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“Sicelides musae” Una nueva edad de oro

Enviado por Ramon Sevilla

  1. Introducción
  2. Égloga IV
  3. Notas para la comprensión del poema

Égloga IV, de Publio Virgilio Marón, en hexámetros castellanos.

Tradujo: Ramón Sevilla, SJ.

Introducción

Me dirijo a ti, "Altísimo Poeta". Dante te llamó y tú lo acompañaste en su "descenso al averno", fuiste su guía y su inspiración. Sin otro mérito ni título que mi gran admiración por ti y por tu obra me siento en comunión contigo. Tu "magna" Égloga, la que nos transporta al cielo, en la que seis veces empleas esta palabra magnus[1]grande, para calificar este poema tuyo tan famoso, ha sido para mí objeto de estudio y me subyuga. Hasta tuve el atrevimiento de ponerme a traducirlo —¡tantos otros han emprendido esta tarea!— pero con una particularidad, lo he hecho en hexámetros, como tu poema, en lengua española. Doble atrevimiento. También otros han intentado, solo intentado, emplear en español esta medida de verso. Quise hacer la prueba, sin pretender comparar los míos con esas joyas de la literatura universal que son tus hexámetros latinos. Los griegos te precedieron y tú no dudaste en emplearlos en tu lengua materna y lo hiciste con tanto éxito que, como aseguran tus conocedores, muchas veces hasta los superaste. Lejos de mí tal expectativa. Sin embargo, quizá no falte alguien que, leyendo mi versión de tu poema, no pudiendo hacerlo en tu lengua, se dé una remota idea de su contenido y de ese ritmo fascinante en que se escribieron extensas obras de autores que admira todo el mundo. Y tal vez, además, no falte quien, tomando la idea y con dones personales más excelentes, haga prosperar en nuestra lengua el hexámetro con mejores resultados.

Virgilio, yo te considero un hombre de fe. Me apoyo también en autores que te conocen bien y lo aseguran. David R. Slavitt[2]en su obra Virgil, comentando tu Geórgica IV, escribe: ...el cuarto libro de las Geórgicas ya se sitúa trasponiendo los límites de la naturaleza. El hecho de vincular Virgilio el relato de Aristeo con el de Orfeo y Eurídice pone en claro que él deliberadamente se adentra más allá de los confines de la experiencia ordinaria en el ámbito de lo sobrenatural. O, para decirlo de otra manera, explora ya los confines de la razón y se adentra o salta más allá hasta la esfera de la fe.

Para mí, es muy significativo un pasaje de tu misma Geórgica IV (219-227) en el cual, después de exponer el maravilloso espectáculo de la vida de esos pequeños insectos, la abejas, remontándote al origen de toda perfección, aseguras que ellas tienen una participación en la inteligencia divina, que un Dios, que no nombras, lo recorre todo, de él procede todo y toda vida, a él todo regresa, pues no hay lugar para la muerte, todo será llevado al cielo. Tus intérpretes te explican recurriendo al panteísmo epicúreo o a cierta emanación de un espíritu divino dentro del universo, como pensaban los filósofos griegos. Los que así piensan, lo hacen de manera muy científica y humana. Pero, desde la perspectiva de la fe y con su sabia y peculiar ingenuidad (cf Mt 18, 3; 11, 25s), a mí me parece justificado tener presente al apóstol Pablo que, citando al poeta Arato, de Cilicia (siglo III a.C.), en Atenas habla a los griegos del Dios desconocido... el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas, en él vivimos, nos movemos y somos... porque somos también de su linaje (Hech 17, 23, 28). Y como Pablo pensó en Arato, al ver el altar dedicado al Dios desconocido, yo pienso al leerte en el Dios único y verdadero y reconozco en ese misterioso y sorprendente niño de tu Égloga, a Jesucristo, al que va a dar a luz la Doncella y le pondrá por nombre Emmanuel (cf Is 7, 14), Dios y Hombre verdadero. Por lo demás tu niño es un misterio, es anónimo y de padres desconocidos, al menos tú de ellos no nos dijiste nada.

Wendell Clausen, en su comentario a la égloga, ya citado, asegura que el niño era sin duda el hijo que estaba por nacer de Antonio y Octavia, entonces encinta; solo que nació una niña. Pero, ¿acaso no sucede también así con los mismos profetas, como Isaías, cuando escribió que una doncella casadera: almá, iba a tener su bebé? La versión griega de Los Setenta, se olvida de esa madre y su hijo del tiempo de Isaías, y dice: será una Virgen, parthénos. Y Mateo asegura que esta escritura se cumplió en Jesús, en el parto virginal de María. Es que aquí volvemos al "ámbito de la fe". Sin que lo conocieran, el Espíritu anunciaba por los profetas y por ti, Virgilio, algo que los superaba.

Esta obrita tuya a todos los cristianos inevitablemente enseguida nos parece navideña. Los judíos eran ya famosos en Roma en tu tiempo, palabras como Hierosolyma, sabbata, Iudaei (a quienes Horacio apodaba curti, "recortados") son términos del latín clásico. ¿Te enteraste tú de las expectativas mesiánicas de los judíos? ¿Tú, eruditísimo investigador, tuviste algún contacto con el gran Isaías? Su oráculo anuncia al párvulo que nos ha nacido, el que sobre su hombro lleva el imperio, el príncipe de la paz (Is 9, 5) y de un mundo nuevo, cuando el leopardo se echará con el cabrito... y ...el león como los bueyes comerá paja (Is 11, 6-7), sobre el cual su Padre descargó la culpa de todos nosotros (Is 53, 6). ¡Cuántas coincidencias! Isaías anuncia el futuro marvilloso con los elmentos propios de su cultura que, en lo espiritual y por su fe monoteísta, era muy superior a la de los demás pueblos de la tierra. Tú lo haces con los medios propios de tu cultura grecolatina, con los recursos mitológicos de tu ambiente que, podemos pensar, no los empleabas con mucho más hondura que como recursos literarios.

Si no tuviste ninguna base bíblica veterotestamentaria, tu originalidad fue absoluta[3]fue una iluminación directa del Espíritu de Dios que se derrama en los corazones de todo hombre que viene a este mundo y en ti encontró la sensibilidad y la apertura para adentrarte a la esfera sobrenatural de la fe según la categoría de semina Verbi[4]semillas del Verbo, de que hablan los Padres de la Iglesia. Previste las hazañas de ese Niño y quisiste vivir para cantarlas superando a Pan, a Lino y a Orfeo, divinidades de la música y el canto. Pero ¿vislumbraste acaso la hazaña por excelencia de Aquel cuyo amor insuperable lo movió a dar la vida por sus amigos y aun por sus enemigos? No es posible afirmarlo. Siendo joven deseaste intensamente larga vida para vivir y cantar ese maravilloso universo. Lo que sí sé es que expresaste en versos invaluables las extraordinarias cualidades del amor:

Omnia vincit amor, et nos cedamus amori

Todo lo vence el Amor, rindámonos, pues, al Amor.

(Égloga X, 69).

  • II. El amor no tiene límite alguno:

Me tamen urit amor, quis enim modus adsit amori?

A mí me abrasa el amor, pues ¿qué hay que lo limite?

Tus grandes enamorados, Galo y Dido, se quitaron la vida por amor, Jesucristo inventó una nueva manera de morir por amor, dando la vida por todos, amigos y enemigos, a manos de sus enemigos.

  • III. Descubriste además que la más bella cualidad del amor es que sabe sufrir muchísimo para traer la justicia, el bien y la felicidad. Su pena es enorme pero, como se trata de amor victorioso, su alegría es aún mayor y sin fin. En la Carta a los Hebreos leemos cómo se cumplió tu predicción sobre el amor que iba a venir:

[Cristo] durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad (Hebr 5, 7). Jesús sabe que la conversión, el perdón, el amor y la paz para un mundo sin amor, son dones divinos, objeto de intensa oración y fruto de su cruz y de su resurrección. Para mover al niño de tu poema a corresponder a su madre, le pones ante sus ojos lo que ella sufrió por amor:

matri longa decem tulerunt fastidia menses

de fastidio diez meses ella por ti ha tolerado.

Y luego le pides que con amor le sonría:

Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem

A conocer empieza, niño, sonriendo a tu madre

Y acerca de las penalidades del amor declaras:

Nec lacrimis crudelis amor nec gramina rivis

nec cytiso saturantur apes nec fronde capellae

Ah, cruel amor, tú de lágrimas ni el prado de ríos

ni  sáciase la abeja de flor ni de fronda la cabra.

Todo esto lo podemos entender, insisto una vez más, por lo que los santos Padres enseñaron: que en los pueblos paganos estaba Dios presente, pero de incógnito y anónimo, iluminando con su Espíritu sus corazones y moviéndolos a expresarse, anticipando lo que luego Jesucristo nos habría de revelar. La fe de las Escrituras es en un Dios que siendo él mismo el amor no cae en la muerte del odio. Los sentimientos del Corazón de Cristo son la pena, la tristeza, la compasión, la ira, la furia, pero todo con amor. Él nunca admitió el más mínimo desprecio, resentimiento, rencor u odio de nadie. Porque Dios es Amor.

Égloga IV

De Publio Virgilio Marón.

Traducción española en hexámetros[5]

  • 1. ¡Musas de Sicilia, nuestro canto algo elevemos!

  • 2. No a todos placen tímidos tamariscos y sotos;

  • 3. si canto a la selva, de cónsul sea ella digna.

  • 4. oráculo de Cumas anuncia: La última era;

  • 5. nace nuevo, viene ya, el gran orden de los siglos.

  • 6. Vuelve la Virgen, retorna la edad de Saturno;

  • 7. mira la generación que desde el cielo desciende.

  • 8. Un niño nos nacerá que pondrá fin a la era

  • 9. férrea. En el mundo nace la estirpe de oro.

  • 10. Ayúdalo, casta Lucina, tu Apolo ya reina.

  • 11. Por ti, Polión, cónsul, de tu siglo comienza la gloria,

  • 12. pronto la gran serie de meses se irá sucediendo;

  • 13. guíanos tú, si de nuestro crimen aun algo quedare,

  • 14. bórralo y que inmune de pavura viva la tierra.

  • 15. Vida de Dios le darán, y entre dioses a los héroes

  • 16. este niño verá, y él será visto por ellos.

  • 17. Ya en paz por virtud paternal regirá el orbe.

  • 18. Los primeros regalillos, niño, te dará a ti la tierra

  • 19. sin cultivo: errabunda hiedra que brota doquiera,

  • 20. bácara, colocasias y risueño acanto con ellas.

  • 21. Con la ubre llena solas las cabras tornan a casa.

  • 22. De los grandes leones ya nada temerá el buey.

  • 23. florido lecho te da por sí ella sola tu cuna.

  • 24. Sin vida cae la sierpe, la hierba falaz venenosa

  • 25. sin vida cae, doquier brota de Asiria el amomo.

  • 26. Cuando de héroes, sí, las gloriosas hazañas

  • 27. y de tu padre leas, su valor aprecies y loes,

  • 28. luego en el campo amarilleará la espiga oscilante,

  • 29. rubicundas uvas de la zarza verás cómo cuelgan

  • 30. y cómo cual rocío suda mieles el áspero roble.

  • 31. Vestigios quedarán del primitivo pecado:

  • 32. intrépidos navegando mares, otros amurallando

  • 33. ciudades, el arado desgarra en el surco la tierra.

  • 34. Otro Tifis habrá y otra Argo que lleve a los héroes,

  • 35. equipo selecto. Y otra vez volverase a la guerra;

  • 36. a Troya de nuevo enviado será el gran Aquiles.

  • 37. Madurada la edad, cuando seas por fin un hombre,

  • 38. el navegante dejará mares, y así toda nao

  • 39. no permutará más: prodúcelo todo la tierra.

  • 40. No consentirá rastros el agro ni hoz ya la viña;

  • 41. los labriegos el yugo quitan también a la yunta;

  • 42. más no la lana ha de simular falsos coloridos,

  • 43. con lodo, carnero, mudarás tu vellón en el prado,

  • 44. de múrice rúbeo o tinturado de croco;

  • 45. el cordero pace y así la escarlata lo viste.

  • 46. A su huso unánimes: "Ya siglos así se sucedan",

  • 47. las Parcas dijeron. Y dio el hado su sólido fallo.

  • 48. ¡Es hora ya, sal al encuentro de grandes honores,

  • 49. niño querido, divino, de Jove gran incremento!

  • 50. El mundo, mira, cimbrarse en su cóncavo peso,

  • 51. tierras, inmensos mares, altísimo cielo.

  • 52. ¡Ya todo tu tiempo presiente, se llena de gozo!

  • 53. Oh, entonces quédeme, sí, un largo final de mi vida,

  • 54. e inspiración déseme para referir tus hazañas.

  • 55. A Orfeo de Tracia, si canta, no hay duda lo venzo,

  • 56. y a Lino, así los apoyen el padre y la madre:

  • 57. a Orfeo Calíope, a Lino el bellísimo Apolo.

  • 58. Pan, también, yo lidie con él, y Arcadia lo juzgue;

  • 59. Pan, también, dígase vencido y Arcadia lo juzgue.

  • 60. A conocer empieza, Niño, sonriendo a tu madre:

  • 61. de fastidio diez meses ella por ti ha tolerado.

  • 62. Niño, comienza, que al que no sonriole a su madre

  • 63. ni invita un dios a su mesa ni a su lecho una diosa.

Notas para la comprensión del poema

(Entre corchetes [ ] los versos que se comentan).

Teócrito, (siglo III a. C.) el más famoso de los poetas bucólicos, de pastores, era siracusano de Sicilia; a este lo imita Virgilio [1], pero en su poema el asunto está por encima de lo meramente pastoril. Los tamariscos o tamarices [2], planta mencionada por Teócrito, eran símbolo de la poesía bucólica. Los oráculos de la Sibila de Cumas eran famosos[4]. Por el año 40, fecha de la creación de la Égloga IV, se propalaban sombrías predicciones de la profetisa poco antes de la guerra del Peloponeso, según lo consigna Tucídides[6]Virgilio por su parte, menciona una nueva y dorada era que está por venir. Supongo, pues, que Virgilio atribuyó a la Sibila su propia concepción. Para los autores anteriores y contemporáneos, la Edad de Oro era ya cosa del pasado e irrepetible.

La Virgen: se refiere a la diosa de la justicia, Astrea, que vivió en el mundo en aquellos dorados tiempos cuando reinaba Saturno. Nadie tenía que trabajar, los mortales podían consagrarse sin holgazanería a las actividades superiores del espíritu [6]. La diosa huyó al cielo por la corrupción que sobrevino. Lucina [10]: Juno o Diana, diosas que presidían los partos. En este caso Diana cuyo hermano Apolo también se menciona, hijo de Júpiter y Latona. Uno de sus símbolos es la lira, que nos habla de la celeste armonía. Dios famoso por sus versos y música, entre otras muchas cosas.

Polión [11]: Cónsul en el año 40 a quien Virgilio dedica su poema, digno de tal magistrado. Los meses [12]: parece una alusión al período de gestación (cf [61]) o a la misma Edad de Oro.

Valor paternal [17 y 27]: Hércules, con sus valientes trabajos pacificó el mundo. Virgilio lo pone como ancestro del niño.

Mares [32]: Virgilio dice Tetis, diosa del mar: temptare Thetin ratibus, desafiar a Tetis con barcos. Tifis [34]: nombra Virgilio al timonel de la nave de los Argonautas. Cincuenta famosos héroes fueron a la Cólquide por el vellocino de oro en una riesgosa expedición que tuvo éxito. Era fama que esta nave fue la primera que entró en el mar bajo su capitán Jasón.

Las Parcas [46]: Cloto, Láquesis y Átropos, encargadas del hilo de las vidas humanas. Cloto hilaba, Láquesis enredaba en el huso, Átropos cortaba el hilo a voluntad.

Orfeo y Lino [55-56 ]: el primero, cantor legendario de Tracia, esposo de Eurídice, que amansaba los tigres y desplazaba las encinas con su música; el segundo, hijo de Apolo, músico y maestro de Hércules, que le dio muerte.

Pan [58]: dios de los pastores de la Arcadia. Músico. Enamorado de la ninfa Siringa la persiguió y las ninfas la convirtieron en junco. Pan con la caña o junco de Siringa, hizo su flauta. Diez meses [61]: se trata del mes sideral o de la luna, tiempo normal de un embarazo.

El último hexámetro [63] alude también a Hércules, quien, como relata Homero, en la Odisea, 11, 602-604, en premio de sus hechos: Se regocija en los festines de los dioses inmortales y tiene como esposa a Hebe la de hermosos tobillos, hija del gran Zeus y a Hera, la de áureas sandalias[7]

Texto en latín:

Sicelides Musae, paulo maiora canamus!non omnis arbusta iuvant humilesque myricae;si canimus silvas, silvae sint consule dignae.ultima Cumaei venit iam carminis aetas;

5

magnus ab integro saeclorum nascitur ordo.iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna;iam nova progenies caelo demittitur alto.tu modo nascenti puero, quo ferrea primumdesinet ac toto surget gens aurea mundo,

10

casta fave Lucina: tuus iam regnat Apollo.teque adeo decus hoc aevi, te consule, inibit,Pollio, et incipient magni procedere menses;te duce, si qua manent sceleris vestigia nostri,inrita perpetua solvent formidine terras.

15

ille deum vitam accipiet divisque videbitpermixtos heroas et ipse videbitur illispacatumque reget patriis virtutibus orbem.at tibi prima, puer, nullo munuscula cultuerrantis hederas passim cum baccare tellus

20

mixtaque ridenti colocasia fundet acantho.ipsae lacte domum referent distenta capellaeubera nec magnos metuent armenta leones;ipsa tibi blandos fundent cunabula flores.occidet et serpens et fallax herba veneni

25

occidet; Assyrium vulgo nascetur amomum.at simul heroum laudes et facta parentisiam legere et quae sit poteris cognoscere virtus,molli paulatim flavescet campus aristaincultisque rubens pendebit sentibus uva

30

et durae quercus sudabunt roscida mella.Pauca tamen suberunt priscae vestigia fraudis,quae temptare Thetim ratibus, quae cingere murisoppida, quae iubeant telluri infindere sulcos.alter erit tum Tiphys et altera quae vehat Argo

35

delectos heroas; erunt etiam altera bellaatque iterum ad Troiam magnus mittetur Achilles.hinc, ubi iam firmata virum te fecerit aetas,cedet et ipse mari vector nec nautica pinusmutabit merces: omnis feret omnia tellus.

40

non rastros patietur humus, non vinea falcem;robustus quoque iam tauris iuga solvet arator;nec varios discet mentiri lana colores,ipse sed in pratis aries iam suave rubentimurice, iam croceo mutabit vellera luto,

45

sponte sua sandyx pascentis vestiet agnos.«talia saecla» suis dixerunt «currite» fusisconcordes stabili fatorum numine Parcae.adgredere o magnos - aderit iam tempus - honores,cara deum suboles, magnum Iovis incrementum!

50

aspice convexo nutantem pondere mundum,terrasque tractusque maris caelumque profundum,aspice, venturo laetantur ut o mnia saeclo!o mihi tum longae maneat pars ultima vitae,spiritus et quantum sat erit tua dicere facta:

55

non me carminibus vincat nec Thracius Orpheusnec Linus, huic mater quamvis atque huic pater adsit,Orphei Calliopea, Lino formosus Apollo.Pan etiam, Arcadia mecum si iudice certet,Pan etiam Arcadia dicat se iudice victum.

60

incipe, parve puer, risu cognoscere matrem:matri longa decem tulerunt fastidia menses.incipe, parve puer: qui non risere parenti,nec deus hunc mensa, dea nec dignata cubili est.

 

 

Autor:

Ramón Sevilla

 

[1] “The adjective magnus occurs six times in this E. …and modifies not so much the individual noun to which it is attached as the whole poem”. W. Clausen, Virgil —Eclogues, (Oxford, 1995), p. 131.

[2] David R. Slavitt, Virgil, Yale University Press, 1992, p. 74-75.

[3] There was no such tradition for Virgil to rely on, Op. cit., p. 19.

[4] «Los pueblos paganos, a pesar de no ser los destinatarios directos de la revelación de Dios, también concibieron la esperanza de unos tiempos futuros en los que reinaría una paz sin fin. Así, el poeta latino Virgilio, canta esa edad de oro en su famosa égloga IV, con unos tonos semejantes a los del profeta, y anuncia una época de esplendor universal. San Clemente de Alejandría nos dice en sus obras teológicas “Stromata” y “Pedagogo” que Dios nuestro Señor también fue preparando a los pueblos gentiles a la llegada del Mesías con la esperanza de la salvación, y que en la filosofía y en las religiones no-cristianas se encuentran vestigios de verdad –“Semina Verbi”— como él los llama». “Jesucristo, Héroe de héroes”, Prof. Liliana Panciroli de Caratti. (Texto encontrado en Internet).

[5] Para la lectura rítmica de los versos, las sílabas largas iniciales del dáctilo y del espondeo se señalan con la vocal resaltada. Si después de esta vocal viene una sílaba, es verso espondeo, dos largas: Musas. Si vienen después dos sílabas, son breves, es verso dáctilo: nace nue.

[6] Dato tomado de: W. Clausen, Virgil – Eclogues, (Oxford, 1995), 119, nota 2.

[7] Id. Ibid. p. 145.


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