Agregar a favoritos      Ayuda      Português      Ingles     
 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

¿Las cosas son en realidad como las percibimos? (página 5)

Enviado por Lus ngel Ros Perea



Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12

Las diversas respuestas sobre el origen el universo nos dejan más desconcertados de lo que estábamos antes de conocerlas. Afirmar que Dios lo creó de la nada es tan confuso como decir que no sabemos quién lo hizo, ni sabemos cómo pudo hacerlo. Pero si esta respuesta, dada por cierto por muchas generaciones durante tanto tiempo, no convence, tampoco lo hacen las teorías científicas. El Big Bag sostiene que se expande a partir de una explosión inicial, una singularidad irrepetible que no se dio en un punto del espacio y un momento del tiempo sino a partir de la cual comenzó a abrirse el espacio y correr el tiempo. Pero la materia que explotó ¿de dónde salió?, ¿siempre estuvo ahí?, ¿cuándo explotó? Y ¿por qué no antes o después? Si esto no nos satisface, entonces ¿debemos volver a los mitos o es mejor no hacernos semejante pregunta para evitar más confusiones? La esquiva verdad cada vez más esquiva. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

La mecánica del universo

La mecánica del universo nos ofrece diversos puntos de vista, muchos de ellos superados en el transcurso de la historia conocida. El filósofo griego Anaximandro concebía el Universo como un número de cilindros concéntricos, de los cuales el más exterior es el Sol, el del medio la Luna y el más interno contiene las estrellas. Dentro de estos cilindros está la Tierra, sin base firme y en forma de bombo.

Según el modelo de Aristóteles, la tierra es una esfera redonda y no una plataforma plana; es estacionaria, y el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas se mueven en órbitas circulares alrededor de ella, porque ésta es el centro del universo.

El filósofo y científico egipcio Ptolomeo, con fundamento en la idea de Anaximandro, amplió el planteamiento aristotélico, afirmando que la Tierra estaba en el centro, rodeada por ocho esferas que transportaban a la Luna, el Sol, las estrellas y los planetas (conocidos en esa época) Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. El modelo ptolomeico fue adoptado por la Iglesia Católica como la imagen del universo que estaba de acuerdo con la Biblia, agregando que fuera de la esfera de las estrellas estaba el espacio ocupado por el cielo y el infierno. Este modelo permaneció vigente en la tradición occidental por más de 1.800 años, y sobre éste se desarrolló gran parte de la cotidianidad, que condicionó la manera de pensar, de sentir y de actuar, y la forma de percibir, interpretar y sistematizar la realidad.

La concepción aristotélica-ptolomeica quedó sin vigencia a partir de los planteamientos de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton. Nicolás Copérnico, astrónomo polaco (1473-1543), sostuvo que el Sol era estacionario en el centro y que la tierra y los planetas se movían en órbitas circulares a su alrededor. El modelo copernicano se despojó de las esferas celestes de Ptolomeo y, con ellas, de la idea de que el universo tiene una frontera natural. La idea de una cómoda tierra fija y central rodeada de luz y estrellas perdió toda credibilidad gracias a las teorías copernicanas del movimiento de nuestro planeta. Johannes Kepler, astrónomo alemán (1571-1630), descubrió que los planetas no se mueven en círculo, sino en elipse (círculo alargado). Galileo Galilei, científico italiano (1564-1642), precisó que Júpiter estaba acompañado por satélites o lunas que giran a su alrededor, concluyendo que los planetas no giran directamente alrededor de la tierra.

En tanto que Aristóteles sostenía que la Tierra estaba en reposo, Newton afirmaba que no existía un único estándar de reposo. "Newton creía que, además de la materia, existían el espacio y el tiempo absolutos. Es decir, que existe una multiplicidad tridimensional de puntos y una multiplicidad unidimensional de instantes, así como una relación de tres términos que involucran la materia, el espacio y el tiempo, o sea, la relación de ocupar un punto en un instante. En esta concepción, Newton coincidía con Demócrito y los otros atomistas de la antigüedad, que creían en los átomos y el vacío", precisa Russell.

Aristóteles y Newton creían en el tiempo absoluto. Antes de Newton se tenía la idea de una posición absoluta en el universo. Einstein planteó que no existía un tiempo absoluto, porque cada observador debe tener su propia medida del tiempo, que es la que registraría un reloj que se mueve junto con él, y relojes idénticos moviéndose con observadores diferentes no tendrían porqué coincidir. En su Teoría de la Relatividad no existe un tiempo absoluto, sino que cada individuo posee su propia medida personal del tiempo, medida que depende de dónde está y de cómo se mueve.

Hasta que llegó Einstein se pensaba que había un punto de referencia único para dos observadores. Él demostró que no existe tal punto en el planeta. En 1905 aclaró con su Teoría de la Relatividad Especial que cualquier observador que se mueva respecto a otro puede afirmar con todo derecho que está en reposo. "No existe ninguna ley física que pueda determinar quién está quieto y quién en movimiento", afirma. En otras palabras, los experimentos físicos realizados con cuerpos estáticos o en movimiento llevan siempre a los mismos resultados. Con esta teoría subvirtió las ideas fundamentales de la física clásica al mostrar que el espacio y el tiempo no eran dimensiones absolutas, independientes de los fenómenos, como pensaba Newton, sino dimensiones relativas que dependían del observador. Sin embargo, Einstein coincidía con éste al afirmar que todo efecto tiene una causa, en contra de Niels Bohr (1885-1962), físico danés, quién sostenía que hay efectos sin causa reconocible.

La concepción de tiempo, espacio y naturaleza de la luz

Las concepciones de tiempo, espacio y naturaleza de la luz han cambiado en los últimos años. Hasta comienzos del siglo XX se pensaba que el tiempo era absoluto. Cada suceso podría ser etiquetado con un número llamado "tiempo" de una forma única, y todos los buenos relojes estarían de acuerdo en el intervalo de tiempo transcurrido entre dos sucesos. "Sin embargo, el descubrimiento de que la velocidad de la luz resultaba ser la misma para todo observador, sin importar cómo se estuviese moviendo éste, condujo a la Teoría de la Relatividad de Einstein, y con ésta tenía que abandonarse la idea de que había un tiempo absoluto único. En lugar de ello, cada observador tendría su propia medida del tiempo, que sería la registrada por un reloj que él llevase consigo: relojes correspondientes a diferentes observadores no coincidirían necesariamente. De este modo, el tiempo se convirtió en un concepto más personal, relativo al observador que lo medía", precisa Stephem W. Haking.

La concepción judeocristiana del tiempo lo presenta como una flecha que avanza desde el Paraíso al Juicio Final de modo irreversible. La visión clásica de tiempo es que, si dos acontecimientos ocurren simultáneamente respecto a un sistema de referencia, entonces también lo deben hacer dentro de otro sistema. En cambio, en términos de la Relatividad Restringida o Especial, dos acontecimientos que son simultáneos en un sistema de referencia, no necesariamente lo son en otro, que se mueva respecto al primero. "Los sucesos que son observados como simultáneos por un observador en movimiento, no lo son por un observador en reposo", sostiene Vélez Correa. Sin embargo, la secuencia de causa y efecto de los acontecimientos relacionados no quedará afectada. La luz desempeña un papel especial en la sincronización de relojes en diferentes sistemas de referencia, puesto que tiene la misma velocidad en todos ellos. Según la visión clásica, los observadores parten de la misma escala de tiempo, mientras que para la Teoría de la Relatividad Restringida cada observador inercial requiere una escala de tiempo particular. Esta teoría considera las magnitudes de tiempo y espacio como una unidad. Por eso, contraria a la visión newtoniana del espacio, el tiempo depende del sistema de referencia en el cual se mide.

Según Alvaro Pineda Botero, en la modernidad, el tiempo es un horizonte neutro, matriz en la que suceden eventos, unidad de medida homogénea, soporte de la ciencia y de la historia; dentro de él se pueden hacer relaciones y comparaciones entre hechos del pasado, del presente y del futuro. De esta manera, cualquier evento supone la existencia de causas y consecuencias, lo que permite concebir proyectos. (El reto de la crítica).

Con el desarrollo de la teoría de la relatividad se hace manifiesto que la cuestión del espacio y el tiempo, que antes era un problema filosófico y psicológico, tiene también un aspecto esencialmente físico. "En el lenguaje precientífico las nociones de tiempo y espacio se piensan como realidades autónomas y subsistentes por sí mismas. Por espacio se entiende la totalidad de las posiciones posibles en el orden de la colocación de unas cosas junto a otras; totalidad que es concebida como algo subsistente en sí mismo. El tiempo se concibe como algo fluyente, corriente y al mismo tiempo como algo distinto de todo proceso real de flujo. Después de las ideas de Kant acerca del tiempo y del espacio como formas apriorísticas de la intuición sensible, se impone otra concepción distinta a la precientífica y de algún modo más cercana a las nociones de la teoría de la relatividad. El concepto de espacio no indica ningún ser real, sino en lenguaje escolástico un ente de razón, es decir, una construcción conceptual simbólica que no es capaz de una realización directa e inmediata, pero que sirve para la descripción mediata e indirecta de relaciones reales entre las cosas", indica un texto de filosofía de enseñanza media.

Según Kant, los conceptos de tiempo y espacio no son deducibles de la experiencia. Son formas a priori de la sensibilidad, no son conceptos o cualidades de las cosas. Son condiciones de nuestra intuición de las cosas. "No podemos percibir -continúa el texto- nada sino en el espacio y en el tiempo: todas las cosas que percibimos existen, pues, en ellos, aunque éstos sean puros elementos subjetivos del conocimiento sensible. Sobre el espacio se funda la geometría, la cual puede determinar las propiedades espaciales de todos los objetos posibles de la experiencia, precisamente porque no se funda sobre la consideración de algunos de estos objetos, sino sobre la forma universal subjetiva que los condiciona. El tiempo, por su parte, es la forma del sentido interno, de la sucesión, en la cual percibimos nuestros estados interiores, y por tanto a nosotros mismos y, a través de nuestros estados interiores, las cosas en el espacio". En Kant y en las ciencias modernas, tiempo y espacio deben ser concebidos como anclados en formas subjetivas de representación y no en forma objetivista.

El Principio de Relatividad afirma que las leyes de la física son las mismas en todos los marcos de referencia y que en cualquier parte del universo descubriremos que actúan las mismas leyes de la naturaleza para todos los observadores, independientemente de donde estén o con qué velocidad se muevan: las leyes son fijas, los fenómenos relativos. Esto puede considerarse como una confirmación-ampliación de lo que pensaban Galileo y Newton. Pero la teoría de Einstein introduce un segundo principio que declara que existe una cuarta dimensión (el tiempo) equivalente a las tres dimensiones habituales del espacio y que hay que acostumbrarse a pensar los dos conceptos juntos. Nace así el concepto de espacio-tiempo como un continuo. El tiempo se extiende, linealmente, desde el pasado hasta el futuro convirtiéndose mediante el cálculo matemático en la cuarta dimensión de nuestro mundo. Ahora nos encontramos con un nuevo espacio y reina un orden perfecto. Los viajeros del espacio-tiempo dejan a su paso una línea, o estela, invisible que los físicos llaman línea universal. Esta línea la trazan todos los objetos, sean átomos, personas o estrellas, a su paso por el espacio y por el tiempo. Los accidentes que configuran la línea universal que deja una persona en el espacio-tiempo vienen determinados por su nacimiento y su muerte, los lugares en que sucedieron, así como las ciudades en que ha vivido y los pueblos o países que visitó. ¡En el maravilloso y desconocido viaje a través del universo de la relatividad pueden ocurrir las cosas más inverosímiles!

Según Einstein, la gravedad no es una fuerza como las otras, sino que es una consecuencia de que el espacio-tiempo no sea plano, como previamente se había supuesto: el espacio-tiempo está curvado, o "determinado", por la distribución de masa y energía en él presente. Según él, la gravedad no es una fuerza, sino un fenómeno dependiente de la geometría espacial. Así como en el espacio tridimensional la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, en el mundo de las cuatro dimensiones el camino más corto entre dos sucesos es la línea curva. El hecho de que el espacio-tiempo sea curvo significa que la luz ya no parece viajar en líneas rectas en el espacio. Así, la relatividad general predice que la luz debería ser desviada por los campos gravitatorios. También predica que le tiempo debería transcurrir más lentamente cerca de un cuerpo de gran masa como la tierra. Newton concibe la gravitación como una fuerza que actúa a distancia entre los cuerpos, en tanto que Einstein considera a la gravitación como una curvatura provocada en el espacio-tiempo por la presencia de la masa.

La Teoría de la Relatividad nos fuerza a cambiar nuestros conceptos de espacio y de tiempo, y a replantear y modificar muchos paradigmas. Debemos aceptar que el tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que, por el contrario, se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo. Einstein estableció que no es posible determinar por medios físicos el movimiento de ningún objeto; de ahí que tiempo y espacio son relativos. De acuerdo con esta teoría, nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz; su velocidad, de 300 mil kilómetros por segundo, es la misma para todos los observadores. "La velocidad de la luz es constante e independiente del cuerpo de donde sea emitida, sea que este cuerpo esté en movimiento o en reposo", aclara Vélez Correa.

La velocidad de la luz es una constante universal: tiene el mismo valor independientemente del sistema de referencia elegido y de la velocidad que tenga un foco emisor. Esa velocidad no puede ser superada por ningún movimiento. La luz tiene, para todos los observadores, una velocidad uniforme. Alcanza la velocidad más alta conocida y ésta siempre es la misma. Si esto no fuera así, nuestro mundo no existiría tal como lo vemos.

Las leyes que regulan cualquier fenómeno físico son las mismas en todos los sistemas de referencia que tengan los unos respecto a los otros un movimiento rectilíneo y uniforme. Si no existiera una velocidad máxima mensurable, cualquier fenómeno visual podría actuar con infinita rapidez. Como consecuencia, cualquier objeto que estuviéramos viendo desaparecería al instante o sería sustituido por otro.

La velocidad es un valor absoluto y constante. Para que la luz siga siendo luz, debe tener la misma velocidad para todos los observadores. Su velocidad no se ha podido modificar. Debe ser la misma en cualquier sistema de referencia. No existe ninguna fuerza en el universo capaz de hacer que la luz sobrepase o disminuya esta velocidad. La luz tiene siempre la misma velocidad, independientemente de la situación del observador que la mire. El espacio y el tiempo son relativos y no absolutos. La velocidad de la luz es constante. Cuanto más se aproxima la velocidad de un objeto a la de la luz, su volumen disminuye, su masa aumenta y el tiempo es más lento. A la velocidad de la luz un objeto tendría un volumen cero, una masa infinita y el tiempo no existiría.

Einstein, en la Teoría de la Relatividad Especial, afirma que por ningún medio mecánico o electromagnético se puede saber si un cuerpo se encuentra en movimiento uniforme rectilíneo o en reposo, pues la luz se comporta de la misma manera dentro de un cuerpo en reposo o en movimiento uniforme rectilíneo, ya que la velocidad de la luz es constante e independiente de que el cuerpo que la emita se encuentre o no en movimiento. En consecuencia, el espacio de un cuerpo que se mueva aparece para un observador en reposo acortado y el tiempo alargado.

En términos de la Teoría de la Relatividad General, Einstein generaliza la relatividad a todo movimiento, afirmando que por ningún medio mecánico o electromagnético se puede determinar si un cuerpo, que se mueve con movimiento acelerado o rotatorio, está en movimiento o en reposo, pues todo fenómeno físico que ocurra dentro de ese cuerpo se comporta de la misma manera, ya sea que ese cuerpo esté en movimiento acelerado o rotatorio, o que ese cuerpo esté en reposo, pero sujeto a las fuerzas gravíficas del universo.

No es que la Teoría de la Relatividad diga que nada puede viajar más aprisa que la velocidad de la luz; dice que nunca podremos conseguir que un objeto alcance la velocidad de la luz porque para ello se necesita una fuerza infinita para acelerar una masa infinita. Nada que hasta ahora se mueva más lento que la velocidad de la luz puede ser acelerado hasta esa velocidad (los protones viajan por definición a la velocidad de la luz). De todas formas, los científicos buscan partículas llamadas "taquiones" que se mueven a velocidades más rápidas que la luz y que no podrían ser desaceleradas. ¿Las encontrarán? Es posible. La ciencia también es incierta. ¡Las cosas no son lo que parecen lo que son ni parecen lo que son!

Según la Teoría de la Relatividad, la velocidad de la luz es un caso especial y por eso las predicciones de la relatividad no encajan con nuestra experiencia cotidiana: no ocurre lo mismo con la velocidad de un haz de luz en un móvil vista por dos observadores en distintos planos que lo que ocurre con una pelota arrojada en otro móvil vista desde el suelo: la verificación experimental contradice la experiencia cotidiana.

Las investigaciones einstenianas le permitieron demostrar que en el universo todo está interrelacionado: la luz con la velocidad, la velocidad con la aceleración, la aceleración con la gravedad, la gravedad con la materia, la materia con el espacio y el espacio con el tiempo. ¡Sencillamente impresionante su demostración! El orden de estas magnitudes se puede alterar a voluntad. Nada existe por sí solo; todo está en función de todo. ¡La existencia de todo es relativa!

Como si semejante afirmación no fuera suficiente para dejarnos "lelos", demostró que la gravedad no puede ser una fuerza: entre el generador de cualquier energía y las demás piezas de una máquina, siempre ha de existir una conexión; sin ella no puede funcionar. La unión se ha de producir a través de una palanca, una rueda dentada, un cable, un cigüeñal… "Lo que llamamos gravedad es, en realidad, un espacio torcido", fue otra de sus contundentes y sorprendentes revelaciones. Debido a la curvatura del espacio, que aumenta a medida que nos acercamos a la tierra, se producen infinitas pendientes que, procedentes de todas las direcciones del universo, convergen en el centro de la tierra. Confirmadas las teorías de Einstein, sus seguidores coligen que la Tierra, Marte y los demás planetas no giran, en realidad, alrededor del Sol, sino que vuelan rectilíneos, en un espacio que está torcido en torno al sol. ¡Sencillamente revolucionaria esta conclusión! ¿Cuáles serán sus consecuencias?

Según las teorías einstenianas, a altísimas velocidades y en las zonas de intensa gravedad se produce una dilatación del tiempo. Entonces, sin gravedad, los relojes funcionarían infinitamente de prisa. Años, siglos y milenios se fundirían en un abrir y cerrar de ojos. El ayer, el hoy y el mañana sólo pueden existir en torno a una masa. Sin la masa no habría gravedad. Y sin gravedad, no habría tiempo. ¡Así de sencillo! ¡Asombrosas estas revelaciones, indiscutiblemente!

Einstein teorizó para responder qué era la gravedad. Empezó a dilucidar este interrogante con sus investigaciones con la luz. "Comprobó que nada es más rápido que la luz. Semejante comprobación le permitió hacer un nuevo descubrimiento: a velocidades que se aproximan a la luz, el tiempo transcurre más despacio. Un astronauta puede estar viajando por el espacio y regresar a la tierra con cuarenta años menos que su hermano gemelo. La misma ralentización del tiempo se produce en los lugares con gravedad muy intensa. (Ralentizar es sinónimo de lentificar, y lentificar es imprimir lentitud a alguna operación o proceso, disminuir su velocidad). Uno de estos lugares es, por ejemplo, el sol. Si pudiéramos colocar un despertador sobre el sol, comprobaríamos que allí andaba más despacio", precisa un escrito anónimo de la revista Muy Interesante en la última década del siglo XX.

A pesar de los grandiosos descubrimientos de Einstein, la gravedad continúa siendo uno de los misterios más grandes de la naturaleza. Los físicos distinguen en la actualidad tres fuerzas principales: la electromagnética (la luz), la energía atómica (en el núcleo de los átomos) y la gravedad. "Con ayuda de las matemáticas se pueden relacionar fácilmente entre sí", predicen los expertos. Los seguidores del genio alemán han intentado encontrar las transformaciones de la gravedad. "El día que esto se consiga, se podrá expresar matemáticamente todo lo que ocurre en la naturaleza. Mientras tanto la gravedad seguirá rodeada de algunos misterios", precisan los científicos.

El descubrimiento central de Einstein fue que la mecánica rígida de Newton no es cierta de ningún modo, a pesar de que los resultados de los experimentos coinciden con ella. Esta mecánica inflexible es sólo un caso especial, que tiene validez siempre que se trate de pequeñas distancias, pequeñas velocidades y pequeña aceleración. Esta doctrina dividió a la humanidad en dos campos: los unos no querían admitirla y decían que todo ello era pura fantasía, y en las tertulias podía escucharse entonces que todo es precisamente relativo. Mediante audaces razonamientos extrajo las conclusiones del descubrimiento de que la velocidad de la luz es siempre igual. Einstein fue el humilde demoledor de la física clásica y el fundador de la ciencia contemporánea. Después de él, ideas como espacio, tiempo, masa y energía ya nunca más serán las mismas. ¡No hay duda que su genialidad será difícil de superar!

Cambio de paradigmas filosóficos

Introducción

Desde el mismo instante en que surgió el pensamiento racional, el amor por la sabiduría, la filosofía, los paradigmas que ésta viene estableciendo, de acuerdo con su auténtica naturaleza, han venido sufriendo cambios radicales que de, una u otra manera, afectan e inciden en la historia y en algunas ciencias como la física, la astrofísica, las matemáticas, la química, la antropología, la epistemología, la pedagogía, la lógica, la política, el derecho, la economía, la medicina, la psicología, el psicoanálisis, la sociología, la tecnología y otros aspectos de la existencia: ética, moral, valores, educación, investigación, ontología, metafísica, gnoseología…

El saber reflexivo, riguroso y sistematizado (la filosofía) es el más práctico de todos los saberes, debido a que todo hombre, aun el de la vida cotidiana y el científico que no hace profesión de filosofía, construye su imagen total de la vida y del mundo y de ella vive; sin la reflexión filosófica, ni se encuentra el hombre a sí mismo en el mundo, ni puede encauzar su obrar, ni poner en paz su vida afectiva. La filosofía occidental ha sido la que ha plasmado nuestra civilización.

La filosofía griega (que comenzó con los Presocráticos, quienes se preguntaron por el origen y la naturaleza de las cosas) inició una marcha que nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza con los últimos descubrimientos de la física atómica; nos ha acercado a los astros con la maravillosa tecnología de la astrofísica, ha unido a todos los hombres con los hilos invisibles pero efectivos de las comunicaciones modernas y nos ha permitido penetrar y descubrir los arcanos misterios del hombre a través de la medicina, sociología y psicología actuales.

Los primeros filósofos tuvieron una inquietud común: buscar el fundamento de todo, es decir, el principio de donde todo procede, de lo que todo está hecho. Los filósofos clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles, retomando, confrontando y perfeccionando los planteamientos de sus predecesores, y creando sus planteamientos propios, establecieron un extraordinario y genial sistema de pensamiento que ha influido demasiado en la cultura occidental y que tiene una formidable vigencia en la actualidad.

Los filósofos presocráticos constituyen el fundamento histórico y sistemático del platonismo. Platón y Aristóteles crearon sistemas tan profundamente pensados que sirven de fundamento a toda la filosofía occidental posterior. Sus sistemas, de máxima altura en la historia del filosofar, han permanecido como modelos de la más profunda y verdadera reflexión filosófica.

Aristóteles, considerado por el consenso histórico como el más grande filósofo de todos los tiempos, sistematizó todo el pensamiento griego e implementó el llamado realismo aristotélico que sirvió de paradigma ontológico y metafísico hasta el Renacimiento, sin que su vigencia como filósofo hubiera llegado sólo hasta esa época.

El francés Renato Descartes (1594-1650), con su espíritu moderno, partiendo de un pensamiento auténticamente original, instauró un nuevo sistema (Idealismo) que se convirtió en el paradigma de la modernidad que impulsó la ciencia y el progreso, y que aún conserva enorme vigencia, dada la genialidad de este formidable pensador, que incursionó también en el campo de las matemáticas y otras ciencias. El Idealismo cartesiano, que contribuyó al surgimiento del racionalismo y el empirismo, se consolidó con pensadores como Benito Spinoza (1632-1677), Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), Jonh Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), y fue llevado hacia sus más altas cumbres de perfección por Inmanuel Kant (1724-1804) y Georg Wilhelm Hegel (1770-1831). Con Hegel, el Idealismo alcanza su más alto grado de desarrollo y perfección. El Idealismo ha sido el sistema que más profundamente ha incidido en la cultura occidental moderna, debido a que dio origen a la ciencia y al progreso, y, de una u otra manera, todavía sentimos su evidente influencia en nuestra manera de hacer, de ser y de pensar.

Con el surgimiento de filósofos como el alemán Kart Marx (1818-1888) y el francés Augusto Comte (798-1857), en el siglo XIX, se supera, en cierta medida, el Idealismo y se inauguran otros paradigmas: el Marxismo, producto de la genialidad de Marx, y el Positivismo, planteado por Comte. El marxismo (reacción y superación del Idealismo) se constituyó en el paradigma de lucha del socialismo en contra del capitalismo, además de ser el modelo del Materialismo ateísta. El Positivismo, como reacción a la metafísica (y contra la filosofía misma), se convirtió en el paradigma que despertó una exagerada pasión por los hechos y la ciencia (hasta degenerar en un cientificismo o cientismo, que consiste en otorgar demasiada importancia a las ciencias, aun por encima de las demás actividades humanas, porque supuestamente la ciencia es capaz de resolver todas las inquietudes que el hombre pueda plantearse). Estos dos últimos paradigmas tuvieron gran vigencia durante la segunda parte del siglo XIX y comienzos del XX.

En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, como reacción a la subjetividad, producto del Idealismo, nacieron otros sistemas que dieron origen a nuevos paradigmas, como el Vitalismo, el Personalismo y el Historicismo con una corta y relativa influencia, excepto el Utilitarismo y el Pragmatismo que son paradigmas y formas de vida y de producción en Inglaterra y los Estados Unidos con una evidente y contundente vigencia. Pero a mediados del siglo XX entró en escena el existencialismo (reacción contra el Idealismo, el Racionalismo, el Positivismo y el Materialismo), un revolucionario sistema que centró su quehacer y su pensamiento en la existencia del hombre concreto con toda su problemática existencial. Este paradigma ejerció gran influencia en su tiempo y continúa, aunque no tan arrolladoramente, hasta nuestros días. A pesar de que cada paradigma filosófico ha sido superado por otro, cada uno sigue ejerciendo alguna vigencia en la actualidad; ninguno de ellos ha sido superado, desechado u olvidado definitivamente. La filosofía no culmina en una más alta cumbre, sino en las más altas cumbres de la antigua y de la moderna: un Platón y un Aristóteles y un Descartes, un Kant, un Hegel.

Veamos, de manera sucinta, algunos de estos sistemas. Se hace énfasis en destacar la grandeza de los sistemas de Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Comte y Marx, pensadores geniales, quienes han hecho un valioso aporte a la cultura occidental y sus planteamientos han influido en pasadas generaciones e influirán, así sea en pocos aspectos, en las generaciones venideras.

Sistema presocrático (¿Cuál es el origen de las cosas?)

Los Presocráticos querían saber: ¿Cuál es el principio originario de todas las cosas (arché o arjé)?, por esos intentaron definir la naturaleza como algo permanente y único; persiguen unas leyes o principios explicativos (a ser posible uno sólo pues la naturaleza es algo único) que explique dicha realidad. "Ese será el gran problema al que se enfrentarán los filósofos griegos, ya que es preciso explicar una naturaleza dinámica, cambiante, a través de una ley que no puede estar sometida a dicho cambio, ha de ser inmutable, pues de lo contrario no la podríamos conocer. Este principio explicativo del universo, de toda la realidad, será el arché. Cuando se identifica el arché con un solo objeto estamos ante una filosofía monista; si además se explica todo se denomina panteísta" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). La idea del arche comprende tres aspectos: 1. Origen explicativo de la naturaleza, de donde se conforman todos los seres. 2. Sustrato, de lo que están compuestos todos los seres. 3. Causa, que explique el movimiento o cambio. "El realismo primitivo, ingenuo, afirmaba que las cosas existen, entre las cuales nos encontramos nosotros. Los griegos fueron quienes empezaron a reflexionar para discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, una existencia en sí, una existencia primordial, irreducible a otra. Descubrieron que con la razón, con el pensamiento racional, se puede hallar lo que las cosas son, se puede averiguar el fondo último de las cosas. Buscaron cuál es la o las cosas que tienen una existencia en sí (el "principio", como comienzo y como fundamento de todas las cosas). Los primeros filósofos reflexionaron sobre ¿cuál es el auténtico y verdadero ser? ¿Cuál es el principio de todas las cosas? ¿Qué cosas existen en sí y por sí mismas? ¿De dónde proceden todas las cosas? Los Presocráticos consideraban el ser como la realidad última que constituye las cosas" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente).

Preocupados por el "arjé" se preguntaron: ¿De dónde vienen las cosas? ¿Cuál es la materia primera? ¿Cuál es el principio o elemento básico del que todas las cosas provienen? ¿Qué son las cosas detrás de sus múltiples apariencias? ¿De qué están hechas las cosas? ¿Cuál es el principio originario del mundo? ¿Cuál es el origen y la naturaleza de las cosas? ¿Qué es el fondo inagotable del cual todo procede y al cual todo retorna? ¿Qué es lo que existe? ¿Quién existe? Y buscaron: El principio que justificara el origen de todas las cosas. Aquello de donde salen las cosas y a donde las cosas vuelven. Conocer las razones más profundas y universales de la realidad. Explicar reflexivamente la naturaleza. La explicación última a los interrogantes más comunes que todos los hombres se han planteado frente a los fenómenos naturales. Saber el porqué de las cosas. Determinar el primer principio de todas las cosas. Discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, auténtica, primordial, irreductible a otra, en sí y por sí, su ser en sí. "La tarea de un filósofo consiste en designar un primer principio de todas las cosas, y dicho principio va a ser algún tipo de materia. A partir del primer principio se seguiría habitualmente, de modo deductivo en apariencia, una cosmología o una explicación de la estructura básica del mundo" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

Los presocráticos rompieron con el determinismo de la tradición mítico-religiosa, a través de la cual los dioses guiaban el destino de los hombres, y empezaron la construcción del pensamiento racional; pasaron del mito al logos (razón). "El pensamiento mítico está basado en lo aparente, cambiante y múltiple, mientras que el pensamiento racional está basado en lo que realmente son las cosas, la permanencia y la unidad… El paso del mito al logos se produce, junto a todos los elementos que hemos visto anteriormente, cuando se convierte o transforma la idea de mito en la idea de necesidad lógica o ley natural. Tanto la idea de destino como la idea de necesidad lógica constituyen la fuerza mayor de la naturaleza, ya que no pueden ser cambiadas por nada. Sin embargo, mientras que la idea de destino es algo incognoscible, la idea de ley natural es cognoscible. El pensamiento mítico está basado en lo aparente, cambiante y múltiple, mientras que el pensamiento racional está basado en lo que realmente son las cosas, la permanencia y la unidad" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). El destino es lo incognoscible, lo aparente, lo cambiante; la ley natural es lo cognoscible, el ser (esencia), lo permanente, la unidad. "Estas tres características (esencia, permanencia y unidad), llamadas coordenadas lógicas, se obtienen mediante el empleo de la razón, despreciando el conocimiento sensorial que nos muestra la realidad como algo aparente, cambiante y múltiple" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). Con los presocráticos aparece la idea de naturaleza o phycis (conjunto de todas las cosas y esencia de las cosas). Para ellos la naturaleza es cosmos, un orden en oposición al caos; la naturaleza es dinámica, cambiante y móvil, y presenta unosmovimientos intrínsecos, una animación y leyes propias. Para los antiguos griegos la idea destino consistía en una fuerza superior a la voluntad de los hombres y de los dioses y que determina aquello que necesariamente tiene que ocurrir. "El objetivo de los primeros filósofos era buscar explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza" (El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder).

Los griegos presocráticos fueron quienes empezaron a reflexionar para discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, una existencia en sí, una existencia primordial, irreducible a otra. Descubrieron que con la razón, con el pensamiento racional, se puede hallar lo que las cosas son, se puede averiguar el fondo último de las cosas. Buscaron cuál es la o las cosas que tienen una existencia en sí (el "principio", como comienzo y como fundamento de todas las cosas). Los primeros filósofos (los presocráticos) reflexionaron sobre ¿cuál es el auténtico y verdadero ser? ¿Cuál es el principio de todas las cosas? ¿Qué cosas existen en sí y por sí mismas? ¿De dónde proceden todas las cosas? Los Presocráticos consideraban el ser como la realidad última que constituye las cosas.

Tales de Mileto, considerado como el "padre de la filosofía", buscó entre las cosas cuál sería el principio de todas las demás, cuál sería la cosa a la cual le conferiría la dignidad de ser, de la cual todas las demás son meros derivados, y encontró que esta "cosa en sí" era el agua, el principio de todas las cosas. Su principio originario de todo ser, concepto que fue el primero en ver y definir, constituye el mérito histórico y filosófico de este pionero y original pensador. Su ciencia no fue un saber ordinario, sino una auténtica sabiduría, es decir, filosofía. "La concepción tradicional sostiene que la filosofía, junto con la ciencia, la razón y quizás la propia conciencia, irrumpió en el escenario del mundo a comienzos del siglo VI a. C. en la persona de Tales… Tales puso, en el lugar de las divinidades antropomórficas de la mitología tradicional, un principio basado en un fenómeno material y observable. Ahora podía explicarse el mundo en clave de procesos naturales y familiares, como hervir, congelar o fluir, más que en términos de las acciones y disposiciones de unos cuantos dioses quejumbrosos…" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Tales planteó que el mundo está animado y lleno de espíritus, de dioses. El imán es un ejemplo: los dioses del imán atraen el hierro. Además, defendió la inmortalidad del alma; inventó las estaciones del año, y asignó a éste 365 días. Propuso que lo más difícil era conocerse a uno mismo y lo más fácil era dar consejos a los demás.

En Anaximandro, que halló en el ápeiron (sustancia indefinidad e indeterminada) el primer principio que explicaba los múltiples procesos de la naturaleza, encontramos el primer atisbo de la teoría evolucionista expuesta en el siglo XIX. "Probablemente el menos convencido del carácter racional del conocimiento, identifica el arché con algo indeterminado, al que denomina ápeiron, algo que no podemos entender o conocer" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). Atribuyó a su ápeiron o infinito las propiedades de ser uno, necesario, equilibrado, atemporal, eterno, inmortal, inmutable, indefinido, indeterminado e inasible para la experiencia. El ápeiron todo lo incluye y todo lo gobierna. Como del ápeiron proceden todas las cosas de la realidad, también a él deben volver. "Anaximandro pensó que podría solucionar el problema de cómo la materia primera era capaz de transformarse en todas las diferentes clases de material que vemos a nuestro alrededor. La respuesta es que el infinito contiene en sí mismo todos los elementos finitos" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Anaximandro introdujo un primer elemento de abstracción en el desarrollo de la filosofía, y fue el primer filósofo que practicó el arte de resolver nombrando. "Anaximandro, la figura más importante de los milesios, fue el primero en crear una imagen del mundo de verdadera profundidad metafísica y de rigurosa unidad constructiva. Su concepción de la tierra y el mundo es un triunfo del espíritu geométrico. Su mundo es un mundo matemático" (Paideia, de Werner Jeager).

Anaxímenes encontró en el aire ese primer elemento universal, origen y causa de todo lo demás. El aire tenía el atributo de infinitud, con lo cual se podría explicar las variedades de la naturaleza. El aire es eterno, infinito, móvil. Al condensarse, primero forma nubes, luego agua y, finalmente, la tierra y las piedras; al enrarecerse, se convierte en fuego. Del aire nacen todas las cosas y, cuando se corrompen, vuelven a él. El aire es un principio vital, capaz de dar vida y de transformar las manifestaciones de ésta. Es algo vivo y divino, que conserva, anima y ordena todo. "Por tanto, el aire de Anaxímenes no es tan solo un gas atmosférico inerte sino el alma del cosmos. Nuestro propio aliento, o nuestras propias almas, son parte de este espíritu cósmico. El primer principio revela aquí su origen en el viejo modo de entender mitológico. Lo que es más importante, Anaxímenes deja claro que la materia del primer principio no es realmente una materia. Es en realidad algo espiritual o parecido al alma" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes, conocidos como milesios, fisistas, físicos o filósofos de la naturaleza, se preocuparon fundamentalmente por la constitución de la naturaleza, la materia prima de la que está constituido el cosmos, el principio al cual todo se puede reducir. Se preocuparon por saber ¿cuál era el origen de las cosas? Éstos abrieron el camino y proporcionaron los conceptos fundamentales a la física griega desde Demócrito hasta Aristóteles.

Pitágoras, al proponer el número como el principio de todo lo existente, contribuyó al desarrollo de las ciencias de la naturaleza, las cuales viven cada vez más del número. "El límite vine representado por la unidad, la disparidad, la bondad, la quietud, etcétera; mientras que lo ilimitado por sus opuestos, multiplicidad, paridad, etcétera. El principio primario de todo ello lo encontramos en las matemáticas que representan la unidad del mundo de las cosas. A través de los números podremos, por tanto, entender las cosas: el número par como número que siempre es divisible por 2 hasta el infinito representará lo infinito, lo ilimitado. El impar al no se divisible por 2 representará el límite. El número es el principio material de las cosas. Es el origen de la medida de las cosas. El universo está compuesto de números" (Enciclopedia superior. Círculo de lectores). El número es el origen y causa de todas las cosas. Es el número, en último término, lo que permite denominar cosmos (orden) al universo. "Pitágoras fue el primer filósofo griego a quien se le ocurre la idea de que el principio de donde todo lo demás se deriva, lo que existe verdaderamente, el ser en sí, no es ninguna cosa, sino algo que no se puede tocar, ni ver, ni oír: el número" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Este descubrimiento hay que contarlo entre los más decisivos impulsos que ha recibido la ciencia humana. El progreso de la ciencia se ha sostenido siempre sobre el descubrimiento paulatino de ese núcleo matemático que formaliza la constitución de los seres y las leyes de la naturaleza. "Para el pensamiento pitagórico nada puede mantenerse en pie que no pueda reducirse, en último término, a número" (Paideia, de Werner Jeager).

Los pitagóricos cambiaron la perspectiva del filosofar: el interés pasa de lo material a lo formal. Con Pitágoras se abandona la pregunta filosófica sobre el origen de las cosas y se centra la atención en lo que son las cosas mismas: explicar qué son las cosas. La pregunta ya no es: ¿qué son las cosas?, sino ¿qué son las cosas? Los pitagóricos (seguidores de Pitágoras) establecieron un dualismo que los llevó a creer en los principios de "el bien" y "el mal", que influyeron en Platón y en numerosas filosofías posteriores, y tienen mucha importancia en nuestro tiempo. Dos pitagóricos se adelantaron a Copérnico y a otros científicos modernos: Filolao estableció que la tierra no es el centro del sistema solar, y Aristarco de Samos propuso la rotación de la tierra y la traslación elíptica de los cuerpos celestes.

Heráclito, que consideraba el fuego como el origen de todo, encuentra que los primeros pensadores se preguntaron por el origen de las cosas, por el principio y el fin de las mismas, y se propone estudiar el paso de lo que las cosas son a lo que no son y viceversa: el paso del ser al no-ser. "Parte del dinamismo y movimiento del Universo, movimiento que, sin embargo, según él, no nos lleva al caos, sino que está sometido a un orden, armonía o ley: la dialéctica. Esta es consecuencia del equilibrio que se produce entre la lucha de contrarios. La dialéctica es pues, según Heráclito, el arche explicativo del Universo, que representó mediante el fuego" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). El elemento más acorde con el devenir es el fuego. Un fuego vivo, eterno e inextinguible es el principio y fin de todas las cosas. Heráclito se refiere al fuego como la materia suprema del mundo. "El fuego no es realmente una materia; es un proceso. La materia que forma el fuego se transforma constantemente en humo y, sin embargo, el fuego permanece" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Su intención es estudiar el cambio, el movimiento, la transformación, el devenir. La esencia de las cosas es el devenir. De ahí que las cosas sean y no sean al mismo tiempo. Para Heráclito, todo se mueve y nada permanece en reposo. "No hay, pues, un ser estático de las cosas: lo que existe es el movimiento, el devenir, el cambio" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Heráclito predicó al unidad en la oposición. "Las cosas se transforman en sus opuestos y este mismo movimiento constituye la estructura subyacente del mundo, el primer principio de todas las cosas. Por cierto que, en estas síntesis de todos los opuestos, Heráclito prefigura para nosotros un rasgo de la filosofía que habrá de acompañarnos en el curso de la historia. El impulso hacia la unidad supone acaso el móvil primordial de la filosofía y, en último término, ha de imponerse a todas las oposiciones (meramente aparentes) que pueblan el mundo" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Los tópicos esenciales del pensamiento de Heráclito son el movimiento y la contradicción.

El logos, la razón universal, la ley eterna, el orden necesario que rige el proceso de cambios en las cosas, es la causa de la armonía universal. El logos es la ley cósmica y la ley de las costumbres, que debe normar la vida social e individual.

Heráclito es el primer filósofo que trata de estudiar al ser humano. Según éste, el hombre está compuesto de cuerpo y alma. Sus ideas representan una interpretación dinámica de la realidad. Su concepción dinámica del ser, que no tuvo vigencia durante el medioevo, fue acogida, sistematizada e implementada por Hegel y otros pensadores, alcanzando una enorme influencia que es evidente hasta nuestros días. "Los autores sistemáticos, Platón y Aristóteles, lo tuvieron en gran estima. También la modernidad encontró en él –la filosofía dialéctica de Hegel y sus epígonos- un bastión seguro para sostener sus estructuras de pensamiento más consolidadas y determinantes" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez).

Tras la aparición de Parménides, uno de los más grandes pensadores de la humanidad, el paradigma filosófico sufrió su primera gran transformación. Su pensamiento revolucionó estruendosamente a la filosofía. Gracias a su impresionante genialidad estableció una concepción del ser que tiene una contundente y arrolladora vigencia hasta nuestros días. Fue el encargado de prefijar los dos elementos fundamentales en la filosofía: el ser como objeto de la metafísica, y la razón como instrumento para la búsqueda e investigación de la verdad del ser. Parménides encontró algo común e indispensable a todo objeto: Que cualquier elemento natural antes de tener alguna característica específica, tiene una sin la cual no existiría, la de Ser, este ser es un elemento fundamental y no una característica que tienen las cosas. El ser es el fundamento de la realidad. Parménides descubrió la identidad del ser, la identidad entre el ser y el pensar. "Es lo mismo el pensar y el ser de las cosas". El ser es ajeno al devenir, eterno, omnipresente, unitario, coherente, indivisible, homogéneo, ilimitado y concluso. El pensamiento y lo pensado se identifican, son la misma cosa. Parménides afirmó que de la unidad no puede surgir la pluralidad, porque supondría el paso del ser al no ser; es por eso que a partir de Parménides los filósofos adoptan el pluralismo, es decir, admiten una pluralidad de realidades que existen desde siempre y que por lo tanto son eternas. El filósofo Luís Pifarré, en su ensayo titulado El itinerario del ser, sobre este gran pensador nos dice lo siguiente:

"La cuestión fundamental de la que se hicieron cargo los primeros pensadores griegos se formuló de la siguiente manera: ¿de qué materia física está constituida la naturaleza? Para algunos de ellos esta materia como elemento primario (arjé) estaba constituida por agua, por aire o por fuego. Frente a ellos, Parménides intentará superar esta concepción unilateral y fisicista, afirmando que la realidad primigenia o principio primero está hecha de ser, puesto que las cosas tienen en común la propiedad de ser, es decir, son. Por tanto, el ser es la única propiedad que tiene todo aquello que es: el ser es la raíz última de todas las cosas existentes. Por este motivo en la historia de la filosofía se considera a Parménides como el pensador que supo llevar la especulación filosófica a su verdadero lugar. Con su filosofía hace su aparición la metafísica como presupuesto inicial, pero no la metafísica -como a veces incorrectamente se la interpreta- como un ir simplemente más allá de lo físico, sino como arranque originario por la pregunta fundamental sobre el ser del ente, en cuanto el ente es lo primero que aprehendemos al enfrentarnos con la realidad. El pensamiento de Parménides no se va a circunscribir en las cosas físicas, como ocurría con los anteriores filósofos, sino que va a tratar de las cosas en cuanto son, es decir, en cuanto son entes. El ente será su gran aportación filosófica. Si afirmamos que el primer principio (arjé) es agua, aire o fuego, de algún modo se entiende lo que se pretende decir, por su misma simplicidad, pero si decimos que todo es ser, deberemos legítimamente preguntarnos ¿y qué es el ser? Y aquí empiezan las dificultades, puesto que Parménides nunca nos dirá que es el ser, en qué consiste, que sin duda es lo importante y decisivo, sino que sólo nos dirá lo que es el ser, cuáles son sus propiedades, un lo que es, que en consecuencia aparecerá revestido de aquellos atributos propios de la total identidad. El ser, nos dirá Parménides, es uno en su radical materialidad, inmóvil, imperecedero, necesario, siempre presente... Para conocer en rigor el ser que se manifiesta eternamente a través de los entes particulares, entes que son perecederos, contingentes y plurales, no podemos utilizar el acceso de los sentidos, de la experiencia sensible, sino solamente la vía del nous o de la razón. El pensamiento será, por tanto, el único medio que tenemos para conocer el ser, más aún: el nous mismo forma una esencial identidad con el ón, el ser como tal. La vía del pensamiento es así para Parménides la vía de la verdad, aquella que nos conduce al conocimiento del ser. En cambio, mediante los órganos de la sensación, que son los únicos que poseemos para conocer la existencia de lo sensible, ya no estamos en condiciones para poder conocer el ser con sus propiedades esenciales de unidad, inmutabilidad e identidad, puesto que la sensación como vía de conocimiento, sólo puede captar la diversidad y el cambio de las cosas concretas y singulares. La sensación, en estas condiciones, no puede conocer el ser como lo común y real de los entes, por lo que su conocimiento tendrá la validez de simple opinión o doxa. Las cosas, si las consideramos con el pensamiento o nous, antes de ser rojas, duras, calientes o sonoras, presentan una propiedad común a todas ellas: son. El ser es, por tanto, su propiedad esencial que solamente se manifiesta al nous. Las cosas vistas desde esta perspectiva noética, por medio de la razón, son ahora estrictos entes. El ón y el nous presentan en el pensamiento de Parménides una indisoluble conexión esencial, de modo que no se da el uno sin el otro. En este sentido es lo mismo el ser y el pensar… Para Parménides, sólo aquello que es, existe; ser un ser es existir, existir es ser un ser. No hay conciliación intermedia entre ser y no ser. Pero si siguiendo su pensamiento identificamos su concepción del ser con el existir que es accesible a la experiencia, desembocamos en una serie de consecuencias antitéticas e irresolubles, puesto que si al modo de ser propio de las cosas particulares comúnmente lo denominamos como existencia, ya que no tenemos experiencia perceptiva de ningún otro tipo de realidad, surge una infranqueable diferencia entre ser y existir. Las cosas particulares cuya verdadera existencia las conocemos mediante la experiencia, son para Parménides, mera apariencia, ilusión; no son, no tienen ser, y lo que es, al no ser accesible a la experiencia, no existe. En esta tesitura se inicia en la historia del pensamiento el principio de que si el ser es verdaderamente, nada debería existir, porque el ser es lo opuesto a la existencia, ya que en el ser no hay nada que pueda dar cuenta del hecho de la existencia como tal. En los albores del pensamiento humano, la existencia actual aparece en desconexión con el ser, y en la modernidad de la filosofía existencialista, se interpretará como una fisura o agujero que ha enfermado y debilitado al ser."

Parménides sentó la tesis fundamental de que las cosas fuera de mí, el ser fuera de mí, es exactamente idéntico a mi pensamiento del ser. Las propiedades esenciales del ser son las mismas propiedades esenciales del pensar. Una y la misma cosa es ser y pensar. "Sólo podemos pensar en lo que realmente es. Es decir, sólo cabe pensar realmente en aquello que existe. El pensamiento es la realidad" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Su mérito radica en haber establecido que la misma cosa son el ser y el pensar, y fundar el principio de identidad (Todo objeto, cosa o ser es idéntico a sí mismo) con el que funciona la ciencia de la lógica. El principio de identidad determina nuestra manera de pensar, percibir, interpretar y sistematizar la realidad. Lo encontramos en múltiples circunstancias en nuestro quehacer cotidiano. En matemáticas, por ejemplo (y el nuestro, es un mundo matemático), lo encontramos en la propiedad reflexiva o de la identidad, y nos dice que cualquier número es igual a sí mismo (m=m). "La posición de Parménides es la más general de los presocráticos, y abarca buena parte de la producción de éstos. En lugar de limitarse a proponer un primer principio, como aire o agua, Parménides ofrece una reflexión sobre cómo ha de ser cualquier principio. Desde esta perspectiva… descarta buena parte de las tentativas de los demás presocráticos, extrae sus propias conclusiones acerca de la realidad y articula la estrategia central de mucha de la filosofía venidera. Aunque anticipadas por Jenófanes y clarificadas por discípulos como Meliso, las conquistas de Parménides brillan con luz propia entre los antiguos filósofos" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El filósofo Luís Pifarré señala que a pesar de los escasos fragmentos que conservamos de Parménides, es indudable el gran avance filosófico que supuso su pensamiento respecto a los filósofos presocráticos anteriores a él, y precisa que es indiscutible su talento metafísico para intentar penetrar el ser en lo más profundo de lo real, y su ambicioso objetivo por hallar la raíz y ultimidad de todo lo que hay, que en definitiva es la cuestión fundamental que incita la especulación de los verdaderos filósofos.

Parménides planteó dos vías para obtener el conocimiento: la vía de la verdad y la vía de la opinión. La vía de la verdad dice que el ser, es, y el no ser, no es. Esto quiere decir que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Es el camino de la razón. La vía de la opinión se alimenta del conocimiento de los sentidos, que sólo nos muestran la apariencia de las cosas. Es el camino de la apariencia u opinión. "Parménides ejemplifica al menos la idea de que un filósofo no debería limitarse a formular sus concepciones sobre las cosas, y tendría que buscar lo verdadero y mostrar que ha de ser verdadero" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Cuando la razón cede el paso a los sentidos, nos parece que las cosas cambian, se transforman. El pensamiento es el único que puede conducirnos a la certeza infalible. El pensamiento, la razón, el entendimiento, la inteligencia, es la vista y el oído espiritual del hombre. Quienes no lo siguen son ciegos y sordos y se pierden en contradicciones sin salida. "Lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión de los hombres" (Paideia, de Werner Jeager). El descubrimiento del pensamiento puro y de su rigurosa necesidad aparece en Parménides como la apertura de un nuevo camino, es más, del único camino practicable para llegar a la consecución de la verdad. Su obra Sobre la naturaleza, en donde expone su camino o vía de la verdad y el camino o vía de la opinión, "es considerada como piedra angular de la reflexión filosófica griega posterior y, en general, de todo el pensamiento metafísico occidental" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez).

Con Parménides se inició la escisión entre el mundo de la realidad o mundo inteligible o del pensamiento, y el mundo de la apariencia o mundo ininteligible o de la sensibilidad; escisión aún vigente, luego de haber sido perfeccionada por Platón en su teoría de los dos mundos: el de las ideas, real, inteligible y el de la opinión, aparente, ininteligible. "A partir de este momento empieza a dominar en el pensamiento griego la teoría del conocimiento intelectual que prima sobre el sensible: para Parménides lo racional es lo único verdadero, mientras que lo sensible es pura apariencia" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Así mismo, planteó una concepción antagónica a la de Heráclito, debido a que mientras éste afirmaba que sólo existía el devenir, negando el ser, porque la realidad es múltiple, temporal, finita, móvil y mutable, Parménides afirmaba la existencia del ser, caracterizado por ser único, eterno, infinito, inmóvil e imputable. De allí surge la teoría de los dos mundos (mundo aparente y mundo real), que, luego de ser perfeccionada por Platón y retomada por otros pensadores, llega hasta nuestro presente. ¿Qué es lo que verdaderamente existe para Heráclito? El devenir. ¿Qué es lo que verdaderamente existe para Parménides? El ser.

Parménides cuenta entre los pensadores de más alto rango. Pero su importancia en la historia de la educación y de la formación humana sólo puede ser estimada en conexión con la historia de la amplia y fecunda influencia de sus ideas fundamentales. Lo encontramos en todos los estados de la evolución de la cultura griega y aún hoy se nos ofrece como prototipo de una actitud filosófica perenne. Su pensamiento traspasa los límites de la filosofía para penetrar profundamente en la vida espiritual. "Parménides es el primer pensador que plantea de modo consciente el problema del método científico y el primero en distinguir claramente los dos caminos fundamentales que habrá de seguir la filosofía posterior: la percepción y el pensamiento" (Paideia, de Werner Jeager). Parménides elevó a la filosofía al territorio de la metodología. "Parménides es el primero de los presocráticos en distinguir claramente entre investigaciones de primer orden sobre la naturaleza de las cosas e investigaciones de segundo orden acerca de lo que es posible investigar, o entre métodos y metodología. Este paso a un segundo orden caracteriza la filosofía hasta nuestros días. Lo que más tarde recibirá extravagantes nombres de ontología, metafísica, epistemología y lógica se combina en un único gesto parmenídeo… El método específico que preocupa ante todo a Parménides es el método del pensamiento… su obra no empieza por preguntarse sobre uno u otro fenómeno, sino sobre qué puede servir de posible objeto de pensamiento" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

La metafísica de Parménides es una metafísica tan extraordinaria que ha orientado el pensamiento filosófico por más de 25 siglos. El suyo es "el espectáculo de una metafísica de gran envergadura, de alto vuelo, en donde en una pureza realmente ejemplar, se da a las preguntas: ¿qué es el ser?, ¿quién existe?, una contestación que en la historia del pensamiento moderno pervive aún en sus grandes rasgos", precisa Manuel García Morente, en sus Lecciones preliminares de filosofía, y agrega que Parménides representa una hazaña intelectual de extraordinaria magnitud, no sólo por lo que en su tiempo significó de esfuerzo genial para dominar el problema metafísico, sino sobre todo por la profundidad incalculable de penetración, que lo llevó a formular ideas, pensamientos, direcciones que han impreso a toda la filosofía europea un carril, una marcha, que desde entonces ha seguido ininterrumpida la misma orientación. Las bases fundamentales en que se asienta todo su pensamiento son la identificación del ser con el pensar, y la aplicación rigurosa de las condiciones del pensar a la determinación del ser.

Mientras que Parménides sostiene que la verdad científica, si realmente es verdad, permanece eternamente, Heráclito afirma que el mundo real, contenido como está en el marco del espacio y del tiempo, fluye eternamente. El mundo eterno de Parménides es el mundo del pensamiento, y el mundo dinámico de Heráclito es el mundo de los sentidos. "La filosofía de Parménides se aleja de las cosas humanas. En su concepto de ser se desvanece toda existencia particular y, por tanto, también el hombre. En la filosofía de Heráclito, por el contrario, el corazón humano constituye el centro sentimental y apasionado en que convergen los radios de todas las fuerzas de la naturaleza. El curso del mundo no es para éste un espectáculo sublime y lejano, en cuya consideración se hunda y se olvide el espíritu hasta sumergirse en la totalidad del ser. Con su expresión "me he investigado a mí mismo", Heráclito vuelve la filosofía hacia el hombre" (Paideia, de Werner Jeager).

Nuestro quehacer cotidiano, científico, filosófico, político, social, económico y cultural está, en cierta forma, condicionado por la concepción dinámica del ser (Heráclito) y la concepción estática del ser (Parménides), principalmente por la de este último, porque "Parménides introdujo la mayor revolución que se conoce en la historia del pensamiento, tanto que seguimos viviendo hoy en los mismos carriles y causes filosóficos que abrió, por donde empujó, con un empujón gigantesco, el pensamiento filosófico" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Según Matthew Stewart, Parménides esboza cuestiones de interés para la filosofía venidera. "Al exponer las cuestiones, despliega asimismo la estrategia para la filosofía, es decir, cómo habría de concebirse y presentarse a sí misma con el fin de disponer de cuestiones significativas que investigar y resultados significativos que declarar" (La verdad sobre todo). A partir de Perménides tenemos una concepción estática del ser, ya que él caracteriza el ser como único, eterno, infinito, inmóvil e inmutable. Estas características o predicados del ser son los pilares fundamentales de la metafísica. Su metafísica se basa en el principio de identidad y en la identidad entre el ser y el pensar.

Empédocles, que trató de conciliar los planteamientos antagónicos de Parménides y Heráclito, encontró que eran cuatro los elementos de los cuales se originaban todas las cosas: agua, aire, fuego y tierra. La diversa combinación de estos elementos básicos (eternos, irreductibles e inalterables) da lugar a todas las cosas, que cobran existencia por la agregación dosificada de aquéllos, y mueren cuando se produce la disgregación. La palabra "elementos" quiere decir: aquello con lo cual se hace todo lo demás. Los cuatro elementos de Empédocles tuvieron vigencia hasta el Renacimiento, gracias a la filosofía de Aristóteles. "Los dioses-elementos se presentan como creadores del mundo tal y como es en la actualidad" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El amor y el odio son la causa del movimiento y, por lo tanto, de la mezcla de los cuatro elementos. El amor y el odio son también responsables del bien y del mal en el mundo. "El primer gran dualista de nuestra tradición, Empédocles, reveló a todos que el mundo no es sino una incesante toma y daca entre dos fuerzas primordiales, el amor y la discordia. A través del amor todas las cosas se vuelven una, mediante la discordia todas las cosas se separan" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Empédocles tuvo el mérito de añadir al concepto de elemento el concepto de fuerza, los cuales son básicos en la física y en la química actual. Empédocles intentó reconciliar la doctrina de la permanencia del ser con la de la realidad de la experiencia del cambio del movimiento. Se le atribuye el invento de la retórica.

Anaxágoras utilizó la hipótesis de la existencia de un número infinito de elementos, gérmenes o semillas (homeomerías), diferenciadas entre sí cualitativamente y con propiedades irreductibles, para explicar lo que acontece y cambia en el ser permanentemente. (Homeomerías significa que todo está en todo y participa de todo). "Para explicar el cambio de estas partículas, el movimiento, nos habla de un nous o entendimiento universal: una realidad espiritual, divina, que imprime el movimiento a esta partículas provocando su mezcla y la creación de sucesivos y eternos mundos. Es un concepto muy importante, pues es la primera vez que aparece la idea de una realidad divina" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). De las combinaciones de ese número infinito de elementos, nacen las cosas visibles. Esas homeomerías son movidas por una fuerza intelectual (nous), principio del orden. El nous o la inteligencia es el principio del movimiento. "Fue el primero que a la materia (hile) añadió la Mente al principio de sus obras, donde, suave y magníficamente, dice: Todas las cosas estaban juntas; luego sobrevino la Mente y las ordenó, y por esta razón se llama Mente… La Mente es el principio del movimiento" (Vidas de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio). El principal mérito de Anaxágoras fue haber presentido la necesidad de una causalidad final en el universo y de un principio del movimiento. "Con Anaxágoras entra en la cosmología la tendencia antropocéntrica del tiempo, sitúa en el origen el ser al espíritu, como fuerza ordenadora y rectora. Anaxágoras fue el primero en explicar los eclipses de sol y de luna" (Paideia, de Werner Jeager).

Los atomistas (Leucipio y Demócrito), que atribuyeron al átomo ser el origen de todas las cosas, inauguraron la llamada consideración cuantitativa-mecanicista de la naturaleza, que constituye la base de la ciencia física moderna, de la técnica y de su dominio de los procesos naturales. El número de átomos es infinito. Son impenetrables, indestructibles, eternos, pesados y todos de la misma naturaleza. Los átomos permanecen en continuo movimiento. Se trata de un movimiento eterno que resulta de las presiones y los choques entre aquellos. El pensamiento consiste en un movimiento de átomos sumamente rápido y sutil. El alma y la mente son la misma cosa.

Demócrito, para explicar el movimiento, sostiene que es precisamente el no ser, el hecho de que "el no ser no exista", lo que explica el movimiento (el no ser significa la ausencia, el vacío, un vacío que sirve como campo de acción para que se produzca el movimiento, para que el átomo se dirija a éstas zonas y se combine). El movimiento no surge en un momento determinado, es eterno. "¿Existe algún orden, una realidad que le confiera una finalidad? No, según Demócrito, el Universo no tiene finalidad externa ni está sometido a un Dios. Se define pues totalmente por el mecanicismo: para él los movimientos se producen al azar" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine).

Con los atomistas las explicaciones materialistas alcanzaron su punto culminante, por cuanto consideraba que las diferentes formas de la materia están causadas por diferencias en la forma, tamaño, posición y orden de los átomos que la componen. "Los atomistas propusieron como primer principio de su física el postulado de que todo está compuesto de unidades discretas e invisibles llamadas átomos, que se mueven en un vacío. Por una parte, rechazaban de modo flagrante y consciente la tesis de Parménides, en virtud de la cual no podía existir vacío ni, por tanto, movimiento alguno. Por otra parte, su sistema de átomos y vacío estaba destinado a refutar la permanencia del ser parmenídeo, dando cabida a una explicación de la diversidad de los fenómenos. La idea de los atomistas se nos antoja fascinante, pues sabemos que la materia que nos rodea se halla, en efecto, compuesta de átomos…" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

Es procedente aclarar, con el ánimo de reivindicar la grandeza de los presocráticos, que éstos tienen una importancia enorme en el maravilloso universo de la filosofía. A pesar de que sus planteamientos, hoy en día, a la resplandeciente luz de la pomposa "postmodernidad" y del arrollador poder de la ciencia y la tecnología, nos parecen absurdos y hasta pueriles, no podemos ignorar que, gracias a ellos, el hombre rompió con el condicionamiento, el dominio y la alienación de la religión y los mitos que pretendían dar respuestas ultraterrenas, mágicas, deterministas e irracionales a la realidad, al origen, dinámica y composición del universo, y a los problemas e inquietudes profundas del hombre.

Antes de los presocráticos existía toda una pléyade de cosmologías mitológicas, que fueron cuestionadas y superadas por éstos. "La conciencia racional alboreó entre aquel misterioso y variopinto grupo de pensadores conocidos como los presocráticos. Aquellos audaces pioneros del pensamiento enfrentaron a las cosmologías mitológicas de su propia cultura y las rechazaron. El mundo no fue creado por alguna extraña divinidad devoradora de hijos y por incestuosa familia. Los nuevos pensadores reclamaban y brindaban una explicación del mundo conforme a principios racionales… De hecho, muchos de los primeros filósofos dejan constancia de su repugnancia hacia las mitologías prevalentes. Sus objeciones no eran meramente estéticas; sentían también que esos relatos eran tan estúpidos que amenazaban la vida espiritual en pleno" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Los presocráticos enseñaron a razonar correctamente en contra el razonamiento falso. "En los tiempos antiguos, el razonamiento falso constituía la regla: las mitologías de todos los pueblos, su magia y supersticiones, sus cultos religiosos…" (Humano, demasiado humano, de Federico Nietzsche).

De la concepción en virtud de la cual la conciencia racional "emerge de una síntesis de reflexiones filosóficas fragmentarias, los presocráticos formaron una especie de sopa primordial, a partir de la cual surgieron Sócrates y Platón, así como todas las generaciones subsiguientes de adalides de la racionalidad occidental hasta llegar Kant y a Wittgenstein" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El mérito de los presocráticos consiste en haber hecho surgir la conciencia científica en medio de la oscuridad de la actitud natural.

Desde los presocráticos en adelante, los filósofos han intentado la unidad de pensar y ser, esencia y existencia, razón y hecho, método y contenido, universal y particular, posibilidad (potencialidad) y realidad, infinitud, ser y deber, práctica y teoría… "que, al ser posible, es también necesariamente real: aquello que exige su propia existencia, la realidad verdadera fundamentadora, independiente, indudable, absoluta, firme como una roca. La roca de la razón aspira también a poner de manifiesto, a demostrarnos lo que deberíamos querer y hacer" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

Los presocráticos hicieron énfasis en que la sabiduría es algo más que la mera acumulación de hechos respecto de la naturaleza. La sabiduría, según Heráclito, "consiste en descubrir el patrón general de las cosas y en comprender cómo y en qué medida encaja cualquier cosita en el todo vital. La sabiduría no es la capacidad de inferir mecánicamente, sino una facultad del juicio basada en el carácter" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

Es posible que la abrumadora y arrolladora influencia de la filosofía platónica y aristotélica haya eclipsado la grandiosidad de los presocráticos, a quienes consideró Nietzsche como los verdaderos filósofos de Grecia. Algunos estudiosos de la filosofía consideran que el mismísimo Platón que Occidente conoce, con su voluntad de certeza y de fundamentación, se encargó de ocultar el acceso a la filosofía presocrática e hizo de ella algo incomprensible. Como Aristóteles fue el encargado de sistematizar toda la filosofía anterior (creando un influyente sistema que sirvió de fundamento y referencia a la doctrina católica) le restó importancia a los planteamientos de algunos de sus antecesores porque no encajaban en su formidable construcción filosófica. Gracias a los pensadores de la modernidad y a los que siguieron a ésta, filósofos presocráticos como Heráclito y Demócrito, que habían perdido cierta vigencia durante la Edad Media, volvieron al escenario filosófico.

Ya sea porque los planteamientos de los presocráticos parecieran (a simple vista) absurdos y pueriles o porque fueron eclipsados u ocultados por Platón y Aristóteles, factiblemente obedeciendo a intereses particulares, colectivos o de los sistemas políticos, sociales, religiosos o económicos imperantes en el contexto de éstos, los presocráticos nos alejaron de la actitud natural y del sentido común, nos legaron el quehacer filosófico y empezaron la construcción de los rieles firmes y seguros por donde se ha venido desplazando el tren de la filosofía occidental hasta nuestros días. "A aquellos que prosigan el viaje por el resto de nuestra historia, no les costará comprobar que todo cuanto se diga durante los dos milenios y medio siguientes de filosofía ya había sido expresado de algún modo por los filósofos presocráticos. Las disputas entre los presocráticos concernientes a los primeros principios serán reavivadas en una sorprendente variedad de formas, mas siempre con el mismo desenlace. El agua de Tales se transformará en nuevas sustancias extrañas, como el Dios de Spinoza y la voluntad de Schopenhauer, si bien se reduciría siempre a la misma vieja historia. El principio pitagórico de los números ilustraba ya la pléyade de los primeros principios ideales, como habría de plasmarse en el mundo de las ideas de Platón. En particular, el salto parmenídeo al segundo orden podría interpretarse como el paradigma de casi toda la filosofía antigua y moderna. La metafísica aristotélica, como estudio del ente, supondría un refinamiento del proyecto de Parménides. Otro tanto cabe afirmar del discurso cartesiano del método y de la investigación kantiana de las condiciones de posibilidad de la experiencia. Las dialécticas venideras entre la razón y los sentidos, entre el conocimiento divino y el humano, se hallaban ya prefiguradas en el escepticismo heraclíteo acerca del transitorio mundo de la experiencia sensorial ordinaria, por no mencionar la distinción parmenídea entre la vía de la verdad y la vía de los mortales. El Uno de Parménides habrá de emerger con la sustancia de Spinoza, y la réplica seminal de Anaxágoras volverá a brotar en la monadalogía pluralista de Leibniz. Impregnado por el flujo-logos heraclíteo, una Mente de Anaxágoras revitalizada y la dialéctica de Zenón, el Uno que es Multiplicidad retornará a sí mismo en forma de Espíritu Absoluto hegeliano. La adulterada pregunta por el ser habrá de constituir el primer principio de la filosofía de Heidegger. El genio intuitivo y misántropo de Heráclito, su empeño por forjar nuevos valores desde una cosmología muerta, volverá a manifestarse en Nietzsche. O tal vez puede reconocerse en Heráclito a un protoexistencialista. Su fe en la forma de un mundo sin fisuras, que puede ser mostrada pero no expresada, será compartida por Wittgenstein… Las sutiles paradojas de Zenón conducirán en primer lugar a la dialéctica socrática y darán luego paso a las clarificaciones conceptuales de la filosofía del lenguaje de mediados del siglo XX" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). La filosofía empieza con alturas, acantilada sobre las ondas de la cultura prefilosófica, al elevado nivel que en general se arroga dentro de lo humano. Simples por originarias o no, las primeras filosofías son paradigmas cimeros y perennes de la filosofía.

Sistema de la sofística

Una nueva etapa de la filosofía, la de los sofistas o de la sofística, se caracteriza por su centramiento sobre el hombre y todo lo humano. Los temas anteriores sobre el ser y la construcción del cosmos son dejados a un lado por los sofistas. Volverán más adelante con Platón y Aristóteles; pero ya cuando el tema del hombre se haya constituido en el centro de la reflexión filosófica.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12


 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Comentarios


Trabajos relacionados

  • Pitagoras y el pitagorismo

    Biografía de pitagoras. Armonía de los contrarios. La comunidad pitagorica. Nació hacia el año 578 ac. En samos (rival ...

  • Filósofos de la naturaleza

    Sócrates. La Política. Enseñanzas. El juicio. Tales de Mileto. Platón: Obra; Teoría de las ideas; Teoría del conocimien...

  • Eutanasia

    Definición del término eutanasia. Eutanasia: ¿Existe un derecho a morir?. Formas de aplicación de la eutanasia. La batal...

Ver mas trabajos de Filosofia

 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.