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Fenomenología y existencialismo

Enviado por carmen perez



  1. Introducción
  2. Existencialismo
  3. Existencialismo y teología
  4. Existencialismo y literatura
  5. Planteamiento del existencialismo
  6. La Fenomenológica
  7. La conciencia en la fenomenología
  8. Solipsismo y Fenomenología
  9. Fenomenología y Nihilismo
  10. Fenomenólogos
  11. Conclusión
  12. Bibliografía

Introducción

Se denomina Existencialismo a la corriente filosófica que se desarrolló en Europa entre las dos guerras mundiales- situación cultural y política de crisis- y por ello en cierto sentido es expresión de la desorientación y desarraigo, producidos por los cambios en la cultura, valores y principios que caracterizaron esa sociedad durante una época histórica determinada. Pero, la filosofía existencialista, se halla arraigada en la tradición filosófica, sobre todo en el pensamiento de la modernidad y en el modo en que este planteó sus problemas fundamentales.

A su vez, se puede señalar que unas de las filosofías mas controvertidas y de mayor difusión en le siglo XX es el existencialismo. Estas corrientes tienen sus inicios después de la primera guerra mundial, cuyas resonancias al igual que las de la segunda guerra mundial- son verdaderamente críticas.

Mientras que la fenomenológica dentro de sus estudios filosóficos sobre la conciencia del individuo y la colectividad, nos revela con cada muestra nuevos vistazos a lo que seria o será el comportamiento humano ante los diferentes sucesos.

Existencialismo

Definición:

El existencialismo es un movimiento filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y la elección individual, que gozó de gran influencia en distintos escritores de los siglos XIX y XX.

Debido a la diversidad de posiciones que se asocian al existencialismo, el término no puede ser definido con precisión. Se pueden identificar, sin embargo, algunos temas comunes a todos los escritores existencialistas. El término en sí mismo sugiere un tema principal: el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección.

Individualismo moral

La mayoría de los filósofos desde Platón han mantenido que el bien ético más elevado es el mismo para todos: en la medida en que uno se acerca de la perfección moral, se parece a los demás individuos perfectos en el plano moral. El filósofo danés del siglo XIX Sören Kierkegaard, el primer escritor que se calificó de existencialista, reaccionó contra esta tradición al insistir en que el bien más elevado para el individuo es encontrar su propia y única vocación. Como escribió en su diario: "Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir". Otros escritores existencialistas se han hecho eco de la creencia de Kierkegaard de que uno ha de elegir el camino propio sin la ayuda de modelos universales, objetivos. En contra de la idea tradicional de que la elección moral implica un juicio objetivo sobre el bien y el mal, los existencialistas han afirmado que no se puede encontrar ninguna base objetiva, racional, para defender las decisiones morales. El filósofo alemán del siglo XIX Friedrich Nietzsche sostuvo que el individuo tiene que decidir qué situaciones deben ser consideradas como situaciones morales.

La filosofía existencial, o existencialismo, se interesa en reflexionar sobre el sentido de la existencia y de la muerte, por encima de cuestiones abstractas que supuestamente encubren los conflictos del hombre. La preferencia por estas temáticas hace del existencialismo una filosofía de interés para todos.

Los rasgos más característicos de esta filosofía Existencial, pueden resumirse en estos tres puntos siguientes:

1) La Irreductibilidad del Individuo: El existencialismo afirma la originalidad de la existencia individual. Lo verdadero y primario no es el todo sino "el singular", especialmente el singular que es la realidad personal, la existencia humana critica el sistema dialéctico porque engulle lo singular, anulando las diferencias y la realidad individual -el yo- que no puede ser reducido a razón o pensamiento universal.

Ese "yo", ha de caracterizarse por la capacidad de "decidirse" y "elegirse a sí mismo".

2) La Existencia como Libertad: La existencia ya no se refiere a cualquier cosa o realidad, sino exclusivamente a la realidad del yo; de un "yo concreto y mundano", cuya estructura y determinación será distinta en cada caso. La existencia establece el valor de cada realidad individual, cuyo origen ya no es el pensamiento sino la libertad, pero una libertad absoluta que no está ligada a nada que la determine.

Cuando algún filósofo existencialista afirma que "la existencia precede a la esencia", lo que quiere decir es que el ser humano no tiene una naturaleza o esencia que oriente su libertad sino que es esa libertad la que le hace "ser".

3) La Fenomenología como Método: El análisis de la estructura de la existencia se lleva a cabo desde la fenomenología. La fenomenología es una ontología; es decir establece el sentido de lo real y de sí misma, igual que la teoría existencialista de la realidad, interpreta el ser como fenómeno que "aparece o se manifiesta" ante la existencia cuyo principio es la libertad.

Historia

El existencialismo, como movimiento filosófico y literario, pertenece a los siglos XIX y XX, pero se pueden encontrar elementos de existencialismo en el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la obra de muchos filósofos y escritores premodernos.

Pascal:

El primero que anticipó las principales inquietudes del existencialismo moderno fue el filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal. Pascal rechazó el vigoroso racionalismo de su contemporáneo René Descartes, afirmando en sus Pensées (Pensamientos, 1670) que una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la humanidad representa una forma de orgullo. Al igual que los escritores existencialistas posteriores, contempló la vida humana en términos de paradojas: la personalidad humana, que combina mente y cuerpo, es en sí misma paradoja y contradicción.

Kierkegaard:

Kierkegaard, considerado como el fundador del existencialismo moderno, reaccionó contra el idealismo absoluto sistemático del filósofo alemán del siglo XIX Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional total de la humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esta situación tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume. El individuo, por lo tanto, tiene que estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden personal. Kierkegaard abogó por un "cambio de fe" en el modo de vida cristiano que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único compromiso que, según creía, podía salvar al individuo de la desesperación.

Nietzsche:

Nietzsche, que no conocía el trabajo de Kierkegaard, transformó el pensamiento existencialista posterior a través de su crítica de las tradicionales suposiciones metafísicas y morales, y su adopción del pesimismo trágico y de la voluntad individual afirmadora de la vida que la opone a la conformidad moral de la mayoría. En oposición a Kierkegaard, cuyo ataque a la moral convencional le llevó a defender un cristianismo radical e independiente, Nietzsche proclamó la "muerte de Dios" y rechazó toda la tradición moral judeocristiana en favor de los heroicos ideales paganos.

Heidegger:

Heidegger, al igual que Pascal y Kierkegaard, reaccionó en contra del intento de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva racionalista, en este caso la fenomenología del filósofo alemán del siglo XX Edmund Husserl. Heidegger afirmó que la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar, cada individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, consciente de la certidumbre de la muerte y del sin sentido último de la vida propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al poner el énfasis en el ser y la ontología tanto como en el lenguaje.

Sastre:

Sartre fue el primero en dar al término Existencialismo un uso masivo al utilizarlo para identificar su propia filosofía y ser el principal representante de un movimiento distinto en Francia que fue influyente a escala internacional después de la II Guerra Mundial. La filosofía de Sartre es atea y pesimista de una forma explícita; declaró que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la existencia de los hombres es "pasión inútil". No obstante, Sartre insistió en que el existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la libertad, elección y responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario, intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la historia.

Existencialismo y teología

A pesar de que el pensamiento existencialista engloba el ateísmo absoluto de Nietzsche y Sartre y el agnosticismo de Heidegger, su origen en las meditaciones religiosas de Pascal y Kierkegaard hizo presagiar su gran influencia en la teología del siglo XX. El filósofo alemán del siglo XX Karl Jaspers, aunque rechazó las doctrinas religiosas ortodoxas, influyó en la teología moderna con su preocupación por la trascendencia y los límites de la experiencia humana. Los teólogos protestantes alemanes Paul Tillich y Rudolf Bultmann, el teólogo católico francés Gabriel Marcel, el filósofo ortodoxo ruso Nicolai Berdiáiev y el filósofo germano-judío Martin Buber heredaron muchas de las inquietudes de Kierkegaard, en particular respecto a la creencia de que un sentido personal de la autenticidad y el compromiso resulta esencial para la fe religiosa.

Existencialismo y literatura

Algunos filósofos existencialistas hallaron en la literatura el camino idóneo para transmitir su pensamiento, y el existencialismo ha sido un movimiento tan vital y amplio en literatura como en filosofía. El novelista ruso del siglo XIX Fiódor Dostoievski es quizá el mayor representante de la literatura existencialista. En Memorias del subsuelo (1864), el enajenado antihéroe está enfadado frente a las pretensiones optimistas del humanismo racionalista. La idea de la naturaleza humana que surge en esta y otras novelas de Dostoievski consiste en que es imprevisible, perversa y autodestructiva; sólo el amor cristiano puede salvar a la humanidad de sí misma, pero ese amor no puede ser entendido desde la sensibilidad filosófica. Como dice el personaje de Aliosha en Los hermanos Karamazov (1879-1880): "tenemos que amar la vida más que el significado de la misma".

En el siglo XX las novelas del escritor judío checo Franz Kafka, como El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927), presentan hombres aislados enfrentados a burocracias inmensas, laberínticas y genocidas; los temas de Kafka de la angustia, la culpa y la soledad reflejan la influencia de Kierkegaard, Dostoievski y Nietzsche. También se puede apreciar la influencia de Nietzsche en las novelas del escritor francés André Malraux y en las obras de teatro de Sartre. La obra del escritor Albert Camus está asociada a este movimiento debido a la importancia en ella de temas como el absurdo y futilidad de la existencia, la indiferencia del universo y la necesidad del compromiso en una causa justa. También se reflejan conflictos existencialistas en el teatro del absurdo, sobre todo en las obras de Samuel Beckett y Eugène Ionesco. En Estados Unidos, la influencia del existencialismo en la literatura ha sido más indirecta y difusa, pero se pueden encontrar trazas del pensamiento de Kierkegaard en las novelas de Walker Percy y John Updike, y varios temas existencialistas son evidentes en la obra de escritores como Norman Mailer, John Barth y Arthur Miller.

Planteamiento del existencialismo

Es una tendencia filosófica (Un humanismo) que surge y se desarrolla en Europa, y debido a la diversidad de términos que se asocian, resulta difícil ser definido con precisión. Sin embargo, se pueden identificar algunos temas comunes a todos los escritores existencialistas.

Se caracteriza por centrar su análisis en la existencia, no entendía como el hecho de ser (Existir), sino como una realidad individual mundana.

Un famoso existencialista es Albert Camus, que no es propiamente un filósofo sino un literario, es uno de los más importantes escritores de la posguerra francesa, en 1957 obtuvo el premio Nobel de literatura. Algunas de sus ideas existencialistas son Camus pone de relieve los elementos absurdos de la existencia humana, y no acepta una realidad donde la gente es torturada Busca soluciones a este problema pero fuera de cualquier solución religiosa sin embargo Camus no se resignan a este absurdo si no que se puede hacer el bien por los demás sin que haya que esperar ningún premio de Dios, es una rebelión Humana contra el mal humano y sin Dios, en cuanto representa una reacción humanista ante cualquier tipo de enajenación, el existencialismo tiene una larga lista de precursores: Sócrates, San Agustín, Maine de Biran, Etc. Pero en sentido estricto el origen del existencialismo como señalamos anteriormente, se remonta a Kierkegaard quien elabora una filosofía para la cual el sujeto esta comprometido vitalmente en su reflexión y no se limita a una objetivación abstracta de la realidad. Existen dos tipos de existencialismo:

  • El existencialismo Ateo que dice: Que como Dios no existe, no hay fundamento de moral universal y surge una angustia y una necesidad de orientar la acción libre hacia una proyección individual o a un compromiso social.

  • Y el existencialismo cristiano: Que subraya el valor de la comunicación y el amor interpersonal.

La Fenomenológica

Definición y Etimología:

La fenomenología (del griego: fa???µe?o?: "apariencia", ?????: "estudio, tratado") es una parte o ciencia de la filosofía que estudia y analiza los fenómenos lanzados a la conciencia. Dicho de otro modo, la fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (psiquismo, la conciencia).

Lo que vemos no es el objeto en sí mismo, sino cómo y cuándo es dado en los actos intencionales. El conocimiento de las esencias sólo es posible obviando todas las presunciones sobre la existencia de un mundo exterior y los aspectos sin esencia (subjetivos) de cómo el objeto es dado a nosotros. Este proceso fue denominado epoché por Edmund Husserl, el padre de la fenomenología y se le caracteriza por poner entre paréntesis la existencia de las cosas; es decir, va a las cosas mismas.

Husserl introduce más tarde el método de reducción fenomenológica para eliminar la existencia de objetos extramentales. Quería concentrarse en lo ideal, en la estructura esencial de la conciencia. Lo que queda después de esto es el ego trascendental que se opone al concreto ego empírico. Ahora con esta filosofía se estudian las estructuras esenciales que hay en la pura conciencia y las relaciones entre ellos.

La fenomenología también es un método. A diferencia del método cartesiano que tomaba por "real" todo aquello que fuera primero dudado y luego pensado de manera "clara y distinta", el método fenomenológico toma por real todo aquello que es pensado de manera clara y distinta y puesto en perspectiva temporal. Así, hoy se habla de una psicología, una politología, una historiología fundamentadas explícitamente por el método fenomenológico y se trabaja en un desarrollo de las ciencias matemáticas y físicas, por poner algunos ejemplos.

La fenomenología aspira al conocimiento estricto de los fenómenos. Esta última palabra puede inducir a error pues con frecuencia la utilizamos para referirnos a las apariencias sensibles de las cosas, apariencias que no coinciden con la supuesta realidad que debajo de ellas se encuentra. La fenomenología no entiende así los fenómenos, pues para esta corriente filosófica los fenómenos son, simplemente, las cosas tal y como se muestran, tal y como se ofrecen a la conciencia.

La conciencia en la fenomenología

La fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (psiquismo, la conciencia).

La conciencia es intencional, la conciencia se mueve en tres tiempos (imaginación, sensación y memoria como futuro, presente y pasado). Los tiempos de conciencia se dan indisolublemente en estructura primando siempre el "ir hacia", la intención. En la conciencia, a diferencia del tiempo público que va desde el pasado hacia el futuro, puede estar en el pasado "recordando" algo mientras experimenta la sensación que le produce ese recuerdo. Recuerdo que no se presenta pasivamente sino que es evocado por una necesidad de futuro (intencionado).

El primado del futuro coloca a la conciencia frente al problema de la muerte (finitud), de tal manera que no hay acto en ella que en última instancia no esté relacionado.

La conciencia trabaja en estructura con el mundo, por lo cual hablar de un fenómeno es indisoluble de hablar de la conciencia y a la inversa; para hablar de la conciencia siempre tendremos que hacerlo con un fenómeno.

Entendemos por descripción fenomenológica a toda descripción que se haga de la conciencia referida a un fenómeno desde el punto de vista de la temporalidad.

Entendemos por reducción fenomenológica a la intención que pone conciencia en todo acto, en todo fenómeno. De ahí que en toda descripción fenomenológica lleve implícita en su desarrollo su correspondiente reducción fenomenológica. Y a su vez, no es posible hacer una reducción fenomenológica sin su correspondiente descripción fenomenológica.

La intención que pone conciencia en un acto, también se llama esencia y es el objeto de la reducción fenomenológica.

Solipsismo y Fenomenología

Una de las acusaciones que se le hacen a la Fenomenología es su presunta incapacidad de llegar al "objeto en sí", en cuanto independiente de la Conciencia. Autores tan importantes como José Ortega y Gasset, solamente al final de su vida, concedieron a la Fenomenología una posibilidad de ruptura con el solipsismo.

Este problema es resuelto por Heidegger apelando a un análisis de la temporalidad. Dirá que el tiempo para la conciencia que lo experimenta no es una sucesión de instantes "del pasado al futuro", sino un "ir hacia el futuro (finitud) que va cobrando conciencia de su ir. Ejemplificando: Uno va hacia su muerte, y en este ir va "siendo", de tal manera que lo que es, es "en la muerte". Una representación de conciencia, en cuanto a su temporalidad, no se entiende si no es "como acumulación del momento anterior" que va fluyendo en el tiempo, hasta su final, de momento que ya "es" en su final. En un momento dado, esa representación "conserva" los elementos añadidos en el tiempo.

Ahora bien, por la comprensión de la propia finitud, se cae en cuenta que el "mundo", en cuanto temporalidad, tiene la misma estructura. Las cosas no "desaparecen", se conservan en un "ir yendo" hacia su finitud, de tal manera que solamente son en su finitud.

De ahí que en su origen, conciencia nace del mundo, está en todo momento en el mundo y su destino es en el mundo, que como mundo, tiene una temporalidad más extendida que la conciencia. Pero tienen en común su misma estructura temporal.

Dirá Heidegger que es la dificultad en asumir la propia finitud, la que impide ver que el tiempo no es una "sucesión de instantes hasta el infinito". No es de un pasado hasta el futuro infinito, entonces. Es de un finitismo que, en su conclusión revela la historicidad intrínseca de todo fenómeno, sea este del yo-observador, de la representación intencionada ó del objeto "en sí" en el mundo.

Por otro lado: Tenemos noticia del objeto del mundo a través de la sensación. Sensación que estructurada es dada en conciencia como percepción. Puesto que en conciencia no se puede dar ningún fenómeno que no sea "especializado", con un color y una extensión (Husserl), no cabe otra manera de entender cómo conciencia puede atrapar una sensación que no sea "especializada en sí". También, cuando dejamos un objeto, y al cabo de un rato volvemos a tocarlo, se nos revela una "acumulación temporal", en el sentido de que el objeto como percepción "no desaparece para conciencia", mantiene su historicidad intrínseca como objeto.

Sintetizando: En conciencia y en "el objeto en sí en el mundo", en esencia, todo es un "ir hacia" (futuro) y un dar "cuenta de algo"(pasado) que se da en la forma de especialización (momento presente). Esto plantea una dificultad de comprensión que se resuelve teniendo co-presente el registro de la propia finitud del que se interroga por la existencia real del mundo, que no se da a conciencia independientemente del observador, pero es comprendido por ella en el sentido de "lo que estaba, lo que está y lo que estará cuando yo no esté". Y es imposible verlo solamente desde la ingenuidad del "momento presente", en el cual toda representación siempre es para conciencia "conciencia de algo" y no una mera "fotografía" despojada de su intencionalidad. De ahí que sea una ingenuidad tratar de hacer descripciones y reducciones fenomenológicas sin tener presentemente, por parte del que las realiza, el registro de su propia finitud.

Fenomenología y Nihilismo

Parejamente a la acusación de solipsismo, a la Fenomenología se le ha acusado de proponer una actitud nihilista frente a la vida. Apurando esa actitud, llegaríamos a la conclusión de que la vida acaba con la muerte, y que no tiene sentido (en el sentido de dirección hacia el futuro), porque dicho futuro es negado por la muerte.

Será la malagueña María Zambrano en El Sueño Creador quien empiece la discusión con el nihilismo al notar que el tiempo en conciencia se da en una discontinuidad. Cuando dormimos, "desconectamos" y luego volvemos a conectar.

También conciencia al ser intencional (acto-objeto), entre objeto y acto hay discontinuidad. Las percepciones son siempre referidas a sentidos (sean internos del intracuerpo o externos referidas a la externidad del cuerpo), y se dan de manera discontinua. Las percepciones, por otro lado son "abstracciones" que se formalizan en una representación y que, necesariamente, implican un "detener" el tiempo, haciéndolo discontinuo. (Husserl, en Lecciones de Fenomenología de la Conciencia Interna del Tiempo). A su vez, el tiempo público, tiene su propio "ritmo", en el sentido de que no ocurren las cosas "en el instante", sino que tienen un proceso con una duración temporal. Ese ritmo, no es explicable sin una discontinuidad. Por último, no sería posible actuar sobre el mundo, si las cosas ya "son" en su finitud, sin una discontinuidad que permitiese hacer un cambio en los acontecimientos.

Esta discontinuidad, es atemporal. Y es gracias a ella que la conciencia es esencialmente abstractiva (en el sentido de que se mueve con imágenes, que siempre "detienen" la realidad) y que puede moverse y "mover" al mundo.

Conciencia no puede dar cuenta de lo atemporal. Puede caer en cuenta de lo atemporal por cotejo con la temporalidad de otras conciencias y del mundo. Y tampoco se puede hacer una descripción fenomenológica (siempre desde el punto de vista de la temporalidad) ni una reducción (pues conciencia no puede poner una intención fuera del tiempo). El análisis de lo atemporal se reduce entonces a un análisis de la inter-subjetividad y de la mundanidad para la conciencia. Podemos comprender (a modo de hipótesis) lo temporal y lo atemporal como estructurados entre sí. Pero no podemos hacer descripción fenomenológica de "lo atemporal en sí".

Ahora bien: Podemos describir los cambios en la temporalidad de la conciencia "arbitrarios" que se producen por la estructura que forma con lo atemporal. Podemos decir... "perdí el hilo" (siempre con referencia "al otro"), "no recuerdo qué pasó" (siempre con referencia "al mundo" , "me dormí". Y podemos rastrear los cambios de dirección que se dan en conciencia (inspiraciones, de las que los grandes científicos y místicos nos hablan siempre referidos "al mundo" y "a los otros"). Esta intuición-comprensión lleva a plantear las cosas también de otra manera: Puesto que el momento presente es síntesis de un futuro que todavía no es (inexistente) y un pasado que tampoco es (lo pasado fué, ya no es), el determinismo del momento presente (acompañado de su a-temporalidad en forma de discontinuidad) se revela como "lo que menos es", como lo irrelevante. Por otro lado, no podemos decir nada de esa a-temporalidad, que es la que "dona" a su vez la temporalidad, el "ser de la cosa en sí".

Veámoslo desde otro punto de vista (Ortega y Gasset, fundamentalmente). De entre todos los actos-objetos posibles, se realiza uno, y solamente uno en cada momento temporal. Los otros "posibles", son dados dentro de las posibilidades de su existencia, es decir, como "pasado posible de concretarse en el futuro", como memoria que de toda la posible, solo una parte se concreta. Y éste es el fundamento del intencionar. La elección de una posibilidad entre las posibles (no existentes). Y todo ésto, desde una búsqueda hacia su proyección (posibilidades futuras). Dicho de otra manera: podemos concebir lo atemporal como todo aquello que no es... Esto es una frase, y no es un elefante, y no es una casa... etc. (Ortega habla largo y tendido de "lo que no es" en "Ideas y creencias"). Estamos hablando en rigor "desde la temporalidad", pero a la manera racio-vitalista.

Y la realidad es entonces lo que es (el presente) y lo que no es (el pasado en todas sus combinaciones y el posible futuro, en todas las suyas. Aquello que "no es presente"). También el "yo-observador", con su capacidad de elección "materializa" lo posible de la intención, muestra en su mismidad cómo lo atemporal no es mera posibilidad, cuando, emplazado en el presente, es capaz de "moverse" por el futuro (imaginando) y el pasado (recordando). A-temporalidad que puesta en perspectiva, se revela como esencia de lo temporal.

Desde estos planteos, no cabe la actitud nihilista: De la muerte nada se puede decir, puesto que por definición es "la no-existencia". Lo que habría que rastrear entonces, es porqué a esa "no-existencia" se la identifica como la nada, y no como la a-temporalidad, origen precisamente de toda temporalidad. Es decir, como lo inmortal generando la ilusión de lo mortal, lo temporal).

Sintetizando: De la muerte nada podemos decir, desde el punto de vista de la temporalidad. Pero la fé en la trascendencia es posible desde ella, así como la falta de fé. Las actitudes nihilistas surgen de un encerramiento hacia "el otro" y hacia "el mundo". Es precisamente la falta de "sentido" la que se revela en la violencia cotidiana donde el otro es cosificado y el mundo utilizado en el propio beneficio, precisamente porque son negados, y al ser negados, aparece la co-presencia de la muerte no como algo posibilitario y querido, sino como la cerrazón de todo destino. Cada uno debe examinar la postura que mejor aclare su existencia, pero acusar a la fenomenología de nihilismo es, a todas luces, un exceso.

"...Por otra parte, jamás pregunto a otro por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad" (Silo, declaración de México, 1981)

Fenomenólogos

Aunque el término "fenomenología" fue usado muchas veces en la historia de la filosofía antes de Husserl, el uso moderno de la palabra está ligado explícitamente a su método particular. A continuación se presenta una lista cronológica de pensadores importantes en el desarrollo de la fenomenología, con comentarios breves de sus contribuciones:

  • Friedrich Christoph Oetinger (1702–1782) pietista alemán, usó el término en el estudio del "sistema divino de relaciones".

  • Richard Kleiderman: Racionalista, usa el método para los problemas del conocimiento.

  • David Hume (1711–1776) Filósofo escocés, llamado a veces escéptico o partidario del sentido común. Aunque esta conexión es algo tendenciosa, Hume, en su Tratado sobre la Naturaleza Humana, parece tomar un enfoque fenomenológico o psicológico al describir el proceso de razonamiento de la causalidad en términos psicológicos. Esta es también la inspiración para la distinción kantiana entre la realidad numérica y la fenoménica.

  • Johann Heinrich Lambert (1728–1777) Matemático, físico y filósofo de la teoría de la apariencias que son la base del conocimiento empírico.

  • Immanuel Kant (1724–1804), en la Crítica de la razón pura, diferenció entre objetos como fenómenos, que son los objetos formados y asimilados por la sensibilidad humana y el entendimiento, de los objetos como cosas-en-sí o noumenos, que no se nos aparecen en el espacio y el tiempo y sobre los que no podemos hacer juicios legítimos.

Conclusión

La fenomenológica y el existencialismo se relacionan a través de las conductas sociales, ya que actúan en cada una nuestras acciones por ende es importante conocer de este tema para obtener mayor sentido de cómo influye en la estética de nuestra vida cotidiana, que en realidad no es más que nuestra manera de apreciar las cosas a través de diferentes apreciaciones y experiencias.

Bibliografía

 

 

Autor:

Sharon Espinoza

Enviado por:

Carmen Pérez

Profesora: Magali Gerdel

Maracay, 2011

REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN

ESCUELA DE ARTES VISUALES "RAFAEL MONASTERIOS"

MARACAY - ESTADO ARAGUA


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