Esta investigación me ha llevado años de estudio, lectura y entrevistas a distintas personas.
La importancia de este material esta dirigida a estudiantes e investigadores en la gama del folclore argentino con el carácter de folclore ciencia.
En la década del setenta, Susana Chertudi y Sara Newbery definieron a las canonizaciones populares como aquellas que tienen por objeto de culto personas que han sido santificadas por el pueblo, es decir, que en su proceso de canonización no había intervenido la Iglesia Católica como institución. Es más, la Iglesia reprueba estas muestras de fervor religioso que suele definir como supersticiones.
Las investigadoras centraron su estudio en la Difunta Correa que, por aquel entonces y hasta hace muy poco, constituía la santa popular de mayor veneración. Un análisis acerca de las canonizaciones populares a comienzos del nuevo milenio muestra la aparición de nuevos santos, el incremento en el culto de otros y la perdurabilidad de manifestaciones originadas hace más 150 años.
Este trabajo describe las circunstancias de cómo y por qué una persona que llevó una vida común -incluso a veces hasta reprobable- se convierte luego de su muerte en un objeto de culto religioso debido a que se cree que su alma se encuentra en la gloria y que puede convertirse en intercesora ante Dios o adquirir un poder sobrenatural capaz de hacer milagros.
También se analizan las diversas formas de manifestación de las canonizaciones populares: los lugares de culto, las diferentes ofrendas, los símbolos de cada santo, los ruegos más comunes, las promesas realizadas y los castigos ante el incumplimiento, los diversos homenajes y evocaciones artísticas, y las diferencias sustanciales con las canonizaciones oficiales de la Iglesia.
Se presentan los nuevos santos populares y aquellos que perduraron a través del tiempo: su vida, su muerte y las razones de su "paso a la santidad".
Devociones populares
Los "santos" objeto de nuestra investigación son un aspecto de las comúnmente denominadas devociones populares. Estas devociones no suelen pertenecer a cultos oficiales aprobados por el estado ni contar con el beneplácito de las religiones tradicionales, sin embargo inspiran tal fervor que en nada cuentan las opiniones institucionales. Tienen distintas características, algunas son supervivencias de ancestrales costumbres precolombinas como la Pachamama o el culto a los muertos; otras son producto de la "santificación" de personas comunes, que a veces ni siquiera han llevado una vida ejemplar, pero cuya muerte en plena juventud y en terribles circunstancias es la que determina su nuevo status. También son objeto de devoción manosantas y carismáticos, ya fallecidos, que consagraron su vida a los necesitados.
Los protagonistas de esta veneración tienen en común que se les adjudican poderes extraordinarios. Son capaces de conceder deseos, hacer milagros, otorgar ayuda y también de castigar cuando no son recompensados. Pueden intervenir y cambiar la suerte de los mortales. La Iglesia Católica muchas veces rechaza abiertamente estas "supersticiones" y otras, mantiene una tolerancia a disgusto, pero para los practicantes no existe ninguna contradicción entre una y otra. El santo popular o la Pachamama se suma al panteón oficial y se le rinde culto de la misma manera. Las ofrendas a la Madre Tierra comienzan con la Señal de la Cruz y siguen con Padrenuestros. En las capillas destinadas a la Difunta Correa se colocan estampitas de la Virgen de Luján y de San Cayetano. En las oraciones a San La Muerte se le pide que actúe como intermediario ante Dios Todopoderoso, y el Día de las Animas se les da de comer a las almitas mientras se reza la Novena por las Almas del Purgatorio. Son cultos sin sacerdotes, practicados individual o familiarmente pero con el fervor que otorga la fe.
1_Santos oficiales y santos populares
2_Mujeres Trágicas
3_Gauchos Santos
4_Los Angelitos
5_Sanadores y Guías Espirituales
6_Santos Populares muy particulares
Para la Iglesia Católica una persona es santa cuando ha alcanzado la gloria y así lo determina una sentencia solemne del Romano Pontífice. Se trata de un largo y minucioso procedimiento exclusivamente reservado a la Santa Sede y que se conoce como canonización. El elemento fundamental para que la Iglesia proceda son los milagros y la Congregación para la Causa de los Santos integrada por Cardenales, Arzobispos, Obispos y numerosos especialistas son los que designarán venerables, beatos y finalmente santos.
Los Santos deben ser hombres y mujeres que, cinco años después de su muerte, permanezcan en la memoria de quienes los conocieron. Son aquellos que, habiendo abrazado la fe cristiana y recibido el bautismo, viven y mueren en Gracia de Dios. Esto implicaría ausencia de pecados mortales, aunque no de pecados veniales e imperfecciones.
En el Vaticano, la Congregación para la Causa de los Santos, integrada por veintitrés miembros de la alta jerarquía eclesiástica, más un promotor de la fe, seis relatores y setenta y un consultores (médicos de distintas especialidades, historiadores y canónicos) deberán estudiar científica y jurídicamente las pruebas sobrenaturales. Si los dos tercios de la Congregación lo avalan (el Papa da la última y definitiva palabra), el candidato se convierte en venerable. De comprobarse un milagro, en beato. Y si se demuestran dos milagros, el candidato es declarado santo.
Un santo es un modelo que Dios le ofrece a los hombres. En nuestro país hay un único santo, ningún beato y la iglesia local tiene 24 causas en marcha. De estos 24 Siervos de Dios, hay seis firmes candidatos: Ceferino Namuncura, la Madre Camila Rolón y el fraile José León Torres (ya declarados venerables); Mamerto Esquiú, el Cura Brochero y el empresario Enrique Shaw.
Pero, por otra parte, existen las canonizaciones populares que Susana Chertudi y Sara Newbery en su libro "La Difunta Correa" (1978) las definen como aquellas que tienen por objeto de culto personas que han sido santificadas por el pueblo, es decir, que en el proceso de canonización no ha intervenido la Iglesia Católica como institución. Félix Coluccio, por su parte, considera que "la religiosidad popular, no siempre respetuosa de la ortodoxia romana, suele canonizar de hecho a personas reales e incluso imaginarias, a las que la tradición oral adjudica la realización de verdaderos milagros. La Iglesia, desde luego, reprobó siempre estos hechos". Pero el problema es complejo, "lo que frecuentemente se designa como superstición es una auténtica manifestación religiosa" (Coluccio 1995).
Para un creyente no existe diferencia entre los santos oficiales de la Iglesia Católica y los canonizados por él mismo. Todas son personas que hacen milagros, que interceden por él, que están cerca de Dios, que reciben ofrendas y a quienes se les hace promesas que hay que cumplir. La devoción se manifiesta de la misma manera: se reza, se toca y se besan las imágenes milagrosas; se realizan peregrinaciones hasta el lugar donde están enterrados los restos, se encienden velas, se llevan flores, se dejan exvotos y se cumplen promesas tales como subir de rodillas las escaleras del lugar sagrado.
La diferencia entre el culto que se rinde a los santos oficiales y a los populares reside que el primero se manifiesta a través de reuniones tanto de tipo espiritual como social como ocurre en la fiesta de San Roque en la ciudad de San José (Catamarca) o para el 8 de diciembre, día de la Virgen, en Fuerte Quemado (Catamarca). La gente abandona su rutina diaria, asiste a Misa, participa de procesiones organizadas y luego acude a la feria donde puede adquirir comidas y bebidas regionales, artesanías, y cantar y bailar hasta el amanecer.
Por su parte, la veneración tributada a los santos populares es más individual que social. Es un culto de promesas, de visitas solitarias al santuario o cementerio donde se encuentra enterrado. En general no presentan demostraciones colectivas organizadas aunque existen días de mayor concurrencia como la fecha de nacimiento o muerte del santo y el Día de Difuntos, y se observa una mayor necesidad de dejar testimonio escrito de los favores recibidos a través de placas de agradecimiento.
Otra diferencia importante es que los Santos oficiales son gente que vivió distante en tiempo y espacio, con costumbres y creencias completamente distintas a quienes ahora los veneran y que rara vez conocen quiénes fueron realmente. Ni su vida ni sus obras ni las circunstancias de su muerte Un ejemplo de esto es que algunos fueron recreados, a veces sólo por sus imágenes y se los designó patrones y protectores sobre determinados elementos. Así en algunos lugares del Noroeste argentino San Antonio, de las llamas y San Ramón, de los burros.
En cambio, las personas canonizadas por el pueblo vivieron dentro de su marco geográfico, descienden de alguna familia del lugar, tuvieron sus mismos problemas, necesidades y angustias; eran como el hombre común pero diferenciándose por una aureola de santidad adquirida por el sufrimiento de una muerte violenta, por una vida sacrificada o por ser una víctima inocente.
Un aspecto importante para resaltar es que, para el creyente, no hay contradicción entre creer en un santo popular y continuar siendo un cristiano practicante. Se puede asistir a Misa, bautizar a sus hijos, confesarse, comulgar y honran a sus santos no oficiales junto a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos de la Iglesia.
Los protagonistas
Muchos no hubieran sospechado nunca que terminarían convertidos en objeto de veneración debido a que tuvieron vidas comunes y fue la circunstancia de la muerte la que determinó su paso a la santidad. En cambio otros son reverenciados por haber asumido en vida el rol de sanadores, iluminados y guías espirituales.
El primer santo popular argentino del que se tenga memoria es de 1830 y se conoce como "El Quemadito". La historia comienza después de la derrota de Oncativo cuando los unitarios asumen el poder en Catamarca y persiguen a los federales. En esas circunstancias hacen prisionero a José Carrizo y lo acusan de ser espía del General Quiroga. Se lo arrojó vivo a una hoguera, muriendo quemado. Se supone que este hecho tuvo lugar en el antiguo camino real entre Miraflores (Capallán) y Huillapima, y allí se erigió una cruz de madera clavada en el tronco de un quebracho que se conoció como "la Cruz del Quemadito". Frente a esta cruz los lugareños rezaban y prendían velas pidiéndole, sobre todo, hallar sus animales.
A partir de José Carrizo, se ponen de manifiesto dos de los rasgos comunes a esta clase de santos populares. El primero es que la muerte los sorprende en plena juventud, y el segundo son sus circunstancias extraordinarias: asesinatos, accidentes o después de un sufrimiento intenso. Las muertes trágicas se consideran signadas con un sello divino. El sufrimiento es un elemento purificador que borra todos los pecados como a los mártires. La idea de la elevación luego de un profundo padecimiento, no buscado sino sobrevenido y llegado de afuera, lleva implícita la idea de purgatorio. El alma así purificada se eleva a la santidad.
Algunos elementos en común entre las personas objeto de devoción nos permiten agruparlos. Un figura recurrente es la mujer, su dolor y la tragedia desencadenada. Muchas de ellas son mujeres honestas víctimas de crímenes pasionales, otras llevaron una vida irregular pero murieron en medio de un gran sufrimiento. No es importante saber realmente si Juana Figueroa fue una mujer deshonesta o sólo una víctima de las "malas lenguas", lo que marca la diferencia es que murió cruelmente a los 22 años a manos de su marido celoso, y que luego de su muerte fue invocada en busca de milagros. Hechos similares dieron lugar a otras devociones como La Brasilera, una rezadora profesional en los cementerios y velorios que falleció carbonizada el Día de Difuntos al tocar accidentalmente sus ropas las velas encendidas y prenderse; La Finadita Juanita fue apuñalada por la espalda por un joven que infructuosamente la pretendía de amores; Almita Sivila, fue degollada, su cuerpo violado y descuartizado; La Telesita, quemada o desaparecida en la segunda mitad del siglo pasado en Santiago del Estero y La Ramonita, cordobesa, murió estrangulada a causa de celos.
También son consideradas almas milagrosas las de algunos gauchos que han tenido problemas con la justicia por sus actividades no siempre encuadradas dentro de la ley pero que tras sus muertes la leyenda los transforma en especies de Robin Hood que repartían lo robado entre los necesitados. Murieron a traición, y muchas veces su asesinato se vincula a motivaciones políticas, por eso sus tumbas son pintadas con el color del partido al que apoyaban. Trascendieron el ámbito local al transformarse en protagonistas de radioteatros, cine, cuentos e historietas. De Corrientes surgieron entre otros el Gauchito Gil, el Gaucho Lega (1906), Aparicio Altamirano (1934), Gaucho Antonio María (mediados del siglo XIX), Turquiña (1917) y Curuzú José. De Mendoza: Gaucho Cubillos (1895) y Bairoletto (1941). De Tucumán: Bazán Frías (1923), Mariano Córdoba (fines del siglo XIX) y El finado Chiliento (1940).
También muchos niños integran las devociones populares. Tradicionalmente se considera que los niños han muerto sin haber perdido la inocencia y sus almas, sin mediar Juicio alguno, van a sumarse a los ángeles. Por esta razón, en algunos lugares del noroeste argentino se realiza el Velorio del Angelito y el muertito es vestido con ropa blanca y se le colocan alitas de papel. Si la circunstancia de la muerte es trágica se refuerza la creencia en su santidad. Este es el caso de Pedrito Sangüeso que fue vejado y asesinado a los seis años en la Provincia de Salta; de los Lucas Hallao mellizos abandonados en el cementerio de Tucumán en la noche de San Lucas y de la Almita Perdida, un niño de 3 años que se perdió y murió ahogado y cuyo nombre se ignora. A estos Angelitos se les suele pedir por los niños y las ofrendas son juguetes, ropitas, cuadernos escolares, fotos, golosinas.
Otra categoría de santo popular es la integrada por sanadores, líderes iluminados y carismáticos a quienes se le adjudicaron poderes extraordinarios en vida y que se considera que dichos poderes continúan aún después de la muerte física. Los más conocidos son Pancho Sierra, la Madre María y el Padre Mario.
Nace un santo popular
Estas muertes trágicas suelen conmover a los vecinos, quienes se acercan al lugar de la tragedia o la tumba a rezar y encender velas. Si se le hace algún pedido que luego se cumple, comienza a crearse la fama de sus poderes sobrenaturales. La forma de transmisión en primera instancia es oral y personal. Aquellos que se ven beneficiados por los milagros del santo se convierten en su principal carta de recomendación.
Surgen los lugares de culto, como la propia tumba, donde sólo se dejan flores debido a las reglamentaciones restrictivas de algunos cementerios. Pero en compensación, en las paredes externas o en las inmediaciones del mismo suelen colocarse imágenes y placas de agradecimiento. También es frecuente que en el sitio de la muerte se eleve una cruz o un nicho donde se lo recuerda y venera. Las devociones más importantes poseen un Santuario principal y numerosos altares en distintos lugares, construidos por los promesantes.
Mientras que algunas creencias son locales, otras son efímeras, y hay santos cuya fama se extenderse como la del Gauchito Gil cuya estampita es repartida en los trenes de Buenos Aires junto con las de San Cayetano, San Jorge y la Virgen María.
Cuando la fama de milagroso trasciende, surgen versiones escritas en folletos, revistas, estampitas y pueden llegar a ser protagonistas de folletines, canciones, teatro, cine, poesías (romanceros, coplas) y televisión.
Pedidos
Se los invoca por diversos motivos: cura de enfermos; protección a los viajeros, ganados y cosechas; recuperar objetos perdidos, conseguir o conservar el trabajo; pagar deudas e hipotecas y encontrar novio. Existen santos populares a los que se recurre para problemas específicos, por ejemplo el taxista Nicolás Caputo, quien fue asesinado en 1939 mientras iba a cumplir una promesa a la Difunta Correa, es "patrono" de taxistas y camioneros. Al Finadito Llampa, un agente de policía extraviado en los cerros del Tafí, se le pide especialmente por los perdidos. Los Angelitos ayudan a los niños en cuestiones de salud y rendimiento escolar.
Manifestaciones del culto
La devoción puede demostrarse a través de ofrendas y de sacrificios. Entre las ofrendas están hacer construir una capilla o monumento, encender velas, celebrarle misas, llevar ropa (del primer hijo o trajes de novia), colocar placas con leyenda de agradecimiento, limosnas, cruces, agradecimientos publicados, fotos de promesantes, banderas, insignias, chapas de autos, muñecas, cigarrillos, maquetas de casas, relojes, joyas de familia, flores, representaciones en metal de miembros y órganos humanos y muchas más.
Entre los sacrificios más frecuentes se practica el ayuno, la peregrinación, largas marchas sobre las rodillas o gateando, rezar novenas y hacer "cadenas" que son cartas (al modo tradicional o por correo electrónico) que al ser recibidas deben hacerse copias y mandarse a otras personas de acuerdo con las instrucciones de la carta inicial. Son todas similares en contenido: "si cumple tendrá mucha suerte...si la corta aumentará su desgracia"
No cumplir la promesa genera dificultades que sólo son superadas en el momento que se hace efectiva. Circulan numerosos relatos de personas ingratas que fueron castigadas por no corresponder a la ayuda obtenida. Si el santo cumple, el promesante debe cumplir.
Introducción
Ninguna de estas mujeres hubiera sospechado que sus vidas se transformarían en leyendas. Algunas tuvieron existencias comunes y otras, incluso, estaban muy lejos de tener conductas que la Iglesia Católica considerara como características de una posible "santa". Pero en todos los casos es la muerte, temprana, violenta, injusta, solitaria y hasta cruel, la que marca la diferencia.
La gente se conmueve ante su sufrimiento, reza por su alma y luego le entrega sus ruegos con la certeza que serán escuchados. Si se vuelve notoriamente popular, artistas y devotos se ocuparan de difundir su historia y milagros, así surgirán novelas, canciones, películas, libritos, folletos y hojitas de divulgación. La imaginación irá agregando detalles a la leyenda y aparecen aspectos absolutamente desconocidos de la vida y pensamiento de la nueva santa. De esta manera se confunde la ficción con la realidad y luego de tanto años no se sabe exactamente donde comienza una y termina la otra.
El relato escrito y oral, inspirado en estas mujeres trágicas, contiene nombres y apellidos de personas que la ayudaron, o que la persiguieron, o que intentaron deshonrarla; narran situaciones y pensamientos que tuvo la protagonista (aunque no haya testigos de los mismos); nombran gente (maestros, sacerdotes) que advirtieron que de niña tenía una personalidad singular y que ya se perfilaba como caritativa, bondadosa y con algo que la distinguía del resto, aunque no siempre fuera comprendida. Era naturalmente devota de alguna Virgen, tenía presentimientos, don de la palabra y todo lo malo que se decía de ellas era producto de la envidia ajena.
Ejemplos Destacados:
La Difunta Correa
Juana Figueroa
María Soledad
La Telesita
La Brasilera
Gilda
Almita Sibila
Finadita Juanita
La Degolladita
Juana Layme
La Finada Ramonita
LA DIFUNTA CORREA
En el transcurso del año 1835 un criollo de apellido Bustos fue reclutado en una leva para las montoneras de Facundo Quiroga y llevado por la fuerza a La Rioja. Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada porque su esposo iba enfermo, tomó a su hijo y siguió las huellas de la montonera. Luego de mucho andar -cuenta la leyenda- y cuando estaba al borde de sus fuerzas, sedienta y agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que pasaron luego por la zona, al ver animales de carroña que revoloteaban se acercaron al cerro y encontraron a la madre muerta y al niño aún con vida, amamantándose de sus pechos. Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre en las proximidades del Cementerio Vallecito, en la cuesta de la sierra Pie de Palo. Al conocerse la historia, comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la "difunta Correa". Con el tiempo se levantó un oratorio en el que la gente acercaba ofrendas.

Cuenta Roque Pichetto que "La difusión de sus milagros ya tradicionales se ha extendido por todo San Juan: los poetas y cantores populares le dedican sus coplas y canciones, los hombres de campo le piden protección para sus cosechas, los arrieros, con quienes tiene una deuda, la consideran su protectora, hacen sus peligrosos viajes a través de las serranías y quebradas bajo su amparo, las madres que por su debilidad carecen del necesario alimento para sus pequeñuelos, elevan sus oraciones fervientes a ella para que nutra sus pechosescuálidos"
Alfredo Moffat afirma que este mito "constituye uno de los casos más interesantes de las creencias populares, pues constituye un mito ancestral indígena que no pudo ser reinterpretado por la Iglesia Católica debido a que no existe ningún mito equivalente en la cultura occidental cristiana para que pueda ser 're-modelado'. Esto es debido a que la estructura del mito es la sobrevivencia de un niño que mama los pechos de la muerta. Mamar de un cadáver, es decir tomar vida de la muerte, no existe como estructura en la mitología occidental cristiana". "Por ejemplo la PACHAMAMA como el espíritu indio de la madre tierra -agrega Moffat-, ha sido 'remoldeado' o reinterpretado por la Iglesia a través de la figura de la Virgen María y toma los nombres de Virgen del Carmen, del Valle, etc. según la región andina, pero en cambio la Difunta Correa sigue siendo actualmente un santuario pagano".
LA TELESITA
Teresita del Barco o Telésfora Santillán vivió en la segunda mitad del siglo XIX en la provincia de Santiago del Estero. Una de las versiones acerca de quién era y que hizo esta mujer sostiene que era hija de Don Pedro del Barco y María Rosa Gómez, tenía el cabello negro y los ojos azules y que pasó su infancia en la estancia "La Aurora", al pie de las sierras de Guasayán, criándose rodeada de belleza, sensibilidad y música.
La familia se traslada a una casona que tenía en la ciudad de Santiago del Estero para que Teresita recibiera la educación correspondiente. A medida que pasaba el tiempo se convertía en una hermosa mujer. Su padre, acosado por sus adversarios políticos, decide abandonar la ciudad y volver a la estancia.
En su pago natal, aprendió todo lo que se refiere a la vida de campo: los arrieros le enseñaron acerca de la fauna y la flora de la región y las virtudes de las plantas medicinales. Al llegar la edad de casarse sus padres deciden volver a Santiago a relacionarse con la sociedad. Viajan ellos primero y, al llegar encuentran que el cólera estaba asolando la ciudad, deben cumplir con la cuarentena obligatoria antes de salir de ella pero son víctimas de la peste.
El dolor y la tristeza hacen que Teresita no pueda vivir más en la estancia y se muda a un vallecito cercano a Santiago. Allí aparece el amor en su vida, un estanciero llamado Eumelio Ahumada. Pero llegan los carnavales y en un baile otro joven saca a bailar a Teresita. Después del baile circularon los comentarios, y el otro joven hostigaba constantemente a Eumelio, quien para defender su amor plantea un duelo en tres instancias: duelo de payadas, duelo de malambo y duelo criollo, a cuchillo. Pasadas las dos primeras instancias sin decidirse hacia uno u otro, en el enfrentamiento a cuchillo mueren los dos.
Al enterarse Teresita huyó, hasta que se instala en una choza cerca de La Banda, y comienza a ayudar a los necesitados. Preparaba tisanas y pociones curativas para los enfermos. Su fama de Santa y curandera se fue extendiendo. Un día desapareció. La leyenda dice que murió quemada.
Otra versión de la historia cuenta que era una joven inocente que erraba por los montes. Oraba a Dios, asistía a fiestas, velorios y bailes apareciendo y desapareciendo de improviso. Coincide en que murió carbonizada.
El culto
No hay un lugar fijo para los peregrinajes ya que, como murió quemada, no hay tumba que conserve sus restos. El ritual que debe cumplir un promesante es el siguiente:
* se envía una invitación especial a la mayor cantidad de personas conocidas del promesante, con un ruego de asistencia para el destinatario del favor de la Santa.
* debe preparar con anticipación una masa de harina de trigo con la que debe modelar un angelote y cocinarlo en el horno de su casa hasta que se dore.
* debe colocar una mesa en el centro del patio de su casa, cubrirla con manteles blancos y depositar el muñeco que representa el espíritu de la Telesita.
* este altar debe rodearse de velas y flores.
* se invita a músicos para que toquen con los instrumentos típicos de la región, especialmente chacareras.
* debe contarse con abundante bebida: tradicionalmente la aloja, y últimamente caña y aguardiente hervida con poleo.
* tener una auténtica devoción y honesta intención de cumplir la promesa que se concretará con música, baile y bebidas.
Estas reuniones se llaman Telesiadas y se inician bailando una chacarera. A cada vuelta el bailarín debe beber una copa. Cuando el promesante cae rendido de baile y alcohol, se considera que el ritual está cumplido. Se apagan las velas y una joven, elegida de antemano por el promesante, toma el angelote y lo desmigaja repartiéndolo entre los concurrentes junto con un trago de alcohol. En otras Telesiadas, el muñeco se hace de papel o trapo y se quema al final de la fiesta para rememorar el trágico destino de Telesita.
Proyección Artística
Está presente en la poesía, en el teatro (Clementina Quenel hizo una obra con su historia) y Andrés Chazarreta y Agustín Carbajal le dedicaron una chacarera; Gabino Cora Peñaloza y Manuel Gómez Carrillo escribieron un estilo, existe un romance llamado "La Telesita" de León Benarós y hay además algunos poemas anónimos.
GILDA
Miriam Alejandra Bianchi nació el 11 de octubre de 1961 en el barrio de Devoto, Buenos Aires. El sueño de su madre era ponerle Gilda en homenaje al personaje de Rita Hayworth en la famosa película, pero no fue posible. A pesar de esto, con ese nombre se la llamó en el hogar y luego terminó siendo su nombre artístico.
Cuando tenía diez años su padre enferma, muriendo siete años más tarde. Su madre toma alumnos particulares para sobrellevar los problemas económicos. Gilda se casó a los dieciocho años y tuvo dos hijos (una nena y un varón). Si bien su vocación original era ser pediatra, se resolvió por el magisterio y a los pocos años ya era maestra de un colegio católico. Preparaba todas las fiestas o festivales y cantaba en el escenario.
Cuando estaba por cumplir 27 años, se encuentra casualmente con Toti Giménez, un amigo de la infancia quien en ese momento estaba tocando con Ricky Maravilla. Gilda lo invitó a escucharla cantar en algunos de los festivales de la escuela y él quedando fascinado con una parodia de música de bailanta que realizó con los alumnos. Giménez le propone cultivar el género, grabaron algunas canciones e inicia su carrera en la música tropical.
Se divorció de su marido y comienza una relación personal y profesional con Toti Giménez. La rectora del colegio donde trabajaba la hace dejar su puesto y así pasa definitivamente de maestra jardinera a cantante. En 1996, año de su muerte, actuaba haciendo giras por todo el país y había actuado en Bolivia y Perú.
Cada uno de sus shows convocaba multitudes que la veneraban cada vez más. Gilda despertaba en sus seguidores mucho más que admiración, por su carisma la gente la quería tocar. Le acercaban bebés para que los curara o se hacía tocar para conseguir trabajo, a pesar de esto Gilda renegaba de sus supuestos "poderes" pero no se negaba a la gente.
Unos días antes del fatídico viaje había cambiado la letra de "No es mi despedida" que terminaría por convertirse casi en un himno para sus fans quienes sostienen que "es como si hubiera tenido una premonición". El 7 de septiembre de 1996 se trasladaba en un micro a Chajarí, un pueblito de la provincia de Entre Ríos, con ella viajaban su madre, sus dos hijos, su pareja y sus músicos. En el kilómetro 129 de la "ruta de la muerte", el micro choca de frente contra un camión de la empresa brasileña Interpress. Hubo siete muertos, entre ellos Gilda, su madre y su hija. En marzo de 2000, el conductor fue considerado responsable y condenado a prisión.
El primer "milagro"
Una gran multitud de fans se congregó en el cementerio para darle el último adiós. Cuando Toti Giménez salió del coma y se enteró de la muerte de Gilda, recordó que ella haba cambiado la letra de una canción de su próximo disco. Llamó a su representante y lo mandó al lugar del accidente a buscar un cassette dónde Gilda había grabado los cambios en forma casera. Y, según Giménez, el "primer milagro" se produjo: el cassette estaba al lado de la banquina. Fue procesado con moderna tecnología sirvió para editar el disco "Entre el cielo y la tierra".
Gilda había grabado tres discos pero hasta ese momento no había vendido más que 38.000 copias. Con "Corazón Valiente" alcanza los 240.000.
El culto
Actualmente miles de devotos se movilizan a pedirle ayuda tanto a su tumba en el primer piso, galería 24 del Cementerio de la Chacarita como hasta el Santuario levantado en Paranacito, llevándole ositos, cartas de amor, flores, cintas, dibujos, prendas, escarpines, ramos de novia y rosarios, etc. En la provincia de Tucumán, una calle de un barrio lleva su nombre, y también un barrio en el partido de Ensenada, Buenos Aires.
En el kilómetro 129 de la ruta 12, lugar dónde sucedió el accidente, alguien colocó una cruz de madera y comenzaron a llevar flores. Con el tiempo colocaron un monolito blanco que indicaba el lugar exacto de la tragedia. Desde ese momento comenzó la constante peregrinación de sus devotos. Tres cruces custodiaban la entrada y en un cartel puede leerse una frase de Oscar Wilde: "Las grandes obras las sueñan los santos locos, las realizan los luchadores natos, las disfrutan los sagrados cuerdos y las critican los inútiles crónicos."

Al cumplirse un año de su desaparición, sus fans le rindieron tributo levantando un altar en el lugar del accidente, al costado de la ruta. Un camino de lajas llevaba hacia el altar, protegido por un tinglado.
Una vez adentro, en un sitial de honor, podían verse varias fotos de Gilda en diferentes tomas, una imagen de la Virgen de Luján, otra de la Virgen del Rosario y de San Cayetano y, también, la Difunta Correa, además de rosarios y estampitas. Desde los más variados objetos hasta decenas de flores y cartas - unas agradeciendo, otras pidiendo- se encontraban por todos lados. Pañuelos, velas, cintas de colores atadas a las barras que sostienen el techo, chapas de automóviles, un volante. Rizos, anillos, fotos, medallitas, dibujitos, muletas, audífonos, anteojos con impresionante aumento, fotos de cientos de rostros anónimos, muñecos, ositos, bicicletas, triciclos...
Tiempo después, esta primera construcción fue reemplazada por una habitación donde las ofrendas se multiplicaron indefinidamente. En su tumba del cementerio de la Chacarita pueden verse decenas de cartas pegadas en las paredes del nicho en que descansan sus restos y sus fieles hacen guardia permanente.

Paranacito. El ómnibus en que viajaba Gilda y su familia aún se conserva en el lugar.
Para todos aquellos que se acercan a Paranacito o la Chacarita, Gilda tiene poderes que los confortan y ayudan a vivir. Un libro dedicado a ella, contiene oraciones y rituales para dirigirse a Gilda y solicitarle ayuda. Oraciones para solucionar conflictos, para pedir protección, para perder el miedo, para pedir trabajo, para lograr paz y armonía, para los que se sienten solos, para el amor, para la salud, y para agradecer una ayuda recibida. Los rituales son con velas y para eso se indica el significado de los colores. Se describen los pasos de los rituales para el amor, para recibir trabajo y dinero, para la felicidad, para revertir la mala suerte, para protegerse del mal y la envidia, para la salud, y otros.
En el primer aniversario de su muerte, en la Plaza Miserere, en la ciudad de Buenos Aires, hubo una multitudinaria suelta de globos en su memoria (más de 10.000 personas). Para rendirle homenaje se organizó un espectáculo en el teatro Astros, y se armó el "Museo de Gilda" que en principio se exhibió en dicho lugar. Después de varios meses de investigación, y de consultas con amigos, se seleccionaron los elementos que sus seguidores podrán ver: El vestido de gasa azul que usó para la foto de la tapa de uno de sus discos, sus aros preferidos, su reloj, manuscritos de las letras de sus canciones, cartas. Fotos de infancia, de su actuación como maestra, fiestas de sus hijos. Material gráfico de su carrera como cantante, y otros recuerdos. La idea fue que se mostrara en el teatro Astros, y hasta que encuentre un lugar permanente, que sea una muestra itinerante por distintas localidades del país.
Introducción
La Argentina posee una gran cantidad de héroes populares que reúnen las características, de los justicieros, de los "Robin Hood", de vengadores de los humildes. Estos bandoleros románticos encarnan la figura del rebelde social que se diferencia del simple delincuente porque su acción va dirigida predominantemente contra los poderosos, simbolizando la lucha contra la opresión y la injusticia.
El área de acción de estos bandoleros, representados con la figura del gaucho, se desarrolló en zonas fronterizas, hacia donde era factible huir y esconderse: los esteros del Iberá en Corrientes, los montes chaqueños o tucumanos, las serranías cuyanas y el "desierto" pampeano. Estos gauchos tienen características similares, con matices regionales y algunas diferencias de personalidad.
Para la autoridad constituida se trataba de criminales (ladrones y asesinos) responsables de toda clase de delitos. Siempre marginados, eternos fugitivos, solían ser víctimas de la venganza de sus enemigos políticos. Los campesinos, por miedo o solidaridad, los ayudaban, protegían o veneraban. Muertos por "la partida" policial, generalmente a causa de una traición, a su fama se le suma los padecimientos en el momento de una muerte injusta.
El gaucho adquiere así la imagen de quien lucha contra el orden imperante, se transforma en un portavoz de los campesinos y peones desprotegidos, a merced de las arbitrariedades de los poderosos. Anécdotas, sucesos conmovedores, relatos y hechos novelados son contados en torno a los fogones, cimentando de esta manera la leyenda en donde el bandido termina siempre con una imagen inmaculada. La tradición oral corrige la versión de los delitos cometidos, y sobrevaloran, ensalzándolas, las actitudes de ayuda, protección y solidaridad para con los humildes, y hasta se llegan a justificar los crímenes, incluyendo el asesinato, como hechos inevitables.
De esta forma, se van evidenciando los signos que tienden a transformar a estos bandidos en héroes, vengadores de una injusticia social. El héroe va creciendo, se va haciendo imbatible y solo cae finalmente cuando es traicionado. El personaje que se idealiza, primero defensor y luego benefactor de los humildes, termina santificado por la religiosidad popular.
Características comunes
Los santos gauchos presentan una serie de elementos similares, entre ellos enumeraremos:
Son miembros de los mismos grupos que los veneran, es decir, campesinos, desposeídos y sometidos a situaciones de injusticia.
Participan, por lo tanto, de la misma cultura que el pueblo que los canonizó.
Sus vidas se desarrollan al margen de la ley y de la autoridad constituida, la que es resistida pasiva y sordamente por la comunidad, y activamente por ellos.
Tienen vínculos con la comunidad que los protegen y a la cual ayudan.
Sus muertes ocurren en circunstancias trágicas o extraordinarias a manos de la autoridad. La "partida" o sea la policía es el elemento más cercano a los grupos campesinos a través del cual identifican a todo el peso de la ley y el estado que los oprime.
Fueron ultimados en estado de inocencia o alevosamente asesinados sin causa o por convicciones partidarias aunque la mayoría de ellos tuvieron una actuación política muy ambigua.
Según el historiador Hobsbawn (1976), lo esencial del bandolerismo como agitación campesina o movimiento primitivo de rebeldía, es que se trata de campesinos fuera de la ley, a los que el Señor y el Estado consideran criminales, pero que permanecen dentro de la sociedad campesina y son considerados por su gente como héroes, paladines, vengadores, luchadores por la justicia, a veces incluso líderes de la liberación, y en cualquier caso como personas a las que hay que admirar, ayudar y apoyar.
El jornalero o campesino que pasa al bandolerismo, por necesidad de dinero, por huir de las levas o por ser preso fugado, puede ser también sensible a las aspiraciones del mundo campesino de acabar con las injusticias. Es decir, no debe haber gran diferencia entre el campesino oprimido que se hace bandolero (delincuente) el campesino que se hace rebelde o revolucionario, y el bandolero que se hace revolucionario
Ejemplos Destacados:
El Gauchito Gil
El Gaucho Lega
Bazán Frías
Santo Antonio María
José Dolores
La Cruz Francisco López
El Gaucho Cubillos
Bairoletto
GAUCHITO GIL
Antonio Mamerto Gil Nuñez, más conocido como "El Gauchito Gil" o como "Curuzú Gil" (del guaraní curuzú=cruz) es quizás uno de los más importantes representantes de lo que Marta De Paris denomina Santoral Profano Correntino (1988). Desde hace más de cien años tiene vigencia en su provincia, pero en los últimos años ha trascendido primero al litoral en especial Misiones y Formosa y luego al resto del país. Comprobamos la existencia de lugares de culto desde Salta a Ushuaia.
La Historia
Existen diferentes versiones acerca de la época y el motivo de su muerte. Se sabe que fue durante el siglo XIX, algunos sitúan estos hechos en 1890, para otros ocurrieron entre 1840 y 1848. Todos coinciden que su muerte aconteció el 8 de enero, que ocurrió en medio de las constantes luchas fratricidas entre los Liberales (o Celestes) y los Autonomistas (o Colorados), que el Gauchito era inocente y que fue muerto injustamente.
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