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Los lineamientos teóricos de Max Horkheimer y Clifford Geertz.


Partes: 1, 2

  1. Lineamientos de Horkheimer
  2. Escuela interpretativa.
  3. Lineamientos de Clifford Geertz
  4. Escuela interpretativa
  5. Diferencias y similitudes
  6. Bibliografía

DETERMINACIÓN DE LOS LINEAMIENTOS TEÓRICOS DE LOS AUTORES Y LOS FUNDAMENTOS DE SU ESCUELA INTERPRETATIVA.

Palabras claves: teoría tradicional, teoría crítica, hipótesis, deducción, ciencias naturales, ciencias sociales, hipótesis auxiliares, praxis, teoría, unilateralidad científica, facticidades, praxis social, sociología,

divergencia, cultura, descripción densa, descripción superficial, datos, símbolos, semiótica, etnografía, estructuras de significación, acción simbólica, realidad superorgánica, cultura pública, signos, actos, contexto, acto imaginativo, imaginario, acción social, interpretación, antropología, etnografía, análisis

cultural, inferencia, inscripción, especificación.

I. Lineamientos de Horkheimer.

Horkheimer, en su artículo de 1937, Teoría Tradicional y Teoría Crítica2, establece para las Ciencias Sociales una distinción conceptual relevante en su lucha contra el Positivismo. Dicha concepción se orienta a una nueva definición del término de la teoría de las Ciencias Sociales.

En cuanto al lineamiento principal, Horkheimer trata de presentar una propuesta que implica que la teoría de los estudios sociales asuma los cambios, transformaciones y mutaciones de las sociedades avanzadas, una propuesta en cuanto a que la teorización social tratase de englobar y comprender en totalidad el desarrollo de las mismas. Para ello comprendió que los métodos de su época, los métodos tradicionales que tanto trataban de emular u homologar a las ciencias naturales o biológicas, quedaban obsolescentes. El desarrollo del capitalismo era, y es, abrumador, dominante y manipulador de las conciencias al punto de la alienación del los individuos. Siendo la pérdida de la conciencia el punto transformado al máximo. Dicho contexto hace necesario a que las Ciencias Humanas apliquen un nuevo método.

En ese sentido, plantea un cuestionamiento epistemológico, y trata de verificar que la ciencia de la ciencia social, estaba un tanto errada en sus enfoques. El conocimiento, y la diversificación y masificación del estudio social es evidente, siendo al mismo tiempo transformador de los procesos; siendo las causalidades cada vez más complejas. No por eso destruye lo tradicional, sólo plantea la discusión sobre la función social de la teoría. Ya que esta ultima debiera tener una función y un rol que trate se superar las injusticas y los conflictos sociales.

Además, su crítica apunta a que los modelos tradicionales anotan su pretensión de neutralidad. En esa lógica planteó que todo análisis o interpretación sobre la sociedad, es en sí ya es parte de esa sociedad, por tal es un elemento manifestado del objeto de estudio. No es un elemento "foráneo" y por tal razón se moldea, implícitamente, con las estructuras sociales, con las estructuras del objeto, y no puede permanecer como algo "puro". Tal como han tratado las ciencias biológicas y nomológicas.

Esquematizando:

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Según nuestro esquema, basado en la propuesta critica, el observador está influido por el mismo elemento observado. Tácitamente, los métodos y tipologías de enfoque son alterados por las estructuras humanas estudiadas.

En ese escenario, las definiciones de sus consideraciones, o bien disquisiciones, la primera de ellas apunta a la denominación de la Teoría Tradicional, la cual hace referencia, en términos escuetos, al conjunto de proposiciones cuya validez radica en su correspondencia con un objeto ya constituido previamente al acto de su representación. Esta separación radical entre el sujeto y el objeto del conocimiento convierte a la teoría en una actividad pura del pensamiento, y al teórico en un espectador desinteresado que se limita a describir al mundo "tal como es" o los hechos "tal como son". Tal idealismo teórico considera a su objeto de estudio como un conjunto de facticidades, y al sujeto como un elemento pasivo en el acto del conocimiento.

El mismo concepto tradicional de teoría, pero aplicado a los hechos históricos, propone una "estructura lógica" del saber histórico, planteando relaciones entre acontecimientos que son significativos, pero al mismo tiempo, procesos aislados y categóricos. Esta estructura similar a la teoría de la ciencia natural es en la que quiere operar la teoría tradicional.

En cuanto a la Teoría Crítica, plantea que la ciencia, como así también la realidad observada y estudiada, son un producto de la praxis social, lo cual significa que el sujeto y objeto de estudio, se encuentran preformados socialmente. Es decir, aquí el objeto no se encuentra

posicionado de forma natural, como tampoco el sujeto es un testigo pasivo de los hechos de su alrededor, sino que ambos, son producidos y derivados socialmente. Horkheimer lo plantea diciendo que "el mismo mundo que, para el individuo, es algo en sí presente, que él debe aceptar y considerar, es también, en la forma en que existe y persiste, producto de la praxis social general". En ese sentido, el rol fundamental del planteamiento crítico es preocuparse sobre las estructuras desde las que, tanto la realidad social como las teorías que buscan dar cuenta de ella, son construidas.

II. Escuela interpretativa.

«La verdadera función social de la filosofía reside en la crítica de lo establecido. La meta principal de esa crítica es impedir que los hombres se abandonen a aquellas

ideas y formas de conducta que la sociedad en su organización actual les dicta.»

Max Horkheimer.

Como sabemos, Horkheimer, es adscrito a la Escuela de Frankfurt la cual brotó como consecuencia del proceso histórico vivido en Europa a principios del siglo XX. Dicha corriente de pensadores, plantearon la necesidad de desarrollar una reflexión global o integral sobre los procesos que consolidaron la sociedad capitalista de Europa. En ese escenario, toma relevancia las consideraciones de la teoría social como ente que actúa y de desarrolla en ese proceso de consolidación. "De este modo, el Instituto de Investigación Social vendrá a devolver a la Filosofía y a la Ciencia Social su carácter de análisis crítico no sólo en relación a la teoría sino, también, a la praxis y a la conjunción histórica de ambas".3

La consideración de las contradicciones de la sociedad, y la presencia activa del dualismo racionalidad/irracionalidad, es sistema y es ruptura a la vez. El cuestionamiento a la filosofía Positivista es evidente, en el sentido de considerarla ciega con su racionalismo, que trataba de aparecerse como tal en una dimensión foránea a la realidad social, sin saber que todo estudio está mediado y moldeado por la misma sociedad que estudia. Por tales motivos, una sociología critica, debe serlo a la vez, critica de la sociedad.

Las aportaciones primordiales del pensamiento de la Escuela de Frankfurt, es básicamente una preocupación epistemológica y que también plantea una revisión metodológica. En ese sentido, Horkheimer basará la distinción básica de la Escuela entre razón crítica y razón instrumental, haciendo de aquella distinción el elemento primordial cuando se tengan que constituir y definir los focos de estudio e investigación social. Y en esa disputa a la vertiente positivista, que todo lo que miraba lo trataba de medir y cuantificar, toma primor el aspecto cualitativo en las consideraciones finales de cada investigación.

El Positivismo siempre acentuó el instrumentalismo de la razón, de lo cual ha resultado como instrumento de la dominación colectiva. Y en esa lógica de orden y progreso se han sustentado, según la línea crítica, la explotación del hombre, se han destruido las relaciones humanas y se ha destruido nuestro propio medio, en pos de la eficacia, progreso, evolución, por la mantención del orden, con el principio de ganancia de los más fuertes. Todo ello sustentado en el eufemismo científico positivista del empirismo y en el considerar la historia como sucesión de hechos y no de procesos.

La critica a la vertiente positivista y la consideración tradicional de la teoría, llega a explicar, según Horkheimer, las experiencias de los totalitarismos europeos, quienes detrás de la dominación eficiente y efectiva, trataban de aplicar la racionalidad administrada y planificada sin importar sus medios ni las consecuencias humanas, que mejor ejemplo de ello son el fascismo y nazismo. Aquellos desastres históricos, son atribuidos a la misma lógica de la razón instrumental, en donde poder y consciencia van de la mano. He aquí el momento en donde conviene considerar la vertiente freudiana en el análisis de las realidades sociales de Europa, que viendo la aplicación del concepto de autoridad, mando, o bien, líder, fueron categorías que traspasadas desde arriba, desde la estructura de Estado. Esas mismas disposiciones impuestas, llegaron a hacer transmitidas en los aspectos cotidianos de las familias de Europa. Sin este ultimo antecedente, el triunfo y mantención de aquellos totalitarismos habría sido dificultosa.

La crítica de Horkheimer, en resonancia con la Escuela de Frankfort, cuestiona, también desde su mirada marxista, la transformación, lo que deriva en confusión, de los medios y los fines. Todo ello ha sido atribuible a la sociedad de consumo de masas y la misma alienación social que ha forzado el capitalismo.

En esa dirección, la teoría debe tener una función social como elemento transformador de la dominación infausta, y por ello la razón de la especulación toma valor; el cual había sido cuestionado y objetado por el positivismo. Al tomar valor la razón de la especulación, Horkheimer, planteaba que era necesario prevenir que la primicia de dominación triunfe en la historia y he aquí el compromiso de la filosofía ante los problemas sociales. La filosofía debe ser transformadora.

Un elemento relevante para la compresión integral de la sociedad es la consideración del carácter interdisciplinariedad de los estudios. Frente a ello, la sociología, y el comportamiento social, está fuertemente regido por la economía. Por lo cual, por la rigidez, las influencias y por las modificaciones mentales que ejerce ésta es determinante en la configuración de las conductas. En ese sentido la misión del psicoanálisis es importante.

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En síntesis, la sociología, desde los enfoques marxista, se centrará en un enfoque concreto centrado en las formas de dominación, opresión y marginación presentes en la sociedad. Por tal motivo será crítica, no siendo su función meramente descriptiva, sino que deberá impulsar, a través de esa misma crítica, la transformación, y evidenciar los elementos escondidos por la sociopolítica.

Por su parte el psicoanálisis, será el complemento a esa misma crítica ya indicada. He aquí donde Fromm tomó valor en cuanto a armonizar el psicoanálisis con los postulados marxistas. En el desarrollo de las sociedades capitalistas, la alienación del individuo era la principal crítica del marxismo para con este sistema. También apuntaba a la función represiva de los impulsos de los individuos por parte de la sociedad. Pero el puente que vinculaba a estas dos visiones del individuo y de la sociedad, es la economía, puente por el cual interactúan individuo y sociedad, ya que se establecen relaciones entre los mismos. La producción, y las formas de producción, el cómo producen, más que el qué producen, toma trascendencia. La economía afecta e influye en la sociedad. Limita y desarrolla a la vez. Evidentemente que la puerta no está cerrada para otras disciplinas, "…no se puede olvidar que se abre también la posibilidad de que intervengan otros enfoques que siempre pueden servir como complemento. Así, los tratados teológicos de P. Tillich, o los estudios musicales de Adorno, eran también incluidos dentro de este proyecto".4

En base a la inicial pregunta de qué es la teoría, el autor Max Horkheimer plantea que describir lo que es la teoría en el estado actual en que se encuentra la ciencia, no es algo de mayor confusión ni de mayor complejidad, ante ello la define como un conjunto de proposiciones acerca de un campo de objetos, y esas preposiciones están de tal modo relacionadas unas con otras, que de algunas de ellas pueden deducirse las restantes. La eficacia de la teoría consistirá en que las proposiciones deducidas se ajusten con hechos u objetos empíricos. De ahí que con los hechos, la teoría es siempre una hipótesis, por esto que, desde aquel ángulo, es una acumulación de saber para facilitar la caracterización de los hechos y así poder deducirlos o anticiparse a ellos. Y manifiesta que las ciencias sociales y humanas, siempre se han esmerado en replicar el modelo teórico de las ciencias exactas y duras, sin embargo a pesar de las diferentes metodologías y métodos de investigación, el concepto de teoría es el mismo. En ese sentido, la deducción sería aplicable a la totalidad de las ciencias. Llevándola al área de la sociología, nos dice que el camino que debería tomar sería el difícil ascenso desde la descripción de fenómenos sociales hasta la comparación particularizada y sólo desde allí hasta la formulación de conceptos generales.

Postular a una determinada causación histórica implica siempre que, faltando ella como consecuencia de reglas empíricas conocidas, en las circunstancias dadas hubiera producido otro efecto. Las reglas empíricas no son otra cosa que las formulaciones de nuestro saber acerca de las relaciones económicas, sociales y psicológicas. Por tal motivo, el concepto de teoría tradicional, aplicado a los hechos históricos, plantea una estructura lógica del saber histórico, planteando relaciones entre acontecimientos que son significativos, pero al mismo tiempo, procesos aislados y categóricos. Ésta asimilación estructural a la cual trata de postular la teoría tradicional sólo se basa en la emulación de las ciencias naturales. Este formato de investigación asume como premisa una serie de determinaciones previas entre el objeto estudiado y el acto en el cual se manifiesta o se representa.

La fructuosidad, o bien la diversidad, de los hechos no se reduce a lógicas o elementos metodológicos, sino que cada caso debe ser comprendido en su ligazón como proceso social real. En ese aspecto, para la comprensión, siempre serán necesarias las hipótesis auxiliares, para así evitar modificaciones teóricas totales. En esta lógica, como nos dice Horkheimer, "el que se impongan nuevas tesis, es fruto de relacionas históricas concretas, aunque para el científico solo son determinantes los motivos inmanentes". Que la transformación de las estructuras científicas dependía de la situación social respectiva, es algo que se puede afirmar no solo respecto de teorías generales, sino que también respecto de los problemas especiales de la investigación corriente.

En la teoría tradicional, entran en juego escuelas filosóficas de carácter pragmático y positivista. Estos imprimen como misión de la ciencia es "predecir hechos y obtener resultados útiles". Esto hace que la teoría tradicional, tienda a desatar los hechos observados de los procesos reales, debido a su estructura de principios generales e independientes. Esto forma un concepto de teoría independiente o suprasocial, transformándose la teoría en una categoría. Cuando en realidad el científico y su ciencia están sujetos al aparato social; sus logros son un momento de la autoconservación de la constante reproducción de lo establecido.

Dentro de la división social del trabajo, el científico debe clasificar los hechos en categorías conceptuales y disponerlos de tal manera que él mismo y todos quienes tengan que servirse de ellos puedan dominar un campo táctico los más amplio posible, dentro de la ciencias el experimento tiene el sentido de comprobar los hechos de una manera especialmente adecuada a la situación correspondiente de la teoría. El material de los hechos, lo fáctico, es proporcionado desde afuera y la ciencia se encarga de su formulación clara.

Para el científico perteneciente a la corriente tradicional, la recepción, transformación y racionalización del saber factico, es su peculiar de espontaneidad, constituye su actividad teórica, lo mismo si se trata de una exposición lo más detallada posible del material como en la historia y en las ramas descriptivas de otras ciencias particulares. "El dualismo entre pensar y ser, entre entendimiento y percepción es para él algo natural".

La idea tradicional de teoría es abstraída del cultivo de la ciencia tal como se cumple dentro de la división del trabajo en una etapa dada. Corresponde a la actividad del científico tal como se lleva a cabo en la sociedad junto con todas las otras actividades sin que se perciba directamente la relación entre las actividades asiladas. De ahí que en esa idea no aparezca la función social real de la ciencia ni lo que significa la teoría en la existencia humana, sino sólo lo que de ella es en esa esfera, separada, dentro de la cual se produce en ciertas condiciones históricas.

Unos de los fines ideales de la teoría tradicional es poder alcanzar un sistema unitario de la ciencia, ya que según este paradigma, el hombre está determinado intrínsecamente a querer homogeneizar y unir, evitando todo contraste. Un sistema todopoderoso, una función fundadora de unidad y ordenadora. Aquí se expresa el problema en el que se encuentran sumergidas las ciencias sociales y humanas, al estar sumidas en una racionalidad instrumental positiva, no son una ciencia histórica transformadora, sino más bien, una ciencia pasiva y legitimadora de la sociedad burguesa. Es así como el comportamiento humano que es la derivación de las condiciones y características antes nombradas, conforma un individuo que admite naturalmente como preestablecidas, las destinaciones primordiales de su existencia, esforzándose por darles cumplimiento. En ese sentido, el científico y su ciencia parecen interesarse especialmente por la imbricación del trabajo teórico en el proceso de vida de la sociedad, señalan como misión de la ciencia el predecir hechos y obtener resultados útiles.

Como apuntamos anteriormente, la teoría tradicional se basa en la producción de un sistema unitario de ciencia, pero en la teoría crítica, se preocupa por cruzar la frontera de la unilateralidad científica, abre sus ventanas planteando superar este drama, problemático en sí, para así basarse en la tarea del científico, que consiste en trabajar y estudiar todo el aspecto teórico con toda la realidad factual y asimismo aplicar los ordenamientos conceptuales claves, como elemento primario.

Todo lo anterior se refuta cuando en realidad el autoconocimiento del hombre en el presente no consista, sin embargo, en la ciencia matemática de la naturaleza, que aparece como logos y formato eterno de este tipo de ciencia tradicional, sino que en la teoría crítica de la sociedad establecida, presidida por el interés de instaurar un estado de cosas racional. En ese escenario las ciencias humanas y sociales aceptan la naturaleza humana y extrahumana en su conjunto como algo dado y se interesan por la edificación de las relaciones entre hombre y naturaleza, y entre los hombres con otros hombres. Pero la profundización del desarrollo del concepto de teoría no ha de realizarse sobre la base de esa referencia a la relatividad de la relación entre el pensamiento teórico y los hechos, sino que también una consideración que atañe no sólo a lo científico sino al individuo cognoscente en general.

El mundo visible en su conjunto, tal como está presente para un miembro de la sociedad burguesa, y tal como es interpretado en la lógica tradicional, representa una suma de facticidades: el mundo existe y debe ser aceptado. El pensamiento ordenador pertenece al conjunto de relaciones sociales que tienden a adaptarse de una manera que responda lo mejor posible a las necesidades. Se plantea así una diferencia; el mismo mundo que debe aceptar y considerar, es también en la forma que existe, producto de la praxis social general. El hecho que nos entregan nuestros sentidos están preformados socialmente de dos modos: por el carácter histórico del objeto percibido y por el carácter histórico del órgano perceptor. Ambos no están constituidos solo naturalmente sino que, lo están asimismo por la actividad humana, siendo el mismo individuo en la percepción, receptor y pasivo.

En contraparte a la teoría tradicional, la otra mirada; la teoría crítica, considera que la ciencia, como el hecho estudiado por ésta, está subordinadas y sometidas a la praxis social, esto quiere decir que el sujeto y el objeto están sometidos y sumidos a una preformación social. Aquí el objeto no se halla posicionado de forma natural, como tampoco el sujeto es un ente pasivo de los hechos de su alrededor, sino que ambos, son producidos socialmente. El propio mundo que, para el individuo, es algo en sí presente, que él debe admitir y considerar, es también, en la forma en que existe y persiste, fruto de la praxis social general. Ya que la praxis incluye siempre el saber disponible y aplicado; el hecho percibido está por ende antes de su elaboración teórica consciente llevada a cabo por el individuo cognoscente, condicionado por ideas y conceptos humanos. Se suma a la praxis, la cuestión acerca de cómo lo factico está influido por el instrumento que lo estudia y lo mide, es decir por el aquel procedimiento especial. Ante este problema, al igual que lo planteado por Kant, se comprende que detrás de la discrepancia entre hechos y teorías, que el científico experimenta en su actividad de especialista, yace una profunda unidad: la subjetividad general de la cual depende el conocer individual. La actividad social aparece como fuerza transcendental, esto es como suma de factores espirituales. En esos mismos términos kantianos, el doble carácter de estos conceptos señalan por una parte la unidad y racionalidad máximas y por la otra algo oscuro, inconscientes, inadmisible; y eso refleja exactamente la forma contradictoria de la actividad humana en la época moderna.

La inclusión de los hechos en sistemas conceptuales ya existentes y la simplificación de contradicciones son como ya hemos expuesto a una parte de la praxis social general.

Estas diferencias a las cuales podríamos agregar aún muchas otras, no impiden sin embargo que la teoría en su forma tradicional, el juicio acerca de lo dado en virtud de un aparato de conceptos y juicios corriente, que rige también para la conciencia más simple además de la acción reciproca que media entre los hechos y las formas teóricas como consecuencia de las actividades profesionales cotidianas, ejerza una función social positiva. Hay un hacer intelectual al cual se ha incorporado a necesidades y los fines las experiencias y las costumbres y tendencias de la forma actual de ser del hombre. Tal como un instrumento material de producción, el hombre representa como una posibilidad de, un elemento perteneciente, no sólo a la totalidad cultural actual, sino también a un todo cultural más justo más diferenciado y más armónico. En la medida en que el pensamiento teórico no se acomoda conscientemente a intereses externos ajenos al objeto, sino que se atiene realmente a los problemas tal como ellos aparecen ante él como consecuencia del desarrollo de las especialidades, y la medida en que, en conexión con esto, plantea nuevos problemas y modifica algunos conceptos cuando ello parece necesario puede entonces, con derecho, considerar los logros de la época burguesa en materia de técnica industria como su legitimación y puede también estar seguro de sí mismo. Por supuesto que se comprende a sí mismo como hipótesis no como certeza. Pero este carácter de hipótesis es compensado de muchas maneras. La inseguridad no es mayor que en lo que debe ser en virtud de los medios intelectuales y técnicos con que se encuentran y que, en general han probado su utilidad, y la formulación de tales hipótesis en cuanto tal y por pequeña que su verosimilitud, vale como un logro socialmente necesario y valioso que, en sí mismo en todo caso no es hipotético.

La formación de hipótesis, el trabajo teórico en general, es una actividad para la cual existe, en la situación social dada presente, una fundamental posibilidad de aplicación, es decir, una demanda.

El comportamiento critico al cual se refiere el autor, de ninguna manera acata esas orientaciones que la vida social tal y como ella se desenvuelve, ponen en manos de cada uno. La separación entre individuo y sociedad acepta como naturales los límites prefijados a su actividad, es relativa en la teoría crítica.

Para el pensamiento teórico corriente, tal como se ha expuesto, tanto en la génesis de las circunstancias dadas, como también la aplicación práctica de los sistemas de conceptos con que se las aprehende, y por consiguiente su papel en la praxis son consideras exteriores. En ese sentido el autor se pregunta ¿Qué otra cosas podría representar un procedimiento teórico que, en última instancia, no se reduzca a la determinación de hechos a partir del sistemas de conceptos lo más simple y a diferencia que se puedan, si no un juego intelectual y falto de dirección, mitad fantasía abstracta, mitad expresión impotente de estados de ánimo? La indagación del condicionamiento social de hechos y de teorías puede constituir quizás un problema de investigación, incluso todo un campo de trabajo teórico, pero no se advierte en qué medida tales estudios se diferenciarían básicamente de otros estudios especializados. La investigación de ideologías o la sociología del conocimiento, que han sido extraídas de la teoría crítica y establecidas como disciplinas especiales, no están, ni por su esencia ni por sus propósitos, en oposición con la actividad corriente de la ciencia ordenadora. En ellas el conocimiento de sí del pensamiento se reduce al descubrir las relaciones entre posiciones espirituales y situaciones sociales. La estructura del comportamiento crítico, cuyo propósito sobrepasan los de la praxis social dominante, no es, por cierto, más afín a estas disciplinas que a las ciencias naturales. Su oposición al concepto tradicional de teoría no surge tanto de la diferencia de objetos cuanto de sujetos. Para los representantes de este comportamiento, los hechos, tal como ellos provienen de trabajo y la sociedad, no son exteriores en el mismo sentido en que lo son para los investigadores o los miembros de otras ramas profesionales, quien piensa como investigadores en pequeño. Para aquellos se trata de una reorganización del trabajo. Pero en la medida en que las circunstancias que se ofrecen a la percepción son atendidas como productos que están bajo control del hombre o, en todo caso, en el futuro han de caer bajo ese control, dichas circunstancias pierden el carácter de mera facticidad.

La actividad intelectual y material del hombre siempre seguirá teniendo algo exterior: esto es la naturaleza como una suma de los factores no dominados aun en cada época, y con los cuales la sociedad está en relación. Pero sí a ello se suman, como una parte más de la naturaleza, las circunstancias que dependen únicamente del hombre mismo, su relación lo que respecta al trabajo, la marcha de su propia historia, entonces está exterioridad no sólo no es una categoría supra histórica, eterna si no el signo de una lamentable impotencia cuya aceptación es antihumana y anti racional

Pero en qué conexión está el pensamiento crítico con la experiencia? Si no solo ese pensamiento no sólo debe coordinar, si no también extraer de sí mismo los fines trascendentes a ese ordenar, su propia dirección, entonces siempre permanece simplemente.

Si la teoría crítica consistiera en esencia en formular los sentimientos e ideas de una clase en determinados momentos, no recibirían ninguna diferencia estructural respecto de las ciencias especializadas: en ese caso se trataría de la descripción de contenidos psíquicos que son típicos de determinados grupo de la sociedad que decidir de una psicología social. La relación entre ser y consciencia es diferente en las diversas clases de la sociedad.

La concepción tradicional de teoría, parte de la cual es captada por la lógica formal, responde proceso de producción según la división del trabajo, tal como ciudad en la actualidad puesto que la sociedad tendrá que enfrentarse con la naturaleza también en épocas futuras, está técnica intelectual no será irrelevante sino que por el contrario deberá ser desarrollada al máximo.

El aunque la teoría crítica en ningún momento o procede arbitrariamente o por azar, Para el modo dominante de juzgar ella aparece, justamente por eso, como subjetiva y especulativa, parcial e inútil. Como ella se opone a los hábitos dominantes del pensamiento, que contribuye a la sobrevivencia del pasado y cuidan de los negocios de un orden, como se opone a los responsables de un mundo parcializado, impresiona como parcial e injusta.

Si la misión de teórico crítico es reducir la discrepancia entre su comprensión y la de humanidad oprimida para la cual él piensa, en aquel concepto sociológico el volar por encima de las clases llega a ser el rasgo esencial de la inteligencia.

La teoría crítica está en contradicción con el concepto formalista de espíritu en que se basa dicha teoría de la inteligencia. Para ella sólo existe una verdad, y los predicados positivos de honestidad y coherencia interna, de racionalidad, de esfuerzo por la paz y libertad y felicidad no pueden atribuirse en el mismo sentido a cualquier otra teoría o praxis.

No hay una teoría de la sociedad que generalizada y la cual no incluye intereses político acerca de cuál verdad haya que decidir, ya lo es mediante una reflexión neutral en apariencia, sino nuevamente actuando y pensando, es decir el actividad histórica concreta. Que el intelectual pretenda que se requiere previamente un difícil esfuerzo de pensamiento, y sólo él puede llevar a cabo, a fin de poder decidir entre fines y medios revolucionarios, liberales o fascistas es algo completamente inconcebible.

El concepto abstracto mantenido como categoría sociológica de inteligencia, la cual, además debe tener funciones de misionera, responde por su estructura a la hipóstasis de la ciencia especializada. La teoría crítica no está ni arraigada ni tampoco tiene la libre fluctuación de inteligencia liberal. De las diversas funciones del pensar tradicional y de pensar crítico surgen las diferencias en su estructura lógica. Las proposiciones primeras de la teoría tradicional definen conceptos universales bajo los cuales deben ser comprendidos todo los hechos en un campo determinado, por ejemplo el concepto de un proceso físico en la física o del acontecer orgánico en la biología. Para el positivismo nada permanece idéntico, sino que primero que existe un niño, luego un adulto, ambos son dos complejos de hechos diferentes, esta lógica no puede comprender el hecho de que el ser humano varía y sin embargo sigue siendo idéntico a sí mismo.

La teoría crítica de la sociedad comienza igualmente con determinaciones abstractas, en la medida en que trata la época actual caracterizándola como una economía basada en el campo, por ejemplo. El sentido de la necesidad, tal como la entendemos aquí, es como el de la abstracción de los conceptos, al mismo tiempo semejante al de los rasgos correspondientes a la teoría tradicional y diferente de ellos. En ambos tipos de teoría el rigor de la deducción estriba en que ésta aclara cómo afirmar la inherencia de determinaciones generales implica afirmar la inherencia de ciertas relaciones fácticas. Mientras que los juicios categóricos de las ciencias especializadas poseen, en el fondo, carácter hipotético, y los juicios de existencia, cuando los hay, sólo tienen cabida en capítulos especiales, en partes descriptivas o prácticas, la teoría crítica de la sociedad en su totalidad un único juicio de existencia desarrollado. Dentro de esta teoría, cada uno de los pasos especulativos posee, por lo menos según su intención, el mismo rigor que las deducciones dentro de una teoría científica especializada, pero por otra parte cada uno de sus pasos es un momento en la constitución de aquel vasto juicio de existencia.

También la teoría crítica, según lo expuesto por el autor, deduce sus enunciados acerca de las situaciones reales de conceptos universales básicos, y precisamente por ello hace que esas situaciones aparezcan como necesarias. Si con respecto a la necesidad en sentido lógico ambos tipos de estructura teórica son semejantes, existe, no obstante apenas se habla, ya no simplemente de necesidad lógica, sino de necesidad concreta, y lo que es propio del acontecer fáctico.

En caso de que la realidad tengan componente similar a la biología, el carácter de la teoría crítica podría ser puesto en duda, porque la biología, como en otras ciencias naturales, procesos aislados son teóricamente construidos de manera semejante a cómo esto ocurre. Con ello el desarrollo de la sociedad pasaría por ser un determinado orden de hechos para cuya exposición se recurriría a resultados de diferentes dominios, del mismo modo como lo hace un médico respecto del evolución de una enfermedad. Por muchas que sean las analogías entre estos esfuerzos intelectuales en cuanto a la relación de sujeto y objeto, y por ende, a la necesidad del acontecer sobre el cual se juzga, existe una diferencia decisiva. El asunto con el que tiene que ver la ciencia especializada de ningún modo es afectado por su propia teoría, sujeto y objeto están estrictamente separados, aun cuando debería ser evidente que, en un momento posterior, el acontecer objetivo será influido por la intervención del hombre.

El concepto de necesidad es el mismo en la teoría crítica, un concepto crítico; supone el de libertad si bien no como una libertad existente. La idea de una libertad que siempre existe, aun cuando los hombres que estén cargados de cadenas, es decir, una libertad puramente interior, es propia del modo de pensar idealista.

En la teoría crítica, no existe divergencia con la teoría tradicional sobre la concepción de que los hechos son externos al sujeto, aun siendo la visión crítica acogedora de una noción dialéctica de la relación sujeto-objeto. La oposición recae en la connotación que se le da a ésta relación, que se abarca desde la perspectiva que los hechos son exteriores al individuo, pero no en el mismo sentido que es relacionada en la teoría tradicional, ya que para la visión crítica los hechos son producidos desde una praxis social, o sea son una elaboración humana y por cual, están convenidas a caer bajo control de los individuos.

Pero la divergencia es mayor entre ambas teorías en lo referido a la admisión de lo externo al sujeto como algo dado, quizás por "leyes" inalterables. Para la teoría crítica, los hechos son externos, pero al mismo tiempo, un producto humano, y un producto de su realidad y acción social. Lo que quiere indicar que, si existe una praxis social dada que conforma hasta las más individuales representaciones y manifestaciones de conducta, el hombre al proceder racionalmente discurriría inhumanamente esta forma de existencia, teniendo en cuenta que este carácter inhumano repercutiría en todo lo que tiene relación con la sociedad. Entonces nos plantea que aceptar algo que contiene un carácter inhumano, es meramente irracional e insensato.

La teoría crítica tiene como fin una lucha teórica con lo establecido, con lo consuetudinario de lo científico, y desde esa metodología, busca las herramientas para la superación de la injusticia social, en pocas palabras; busca ser instrumento de liberación social del hombre habitante de la sociedad moderna. El autor plantea que para pasar de la forma de sociedad actual a una futura la humanidad debe constituirse, primero, como sujeto consciente, y determinar de manera activa sus propias formas de vida. Para esto, es necesario que las ciencias sociales superen la racionalidad instrumental en que se encuentran inmersas, para poder ser una teoría y ciencia que analicen de forma clara las relaciones de clase y entre individuos de la sociedad mercantil, pudiendo ser así un agente de "transformación histórica". El futuro de la humanidad depende hoy del comportamiento critico que claro está encierra elementos de las teorías tradicionales y de "esta cultura decadente…" en ese sentido nos dice que "el conformismo del pensamiento, el aferrarse al principio de que este es una actividad fija, un reino cerrado en sí misma, dentro de la totalidad social, renuncia a la esencia misma del pensar".

III. Lineamientos de Clifford Geertz.

La consideración del símbolo como base de estudio social, constituye la espina dorsal en que Clifford Geertz sustentó su cuerpo doctrinario. Para ello recurre a la semiótica como técnica de interpretación cultural. La información la extrae entre las diferencias que conllevan los signos; los significados (denotación) y los significantes (connotaciones). He allí en donde radica la relevancia del lenguaje verbal y paraverbal y de la semiótica de la significación como elementos que encierran elementos culturales que influyen, determinan o moldean las acciones y comportamientos sociales.

Inspirándonos en el tradicional esquema de Saussure, podemos sistematizar los signos y los significantes, para así comprender de mejor manera la base de la semiótica de la significación.

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La base semiótica de Geertz se sustenta en el principio de que la cultura es la fuente de "sentidos" con que damos significante a los hechos y fenómenos de la vida cotidiana, para poder interactuar socialmente. La semiótica descifra los significantes, explora y opera fenómenos que otras ciencias como la sociología y la psicología no han podido explicar de manera independiente. Pero para comprender de mejor manera esta base semiótica, el símbolo se manifiesta una representación que trata de hacer perceptible alguna idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada. Es un signo sin semejanza ni contigüidad, que solamente posee un vínculo convencional entre los socializantes entre su significante y su denotado, además de una clase intencional para su designado. Al mismo tiempo, los símbolos se manifiestas como pictografías mentales con un sentid propio, entrando en esas categorías las cultura en sí, las formas de organizarse, los modos de vida, el arte, la religión y las creencias, la política, la económica y el comercio, el deporte y la recreación, entre otras tantas manifestaciones antrópicas.

La misma cultura determina conceptualmente ciertos hechos, o ciertas denominaciones lingüísticas, y para ello, en una primera instancia, las sistematiza, por ejemplo en el caso de la lengua, surge la R.A.E. Sin embargo, la vida cultural, la historia, los procesos de distinto tipo, han ido mutando esos signos, y se van acomodando a esas realidades peculiares llevadas y construidas en cada cultura.

El énfasis puesto en el imaginario social, cada símbolo posee representaciones distintas según la cultura, aun siendo el mismo hecho (denotativo) pero variando su significación (connotación). Cada cultura posee sus propias interpretaciones y variantes en cuanto al valor de cada acción, manifestación y tipos de comunicaciones. En ese sentido, Geertz sostenía que para estudiar la cultura desde un punto de vista antropológico, es insostenible aplicar una ley o una teoría determinada, como se aplica en las ciencias duras, lógicas y matemáticas.

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