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El intervencionismo de Estados Unidos en América Latina (página 2)




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"La Guardia Nacional Nicaragüense era encabezada por el déspota cruel, Anastasio Somoza, que conspiró para asesinar a su adversario populista, Augusto Sandino, y creó una dinastía familiar que controló el país hasta 1979".[11]

El autor señala que el periodo de 1920 a 1932 estuvo marcado tanto por la imposición o cambio de dictaduras militares en América Latina, como de extender los contactos entre las naciones latinoamericanas en cuestiones comerciales y de refinanciación de deudas. Los temas fundamentales para Kryzanek eran las tarifas arancelarias protectoras puestas en urgencia tras la I Guerra Mundial, así como las importantes deudas que los latinoamericanos tenían ahora con Estados Unidos y la banca europea.

El autor expone cómo la creciente dependencia de las naciones de América Latina respecto al comercio norteamericano implicó unas altas tarifas, unidas a la compra de bonos altamente especulativos antes de la depresión de finales de la década de 1920, lo que hizo imposible la solución de la deuda de estos países.

Una de las consecuencias fue que las conferencias panamericanas de este periodo se convirtieron en plataformas de crítica a las políticas comerciales norteamericanas[12]

La Gran Depresión de los años 30 golpeó con dureza a América Latina puesto que dejó de afluir nuevo capital y a los inversores extranjeros les resultó difícil conseguir sus beneficios. Con excepción de la Argentina, Haití y República Dominicana, los países latinoamericanos dejaron de pagar sus deudas, debido a la reducción de la demanda de los productos primarios, principal fuente de recurso de los países latinoamericanos.

Con la lucidez que caracteriza las intervenciones de Eric Hobsbawm, expone: "Desafortunado el gobierno que estaba en el poder durante el cataclismo, ya fuera de derecha, como el del presidente Herbert Hoover (1928-1932), o de izquierda, como los gobiernos laboristas de Gran Bretaña y Australia. El cambio no fue siempre tan inmediato como en América latina, donde doce países conocieron un cambio de gobierno o de régimen en 1930-1931, diez de ellos a través de un golpe militar."[13]

Skidmore y Smith argumentan que una de las consecuencias fue un aumento del sentimiento nacionalista en América Latina, así como la importación de la ideología fascista. El giro de Europa hacia la derecha proporcionó municiones y prestigio a los grupos latinoamericanos antidemocráticos y antiliberales, que tenían sus propias razones para crear gobiernos autoritarios, como los regímenes integristas brasileños, el partido peronista en Argentina o el Partido Nacional Socialista en Chile. Los autores afirman que a medida que transcurrió la década de 1930, América Latina se convirtió en un escenario de competencia geopolítica, presenciándose una progresiva presión por parte de las potencias del eje, sobre todo en Brasil.[14]

Por otra parte la presidencia de Hoover entre el 4 de marzo de 1929 a 1933, fue asociada para autores como Kryzanek a la colocación de obstáculos en el camino del comercio y el desarrollo latinoamericano. El autor afirma que el ascenso a la presidencia de Roosvelt en 1933 significó importantes cambios en la política de Estados Unidos respecto a Latinoamérica.[15]

Concreta su posición con la propuesta realizada por el Secretario de Estado, Cardell Hull, en la VII Conferencia Panamericana de 1933, en el que se plantea el no intervencionismo norteamericano en los asuntos de otra nación, la derogación de la Enmienda Platt, otorgando a Cuba sus derechos soberanos desde 1901.

Aunque el autor matiza el importante control económico sobre la isla en términos de acuerdos crediticios, cuotas de importación de azúcar, posesiones inmuebles e importantes acuerdos comerciales. Asimismo Estados Unidos retiró el derecho de intervención sobre Panamá en 1936, aunque seguían controlando el Canal para un mayor grado de cooperación y estabilidad política.

Para Skidmore, sin embargo, la administración de Franklin Roosvelt demandaba bases militares para un posible enfrentamiento bélico, especialmente en el Caribe y en las costas atlánticas de Sudamérica, como una garantía de acceso a las materias primas fundamentales para la guerra, como el caucho natural o el cuarzo, una disposición de alianza contra el Eje o una neutralidad que prohibiese la creación de plazas fuertes del enemigo en los países latinoamericanos.[16]

Afirma que los objetivos fueron cumplidos en su totalidad, aprovechando el sistema interamericano para los intereses defensivos de Estados Unidos. El ejército norteamericano utilizó importantes bases militares, fundamentalmente en Brasil, así como un suministro constante de las materias primas que demandaba.

Asimismo la II Guerra Mundial aumentó en gran medida la influencia estadounidense en América Latina, mientras que los países del eje se veían claramente desprestigiados. Francia e Inglaterra quedaron muy debilitados, y tuvieron que liquidar sus inversiones ultramarinas para efectuar los pagos de la guerra. En 1945 no tenían los recursos o el deseo de competir para lograr influencia en la lejana América Latina. El resultado fue que se contempló el auge de la influencia estadounidense en la región.

3.2 Tras la II Guerra Mundial. El auge de la influencia estadounidense. 1945-1959.

El esfuerzo industrial de la guerra consiguió sacar de la depresión a la economía de Estados Unidos, que a diferencia de Europa o Japón, no había sufridos daños internos, presentado una economía intacta y próspera. Además la guerra le proporcionó una red de alianzas que ofrecía una base de poder fuerte en la política internacional de posguerra.

Finalizada la guerra "muchos políticos latinoamericanos esperaban que el nuevo interés estadounidense por América Latina diera sus frutos. Confiaban en que se prestara una atención mayor a sus problemas, en especial a los obstáculos que impedían el incremento económico…pero no iba a ser así"[17]. La política internacional de Estados Unidos dejó de lado casi en su totalidad a Latinoamérica a partir de 1945, centrándose en la reconstrucción de Europa y Japón.

La administración Truman, entre 1945 y 1953, basó su política en fomentar una economía fortalecida en Europa, enfocada a partir de 1947 en la organización de una ofensiva de guerra fría en América Latina. En efecto Kryzanek afirma que la posibilidad de una amenaza comunista en América Latina se convirtió en la preocupación primordial de Estados Unidos tras la guerra.

Truman y Eisenhower empezaron a definir la responsabilidad principal de Estados Unidos en la protección contra la intrusión comunista y de apoyo a los movimientos que buscaban aplastar los movimientos revolucionarios considerados de inspiración comunista. "En esa época había poca simpatía por la idea de que la revolución resultaba de generaciones de desigualdad e injusticia"[18]

Smith afirma que la ofensiva anticomunista se centraba en dos aspectos. En primer lugar el conseguir que los gobiernos latinoamericanos rompieran relaciones con la Unión Soviética, lo que se consiguió con gran éxito en todos los países excepto México, Argentina y Uruguay. El segundo aspecto fue un movimiento de presión hacia los gobiernos latinoamericanos para proscribir los partidos comunistas. "Aunque no se dio mucha publicidad en Estados Unidos, el éxito de esta campaña demostró lo sensibles que seguían siendo las élites latinoamericanas a sus directrices"[19].

La reunión de los Ministros de Asuntos Exteriores de los gobiernos americanos en Ciudad de México, se encuadra en la decisión de la administración Truman por reforzar la alianza militar creada durante la guerra. La conclusión de redefinir el sistema panamericano, se tradujo en 1947 en la aprobación del tratado del Pacto de Río, que establecía el ataque a cualquier estado americano como una agresión a todos, demandando medidas colectivas de rechazo.

La creación de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Bogotá en 1948, se corresponde como un segundo paso en la estrategia de la administración Truman. Incluía una estructura basada en estatutos legales que creaban un consejo para tratar asuntos diarios, conferencias cada cinco años y reuniones consultivas de los ministros de Asuntos Exteriores con el objeto de reprimir las amenazas.

Nieto afirma que "Truman amarró el continente política y militarmente"[20]. Durante su gobierno se firmaron para la autora los acuerdos más importantes del sistema interamericano. En primer lugar en 1947, en Río de Janeiro, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que establecía el principio de defensa colectiva; en segundo lugar la Novena Conferencia Interamericana en 1948 en Bogotá, en la que se creó la OEA, adoptando una resolución sobre la "Preservación y Defensa de la Democracia en América". Irónicamente, asegura Juan Meste que "la mayoría de los firmantes de estos acuerdos son representantes de brutales dictaduras militares apoyadas por Wahington."[21]

Para Kryzanek la fundación de la OEA permitió dar mayor luz a los Estados más pequeños de la ONU, porque no concibió que el poder de veto obstaculizara su capacidad de respuesta a los problemas en Latinoamérica.[22]

Skidmore por su parte afirma que Estados Unidos gestionó una solidaridad continental, y no una estrategia de intervención total en los asuntos mutuos, como deseaban los gobiernos latinoamericanos. "En pocas palabras, Estados Unidos y América Latina crearon la asociación regional mejor enunciada del mundo. No resulta sorprendente que los estados miembros esperaran cosas muy diferentes de ella"[23], en clara alusión al discurso basado en los principios de democracia, cooperación económica, justicia social y derechos humanos, proclamados por Norteamérica.

El primer conflicto bélico en el que intervino al OEA fue la guerra de Corea en 1950. Cuando las tropas norcoreanas cruzaron la línea del sur, el Consejo de Seguridad de la ONU consideró a Corea del Norte la agresora, ante el reclamo de la administración Truman. Esto obligaba a los miembros latinoamericanos del Pacto de Río a unirse al enfrentamiento. Skidmore afirma que Estados Unidos "lo que quería de América Latina era una legitimación adicional y colaboración militar"

El acuerdo alcanzado en la OEA definía como contrapartida al compromiso de mejorar sus defensas militares y aumentar la colaboración en este plano, consiguiendo la promesa estadounidense de una resolución de los problemas económicos de América Latina.

Para comprender el funcionamiento real de la asociación panamericana, no debemos olvidar la denuncia realizada por el presidente electo de Venezuela, Rómulo Bentacourt, alegando la pasividad de la organización frente a las matanzas de Batista entre 1956 y 1959, criticando "la distraída indiferencia de la OEA frente a los genocidas bombardeos de Batista contra su pueblo"[24]

En 1951 la administración Truman y el Congreso de Estados Unidos decidieron extender a América Latina su Programa de Seguridad Militar de 1949, pensado en origen para Europa, con el objeto de la lucha contra el comunismo internacional.

Entre 1952 y 1954 Estados Unidos firmó pactos de ayuda de defensa recíproca con diez países latinoamericanos, Ecuador, Cuba, Colombia, Perú, Chile, Brasil, República Dominicana, Uruguay, Nicaragua y Honduras, destacándose la ausencia de la Argentina de Juan Domingo Perón y la izquierda progresista mexicana.

Los acuerdos consistían en un intercambio de equipo y servicios militares estadounidenses a cambio de promesas para ampliar la defensa, envío de materiales estratégicos y la restricción del comercio con la Unión Soviética.

Para Skidmore las implicaciones de estos nuevos tratados defensivos serían de largo alcance. Washington atrapaba a las fuerzas armadas de los estados, que dependerían de él para conseguir piezas, recambios y municiones. Además mediante el contacto frecuente con su ejército en programas de entrenamiento y tareas conjuntas, se podía esperar que la oficialidad latinoamericana se identificara muy estrechamente con Estados Unidos.

El autor afirma que de esta manera las fuerzas armadas conseguirían un mayor poder en sus sociedades sin la necesidad de alterar el presupuesto de defensa, como una renovación de la estructura establecida por la administración Roosvelt en vísperas de la II Guerra Mundial, que a comienzos de los 50 fortalecía su prestigio bélico para extender y recuperar su influencia.[25]

Clara Nieto expone cómo estos Pactos de Asistencia Mutua (PAM), firmados entre Estados Unidos y trece estados latinoamericanos, en base a la cooperación militar y la organización de los ejércitos nacionales, significaban en la práctica que Estados Unidos daba entrenamiento a sus oficiales y armamentos para la "defensa hemisférica", coordinando sus acciones a través del denominado Comando Sur.[26]

En cuanto a la influencia soviética en Latinoamérica, presentaba un alto índice de aceptación en la mayoría de países latinoamericanos, lo que se transmitía a los partidos comunistas nacionales, que alcanzaron una gran popularidad a mediados de los años 40.

Desde 1946 se observa una estrategia marcadamente antisoviética en América Latina por Estados Unidos, en el que se insertan los pactos militares bilaterales, que "fue sólo uno de los instrumentos utilizados para movilizar a los latinoamericanos contra los soviéticos…La oficialidad militar solía ser un baluarte de opinión anticomunista y antisoviética. Los pactos militares y los programas de entrenamiento le otorgaron el monopolio de los vínculos externos con los militares latinoamericanos"[27]

El problema económico en América Latina era (y sigue siendo) fundamental, existiendo una industria reducida, escasez de mano de obra cualificada y especializada a nivel técnico, así como un bajo nivel de infraestructuras.

La administración Truman estimuló una visión compasiva del problema, proponiendo en su discurso de toma de posesión en 1949 un programa denominado "Punto Cuatro", basado en la asistencia técnica para ayudar a los países en vías de desarrollo, como respuesta a las acusaciones de los gobiernos latinoamericanos por la despreocupación de los problemas económicos por parte de Estados Unidos, centrados en Europa.[28]

La expulsión del Partido Demócrata por la victoria del general Dwight D. Eisenhower en 1952, aportó una nueva estrategia en Latinoamérica, especialmente en el plano económico.

Los republicanos adoptaron la doctrina del libre mercado o "laissez-faire", organizada por el Secretario de Hacienda, Cleveland George Humphrey.

Smith afirma que este personaje puso en claro que la filosofía de la libre empresa eliminaría toda ayuda económica ultramarina, incluso los créditos gubernamentales a bajo interés. Asimismo se rechazarían propuestas para estabilizar los precios del mercado mundial de productos relevantes en América Latina, como el café y el cacao, con el objeto de no desalentar la iniciativa privada, de procedencia estadounidense casi exclusiva.

Esta nueva orientación hacia América Latina provocó una importante reacción entre los políticos y tecnócratas reformistas del hemisferio, aportando sus propios análisis económicos, lo que permitiría una hipotética redefinición de sus relaciones exteriores.

La rivalidad ideológica en cuanto al modelo económico fue incrementándose en la década de los 50. "Se trataba de un nacionalismo radical y del marxismo contra el neoliberalismo, con una posición intermedia…denominado desarrollismo reformista"[29].

El debate entre los partidarios de la industrialización nacional, que rechazaban el liberalismo económico en Latinoamérica, se relacionaba con la acelerada fluctuación de los precios de los productos primarios, ante la desigual demanda internacional.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo regional de Naciones Unidas creado en 1948, se inserta en este debate durante la década de 1950. Integrado principalmente por economistas, su objetivo era el análisis de los problemas económicos de la región latinoamericana y sus países.

La CEPAL se emplazó en Santiago de Chile, en un esfuerzo deliberado por distanciarse de la atmósfera dominada por Estados Unidos de la sede central de la OEA en Washington D. C., ayudando a producir una mentalidad latinoamericana en el análisis económico.

Su presidente, el argentino Raúl Prebisch, elaboró una tesis denominada Prebisch-CEPAL, en la que argumentaba que el sistema económico internacional funcionaba, desde 1880, en perjuicio de los estados que exportaban productos primarios. Sostenía un crecimiento acelerado de los productos manufacturados, lo que originaba un deterioro progresivo de la posición de los países en vías de desarrollo.

Proponía una salida a este ciclo económico, consistente en la adopción de acuerdos internacionales para limitar las fluctuaciones de precios del mercado, así como una industrialización de los países más grandes.

"Estos argumentos provocaron respuestas feroces, tanto en América Latina como en Estados Unidos. Irritaron a la administración Eisenhower que consideró al organismo una colmena de pensamiento estatista, al promover políticas que podrían afectar a la empresa privada."[30]

La CEPAL contribuyó a un análisis económico interno latinoamericano, menguando el sentimiento de inferioridad ante los economistas del mundo industrializado.

Por otra parte el marxismo ganaría vigor en los años 50, como movimiento intelectual en la lucha contra el imperialismo estadounidense. La crisis que originó la oposición de Estados Unidos al programa reformista de Jacobo Arbenz en Guatemala, proporcionó una prueba firme contra para el argumento antiimperialista[31]

La invasión de exiliados organizada por la CIA en 1954 y la imposición como presidente a Carlos Castillo Armas, quien revocó la expropiación de tierras a la United Fruit y estableció un pacto de defensa recíproca con Estados Unidos en 1955, ante la pasividad soviética. "Con su poder y riqueza, Estados Unidos se abría paso a escala global".

Las críticas al Departamento de Estado norteamericano por los gobiernos latinoamericanos y organismos autónomos, en reclamo sobre acuerdos internacionales vinculados a la producción, un banco de desarrollo multilateral y mayor acceso a la tecnología, fueron evidentes durante todo el periodo. Los reformistas demócratas como José Figueras en Costa Rica, Rómulo Bentacourt en Venezuela y Eduardo Frei en Chile, instaban a Estados Unidos al fomento de sistemas democráticos y de reforma social, ante el favoritismo de la potencia por los regímenes dictatoriales, al modo de la imposición del Sha en Irán en 1953, que derrocó a Mossadeq.

4. El ejemplo cubano y las responsabilidades de Estados Unidos en la Revolución.

Como se ha mencionado anteriormente, el objeto de nuestra investigación es el estudio de las relaciones entre Norteamérica y los países de América Latina, desde los años 50 hasta la retirada demócrata de la Casa Blanca o el ascenso de Nixon a la presidencia, en enero de 1969.

En este aspecto le proceso cubano se relaciona como el eje de articulación del movimiento revolucionario antiimperialista en todo el periodo, por lo que es necesario un análisis minucioso desde la perspectiva histórica para esclarecer las causas de su singular posición.

Para Clara Nieto, Cuba se convierte en un factor clave de confrontación este-oeste de la guerra fría, del debate mundial y en tema de controversia en la política interna norteamericana[32]Por primera vez un país americano se enfrentaba al imperio, lo expulsa de su territorio, se alía con la Unión Soviética y se declara socialista, cuestionando la hegemonía de Estados Unidos y amenazando su estabilidad.

El discurso nacionalista y antiimperialista de Fidel Castro alimentaba la lucha de los pueblos desfavorecidos, en defensa de sus derechos y en contra de los gobiernos y de las oligarquías nacionales, aliadas de Norteamérica.

El caldo de cultivo de esta insurgencia representa para Nieto "las aberrantes y endémicas desigualdades sociales y económicas, la miseria de las masas explotadas y engañadas por reducidos por grupos de poder y reprimidos con violencia por las fuerzas del orden", ante la estrechez o ausencia de canales democráticos que impiden la participación en las decisiones de gobiernos o parlamentos.

Para la autora los grupos armados y los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo durante el periodo que nos ocupa, están ligados a la participación de La Habana, que les otorgaba orientación política, entrenamiento militar, armas y asesores, como en el triunfo de las revoluciones de Angola y Etiopía, con ayuda soviética. Esta política perduró hasta los años setenta, cuando la mayoría de los gobiernos de América Latina restablecieron las relaciones diplomáticas con Cuba, rompiendo su aislamiento.

Nueve administraciones norteamericanas, desde Eisenhower a Clinton, mantuvieron una política de agresión a Cuba, en distinta medida, con el objeto de liquidar la Revolución "ante el temor de un efecto ejemplarizante y la expansión del comunismo internacional."[33]

En este aspecto Kennedy replanteó su política, poniendo en marcha la Alianza para el Progreso, un programa de desarrollo económico y social, para atender las necesidades de estos pueblos económicamente marginados, dando un giro a la estrategia de defensa hemisférica contra la insurgencia comunista. El objeto era el combate contra un enemigo interior en defensa de la democracia, pero el fortalecimiento de los ejércitos nacionales, prioridad en esta estrategia, incrementó el poder del militarismo.

La consecuencia directa fue la implantación de nueve dictaduras militares en los tres años de su mandato, así como la creación de la doctrina de Seguridad Nacional que impusieron las dictaduras militares del Cono Sur del continente en los años setenta. Nieto vincula a Kennedy con estos atroces regímenes genocidas, puesto que los objetivos, anticomunistas y contrainsurgentes de esta doctrina, eran los mismos de la estrategia norteamericana iniciada por Kennedy.

El periodo de la Seguridad Nacional estuvo marcado por la violencia, guerras civiles, la confrontación de movimientos armados que buscaban cambios radicales y la contrainsurgencia, que trataba de impedirlos. "En esas "guerras internas" –como las definen los militares- o en las "guerras sucias"-como las califican sus pueblos- son asesinados, torturados y "desaparecidos" decenas de miles de hombres y mujeres…Nunca antes se había dado en el continente una violación de los derechos humanos más brutal, más masiva y más profunda"[34].

A finales de los setenta la mayoría de los movimientos andinos de carácter armado habían sido desarticulados, así como las dictaduras de tendencias neofascistas del Cono Sur en los ochenta, ante la inevitable convocación de elecciones democráticas exigidas por una creciente oposición tanto interna como internacional. En los noventa se presenció la democratización de Centroamérica, cesando los conflictos armados en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

Sin embargo para Clara Nieto "el coste de esa paz, en la mayoría de esos países, son amplias amnistías concedidas por los gobiernos civiles a los militares y a las fuerzas del orden, responsables de las guerras sucias"[35], lo que conllevará la legitimación de su impunidad.

4.1 Causas y consecuencias de la Revolución de 1959.

El triunfo de la Revolución cubana el 1º de enero de 1959 originó una reacción oficial por el Departamento de Estado de Estados Unidos ante el Senado, en el que confirmaba su neutralidad en la contienda. Clara Nieto señala la falsedad de esa noticia, así como el desconcierto por la caída del régimen de Batista, argumentando el apoyo que suministró Eisenhower al dictador cubano hasta el último momento, incluyendo bombarderos y aviones de combate.

Esta red de entrega de armamento era suministrada por Estados Unidos al régimen de Batista a través de las dictaduras aliadas de Somoza en Nicaragua y Trujillo en República Dominicana, a pesar del anuncio realizado en marzo de 1958 de no permitir la venta de armas a Cuba.

El segundo gobierno de Batista entre 1952 y 1959 se había transformado en "una dictadura despiadada y sangrienta apoyada en su policía secreta. Son años de terror policial, de asesinatos y torturas"[36], contemplándose la disolución del Congreso o el cierre de la Universidad de La Habana, centro de insurrección liderado por Fidel Castro. Motivado por los altos ingresos debido a la venta de azúcar, el gobierno de la dictadura realizó un programa de obras públicas ambicioso, al mismo tiempo que se incrementaba la corrupción pública y la fortuna personal de Batista, con comisiones cobradas por favores en los contratos públicos, los impuestos de la aduana y con porcentajes de la Lotería Nacional.

Ante la falta de canales de oposición organizada contra el gobierno, la represión y la corrupción del régimen fue denunciado por un grupo de trabajadores, obreros y campesinos en su mayoría, liderado por Fidel Castro. Nieto señala que la situación en la isla era caótica, puesto que "Cuba es el paraíso de la mafia. Los grandes capos Lucky Luciano, Meyer Lansky, Santo Traficante y Amadeo Barlleta son dueños de hoteles, de casinos y deslumbrantes cabarets, de cadenas de prostíbulos y de juegos populares"[37]

La rebelión de la oposición iba incrementándose al mismo tiempo que la represión de la dictadura, mientras se preparaba el ataque al cuartel de Moncada en Santiago de Cuba, el segundo en importancia de la isla.

El 26 de julio se inició el ataque que acabó en fracaso debido a la lucha desigual, aunque la diferencia de bajas mostró la superioridad militar de los rebeldes, lo que conllevó una brutal represión contra éstos.

En el juicio contra Fidel, éste asumió su propia defensa, denunciando el régimen en función de cinco leyes revolucionarias, publicadas secretamente bajo el título "La Historia me absolverá", que constituyen las bases políticas e ideológicas de la Revolución:

  • 1) Restitución de la soberanía y de la constitución de 1940, derogada por Batista.

  • 2) Régimen de tierras y reforma agraria.

  • 3) Participación de obreros y empleados en las ganancias de todas las empresas.

  • 4) Nacionalización de servicios públicos.

  • 5) Confiscación de bienes, prohibición del latifundio y nacionalización de bienes y derechos del trabajo.[38]

Además Fidel señala la represión policial, la red de espionaje del régimen y el soborno a informantes. Martha Hernecker incide en la denuncia de Castro por los seiscientos mil desocupados, quinientos mil campesinos sin tierras, la explotación de cuatrocientos mil trabajadores, el maltrato a treinta mil maestros, los veinte mil comerciantes en la ruina, y el paro de diez mil profesionales.

La red de inteligencia de Batista estaba compuesta por el ejército, la policía, los servicios de inteligencia militar (SIM), el Buró de Investigaciones y el Buró de Actividades Comunistas (BRAC), colaborando con el FBI y la CIA "grupos especiales creados para reprimir la insurgencia y una masa de espías, de soplones, de asesinos y de ladrones a sueldo"[39]

Tras dos años de cárcel se les concede la amnistía a los asaltantes del Moncada, exiliándose en México donde conforman un primer núcleo del ejército revolucionario, perseguidos por las autoridades mexicanas, agentes del FBI y de Batista, así como espías de Trujillo.

El 25 de noviembre de 1956 partieron 81 combatientes del puerto mexicano de Tuxpan, en el yate Granma. En el desembarco fueron descubiertos y atacados por las fuerzas de Batista, y los supervivientes formarían el movimiento armado 26 de Julio, primer núcleo del ejército rebelde. Otros movimientos como la Federación de Estudiantes Universitarios se fueron sumando a la causa, consolidada por las victorias rebeldes, difundidas por Fidel desde la Sierra Maestra en Radio Rebelde.

Mientras tanto "aviones del gobierno, con bombas napalm arrasan pueblos, ciudades y campos. Muere mucha gente inocente"[40], debido a los bombarderos que portaban munición "made in USA".

Ante el inminente triunfo revolucionario, Batista se exilió el 26 de diciembre de 1958 en Santo Domingo, mientras los rebeldes realizaban en Cuba una euforia sin precedentes, produciéndose actos de violencia contra los símbolos de la dictadura.

Las denuncias de familiares de las víctimas del régimen de Batista fueron difundidas por televisión desde el primer momento, clamando justicia. Muchos criminales de guerra son acogidos en Estados Unidos mediante las embajadas latinoamericanas, mientras la muchedumbre les gritaba "traidores, ladrones y asesinos".

Los principales criminales, no obstante, se salvaron puesto que la potencia norteamericana rehusó a su extradición, mientras se liberaban los presos políticos, torturados y encarcelados por la dictadura, y se arrestaban en espera del inicio del proceso de los juicios sus torturadores.

El triunfo de la revolución cubana se recibió con gran entusiasmo en América Latina, puesto que "ha caído otro brutal y corrupto dictador sostenido por Washington"[41], aunque las mayores muestras de júbilo se presenciaron en Venezuela, que apoyó a la revolución desde 1957, de manos del contralmirante Wolfang Larrazábal primero, y Rómulo Bentacourt y Larrazábal posteriormente. En un documento de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, fechado en enero de 1959 Bentacourt expone que "la Revolución cubana es un ejemplo de la invencible pasión de la libertad continental", criticando "la distraída indiferencia de la OEA frente a los genocidas bombardeos de Batista contra su pueblo"[42]

Dos días antes de que Fidel entrara en La Habana, el gobierno de Eisenhower dio el beneplácito a los rebeldes. La rapidez con que obró es para Nieto un afán por borrar su mala imagen frente al apoyo dado a la dictadura.

La primera controversia con Estados Unidos surgió entorno al "paredón", la forma de justicia revolucionaria que para el Times representaban "ejecuciones sumarias de oponentes y los anuncios de juicios a supuestos criminales de guerra"[43]. El senador demócrata Wayne Mosse condenó el hecho como "un baño de sangre", pidiendo represalias políticas y económicas a su gobierno.

Fidel por su parte argumentaba que "la justicia revolucionaria no se basaba en preceptos legales sino en convicciones morales…la justicia revolucionaria, digamos que es el sentimiento de los pueblos, que no vieron la justicia en cuatro siglos…Es realmente increíble que a un pueblo le haya costado más trabajo, más ataques y más campañas castigar a sus verdugos, que el trabajo que les costó a los verdugos durante cuatro siglos ensangrentar los pueblos."[44]

Tad Szulc, escritor norteamericano y corresponsal del New York Times en Latinoamérica en el período que nos ocupa, interpretaba la disparidad de posiciones de Estados Unidos y Cuba como resultado de la mutua incomprensión y de un círculo vicioso de equivocaciones en que cada cual juzgaba al otro por sus propios patrones[45]

Por su parte Nieto señala que para la opinión pública norteamericana, los juicios no se ajustaban a las pautas de justicia occidentales, mientras no se conocían los crímenes de la dictadura de Batista, que ningún país había condenado.

La visita de Fidel a Estados Unidos en abril de 1959 fue recibida con entusiasmo por la juventud norteamericana, inmersa en la lucha por los derechos civiles de la población negra, contra la discriminación racial y el orden establecido. Sin embargo estaba ya enfrentado a la "desconfiada, cavilosa y poderosa administración norteamericana y una prensa que comienza a serle adversa"[46]

Para Maurice Halperin la concepción nacionalista, antiimperialista y socialista de Fidel estaba presente en sus planteamientos desde el inicio, lo que conservaba las sospechas de Washington sobre el carácter anticapitalista del nuevo dirigente[47]Asimismo el autor señala que las leyes que proponía - reforma agraria, reparto de utilidades de las empresas a los obreros, beneficios especiales a los trabajadores de la caña de azúcar- aunque eran radicales y de hondo contenido social y político, no eran extremistas.

Además desde el principio de la Revolución se añadieron pronunciamientos críticos sobre la política norteamericana hacia Cuba, en los que sin embargo se tachaba el tinte comunista del nuevo gobierno, prometiendo que la reforma agraria no expropiaría ni nacionalizaría propiedades norteamericanas.

Para Nieto "algunos analistas encuentran que esos asépticos pronunciamientos en territorio norteamericano son la estrategia para desorientar a la opinión pública y ganar tiempo para lograr sus objetivos sin mayores controversias"[48].

En 1967 Raúl Castro confirmaba que la lucha rebelde no había sido exclusivamente para remover a Batista y a su camarilla del poder, "sino para dar comienzo a la transformación del sistema político, económico y social de Cuba y poner fin a la opresión, a la pobreza, al desempleo, a la mala salud y a la ignorancia que pesaba sobre nuestro pueblo"[49]

Tras una visita por todo el continente americano, Fidel propuso la creación de un mercado común latinoamericano, emprendiendo un plan de desarrollo regional de carácter económico y social, con un aporte de capital de Estados Unidos, con el objeto de paliar las desigualdades sociales y económicas de los países latinoamericanos. La propuesta fue calificada de "ridícula" y "demagógica" por Eisenhower, que renunció a reunirse personalmente con Castro.

Para Mathews, columnista del New York Times "esta es la última oportunidad que Fidel da Estados Unidos para mantenerse dentro de los esquemas democráticos y alejados del comunismo"[50].

4.2 El inicio del enfrentamiento directo entre ambos bandos y el intento de expandir la Revolución.

A partir de la frustración del gobierno cubano por hallar una solución acordada frente a la marginación económica en que se encontraba Latinoamérica, se contemplaron principios de invasiones realizadas desde Cuba con el objeto de expandir la revolución al continente.

El primer suceso fue un desembarco en Panamá, que fue descubierto a nivel internacional y vislumbrado como una amenaza para los intereses económicos capitalistas de Estados Unidos.

Desde entonces se articuló una campaña de desprestigio del gobierno de Eisenhower contra Cuba, aunque el presidente panameño Ernesto de la Guardia no acusase a los cubanos en la OEA, cuya comisión designada para el caso eximió de responsabilidad a Fidel.

Entre mayo y agosto partieron de la isla grupos revolucionarios nicaragüenses, dominicanos y haitianos para crear focos que derrotasen a los dictadores Somoza, Trujillo y Duvalier, aunque todos fracasan. Nieto señala cómo "Washington orquesta una intensa campaña para desprestigiar al gobierno cubano y acusarlo de exportar su revolución"[51], presentando a Cuba como una amenaza para el continente.

Sin embargo para la autora el acontecimiento fundamental de este periodo fue el enfrentamiento entre Fidel y Rafael Leónidas Trujillo, dedicados a aumentar sus arsenales y lanzarse virulentos ataques y amenazas. Una expedición compuesta por 46 oponentes dominicanos y diez cubanos partió de Cuba en junio de 1959 en un avión venezolano, y aunque fue contenida por Trujillo significó para Tad Szulc "la semilla de la rebelión contra la dictadura de Trujillo."[52]

Un mes más tarde el caudillo dominicano envío a Cuba la denominada "Legión Extranjera Anticomunista", integrada por tropas de Batista, veteranos españoles, alemanes y fascistas croatas, planeado por Batista en su exilio de Santo Domingo. La sociedad conspirativa formada por Trujillo para atacar Cuba, a pesar de los fallidos intentos de invasión de la isla, eran motivo de preocupación para Estados Unidos.

Clara Nieto expone que el plan consistía en permitir la entrada de Batista en territorio estadounidense con objeto de sofocar la tensión en el Caribe, que amenazaba sus intereses económicos en la región, a pesar de las críticas de la opinión pública internacional y norteamericana contra la medida, negada por Roy Buttom, subsecretario de Estado para Asuntos Norteamericanos, como figura en un documento confidencial del Departamento de Estado de Estados Unidos fechado el 30 de julio de 1959.[53]

Por otra parte la creciente tensión entre el presidente de Venezuela, Rómulo Bentacourt y Trujillo, incrementaba la preocupación de Washington. Bentacourt cortó relaciones con Santo Domingo y trató de promover un movimiento continental en su contra, proponiendo en la OEA la creación de un cordón sanitario contra las dictaduras, en defensa de la democracia, pidiendo medidas colectivas para expulsarlos de la organización regional.

La actitud de Estados Unidos al respecto fue el anuncio de la suspensión de la venta de armas a Cuba y a República Dominicana, pidiendo a sus aliados hacer lo mismo. Resulta extremadamente interesante la argumentación de Clara Nieto sobre esta cuestión, exponiendo documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, en los que la actitud de la potencia norteamericana se relaciona con el intento de esconder la venta de armas por su parte a Indonesia, en conflicto con Holanda y Bélgica; y a Túnez contra Francia: "Sus aliados no presentan objeciones a la suspensión de la venta de armamentos, pero ante ese lucrativo negocio la solidaridad no cuenta." Concluye que Gran Bretaña, Canadá, Bélgica, Italia y España le venden a Cuba armas "defensivas"[54]

4.3 El comienzo de las nacionalizaciones en Cuba y la operación Pluto.

Continuando la argumentación de la autora, que como se observa nos parece extremadamente importante, puesto que configura su discurso en base a documentos oficiales desclasificados de primera mano, así como cronistas y principales protagonistas de los sucesos, propone que el objeto de la Revolución cubana desde el año 1959 era el de "desmontar toda traza de la dictadura batistiana, del Estado proimperialista burgués y dar inicio al proceso de liberalización económica, política y militar de Estados Unidos"[55]

La autora expone la dependencia económica de la isla frente a la potencia norteamericana, dominada por los monopolios en industrias clave como el azúcar, el tabaco, el cobre y el manganeso, así como gran parte de la banca y el sector financiero. El proyecto se inició con la política de recuperación de bienes y recursos nacionales, la Ley de Reforma Agraria a principios de mayo de 1959 en la que expropiaron y nacionalizaron empresas nacionales y extranjeras, mayoritariamente de Estados Unidos.

Desde entonces comenzó una agresión abierta y encubierta de Norteamérica hacia Cuba, ante la amenaza de la pérdida de su hegemonía como potencia en el continente. Nieto expone documentos desclasificados del gobierno estadounidense en 1990, en los que Eisenhower dio órdenes expresas a la CIA en marzo de 1959 para lanzar una extensa operación denominada Operación Pluto, con el objetivo de derrocar a Castro: "De inmediato la CIA infiltra agentes y comienzan los actos terroristas, los sabotajes en centros comerciales y públicos, en especial en La Habana, y aviones pirata que salen de Florida bombardean con bombas napalm sus centrales azucareras y otros importantes objetivos económicos"[56], dando armas y recursos a grupos contrarrevolucionarios internos.

Asimismo el gobierno estadounidense ofrecía empleos para provocar el éxodo de profesionales e industriales cubanos, originando el abandono de miles de individuos de la alta burguesía.

Al mismo tiempo se constataba el progresivo acercamiento de Cuba con la Unión Soviética, formalizado por el primer acuerdo comercial quinquenal en febrero de 1960, en el que se intercambiaba crédito por cuotas anuales de azúcar cubano.

La nacionalización de las refinerías de la isla, en manos norteamericanas, por su negación de refinar petróleo soviético, dio lugar al decreto de Estados Unidos de embargo económico y comercial a Cuba, pidiendo a sus aliados que se unieran, amenazándolos con represalias. Desde entonces el gobierno cubano incrementó su campaña de nacionalización, integrando más centrales azucareras, expropiando grandes empresas industriales y comerciales, energéticas, comunicaciones, banca norteamericana, ferrocarriles, instalaciones portuarias, hoteles, salas de cines, servicios públicos y terrenos agrarios y urbanos.

La reacción de Washington fue la continuación de la operación Pluto, así como el comienzo del establecimiento de una "brigada mercenaria de cubanos anticastristas afiliados en Estados Unidos…La mayoría de esos sabotajes los realiza la CIA con anticastristas y batistianos criminales de guerra, exiliados en Florida."[57]

En julio de 1960 el gobierno cubano presentó sus denuncias en el Consejo de Seguridad de la ONU, acusando a Estados Unidos de agresión, protección a criminales de guerra y auspicio de los movimientos contrarrevolucionarios.

Al mismo tiempo el gobierno norteamericano presentaba en la OEA una denuncia contra Cuba acusándole de "alentar una intensa y sistemática campaña de distorsiones, verdades a medias y plenas falsedades contra el país"[58], bloqueando la denuncia cubana en la ONU. Asimismo inició una intensa actividad diplomática para convocar al Órgano de Consulta de la OEA con objeto de condenar a Cuba por la amenaza a la paz internacional.

Sin embargo en la VII Reunión del Órgano de Consulta en San José, Costa Rica, los norteamericanos no consiguieron por primera vez el apoyo necesario, condenando a la URSS y a la República Popular China pero no mencionando a Cuba.

Tras un análisis de este importante cambio en las actitudes gubernamentales latinoamericanas, basándonos en los datos que nos legan las fuentes, podemos aventurar una primera identificación global de los pueblos norteamericanos como un colectivo –a pesar de sus innumerables diferencias en el plano político, económico o cultural, entre otros- que pretendía unos intereses comunes, distintos a la gran potencia norteamericana que circulaba por caminos con objetivos muy distintos.

La respuesta de Fidel fue la I Declaración de La Habana, recogida en la "Proyección Internacional de la Revolución Cubana" el 2 de septiembre de 1960, en la que se condena la declaración de San José como un "documento dictado por el imperialismo norteamericano, atentatorio de la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del continente", acusando asimismo la "intervención abierta y criminal del imperialismo norteamericano" y la "sumisión miserable de los gobiernos traidores" en América Latina, anunciando el reforzamiento de las relaciones con la URSS y la República Popular China, así como una ruptura total con Estados Unidos.[59]

4.4 Conclusión de la 1ª etapa. 1950-1960

Como se ha desarrollado en esta primera parte del trabajo en base a las distintas fuentes consultadas, la política de Estados Unidos en el continente americano ha sido de apoyo a las dictaduras, a pesar de su brutalidad y corrupción. Su objetivo era en primer lugar el control del orden público, pero también la desarticulación del comunismo y la conservación de sus prebendas financieras a nivel internacional.

Su prioridad ha sido el aspecto militar y de seguridad en Latinoamérica, en un contexto de "guerra fría". Como afirma Clara Nieto, principal exponente de nuestro análisis, "aunque los armamentos que da al continente para la "defensa hemisférica" lo da con restricciones, tales prohibiciones pueden ser levantadas cuando exista una clara indicación de implicación comunista en las fuerzas de oposición"[60], vendiendo armas de alto potencial destructivo contra la población civil y de nula utilidad defensiva, como las bombas napalm.

El gobierno de Eisenhower congratuló las dictaduras militares de Batista, Somoza, Pérez Jiménez y Trujillo, "el Congreso…los escucha y aplaude. Y el Pentágono los condecora con la Orden del Mérito, la más amplia distinción militar".

Ese amplio apoyo político y militar a los dictadores implicó las denuncias de las democracias latinoamericanas y un creciente antiamericanismo y antiimperialismo en la opinión pública internacional, formalizado con la gira del vicepresidente Nixon por América Latina en 1958, "recibido con piedras, escupitajos e insultos", al igual que la gira presidencial de Eisenhower en mayo de 1960. El discurso presidencial a la salida de su mandato reflejaba un éxito contra el comunismo, obviando la toma de Vietnam del Norte y la deriva socialista cubana, que "en corto tiempo será el primer Estado socialista del hemisferio, aliado de la Unión Soviética, que romperá el dominio hegemónico de Estados Unidos, de casi siglo y medio, en su zona de influencia". La autora afirma que cuando Kennedy asumió la presidencia en enero de 1961 los preparativos de invasión a la isla estaban ya en marcha[61]

5. La década del 60. Los años "dorados".

La victoria de J. F. Kennedy sobre Nixon en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en noviembre de 1960, anunciaba un renacer interno y un cambio favorable en la tensa atmósfera internacional, significando el regreso del Partido Demócrata al gobierno y un cambio generacional de importancia.

El periodo presidencial de Kennedy y Lyndon Johnson fue convulso, presenciándose una sociedad dividida por conflictos sociales de especial significancia, reflejados en la rebelión juvenil como un choque generacional, la lucha por los derechos civiles de la población negra y el incremento de la oposición a la guerra del Vietnam[62]

Según Hobsbawm, de quien hemos tomado la referencia para expresar el título del presente capítulo –no carente de ironía para hablar del conjunto global de Latinoamérica-, alrededor de 1960 se consolida una etapa muy prolongada de bienestar y crecimiento a escala mundial, "los años dorados, la transformación social mayor, más intensa, rápida y universal de la historia de la humanidad."[63]

Por su parte María Sáenz Quesada, profesora de la Universidad de Buenos Aires y especialista en historia contemporánea americana, expone que la política de la "nueva frontera" que propuso Kennedy, pretendía alcanzar las regiones no exploradas de la ciencia y el espacio y poner fin a la discriminación y la miseria.[64]

Por otra parte en el mundo comunista la política liberalizadora de Nikita Kruschev desde 1955 a 1964, produjo otra ruptura. La desestabilización del sistema soviético implica para Nieto que "salen a la luz los horrores de ese régimen, del culto a la personalidad, del abuso de poder, de la corrupción desde la cúpula del gobierno en una orgía de privilegios y deleites, impensables en una sociedad supuestamente igualitaria."[65]

Asimismo se ponía en marcha un menor centralismo hegemónico del PCUS en el área comunista, al mismo tiempo que se incrementaba la diferencia de la ideología de la Unión Soviética y China por la derivación de los principios fundamentales del marxismo.

En otra esfera de poder, Nieto otorga importancia a la orientación reformista del papado durante el pontificado de Juan XXIII entre 1958 y 1963, cuya influencia se evidencia en toda la década. El surgimiento de una nueva corriente de la Iglesia en base a la situación de unas mayorías en situación de pobreza y practicantes del catolicismo, denominada Teología de la Liberación, es para la autora en esencia "la unión de la fe y de la práctica cristiana del credo y de la justicia".

Su base doctrinal era el cuestionamiento del comportamiento de los países ricos frente a las naciones pobres, la creciente brecha entre acaudalados y miserables en esas sociedades de privilegios en las que las pequeñas minorías, no están dispuestas a perderlos. El planteamiento es la necesidad de realizar profundos cambios para corregir las injusticias.

Tras Juan XXIII se contempló una posición radicalmente distinta por parte de la jerarquía eclesiástica frente a los "teólogos de la liberación", acusando a estas corrientes progresistas de marxistas. Clara Nieto incide en la conversión de esos sectores radicalizados, analistas de la realidad social de su tiempo, que "crean en varios países las comunidades eclesiales de base para concienciar a los campesinos y a los sectores populares marginados sobre sus derechos, organizan e impulsan sus movimientos y dan apoyo a sus luchas", involucrándose muchos de ellos en los grupos insurgentes latinoamericanos.[66]

5.1 J. F. Kennedy y la Alianza para el Progreso.

Cuando Kennedy asumió la presidencia de Estados Unidos, la Revolución cubana se había convertido, para Nieto, en un grave conflicto para la potencia, por la alianza de Cuba y la URSS y el carácter socialista del nuevo gobierno. "La existencia del primer Estado socialista, a 90 millas de sus costas, le plantea a Estados Unidos un cambio geopolítico de enormes repercusiones, pues rompe su poder en su zona de influencia y amenaza su seguridad y la estabilidad del continente"[67], lo que convertía al hecho cubano en un factor capital de la Guerra Fría.

Por otra parte la autora incide en la coyuntura de endémica pobreza, injusticia social y económica, así como la explotación de la gran mayoría de ciudadanos latinoamericanos, en los que la estrechez de los canales democráticos, que impedía su participación en esos procesos, dejaba abierta la lucha armada como única salida para lograr el cambio, contemplándose el surgimiento de numerosos movimientos procastristas en el continente.

En este aspecto Kennedy propuso la Alianza para el Progreso, un programa de cooperación para el desarrollo económico y social de la región latinoamericana, como una estrategia en la lucha contrainsurgente. El objetivo primordial era el fortalecimiento de los ejércitos nacionales con armamento y entrenamiento para combatir al "enemigo interno".

Kennedy mostró un especial interés por América Latina, criticando desde su campaña presidencial la política de Eisenhower por el apoyo abierto a las dictaduras. Prometía un fortalecimiento de las democracias latinoamericanas a partir de las relaciones con la OEA, sin ser partidario de las acciones unilaterales de intervención.

Nieto expone que la Alianza para el Progreso consistía en una "revolución silenciosa", con un profundo contenido social, "un programa de desarrollo económico y social para evitar las revoluciones violentas". Era el primer proyecto en el que las condiciones económicas y sociales eran igual de importantes, siendo "un plan de desarrollo dentro de un esquema capitalista y democrático, frente a la propuesta socialista que planteaba Cuba", dando prioridad al incremento del nivel de vida de la población.[68]

Cada país se comprometía a la mejora de las condiciones de sus ciudadanos, rechazando reformas estructurales para paliar las desigualdades.

La estrategia de defensa de Kennedy, no obstante, se enfocó a la lucha contrainsurgente. Para ello Estados Unidos continuó con la entrega de armamento a los ejércitos nacionales latinoamericanos bajo acuerdos bilaterales o Pactos de Asistencia Mutua (PAM), que corría a cargo de las fuerzas especiales o Boinas Verdes. "Esas nuevas tareas que se asignan a los ejércitos corresponden a las instituciones policiales y violan preceptos constitucionales que les asignan, exclusivamente, la defensa de la soberanía nacional"[69].

Para dar entrenamiento a los oficiales latinoamericanos en las técnicas de contrainsurgencia, Nieto señala cómo el Pentágono fortaleció las Escuelas de Guerra en la Selva (Fort Girlick), la Militar de las Américas (Fort Gulick) o la de las Fuerzas Especiales (Fort Brogg) en Carolina del Norte.

Ana María Bidegain de Urán, profesora de la Universidad de Bogotá y Edwin Lieuwen, profesor de la Universidad de Buenos Aires, afirman que entre 1950 y 1975 más de setenta y cinco mil oficiales de países en conflicto se graduaron en esas escuelas.[70]

En 1962 se creó la Academia Interamericana de policía de Fort Davis, en Panamá, que para Claude Heller sirvió para dar entrenamiento en tácticas de espionaje y contraespionaje a oficiales de policía del continente, entregando entre 1961 y 1963 a 700 oficiales de 15 países.[71]

Nieto por su parte prolonga esta capacitación militar y de seguridad al plano de la instrucción ideológica anticomunista y de afianzamiento de los principios democráticos. "El objetivo es preparar una élite militar, capaz de asumir el mando en los países den donde los conflictos sociales y las protestas estudiantiles, calificadas de comunistas o filocomunistas, puedan provocar soluciones revolucionarias"[72]

Justo Escobar y Sebastián Velázquez, en su estudio sobre los mecanismos de control y la violencia represiva por parte de las dictaduras argentinas, señalan cómo Mac Namara, secretario de defensa de Estados Unidos en 1962, explica al Congreso que "tal instrucción se imparte a oficiales cuidadosamente seleccionados, y que ésta es la inversión más productiva por parte de Estados Unidos, pues le permite hacer amistad con esos hombres conductores… que tendrán de primera mano el convencimiento de cómo se hacen las cosas y cómo piensan los americanos."[73]

En cuanto a las relaciones con Cuba, Kennedy continúa una política agresiva contra la isla, cortando totalmente la compra azucarera de la cual depende su economía, intensificando el embargo comercial y económico, presionando a sus aliados bajo represalias y sanciones para que corten relaciones con el gobierno cubano.

Nieto asegura que se dio la intensificación de la campaña de la CIA de financiar aviones piratas que salen desde Florida, para bombardear las centrales azucareras y las refinerías de petróleo cubanas, infiltrando a su vez agentes para realizar actos terroristas, sabotajes y actos conspirativos para asesinar a Fidel. Al mismo tiempo se continuaban los planes de Eisenhower de una invasión armada a la isla.[74]

5.2 J. F. K y Bahía de Cochinos.

El cubano Gabriel Molina denuncia la actuación del presidente norteamericano en la operación "Bahía de Cochinos", en base a los argumentos del canciller cubano Raúl Roa en la ONU y la OEA, así como por el New York Times y otros periódicos influyentes. Se explicitaba las bases clandestinas en Guatemala, donde asesores militares de Estados Unidos entrenaban a más de mil cubanos anticastristas, cedidos por la dictadura de Somoza en Nicaragua, y otros centros de entrenamientos de mercenarios en Costa Rica y la isla de Vieques, en Puerto Rico, amén de las filtraciones de los anticastristas reclutados por la CIA en Miami.[75]

Nieto señala la reunión en la Casa Blanca el 11 de marzo de 1961 como un hecho clave, puesto que Kennedy cede ante la presión del Secretario de Estado y Defensa y tres jefes del Alto Comando Unificado, violando las declaraciones efectuadas una semana antes de la invasión, renunciando a intervenir en Cuba.

La Brigada 2506 estaba compuesta por 1500 hombres, magníficamente adiestrados, con uniformes, armamentos, tanques y aviones suministrados por Estados Unidos, contando a su vez con 6 batallones de infantería, una compañía paracaidista, 71 aviadores y un grupo de buzos.[76]

El 15 de abril, dos días antes de la invasión, aviones B-26 bombardearon La Habana, San Antonio de los Baños, Santiago de Cuba y otras ciudades, diezmando la fuerza área cubana y causando numerosos muertos entre la población civil.

El 17 de abril de 1961 la expedición invasora partía de Nicaragua, con siete barcos escoltados por la armada de Estados Unidos. Desembarcaron en Playa Girón o Bahía de Cochinos, y setenta y dos horas después habían sido aniquilados por el ejército revolucionario cubano. Los capturados fueron abandonados por el gobierno estadounidense, siendo juzgados los criminales batistianos más reconocidos. Otros fueron canjeados por alimentos y medicinas al gobierno de Kennedy.

Como señala Tulio Halperin Donghi, Cuba devolvió a los prisioneros a Miami en diciembre de 1962, para que pudieran gozar en familia de las fiestas de navidad, realzando la imagen de Castro al mismo tiempo que se incrementaba el antiamericanismo por la intervención imperialista en Playa Girón.[77]

La reacción internacional contra Estados Unidos fue difundida rápidamente, teniendo lugar multitudinarias manifestaciones de apoyo a Cuba y de condena al imperialismo norteamericano. Los ataques a embajadas estadounidenses y el respaldo al gobierno cubano de Congresos profesionales, movimientos estudiantiles, políticos e intelectuales y la prensa latinoamericana, se basaron en la violación por Estados Unidos de las normas del derecho internacional y de las cartas de la ONU y la EOA.

La consecuencia a nivel interno en la CIA fue la destitución de su director Allen Dulles y el jefe de Operaciones Clandestinas, Richards Billes, nombrando director a John Mac Cone y Richard Helms, como subdirector de planes.

Nieto señala al respecto que "la salida de esa vieja guardia…es según algunos el fin de la Edad de Oro de la CIA, para otros es el fin del más siniestro período de la Agencia, caracterizado por atentados y asesinados de líderes extranjeros y por promover golpes de Estado en otros países."[78]

5.3 La nueva táctica de J. F. K: la operación Mangosta.

Tras el fracaso de la intervención de Bahía de Cochinos, Kennedy endureció su política hacia Cuba, extremando el embargo económico y realizando otras medidas, como la puesta en marcha de la Operación Mangosta por la CIA, la de mayor envergadura, más costosa y prioritaria que haya emprendido hasta entonces el gobierno norteamericano contra Cuba.

Para Thomas Powers el objetivo principal era entonces el asesinato de Fidel, reclutando agentes infiltrados cubanos, comerciales extranjeros y diplomáticos. Expone que la CIA instaló en la Universidad de Miami la mayor base creada jamás en territorio de Estados Unidos.[79]

El nombre en código de la operación era "JM WAVE", y disponía de un altísimo presupuesto de cien millones de dólares, setecientos empleados y más de tres mil agentes, contando con pequeños barcos y buques nodriza disfrazados de naves mercantes. También utilizaba la compañía aérea Southern Air Transport para los actos de sabotaje, así como un gran arsenal y un gran número de casas de seguridad.

Escalanate sostiene que entre enero y agosto de 1961 se realizaron 5780 sabotajes y acciones terroristas hacia Cuba, incluidos los intentos contra la vida de Fidel en cooperación con los capos mafiosos Lasky, Roselli, Gincana y Santo Traficante, a quienes la revolución les había confiscado sus negocios en la isla.[80]

Por otra parte el respaldo continental para el desarrollo de la política contra Cuba es reseñada por los apoyos de los gobierno latinoamericanos. Clara Nieto expone que "Kennedy -como Eisenhower- cuenta con la solidaridad incondicional de las dictaduras centroamericanas y caribeñas y de la mayoría de los gobiernos democráticos"[81].

Estados Unidos desarrolló una política de gestión diplomática para aislar a Cuba del resto del continente, presionando a Perú para convocar la VII Reunión de Consulta de la OEA, en base al peligro de una agresión armada. Sin embargo la expulsión de la isla de la organización panamericana se dio en la Reunión en Punta del Este (Uruguay) en enero de 1962, acusando al gobierno cubano de totalitario.

Afirma que el equipo de Kennedy adulteró los votos para lograr la mayoría necesaria comprando el voto de Haití, que había anunciado su abstención. Sólo México mantendría sus vínculos con Cuba. Nieto afirma que el argumento de incompatibilidad del sistema americano con cualquier forma de totalitarismo en defensa de la democracia representativa era insostenible, "pues la mayoría de esos miembros eran dictaduras que nunca habían sido cuestionadas por los defensores de la democracia."[82]

Como respuesta Fidel expuso la Segunda Declaración de La Habana, acusando a Estados Unidos y a las oligarquías latinoamericanas de la responsabilidad por la miseria de sus pueblos. A su vez denunciaba las misiones militares de Estados Unidos en el continente, la Junta Interamericana de Defensa, las escuelas en la zona del Canal de Panamá y entrenamiento por la CIA de ejércitos asesinos al servicio de sus intereses. Concluyó su discurso con la consigna "Patria o muerte. Venceremos"[83], que se convertiría en el eslogan de la Revolución.

5.4 La Crisis de Octubre.

En septiembre de 1962 el gobierno y el Congreso de Estados Unidos, reunidos en los Comités de Relaciones Exteriores y de las Fuerzas Armadas del Senado, con distintos altos funcionarios del gobierno, acordaron una acción directa contra Cuba.

Carlos Lechuga incide en el uso explícito de la fuerza para combatir la extensión de las actividades conflictivas en el hemisferio. Afirma la intensificación de la vigilancia, fundamentalmente los vuelos de observación sobre la isla.[84]

Serán estos aviones U-2 los que certifiquen la instalación de bases para la instalación de misiles tierra-aire soviéticos R-12 en Cuba.

Tras la comprobación el 14 de septiembre de la existencia de esas armas en la provincia de Pinar del Río, Kennedy convocó a los Secretarios de Estado y Defensa, al director de la CIA, al fiscal general Robert Kennedy y al embajador de la ONU Adalai Stevenson, integrantes del Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad, bajo el más estricto silencio.

Mientras tanto se preparó un movimiento de tropas a Florida, poniendo en alerta máxima a los comandos de defensa en el Caribe y el Atlántico, movilizando ochenta y cinco mil efectivos. Según el diario cubano Granma, el 22 de octubre de 1961 se realizaron 368 vuelos espías sobre Cuba.[85]

Para Nieto en ese día "estalla la más grave crisis que enfrenta a la humanidad después de la II Guerra Mundial"[86], en el momento que Kennedy informó a la opinión pública sobre el emplazamiento de armas nucleares soviéticas en Cuba. El 23 de octubre convocó de urgencia al Órgano de Consulta de la OEA, aprobando por unanimidad el uso de la fuerza, el bloqueo total contra la isla y la retirada inmediata de los misiles.

El bloqueo fue calificado por Fidel como un acto de agresión, mientras el 24 de octubre dieciocho cargueros soviéticos se dirigían a Cuba, reforzándose la actividad militar en la isla.

La actividad diplomática entre Kennedy y Kruschev desde el 22 de octubre y principios de diciembre fue enérgica, "acusándose mutuamente de haber desatado esa crisis que puede llevar al mundo a una guerra nuclear, llamándose mutuamente a la cordura."[87]

Carlos Lechuga afirma el cambio de posturas a partir del 25 de octubre, cuando Kruschev accedía a desmantelar las plataformas y retirar los misiles, a cambio del compromiso público de Estados Unidos de no invadir la isla. El autor sostiene que la idea de la invasión sobre Cuba estaba pendiente por Kennedy, puesto que ordenó al Departamento de Estado para organizar un gobierno civil en la isla.[88]

Por otra parte el derribo de un avión espía norteamericano, que violaba el espacio aéreo cubano en el oriente de la isla, incrementó la tensión en Washington.

Lechuga otorga un papel capital a Kruschev en el conflicto, aceptando la intervención de la ONU para verificación del desmantelamiento de los misiles, en base al compromiso de Kennedy de no invasión. La gestión fue realizada por la intervención del secretario general de la ONU, U Thant, agradecido en carta conjunta por Kennedy y Kruschev el 7 de enero de 1963[89]

Clara Nieto por su parte enfatiza la actitud de Fidel, quien señalaba que "esas negociaciones no llevan a un acuerdo efectivo que garantice en forma permanente la paz en el Caribe…", al mismo tiempo que anunciaba: "Estados Unidos no ha renunciado a su política agresiva e intervencionista", manteniendo una posición de fuerza y violando el derecho internacional.[90]

Resulta interesante observar las conclusiones de la Crisis de Octubre en base a las cumbres realizadas desde 1988 a 1992, que tenían el objeto de reunir a altas personalidad vinculadas al conflicto. En las reuniones de Moscú de 1989, T. Sorensen afirma que Kennedy veía seriamente la posibilidad de un peligro nuclear, argumentando que el 27 de octubre de 1962 expuso: "si nos equivocamos en esta ocasión puede haber 200 millones de muertos"[91]

Otra de las conclusiones de Sorensen es que el origen de la crisis fue la política agresiva de Estados Unidos hacia Cuba y la convicción del gobierno soviético de que existía un plan real de invasión norteamericana. Por otra parte Fidel afirmaba en la Reunión Tripartita de La Habana de 1992 que estudió la propuesta, aceptándola como "un deber elemental de solidad en internacionalismo" para fortalecer el área socialista, aunque veía que la medida implicaba el riesgo de convertir a Cuba en objetivo estratégico militar estadounidense.[92]

Asimismo la determinación de Kennedy de forzar el retiro de los cohetes implicó, según Nieto, un elevado coste político para Kruschev, siendo una de las razones de su caída política. Por otra parte China dio un pleno apoyo a Cuba, acusando a la URSS por su capitulación.

En cuanto a la reacción intercontinental, se vislumbró un apoyo a Estados Unidos del Primer Ministro británico Harold Macmillan, así como del presidente francés Charles de Gaulle, a pesar de las manifestaciones populares de ciudadanos franceses en solidaridad a Cuba.

Las críticas de relevantes medios de comunicación hacia el conflicto fueron importantes, al igual que las de los dirigentes alemanes Conrad Adenauer y Billy Brandt. Los pacifistas europeos protestaban principalmente por la cuarentena impuesta a Cuba, formalizado en el rechazo del filósofo Bertrand Russel, que anunciaba: "Dentro de una semana estaréis muertos por complacer a unos locos americanos", enviando como afirma Sorensen, una carta a Kennedy acusándolo por su acción temeraria, no justificada.

La prensa internacional quedó dividida al respecto, desde la opinión del New York Times que aceptaba la reacción estadounidense, hasta el New York Post, que sostenía el deber de consultar antes a la ONU y la OEA. El Times londinense y The Guardian, por su parte, cuestionaban seriamente la medida.

Otra de las consecuencias fue la instalación del "teléfono rojo" entre Washington y Moscú, con el objeto de evitar accidentes costosos, firmando en octubre de 1963 el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares en la Atmósfera, el Espacio Terrestre y Bajo el Agua, que para Nieto representaba el mayor avance sobre desarme logrado hasta entonces por las dos superpotencias.[93]

La decisión del gobierno soviético de retirar los misiles sin consultar al gobierno cubano, generó un incremento de la insatisfacción en la administración de la isla. Sin embargo las relaciones con la URSS eran vitales para el gobierno revolucionario, por lo que se procedió al reestablecimiento de las alianzas, reafirmándose el carácter marxista-leninista de la Revolución.

Tulio Halperin afirma que "Fidel es un hueso duro de roer para la Unión Soviética. El líder cubano se sale de todos los cánones tradicionales de sus aliados". El autor afirma que hasta Miroyán, embajador soviético encargado de suavizar la tensión por la crisis en Cuba, le comentó al Che Guevara en su primera visita a Cuba, "la revolución cubana es un fenómeno que Marx no había previsto."[94]

6. 1963. El fin del proyecto Kennedy.

El bloqueo económico contra Cuba, planificado por la administración Kennedy, no había debilitado al gobierno revolucionario, mientras se estrechaban las relaciones económicas, comerciales y políticas, culturales y militares con la Unión Soviética y el bloque socialista. La Operación Mangosta se suspendió tras la crisis de los misiles en octubre de 1962, porque como señala explícitamente Nieto: "tal operación en un completo fracaso."[95]

La política de defensa a las democracias y en contra de las dictaduras de Kennedy, se desplomó a principios de 1963 tras una secuencia de golpes militares contra gobiernos constitucionales que la administración norteamericana acaba reconociendo.

Es el caso del derrocamiento de Arturo Frondizi en Argentina, Carlos Julio Arosemena en Ecuador, Manuel Prado y Ugarreche en Perú, Juan Bosh en la República Dominicana y Ramón Villeda Morales en Honduras.

Nieto expone un artículo publicado en el Herald Tribune en octubre de 1963, donde se especifica la nueva política de Kennedy hacia los gobiernos militares, tras la Crisis de Octubre.

Explicada por Edwin Martin, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, argumentaba que había que cooperar con las Fuerzas Armadas latinoamericanas en tiempos de paz, "para ayudarlos a mantener un papel más constructivo…mantener la seguridad interna, a que trabajen en programas cívico-militares y en la formulación de políticas internacionales", poniendo ejemplo de dictadores que realizaron importantes reformas sociales.[96]

Nieto denuncia que esa nueva política era contraria a las disposiciones constitucionales que les asignaban la defensa a los gobiernos nacionales soberanos, lo que constituía uno de lo legados más controvertidos de la administración Kennedy, la participación de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna y en el control del orden público por Wahington, que se convertirá en "una brutal represión, en campañas de "pacificación" contrainsurgente y en las guerras sucias contra la población civil por varias décadas"[97]

La Alianza para el Progreso de Kennedy, una de las iniciativas más importantes de su gobierno, comenzó a fracasar tras tres años. Para Sorensen las razones del fracaso se centran en la ineficiencia o renuncia de los gobiernos latinoamericanos para realizar los cambios estructurales y políticos comprometidos, así como la oposición de los sectores de poder económico a estos cambios, especialmente a la reforma agraria.[98]

Resulta interesante para el análisis histórico de los sucesos de la época Kennedy, el estudio en profundidad de las mentalidades de estos líderes. En este aspecto A. Schlesinger recoge las entrevistas realizadas por Jean Daniel, periodista del diario parisino L´Express, en noviembre de 1963.[99]

La entrevista personal con Kennedy resulta sorprendente para el investigador. En primer lugar por el reconocimiento del presidente de los Estados Unidos de que Cuba ha estado sujeta más que ningún otro país en el mundo a la colonización económica, humillaciones y explotación, en parte por los políticos de Estados Unidos a favor del régimen de Batista.

El autor afirmaba que el presidente pensaba que Estados Unidos había creado, construido y fabricado el movimiento castrista sin darse cuenta, en base a un fragmento donde Kennedy afirma: "Yo he comprendido a los cubanos, aprobé la proclama de Fidel Castro en Sierra Maestra…e iré más lejos: hasta cierto límite Batista es la encarnación de un número de pecados de Estados Unidos y ahora tenemos que pagar por ellos". Las declaraciones del presidente de Estados Unidos confirman la argumentación que pretendemos en este trabajo, en base a las conclusiones que vienen otorgando las fuentes y nos indica nuestro sentido común.

A continuación, sin embargo, Kennedy adopta una postura de crítica a la Revolución, hablando de traición a las promesas en Sierra Maestra y acusando a Castro de agente soviético en América Latina, llevando al mundo al borde de la guerra nuclear

Por otra parte Fidel se entrevistó con Jean Daniel entre el 19 y el 22 de noviembre, intrigado por los comentarios del presidente norteamericano sobre Batista. Afirmaba respetar a Kennedy y admirarlo, a pesar de su hostigamiento y agresión hacia Cuba, siendo el primer presidente de Estados Unidos en entender la posibilidad de una existencia entre capitalistas y socialistas.

Schlesinger señala cómo influyó la noticia del asesinato de Kennedy en Fidel, que lamentándose afirmó: "Ésta es una mala noticia...todo cambió y todo va a cambiar… La guerra fría, las relaciones con la Unión Soviética, América Latina, Cuba, la cuestión de los negros… todo tendrá que ser repensado… este es un asunto muy grave."[100]

7. Tras Kennedy: Lyndon B. Johnson.

Como sucesor del presidente asesinado, Johnson prometía continuar las políticas de Kennedy. Sin embargo respecto a América Latina no estaba interesado especialmente, preocupado por las grandes potencias comunistas.

Schlesinger señala un comentario del nuevo presidente tras asumir el cargo, suficientemente explícito para darnos una idea de la mentalidad de este individuo: "Esos latinoamericanos, descalzos y hambrientos, toman todo hasta que alguien los detiene."[101]

La política de "tolerancia 0" con los regímenes socialistas se intensificó, regresando al apoyo de golpes militares, como señala Clara Nieto, "para impedir la cubanización de otros países…de nuevo blande el gran garrote."[102]

En primer lugar reconoció en 1964 el golpe del general Barrientos en Bolivia, que derrocó al presidente constitucional Víctor Paz Estenssoro, apoyando a su vez abiertamente el golpe militar en Brasil contra Goulart, también de carácter democrático y constitucional.

Nieto afirma que la CIA, a través de su embajador el coronel Vernon Walters, como agregado militar, conspiraban con los militares brasileños, enviando Johnson una escuadra de guerra para intervenir, dirigida por Walters, de la inteligencia del ejército norteamericano.

La autora confirma la implicación directa de Johnson en el golpe a través del análisis de la investigación de Ellen Roy y William Schaap.[103] En el artículo se denuncia la amistad de este personaje con el mariscal Castelo Branco, líder del golpe, instruido en Fort Leaven Worth, Kansan, por Walters, futuro subdirector de la CIA en 1972.

Exponen también documentos donde se registran las felicitaciones de Lyndon Johnson a los generales por la "constitucionalidad" del golpe.

El resultado fue la imposición de una dictadura neofascista, pionera dentro del régimen de Seguridad Nacional, que mantuvo estrechas relaciones con los gobernantes estadounidenses, asesinando y desapareciendo a sus adversarios políticos con tácticas de guerra sucia, suprimiendo a más de 25 mil personas.

La crisis de Panamá, en enero de 1964 y la intervención de militares estadounidenses asesinando a estudiantes manifestantes, supuso un enfrentamiento diplomático entre la ONU y la OEA, que por primera vez convocó a su Órgano de Consulta bajo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), contra Estados Unidos por la acción militar. Todos los países de América Latina apoyaron a Panamá, absteniéndose sólo el gobierno chileno.

A. Schlesinger afirma que el incidente en Panamá fue calificado de vergonzoso por la opinión pública norteamericana, significada por R. Kennedy, que tachó de torpe el manejo del asunto por parte de Johnson.[104]

Por otra parte la intervención unilateral en República Dominicana entre abril y mayo de 1965, conllevó nuevas críticas a la presidencia norteamericana por la ONU y la OEA. Como respuesta en la X Reunión de Consulta de la OEA, Estados Unidos logró una mayoría necesaria para camuflar esa intervención multilateral, con la creación de la Fuerza Interamericana de Paz.[105] Sin embargo el suceso se convirtió en un escándalo criticado por numerosos países latinoamericanos, la prensa estadounidense como el New York Times y Robert Kennedy.

Eric Goldman sin embargo señala cómo la mayoría de la opinión pública norteamericana apoyó a su presidente, "satisfecha con la forma eficiente de cómo ha apagado ese nuevo foco revolucionario."[106]

La legitimación del gobierno de Estados Unidos para intervenir en los asuntos de otro país se aprobó por la Cámara de Representantes en septiembre de 1965, denominada "doctrina Johnson". El objeto continuaría siendo la lucha contra el socialismo, coordinado las políticas de los gobiernos aliados, especialmente las dictaduras del Cono Sur americano, contra la penetración "comunista internacional".[107]

8. Fines de la década de 1960. Consecuencias del período en la actualidad.

El final de la década de los 60 representó el inicio presidencial de Richard Nixon (1968-1974). Perteneciente al partido republicano, pretendió una apertura internacional con la Unión Soviética y la República Popular China, así como el fin de la intervención en Vietnam.

Sin embargo intensificó durante el primer año de su mandato el incremento de las operaciones encubiertas en Cuba, aunque Nieto afirma que se relajaron las tensiones, puesto que la isla no era prioridad del gobierno, centrado en la URSS y en China.[108]

Partes: 1, 2, 3


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