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El Proceso de Formación Nacional en los Estados Unidos (página 2)




Partes: 1, 2

"Los criollos protestantes de habla inglesa, en el Norte, estaban mucho más favorablemente situados para la realización de la idea de "América", y en efecto lograron apropiarse finalmente del gentilicio común de "americanos". Las Trece Colonias (…). Unidas en lo geográfico, sus centros de mercados en Boston, Nueva York y Filadelfia eran fácilmente accesibles entre sí, y sus poblaciones estaban un tanto unidas por la imprenta y el comercio."[3]

Después de la contienda de Lexington en que los heroicos Minute Men enfrentaron a las tropas británicas, en mayo de 1775, se celebra el Segundo Congreso Continental de Filadelfia, donde se decide la separación colonia-metrópoli. Los congresistas deciden además la nominación de George Washington para la jefatura de las fuerzas patriotas, las que tendrían sobre sí la labor de luchar contra la mayor potencia del mundo.

El movimiento de resistencia a favor de la separación de las colonias de su metrópoli evolucionaba ascendentemente. Para junio de 1776 la consigna popular era de independencia nacional.

"Para entonces ya existía un importante sentimiento a favor de la independencia. Las resoluciones adoptadas en Carolina del Norte en mayo de 1776 –y después enviadas al Congreso Continental- declaraban la independencia con respecto a Inglaterra, establecían la nulidad de toda ley británica, y abogaban por los preparativos militares."[4]

Se crea un pequeño comité, dirigido por Thomas Jefferson, que tendría como objetivo la redacción de la Declaration of Independence (Declaración de Independencia), que será adoptada por el Congreso y proclamada con carácter solemne el 4 de julio de 1776.

"Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho."[5]

Viéndolo así, ya desde el primer párrafo la Declaración de Independencia se plantea única, es ella la que antecede a todas las que surgirán en posteriores procesos independentistas en el mundo sometido, la que anuncia el nacimiento de una nación y a partir de este novedoso planteamiento revolucionario se derivarán hechos históricos que le darán singular importancia dentro del movimiento de las ideas del siglo XVIII.

En los sucesivos párrafos del documento se declaran quejas contra el rey sobre actos que él ha permitido se realicen en perjuicio de las colonias americanas. Si analizamos detenidamente cada una de ellas notaremos un manido radicalismo que se desprende del hecho de que es la clase adinerada la más interesada en romper el yugo colonial[6]Con respecto a la imposición de un ejército imperial dentro de la colonia expresan:

"Para suspender nuestro comercio con todas las partes del mundo.

Para imponernos impuestos sin nuestro consentimiento."[7]

En otra parte del documento plantea:

"Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas Colonias, (…) declaramos: Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, (…), tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes."[8]

En ninguna parte se esboza la situación de los indios, los negros esclavos o las mujeres por lo que se nota a todas luces cuan excluible podría ser la nación que estos hombres llamaban a formar. La idea "todos los hombres son creados iguales"[9] no incluía a estos sectores. La derogación de la esclavitud de género o raza es un tema no contenido en la Declaración de Independencia. Evidencia de ello es que durante muchos años posteriores a la Guerra de Independencia siguieron existiendo estos términos de dominación, solo que ahora por parte de ciertos grupos de americanos emergentes. Explicar las limitaciones del documento en materia de derechos humanos solo es necesario "para intentar entender la manera en que funcionó la Declaración en el sentido de movilizar a ciertos grupos de americanos e ignorar a otros. Seguramente, el lenguaje que la inspiró para crear un consenso seguro todavía se utiliza hoy, en nuestros días, para encubrir importantes conflictos de intereses, y también para disimular la omisión de grandes sectores de la raza humana."[10]

La Guerra de Independencia

Los líderes norteamericanos se cuidaron de no exagerar en sus planteamientos revolucionarios, para que las riendas de la revolución no cayeran en manos del pueblo. Serían ellos los que le procurarían espacio y lugar en la sociedad, prudencialmente. Es tanto así que desde la misma formación de los ejércitos revolucionarios se promovía la inserción de pobres bajo la promesa de un nuevo status social o la adquisición de dinero y tierras.

La redistribución de estas últimas se hizo efectiva al venderse las tierras confiscadas a los defensores de la causa británica a precios muy bajos, lo que constituyó un ataque a las leyes medievales con la emancipación de la economía y una flexibilización nacional. Como parte de este ataque a las lacras feudales se vio envuelta la Iglesia de la que prescindieron también los sublevados cuando le impusieron un matiz más civilista y democrático a la misma.

"La tremenda sacudida estaba enlazada con tres componentes sustanciales: 1) El movimiento de masas; 2) El optimismo evolucionista (filosofía del progreso); y 3) La formación de un Estado nacional. Con la mente poblada de paradigmas e ideologías históricamente ascendentes, arriban al poder pujantes promociones de burgueses dispuestos a las realizaciones más atrevidas."[11]

La Revolución abrió nuevos espacios pero los ricos y los poderosos fueron los que más oportunidades tuvieron de enriquecerse, el carácter antifeudal y anticolonialista de sus demandas creó las premisas para el desarrollo del capitalismo en la naciente República. Esta se creó sobre la base de una acción común, una sola bandera, que mantuvo indivisible la voluntad y el carácter nacional en una sola nación. Dar soluciones americanas a sus problemas fue a partir de este momento una de las posibilidades que tendrían las antiguas colonias inglesas y que aprovecharían en su creación nacional.

Se hacía necesaria la legitimación de la nueva República que se logró con la firma de la Constitución de los Estados Unidos de América, redactada por una convención de líderes revolucionarios en Filadelfia en 1787. Un análisis del documento nos deja ver que los firmantes pertenecen a grupos favorecidos de la sociedad "que intentan mantener sus privilegios, a la vez que conceden un mínimo de derechos y libertades a una cantidad suficiente de gente para asegurarse el apoyo popular".[12]

Cuatro años después se adoptaron las diez primeras enmiendas generalmente llamadas "Declaración de Derechos" (Bill of Rights), garantizando libertades y derechos básicos (…), pero puestas en vigor sin la cláusula propuesta por Jefferson dirigida contra los monopolios."[13]

El primer Presidente de los Estados Unidos de América, elegido por unanimidad, fue George Washington, en febrero de 1789. Este tenía la ardua y pujante tarea de aglutinar distintas regiones, las que no tenían tradiciones ni ligaduras comunes por lo que fue necesario crear instituciones políticas que aglutinaran las diversas formas de pensar que existían dentro de la nueva patria. Es así que inviste a Thomas Jefferson del cargo de secretario de Estado, Alexander Hamilton encargado de la Tesorería y Henry Knox como secretario de Guerra. Con esta fórmula gubernamental se iniciaría el camino de los Estados Unidos hacia su forja como una nación capitalista.

El bipartidismo en la formación del Estado

Alrededor del bipartidismo se ha desarrollado la política norteamericana desde los tiempos de George Washington. A través de este sistema, federalistas-republicanos en sus inicios, demócratas-republicanos en la actualidad, la clase más poderosa de la sociedad norteamericana logra controlar la política exterior y la distribución del presupuesto nacional, aspectos más importantes y entre los que no es posible diferenciar a uno y otro.

El partido federalista, representado en la persona de Hamilton, era la expresión política del grupo mercantil-financiero; y el republicano, personificado por Jefferson, era el portavoz de los plantadores. "La historia de los Estados Unidos hasta 1860 será, en gran proporción, la narración de ese enfrentamiento."[14]

Estas diferencias se agudizaron a raíz de los sucesos de la Revolución francesa. La influencia innovadora de este alzamiento ayudó a forjar la democracia burguesa de la época, fomentando la reacción anti-aristocrática.

Durante los años que cubrieron los dos periodos de administración georgiana el federalismo había acomodado sus bases, expulsado a los indios de los territorios de Chicago y Detroit, desarrollado el comercio marítimo. En 1796, después de la despedida de Washington como presidente, el partido federal eligió a John Adams para el primer puesto.

Comienza un periodo de luchas por mantener la maquinaria federalista en el poder, de enfrentamientos con la Francia napoleónica, de expansión hacia territorios "necesarios": se ataca por tierra a Nueva Orleans, mientras se bloquea la desembocadura del Mississippi, se aborda la conquista de la Luisiana, filtrándose en territorio mexicano. En 1799 se pacta una tregua con Napoleón en París con lo que se reinicia el anterior vínculo existente entre estos dos países.

Estados Unidos entraba en el siglo XIX bajo la égida del federalismo, ahora en caída; fuertes diferencias políticas internas que se exaltarían con los cambios que, en la arena internacional, se vendrían produciendo próximamente. Bajo el manto de la "neutralidad" la economía tomaría nuevos y más altos vuelos, los términos territoriales se dilatarían, se expandiría considerablemente la nueva República.

En febrero de 1801 se inicia el periodo republicano con la toma de poder de Thomas Jefferson. Será esta una etapa de fuertes encontronazos partidistas pues aún existían vestigios federalistas entre los magistrados de la Corte Suprema. El nuevo presidente elegiría a James Madison para secretaría de Estado. Las medidas tomadas por la democracia jeffersoniana serían acogidas con agrado: supresión de presupuestos, anulación de las últimas leyes federalistas, de sedición y naturalización; establecimiento de un ejército permanente.

Durante los años 1801-09 que abarcó esta administración republicana se llevaron a cabo grandes avances en la expansión del territorio norteamericano, se ingresarían nuevas estrellas a la unión: la Luisiana "cedida" por Francia mediante una gratificación de 15 millones de dólares (30 de abril de 1803). "Un vasto territorio quedó abierto para la colonización, lo que contribuyó a proyectar los senderos del Destino Manifiesto. Fue, indudablemente, un hecho concluyente para consolidar a Norteamérica como potencia mundial."[15] Con esta adquisición Jefferson garantizaba una gran cantidad de tierras para la agricultura que duplicarían el área de la Confederación, ello garantizaría la apertura hacia otras zonas de América, buscando salida al Océano Pacífico.

Nuevos estados se unirían a la Confederación a partir de los primeros años de este siglo:

Ohio 1803

Luisiana 1812

Indiana 1816

Mississippi 1817

Illinois 1818

Alabama 1819

Maine 1820

Con estos ya contaban veintitrés los estados que existían dentro de la Unión a fines de la segunda década del siglo XIX.

En esta labor jugaría un gran papel el tratamiento que fue dado a los indios habitantes de los territorios "necesarios" para la expansión de los republicanos. Las "mudanzas de indios"[16], término empleado para encubrir las agresivas "actividades" que se llevaron a cabo contra las tribus pobladoras de las tierras que "precisaban" los nuevos americanos para el logro de sus ambiciosos objetivos, constituyeron la forma más común en que se realizaron los despojos territoriales realizados a los creeks, los cherokees, los choctaws y otras tribus de Georgia, Alabama y Mississippi.

"Entre 1814 a 1824, en una serie de tratados con los indios del Sur, los blancos se apoderaron de las tres cuartas partes de Alabama y Florida, una tercera parte de Tennessee, una quinta parte de Georgia y Mississippi, y partes de Kentucky y Carolina del Norte. Jackson[17]jugó un papel clave en estos tratados, con el uso del soborno, el engaño y la fuerza para apoderarse de más tierras; y además dio empleo a sus amigos y parientes.

Estos tratados y estas violaciones del territorio indio, permitieron la implantación del reino del algodón y el establecimiento de fincas negreras."[18]

Los hechos ocurridos en la arena internacional: conflicto franco-británico, las luchas por la independencia de las colonias hispanoamericanas, incluida la ocurrida en la posesión francesa de Haití, así como la formación de las jóvenes Repúblicas Americanas, favorecieron el ascenso de Estados Unidos por la expansión de sus hombres de negocios. Fue una etapa de ascenso del capital monetario que alcanzó nuevas dimensiones a esfera mundial, aprovechando sobremanera la paz interina[19]se dedicó a satisfacer sus apetencias territoriales y económicas.

Un rasgo distintivo de la política norteamericana hacia las nacientes repúblicas latinoamericanas ya desde el comienzo de su bregar por medios propios sin el tutelaje imperial europeo, a inicios del siglo XIX, fue el planteamiento de la "América americana" que se desprende de la doctrina monroísta (1823)[20], es a través de esta desde donde prevé la formación de un sistema americano lejos de toda intromisión trasatlántica. Aprovecha la oportunidad que le dan los gobiernos de estas naciones, en conflicto con los grandes de Europa, después de siglos de explotación, para intervenir en sus asuntos, usar sus economías y participar en las regalías que le ofrecen los necesitados del sur.

"Sería un descrédito a la memoria de James Monroe el compararlo con mistificadores como James Polk, Theodore Roosevelt o Ronald Reagan, por ejemplo. No entró en su propósito el capricho de transformar a su patria en gerente del continente. Su responsabilidad estaba –no es poca por lo demás- en haber montado el dispositivo que podía encubrir y favorecer, si no estimular, la gula expansionista. Es imposible, por otra parte eliminar cierta referencia monroísta de toda esa abigarrada nomenclatura que a través de los tiempos ostentó como divisa la voracidad norteamericana: "Destino Manifiesto", "Interés Superior", "Diplomacia del Dólar", "Política del Gran Garrote", "Protección Ilimitada"."[21]

En 1829 subió al primer estrado de la nación Andrew Jackson para iniciar un periodo agrarista (populista), imponiendo firmemente el ideal de la democracia. La República se debatía en fuertes escisiones entre el Norte y el Sur: impuestos y tarifas arancelarias que ahogaban los productos de los estados industriales de Nueva Inglaterra, mientras los sureños exigían la separación; Jackson logró sortear estas diferencias y en 1832 consigue la reelección, con suficiente antagonismo del capital financiero y bancario.

A partir de mediados de la década del 1840 las huestes expansionistas vieron realizados sus sueños con la llegada al poder del representante por el partido Demócrata James Knox Polk, bajo su mandato se dio inicio a los intentos de adquirir territorios que en esos momentos pertenecían a México. Ese mismo año, 1845, Texas acepta su anexión a la Unión y haciendo uso de su territorio las tropas norteamericanas filtran la frontera mexicana, bajo el manto del Destino Manifiesto. Por el Tratado Guadalupe-Hidalgo firmado el 2 de febrero de 1848 culmina el conflicto con la ulterior adquisición de los territorios de California, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah, parte de Colorado y Wyoming.

Cuando California solicitó su admisión a la Unión (1820), ya ésta se hallaba constituida por treinta estados, quince de ellos anti-esclavistas y los otros quince partidarios de la esclavitud. Existía entonces un equilibrio entre estados esclavistas y los propulsores de la vía capitalista de desarrollo. La admisión de California significaba romper el equilibrio en la Unión a favor de uno u otro sistema, esta dicotomía latente desde la fundación de los Estados Unidos no podía de ninguna manera dar paso a la formación de una nacionalidad y por consiguiente a una nación moderna al estilo francés o inglés. La referida incorporación significaba a la vez la ruptura del "Compromiso de Missouri", establecido desde 1820 el cual garantizaba el equilibrio en la Unión entre el sur y el norte con la incorporación de nuevos Estados.

Los ideólogos de la formula capitalista que vislumbraban crear una nación bajo el signo de avanzada de esas relaciones de producción; estimaban como necesario y fundamental la erradicación de la esclavitud para la creación de una nación sólidamente unida; tal es el caso de Daniel Webster. El compromiso quedó virtualmente roto en el año 1854 y sería en definitiva lo que daría paso a la guerra civil. Al llegar a la presidencia Abraham Lincoln el 4 de marzo de 1861, encontró a Carolina del Sur en abierta oposición a mantenerse en la Unión, que había declarado desde el 20 de diciembre de 1860 la separación; la adhesión de los Estados de Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas a las posiciones de la Carolina del Sur determinaron el choque inevitable. El campo quedó dividido en 22 Estados poblados por 22 millones al norte, contra 11 Estados con una población de 9 millones, donde 4 250 000 eran esclavos. El 12 de abril de 1861 en el Fuerte de Sumter en Charleston comenzó a dirimirse el destino crucial en el proceso de formación de los Estados Unidos como nación moderna.

La victoria de los Estados del Norte sobre los Estados del Sur crearían la premisas básicas esenciales que podrían en pie a los actuales Estados Unidos de Norteamérica; antes -julio de 1863- tras la victoria obtenida en la batalla de Gettysburg, Lincoln había expresado "que la Unión bajo un nuevo amparo de Dios, tenga un nuevo brote de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparezca de la faz de la tierra"[22]. Estos principios no fueron consagrados en la Constitución Norteamericana; tampoco viviría el eminente ideólogo para ver sus profecías; concluida la contienda en 1865, es asesinado el Presidente victorioso a manos de un "fanático esclavista". La posterior vida republicana de los Estados Unidos no consagraría jamás estos postulados en las enmiendas posteriores de la Constitución hasta nuestros días y muchos menos objeto de política interna; el proceso de formación nacional y de la nación norteamericana careció desde un inicio de los principios humanistas que la "Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano" postulaba. El Estado Nación después del año 1865 rompió con todos los esquemas anteriores, tanto de propiedad como de poderes; es el tránsito hacia el despeje de una ecuación donde la formula siempre arroja el mismo resultado: el desarrollo capitalista; exacerbando el nacionalismo para dar el paso hacia el concepto en política-desde arriba-de gran nación.

Si nos atenemos a que:

"La soberanía, por ejemplo, es un término que se confunde o vincula erróneamente en no pocas ocasiones con los términos enunciados, según las fuentes que han cotejado su naturaleza, se refiera a la autoridad suprema del poder público o nacional, la cual reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos" [23]

Muy lejos estuvo el pueblo de los Estados Unidos desde su fundación de poder hacer valer los principios de la soberanía, al no ser los que se postularan en diferentes épocas históricas las élites de poder, alejados totalmente de los postulados de Lincoln.

Cabría preguntarse, ¿se ajusta el proceso vivido por los Estados Unidos desde 1775-1865 a las teorías sobre el nacionalismo de Ernest Gellner y Eric Hobsbawn?; a nuestro criterio sólo cabe una respuesta: no. Varias razones lo justifican:

  • Durante este período los Estados Unidos, aunque opuestos sus Estados, establecieron relaciones de producción de matriz antagónica: capitalistas y esclavistas que no contribuyó al necesario proceso de unidad para el establecimiento de una nación moderna.

  • La esclavitud y su pesado fardo obstaculizó el proceso de desarrollo de las relaciones capitalistas de producción. La Carta Magna lo sanciona y solo logra dilatar limitadamente en el tiempo su existencia. Es un acuerdo sobre la base de la propiedad; un equilibrio que ante el empuje renovador del capitalismo se romperá. Es una lucha por la supervivencia de la esclavitud que en definitiva desaparecerá.

  • No es los Estados Unidos homogéneo en su desarrollo industrial.

  • No constituye tampoco una gran nación. Esas posibilidades sólo aparecerán después de finalizada la Guerra de Secesión en el año 1865, cuando se ha alcanzado la victoria de las relaciones de producción capitalista a nivel nacional, lo que solo era posible con la eliminación de la esclavitud.

  • Es un país multirracial desde su nacimiento de diversos componentes europeos y americanos, de múltiples culturas, unas más avanzadas, otras menos y otras muy retrasadas, donde las de avanzada imponen sus códigos y van determinando la fisonomía del nuevo norteamericano, síntesis de todo lo inmigrado-multinacional- con lo aborigen americano. Este proceso se reproducirá constantemente desde la conquista y colonización en Norte América hasta nuestros días; muy especialmente y con grandes dimensiones en los Estados Unidos.

Hacia la consolidación de los Estados Unidos como Gran Nación

Hacia la sexta década del siglo XIX los Estados Unidos han adquirido una dimensión territorial que será constantemente reajustada con la creación de nuevos estados:

Nebraska 1867

Colorado 1876

Dakota del Norte 1889

Dakota del Sur 1889

Montana 1889

Washington 1889

Idaho 1890

Wyoming 1890

Utah 1896

Oklahoma 1907

Un proceso gradual de expansión a través de la anexión, compras, despojos y guerras que abarcaron más de 80 años, dieron a los Estados Unido desde la costa del Atlántico hasta la del Pacífico la nomenclatura actual. Quedaban resueltos los problemas de unidad interna, premisa indispensable para dar paso a las supremas aspiraciones de gran potencia.

Para entender la evolución posterior de los Estados Unidos es preciso dejar claro que:

"Se define nación, en cambio, como el conjunto de habitantes de un país, regidos por el mismo gobierno, además del territorio del mismo, con un conjunto de personas de igual origen étnico. También se le define como sociedad natural de hombres a los que la unidad de territorio, de origen, de historia, de lengua y de cultura, inclina a la comunidad de vida y crea la conciencia de un destino común. Es una entidad jurídica, formada por el conjunto de habitantes de un país regido por el mismo gobierno "[24]

Estas premisas, no en su totalidad, pero las más importantes de ellas están dadas hacia la década de los años sesenta del siglo XIX en los Estados Unidos: Unidad: económica, territorial, lengua de comunicación común y bajo la unidad monolítica de un gobierno. El destino común, sería desde entonces el preconizado una y otra vez durante todo el siglo XIX; soñado pero no alcanzado: el de gran nación. Para lograrlo nada más que atizar al nacionalismo y al sentimiento "patriótico". Es justamente entonces que estamos en presencia del Estado-Nación en toda su dimensión; de maduración del proceso de formación nacional en este inmenso país, con presencia de un fuerte nacionalismo de destino superior; sus bases ya estaban ancladas: Doctrina Monroe y Destino Manifiesto.

En el sentido estrictamente moderno cuentan los Estados Unidos para esta época con un gobierno, estado y nación; una constitución que ha proscripto la esclavitud en una de sus enmiendas que da todos los visos de una "genuina y auténtica democracia" al estilo norteamericano, de la cual hace su paradigma, lo que justifica cualquier acción fuera de sus fronteras utilizando cualquier tipo de método, pero aún no están preparados para empresas mayores, es preciso desatar primero las fuerzas de desarrollo internas que den el suficiente potencial económico que pongan a los Estados Unidos en la élite de las potencias mundiales.

Las providenciales condiciones naturales –llámese riquezas- de los Estados Unidos desencadenaron un desarrollo inusitado de las fuerzas productivas a cuyo llamado acudieron todos: el insaciable burgués, el político calculador, el avaro usurero, hombres de clase media y baja, obreros, campesinos y toda clase de pro hombres en busca de empresa que le diera ganancia, muchos de ellos inmigrantes; entre 1860 y 1920 se calcula que alrededor 28 500 000 personas arribaron a los Estados Unidos, cifra casi igual a la población del país en 1850. Una trascendental repercusión en este movimiento colosal lo tendría la II Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XIX, que en definitiva pondría a los Estados Unidos a la cabeza en el siglo XX; List afirmó claramente que "una población numerosa y un territorio extenso dotado de múltiples recursos nacionales son requisitos esenciales de la nacionalidad normal..."[25] ; este país los reunía en demasía.

No podría este trabajo dejar de abordar lo referido a las nacionalidades en los Estados Unidos, presentes desde la conquista y colonización; vigente en las conformadas Trece Colonias y desde la fundación de esta nación; estando vinculadas al proceso de formación del Estado Nación en sus diferentes etapas; las nacionalidades forman parte de ese largo proceso que dado los componentes étnicos de los cuales se nutrieron los Estados Unidos lo hacen un fenómeno muy complejo para un estudio o tratamiento científico del tema.

El indio con su variedad de matices; minorías inglesas, francesas, italianas, irlandesas, alemanas, otras europeas, asiáticas, africanas o latinas entre otras, formaron parte de la visón cosmopolita que siempre han tenido los Estados Unidos y que dieron cuerpo a la fisonomía del norteamericano. Lo peculiar de este fenómeno es que con la excepción del indio todas son allende a los mares y resultaron ser los nativos los más salvajemente despojados de derechos, incluso de su propio habitad natural.

Según Mijail Bakunin la esencia de una nacionalidad está dada en que:

"Una patria representa el desarrollo incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región, y nación a vivir, sentir, pensar y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo proceso histórico"[26]

Salvo lo estrictamente oriundo del continente americano, todo lo demás constituye una obra europea en tanto los africanos fueron cazados y forzosamente convertidos en esclavos del nuevo mundo, en ello reside el embrión de la formación de la nacionalidad de los pueblos americanos, formando parte los Estados Unidos de ese proceso histórico.

"Sentir, pensar y actuar a su propio modo" no puede de ninguna manera ser el patrón o modelo universal por el cual las demás nacionalidades han de transitar; en ello ha radicado la filosofía del Estado Nación y del Gran Estado Nación imperialista desde finales del siglo XIX, hasta la actualidad. El propio concepto es a la vez muy cuestionable a los propios Estados Unidos puesto que el indio no puede de ninguna manera "vivir, sentir, pensar y actuar a su propio modo", lo cual ocurre con otras minorías en ese país. No puede de ninguna manera imponerse la voluntad blanca sobre la mestiza, cobriza, negra o amarilla y no es esa precisamente la realidad histórica en los Estados Unidos.

Dos temas trascendentales del Estado Moderno norteamericano ya estaban presente para esta etapa en la élite de poder: seguridad nacional y desarrollo. Ninguno hubiera prosperado de no haberse inflado el exclusivismo nacionalista del norteamericano y de su modo de vida. El nacionalismo es en este caso antesala de un profundo proceso que daría como resultado la conversión de esa nación en potencia imperialista. Si en 1860, Estados Unidos ocupaba el cuarto lugar entre las naciones del mundo en cuento a la producción manufacturera, en 1894 había saltado al primer lugar, mientras que el valor de las manufacturas había sobrepasado casi en cinco veces el de 1860; tales crecimiento sólo se dieron en este país.

El auge del desarrollo de la técnica aplicada a la ciencia se concentro en cuatro sectores: siderurgia, electricidad, química industrial y el petróleo. En la medida que estos se desarrollaron, otros sectores también lo hacían bajo la influencia de estos; ello provocó un salto inusitado del comercio y de inversiones exteriores.

"Esta combinación de "inversión" e "intervención" debe analizarse por separado en cada uno de los casos para determinar cuál de ellas fue primero, la "inversión" o la "intervención", pero lo que sí ha sido que aprobado históricamente que ambas forman combinación capaz de acabar con la economía de cualquier país y hacer que este caiga en manos estadounidenses"[27].

Los desenfrenados intereses expansionistas de los Estados Unidos están en los orígenes mismos de la formación de ese país como nación; "desaparecido el problema esclavista, el movimiento de expansión volvía poco a poco a convertirse en lo que había sido desde su origen, obra de la nación en su conjunto, con fines nacionales"[28]. Por su parte Hobsbawn señalaría que "no hay como ser un pueblo imperial para hacer que una población sea consciente de su existencia colectiva como tal,…"[29]. La existencia colectiva objetivamente estaba dada en la segunda mitad del XIX, resultado de un proceso desde la formación de los Estados Unidos donde el discurso político de sus líderes había discurrido siempre por el manantial de la expansión. No es el objetivo hacer la relación de las posiciones políticas y de expansión de los Estados Unidos a finales de este siglo, ni las triquiñuelas de las cuales se valió para ello, si no, explicarlas sobre la base de hasta donde se habían dado las condiciones para que el moderno Estado Nación pudiera llevarlas a cabo.

Según Gellner "el nacionalismo no hace más que reflejar la necesidad objetiva de homogeneidad"[30]. La era abierta en los Estados Unidos después de 1865 tenía por fin precisamente homogeneizar las relaciones de producción capitalistas en expansión y convertir a continente en su deudor, para dar vuelo cuando las condiciones lo permitieran a extenderse hacia otros continentes. Lo peculiar que presenta este país a finales de este siglo es que las olas migratorias que se producen se adaptan y se encausan rápidamente en el mismo torrente, forma parte de el y contribuye a su desarrollo. Podría decirse que fue lo suficientemente favorable y oportuno para el establecimiento del Estado Nación moderno de los Estados Unidos; como necesario, que de no producirse la historia norteamericana y su proceso de formación hubiera trascurrido de una forma bien diferente.

Hacia la década del 70 del siglo XIX los Estados Unidos gracias a la Revolución Industrial llevada a cabo había alcanzado un significativo desarrollo industrial y agrícola, ello permitió aumentar sus exportaciones. Este proceso sentó las bases indispensables para el futuro desarrollo acelerado del capitalismo, lo que permitió en un breve lapso de tiempo pasar de la fase pre monopolista a la fase imperialista. Al arribar a una fase superior del capitalismo a finales del siglo XIX en este país se había consolidado unido al desarrollo alcanzado el Estado Nación, tal y como lo conocemos en la actualidad; con una extensa red de instituciones lucrativas y no lucrativas que hacían brillar ante el mundo el modelo "democrático" del "American way of like". Estaban dadas las condiciones internas necesarias para alcanzar empeños mayores de expansión y de dominación a nivel mundial.

La consolidación del Estado Nación llevó aparejado modificaciones a la Constitución desde su surgimiento el 17 de septiembre de 1787. Hasta el 8 de abril de 1913 habían sido introducidas al texto constitucional 26 enmiendas. Es necesario el comentario de algunas de ellas para determinar los cambios que en definitiva van situando dentro de las llamadas "naciones modernas" a los Estados Unidos en más de un siglo de existencia.

Enmienda I:

"El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo la libertad de culto; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios" [31]

Esta enmienda aparece junto a otras que fueron declaradas el 13 de diciembre de 1791 en el llamado Bill of Rights (Declaración de Derechos Fundamentales). Libertad de expresión, de prensa y reunión aparecen como consagrados para la nación norteamericana; nada más alejada de la vida republicana norteamericana que estos derechos; se mantienen hasta hoy bajo el más estricto control de las diferentes agencias de seguridad del gobierno norteamericano.

Enmienda II:

"Una Reserva Militar bien asegurada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado Libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido"[32].

También aprobada el 13 de diciembre de 1791. Ha sido a lo largo de la historia norteamericana una de las enmiendas más controversiales y discutidas pero mantenida a pesar del potencial peligro que siempre han significado para la seguridad interna de la nación; declarando todo lo contrario, "necesaria para la seguridad".

Enmienda IV:

"El derecho del pueblo a la seguridad que sus personas, domicilio, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias; será inviolable y no se expedirán órdenes; excepto con motivo probable, sustentados mediante juramento o promesa, y expresamente describiendo el lugar que será registrada y las personas o cosas que han de ser detenidas o incautadas"[33].

El llamado "derecho del pueblo a la seguridad" ha sido convertido en derecho del Estado y el Gobierno a la intervención particular incluso de la correspondencia; mucho menos las del pueblo afro norteamericano, considerado libre desde 1965 al ser eliminada la esclavitud, pero con muy pocos o casi ninguno.

Enmienda XIII:

"Ni esclavo ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya sido definitivamente condenado, existirá dentro de los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción"[34].

Esta enmienda ratificada el 6 de diciembre de 1865 sería de crucial importancia; sentaba las bases para la evolución y desarrollo del capitalismo sin trabas que pudieran atar a la burguesía con las relaciones esclavistas que hasta ese año existieron; de esa forma se justificaba jurídicamente en la Carta Magna las relaciones de propiedad para el desenfreno de la libre empresa y las del gran capital. Clave esencial para entender por qué llegarían los Estados Unidos a convertirse en una gran nación y poder exportar su modelo por todo el mundo, en tanto la oposición a el significaba la oposición a la "gran nación" norteamericana, justificando cualquier método en política hegemónica dentro y fuera del continente Americano.

Enmienda XV:

"El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos al voto no será negado o menospreciado por los Estados Unidos, ni por ningún estado, por motivos de raza, color o anterior condición de esclavitud."[35]

No es hasta el 6 de febrero de 1870 que se aprueba el voto del afro norteamericano, cinco años después que se había eliminado la esclavitud en los Estados Unidos; pero al sancionar la propia constitución el ejercicio del voto a la propiedad hacía poco efectiva la participación del negro en las elecciones. No resolvió tampoco un problema que sería latente en la vida de la sociedad y la nación norteamericana hasta nuestros días: la discriminación racial. El negro fue relegado a posiciones inferiores en todos los órdenes de la vida, no solo le fueron negados los derechos políticos en la práctica cotidiana de la nación; su mano de obra constituyó la de menos valor y la peor remunerada en tanto se le asignaban las labores más indignas, aquellas que los blancos, dada su condición no las realizaban.

Enmienda XVI:

"El Congreso de los Estados Unidos tendrá facultades para establecer y recaudar impuestos sobre los ingresos, sea cual fuere la fuente de que provengan, sin prorratearlos entre los diferentes Estados y sin tomar en consideración ningún censo o enumeración"[36].

Esta enmienda que es puesta en vigor el 3 de febrero de 1913, varios meses antes de iniciada la I Guerra Mundial viene a demostrar hasta donde el Estado Nación se había fortalecido; el Estado Federal –poder por encima de los Estados de la Unión- invalidaba a los Estados de la Unión de poder vetar cualquier ley o disposición del gobierno central en materia de impuestos, principal fuente de ingresos para cualquier estado moderno. Por otra parte dejaba pocas posibilidades judiciales a los Estados para aprobar leyes en esta materia. Es la época en que los Estados Unidos constituyen una nación imperialista y se aprestan a enseñar sus potencialidades expansivas al resto de las potencias del mundo.

Como se puede apreciar hasta aquí el Estado se ajusta y reajusta a las nuevas circunstancias históricas que tienen lugar en esa nación y lo convierten a fínanles del siglo XIX y principios del XX en un Estado Nación Moderno con características diferentes a los tradicionales europeos; la evolución del mismo en los Estados Unidos fusiona a las oligarquías burguesas-las de capital industrial y financiero-a los resortes de poder, son sus adictos participantes y los propulsores del nacionalismo en el orden ideológico para la nación norteamericana, poder e ideología se entrelazan en tal magnitud que hace imposible cualquier otro tipo de variante del Estado Nación norteamericano hasta nuestros días.

Hasta donde estas combinaciones son posibles y pueden arrastrar a un pueblo y una nación a la guerra atizando el "sentimiento nacional" o tergiversando ese sentimiento quedaron demostradas con la Guerra Hispano-Cubano Norteamericana en la última década del siglo XIX. La intervención norteamericana (1898) en la gesta independentista de Cuba se produce cuando está claramente dirimido en el campo de batalla el fracaso de las fuerzas españolas, es este y no otro el momento en que culmina la "espera paciente" Jeffersionana, Estados Unidos es lo suficiente y autosuficientemente fuerte como para aplicar la Doctrina Monroe y la del Destino Manifiesto sin interesar en lo absoluto lo que en política los europeos puedan pensar y hasta actuar. Los políticos calcular hasta donde se podía atizar el "sentimiento nacional favorable" para declarar la guerra; la prensa crear el clímax en la nación norteamericana que se aviniera a los cálculos de los líderes políticos.

La Resolución Conjunta aprobada por el Congreso de los Estados Unidos el 18 de abril de 1898 y sancionada por el Presidente Mc Kinley el 20 de abril, dos días después, son el claro resultado de un largo proceso y de una combinación de poderes para lograr situar al moderno Estado Nación norteamericano como guía y garante de los destinos futuros del mundo; España y por consiguiente Cuba eran sólo piezas de ese ajedrez político para la era del imperialismo norteamericano; tres poderes engrasados en esos objetivos: ejecutivo, legislativo y judicial; uno nuevo adicionado, el de la gran prensa.

Concluida la primera guerra imperialista con los Acuerdos de París el 10 de diciembre de 1898 España sería un reducto de dependencia, Cuba y otras regiones bien distantes de los Estados Unidos comenzarían a girar al entrar en el siglo XX en la orbita de un "Gran Estado Nación" imperialista con todos los visos de modernidad; se inaugura una época en cual el "Gran Estado Nación" imperialista; hará dependientes a otros Estados Nacionales; que hasta dónde son nacionales o no, en tanto son dependientes, no está a la altura de este trabajo responder; si nos atenemos a que Nación y dependencia son excluyentes u opuestos, justifica con creces este criterio pues requiere de un estudio e investigación profunda que no está dentro de este tema, pero forma parte de el. Había terminado una etapa, "Ahora, los políticos y los intereses empresariales de todo el país tenían el sabor del imperio en los labios"[37]

Podría cuestionarse entonces si los Estados Unidos como país presenta un Estado Nación desde 1775 y hasta 1918; la respuesta a esta interrogante pasa por la propia evolución del Estado norteamericano; a nuestro criterio son tres las etapas:

Primera etapa: 1775-1865

No se pude considerar a los Estados Unidos un Estado Nación moderno en tanto no lo es. Es un período anómalo, de "equilibrio" de dos sistemas de producción: capitalismo y esclavitud, donde el segundo frena las potencialidades del primero, donde el poder del estado es muchas veces anulado por la propia contradicción.

Segunda etapa: 1865-1897.

Expansión del capitalismo; de afianzamiento y desarrollo de la economía norteamericana; de existencia de un Estado Nación moderno que arriba a finales del siglo XIX a una nueva fase superior del capitalismo: el imperialismo. Es un período en el cual tiene lugar el afianzamiento del nacionalismo y la nacionalidad norteamericana. Aparece el Gran Estado Nación imperialista.

Tercera etapa: se inicia en 1898, hasta la actualidad.

Es un período de expansión del Gran Estado Nación imperialista hacia la conquista de la hegemonía mundial; se inicia con la guerra Hispano Cubana Norteamericana, pasa por dos contiendas mundiales en las cuales Estados Unidos ve fortalecidas sus posiciones y ocupa un liderazgo indiscutible a nivel mundial.

El Gran Estado Nación imperialista entre 1898-1918

Estados Unidos había resultado el vencedor en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana. El Estado Nación había hecho suyas las ideas y teorías de Alfred T. Mahan sobre la necesidad del poderío naval lo suficientemente fuerte y superior de los Estados Unidos en las condiciones de dominación mundial, los resultados no podían ser mejores, España a pesar de su debilidad, había sido el conejillo para su primer ensayo; en la isla de Cuba aparecería la Base Naval de Guantánamo, embrión de otras tantas que serían creadas por el mundo a fin de alcanzar sus objetivos hegemónicos. El mensaje a la nación del Presidente Teodoro Roosevelt de 1904 daba un nuevo impulso a la doctrina Monroe en los propósitos de la nación norteamericana de cara al siglo XX:

"Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de Estaos Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resaltan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden, a fin de cuentas, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada; y en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos fragrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de política internacional"[38]

La I Guerra Mundial constituyó un momento trascendente en los objetivos del Estado Nación de este país. La conflagración se desarrollo en condiciones ideales para los Estados Unidos al tener como escenario territorios bien alejados de sus fronteras en circunstancias en que la revolución industrial había fomentado una poderosa industria, pero necesitada de mercados. La "neutralidad" ante la contienda le permitió mantener un sistema de relaciones entre contendientes; de esa manera Estados Unidos encontró un mercado fácil donde ubicar sus producciones y a fomentar el germen de lo que sería la futura dependencia de los Estados europeos hacia el Estado Nación norteamericano, Estados Unidos había pasado al concluir la guerra de nación deudora a acreedora.

La I Guerra Mundial tuvo una consecuencia directa sobre el Estado Nación norteamericano; los poderes del Presidente se habían fortalecido en detrimento del poder del Congreso, que aunque conservaba fuerza en materia de política exterior, había perdido terreno. La paz concertada a través del Tratado de Versalles si bien no fue aprobada por el Congreso de los Estados Unidos; brindo para la oligarquía burguesa y la élite de poder la garantía de poder exportar todo género de producciones y conceder amplios créditos para la reconstrucción económica de los principales países capitalistas europeos –Inglaterra, Italia, Alemania y Francia- todo lo cual aseguró al Estado Nación imperialista norteamericano una fuerte posición política ante sus correligionarios a nivel internacional, teniendo estos a su vez un alto nivel de dependencia económica hacia los Estados Unidos.

Los acuerdos de Versalles contemplaron la creación de una nueva institución a nivel mundial con el objetivo implantar orden en las relaciones internacionales; la Sociedad de Naciones. Paradójicamente el Congreso de los Estados Unidos se opuso a que el Estado norteamericano ingresara en ella pues consideraba que era más beneficioso para la política internacional de los Estados Unidos mantener una posición neutral que la diera la posibilidad de no involucrarse en conflictos lo cual facilitaba cualquier tipo de acción sin estar involucrada; traducido en política a poder intervenir de acuerdo a sus propios intereses.

Concluyen los primeros 20 años del siglo XX -lapso de tiempo relativamente corto pero decisivo- para los Estados Unidos. El Estado Nación norteamericano de fínanles del siglo XIX se trasforma en Gran Estado Nación imperialista. Concluida la I Guerra Mundial en 1918, el mundo será otro; dará comienzo el ciclo del dominio hegemónico norteamericano o el llamado siglo XX norteamericano.

Para esta época ya nada tendría que ver que:

"los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad"[39].

Barres ya había expresado que "no se subleva a las masas para una acción duradera sin principios"[40], que no existe "ninguna posibilidad de restauración de la cosa pública sin una doctrina"[41]. Olvidados los principios éticos del Acta fundacional los Estados Unidos vinieron al mundo a dominarlo; hacer de el su deudor y paladín de su grandeza, sus doctrinas ya estaban dadas. El nacionalismo, contribuía a la grandeza del Gran Estado Nación Imperialista.

Conclusiones

-Tres períodos pueden enmarcase en el surgimiento y desarrollo del Estado Nación en los Estados Unidos. Las teorías de Gellner y Hobsbawn sobre el nacionalismo y la formación de los Estados Modernos son sólo aplicables a partir del año 1865. Las concepciones teóricas del materialismo histórico y la economía política marxista tienen en su base de análisis el modo de producción; y la concepción leninista sobre el surgimiento del imperialismo, de ahí el concepto de Estado Nación y Gran Estado Nación imperialista que frecuentemente se ha utilizado en la exposición del trabajo; la cual ha servido también para analizar el Estado creado en el período comprendido entre 1775-1861, momento en que se inicia la Guerra de Secesión. En correspondencia con ello tres períodos lo caracterizan: Formación del Estado; Estado Nación moderno y Gran Estado Nación imperialista.

- El surgimiento y formación del Estado norteamericano se ajusta a la teoría de Anderson en el proceso de formación nacional en el período comprendido entre 1775-1865.

-El Estado Nación moderno en los Estados Unidos es sólo posible una vez concluida la Guerra de Secesión en 1865, con la derrota definitiva del sistema esclavista y la implantación de las relaciones capitalista de producción.

-La continua inmigración arribante a las costas norteamericanas no constituyó un obstáculo en el proceso de formación del Estado Nacional; por el contrario, fue impulsora de los profundos cambios que se dieron en la segunda mitad del siglo XIX que convierten a los Estados Unidos de un Estado Nación Moderno a un Gran Estado Nación imperialista. Es el cambio de la fase pre monopolista a una fase superior del capitalismo: el imperialismo.

-La formación del Estado Nación moderno en los Estados Unidos transita por caminos diferentes a los Estados Modernos europeos; las posibilidades históricas conjugadas en los Estados Unidas fueron únicas, dadas en un breve lapso de tiempo (1865-1898).

-El Gran Estado Nación imperialista en cuanto al modelo que lo inspira-político, económico e ideológico- es único.

-Un fuerte nacionalismo se entronizó en la vida republicana de los Estados Unidos desde su fundación; de exclusivismo y destinados a expandirse por los confines americanos y del mundo; estas constituyeron la base de las ideas geo políticas del Gran Estado Nación imperialista.

Bibliografía de consulta

Anderson, Benedict: Comunidades Imaginadas. Cambridge University Press, Madrid, 1998.

San Martín, Rafael: Biografía del Tío Sam. Tomos I y II. Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

Pichardo, Hortensia: Documentos para la Historia de Cuba, Tomos I y II, Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1971.

Colectivo de Autores: Selección de Lecturas de la Historia Contemporánea de los Estados Unidos. Primera parte. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de la Habana, 1987.

Colectivo de Autores: Historia Contemporánea de los Estado Unidos. Cursos dirigidos. Ministerio de Educación Superior. Editora de la ENSPES. La Habana, 1981.

Zinn, Howard: La otra historia de los Estados Unidos. Ciencias Sociales, La Habana, 2006

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Pérez, Benito Xavier: Nocionales de la Historia de Los Estados Unidos de América. Secretaría de Educación Pública. México. 1944

 

 

Autor:

Tania Machado Martínez

Carlos S. Coll Ruiz

[1] Rafael San Martín, Biografía del Tío Sam (2 Tomos), Ciencias Sociales, La Habana, 2006, T. 1, p. 66

[2] Rafael San Martín, Ob. cit., p. 79

[3] Anderson Benedict, Comunidades Imaginadas, Cambridge University Press, Madrid, 1998, p. 99.

[4] Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 49.

[5] Acta de Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Copia digital.

[6] George Washington fue el hombre más rico de América, Benjamin Franklin era un impresor poderoso. Los demás Patriarcas de la Nación, de una forma u otra, tendrían el mismo nivel social.

[7] Acta de Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Copia digital.

[8] Acta de Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Copia digital.

[9] Acta de Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Copia digital.

[10] Howard Zinn, Ob. cit., p. 52

[11] Rafael San Martín, Ob. cit. p. 85

[12] Howard Zinn, Ob. cit., p. 68

[13] Rafael San Martín, Ob. cit. p. 102

[14] Rafael San Martín, Ob. cit. p. 114

[15] Rafael San Martín, Ob. cit. p. 136

[16] Howard Zinn, Ob. cit., p. 90.

[17] Se refiere a Andrew Jackson, quien fuera presidente de los Estados Unidos entre los años 1828-1836 por el partido demócrata. En el año 1814 se convirtió en el comisario del tratado pactado en ese año, por el cual se obligada a los creeks a “ceder” más de la mitad de su territorio. Fue el paladín de la Guerra Seminole de 1818 que culminó con la conquista de la Florida en 1819.

[18] Howard Zinn, Ob. cit., p. 92-93.

[19] El conflicto con Inglaterra por territorios anglo-norteamericanos, entre 1812-1814, fue, durante muchos años, el único que llevaría a cabo Estados Unidos con alguna potencia europea. Este terminó con una paz (Tratado de Gante) sobre la base del status quo.

[20] Fue esta la primera doctrina concreta norteamericana en materia de relaciones exteriores. Rafael San Martín, Ob. cit. p. 158

[21] Rafael San Martín, Ob. cit. p. 160

[22] Nocionales de la Historia de Los Estados Unidos de América Autor: Benito Xavier Pérez. Secretaría de Educación Pública. México. 1944

[23] Raúl M. Lombana Polémica Teórica sobre el Nacionalismo y la Formación de la Nación Cubana en el siglo XIX. 2002.

[24] Raúl M. Lombana Polémica Teórica sobre el Nacionalismo y la Formación de la Nación Cubana en el siglo XIX. 2002.

[25] Eric Hobsbawn. Naciones y Nacionalismo desde 1780. Pág. 28. Copia digital.

[26] Mijail Bakunin. Patria y Nacionalidad. Copia digital.

[27] Nestor García Itúrbides. Estados Unidos de Raíz. Centro de Estudios Martianos. 2007. Pág. 133.

[28] Ramiro Guerra. La Expansión Territorial de los Estados Unidos. Editorial del Consejo Nacional de Universidades. La Habana, 1964. Pág. 280.

[29] Eric Hobsbawn. Naciones y Nacionalismo desde 1780. Pág. 34. Copia digital

[30] Ernest Gellner. Nación y Nacionalismo. Pág. 59. Copia digital.

[31] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 15

[32] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 15

[33] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 15

[34] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 17.

[35] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 19.

[36] Constitución de los E. U. Biblioteca del Congreso de los E. U. pág. 19.

[37] Howar Zinn. La otra historia de los Estados Unidos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 2006. Pág. 224

[38] Nestor García Itúrbides. Estados Unidos de Raíz. Centro de Estudios Martianos. 2007. Pág. 152.

[39] Acta de Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Copia digital.

[40] Jacques Ploncard D”assad. Doctrinas del Nacionalismo. Ediciones Acervo. Barcelona, Pág. 8. Copia digital.

[41] Jacques Ploncard D”assad. Doctrinas del Nacionalismo. Ediciones Acervo. Barcelona, Pág. 8. Copia digital

Partes: 1, 2


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