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¿Son compatibles Dios y el mal en el catolicismo?


¿Son compatibles Dios y el mal en el catolicismo? - Monografias.com

¿Son compatibles Dios y el mal en el catolicismo?

Al igual que en muchas otras cuestiones, la solución de la problemática que representa la pretensión de compatibilizar la idea de un ser omnipotente e infinitamente bueno con la existencia del mal pasa por el análisis lingüístico de los términos "Dios" y "mal", de manera que, según se entiendan tales términos, se podrá llegar a una conclusión o a la contraria. Por ello se abordará a continuación el análisis de esta problemática a partir de su análisis lingüístico.

1. Así, cuando en el cristianismo se habla de "Dios", con este término se hace referencia a un supuesto ser que, entre otras cualidades, tendría la de ser omnipotente, amor infinito y creador de todo lo existente; y cuando en el cristianismo se habla del "mal", con este término se está refiriendo a todo lo que se relaciona con sensaciones, sentimientos y vivencias desagradables -como la tristeza, el odio, el miedo, el hambre, la sed- los cuales se engloban en el concepto de sufrimiento.

A partir de estos presupuestos es fácil concluir que la existencia de un ser como sería el Dios del cristianismo excluiría la existencia del mal, mientras que la existencia del mal excluye la existencia del Dios cristiano. Y, como los conceptos de sufrimiento y mal son esencialmente equivalentes, la conclusión de estas consideraciones es la de que el Dios del cristianismo no existe.

2. Sin embargo y a pesar de la facilidad con que se alcanza esta conclusión tan evidente, a lo largo de mucho tiempo los teólogos cristianos han intentado refutar este argumento, buscando alguna justificación para la existencia del mal.

2.1. Los dirigentes católicos defienden que su Dios es omnipotente y suma bondad, olvidando los múltiples textos bíblicos que hablan de su crueldad, de su carácter vengativo y de su despotismo, pero en cualquier caso no consiguen hacer compatible el sufrimiento con aquellas cualidades y, por ello, aunque defienden la compatibilidad entre un Dios, infinita bondad, y el sufrimiento, consideran que se trata de un "misterio" que el ser humano no puede explicar.

2.2. Algunos, sin embargo, han tratado de justificar la presencia del mal como un castigo divino por el "pecado original" o por los pecados cometidos por la humanidad. Pero, dado que, según la religión judía y la cristiana, Dios es omnipotente y predetermina todo lo que sucede, incluidos los actos humanos, el concepto de pecado es absurdo y, por ello mismo, la idea de purificación del pecado mediante el sufrimiento, basada en la Ley del Talión, es igualmente absurda, pues el sufrimiento no purifica de nada sino que es una vivencia absurda de dolor que, en el mejor de los casos, puede satisfacer a quien ha sufrido algún daño o algún tipo de frustración por parte del ser que en esos momentos sufre. Además esta doctrina carece igualmente de sentido desde el momento en que la doctrina católica considera que Dios es infinitamente misericordioso, cualidad de la que derivaría el perdón inmediato de cualquier culpa, suponiendo que, analizado a fondo, este término fuera consistente, por lo que ni el castigo ni el sufrimiento llegarían a existir un solo instante.

2.2.1. El contexto judío en el que aparece una explicación del sufrimiento se relaciona con la antigua Ley del Talión[1]defendida en el Antiguo Testamento –y también en el nuevo, aunque de modo menos explícito-, que refleja el punto de vista primitivo según el cual mediante la venganza se compensaba un daño.

2.2.2. Si estas consideraciones fueran insuficientes para mostrar la incompatibilidad entre el dios católico y el sufrimiento, puede tenerse en cuenta además el sufrimiento de los niños y el de los animales, que evidentemente no han cometido pecado alguno que les haga "merecedores" (?) de un sufrimiento que el supuesto poder y la supuesta misericordia infinita de Dios habría evitado.

3. En cualquier caso, es evidente que tal doctrina es una contradicción –y no un misterio- en cuanto el sufrimiento es un mal y por ello mismo incompatible con la supuesta bondad divina de carácter infinito, de manera que o bien su Dios no habría sido capaz de evitar el sufrimiento y en tal caso no sería omnipotente, o bien lo habría producido él mismo y en tal caso no sería bondad absoluta.

3.1 En efecto, teniendo en cuenta que el concepto católico de Dios incluye las cualidades de la omnipotencia y de la bondad infinita, la presencia del mal resulta incompatible con tales supuestas cualidades, como se puede ver de manera detallada a partir de un argumento ya muy antiguo, cuyo valor ha sido reivindicado no hace mucho tiempo por diversos pensadores, como B. Russell, quien lo defendió del siguiente modo:

"El mundo, según se nos dice, fue creado por un dios que es a la vez bueno y omnipotente. Antes de crear el mundo, previó todo el dolor y la miseria que iba a contener; por lo tanto, es responsable de ellos. Es inútil argüir que el dolor del mundo se debe al pecado. En primer lugar eso no es cierto; el pecado no produce el desbordamiento de los ríos ni las erupciones de los volcanes. Pero aunque esto fuera verdad, no serviría de nada. Si yo fuera a engendrar un hijo sabiendo que iba a ser un maniático homicida, sería responsable de sus crímenes. Si Dios sabía de antemano los crímenes que el hombre iba a cometer, era claramente respon-sable de todas las consecuencias de esos pecados cuando decidió crear al hombre. El argumento cristiano usual es que el sufrimiento del mundo es una purificación del pecado, y, por lo tanto, una cosa buena. Este argumento es, claro está, sólo una racionalización del sadismo; pero en todo caso es un argumento pobre. Yo invitaría a cualquier cristiano a acercarse[2]a la sala de niños de un hospital, a que presenciase los sufrimientos que padecen allí, y luego a insistir en la afirmación de que esos niños están tan moralmente abandonados que merecen lo que sufren. Con el fin de afirmar esto, un hombre tiene que destruir en él todo sentimiento de piedad y compasión. Tiene, en resumen, que hacerse tan cruel como el Dios en quien cree. Ningún hombre que cree que los sufrimientos de este mundo son por nuestro bien, puede mantener intactos sus valores éticos, ya que siempre está tratando de hallar excusas para el dolor y la miseria"[3].

 3.2. A continuación se exponen y comentan con detenimiento estas consideraciones, presentándolas como argumentación lógica para evitar que su sencillez se confunda con superficialidad, de manera que pueda calibrarse mejor su alcance. Se presentarán igualmente las objeciones y las respuestas que pudieran hacerse a las premisas que conducen a la conclusión correspondiente. El argumento en cuestión puede plantearse del siguiente modo:

Primera premisa: Si existe un ser omnipotente, infinitamente bueno y creador de todo, entonces todo lo que existe es –o debería ser- bueno.

Segunda premisa: Si existe el sufrimiento, entonces no todo lo que existe es bueno.

Tercera premisa: El sufrimiento existe.

Conclusión: No existe un ser omnipotente, infinitamente bueno y creador de todo.

3.2.1. Esta conclusión deriva de las premisas de manera absolutamente necesaria de acuerdo con las reglas de la Lógica.

Por ello, lo que queda por analizar es sólo si todas y cada una de sus premisas que conducen a tal conclusión son verdaderas, pues en el caso de que lo sean la conclusión será igualmente verdadera.

- A la primera premisa se le podrían presentar las siguientes objeciones:

a) En primer lugar se podría afirmar que efectivamente Dios lo hizo todo bueno, pero que fue el hombre quien introdujo el mal. Tal introducción del mal, según los dirigentes católicos, habría aparecido como consecuencia del "pecado original". Y efectivamente, según la Biblia, Dios dijo a Eva:

"Multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás a tus hijos con dolor; desearás a tu marido, y él te dominará.

Al hombre le dijo:

Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga comerás sus frutos todos los días de tu vida […] Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado, porque eres polvo y al polvo volverás"[4].

Pero tal maldición divina, además de irracional y absurda por tratarse de un castigo universal, referido a la mujer o al varón en general, como consecuencia de una falta individual, es incompatible con las cualidades que se atribuyen al Dios católico. Y, por cierto, en la propia Biblia –"palabra de Dios"- se critica acertadamente pero en contradicción con las anteriores palabras del Génesis, esta doctrina según la cual los hijos pagan por las culpas de los padres:

-"Vosotros decís: "¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?" Pues porque el hijo recta y honradamente, ha guardado todos mis mandamientos y los ha puesto en práctica: por eso vivirá. El que peca es el que morirá. El hijo no cargará con la culpa del padre, ni el padre con la del hijo"[5].

b) Pero, al margen de estas contradicciones doctrinales, hay muchos males que no provienen de supuestos pecados del hombre, como terremotos, enfermedades, sequías, inundaciones, sino de las adversidades de la Naturaleza, que provoca el sufrimiento de los niños y el de muchos otros seres vivos, ajenos indiscutiblemente a cualquier culpa que les hiciera "merecedores" de los males que padecen, y cuyo único delito -como diría Calderón- sería el de haber nacido.

En relación con tales males algunos incurren en la ingenuidad de pretender explicar el mal a partir de la Naturaleza, suponiendo que de esta forma Dios quedaría al margen de las diversas calamidades y sufrimientos que rodean la existencia del ser humano y la de los demás seres vivos. Pero, como en el caso de la réplica anterior, es evidente que, si la Naturaleza produce el mal, en tal caso la Naturaleza será mala, y, en consecuencia, de la misma manera que se considera responsable de un asesinato a la persona que disparó y no a la bala que hirió a la víctima, igualmente habría que entender la relación entre Dios, la Naturaleza y el mal, considerando a Dios como causa del mal, y a la Naturaleza como un simple instrumento para su manifestación.

Por otra parte, aunque esta respuesta por sí sola sería ya suficiente para refutar el valor de la anterior objeción, puesto que con sólo la presencia de una mínima porción de mal no causada por el hombre el argumento conserva toda su validez, hay que señalar que si el hombre fuera causa parcial del mal, ello implicaría que el hombre, supuestamente creado por Dios, no sería bueno, ya que el modo de ser de cada cosa se conoce por sus obras ("operari sequitur esse"), con lo que el problema volvería a plantearse referido en este caso a la naturaleza humana.

c) Otra objeción que suele presentarse es la de que el mal resulta inevitable, ya que sin él no se podría tener conocimiento del bien ni gozar de él. Ya los estoicos se habían servido de esta explicación. Sin embargo, su valor es claramente nulo, puesto que quienes la presentan olvidan que en la argumentación inicial se hablaba de un ser omnipotente, cualidad que implica la capacidad de hacer todo aquello que no sea contradictorio, y, evidentemente, no existe contradicción alguna en la idea de un mundo absolutamente bueno en el que la felicidad no tuviera como condición previa la existencia de ningún tipo de sufrimiento[6]

d) Llegados a este punto, en diversas religiones antiguas algunos terminaron por concluir que junto a Dios, como ser infinitamente bueno, existiría un ser muy poderoso causante del mal. Un ejemplo de los planteamientos que van por esta línea se encuentra en la antigua religión persa de Zaratustra (s. VII a. C.), en la que Ormuz representaría el Dios benéfico y Ahrimán el Dios maléfico, que al final de los tiempos sería definitivamente derrotado. Pero en estos casos se olvida que la omnipotencia de Dios podría impedir la existencia de esa fuerza del mal, mientras que su bondad infinita le llevaría efectivamente a impedirla.

- Por lo que se refiere a la segunda premisa, es difícil encontrar alguna objeción digna de ser analizada.

a) Una de tales objeciones consiste en indicar que quizás el sufrimiento podría ser bueno al menos en un sentido semejante a aquel en que lo es una intervención quirúrgica, la cual, aunque resulte dolorosa, es causa muchas veces del bien de la curación. La réplica a esta objeción consiste en diferenciar el dolor en sí mismo de aquello a lo que puede conducir, siendo evidente que, si se pudiera producir una curación de forma inmediata sin pasar por una fase de dolor, sería absurdo pasar por ella. Y, si Dios existiera como ser omnipotente e infinitamente bueno, no sólo podría evitar el dolor de la intervención quirúrgica, sino también el de la enfermedad que hizo necesaria dicha intervención.

b) Por otra parte, ante la imposibilidad de negar la existencia del sufrimiento y su incompatibilidad con Dios, algunos han llegado a considerar que el sufrimiento podría ser bueno en algún sentido oculto para el entendimiento humano. Pero esta objeción se elimina fácilmente a partir de la consideración de que, si el sufrimiento fuera bueno, no tendría ningún sentido el mandamiento de no matar, ni tampoco el interés por remediar el hambre y el sufrimiento de la humanidad, ni el interés por eliminar las guerras y las torturas más refinadas, e incluso dejaría de tener sentido la práctica de la medicina.

c) Una última objeción, variante de la anterior, consiste en sugerir que el hombre no está capacitado para comprender en qué consiste la bondad de Dios, y que el propio sufrimiento podría ser bueno en algún sentido oculto para nosotros, pero compatible con esa forma especial de la bondad divina. La réplica a esta objeción consiste en señalar que referirse a la bondad de Dios como a algo ajeno a las posibilidades humanas de comprensión es utilizar palabras vacías e inútiles. Pues, si se dice que Dios es "bueno" y, a continuación, "se aclara" (?) que "bueno" no significa lo que todo el mundo piensa que significa, y no se explica qué es lo que se pretende decir con ese término, en ese caso se estará perdiendo el tiempo y haciéndolo perder a quienes escuchan tales "explicaciones". Conviene recordar, en este sentido, que el lenguaje es un producto humano y que el significado de las palabras no es algo que haya que esperar descubrirlo como si de un misterio se tratara, sino que es el ser humano quien se lo ha asignado a lo largo de su evolución histórica y cultural y que, por ello, sería una pérdida de tiempo absurda la construcción de frases cuyo significado fuera oculto incluso para quien las construye.

- Y, por lo que se refiere a la tercera premisa, es totalmente superfluo discutirla, pues todos tienen a diario sus propias experiencias a este respecto, de manera que la existencia del sufrimiento no se demuestra sino que se vive y se muestra. Además, si sabemos de qué se está hablando cuando se hace referencia al sufrimiento, es sólo por el hecho de haberlo experimentado; de lo contrario, nos pasaría como al ciego de nacimiento, que por no haber experimentado el color es incapaz de hacerse una idea adecuada de él.

Una última objeción que podría utilizarse en relación con la totalidad del argumento es la de considerar, como se hace en la propia Biblia, que Dios se caracterizaría esencialmente por su omnipotencia, pero no necesariamente por su bondad, por lo que el mal podría proceder de él directamente. Se dice en este sentido:

- "Si se acepta de Dios el bien ¿no habremos de aceptar también el mal?"[7].

- "Bien y mal, vida y muerte, pobreza y riqueza, vienen del Señor"[8].

Pero en casos como éstos, en los que se incurre en la contradicción de utilizar un concepto de Dios que no se corresponde con el del supuesto inicial, que se refería a este supuesto ser entendiéndolo como un ser omnipotente y bondad infinita.

La conclusión que deriva de estas tres premisas es, como ya se sabe, que no puede existir un ser que reúna al mismo tiempo las cualidades de la omnipotencia y de la infinita bondad, o, lo que es lo mismo, que o bien Dios quiso pero no pudo hacer un mundo sin sufrimiento y, en tal caso, no sería omnipotente, o bien pudo pero no quiso y, en tal caso, no sería infinitamente bueno.

Si, por otra parte, se considera que el concepto de Dios sólo debería aplicarse a una realidad absolutamente perfecta, y se considera además que la omnipotencia y la bondad infinita deberían ser constituyentes de dicha perfección, en tal caso la conclusión evidente es la de que Dios no existe.

4. Por lo que se refiere a la manera según la cual los judíos –al igual que posteriormente los cristianos- entendían a su Dios, en la Biblia aparecen afirmaciones contradictorias para todos los gustos, de manera que en algunos momentos se defiende la infinita misericordia infinita mientras que en una gran mayoría de textos se hace referencia a un Dios cruel, déspota y vengativo que no tiene inconveniente alguno en castigar y en matar sin escrúpulos de ninguna clase.

Así, en apoyo de su misericordia infinita se dice:

"Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes,

y pasas por alto los pecados de los hombres

para que se arrepientan.

Porque amas todo cuanto existe,

y no aborreces nada de lo que hiciste;

pues, si odiaras algo, no lo habrías creado.

¿Cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras?

¿Cómo permanecería algo si tú no lo quisieras?

Pero tú eres indulgente con todas las cosas,

porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida"[9].

Pero como muestra de la crueldad arbitraria y despótica de ese Dios, y en contradicción con el texto anterior, pueden verse una enorme multiplicidad de ejemplos de los que se presentan aquí algunos ejemplos:

- "El Señor envió la peste sobre Israel y murieron setenta mil israelitas. Dios envió un ángel para exterminar a Jerusalén"[10].

- "A media noche hizo morir el Señor a todos los primogénitos en Egipto, desde el primogénito del faraón, el heredero del trono, hasta el del que estaba preso en la cárcel, y a todos los primogénitos de los animales"[11].

- "Si a pesar de todo esto no me obedecéis y seguís obstinados contra mí […] Comeréis la carne de vuestros hijos y de vuestras hijas […] amontonaré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos y os detestaré […] os dispersaré entre las naciones y os perseguiré con la espada desenvainada"[12].

- "Así dice el Señor todopoderoso: […] castiga a Amalec y consagra al exterminio todas sus pertenencias sin piedad; mata hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos"[13].

- "Aquella misma noche, el ángel del Señor vino al campamento asirio e hirió a ciento ochenta y cinco mil hombres. Cuando se levantaron por la mañana, no había más que cadáveres"[14].

- "No tendrás otros dioses fuera de mí […] porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la maldad de los que me aborrecen en sus hijos hasta la tercera y cuarta generación"[15].

- "El Señor mandó contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en el santuario mismo, sin perdonar a nadie, ni muchacho ni doncella, ni anciano, ni anciana: Dios entregó a todos en su poder"[16].

- "El ángel del Señor vino al campamento asirio e hirió a ciento ochenta y cinco mil hombres. Cuando se levantaron por la mañana, no había más que cadáveres"[17].

- "Y el Señor […] dijo [a Jeremías]: […] Y aquellos a quienes ellos profetizan serán tirados por las calles de Jerusalén, víctimas del hambre y de la espada; no habrá quien los sepulte, ni a ellos ni a sus mujeres ni a sus hijos; yo haré recaer sobre ellos su maldad"[18].

- "El Señor me habló así: -No te cases; no tengas hijos ni hijas en este lugar. Porque así dice el Señor de los hijos e hijas que nazcan en este lugar, de las madres que los den a luz y de los padres que los engendren: Morirán cruelmente; no serán llorados ni enterrados, sino que quedarán como estiércol sobre la tierra; perecerán a espada y de hambre, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.

Así dice el Señor: No entres en una casa donde hay duelo; no vayas al duelo ni les des el pésame, porque yo retiro de este pueblo, oráculo del Señor, mi paz, mi misericordia y mi compasión. Grandes y pequeños morirán en esta tierra sin ser enterrados ni llorados"[19].

- "[Así dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel] Les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se devorarán unos a otros en la angustia del asedio y en la miseria a que los reducirán los enemigos que buscan matarlos"[20]

- "Por eso, así dice el Señor: […] Por tus prácticas idolátricas haré contigo [con Israel, su pueblo] lo que nunca he hecho y jamás volveré a hacer: los padres se comerán a sus hijos, y los hijos a sus padres"[21].

- "Y pude oír lo que [el Señor] dijo a los otros: -Recorred la ciudad detrás de él, matando sin compasión y sin piedad. Matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, hasta exterminarlos"[22].

Evidentemente ese Dios, cuya existencia sería compatible con la del mal, tendría muy poco que ver con el Dios sumamente bondadoso que los dirigentes católicos presentan a sus seguidores, seleccionando textos bíblicos que no hacen referencia a la extrema crueldad que vemos en éstos otros textos, al margen de que el Dios que los dirigentes católicos presentan sigue siendo igualmente cruel y déspota en cuanto, de acuerdo con su omnipotencia, envía al fuego eterno a quienes él mismo ha predeterminado para que se alejen de él, tan como indica Tomás de Aquino cuando escribe:

"Y como se ha demostrado que unos, ayudados por la gracia, se dirigen mediante la operación divina al fin último, y otros, desprovistos de dicho auxilio, se desvían del fin último, y todo lo que Dios hace está dispuesto y ordenado desde la eternidad por su sabiduría [...], es necesario que dicha distinción de hombres haya sido ordenada por Dios desde la eternidad. Por lo tanto, en cuanto que designó de antemano a algunos desde la eternidad para dirigirlos al fin último, se dice que los predestinó [...] Y a quienes dispuso desde la eternidad que no había de dar la gracia, se dice que los reprobó o los odió [...] Y puede también demostrarse que la predestinación y la elección no tienen por causa ciertos méritos humanos, no sólo porque la gracia de Dios, que es efecto de la predestinación, no responde a mérito alguno, pues precede a todos los méritos humanos [...] sino también porque la voluntad y providencia divinas son la causa primera de cuanto se hace; y nada puede ser causa de la voluntad y providencia divinas"[23].

 

 

Autor:

Antonio García Ninet

Doctor en Filosofía

[1] “Ojo por ojo, diente por diente” (Éxodo, 21, 24; Lev., 24, 20).

[2] En la traducción de EDASA pone “que se acompañase”, pero parece que “acercase” capta mejor el sentido del texto original.

[3] B. Russell: Por qué no soy cristiano, p.39. EDHASA, Barcelona, 1979.

[4] Génesis, 3: 16-19.

[5] Ezequiel, 18: 19-20.

[6] En caso contrario tendríamos que aceptar que el propio Dios necesita pasar alternativamente por sucesivas etapas de sufrimiento y felicidad por cuanto las últimas estarían condicionadas por las primeras.

[7] Job, 2:10.

[8] Eclesiástico, 11:14

[9] Sabiduría, 11:23-26.

[10] 1 Crónicas, 21:14.

[11] Éxodo, 12:1-13; Éxodo, 12, 29.

[12] Lev., 26: 27-33.

[13] 1 Samuel, 15:3.

[14] 2 Reyes, 19:35.

[15] Éxodo, 20:3-5.

[16] 2 Crónicas, 36:17.

[17] Isaías, 37:36.

[18] Jer, 14:14.

[19] Jer, 16:1-4.

[20] Jer, 19:9.

[21] Ezequiel, 5:8-9.

[22] Ezequiel, 9:5-6:

[23] O.c., c. 163.


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