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La vibriosis en el camarón




  1. Introducción
  2. Historia
  3. Etiología
  4. Patogénesis
  5. Diagnóstico Clínico
  6. Diagnóstico Anatomopatológico
  7. Diagnóstico Confirmativo
  8. Tratamiento
  9. Bibliografía

Introducción

La pesca intensiva del camarón en su medio natural constituye un serio problema medioambiental debido a que el arrastre de las redes de pesca daña el ecosistema marino. Los crustáceos son capturados en un gran número y diversidad de estadios siendo aprovechables comercialmente solo los adultos. Esta actividad ocasiona la interrupción del ciclo de vida de los restantes, la que podría ser la causa de la extinción de la especie en un futuro no muy lejano si no se actúa con celeridad. Es por ello que el cultivo del camarón constituye una excelente opción para su explotación, teniendo una alta demanda en el mercado internacional.

La industria camaronera es una de las actividades más importantes del sector productivo a nivel internacional en términos de ingreso de divisas por exportaciones. La camaronicultura en el mundo esta fundamentada en parte por su alto valor comercial, ocupando un lugar cimero comparado con otros renglones gracias a los convenientes precios del mercado. Actualmente los mercados mundiales han mostrado una demanda ligeramente creciente del camarón cultivado, debido al estancamiento de las capturas pesqueras, a la mayor afluencia de la población y a la preferencia por consumir productos saludables.

En el cultivo de la especie Litopenaeus vannamei, la más comercializada actualmente las estadísticas de la FAO indican que el total de la producción de las granjas ha ido incrementándose constantemente. Tras un pequeño declive en el 2000 los datos actuales a nivel global indican un crecimiento de la producción gracias a su rápida dispersión en Asia y América Latina.

Esta especie fue introducida en Cuba en el año 2002 nativa de la costa oriental del Océano Pacífico, desde Sonora, México, al Norte hacia Centro y Sudamérica hasta Tumbes en Perú, en aguas cuya temperatura es normalmente superior a 20°C durante todo el año, la que ha demostrado su superioridad sobre la explotada anteriormente la Litopenaeus schmitti.

Los problemas ocasionados por bacterias en los sistemas de cultivo larvario de camarón son considerados como los principales causantes de mortalidades en todo el mundo. Uno de los principales patógenos que se encuentran en este tipo de sistema son las bacterias pertenecientes al género Vibrio, registradas en casi todos los lugares donde se cultivan larvas (Lightner and Redman, 1998).

La vibriosis es una enfermedad provocada por bacterias del género Vibrio y causa pérdidas económicas considerables por la alta mortalidad que ocasiona. Es conocido por muchos la eficacia de los antibióticos en la erradicación de las bacterias sin embargo se han presentado problemas por su uso prolongado en organismos acuáticos.

Las enfermedades se consideran como una de las principales causas de pérdidas de poblaciones de camarones de cultivo, debido a mortalidades masivas de curso agudo o crónico producidas por agentes bióticos o abióticos. Los camarones de cultivo con frecuencia se ven afectados por enfermedades que varían en cuanto a su severidad, patogénesis, agente etiológico y manejo o tratamiento de la afección (Cuéllar-Anjel, 2002).

En el camarón en los últimos tiempos se presentan características asociadas a muchos factores físico-químicos y también a protozoarios, parásitos, bacterias y virus que están presentes en las zonas de cultivo. Por tal motivo se hace necesario la identificación de los causantes de tales patologías y la determinación de la influencia de los patrones ambientales sobre el camarón. Las enfermedades de origen bacteriano representan una limitante importante para la camaronicultura que pueden llegar a demeritar la calidad de los productos y a disminuir la rentabilidad económica de los cultivos de camarón. El estudio de los daños que causan las bacterias en los organismos acuáticos es de gran importancia para establecer alternativas con el fin de prevenir y erradicar las enfermedades generadas por ellas (Barrientos, 2010).

Los problemas causados por las enfermedades bacterianas pueden ser exacerbados por un manejo inapropiado (altas densidades de cultivo) además de condiciones adversas de calidad de agua (alta carga orgánica). El cultivo de camarón crea condiciones artificiales en el medio ambiente de cultivo que favorecen la selección, adaptación y crecimiento de comunidades bacterianas que son parte de la flora normal de los organismos acuáticos. Estas no representan un riesgo para los organismos a menos que estos se encuentren estresados, débiles y/o inmuno-deprimidos. En estos sistemas el balance natural de la flora bacteriana se ve alterado, lo que produce una disminución de la capacidad de tolerancia a tales cambios por parte de los organismos bajo cultivo. Las enfermedades bacterianas en organismos marinos como peces, moluscos y crustáceos especialmente en el camarón, constituyen un factor importante que afecta considerablemente la producción, reduciendo el número de organismos en el ambiente natural y en los cultivos comerciales, lo que induce a una disminución de la producción conjuntamente con la calidad del producto final. Forman en la actualidad una de las principales enfermedades en camarones de cultivo del continente americano, siendo las bacterias Gram negativas las que predominan en el ambiente marino, que usualmente forman parte de las bacterias nativas de la microflora asociada a los camarones tanto silvestres como de cultivo. En su mayoría, estas patologías figuran en la lista de obstáculos que limitan el éxito no solo de una producción acuícola intensiva sino también de pesquerías importantes ya que impactan considerablemente el sistema ecológico. La vibriosis ha llegado a ser la enfermedad económicamente más importante en el cultivo de organismos marinos afectando un gran número de especies, catalogada como la causa de serias pérdidas económicas en la producción de camarón de cultivo en diversos países (Morales y Cuéllar-Anjel, 2008).

El término vibriosis es empleado para referirse a todas las infecciones que son causadas por bacterias del grupo vibrio, esta es oportunista y toma ventaja de camarones enfermos, débiles o mal nutridos. La vibrio prolifera en medios con acumulación de materia orgánica, siempre se encuentra en la naturaleza pero solo se convertirá en un problema para el camarón cuando su ambiente o salud sean adecuados. Las bacterias principalmente las del género Vibrio, son consideradas oportunistas, localizadas principalmente en el tracto digestivo, branquias, cutícula y ocasionalmente en la hemolinfa, ya que en presencia de otros factores estresantes pueden desencadenar el desarrollo de infecciones. La mortalidad del camarón originada por esta enfermedad puede variar desde rangos insignificantes hasta presentar mortalidades del 100%, afectando principalmente a las postlarvas y juveniles. En la actualidad predomina la tendencia de cultivar camarones marinos en mayores densidades, por lo que la atención se centra cada vez más en el monitoreo rutinario de estas poblaciones para el seguimiento de sus condiciones sanitarias, ya que algunas bacterias que están asociadas normalmente a los camarones, ocasionan problemas, mientras que otras parecen ser de utilidad en su nutrición, sobretodo en la fase larvaria de cultivos a gran escala. Es necesario conocer la flora bacteriana en animales sanos, en número y diversidad específica, lo que será de utilidad en la interpretación de observaciones que se aparten de la normalidad. Esto permitirá aplicar medidas de prevención de las enfermedades de etiología bacteriana, facilitar su diagnóstico y aplicar medidas de control más efectivas (Álvarez et al., 2000).

Historia

Las primeras referencias que se conocen acerca de la vibriosis en el mundo son atribuidas al médico italiano Filippo Pacini, quien en 1854 mientras estudiaba los brotes de cólera acaecidos en Florencia, descubrió su agente causal, el vibrio cholerae, lo que sirvió de base para posteriores descubrimientos (Pacini, 1854). Treinta años más tarde Robert Koch logró aislar el patógeno procedente de brotes en la India y Egipto. Koch se dio cuenta de que los vibrios están distribuidos en una gran variedad de ambientes acuáticos y que habían muchos tipos que no eran patógenos en el hombre. Las siguientes especies descubiertas fueron vibrio fischeri y splendidus descritas por el microbiólogo Martines Beijerinck después del año 1880. En un principio la taxonomía de los vibrios se basaba en las características fenotípicas como la morfología celular, la presencia de flagelo así como aspectos de cultivo, estos estudios describieron nuevas especies en base a una pobre caracterización. En el año 1953 un grupo de investigadores japoneses encabezados por Fujimo identificaron por primera vez el vibrio parahaemolyticus debido a un brote de intoxicación alimentaria asociado entonces a un consumo de sardinas crudas (Hernández et al., 2005). Estudios posteriores de hibridación DNA-DNA fueron cruciales en la determinación de otros tipos de vibrios encontrándose un grupo relacionados con vibrio harveyi, algynoliticus, natriegens y campbellii (Holt et al., 1994). Hasta la actualidad se han registrado 65 especies de vibrios gracias a trabajos de personalidades tales como: Colwell, Breed, Baumann, Schubert, Reichelt y demás colaboradores todas registradas en el Bergey´s Manual of Determinative Bacteriolology.

Etiología

La vibriosis es causada por bacterias pertenecientes al género Vibrio que forma parte a su vez de la familia Vibrionaceae que esta integrada por ocho géneros: Vibrio (65 especies), Allomonas (1 especie), Catenococus (1 especie), Enterovibrio (2 especies), Grimontia (1 especie), Listonella (2 especies), Photobacterium (8 especies) y Salinvibrio (1 especie). El propósito de considerar solo al género Vibrio dentro de la familia Vibrionacea se debe a diferentes análisis genotípicos y moleculares que muestran a los restantes como altamente heterogéneos (Thompson and Swings, 2006).

Los vibrios son microorganismos que habitan en todo el mundo, característicamente indígenas de hábitats marinos, salobres y estuarinos. Son bacilos gramnegativos aerobios y anaerobios facultativos que pueden presentar una morfología curvada no necesitando requerimientos nutricionales exigentes para su desarrollo. Generalmente halodependientes, requieren para su crecimiento la presencia en mayor o menor concentración de Cloruro de Sodio. Realizan su locomoción por medio de flagelos polares, tienen metabolismo respiratorio fermentativo y se desarrollan mejor en medios alcalinos de 7,6-9,0 de potencial de hidrógeno (pH). Poseen catalasa, oxidasa, nitratorreductasa y triptofanodesaminasa, fermentan la glucosa apareciendo en grandes concentraciones cuando el agua aumenta la temperatura de 17-20°C. Toleran un amplio rango de salinidades, el óptimo requerimiento de NaCl es de 2,0 a 2,5% (peso/volumen). Las especies de vibrio constituyen una parte normal de la microflora de las branquias y cutículas de los camarones. Muchas de las reportadas como patógenas han sido parte de la microflora normal en los animales acuáticos. La distribución y dinámica de estas poblaciones están influenciadas por gradientes medioambientales tales como: temperatura, salinidad, disponibilidad de nutrientes, factores biológicos como depredación, abundancia de dinoflagelados y de hospedadores (Leytton y Riquelme, 2008).

Los vibrios habitan en ambientes marinos o de agua dulce en forma planctónica en la columna de agua, bentónica desarrollando biopelículas en los sedimentos, como zooplancton o en el tracto gastrointestinal de los organismos. El tracto digestivo de los organismos marinos posee una mayor disponibilidad de materia orgánica que el agua de mar, transformándose en un medio apropiado, aunque expuestos a bajo pH, secreción de ácido bílico y condiciones anaeróbias. Lo anterior permite el desarrollo de biopelículas las cuales son comunidades microbianas que forman una matriz con sustancias extracelulares. Su formación puede constituir una estrategia para sobrevivir en períodos de escasez de nutrientes, protegerse contra cambios ambientales, atrapar y absorber nutrientes, resistir antibióticos y establecer interacciones favorables con otras bacterias. Los vibrios poseen una gran proliferación en el medio marino infectando un buen número de especies acuáticas entre las que se encuentran: peces, crustáceos, moluscos y mamíferos marinos, sin embargo son reportados diversos episodios de infección en los seres humanos también mayormente por la ingestión de productos alimenticios infectados por vibrios. Estas bacterias poseen un gran repertorio de proteínas con enorme especificidad de sustratos los cuales le permiten realizar diferentes funciones catabólicas para responder eficientemente a los constantes cambios del ecosistema. Son agentes patógenos oportunistas que pueden tomar ventaja de los cambios ecológicos generados durante el cultivo, constituyendo además un importante elemento de la población bacteriana del camarón y del ambiente que los rodea, siendo por lo tanto una fuente constante de posibles infecciones para estos organismos. Las enfermedades generadas por este tipo de bacterias han sido descritas como: vibriosis, enfermedad bacterial, septicemia bacteriana de los peneidos, vibriosis de los peneidos, vibriosis luminiscente y enfermedad de las patas rojas (Thompson et al., 2004).

Las especies de vibrio involucradas en las patologías observadas en el camarón son: v. harveyi, v. parahaemolyticus, v. vulnificus, v. alginolyticus, v. damsela (actualmente photobacterium damselae), v. penaeicida, v. anguillarum, v. nereis, v. splendidus, v. campbellii, v. tubiashi, v. pelagicus, v. orientalis, v. ordalii, v. mediterrani y v. fluviales (Aguirre, 2004).

Patogénesis

Los patógenos se encuentran en el medio ambiente acuático generalmente en forma natural, son parte de la microflora tanto en los camarones silvestres como en los de cultivo y se convierten en oportunistas cuando los mecanismos de defensa natural están suprimidos. Su presencia no necesariamente significa que los organismos se encuentren enfermos. Sin embargo, factores como los genéticos, contaminación del medio ambiente e intensificación de los métodos de producción, estresan a los camarones reduciendo o perturbando el funcionamiento normal del organismo, haciéndolos altamente sensibles a las enfermedades y reduciendo las oportunidades de supervivencia. El estrés en los organismos provoca cambios en todos sus sistemas, produciendo respuestas adversas en el metabolismo, regulación inmunológica, regulación hormonal y osmorregulación, haciendo al organismo más susceptible al ataque de cualquier agente dañino, afectando la capacidad de supervivencia, reproducción y crecimiento. Las especies de vibrio varían considerablemente su patogenicidad y aún están indefinidas las causas de su aparición y epizootiología. Esto es relevante debido a que ocasionan numerosos episodios patológicos, casos de mortalidad, grandes pérdidas económicas y alteración en la población marina. El desarrollo de enfermedades es el resultado de la interacción entre patógeno, hospedador y medio ambiente. La alta densidad de organismos y nutrientes son características frecuentes en sistemas de cultivo del camarón lo cual facilita la proliferación de los vibrios. La vibriosis se expresa de diferentes formas de síndromes los que incluyen: vibriosis sistémica y hepatopancreatitis séptica, vibriosis oral y entérica, vibriosis de los apéndices y cuticular, vibriosis localizada en las heridas y enfermedad de la concha (Morales y Cuéllar-Anjel, 2008).

El estrés que las condiciones ambientales subóptimas ejercen en los organismos, extiende sus respuestas adaptativas más allá de sus posibilidades, provocando un desgaste excesivo del organismo, alcanzando un pobre desarrollo o llegando incluso a sufrir una enfermedad. La influencia de las condiciones ambientales desventajosas afecta igualmente al sistema inmunológico del camarón, limitando su eficiencia. El estrés se hace sentir inicialmente a niveles bioquímicos y moleculares, induciendo una serie de respuestas funcionales y estructurales en la regulación hormonal, metabolismo, osmoregulación y regulación inmunológica, afectando la capacidad de sobrevivencia, crecimiento y reproducción de los organismos. Aunque los organismos acuáticos parezcan sanos durante e inmediatamente después de un periodo de estrés, un brote de enfermedad, o mortalidad crónica puede desarrollarse más tarde en la población. Muchos de estos organismos pueden ser portadores asintomáticos de un patógeno y en condiciones normales están protegidos por los mecanismos de defensa. Cuando el sistema de defensa es debilitado o suprimido debido al estrés, el patógeno puede multiplicarse, rebasar los mecanismos de defensa y en ocasiones matar al hospedero (Gómez et al., 2000).

Las mortalidades debido a la vibriosis se presentan cuando los camarones están estresados por factores como: pobre calidad del agua, elevadas densidades de animales, altas temperaturas del agua, baja concentración de oxígeno disuelto y una baja tasa de recambio de agua. En los sistemas de cultivo intensivo el espacio restringido que comparten los organismos promueve la competencia por él siendo las peleas entre organismos las que ocasionan heridas en el exoesqueleto y abren puertas de entrada a las bacterias, así como el paso de un estadio a otro mediante la muda del exoesqueleto les provoca gran estrés a lo largo de tan intensa metamorfosis o mediante la ingestión de los alimentos contaminados con bacterias vibrios. Las bacterias que se encuentran en la superficie del camarón o del agua circundante penetran a través de la producción de enzimas quitinolíticas que empiezan a degradar la cutícula protectora. El camarón como mecanismo defensivo produce melanina cuya función principal es bloquear la penetración de las bacterias, esta sustancia tiene una coloración negra por lo que se observan manchas negras en el exoesqueleto. La enfermedad provoca una flexión del abdomen cerca de su tercer segmento imposibilitándole al camarón un nado normal que le ocasiona la ejecución de movimientos incoordinados. Una vez que la bacteria ha penetrado en la hemolinfa se disemina por todo el organismo, provocando una turbidez en la coloración de la misma con el correspondiente descenso en el número de hemocitos, afectando además su tiempo de coagulación. Los animales presentan anorexia ocasionada por una marcada inflamación del hepatopancreas el que se observa expandido, decolorado y en casos extremos licuado lo que dificulta su principal función de absorber y almacenar nutrientes, alterándose el desarrollo de la larva. Debido a la anorexia el intestino se encuentra vacío, con una secreción lechosa en sus paredes. Se presenta la separación del epitelio, mediante la eliminación de dos capas que protegen al camarón de las infecciones: el epitelio y la membrana peritrófica que secreta. En adición, la pérdida del epitelio puede afectar la regulación de agua y asimilación de iones en el cuerpo. El músculo abdominal puede notarse opaco y los cromatóforos del cuerpo en general activados debido al estrés. La muerte se presenta de 24 a 48 horas aproximadamente de la presentación de los primeros síntomas en dependencia del estadio (Rowe-Magnus et al., 2006).

Actualmente, en organismos cultivados por los diferentes métodos de acuacultura, se observan camarones con características externas de organismos sanos, durante y después de un período de estrés, pero eso no significa que el organismo este sano, ya que después de cierto tiempo se puede manifestar la replicación de un patógeno, produciendo una enfermedad donde se observen porcentajes altos de mortalidad, o en otras ocasiones los organismos son portadores asintomáticos de diferentes agentes nocivos y no manifiestan características externas de animales enfermos mientras las condiciones de cultivo sean las óptimas para su desarrollo, pero si estas condiciones se tornan desfavorables, el sistema de defensa que los tenía protegidos se suprime y la multiplicación del patógeno se desarrolla de tal manera que sobrepasa los mecanismos de defensa, causando en muchas ocasiones la mortalidad al hospedero. Los vibrios en la naturaleza pueden estar en un estado inactivo o no ser capaces de crecer en los medios selectivos empleados, no obstante se ha evidenciado que las bacterias en estado viables no cultivables pueden también causar enfermedades. Se ha hipotetizado que las condiciones artificiales del medio ambiente en sistemas de cultivo pueden constituirse como reservorio para vibrios patógenos. Los copépodos, rotíferos y artemias son usados como importantes fuentes nutricionales para el cultivo de muchos organismos acuáticos y existen antecedentes de la asociación de estos organismos con los vibrios. Estos tienen una relación de simbiosis con organismos quitinosos como los copépodos, numerosos estudios han correlacionado la concentración de copépodos con el número de vibrios. También existen antecedentes de su asociación con diferentes especies de rotíferos y de artemias. La asociación de vibrios patógenos con estos organismos puede tener como consecuencia la transmisión de estas bacterias a las larvas que son alimentadas con dichos organismos (Jayasree et al., 2006).

Diagnóstico Clínico

Los vibrios tienen la propiedad de afectar a todos los estadios en desarrollo del camarón, provocando rangos de mortalidades variables que dependen del sitio u órgano afectado. Si la infección es externa la mortalidad es baja mientras que en la interna es del 100%. Primeramente se observan altas mortalidades de las larvas infectadas en los tanques de hasta un 90% detectadas al tomar muestras de estas sobre la superficie del tanque. Los camarones que sufren de vibriosis pueden presentar lesiones localizadas en la cutícula, se observan en esta, manchas de color café o negras en áreas que han sido erosionadas por la acción de bacterias quitinolíticas, además de infecciones localizadas en las heridas, pérdida de los miembros, musculatura blanda, infección localizada en el intestino, el hepatopancreas y/o septicemia general. Los camarones presentan un nado errático, con movimientos incoordinados y con incapacidad de nadar de la mitad del tanque hacia el fondo, con el cefalotórax sobre la superficie con la apariencia de nadar y flotar verticalmente. Otro síntoma a destacar es la falta de apetito que manifiestan las larvas tomando en consideración la alta voracidad que presentan en estado normal. Al microscopio, se observa una extensión de los cromatóforos y una infiltración de bacterias en los órganos internos. Se localizan áreas multifocales o focales de melanización de la cutícula tornándose oscura. Una opacidad difusa de los músculos, expansión de los eritróforos en los periópodos y pleópodos dándoles a estos una coloración rojiza. Los camarones pueden parecer hipóxicos tornándose las branquias de una coloración rojiza o marrona. Los globos oculares de los camarones infectados se vuelven marrón (Lightner, 1996).

Diagnóstico Anatomopatológico

La característica diagnóstica principal de la vibriosis es la presencia multifocal de nódulos hemolíticos con centros sépticos, los cuales pueden o no estar melanizados. Las colonias de bacterias se observan como masas basofílicas pálidas localizadas en los restos de tejido necrótico dentro de los lúmenes de los túbulos y en las paredes de los túbulos necróticos e inflamados. Las células epiteliales que se encuentran dentro de los focos granulomatosos pueden estar hipertrofiadas y pueden contener masas de bacterias pálidamente basofílicas, libres en el citoplasma. Las células atrofiadas se presentan con muy pocas vacuolas de lípidos y un número marcadamente reducido y en algunos casos ausente de vacuolas secretoras. Los focos de infección producidos por los vibrios generalmente están bien delimitados por células hemolíticas formando cápsulas o tapones, los cuales comúnmente se encuentran melanizados. Las bacterias pueden ser observadas típicamente dentro o adyacentes a tales lesiones. Las evaluaciones anatomopatológicas de los camarones afectados han relevado daños en el hepatopancreas, mostrando una respuesta inflamatoria severa en los senos intertubulares que abarca a todo el órgano. En el mismo se puede encontrar una formación de nódulos melanizados en el órgano linfoide, estos nódulos generalmente tienen bacterias en el centro que han sido encapsuladas por capas de hemocitos. Los hepatopancreocitos infectados pueden parecer pobremente vacuolados indicando bajas reservas de lípidos, toda el área se observa decolorada y en casos extremos zonas del órgano licuado. También se pueden encontrar nódulos en el corazón, tejido conectivo de las branquias, glándula de la antena y en la musculatura en general. El intestino permanece vacío y se observa una secreción lechosa en sus paredes. Se aprecia una eliminación de dos capas que protegen al camarón de las infecciones: el epitelio y la membrana peritrófica que secreta (Gómez- Gil et al., 1998). Por medio de las siguientes imágenes son mostrados los efectos provocados por bacterias vibrios en los tejidos de organismos marinos, específicamente en camarones de la especie Litopenaeus vannamei.

Diagnóstico Confirmativo

Para el diagnóstico de esta enfermedad es necesario aislar la bacteria responsable a partir de larvas infectadas que presenten un cuadro clínico característico. El aislamiento se realiza al sembrar en agar T.C.B.S. (Tiosulfato, Citrato, Bilis y Sacarosa) un macerado de larvas previamente desinfectadas en su exterior. Las colonias de vibrios parahaemolyticus en T.C.B.S. después de una incubación de 24 horas a 25°C son pequeñas de color azul verdoso debido a propiedades alcalinas (pH-8,2) que necesitan para su crecimiento. Estas presentan un tamaño regular con los bordes bien definidos. El alginolyticus, anguillarum y vulnificus forman colonias amarillas grandes ligeramente mucosas y brillantes, la coloración amarilla se debe a que fermentan la sacarosa del T.C.B.S. produciendo acidez. Las colonias de alginolyticus poseen un tamaño regular y una morfología redonda. El harveyi y splendidus se caracterizan por presentar colonias verdes luminiscentes, esta luminiscencia se debe a su capacidad de producir luz. Las colonias de harveyi presentan un tamaño regular definido (Arrellano, 1989).

Tratamiento

Como en el caso de todas las infecciones bacterianas el método de tratamiento más usado es el empleo de antibióticos. Se han publicado según Arrellano (1989) algunas reglas que deben seguirse para el uso adecuado de antibióticos en la camaronicultura:

  • Es indispensable mejorar el ambiente de los estanques de cultivo.

  • Solo usar antibióticos para infecciones bacterianas.

  • Usar solo los antibióticos frescos y provenientes de fuentes confiables.

  • Usar antibióticos para los cuales las bacterias responsables sean sensibles, para determinar esto deben realizarse análisis de laboratorio.

  • Realizar un tratamiento con una dosis adecuada y por un tiempo máximo de cinco días, dependiendo del antibiótico usado.

  • Finalizar los tratamientos días antes de la cosecha para permitir la eliminación de residuos de antibióticos en el músculo del camarón.

La vibriosis puede ser también controlada bajo una rigurosa gestión del agua, la sanidad y mediante la reducción del estrés entre los camarones. Se recomienda un incremento en la tasa de recambio de agua y una reducción en la biomasa del estanque a través de cosechas parciales para reducir las mortalidades causadas por la vibriosis (Baticados et al., 1990).

Se ha descubierto que las bacterias son capaces de comunicarse entre sí e interactuar con el medio ambiente y organismos superiores por medio de pequeñas señales moleculares denominadas Quórum Sensing (Q.S.). Al respecto se ha sugerido la interrupción del Quórum Sensing como una estrategia antibacteriana. El bloqueo del Q.S. puede atenuar la patogenicidad bacteriana, más que el crecimiento bacteriano, siendo altamente atractivo, particularmente con respecto a la aparición de bacterias resistentes a antibióticos (Defoirdt et al., 2004).

El uso de los probióticos es otra alternativa eficaz para combatir la vibriosis en los sistemas de cultivo del camarón, estos son administrados directamente al agua o a través de los alimentos. Se ha informado sobre el uso de Lactobacillus sp. como bacteria probiótico en el cultivo del camarón tigre gigante (Jiravanichpaisal and Chuaychuwong, 1997).

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Autor:

Dr.MV. Isaia Jesús Castillo Rosabal

 


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