
El presente texto está dirigido a alumnos universitarios y aquellos que cursan el Tercero y Cuarto año de Enseñanza Media, los contenidos desarrollados en este volumen están de acuerdo a la Reforma Educacional Chilena.
El objetivo de la elaboración de este texto es que el alumno pueda tener ideas claras y nítidas, como pedía Descartes, y sea un vehículo de comunicación y discusión entre los jóvenes.
La cultura occidental tomó la modernidad tan en serio que perdió la dimensión trascendente y se hizo esclava del tiempo mundano, devenir y finitud acotan cada vez más el que hacer, restándole substancia y horizonte.
Ahora las ideas deben ser, además de claras y nítidas, útiles y por ende de factura urgente.
No hay paciencia actualmente para pensar de corte escolástico, y lo pragmático ha adquirido supremacía sobre lo supuestamente verdadero. Uno de los símbolos claves de esta evolución es el vocablo "vigencia". Estamos por proclamar que lo carente de vigencia tampoco tiene existencia.
Difícil es hoy en día exigirle claridad, nitidez, utilidad e inmediatez al discurso que tiene como referencia los derechos humanos, la dimensión de persona, pues son muchas las disciplinas que reclaman la jurisdicción sobre la materia: la política no menor que el derecho, la moral y diversos ámbitos de la filosofía.
La escolástica acuñara la definición de persona como substancia individual de la naturaleza intelectual. El siglo XX agregará que la conciencia de sí presupone la conciencia del otro.
Si soy persona, es porque reconozco serlo entre otras personas, si tengo conciencia de actuar es un concierto de agentes, y si sé que me motivan determinados intereses, es el entendido que hay otros seres que también tienen intereses porque actúan, porque fundamentan mi conciencia de ser persona, porque son personas.
El hombre es el forjador de su propio destino, la existencia muda de toda almendra esencial, el relativismo que nos dio la física y que sólo supimos transformar en timidez intelectual y en tibieza moral, todo ello y mucho más le ha producido a la humanidad una escisión profunda y al parecer definitiva, entre los seres humanos que son competentes y los que no lo son.
Más que siendo, la existencia se plasma pudiendo desde esta perspectiva cobra vigor la definición de persona como "individuo expuesto al universo y abierto al mundo con un plan privado existencial" (García Bacca).
La exposición del ser humano al universo es un suceso biológico, la apertura al mundo un desarrollo educacional, el plan existencial es la transformación de potencialidades en actualidades o, si se prefiere, de deseos en intenciones de acción.
De manera que la persona, es el producto de una gestación una evolución y una realización, y desgastarse o ser cohibido, dando lugar a seres humanos expósitos al universo pero incapaces de hacerse un mundo menos aún de plasmar su propia existencia.
En síntesis el ser humano de origen y constitución dual creado "con aliento y vida" (Gen.2.7). Es cuerpo, alma y razón. Aparece Dios como persona, es decir como ser-en-sí.
Ser del ser que se predica lo excelso, ser que amalgama existencia y esencia. Así, la persona, de gran importancia en este mundo es como substancia individual de naturaleza intelectual.
Es de esperar que la apertura a la ventana del siglo XXI, recobre la paciencia para no perder para siempre la dimensión trascendental y se amplíe el horizonte del hombre para llegar a lograr la felicidad anhelada, que todo hombre persigue desde siempre.
CARLOS MARIN FERNANDEZ

Etimológicamente, el término filosofía viene del griego fileo= amor y sofía = sabiduría. (Amor a la sabiduría).
Desde muy antiguo, los griegos que estudiaban las cosas de la naturaleza y la divinidad se llamaban a sí mismos sofos, es decir, sabios; y se cuenta, que habiendo preguntado una vez a Protágoras acerca de su oficio, respondió con gran sencillez que él no era sabio ( sofos) sino amante de la sabiduría (filósofo).
Aunque este episodio no deja de ser una anécdota no comprobada históricamente, la palabra filosofía como amor a la sabiduría ha sido universalmente aceptada por su adecuación al más hondo sentido del saber filosófico que está tan lejos de la total ignorancia como de la total sabiduría pero que, como veremos más adelante, se ocupa de los más altos saberes a los que puede llegar el hombre. Filosofía es amor a la sabiduría y quienes procuran tener el saber filosófico son filósofos.
Amar a ésta es, como decía PLATON, algo intermedio entre poseerla y no poseerla.
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