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Proceso migratorio: entre la crisis y la identidad (página 2)

Enviado por Lic. Mario Núñez



Partes: 1, 2, 3, 4

  • Esta investigación abordará la etapa pre-migratoria en el Uruguay, relacionada a conceptos básicos como crisis e identidad, con aportes: la historia de las migraciones, globalización, trabajo, desempleo, y las dimensiones individual y colectiva de quien planea emigrar.

  • Objetivos Generales: Estudiar y analizar la etapa pre-migratoria, en sus aspectos psíquicos y sociales de quien proyecta emigrar preferentemente hacia Europa.

  • Objetivos Específicos: Profundizar y analizar el concepto de crisis individual y social en la construcción y concreción del proyecto de emigrar.

  • Reflexionar acerca de la relevancia del trabajo en el proceso pre- migratorio.

    • La investigación se realizará mediante la implementación de un cuestionario que consta de 31 ítem, donde se indagarán diferentes temas: vincular, laboral, proyecto de viaje, fantasías y desarraigo.

    Antecedentes

    Nuestro primer antecedente es el Proyecto:

    "ENTRE EL RECONOCIMIENTO Y EL PROCESO MIGRATORIO: LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD."

    Del Área de Psicología del Trabajo y sus Organizaciones – Facultad de Psicología.

    "Cada migración tiene un por qué y su como se inscribe en la historia de vida de cada sociedad, de cada familia y de cada individuo. Es decir, es en el entrecruzamiento de los procesos psíquicos y sociales que atañen a este proceso migratorio, que nosotros contamos llevar adelante nuestra investigación."[2]

    Particularmente nos interesa estudiar la etapa pre-migratria en relación a conceptos básicos como crisis e identidad, en relación a variables como la historia de las migraciones, globalización, trabajo, desempleo, y las dimensiones individual y colectiva de quien planea emigrar.

    El proyecto del Área se planteaba como objetivo general "el estudio y análisis de la etapa pre – migratoria, estrategia psíquica y social del proceso migratorio, de una parte de la población activa uruguaya que emigra hacia Europa." y entre sus objetivos específicos, "... los procesos identitarios individuales y colectivos en la construcción y concreción del proyecto de emigrar. (...) profundización y análisis del "determinismo" ejercido por el factor "empleo-desempleo".[3]

    En cuanto a las hipótesis de trabajo, también compartimos sus dos postulados básicos: por un lado"El trabajo como estructurante de la personalidad del sujeto"[4] y el desempleo como generador de "una fragilización de la identidad del sujeto", y por otra parte, las antiguas migraciones europeas a esta zona del continente americano, como antecedente cultural que favorecería la opción por el "viejo mundo" en el momento de proyectar la emigración.

    Finalmente, como efectos de la globalización, extraemos como aporte del Proyecto del Área, la búsqueda de satisfacción de necesidades en otros espacios, que aparecen como accesibles con las facilidades de comunicación y traslado, en desmedro de las características culturales de las comunidades de origen.

    El desplazamiento de poblaciones como consecuencias políticas, religiosas, económicas, se ha dado siempre en la historia de la humanidad.

    Los egipcios, asirios, griegos, romanos, mayas, aztecas, celtas, chinos, polinesios árabes, turcos, españoles, ingleses, entre otros, trasladaron poblaciones para ocupar las tierras que habían conquistado.

    El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firmaron un decreto para expulsar de España a más de 165.000 judíos, que habían vivido por siglos en la península ibérica.[5]

    Entre 1860 y 1969 se cree que abandonaron España alrededor de 2.500.000 de personas que se radicaron en América.

    En el período 1876 a 1925, aproximadamente 9 millones de italianos emigraron a América.

    Entre 1800 y 1930 abandonaron Europa hacia América del Norte y del Sur, más de 40 millones de personas.

    Millones de judíos fueron expulsados y enviados a los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

    En el año 1944, se calcula que 7.500.000 de extranjeros trabajaban en Alemania, y en su mayoría eran prisioneros de guerra.[6]

    Actualmente la emigración mundial sigue siendo una constante. Los movimientos migratorios persisten en África, Asia, Europa y América.

    El Uruguay del éxodo

     

    "...yo esperaba todo de un gobierno popular

    que haría su mayor gloria en

    contribuir a la felicidad de sus hermanos".

    José Artigas

    ¿Qué lleva a las personas tomar la decisión de migrar?

    Los motivos son múltiples: históricos, políticos, económicos, sociales.

    El ser humano busca satisfacer sus necesidades básicas y cuando no lo puede lograr en su país, aún a costa de perder la vida, por el medio que sea, decide partir hacia donde cree que puede conseguir una mejor calidad de vida para sí y su familia.

    Nuestra investigación recoge como antecedentes, corrientes migratorias de los uruguayos, que a lo largo de su historia se caracterizaron por desplazamientos (inmigración y emigración) como consecuencia de crisis militares, políticas y económicas.

    Tomamos como referente histórico al "Éxodo del pueblo oriental", uno de los hechos más significativos de nuestra historia.

    El gobierno de Buenos Aires en un armisticio, le entregó al Virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, quien había establecido la Capital Virreinal en Montevideo, los territorios de la Banda Oriental; cuando se enteró Artigas, convocó una Junta de Vecinos, en la Capilla Maciel en el Paso Molino proponiendo la retirada de los orientales hacia la costa del Río Uruguay.

    Se ordenó el levantamiento del Sitio de Montevideo el 12 de octubre de 1811, el ejército empezó su marcha y detrás, el pueblo que rodeaba el campamento le siguió, con Artigas al frente.

    Una idea corrió por entre los orientales: ¡Emigremos!

    De todos lados fluyeron las personas, cruzando arroyos, bajando lomas, hacia el camino que sigue al Norte pasando por San José; toda una caravana que se incorporó al éxodo que marchaba hacia Salto.

    En la marcha estaba también Bartolomé Hidalgo quien escribió:

    "Orientales, la patria peligra;

    reunidos al Salto, volad.

    ¡Libertad entonando en la marcha

    y al regreso decid, libertad!"

    La caravana aprendió de memoria esta estrofa y la cantaban. Detrás quedaban los ranchos quemados, que fueron marcando el derrotero del éxodo.

    En las orillas de El Perdido, eran más de tres mil personas: hombres, mujeres, niños, ancianos, esclavos, indios. Con más de setecientas carretas y carruajes. Estaban además, el padre de Artigas, el Sr. Martín Artigas, sus hermanos José Nicolás y Manuel Francisco, sus tíos, entre ellos José Antonio, primos y allegados políticos.

    A medida que avanzaban se fueron uniendo más personas.

    Llegaron al Río Negro, en el paso del Yapeyú. Siguieron hacia Paysandú.

    Hubo hambre, sed, fatiga, pero la caravana siguió, casi una legua de largo.

    Artigas siempre estuvo abriendo la senda.

    El 1º de diciembre de 1811 acamparon en las orillas del río Quebracho. Siguieron hasta Salto Chico.

    Recibieron ayuda de: Corrientes, de Entre Ríos, de Paraguay.

    Desde el mes de enero del año 1812, le estaba resultando difícil a Artigas, mantener esta situación para sus planes de guerra y había consultado cómo se podía hacer para ubicar a las familias, pero entendió que no era posible abandonarlas y decidió cruzar con ellas el río Uruguay el 19 de abril de 1812.

    Fracasaron los planes de Artigas por la dificultad de movilización de los ejércitos y las distancias en su intento de invasión por el Norte, y cruzó nuevamente el río Uruguay, acompañado por todas las familias, muriendo muchas personas a causa de la crecida del río.

    Se inició la segunda etapa del éxodo en el mes de abril de 1812.

    En el Ayuí, cerca de la actual Concordia (Entre Ríos) acamparon el ejército y el pueblo.

    "Los unos deseosos de ser libres a costa de cualquier sacrificio, los otros temerosos de los incalculables males con los que los amenazan los portugueses y que no pocos han experimentado, se han reunido a este ejército que hoy en día consta de más de mil quinientas familias resueltas a morir antes que volver a sus hogares a ser testigos del rapto, la violencia y el saqueo tantas veces repetido".[7]

    Artigas, sin recursos, organizó el regreso por orden de Viana, quien había procurado impedir el derecho de trasladar a sus familias y Artigas le responde: "Puede descansar de este cuidado descargando en mí. Mi honor empeñado en salvarlas trayéndolas hasta aquí, me impone la ley de restituirlas".

    En los primeros días de septiembre de 1812 Artigas y su pueblo retornaron desde el Ayuí hacia Concepción a reunirse con el ejército que marchó a Montevideo.

    "Todo el mundo está en estado de saber que no he perdonado afán para restablecer en esta Banda el sistema sagrado de los pueblos".

    José Artigas

    El proceso emancipador que se había iniciado en el Río de la Plata, en 1810, tuvo como ejes principales: la disconformidad ante el monopolio comercial de la corona española, la desigualdad de clase entre españoles y criollos, y las ideas liberales de las revoluciones francesa y norteamericana.

    "La Marcha de la Redota" fue una estrategia militar. La población se propuso al abandonar su tierra y sus hogares, alejarse de la soberanía española, para luchar por la libertad.

    Artigas basó su política fundamentalmente en dos sentidos: expulsar a los españoles de la Banda Oriental y lograr la autonomía frente al gobierno de Buenos Aires.

    Su programa fue expuesto en las "Instrucciones del Año XIII", formuladas en el Congreso de Tres Cruces en abril de 1813.

    Los objetivos eran:

    • la independencia de España

    • la elección de un gobierno republicano

    • la adopción de un sistema federal basado en la "soberanía particular de los pueblos".

    Artigas emigra al Paraguay

    "¡Es que hay que acabar con el hombre del "sistema"!"[8]

    En 1820 las tropas de Francisco Ramírez atacaron el campamento en Ábalos donde estaba Artigas, destruyendo todo y apoderándose de las armas, carretas, bueyes.

    Artigas logró huir con doce de sus hombres en dirección a las Misiones.

    Por el camino, se le acercaron indios que lo acompañaron, dejando sus casas.

    Sus enemigos lo persiguieron y no se explicaban cómo lograba Artigas reunir tanta gente: "...este hombre que reúne sus soldados, al parecer, de las entrañas de la tierra. Nadie quiere explicarse estos milagros; sin embargo es bien fácil..., ¡son tantos los pobres, los indios, los desheredados!".[9]

    Antes de llegar a Misiones, lo alcanzaron dos caciques del Chaco, luego de leguas de recorrido y le ofrecieron "su indiada" para continuar la lucha.

    Artigas lo pensó mucho y decidió rechazar el ofrecimiento, cansado de las traiciones, de las ingratitudes, de tanto derramamiento de sangre.

    Decidió llegar a la provincia de Misiones hacia Candelaria el 5 de septiembre de 1820; contaba con 56 años de edad.

    Pidió asilo al dictador Francia del Paraguay: "Redacta de su puño y letra la carta que pide un refugio en algún lugar de la república para pasar el resto de sus días..."[10]

    Cuando llegó al Paraguay no llevaba nada "... ni más vestuario que una chaqueta colorada y una alforja".

    Jesualdo Sosa en el epílogo de su libro se pregunta respecto a la decisión de Artigas de emigrar al Paraguay:

    ¿Ostracismo? ¿Cautiverio?

    Treinta años vivió Artigas lejos de su patria, desde el 5 de septiembre de 1820 al 23 de septiembre de 1850, fecha de su muerte.

    Un período "... oscuro y contradictorio, lleno de misterio y de sombras...".[11]

    "En la mañana del día siguiente un carretón sin toldo, traqueteando, llevó su cadáver desde el rancho hasta la fosa en el campo de los anónimos, "tercer sepulcro del Nº 26 del cementerio general... un adulto llamado don José Artigas, extranjero..."- como anotó el cura enterrador".[12]

    Uruguay: ¿país vacío?

    "Uruguay: país vacío" -nos dice el sociólogo César Aguiar-[13] refiriéndose al momento "cuando nuestro país empezó su vida independiente", y es desde esta visión que intentamos un nexo entre aquel y este incesante éxodo de uruguayos, que por los motivos que iremos analizando, se alejan de su tierra y sus hogares como lo hicieron nuestros antecesores.

    El éxodo del pueblo oriental dejó huellas en nuestra historia. Emigrar parece una salida recurrente de los uruguayos ante las adversidades políticas y económicas que el país ha tenido que afrontar.

    La socióloga Giorgina Piani nos dice: "...emigrar está muy presente en la mentalidad de los uruguayos, no solo como salida a las crisis que le tocan vivir sino como alternativa y modelo de vida".[14]

    En 1830 había una población de 74.000 habitantes. Ya desde sus inicios y hasta el presente, Uruguay es un país que tiene la más baja natalidad de América y una de las más bajas del mundo, con un 1.7%.

    Corrientes inmigratorias

    Cinco años después, en 1835, Uruguay casi duplica sus habitantes en 128.000, debido a corrientes inmigratorias llegadas de Europa: canarios, vascos, gallegos, catalanes, portugueses, ingleses, italianos, alemanes, franceses.

    Fueron inmigrantes los primeros industriales, los obreros calificados, los primeros dirigentes sindicales, los intelectuales y fueron hijos o nietos de inmigrantes lo que juraron la primera constitución en 1830.

    Entre 1726 y 1830 la población de nuestro país estuvo conformada de escasas raíces americanas.

    Españoles e italianos conformaron el contingente más importante que permitió recuperar al país de la destrucción demográfica ocurrida en la Guerra Grande. Al finalizar la misma, la inmigración tuvo incidencia en la demografía.

    El censo de 1852 registró una población de 132.000 habitantes, aumentando a 223.0000 en 1860.

    En 1869 a 329.000 y en 1884 a 552.000 personas.

    Hasta esta fecha el aumento de población no hubiera sido posible sin el flujo inmigratorio. Sin embargo desde 1890 en adelante fue decreciendo el mismo.

    Llegaban pasajeros a nuestro puerto, que luego continuaban su viaje hacia otros países, sobre todo hacia Argentina y Brasil.

    Aguiar, cita a Julio Martínez Lamas (1938) y a Luis Alberto de Herrera (1912) para decir que en el Censo de 1908 se registró una disminución de extranjeros en la población del Interior frente al año 1900, que podría pensarse como una migración interna de extranjeros del Interior a Montevideo, pero que entre 1900 y 1908, el número de extranjeros registrados en el Uruguay había descendido de 198.154 a 181.222.

    Hacia fines del siglo XIX el aporte migratorio pasó a ser demográficamente irrelevante, pero no desde el punto de vista social, porque fueron inmigrantes lo que influyeron en el desarrollo agrícola, la industria, organizaciones sindicales, etc.

    Actualmente muchas de aquellas instituciones continúan formando parte de nuestra sociedad como: Casa de Galicia, Asociación Española, Liceo Francés, el Hospital Italiano, Hospital Británico, Scuola Italiana, etc.

    Proceso emigratorio

    Emigración: "Acción de emigrar//Conjunto de emigrantes//Desplazamiento de población desde el lugar de origen a otro distinto, por diversas causas.

    Emigrar: Ausentarse temporalmente del propio país para hacer en otro determinadas faenas//Abandonar la residencia habitual, trasladándose a otra dentro del propio país, en busca de mejores medios de vida//Cambiar periódicamente de clima o localidad algunas especies animales."[15]

    La emigración ya estuvo latente desde el inicio del proceso de industrialización en Uruguay.

    En 1874 desde las páginas del periódico "El Siglo", Lucio Rodríguez escribía: "...en los meses de junio, julio y agosto, con motivo de paralizarse los trabajos, en los ferrocarriles y otras industrias vienen a la ciudad multitud de peones desocupados. Ellos consumen sus ahorros en su manutención o emigran del país, aprovechando el viaje gratis para Brasil, Chile y Perú".[16]

    En 1895, el Congreso Agrícola Ganadero denunció que entre 80.000 y 100.000 orientales estaban viviendo en Argentina y Brasil.

    Entre 1869 y 1914 la población uruguaya que residía en Argentina crecía a una tasa media anual de 4% y la población que residía en Uruguay entre 1860 y 1908 crecía a una tasa media anual del 3.2%.

    En 1898 frente a Río Branco en Brasil había un núcleo de 1.800 uruguayos.

    En 1899 nativos del Departamento de Colonia se trasladaron a la Argentina.

    En 1902 continúa la emigración a Brasil desde Río Branco.

    El periódico "El Siglo" seguía anunciando noticias de nuevas emigraciones: "De todo el litoral uruguayo y muy especialmente (...) de la Colonia, sigue recibiendo la Argentina un buen contingente de colonos que pasan con sus herramientas (...) y hasta con sus animales en busca de mejor fortuna". [17]

    En 1911 el mismo periódico denunciaba que peones del Departamento de Paysandú emigraron a Argentina para trabajar en la cosecha.

    En 1912, Emilio Frugoni en la cámara de Representantes, dijo que Uruguay era "... un país de emigración, pues suman ya muchos millares los nacionales que han ido a plantar su tierra en el extranjero, huyendo de un medio económico poco propicio".[18]

    En 1922 Gabriel Terra expresó. "Nos vemos paralizados en nuestros progresos. Pasan los años y no se construye un kilómetro de vía férrea, las carreteras se destruyen, las poblaciones de campaña viven una vida anémica, el comercio no avanza, la industria agrícola se estaciona, precisamente en épocas en que los buenos agricultores abandonan sus tierras en Europa y buscan trabajo en el Río de la Plata, pasando de largo por nuestro puerto y también los mejores hijos del país se ven obligados a buscar trabajo en el extranjero, abandonado la tierra nativa".[19]

    Luis Caviglia, en diferentes periódicos de la época como "El Diario", "El Plata", "La Mañana", etc. sobre el problema emigratorio escribió: "El éxodo de estos, contra la arraigada creencia de muchos, no es un fenómeno accidental que se produce en épocas de revolución, sino que se repite constantemente, aún dentro de los períodos de paz interior y de prosperidad. La emigración es pues, para nosotros, un verdadero desastre económico, social y político, que representa para la comunidad la pérdida de 30 a 60 millones de pesos anuales, con la perspectiva alarmante de que este mal tiende a agravarse".[20]

    Julio Martinez Lamas en su libro "Riqueza y Pobreza del Uruguay" (1930 p. 184) citado por Aguiar, opinó: "Hemos visto como hay del otro lado del Río, cien mil uruguayos de ambos sexos, dando su trabajo y sus hijos a la patria de adopción... En Río Grande del Sud son también numerosos. Se dispersan por los países cercanos, como si en el suyo no hubiera espacio suficiente para ellos. La patria después de haberlos dado a luz, los expulsa, los coloca en el umbral vecino, para que otra madre los recoja. Esas otras madres sacian el hambre, curan las heridas de los nuevos hijos recién llegados y les dan trabajo".[21]

    De 1930 a 1960 la emigración se atenuó; la historiografía moderna de los años 60 se refiere a la emigración de los uruguayos pero únicamente como un aspecto a tener en cuenta en el estudio de la demografía.

    En 1968 se empezó a advertir un nuevo flujo emigratorio que va más allá de los sectores profesionales e intelectuales.

    Entre 1963 a 1975 estudios realizados dan cuenta que fueron 200.000 las personas que emigraron (Aguiar).

    En este período se calcula que emigró un 10% de técnicos profesionales.

    La de la década del "70 fue una emigración con un nivel educativo más alto que el promedio.

    El 57% de los uruguayos que emigraron se fueron a vivir a países vecinos y el resto a Estados Unidos, España, Australia, Venezuela, Canadá y México entre otros.

    En Australia se había implementado una política de inmigración ofreciendo facilidades y en otros países había un fuerte desarrollo económico.

    En ese tiempo las personas que emigraron lo hicieron por motivos políticos aunque no fue así en todos los casos. Del exilio político algunas personas retornaron.

    La emigración fue un tema muy comentado en las campañas electorales en 1971. El Frente Amplio creó un slogan que decía: "Hermano no te vayas. Ha nacido una esperanza".

    En 1989, Luis A. Lacalle invitaba a los jóvenes "a usar la credencial y no el pasaporte" y Jorge Batlle hablaba de la necesidad de salvar "un capital llamado muchachos".

    A partir de 1993 resurgió una nueva oleada emigratoria, con un 34% de potenciales emigrantes. En 1999 aumentó al 38% y en el 2000 llegó al 44%.[22]

    Llegamos al siglo XXI

    Una encuesta realizada por Interconsult entre los días 2 al 4 de noviembre del 2001 a personas mayores de 17 años, de ambos sexos, con una muestra de 920 hogares y con las preguntas:

    • ¿Ud. o alguien de su familia ha pensado en irse del país para trabajar en otro lado?

    • ¿Dónde ha pensado ir?

    • ¿Por qué motivo no se ha ido todavía?

    recabó los siguientes datos:

    • El 15% de la población consideró la posibilidad de ir a trabajar a otro país. Este porcentaje representa aproximadamente 300.000 personas que se definen como "potenciales emigrantes".

    • Los que piensan viajar son mayoría hombres que residen en Montevideo menores de 35 años y con un nivel educativo medio (secundaria).

    • El 41% eligió a España y le siguió Estados Unidos con el 26%.

    DATOS RECABADOS POR INTERCONSULT

    entre los días 2 al 4 de noviembre del 2001

    En el mes de enero del 2002 partieron de nuestro país 7.500 personas. Esta cifra surge de la diferencia de salidas y entradas en el Aeropuerto de Carrasco.

    Dicha cifra es la más alta en la historia del Uruguay en emigraciones.

    Los datos oficiales que se publicaron en el diario La República, informaron que en enero del 2002 partieron desde el Aeropuerto de Carrasco 41.676 pasajeros y los que retornaron ese mes fueron aproximadamente unas 34.000 personas.

    Los países elegidos fueron: España, México, Estados Unidos e Italia.

    Habrían 400.000 uruguayos viviendo en el extranjero, según datos del Programa Oficial llamado "Vinculación".

    De estas personas, dos tercios viven en países americanos y el resto en Europa, Australia y otros.[23]

    Una mirada sobre el entramado social

    "La intelectualidad y la sensibilidad se desarrollan en el propio cuerpo social" Felix Guattarí

    Luego de haber realizado esta reseña histórica sobre la emigración, creemos que sería importante pensar el contexto social que está presente en la vida cotidiana de cada ser humano, incluso de aquel que emigra.

    Todo desarrollo humano acontece dentro de una determinada sociedad, que estará ubicada en un determinado lugar geográfico, tiempo histórico-social, y se desplegara en una cultura dada.

    Una sociedad, "es un grupo de individuos, en la que las costumbres generales, las tradiciones, las actitudes y los sentimientos de unidad caracterizan sus interacciones. Estos modos generales de vida en común, de ver la vida, de responder a ciertas situaciones, de compartir sentimientos y creencias, y actitudes hacia el universo material, en relación unos con otros, con los grupos, y la propia personalidad, constituyen la cultura. Estas cosas son las características unificadoras que hacen una sociedad."[24]

    La sociedad es todo aquello que nos rodea, es nuestro día a día, lo común, lo evidente, lo seguro, lo cierto. Y por lo tanto es segura, previsible, se explora y se conoce cada vez mejor. Por una parte, es lo que siempre rodea nuestra acción, lo que constituye las situaciones en las que actuamos, sus contextos, etc. Y por otra parte es el umbral de lo desconocido, de lo amenazante, de lo peligroso. La sociedad es entonces un marco constante de luz y de sombra[25]

    En el seno de una sociedad se puede hablar de "red social", según Elina Dabas.

    Implica un proceso de construcción permanente tanto individual como colectivo, es un sistema abierto de intercambio dinámico entre sus integrantes. De esta forma se potencian los recursos que poseen y se crean alternativas novedosas para la resolución de problemas o la satisfacción de necesidades.

    Cada sociedad establece sus esquemas de comportamiento que son más o menos comunes a los miembros, que han ido pasando de generación en generación. Estos esquemas comunes se llaman cultura.

    La cultura hace referencia a la totalidad de comportamientos que son comunes a los miembros de un grupo social. El comportamiento cultural abarca tanto los esquemas mentales como públicos comunes a toda la sociedad, aprendidos por los individuos y legados de una generación a otra mediante un proceso de enseñanza. La cultura está orientada y mantenida socialmente; se hereda mediante un sistema de trasmisión simbólica y forma parte del patrimonio de los grupos humanos.

    "La cultura es el espectáculo humano por excelencia"[26].

    Por otra parte S. Freud define la cultura como: "La sumatoria o el conjunto de producciones e instituciones, que por un lado permiten distanciar nuestra vida tanto de los antecedentes prehumanos, como también de otras especies animales. Las instituciones sirven para la protección de la especie o grupo, respecto de la naturaleza y para la regulación de las relaciones de los hombres entre sí" .

    Cada sociedad ha llevado consigo una cultura que propicia los esquemas de integración para el grupo y sus miembros.

    La interacción que se da entre el individuo y el medio, es lo que se conoce con el nombre de socialización, esto es, la transformación de un potencial biológico en un ser social. El ser humano es el único animal de la escala zoológica que no puede sobrevivir por si mismo al nacer, y esta razón sería lo que condiciona su inserción social. Pero de todas maneras, cabe señalar que el proceso de socialización no comienza con el nacimiento, sino que ya antes de nacer, nuestros padres están insertos en una sociedad particular que diagramará su "mirada" a la hora de trasmitir los esquemas básicos de interacción social.

    A medida que se va desplegando el proceso de socialización, el individuo se va discriminando e individualizando.

    Según Winnicott "es un proceso de la dependencia absoluta hacia la independencia relativa, por que en definitiva nunca somos totalmente independientes, siempre estamos en un contexto social que nos determina. El individuo sano no queda aislado, sino que se relaciona con el medio ambiente de tal forma que el individuo y el medio podrían clasificarse de interdependientes."

    Dentro de este contexto, cuando este autor habla de salud, se refiere no solo a la salud del individuo sino también a la de la sociedad, ya que la madurez plena del individuo no es posible dentro de un marco social inmaduro o enfermo.

    Por otra parte ese marco social en el que nos tocó vivir, será el escenario donde los seres humanos desplegamos nuestra vida cotidiana.

    Lo cotidiano etimológicamente proviene de quo-tidien, que hace referencia a el cada día,que remite a la reiteración sistemática de una acción. Habitualmente se suele tomar lo cotidiano como lo de todos los días, la rutina diaria, lo ordinario, por ende se suele vincular con lo natural, con aquello que esta ajeno a la voluntad.

    Lo cotidiano también se relaciona con lo normal, lo que es la norma, lo que podríamos decir que está instituido. Pero no se remite exclusivamente a lo de todo los días, a lo obvio y a lo rutinario, sino que también en lo cotidiano se juega lo diverso, el movimiento, el azar, la incertidumbre, conjuntamente con las costumbres, los hábitos, los ritos y tradiciones.

    "La vida cotidiana es el escenario del "hacer", de las innumerables y heterogéneas prácticas, a través de las que transcurre la vida de los sujetos... al tiempo que es el escenario y el tiempo en el que se producen sujetos, donde se produce subjetividad (modos de pensar, hacer, sentir que se construyen en determinado momento socio-histórico). El hecho cotidiano es lo que se hace, lo que se dice; una parte esta anclada en la memoria, la tradición y las costumbres, otra es particular, acontecimiento que se va haciendo"[27]

    La vida cotidiana pensada como un campo de problemáticas permite indagar en la multiplicidad y el entramado de dimensiones y lógicas que la componen. En este escenario confluyen la dimensión singular y la colectiva, la tradición, la memoria, la historia, el anonimato, el acontecimiento, la repetición, etc.

    ¿Cual es el contexto social actual que caracteriza nuestra vida cotidiana?

    La percepción que los seres humanos tenemos de nosotros mismos se ha ido modificando, en relación a los cambios generados en la apreciación que tenemos de nuestro entorno. Nuestra circunstancia no es más la del barrio o la ciudad en donde vivimos, ni siquiera el país donde nos radicamos, nuestros horizontes son, al menos en apariencia de carácter planetario.

    La influencia de las ideas neoliberales y globalizadas que se desarrollan en el seno de una sociedad agitada por un vertiginoso desarrollo científico y tecnológico, nos están trasladando a otra "civilización", provocando que el escenario donde se desarrollan nuestras vidas vaya cambiando cada vez más rápido.

    Algunos de los elementos que se despliegan, en nuestro escenario de la vida cotidiana tienen que ver con: la percepción del tiempo, la cultura mediática, la pérdida de fronteras entre lo público y lo privado, el mercado, el consumismo, los sistemas de control a distancia, los nuevos mecanismos de exclusión, los procesos de globalización, etc.

    "Se producen movimientos que llevan a la publificación de lo privado y a la privatización de lo público, observándose una tendencia al ensamblaje de la esfera pública y el ámbito privado. En ese espacio privado implosionan los medios de comunicación masivos sobre la intimidad, transformando la pretendida subjetividad de puertas adentro. Se moldea un mundo privado interferido o ensimismado por el espacio público."[28]

    La familia comienza a manejar la posibilidad de conectarse visualmente y auditivamente con zonas territorialmente lejanas, donde lo doméstico se transforma por la telepresencia de lo público. Los medios de comunicación se han convertido en el espacios de interacción social por excelencia, donde las barreras geográficas parecen difuminarse, y los productos de las industrias culturales pueden ser consumidos en cualquier rincón del planeta.

    Según Lipovetsky, han surgido nuevos valores individualistas permitidos por la transformación de los estilos de vida y por el consumo de masas: el despliegue libre de la personalidad interna, el reconocimiento de lo singular y la legitimación del placer.

    Se ha producido un proceso de personalización que suprime las referencias sociales valorativas y opera un proceso de igualación entre todos, con el placer como valor universal. El proceso de personalización, supone una nueva forma de percibir la realidad por parte de los individuos, surge una sociedad basada en la autonomía y en la realización personal inmediata. Esto habilita a la expansión de la sociedad de consumo al ámbito privado, haciendo que la vida personal pase a formar parte de la circulación de mercadería, que se convierta en objeto de consumo.

    Por otra parte Kovadloff plantea que hemos pasado de ser ciudadanos a consumidores potenciales, donde el "ciudadano" se ha visto desplazado por el individuo habitante de la llamada sociedad de mercado, convirtiéndose al mismo tiempo en un sujeto endeudado, consumidor compulsivo, etc.

    La sociedad parece sostenerse sobre transacciones económicas en las que el individuo, compite para lograr mayores ganancias, siendo el capital la fuente de todo valor, la medida de todos los bienes, incluso el humano.

    El desarrollo del mercado mundial es una tendencia que parece perfilarse poco a poco a la construcción de un solo mundo mercantil, provocando movimientos de globalización en los modos de vida, de hacer, de pensar, de sentir, de desear.

    Esta nueva cultura, conlleva consigo recientes conocimientos, nuevas maneras de ver el mundo, nuevas técnicas, pautas de comportamiento, usos de instrumentos y un lenguaje también innovador, que va modificando todos los rincones de nuestra sociedad e incide en todos los ámbitos en los que desarrollamos nuestra vida, exigiendo de todos nosotros grandes esfuerzos de adaptación.

    "Los ciudadanos asisten a la producción y consumo de una ciudad que crece según los ritmos y las dinámicas de la modernización económica, trastocando sus relaciones con el medio y las formas de la sociabilidad. La modernización económica supone procesos centralizadores que crean una creciente marginación de sectores urbanos que solo pueden oponer a las fuerzas económicas globales, identidades culturales propias y procesos sociales territorialmente organizados"[29].

    Algo más que moderno...

    "...Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en las narices de tantos, es al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que imponen, y desigual en las oportunidades que brinda."

    Eduardo Galeano

    Cualquier planteamiento expansionista de la actual economía, no puede observarse sino es bajo la premisa que este debe ser beneficioso para la humanidad en su conjunto.

    Mas aún cuando el referente utilizado nos ha llevado a consolidar diferencias abismales entre los estados llamados desarrollados y los no desarrollados.

    Las grandes corporaciones multinacionales y los centros del poder económico del mundo actual (como la organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional) están impulsando el fenómeno que se ha dado a conocer como globalización económica.

    Sacando partido de un concepto tan recurrente como el de aldea global, y utilizando las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías, se pretende eliminar las barreras que los estados actuales aún tratan de mantener frente al libre movimiento de capital y mercancías.

    La globalización de la economía se ha acentuado en los últimos años, originando cambios radicales en la sociedad, comparables a los que se produjeron durante la revolución industrial.

    En otras palabras podríamos pensar que este fenómeno pretende crear un mundo sin fronteras para el dinero y los bienes de consumo.

    "La globalización puede ser definida como la intensificación de las relaciones sociales en dimensión mundial, al ligar localidades distantes de tal manera que los acontecimientos locales son modelados por eventos que ocurren a muchas millas de distancia y viceversa. Se trata de un proceso dialéctico, porque esos acontecimientos locales pueden desplazarse en una dirección inversa a las relaciones muy distantes que los modelan". [30]

    Sin embargo, a este respecto, Manuel Castells previene de confundir Globalización con Internacionalización, y alerta que la globalización como tal surge en la década del 80, como consecuencia del avance tecnológico que posibilitó, a través de las redes de intercambio, como comunicación e información, que se realizaran actividades en todo el mundo en tiempo real, esto es, instantáneamente; en sus palabras la globalización es un proceso "resultante".

    La teoría del dominó le da razón a esto, todo lo que ocurra en determinada parte del mundo repercutirá al momento en el resto del planeta (valga de ejemplo como afectan diferentes acontecimientos políticos o sociales sobre las bolsas de valores).

    Como contraparte, y siguiendo al mismo autor, este fenómeno excluirá de su globalidad a todo lo que, según sus términos, y vía medición codificada, no posea valor, valor de intercambio, valor productivo, valor de consumo.

    Trasladándonos a otro plano, el del origen del nombre que designa a este fenómeno, y que remonta al adjetivo, en el idioma castellano "global", designaría a un pensamiento que contiene dentro de sí una visión amplia sobre cierta circunstancia, ejemplo: "un punto de vista global". [31]

    Pero este adjetivo se substantiviza, convirtiéndose en la Globalización.

    La "globalización" así vista, como sustantivo, pasa a designar al planeta Tierra, al "globo", como algo total; donde lo que no cumple con estos criterios o no se encuentra encuadrado en la forma de funcionamiento de este "globo", es excluido.

    Aquí se totaliza un hecho al reducirse las distancias; la comunicación, Internet, hacen que se desdibujen las fronteras y se pierdan los referentes.

    Todo esto marca una impronta en la actual producción de subjetividades; pertenecemos a la totalidad masificada, o somos excluidos de un sistema; al decir de Rebellato, uno de los principales rasgos de la globalización es que construye subjetividades sobre la base de un proceso de identificación violenta; el precio de la no identificación es la exclusión.

    El fenómeno "Globalización" se ha difundido con mayor intensidad en todas las esferas de la vida humana desde fines del siglo XX. Prácticamente ningún área del comportamiento humano y societario ha quedado libre de recibir y experimentar las influencias que se le atribuyen a este proceso. De igual manera que las sociedades identifican la democracia con la nueva política, así también identifican la globalización con la nueva economía.

    Aunque en los ambientes académicos se han desarrollado investigaciones empíricas y teóricas para precisar el fenómeno y llegar a la propuesta de una definición de uso universal, para una gran mayoría de la sociedad la globalización es más una percepción que la comprensión de un concepto preciso. En consecuencia, las expectativas de ese fenómeno son inmensas y casi mágicas; las críticas son abundantes y muchas veces desproporcionadas.

    La globalización puede entenderse como un fenómeno que no es de data actual, sino una consecuencia inherente y necesaria de la modernidad.

    El pensamiento neoliberal adoptó rápidamente este concepto y lo convirtió en el centro de su discurso.

    La palabra globalización define la situación de la actual economía mundial; el planeta es hoy por hoy un gran mercado donde se compra, se vende y se comunica a una velocidad vertiginosa, en donde se pierden las fronteras de cada país. La globalización de los mercados descansa en la homogenización de las necesidades del mundo, para ello se apunta a desaparecer toda particularidad del sujeto.

    Cuando la globalización comenzó a imponer sus leyes, una de las primeras víctimas fue la política de desarrollo interno, provocando que el motor de desarrollo se desplazara desde la acumulación interna del capital hacia la percepción de capitales exteriores. Es decir, hay un pasaje del capital de los agentes nacionales a manos de las multinacionales, empresas "gigantes" que son las que lideran el proceso de mundialización.

    Este fenómeno también se utiliza como argumento para poner en cuestión los derechos de los trabajadores, propugnar la reducción de los salarios reales, reducir derechos laborales o amenazar con la deslocalización de empresas hacia zonas de mano de obra más barata.

    En el ámbito de globalización de las cosas, gente e ideas, se modifican los marcos sociales y mentales de referencia. Todo lo que es evidentemente local, nacional y regional, se muestra también global.

    Globalización y migración

    ¿Un mundo sin fronteras?

    "Conocer el mundo significa ante todo conocer la casa en que vivimos, sus senderos, su jardín. Toda la inmensidad está contenida en lo pequeño. Lo pequeño no es otra cosa que la inmensidad a escala humana."

    Manfred Max-Neef

    Las políticas de reestructura impuestas por la globalización causan una agitación social e inseguridad económica, la cual desemboca en un aumento de la presión migratoria.

    Se podría plantear que uno de los motivos del flujo migratorio, es la búsqueda de mejores condiciones de trabajo que las que hay en el país de origen de cada inmigrante. Esto estaría indicándonos que las condiciones de vida de donde proviene tanta gente "expulsan" en vez de permitir un armónico desarrollo.

    Fue la declaración de derechos del hombre y del ciudadano, promulgada con ocasión de la revolución francesa de 1778, el primer texto internacional que reconoció el derecho a la emigración. Un derecho individual "cuyo ejercicio puede ser regulado pero no desconocido" y cuya finalidad básica debe ser la protección de la persona emigrante.

    En España este derecho se reconoce en la constitución de Cádiz de 1812, aunque si bien el referente histórico más relevante es el de la constitución de la II República de 1931, en el que se dispone (Art. 31) que: " el derecho a emigrar o inmigrar queda reconocido y no está sujeto a más limitaciones que las que la ley establezca".

    Las políticas de globalización que permiten el libre movimiento transfronterizo del capital y producto, pero no de personas, no reducen el flujo migratorio internacional , sino que por el contrario, provocarían un aumento de la presión respecto de las políticas migratorias. Advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su última publicación, titulada "Workers Without Frontiers- The impact of globalization on International Migration" (Trabajadores sin frontera- El impacto de la globalización sobre la migración internacional)". Su autor Peter Stalker, señala que el libre movimiento de los bienes y capitales entre los países ricos y pobres no será suficiente para compensar las necesidades de empleo en los países del Sur en desarrollo.

    EL número total de inmigrantes en el mundo supera los 120 millones, esto ha provocado la aparición de una floreciente actividad comercial alrededor de la industria de la migración y el desarrollo de un importante tráfico ilegal . Según la OIT, esta cifra citada se podría incrementar por dos razones:

    1)- Porque los flujos de capitales entre países ricos y pobres no serán lo suficientemente amplios como para satisfacer las necesidades de empleo en estos segundos países.

    2)- La caída del precio del transporte y la mayor velocidad que adquirieron los medios de comunicación (que muestran una realidad seductora de los países en mejores condiciones económicas), incitará a las "olas migratorias".

    Las tecnologías de la información están manifestando su impacto en varias áreas que generan una resonancia indirecta, sobre la intensidad y orientación de las migraciones internacionales. El "bienestar" global se acrecienta gracias a los movimientos migratorios. Los emigrantes están dispuestos a trabajar en condiciones laborales que serían inaceptables para los trabajadores del lugar de destino. Las necesidades muchas veces exponen a los emigrantes a la explotación y a la violencia de sus derechos humanos fundamentales.

    Por otro lado, aquellos que carecen de documentación de viaje válidos, son considerados como emigrantes irregulares y por ello están sujetos a la deportación en muchos países. También por su condición de irregular no tienen acceso a asistencia jurídica ni a atención médica.

    Otra consecuencia que conlleva la emigración, es la creación de una competencia ilegal, tanto en los mercados de trabajo, como entre las empresas que acceden a estos servicios y las otras que no quieren o no pueden hacerlo.

    Esta situación no es socialmente sustentable tanto en materia de derechos laborales y garantías individuales, como por la discriminación social que ello implica y por los conflictos latentes que provoca en los trabajadores locales que se ven perjudicados en sus derechos.

    "La globalización concentra cada vez más en manos de pocos el poder, la riqueza y el conocimiento, creando dependencia y pobreza en grandes partes del planeta. Pero nada es capaz de impedir que las personas busquen a cualquier costo, mejores posibilidades de vida, de realización personal y familiar, en los países más desarrollados."[32]

    El Uruguay de hoy

    ¿La casa en orden?

    "Necesitamos, políticas como producción de potencialidades de los colectivos, instituyentes de nuevos anclajes deseantes, imprescindibles en la articulación de historias y proyectos que regulen el juego de las diversidades y posibiliten las refundaciones de lo público".

    Ana Ma. Fernández.

    A lo largo de la historia de la economía Uruguaya, el país ha mostrado una notoria dependencia, siendo sus ciclos de acumulación (ganadera e industrial, etc), cambiantes de acuerdo con las formas que ha asumido su inserción internacional. Dicha condición se ha visto agravada con el correr del tiempo y con el advenimiento de la globalización, desarrollándose desde 1968 un modelo articulado a las nuevas fases de la economía mundial.

    Esto ha "obligado" a un incesante ingreso del capital exterior que ha agudizado la dependencia, generando altos costos financieros para la producción interna y la colocación de títulos de deuda pública en el exterior, lo que limitaría el margen de acción de las políticas internas.

    Durante décadas se asistió a un modelo económico-político en el cual el estado era concebido como un buen empleador. Pero como consecuencia de los cambios ocurridos a nivel mundial se viene hablando de una reforma del estado y de las empresas públicas.

    La privatización dejó de ser una amenaza para pasar a convertirse en una realidad concreta, generando con ella todo un movimiento político, social-económico y psicológico.

    Durante la década del 90 se llevó adelante una reforma del Estado y una redefinición de su rol y el de las empresas, generando transformaciones en las relaciones laborales y en las formas organizativas de racionalización de recursos económicos, materiales y humanos.

    "El desafío prioritario que enfrentaría el Estado sería su función en un mundo de permanentes cambios, donde el impacto de la llamada revolución tecnológica es muy importante, penetrando en todos los sistemas sociales modificando la educación, las formas de trabajo, la economía y la visión que tenemos del mundo".[33]

    Hoy asistimos al resquebrajamiento y probablemente al replanteo de un modelo económico, social y político impulsado por los gobiernos de los últimos treinta años que incluye la concepción del Uruguay como "Plaza financiera", privilegiando fuertemente a este sector de la economía. La desregulación, la preocupación excluyente por la preservación del equilibrio fiscal, la contención del gasto público y la inclinación por el sistema financiero, junto a las políticas de atraso cambiario, arrojaron como resultado la pérdida de competitividad de la producción nacional, la progresiva destrucción del aparato productivo y la pérdida de puestos de trabajo.

    Los sectores tradicionalmente dominantes de la economía de nuestro país como el área agro-exportadora y la industria, se han visto paulatinamente desplazadas en las tres últimas décadas, por el sector financiero y las compañías transnacionales.

    Otras de las situaciones que también viene aquejando al Uruguay de hoy, es la creciente "corriente migratoria", cuyo porcentaje podría estar alcanzando valores similares a la tasa de crecimiento vegetativo de la población. Se estima que más de un 12% de uruguayos esta residiendo en el exterior, dicho porcentaje es alarmante en el caso de nuestro país, ya que su población total apenas alcanza los tres millones.

    "Los datos de la dirección Nacional de Migración reflejan que alrededor de 40 mil personas abandonaron el país (desde junio del 2001 a mayo del 2002) y no regresaron.

    La dispersión uruguaya se inició en un principio por motivos políticos-ideológicos, durante los años de la dictadura militar en 1970. Sin embargo una vez reinstaurada ya la democracia en 1985, cuando aquella corriente migratoria parecía revertirse, cada vez más uruguayos vuelven a convencerse de que el futuro está afuera de su país.

    Y como canta Jaime Roos en "Los olímpicos": "El que se fue no es tan vivo, el que se fue no es tan gil".

    OBJETIVOS GENERALES:

    Estudiar y analizar la etapa pre-migratoria, en sus aspectos psíquicos y sociales de quien proyecta emigrar; preferentemente hacia Europa.

    OBJETIVOS ESPECIFICOS:

    • Profundizar y analizar el concepto de crisis individual y social en la construcción y concreción del proyecto de emigrar.

    • Reflexionar acerca de la relevancia del trabajo en el proceso pre-migratorio.

    Marco teórico

    En este capítulo del trabajo será abordado el concepto de crisis desde el punto de vista individual y social relacionado al actual proceso migratorio en el Uruguay.

    Para un mejor entendimiento del problema planteado se desarrollarán conceptualmente los siguientes ejes temáticos: crisis, identidad, y trabajo, que servirán de soporte al momento de realizar el análisis.

    CRISIS

    Según la Real Academia Española se define como:

    Crisis. (Del lat. crisis, y este del gr. Krisis). f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente. || 2. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales. || 3. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese. || 4. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes. || 5. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente. || 6. Escasez, carestía. || 7. Situación dificultosa o complicada. || ~ ministerial. f. Situación en que se encuentra un ministerio desde el momento en que uno o varios de sus individuos han presentado la dimisión de sus cargos, hasta aquel en que se nombran las personas que han de sustituirlos.

    Si bien el término parece contar con un significado demasiado laxo, o referente a cosas muy disímiles, todas estas aplicaciones tendrían algo en común, en lo que varios autores coinciden, como una condición necesaria para posibilitar la existencia del concepto como tal, y es la dimensión Tiempo.

    Al hablar de crisis, daríamos por supuesto la existencia de un período de normalidad, cuya magnitud temporal será mayor al del período de crisis. En cambio, si el período de crisis se extiende demasiado en el tiempo, haciéndose una constante, el concepto no tendría sentido en sí mismo.

    Etimológicamente, "Crisis" deviene del griego "Krisis", que significa "decisión", que a su vez deriva de "Krino", "yo decido, separo, juzgo".

    Asimismo en inglés, la palabra "crisis" se basa en el vocablo griego "krinein", que significa decidir, lo que muestra a la crisis como un momento decisivo donde habrá un cambio para bien o para mal.

    En este sentido, crisis es para el hombre vivir una situación en la cual las bases de su ser y de su actuar, es decir sus creencias e ideas más primarias, se ven cuestionadas, frágiles o inseguras. Y en esa situación de crisis el hombre está obligado a volver a decidir.

    Las crisis son entonces, una situación de replanteos y no sólo de orden filosófico, sino que esencialmente se trata de una actividad intelectual que antecede a una acción, tal como lo expresa el verbo krino: separar, juzgar y decidir.

    Consideramos pertinente introducir aquí, que el equivalente chino de la palabra, crisis se compone de dos caracteres que significan: "peligro y oportunidad" al mismo tiempo, con lo que nuevamente se pone de relieve dos maneras de resolución de una crisis: para empeorar o para mejorar.

    Esta acepción del término nos aporta lo siguiente: a diferencia de lo que se maneja a nivel de sentido común, aquí el término aparece denotando un sentido positivo, como posibilitador de oportunidades; según su estado general, podrá enfrentar la crisis en uno u otro sentido, y desde allí potenciar su decisión.

    También, sería importante tomar en cuenta el concepto Crisis desde el punto de vista clínico.

    Karl Slaikeu maneja una teoría general de las crisis y define a ésta como: "estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo."[34] Según este autor, la crisis estaría definida por una serie de características:

    • es temporal, por lo que luego de un período no muy largo de tiempo el equilibrio es recuperado;

    • existe, en la gran mayoría de los casos, un suceso desencadenante;

    • cuenta con un potencial de resolución hacia niveles de funcionamiento mejores o peores; y su resolución estará sujeta a la gravedad del suceso desencadenante, y los recursos, ya sean materiales, personales y sociales del sujeto.

    Esta teoría de la crisis, toma en cuenta los aspectos intrapsíquicos (o individuales), y los contextuales (sociales). Según el mencionado autor, el suceso desencadenante de la crisis proviene del ambiente e incide en la personalidad del individuo. Así, éste entra en crisis y su reacción afectará además a su entorno, es decir, familiares, amigos, vecinos, y la comunidad toda.

    Respecto a los aspectos intrapsíquicos, la crisis desorganiza y desequilibra a la persona a nivel de sus sentimientos, pensamiento, conducta, relacionamiento familiar y social, y su funcionamiento físico.

    Implica también un aumento de la vulnerabilidad y sugestionabilidad del sujeto. Esto a su vez puede determinar que frente a la situación de crisis, el individuo pueda no enfrentarla en forma adecuada.

    Algunos autores describen dos etapas del adecuado enfrentamiento de la crisis. Una instancia en la que el sujeto realiza una primera valoración preguntándose sobre la existencia de algún peligro; y una segunda etapa, donde el sujeto hace una valoraciónnuevamente, preguntándose qué hacer. Esta valoración, dirige un cambio en la situación objetiva, y también en el manejo de los aspectos subjetivos.

    En los estados de crisis estos procesos de valoración se hallan trastornados, por lo que muchas veces el sujeto no sabe como actuar frente a ella.

    Una resolución positiva de la crisis implicaría la reflexión sobre lo sucedido, su integración junto a otros acontecimientos de la vida del individuo, formando parte así de una experiencia desarrolladora, de manera que pueda dejar a la persona abierta al futuro, que sea capaz de iniciar una nueva empresa en su vida, y de estar mejor provista para ello. Implica una disposición positiva para continuar en el proceso de vida.

    Es importante tener en cuenta que las crisis están enmarcadas en los sistemas sociales. Por ejemplo, el desempleo -producto del sistema económico-social-, puede ser un agente desencadenante de una crisis.

    Son varias las escuelas de pensamiento que intentan "definir" el concepto de crisis. Una de ellas es la Psicología Sistémica, basada en la Teoría General de los Sistemas de Von Bertalanffy, la cual hace una distinción entre subsistemas y suprasistemas. El estado de crisis se caracterizará por una desorganización en uno o más de estos subsistemas. Lazarus, considera la persona como un sistema conformado por cinco subsistemas, el conductual, el afectivo, somático, interpersonal y cognoscitivo.

    Los suprasistemas constituyen el contexto de la crisis, y de acuerdo a la Psicología Sistémica, nos encontramos con tres de ellos que son relevantes para enfrentar las crisis: el microsistema, el exosistema y el macrosistema.

    El microsistema representa la familia y el grupo social más cercano (amigos, vecinos, etc); el exosistema representa la comunidad (el entorno laboral, las organizaciones vecinales, escuelas, iglesias, las estructuras gubernamentales, etc.); y el macrosistema incluye la cultura y sus valores predominantes, normas, valores y costumbres.

    El microsistema es el principal punto de apoyo en momentos de crisis. Los exosistemas pueden contribuir a agravar o a atenuar las crisis, mientras que los valores y normas del macrosistema determinan la manera en que los individuos enfrentarán sus crisis.

    En algunos casos, como lo mencionan León y Rebeca Grinberg, las migraciones pueden ser la causa de situaciones de crisis, o bien su consecuencia. Los cambios producidos por la migración afectan a tantas áreas de la vida del individuo, que puede producir una crisis incluso a nivel de la identidad.

    Del mismo modo, una situación de crisis presente a nivel nacional, o de estructuras, podría resultar el detonante de la experiencia migratoria. Así también estos autores mencionan cómo determinados cambios sociales pueden provocar migraciones, tras producir en los individuos una disminución en su sentimiento de pertenencia a su grupo social.

    Es con relación a esto último pretendemos hacer un desarrollo teórico acerca de la identidad ya sea individual, y/o social-cultural, y cómo esta puede o no resultar afectada por el proceso migratorio.

    Identidad

    "Todas las sociedades han intentado dar respuesta a unas cuantas preguntas fundamentales: ¿quiénes somos como colectividad?, ¿dónde y en qué estamos?, ¿qué queremos y qué deseamos?... La sociedad ha de definir su identidad, su articulación, el mundo, sus relaciones con él, y con los objetos que contiene, sus necesidades y deseos. Si una "respuesta" a estas "preguntas", sin estas definiciones, no hay mundo humano, ni sociedad, ni cultura, pues todo se quedaría en un caos indiferenciado."

    Cornelius Castoriadis

    El concepto de "Identidad", (personal, grupal, cultural o nacional), es multidimensional; hace referencia a variados aspectos de la realidad social e individual.

    Habitualmente se relaciona "identidad" a "idéntico", palabra ésta que nos remite a "lo común", "lo homogéneo". Como tal, podría afirmarse que la identidad sería aquello que permanece igual a pesar de los cambios que puedan suscitarse. En este mismo sentido, León y Rebeca Grinberg, hacen referencia a que, "la capacidad del individuo de seguir sintiéndose el mismo en la sucesión de cambios forma la base de la experiencia emocional de la identidad"[35].

    De todas formas, no debemos caer en una postura simplista y/o reduccionista, de considerar la identidad como meramente "lo idéntico", puesto que la identidad supone una conformación de procesos caracterizados por una serie de elementos provenientes de un estado constitutivo de diversidad. Siendo justamente en ese proceso de integraciones múltiples, de complejidades, correspondientes a cada contexto, que se van elaborando y definiendo, lo que para cada momento histórico, presenta la nueva cualidad de identidad, ya sea nacional o cultural.

    Considerando a la migración como una situación que de forma ineludible trae consigo tantos cambios en la vida de un sujeto, la misma puede constituirse para el individuo como un elemento de "amenaza" para su identidad. Se producen una serie de pérdidas de objetos cargados de una gran significación para el individuo, "cortes" en todos los aspectos de la vida que hasta ese momento llevaba el sujeto. Todos aquellos elementos que le son cotidianos dejarán de serlo, para intentar ahora "comenzar una vida nueva". No obstante, el impacto que esta serie de cambios puedan producir en cada sujeto, a nivel de su "sentimiento de identidad", va a depender, por sobre todas las cosas de la internalización de las relaciones objetales, del establecimiento de un objeto que proporcione al yo la suficiente estabilidad para cumplir con la capacidad por parte del individuo de sentirse el mismo; factor relevante característico, que define a la identidad.

    Como lo afirman León y Rebeca Grinberg, todo cambio implica un ingreso en lo desconocido, hacerse responsable del futuro y enfrentar las consecuencias que estos hechos puedan traer consigo. Las situaciones de cambio provocan en los individuos diferentes reacciones, sentimientos de ansiedad y de depresión. En todo proceso de cambio, existen ciertos elementos que evolucionan, mientras que otros permanecen constantes. Esto posibilita que el cambio pueda producirse, sin que necesariamente se origine una desestructuración del objeto total, de forma que las partes que permanecen sin cambiar puedan ser capaces de asimilar los aspectos nuevos manteniendo la coherencia de la identidad. Son justamente estos elementos que parecen mantenerse iguales, los que funcionan a modo de sostén del resto, los que conforman la base del sentimiento de identidad.

    Por sus características, los cambios, y en este caso, los producidos por una migración, ponen en juego ansiedades de tipo persecutorias, debidas a lo desconocida que puede resultar la nueva situación a la que se ve enfrentado el sujeto, como así también la presencia de ansiedades depresivas, por a las sucesivas pérdidas objetales (familiares, casa, amigos, etc,), con el consecuente temor a la pérdida de su identidad.

    A lo largo de la vida, los individuos pasan por una sucesión de cambios, y a través de su elaboración se irá construyendo el sentimiento de identidad. De todas formas, pueden darse determinadas situaciones frente a las cuales el sujeto tal vez no cuente con los recursos necesarios para soportar tales cambios. Esto hace que tanto la identidad externa como la del propio self pueda verse en cierta manera amenazada.

    Según Fernando Ortiz, la identidad es conciencia de pertenencia a la cultura, la patria, la nación.

    Tanto las experiencias cotidianas, como la conciencia de la realidad, el sentido común o las formaciones inconscientes, conforman dimensiones psicológicas en la conformación de la identidad. En situaciones de crisis sociales, donde muchas veces lo que prima es una incertidumbre generalizada, y la marcha de los acontecimientos se torna tan variable, donde existe un descreimiento por los ideales y la realización de metas sociales, y a esto se suma un deterioro a nivel de las condiciones de vida, pueden producirse alteraciones, replanteamientos importantes de "proyectos de vida" (individuales o colectivos), pudiendo afectar las bases mismas de la identidad personal o social.

    Es en el año 1919 cuando Víctor Tausk introduce en el Psicoanálisis el término "identidad". Este autor consideraba que de la misma manera en que el niño pequeño va descubriendo los objetos y su self, la persona adulta debe repetir continuamente la experiencia de encontrarse a sí mismo, como así también de sentirse sí mismo.

    No obstante, la popularización del término se produce, en la década del cincuenta, con los aportes de Erik Erikson. Este autor ponía de manifiesto que a la adolescencia le correspondería la formación de un proyecto de vida e ideales, que el sujeto siente como lo más íntimo, como el centro de su personalidad. Era justamente a esta fidelidad a los propios ideales a lo que Erikson llamaba identidad.

    Asimismo, León y Rebeca Grinberg plantean en su libro "Identidad y cambio", al sentimiento de identidad como "resultante de un proceso de interrelación continua entre tres vínculos que hemos denominado vínculos de integración espacial, temporal y social."[36]

    Según estos autores, el vínculo de integración espacial, abarca las relaciones entre las distintas partes del self, manteniendo su cohesión, y haciendo posible la comparación y diferencia con los objetos. Esta integración de las distintas partes es lo que va a dar lugar a la posibilidad de diferenciación del Yo con el resto del entorno; será lo que dará lugar al sentimiento de individuación.

    El vínculo de representación temporal, une las representaciones del self en el tiempo, de forma que exista una continuidad entre ellas y de esta manera, conforma la base del sentimiento de mismidad.

    El tercero, es decir, integración social, va a comprender las relaciones entre las distintas partes del self y de los objetos, establecidos por medio de mecanismos de identificación, ya sea proyectiva o introyectiva, y que como tal van a dar lugar al sentimiento de pertenencia a determinado lugar.

    El funcionamiento de estos tres vínculos se da de forma simultánea e integrada, no obstante, debemos tener en cuenta que si bien, se considera que la migración afecta a estos tres vínculos, en cada caso, dependiendo del momento y de las características de cada sujeto, se podrá dar un mayor grado de perturbación o desorden de uno sobre otro.

    Llevando estos tres tipos de vínculos descriptos al campo de la emigración, nos encontramos con que en algunos casos puede darse que al poco tiempo de encontrarse en el nuevo destino comiencen a manifestarse en el emigrante diferentes estados de desorganización en los cuales se pueden desarrollar ansiedades muy primitivas que pueden provocar incluso verdaderos estados de pánico. Tal es el caso, según Grinberg, de sentir temor a ser "devorado" por la nueva cultura. Estos estados pueden sobrevenir como resultado del conflicto presente en algunos emigrantes sobre "... el deseo de confundirse con los otros para no sentirse marginados, ni "distinto", y el deseo de diferenciarse para seguir sintiéndose "él mismo", conflicto que puede originar momentos confusionales por la mezcla de los dos deseos, dos tipos de sentimientos, dos culturas".[37] En este caso el vínculo que se hallaría afectado sería el de integración espacial, puesto que se corresponde con el sentimiento de individuación.

    En el vínculo de integración temporal, el trastorno puede aparecer en forma de lapsus, que refieren a nombres, lugares o situaciones que serían características de su país de origen. También nos encontramos con aquellos sujetos que deciden emigrar, o bien, que ya se hallan instalados en el "nuevo lugar"; en la gran mayoría de los casos, cuentan con una necesidad de aferrarse a una serie elementos u objetos, que de alguna manera resultan representativos de su medio de origen, como una forma de "preservar su identidad", de seguir siendo lo que "eran" hasta el momento.

    Con respecto al vínculo de integración social, en la emigración, es probablemente el más afectado, dado que los mayores cambios se suscitan en relación al entorno, donde todo es nuevo y desconocido.

    Si bien, la migración, por sus características en cuanto al gran cambio que resulta para la persona, puede ocasionar una amenaza para la identidad del sujeto, también la migración puede ser decidida como una forma de afirmar el sentimiento de identidad, principalmente en aquellos sujetos con antepasados emigrantes, mediante la vuelta y el contacto con aquellos lugares de las cuales provenían sus ancestros.

    Como dicen León y Rebeca Grinberg: "... en todos los casos la migración pondrá a prueba la estabilidad psíquica y emocional" (...) "solo una buena relación con los objetos internos, la aceptación de las pérdidas y la elaboración de los duelos permitirá integrar de manera discriminada los dos países, los dos tiempos, el grupo de antes y el grupo actual, que dará lugar a la reorganización y consolidación del sentimiento de identidad, que corresponderá a alguien que sigue siendo el mismo a pesar de los cambios y remodelaciones." [38]

    Al momento de considerar el fenómeno migratorio y la relación de la migración con la identidad, resulta interesante introducir el concepto de "identidad nacional" o "nacionalismo".

    El término nacionalismo adquiere fuerza en el último cuarto del siglo XIX, lo cual aparece relacionado con el comienzo de la participación de las masas populares en la vida política de los países. El nacionalismo sería un impulso que da el Estado para crear un sentimiento de pertenencia de los individuos a una misma nación. La noción de identidad nacional, hace referencia a realidades humanas muy diferentes, dependiendo, sobre todo del contexto, sea este de prosperidad o de crisis. Esta noción se refiere a "un campo de relaciones sociales en el que tiene lugar la disputa y la síntesis simbólica entre diferentes memorias y proyectos de colectividad. Para los uruguayos constituye un sentimiento en crisis, -es decir- en transformación, que tiene como antecedente la polaridad traumática de los años setenta y dispone, por delante, un futuro incierto en cuanto a que podamos diseñar con autonomía democrática nuestros destinos históricos nacionales o regionales"[39]. Según historiadores y sociólogos, existe un debilitamiento del "yo nacional", es posible afirmar, (siguiendo a Marcelo Viñar), que "el Uruguay de hoy se caracteriza por la falta de proyectos e ideales compartidos."[40]

    Identidad cultural y flujo migratorio

    El flujo migratorio, con las mismas razones de búsqueda de mejora en las posibilidades económicas, lleva a muchos de los pobladores de nuestro país –como en la mayoría de los países del mundo – del campo a la ciudad, y de ésta a otras urbes más grandes. De allí, el desplazamiento traslada a la población migrante fuera de fronteras, hacia otras sociedades económicamente más poderosas, en las que se fantasea encontrar las mejoras anheladas.

    Para comprender mejor los desplazamientos migratorios y los procesos de adaptación del sujeto que migra, nos interesa particularmente profundizar en el concepto de Identidad Cultural.

    Esta noción refiere a "aquellos elementos que, siendo compartidos por los individuos, les permiten sentirse pertenecientes a una comunidad o a varias. (...) no siempre una cultura es tan homogénea (...) al ser cultura un proceso de reconstrucción permanente, las pautas de pensamiento, emoción y conducta pueden ir cambiando. Así algunas pautas dominantes pasan a ser secundarias y otras minoritarias se convierten en hegemómicas.[41]

    La identidad cultural juega un papel fundamental en la construcción identitaria del individuo, desde que conforma un conjunto de rasgos que no solo son comunes a los individuos de determinado contexto socio – cultural, sino que atraviesa las individualidades de sus componentes amalgamándose con aspectos propios del sujeto.

    Jorge Vergara Estévez plantea: "la identidad se basa en el autoconocimiento, el cual asume tres formas: autoconfianza, autorespeto y autoestima (...) El desarrollo de estas formas de autorreconocimiento en cada persona depende de haber experimentado el reconocimiento de los otros, a los cuales a su vez se reconoce."[42]

    Otros varios autores han trabajado este tema, sin llegar a definirlo como identidad cultural, pero haciendo referencia a las influencias culturales en la conformación de los aspectos psíquicos individuales. Entre ellos Bruner, cuando señala, en su extensa obra, como de distintas maneras el individuo va siendo modelado por su entorno cultural. También todos los autores de la Psicología Social apoyan esta concepción.

    "La idea de identidad cultural implica la construcción de una idea del otro. Por ello es que las relaciones de identidad, implican relaciones de diferencia. Toda identidad se determina siempre con relación a un(os) otro(s), y limita específicamente con la alteridad de los otros. (...) Cada persona y grupo internaliza la identidad que los otros le atribuyen y la incoporta, de diversas maneras, a su propia construcción identitaria. Dice Sartre: "somos en la mirada de los otros". "[43]

    Rodrigo Alsina relaciona la identidad cultural con el etnocentrismo, y habla de "identidades culturales" atendiendo a la pluralidad de afinidades, pertenencias, fidelidades, que coexisten en la cultura de cada individuo.[44]

    La identidad cultural opera –como todas las características humanas- en forma ambivalente. Por un lado es un factor de cohesión, de pertenencia al grupo y a las raíces históricas de la comunidad de origen, formando en cada sujeto, una combinación que le es propia, a la vez que es compleja y representa un rasgo irrepetible, y, visto desde la óptica de los cambios a que se expone con la emigración, es irremplazable, y su eventual alteración producirá efectos emocionales y psicológicos de alcance difícilmente cuantificable por su singularidad.

    Por otro lado, los aspectos identitarios colectivos, relacionados con la cultura funciona como una de las "membranas permeables" de cada comunidad, a través de la cual, mediante el intercambio cultural, se producen fenómenos de actualización de modelos, usos y costumbres. Esta es una de las razones por las que se puede explicar el auge de la globalización.

    Trabajo

    "Ya desde los tiempos más remotos, el trabajo introdujo una escapatoria,

    gracias a la cual el hombre dejaba de responder al impulso inmediato,

    regido por la violencia del deseo".

    Georges Bataille

    Trabajo: "Acción y efecto de trabajar.//Cosa producida por un agente.//Esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza, extrayéndola, obteniéndola o transformándola". [45]

    Los griegos de la época clásica consideraron al trabajo una actividad degradada que estaba a cargo de los esclavos y de las mujeres que se ocupaban de las tareas domésticas.

    Antes del siglo XVIII las relaciones entre los hombres fueron de pertenencia o dependencia, donde el señor feudal fue dueño de la propiedad, incluyendo al sujeto.

    El capital ya existía en las sociedades civilizadas desde la antigüedad; en el mundo greco-romano se empleaba el capital en forma de herramientas para producir los tejidos, las cerámicas, etc., que se vendían en los mercados.

    Durante el período de los descubrimientos y colonizaciones el comercio se expande a escala mundial, fomentando la división del trabajo y una mecanización de la producción, con el incremento del capital.

    A partir del siglo XVIII, con el auge del capitalismo, empezó una transformación en la noción de trabajo. El capital adquiere un papel preponderante en la economía de Europa Occidental y América del Norte.

    A las organizaciones socioeconómicas de las mencionadas regiones se las llamó "sistema capitalista o capitalismo".

    Dicho sistema capitalista es un intercambio de bienes y servicios cuyos valores se fijan en las transacciones en función de la oferta y la demanda.

    Desde Europa, más específicamente desde Inglaterra, el capitalismo se expandió a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo hasta la Primera Guerra mundial, tras la cual se instauró un nuevo orden socioeconómico que se denominó comunismo, siendo lo opuesto al capitalismo.

    El comunismo es la doctrina de las condiciones de emancipación del proletariado (actualmente se dice clase trabajadora), que obtiene los medios para subsistir de la venta de su trabajo y no del beneficio de algún capital.

    Cuando se inventaron las máquinas de vapor, de hilar, etc., se modificó el antiguo modo de producción. Las mercaderías realizadas con las ruecas y telares de construcción rudimentaria se vieron en desventaja frente a las máquinas que confeccionaban con mejor calidad sus productos, más rápido y a un menor costo.

    El invento de las máquinas puso la industria en manos de los grandes capitalistas, disminuyendo el valor de las posesiones de los trabajadores que no podían comprar la maquinaria necesaria para su trabajo.

    Esta situación provocó que el trabajo se empezara a dividir. La persona ya no realizaba su actividad como solía hacerlo, sino que pasó a dedicarse a una parte de la producción.[46]

    C. Marx y F. Engels escribieron: "Finalmente, la división del trabajo nos brinda ya el primer ejemplo de que, mientras los hombres viven en una sociedad formada espontáneamente, mientras se da, por tanto, una separación entre el interés particular y el interés común, mientras las actividades, por consiguiente, no aparecen divididas voluntariamente, sino por modo espontáneo, los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que le sojuzga, en vez de ser él quien lo domine. En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse...". [47]

    Con el contrato social (Jean Jacques Rousseau, 1712-1778), el hombre comenzó a descubrir que es dueño de su fuerza de trabajo y de su vida. El señor feudal ya no tuvo cabida en esa estructura política-económica.

    C. Marx[48](1818-1883) opinó que lo que se compra o se vende es "la fuerza de trabajo", no el trabajo en sí, dicha "fuerza de trabajo" es patrimonio del sujeto, es lo que éste puede ofrecer e intercambiar.

    El trabajo es sentido como una necesidad de supervivencia y un aspecto fundamental en la inserción social.

    "...el trabajo es una actividad privilegiada, puesto que permite superar simbólicamente los límites del tiempo y del espacio y encontrar(le) un sentido a la vida..."

    Partes: 1, 2, 3, 4


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