Agregar a favoritos      Ayuda      Português      Ingles     
 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

¿Las cosas son en realidad como las percibimos? (página 3)

Enviado por Lus ngel Ros Perea



Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12

En el ámbito del conocimiento, la filosofía educativa influye en nuestra manera de ver el mundo. Una persona educada en el idealismo platónico, que considera que la verdadera naturaleza del hombre radica en su vida espiritual, pensará que no todos los hombres pueden llegar a conocer plenamente la verdad, pero sabrá que toda educación debe llevar al individuo a la virtud, que consiste en descubrir la verdad y vivir de acuerdo con ella. El realismo científico, que plantea que el fin del hombre es conocer la verdad científica por medio de la investigación, preparará al ser humano intelectualmente, dándole a conocer las verdades científicas. El pragmatismo, que concibe al hombre como un ser social que se define por sus impulsos, sin los cuales le sería imposible conservar la vida, proporciona al sujeto experiencias de aprendizaje, promueve la cooperación entre los individuos y los ejercita en la aplicación del método científico dentro de un ambiente democrático. El existencialismo, que asigna al hombre la misión de realizarse y desarrollarse como ser libre dentro de una existencia auténtica, le atribuye a la educación la tarea de formar al hombre para ser él mismo, alejándolo de la masificación y ayudándolo a hacerse sujeto. El personalismo, que considera al hombre como un ser trascendente, libre y original, plantea que la educación debe crear ambientes que favorezcan el desarrollo personal del hombre en sus diferentes estructuras. El marxismo, para el que el hombre es un ser social que se hace en sus relaciones con los otros hombres a través del trabajo, rechaza el modelo educativo profesor-alumno, y propone la pedagogía de la colectividad primaria, lo cual conlleva a que todos los fines personales y grupales deben emanar siempre de los fines generales de la escuela y del país.

El criterio de la verdad

El criterio de verdad es la norma o regla que nos sirve para distinguir un conocimiento verdadero de uno falso. Es la prueba por la cual distinguimos entre la verdad y el error. Podemos compararlo al metro que nos sirve de patrón para las medidas. La norma para distinguir la verdad de lo falso no puede ser la autoridad de quien dice saber o quiere imponer su saber o su poder. Un juicio no puede admitirse como verdadero por el solo hecho de ser formulado por esa clase de persona. La verdad no es absoluta e inmutable, sino relativa; esto es, depende del entendimiento humano, y está sometida a las variaciones de éste. La verdad cambia con los hombres o los tiempos. Cada sistema filosófico implica y encarna una determinada concepción de la verdad. El criterio de verdad debe responder, entre otras, a la pregunta de si es la verdad independiente o dependiente del hombre. La cuestión del criterio de la verdad nos lleva a preguntarnos: ¿Qué nos presta la certeza de que nuestros juicios, además de verdaderos, sean ciertamente verdaderos? ¿En qué conocemos que un juicio es verdadero o falso? El hombre, como dijo Einstein, tiene un profundo anhelo de certeza en sus conocimientos. Existen diversos campos de verdad, cada uno de ellos aceptable dentro de sus propios límites.

En la búsqueda del conocimiento debemos preguntarnos ¿cómo llegaremos a saber lo que no sabemos? ¿Cómo podemos saber qué es lo que queremos saber? ¿Qué buscamos preguntando? ¿De dónde pueden proceder las respuestas válidas? ¿Cómo hemos obtenido el conocimiento? ¿Hasta qué punto estamos seguros de él? ¿Cómo podemos ampliarlo, depurarlo o mejorarlo? Sabemos las cosas porque otros nos las han dicho, las hemos estudiado y por experiencia propia. Pero ¿hasta qué punto estamos seguros de lo que sabemos? ¿Quién nos puede asegurar que lo que damos por cierto, no será descartado después? Lo que hoy nos resulta verosímil o aun probable siempre puede estar sujeto a revisión. Por eso es importante tener criterios de verdad y razonar profundamente, si queremos fundar nuestros conocimientos. Todas nuestras fuentes de conocimiento han de pasar por el discernimiento crítico y riguroso de la razón, que verifica, organiza y busca coherencia en lo que sabemos, así sea provisionalmente.

Un criterio de la verdad es la ausencia de contradicción. No es un criterio general, válido para todo el conocimiento, sino sólo para una clase determinada de conocimiento. Otro criterio de la verdad consiste en la presencia o realidad inmediata de un objeto: son verdaderos todos los juicios que descansan en una presencia o realidad inmediata del objeto pensado.

La certeza es un estado de ánimo del que conoce que está seguro que lo que afirma es verdadero y no puede dudar, porque conoce los motivos para no dudar, para estar firme en su asentimiento. Es el sentimiento firme de nuestra mente a algún enunciado porque conocemos que no tenemos peligro de errar.

Cada persona tiene una verdad "relativa"; razón por la cual ésta no es propiedad privada ni absoluta de nadie. Nadie está en poder de la verdad. Las verdades religiosas, llamadas dogmas, son simples creencias, por cuanto no se debe aceptar como verdad algo que no se ha verificado de alguna manera. No existe la verdad absoluta; simplemente existen aproximaciones a la verdad.

Cada ser humano tiene una verdad inherente a sus experiencias, en la medida en que aprenda a conocerse a sí mismo, descubriendo grandes realidades de la existencia, teniendo cuidado con los sofismas de distracción que nos desubican de la realidad. De lo contrario se corre el riesgo de vivir esclavizados por desconocer nuestra propia verdad. Tengamos siempre presente que el hombre superior busca en sí mismo todo lo que quiere, en cambio el hombre inferior lo busca en los demás.

Concepciones del conocimiento y de la verdad

Debido a la diferencia de pensamiento y de criterios, que es precisamente lo que nos hace únicos e irrepetibles, cada quien tiene su verdad de las cosas y de la realidad, según su punto de vista o su corriente de pensamiento.

Punto de vista de los presocráticos

Los griegos presocráticos esquematizaban la verdad como "desvelación del ser". Buscaban la verdad o lo verdadero frente a la falsedad, es decir, oponer y distinguir la apariencia, el fenómeno, a la realidad que se oculta y permanece tras ella. La verdad es idéntica a la realidad, a lo permanente o primordial del ser, el principio, o bien, la estructura de la realidad. La verdad es el descubrimiento del ser; esto es, la visión de la forma o perfil de lo que verdaderamente es, pero que se halla oculto por el velo de la apariencia.

Según Pitágoras, todo cuanto vemos y tocamos, las cosas tal y como se nos presentan, no existen de verdad, sino que son otros tantos velos que ocultan la verdadera y auténtica realidad.

Heráclito precisa que todas las cosas que se tienen ante nosotros no son nunca, en ningún momento, lo que son en el momento anterior y en el momento posterior. Nunca vemos dos veces lo mismo, por próximos que sean los momentos. Todas las cosas, tal como se nos ofrecen a la contemplación sensible, son el verdadero ser y están dejando de ser, para volver a ser, para devenir. Las cosas son como gotas de agua en los ríos, que pasan y no vuelven más. Las cosas no son, sino que devienen. Existir es estar en perpetuo cambio, un estar constantemente siendo y no siendo; un devenir perfecto; un constante fluir. Una cosa es y no es al mismo tiempo.

Según Parménides, este mundo abigarrado de colores, de las cosas que van y vienen, de la multiplicidad de los seres, de su variedad, de su movimiento, de su abizarramiento, todo este mundo sensible, es una apariencia, es una ilusión de nuestros sentidos, una ilusión de nuestra facultad de percibir. Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. El ser es y el no ser no es. "Mantenía que los fenómenos de la naturaleza son sólo aparentes y debidos, en esencia, al error humano; parecen existir, pero no tienen entidad real. Sostenía también que la realidad, "Ser verdadero", no es conocida por los sentidos, sino que sólo se puede encontrar en la razón" (Microsoft Encarta).

Corriente o doctrina determinista

El Determinismo, influenciado por Demócrito, defiende que la percepción sensorial constituye la fuente básica del conocimiento, pero proporciona sólo un saber confuso de los objetos; sobre este saber se eleva otro luminoso, más sutil, el saber por el intelecto, que conduce a la esencia del mundo: de los átomos y el vacío.

Quienes tienen una concepción causal determinista del mundo, son partidarios de la conciencia reflexiva, es decir, conciben la imagen de las cosas como existentes en la mente, tienen conciencia de los objetos como algo inmanente. Quienes consideran que la conciencia es prerreflexiva, imaginante o emocional (conciencia libre), poseen una visión mágica, dinámica y contingente del mundo, porque son capaces de despojar el ego de su conciencia para poner las cosas como trascendentes (la conciencia es conciencia de algo), percatándose de que la percepción del objeto no es una representación mental de éste, sino que al percibirlo, perciben el objeto mismo; su percepción pone el objeto como existente. Su conciencia intenciona un objeto que es trascendente: este objeto es el fenómeno, el ser de algo existente, su apariencia. Su conciencia no crea el ser, el ser está ahí como en en-sí. Por eso sostienen la intencionalidad y la pura transparencia de la conciencia. Saben que el acto de amar a una persona no es lo mismo que pensar que aman a una persona. Pero, ¿por cuál de estas dos "miradas" optar? En tanto que los primeros tienen una concepción mecanicista y determinista del universo, atribuyendo sus acciones a la determinante causalidad del pasado precipitada en el ego, los segundos perciben las sensaciones inmediatas de la realidad como fugacidad y cambio permanente, y la existencia se les revela como contingencia, una gratuidad absoluta que se sostienen en la nada y el absurdo.

Corriente o doctrina dogmática

El Dogmatismo (doctrina o sistema filosófico que considera la razón capaz de conocer la verdad, siempre que se sujete a método y orden en la investigación; doctrina cerrada en sus verdades porque cree que está en lo cierto) asegura que el conocimiento verdadero es posible. Se puede dar una relación entre el sujeto cognoscente (la persona que conoce) y el objeto conocido. Supone la capacidad cognoscitiva del hombre y piensa que la realidad de hecho existe. Trata de averiguar qué son las cosas, de qué están hechas; busca un principio que sea capaz de explicar todo cuanto existe. Confía en el poder de la razón para conocer. Cree que los valores de las cosas son aprehendidos directamente y que nuestro espíritu es capaz de conocer la realidad tal cual se nos presenta.

Corriente o doctrina escéptica

El Escepticismo (doctrina o sistema filosófico que afirma que la verdad no existe, o que si existe, el hombre es incapaz de conocerla) plantea que el conocimiento verdadero no es posible. ¿Por qué? Los sentidos nos engañan, cometemos muchos errores y estamos sometidos a las contradicciones. Cree que la diversidad de opiniones entre los hombres respecto de una misma cosa hace que no podamos tener ninguna seguridad respecto de nuestros conocimientos; nuestras facultades cognoscitivas (sentidos y razón) están sometidas al engaño. La duda es la única forma de sabiduría. Las cosas no se pueden conocer. A lo sumo, se dan simples opiniones a las que se pueden oponer otras. Para llegar a la plena tranquilidad (ataraxia) hay que abstenerse de todo juicio. Sostiene que no debemos pronunciarnos a favor ni en contra de ninguna cosa; ni considerar nada, ni como falso ni como verdadero. No concede valor a los conocimientos sensibles ni de la razón, porque si las impresiones sensibles son subjetivas y la razón trabaja con ellas corre el mismo riesgo de error. No hay ninguna evidencia inmediata ni ninguna ciencia absoluta.

El escepticismo asegura que nada podemos afirmar ni negar como cierto, sino a lo sumo como probable. No existe criterio absoluto de verdad: ni la razón, ni los sentidos, ni las representaciones, son base evidente de nada, pues todos nos engañan igualmente. De la realidad sólo percibimos apariencias mudables. El espectro de lo que pensamos y hacemos está limitado por lo que no percibimos. Y, dado que no percibimos lo que no percibimos, poco podemos hacer para cambiar hasta tanto percibamos cómo el no percibir moldea nuestros pensamientos y nuestros actos. Además de la tergiversación inicial de lo que percibimos con nuestra atención, puede haber tergiversaciones posteriores en lo que recordamos. La misma contradicción de las cosas hace que todo sea relativo y que por tanto los enunciados ni sean verdaderos ni falsos. Sólo conocemos lo que sentimos, pero no la realidad tal como es en sí. Hay muchas razones para ello: la diversidad de sensaciones, las circunstancias subjetivas, la variedad de posiciones, de distancias y lugares, la relatividad del sujeto que conoce y del objeto, la diversidad de educación, costumbres, leyes y creencias.

El escéptico es un observador, un buscador y un cuestionador que no niega ni afirma nada. No pretende negar la realidad pero sí los juicios sobre ésta. El hombre nada puede conocer con certeza y, por consiguiente, ha de dudar definitivamente de todo. El escéptico está, pues, instalado en la duda. Un escéptico pone en duda la existencia de la verdad y afirma que el hombre es incapaz de conocerla. ¿Por qué? El carácter falaz de los medios cognoscitivos de que dispone el hombre, la dependencia de todo supuesto conocimiento con respecto a las circunstancias del sujeto, objeto, tiempo y lugar; y la existencia de opiniones contradictorias sobre cada cuestión.

Según los escépticos, no hay conocimiento verdaderamente seguro ni siquiera fiable cuando se le examina a fondo. No dudan de la verdad, sino de que puedan distinguirla fiablemente de lo falso. El escepticismo pone en cuestión o niega rotundamente la capacidad de la razón para establecer verdades concluyentes.

Corriente o doctrina relativista

El Relativismo (sistema filosófico o doctrina que sostiene que el conocimiento sólo tiene por objeto relaciones, sin llegar nunca al de lo absoluto) plantea que el conocimiento es posible, pero niega de hecho que podamos llegar a obtener verdades universales, absolutas, inmutables. Nuestro conocimiento siempre es relativo, es decir, dependiente de factores y circunstancias especiales. Hay muchas circunstancias que afectan al objeto que vamos a conocer como hay también circunstancias que afectan al sujeto cognoscente. Las cosas son para cada cual, lo que cada cual quiera pensar de ellas. Cada cual elabora su propia verdad. Hay tantas versiones del mundo de acuerdo con las experiencias de cada cual, pero ninguna de ellas puede imponerse con la precisión de ser total y común a todos. No hay ninguna realidad que sea verdadera para todo sujeto, sino que lo que para un sujeto es verdad, para otro puede ser falso; es decir, la verdad es relativa. No somos capaces de alcanzar la verdad por medio de razonamientos.

Los relativistas sostienen que no hay verdades absolutas, sólo relativas según la etnia, el sexo, la posición social, económica, política, religiosa y los intereses de cada cual, incluso su carácter. Hay tantas verdades como culturas. Para los relativistas-subjetivistas, el conocimiento depende de muchos factores que rodean al hombre: cultura, convicciones, prejuicios, etcétera.

Punto de vista socrático

Sócrates busca la verdad o el conocimiento verdadero a través del método mayéutico, el cual consiste en hacer que un interlocutor encuentre la verdad a medida que éste va contestando una serie de preguntas hechas en forma hábil. Se le considera como un proceso pedagógico en el que la verdad de las cosas es puesta en movimiento en el acto mismo del preguntar y el responder. Es un diálogo abierto, en el que prima la actitud de búsqueda sincera. El diálogo opera como proceso intersubjetivo de conocimiento de la verdad. Según Sócrates, es la búsqueda personificada de una filosofía que en él es una forma fundamental de vida en la que priman más la autenticidad y la actitud de búsqueda que el rigor de las conclusiones o la logicidad de los discursos. El método socrático es la forma misma de su vida, de un saber que está en camino, de un no saber que se sabe.

Punto de vista platónico

Platón, que retoma algunos planteamientos de Parménides, considera que el mundo y las opiniones del hombre acerca de él son meras apariencias, de las que se debe desconfiar. El mundo sensible, lleno de engaños, sombras y apariencias, no ofrece conocimiento verdadero. El mundo de las cosas es móvil e impredecible y está sujeto a contradicciones y cambios. Son las ideas, modelos perfectos y divinos, las que nos brindan el auténtico conocimiento. El mundo sensible, ininteligible, nos ofrece sólo opiniones. El mundo ideal, inteligible, es real. La realidad no es algo dado sino que hay que conquistar a fuerza de pensamiento.

Platón sostiene que hay dos mundos: el de las ideas y el de las cosas. El mundo de las ideas es distinto del mundo en que vivimos (el mundo de las cosas); es un mundo trascendente, porque es otro mundo distinto del que tenemos en la sensación. El mundo en que vivimos es el reflejo pálido del mundo en que no vivimos (el mundo de las ideas), que es el habitáculo de la verdad absoluta. La verdad es la trascendencia de las cosas. La idea es trascendente al objeto que vemos y tocamos. Cuando queremos definir un objeto, tenemos que quitarlo de en medio y fugarnos al mundo trascendente de las ideas, completamente distinto al mundo de las cosas. En Platón todo lo que no vemos (ideal) es real y todo lo que vemos (cosas) no es real.

Corriente o doctrina realista

El Realismo (sistema filosófico que afirma la existencia objetiva de las cosas), influenciado por Aristóteles, contrario al Idealismo, afirma que el conocimiento es posible sin necesidad de suponer que la conciencia impone a la realidad ciertos conceptos o categorías a priori (antes de la experiencia). Las cosas existen independientemente de que yo las piense o no. Las cosas existen fuera e independientemente del sujeto que las considera, concibe o piensa. Una cosa es, no porque la conocemos, sino que la conocemos porque es. Las leyes del pensar son impuestas por las leyes del ser. La realidad se impone a la mente. El conocimiento viene de las cosas al sujeto; en el Idealismo, va del sujeto a las cosas. El realismo ingenuo o la doctrina de que las cosas son lo que parecen, a diferencia del realismo crítico, sostiene que las cosas son lo que percibimos por nuestros sentidos. Según Aristóteles, nadie podrá comprender algo o aprender, si los sentidos no se lo enseñan, y todo lo que se piensa, se piensa forzosamente como imágenes. El mundo sensible es un mundo inteligible y comprensible, porque fue creado por un Dios inteligente, y porque Dios existe.

Aristóteles, de tendencia realista (realismo crítico), concibió la verdad como adecuación del pensamiento con la realidad, adecuación o correspondencia con la realidad. Un enunciado es verdadero si hay correspondencia entre lo que dice y aquello sobre lo cual se habla. Según Aristóteles, decir de lo que es que no es y decir de lo que no es que es, es falso; y decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero. En otras palabras: verdad es decir del ser que es y del no ser que no es. Para un aristotélico, en los seres que se presentan a nuestra observación hay mezcla de ser y no ser, o sea de perfección y de perfectibilidad, de acto y de potencia.

Para Aristóteles, conocer significa formar conceptos, subsumirse en los conceptos y razonar para ver o determinar las substancias que no tenemos en nuestra experiencia sensible. Saber o conocer es tener conceptos en la mente. Saber consiste en tener en la mente una colección, lo más variada, amplia y rica posible, de conceptos, que permitan deambular por el mundo entre las realidades, sin sentirse nunca sorprendido; y cada vez que se encuentre algo, si se es verdaderamente sabio, se tendrá en la mente el concepto correspondiente. El conocimiento de las cosas consiste en poseer conceptos, en llenar la mente de conceptos, los cuales se ajusten a las cosas. Mediante el concepto se conocen las cosas. Un concepto es verdadero cuando lo que el concepto dice y lo que la cosa es, coinciden.

Doctrina tomista y escolástica

El Tomismo (pensamiento de Santo Tomás de Aquino), retomando algunos planteamientos aristotélicos, define la verdad como adecuación de la cosa y del intelecto, porque cuando hablamos de verdad de unas afirmaciones, pensamos evidentemente en la coincidencia entre ser y pensamiento, entre realidad y lenguaje, entre hecho y enunciado.

Santo Tomás y demás escolásticos buscan la verdad a través del método de la disputa, que es una opción pedagógica en la que se unen y distinguen tres procesos: lección (lectio), probematización (quaestio) y disputa (disputatio), propios de la enseñanza teológica escolar. La lectio es una lectura y comentario en sentido progresivo desde el aspecto gramatical hasta el desentrañamiento del sentido lógico, de sentido, hasta llegar a la doctrina más allá del texto, de una búsqueda de relaciones internas del pensamiento y de sus conceptos implícitos. La quaestio o problematización es el momento crítico sobre la base de una pregunta, una duda, una cuestión. La disputatio implica el momento del diálogo y la confrontación.

Corriente o doctrina idealista

El Idealismo es una doctrina cuyo fundamento y objeto son los ideales que consideran realizables. Plantea que la conciencia impone la realidad. El Idealismo niega el mundo sensible. La mente es la que da la existencia de las cosas. Las cosas son construcciones de la mente. Las cosas no existen en sí; la mente les da el ser. No podemos conocer algo diferente de lo que está en nuestro mismo entendimiento. La realidad es creación de la mente. La imagen del mundo es producto del sujeto que conoce, puesto que el espacio y el tiempo, que son fundamento de todo el universo, son también creaciones de la mente. El Idealismo cartesiano, que toma como partida la duda metódica, aconseja que hay que dudar (provisionalmente) de todo, del mundo y de nuestro conocimiento, a fin de desembarazarse mejor de cualquier prejuicio y llegar así a distinguir lo verdadero de lo falso.

a. Punto de vista racionalista cartesiano

A partir de Descartes surge el Idealismo (que hunde sus profundas raíces en Parménides y en Platón) propiamente dicho. Su punto de partida es el sujeto cognoscente que desconfía de toda realidad, incluso de lo inteligible. Sólo se considera real lo cognoscible, por cuanto es lo único que representa una evidencia plena al sujeto cognoscente; el ser o la realidad se determinan por la conciencia. Descartes establece las bases sobre las cuales se asienta todo pensamiento filosófico posterior.

El Racionalismo (doctrina o sistema filosófico cuya base es la omnipotencia e independencia de la razón), heredero del Idealismo y fundado en la razón (una de las dos fuentes naturales de conocimiento humano; la otra es la experiencia), precisa que sólo el conocimiento racional es conocimiento perfecto y de valor irrechazable; solamente con él captamos lo que las cosas son y sus relaciones inmutables. El conocimiento racional se caracteriza porque es objetivo, exacto, universal (no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio) y necesario (es necesariamente y no puede ser de otra manera). El conocimiento racional es el único conocimiento válido, porque los sentidos nos engañan. El criterio de verdad será todo lo que se conciba racionalmente como claro y distinto, es decir, objetivo. Las verdades, además de verdaderas, deben ser ciertas. Si tenemos conocimientos ciertos, definidos, han de basarse en la razón misma. Según Descartes, padre del racionalismo, nada debemos aceptar como cierto, como verdadero, hasta que no se nos presente como un hecho real. Para éste, lo único seguro es que existo yo y mis pensamientos; el mundo de los sentidos es dudoso. Es dudoso que más allá de mis pensamientos existan las cosas.

Según Descartes, considerado como el padre de la modernidad, los hombres tienen la facultad del entendimiento, conformado por la razón ejercida a través de operaciones intelectuales abstractas, la lógica y las matemáticas, que nos permite conocer las cosas, por fuerza de toda experiencia sensorial. Pero los hombres, a pesar de su inteligencia, se equivocan frecuentemente. ¿Por qué? Por falta de procedimientos, de método de aplicación de su inteligencia. A cada hombre le corresponde la responsabilidad de confeccionarse un método para conducir adecuadamente su razón. Se trata de una metodología que garantice el progreso y la evolución gradual del conocimiento, desde la ruindad de la opinión cotidiana, hasta el punto mayor al que sea posible llegar a partir de la fragilidad del entendimiento y la brevedad de la vida humana. Así se podría vivir mejor, aprovechar más el corto espacio de la existencia humana y comprender más hondamente las razones últimas del comportamiento de las cosas. Se trata de un criterio mediante el cual sea posible distinguir con claridad lo verdadero de lo falso.

Para buscar la verdad emplea el método cartesiano, que consta de las siguientes reglas: 1. La Evidencia. No aceptar nada como verdadero, como cierto, hasta tanto no se presente como un hecho real. 2. El Análisis. Dividir cada una de las dificultades que se han de examinar en el mayor número de partes posibles y necesarias para resolverlas mejor. 3. La Síntesis. Conducir los pensamientos por orden, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender, como por grados, poco a poco hasta los conocimientos más complejos. 4. La Enumeración. Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales, que estemos seguros de no omitir nada.

El fundamento de este método debe encontrarse en la duda metódica: es necesario suspender al menos una vez el asentimiento a cualquier conocimiento aceptado comúnmente; dudar de todo, incluso de los sentidos, y considerar provisionalmente falso todo aquello de lo que es posible dudar. En síntesis, el método cartesiano consiste en la evidencia, en el analizar, el sintetizar y el enumerar.

Un racionalista piensa que el conocimiento tiene su origen en la razón, porque la experiencia no cuenta en la elaboración de nuestros conocimientos. Como los sentidos nos engañan, sólo la razón puede conducirnos a la verdad. Existe una identidad entre el ser y el pensar. En ningún caso los sentidos nos permiten conocer la verdad y la naturaleza de las cosas, porque las sensaciones son oscuras, confusas. En cambio, las ideas son claras y distintas, generales y comunes a todos los hombres. Para alcanzar la certeza de la verdad no se requiere más que poseer la idea verdadera, puesto que para saber no es necesario saber que uno sabe. Las cosas tienen tanta mayor posibilidad de existencia y de pertenecer al mundo, cuanto más útiles, beneficiosas y eficaces sean. El hombre no puede llegar a una certeza absoluta porque es limitado en su inteligencia. Conocer la cantidad de combinaciones o de acontecimientos de las cosas es hacer verdadera ciencia. Para un racionalista, la verdad no sólo debe ser verdadera, también debe ser cierta.

b. Punto de de vista Leibniz

Leibniz, de tendencia racionalista, distingue entre verdades de hecho y verdades de razón. Las verdades de hecho se presentan con carácter contingente y las verdades de razón con carácter necesario. Las verdades de razón se fundan y rigen por el principio de no contradicción ("Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo punto de vista") y las verdades de hecho por el principio de razón suficiente ("Nada puede admitirse sin explicación racional de su existencia. Todo juicio necesita de un fundamento suficiente, para ser verdadero. Todo conocimiento debe estar fundado").

Toda percepción se realiza desde un sujeto que percibe y este sujeto es individuo y está determinado por su circunstancia. Nos encontramos ante la imposibilidad de un conocimiento absoluto. "Cualquier sistema, por completo que pueda parecer, supone un punto de vista y, por lo tanto, una determinación. Y todos ellos, por encima de sus divergencias y contradicciones, contienen algo de verdad, una chispa que permite la profunda unidad del universo, obra de Dios… Son las ideas innatas que se constituyen en el verdadero objeto del conocimiento. En medio de la confusión, fruto de los sentidos y de las percepciones imprecisas, las marcas originales, las ideas innatas, nos permiten descifrar el mundo en toda su integridad y en todas sus posibilidades", señala el filósofo e historiador Rafael Méndez comentando la obra de este pensador.

c. Punto de vista de Pascal

Blas Pascal sostiene que los hombres son míseros e incapaces de comprenderse a sí mismos, al mundo que los rodea y al sentido de pertenecer a él. "La naturaleza, con toda su prolijidad, es y será siempre inabarcable para un ser dotado con mínimos recursos. Al hombre no le corresponde en propiedad nada distinto de la equivocación, las falsas generalizaciones y la falsedad… Fatuidad, torpeza y limitación son sus características fundamentales. Su frágil razón lo aleja de toda comprensión genuina, y la vacuidad de su comportamiento lo acerca al exceso y al vicio", precisa Rafael Méndez analizando la obra de este pensador francés.

Según Pascal, la inducción, la metodologización y la racionalidad no bastan para conocer la realidad fenoménica. "Miro y sólo hallo tinieblas por todos los lados…; es incomprensible que Dios exista, e incomprensible que no exista; que el alma esté en el cuerpo, y que no tengamos alma; que el mundo sea creado, y que no lo sea…", señala en sus Pensamientos. La salida a esta encrucijada se encuentra en la vida cristiana, porque sólo allí está la perfección, la verdad y la felicidad. "Qué desgraciados somos, que tenemos una idea de felicidad y no podemos conseguirla y tenemos una idea de verdad y no podemos conocerla… Deseamos la verdad y sólo hallamos incertidumbre; buscamos la dicha y no hallamos más que miseria y muerte; no podemos dejar de aspirar a la verdad y a la dicha, y somos incapaces de certidumbre y felicidad", aclara en su obra.

Según él, de ninguna manera podremos lograr un conocimiento pleno y total del universo y de nuestra condición. Sólo obtenemos conocimientos fragmentados. Como no podemos alcanzar el conocimiento total, hemos de preferir la amplitud del conocimiento a la especialización. Es mejor saber poco sobre muchas cosas que tratar de saber mucho sobre una sola cosa. "Los conocimientos de la naturaleza arrojan al hombre a una contradicción insoluble y dolorosa. Sus resultados pueden ser, y en gran medida son, falsos. En tal caso, los seres humanos vivirán envueltos en una versión espuria de la realidad, con todas las consecuencias derivables de tan errática condición", aclara Rafael Méndez. En medio de la apabullante certidumbre del mundo que nos rodea, dentro del cual no somos más que una partícula insignificante e innecesaria, debemos contemplar la naturaleza y contemplarnos a nosotros mismos, de manera que nos sea posible establecer justas proporciones entre estas dos contemplaciones, antes de ocuparnos de la indagación científica sobre el mundo. "Flotamos sobre un vasto término medio, siempre incierto y lanzados de un extremo a otro; si queremos afirmarnos en un punto, nos abandona, y si le seguimos, se aleja de nosotros en una huida eterna; nada se detiene para nosotros; es el estado que no es propio y a la vez el más contrario a nuestra inclinación, puesto que ardemos en deseos de hallar una base firme para edificar una torre que llegue al infinito; pero nos falta el suelo, y la tierra se abre a nuestros pies; no busquemos, pues, punto de apoyo; nuestra razón está siempre combatida por la inconsistencia de las apariencias, y nada puede fijar lo infinito entre los infinitos que lo encierran y lo huyen", precisa Pascal en sus Pensamientos.

Como la razón no basta para comprender los temas trascendentes que le dan el auténtico sentido a la existencia, porque no es posible alcanzar claridad absoluta mediante la aplicación del os procesos intelectuales, nos vemos obligados y forzados a optar por la apuesta, el azar. Apostar por lo mejor, por aquello que me reporte mayores ventajas y me rescate del desastre. "Apostando que Dios existe, si ganáis lo ganáis todo; si perdéis no perdéis nada", señala en sus "Pensamientos".

d. Punto de vista kantiano

El Kantismo (doctrina o sistema filosófico de Inmanuel Kant) distingue entre conocimiento a priori (antes de la experiencia) y conocimiento a posteriori (después de la experiencia). Conocimiento a priori o conocimiento puro es aquel cuya validez no depende de la experiencia. Es universal y necesario. Conocimiento a posteriori o conocimiento empírico es aquel cuya validez depende de la experiencia. Es contingente y limitado a los casos experimentales. Somos capaces de conocer el objeto tal como lo percibimos, el fenómeno (la cosa en mí), lo que aparece a nuestra conciencia. Pero somos incapaces de conocer la realidad o cosa existente independiente de nuestro conocimiento, el noúmeno (cosa en sí), lo que es pensado y no conocido.

Kant busca la verdad mediante el método trascendental, que se pregunta cómo es posible y dentro de qué condiciones se da nuestro conocimiento de la realidad. No se parte del objeto mismo como algo dado, sino del sujeto que indaga el sentido y el contenido mismo del concepto. No se trata de partir del porqué del objeto sino del cómo del juicio que recae sobre él. Trascendental es todo conocimiento que se ocupa de nuestro modo de conocer los objetos, siempre y cuando sea posible a priori este conocimiento.

Este punto de vista sostiene que no conocemos la realidad pura sino sólo como es lo real para nosotros. Nuestro conocimiento es verdadero pero llega hasta donde lo permiten nuestras facultades. No conocemos la realidad como es en sí, sino como nos aparece. El planteamiento kantiano busca que se evite el error y la confusión mediante la construcción y formulación de juicios universales y necesarios, porque si una afirmación pretende conocimiento de alguna cosa en particular, debe ser válida siempre que esa cosa se presente, por encima de condiciones y circunstancias.

La realidad no la conocemos como es sino como aparece (fenómeno). La cosa en sí no es posible conocerla; sólo podemos conocer la cosa en mí. El hombre es el que, a través de sus estructuras a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo), el entendimiento (categorías o conceptos) y la razón (ideas a priori regulativas), condiciona la posibilidad del conocimiento científico. Este no es un conocimiento de la esencia de las cosas, porque las cosas no las conocemos en su esencia sino en su apariencia. El hombre puede llegar a conocer, poseer la verdad, tener conocimientos que le den certeza, pero se hace indispensable justificar racionalmente la forma como llegamos al conocimiento, o sea, es indispensable demostrar cómo es que conocemos y en qué forma se nos da la realidad. Kant sostenía que las cosas son de una forma determinada y concreta, pero que nosotros sólo conocemos apariencias. Tanto si observa átomos, como rocas, relaciones o sociedades, puede hacerlo de distintas maneras. Por ejemplo, mire hacia un árbol por la ventana. Luego vuelva a hacerlo por la noche. Pruébelo un día de lluvia. Luego utilice un aparato de infrarrojos para mirarlo. Imagínese el aspecto que presenta para un murciélago, o para un elefante o para alguien que sea daltónico. ¿Cuál es el verdadero aspecto del árbol? ¿Alguno de los anteriores? ¿Ninguno de ellos? Kant habría argumentado que la suma de todos los aspectos concebibles más todos los imperceptibles constituyen el noúmeno. Por consiguiente, la "cosa en sí misma" (la cosa tal como es realmente) es mucho más rica, profunda y completa que cualquier representación fenomenológica concreta. Nuestra percepción actual sólo es una forma de ver las cosas y que cuantas más perspectivas investiguemos mejor será nuestra comprensión. La obra de Kant también nos previene contra la tendencia a definir categorías y a emitir juicios, ya que es difícil saber si la categoría o el juicio en cuestión refleja la cosa o la manera que tenemos de verla. Anais Nin resumió esta idea al escribir: "No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos."

El agnosticismo, teorizado por Hume y Kant, buscando armonizar el Idealismo y el Materialismo, tan contradictorios e irreconciliables, plantea que es inútil tratar de conocer la naturaleza real de las cosas, puesto nunca conoceremos más que las apariencias. No se puede saber si el mundo es, en el fondo, espíritu o naturaleza, pensamiento o materia, conciencia o ser. Es posible conocer la apariencia de las cosas, pero no podemos conocer la realidad. No podemos saber nada con certeza; sólo la apariencia de las cosas, jamás la realidad. Nuestros sentidos nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos exteriores, sus apariencias; esas apariencias existen para nosotros. Pero no podemos conocer la cosa independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama la cosa en sí. Es imposible afirmar si el mundo exterior existe o no existe.

e. Punto de vista hegeliano

Georg Wilhelm Hegel postula que todo lo real es racional y todo lo racional es real. Su Idealismo, conocido como intelectualismo o panlogismo, identifica el pensamiento con el ser: todo es pensamiento y no hay nada fuera de él; por eso todo lo real es racional y lo racional es real. Lo real es idéntico a lo racional. El pensamiento mismo, que es lo absoluto, es el principio verdadero y universal de la naturaleza y del espíritu. La filosofía debe optar por el saber absoluto. Su objetivo es el conocimiento de la realidad, de lo que es de manera indudable, definitiva y absoluta, el ser en sí. "El saber absoluto es nuestro propósito más acariciado, pues en él y solamente en él, es posible encontrar la cosa misma, en conocimiento de lo real, de lo que es en verdad… Para contemplar el absoluto, el conocimiento es objeto prioritario de reflexión", plantea el pensador alemán en su Fenomenología del espíritu. ¿Pero que tipo de conocimiento? ¿Quién garantiza que no se incurra en confusión? El concepto mismo de conocimiento supone límites y condicionamientos. "No se puede conocer todo, aclara Hegel, o cuando menos se ha de tener el mayor cuidado posible en nuestros procesos, pues podemos caer en el error que asecha en cada momento, y sin tomar por cierto lo incierto, o pasar por encima de lo verdadero sin darnos cuenta". Una cosa es el absoluto que deseamos conocer y otra el conocimiento que nos permitiría dar razón cabal del absoluto. El absoluto es aquello capaz de contener todas las cosas. La verdad reside sólo en el absoluto. "Solamente lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es absoluto". El conocimiento no es externo al sujeto que conoce. Cuando hablamos de conocimiento y nosotros mismos, hablamos de la misma cosa. De la misma cosa hablamos cuando decimos conocimiento, absoluto y nosotros mismos.

Para Hegel, la verdad es dialéctica, por cuanto radica en la coincidencia del objeto consigo mismo, con su concepto, pero dado que esta coincidencia jamás se alcanza por un juicio finito, la verdad ha de ser entendida dialécticamente, como proceso, en el cual se realiza lo concreto o la unidad de determinaciones diferentes, lo cual supone que lo uno y lo múltiple no son antitéticos. Pero en dicho proceso no se puede descartar el error, porque el error es parte de la verdad. "Lejos de considerar la necesidad de separarnos radicalmente de lo espurio y rechazar sus inconsistencias en aras de nuestra verdad, se trata de apropiarnos del error y considerarlo parte sustancial del proceso constructor de la verdad". Se trata de concebir el error y la abstracción como un momento necesario al proceso de apropiación de la verdad. La verdad conserva y supera el error. Para conocer la verdad, la conciencia debe estar en movimiento. El primer momento es la certidumbre o la certeza sensible. Ésta es el mundo entero de sensaciones, emociones y situaciones que nos ofrece en la cotidianidad. En ella se despliega el saber de las cosas, "que es el objetivo verdadero, específico y concreto del conocimiento humano". A través de movimientos dialécticos la conciencia alcanza el conocimiento. Es autoconciencia ya. Hemos alcanzado ya, desde la sensibilidad inmediatista, a través de la percepción, el entendimiento y el concepto, el momento dialéctico de la autoconciencia, vale decir, de la razón. "De esta manera –concluye Hegel-, el tránsito de la conciencia, que ha partido de la pura indeterminación de la certeza sensible, se concreta, a través de la más compleja red de mediaciones con su no-ser, y de las consecuentes negaciones y superaciones, en el espíritu puro, apoderado de sí y en esa misma medida, poseedor del saber absoluto".

Hegel opone un sistema dialéctico al sistema de la totalidad imperante en la tradición occidental. "El viejo y reverenciado principio de identidad, sobre el cual se había construido el complejo andamiaje cultural de Occidente, habría de ser duramente enjuiciado. La enunciación de que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, había sido elemento sustancial del proceso lógico y metafísico de Europa durante largos siglos, y ahora, desde la novísima concepción de Hegel, perdía validez. Una cosa sí podía ser y no ser al mismo tiempo y allí estaba todo el aparataje argumentativo de la lógica y de la ontología hegeliana para demostrarlo. El devenir, la contradicción, la superación por síntesis de la tesis y su contrapuesta antítesis, constituían el cuerpo de una lógica dialéctica, que desde entonces impondría una visión de la realidad dinámica y sostenida sobre el cambio. Las viejas exigencias de la identidad y sus consecuentes categorías, basadas en la quietud y la esencia que es siempre idéntica a sí misma y pervive en medio de los avatares de la historia, serían refutadas", señala Rafael Méndez comentando la obra hegeliana.

Pero ¿qué significa esta nueva concepción de la realidad? ¿Eso para qué sirvió? Trajo profundos y trascendentales cambios en la cosmovisión de la realidad. Además de cambiar la lógica, la ontología, la epistemología y gran parte de la estructura del pensamiento occidental, sirvió de base para los planteamientos del filósofo Karl Marx, quien con su quehacer filosófico y económico establecería la estantería ideológica de una nueva sociedad, afectando y modificando sustancialmente el mundo capitalista e industrializado.

Hegel, para buscar la verdad, emplea el método dialéctico (diferente de la dialéctica platónica), que es movimiento de la realidad entera, pues no hay separación entre el pensamiento y la realidad. El ser sólo puede ser concebido como devenir. El ser que se afirma (tesis - si) es negado (antítesis - no), pero es vuelto a una realidad superior en el devenir (síntesis – tal vez). La forma en que se manifiesta la realidad misma va de lo simple a lo complejo, de lo interior a lo superior y de lo abstracto a lo concreto. El mundo histórico y espiritual por entero es un solo proceso de movimiento, cambio, desarrollo y transformación en formas continuas; las contradicciones internas constituyen la fuente de este movimiento. La esencia del ser está en el autodesarrollo de una idea absoluta o espíritu universal; la conciencia es la creadora de la realidad, de la naturaleza. El desarrollo, después de haber alcanzado un grado determinado, se detiene completamente. La verdad no es sino realidad pensada. Es un acto inteligente en el que el universo es pensado como conjunto de infinitas partes o diferencias, todas orgánicamente interrelacionadas y, de algún modo, proclives a la unidad.

Comparaciones entre idealistas y realistas

Los idealistas plantean que el objeto es sólo conocido a través de la sensación y la percepción; sólo existe en la medida que es percibido (Berkeley). Descartes llega mas allá al afirmar que el pensamiento es la única base de certidumbre de su existencia personal: "pienso, luego existo". Los Realistas plantean que el objeto es lo que es y el sujeto tiene que aprehenderlo. El objeto se mantiene siempre inalterable. Para Gilson la mayor diferencia entre el Idealismo y el Realismo consiste en que el primero piensa y el segundo conoce. Para el realista pensar es solamente ordenar conocimientos o reflexionar sobre su contenido, nunca pretende hacer del pensamiento el punto de partida. El idealista va del pensamiento al objeto, no puede saber si aquello de que parte corresponde o no al objeto.

Ambas concepciones la verdad del conocimiento tienen carácter diferente. Los idealistas pueden llegar a la verdad, puesto que son ellos los que crean el conocimiento; para los realistas, la reflexión y la organización del conocimiento puede estar equivocada o no concordar con la realidad. El realismo y el idealismo son tan antagónicos como se puede apreciar en las siguientes máximas: Los realistas dicen: "Si yo me elimino, quedan las cosas". Los idealistas dicen: "Si yo me elimino, también elimino las cosas".

Punto de vista empirista

El Empirismo (doctrina o sistema filosófico basado fundamentalmente en los datos de la experiencia), heredero del realismo y fundado en la experiencia, sostiene que todas las ideas son proporcionadas por la experiencia, no por la razón, debido a que nada hay en el entendimiento que antes no haya pasado por lo sentidos. El conocimiento sensible es el único conocimiento verdadero. La experiencia es la única fuente de conocimiento. Sólo el conocimiento sensible nos pone en contacto con la realidad. Más que el rigor y la precisión de un conocimiento necesario y universal, al empirismo le importa un conocimiento eficaz por la utilización en la práctica humana.

Los empiristas piensan que el origen de nuestros conocimientos no está en la razón sino en la experiencia. Nuestra mente es un papel en blanco (tábula rasa) y sólo al contacto de los sentidos con las cosas empieza a grabar impresiones.

Francis Bacon plantea que el conocimiento científico, en términos de mera observación, se encuentra con los "ídolos" de la tribu, de la caverna, del foro y del teatro, que son obstáculos para obtener conocimiento verdadero.

  • 1. Ídolos de la tribu. Son los ídolos del género humano. La pertenencia social (pertenencia a una cultura, nación, tradición familiar o grupo social) determina el sentido del conocimiento, porque interviene consciente o inconscientemente en la interpretación que la persona da a su conocimiento de la realidad: prejuicios, dogmatismos, ideologías, ideas preconcebidas, afirmaciones acríticas... Sus construcciones, procedimientos, características y tendencias no hablan del universo, sino del propio saber humano. Así, el entendimiento deforma las impresiones fieles que deberíamos captar a través de los sentidos.

  • 2. Ídolos de la caverna. Son los ídolos de la individualidad. La subjetividad de la persona (con su historia personal, sus inclinaciones, su sensibilidad propia) interviene en el conocimiento contaminándolo con todo lo que ella implica (consciente, preconsciente, inconsciente e instintivamente) determina el sentido del conocimiento de una realidad que se considera exterior e independiente de la subjetividad.

  • 3. Ídolos del foro. Son los ídolos del lenguaje y la comunicación. En la comunidad, en la interrelación e interacción con los demás, en el foro, las cosas no son lo que son en realidad, sino como dicen que son. Las palabras, instrumentos primordiales de comunicación, se hallan cargadas de tantas imprecisiones y ambigüedad que su uso es absolutamente peligroso para el pensador.

  • 4. Ídolos del teatro. Son los ídolos culturales y los sistemas filosóficos. Se trata de los prejuicios sustentados por falsas concepciones del mundo e interpretaciones de la realidad que se presentan como sistemas de conocimiento, cosmovisiones, etc. Es todo ese proceso simbólico e ideológico (espacio "escénico") que determina culturalmente la vida del hombre. Dependen de la constitución y aprendizaje de los diversos sistemas filosóficos y científicos acuñados por la tradición, y que se han instituido con fuerza de revelación o verdad inapelable.

Los empiristas seguidores de John Locke piensan que no percibimos los objetos como son; solamente recibimos modificaciones de las cualidades de los cuerpos, las cuales postulan una especie de sustrato que no podemos conocer. Los empiristas seguidores de George Berkeley afirman que no existen las sustancias corpóreas, que lo que existen son las sensaciones o ideas que tienen como base o fundamento una sustancia espiritual a partir de la cual se pueden explicar todos los fenómenos del conocimiento y que los únicos objetos del conocimiento humano son las ideas. Piensan que las cosas reales se reducen en último término a sensaciones o ideas y que el ser de las cosas se reduce al hecho de ser percibidas. Afirman que las cosas no tienen existencia independientemente de la percepción que el entendimiento tiene de ellas. Sostienen que el ser de las cosas es la vivencia que de ellas tenemos. Precisan que sólo se puede recurrir a Dios para explicar el origen y la belleza de nuestras ideas sensibles, y la misma existencia de las cosas sensibles se presenta como evidencia inmediata de la existencia de Dios. Los simpatizantes de Tomás Hobbes señalan que la verdad es una mera convención del lenguaje.

Corriente o doctrina positivista

El Positivismo (doctrina o sistema filosófico que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida) afirma que solamente se puede afirmar como cierto aquello que se comprueba con métodos experimentales. Lo que no es medible no existe.

Corriente o doctrina marxista (materialista)

Para el Marxismo (doctrina o sistema filosófico que consiste en interpretar el Idealismo dialéctico como Materialismo Dialéctico, y que aspira a conseguir una sociedad sin clases) la verdad se presenta como algo provisional e histórica, sometida al movimiento y a la mutación. Marx, en su Manifiesto Comunista, sostiene que la verdad consiste fundamentalmente en "el proceso de conocimiento mismo, en el largo desarrollo histórico de la ciencia, que asciende desde los grados inferiores a los superiores del conocimiento, pero sin llegar nunca, por el descubrimiento de una pretendida verdad absoluta, al punto en el que no se puede avanzar más".

Corriente o doctrina fenomenológica

Edmund Husserl considera la noción de verdad en relación con las nociones de adecuación y evidencia. Tanto la percepción como la intención significativa tienen como cumplimiento máximo la adecuación de la cosa con el intelecto. Hay que llegar a las cosas mismas y analizar lo que aparece: los fenómenos. Martín Heidegger sostiene que el hombre puede medir la verdad de su conocimiento mediante la conformidad de éste con las cosas sólo porque el ser se lo revela a través de las cosas existentes.

Husserl busca la verdad a través del método fenomenológico (ir a las cosas mismas), que permite ir a las cosas mismas y dejarlas hablar, dejarlas que se manifiesten. La filosofía, en lugar de discutir acerca del problema del conocimiento, debe orientarse a las cosas mismas, tal como aparecen a lo que se da ya sin ninguna duda, es decir, a los fenómenos. A la fenomenología le interesan las cosas tal como las percibe la conciencia, y no las cosas en sí mismas. Todo fenómeno es ambivalente: revela un estrato empírico-real visible a los actos perceptibles de nuestra sensibilidad, y un estado ideal, esencial que se refiere a los contenidos ideales, accesible a los actos espirituales. La fenomenología trata de analizar los fenómenos, de tal modo que las esencias ideales y los contenidos esenciales se conviertan en objetos dados. Su objetivo básico sería la descripción y el análisis de las esencias puras, ideales, supratemporales y ahistóricas.

La reducción fenomenológica nos dice que no debemos juzgar, tomar posición teórica frente a la existencia o no del mundo, renunciar a todo juicio de existencia en relación con él. Supone tres elementos fundamentales. 1. Frente a un fenómeno debemos abstenernos, colocar entre paréntesis todas las opiniones o teorías anteriores, todos los prejuicios formados de toda índole, pues ellos son un obstáculo para llegar a las cosas mismas en una forma directa e inmediata. 2. La reducción eidética (esencia, idea, modelo) para captar del fenómeno su esencia y aislar de este modo todos los aspectos contingentes o secundarios del mismo, todo lo que no es dado en la pura esencia del fenómeno. 3. Reducción trascendental o captación del yo como conciencia pura en donde es posible la evidencia absoluta y en donde ya no es posible dudar de algo.

Corriente o doctrina pragmática

El Pragmatismo (doctrina o sistema filosófico que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida) afirma la posibilidad del conocimiento, pero éste queda subordinado a la acción, la que se convierte en fundamento de la verdad y de la certeza. El hombre, antes de ser teórico, debe ser práctico. Todo el valor del conocimiento es con base a la acción. Es verdad lo que es útil y provechoso al hombre. El hombre no es un ser pensante solamente sino un ser que actúa en función de lo útil y valioso, puesto que ayuda a la conservación de la vida. Según John Deway, la verdad de una idea radica en su demostrado poder de orientación, en que sea capaz de guiar la acción humana de forma positiva.

Punto de vista sartreano (existencialista)

El existencialismo (doctrina o sistema filosófico que trata de fundar el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia) sostiene que dos personas pueden estar presentes en el mismo lugar y sin embargo captarlo todo de forma completamente diferente; porque cuando percibimos el entorno, contribuimos con nuestra propia opinión o nuestros propios intereses. Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el espacio. Puede ser que una mujer embarazada tenga la sensación de ver a mujeres embarazadas por todas partes. Alguien que necesita una ambulancia con urgencia tal vez vea ambulancias por doquier. Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el espacio. Si algo es inesencial para mí, no lo veo. Si estamos enamorados y esperamos una llamada de la persona amada "oímos" que nos llama. Si esperamos a esa persona que llega en un tren, y sale un montón de gente al andén sin que lo veamos, entonces no vemos a esas otras personas. No hacen más que estorbar, no significan nada para nosotros. Incluso puede ser que nos resulten directamente repugnantes, pues ocupan mucho espacio. Lo único que captamos es que ella no está allí.

Otros puntos de vista

Un perspectivista como José Ortega y Gassette plantea que la realidad se ofrece a los individuos en una gran variedad de perspectivas singulares. Cada una de ellas es una forma de realidad y, al mismo tiempo, forma una posibilidad de conocimiento de lo real. Es decir, una perspectiva supone siempre la combinación de un nivel ontológico y epistemológico y la realidad equivaldría a la suma de las perspectivas posibles en que se presenta y según las que puede analizarse. En alguna medida, la perspectiva es semejante a un "punto de vista" o a la comprensión parcial de algo. Es por eso que la vida es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier problema que pueda ser relevante y cualquier sistema filosófico posible. Para cada ser humano, la vida toma una forma concreta y determinada, que se construye a sí misma de acuerdo a diferentes circunstancias (o perspectivas que la vida toma para cada uno): "Yo soy yo y mi circunstancia". De hecho, la vida es una realidad radical y última; más aún: ella tiene en sí misma su propia finalidad, y no hay realidad alguna que pueda trascenderla. Así, la vida de cada ser humano es, para él, su propia finalidad y debe entregarse a su elucidación si desea salvarse a sí mismo.

Un pesimista como Arthur Schopenhauer piensa que el mundo es mera apariencia engañosa. La realidad es voluntad de vivir, afán de existir. Por el insaciable deseo, la vida no es sino dolor, que solamente se supera con la ciencia, la sabiduría y el arte.

La escuela filosófica alemana de Erlangen precisa que una afirmación es verdadera cuando cada hablante competente (todo el que habla el mismo lenguaje que yo y además está informado y es inteligente) asiste a la misma tras el oportuno examen. Una afirmación es verdadera cuando otros, que están en situación de enjuiciar su verdad, la juzgan verdadera. Jurgen Habermas teoriza que una afirmación es exactamente verdadera cuando expresa un consenso logrado en un discurso sin dominación. Karl Otto Apel afirma que será verdadero aquello que ha de suponerse para que pueda darse una comunicación.

Según Albert Einstein, los conceptos que surgen de nuestro pensamiento y en nuestras expresiones lingüísticas son todos (cuando se enfocan lógicamente) creaciones libres de pensamiento que no pueden inducirse a partir de experiencias sensoriales. "Esto no se advierte fácilmente, porque tenemos el hábito de combinar ciertos conceptos y relaciones conceptuales (proposiciones) tan definidamente con ciertas experiencias sensitivas que no nos damos cuenta del abismo (insalvable desde un punto de vista lógico) que separa el mundo de las experiencias sensibles del mundo de los conceptos y de las proposiciones", aclara Einstein en su libro "Mis Ideas y Opiniones". Aunque Einstein sostiene que la única fuente del conocimiento es la experiencia, también propone que las teorías científicas son creaciones libres de una aguda intuición física, y que las premisas en que se basaban no pueden aplicarse de un modo lógico al experimento. Una buena teoría sería, pues, aquella que necesitara los mínimos postulados para explicar un hecho físico. Einstein se encuentra ante todo cerca de las ideas de Spinoza; la negación decidida de la existencia de Dios y de toda sustancia inmaterial, la convicción de que el mundo es objetivo y cognoscible, y que todos los procesos de la naturaleza se hallan sujetos a dependencia causal, constituyen los principios básicos de su concepción del mundo.

De acuerdo con Bertrand Russell, lo que cada hombre conoce depende, en un sentido importante, de su experiencia individual: conoce lo que ha visto y oído, lo que ha leído y lo que se le ha dicho, y también lo que ha sido capaz de inferir a partir de esos datos.

Para el brillante intelectual español Marcelino Menéndez Pelayo, la verdad no es hija del tiempo, pero se despliega en el tiempo siguiendo un ritmo dialéctico.

Así las cosas, el sentido de la vida será distinto para cada cual. Quien cree en Dios piensa que el sentido de la vida consiste en buscar, aceptar y seguir la voluntad divina que se conoce a través de sus revelaciones. Un marxista, por ejemplo, piensa que el sentido de la vida está condicionado a determinadas transformaciones sociales. Es partidario de cambiar las condiciones para liberar al hombre. Precisa que mediante la praxis (acción comprometida) revolucionaria es que se le da sentido a la vida. El humanista, por su parte, sostiene que el fin y sentido de la vida es la autorrealización del ser humano en sus dimensiones personales y sociales; la realización de los humanos como seres sociales en sus capacidades y aspiraciones de amar, pensar, decidir, transformar el mundo y la realidad social, de tal manera que todos seamos aquello que nuestra naturaleza nos invita a ser y que todos los seres humanos tengan igualdad de oportunidades de libertad y desarrollo creador. Para otros, la finalidad y sentido de la vida es la búsqueda de la felicidad y de la autorrealización.

Algunos planteamientos ontológicos (relacionados con el estudio del ser) suponen que no todo lo que quiere existir, o dice que existe, existe verdaderamente. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen, y en cuanto nos acercamos a ellas vemos que no existen. ¿Las cosas son realidades externas e independientes del yo? ¿Son un más allá del pensamiento? ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

La razón

Cuando hablamos o escuchamos conversaciones es frecuente oír que los interlocutores digan: "Tiene toda la razón". "Usted no tiene la razón". "Los dos tienen la razón". "No tiene razón". "Fulano tiene razón". "Perencejo no tiene razón". Pero ¿qué es la razón? La razón es una facultad intelectual del hombre que le permite pensar, discurrir y juzgar, actuar acertadamente o distinguir lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. La razón es un conjunto de hábitos deductivos, tanteos y cautelas, en parte dictados por la experiencia y en parte con base en pautas de la lógica. La combinación de todos ellos constituye una facultad capaz de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una determinada forma y no de otra. Es un procedimiento intelectual crítico que utilizamos para organizar la información recibida, los estudios realizados o las experiencias que tenemos, aceptando unas cosas y descartando otras, intentando siempre vincular mis creencias entre sí con cierta armonía. Es una facultad capaz, en parte, de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una determinada forma y no de otra. Lo característico de la razón es que nunca es exclusivamente mi razón. La razón es universal porque todos los seres humanos la poseemos, y que la fuerza de la convicción de los razonamientos es comprensible para cualquiera.

Una cosa es lo racional y otra lo razonable. Lo racional es la búsqueda de los mejores instrumentos para vérnoslas con los objetos; lo razonable, el procedimiento de tratar con sujetos a los que suponemos tan dotados de intenciones respetables como nosotros mismos.

La razón puede servir de árbitro para zanjar muchas disputas entre los hombres. Esa facultad llamada razón es precisamente lo que todos los humanos tenemos en común y en ello se funda nuestra humanidad compartida. La racionalidad es la superación del mundo de la pluralidad hasta reducirlo a su fundamento. El razonamiento es el instrumento del filósofo.La razón nos permite revisar lo que sabemos, compararlo con otros conocimientos, someterlos a examen crítico, debatirlos con otras personas que puedan ayudarme a entender mejor; buscar argumentos para asumirlos o refutarlos. Nos sirve para examinar nuestros supuestos conocimientos, rescatar de ellos la parte que tengan de verdad y a partir de esa base tantear hacia nuevas verdades. Una de las primeras misiones de la razón es delimitar los diversos campos de la verdad que se reparten la realidad de la que formamos parte. Nuestra vida abarca muchas formas de realidad muy distintas y la razón debe servirnos para pasar convenientemente de unas a otras. Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación. Razonar consecuentemente exige la universalidad humana de la razón, el no excluir a nadie del diálogo donde se argumenta. Razonar es pensar, razonar es argumentar.

Utilizar la razón es buscar y sopesar argumentos antes de dar como cierto lo que creemos saber. La razón no exige nada especial para funcionar, ni fe, ni preparación espiritual, ni pureza de alma o de sentimientos, ni pertenecer a un determinado linaje o a determinada etnia: sólo pide ser usada.

Según Fernando Savater, la razón nos permite opinar respetando la opinión de los demás. En una sociedad democrática, las opiniones de cada cual no son fortalezas o castillos donde encerrarse como forma de autoafirmación personal: tener una opinión no es tener una propiedad que nadie tiene derecho arrebatarnos. Ofrecemos nuestra opinión a los demás para que la debatan y en su caso la acepten o la refuten, no simplemente para que sepan dónde estamos y quiénes somos. Y desde luego no todas las opiniones son igualmente válidas: valen más las que tienen mejores argumentos a su favor y las que mejor resisten la prueba del debate con las objeciones que les plantean. No sólo tenemos que ser capaces de ejercer la razón en nuestras argumentaciones sino también debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de quien vengan.

Los procesos democráticos requieren pensar, debatir argumentar, sintetizar; es decir, necesitan tiempo. Para entender la verdad de un asunto, es menester oír a las dos partes, sus razones y sus argumentos; tener acceso a los datos y los hechos; estudiar, sopesar, rumiar. Para ponderar a un hablante, debemos escuchar sus ideas, hacer preguntas perspicaces, analizar su sinceridad, entender las implicaciones de lo que tiene para decir.

Quien sepa raciocinar (utilizar bien la razón) podrá percibir la realidad de manera más objetiva. Gracias a la dinámica del raciocinio la mente va adentrándose cada vez más en el camino de las ciencias hasta llegar a la verdad. El razonamiento es una operación humana, consecuencia de la naturaleza del conocimiento del hombre que no es de suyo intuitivo, sino que necesita del discurso. Mediante esta actividad el entendimiento pasa del conocimiento virtual al estrictamente efectivo, esto es, de la posibilidad al hecho positivo del conocimiento formal.

Aunque la razón es esa facultad intelectual que nos permite pensar, discurrir, juzgar, actuar adecuadamente y distinguir lo bueno y lo malo y lo verdadero y lo falso, para muchos intelectuales la razón es enemiga declarada de la vida. La problemática humana no se puede reducir a meras relaciones lógicas; "no se puede estrechar en un abstracto orden lógico el medio vital del hombre que es de contradicciones y de problemas para encarcelarlo en un marco preestablecido por la razón", precisa el filósofo Miguel de Unamuno, y agrega que es la vida y no la razón ni la lógica el criterio último de verdad. "Es la voluntad, y no la inteligencia, la que nos hace el mundo", concluye. El pensador colombiano Manuel María Madeido sostenía que la razón (fundamentalmente la razón ilustrada) se había extraviado, había abandonado su armonía en la búsqueda de la verdad. "Preguntad a la historia cubierta de duelo lo que ha hecho la filosofía inspirada por su madre la razón cuando ha puesto el pié en las fronteras de la fe infantil en las naciones... ¡Lo que ha hecho! Campos de batalla, luchas a muerte, combates, asesinatos, hecatombes humanas", reflexiona Madeido en su obra "Una gran Revolución o la Razón del Hombre Juzgada por sí misma". El filósofo Gottfried Wilhelm Leibniz afirmaba que el problema del mal y de la libertad humana son los grandes laberintos de la razón.

No se puede desconocer la grandiosidad de la razón, pero tampoco se puede dimensionar. Se debe tener en cuenta el aserto del psiquiatra Luis Carlos Restrepo, en su libro "La Trampa de la Razón", en cuanto que "no queremos negar la importancia de la razón como instrumento de conocimiento, instancia de predictibilidad y clave de la eficiencia. Pero consideramos necesaria su redefinición, para que deje de ser el soporte ideológico y mito constituyente de la comunidad política occidental y, tocada de finitud, asuma el lugar que le corresponde en el concierto del conocimiento. Porque una cosa es conocer su importancia y otra muy distinta convertirla en el pilar del universo, único rasero para medir lo que acontece, aval absoluto de certidumbre y verdad". No debemos ser enemigos de la razón. Pero todo con moderación, inclusive la moderación. Nada de extremos.

Luego de "estudiar" la razón y saber qué es, es procedente que, cuando dialoguemos, tratemos de no utilizar la expresión "tiene razón" o "no tiene razón". ¿Por qué? Porque, como vimos, la razón "es una facultad intelectual del hombre", es decir que todos tenemos razón. En su lugar podemos decir: "Usted o tú razona adecuadamente". "Su argumento me parece fundado". "Su punto de vista es racional". "Su razonamiento me convence". "Su argumentación se funda en juicios coherentes".

La lógica

La lógica es una disciplina normativa en cuanto que da las leyes y las formas del conocimiento, es decir, las condiciones formales de la verdad. Es la ciencia que enseña a razonar con exactitud. Es la ciencia que estudia la estructura, el fundamento y el uso de las expresiones del conocimiento humano. Es la ciencia de la rectitud de los actos del entendimiento. Es la ciencia del pensamiento pensado. Es la ciencia que nos enseña cómo debe ser y cómo se mueve la mente en su camino de lo conocido a lo desconocido. Es la ciencia del razonamiento. Es la ciencia de las leyes del pensamiento. Es el procedimiento intelectual, exacto y ordenado. Es la ciencia de los actos de la mente.

La lógica está interesada en el análisis de la inferencia correcta, en la rectitud de nuestro pensamiento en sí mismo; precisa los significados y muestra la forma adecuada cómo se relacionan unos conceptos con otros, hasta eliminar la contradicción, la vaguedad y ambigüedad de nuestro pensamiento. La idea de lógica está vinculada al concepto de pensar bien para llegar al conocimiento de la verdad. La lógica ha sido creada por el ingenio humano, para guiar a la razón y conducirla con seguridad al conocimiento de la verdad. En lógica, la unidad fundamental es la idea. El concepto, noción o idea es la representación intelectual de un objeto aislado, sin afirmación ni negación acerca de él. Idea es la representación mental de algo.

Etimológicamente, la palabra lógica viene del griego "logos", que significa palabra, razón o discurso. Por eso es la ciencia de las leyes ideales del pensamiento, y el arte de aplicarlas correctamente a la investigación y demostración de la verdad. Como ciencia, la lógica es el conjunto de principios ordenados sobre un objeto en particular, a saber: las leyes ideales que rigen el pensamiento y las condiciones de la demostración de la verdad. Como arte, la lógica son las reglas que enseñan el arte de pensar, el arte de raciocinar o el arte de llegar a la verdad. Arte es el conjunto de reglas para hacer bien una cosa.

El objetivo de la lógica es el estudio de las reglas que debe seguir el pensamiento, para llegar al conocimiento y demostración de la verdad. La lógica es un medio excelente para obligar a la inteligencia a exhibir y utilizar sus reservas. Robustece el espíritu, pues da a éste una gran facilidad para usar su agudeza y prontitud naturales, y con ello se anda más rápidamente en la exploración de la verdad. Nos ayuda en gran manera a liberar nuestro espíritu de los sofismas, errores y demás parásitos que producen el raquitismo intelectual. Según Descartes, no basta tener buena inteligencia; lo importante es aplicarla convenientemente". Séneca pensaba que para saber bien las cosas no basta con haberlas aprendido.

Condiciones para pensar correctamente y llegar al conocimiento de la verdad

1. Que el espíritu no incurra en contradicciones consigo mismo, y observe para ello las leyes generales del pensamiento o lógica formal.

2. Que no incurra en contradicciones sobre la naturaleza de los objetos, y los aprecie tales cuales son en realidad (lógica material).

División de la lógica

1. Lógica formal.

Trata de las relaciones posibles (con respecto a la verdad y a la falsedad) entre proposiciones independientemente de su contenido. Estudia las leyes generales del pensamiento, es decir, las condiciones generales de la verdad. Ella nos permite conocer las condiciones necesarias de la inferencia válida y eliminar el razonamiento falso. No es suficiente para establecer la verdad material o fáctica en ningún ámbito particular. Nos demuestra que una proposición debe ser verdadera si lo son otras. El objeto de la lógica formal es el estudio de las condiciones generales de la verdad. Es decir: estudia la forma misma del pensamiento, y las operaciones fundamentales por cuyo medio el espíritu realiza el acto de conocer, independientemente de su contenido particular. Se le denomina también lógica menor o dialéctica.

2. La lógica material.

Estudia el pensamiento en su relación con los objetos, y se le conoce como la ciencia de las condiciones particulares de la verdad. Estudia el problema general de la ciencia, y establece los métodos, es decir, las reglas particulares que aplica la mente al conocimiento de la verdad en los dominios de las diferentes ciencias. Tiene como programa determinar entre todas las operaciones discursivas del espíritu, cuáles conducen a la verdad y cuáles conducen al error. Comprende no sólo el estudio de las implicaciones rigurosas sino el de las operaciones inductivas, el de las hipótesis, y el de los métodos científicos, considerados desde el punto de vista de su valor probatorio. Además, comprende la filosofía de las ciencias, una epistemología y una metodología científica.

Principios fundamentales o leyes fundamentales del pensamiento

1. Principio de identidad: toda cosa es igual a sí misma. Todo objeto es idéntico a sí mismo. A=A. En matemáticas se dice que dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Si 3 + 3 = 6; y 4 + 2 = 6, decimos que 3 + 3 = 4 + 2. Y así en cosas más complicadas. Incluso en las cosas ordinarias de la vida utilizamos el principio de identidad.

2. Principio de no contradicción: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y el mismo sentido. Dos juicios, uno de los cuales afirma lo que el otro niega, no pueden ser ambos verdaderos. Dos juicios contradictorios no pueden ser ambos verdaderos. A es A y A no es A.

3. Principio del tercero excluido: entre el ser y el no ser no hay término medio. Dos juicios contradictorios no pueden ser ambos falsos. A es A y A no es A.

4. Principio de razón suficiente: nada puede admitirse sin explicación racional de su existencia. Todo juicio necesita de un fundamento suficiente, para ser verdadero. Todo conocimiento debe estar fundado.

Es importante aclarar que estos principios de la lógica formal son antagónicos a las leyes de la lógica dialéctica o dialéctica materialista que son las leyes generales que gobiernan la naturaleza, la historia y el pensamiento. Según Marx y Engels, estas leyes son: 1. Ley de la coincidencia de los opuestos o ley de unidad y lucha de los contrarios, que desentraña los impulsos internos, la causa del desarrollo. 2. Ley del progreso por saltos o ley de los cambios cuantitativos en cualitativos, y viceversa, que caracteriza el desarrollo, no como una mera modificación externa de los objetos, sino como un cambio fundamental que afecta sus propiedades internas. 3. Ley de la negación de la negación, según la cual el desarrollo es de carácter ascendente, de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior. Estas leyes representan una verdadera modificación de las leyes lógicas formales y, por tanto, de los principios de identidad, de contradicción y del tercero excluido, que no rigen en la lógica dialéctica que es concebida para un mundo en movimiento y no para un mundo estable.

¿Cuáles son los actos intelectuales? Atención, abstracción, generalización, síntesis, comparación, percepción, intuición, etc. Giran alrededor de las operaciones básicas de la mente: aprehender, juzgar y raciocinar. Los resultados de estas operaciones son el concepto, el juicio y el razonamiento.

¿Qué es el concepto? Es la representación intelectual de la esencia de un objeto. Es el principio inmediato del conocimiento intelectual. La simple aprehensión es el acto por el cual la inteligencia percibe el objeto sin afirmar o negar nada de él. Se trata entonces de la simple representación de una cosa en la mente. Los griegos la llamaron idea y los latinos forma. Hoy se llama concepto. El concepto se expresa por el término que podemos definir como la expresión verbal de un concepto.

¿Qué es el juicio? La palabra proviene del latín jus-dicere, porque estudiados varios predicados, la mente escoge uno para atribuirlo al sujeto. Es la operación de la mente por la cual, comparados don conceptos, se afirma o se niega su conformidad o su discrepancia. Es la facultad de juzgar. Es una de las formas de pensamiento por el cual conocemos diferentes aspectos de las propiedades y relaciones de los objetos. Es una forma de pensamiento que consiste en afirmar o negar, de un sujeto, bien sea el hecho de que existe (juicios de existencia), bien sea el hecho de que es tal cosa determinada, es decir, que tiene tales o cuales propiedades (juicios de atribución). Es la facultad del entendimiento que compara y juzga. Es la operación del entendimiento y compara dos ideas. Opinión. El juicio se expresa por la preposición que constituye la expresión verbal de un juicio.

¿Qué es el razonamiento? Es una forma de pensamiento que consiste en que, a partir de la afirmación de una o varias preposiciones, se pasa a afirmar otra, en virtud de la conexión necesaria que tiene con las anteriores. El razonamiento se expresa por las distintas formas de argumentos.

¿Qué es la idea? El término idea proviene del griego éidos, y quiere decir imagen, porque en ella se representa el objeto. Es el acto del entendimiento, por el cual se representa el objeto, sin afirmación ni negación acerca de él. Es producto de la inteligencia. Prescinde de todas las propiedades sensibles del objeto, para considerar únicamente lo que es esencial en él. Es universal. A la idea también se le denomina abstracción mental, comparación, reflexión, aprehensión y logos. Abstracción mental, porque la idea pone en evidencia el objeto conocido, haciendo abstracción de otros seres y aspectos: comparación, por cuanto la idea llega a su término cognoscitivo, por vía de parangón de entidades diferentes o de relaciones; reflexión, ya que la inteligencia al conocer un objeto cualquiera, se vuelve sobre sí misma, y también sobre los objetos conocidos por ella; aprehensión, término metafórico, que quiere decir que el entendimiento coge, toma el objeto de conocimiento, para representarlo intencionalmente; y logos verbo, palabra, puesto que la mente, grávida de conceptos, se habla a sí misma. La idea es un fragmento del mundo exterior que penetra en nosotros; mediante el ejercicio de las facultades sensoriales, la inteligencia penetra en la metería energética, y la interpreta, substrayéndola y generalizándola.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12


 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Comentarios


Trabajos relacionados

  • Pitagoras y el pitagorismo

    Biografía de pitagoras. Armonía de los contrarios. La comunidad pitagorica. Nació hacia el año 578 ac. En samos (rival ...

  • Filósofos de la naturaleza

    Sócrates. La Política. Enseñanzas. El juicio. Tales de Mileto. Platón: Obra; Teoría de las ideas; Teoría del conocimien...

  • Eutanasia

    Definición del término eutanasia. Eutanasia: ¿Existe un derecho a morir?. Formas de aplicación de la eutanasia. La batal...

Ver mas trabajos de Filosofia

 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.