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La Revolución Francesa (página 2)




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Más de un siglo antes de que Luis XVI ascendiera al trono (1774), el Estado francés había sufrido periódicas crisis económicas motivadas por las largas guerras emprendidas durante el reinado de Luis XIV, y la mala administración de los asuntos nacionales en el reinado de Luis XV, donde Francia participó en tres guerras. Tras la primera, la guerra de Sucesión polaca, Francia cedió Lorena al destronado soberano polaco Estanislao I. La segunda, la guerra de Sucesión austriaca, que marcó el inicio de un enfrentamiento colonial con Gran Bretaña, no fue decisiva. En la última, la guerra de los Siete Años, Francia, paralizada por la corrupción y la mala administración, perdió casi todas sus posesiones de ultramar (Canadá y la India) en favor de los británicos. La política exterior francesa de esta época fue caótica debido a la diplomacia secreta de Luis, ya que, a veces, sus agentes en otros países perseguían objetivos que contradecían los objetivos de sus propios ministros. La situación mejoró algo en la década de 1760, cuando un nuevo ministro, el duque de Choiseul, estableció un poco de orden en el gobierno y trató de reparar el daño causado por la guerra de los Siete Años, las cuantiosas pérdidas que acarreó la Guerra Francesa e India (1754-1763) y el aumento de la deuda generado por los préstamos a las colonias británicas de Norteamérica durante la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783). Los defensores de la aplicación de reformas fiscales, sociales y políticas comenzaron a reclamar con insistencia la satisfacción de sus reivindicaciones durante el reinado de Luis XVI. En agosto de 1774, el rey nombró controlador general de Finanzas a Anne Robert Jacques Turgot, un hombre de ideas liberales que instituyó una política rigurosa en lo referente a los gastos del Estado. No obstante, la mayor parte de su política restrictiva fue abandonada al cabo de dos años y Turgot se vio obligado a dimitir por las presiones de los sectores reaccionarios de la nobleza y el clero, apoyados por la reina, María Antonieta de Austria. Su sucesor, el financiero y político Jacques Necker tampoco consiguió realizar grandes cambios antes de abandonar su cargo en 1781, debido asimismo a la oposición de los grupos reaccionarios. Sin embargo, fue aclamado por el pueblo por hacer público un extracto de las finanzas reales en el que se podía apreciar el gravoso coste que suponían para el Estado los estamentos privilegiados. La crisis empeoró durante los años siguientes. El pueblo exigía la convocatoria de los Estados Generales (una asamblea formada por representantes del clero, la nobleza y el tercer estado), cuya última reunión se había producido en 1614, y el rey Luis XVI accedió finalmente a celebrar unas elecciones nacionales en 1788. La censura quedó abolida durante la campaña y multitud de escritos que recogían las ideas de la Ilustración circularon por toda Francia. Necker, a quien el monarca había vuelto a nombrar interventor general de Finanzas en 1788, estaba de acuerdo con Luis XVI en que el número de representantes del tercer estado (el pueblo) en los Estados Generales fuera igual al del primer estado (el clero) y el segundo estado (la nobleza) juntos, pero ninguno de los dos llegó a establecer un método de votación.

A pesar de que los tres estados estaban de acuerdo en que la estabilidad de la nación requería una transformación fundamental de la situación, los antagonismos estamentales imposibilitaron la unidad de acción en los Estados Generales, que se reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789. Las delegaciones que representaban a los estamentos privilegiados de la sociedad francesa se enfrentaron inmediatamente a la cámara rechazando los nuevos métodos de votación presentados. El objetivo de tales propuestas era conseguir el voto por individuo y no por estamento, con lo que el tercer estado, que disponía del mayor número de representantes, podría controlar los Estados Generales. Las discusiones relativas al procedimiento se prolongaron durante seis semanas, hasta que el grupo dirigido por Emmanuel Joseph Sieyès y el conde de Mirabeau se constituyó en Asamblea Nacional el 17 de junio. Este abierto desafío al gobierno monárquico, que había apoyado al clero y la nobleza, fue seguido de la aprobación de una medida que otorgaba únicamente a la Asamblea Nacional el poder de legislar en materia fiscal.

La era de la Ilustración; el Siglo de las Luces

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El Gran Siglo de las Luces o Ilustración, es el término que se ha utilizado para describir las tendencias en el pensamiento y la literatura en Europa y en toda América durante el siglo XVIII previas a la Revolución Francesa. La frase fue empleada con mucha frecuencia por los propios escritores de este periodo, convencidos de que emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad.

Los precursores de la Ilustración pueden remontarse al siglo XVII e incluso antes. Abarcan las aportaciones de grandes racionalistas como René Descartes y Baruch Espinosa, los filósofos políticos Thomas Hobbes y John Locke y algunos pensadores escépticos galos de la categoría de Pierre Bayle o Jean Antoine Condorcet.

Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de la época debía ser "atreverse a conocer". Surgió un deseo de reexaminar y cuestionar las ideas y los valores recibidos, de explorar nuevas ideas en direcciones muy diferentes; de ahí las inconsistencias y contradicciones que a menudo aparecen en los escritos de los pensadores del siglo XVIII. Muchos defensores de la Ilustración no fueron filósofos según la acepción convencional y aceptada de la palabra; fueron vulgarizadores comprometidos en un esfuerzo por ganar adeptos. Les gustaba referirse a sí mismos como el "partido de la humanidad", y en un intento de orientar la opinión pública a su favor, imprimieron panfletos, folletos anónimos y crearon gran número de periódicos y diarios. En España, "las luces" penetraron a comienzos del siglo XVIII gracias a la obra, prácticamente aislada y solitaria, pero de gran enjundia del fraile benedictino Benito Jerónimo Feijoo, el pensador crítico y divulgador más conocido durante los reinados de los primeros reyes Borbones. Escribió Teatro crítico universal (1739), en nueve tomos y Cartas eruditas (1750), en cinco volúmenes más, en los que trató de recoger todo el conocimiento teórico y práctico de la época.

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Francia conoció, más que ningún otro país, un desarrollo sobresaliente de estas ideas y el mayor número de propagandistas de las mismas. Fue allí donde el filósofo, político y jurista Charles-Louis de Montesquieu, uno de los primeros representantes del movimiento, empezó a publicar varias obras satíricas contra las instituciones existentes, así como su monumental estudio de las instituciones políticas, El espíritu de las leyes (1748). Fue en París donde Denis Diderot, autor de numerosos panfletos filosóficos, emprendió la edición de la Enciclopedia (1751-1772). Esta obra, en la que colaboraron numerosos autores, fue concebida como un compendio de todos los conocimientos y a la vez como un arma polémica, al presentar las posiciones de la Ilustración y atacar a sus oponentes. Sin duda, el más influyente y representativo de los escritores franceses fue Voltaire. Inició su carrera como dramaturgo y poeta, pero es más conocido por sus prolíficos panfletos, ensayos, sátiras y novelas cortas, en los que popularizó la ciencia y la filosofía de su época, y por su voluminosa correspondencia con escritores y monarcas de toda Europa. Gozaron de prestigio las obras de Jean Jacques Rousseau, cuyo Contrato social (1762), el Emilio, o la educación (1762) y Confesiones (1782) tendrían una profunda influencia en posteriores teorías políticas y educativas y sirvieron como impulso literario al romanticismo del siglo XIX. La Ilustración fue también un movimiento cosmopolita y antinacionalista con numerosos representantes en otros países. Kant en Alemania, David Hume en Escocia, Cesare Beccaria en Italia y Benjamín Franklin y Thomas Jefferson en las colonias británicas mantuvieron un estrecho contacto con los ilustrados franceses, pero fueron importantes exponentes del movimiento. La Ilustración penetró tanto en España como en los dominios españoles de América.

A finales del siglo XVIII surgieron algunos cambios en el pensamiento de la Ilustración. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción llegaron a ser tan respetables como la razón. En la década de 1770 los escritores ensancharon su campo de crítica para englobar materias políticas y económicas. De mayor importancia en este aspecto fue la experiencia de la guerra de la Independencia estadounidense (en las colonias británicas). A los ojos de los europeos, la Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria anunciaron que, por primera vez, algunas personas iban más allá de la mera discusión de ideas ilustradas y las estaban aplicando. Es probable que la guerra alentara los ataques y críticas contra los regímenes europeos existentes.

Suele decirse que el Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa de 1789, pero no son pocos los que contemplan e interpretan la inquietud política y social de este periodo como causa desencadenante de la Revolución. Al incorporar muchas de las ideas de los ilustrados, la Revolución, en sus etapas más difíciles, entre 1792 y 1794, sirvió para desacreditar estas ideas a los ojos de muchos europeos contemporáneos. El enorme impacto que la Revolución Francesa causó en España, tras la muerte de Luis XVI, así como en los dominios españoles de América, provocó una violenta persecución de las personas más representativas de las nuevas ideas. Se estableció una censura total y se cerraron las fronteras, prohibiéndose el paso de todo tipo de libros y folletos, o su embarque hacia América.

De lo que no cabe duda es que la Ilustración dejó una herencia perdurable en los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en el siglo XX.

Causas de la Revolución Francesa

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Para el siglo XVll Francia era un agregado de pueblos desunidos. Las regiones del norte se las denominaba Bailías y en ellos se aplicaba el Derecho consuetudinario y las regiones del sur se las denominaba Senescalías y en ellas regía el Derecho Romano.

En términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político; el descontento de las clases populares, porque sobre ellos pesaba la mayor cantidad de pago de impuestos así como la situación de miseria en la que vivían; la expansión de las nuevas ideas liberales de la ilustración de Locke, Voltaire, Rousseau; la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la independencia de Estados Unidos.

Desde el punto de vista económico, la inmanejable deuda del estado fue exacerbada por un sistema de extrema desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados, nobleza y clero, no tenían obligación de pagar, pero que sí oprimía al resto de la sociedad. Hubo un aumento de los gastos del Estado simultáneo a un descenso de la producción agraria de terratenientes y campesinos, lo que produjo una grave escasez de alimentos en los meses precedentes a la Revolución. Las tensiones, tanto sociales como políticas, mucho tiempo contenidas, se desataron en una gran crisis económica a consecuencia de los dos hechos puntuales señalados: la colaboración interesada de Francia con la causa de la independencia estadounidense (que ocasionó un gigantesco déficit fiscal) y el aumento de los precios agrícolas.

El conjunto de la población mostraba un resentimiento generalizado dirigido hacia los privilegios de los nobles y el dominio de la vida pública por parte de una ambiciosa clase profesional y comerciante, para quien el ejemplo del proceso revolucionario estadounidense abrió los horizontes de cambio político.

Debido a la grave crisis financiera el rey y su ministro Calonne en 1786 llamó a la reunión de una asamblea nacional, la convocatoria fue un motivo de preocupación para la oposición, por cuanto existía la creencia de que no era otra cosa que un intento, por parte de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo.

El tercer impacto de los Estados Generales fue de gran tumulto político, particularmente por la determinación del sistema de votación. El Parlamento de París propuso que se mantuviera el sistema de votación que se había usado en 1614. Se sabía, que en dicha asamblea habían estado representados (con el mismo número de miembros) la nobleza (Primer Estado), el clero (Segundo Estado) y la burguesía (Tercer Estado). Inmediatamente, un grupo de liberales parisinos denominado «Comité de los Treinta», compuesto principalmente por gente de la nobleza, comenzó a protestar y agitar, reclamando que se duplicara el número de asambleístas con derecho a voto del Tercer Estado (es decir, los «Comunes»). El gobierno aceptó esta propuesta, pero dejó a la Asamblea la labor de determinar el derecho de voto. Este cabo suelto creó gran tumulto. El rey y una parte de la nobleza no aceptaron la situación. Los miembros del Tercer Estamento se autoproclamaron Asamblea Nacional, y se comprometieron a escribir una Constitución.

Posteriormente la nobleza buscó el apoyo real y el monarca ordenó clausurar la sala de sesiones el 19 de julio; pero se decidieron reunir en la sala de Juego de la Pelota, donde realizaron el juramento del juego de la pelota en virtud de la cual no se separarían hasta haber dado a Francia una nueva constitución.

El Rey Luis XVl anuló todo lo dicho en la asamblea y mandó a toda la guardia oficial a sacar a todos los diputados pero algunos nobles que se encontraron allí reunidos como la Fayette y demás notables los defendieron con sus espadas y la acción se detuvo. Para el 9 de julio adoptó la denominación de Asamblea Nacional Constituyente.

El rey desesperado destituyó a Necker, además llamó a Versalles a todas las fuerzas militares dando origen al levantamiento popular que terminó con la toma de la bastilla el 14 de julio de 1789.

El pueblo tomó las armas y junto a los burgueses franceses se dio origen a la Guardia Nacional, llamada Primerio; guardia burguesa; que fue destinada a proteger la asamblea, a los diputados y al proyecto de constitución; el pueblo enardecido asaltó primero el cuartel de los inválidos, donde obtuvo tres mil fusiles y algunos cañones y de allí se dirigió a la bastilla que significaba todo el pasado que se trataba de superar: el despotismo, la arbitrariedad, la injusticia, y el terror; después de una lucha que tuvo 200 bajas entre muertos y heridos se logró tomar la bastilla el 14 de julio de 1789.

La asamblea estableció:

  • Supresión de los derechos señoriales y de otros irritantes privilegios

  • Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano

  • Confiscación de los bienes de la iglesia

  • Reemplazo de los antiguos impuestos, por contribuciones directas sobre el producto neto de la tierra, el comercio y los alquileres.

  • Establecimiento del registro civil y de un nuevo régimen para el clero

  • Constitución de 1791

Para el 5 y 6 de octubre debido a la exigencia del pueblo el rey abandonó Versalles y se trasladó a París.

El 20 de junio de 1791, Luis XVI, opuesto al curso que iba tomando la Revolución, huyó junto con su familia de las Tullerías –Su residencia real en París-. Sin embargo, al día siguiente cometió la imprudencia de dejarse ver, fue arrestado en Varennes por un oficial del pueblo y devuelto a París escoltado por la guardia. A su regreso a París el pueblo se mantuvo en silencio, y tanto él como su esposa, María Antonieta, y sus dos hijos permanecieron bajo custodia. Aun cuando existía una fuerte corriente política que favorecía la monarquía constitucional, al final venció la tesis de mantener al rey como una figura decorativa. Luego La Asamblea redactó la Constitución y el rey fue restituido, aceptándola. El rey pronunció un discurso ante la Asamblea, que fue acogido con un fuerte aplauso. La Asamblea Constituyente cesó en sus funciones el 29 de septiembre de 1791.

La constitución de 1791 establecía:

  • La monarquía constitucional

  • Reformas sociales

  • Un sistema de sufragio limitado

  • Una nueva división administrativa

  • Un nuevo método de percepción de impuestos

Uno de los puntos de la nueva constitución era La Asamblea Legislativa; que se reunió por primera vez el 1 de octubre de 1791, degenerando en un caos después. Sucedió a la Asamblea Constituyente. Al decidir ésta que ninguno de sus miembros podría ser reelegido, quedó formada por hombres nuevos y representaba mayoritariamente a la burguesía rica, al ser el sufragio censatario. La Asamblea Legislativa tuvo que enfrentarse a las dificultades económicas y financieras y a la agitación religiosa y contrarrevolucionaria azuzada por el clero refractario. Sus principales actividades fueron:

  • 8 de noviembre de 1791: Se declara a los emigrados culpables de conspiración, se ordena que sean perseguidos como tales y condenados a muerte si no regresaban antes del 1 de enero de 1792.

  • 20 de abril de 1792: Declaración de guerra al emperador Francisco II. La corte apoyó esta medida, ya que esperaba que los fracasos militares permitieran al rey recuperar el mando. Esta declaración de guerra fue votada por casi unanimidad. Sólo tuvo siete votos en contra (entre ellos el de Maximiliano Robespierre) e inició un conflicto que con diversas pausas duró 23 años, hasta la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815).

  • 26 de mayo: deportación de los eclesiásticos que rechazan someterse a la constitución civil del clero

  • 11 de julio: Se declara peligro para la Patria. A partir de ese momento, las sesiones de la Asamblea deben ser permanentes, todos los ayuntamientos y todos los consejos de distrito y de departamento deben reunirse sin interrupción, todos los guardias nacionales deben movilizarse.

  • 10 de agosto: el rey es suspendido en sus funciones, y se convoca una nueva asamblea, elegida por sufragio universal, que recibirá el nombre de Convención Nacional. Esta resolución se votó tras las jornadas revolucionarias de 20 de junio y sobre todo de 10 de agosto de 1792

La Convención

El poder legislativo de la nueva República estuvo a cargo de la Convención, mientras que el poder ejecutivo recayó sobre el Comité de Salvación Nacional. En el Manifiesto de Brunswick, los Ejércitos Imperiales y de Prusia amenazaron con invadir Francia si la población se resistía al restablecimiento de la monarquía. Esto ocasionó que Luis XVI fuera visto como conspirador con los enemigos de Francia. El 17 de enero de 1793, la Convención condenó al rey a muerte por una pequeña mayoría, acusándolo de «conspiración contra la libertad pública y la seguridad general del Estado». El 21 de enero el rey fue ejecutado, lo cual encendió nuevamente la mecha de la guerra con otros países europeos. La reina María Antonieta, nacida en Austria y hermana del Emperador, fue ejecutada el 16 de octubre del mismo año, iniciándose así una revolución en Austria para sustituir a la reina. Esto provocó la ruptura de toda relación entre ambos países.

EL REINO DEL TERROR

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El mismo día en el que se reunía la Convención (20 de septiembre de 1792), todas las tropas francesas (formadas por tenderos, artesanos y campesinos de toda Francia) derrotaron por primera vez a un ejército prusiano en Valmy, lo cual señalaba el inicio de las llamadas Guerras Revolucionarias Francesas. El poder fue entregado a un Directorio formado por cinco miembros.

Sin embargo, la situación económica seguía empeorando, lo cual dio origen a revueltas de las clases más pobres. Los llamados sans-culottes expresaban su descontento por el hecho de que la Revolución francesa no sólo no estaba satisfaciendo los intereses de las clases bajas sino que incluso algunas medidas liberales causaban un enorme perjuicio a estas (libertad de precios, libertad de contratación, etc.). Al mismo tiempo se comenzaron a gestar luchas antirrevolucionarias en diversas regiones de Francia. En la Vandea, un levantamiento popular fue especialmente significativo: campesinos y aldeanos se alzaron por el rey y las tradiciones católicas, provocando la llamada Guerra de Vandea, reprimida tan cruentamente por las autoridades revolucionarias parisinas que se ha llegado a calificar de genocidio. Por otra parte, la guerra exterior amenazaba con destruir la Revolución y la República. Todo ello motivó la trama de un golpe de estado por parte de los jacobinos

Los jacobinos llevarían en su política algunas de las reivindicaciones de los sans-culottes y las clases bajas, pero no todas sus reivindicaciones serían aceptadas, y jamás se cuestionó la propiedad privada. Los jacobinos no pusieron nunca en duda el orden liberal, pero sí llevaron a cabo una democratización del mismo, pese a la represión que desataron contra los opositores políticos (tanto conservadores como radicales).

Se redactó en 1793 una nueva Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, y una nueva constitución de tipo democrático que reconocía el sufragio universal. El Comité de Salvación Pública cayó bajo el mando de Maximilien Robespierre y los jacobinos desataron lo que se denominó el Reinado del Terror (1793–1794).

María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre, y 21 destacados girondinos murieron guillotinados el 31 del mismo mes. Tras estas represalias iniciales, miles de monárquicos, sacerdotes, girondinos y otros sectores acusados de realizar actividades contrarrevolucionarias o de simpatizar con esta causa fueron juzgados por los tribunales revolucionarios, declarados culpables y condenados a morir en la guillotina. El número de personas condenadas a muerte en París ascendió a 2.639, más de la mitad de las cuales (1.515) perecieron durante los meses de junio y julio de 1794. Las penas infligidas a los traidores o presuntos insurgentes fueron más severas en muchos departamentos periféricos, especialmente en los principales centros de la insurrección monárquica. Los tribunales y los comités revolucionarios fueron responsables de la ejecución de casi 17 mil ciudadanos en toda Francia. El número total de víctimas durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. Entre los condenados por los tribunales revolucionarios, aproximadamente el 8% eran nobles, el 6% eran miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y el 70% eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, de deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos. Fue el clero católico el que sufrió proporcionalmente las mayores pérdidas entre todos estos grupos sociales. El odio anticlerical se puso de manifiesto también en la abolición del calendario juliano en octubre de 1793, que fue reemplazado por el calendario republicano. El Comité de Salvación Pública, presidido por Robespierre, intentó reformar Francia basándose de forma fanática en sus propios conceptos de humanitarismo, idealismo social y patriotismo. El Comité, movido por el deseo de establecer una República de la Virtud, alentó la devoción por la república y la victoria y adoptó medidas contra la corrupción y el acaparamiento. Asimismo, el 23 de noviembre de 1793, la Comuna de París ordenó cerrar todas las iglesias de la ciudad —esta decisión fue seguida posteriormente por las autoridades locales de toda Francia— y comenzó a promover la religión revolucionaria, conocida como el Culto a la Razón. Esta actitud, auspiciada por el jacobino Pierre Gaspard Chaumette y sus seguidores extremistas, acentuó las diferencias entre los jacobinos centristas, liderados por Robespierre, y los fanáticos, una fuerza poderosa en la Convención y en la Comuna de París.

Durante este tiempo, el signo de la guerra se había vuelto favorable para Francia. El general Jean Baptiste Jourdan derrotó a los austriacos el 16 de octubre de 1793, iniciándose así una serie de importantes victorias francesas.

En 1794, Robespierre procedió a ejecutar a ultra-radicales y a jacobinos moderados. Su popularidad, sin embargo, comenzó a erosionarse. La disputa entre el Comité de Salvación Pública y el grupo extremista liderado por Hébert, concluyó con la ejecución de éste y sus principales acólitos el 24 de marzo de 1794. Dos semanas después, Robespierre emprendió acciones contra los seguidores de Danton, que habían comenzado a solicitar la paz y el fin del reinado del Terror. Georges-Jacques Danton y sus principales correligionarios fueron decapitados el 6 de abril. Robespierre perdió el apoyo de muchos miembros importantes del grupo de los jacobinos, especialmente de aquéllos que temían por sus propias vidas, a causa de estas represalias masivas contra los partidarios de ambas facciones. La Convención aprobó una nueva Constitución el 17 de agosto de 1795, ratificada el 26 de septiembre en un plebiscito.

Desde sus primeros momentos, el Directorio tropezó con diversas dificultades, a pesar de la gran labor que realizaron políticos. Muchos de estos problemas surgieron a causa de los defectos estructurales inherentes al aparato de gobierno; otros, por la confusión económica y política generada por el triunfo del conservadurismo. El Directorio heredó una grave crisis financiera, que se vio agravada por la depreciación de los asignados (casi en un 99% de su valor). Aunque la mayoría de los líderes jacobinos habían fallecido, se encontraban en el extranjero u ocultos, su espíritu pervivía aún entre las clases bajas. En los círculos de la alta sociedad, muchos de sus miembros hacían campaña abiertamente en favor de la restauración monárquica. Las agrupaciones políticas burguesas, decididas a conservar su situación de predominio en Francia, por la que tanto habían luchado, no tardaron en apreciar las ventajas que representaba reconducir la energía desatada por la población durante la Revolución hacia fines militares. Existían aún asuntos pendientes que resolver con el Sacro Imperio Romano. Además, el absolutismo, que por naturaleza representaba una amenaza para la Revolución, continuaba dominando la mayor parte de Europa. La nueva legislación confería el poder ejecutivo a un Directorio, formado por cinco miembros llamados directores. El poder legislativo sería ejercido por una asamblea bicameral, compuesta por el Consejo de Ancianos (250 miembros) y el Consejo de los Quinientos.

Napoleón y la toma del poder

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La nueva Constitución encontró la oposición de grupos monárquicos y jacobinos. Hubo diferentes revueltas que fueron reprimidas por el ejército, todo lo cual motivó que el general Napoleón Bonaparte, retornado de su campaña en Egipto, diera el 9 de noviembre de 1799 un golpe de estado (18 de Brumario, según el calendario republicano) instalando el Consulado.

El Consulado daba a Napoleón de forma efectiva poderes dictatoriales, cerrando con esto el capítulo histórico de la Revolución francesa. El cargo de cónsules lo ostentaron Napoleón Bonaparte, Sieyès y Ducos temporalmente hasta el 12 de diciembre de 1799. Posteriormente, Sieyés y Ducos fueron reemplazados por Jean Jacques Régis de Cambacérès y Charles-François Lebrun, quienes siguieron en el cargo hasta 1804, cuando Napoleón fue coronado Emperador de los Franceses.

Consecuencias de la revolución francesa

  • La influencia de la Revolución Francesa fue enorme. El gobierno, la economía y las relaciones sociales fueron modificados por ella, no sólo en Francia sino en gran parte de Europa. Sus ideas y sus hechos repercutieron en el resto del mundo.

  • Los ideales revolucionarios pasaron a integrar la plataforma de las reformas liberales de Francia y Europa, así como sirvieron de motor ideológico a las naciones latinoamericanas, que buscaban su independencia de la Corona española.

  • La Declaración De Los Derechos Del Hombre Y Del Ciudadano, que consagró los fundamentos principales de los derechos humanos.

  • La abolición de la monarquía absoluta en Francia. Asimismo, este proceso puso fin a los privilegios de la aristocracia y el clero. La servidumbre, los derechos feudales y los diezmos fueron eliminados; las propiedades se disgregaron y se introdujo el principio de distribución equitativa en el pago de impuestos. Gracias a la redistribución de la riqueza y de la propiedad de la tierra Francia pasó a ser el país europeo con mayor proporción de pequeños propietarios independientes.

  • Las transformaciones sociales y económicas iniciadas durante este periodo fueron la supresión de la pena de prisión por deudas, la introducción del sistema métrico y la abolición del carácter prevaleciente de la primogenitura en la herencia de la propiedad territorial.

  • La implantación del sistema educativo laico y muy centralizado, que comenzó durante el Reinado del Terror y concluyó durante el gobierno de Napoleón; la Universidad de Francia y el Instituto de Francia (Institut de France) fueron creados también en este periodo. Todos los ciudadanos, independientemente de su origen o fortuna, podían acceder a un puesto en la enseñanza, cuya consecución dependía de exámenes de concurso.

  • La reforma y codificación de las diversas legislaciones provinciales y locales, que quedó plasmada en el Código Napoleónico, ponía de manifiesto muchos de los principios y cambios propugnados por la Revolución: la igualdad ante la ley, el derecho de habeas corpus y disposiciones para la celebración de juicios justos. El procedimiento judicial establecía la existencia de un tribunal de jueces y un jurado en las causas penales, se respetaba la presunción de inocencia del acusado y éste recibía asistencia letrada.

  • La Revolución también desempeñó un importante papel en el campo de la religión. Los principios de la libertad de culto y la libertad de expresión tal y como fueron enunciados en la Declaración de Derechos del hombre y del ciudadano, pese a no aplicarse en todo momento en el periodo revolucionario, condujeron a la concesión de la libertad de conciencia y de derechos civiles para los protestantes y los judíos. La Revolución inició el camino hacia la separación de la Iglesia y el Estado.

Trascendencia de la Revolución Francesa con la actualidad

Los ideales revolucionarios pasaron a integrar la plataforma de las reformas liberales de Francia y Europa en el siglo XIX, así como sirvieron de motor ideológico a las naciones latinoamericanas independizadas en ese mismo siglo, y continúan siendo hoy las claves de la democracia.

Muchos de los logros alcanzados en ese tiempo han tenido gran trascendencia en el mundo ya que sirvió de base fundamental para que los seres humanos en general conozcan sus derechos y deberes a pesar de que éstos ya existían antes de que se de la Revolución.

Se habla de la igualdad, libertad y fraternidad, entre las personas y los pueblos, que se ha ido desarrollando a lo largo de la historia y ha cambiado la concepción filosófica e ideológica del mundo y de la realidad, con la finalidad exclusiva de mantener y propugnar las buenas relaciones entre todos los hombres del mundo.

En conclusión podemos decir que la Revolución Francesa es una de las fases que marcó en la historia de los hombres; ya que se luchó por erradicar la desigualdad que en aquel entonces existía entre los seres humanos y que aún hoy seguimos persiguiendo; el mismo objetivo de la igualdad y libertad y fraternidad, entre todos los seres humanos, el mismo objetivo que casi 200 años atrás persiguieron los mentalizadores de la mas gloriosa de las revoluciones de la Historia.

Conclusiones

  • 1. La revolución Francesa significo el tránsito de la sociedad estamental, heredera del feudalismo a la sociedad capitalista, basada en una economía de mercado.

  • 2. Fue la primera revolución en la cual participó activamente la mujer que posteriormente la llevaría a su emancipación.

  • 3. Esta revolución fue un momento decisivo que marcaría el comienzo del mundo contemporáneo, dio paso a lo que sería una nueva era muy distinta a la anterior debido a las avances que se realizaron en esta época que será la antecesora de la actual.

  • 4. Los revolucionarios franceses no sólo crearon un nuevo modelo de sociedad y estado, sino que difundieron un nuevo modo de pensar por la mayor parte del mundo.

  • 5. Se creó un modelo de constitución que sería base de las nuevas legislaciones jurídicas del nuevo mundo en especial de los países latinoamericanos que tomarían su ejemplo para redactar sus constituciones propias.

  • 6. se crearon bases jurídicas que serian adoptadas por el resto del mundo para su propia legislación como el juicio, el divorcio, etc.

Bibliografía

  • Los tiempos Modernos y contemporáneos; OSCAR SECCO ELLAURI

  • Historia Universal Ilustrada; Tomo IV; EDICIONES BACH PARA PAÍSES DE HABLA CASTELLANA

  • Curso de Historia Moderna y Contemporánea; DR. EDILBERTO HARBAN ESCOBAR

  • Alfredo L. Drago, Historia 2, Editorial Stella, 1ª edición, 1993, Buenos Aires.

  • Atlas de la historia universal, Clarín, 1994, Santiago de Chile.

  • Enciclopedia Microsoft Encarta 2009, Microsoft Corporation

  • www.Wikipedia, la enciclopedia libre.

  • www.bibliojuridica.org/libros1/4/10/4

  • Matthiez Albert, La Revolución Francesa, Tomos I-II, Editorial Labor, S.A, 5ª Edición, Madrid 1993

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Autor:

Pedro Montalvo

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