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Drama Ollantay

Enviado por Manu



Partes: 1, 2

  1. Estructura
  2. Copias del Ollántay
  3. Autores supuestos
  4. Publicaciones
  5. Representaciones, adaptaciones y arreglos
  6. El lenguaje
  7. Personajes
  8. Argumento
  9. Versión castellana en tres actos

Drama escrito originalmente en lengua quechua, y cuyo manuscrito más antiguo data al parecer del siglo XVIII, aunque se supone que durante mucho tiempo fue conservado por la tradición oral del pueblo indígena; y tanto su concepción argumental como sus personajes y su fondo cultural presentan una notoria coincidencia con los que aparecen en una vieja leyenda prehispánica. En su forma actual se lo conoce precisamente desde fines del siglo XVIII, gracias a algunos quechuistas que lo copiaron e introdujeron algunas innovaciones en su forma y su espíritu; pero las diferencias que presentan los diversos manuscritos obligan a pensar en una fuente común, de más remoto origen.

Estructura

Está escrito en verso y dividido en tres actos. Hay tolerancia en la medida y libertad en la rima. El verso predominante es el octosílabo. Este, sin embargo, se alterna con el endecasílabo. Con respecto a la rima, se frecuenta la asonantada; empero, hay muchos versos blancos.

Esta singularidad estructural añadida a otras características de fondo como la presencia del gracioso y el acto de perdón que hay al final de la obra, mantuvo por mucho tiempo la idea de que la obra fuera de origen colonial, en oposición a la hipótesis mayoritaria que sostenía su procedencia incaica. Las tres hipótesis.

El Ollántay, por obra rara, aunque no monumental como otras, rodeada por el halo legendario de la disputa histórica, ha suscitado, desde su aparición, una serie de controversias, por ejemplo, las que suponen su legítimo origen quechua, las que afirman su escritura durante la colonia, las que sostienen su tipicidad pagana, las que creen su fisonomía cristiana, las que dicen que tiene rango literario y las que le niegan este carácter. Empero, las más acentuadas son las que se refieren a su procedencia. Al respecto, tres posiciones han surgido frente a esta obra.

La primera sostiene que el texto es auténticamente incaico y prehispánico, basado en que historia, personajes, ambientes, lenguaje, todo pertenece a ese mundo. Se basa además en que la obra transcurre en un total de quince escenarios, lo que no existe en obra alguna del teatro español del Siglo de Oro. La pureza idiomática y la perfección de su expresión poética, propia de la creación inca, harían imposible un origen español. Esta defensa del origen incaico del texto ha sido hecha por intelectuales de distintas nacionalidades, como los peruanos Sebastián Barranca, Gavino Pacheco Zegarra, el argentino Vicente Fidel López, el boliviano Jesús Lara, el español Francisco Pi y Margall, entre otros.

La segunda posición sostiene que el texto es de origen español o escrito durante el período colonial, tesis mantenida por escritores como Ricardo Palma, Bartolomé Mitre, Arturo Oblitas, Marcelino Menéndez Pelayo.

Posteriormente ha surgido una tercera posición, que de alguna forma busca conciliar las dos anteriores. Plantea que Ollantay es historia o leyenda auténticamente inca, pero que el texto y estructura para su escenificación corresponden al teatro español. Esto lo han sostenido José de la Riva Agüero en el Perú y Ricardo Rojas en Argentina.

A pesar del debate encendido desde mediados del siglo XIX, no se ha llegado a desentrañar el misterio que rodea su procedencia. Esto, en vez de restarle méritos y opacar su justa fama, no ha hecho sino acrecentar la curiosidad por conocer la obra y la gloria que le rodea.

Algo más. Desde que se habla del Ollántay, se ha incrementado, entre peruanos y extranjeros, el deseo de conocer directamente el quechua, bello y rico idioma que lo sustenta. Es así que; desde la fecha del descubrimiento de la copia del padre Valdez hasta nuestros días, han aparecido numerosos filólogos, cuyos nombres sería ocioso enumerar,

Copias del Ollántay

Tres son las copias principales que hoy se conocen: una hecha hacia 1770 por el cura de Sicuani, Antonio Valdez, y parece ser la conservada en el Convento de Santo Domingo, de Cuzco; y dos que se cree derivadas de la precedente, suscritas por el doctor Justo Pastor Justiniani y Justo Apu Sahuaraura Inca, y existentes en el Archivo General de la Nación y en la Biblioteca Nacional. A tales copias se ha agregado el conocimiento de otras tres: dos de ellas encontradas en el convento dominicano del Cuzco; y la tercera publicada por J. J. Tschudi a base de un manuscrito procedente de La Paz.

Autores supuestos

-Se supuso primero que don Antonio de Valdez, cura de Sicuani, fuera el autor del Ollántay. Así también lo creyó el historiador Markham, y con él muchos otros. También se sospechó de que el padre de la obra fuera don Justo Pastor Justiniani, pero luego se comprobó que éste no fue sino un simple copista. También un tiempo reinó la creencia de que el Lunarejo, célebre escritor mestizo, fuera el autor del drama. Todas estas suposiciones han caído por tierra en vista de no existir documentos probatorios, lo que abona, una vez más, su procedencia prehispánica.

Publicaciones

-Se han hecho numerosas y en varios idiomas, tales como el francés, el alemán, el inglés y el castellano. La primera publicación, en quechua y alemán, fue hecha por J. J. von Tschudi (1853). José Sebastián Barranca hizo otra en quechua y castellano, en 1868. Siguió la de José Fernández Nodal, en castellano (1870); luego la de Clements R. Markham, con versión al inglés (1871). Constantino Carrasco hizo otra adaptación en verso castellano, en 1876. Gavino Pacheco Zegarra publicó una versión en francés (1878), y otra en castellano (1886), con prólogo de Francisco Pi y Margall. Desde aquella fecha hasta nuestros días menudearon las publicaciones. Ernst W. Middendorf publicó otra versión en alemán (1890); Bernardino Pacheco y J. M. B. Farfán, en español, en 1952. Se la ha traducido incluso al latín, por Hipólito Galante (1938); y al ruso por Yuri Zubritsky (1974).

Representaciones, adaptaciones y arreglos

- La más lejana representación que recuerda nuestra historia, es la realizada durante el alzamiento de Túpac Amaru, en Tinta. Se dice que el mestizo rebelde ordenó la escenificación de la obra con el propósito de exacerbar el orgullo de la raza indígena y estimular su coraje. Luego sobrevinieron la prohibición y el olvido. Durante nuestra vida histórica independiente, se montó el drama una serie de veces. Fue adaptado a la escena lírica con música de José María Valle Riestra (1900) y libretos (para la misma versión musical) de Federico Blume (1900) y Luis Fernán Cisneros (1920). Posteriormente, César Miró y Salazar Bondy arreglaron los textos de Pacheco Zegarra y Sebastián Barranca para que la obra fuese representada por la Compañía Nacional de Comedias, de acuerdo con las exigencias del teatro moderno (1953). E inclusive lo recompuso totalmente el argentino Ricardo Rojas, a base de una personal interpretación que convirtió el Ollántay en precursor de la libertad americana, en su tragedia "Un titán de los Andes" (1939).

El lenguaje

-Cabe admirar en el Ollántay un lenguaje poético por excelencia. Se mezclan, en una justeza y armonía clásicas, la serenidad reflexiva al arrebato lírico, la ceremoniosa elocuencia, a la concisión del proverbio, la gravedad hierática del noble a la efusión metafórica del doliente enamorado. De este modo surge el quechua como un idioma cálido y vital, rico en imágenes, plástico al color y dúctil a la música. Jesús Lara, refiriéndose al diálogo, dice: "animado de gran vigor y realizado con singular maestría, no afloja en momento alguno y abunda en metáforas e imágenes que acrecientan a cada paso el valor de la obra".

Personajes

- Los hay muchos, pero los principales son: Ollántay, general rebelde que se enamora de Cusi Coyllor, hija del Inca Pachacútec; Piqui Chaqui, gracioso compañero de Ollántay; Huillac Uma, noble sacerdote; Rumi Ñahui, general adicto a la corte imperial;. Orco Huaranca, jefe supremo de los andícolas; Ima Súmac, hija de Ollántay en Cusi Coyllur; Pitu Salla, doncella, y Túpac Inca Yupanqui, heredero de Pachacútec.

Los personajes tienen caracteres bien definidos: Pachacútec encarna al Inca, ora magnánimo hasta la ternura, ora cruel hasta la vesania. Ollántay es tierno, apasionado, orgulloso y valiente; Cusi Coyllor, pese a aparecer al final de la obra, representa la hija dócil y la amante apasionada; Rumi Ñahui expresa el servilismo cortesano y la rampante astucia.

Argumento

- Ollántay, general del Inca Pachacútec, está perdidamente enamorado de Cusi Coyllor, bella hija del soberano. Manifiesta a éste su deseo de desposarla y, como tal pretensión entrañaba una profanación de parte de un plebeyo a la jerarquía solar, lo expulsa Pachacútec de la corte, ya que no puede decretar su muerte, en razón de que Ollántay, después de todo, le es un siervo amado por su talento y valentía. Ollántay sale camino del destierro acompañado de Piquichaqui, su confidente y servidor, no sin antes amenazar con volver y destruir la ciudad imperial. Mientras tanto, en el palacio, Cusi Coyllor ha sido sepultada en una tétrica caverna, donde padecerá los estigmas del pecado.

Por las afueras, en las galerías y jardines palaciegos, vaga desconsolada su hija Ima Súmac, acompañada de Pitu Salla, ignorando el misterio que encierran los desgarradores lamentos que escucha por los alrededores. Por otro lado se sabe que Ollántay, en el castillo de Ollantaytambo, se ha erigido en soberano y decide marchar hacia el Cuzco con sus tropas organizadas por el general Orco Huaranca. Rumiñahui, general del inca, es enviado con el objeto de aniquilar la sublevación, pero sus fuerzas son destruidas en la emboscada que se le tendiera en un desfiladero.

Túpac Yupanqui, sucesor de Pachacútec, increpa la cobardía de Rumiñahui, pero éste, solicitando clemencia, promete al soberano traer encadenado al general rebelde. En efecto, valiéndose de una estratagema (cubierto de llagas y andrajos), logra ingresar en el castillo de Ollántay y, aprovechando de la noche orgiástica que se produce en su homenaje, abre las puertas para dar acceso a sus tropas, las cuales, sin ninguna resistencia, logran aprehender al coloso andícola.

Por otro lado, merced a la intercesión de Ima Súmac, Túpac Yupanqui, hermano de la ñusta cautiva, logra extraerla de su reclusión. La escena ante los ojos de Ima Súmac es conmovedora: su madre, arropada únicamente por su luenga cabellera, es más espectro que ser viviente. Túpac Yupanqui, poco tiempo después, tras de conceder el perdón al general rebelde, lo nombra curaca del Cuzco y ordena que Cusi Coyllor se le reúna corno esposa.

Versión castellana en tres actos

La más difundida de las versiones en lengua castellana.

PERSONAJES

PACHACÚTEC, Inca. CUSI-CCOYLLUR [Estrella alegre], princesa, hija de Pachacútec. TÚPAC-YUPANQUI, príncipe, hijo de Pachacútec. OLLANTA, general de Anti-Suyu. IMA SÚMAC [¡Qué bella!], hija de Cusi-Ccoyllur y Ollanta. RUMI-ÑAHUI [Ojo de piedra], general de Anan-Suyu. HUILLCA-UMA, sumo sacerdote. ORCCO-HUARANCCA [Hombre de la montaña], general. ANCCO-ALLU-AUQUI [El que es constante en el amor], príncipe anciano. PIQUI-CHAQUI [Pie de pulga], criado de Ollanta. CCOYA, esposa de Pachacútec y madre de Cusi-Ccoyllur. MAMA-CCACCA [Mama roca], matrona de las vírgenes del Sol. PITU-SALLA, nodriza de Ima Súmac. UN INDIO CAÑARI. UN INDIO. UNA DOMÉSTICA. Coro de niños. Coro de niñas. Séquitos, de Ollanta y Orcco-Huarancca.

La escena tiene lugar en Cuzco a fines del siglo XIV y principios del XV.

ACTO I

ESCENA I

Gran plaza en el Cuzco con el templo del Sol en el fondo. La escena tiene lugar ante el vestíbulo del templo. Vestidos característicos de la época incaica.

(Salen OLLANTA, con manto bordado de oro y la maza al hombro, y tras él, PIQUI-CHAQUI.)

OLLANTA.- ¿Has visto, Piqui-Chaqui, a Cusi Ccoyllur en su palacio?

PIQUI-CHAQUI.- No, que el Sol no permita que me acerque allá. ¿Cómo, no temes siendo hija del Inca?

OLLANTA.- Aunque eso sea, siempre he de amar a esta tierna paloma: a ella sola busca mi corazón.

PIQUI-CHAQUI.- ¡Creo que el demonio te ha hechizado! Estás delirando, pues hay muchas doncellas a quienes puedes amar, antes que llegues a viejo. El día que el Inca descubra tu pensamiento, te ha de cortar el cuello y también serás asado como carne.

OLLANTA.- ¡Hombre!, no me sirvas de estorbo. No me contradigas, porque en este momento, te he de quitar la vida, destrozándote con mis propias manos.

PIQUI-CHAQUI.- ¡Veamos! Arrójame afuera como un can muerto, y ya no me dirás cada año, cada día, cada noche: 됩qui-Chaqui, busca a Cusi-Ccoyllur.렼/font>

OLLANTA.- Ya te digo, Piqui-Chaqui, que acometería a la misma muerte con su guadaña; aunque una montaña entera y todos mis enemigos se levantaran contra mí, combatiría con ellos hasta morir por abrazar a Ccoyllur. PIQUI-CHAQUI.- ¿Y si el demonio saliera? OLLANTA.- Aun a él hollaría con mis plantas. PIQUI-CHAQUI.- Porque no veis ni la punta de sus narices, por eso habláis así. OLLANTA.- En hora buena, Piqui-Chaqui, dime sin recelo: ¿Cusi-Ccoyllur, no es una brillante flor?

PIQUI-CHAQUI.- ¡Vaya! Estás loco por Cusi-Ccoyllur. No la he visto. Tal vez fue una que entre todas las sin mancilla salió ayer, al rayar la aurora, hermosa como la Luna y brillante como el Sol en su carrera.

OLLANTA.- Sin duda ella fue. He aquí que la conoces. ¡Qué hermosa! ¡Qué jovial!

Anda en este instante y habla con ella, que siempre está de buen humor.

PIQUI-CHAQUI.- No desearía ir de día al palacio, porque en él no se conoce al que va con quipe.

OLLANTA.- ¿Cómo, no me has dicho que ya la conoces?

PIQUI-CHAQUI.- Eso he dicho por decir. Como las estrellas brillan de noche, por eso sólo de noche la conozco.

OLLANTA.- Sal de aquí, brujo, pues mi idolatrada Cusi-Ccoyllur deslumbra al mismo Sol con su hermosura. Ella no tiene rival.

PIQUI-CHAQUI.- Aguarda que ahora ha de salir un viejo o una vieja, que creo idóneos para llevar tus recados y hablar con ella; porque aunque soy un pobre huérfano, no quisiera que me llamaran rufián.

ESCENA II

HUILLCA-UMA, con una larga túnica negra y un cuchillo en la mano, observa el Sol.

HUILLCA-UMA.- ¡Sol vivo! Postrado delante de vos, adoro vuestra marcha. Para vos solo he separado cien llamas, que debo sacrificar en el día de vuestra fiesta. Derramaré su sangre en presencia de vos. Quemadas en el fuego arderán, después de hecho el ayuno.

OLLANTA.- He allí, Piqui-Chaqui, que viene el sabio Huillca-Uma: ese león anda acompañado del mal presagio. Aborrezco a este agorero que siempre que habla anuncia negros cuidados y vaticina el infortunio.

PIQUI-CHAQUI.- Calla; no hables, pues ya aquel agorero sabe mejor que tú lo que

has dicho.(Se sienta y duerme.)

OLLANTA.- Hablaré. Ya que me has visto, poderoso y noble Huillca-Uma, te adoro con profunda veneración. Para ti nada hay oculto; veamos que todo ha de ser así. (Se acerca aHUILLCA-UMA.)

HUILLCA-UMA.- Poderoso Ollanta, a tus plantas tienes rendida la comarca: tu valor te bastará para dominar todo.

OLLANTA.- Tiemblo al verte aquí; como también al presenciar estas cenizas frías, cimientos, adobes, vasos y cestos. Cuantos te ven admiran todo esto. Dime, ¿para qué sirven, si todavía no es la fiesta? ¿Está por ventura enfermo el Inca? Tú vaticinas sólo por medio de la sangre del tunqui rojo, y está muy lejos el día de sacrificar al Sol y a la Luna. Si aún comienza el mes, ¿por qué hemos de abandonar los goces?

HUILLCA-UMA.- ¿Para qué me interrogas increpándome? Todo sé; tú me lo recuerdas.

OLLANTA.- Mi cobarde corazón teme el verte en un día particular, para aprovecharme de tu venida, aun cuando me costase una enfermedad.

HUILLCA-UMA.- No temas Ollanta, viéndome aquí, porque sin duda alguna es porque te amo. Volaré donde quieras como la paja batida por el viento. Dime los pensamientos que se anidan en tu vil corazón. Hoy mismo te ofreceré la dicha o el veneno para que escojas entre la vida o la muerte.

OLLANTA.- Explícate con claridad, ya que has adivinado el secreto. Desata pronto esos hilos.

HUILLCA-UMA.- He aquí Ollanta, escucha lo que he descubierto en mi ciencia. Yo solo sé todo, aun lo más oculto. Tengo influjo para hacerte general: mas ahora como que te he criado desde niño debo, pues, ayudarte para que gobiernes Anti-Suyu. Todos te conocen y el Inca te ama hasta el extremo de dividir contigo el cetro. Entre todos te ha elegido, poniendo sus ojos en ti. Él aumentará tus fuerzas para que resistas las armas enemigas. Cualquiera cosa que haya, con tu presencia ha de terminar. Respóndeme ahora, aun cuando tu corazón reviente de ira. ¿No estás deseando seducir a Cusi-Ccoyllur? Mira, no hagas eso; no cometa ese crimen tu corazón, aunque ella mucho te ame. No te conviene corresponder a tantos beneficios con tanta ingratitud, cayendo en el lodo. El Inca no permitirá eso, pues quiere demasiado a Cusi. Si le hablas, al punto estallará su enojo. ¿Qué, estás delirando por hacerte noble?

OLLANTA.- ¿Cómo sabes eso que mi corazón oculta? Su madre sola lo sabe. ¿Y cómo tú ahora me lo revelas?

HUILLCA-UMA.- Todo que ha pasado en los tiempos para mí está presente, como si estuviera escrito. Aun lo que hayas ocultado más, para mí es claro.

OLLANTA.- Mi corazón me vaticina que yo mismo he sido la causa del veneno, que sediento he bebido. ¿Me abandonarías en esta enfermedad?

HUILLCA-UMA.- ¡Cuántas veces bebemos en vasos de oro la muerte! Recuerda que todo nos sucede porque somos temerarios.

OLLANTA.- Más pronto un peñasco derramará agua y la tierra llorará, antes que yo abandone mi amor.

HUILLCA-UMA.- Siembra en ese campo semilla, y ya verás que sin retirarte se multiplicará más y más, y excederá al campo; así también tu crimen crecerá hasta superarte.

OLLANTA.- De una vez te revelaré, Gran Padre, que he errado. Sabe ahora, sábelo, ya que me has sorprendido en esto solo. El lazo que me enreda es grande; estoy muy pronto para ahorcarme con él, aun cuando sea trenzado de oro. Este crimen sin igual será mi verdugo. Sí; Cusi Ccoyllur es mi esposa, estoy enlazado con ella: soy ya de su sangre y de su linaje como su madre lo sabe. Ayúdame a hablar a nuestro Inca: condúceme para que me de a Ccoyllur: la pediré con todas mis fuerzas: preséntame aunque se vuelva furioso, aunque me desprecie, no siendo de la sangre real. Que vea mi infancia, tal vez ella será defectuosa; que mire mis tropiezos y cuente mis pasos; que contemple mis armas que han humillado a mis plantas a millares de valientes.

HUILLCA-UMA.- ¡Oh noble Ollanta! Eso no más hables; tu lanzadera está rota; ese hilo es rompedizo; carda la lana e hila. ¿Quieres ir a hablar al Inca solo? Por más que te entristezcas, muy poco tendrás que decir. Piensa todavía que donde quiera que yo esté, siempre he de sofocar tus pensamientos.

(Sale.)

ESCENA III

OLLANTA.- ¡Oh Ollanta! Eres valiente, no temas; tú no conoces el miedo. Cusi Ccoyllur, tú eres quien me ha de proteger. Piqui-Chaqui, ¿donde estás? PIQUI-CHAQUI.- Me había dormido como una piedra y he soñado mal agüero. OLLANTA.- ¿Qué cosa? PIQUI-CHAQUI.- En una llama amarrada. OLLANTA.- Ciertamente; tú eres ella. PIQUI-CHAQUI.- Sí, por eso me crece el pescuezo. OLLANTA.- Vamos; llévame donde Cusi-Ccoyllur. PIQUI-CHAQUI.- Todavía es de día.

(Salen.)

ESCENA IV

CUSI-CCOYLLUR, llorando, y su madre, CCOYA, se encuentran en el interior

del Aclla-Huasi.

CCOYA.- ¿Desde cuándo estás tan mustia Cusi-Ccoyllur, imagen del Sol? ¿Desde cuándo te ha abandonado el gozo y la alegría? Profunda tristeza despedaza mi afligido corazón: deseo mejor la muerte que presenciar tanta desdicha. Dime: ¿has amado a Ollanta? ¿Eres su compañera? ¿Estás ya desposada con él? ¿Has elegido a ese inca por tu esposo? Descansa un poco.

CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ay princesa! ¡Ay madre mía! ¿Cómo no he de llorar? ¿Cómo no he de gemir? Si mi amado, si mi protector que cuidó de mi niñez durante tantos días y tantas noches me olvida, castigándome con la más terrible indiferencia. ¡Ay, madre mía! ¡Ay princesa! ¡Ay, mi adorado amor! Desde el día que entré aquí, la Luna se vistió de luto; el Sol se oscureció como si estuviera cubierto de ceniza. Una nube tempestuosa vino a anunciar mi pesar, y aun la hermosa estrella del amor dejó de emitir sus fulgores. Todos los elementos han conspirado contra mí, y el Universo ya no existe. ¡Ay, madre mía! ¡Ay, princesa! ¡Ay, mi adorado amor!

ESCENA V

Entra el Inca PACHACÚT EC con su séquito.

CCOYA.- Límpiate el rostro; enjúgate los ojos. Mira a tu padre que sale.

PACHACÚTEC.- ¡Cusi-Ccoyllur! ¡Fruto de mi corazón! ¡Flor de todos mis hijos! ¡Bella red de mi pecho! ¡Relicario de mi cuello! Ven, paloma a mi pecho; descansa en mis brazos. Devana en mi presencia un ovillo de oro que está adentro. En ti tengo cifrada toda mi dicha: eres mi única felicidad: eres la niña de mis ojos. Aquí tienes en tu presencia las armas del Imperio, que con una mirada dominas. ¿Quién pudiera abrir tu pecho para descubrir tus pensamientos y fijar en él tu reposo? Eres para tu padre la única esperanza de su vida. Con tu presencia mi vida entera ha de ser un gozo eterno.

CUSI-CCOYLLUR.- ¡Oh padre! Postrada a tus pies te adoro mil veces. Favoréceme para que huyan mis angustias.

PACHACÚTEC.- ¡Tú, a mis pies! ¡Tú humillada! (Me espanta decirlo.) Mira que soy tu padre: yo te he criado con solícita ternura. ¿Por qué lloras?

CUSI-CCOYLLUR.- Ccoyllur llorará como el rocío que el Sol disipa con su presencia; así también ella disipará su incauto amor. PACHACÚTEC.- Vengo amoroso, bella escogida; siéntate sobre mis rodillas. UNA DOMÉSTICA.- Tus siervos vienen para consolarte. PACHACÚTEC.- Di que entren.

ESCENA VI

Ocho pequeños niños se presentan danzando, con tamborcitos y panderetas en las manos. Música en el interior.

CORO DE NIÑOS

Tuya, no comas

(Cantan.)

Tuyallay

el maíz de mi siclla;

Tuyallay,

no te acerques

Tuyallay,

a consumir la cosecha toda.

Tuyallay,

El maíz todavía está verde,

Tuyallay,

y sus granos están muy blancos;

Tuyallay,

sus hojas están muy duras,

Tuyallay,

aunque su interior esté muy tierno.

Tuyallay,

Pero el cebo ya está puesto,

Tuyallay,

y yo te apresaré bien pronto.

Tuyallay,

No te podrás escapar.

Tuyallay,

Mi mano ahogará

Tuyallay,

al pájaro volador

Tuyallay,

antes de que se haya apoderado

Tuyallay,

del cebo.

Tuyallay,

Aprende del piscaca:

Tuyallay,

mira, lo han matado;

Tuyallay,

pregunta dónde está su corazón,

Tuyallay,

busca sus plumas.

Tuyallay,

Lo ves muerto

Tuyallay,

por haber picado sólo un grano.

Tuyallay,

Y así le pasará

Tuyallay,

a todo el que se quiera perder.

Tuyallay.

PACHACÚTEC.- Alégrate, Cusi-Ccoyllur, con tus domésticos en el palacio de tu madre.

CCOYA.- Cantad con más dulzura, adoradas ninfas; vosotros que habéis cantado la desgracia, idos. Entrad vosotras.

(Vanse los niños y entran las niñas.)

CORO DE NIÑAS

Dos palomas amorosas

(Cantan.)

están tristes, se quejan, suspiran y lloran. Ambas fueron enterradas en la nieve: un árbol sin hojas fue su tumba. Una de ellas perdió a su compañera

y salió a buscarla. La encontró en un pedregal pero estaba muerta. Y tristemente empezó a cantar: 릩excl;Mi paloma! ¿Dónde están tus ojos, y dónde tu pecho amante? ¿Dónde tu virtuoso corazón que yo tan tiernamente amaba? ¿Dónde, mi paloma, están tus labios dulces que mis tristezas conocieron? Sufriré mil desdichas ahora que mi alegría ha terminado.닙 la infeliz paloma erraba de peña en peña. Nada la consolaba ni calmaba su dolor. Cuando vino el alba en el puro azul del cielo vaciló y cayó.

Y al morir exhaló un amoroso suspiro.

CUSI-CCOYLLUR.- Verdad dice este yaraví: basta decantar, pues ya mis ojos se convierten en torrentes de lágrimas.

(Vanse las niñas,CUSI-CCOYLLUR yCCO YA.)

ESCENA VII

Interior del palacio del Inca.

(PACHACÚTEC,O L L AN TA y RUMI-ÑA HUI se sientan.)

PACHACÚTEC.- ¡Oh nobles!, digo que ya llega el buen tiempo para que todo el ejército salga con dirección a Colla-Suyu, pues ya Chayanta está listo para salir con nosotros. Que se preparen y afilen sus flechas.

OLLANTA.- ¡Oh Inca! ¿Cómo se han de sostener esos cobardes?, pues el Cuzco y sus montañas se levantarán contra ellos, como también ochenta mil soldados, que los esperan prontos al sonido del tambor y tañido de las bocinas. En cuanto a mí, tengo mi macana afilada y escogida mi maza de armas.

PACHACÚTEC.- Aún no daré mis órdenes, para que algunos puedan ser persuadidos; porque podría haber muchos que amen demasiado su sangre.

RUMI-ÑAHUI.- Al ordenar Chayanta que se reúnan todavía los más valientes, para obligar a los yuncas a que limpien los caminos y que se vistan de cuero, estoy convencido que con esto ha mostrado un corazón pusilánime, que disfraza su cobardía, no queriendo que se marche a pie antes que las salidas se hallen expeditas. Ya que están muchísimos prontos para cargar las llamas, partiremos al combate; pues nuestro ejército está listo.

PACHACÚTEC.- ¿Pensáis que salís acaso al encuentro de feroz serpiente, y que vais a levantar aquella nación? Los llamaréis primero con dulzura, sin derramar sangre, ni destruir a nadie.

OLLANTA.- Yo también he de marchar. Todo lo tengo preparado; pero mi corazón

tiembla delirando en un pensamiento. PACHACÚTEC.- Dímelo aun cuando pidas el regio cetro. OLLANTA.- Escúchame solo.

PACHACÚTEC.- Valiente general de Anan-Suyu, descansa en tu palacio y regresa mañana cuando te llame.

RUMI-ÑAHUI.- Tu pensamiento es el mío: que se cumpla en el acto.

(Vase.)

ESCENA VIII

OLLANTA.- Bien sabes, poderoso Inca, que desde mi infancia te he acompañado, procurando siempre tu felicidad en la guerra. Mi valor te ha servido para que impongas tu poder a millares de pueblos. Por ti he derramado siempre mi sudor: siempre he vivido en tu defensa: he sido sagaz para dominar y sojuzgarlo todo. He sido el terror de los pueblos, pues nunca he dejado de caer sobre ellos sino como una maza de bronce. ¿Dónde no se ha derramado a torrentes la sangre de tus enemigos? ¿A quién no ha impuesto el nombre de Ollanta? He humillado a tus pies a millares de yuncas de la nación anti, para que sirvan en tu palacio. Venciendo a los chancas, he aniquilado todo su poder. También he conquistado a Huanca-Huillca, poniéndolo bajo tus plantas. ¿Dónde Ollanta no ha sido el primero en combatir? Por mí, numerosos pueblos han aumentado tus dominios: ya sea empleando la persuasión, ya el rigor, ya derramando mi sangre, ya por fin exponiéndome a la muerte. Tú, padre mío, me has concedido esta maza de oro y este yelmo, sacándome de la condición de plebeyo. De ti es esta maccana de oro, tuyos serán mis proezas y cuanto mi valor alcance. Tú me has hecho esforzado general de los antis y me has encomendado el mando de cincuenta mil combatientes; de este modo toda la nación anti me obedece; en mérito de todo lo que te he servido, me acerco a ti como un siervo, humillándome a tus pies para que me asciendas algo más, ¡mira que soy tu siervo! He de estar siempre contigo, si me concedes a Ccoyllur, pues marchando con esta luz, te adoraré como a mi soberano y te alabaré hasta mi muerte.

PACHACÚTEC.- ¡Ollanta! Eres plebeyo, quédate así. Recuerda quién has sido. Miras

demasiado alto.

OLLANTA.- Arrebátame de una vez la vida.

PACHACÚTEC.- Yo debo ver eso: tú no tienes que elegir. Respóndeme: ¿estás en tu

juicio? ¡Sal de mi presencia!

(Vanse O L L A N TA, compungido, y luego PA CHA CÚT E C.)

ESCENA IX

Lugar solitario de Cusi-Pata.

(Sale O L L A N TA, conmovido.)

OLLANTA.- ¡Ah Ollanta! ¡Así eres correspondido! Tú que has sido el vencedor de tantas naciones; tú que tanto has servido. ¡Ay, Cusi-Ccoyllur! ¡Esposa mía! ¡Ahora te he perdido para siempre! ¡Ya no existes para mí! ¡Ay princesa! ¡Ay paloma!... ¡Ah Cuzco!, ¡hermoso pueblo! Desde hoy en adelante he de ser tu implacable enemigo: romperé tu pecho sin piedad; rasgaré en mil pedazos tu corazón; les daré de comer a los cóndores a ese Inca, a ese tirano. Alistaré mis antis a millares, les repartiré mis armas y me verás estallar como la tempestad sobre la cima de Sacsa-Huamán. ¡El fuego se levantará allí y dormirás en la sangre! Tú, Inca, estarás a mis pies, y verás entonces si tengo pocos yuncas y si alcanzo tu cuello. ¿Todavía me dirás: 뮯 te doy a mi hija뿠¿Serás tan arrojado para hablarme? ¡Ya no he de ser tan insensato para pedírtela postrado a tus pies! Yo debo ser entonces el Inca, ya lo sabes todo; así ha de suceder muy pronto...

ESCENA X

Sale PIQUI-CHAQUI.

OLLANTA.- Ve, Piqui-Chaqui, y dile a Cusi Ccoyllur, que esta noche me aguarde.

PIQUI-CHAQUI.- Fui ayer por la tarde y encontré su palacio abandonado. Pregunté y nadie me dio razón de ella. Todas las puertas estaban cerradas. Nadie moraba allí y ni un solo perrito había.

OLLANTA.- ¿Y sus domésticos?

PIQUI-CHAQUI.- Hasta los ratones habían huido no hallando qué comer; sólo los búhos sentados allí dejaban oír su canto lúgubre... OLLANTA.- Tal vez su padre se la ha llevado a esconderla en su palacio. PIQUI-CHAQUI.- Quién sabe si la ha ahorcado y ha abandonado a la madre. OLLANTA.- ¿Nadie ha preguntado ayer por mí? PIQUI-CHAQUI.- Como cosa de mil hombres, te buscan para prenderte.

OLLANTA.- Sublevaré entonces toda mi provincia: mi diestra demolerá todo; mis

pies y mis manos son mi maccana; mi maza arrasará sin dejar nada.

PIQUI-CHAQUI.- Sí, yo también he de pisotear a ese hombre y aun le he de quemar. OLLANTA.- ¿Qué hombre es ése? PIQUI-CHAQUI.- Digo que Orcco-Huarancca, el que ha preguntado por ti. OLLANTA.- Tal vez se dice que el Inca me manda buscar, pensando que esté furioso. PIQUI-CHAQUI.- Orcco-Huarancca; no el Inca: abomino a este hombrecillo.

OLLANTA.- Ella ha desaparecido del Cuzco; mi corazón me anuncia y el búho me lo

avisa.PIQUI-CHAQUI.- ¿Dejaremos a Ccoyllur?

OLLANTA.- ¿Cómo he de permitir que se pierda? ¡Ay Ccoyllur! ¡Ay paloma!

PIQUI-CHAQUI.- Escucha esta canción. ¿No hay quién la cante?

(Se oye música dentro.)

Perdí una paloma que yo amaba, la perdí en un momento. Búscala en todas partes, en todos los lugares. Como mi amor tiene una cara tan hermosa la llaman Ccoyllur: como es bella, le va bien el nombre. Como la luna en su esplendor, cuando brilla en lo más alto del cielo es radiante su faz. Sus trenzas caen por su frente tejiendo dos colores: blanco y negro. Es una hermosa visión. Sus cejas suaves matizan su cara:

son como el arcoiris. Sus ojos son como soles en su cara. Sus penetrantes miradas causan alegría o tristeza; y aunque es amada y adorada hiere mi corazón. El achancaray florece en su mejilla blanca como la nieve, como aparece en el suelo la nieve. Se regocija el corazón al ver su boca hermosa; el eco de su deliciosa risa difunde alegría. Su grácil cuello es como el cristal, o como la nieve sin mancha. Sus pechos crecen como el algodón en flor. Sus dedos son como estalactitas de hielo: mientras los miraba y ella los movía, me deleitaron.

OLLANTA

(Canta.)

¡Oh, Cusi-Ccoyllur! Reconozco esa música ya que describe su belleza; el dolor que me trae no me abandona. Si te pierdo

me volveré loco. Si te alejan de mí, me moriré.

PIQUI-CHAQUI.- Tal vez han muerto a Ccoyllur; ya no brilla de noche.

OLLANTA.- Puede suceder que el Inca sepa que Ollanta está ausente, que todos le

han abandonado y se han convertido en sus enemigos.

PIQUI-CHAQUI.- Todos te quieren porque eres liberal; con todo el mundo eres

pródigo, pero conmigo mezquino.

OLLANTA.- ¿Para qué quieres?

PIQUI-CHAQUI.- ¿Para qué ha de ser? Para algo; como para regalar vestidos, para

parecer caudaloso y también para imponer.

OLLANTA.- Sé valiente; con eso, te tendrán miedo.

PIQUI-CHAQUI.- No tengo cara para ello, porque siempre me estoy riendo; siempre

soy muy ocioso. Sé bizco que yo no lo seré. ¿Qué pito viene sonando desde lejos? OLLANTA.- ¡Tal vez me buscan! ¡Adelante! PIQUI-CHAQUI.- ¡Ay!, me voy a cansar.

ACTO II

ESCENA I

PALACIO DEL INCA.

(Salen PA CHA CÚT E C y RUMI-ÑA HUI.)

PACHACÚTEC.- He mandado buscar a Ollanta. Ya no le encuentran. Mi furor me arrebata como un torrente. ¿Has visto a ese hombre? RUMI-ÑAHUI.- Te ha temido. PACHACÚTEC.- Marcha en su persecución. RUMI-ÑAHUI.- ¿Dónde andará ya con tres días que está ausente de su casa? Alguien lo habrá guiado: por eso no aparece.

ESCENA II

Sale un INDIO CAÑARI con un quipu.

INDIO.- Aquí te traigo un quipu desde Urupampa. Me han mandado que venga muy de prisa. Ya te he visto. PACHACÚTEC.- ¿Qué negocios son ésos? INDIO.- El quipu te avisará. PACHACÚTEC.- Desátale, Rumi-Ñahui.

RUMI-ÑAHUI.-(Descifra el quipu.) He aquí una varita que tiene atada la cabeza con una madeja de lana; se han rebelado tantos hombres como granos de maíz ves aquí suspendidos.

PACHACÚTEC.- Y tú ¿qué has visto?

INDIO.- Que toda la nación anti se ha sublevado con Ollanta. Me han asegurado que

ya se ve su cabeza ceñida con la borla roja o encarnada.

RUMI-ÑAHUI.- Eso también dice el quipu.

PACHACÚTEC.- Antes que mi furor se calme, marcha valeroso, aunque tu ejército sucumba; pues no avanzarán mucho cincuenta mil hombres para levantar tu comarca. Parte pronto que el peligro amenaza.

RUMI-ÑAHUI.- Saldré muy de mañana; ya he ordenado que el ejército marche al Collao. Todo he de impedir, poniendo sitio al valle, para arrasar con esos traidores y traerlos vivos o muertos, sometiendo a ese hombrecillo; así no tengas cuidado.

Vanse.)

ESCENA III

Fortaleza deO L L AN TA en la villa de Tambo.

(ORCCO-HUARANCCA yO L L A N TA con sus séquitos vienen de lados opuestos.)

ORCCO-HUARANCCA.- La valiente nación de Anti-Suyu ya te recibe y hasta las mujeres te aclaman. Has de ver ahora cómo todos los nobles y el ejército marcharán a Anta; así debemos salir en retirada. Que no llegue aquel día en que cada año salgamos a aquellos remotos pueblos a derramar nuestra sangre, para cortar al Inca y a los suyos la provisión de víveres que han menester. Llevando poca coca todos los pueblos tendrán descanso. Es necesario buscar caminos arenosos y si las llamas se cansan, andaremos a pie; aunque sea entre espinas y zarzos. También necesitamos llevar agua; y, aunque sea aguardar la muerte.

OLLANTA.- ¡Capitanes! Escuchad las órdenes de Orcco-Huarancca que manda que descanséis. Conservadlas en vuestra memoria, aun cuando se cubra de luto todo Anti-Suyu. Tengo bastante coraje para hacer saber al Inca que desista este año de acometer a Anti- Suyu. Entonces su ejército ha de sucumbir durante ese tiempo; ya sea por las enfermedades, ya sea por las fatigas, ya teniendo, en fin, sus campos incendiados en una marcha tan dilatada. ¡Cuánta gente habrá de perecer! ¡Cuántos nobles encontrarán una muerte segura

en una empresa tan aventurada. Así se ha de portar Anti Suyu en presencia de su Inca. A decir no, volaré al momento para embarazar la salida. Descansad tranquilos en vuestros hogares, pues soy enemigo implacable.

TODOS.- ¡Que viva para siempre nuestro Inca! ¡Que tome la borla roja, para que le toque en suerte el hacernos felices! ¡Elevadle al trono! ¡Salve Inca! ¡Salve Inca!

ANCCO-ALLU-AUQUI.- Recibe en tus manos, Inca, la borla roja que la comarca te ofrece. ¡Cuán grande es Huilcanota! ¡Te proclama en toda su extensión! ¡Que venga ya aquel día en que Ollanta sea nuestro Inca!

OLLANTA.- Orcco-Huarancca, sé noble, para que gobiernes a Anti-Suyu. Aquí tienes

este yelmo y estas flechas, para que seas también valiente.

TODOS.- ¡Que viva el valeroso Orcco-Huarancca! ¡Que viva!

OLLANTA.- Ancco-Allu, como eres el anciano más noble y más sabio, serás también ahora del linaje de Huillca-Uma. Ponme esas insignias para que pueda vencer a la misma muerte.

ANCCO-ALLU-AUQUI.- Te las pongo, para que debas recordar tu valor, para que domines y te manifiestes siempre como hombre. ORCCO-HUARANCCA.- ¡Mil veces venero, poderoso Inca, tus hechos! ANCCO-ALLU-AUQUI.- Mira al varón esforzado, cubierto de armas desde la cabeza

hasta los pies; por eso ha de ser valiente; por eso los enemigos jamás han de ver su espalda,

ni huirá como el montañés, ni será humillado como a la tierna grama.

ORCCO-HUARANCCA.- Escuchad ¡oh antis! ¡Escuchad lo que el Inca me amonesta! ¡Soldados, estad sobre las armas! Porque el viejo Inca ha mandado desde el Cuzco, a las comarcas del imperio, para que los nobles se preparen al combate. Ha ordenado también que todo el Cuzco marche con dirección a este valle, a nuestros hogares, para exterminarnos; así lo ha decretado. Sin perder tiempo, ordenad que extiendan sobre aquellos cerros las galgas que sean necesarias; y para que no se permanezca en el ocio, embarrad ligeramente el cuartel y dejad una sola puerta hacia las montañas. Levantaos en este momento, para moler todo el veneno que es menester para curar nuestras flechas e hiriendo con ellas, la muerte sea instantánea.

OLLANTA.- ¡Te he elegido, Orcco-Huarancca, el primero entre los nobles para disimular tu linaje; te he señalado para que estés en pie; pues nuestros enemigos no duermen! Les embarazarás la entrada y los pondrás en derrota. ¿Seremos cobardes?

ORCCO-HUARANCCA.- Ya están aquí treinta mil antis entre los cuales no se encuentra un cobarde, ni un inválido. El capitán Marutu saldrá con los antis de Huillca- Pampa, hasta las orillas de la confluencia del Qqueru, donde estará emboscado con su ejército hasta que se le avise. El noble Chara ocultará igualmente su gente en la ribera opuesta hasta mi llamada. Diez mil antis dormirán en los graneros de Chara, y tendremos en el valle de Pachar otras diez tribus. Aguardaremos que entren los cuzqueños sin tomar la iniciativa; cuando todos estén adentro, cerraremos la entrada y se verificará una inundación. Al sonido de las bocinas, los cerros lanzarán peñascos, las piedras caerán como granizo, las galgas rodarán sepultando todo lo que encuentren a su paso. Éste ha de ser su castigo. En cuanto a los fugitivos, los unos morirán en nuestra manos y los demás sucumbirán al veneno de nuestras flechas.

TODOS.- ¡Muy bien! ¡Muy bien!

Partes: 1, 2

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