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Maltrato infantil y conductas agresivas en estudiantes (página 2)




Partes: 1, 2

Cabe destacar, que los niños, en sus relaciones iniciales (familia -escuela) comienzan a interactuar con otras personas y a manejar sus emociones, centrando ese proceso de socialización principalmente en la adquisición de conductas socialmente aceptadas; no obstante, en ocasiones, los niños por diversas circunstancias pueden emitir conductas socialmente rechazadas o no operativas.

A tal respecto, Bianco, (1998, p. 45) señala como conducta operativa "aquella que aporta beneficios al sujeto contribuyendo a su adaptación social y al mantenimiento de su equilibrio biopsicosocial"; el mismo autor, refiere como conductas no operativas "aquellas que lejos de aportar beneficios para el sujeto contribuyen a su desadaptación social, no aportan beneficios ni para el ni para los demás". Las conductas serán consideradas operativas, en tanto permitan al sujeto adaptarse a su entorno social, o no operativas cuando ocasionen conflictos y una inadecuada interacción con otros.

En ese sentido, los factores que inducen, dirigen y mantienen la conducta agresiva son múltiples; no obstante, la agresividad tiene su génesis generalmente en el seno familiar, donde surgen los esquemas conductuales básicos determinantes del desarrollo personal de sus integrantes.

Es así como, Bandura (1985) establece que los comportamientos de los individuos son producto en gran medida del aprendizaje social, en cuanto a que los mismos son determinados por la intención indiscriminada de las figuras que han sido modelos significativos en la vida del sujeto. Partiendo de lo antes expresado, las conductas agresivas pudieran tener su origen y mantenimiento en el seno familiar, debido a los diversos castigos físicos y verbales que el niño observa y experimenta.

Ahora bien, según los postulados de Bandura (1985), los niños maltratados por lo general provienen de hogares donde los padres maltratadores son personas inmaduras e inestables socialmente que no aprendieron a manejar su agresividad y que por lo general en su infancia y adolescencia tuvieron carencias afectivas y fueron agredidos física y emocionalmente.

De acuerdo al citado autor, es la agresividad entonces, una de las formas de conducta que se aprenden en el hogar (como resultado de un modelo observado de manera directa o indirectamente), en donde las relaciones intrafamiliares ejercen una influencia en su generación y mantenimiento. Cuando los niños exhiben conductas agresivas en su infancia, crecen con ellas formando parte de su repertorio conductual; se convierten en adolescentes y adultos con serios problemas de interrelación personal.

De allí, que estas evidencias requieren de atención, por cuanto esas conductas asumidas en sus hogares son transferidas al salón de clases, perturbando el proceso de formación, creando un clima poco adecuado durante esta etapa de educación,

Ahora bien, tales planteamientos cobran dimensiones reales, requiriendo una necesaria intervención, en la Escuela Básica Parroquial San Alfonso ubicada en Maracaibo Estado Zulia, cuyo objetivo fundamental es la integración social del educando. En dicha institución se ha observando con preocupación conductas agresivas entre de los estudiantes. La problemática se detecto mediante la observación directa de la investigadora como agente activo de la institución, de registros anecdóticos de los docentes de aula, y de las actas de incidencias que reposan en la dirección de la institución, como actos de violencia y conductas agresivas entre los estudiantes.

En ese contexto, es común observar en la institución y en el aula actos de conductas agresivas física mostrada y exteriorizada mediante peleas con sus compañeros (puntapiés, empujones, golpes con las manos, mordidas, halones de cabellos…) otras verbales (insultos, gritos, burlas, obscenidades, amenazas). También se observó como frecuente la arremetida contra los objetos, equipos y pertenencias de otras personas de su entorno, así como la destrucción de trabajos de los compañeros y del material escolar.

Aunado a esa situación, existen indicadores o señales de alarma que indican una situación de riesgo o maltrato infantil, tales como: lesiones físicas repetidas (morados, magulladuras, quemaduras), niños que van a la escuela sucios, malolientes, con ropa inadecuada, entre otros., cansancio o apatía permanente (se suele dormir en el aula), cambios significativos en la conducta escolar sin motivo aparente, conductas agresivas y/o rabietas severas y persistentes, relaciones hostiles y distantes, y actitud hipervigilante (en estado de alerta, receloso).

Así mismo, suele observarse en los niños maltratados conductas sexuales explícitas, juego y conocimientos inapropiados para su edad, evitan ir a casa (permanece más tiempo de lo habitual en el colegio, patio o alrededores), tienen pocos amigos en la escuela, muestra poco interés y motivación por las tareas escolares, después del fin de semana vuelve peor al colegio (triste, sucio), dolores frecuentes sin causa aparente, problemas alimenticios, niño muy glotón o con pérdida de apetito y faltan a clase de forma reiterada sin justificación.

Por otra parte, los padres y/o representantes de estos niños, no acuden nunca a las citas y reuniones del colegio, desprecian y desvalorizan al niño en público, sienten a su hijo como una "propiedad, habitualmente justifican la disciplina rígida y autoritaria inapropiada para la edad del niño, o conocen como única técnica el castigo ante las conductas no operativas manifiestas en sus hijo.

La selección de esta temática respondió al hecho de que las conductas manifiestas de agresión y de violencia, se han observado en aquellos niños que han sido detectados con maltrato de padres y representantes

Por tanto, esta problemática tiene que ser tratada, con el fin de superarla, se puede ayudar a los padres corregir y guiar sus conductas de maltrato o castigo y asimismo lograr un desarrollo socio afectivo operativo en sus hijos.

En virtud de tal situación se desea indagar la relación entre el maltrato infantil y las conductas agresivas de los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Con base a lo antes expuesto, se formuló la siguiente interrogante:

¿Cuál será la asociación entre el maltrato infantil y las conductas agresivas de los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia?

Objetivos de la Investigación

Objetivo General

Determinar la asociación entre el maltrato infantil y las conductas agresivas de los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Objetivos Específicos

Diagnosticar el maltrato físico en los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Diagnosticar la negligencia o abandono en los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Diagnosticar el maltrato emocional en los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Evaluar las manifestaciones emocionales emitidas por los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Evaluar las manifestaciones conductuales emitidas por los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Detectar las conductas agresivas verbales emitidas por los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Identificar las conductas agresivas físicas emitidas por los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Determinar la asociación entre el maltrato infantil y las conductas agresivas de los estudiantes de la I Etapa de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia.

Con base a lo anterior, se hace necesario definir lo que es el maltrato infantil y lo que son las conductas agresivas.

Según, Cárdenas (2004), el maltrato infantil, consiste en dañar la integridad emocional del niño; comprenden todo tipo de manifestaciones verbales y gestuales, humillante desvalorizante, así como el maltrato físico que es hacer uso de la fuerza física para con la intención de castigar o se abusa sexualmente de ellos. Todas estas acciones de conductas maltratadoras psicológicas y físicas suelen dejar secuelas en el niño.

Seguidamente, Barroso, (2004, p.24) define el maltrato infantil como "toda acción, omisión o trato negligente, no accidental, que prive al niño o niña de sus derechos, su bienestar o que amenacen y/o interfieran su ordenado desarrollo físico, psíquico o social, cuyos autores pueden ser personas (familiares o no), instituciones o la propia sociedad".

Para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF,2003), los menores victima de maltrato y el abandono son un segmento de la población conformado por niños, niñas y adolescentes hasta los 18 años que sufren ocasionalmente o habitualmente actos de violencia físicas, sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales, que pueden ser ejecutado por omisión, supresión o trasgresión de los derechos individuales y colectivos pudiendo existir el abandono completo o parcial.

Al respecto, Musito y García (2004) expone que el maltrato infantil se subdivide en dos grupos:

Pasivo: Comprende el abandono físico, que ocurre cuando las necesidades físicas básicas del menor no son atendidas por ningún miembro del grupo que convive con él. También comprende el abandono emocional que consiste en la falta de respuesta a las necesidades de contacto físico y caricias y la indiferencia frente a los estados anímicos del menor.

Activo: comprende el abuso físico que consiste en cualquier acción no accidental por los padres o cuidadores que provoquen daño físico o enfermedad al menor. La intensidad puede variar desde una contusión leve hasta una lesión mortal.

También, comprende el abuso sexual, que consiste en cualquier tipo de contacto sexual con un menor por parte de un familiar, tutor o cualquier otro adulto. La intensidad del abuso puede ir desde el exhibicionismo hasta la violación.

Por último, el abuso emocional el cuál se presenta bajo la forma de hostilidad verbal, crónica (insultos, burlas, desprecios, críticas, amenazas de abandono, etc.) y el bloqueo constante de las iniciativas infantiles (puede llegar hasta el encierro o confinamiento) por parte de cualquier miembro adulto del grupo familiar.

Por su parte, Corbella, (1998, p 76) define la agresividad como: "La forma de reaccionar inadecuadamente, desplegándose para canalizar la frustración" lo que hace pensar que esta viene provocada por acumulación de actos frustrantes que deben ser fluidos a través de una acción, y que pueden tener repercusiones tanto físicas como psicológicas en el individuo.

Otra definición sobre la agresividad es la propuesta por Sierra (citado por Gaspar, 2003) quien expone: "La agresividad es una característica del ser humano, no es un instinto, sino un efecto de la estructura de la crianza, una consecuencia psíquica del desarrollo, por la indefinición inicial y la inmadurez biológica que posee el ser humano a merced del otro"

Por lo tanto se puede definir la agresividad, como una conducta motora o verbal que lastima, burla u ofende a otras personas, animales, objetos o bienes, convirtiéndose en un trastorno conductual que en ocasiones se apoden del individuo.

De tal forma, de acuerdo a las definiciones expuestas, la agresividad es fundamentalmente un deseo o intención (logrado o no) de causar daño a otros o a la propiedad de otros. La agresividad es cualquier forma de conducta que pretende causar daño físico o psicológico a alguien u objeto, ya sea este animado o inanimado.

La conducta agresiva puede aprenderse o imitarse de un modelo, esto ayuda al ser humano en cuanto a que puede obtener aceptación social, dentro del grupo al que pertenece o desea pertenecer. Así se puede ver que el factor socio-cultural en el que se desarrolla el individuo es muy influyente. Dentro de la familia, los modelos a seguir son los padres, los que tiene gran influencia en la conducta agresiva del niño.

De acuerdo a esto, las principales conductas agresivas físicas y verbales son las siguientes:

Agresión Física:

Para efectos de este estudio se consideran:

Golpear: maltratar a otro niño físicamente en cualquier parte del cuerpo.

Destruir objetos: lanzar cualquier objeto contra la pared.

Patear: golpear fuertemente con el pie a otro en cualquier parte del cuerpo.

Empujar: impulsar el cuerpo del otro niño en dirección opuesta al niño que hace la acción, con cualquier parte del tronco, hombros, brazos o glúteos.

Morder: hundir los dientes en cualquier parte del cuerpo de la persona.

Halar el pelo: tomar con los dedos el pelo y estirar con fuerza.

Agresión Verbal:

Para esta investigación se consideraron las siguientes: Amenazar: utilización de palabras amenazantes de manipulación para lograr las peticiones que se desean o cuando otros están en desacuerdos con sus peticiones.

Gritar: levantar estrepitosamente la voz más de lo acostumbrado, como para imponer sus criterios, sin motivo alguno.

Palabras obscenas: es cuando el niño utiliza expresiones soeces para lograr lo que él quiere.

Burlas: palabras con que se procura poner en ridículo a alguien o algo.

Apodos: palabras, frases o etiquetas que usan los niños para descalificar o humillar a sus compañeros.

METODO:

De acuerdo al propósito de la investigación, se tipificó como descriptiva correlacional. Según el problema y los objetivos especificados en este estudio, el diseño seleccionado fue el no experimental, transeccional. En el caso del presente estudio se tomaron como sujetos de investigación solo aquellos casos que fueron reportados por el docente de aula por conducta agresiva, y que a su vez fueron diagnosticados como maltratados por sus padres o cuidadores, lo que representan las unidades informantes, (9 niños).

En el caso de esta investigación, como instrumentos de recolección de datos se diseñaron dos: el primero fue un cuestionario con cuarenta y cinco (45) ítems para medir los indicadores de la variable maltrato infantil, quedando conformado por cinco alternativas de respuestas de tipo frecuencias, cuya nomenclatura u puntuación es la siguiente siempre (S=5), casi siempre (CS=4), algunas veces (AV=3), pocas veces (PV=2) y nunca (N=1). (Anexo A).

De igual manera, el segundo instrumento diseñado fue una guía de observación con diez (10) ítemes para el registro de los indicadores de la variable conductas agresivas. Sus alternativas de respuestas fueron, establecidas con escalas de frecuencias, las cuales estuvieron representadas por: siempre (S=5), casi siempre (CS=4), algunas veces (AV=3), pocas veces (PV=2) y nunca (N=1). (Anexo A).

La validez de los instrumentos, se hizo a través del juicio de expertos, Para determinar la confiabilidad se realizó una prueba piloto constituida por doce (12) sujetos con características similares a la de la población objeto de estudio, a cuyos resultados se aplicó la fórmula del coeficiente de Alfa Cronbach por ser un cuestionario de varias alternativas de respuesta. Los resultados obtenidos arrojaron un coeficiente de 0,86 para el instrumento de maltrato infantil y 0,81 para el de conductas agresivas evidenciando así que ambos cuestionarios poseen una confiabilidad alta y muy alta, respectivamente.

La variable maltrato infantil, fue medida a través de las dimensiones maltrato físico, negligencia o abandono físico, maltrato emocional, manifestaciones emocionales y manifestaciones conductuales.

La variable conductas agresivas fue estudiada por medio de las siguientes dimensiones: conductas agresivas verbales y físicas. En el primer caso, intervinieron los indicadores: amenazas y gritos, burlas, apodos y palabras obscenas para con los compañeros de aula.

Por otro lado, para la segunda dimensión se consideraron los indicadores golpea, empuja y patea, y hala el pelo y muerde. En ambos casos, estos indicadores se soportan en las bases teóricas desarrolladas en esta investigación.

RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÖN:

CUADRO 1

Variable: Maltrato Infantil

Monografias.com

Fuente: Orozco y Álvarez (2009)

En función del Cuadro N 1, Los niños de Educación Básica, presentan niveles de Maltrato Infantil "Muy Altos"

CUADRO 2

Variable: Conductas Agresivas

Monografias.com

Fuente: Orozco y Álvarez (2009)

En función del cuadro n.2. los niños de Educación Básica, presentan niveles de conductas agresivas tanto verbales como no verbales "muy Altos"

DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS

Con el análisis de los resultados de cada una de las variables, fue posible confrontarlos con las teorías desarrolladas, para dar paso a la discusión de los mismos y observar la realidad estudiada frente a los postulados teóricos de diversos autores del área.

De esta manera, se comienza con la variable maltrato infantil a partir de la dimensión maltrato físico, donde se evidenció la presencia de golpes, bofetadas, nalgadas, pellizcos, puntapiés, rasguños, marcas, moretones. La presencia de este tipo de maltrato en los niños por parte de sus padres, de manera intencional, genera unas condiciones desfavorables en estos infantes, pues desencadenan en ellos una serie de sentimientos y emociones que en el transcurso de sus vidas van marcando pautas de conductas que en el futuro aplicarán con sus propios hijos.

Estos resultados son coincidentes con los planteamientos de López (2004), quien afirma que el maltrato físico no es accidental, sino intencional, y afirma que provoca lesiones temporales o permanentes. De la misma forma, Martínez y De Paúl, (2003), explica que el maltrato infantil puede llegar a producir lesiones físicas, enfermedades e incluso, intoxicaciones.

La segunda dimensión con que se midió la variable maltrato infantil, fue la negligencia o el abandono físico; al respecto, se encontró una marcada tendencia a aceptar que los niños del 1er. 2do. y 3er. grado de la Escuela San Alfonso, presentan una mala atención en la alimentación y aseo personal, les ocurren accidentes por descuido de sus padres o cuidadores, y además, una parte importante de ellos no tienen al día las vacunas y la atención básica de su salud.

Estos resultados, dejan en evidencia una realidad de descuido y abandono de estos niños por parte de sus padres, lo que demuestra un desinterés que poco a poco va minimizando su calidad de vida, y en corto tiempo su estado físico y mental se verán afectados, generando además, una deficiencia en el rendimiento académico, así como también, su interacción con los compañeros de aula.

Estos resultados están alineados Martínez y De Paúl (2003), quienes explican que este tipo de maltrato consiste en dejar desamparado al niño, en otras palabras, está referido a la renuncia de su cuidado. Por otro lado, afirman que los padres cuando tienen esta actitud, desatienden sus obligaciones con el menor, en lo referente a la satisfacción de sus necesidades básicas, evidenciándose estas a través del descuido de la apariencia personal de su hijo, sin prestar atención al uso de vestimenta, en función de la actividad donde se espera que asistan limpios, ordenados y con un vestuario adecuado.

Con relación a la dimensión maltrato emocional, se encontró una realidad donde los padres sin contemplación profieren gritos y amenazas a sus hijos, además de encerrarlos por alguna razón. Al analizar estos resultados, se evidencia una situación de desamor y desinterés por parte de los padres o cuidadores de los niños del 1er., 2do. y 3er. grado de la escuela seleccionada en esta investigación, sin considerar el daño psicológico que les están produciendo.

Estos resultados al ser confrontados por lo expresado por Martínez y De Paúl (2003), se encuentra unas coincidencias pues estos autores afirman que este tipo de maltrato está representado por cualquier acto que afecte la autoestima del niño o bloquee las iniciativas infantiles de interacción por parte de los miembros adultos del grupo familiar.

Asimismo, afirman que las conductas verbales hostiles que tienen los padres hacia sus hijos tales como: insultos, burlas, amenazas, humillaciones, criticas degradantes, frases que descalifican, etiquetándolos como brutos, flojos ineptos, idiotas, entre otros, producen en el niño una fuerte carga emocional, que poco a poco les va debilitando su autoestima y capacidad de interactuar con los demás niños. Del mismo modo, crea en ellos una situación de vida que los conduce a actuar de forma agresiva.

Por otro lado, al analizar la dimensión manifestaciones emocionales, se encontró la presencia de regresiones, es decir, niños que han perdido la capacidad de controlar los esfínteres; de igual manera, se encontró niños con niveles de depresión y necesidad de afecto, así como también, una baja autoestima e inseguridad, lo cual se evidenció a través de la conducta que ellos asumen en el salón de clases, y en especial cuando ven llegar a sus padres.

Esta reacción de los niños frente a la presencia de sus padres, está alineada con lo expresado por Pino y Herruzo (2003), quienes afirman que la baja la autoestima del niño ocurre cuando se siente descalificado y humillado, igualmente pasa cuando es maltratado en forma verbal o por falta de comunicación, por insultos, así como la desvalorización repetida, la discriminación o las exigencias superiores a las propias a la edad o capacidad. Afirman los autores que esto hace que el niño presente trastornos de la Identidad, autoestima inadecuada, manifiesten miedos cuando no recibe afecto. Por lo tanto, la mala estimulación, falta de apoyo y de protección en cada estadio de su evolución y inhibe su desarrollo óptimo.

En este mismo orden de ideas, se observó la dimensión manifestaciones conductuales, encontrándose la presencia de agresividad e irritabilidad, así como aislamiento, llanto, mirada evasiva, evitación e inasistencias, fallas en la comunicación, y quedarse dormido en el aula. Estas evidencias fueron soportadas por las observaciones hechas por los docentes de la escuela seleccionada, quien manifestó que estos niños, cuando regresan de un fin de semana, se muestran irritados y molestos, se aíslan del grupo, huyen de los adultos, les cuesta comunicarse, se muestran ojerosos por falta de sueño, y lloran con frecuencias.

Estas reacciones de los niños, se evidencian en los postulados de Bianco (1998), quien establece que existen respuestas emitidas ante una situación/estimulo umbral, cuya respuesta puede ser incondicionada (innata) o condicionada (aprendida). Afirma el autor, que esa respuesta puede ser incondicionada (innata) o acondicionada (aprendida) según la interacción de diferentes factores tales como biológico, fisiológico y sociocultural, en el entorno donde se desenvuelve el individuo.

Por otro lado, Pino y Herruzo (2003), que cuando los niños no son atendidos como es debido, y son sometidos a maltratos físicos o emocionales, tienen bajo rendimiento escolar, inasistencia injustificada y repetida a la escuela, cansancio o apatía permanente, se suele dormir en el aula, tienen cambios significativos en la conducta escolar sin motivo aparente, conductas agresivas y/o rabietas severas y persistentes, actitud híper-vigilante en estado de alerta, movimientos rítmicos repetitivos, son menos creativos, se distraen fácilmente y su persistencia en las tareas de enseñanza aprendizaje es menor.

Por otro lado, se presenta la variable conductas agresivas, en primer lugar por medio de la dimensión conductas agresivas verbales, donde se evidenció en los niños del 1er., 2do. y 3er. grado de la Escuela San Alfonso, la presencia de amenazas, gritos, burlas, utilización de apodos y palabras obscenas. Estos resultados, reflejan una realidad familiar donde los niños son tratados sin considerar su edad, es decir, como si fueran adultos, pues sus reacciones son un reflejo de la vida que llevan en su núcleo familiar.

Estos hallazgos son coincidentes con lo expresado por Moles (2004), cuando manifiesta que las conductas pueden ser innatas o aprendidas, donde su ejecución ocurre por decisión o no, del sujeto, dependiendo de factores ambientales o no, siendo la acción mucho más compleja. Asimismo, afirma que una conducta desadaptada es siempre una conducta mal aprendida, ratificando con ello que toda conducta es producto de un aprendizaje.

También existe una conexión de estos resultados con lo expuesto por Climent (1999), pues considera que el individuo aprende ciertos patrones de conducta y normas de comportamiento, siendo en el hogar donde se inicia este proceso, debiéndose continuar en la escuela de manera que le ayude a reforzar el aprendizaje iniciado, guardando relación para evitar confusiones en el niño. Sobre esta base, se plantea que en la familia es donde el niño asimila las pautas y modelos a seguir, siendo los padres los principales modelos a imitar, así como una fuente continua de reforzadores e imágenes dotadas de prestigio y autoridad para él.

Finalmente, se presenta la dimensión conductas agresivas físicas, donde se encontró en los niños seleccionados en este estudio la presencia de golpes, empujones, patadas, maltrato en el cabello y mordiscos. Al observar estos niños, queda de manifiesto la situación familiar en la que viven, pues un niño que permanece en un ambiente sano y cordial, no presenta estas manifestaciones.

Existe una coincidencia de estos resultados con lo expresado por Bandura citado por Barón, (2004), cuando explica que una conducta no operativa frecuente está manifestada a través de la agresividad, lo que interfiere en el funcionamiento de la sociedad, pues rompe las relaciones interpersonales, generándose un problema social. Afirma el autor, que este tipo de comportamiento se da dentro del grupo familiar donde existen las condiciones a través de las cuales sus miembros aprenden diversos modos de comportarse, siendo los padres los modelos que los hijos desde pequeños siguen.

De esta manera, aparece la agresividad que es definida por Corbella, (1998), como la forma de reaccionar inadecuadamente, desplegándose para canalizar la frustración, esto hace pensar que esta viene provocada por acumulación de actos frustrantes que deben ser fluidos a través de una acción, y que pueden tener repercusiones tanto físicas como psicológicas en el individuo. Asimismo, Sierra citado por Gaspar, (2003), añade que la agresividad es una característica del ser humano, no es un instinto, sino un efecto de la estructura de la crianza, una consecuencia psíquica del desarrollo, por la indefinición inicial y la inmadurez biológica que posee el ser humano a merced del otro.

Finalmente, esta investigación, consideró el estudio de la relación entre las variables maltrato infantil y conductas agresivas, encontrándose un coeficiente de 0,71, lo que indica que existe una asociación considerable, positiva y directamente proporcional entre ellas.

La asociación observada entre las variables determinó que en la medida en que los niños son maltratados, sus conductas serán más agresivas, por lo tanto, se convierte en un problema social que va evolucionando, y que debe ser considerado para que las futuras generaciones puedan tener una vida más feliz.

CONCLUSIONES

Sobre la base de los resultados analizados y discutidos anteriormente, se presentan las conclusiones, para de esta manera responder los objetivos formulados en esta investigación.

En relación al primer objetivo específico, donde se buscó diagnosticar el maltrato físico en los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se encontró que los niños constantemente son maltratados de manera física en el hogar, con acciones como golpes y bofetadas, en menor medida se hallaron las nalgadas, pellizcos y puntapiés, sin embargo son medidas ejecutadas con cierta frecuencia por los papás de dichos alumnos. Como consecuencia de tal maltrato se evidencian algunas lesiones en lo niños, tales como: rasguños, marcas y moretones.

Con respecto al segundo objetivo, donde se buscó diagnosticar la negligencia o abandono en los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se halló que los niños tienen en mayor medida accidentes por descuidos por parte de los padres, así como también deficiencias en la alimentación y el aseo personal, en menor grado pero sin dejar de ser relevante se encuentran la ausencia de vacunas y atenciones básicas. Tales resultados implican un gran índice de conductas por parte de los padres hacia con los niños de manera negligente, lo cual provoca en los infantes consecuencias a nivel físico y emocional.

En cuanto al tercer objetivo específico, para el cual se pretendió diagnosticar el maltrato emocional en los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se encontró en un alto porcentaje que los niños reciben gritos y amenazas por parte de sus progenitores, así como también en gran medida son encerrados. Esto evidencia un índice considerablemente alto de maltrato emocional proporcionado por los padres a los niños, implicando así repercusiones a nivel psicológico, las cuales son manifestadas en diferentes áreas de la vida.

Con relación al cuarto objetivo específico, en donde se evaluaron las manifestaciones emocionales emitidas por los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se evidenció que los niños en mayor medida sufren de baja autoestima e inseguridad, a consecuencia de los maltratos recibidos por parte de sus progenitores; en menor grado pero sin dejar de ser relevante se encuentra las expresiones tales como: regresión, depresión y necesidad de afecto. Tales manifestaciones a nivel emocional son muestra de las repercusiones significativas que son instauradas a causa de los diferentes maltratos que sufren los niños de dicha escuela por parte de sus padres.

Por otra parte, en el quinto objetivo específico, en el cual se procuró evaluar las manifestaciones conductuales emitidas por los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se halló en mayor grado que los niños poseen fallas en la comunicación, así como también se quedan dormidos en el aula, en una medida inferior pero igualmente importante se encontró en los niños, mirada evasiva, evitación e inasistencias, así mismo algunas veces se evidencia, aislamiento y llanto. Dichas conductas son consecuencias palpables de las malas acciones ejecutadas por los progenitores a los niños de dicha escuela.

En este mismo sentido, para el sexto objetivo específico se concluye, que los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, mantienen conductas agresivas verbales observadas a través de amenazas y gritos, al igual que las burlas, apodos y palabras obscenas, para sus compañeros de aula de manera recurrente, impidiendo su adecuada adaptación al ámbito escolar y el adecuado aprovechamiento de las actividades académicas.

Igualmente se responde al séptimo objetivo específico, que buscó identificar las conductas agresivas físicas emitidas por los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, tales conductas fueron evidenciadas en los niños por medio de golpes, empujones y puntapiés en mayor grado, así mismo, se observaron acciones como: halar el pelo y mordiscos con gran frecuencia dentro del aula de clases, lo cual repercute en el niño en un conjunto de dificultades para un desenvolvimiento acorde a lo esperado a su edad y grado cursante.

Para responder al último objetivo específico que buscó establecer la relación entre el maltrato infantil y las conductas agresivas de los estudiantes de la Escuela Básica San Alfonso de Maracaibo del Estado Zulia, se encontró que entre las variables existe una relación directamente proporcional, positiva y con una tendencia hacia considerable, lo que indica que las variables tienen una importante asociación.

Esta conclusión permite establecer el grado de repercusión que tiene el maltrato efectuado por los padres y las conductas agresivas tanto físicas como verbales, observadas en los niños de la escuela antes mencionada. Evidenciándose de esta manera, cómo los niños son afectados por actitudes de los padres, afectándolos de manera física y psicológica, adquiriendo un aprendizaje en cuanto a las relaciones humanas de forma deficiente, provocando en el niño conductas antisociales, que lo perjudican significativamente en los diferentes ámbitos de su vida.

Para cerrar las conclusiones, se procede a responder al objetivo general estableciendo que las variables Maltrato Infantil y Conductas Agresivas se relacionan estrechamente, dejando claro que en la medida en que los padres ejecuten acciones de manera hostil, agresiva y violenta, ocasionan en los niños daños físicos, psicológicos y emocionales, los cuales dejan secuelas de gran trascendencia, que podrían transmitirse de generación en generación lo cual es un grave problema para la sociedad.

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Autor:

Dra. Estrella R. Orozco Castro*

Msc-Thania Álvarez **

*Psicólogo

Dra. En Ciencias Gerenciales.

Profesor Titular. Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt.

**Thania Alvarez.

Lic en educación.

Msc.En Orientación de la conducta.

Tcav1155[arroba]hotmail.com

Partes: 1, 2


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