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Ética y propiedad intelectual desde una perspectiva cubana

Enviado por Nadia Alvarez

Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. Protección de la propiedad intelectual en Cuba
  3. Ámbito internacional de protección en materia de propiedad intelectual
  4. Experiencia cubana en el sector biotecnológico y la industria cultural. Generación del conocimiento y protección en materia de propiedad intelectual
  5. Bibliografía Consultada

¿Qué es la ética? ¿Qué dominios comprende? ¿Es ética la apropiación del conocimiento y en alguna medida lo es la existencia de la propiedad intelectual en su sentido más amplio?

"Ética, del griego ethos significa costumbre, una de las disciplinas teóricas más antiguas, cuyo objeto de estudio es la moral. La ética surge en el periodo de establecimiento del régimen esclavista, disociándose de la conciencia moral espontánea de la sociedad como una de las principales partes integrantes de la filosofía, como ciencia "practica" de cómo se debe proceder, a diferencia del saber puramente teórico sobre la realidad. Posteriormente la ética misma se divide en los campos teórico y práctico, en ética filosófica y ética normativa.

La contraposición tradicional entre la teórica y la práctica en la historia de la ética, también obstaculizaba la solución de su problema fundamental. El de la fuente y la base de las ideas morales. De ordinario, la moral se deducía de un principio extrahistórico- Dios, naturaleza del hombre o leyes del cosmos (naturalismo, ética teológica)- de algún principio apriorístico o idea absoluta en autodesarrollo (Kant o Hegel) o de cierta autoridad (ética aprobativa).

Únicamente el marxismo, que supera por completo la contraposición entre la teoría y la práctica, esclareciendo la naturaleza socio-histórica de la moral y de la ética, permite deducir científicamente las ideas morales de los modos de producción en desarrollo histórico, de los tipos de vida social, que sustituyen con carácter lógico unos a otros, y del progreso de la cultura material y espiritual de la sociedad. El materialismo dialéctico, asimismo, logra esclarecer la naturaleza de la moral y su lugar en la vida social y la especificidad del reflejo del ser social en la conciencia moral.

Los principios morales no se establecen por ciertos filósofos, partidarios de una u otra corriente, sino que se forman en el proceso de la práctica social, reflejando la experiencia atesorada por muchas generaciones, por todo el pueblo y las distintas clases. La ética marxista analiza también la naturaleza y el mecanismo de acción de la moral y la investiga como aspecto de la actividad social del hombre.[1]

La vinculación estrecha entre ética y política fue reconocida tempranamente por los filósofos griegos. De tal modo, se hizo patente la necesidad insoslayable de abordar el estudio de la determinante influencia del poder en materia de ética.

¿Y qué es el poder? Una de los rasgos esenciales del poder, tal como lo entendemos corrientemente hoy día, es su ejercicio por parte del Estado. Y cuando se habla de los rasgos esenciales del Estado, se alude a aquellos elementos que lo tipifican, que lo caracterizan y que por ello sirven para distinguirlo, tanto de la sociedad prepolítica, gentilicia, como de otros entes políticos de la sociedad, como pueden ser, por ejemplo, los partidos políticos u organizaciones sociales más o menos influyentes en la vida política.

"Cuando aludimos al poder público político, debemos dejar sentado que el Estado se caracteriza por tener poder. Algunas autores han querido establecer una diferencia entre la comunidad primitiva y las posteriores sociedades políticas y al respecto han dicho que en aquellas viejas sociedades no había poder. Esto, evidentemente es falso, y su error deriva de una mala conceptuación del poder. En aquellas sociedades había un poder, y posiblemente de gran entidad, de mucha fuerza, solo que ese poder se basaba en la aquiescencia de toda la congregación social; no se apoyaba en mecanismos o instrumentos de fuerza situados por encima de la sociedad y no suponía el avasallamiento de un parte de la sociedad por otra, es decir, no tenía nada que ver con las desigualdades sociales que aparecieron más tarde.

Cuando hablamos de poder estamos aludiendo a la capacidad que se tenga para imponer a otro u otros determinadas decisiones, hacerlos observar determinadas conductas, seguir y cumplir órdenes y determinaciones.

El poder estatal es exactamente un poder político, lo que quiere decir que es un poder dirigido a arbitrar en relación con asuntos políticos, con asuntos que atañen a la vida política, y por ello a la sociedad en que se imponen diferencias políticas, lo cual es tanto como decir, diferencias económicas, sociales, culturales y espirituales derivados de su división en clases."[2]

El poder está referido siempre a una relación entre hombres o entre grupos de hombres, unos que mandan y otros que obedecen: de ahí surge el concepto general de poder, como relación de mando y obediencia"[3]

Una parte muy importante de la lucha revolucionaria, que justamente corresponde al período que estamos viviendo ahora con mucha intensidad, consiste en "desmistificar los conceptos". Una prueba histórica de la lucha que es necesario librar para esclarecer conceptos y despojarlos de las valoraciones sesgadas que de ellos ha hecho el poder, dueño de los medios de formación de conciencia en las sociedades de mercado, es que la declaración del carácter socialista de la revolución cubana, no fue posible hacerla hasta el 16 de abril de 1961, pues ya otros se habían convenientemente encargado de popularizar como obra del diablo, a la revolución socialista soviética.

Si hay algún rasgo del marxismo, del materialismo dialéctico, de la doctrina socialista en general y de todos los programas genuinamente revolucionarios de la historia contemporánea, que ha sido profusamente divulgado y es del conocimiento de incluso las personas aparentemente menos informadas políticamente, es su énfasis en la eliminación de la propiedad privada. La afirmación de que "la propiedad es el robo", atribuida a Carlos Marx (no sé si fielmente o no), es una de las "consignas radicales" que más ha sido utilizada en la propaganda pro-capitalista y contrarrevolucionaria. De igual modo ha sido manipulada la afirmación marxista de que "la religión es el opio de los pueblos", aislándola del contexto en el cual fue escrita esta frase y desvinculándola de su entorno histórico-social, para apartar a las masas de personas que profesan cualquier religión, de las ideas y los propósitos revolucionarios.

Cuando los revolucionarios hablamos del carácter inmoral –según una moral revolucionaria— de la propiedad privada, estamos refiriéndonos específicamente a la propiedad de los medios de producción y a su utilización como instrumentos de explotación del hombre por el hombre. El rechazo moral de los revolucionarios se hace manifiesto contra el ejercicio del poder económico que conduce a que los propietarios de medios de producción, apenas sin trabajar, vivan a costa del trabajo de los proletarios, o en general de quienes producen la riqueza de la cual ellos se apropian. La revolución se hace, primariamente, contra el poder político que sustenta y codifica en normas jurídicas este "derecho" de propiedad, que está en la base de toda la explotación capitalista.

Fuera de toda consideración dentro de la doctrina socialista, queda la propiedad personal que no tiene destino productivo ni tiene influencia determinante en las formas de distribución de las riquezas. Así, algunos se asombran al conocer que en Cuba, país cuyo pueblo está empeñado en la construcción de una sociedad socialista desde hace casi medio siglo, la propiedad (por ejemplo) de las casas de vivienda, después de la Ley de Reforma Urbana, puesta en vigor desde el principio de la revolución, esté casi totalmente en manos privadas, de las propias personas que habitan estas viviendas. El asombro sube de tono cuando se conoce que la propiedad de las tierras agrícolas, lejos de concentrarse en manos del estado socialista cubano, se ha multiplicado y está básicamente en manos privadas, de los agricultores que trabajan la tierra.

Pero la propaganda contrarrevolucionaria ha llegado a extremos increíbles en el uso avieso y descontextualizado de lo que se supone "el dogma marxista" del odio y el combate feroz contra todo tipo de propiedad. Así, es famoso el desencadenamiento de la campaña artificiosa y cuidadosamente elaborada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, con la connivencia de determinados sectores de la iglesia católica, que dio por cierta la inminente puesta en vigor de una Ley contra la Patria Potestad, mediante la conocida "Operación Peter Pan" que condujo a la emigración de varios millares de niños y niñas cubanos a territorio norteamericano durante la década de 1960, ante el temor de que el Estado Revolucionario se "adueñara" de la "propiedad" de los niños.

La propiedad intelectual, con toda su complejidad técnica, es objeto de un cuidadoso análisis por parte de los revolucionarios y especialistas honestos del mundo entero. Nuestra guía doctrinaria, flexible, circunstanciada y científicamente fundamentada, para navegar dentro de la complicada madeja que han ido tejiendo las sociedades de mercado que nos rodean por todas partes, es la ética del trabajo. Ése pudiera ser un rasgo distintivo que nos diferencia de los reformistas, los populistas y toda la fauna de auxiliares ideológicos del capitalismo neoliberal. Nadie tendrá derecho, en el Mundo Mejor que construimos, en las sociedades socialistas que florecerán en el Siglo XXI, a vivir de la explotación del trabajo ajeno. En esto vamos del brazo marxistas y no marxistas, religiosos y ateos.

"Del ingenio humano nacen las obras de arte y de invención. Esas obras garantizan a los hombres la dignidad de la vida. El estado tiene el deber de proteger las artes y las invenciones".

Estas palabras fueron pronunciadas por el Sr. Arpad Bosch, Ex Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y rezan en la entrada del edificio principal de la sede de la organización en Ginebra. Destacan de manera especial, la importancia cultural, social y económica de la protección "eficaz" de la propiedad intelectual.

Nos preguntamos: ¿esta idea continúa siendo el interés fundamental de las naciones a la hora de proteger los derechos de propiedad intelectual?. ¿Hasta dónde están siendo manipulados y tergiversados estos derechos en manos en buena medida de las grandes trasnacionales, titulares de derechos de propiedad intelectual en su mayoría, y que han impuesto sus reglas y obligado al resto a acatarlas?

La vida del hombre ha estado marcada desde siempre por las invenciones y la creación intelectual, desde el descubrimiento del hierro, de la rueda, la imprenta, hasta la llegada de la revolución industrial que marcó un hito en la era moderna y transformó económica, política y socialmente al mundo. Y ya en nuestros días esto ha sido así gracias a la biotecnología, las nuevas tecnologías de la información, la informática, las telecomunicaciones, que han dado lugar al nacimiento de la llamada "sociedad de la información". Más recientemente INTERNET ha puesto en evidencia hasta dónde puede llegar la diferencia y la expoliación. ¿Cómo pretender armonizar las normas en este mundo cada vez más desigual? ¿Cómo hablar de nuevas tecnologías, red de redes, en países en que apenas alcanzan los recursos para sobrevivir, y donde la esperanza de vida no rebasa los 30 años y dónde la muerte es algo tan natural, que apenas alcanzamos a entenderla y mucho menos a cuestionarla?

La propiedad intelectual desde su surgimiento mismo se ha visto desafiada por la tecnología. Este desafío ha influido en su desarrollo y evolución y ha dejado su huella indeleble en el Derecho en esta materia. Pero, ¿es hoy día el sistema de propiedad intelectual una respuesta e incentivo a la búsqueda del conocimiento y a su generación?

La propiedad intelectual ha tenido siempre más que ver con la tecnología que con la ciencia, entendida la tecnología como la aplicación práctica de la ciencia, con fines de lucro por parte de los poseedores de los medios de producción. La ciencia y la información científica han disfrutado siempre de un carácter más libre. Es la información tecnológica la que es objeto preferentemente de limitaciones de tipo comercial y se ve sujeta a derechos de propiedad.

Cada vez resulta más difícil mantener el carácter exclusivo de la propiedad sobre la información. La información, igual que la fuerza de trabajo, es un bien que se resiste a ser convertido en mercancía, debido a sus propiedades intrínsecas. La fuerza de trabajo es la "mercancía" más paradójica que se pueda imaginar. Su "valor de uso" consiste en que es capaz de crear valor (valor de uso y de cambio). Su conversión en mercancía dio como resultado la aparición de las clases trabajadoras y en particular del proletariado, que es el sepulturero de la sociedad mercantil. Tan paradójica como la fuerza de trabajo en sus propiedades como "mercancía", es la información. Debemos pensar que es un bien cuya posesión no pierde el "propietario" ni siquiera cuando la transmite; es decir, no se pierde aunque se venda. En mi opinión, la llamada "sociedad de la información", en la que la información es la mercancía insignia, anuncia el fin de toda sociedad mercantil.

Las razones que tradicionalmente se esgrimen para proteger jurídicamente los derechos de propiedad intelectual, son varias y de diversa índole, entendida la propiedad intelectual en sus dos ramas fundamentales: el derecho de autor y la propiedad industrial.

Dentro de esas razones que indican la necesidad de protección en este campo, podemos señalar dos de las más importantes y esgrimidas. La primera: un reconocimiento legal expreso de los derechos legales y patrimoniales de los inventores, artistas, compositores, autores, productores, innovadores, creadores en sentido general, sobre sus creaciones. La segunda de estas motivaciones, viene dada por el hecho de promover e incentivar adecuadamente la creatividad y la correcta difusión y explotación de sus resultados, aspectos a los que no escapa el sector de la cultura. ¿Es esencialmente esto cierto?

Es necesario hacer un alto en este devenir y precisar en primer lugar, que la ética a la que nos referíamos inicialmente, forma parte de la cultura, y cabe preguntarse de ¿qué cultura estamos hablando en nuestros países, donde las grandes masas desposeídas alcanzan en su mayoría a ser analfabetos funcionales, y mueren sin apenas aprender a leer o escribir. No cabe la menor duda que hablamos en su generalidad de una cultura de elite. Sin embago, la situación es bien distinta cuando la inteligencia y la creación intelectual son utilizadas con fines sociales, y no en interés de las pequeñas minorías y de las grandes trasnacionales, en manos de las cuales se encuentran las riquezas.

El siglo XX hizo del comercio un fenómeno en constante desarrollo, las diferentes formas de asociación económica inundaron el mundo y la oferta de productos y servicios aumentó día tras día, incidencia a la que el producto cultural y la creación intelectual de forma general no ha podido escapar, por lo que nos hemos vistos compelidos a buscar dentro de ese marco el modo y los medios que permitan la protección de nuestra creación intelectual en su sentido más amplio, que incluye tanto a las obras artísticas como científicas, y que garanticen su inserción en el comercio, de la forma más acertada y segura.

No podemos olvidar que vivimos en un mundo de clases, que tenemos un enemigo común contra el que debemos luchar y luchamos, y es nuestro deber moral hacerlo, pero debemos saber enfrentarlo adecuadamente y hacerlo desde sus propias entrañas. El hecho de que seamos una minoría los países donde el pueblo dispone del poder, nos reta y nos compromete a enfrentar desde una nueva perspectiva a nuestro enemigo común, y multiplicar nuestra obra.

Pero esa lucha no es esencialmente contra el sistema de patentes, o de propiedad intelectual en su acepción más amplia, sino que va más allá y es una lucha contra el sistema social y contra la forma de propiedad capitalista en que se genera el conocimiento científico y la creación intelectual. La muestra más cercana de ello, es la experiencia cubana en la materia y de manera particular en el sector biotecnológico, y en la política cultural a lo que nos referiremos más adelante.

La protección de la propiedad intelectual en Cuba, data de fecha tan remota como el año 1833, con la puesta en vigor del Real Decreto de 30 de julio, que hacía extensiva a Cuba la normativa española y el Real Decreto de 21 de agosto de 1884, en igual sentido. Queda claro que el tal Real Decreto no es otra cosa que una normativa impuesta por el régimen colonial a una de sus posesiones de ultramar.

La primera norma cubana, es el Decreto Ley 805 de 4 de abril de 1936, que se mantuvo en vigor hasta el año 1983, con algunas modificaciones que le fueron introducidas por las primeras leyes revolucionarias. Todas estas normas se sustentan en la tradición romana francesa, la que constituye la base de nuestro ordenamiento jurídico.

En la Cuba revolucionaria de hoy las instituciones encargadas de la protección de la propiedad intelectual son: el Centro Nacional de Derecho de Autor (CENDA) subordinado al Ministerio de Cultura, creado por el Decreto 20 de 21 de febrero de 1978 y la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI) subordinada al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Esta última tiene su antecedente más remoto en 1833, con la creación de las Intendencias Provinciales, y que evolucionó de la siguiente forma: en 1949, Dirección de Propiedad Industrial del Ministerio de Comercio, en 1961, Dirección de Propiedad Industrial en el Departamento Jurídico del Ministerio de Industrias hasta llegar a la institución actual, que fuera renombrada en 1997.

En el plano internacional, es de destacar que Cuba es miembro de casi todos los tratados administrados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Estos son:

  • CONVENIO DE PARÍS PARA LA PROTECCIÓN DE LA PROPIEDAD INDUSTRIAL.

  • CONVENIO DE BERNA PARA LA PROTECCIÓN DE LAS OBRAS LITERARIAS Y ARTÍSTICAS.

  • ARREGLO DE MADRID RELATIVO A LA REPRESIÓN DE LAS INDICACIONES DE PROCEDENCIA FALSAS O ENGAÑOSAS EN LOS PRODUCTOS.

  • TRATADO DE NAIROBI PARA LA PROTECCIÓN DEL SÍMBOLO OLÍMPICO.

  • TRATADO DE COOPERACIÓN EN MATERIA DE PATENTES.

  • TRATADO DE BUDAPEST SOBRE EL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL DEL DEPÓSITO DE MICROORGANISMOS.

  • ARREGLO DE MADRID PARA EL REGISTRO INTERNACIONAL DE MARCAS y PROTOCOLO DEL ARREGLO DE MADRID RELATIVO AL REGISTRO INTERNACIONAL DE MARCAS.

  • ARREGLO DE LISBOA RELATIVO A LA PROTECCIÓN DE LAS DENOMINACIONES DE ORIGEN Y SU REGISTRO INTERNACIONAL.

  • ARREGLO DE ESTRASBURGO RELATIVO A LA CLASIFICACIÓN DE PATENTES.

  • ARREGLO DE NIZA RELATIVO A LA CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE PRODUCTOS Y SERVICIOS PARA EL REGISTRO DE MARCAS.

  • ARREGLO DE VIENA RELATIVO A LA CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE ELEMENTOS FIGURATIVOS DE LAS MARCAS.

  • ARREGLO DE LOCARNO RELATIVO A LA CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE DIBUJOS Y MODELOS INDUSTRIALES.

Cuba es firmante, también, del Tratado sobre el Derecho de Marcas y del Tratado sobre el Derecho de Patentes.

Cuba es, además, miembro fundador de la Organización Mundial del Comercio desde abril de 1995, y desde entonces se comenzaron a dar los primeros pasos para adecuar la legislación nacional a los estándares mínimos establecidos en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre los ADPIC).

Ahora, cabría hacerse la siguiente pregunta ¿por qué Cuba es miembro de la Organización Mundial del Comercio desde su creación misma, si la voluntad y práctica política de su máxima dirección por más de 50 años es contraria al dominio que significa la existencia de un mundo unipolar y justamente esa organización nació bajo la hegemonía de ese dominio.

"...es casi imposible medir el daño ocasionado a esos países (subdesarrollados) por el tipo de relaciones comerciales que, a través de los senderos sinuosos de la OMC y los tratados de libre comercio, se imponen a los países pobres, incapaces de competir con la tecnología sofisticada, el monopolio casi total de la propiedad intelectual y los inmensos recursos financieros de los países ricos."[4]

No debe olvidarse que la incorporación de los temas de propiedad intelectual en las rondas de negociaciones que dieron lugar a la OMC, fueron llevados allí a propuesta de Estados Unidos y Japón, imponiendo reglas y obligando al mundo a acatarlas.

La razón fundamental y de orden práctica suponía que al no formar parte de la Organización Mundial del Comercio, nos estábamos aislando y quedando fuera de todos los circuitos comerciales principales del mundo, y "no formar parte y acatar" las reglas del juego que estaban imponiéndose desde el imperio mismo al resto del mundo y que todos de una forma u otro estábamos obligados a cumplir, significaría algo así como además de no tener que comer iniciar voluntariamente una huelga de hambre. Paralelamente, nuestra fuente de comercio fundamental hasta ese momento, el campo socialista, había desaparecido, estábamos de hecho doblemente bloqueados.

La vida luego demostró que llevábamos razón: entramos en el momento oportuno. En el propio seno del Acuerdo sobre los ADPIC, los países que no se incorporaron inicialmente se vieron obligados a acatar las disposiciones del acuerdo sin "plazos de gracia", que nos fueron dados a los países en desarrollo hasta el año 2000 para adecuar la legislación. Eso hubiese sido imposible de cumplir para Cuba, y las reglas del juego hubiesen sido otras.

En el caso más especifico de la propiedad industrial, una manifestación evidente de la necesidad de romper con el monopolio absoluto que suponen los derechos en esta materia, o buscar vías alternativas que faciliten una decisión justa y equitativa, fue el debate que se desarrolló en el marco del Consejo de los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrado en el Centro Wiliam Rappard, durante la sesión del Consejo de los días del 18 al 22 de junio de 2001[5]y que se mantuvo en discusión en las siguientes sesiones hasta llegar a un acuerdo histórico para la OMC, según dijo el Director General de esta organización. "La pieza que faltaba viene a completar el rompecabezas, con lo cual los países más pobres podrán utilizar al máximo la flexibilidad prevista en las normas de propiedad intelectual de la OMC a fin de luchar contra enfermedades que causan terribles estragos a sus pueblos".[6] La discusión estuvo centrada en cuestiones de propiedad intelectual pertinentes para el acceso a los medicamentos, y que fuera el resultado de una petición de Zimbabwe a nombre del Grupo Africano, con vistas a producir un debate especial sobre el mismo. En las declaraciones que hiciera Zimbabwe a nombre del referido grupo, se hace constar y cito:

"Hace dos semanas la atención del mundo se concentró en el Camposanto de los Héroes en Sudáfrica donde estaba enterrado el joven Nkosi Jonson. El joven Nkosi se había convertido de una manera especial, en la personificación de la suerte de millones de personas que habían fallecido y de millones más que esperaban la muerte a causa del VIH/SIDA. De hecho, el joven Nkosi nos recordaba la suerte de millones de niños huérfanos a causa del SIDA y de muchos que no celebrarán su quinto cumpleaños; de familias privadas de la fuente de su sustento y de sociedades privadas de su futuro debido al flagelo del VIH/SIDA y otras enfermedades que amenazan a la vida".

Hemos enunciado este asunto, porque nos puede dar la medida de hasta donde puede llegar el nivel de absurdo y tergiversación de la propiedad intelectual, si no somos capaces de establecer límites y tener en cuenta los patrones morales y éticos que la decencia exigen. Los grandes monopolios farmacéuticos vieron una vez más en la enfermedad un negocio y en la patente el medio que le ofrece el derecho concedido para privar al resto del uso de un medicamento que sin su autorización no podría ser fabricado ni comercializado. Que tendría, además, precios monopólicos que establecería el mercado y no la necesidad y urgencia de paliar un desastre de proporciones cada vez más alarmantes que está afectando al mundo, pero por supuesto de manera muy especial a los países menos adelantados, y con ellos en primer plano al saqueado y desbastado continente africano.

En este caso el debate en el seno del referido Consejo de los ADPIC, estaba centrado en tratar de buscar desde la perspectiva del Acuerdo, una solución al tema en la letra del propio compromiso. Se invocaba el artículo 7, en tanto disposición fundamental a la hora de su interpretación, en la medida que prescribe "que la protección y la observancia de los derechos de propiedad intelectual deberán contribuir a la promoción de la innovación tecnológica y a la transferencia y difusión de tecnología, en beneficio recíproco de los productores y de los usuarios de conocimientos tecnológicos y de modo que favorezcan el bienestar social y económico y el equilibrio de derechos y obligaciones".[7]

Con respecto a la salud pública, la protección de los derechos de propiedad intelectual, en particular de las patentes, debe estimular la producción de nuevos medicamentos y la transferencia internacional de tecnología para promover el desarrollo de capacidades de fabricación de las compañías farmacéuticas sin políticas que repriman el acceso a los medicamentos.

El análisis se concentró en la legitimidad de una institución que rige en materia de propiedad intelectual y que es la de las licencias obligatorias, que constituyen un instrumento esencial para llevar a cabo políticas eficaces de salud pública. Aquí medió la excepción que establecen desde el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial, el Acuerdo sobre los ADPIC, y las legislaciones nacionales en la materia, en cuanto al uso de licencias para frenar las prácticas anticompetitivas y contrarrestar los abusos de los derechos de propiedad intelectual justamente, en evitar los abusos debemos concentrar nuestra atención y esfuerzos.

Hoy en día, a diferencia de un siglo atrás, el producto del trabajo creativo, está fuertemente controlado y en manos de las grandes corporaciones. Esta realidad incluye tanto la creación que involucra derechos de propiedad industrial, en sus diferentes modalidades y con una mayor incidencia en el sector de las invenciones, fundamentalmente en el sector farmacéutico, biotecnológico, así como de los signos distintivos, donde no escapa ningún sector de la economía mundial. Hoy día una marca notoria o renombranda puede amparar ventas cuantiosas de un producto de calidad dudosa. Una buen estrategia marcaria y de publicidad puede hacer maravillas en el mundo actualmente.

A esta realidad no escapa el derecho de autor, donde el creador individual ha quedado marginado y en manos de las grandes editoriales, galerías de arte, industria discográfica, fílmica, y cualquier rama del quehacer cultural. En esta situación, los países subdesarrollados llevan la peor parte, pues se le imponen desde el Norte modelos culturales globalizados y estandarizados que deben ser consumidos y apropiados como parte de la Gran Cultura Mediática. En ello juegan un papel primordial los medios masivos de información, también en manos de los grandes grupos de poder del mundo y que manipulan a su antojo.

En una economía del conocimiento, cualquier contenido que sea producto de la manipulación digital de datos es considerado propiedad intelectual. Técnicamente hablando, incluso un mensaje de correo electrónico puede calificar para ser sujeto de protección de la Propiedad Intelectual.

El Doctor Agustín Lage, Director del Centro de Inmunología Molecular, centro que forma parte del Polo Científico del Oeste de La Habana, en Cuba, en su ponencia "La economía del conocimiento y el socialismo: Reflexiones a partir de la experiencia de la Biotecnología Cubana"[8], expresó (y cito): "Es que en la construcción de una economía basada en el conocimiento se hace cada vez más evidente el fallo de los mecanismos de mercado y la contradicción propia del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación, contradicción que solamente el Socialismo podrá superar".

Algunos datos testimonian que en el momento actual existen más de 3000 empresas biotecnológicas en el mundo, la mitad de ellas localizadas en Estados Unidos, y aproximadamente otra mitad en Europa, fundamentalmente en Inglaterra y Alemania.

Sin embargo, una vez más se impuso la clara visión y conducción de Fidel que dio lugar en 1981 a la creación del Frente Biológico, que supuso un proceso de fundación de Centros de Investigación-Producción que abarcó la década de los 80 y la primera mitad de los 90, y que dio origen a lo que es hoy el Polo Científico del Oeste de la Capital. No fue por casualidad que en fecha tan temprana como el año 1960, Fidel expresará: "El futuro de nuestra patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia".

De igual forma afirmaría en el año 1963: "La revolución social se hizo precisamente, para hacer la otra revolución: la revolución técnica".

Cualquiera se preguntaría qué hace Cuba, precisamente en medio del llamado "Período Especial", momento crucial en la vida de la Revolución, cuando éramos bloqueados doblemente, dando lugar al nacimiento de un sector privilegiado y exclusivo del mundo desarrollado.

"La Biotecnología Cubana surge además como una inversión del Estado Socialista, sin acudir a la inversión extranjera (por demás no disponible en ese momento) y defendiendo todo el tiempo la propiedad social sobre sus activos tangibles. Surge y se desarrolla, en fin, contra todas las recetas y todas las probabilidades que los analistas de la biotecnología en otros países podrían haber establecido". [9]

"La actividad exportadora del Polo Científico financia el componente en divisas de las producciones que se destinan al Sistema de Salud cubano, y ello permite no darle carácter "de mercado" a las relaciones entre los Centros de la Biotecnología y el Sistema de Salud. Ello refleja un concepto ideológico muy importante: el Pueblo Cubano no es "un cliente". Todo lo contrario: el Pueblo Cubano es el dueño socialista de las instituciones, y como dueño se le sirve". [10]

No es difícil de explicar y creo que esa es la esencia de la diferencia de la situación en Cuba, la forma de apropiación del conocimiento y de la creación de bienes intangibles, de los cuales el titular principal es el estado cubano, o las personas jurídicas que generan esas creaciones y que en última instancia está dirigido al beneficio colectivo del pueblo cubano.

El asunto es complejo y va desde mantener una doble visión:

"Ciertamente hay una complejidad inherente al mantenimiento de relaciones de mercado hacia el exterior, y relaciones de distribución socialista hacia el interior; pero es precisamente una complejidad que tenemos que aprender a manejar, pues ella contiene la semilla de una forma superior de distribución comunista de los resultados de la inversión social en ciencia y tecnología, semilla que hay que hacer germinar, y que algún día, en la medida en que se vayan obteniendo términos justos de intercambio y relaciones de solidaridad, se irá extendiendo a las relaciones con otros países del Tercer Mundo. La cooperación en salud (que incluye el suministro de medicamentos y algunos productos biotecnológicos) con la Republica Bolivariana de Venezuela, ya comienza a anticipar ese futuro al que aspiramos".[11]

El mundo está lejos de lograr establecer formas socialistas de intercambio. Sin embargo, la experiencia en el intercambio entre nuestros pueblos: Cuba y Venezuela, está sentando las pautas de que un mundo mejor es posible y se irán imponiendo formas de cooperación Sur-Sur, que irán marcando el camino, e incorporando a otros países del tercer mundo y en especial de nuestra América.

Por otra parte, el resultado científico que se genera en un centro de investigación y desarrollo en Cuba, es el resultado de un trabajo colectivo, en el que incluso pueden intervenir diferentes centros de investigación y que en el caso de la propiedad intelectual que se genera deriva en el registro de una patente. Pero el titular de esa patente es una entidad pública que representa intereses públicos, de su pueblo, y no privados, ni en manos de gigantescas compañías farmacéuticas, ni de la llamada industria cultural, o de cualquier sector industrial. El uso y la forma en que se explota ese resultado es con fines colectivos, y no genera un conocimiento en manos de unos cuantos poseedores de riquezas, y de bienes para invertir en la investigación. Es el Estado cubano quien crea los medios y dispone de los recursos para esos fines. Todo ello sin desconocer el derecho moral del autor, y en el caso que corresponda, los derechos patrimoniales.

"El sistema de la Biotecnología Cubana fue desde sus inicios precisamente eso: un sistema. Cohesionado por la propiedad social y en función de los intereses del "dueño" común que es el Pueblo Cubano, representado por el Estado Socialista, el sistema prioriza la cooperación (e integración) entre sus instituciones, y no la competencia".[12]

Otro tanto ocurre en el sector artístico. Cuba dispone cada vez de más recursos para fomentar la creación artística a todos los niveles y en todos los lugares, por recónditos que parezcan. Los programas televisivos de Universidad Para Todos, son un ejemplo de la utilización de los medios masivos en el empeño por universalizar la enseñanza universitaria en Cuba. La creación de dos canales de televisión educativa que trasmiten información actualizada y variada busca elevar la cultura general integral de las grandes masas. Pero esta acción multiplicadora comenzó desde el momento mismo del triunfo de la revolución con la campaña por la erradicación del analfabetismo, que llevó a Cuba a partir de un 24% de analfabetos y 45% de su población con escolarización primaria, a ser una nación con un nivel escolar mínimo de noveno grado, con la mayor densidad del mundo en instructores de arte, con un índice de científicos por habitante cercano al de las naciones más industrializadas, que crea y exporta productos de la biotecnología, varios de los cuales son únicos. Y todo esto en un tiempo histórico increíblemente corto.

Y esa experiencia ha sido justamente multiplicada aún más en Venezuela y ha comenzado a extenderse a otros países del continente. Sin embargo otra cosa hubiese sido, si Cuba hubiese exigido que se le pagará por el know how y el conocimiento adquirido para llevar a cabo obras como esas.

Hoy día es imposible sobrevivir como individuo y por ende como país sin conocimiento. "El conocimiento es poder", dice un manido slogan popular, sin embargo, lo que hay que saber es en manos de quién está ese poder (conocimiento) y cómo servirnos de él en bienestar de la humanidad.

Aquí hay una idea atractiva: ¿qué es lo primero, el poder o el conocimiento? El que tiene el poder se hace con el conocimiento o es al revés? ¿Cuál es la experiencia histórica? ¿Los colonialistas eran más sabios que los pueblos originales de nuestra América? Creo que en lo único que eran más "sabios" era en materia bélica; es decir, poseían tecnología militar que nuestros indios desconocían. Por eso triunfaron en la guerra de conquista. Después, aquellos ignorantes conquistadores nos convirtieron a nosotros en ignorantes, borraron nuestra cultura, nuestros dioses, nuestras tradiciones y nuestras ciencias. La cosa curiosa es que ahora tenemos posibilidad de comenzar a saber cosas que nos liberan, podemos apoderarnos nosotros de tecnologías (de la comunicación, de la información) que van a hacer imposible que nos continúen explotando.

Esa concepción integradora y multiplicadora se extiende fuera de los límites de la creación científica y en particular del sector de la Biotecnología, y abarca conexiones con instituciones de la Salud Pública, la Agricultura, la Educación Superior y otras, y se expande más allá involucrando en muchos casos la creación artística en sus diferentes órdenes.

Nuestra ideología socialista, en la que hemos sido formados varias generaciones de cubanos, rechaza las relaciones de mercado y la competencia en busca de lucro, sobre bases éticas y morales, por considerarlos generadores de desigualdades e injusticia social.

Por otra parte, no puede soslayarse en nuestra vida cotidiana, que la celeridad a la que se generan nuevos conocimientos en los sectores de alta tecnología, sobrepasa la presteza con la que se están examinando las consecuencias de cada nuevo conocimiento generado o de cada tecnología concebida en campos e instituciones diferentes a aquellos en los que surgió. Especial ejemplo lo constituyen la biotecnología, la informática y las nuevas tecnologías de la información.

Es justamente en este entorno donde hay que cuestionarse hasta dónde nos pueden llevar las barreras que están representado hoy día los derechos de propiedad intelectual en su sentido amplio.

Por otro lado, las nuevas tecnologías, facilitan que los conglomerados culturales y de la información que existen en el mundo, que hasta el momento dieran pasos arrolladores en pos de un control monopolístico de los derechos creativos e intelectuales, tengan en sus manos los mecanismos tecnológicos para hacer que este control se ejerza de forma más efectiva y abarcadora y en dimensiones universales.

En el mundo que tenemos hoy ante nuestros ojos se aprecian, en primer término un alto desarrollo tecnológico que incide en todas las aristas del desarrollo humano, donde incluimos a la creación intelectual, y en segundo término la existencia de pocos conglomerados culturales que ostentan controles monopólicos sobre los derechos de propiedad de casi todas las creaciones artísticas del pasado y del presente, convirtiéndose en los titulares de estos. El otrora concepto favorable del derecho de autor se está convirtiendo en un medio de control de los derechos creativos por parte de un número reducido de industrias culturales. El sistema de derechos de autor, que ha tenido como uno de sus objetivos brindar una recompensa justa a los creadores, está siendo alejado de la creación para ser introducido en el mundo de los grandes negocios, teniendo el creador que ser muy cauto para evitar que una industria cultural le arrebate el trabajo realizado, utilizando contra él mecanismos jurídicos o imponiéndole el precio de licencias leoninas.

En la ponencia "Originalidad Dudosa" presentada en el II Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, Joost Smiers[13]refiere (y cito): "El otrora concepto del copyright se está convirtiendo en un medio de control de los derechos creativos e intelectuales por parte de un número muy reducido de industrias culturales. No se trata de un mero ultraje de fácil solución. El control monopolístico de los derechos de autor está muy extendido." Y continúa diciendo: "La antropóloga canadiense y experta en temas de copyright Rosemary Coombe apunta que "en las culturas consumistas, la mayoría de cuadros, textos, motivos, etiquetas, logos, nombres comerciales, dibujos, melodías e incluso algunos colores y aromas están gobernados, sino controlados por regímenes de propiedad intelectual".[14]

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