¿Es posible la felicidad en una sociedad monogámica?
En el presente ensayo me propongo, sin pretensiones de hondura sociológica, antropológica ni filosófica, disertar, con fundamento en mis razonamientos y mis lecturas, sobre la dificultad de hallar la felicidad en una cultura monógamica. Este tema, a juzgar por mis consultas, genera enconadas controversias por cuanto, así como hay defensores de la poligamia, hay simpatizantes del modelo cultural monogámico. Hay quienes afirman que no está tan claro que la poligamia responda a una cuestión puramente animal o instintiva. Allende de los apasionamientos que genere este "espinoso" tema, mis opiniones las emito amparado en el derecho de pensar y expresarme libremente.
La finalidad suprema del ser humano es ser feliz. Sin embargo, algunos estilos de vida establecidos por nuestra cultura, "con su fementido brillo, ordinario y de hojalata"[1], dificultan la búsqueda de la felicidad.
La cultura, que es producto de la actividad práctica y teórica de la humanidad, de una u otra manera, encadena a las personas, sin que éstas puedan liberarse a pesar de sus grandes esfuerzos. Consciente de que la cultura era una cárcel construida por el ser humano, Rousseau sostenía en El contrato social[2]que siendo el hombre libre por naturaleza, andaba por doquier encadenado. "El hombre moderno no se siente cómodo, `a sus anchas´, en el ambiente donde vive: la cultura"[3].
La cultura, ese fenómeno social que encadena, ¿qué es? Es todo ese quehacer material, social y espiritual que el hombre realiza en su intento de "dominar" a la naturaleza y adecuarla a sus condiciones de vida. "La cultura es la acción del hombre que desarrolla y perfecciona su ser"[4]. Freud define la cultura al "conjunto de las normas restrictivas de los impulsos humanos, sexuales o agresivos, exigidas para mantener el orden social"[5]. El hombre, por el hecho de ser hombre, es un ser que hace cultura y se hace gracias a ésta. "La cultura es la habitación del hombre, su morada"[6]. Al interior de la cultura, el hombre crea su mundo dentro de un horizonte de posibilidades. El mundo como totalidad de lo real es para el hombre "su horizonte y, al mismo tiempo, su estímulo, su hontanar y su desafío; su cuna y su crisálida"[7].
La cultura aparece estrechamente ligada al particular modo de vida del hombre respecto a su ser y a su quehacer. "Si mirado a su ser, la cultura es una condición y posibilidad universal de todos los hombres, mirado a su quehacer es una expresión total que abarca todas las realizaciones humanas"[8]. Ese conjunto de creaciones materiales, sociales y espirituales son "la característica de los hombres, del nivel de su humanización"[9], expresada en el pensar, en el proceder y en el actuar de la sociedad. "La cultura viene a ser de este modo el resultado de la transformación que el hombre imprime a la naturaleza, al conjunto de nuevas formas de vida creadas por él, la nueva morada artificial que el hombre se fabrica en la naturaleza"[10].
La cultura, dimensión universal y diferenciante del ser del hombre, que no se limita a un sector del quehacer humano sino a la totalidad de sus creaciones, está conformada por el nivel de las industrias (entorno o sistema técnico, que comprende medios técnicos de la producción), de las instituciones (entorno o sistema social, que comprende conjunto de normas y organizaciones), de los valores (entorno o sistema axiológico, que comprende formas peculiares como un grupo aprecia y estima los distintos aspectos significativos de la existencia) y de lo ecológico (entorno o sistema natural, que comprende un ecosistema al que está integrado el ser humano como a su casa que lo nutre).
El psicoanalista Erich Fromm nos dice que, toda vez que el sujeto de las ideas es la entidad básica del proceso social, para entender la dinámica de éste "tenemos que entender la dinámica de los procesos psicológicos que operan dentro del individuo, del mismo modo que para entender al individuo debemos observarlo en el marco de la cultura que lo moldea"[11]. La relación del hombre con la cultura es doble. "Por una parte la cultura es producto del hombre. Pero, por otra, el hombre es producto de la cultura"[12]. La relación del hombre con la cultura es doble, por cuanto, por una parte la cultura es producto del hombre, y éste es producto de la cultura. "Al crear la cultura, el hombre se crea a sí mismo, y al crearse a sí mismo, es un productor de cultura…. El hombre es sustancialmente un ser cultural, y la cultura el producto de la actividad humana"[13]. La cultura es, también, "una herencia que se renueva con la capacidad creativa del que la recibe"[14].
Así algunos autores afirmen que "los modos y los usos culturales no son simples expresiones ideológicas, sino modos de ser y estar ante la realidad, soportes primarios y constitutivos que señalan el arraigo y la permanencia de grupos determinados más allá de los condicionamientos socioeconómicos"[15], el fenómeno cultural posibilitaría la felicidad si estuviera exento de ideologías dominantes y condicionamientos de todo orden.
La cultura, más allá de encadenarnos, debería posibilitar la autorrealización del ser humano y la búsqueda de la felicidad. Pero, lastimosamente, ésta nos programa y nos aprisiona en la cárcel de las costumbres acríticas desde el mismo instante en que nacemos dentro de un determinado contexto dado de antemano. Los modelos de relaciones los determina el contexto económico en el que se desarrollan. "Incluso cuando el individuo nace, ya se encuentra necesariamente enraizado en el determinado horizonte cultural que lo moldea y lo afecta desde las manifestaciones más elementales de la vida cotidiana hasta el complejo de valores, ideas, normas institucionales que ya encuentra como fruto incesante de esta actividad específica del hombre"[16].
El quehacer cultural, encaminado a "proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí"[17], estableció prácticas, rutinas, ceremoniales, rituales, costumbres, tradiciones, estilos de vida, patrones de conducta, convenciones, industrias, valores e instituciones, que, entre otras cosas, le han servido para restringirle su ansiada libertad. En el sentir de Freud, "nuestra llamada cultura llevaría gran parte de la culpa de la miseria del sufrimiento…"[18]. En la esencia de la cultura en que vivimos el logro de la felicidad, según este pensador de la sospecha, se ha puesto en duda. Plantea que la vida como nos es impuesta conlleva dolores, desengaños y tareas complicadas. "Aunque Freud fue un hombre de su tiempo y sus puntos de vista sobre la felicidad se anclaron en su experiencia, él era también un crítico severo de la cultura y veía a la sociedad como una fuente de infelicidad"[19].
Como quiera que un componente de la felicidad lo constituye la armonía y el disfrute de las relaciones afectivas, el amor y el erotismo son las pasiones que predominan en nosotros, ejerciendo una poderosa fuerza lo instintivo, lo erótico, es decir, el disfrute de la genitalidad; de manera que el erotismo genital vendría a ocupar el centro de la existencia humana, tal como lo reconoce Freud. "Cuando señalamos la experiencia de que el amor sexual (genital) ofrece al hombre las más intensas vivencias placenteras, estableciendo, en suma, el prototipo de toda felicidad, dijimos que aquélla debía haberle inducido a seguir buscando en el terreno de las relaciones sexuales todas las satisfacciones que permite la vida, de manera que el erotismo genital vendría a ocupar el centro de su existencia"[20]. Aquí sería procedente traer a colación la cita de The Matrix: "No neguemos nuestros impulsos; es lo que nos hace humanos".
Quienes aceptan que somos seres de naturaleza poligámica, presos al interior de una cultura monogámica, reconocen la enorme dificultad que implica la conquista de la felicidad. Cuando cualquier integrante de la pareja, ya sea dentro del noviazgo, la unión marital de hecho o del matrimonio, obedeciendo a su naturaleza, decide establecer un vínculo alternativo, ya sea afectivo o genital, se suscita un grave conflicto emocional en el otro componente de la pareja, supuestamente por haber sido "traicionado", desencadenándose así los celos, el dolor, el sufrimiento, el odio, el resentimiento, el rencor y el insaciable deseo de venganza, sin entender que en el amor el daño se lo hace uno mismo y no los comportamientos de los demás. La sicoanalista María del Carmen Molina señala que "los celos existen porque vivimos en una sociedad monogámica y la sexualidad humana es poligámica"[21]. Se desencadena así dentro de la relación afectiva la lucha de todos contra todos: unos por defender su libertad y otros por restringir la de los demás. Los "traicionados" tendrán dificultades para situarse en su realidad, desconociendo que frente a las situaciones conflictivas hay que saber situarse. La dificultad de los problemas depende de la forma cómo los enfrentamos, ya sea con alaridos emocionales o con la mente lúcida del que piensa. La cultura poligámica atenta contra la libertad y la justicia. "La imposición de una vida sexual idéntica para todos, implícita en estas prohibiciones, pasa por alto las discrepancias que presenta la constitución sexual innata o adquirida de los hombres, privando a muchos de ellos de todo goce sexual y convirtiéndose así en fuente de una grave injusticia"[22]. Según Freud, "la satisfacción de los propios instintos no debería estar limitada por ningún tipo de ley moral, sino sólo por la convicción de la necesidad de reglas que tienen como único objetivo el de evitar conflictos con los otros"[23]. Razonando en términos filosóficos profundos se podría decir que la monogamia, con todas sus ataduras y condicionamientos, atenta contra la libertad, que es la esencia misma del ser humano. ¿Y si éste no es libre, entonces qué es? "El hombre es un ser para la libertad, está condenado a ser libre", sentenció Jean Paul Sartre, considerado el más grande de los filósofos del siglo XX.
Con el ánimo de vivir en una aletargadora armonía, algunos integrantes de la pareja se abstienen del disfrute, autónomo, libre y responsable, de su naturaleza poligámica, reprimiendo y renunciando "a las satisfacciones instintuales"[24]. Muchos, de manera hipócrita, desleal y cínica, aparentan la llamada fidelidad, pero, incitados por su instinto, anhelan ser infieles. "En su origen latino, fidelidad significa confianza y la confianza va estrechamente ligada a la sinceridad. El amante monógamo generalmente oculta cualquier atracción que siente por alguien para no inquietar o herir a su pareja, por lo tanto, no tiene sentido relacionar monogamia con fidelidad, si partimos de que esta "fidelidad" no es sincera"[25]. Cuánta razón tenía el inmortal Hamlet al sugerirnos que el ser humano juega un papel en la vida y sueña con otro. En la cultura monogámica "toca" ser fiel si se quieren evitar los conflictos. ¿Consecuencias? ¡Neurosis! Y esta alteración nerviosa genera un desorden crónico de personalidad que produce una visión distorsionada de la vida y una actitud distorsionada ante ella… La persona cae en la neurosis "porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura"[26]. La cultura, según Freud, es fuente de infelicidad, ya que genera neurosis, debido a que el ser humano cae en ésta "porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura, deduciéndose de ello que sería posible reconquistar las perspectivas de ser feliz, eliminando o atenuando en grado sumo estas exigencias culturales"[27]. ¿Será que una persona neurótica podrá ser feliz? Aquí es procedente aclarar que Freud no pretendía afirmar radicalmente que la búsqueda de la felicidad fuera imposible; "él simplemente apuntó que ésta es tan evasiva y difícil de comprender que nuestros esfuerzos por procurarla son solo parcialmente exitosos"[28].
La dificultad de la problemática que genera la monogamia también fue motivo de preocupación para el presidente de los Estados Unidos Calvin Coolidge, por cuanto, en los albores del siglo XX, compartía "con los biólogos del futuro la opinión de que la monogamia en la pareja no es una situación tan "natural" como todavía hoy muchos siguen pensando"[29]. La realidad de las últimas investigaciones, como las de los científicos norteamericanos David Barash y Judith Lipton "son contundentes y podrían resumirse diciendo que entre los mamíferos y, particularmente, entre los primates sociales no es fácil constatar la monogamia como práctica habitual"[30].
Hay quienes reconocen que, instintivamente no somos monógamos, pero aceptan que la dificultad radica en la incapacidad de salirse de los patrones culturales socialmente establecidos y ser sinceros consigo mismos. "Está claro que a nivel exclusivamente sexual el ser humano no se acopla bien a la monogamia, como no lo hacen la mayoría de las especies animales; sin embargo la pareja monógama parece representar un núcleo social estable…"[31]. La etología demuestra que "la especie humana es promiscua en el terreno sexual desde el origen de la historia y con toda seguridad desde estadios arcaicos de la prehistoria y lo sigue siendo. La promiscuidad es un escenario en que los apareamientos sexuales se rigen por el impulso y la posibilidad de ejecutarlo, a pesar del control social que esté establecido culturalmente"[32]. Ángel Aznar señala que, genéticamente y físicamente estamos predispuestos a huir de la monogamia, y que el matrimonio es una institución impuesta por la religión. "Si bien es un aspecto socialmente admitido como una verdad absoluta, el "matrimonio" como tal no existió hasta que no nacieron las religiones e históricamente se creó como un método de control social. De esto no hace ni diez mil años y sólo fue así para una pequeña parte de la población mundial, lo que viene a darnos una pista muy importante: De no haber existido las religiones, no existiría la monogamia. Lo malo es que desde que se instituye una norma socialmente, todo lo que salga de esa norma es antisocial y se considera una desviación. Por desgracia eso sí que nos condiciona a la hora de actuar, y son muy pocos los que se sobreponen a ello y deciden elegir una actitud aunque que se considere "antisocial" (la poliandria, poliginia, homosexualidad, bisexualidad, etc.)"[33].
La religión de nuestra cultura, representada en el Cristianismo y, por ende, su "moral cristiana", hizo de la sexualidad (la genitalidad) algo sucio, indecente, inmoral, prohibido. Así, generó un desprecio por el cuerpo, por el disfrute del cuerpo, haciendo que las personas sientan vergüenza de su cuerpo. "Sólo el cristianismo, que se basa en el resentimiento contra la vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha arrojado basura sobre el comienzo, sobre, el presupuesto de nuestra vida..."[34]. La poligamia es una opción tan deseable por el ser humano que el cristianismo la desaprueba y la legislación de algunos países la tipifica como una conducta punible. Las garantías constitucionales contemplan el derecho al libre desarrollo de la personalidad. ¿En una cultura monogámica será posible el disfrute pleno de este postulado democrático?
Que la monogamia es una imposición cultural lo demuestra el hecho que antaño los gobernantes eran poligámicos y sus súbditos monogámicos. Los primeros obedecían a su naturaleza instintiva y lo segundos a los mandatos de sus "amos". La Biblia está llena de ejemplos de reyes poligámicos. ¡Qué paradoja! Los supuestos paradigmas de la sabiduría sí disfrutaban de su naturaleza intrínseca, en tanto que sus gobernados debían reprimir su naturaleza instintiva en la práctica de la monogamia. Esos dechados de "sabiduría" sí sabían cómo buscar y encontrar la felicidad; ellos sí eran felices. ¿Acaso la felicidad no es para todos? En tan antinatural la monogamia que ésta pretende arbitrariamente reducir la multiplicidad a la unidad. En una cultura unidimensional la persona se convierte en un ser unidimensional. ¿No es acaso el pluralismo una de las características del Estado democrático?
La poligamia, tal como la concibe la cultura monogámica, es fuente de promiscuidad, enfermedades y reproducción indiscriminada. Esa es una realidad que no se puede negar. Pero la monogamia, en la que no se producirían estos fenómenos, genera celos, posesividad, conflictos, agresiones, separaciones, divorcios, odios y hasta la muerte. ¡Cuántos crímenes pasionales no se han cometido por cuenta de los celos! ¡Qué contradictorios somos: pasamos del amor (que tiene su proceso y su dinámica) al odio en breves instantes! En la prisión de nuestra cultura monogámica es donde aflora la estupidez humana: temporalmente nos hacemos daño y sufrimos por una sola persona que no nos corresponde, mientras que nos quedan millones para escoger. ¿Todo esta problemática que genera la cultura monogámica no se resulta peor que los inconvenientes que ocasiona la poligamia? ¿La cultura monogámica, en el fondo, no sería la responsable de los celos y de todo este sinsentido, que dificultan la felicidad? Es muy posible que el disfrute de la naturaleza poligámica no permita el surgimiento de ese fenómeno psíquico y emocional. ¿Qué si reflexionamos con espíritu crítico sobre la siguiente consideración?:
"¿Por qué seguir limitando nuestro afecto, nuestro apoyo y nuestro sexo a una sola persona? La cultura de la monogamia convierte el cariño, el apoyo y el sexo en bienes escasos y exclusivos (¡como si fueran lujos!), pero en realidad son bienes renovables e inagotables. A medida que abandonemos la cultura de la monogamia seremos capaces de expandirse y así hacerlos mucho más abundantes al alcance de todos, al tiempo que enterramos las celosías y miedos propios de la monogamia… Los antiguos argumentos biologistas, que justificaban la monogamia para garantizar el futuro de nuestra especie, ya no tienen sentido hoy en día. La monogamia, y la respectiva familia patriarcal, no es el único modelo posible de subsistencia económica y de crianza, cada vez aparecen más modelos posibles y diversos que desbancan los más tradicionales. Es cierto que las bodas y los consultorios matrimoniales son negocios que se alimentan de y fomentan la monogamia… Es cierto que la familia y los amigos nos presionan para que tengamos relaciones monógamas, pero la vida sexual y afectiva de los individuos, al ser cada vez más independiente de la esfera económica, pasa a pertenecer a un ámbito más privado y menos sufrido a la presión social... Ya no hay argumentos puramente racionales que sustenten y den sentido a la monogamia, en el mejor de los casos es absurda y en el peor acaba con vidas. Lo que mantiene realmente viva la monogamia son nuestros sentimientos y emociones conformados por el entorno cultural en el que hemos crecido… Quizás el mayor inconveniente a la hora de superar la monogamia es la incapacidad de imaginar otros modelos de relaciones afectivas y sexuales. Es lógico, ya que prácticamente no tenemos otros referentes; llevamos toda la vida consumiendo productos culturales que profesan una clara apología de la monogamia, desde los cuentos y dibujos animados infantiles hasta el cine de autor más underground… La solución a la monogamia no es establecer un nuevo modelo de relaciones afectivas y sexuales que sea políticamente correcto, descalificando aquellos que siguen teniendo relaciones monógamas… Pero esto no significa la aceptación acrítica de cualquier tipo de relación: no queremos relaciones que sean posesivas, ni coercitivas, ni cerradas (esto significa: no forzosamente exclusivas), en definitiva, no monógamas."[35].
Mi punto de vista no pretende condenar la monogamia en defensa de la poligamia. Respeto la preferencia y la opción de vida de cada cual. Es probable que algunos crean que son felices en la cultura monogámica. ¿Sabrán en esencia qué es la felicidad? "¡Qué desgraciados somos los que tenemos una idea de felicidad y no podemos conseguirla, y tenemos una idea de la verdad y no podemos conocerla!", sentenció el filósofo Blas Pascal. Mi tesis es que la cultura monogámica, con su modelo relacional establecido, dificulta el logro de la anhelada felicidad con todas las implicaciones y condicionamientos que comporta la monogamia. La dificulta, pero no la imposibilita. La poligamia sobre la que diserto no se refiere necesariamente a tener varias esposas, pues su manutención resultaría onerosa y sería fuente de diversos conflictos. Concibo la poligamia desde la dimensión de poder disfrutar libre, autónoma y libremente de la dimensión afectiva y de la práctica de la genitalidad, sin tener que darle explicaciones ni "rendirle cuentas" a nadie. Algunas mujeres, a pesar de vivir en la civilización musulmana, en donde es legítima la poligamia, es posible que no sean felices en esa "cultura" que le restringe muchos de sus derechos. Sueño con la poligamia, pero mi realidad es la monogamia, que debo aceptar a pesar de que, en mi concepto, dificulta la consecución de la felicidad, la dificulta mas no la imposibilita. Una cosa es dificultarla y otra imposibilitarla. Respeto las decisiones de las personas que optan por cualquiera de esas formas de relacionarse, que no son las únicos. La monogamia y poligamia son dos modelos concretos de relaciones, entre muchos otros. No podemos ignorar que hay muchas maneras de vivir, pero hay algunas que no dejan vivir. Comparto el aserto de Ángel Aznar que dice que "el hombre se dirige hacia donde le lleva su instinto y su naturaleza animal pero también hacia donde le lleva su razón y su voluntad"[36].
¿Pero cómo escapar a los patrones culturales impuestos? Quien intenta atender el llamado de su naturaleza intrínseca, es violentado con reclamos, imprecaciones, improperios, invectivas, agresividad… ¡Qué triste vivir en una cultura que obstaculiza la búsqueda de la felicidad! Mientras el modelo cultural seudomoralista no permita que las personas satisfagan su instinto natural, viviendo en una sociedad poligámica, no expirarán las mentiras, la deslealtad y lo que las personas del rebaño denominan "infidelidad" (¿Cuál "infidelidad", si la "fidelidad" es con uno mismo?), con los concomitantes crímenes pasionales… Es decir, así el ser humano seguirá extraviándose del camino que conduce a la anhelada y esquiva felicidad… Si uno no viene a este mundo a ser feliz, ¿entonces a qué viene?
Autor:
Luis Ángel Ríos Perea
2011
[1] HESSE, Hermann. El lobo estepario. http//www.librodot.com
[2] ROUSSEAU, Juan Jacobo. El contrato social. http//www.librodot.com
[3] http//bibliaypsicoanalisis.blogspot.com
[4] MARQUÍNEZ ARGOTE, Germán y otros. El hombre latinoamericano y su mundo. Ediciones Nueva América, Bogotá, 1986, p.129.
[5] http//bibliaypsicoanalisis.blogspot.com
[6] MARQUÍNEZ ARGOTE, Germán y otros. Ob. cit. P. 128.
[7] ARDILES, Oswaldo. Ethos, cultura y liberación. En cultura popular, p. 11.
[8] RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al filosofar. USTA, Bogotá, 1993, p.213.
[9] Ibídem, p. 217.
[10] MARQUINEZ ARGOTE, Germán y otro. Ob. cit. Pags. 128 y 129.
[11] FROMM, Erich. El miedo a la libertad. http//www.librostauro.com.ar
[12] MARQUÍNEZ ARGOTE, Germán y otros. Ob. cit.
[13] SALAZAR RAMOS, Roberto José. El hombre como ser histórico cultural. En Antropología, perspectiva latinoamericana. Usta, Bogotá, 1993, p. 166.
[14] MORALES BENITEZ, Otto. Estudios críticos. Plaza & Janes, Bogotá, 1985, p. 155.
[15] Ibídem, p. 233.
[16] Ibídem, p. 211.
[17] FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura. http//www.librodot.com
[18] Ibídem.
[19] GUY THOMPSON, Michael. La felicidad y la cultura. http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=2248
[20] FREUD, Sigmund. Ob. cit.
[21] MOLINA, María del Carmen. Sólo sicoanálisis. http://www.solopsicoanalisis.com.ar/problemascelos.htm
[22] FREUD, Sigmund. Ob. cit.
[23] http//bibliaypsicoanalisis.blogspot.com
[24] FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura. http//www.librodot.com
[25] SOTOMAYOR DEMULH, Cristián Andrés. Fundamentando las bases de una lucha anticapitalista contra la monogamia. http://www.elciudadano.cl/2011/02/03/fundamentando-las-bases-de-una-lucha-anticapitalista-contra-la-monogamia/. http//www. argentina.indymedia.org.
[26] FREUD, Sigmund. Ob. cit.
[27] Ibídem.
[28] GUY THOMPSON, Michael. Ob. cit.
[29] PUNSET, Eduard. El mito de la monogamia. http//www.eduardpunset.es/158/general/el-mito-de-la-monogamia
[30] Ibídem.
[31] PEREZ, Raquel, PhD. http//www.eduardpunset.es/158/general/el-mito-de-la-monogamia.
[32] B., Ricardo. http//www.eduardpunset.es/158/general/el-mito-de-la-monogamia.
[33] AZNAR, Ángel. http//www.eduardpunset.es/158/general/el-mito-de-la-monogamia.
[34] NIETZSCHE, Federico. El anticristo. http//www.librodot.com
[35] SOTOMAYOR DEMULH, Cristián Andrés. Ob. cit.
[36] AZNAR, Ángel. http//www.eduardpunset.es/158/general/el-mito-de-la-monogamia.
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