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El chalchihuitl: Tráfico, tributo y comercio de la piedra verde en el imperio de Motecuhzoma Xocoyotzin (página 2)

Enviado por gilberto perez rico



Partes: 1, 2, 3

También a la imagen del dios tutelar Huitzilopochtli, se le ataviaba con ricos adornos traídos de las provincias recién conquistadas:

Ahuitzotl (...) se llegó a la estatua de Huitzilopochtli (...), ofreciéndole de cada provincia alguna presea para que participase de lo que de todas había ganado; conviene a saber, muchos cueros de tigres y de leones, muchas joyas y piedras ricas y plumas (...). [58]

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Figura 11. Las principales deidades mexicas estaban ricamente ataviadas con diversos elementos e insignias de lujo, poder y prestigio. El diosTlaloc, según el Códice Ríos y el dios Huitzilopochtli, según el Códice Borbónico. Tomados de http://es.wikipedia.org/

Además de los ricos adornos con que se ataviaba a las efigies de los dioses, se ofrecían grandes y variadas ofrendas, cuyos componentes integraban como parte importante diversos artículos de chalchíhuitl; tras ser consagradas, las ofrendas eran depositadas y sepultadas en la estructura de los principales templos y edificios, al interior de cajas de piedra, en vasijas, o simplemente colocados en fosas o cistas, entre las piedras y tierra de las construcciones o en las plataformas que las sostenían.

En una de las fuentes etnohistóricas se menciona un caso relevante; en esta se dice como fueron depositadas ricas ofrendas de objetos de chalchíhuitl, durante la construcción del Templo Mayor ordenada por el rey Motecuhzoma Ilhuicamina:

Viendo el rey Motecuzoma la priesa con que su templo se hacía, mandó a todos los señores de la tierra que, para que su dios fuese mas honrado y reverenciado, que se recogiesen de todas las ciudades mucho número de piedras preciosas, de piedras de hijada verdes -que ellos llaman chalchihuites- y viriles, y piedras de sangre, esmeraldas, rubíes y cornerinas. En fin, de todo género de piedras ricas y preciadas joyas, y muchas riquezas y que a cada braza que el edificio creciese, fuesen echadas, entre la mezcla, de aquellas piedras preciosas y ricas joyas (...) y así echando por cabeza aquel tributo, cada ciudad acudía con sus joyas y piedras a hechar su lecho en ellas, por su rueda y tanda, de suerte que, a cada braza del edificio, echaban tanta cantidad de joyas y piedras ricas, que era cosa de admiración (...)[59]

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Figura 12. Durante las grandes ceremonias al Templo Mayor deTenochtitlan, los principales y sacerdotes mexicas ofrecían suntuosas ofrendas que eran depositadas en la estructura misma del edificio. Tomado de http://retornoatenochtitlan.wordpress.com/2009/12/09/retorno-a-tenochtitlan/

Durante las excavaciones arqueológicas realizadas en las ruinas del Templo Mayor se localizaron unas 118 ofrendas, de las cuales el profesor Eduardo Matos Moctezuma distingue los siguientes tipos.

1.- Las ofrendas en relleno (57.7%), que fueron depositadas directamente sobre el relleno

constructivo, en lechos de tierra fina y protegidas con tierra, lajas o fragmentos de

tezontle ahuecados.

Estas se subdividen a su vez en dos grupos:

a) Las ofrendas colocadas en el relleno durante la construcción o ampliación del edificio (29.7%). Estas ofrendas eran pobres y se ubicaban en lugares secundarios del Templo Mayor: en las fachadas este, norte y sur de la Etapa III, en la cara sur de la Etapa IV, y en las fachadas oriente y poniente de las etapas V y VII. En el interior de los edificios A, B, C, I y en las escalinatas del edificio.

b) Las ofrendas introducidas en el relleno perforando los pisos del edificio cuando se encontraba en pleno funcionamiento (28%). Estas ofrendas eran más ricas y mostraban una distribución regular. Se encontraban en lugares de primera importancia en el Templo Mayor, como el interior de los templos de la Etapa II, y a lo largo de los principales ejes y esquinas de la Etapa IV. También se encontraron en la Plaza Norte entre los edificios A y B, y en el Edificio I.

2. Las Ofrendas depositadas en cajas de sillares (39.8%) elaborados en cantera, tezontle o estuco; tapadas con lajas, tierra o tezontle. Estas cajas de sillares se hacían en el relleno, cerca de la superficie, durante la construcción o ampliación del edificio; estas ofrendas posiblemente eran depositadas en las fiestas de consagración del nuevo templo y algunas cuando el edificio estaba ya en pleno funcionamiento.

Este tipo de ofrendas eran las mas suntuosas y se encontraban ubicadas en los templos de la Etapa II; en las fachadas norte y este de la Etapa III; en los principales ejes de las cuatro caras de la Etapa IVb, en la fachada occidental de la Etapa VII y en los edificios A, B, C, F y L.

3. Las ofrendas en urnas de piedra (2.5%) de las cuales, tres (18, 19 y 29) fueron encontradas en el Templo Mayor. Las urnas eran talladas en basalto o tezontle y constaban de una caja con tapadera. Estas urnas se localizaron en el núcleo de la Etapa III (29); las otras dos (18 y 19), bajo el piso de la plataforma occidental de la Etapa IVa y la 41 en la plataforma de la Etapa IVb.[60]

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Figura 13. La ofrenda 126 ubicada frente al Templo Mayor, en el predio de las Ajaracas, es una de las más ricas y variadas en su contenido de objetos orgánicos, restos óseos, vasijas, esculturas, objetos de piedra, etc. Leonardo López Lujan, Proyecto Templo Mayor, 2007. Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2011/02/21/index.php?section=cultura&article=a08n1cul.

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Figura 14. Ofrendas 18 y 19 del Templo Mayor, consistentes en urnas de piedra, dentro de las cuales se depositaron figurillas y cuentas de chalchihuitl. Tomado de López Lujan, 1993; foto de Guilliem.

Las ofrendas del Templo Mayor contenían una gran cantidad variedad de artículos. Entre los objetos suntuarios de chalchíhuitl depositados en estas ofrendas, se encuentran alrededor de 160 máscaras, 200 figuras antropomorfas de cuerpo completo y numerosas representaciones zoomorfas y fitomorfas de estilo Mezcala, procedentes de Guerrero;[61] 203 esculturas o "penates" y representaciones votivas de instrumentos musicales procedentes de la Mixteca;[62] dos ollas y varias esculturas de piedra blanca de la región poblano-tlaxcalteca[63]y una gran cantidad de cuentas, pendientes y orejeras de piedra verde, así como pequeños fragmentos en bruto de turquesa, alabastro y piedra verde. También se localizaron antiguos artículos lapidarios como una máscara olmeca; 41 piezas teotihuacanas y 23 del estilo Guerrero-Teotihuacanoide. [64]

Pero no solo se ofrecían ricas ofrendas durante la construcción de los templos; cuando algún gobernante, tecuhtli o personaje importante de la de la nobleza o la milicia moría, se le colocaban riquísimos objetos en su entierro, y se le ataviaba con joyas y adornos que se llevaba puestos al inframundo.

Esto ocurrió cuando murió el valeroso rey guerrero Axayacatl, después de ser ricamente ataviado para su funeral:

Vinieron todos los esclavos y esclavas que eran del rey Axayacatl (...) cargados con los tesoros, joyas y piedras preciosas de gran valor, en unos cestillos galanos.[65]

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Figura 15. Ofrendas mortuorias de oro, alimentos joyas de chalchihuitl, plumas y pieles finas a un bulto mortuorio con los restos de un personaje de alto rango. Códice Magliabechiano, Pág. 137. Tomado de http://coleccion-dvqve.blogspot.com/2010/10/guerra-hurtado-de-mendoza-jose-magin.html

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Figura 16. Ofrecimiento de ofrendas y joyas ricas a un bulto mortuorio de un alto personaje mexica.

Proyecto Templo Mayor.

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Figura 17. Máscara de estilo teotihuacano de serpentina verde; las orejeras de albita-jadeíta verde manzana, son de origen maya (Chiapas-Valle del Motagua); la máscara fue modificada; se retrabajaron algunas zonas, se le incrustaron ojos y dientes de concha y obsidiana, y fue reutilizada por los mexicas en la Ofrenda 82 el Templo Mayor. Foto de Haupt & Binder, Museo del Templo Mayor.

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Figura 18. Máscara teotihuacana de serpentina verde claro, con ojos de obsidiana, Museo del Templo Mayor. Foto: Heléne de Fays. Tomado de http://www.unc.edu/~hdefays/courses/span330/arte/teotihuacan.html.

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Figura 19. Máscara olmeca de piedra verde (serpentina), localizada en la ofrenda no. 20, Etapa IVb del templo Mayor. Museo del Templo Mayor, Foto: MAR./ Raíces. Tomado de http://museoesperanzasamuelortega.blogspot.es/i2010-04.

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Figura 20. Ofrenda de máscaras, esculturas y figurillas de piedra verde, caracoles marinos, cerámica y otros elementos, de la Cámara 2 del Templo Mayor. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/Media/fig11z.jpg.

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Figura 21. Ofrenda de vasijas efigie con chalchihuites, figurillas., máscaras y restos óseos de la ofrenda de la Cámara 3 del Templo Mayor, Tomado de http://www.famsi.org/research/pohl/images/aztec4figure05.jpg.

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Figura 22. La Ofrenda 17 del Templo Mayor, contiene diversos objetos de piedra, obsidiana, pedernal, cráneos humanos de decapitados, restos orgánicos, marinos, corales y el espadarte de un pez sierra. Acompañaban a la ofrenda, otros objetos de jade y piedra verde como cuentas y orejeras. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/Media/fig12z.jpg.

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Figura 23. Una de las ollas efigie con representación antropomorfa de la diosa Chicomecoatl, en cerámica tipo "códice" de estilo cholulteca o Mixteca-puebla. En su interior de depositaron alrededor de 3000 cuentas de piedra verde, figurillas y una máscara de estilo Mezcala. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/pages/mtm63.htm

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Figura 24. Representación de pequeños huehuetl o tamborcillos de piedra verde, oficalcita y mármol con motas de serpentina verde, cuya procedencia posiblemente se remonte a la Mixteca.

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Figura 25. Representación de pequeñas flautas de piedra verde, oficalcita y mármol con serpentina (mixtecatetl). Museo del Templo Mayor.

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Figura 26. Collar de placas labradas de concha nácar, cuentas, pendientes de piedra verde, y cuentas de oro. Las placas representan serpientes compuestas con peces, discos, córtalos, caracoles y ranas. Se le encontró asociado a una figura del dios Tlaloc. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/pages/mtm29.htm.

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Figura 27. Urna funeraria con efigie del dios de la muerte Mictlantecuhtli, localizada en el Templo Mayor. Fue elaborada en un tipo de piedra blanca o mármol con motas de serpentina verde (oficalcita), también denominada Mixtacatetetl, procedente de la región Mixteca-puebla. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/Media/fig22z.jpg.

También era costumbre colocar una cuenta de chalchíhuitl en la boca de los nobles muertos:

(...) el cuerpo del difunto (...) adornábanlo (...) y poníanle en la boca una piedra fina de esmeralda que los indios llaman chalchihuites, decían que se la ponían por corazón. [66]

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Figura 28. Esqueleto de jaguar con una cuenta de jade en el hocico, como ofrenda. Museo del Templo Mayor. Tomado de http://www.flickr.com/photos/ivanhol/3029386140/.

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Figura 29. Pendientes, cuentas y orejera de jadeíta verde manzana y verde esmeralda; estas piezas proceden del área región maya, del valle del Motagua donde se encuentran sus fuentes. Templo Mayor.

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Figura 30. Piezas de oro, cobre y cuentas y pendientes de jadeíta verde manzana y verde esmeralda, quetzalchalchihuitl.

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Figura 31. Pulsera de cuentas de jadeíta verde manzana, cuya procedencia se ubica en la región central de Guatemala, en el Valle del Motagua. Templo Mayor.

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Figura 32. Entre los objetos ofrendados al Templo Mayor, se localizaron esculturas, cetros y diversas figurillas de tecalli u ónice calcáreo, cuya procedencia se ubica en la región Mixteca -Puebla.

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Figura 33. Máscara de piedra verde, de estilo Mezcala, procedente de Guerrero, y reutilizada como ofrenda al Templo Mayor. Tomado de http://archaeology.asu.edu/tm/pages/mtm30.htm.

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Figura 34. Sartales, orejeras y figurillas elaboradas en diversos tipos de piedras metamórficas verdes, esquistos, dioritas y serpentinas. Su procedencia se ubica en la regio Mezcala, en Guerrero. Museo del Templo Mayor.

Otra de las costumbres realizadas durante el ceremonial mexica, era la de ataviar con ricos adornos de chalchíhuitl a aquellas personas que estaban destinados a ser sacrificados a los dioses; los restos de los sacrificados eran sepultados en el patio del templo junto con suntuosas ofrendas.

Al esclavo que iba a ser sacrificado durante la fiesta de Tezcatlipoca, en el mes de Toxcatl:

(...) luego el señor le ataviaba con atavíos preciosos y curiosos, porque ya le tenía como en lugar de dios (...). Poníanle en las orejas un ornamento como cercillos de oro. Poníanle al cuello un sartal de piedras preciosas. Colgábanle al cuello un juel de una piedra preciosa blanca (...). Poníanle también en las muñecas unos sartales de piedras preciosas que ellos llaman macuextli, que le cubría casi todas las muñecas hasta el codo.[67]

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Figura 35. Aquellas personas destinadas a ser sacrificadas a los dioses, eran ricamente ataviadas con elementos que representaban a las deidades a las que iban a ser ofrecidos. Desiderio Hernández Xochiotzin, Fiestas Rituales en homenaje a Camaxtli, Palacio de Gobierno de Tlaxcala. Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Desiderio_Hern%C3%A1ndez_Xochitiotzin.

Igual ocurría con los demás esclavos sacrificados a otros dioses en las diferentes ceremonias y celebraciones del año.

En cuanto a lo que se refiere a las materias primas, solo existen datos sobre el tributo de piedras verde azules o turquesas que pagaban algunas provincias sujetas, mencionadas en la Matricula de los Tributos y en el Códice Mendocino; uno de estos casos es el de la provincia de Quiyauhteopan que pagaba, según la Matrícula de los Tributos:

Matlahuac xihuitl, "piedras azul turquesas".

Y según el Códice de Mendoza:

Una cazuelica de piedras turquesas menudas. [68]

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Figura 36. a) máscara de madera decorada con mosaico de pequeñas teselas de turquesas teoxihuitl, ojos y dientes de concha y obsidiana. Museo Británico. b) serpiente de dos cabezas cubierta con mosaico de turquesas y concha. Tomados de http//www.aztlanvirtual.com/.../museos/expo001_1.html.

De igual forma, la provincia de Yohualtepec estaba obligada a pagar, según la Matrícula:

Xíhuitl (piedras turquesas).

Y según el Mendoza:

Diez rostros medianos de piedras ricas de azul turquesadas.

Un envoltorio de las dichas piedras turquesas. [69]

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Figura 37. Vasija de jadeíta verde manzana; en su interior se localizaron pequeños fragmentos de materia prima triturada (jadeíta) sin trabajar, que debieron ser utilizados por los lapidarios para elaborar pequeñas cuentas y pendientes.

Es posible que algunas de estas piedras azules mencionadas por estos documentos, se pagaran en tributo, en forma de pequeños fragmentos de materia prima, en cazuelas y envoltorios, aunque es probable también que estas piedras menudas fuesen pequeñas teselas planas ya trabajadas, las cuales serían utilizadas para formar los mosaicos de las máscaras y de otros objetos suntuarios y para uso del tlatoani; como menciona el códice Mendoza, estas también podían ser pagadas ya incrustadas en las máscaras o rostros mencionados.

Aunque no encontramos en las fuentes datos sobre el pago de piedras verdes en forma de materia prima, es posible que esto se deba a que la mayoría del chalchihuitl que era tributado, comerciado y traficado por los mexicas, llegaban a Tenochtitlan como objetos ya terminados; también se pudieron exigir piedras verdes en forma de materia prima, en algunas ocasiones especiales: para labrar las efigies de los dioses; para realizar algunos ornamentos especiales para el tlatoani o para elaborar algunos objetos suntuarios.

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Figura 38. Artesano lapidario Chalchiuhtlateque enseñando a su hijo el arte y oficio de labrar las piedras preciosas chalchihuites. Códice Mendocino, Lámina 70. Tomado de http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/1a/Codex_Mendoza_folio_70r_portion.jpg.

Entre los bienes ofrendados por los mexicas al Templo Mayor, fueron reportados algunos trozos de materia prima en forma de fragmentos en bruto de turquesa, azabache, alabastro y piedra verde y jade.[70]

Las materias primas eran entregadas a los artesanos del palacio por el tlatoani, para que ellos elaboraran con ésta diversos artículos de prestigio y lujo. Estas piedras en bruto, eran trabajadas por los principales artífices y oficiales en el arte de labrar las piedras preciosas: los lapidarios o chalchihutlateque.[71]

Dichos artesanos estaban organizados en un grupo que residía en una de las salas del palacio, junto con otros mayordomos y oficiales:

Otra sala se llama totocalli, donde estaban unos mayordomos que guardaban todo género de aves, (...) y también en este lugar se juntaban todos los oficiales, como plateros o herreros y oficiales de plumajes y pintores y lapidarios que labran los chalchihuites y entalladores. [72]

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Figura 39. Artesano lapidario labrando y puliendo las cuentas de un collar de chalchihuites, según una lámina del Códice Florentino

.Este grupo de lapidarios del palacio, debió ser seleccionado por su conocimiento, maestría, destreza y experiencia en el oficio, ya que las joyas que ellos elaboraban estaban destinadas para el uso exclusivo de la realeza y nobleza. Además de estos, también existían otros grupos de artesanos-comerciantes lapidarios que aunque trabajaban por su cuenta, estaban regulados de cierta forma por el Estado. Estos artesanos labraban ellos mismos las piedras preciosas y luego las vendían en el tianguis local o regional, y sobre estos existe poca información en las crónicas.

Es el padre Sahagún quien nos da información sobre ellos y nos dice lo siguiente:

El que vende piedras preciosas o lapidario es desta propiedad: que sabe labrar sutilmente las piedras preciosas... El que vende las piedras sin engaño, el buen conocedor de los géneros de las piedras preciosas, como son la esmeralda fina, y perla preciosa, y azabache, y de otras piedras pintadas y jaspeadas... y las que tiene por buenas después las vende a los otros, según que cada una puede valer, mirando la virtud y propiedad dellas." [73]

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Figura 40. Un grupo de artesanos habitaban en el palacio, donde su trabajo era proveer de objetos de lujo para uso de la realeza y la nobleza mexica. Diego Rivera, 1945, La vida en la época de los aztecas, Palacio Nacional de la Ciudad de México. Tomado de http://www.free-photos.biz/photographs/industry/pulp_and_paper_industry/20645_murales_rivera_-_papier.php.

Estos lapidarios debieron estar organizados dentro de los barrios o callpultin que estaban habitados por agricultores, oficiales y artesanos, en grupos familiares donde los miembros se dedicaban al mismo oficio y se repartían el trabajo. Una de las obligaciones de los habitantes de los callpultin era la de pagar tributo al Estado de los bienes que producían, como alimentos, objetos domésticos, diversas artesanías utilitarias y de lujo, e incluso fuerza de trabajo cuando esta se les requería.

En el calpulli nos dicen las fuentes, se concentraban grupos de personas cuyos miembros estaban unidos por lazos de parentesco, amistad u oficio y quienes tenían derecho a la propiedad común de las tierras del barrio o calpultlalli.

Los calpulli eran un barrio de gente conocida o linaje antiguo que tiene de muy antiguo sus tierras y términos de conocidos, que son de aquella cepa, barrio o linaje, y las tales tierras llaman calpulli, que quiere decir tierras de aquel barrio o linaje.[74]

Otra fuente nos dice que:

Otras suertes de tierras que se decían calpollalli o altepetlalli, que es lo mismo que decir tierras pertenecientes a los barrios, al pueblo: en estas tierras estaba poblada toda la gente común, en parte de ellas y la demás la labraban y cultivaban para la paga de sus tributos y sustento.[75]

Así estos oficiales lapidarios debieron habitar y estar organizados dentro de su propio callpulli o barrio, ya que:

De los treinta y tantos oficios que tenían los moradores de la ciudad, estaba siempre cada oficio en su barrio, de suerte que los que eran plateros de oro tenían el suyo y en el tenían que ser todos nomás plateros de oro; y lo mismo era con los de plata, y los pintores, lapidarios, etc. (...) cada oficio de por sí y en su barrio distinto de los demás. [76]

Además, por cada uno de los oficios desempeñados por los habitantes del calpulli, era obligacion heredar de padres a hijos el oficio, con lo cual el Estado se aseguraba que siempre existieran artesanos dedicados a realizar cada labor.

(...) en todos los oficios mecánicos de la república, (...) entiendo era ley que el padre enseñase a su hijo el oficio que sabía, para que siempre hubiese muchos oficiales de todo género de oficios.[77]

En cuanto a la materia prima que estos artesanos lapidarios utilizaban para elaborar sus joyas, es posible que esta fuera obtenida como tal en los mercados; también podía ser encargada y comprada a los mercaderes-traficantes que las obtenían y traían desde lejanas tierras y provincias; otra posibilidad es que quizá estos artífices, que poseían experiencia y conocimiento de las propiedades y las variedades de las piedras preciosas, las buscaran ellos mismos en sus yacimientos, como señala Sahagún:

Hay personas que conocen donde se crían las piedras preciosas, y es que cualquier piedra preciosa, dondequiera que está, y está hechando de sí vapor o exhalación como un humo delicado. Y este humo se aparece cuando quiere el sol salir, o a la salida del sol. Y a los que las buscan y conocen esto, pónense en lugar conveniente cuando quiere salir el sol, y miran hacia donde sale el sol, y donde ven salir un humito delicado luego conocen que allí hay piedra preciosa, o que ha nacido allí o que ha sido escondida allí. Y van luego aquel lugar, y si hayan alguna piedra de donde salía aquel humito, entienden que dentro della está alguna piedra preciosa, y quiébranla para buscarla (...).[78]

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Figura 41. Localización del chalchíhuitl a la salida del sol. Códice Florentino, lib. VIII, cap. XIV.

Es posible que a este grupo de artesanos también acudieran los nobles con algunas piedras finas de su propiedad, para que estos las transformaran en algún artefacto determinado o especiales; algunas de estas piezas pudieron ser reutilizadas y retrabajadas, cuando se trataba de piezas rotas, mal elaboradas, etc.

Cuando estos artesanos habían elaborado ya sus artículos de chalchíhuitl, acudían entonces al tianguis o mercado principal para intercambiarlos y ponerlos a disposición de la clase dirigente, que ostentaba el derecho de usarlos como objetos de adorno personal, joyas y artículos rituales para ofrendas, entierros, regalos, etc.

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Figura 42. Los lapidarios labraban los chalchihuites y después los vendían en el tianguis. Códice Florentino, Lib. X, Cap. XVI.

Sahagún menciona como era posible comprar estas piedras en el tianguis de Tlatelolco:

Estaban en una parte del tianguez los que vendían oro o plata, y piedras preciosas y plumas ricas de todo género (...). [79]

Así pues, de manera general pudimos ver como el sistema tributario era una de las principales formas a las que recurría el Estado Mexica para poder tener acceso y obtener desde el interior del Imperio, las preciadas piedras verdes o chalchihuites; estas piedras existían de forma natural y eran aprovechadas por varios de los pueblos sujetos a las provincias para pagar tributo a los mexicas. Pero además del sistema de imposición del pago de tributo a los pueblos conquistados mediante la guerra, existían otros dos sistemas de intercambio mediante los cuales también se podían obtener los valiosos bienes de prestigio y lujo: por un lado se encontraba el tráfico exterior, realizado más allá de las fronteras del Imperio por los grupos de comerciantes especializados o pochtecatl, y por el otro, el sistema de intercambio mercantil, que se llevaba a cabo en los mercados internos o tianguis.

El tráfico exterior y el intercambio mercantil

Aunque una gran cantidad de los bienes obtenidos mediante el sistema tributario, eran redistribuidos por el tlatoani para consumo directo de la realeza y la nobleza mexica; para sostenimiento del personal del palacio y para fomentar las actividades suntuarias y económicas, no todos los bienes eran destinado a este tipo de consumo, sino que también el soberano seleccionaba una parte de este tributo para ser invertida en una actividad económica muy importante: el intercambio interregional de bienes, realizado entre el tlatoani mexica y los gobernantes extranjeros de las lejanas y ricas provincias situadas mas allá del Imperio. Los encargados de realizar esta actividad, era un grupo de comerciantes especializados conocidos como pochteca tecuhnenenque,[80] quienes también actuaban como embajadores. Estos comerciantes-embajadores viajaban largas distancias desde México hasta llegar a las provincias de Anahuac, donde realizarían el intercambio.

Veamos ahora algunas características generales de este sistema de intercambio; Carrasco hace una distinción entre la circulación interregional de bienes (el tráfico) y los intercambios mercantiles (el comercio). El comercio como tal puede ser el mecanismo para realizar los intercambios interregionales; pero también puede haber un tráfico basado no en el comercio, sino en el intercambio recíproco de presentes entre moradores de distintos lugares. Igualmente puede haber un tráfico basado en la redistribución a distintas regiones de los bienes acumulados por un soberano. [81]

Estos intercambios eran realizados en dos lugares específicos: Polanyi señala que uno es la plaza o "tianguis" local y el otro es el "puerto de tráfico". En la plaza se congregan los compradores y vendedores locales, y suele concentrarse (aunque no forzosamente) en el comercio interior de los bienes de consumo (tianquiztl);[82] mientras que el puerto de tráfico es la factoría, el lugar en un país lejano donde se efectúan intercambios internacionales con la intervención de los agentes o facturas de los países que intercambian. La factoría es siempre el lugar donde se efectúa el tráfico exterior, mientras que la plaza puede limitarse al comercio interno. Polanyi menciona que las transacciones en la factoría pueden ser un "tráfico administrado" u organizado como intercambios recíprocos de presentes por los soberanos de los países que trafican, y comprensible mas como reciprocidad y redistribución que como comercio; la plaza por el contrarío es claramente un mercado.[83]

El tráfico exterior, nos dice Polanyi: es un medio relativamente pacífico para la adquisición de bienes de regiones que estuviesen fuera de la unidad política.[84] Es una actividad de grupos -no de individuos- en la cual, los representantes de las entidades políticas se reúnen en centros de intercambio, establecidos para la realización de las transacciones comerciales, denominados "puertos de intercambio" (ports of trade).[85] Estos puertos de intercambio eran los pueblos o ciudades que tenían la función específica de servir como sitios de reunión a los traficantes extranjeros.[86]

En la sociedad mexica, el tráfico era realizado por un organizado grupo de mercaderes profesionales conocidos como pochtecatl.[87] Estos comerciantes tenían una doble importancia militar y económica para el Estado, debido a que funcionaban como espías del tlatoani en los territorios enemigos y también porque ellos obtenían los artículos de lujo para consumo de la clase dominante.

El padre Sahagún nos menciona como inicio en México-Tlatelolco este oficio, desde tiempos del señor Cuaucuahpitzahuac, señor de Tlatelolco, hacia 1376-1417 d.C. Era este hijo de Tezozomoc, el supremo gobernante del Imperio tepaneca.

Cuando los mercaderes comenzaron en el Tlatilulco de México a tratar, era uno que se llamaba cuacuahpitzahuac, y los principales tractantes eran dos: el uno se llamaba Itzcoatzin y el otro tziuhtecatzin. La mercadería de estos por entonces eran plumas de papagayos, unas coloradas que se llaman cuezal, otras azules que se llaman cuitlatexotli, y otras coloradas como grana que se llaman chamulli. Estas tres cosas era su trato.[88]

Al morir Cuacuahpitzahuac y acceder al trono de Tlatelolco el señor Tlacateotl, entre 1418-1427:

(…) y en el tiempo déste los principales de los mercaderes fueron dos: el uno que se llamó Cozcamatzin, y el otro Tzompantzin. En tiempos déstos se comenzaron a vender y comprar las plumas que se llaman quetzalli, y las piedras turquesas que se llaman xihuitl, y las piedras verdes que se llaman chalchihuitl, y también las mantas de algodón y maxtles de algodón, porque de antes solamente usaban de maxtles y mantas de nequen, y las mujeres usaban de huipiles y nahoas también de ichtli.[89]

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Figura 43. Reconstrucción hipotética de un tianguis azteca, con base en las descripciones del mercado de Tlatelolco. Tomado de http://zipolartuzin.blogspot.com/2010/05/hablemos-de-la-necesidad-problematica.html.

Poco a poco fue mejorando el nivel y la calidad de las mercancías que eran tratadas por los pochtecas mexicas; es en tiempos del gobierno de Cuauhtlatoatzin, entre 1427-1467 d. C., cuando ocurre la guerra en la que resulta vencido Azcapotzalco por los de México-Tenochtitlan y Acolhuacan (1427-1430 d.C.); tras esta guerra quedan libres los mexicas del yugo tepaneca de Maxtla y cae el Imperio Tepaneca:

En tiempos déste fueron principales de los mercaderes dos: el uno se llamó Tollamimichtzin, y el otro Micxochitziyautzin. En tiempos déstos se comenzaron a comprar y vender barbotes de oro y anillos de oro, y cuentas de oro, y piedras azules labradas como cuentas, que se llaman teuxihuitl, y grandes chalchihuites, y grandes quetzales, y pellejos labrados de animales fieros, y otras plumas ricas que se llaman zacuan, y otras que se llaman xiuhtototl, y otras que se llaman teuquechol.[90]

Es con Moquihuix, el último señor tlateloca, (1467-1473 d.C.), que ocurre la guerra con Tenochtitlan; y la ciudad y su mercado son conquistados y sujetos a tributo, y su gobernante muerto al caer del Templo Mayor cuando ve perdido su señorío en manos de Axayacatl, señor de mexica.

En tiempos déste fueron principales de los mercaderes dos: uno que se llamó Popoyotzin y otro Tlacochintzin. En tiempos déstos se comenzaron a comprar y vender las mantas ricas que se llamaban tlapalecacozcayo, y otras que se lamaron xomoihuitilmatli, y otras que se llamaron ihuiticatetecomayo, y también los mastles ricos y labrados hacia las extremidades, como dos o tres palmos en largo y en ancho; y también las naoas ricas y los huipiles ricos; y también las mantas de ocho brazas de largo, texidas de hilo torcido como terliz; y también se comenzó a tratar el cacao en ese tiempo; y todas las otras mercaderías que arriba se dijeron se comenzaron a tratar en más abundancia que de antes.[91]

Existían varios rangos de mercaderes o traficantes que trataban con diferentes artículos, de los cuales Chapman enumera los siguientes:

  • Los pochteca tlatoque, o "señores de los mercaderes"; era viejos pochtecas de alto prestigio, que no viajaban sino que encargaban sus mercancías a los pochtecas que si lo hacían, para que éstos las intercambiaran.

  • Otro grupo era el de los tratantes de esclavos, que gozaban también de un alto rango por comerciar con hombres.

  • Un grupo muy importante era el de los mercaderes-espías o nahual oztomecatl, quienes transmitían información al tlatoani sobre lo que ocurría en los territorios enemigos. Estos se disfrazaban como mercaderes locales y sus mercancías eran artículos comunes que intercambiaban en las provincias por otros de más valor, como plumas y ámbar.

  • El grupo de comerciantes mas importantes para el Estado mexica era el de los mercaderes-embajadores o tecuhnenenque, quienes estaban encargados de llevar a cabo el intercambio de los bienes del tlatoani y los propios, por otros bienes muy lujosos; este intercambio se realizaba con los señores de las provincias de Anahuac, que tenían sus cabeceras en las ciudades de Coatzacoalco, Cimatlan, Xicalanco y Ayotlan Xoconochco, [92]y cualquier afrenta a éstos era causa de guerra.[93]

Estos comerciantes-embajadores realizaban también en estas lejanas provincias un intercambio de presentes con los señores extranjeros, o sea, un tráfico basado en la reciprocidad.[94] El intercambio recíproco de bienes se realizaba cuando los mercaderes mexicanos entregaban los presentes que enviaba el tlatoani para los señores de las provincias, y estos a cambio les ofrecían artículos de mucho valor para que a su ves estos fuesen llevados y entregados al tlatoani; tras realizar esta operación los señores les permitían a los mercaderes mexicas comerciar en los tianguis locales.[95]

Entre los bienes que estos mercaderes recibían por parte del señor de México para ser intercambiados, y para dar en presente a los soberanos extranjeros, se encontraban diversos artículos de lujo.

(…) mantas ricas, y nahoas ricas de mujeres que les había dado el señor de México (…). Y (…) joyas de oro, y piedras que sabían que eran preciosas en aquella provincia, una de las cuales se llama tepeyo teucuicatl, que era una corona de oro; y otra que se llama teucuitlaixcuaamatl, que era una plancha de oro delgada y flexible que se ceñía a la frente; y otra que se llamaba teucuitlatlancozcatl, y otra que se llamaba pitzahuac teucuitlacozcatl. Llevaban también otras para las señoras. Una de ellas eran vasitos de oro donde ponen el huso cuando hilan; otras eran orejeras de oro; (…) orejeras de cristal.[96]

Junto con estos bienes de lujo, también llevaban artículos propios y de uso común, para intercambiar en las provincias, y que habían comprado previamente en el mercado:

(…), porque ya tengo compradas las cosas con que tengo de rescatar por los pueblos por donde fuere. Tengo compradas muchas navajas de piedra, y muchos cascabeles, y muchas agujas, y grana y piedra lumbre. [97]

También llevaban para la gente común orejeras de piedra que llaman iztli, y otras de cobre, muy lucias y pulidas; también llevaban navajas de (…) iztli, para raer los cabellos y pelos, y otras navajitas de punta para sangrar, que llaman huitzauhqui. También llevaban cascabeles (…), y agujas (…), y grana de tunas, y piedra lumbre y tochomitl (…), también una cierta yerba muy olorosa que llaman tlacopatli, y otra que llaman xochipatli.[98]

Después que los mercaderes habían recibido los bienes del soberano y se habían abastecido de otros bienes propios para intercambiar, realizaban diversas ceremonias y ofrendas a los dioses; hacían convites; preparaban todo para el viaje, embalaban los bienes en chiquihuites, cestos y cacaxtles; se despedían de sus familias y se reunían con sus mercancías en la casa mayoral del que iba como capitán, quien organizaba una gran caravanas de cargadores, esclavos, y comerciantes de los barrios de Pochtlan, Ahuachtlan, Atlauhco, etc. Aquí se unían con otros grupos de comerciantes de otras ciudades, como Azcapotzalco, Cuauhtitlan, Tlatelolco y Huitzilopochco, para viajar juntos a los lejanos puertos de intercambio.[99] El primer lugar al que llegaban era la provincia de Tochtepec, donde se dividían en dos grupos; unos se dirigían rumbo a Anahuac Ayotlan y los otros tomaban rumbo a Anahuac Xicalanco; al salir de este primer lugar, iban a punto de guerra, ya que muchas veces eran atacados en el camino. [100]

Existían varios puntos tradicionales hacia los cuales, los traficantes se dirigían a realizar el intercambio, de los cuales, uno de los mas importantes era la riquísima provincia de Xicalanco.

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Figura 44. Grupo de pochtecatl en un camino, con su carga de mercancías para intercambiar, atada a su espalda. Códice Florentino, libro IX, f. 8r. Reprografita de MAP/Raíces. Tomado de www.arqueomex.com/S2N3nRUTAS81.html

Los lejanos puertos de intercambio de Anahuac Xicalanco, se extendían desde la costa sur de Veracruz hasta el extremo occidental de la Laguna de Términos, en el Golfo de México.

Chapman menciona que existían cinco grupos principales de puertos de intercambio en la costa del Golfo:

1.- En Coatzacoalcos, la ciudad costera a la que llegaban los pochtecas con saludos y regalos para sus gobernantes locales.

2.- La ciudad tierra adentro de Cimatlan, al este de Tabasco. Esta ciudad controlaba las dos rutas vitales de comercio, la de las sierras de tierras adentro, y la otra del Valle de México.

3.- Al este de la anterior y cerca de la costa se encontraba la Chontalpa, formada por los pueblos situados en las tierras bajas, entre el Río de las Dos Bocas (Río Seco) y el Río Nuevo o González.

4.- Putunchan, sobre la desembocadura del Río Grijalva, que mantenía relaciones comerciales con Acalan, con el valle del Usumacinta, con el Golfo de Honduras y con la costa oriental de Yucatán.

5.- El importante puerto de Xicalanco, situado cerca de una ensenada en la parte

occidental de la Laguna de Términos. Los mercaderes de Xicalanco Viajaban hacia el

sur hasta Acalan y el Golfo de Honduras. [101]

Hacia estos puertos convergían muchas de las rutas de tráfico; del norte llegaban los pochtecas mexicas, y de las sierras meridionales y orientales llegaban zoques y mayas tzetzales y tzotziles. Los traficantes también llegaban por la vía del Río de la Candelaria procedentes desde Acalan y del Golfo de Honduras. [102]

Para los traficantes mexicas, los puntos más importantes para llevar a cabo el intercambio eran los riquísimos puertos de Anahuac. En estos lugares, los mercaderes podían realizar el intercambio de los bienes del tlatoani por artículos de gran valor, entre los cuales figuraban los valiosos chalchihuites.

Sahagún también menciona cual era la forma mediante la cual se realizaba este intercambio y nos dice que cuando llegaban los mercaderes mexicas a la provincia de Xicalanco:

Entraban en la provincia de Anahuac, no todos, sino aquellos que iban de parte del señor de México, con quien estaban aliados o confederados, que eran los tenochcas o tlatilulcas, o los de Huitzilopochco, o los de Azcaputzalco o los de Cuauhtitlan.[103]

(...) Luego daban a los señores lo que el señor de México los enviaba, mantas ricas y mastles y huipiles y nahoas. Y saludábanle de su parte. Luego los señores (...) del pueblo de Xicalanco, y del pueblo de Cimatecatl y Coatzacoalco, les daban grandes piedras labradas verdes y otros chalchihuites colorados, y otros que se llaman quetzalchalchihuitl, que son esmeraldas que agora se llaman quetzaliztli, y otras esmeraldas que se llaman tlilayotic quetzaliztli, y otras piedras que se llaman xiuhchimalli; otras que se llaman quetzalichpetztli tzalayo; y también les daban caracoles colorados y avaneras coloradas, y avaneras amarillas, y paletas de cacao amarillas hechas con conchas de tortugas y otras paletas también de tortugas pintadas como cuero de tigre blanco y negro. Dábanles plumas ricas, unas que se llaman teuquechol; otras que se llaman zacuan; otras que se llaman chalchiuhtotolin, y otras plumas de papagayos y cueros labrados de bestias fieras, como es del tigre que llaman tlatlauhqui ocelotl. Todas estas cosas traían los mercaderes de aquella provincia de Xicalanco para el señor de México.[104]

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Figura 45. Reconstrucción hipotética de un mercado maya. Un aspecto parecido debió tener el gran puerto de trafico y mercados de las provincias de Anahuac: Xicalanco, Cimatlan y Coatzacoalco. Tomado de http://mayananswer.over-blog.com/article-mercados-y-puertos-56033805.html. Dibujo de Raúl Velásquez Olivera.

Sahagún también nos dice que:

Y como recibían los señores de aquella provincia estos dones de otras maneras para que fuesen de su parte presentados al señor de México. Eran estos dones plumas ricas que llaman huiacquetzalli, y otras también ricas que llaman totocuitlapiltic quetzalli, y otros que se llaman chilchotic quetzalli, y otras plumas ricas de otras maneras que llaman xuihtototl, y otras que llaman tzinitzcan.[105]

Así era pues como señala Sahagún que los pochtecas mexicas realizaban este intercambio de presentes con los señores de las provincias de Coatzacoalcos, Cimatlan y Xicalanco, quienes en reciprocidad les entregaban bienes muy lujosos para ser llevados al tlatoani y les permitían el acceso a los tianguis locales; junto a estos bienes los traficantes llevaban artículos propios para intercambiar en estos tianguis de las provincias, y rescatar artículos valiosos, seguramente también plumas ricas de diversas aves, cacao, pieles finas, ornamentos y joyas de piedras preciosas o chalchihuites.

Sobre el lugar de origen y la procedencia de los chalchihuites que eran obtenidos por los pochtecas en estas provincias, tenemos que a Xicalanco llegaban una gran cantidad y variedad de bienes, ya que era uno de los puertos de intercambio mas importantes de la región; esta ciudad mantenía relaciones comerciales con otras ciudades y pueblos importantes de tierra adentro, como Acalan situado al sur del Río de la Candelaria en Campeche; esta vía fluvial también conformaba un punto focal de comercio entre Xicalanco, Acalan, y los puertos de Guatemala y del Golfo de Honduras. Acalan comerciaba con los celache al noreste y con los itzaes al sudeste. El Golfo de Honduras formaba también un puente comercial entre Mesoamérica y Centroamérica, que se unía con las costas del Golfo de México por medio de Acalan y de las rutas fluviales del Usumacinta.[106]

Chapman señala que existían varias zonas de intercambio en el Golfo de Honduras y menciona las siguientes:

1.- El Río Sarstun era una importante vía de tráfico de canoas que se dirigían al Golfo de México.[107]

2.- El puerto de intercambio de Nito, que se localizaba en la desembocadura del Río Dulce.

3.- El valle del Motágua, cuyo río era navegable hasta Gualán, cerca de un importante centro minero de obsidiana localizado en Zacapa, y la más importante fuente de jade, serpentina y piedras verdes para toda Mesoamérica, las cuales se obtenían en sus márgenes fluviales.[108]

4.- El área situada sobre el Río Ulúa y el Río Chamelcón, el cual mantenía relaciones comerciales con Yucatán y el valle de México. [109]

Según el padre Sahagún, los pochtecas mexicas obtenían en Anahuac las mejores calidades de chalchihuites verdes, colorados, y otros similares a esmeraldas; sobre la procedencia de estas piedras verdes labradas y chalchihuites, la única fuente conocida actualmente en la región, con importantes yacimientos de las mejores calidades de piedras verdes como las jadeítas, las albitas y las serpentinas y crisoprasas, se localiza en el Valle del Río Motagua y el Río Tambor, y cerca de los pueblos de San Agustín Acasaguastlán y Manzanotal, en Guatemala; estas fuentes, conocidas y explotadas desde el Preclásico y Clásico, siguieron proveyendo de materias primas y artefactos elaborados a los centros mayas posclásicos, del centro de Guatemala; desde estos centros eran obtenidos y transportados también por los traficantes mayas llamados Ah p´ool loom yook, "los grandes señores de los pies ampollados", [110]rumbo a los puertos de Acalan y Anahuac Xicalanco, siguiendo las vías fluviales de la región, como el Usumacinta, el Candelaria y varios ríos de Guatemala.

Es posible que además de los ricos objetos de jadeíta, albita, crisoprasa y serpentina traídos desde la región central de Guatemala, también se aprovecharan y traficaran en Anahuac, otros artículos elaborados en piedras verdes locales de menor calidad, procedentes de tierra adentro, desde las sierras meridionales y orientales de Chiapas, de la región zoque, tzetzal y tzotzil,[111] y de la Chontalpa[112]La materia prima podría ser obtenida como material de arrastre, acarreado por los numerosos ríos y arroyos de estas regiones desde sus afloramientos en los macizos rocosos. Estos chalchihuites elaborados en piedras verdes de menor calidad llegarían a Xicalanco, a Coatzacoalcos y a Cimatecatl, llevados e intercambiados por los grupos mayas locales y estarían a su vez a disposición de los traficantes mexicas que los podían adquirir en los mercados de las provincias.

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Figura 46. Señor comerciante Ah Ppolom, cargado en andas por sirvientes y dirigiendo una caravana de cargadores y otros comerciantes o guerreros. Tomado de Stuart & Atuart, 1993, pp. 188-189.

El otro importante centro de comercio hacia el cual se dirigían los mercaderes mexicas, desde Tochtepec, era la provincia sujeta de Ayotlan Xoconochco; hacia ella se dirigían los pochtecas a intercambiar sus bienes por artículos de lujo, como plumas finas de quetzal, cacao, pieles y sartales de chalchihuites. Sahagún menciona que una variedad de chalchíhuitl era obtenida y traída del Xoconochco y de Cuauhtimalan, el xiuhtomoltetl,[113] de color blanco y verde Mezclados.[114]

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Figura 47. Comerciante olmeca xicalanca cargado con su cacaxtle lleno de diversos articulos de lujo, pieles, plumas, ornamentos y varios recipientes. Pintura mural de Cacaxtla. Tlaxcala.

Hasta los tianguis de esta provincia debieron llegar también diversos objetos de chalchihuitl llevados por los traficantes mayas, que los intercambiarían y transportarían desde la región central de Guatemala; y de forma similar que en las provincias de Anahuac, algunos grupos mayas locales pudieron aprovechar, trabajar e intercambiar piedras verdes trabajadas de menor calidad, con los comerciantes mexicas que pasaban por el área; es posible que la materia prima aprovechada y trabajada por esto grupos locales, pudiera ser obtenida en la región procedente del macizo rocoso de la Sierra Madre de Chiapas y de los Chuchumatanes.[115]

Además del intercambio recíproco de bienes con los señores y el comercio realizado en los tianguis locales de las lejanas provincias de Anahuac Xicalanco, Cimatlan, Coatzacoalco y Xoconochco, los traficantes también realizaban un intercambio comercial al interior de los mercados importantes o tianguis locales de las provincias sujetas o aliadas al Imperio.

En muchas de las provincias dominadas por los mexicas, habían existido desde mucho tiempo antes, importantes mercados regionales, a los cuales también acudían los comerciantes mexicanos a intercambiar sus bienes; estas provincias con mercados importantes, habían sido conquistadas por los mexicas a causa de agravios o asesinatos de pochtecas.

Sahagún nos menciona como ocurrió la conquista de algunas de estas provincias en Anahuac y Ayotlan:

En este tiempo era señor en Tenochtitlan Ahuitzotzin. (…) los mercaderes entraron a tratar en las provincias de Ayotlan y Anahuac. Los naturales de aquellas provincias los detuvieron allá como cautivos cuatro años, en el pueblo que se llama Cuauhtenanco, en el cual estuvieron cercados de los de Tecuantepec y los de Izhuatlan, y los de Xochitlan y los de Amaxtlatecatl y los de Cuauhtzontla y los de Atlan, y los de Omitlan y los de Mapachtecatl. (…) Los mercaderes se defendían en el pueblo de Cuauhtenanco (…). Cautivaron los mismos mercaderes a muchos de los naturales, gente principal, y otros muchos de los no principales, los cuales no se contaron (…). Después los mercaderes, peleando por espacio de cuatro años, conquistaron la provincia de Anahuacatl (…).[116]

Estuvieron los pochtecas en la conquista del pueblo de Ayotlan, donde estuvieron cercados cuatro años. Al cuarto año vencieron y desbarataron toda la gente fuerte y valiente de los enemigos, (…).[117]

Después de esta conquista ha estado el camino seguro y libre para entrar a la provincia de Anahuac sin que nadie impida, ni los tzaputecas ni los anahuacas. Y los quetzales o plumas ricas desde entonces se usan por acá; (…).[118]

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Figura 48. Ubicación de los puertos de trafico y mercados importantes sujetos e independientes al Imperio mexica.

En la provincia de Tepeacac por ejemplo, tras su conquista por cometer graves agravios contra los mercaderes, continuó existiendo un importante mercado al que acudían tratantes de toda la región, con quienes los mercaderes mexicas podían realizar sus intercambios y así, evitaban ir de pueblo en pueblo en busca de los artículos a rescatar.

De la manera que fue el comienzo de la guerra en el gran pueblo de Tepeaca y Tecamachalco, fue en los tratantes y arrieros (…) los cuales eran mexicanos que iban y venían a diversas partes y lugares con tratos y granjerías; y los naturales de Tepeaca (…), fue tan grande el enojo de ellos, que al tiempo y cuando se hacen las ferias de a tantos y tantos días, habían acudido a los tales tianguis los mexicanos; y los señores principales de ellos mandaron llamar a todo los mexicanos, los prendieron y mataron, diciendo ser espías para cogerlos descuidados y cautivarlos como hicieron con los chalcas; y en esto escapáronse dos o tres mexicanos y vinieron a dar noticia al rey Moctezuma y a todo el senado mexicano; y no tan solamente murieron los mexicanos mercaderes, sino también aculhuaques, tezcucanos, de Atzcapotzalco, Culhuacan, Tacuba, Cuyuacan, Itztapalapa, Xuchimilco, Cuitlahuac, Mizquic, Chalco, Tultitlan, Huatitlan, Tenayuca, todo genero de gente de mercaderes y tratantes, vasallos y amigos del imperio mexicano. [119]

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Figura 49. Reconstrucción artística de un mercado zapoteca, según una pintura mural del Palacio Municipal de Nochixtlan, Oaxaca. Tomado de http://leyendaehistoriadenochixtlan.blogspot.com.

Tras la guerra y conquista de los naturales de Tepeaca, estos se ofrecieron a servir y ser vasallos de los mexicas, pagarles tributo y permitirles el libre acceso al mercado:

(…) vinieron otra vez a hacer referencia a Moctezuma y a Cihuacoatl diciendo esta oración: señor nuestro y rey natural, todos vuestros vasallos, viejos, niños, mozos, mujeres y niñas han venido a darse por esclavos a nuestro gran dios que ahora es Huitzilopochtli, (…), y a daros nuestro vasallaje y obediencia, nosotros los naturales de Tepeaca, (…), y todos venimos con lagrimas a vuestra obediencia. Respondió Moctezuma y Cihuacoatl y dijeron: vosotros seáis bien llegados, y venís a oír lo que os fuere por nos mandado, por vuestro padre y madre el imperio mexicano, y os mandamos que todos nuestros vasallos tratantes y mercaderes que fueren y llegaren a vuestra tierra a tratos y granjerías, les recibáis y situéis para ellos un lugar para ellos conveniente, que os llevaran allá, piedras preciosas, plumería, ropas esclavos, oro y preciadas plumas de diversas aves (…) que son xiuhtototl, tlauhquechol tzininizcan, cueros de tigres, leones, onzas, cacao, jícaras y con esto prometieron los de tepeaca guardarlo y cumplirlo y tener gran cuenta en que en parte ninguna se agravien los mexicanos tratantes ni ofenderlos; (…).[120]

Igual ocurrió con los pueblos de Tziccoac y Tuchpan, y los pueblos de la Huasteca, ubicados en la costa norte del Golfo de México:

La causa y razón de las muertes de los mexicanos, xuchimilcas, atzcapotzalcas, Tacuba y chalcas, fueron los mercaderes tratantes en todo género de mercadurias, ahora por codicia, malquerencia, o por robarlos. Habiendo en Tziccoac y en Tuzpa general tianguis o mercado que es de veinte a veinte días, los principales de estos dos pueblos, conformados y concertados los unos y los otros de matar, como de facto mataron a todos los tratantes y mercaderes puchtecas, despeñándolos por mayor dolor desde unas altas rocas o peñascos de una gran sierra; y no fue tan secreto que no lo dejasen de saber los naturales y tratantes del pueblo de Tulanzinco, y estos por estar bien de gracia con los mexicanos, vinieron a dar noticia de lo sucedido a Moctezuma y a todo el imperio mexicano.[121]

De igual manera, la causa de la guerra y conquista de los pueblos de Huaxaca, por Moctecuhzoma, fueron los agravios; a los pueblos situados en la costa de Tehuantepec, asistían los mercaderes mexicanos a tratar unas piedras preciosas azules llamadas matlalxihuitl,[122] que eran usadas para la mitra del rey, y otras riquezas. La provincia fue conquistada cuando los de la costa asesinaron a los mercaderes y principales mexicas.[123]

(…) vino a noticias de Moctezuma que en las costas de Coatzacoalco y Tabasco, pasando por Tehuantepec, islas y puertos, residían allí muchos naturales, que su trato y granjería era oro molido, que lo traían las corrientes de los ríos y lo cogían; y piedra menuda que llaman matlatlxihuitl, (…) para la mitra o corona del rey Moctezuma, y sembrarlo o pegarlo en los brazaletes de plumería, machoncotl de oro, rodelas y caracoles, a manera de tigre al parecer, y una color de bermellón, ozellotecoztli para pintar rodelas y otras cosas; todo lo cual habían ido a pedir cuatro principales mexicanos, y veintiocho mercaderes tratantes (…), y trayendo esta cantidad de oro, piedras y otras cosas. Habiendo los naturales de Huaxaca noticia de esta riqueza que traían para Moctezuma, o por menosprecio, (…) o por solo la codicia de ellos, les salieron en un monte (…) que llaman Mictlan Cuauhtla, allí los ataron y mataron a todos ellos, que ninguno escapó, y habiéndolos despojado de la riqueza que traían, dejaron allí los cuerpos muertos (…). Al cabo de muchos años y tiempo se vino a saber el suceso (…) Llegando algunos mercaderes tratantes que llaman oztomeca, y queriendo ir a Coatzacoalco, algunos de los mazehuales de Huaxaca les dijeron que allí no fuesen, porque sus principales los mandarían matar y saltear como habían hecho con los otros mexicanos en el monte de Mictlan Cuauhtla; (…), los mercaderes de Atzcaputzalco, Xochimilco y Tezcuco fueron (…) a ver los huesos de los muertos, y visto ser verdad, se volvieron a México Tenochtitlan (…); dijeronselo a Moctezuma, (…).[124]

También el pueblo de Tochtepec, a las orillas del río Papaloapan era un importante punto para el tráfico de tiempo atrás, y en él se encontraba el asiento de un grupo principal de ricos mercaderes procedentes de México; desde este lugar partían y aquí llegaban las caravanas de mercaderes que viajaban a las lejanas provincias de Xicalanco y Xoconochco.[125] Esta provincia debía pagar a Tenochtitlan muchos bienes de lujo, los cuales seguramente procedían del comercio con otras regiones.

Todos iban acompañados los unos de los otros; iban todos juntos hasta el pueblo de Tochtepec, en este pueblo se dividían; unos iban a Anahuac Ayotlan; otros iban a Anahuac Xicalanco.[126]

El otro importante centro de comercio era la provincia de Ayotlan Xoconochco, donde los mercaderes obtenían bienes muy ricos, y cuya conquista se debió a causa de los puchtecatl en tiempos del señor Ahuitzotzin.[127]

(…) los pueblos de Tecuantepec, Xochtecatl, Amaxtlan, Tlacuilulan, Acapetlahuacan, fueron sujetos a la corona mexicana, para ver de cumplir su tributo de oro y pedrería rica y plumas anchas, se juntaron los tratantes mercaderes de estos pueblos nombrados oztomeca arrieros, (…) fueron a Xolotlan y a Ayotlan, Mazatlan y Xoconuchco. Llegando a estos pueblos (…) les dijeron: ¿Vosotros que queréis en nuestros pueblos? ¿No son vencidos y vasallos de los de Culhuacan mexicanos? (...) Ahora habéis de morir todos que ninguno ha de quedar; y con esto los mataron, y dos mozos de ellos se escaparon y dieron noticia en sus tierras, y de allí vinieron a México Tenuchtitlan a dar aviso del suceso hecho con sus vasallos los mercaderes tratantes.[128]

(…) mando el rey Ahuitzotl que todos los principales de cada pueblo animases a sus soldados y vasallos, (…) acometieron tan valerosamente al pueblo de Mazatlan, que cuando llego el medio día habían ya acabado de destruirlo todo, los viejos, niños y mujeres se huyeron a los ásperos montes y quebradas, (…) A otro día dieron tras de Ayotecatl, y quedo tan destruido, que no hubo con quien pelear; luego fueron a Xolotlan y sucedió lo mismo. Juntaronse en uno todos los pueblos costeanos y dijeron los de Xoconuchco: ya nosotros tuvimos la culpa y merecido castigo, (…) y así tenemos gran culpa de ello; ¿Qué podremos ahora hacer ni decir sino que nos conformemos todos cuatro pueblos y les roguemos por la paz, ofreciéndonos por sus vasallos y tributarios? (...).[129]

Igual suerte corrieron los pueblos de la provincia de Quetzaltepec y Tututepec, quienes habían construido una gran albarrada para obstruir el paso y además habían asesinado a un grupo de mercaderes que habían asistido a realizar tratos en la región. Otros mercaderes mexicanos que por ahí pasaban, encontraron los despojos, mantas podridas, y adornos de los mercaderes muertos y los presentaron a Moctezuma:

Llegados los mercaderes ante el rey Moctezuma y su senado, hecha la embajada, y sospecha mala que tenían de los de aquellos dos pueblos y de haber hecho muy cruel albarrada de guarda y defensa de ellos, y en especial de no quererles consentir de entrar en sus pueblos a los otros mercaderes, y sobre todo, haber traído las señas de las mantas, y pañetes, maxtatl y trenzaderas, (…) y habiendo conocido muy bien ser de sus hijos los mercaderes, (…). Envió el rey Moctezuma a otros tratantes, para que viesen y entendiesen verdaderamente de la gran cerca que tenían hecha de fortaleza los de Tututepec y Quetzaltepec; y entendiesen que se hicieron unos mercaderes que allá habían ido a contratar y a llevar embajada a los de allá (…). Llegaron y vista la defensa de la albarrada tan fuerte (…), y como lo anduvieron mirando viéronlos los guardas, diéronles voces, ¿Qué quien y de donde eran y qué querían? Porque si eran mexicanos ellos no podían pasar adelante en ninguna manera porque si sois mexicanos, aquí habéis de morir todos como venís. Respondieron que no eran mexicanos, de Huexotzinco somos. Dijeron los guardas: ni eso es bueno tampoco, volveos no muráis aquí como hicimos con otros mexicanos que venían con embajada, y aquí los matamos a todos, y con esto tráenlos hasta el gran rió, y pasado vinieron caminando de día y de noche hasta llegar a la ciudad de México Tenuchtitla.[130]

Hasta los importantes mercados provinciales debieron llegar los bienes procedentes de toda la región y de las áreas cercanas, llevados por los productores locales y por los traficantes que traían también otros artículos de lujo desde lugares muy lejanos.

Muchos de los artículos de lujo y los chalchihuites que rescataban los pochteca mexicas, habían sido obtenidos de esta manera, intercambiándolos por otros bienes en los mercados provinciales. A estos mercados provinciales también acudían los tributarios de las provincias sujetas a comprar los bienes que les eran exigidos como tributo, cuando no se tenían acceso a ellos de manera local; como ejemplo, vimos a los tributarios de la costa de Tecuantepec que acudieron a Xoconochco a buscar los bienes que debían tributar a los mexicas; otro caso es el de la provincia de Yohualtepec, donde los tributarios del pueblo de Ycpatepec debían viajar más de 30 leguas[131]a comprar oro, plumas y piedras verdes.[132]

También los pueblos de Atlatlauhca y Manlinaltepec, en la provincia de Calixtlahuacan, intercambiaban en otros pueblos, mantas de algodón a cambio de los chalchihuites, cochinilla y plumas verdes.[133] Igual ocurría con los naturales de los pueblos de Atepec, Soquiapan, Tecuicuilco y Xaltianguizco, en la provincia de Coyolapan, quienes iban a buscar las plumas y las piedras verdes a quince y a veinte leguas[134]fuera de sus poblados.[135]

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Figura 50. En los tianguis acudían los artesanos y tratantes a vender sus diversas mercancías, incluyendo joyas y artículos preciosos, como los chalchihuites. Códice Florentino. Tomado de http://www.suite101.net/content/antecedentes-indigenas-del-comercio-en-mexico-a40072.

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Figura 51. Personas vendiendo y comprando en el tianguis. Fray Diego Duran, cap. XCVII, trat. 2°, lam. 10ª. [136]

Existía también otro gran mercado cuya especialidad era la venta de ricas joyas y otros artículos de lujo; este sitio era un importante punto para el comercio en el altiplano: se trata de la ciudad sagrada de Cholula.

Sobre ella, Fray Diego de Duran nos dice lo siguiente:

Había en esta tierra una ordenanza puesta por los reyes acerca de los mercados y era que constituían ferias por mercados donde se vendiesen cosas particulares (...). Mandaban que en la feria de Azcapotzalco, se vendiesen esclavos (...) En otra ordenaban se vendiesen joyas y piedras ricas, como era en la de Chololan y plumas ricas (...). [137]

Los señoríos de Chololan junto con el de Tlaxcala y Huexotzingo, eran independientes del poderío mexica y no mantenían relaciones amistosas con los mexicanos; debido a esto difícilmente los mercaderes mexicas podían entrar sin problemas a esta región; es posible que al rico mercado de Cholula, asistieran comerciantes de otros lugares a vender y a comprar las joyas para llevar y para vender en sus provincias, y tal vez en la ciudad entraran los comerciantes mexicas disfrazados espías.

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Figura 52. Otros mercados importantes, se localizaban en señoríos con ciudades y pueblos fuera de la influencia mexica, como Tlaxcala, Huexotzinco y Cholula, a estos mercados el acceso a los pochteca mexicas estaba restringido. Desiderio Hernández Xochiotzin, El Mercado de Tlaxcala, Palacio Municipal de Tlaxcala. Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Tlaxcala_-_Palacio_de_Gobierno_-_Indianerh%C3%A4ndler.jpg

Cuando finalmente regresaban los mercaderes después de largo tiempo y penurias, y de haber rescatado en los mercados importantes de las provincias valiosos bienes, tornaban a regresar a Tenochtitlan; al llegar se presentaban al palacio real ante el soberano y le entregaban lo que habían recibido por el intercambio reciproco de bienes con los señores de Anahuac Xicalanco, Cimatlan y Coatzacualco.

Y como volvían y llegaban a México, luego lo presentaban al señor. De esta manera dicha hacían sus viajes los mercaderes de México que llaman tecuhnenenque, yendo a aquella tierra de Anahuac, que esta cerca de enemigos de los mexicanos. El señor de México quería mucho a estos mercaderes. Teníalos como a hijos, como a personas nobles y muy avisadas y esforzadas.[138]

De igual forma entregaban las demás mercancías que habían obtenido del intercambio de otros bienes que se les había encargado por parte de los pochtecatlatoque, y de algunas mujeres tratantes; con esto recibían a cambio una ganancia:

(…) primero se juntan en la casa del mayoral que va por capitán; también allí se juntan todas las cargas de sus mercancías y las cosas que llevaban encomendadas para venderlas de los mercaderes viejos, que se llamaban pochtecatlatoque, que ellos no iban de viaje, sino que encomendaban sus mercaderías para que las vendiesen. Y después se partían con ellos la ganancia cuando volvían. También encomendaban algunas mujeres tratantes sus mercancías para que hiciesen lo mismo.[139]

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Figura 53. Entrega a Motecuhzoma de los bienes rescatados por los puchtecatl. Códice Florentino. Tomado de http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/rastros/ras_romero02.html.

El otro destino que tendrían todos los bienes que habían sido rescatados y traídos desde estas lejanas provincias y pueblos por los pochtecas mexicas, seria el importante mercado situado en el corazón del Imperio; en este lugar estaban a disposición y se podían adquirir las ricas joyas de plumas, oro, plata, conchas y piedras preciosas, además de diversas materias primas, alimentos y enseres de uso doméstico y suntuario: se trata del gran mercado de Tlaltelolco.

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Figura 54. Reconstrucción artística del mercado de Tlatelolco, que constituía en centro más importante de intercambio comercial al interior del Imperio mexica, en la ciudad de México. Diego Rivera, 1945, Palacio Nacional. Foto de Alejandro González, tomada de http://otro-diseno.com/blog/wp-content/uploads/2009/11/mural-diego-rivera.jpg

En este mercado los pochteca intercambiaban sus bienes rescatados, domésticos y de lujo; aquí también los artesanos lapidarios y tratantes podían vender las joyas que habían elaborado en chalchíhuitl y otras piedras preciosas, y también aquí podían adquirir alguna de la materia prima para trabajar. Estos tratantes y artesanos del chalchíhuitl, estaban obligado a pagar parte de los artículos que comerciaban, los cuales se recogían como impuesto del mercado.

Sobre la variedad de productos que se ofrecían en el importante mercado de Tlaltelolco, Bernal Díaz del Castillo señala lo siguiente:

Digo esto porque a caballo nuestro capitán, con todos los más que tenían caballos, y la más parte de nuestros soldados muy apercibidos, fuimos al Tatelulco, e iban muchos caciques que el Montezuma envió para que nos acompañasen; y cuando llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirado de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían; y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando: cada género de mercaderías estaban por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías, esclavos y esclavas: digo que traían tantos a vender a aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, e traíanlos atados en unas varas largas, con collares a los pescuezos porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos.[140]

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Figura 55. Diversas mercaderías y bienes de prestigio ofrecidos por los pochteca en el mercado: plumas ricas, mantas tejidas, vestidos, pieles, joyas de oro y sartales de chalchihuites. Códice Florentino.

Así pues, la clase dirigente mexica podía acudir a este importante mercado a adquirir los valiosos artículos de chalchíhuitl y demás bienes de prestigio y lujo, que les eran necesarios para indicar sus diferencias de rangos y jerarquías dentro de la sociedad, y para cumplir con los rituales y ofrecimientos que la religión mexica les exigía; aquí podían adquirir todos estos artículos fácil y directamente de manos de los traficantes, los tratantes y los artesanos que comerciaban y elaboraban estas joyas.

Como vimos el tráfico exterior y el intercambio mercantil, junto con el sistema tributario, tenían una importancia primordial en el Estado Mexica para la obtención de valiosos y diversos bienes alimenticios, enseres domésticos y artículos de prestigio, como los chalchihuites, indispensables para ser utilizados en el ritual; en las ofrendas y como distintivo de rango social y económico de la clase dirigente.

El tráfico y el intercambio mercantil permitían la circulación y la redistribución de los bienes al interior del Imperio Mexica y en los mercados y provincias donde se intercambiaban los bienes de la región; al exterior en los importantes puertos de intercambio, a donde llegaban, se intercambiaban y comerciaban los bienes de la región y los procedentes de otras partes mas allá de los alcances del Imperio.

A manera de resumen, se elaboró el siguiente cuadro donde sugerimos el posible proceso mediante el cual, la piedra verde, en forma de materia prima y de objetos trabajados se obtenía, circulaba y se redistribuía en el Imperio mexica, desde sus fuentes de abastecimiento, pasando por los pueblos y provincias sujetos, amigos y aliados, hasta llegar al máximo representante mexica, el tlatoani Motecuhzoma Xocoyotzin, de cuyas manos saldrían estos bienes para satisfacer las necesidades del Estado y la clase dirigente mexica, perteneciente a la realeza, la nobleza, y los dedicados a la milicia, el comercio y el sacerdocio.

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Figura 56. Posible proceso de obtención, circulación, redistribución y uso de la piedra verde chalchihuitl, en forma de materia prima y objetos elaborados en el Imperio Mexica.

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