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La hiperinflación del Perú (1987 – 1990) (página 2)

Enviado por Maria Isabel



Partes: 1, 2

  • El segundo problema consistía en que, después del gran crecimiento de 1986, la capacidad productiva de la modesta industria nacional estaba llegando a sus límites. Hacían falta inversiones para instalar nuevas capacidades y así continuar con la reactivación. Para ello, era necesario recurrir a inversiones y préstamos extranjeros.

  • El tercer problema, era que la balanza comercial volvió a ser negativa hacia fines de 1986. Con la reactivación económica y el alza de sueldos, el Perú volvió a incrementar sus importaciones mientras que las exportaciones seguían siendo bajas. En diciembre de 1986, las reservas internacionales del Perú llegaban a 870 millones dólares comparados con 1,400 millones en marzo del mismo año. Esta falta de liquidez se debió, también, a que el Estado pagó a sus deudores bastante más que ese 10 % que García había anunciado, con bombos y platillos, el 28 de julio de 1985.

  • Finalmente, la poca confianza de la ciudadanía en el modelo económico de García condujo a que, hacia fines de 1986, muchos cambiaron sus intis por dólares temiendo - y, al mismo tiempo, originando - una devaluación del inti.

  • El programa heterodoxo (1985-1987)

    El 28 de julio de 1985, Alan García tuvo dos opciones: Continuar con el programa ortodoxo del FMI o probar una receta distinta, heterodoxa. En vista de los serios problemas en los últimos años, se esperaba un cambio de curso y de hecho fue así. Pero éste terminó siendo muy radical.

    El programa heterodoxo era fundamentalmente un programa estabilizador, que a su vez intenta una política económica consistente para disminuir la inflación a cero con neutralidad distributiva. En su discurso a la nación, García atacó al FMI. De ahora en adelante, anunció García, el pago de la deuda externa se limitaría al valor equivalente al 10 % de las exportaciones peruanas.

    Pero, además de introducir una nueva moneda (el inti reemplazó al devaluado sol), la principal medida económica consistió en la congelación de precios básicos, sueldos y la tasa de cambio relativa al dólar.

    Por ejemplo, el precio de la gasolina se elevó, de golpe, en 25 % para luego congelarlo a ese nivel. La idea era anticipar la inflación venidera y, a largo plazo, darle al consumidor más poder adquisitivo, Evitando de esta manera el alza de precios, ya que se pensaba que si los consumidores tienen más dinero para gastar en otras cosas y, por ende, contribuyen a la reactivación económica en otros sectores. La estrategia sigue siendo aplicada hoy en día. Un ejemplo es Argentina que, en su afán por bajar la inflación (que bordeó los 12 % en el 2005) y reactivar la economía, ha pactado precios fijos con los suministradores de productos básicos (la carne es el ejemplo más conocido).

    La posición heterodoxa de García se basaba en dos convicciones relacionas entre sí:

    (1) Para poder pagar la deuda sería necesario reactivar la economía. En esta línea, la reducción de importaciones sugerida por el FMI sería contraproducente, pues la producción industrial peruana depende, en gran medida, de máquinas y materias primas importadas pero el pago de la deuda externa también sería contraproducente, pues implica la exportación de capitales necesarios para la reactivación económica:

    Debido a que la renegociación de la deuda dependía de la aceptación de políticas impuestas por el FMI, y debido a que estas políticas solían ser recesionarias, la única alternativa era no negociar sino limitar el pago de estas deudas. Lo que se ahorraba en el pago de la deuda se aprovecharía para financiar importaciones.

    (2) Mientras que el FMI pensaba que la inflación en el Perú se debía a un exceso de demanda estimulado por un Estado que gastaba por encima de sus posibilidades, Alan García y su equipo de economistas consideraban que había suficiente potencial dentro de la economía peruana para aumentar la oferta de forma significativa. En otras palabras: El FMI pensaba que el Estado intentaba cubrir el déficit fiscal emitiendo dinero más allá de la oferta y así generaba inflación.

    Medidas de corte heterodoxo que el gobierno aplico para poder superar la crisis heredada de otros gobiernos, entre las cuales tenemos

    • La congelación de todos los precios, esta medida debía cumplir un papel coordinador de precios, el gobierno esperaba que no hubiera más inflación, siendo cualquier aumento en algún precio señal de incremento en el margen de ganancias.

    • Devaluación de la moneda y reducción de la tasa de interés, según la teoría ortodoxa la tasa de interés no debía afectar al ahorro, ya que éste no depende de ella, más bien del nivel de ingreso generado por la mayor rentabilidad de las actividades productivas.

    • Incremento en las remuneraciones, reducir la inflación sin reducir la capacidad adquisitiva era uno de los grandes deslindes respecto a los ajustes ortodoxos del pasado.

    Estas medidas conformaron el eje principal del programa económico, ya que en ésta, el aumento de los costos de insumos importados ocasionados por la devaluación y el aumento otorgado a los trabajadores seria compensado por la reducción de la tasa de interés efectiva, aunque esta medida se orienta al logro de una redistribución en la estructura de costos de las empresas la cual implique trasladar los recursos de las actividades especulativas, las cuales están alentadas por las altas tasas de interés, lo que a su vez permitirá un crecimiento del consumo interno.

    Ya hemos visto que el paquete de medidas adoptadas por García incluía el congelamiento del tipo de cambio inti-dólar. Pero tal congelamiento tendía a ser artificial en tanto la demanda real de intis iba perdiendo cada vez más terreno frente al dólar. Este cambio se vio reflejado en la tasa de cambio libre, aquella de los cambistas de la calle, paralela al cambio oficial:

    A fines de agosto de 1985, después de la devaluación inicial de 12 %, la tasa de cambio libre se había estabilizado en casi 17 intis por dólar. Solamente llegó a superar los 18 intis 14 meses después, en octubre de 1986, cerrando el año en 20 intis por dólar.

    Hasta octubre de 1986, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo varió entre 24,5 y 27 %. Sin embargo, ante el temor de una crisis en la balanza de pagos, junto con la pérdida de reservas a finales de 1986, el diferencial empezó a crecer. De esta manera a fines de 1986, llegó a 43 %.

    En la primera mitad de 1987, el dólar paralelo se disparó de 20 a 40 intis y el diferencial con la tasa oficial superó el 100 %. Por lo tanto, se hizo evidente que el Banco Central ya no podía controlar el mercado del dólar, y con las reservas haciéndose más y más escasas, adquirir dólares fue de primordial importancia para el sector privado.Rápidamente el aumento del valor del dólar estaba escapando de todo control

    Reactivando la economía

    Volviendo a 1985: Alan García creía que la inflación no se debía a una falta de oferta, sino más bien a que el Estado se había visto obligado a subir el precio de bienes y servicios básicos (en especial el de la gasolina) para pagar la deuda ya que:

    • La existencia de un gran exceso de capacidad instalada en la industria peruana era en sí indicativo de que la demanda no era el problema. El Perú había sufrido en 1983 la peor recesión que se recordara, pero la inflación, en vez de caer, se había acelerado

    • A través de la reactivación de la economía nacional se esperaba salir de círculo vicioso heredado por Belaúnde y entrar a un círculo virtuoso: A más crecimiento económico, más recaudaciones tributarias. A más recaudaciones tributarias, más posibilidades de cubrir el déficit fiscal.

    El Perú no estaba solo con este experimento heterodoxo. Casi al mismo tiempo, Argentina con su presidente Raúl Alfonsín había implementado el Plan Austral, parecido en muchos aspectos al modelo peruano. Pero Argentina, a diferencia de Perú y Brasil con su Plan Cruzado de 1986, sí consultó previamente al FMI.

    Primeros resultados de la política heterodoxa

    En un comienzo, las medidas adoptadas y conocidas como "heterodoxas" dieron resultados positivos. Ya en setiembre de 1985, la inflación bajó a 3,5 % (comparado con 12,5 % en abril del mismo año). Hacia el segundo trimestre de 1986, la economía dio señales de clara recuperación.

    Los sectores que dependían de la demanda interna (manufactura, construcción, agricultura) crecieron, no así los sectores dedicados a la exportación (minería, pesca). En 1986, la economía creció 10 %. Fue el mayor crecimiento desde los años 50 .

    Pero también surgieron problemas que irían agravándose con el pasar del tiempo pues a pesar de la reactivación económica, el Estado casi no percibía mayores ingresos

    1987: OBVIANDO LAS SEÑALES DE ALARMA

    En 1987, el peligro de una crisis en la balanza de pagos y en las reservas internacionales era evidente. Sin embargo, el gobierno siguió confiando en un crecimiento económico rápido hasta 1988. Al mismo tiempo, tuvieron que aceptar la devaluación del inti, la subida de sueldos y de precios (68, 188).

    En líneas generales, la política económica del gobierno empezó a caer en contradicciones. Por un lado, Alan García buscaba el contacto directo con los empresarios importantes (llamados los doce apóstoles) con el fin de persuadirlos a invertir en el desarrollo de la capacidad productiva. Por otro lado y en su necesidad de aumentar los ingresos del Estado, el APRA obligó, a comienzos de 1987, a las empresas a prestarle dinero al Estado.

    En concreto, las empresas fueron forzadas a comprarle al Estado bonos obligatorios por un valor que llegaba hasta el 30 % de las utilidades brutas que las empresas habían obtenido en 1986 . Con esta medida, el gobierno provocó airadas reacciones en el sector empresarial. Al poco tiempo, algunas empresas fueron exoneradas del pago obligatorio y finalmente el programa fue cancelado.

    Este tipo de marchas y contramarchas, de reacciones sobre hechos ya consumados, de pasividad frente a los peligros venideros contribuyeron a la percepción de que Alan García y su equipo estaban improvisando y, sobre todo, perdiendo el control. La situación se agudizó con la renuncia, en junio de 1987, del Ministro de Economía Luis Alva Castro.

    LA ESTATIZACION DE LA BANCA : EL PUNTO DE QUIEBRE

    Al intento de estatizar la banca privada: La medida fue anunciada el 28 de julio de 1987 en el tradicional mensaje a la nación. García explicó su medida con las desigualdades sociales y económicas en el Perú. Ya en 1982 había publicado un libro, El futuro diferente, en el que criticaba a los bancos privados por excluir del sistema de créditos a los sectores informales, campesinos así como las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Según García, era necesario "democratizar" el crédito y, dado que el sector privado no estaba dispuesto a asumir esa tarea, el Estado debía tomar las riendas (190-191).

    También se cree que el Gobierno tuvo otros motivos: El primero habría sido netamente político, pues García estaba preocupado por la ligera caída en su nivel de aprobación y, con una medida tan radical, buscaba volver a ganar la confianza de los sectores populares. Además, su relación con el sector empresarial se había deteriorado considerablemente. García le reprochaba a ese sector el poco entusiasmo por invertir en el Perú y su preferencia por guardar los dólares en cuentas extranjeras y seguras (190-191).

    1988 y 1989: SIN NOVEDADES EN EL FRENTE

    Al finalizar el año 1987, la crisis ya era evidente: La inflación empezó a galopar (114,5 % en diciembre del 1987), la producción - y, por consiguiente, la reactivación económica - se había estancado y la balanza de pagos tuvo, en 1987, un saldo negativo de 521 millones de dólares, el hueco más grande desde 1981. Consecuentemente, las reservas internacionales siguieron decayendo.

    A falta de dólares, el Banco Central se vio atado de manos en el control de la tasa de cambio (una demanda creciente de dólares se puede contrarrestar poniendo en circulación los dólares ahorrados).

    Ya hemos visto que el Estado no recaudó más impuestos a pesar del crecimiento económico de 1986. Esa ineficacia tributaria, sumada a la inflación, contribuyó a agravar la situación en 1987 y 1988. Además, las empresas estatales como Electroperú empezaron a hacer pérdidas mucho mayores que en los años previos. Los hechos estaban dejando al Estado con cada vez menos margen de acción, convirtiéndolo en observador pasivo del desastre económico.

    Obligado por las circunstancias a un cambio de rumbo, el gobierno recurrió, a fines de 1987, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM) en busca de préstamos.

    El experimento heterodoxo había llegado a su fin.

    En octubre de 1987, el gobierno procedió a devaluar el inti en 24 %. Los llamados paquetazos siguieron dándose, de forma periódica, hasta setiembre de 1988, llevando a una gran recesión económica. Pero el Gobierno seguía sin aceptar la necesidad de una línea clara:

    El proceso de toma de decisiones durante este período demostró una falta de coordinación y una pérdida de dirección. Mientras algunos miembros eminentes del equipo económico empezaron a aceptar -a regañadientes- la necesidad de un retorno a la ortodoxia como requisito para conseguir nuevos flujos de dólares, El Gobierno se resistió a pagar el precio político. El resultado fue una serie de medidas tibias y términos medios (202).

    El equipo económico de García -presidido por Gustavo Saberbein- intentaba persuadir a García de la necesidad de un shock ortodoxo: Déficit cero a través de aumentos fuertísimos de impuestos y tarifas y la eliminación de subsidios. Pero García, temiendo el costo político de tal decisión, sólo accedió a un camino medio sin resolver el problema de fondo: Un Estado en bancarrota (déficit fiscal) y una economía que importaba más de lo que exportaba (déficit comercial).

    Los resultados están en la memoria colectiva de todos los peruanos: Inflación a niveles astronómicos, escasez de alimentos y otros productos básicos y el derrumbe de la aprobación de Alan García. Fue recién hacia fines de 1988 que García se convenció de la necesidad de una "guerra frontal" contra la crisis económica. El nuevo Ministro de Economía y Finanzas, Abel Salinas, tuvo la ingrata tarea de anunciar, ahora sí, el shock económico, el seis de setiembre de 1988.

    El plan, denominado Plan Cero, contribuyó a generar una inflación aún mucho mayor, sobre todo en relación con los productos importadas. Así, por ejemplo, el precio de los productos farmacéuticos subió 600 % y el de la gasolina 400 %. Además, se eliminó el sistema del control de precios con excepción de 42 productos básicos (208).

    Las esperanzas de los peruanos estaban ahora cifradas en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Si bien hubo conversaciones, el Perú no llegó a recibir préstamos. Ello se debió, también, a que el Perú aún adeudaba 600 millones de dólares al FMI y 400 millones al Banco Mundial.

    A partir de setiembre de 1988, la inflación se convirtió en lo que los economistas denominan hiperinflación. Ese mes, los precios subieron 114 %. Fue el mes con mayor inflación en el gobierno de García y, probablemente, en la historia del Perú. Y el shock parecía llegar muy tarde. En todo caso, no pudo controlar la inflación.

    Un largo paro en la industria minera contribuyó a que las exportaciones cayeran aún más agravando así el déficit comercial. Las reservas internacionales, por su parte, se aproximaban a cero.

    El 22 de noviembre de 1988, el Gobierno lanzo otro "paquete" con medidas muy similares.

    El aumento del desempleo y la caída drástica de ingresos fue el costo social del desastre económico provocando el surgimiento de un sector informal de proporciones nunca antes vistas. Además, el Estado en bancarrota ya no pudo cumplir con sus obligaciones en materia de asistencia social, educación, salud y administración de justicia.

    Los años 1989 y 1990 pueden ser narrados de forma breve, pues no se produjeron cambios sustanciales. La economía se recuperó levemente y las reservas internacionales también. Las importaciones se contrajeron y las exportaciones subieron, sobre todo por el aumento de precio de los productos mineros en el mercado internacional.

    Bajo el nuevo Ministro de Economía, César Vásquez Bazán, la inflación cayó, pero no de forma sustancial. La tasa anual de inflación fue de 2000 % en 1989. Los últimos meses de 1989 fueron usados en gastar las magras reservas internacionales para reactivar en algo la economía en vista de las prontas elecciones. Así, en marzo de 1990, las reservas internacionales eran de apenas 190 millones de dólares.

    El FUJISHOCK

    El 28 de julio de 1990: Fujimori, un desconocido profesor universitario, asume la presidencia de Perú tras vencer en los comicios al escritor Mario Vargas Llosa, mientras el país enfrentaba una severa crisis económica y la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso estaba en su apogeo.

    El 8 de agosto de 1990 el gobierno de Alberto Fujimori –que encontró un país quebrado tras la primera y desastrosa gestión de Alan García– anunció el ajuste económico más dramático de nuestra historia. De un día para otro los peruanos descubrieron que su dinero casi no tenía valor. Este es un recuento de cómo se vivieron esos días aciagos.La mañana del 9 de agosto de 1990, al día siguiente del paquetazo que hoy todos recuerdan como el "fujishock", la ciudad amaneció triste y vacía. Mucha gente deambulaba por Lima sin saber qué hacer. No había buses de transporte público, los mercados y tiendas estaban cerrados, y los pocos negocios abiertos no atendían porque no sabían aun cuánto cobrar. Al trabajo se podía ir en camión compartiendo la tolva con decenas de personas, y también podía verse a soldados patrullando las calles.

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    Esa presencia armada no impidió las protestas. Por la mañana tres personas murieron baleadas por las fuerzas del orden: dos en intentos de saqueo y una mientras hacía cola para comprar azúcar. Por la noche, una turba de casi cien personas atacó la tienda de Ernestina Ramírez en el pueblo joven Dos de Mayo, en el Callao. Con el pretexto de que ella no abría el local por esperar que subieran los precios, los agresores rompieron la puerta y se llevaron todo. La revista Domingo, de este diario, recogió su historia.Para entonces, a despecho de la frase "Que Dios nos ayude" lanzada en la víspera por el ministro de Economía Juan Carlos Hurtado Miller, millones de peruanos andaban pensando en estrategias para enfrentar la crisis.

    Las madres de familia se juntaban en grupos de 30 o 40 personas, cada una aportaba entre 20 y 50 mil intis, y con eso compraban, por ejemplo, frejoles, pescado, arroz y verduras para hacer sopa y segundo. Antes del shock, algunos comedores incluso daban lonche, pero después casi todos con las justas alcanzaban a completar el almuerzo. Un solo plato.Las alzas fueron brutales: LA BOMBA F LA GASOLINA. En treinta veces aumentó el precio de la gasolina. El galón de 84 octanos, que costaba 21.500 intis costará 675.000 intis. ALIMENTOS. Decretó alzas de precios en alimentos de primera necesidad del orden de 160 por ciento y 300 por ciento. EL DOLAR. El dólar oficial se eliminó. Su cuya última cotización fue de 64.000 intis mientras que en el mercado de venta libre en Lima se cotizaba en las últimas horas en un promedio de 340.000 intis. LIBRE OPINION. Economistas independientes indicaron que la cotización podría fluctuar entre 500.000 y 550.000 intis por dólar. LECHE Y OTROS. La lata de leche evaporada pasará de 120.000 a 330.000 intis; La lata de leche evaporada pasará de 120.000 a 330.000 intis, y el pan francés que estaba en 9.000 intis, la unidad, ahora tendrá un precio de 25.000. Otro precio mencionado fue el kilo de fideos que saltó de 200.000 a 900.000 intis. AUTODEFENSA. Paralelamente a las medidas de estabilización, se pondrá en marcha un programa de emergencia social que tendrá un aporte inicial del Estado de 450 millones de dólares. INSOLITO. Para graficar la crisis económica, el Primer Ministro mostró un billete de 500.000 intis y dijo que hace cinco años con ese monto se podía comprar una casa de 50.000 dólares, pero que ahora esa cantidad solo alcanza para adquirir un tubo de pasta dental.Todos sufrieron la pérdida de su capacidad adquisitiva y, en los días siguientes, muchos más perdieron su trabajo, su negocio o sus estudios. Una revista reseñó el caso de Abel Vega, despedido de un taller de metalmecánica porque no tenían cómo pagarle. Y también la historia de 15 obreros de una empresa de cerámicas que quedaron en la calle. "Trabajamos varios años en la empresa, pero nos han despedido y no nos dieron ni la bonificación de julio", contó uno de ellos. Fábricas grandes como Inresa o Cuvisa despidieron o dieron vacaciones forzadas a decenas de operarios.La primera semana que siguió al "fujishock" la incertidumbre fue grande. La revista Caretas, fiel a su estilo, encabezó algunas de sus notas con un: "Sugerencias prácticas: cómo sobrevivir a la crisis". Y ponía a lo largo de varias páginas consejos prácticos para parar la olla, ahorrar energía o gasolina, y sacarle la vuelta a la realidad.

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    Desastre previo

    Pero si el fujishock hoy pertenece a la memoria colectiva del país, hay que decir que tuvo como precedente la más grande crisis económica peruana. Antes del fujimorismo, el gobierno encabezado por Alan García había empezado con grandes expectativas, pero terminó con una hiperinflación que hacía variar los precios casi de un día para otro.Sally Bowen reseña en su libro "El Expediente Fujimori" lo que fue acaso el primer error de García: "En su discurso inaugural de 1985, (anunció) que limitaría el pago de la deuda externa (…) al 10% del valor anual de las exportaciones. Su rebelión, que despertó vanas esperanzas de marcar una tendencia a ser seguida por otros líderes latinoamericanos, le costó mucho al Perú. El país fue declarado "inelegible" para recibir préstamos en el futuro". Y mientras García dejaba de pagar, los intereses de la deuda se multiplicaban y la inversión extranjera se extinguía.No fue su único error. En 1987 García intentó estatizar la banca, pero no pudo ante la férrea resistencia de los banqueros. El intento incluso dio origen al Movimiento Libertad, que encabezó Mario Vargas Llosa y que llamó la atención sobre el sesgo autoritario del proyecto. Según la página web Perú Político, "al finalizar el año 1987, la crisis era evidente: la inflación empezó a galopar (114% en diciembre), la producción se estancó y la balanza de pagos tuvo, en 1987, un saldo negativo". La inflación se convirtió en hiperinflación y el voluntarioso presidente debió aceptar un "paquetazo" que su ministro Abel Salinas hizo efectivo en 1988.El sociólogo Carlos Reyna, autor del libro "La Anunciación de Fujimori-Gobierno de Alan García 1985-1990", cuenta que ese ajuste también tuvo consecuencias terribles para la economía de los sectores más pobres. Pero el propio Alan García torpedeó el efecto. "Ese paquetazo fue el primero de varios ajustes que el gobierno aprista debía hacer. Pero García, afectado por la baja en su popularidad, decidió dejar de lado los ajustes posteriores. Con ello, el paquetazo del 88 no sirvió para nada. Y cuando le preguntaron por qué revirtió las medidas, dijo que era "por intuición política". Inconcebible".Lo que siguió fue el aumento del desempleo y la caída del ingreso. En los dos últimos años del gobierno aprista no hubo cambios: se despidió con niveles de inflación de 50% al mes. Un desastre. En esa coyuntura llegó el cambio de gobierno.

    Alberto Fujimori ganó las elecciones de 1990 afirmando que no aplicaría un shock económico, pero, como ha sido costumbre en su vida política, faltó a su palabra. Apenas diez días después de asumir el gobierno, aplicó la medida en nombre de "la estabilización de la economía". El economista Javier Iguíñiz señala que este "paquetazo" fue aplicado para completar el trabajo que ya se había iniciado con el ajuste de Salinas del 88, al que también considera de dimensiones similares por su efecto en las mayorías pobres.

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    Mientras el país vivía con precios impagables, los economistas llamaron la atención sobre el punto flaco del shock fujimorista: fue aplicado sin anestesia. "Se eliminaron los subsidios, se elevaron varias veces los precios de los productos y no hubo aumento de salarios ni fortalecimiento de los programas sociales para paliar el alza", recuerda Iguíñiz. Los más afectados, como siempre, fueron los asalariados. "De un día para otro se encontraron con un montón de billetes que no valían nada en los bolsillos".En agosto del 90 los pobres, los obreros, los que ganaban un salario, no tenían nada que vender, solo su trabajo. "Y su trabajo se había reducido a un tercio. En cambio los empresarios grandes no la pasaron mal. Sus productos costaban más que antes" dice Carlos Reyna. Javier Iguíñiz completa la idea: "los empresarios grandes podían sobrevivir porque el costo de la mano de obra bajaba". Un analista político acuñó entonces una frase precisa: precios japoneses, salarios africanos.

    Conclusiones

    Las causas que originaron la inflación más alta fueron los malos manejos de nuestra economía por parte del gobierno y su administración, las consecuencias de la inflación trajeron mas pobreza al país, se devaluaron y desaparecieron dos monedas, y muchos otros desastres como por ejemplo:

    • Se incremento la gasolina en un 30%, el servicio postal y telefónico en un 20%, agua y alcantarillado en un 10%.

    • Se devalúa el dólar en un 12%, el dólar MUC se fija en 13.95 intis y el dólar financiero en 17.5 intis por dólar americano.

    • El tipo de cambio se devaluó en 227% para gran parte de las partidas de importación y se subieron aun más los precios públicos.

    • Los economistas señalaron que se estaba a las puertas de un manejo hiperinflacionario de la economía peruana.

    • Los barcos con productos varados en el puerto se negaban a descargar hasta que no se les pagara, las divisas se agotaron por el mal uso y las colas se alargaban y multiplicaban.

    • La inflación acumulada fue de 3000%

    • Las remuneraciones y consumo per capita estuvieron por debajo del 50%

    • El índice de pobreza solo en Lima ascendió a 43%

    • Las reservas internacionales netas del Banco Central de Reserva del Perú cayeron de $894 millones en julio de 1985 a $105 millones en julio de 1990.

    • El nivel de subempleo ascendió a 73% un desastroso resultado al termino del gobierno de Alan García

    • La producción agrícola nacional cayo ostensiblemente y la importación de productos aumento en un 49%

    • El numero de horas perdidas por conflictos laborales con el gobierno aumento en 6 millones en 1985 a 124 millones en 1990.

    • El gasto social cayo rápidamente

    • El ingreso per cápita cayo demasiado, esto nunca se había visto.

    • Como consecuencia del mal manejo del gobierno aprista el grupo andino redujo su inversión dentro de nuestro país.

    • Apenas se recibió inversión extranjera debido al desastroso manejo de la economía.

    Bibliografía

     

     

    Autor:

    María Isabel

    Partes: 1, 2


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