definidos. Según el filósofo francés Blas Pascal, es menester conocerse a sí mismo; si esto no basta para hacernos hallar la verdad, por lo menos sirve para que arreglemos nuestra vida; y nada hay más justo que esto. Sócrates fue más allá al afirmar que el conocimiento de sí mismo es el secreto de la felicidad.

Antes de iniciar la búsqueda del conocimiento exterior, primero debemos encontrarnos a nosotros mismos, buscarnos en nuestro interior, porque cuando el hombre no se encuentra a sí mismo no encuentra nada. La propia ignorancia sitúa al hombre frente a su propia realidad, y al mismo tiempo lo induce a reflexionar sobre su propio yo. El ignorante no sabe nada, pero tampoco afirma nada; mientras que el que está en el error no sabe, y sin embargo afirma creyendo saber, lo cual es peor. El que está en el error es en realidad un ignorante que ignora que lo es. Por ello es importante saber qué es lo que yo quiero hacer en mi vida, porque todo ser humano representa un papel en la vida y sueña con otro; pero ¿cuándo es "él mismo", en realidad?: ¿el del papel que representa o quien pretende ser? Hay que saber con claridad qué buscamos, porque el que no sabe qué busca se conforma con lo que tiene.

Es el engaño de la ficción la que nos seduce. "¿Qué es la vida del hombre, sino una comedia en la que cada uno va cubierto con su propio disfraz y cada uno declama su papel, hasta que el director le aparta del escenario?", se pregunta Disiderio Erasmo de Rótterdam, en Elogio de la Locura. "Igual que en un carnaval, / donde nadie sabe quién es, / vivimos con un disfraz / que nos ayuda a mantener de pies", dice una canción argentina. El escritor Hermán Melville sostiene en su novela Moby Dick que todos los objetos visibles no son más que máscaras de cartón. "Pero en todo conocimiento, en el hecho viviente, hay siempre algo desconocido, aunque razonante, que proyecta su sombra desde detrás de las máscaras que no razonan", sostiene.

Contemporáneamente se ha pretendido dar al problema de la verdad una mayor radicalización. Bergson distingue dos maneras profundamente distintas de conocer: la primera consiste en dar vueltas en rededor de una cosa para ir apresando en conceptos los distintos puntos de vista que ofrece al espectador que la analiza desde su periferia; la segunda forma de conocimiento penetra en la cosa, la conoce por dentro coincidiendo con ella en lo que tiene de inefable y absoluto. El primero es un conocimiento analítico, relativo, abstracto, propio de las ciencias; tiende a la manipulación del objeto. El segundo, por el contrario, es sintético, absoluto e intuitivo, propio de la metafísica, cuya pretensión no es manipular, sino conocer absolutamente la realidad inefable de las cosas.

Todo hombre busca la verdad, no por vanidad personal, sino como un deber ante la humanidad, de transmitir conocimientos. Según el novelista ruso León Tolstoi, un matemático ha dicho que el placer no está en descubrir la verdad, sino en el esfuerzo de buscarla (Ana Karenina). La búsqueda de la verdad entraña también la eliminación de la falsedad. La falsedad, para muchos, es el ocultamiento del ser bajo apariencias, o la no conformidad de la palabra con el pensamiento. La búsqueda de la verdad halla su recompensa en sí misma. El hecho de que no poseamos la verdad total, no significa que no podamos acercarnos a la verdad. La lucha del hombre por descubrir la verdad es interminable; ésta es siempre escurridiza, relativa, multifacética. El acceso a la verdad es muy complejo y a ello se oponen múltiples obstáculos no sólo en el interior del pensamiento mismo, sino en sus múltiples raíces y condicionamientos.

Debemos tener claridad conceptual porque si confundimos los conceptos tendremos dificultades para buscar la verdad y las confusiones no nos permitirán avanzar por el sendero que nos aproxime a la verdad. El concepto es lo que nos permite identificar inequívocamente algo y además brinda una regla práctica para construirlo o juzgarlo. Veamos algunos ejemplos.

1. El término Materialismo ofrece confusiones si no sabemos a qué nos referimos con ese concepto. Materialismo es una perspectiva caracterizada básicamente por dos principios complementarios: primero, no existe un universo sino una infinita pluralidad de mundos, objetos o cosas que nunca se pueden concebir o considerar bajo el concepto de unidad; segundo, todos los objetos o cosas que percibimos están compuestos de partes y antes o después se descompondrán en partes. Así, el concepto de Materialismo no se puede utilizar en el sentido vulgar de la palabra para afirmar que una persona es materialista porque tiene afán de riqueza y de excesos sensuales junto a la carencia de ideales o generosidad. Una cosa son los átomos metafísicos de Anaxágoras, Leucipo y Demócrito y otra muy distinta los de la física cuántica.

2. ¿Es lo mismo sexo que sexualidad? ¡No! Sexo quiere decir simplemente diferencia. Sexo es lo que somos. Sexualidad es la forma como expresamos lo que somos. Esta distinción reside particularmente en los órganos genitales, llamados así porque en ellos está la función reproductora de la especie. El concepto de lo femenino y de lo masculino nace de esta diferencia biológica. La sexualidad es la persona en la totalidad de su expresión vital y un compromiso existencial. Es una persona, de cualquier edad, con sus pensamientos, sentimientos y acciones. "Es una manera de relación de la persona consigo misma y con las demás personas y, si bien tiene bases biológicas comunes, es única, cambiante y relativa, como única, cambiante y relativa es la existencia humana, hace parte de su vida sentimental, afectiva y de su vida de acción", aclara la psicóloga Cecilia Cardinal de Martín. Sexo es lo que somos y sexualidad la manera como expresamos lo que somos. Entendida de esa manera la sexualidad, no puede reducírsela a la simple función genital, porque implica, además del sano ejercicio de la genitalidad, dimensiones como el amor, la comunicación, el respeto, la tolerancia, la aceptación y la comprensión profunda del otro. La sexualidad no se puede identificar con la práctica exclusiva del coito dentro de una visión mecanicista y reductivista del sexo que, a juicio de la sexóloga Marta Lucía Palacios, desvirtúa las posibilidades de una sana relación interpersonal. El sano, maduro e inteligente ejercicio de la genitalidad puede concebirse como fuente de placer, como fuente de procreación y como fuente de relación.

El conocer y la búsqueda del conocimiento ha sido la gran preocupación humana, su proceso, su abordaje, la verdad o no de los hallazgos, la objetividad o subjetividad del acto cognoscitivo, han sido objeto de estudio a lo largo de la humanidad. ¿Es posible conocer? ¿Es realmente factible aprehender la realidad? La ciencia se ha basado en el conocimiento de la verdad o al menos en la búsqueda de ella (¿se ha logrado?), o sólo es uno más de los sueños irrealizables del hombre. Disertar sobre el conocimiento es generar dudas y cuestionamientos sobre la ciencia y sobre la base en el que esta sedimentado todo su andamiaje.

Hay dos tipos de conocimiento: Conocimiento sensible: aprehende objetos reales, entendiendo por reales los que ocupan espacio y tiempo. Es proporcionado por los sentidos y la conciencia inmediata de nosotros mismos. Conocimiento racional: aprehende objetos ideales o relaciones entre objetos reales. Objeto ideal es aquel que no ocupa espacio, ni tiempo, (los números, los conceptos etc.). Este tipo de conocimiento da a la razón la posibilidad de captar lo ideal, sus relaciones y la relación de lo temporal - espacial.

Para unos esta posibilidad del ser humano, unida a la capacidad de la razón para averiguar como es la realidad en si, independiente de nuestro conocimiento sensible, es la forma de conocer el mundo que nos rodea y explicarnos a nosotros mismos. Esta posición se denomina racionalismo y contrasta con el empirismo, el cual plantea que el único conocimiento posible solo puede atribuírsele a la experiencia sensible. El empirismo alía a la experiencia sensible la razón, pero solo para relacionar datos y realizar inducciones.

Durante siglos se ha discutido sobre el origen del conocimiento, sobre la posibilidad de conocer, sobre la relación sujeto - objeto, y se llegó a pensar, con el dominio del empirismo, que la realidad y los objetos o fenómenos que la componen eran susceptibles de ser aprehendidos. Estas ideas, que impregnaron a toda la sociedad y particularmente a las ciencias de la naturaleza, vivieron su momento de gloria durante el siglo XIX y principios del siglo XX.

Todavía, hoy quedan vestigios de esa concepción que asegura que el sujeto puede conocer al objeto, que podemos inferir leyes generales o al menos parciales de los fenómenos de la naturaleza. La fortaleza de esta creencia reside en el éxito que la aplicación del empirismo y del método inductivo, significó en la conquista de la naturaleza, empleo la palabra conquista, ex profeso, porque como lo señala Alan Watts: El hombre occidental siempre se ha sentido ajeno a la naturaleza, fuera de ella. Nunca se ha considerado integrado. Por lo tanto, su objetivo ha sido siempre conocerla para vencerla, comprenderla para dominarla. En fin, los resultados exitosos de esta concepción, los vivimos día a día y los avances tecnológicos y científicos se han dado con tal rapidez, que la vida de nuestros padres, nada tuvo que ver con la nuestra y la nuestra nada tendrá que ver con la de nuestros hijos. Obviamente, el éxito genera fe, y la creencia de que la ciencia era infalible y que el conocimiento de todo cuanto nos rodea era posible, se convirtió en una paradoja difícil de romper.

El Siglo XX nos depara nuevas sorpresas, nuevos descubrimientos acabaron con el mito del conocimiento, con el concepto de causalidad, con el determinismo, que creía en la existencia de leyes fijas, que determinaban el estado futuro de un sistema a partir del actual, en fin, acabaron con el andamiaje que se había montado para la representación de la diosa ciencia y comienza a derrumbarse, lo que durante dos siglos se creyó era el peldaño de llegada, la llave mágica de entrada, al cuarto donde todos los misterios serian develados.

Cuatro momentos históricos y coincidentes en el tiempo es conveniente señalar:

  • 1. Los descubrimientos de Max Planck y su teoría cuántica. A partir de la cual toda ley debe formularse, como ley estadística, como probabilidad, acabando con el determinismo.

  • 2. El principio de incertidumbre de Heinsenberg en el cual el objeto de estudio ya se modifica por el mero hecho de la observación.

  • 3. Los descubrimientos de Einstein y su teoría de la relatividad, donde el tiempo y el espacio dejan de ser absolutos y la materia deja de ser eterna al transformarse en energía.

  • 4. El principio de complementaridad de Niels Bohr donde plantea que en algunas situaciones un modelo no puede representar adecuadamente la realidad y por lo tanto necesitamos de otros modelos explicativos complementarios.

Estos cuatro acontecimientos traumáticos, para el ser humano en general, pero particularmente para el mundo científico, acaban con la concepción de la ciencia que desde Newton había prevalecido. Para emular a Khun, el viejo paradigma, había encontrado un número significativo de hallazgos anómalos, que obligaba a la construcción de uno nuevo; que incidiría en otra forma de ver el mundo y de plantearse la ciencia.

Bajo esta nueva perspectiva, el sujeto solo puede aproximarse al conocimiento del acaecer, no al ser del objeto en si. Lo que elaboramos son modelos operacionales, no modelos reales de la naturaleza. Las leyes de la naturaleza son simplemente leyes humanas, reglas predictivas que hemos creado. La ciencia se convierte en mediciones, en regularidades estadísticas, nunca en certezas.

Nos despertamos del sueño del conocimiento, sencillamente no podemos aprehender los objetos. Confundimos la realidad con la representación que de ella hicimos. La ciencia, para el mismo Einstein "es una creación del espíritu humano con sus ideas y conceptos libremente inventados". El sujeto siempre ha estado presente en el objeto, como indica Castilla del Pino "Lo acaecido en todo caso es una organización categorial de la realidad". Durante siglo y medio viajamos en un barco construido con tal abundancia de hierro, que la aguja del compás apuntaba solo a la masa férrea del propio buque y no al norte. Con un barco semejante no hay modo de poner la proa a ninguna meta. Navega en círculo entregado a vientos y corrientes. Este símil expresado por Heinsenberg, señala claramente la situación de la ciencia en el pasado reciente.

Los cuatro descubrimientos señalados harán que el barco cambie de dirección, que se busquen nuevos instrumentos, que se señalen los límites de nuestra capacidad para conocer, pero, también ampliaran nuestra visión y nuestra perspectiva de la ciencia.

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