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Hechos de los Apóstoles

Enviado por Agustin Fabra



EL LIBRO

El tercer Evangelio, el de Lucas, y el Libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que narra la historia de los orígenes cristianos. En principio era parte del Evangelio de San Lucas, pero ya desde muy pronto la segunda parte empezó a conocerse como los Hechos de los Apóstoles, según la moda de la literatura helenística, que ya había divulgado obras como Hechos de Aníbal o Hechos de Alejandro, entre otras.

En el canon del Nuevo Testamento está separado del Evangelio de Lucas por el Evangelio de San Juan, que está intercalado. La relación original del Evangelio de Lucas y de los Hechos de los Apóstoles viene confirmada por sus respectivos prólogos, así como por su parentesco literario.

El prólogo de los hechos de los Apóstoles, que como el tercer Evangelio se dirige a un tal Teófilo (Lucas 1:1-4 y Hechos 1:1), remite a ese Evangelio como a un primer libro, resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos narrados en el Evangelio (Resurre cción y Ascensión de Cristo), para empalmar con ellos la continuación del rel ato, ya en el principio de los Hechos de los Apóstoles.

El libro de los Hechos de los Apóstoles es la única historia de la Iglesia primitiva, y sin él sería imposible tener un cuadro coherente de la edad apostólica. Al principio también se conoci ó el libro de los Hechos de los Apóstoles como Los Hechos, como El Evangelio del Espíritu Santo o como El Evangelio de la Resurrección.

No contiene la historia de todos los apóstoles, sino sólo la de Pedro y la de Pablo de Tarso. Juan es mencionado sólo tres veces, y todo lo que se cuenta de Santiago (Jacob o Jacobo), el hijo de Zebedeo, es su ejecución por Herodes (Hechos 12:1). Al principio del libro se menciona a los Doce, incluyendo a Matías (quien sucedió a Judas Iscariote). También a lo largo del libro se menciona a Bernabé de Chipre, a Marcos (el primer evangelista), a Santiago, el hermano del Señ or, y a Silas entre otros.

El objetivo del libro de los Hechos de los Apóstoles es el de describir la vida de la iglesia primitiva y cómo el cristianismo surgió del seno judío y se transformó en religión universal, a pesar de las dificultades y controversias que fueron surgiendo.

El estilo literario de los Hechos de los Apóstoles es elegante y rico en vocabulario. Lucas posee un notable dominio de la gramática y de los recursos lingüísticos del griego de su tiempo (koiné), e incluso del clásico (ático). El conjunto de su obra es representativo de los primeros esfuerzos realizados para proponer la fe cristiana a los niveles más cultos de la sociedad romana. La unidad literaria entre el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles no nos permite dudar de que ambos libros sean obra de un mismo autor.

EL AUTOR

La tradición de la Iglesia es unánime al reconocer que el autor de los Hechos de los Apóstoles es Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya en el año 175 d.C. el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori (Ludovico Antonio Muratori) y los testimonios de San Irineo, Tertuliano, Clemente y Orígenes.

Según los escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, griego de amplia instrucción y versado a fondo tanto en la Biblia griega como en los temas judíos. Y lo que sabemos de Lucas por las epístolas o cartas paulinas cuadra a la perfección con esos datos.

Pablo presenta a Lucas como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio (Colosenses 4:14, Filemón 1:24, 2Timoteo 4:11). Según Colosenses 4:10 -14 Lucas es médico, lo cual comporta una cierta cultura, a pesar de que Lucas nunca utiliza un vocabulario específicamente médico en sus escritos bíblicos.

Lucas, cuyo nombre original latín era Lucano y en griego Laukas y que significa portador de luz, nació el año 10 d.C. en Antioquía de Siria y estaba emparentado con el diácono Nicolás, un prosélito de Antioquía (Hechos 6:5). Lucas no era judío y por ello Pablo lo separa de los circuncisos (Colosenses 4:14). Se supone que Lucas era uno de los setenta discípulos de Jesús. Murió en el año 94 d.C., mártir, en Beocia (Grecia) a los 84 años de edad, colgado de un árbol. Nunca se casó ni tuvo hijos. Sus reliquias se encuentran en la basílica de Santa Justina en Padua, Italia.

DATACION Y MARCO HISTORICO

Nada seguro hallamos en la traducción antigua para fijar la fecha en que se escribieron los Hechos de los Apóstoles, por lo que debemos deducir la fecha en base a eventos históricos comprobables. El libro concluye con la prisión romana de Pablo entre el 61 y el 63 d.C. y, en todo caso, su composición debe ser posterior al tercer Evangelio, lo cual nos dice que fue entre los años 61 y 62 d.C.

Esta tesis es defendida por autores como B. Reicke y César Vidal, quienes se basaron en los siguientes datos:

· El libro finaliza abruptamente con el comienzo de la cautividad de Pablo en Roma en el año 61 d.C.

· Aunque relata el martirio del diácono Esteban y de Santiago el Zebedeo, no menciona el de Santiago, el hermano de Jesús, que tuvo lugar en el año 62 d.C.

· No menciona la muerte de Pedro en las persecuciones de Nerón en los años 62 al 64 d.C.

· Tampoco relata la muerte del personaje más prominente del libro, Pablo de Tarso, también mártir, en el año 63 d.C.

· No se menciona, ni directa ni indirectamente, la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C., que habría servido para reforzar aún más la imagen profética de Jesús.

Como lugares de composición se opta unánimemente por haberla iniciado en la ciudad de Roma, finalizándola en Antioquía de Siria, lugar de donde era originario Lucas.

LAS FUENTES DEL LIBRO

El autor de los Hechos declara haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, sumándose a los que ya habían intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros ( Lucas 1:1-4). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por el otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión.

En el libro se pueden distinguir sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren l a vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión (Hechos 1 al 5), y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe (Hechos 8:4 -40) y del mismo Pedro (Hechos 9:32 y 11:18).

Para la segunda parte de los hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a q uien no sólo conocía, sino que habían sido compañeros de viaje. Otras personas, quizás Silas y Timoteo, podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre un determinado episodio. En cuatro ocasiones durante su relato (Hechos 16:10-17, 20:5, 21:18 y 27:1-6), Lucas emplea la primera persona del plural ("nosotros").

Una vez reunido este material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales (Hechos 6:7, 9:31, 12:24, etc.).

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de las que Lucas disponía no eran homogéneas. De otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua , subordinando los datos históricos a su plan literario y, sobre todo, a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local.

El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia (Hechos 13:16 -41), no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén (Hechos 2:14-36, 3:12-26, 4:8-12 y 5:29-32), el de Esteban (Hechos 7:1-53) y también el de Pedro en Cesárea (Hechos 10:34-43). Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva, apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial, el Kerygma de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo.

Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y eso es lo que le permitió impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. El subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. El libro de los Hechos de los Apóstoles es algo muy distinto a un memorial para presentarlo ante el Tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí mismo, la historia de los orígenes cristianos.

CONCLUSION

Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del cristianismo. Y la enseñanza teológ ica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra. Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el naci miento del cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, se convendrá e n que este libro, único en su género en el Nuevo Testamento, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del cristianismo.

CAPITULO I

Prólogo

El primer capítulo cumple con la función de introducción a la obra, explicándole a su amigo Teófilo que el primer libro, lo que nosotros conocemos como el Evangelio de Lucas, lo dedicó a explicar el ministerio de Cristo, desde el nacimiento de Juan el Bautista hasta las Ascensión de Jesús (1:1 -2).

Posteriormente Lucas cuenta que Jesús se apareció a los apóstoles, quedándose con ellos durante cuarenta días e instruyéndoles acerca del reino de Dios (1:3), prometiéndoles el bautismo en el Espíritu Santo una vez que El hubiera subido al Padre, lo cual ocurrió en la festividad de Pentecostés (1:4-5).

La Ascensión

Los apóstoles preguntaron a Jesús acerca del restablecimiento del Reino de Israel, ya que ellos aún pensaban en una restauración temporal de la realeza de David. Pero El les explica que no será un reino terrenal, sino celestial. Y que una vez reciban el bautismo en el Espíritu Santo , serán enviados hasta los confines del mundo para que sean los testigos de su resurrección y de su obra , y darán a conocer a todos el Reino de Dios. Y ese mensaje será válido desde su Ascensión hasta la Parusía; el regreso de Cristo (1:6-8). Esta será la temática fundamental que Lucas desarrollará a lo largo de los Hechos de los Apóstoles.

El grupo de los apóstoles y sustitución de Judas

Entonces es cuando los discípulos se preparan en oración para ese gran momento (1:12 -14) y reconstruyen el grupo de los Doce, con la elección de Matías en lugar de Judas, quien se había suicidado echándose de cabeza a un barranco después de su traición, en un lugar de muy mala fama conocido como Haqueldamá o Campo de sangre.

La finalidad principal de este capítulo es la explicación teológica de la traici ón de uno de los Doce, así como ofrecer la teología de los apóstoles: ser testigos cualificados de Jesús, de su ministerio y resurrección. Los Doce son conscientes de que ellos son el verdadero pueblo de Dios; el nuevo Israel.

Ya todo está preparado para la venida del Espíritu Santo para dar así inicio al camino de la Iglesia.

CAPITULO II

Pentecostés

Lucas presenta el inicio de la Iglesia en Jerusalén con los acontecimientos de Pentecostés, el discurso a la gente que estaba allí presente y el testimonio que dio esa primera comunidad cristiana.

El día de Pentecostés (2:1) vino una vez concluido el período de cincuenta días después de Pascua. La festividad de Pentecostés antiguamente era la fiesta de la siega o de los Ácimos y posteriormente se convirtió en la fiesta de la renovación de la Alianza. Este nuevo valor litúrgico pudo inspirar la escenificación de Lucas, que evoca la entrega de la Ley en el Sinaí.

Estando aquel día reunidos los discípulos de Jesús, recibieron la efusión del Espíritu Santo que les había sido prometida por Cristo. Sintieron una impetuosa ráfaga de viento, señal de la llegada del Espíritu Santo, y entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego sobre cada uno de ellos (2:2 -3), recibiendo con ello el don de lenguas (2:4). Lucas expresa aquí una afinidad entre el Espíritu Santo y el viento, ya que la misma palabra significa tanto espíritu como soplo.

Discurso de Pedro

Había allí numerosas personas venidas de muchas partes que , cuando se dieron cuenta de aquello, quedaron asombradas ya que cada uno oía hablar a los discípulos en sus propias lenguas (2:5 -12). Pero muchas de las personas ahí presentes que habían acudido por curiosida d al ver lo que estaba ocurriendo, se reían pensando que los discípulos se habían emborrachado con vino (2:13). Cuando Pedro se dio cuenta de que algunos se estaban riendo de ellos, les aclaró que no estaban borrachos, ya que solamente eran las 9 de la mañana, sino que se estaban confirmando las palabras del profeta Joel (2:14-21).

Seguidamente Pedro, lleno ya del Espíritu Santo, les habla de la muerte y de la resurrección de Cristo y de su mensaje de salvación. Con esta enseñanza apostólica de Pedro comienza el testimonio de la Iglesia en Jerusalén (2:22-41) y el nacimiento de la primera comunidad cristiana, donde todos aportaban sus dones y bienes en comunidad, repartiendo según la necesidad de cada uno (2:42-47).

Citas:

a) Éxodo 23:14-15 "Tres veces al año me celebrarás fiesta. Guardarás la fiesta de los Ácimos" . b) 2 Crónicas 15:12 "Y se obligaron con un pacto a buscar a Yahvé, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma".

c) Joel 3:1-2 "Después de esto yo derramaré mi espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán vision es. Y hasta mis siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días".

CAPITULO III

Curación de un tullido

Pedro y Juan, como fieles judíos, acudían todos los días a la oración en el Templo (3:1). La hora mencionada, la nona, es la segunda de las tres horas oficiales para la oración en el Templo, hacia las tres de la tarde aproximadamente.

El tullido al que se alude en el versículo 2 no fue traído expresamente para pedir limosna en aquel momento, sino que formaba parte del grupo de mendigos que pedían limosna en común en el exterior del Templo, ya que dar limosna era considerado como un acto religioso . Sin embargo Pedro no tiene nada de valor que pueda constituir un óbolo interesante para el mendigo (3:6). A pesar de no tener posesiones materiales que darle, el apóstol tiene algo mucho más valioso que ofrecer al mendigo: la curación en el nombre de Jesucristo. Y el paralítico es colocado bajo la eficacia salvífica de Jesús por medio de la fe del apóstol. Pedro toma de la mano al minusválido, éste se pone de pie y echa a andar (3:7).

El tullido, cuando comprueba el poder salvífico de Jesucristo, comienza a alabar a Dios (3:8) y es entonces cuando la multitud se da cuenta de que la alabanza está siendo efectuada en el interior del Templo por el mismo impedido que pedía limosna en su puerta (3:9). La conclusión de Lucas es la de hacer resaltar el carácter universal y sin distinciones que viene de Dios: "quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que había sucedido" (3:10).

Discurso de Pedro al pueblo

La gente, ante el hecho espectacular de la curación del paralítico, se congrega ante los apóstoles y ello le sirve a Pedro para proclamar su discurso (3:11). Aquí Pedro intenta aclarar un mal entendido sobre estos hechos provocados por la efusión del Espíritu: no había sido obra personal de ninguno de ellos ni de ningún poder humano, sino por el poder sal vífico de Jesús.

La idea del discurso de Pedro en Pentecostés y este discurso es la misma: la culpabilidad de los judíos por haber rechazado a Jesús y el mantenimiento de la promesa de salvación a los judíos, previo arrepentimiento y conversión. Si comparamos los dos discursos notaremos que en éste la conversión ocupa un mayor espacio, mientras que en el discurso de Pentecostés el narrador se muestra más preocupado por la afirmación del kerigma cristológico. Ambos discursos expresan las preocupaciones teológicas de la naciente Iglesia de los cristianos.

En el versículo 16 Lucas narra por fin a quién se debe la curación del paralítico, donde nos encont ramos con una cuestión teológica importante: cuál es la relación entre el nombre de Jesús, la fe de los apóstoles y la del paralítico. De un lado hay que sal vaguardar que la fe, tanto la de los apóstoles como la del tullido, no es obra humana, sino una condición implantada por Dios como consecuencia de su promesa de salvación universal.

En el versículo 17 nos encontramos con un cambio en el tema del discurso de Pedro. De las anteriores acusaciones al pueblo judío se pasa a un tono conciliador y, de alguna manera, se justifica o resta importancia al pecado de Israel: "lo hicisteis por ignorancia" (3:17). Y Pedro invoca al pueblo de Israel a una llamada a la conversión (3:19); una llamada al abandono de una vida depravada y a la aceptación de la oferta salvífica de Dios.

El Dios de Israel, a pesar de la acción culpable de su pueblo elegido, le ofr ece la oportunidad de una nueva conversión, la última oportunidad antes del juicio definitivo de Dios. Si se convierte serán tiempos de salvación y de consuelo (3:20). Pero el que no acepte el anuncio de Jesús no pertenecerá al verdadero Israel (3:23).

El final de este tercer capítulo es una llamada directa a la conversión (3:25-26). Cristo dará a todas las etnias la bendición que procede del Padre, siendo la primera de ellas la confirmación de la promesa a Israel. Pero Israel debe rectificar y escuchar esta llamada que por boca de los apóstoles se le ofrece, abandonando su vida anterior.

CAPITULO IV

Pedro y Juan ante el Sanedrín

El enfrentamiento con la autoridad judía se produce hacia el final del discurso de Pedro en el Templo (4:1). Las autoridades judías junto con el Segán, comisario del Templo, y miembros del partido saduceo pertenecientes a la nobleza sacerdotal, interrumpen de forma abrupta el discurso de Pedro. El concepto de la resurrección de Jesús y la actuación de Dios en el propio Jesús suponía algo totalmente inaceptable desde su visión religiosa (4:2).

Lucas nos cuenta cómo son detenidos los apóstoles por parte de la autoridad religiosa (4:3). Como era por la tarde y los detenidos sólo podían ser interrogados por la mañana, se les encarceló esa noche. Pero las autoridades judías no pueden evitar que un importante número de oyentes se convierta (4:4).

A la mañana siguiente se reúne el Consejo para interrogar a los apóstoles. Recordemos que en tiempos de la dominación romana el poder religioso estaba en sus manos, además del régimen interno sobre la provincia de Judea. Se especifica cómo el Sanedrín estaba formado por tres grupos: los jefes del pueblo, los ancianos y los doctores de la ley (4:5). Igualmente menciona al Sumo Sacerdote y a miembros de las familias de Sumos Sacerdotes, aunque es de destacar el error de nombrar a Aná s como Sumo Sacerdote ya que quien realmente ocupaba entonces el cargo era Caifás (4:6).

El interrogatorio empieza con la siguiente pregunta: "¿En nombre de quién habéis hecho esto?" (4:7). Lo más lógico sería que el Consejo hubiera iniciado el interrogatorio preguntándoles por su predicación sobre la resurrección, en lugar de ir directamente al punto de la curación del tullido. Sin embargo esta pregunta le da la oportunidad a Pedro, lleno del Espí ritu (4:8), para hablar sobre el poder del nombre del Señor. Y reitera que el autor de la curación del enfermo es Jesucristo, no ellos (4:9 -10). Al mismo tiempo Pedro les achaca la acción dolosa de los judíos contra Jesús al no reconocerlo, citando para ello el Salmo 128 (4:11). Y finaliza el discurso reiterando que Jesús ha sido constituido por Dios en el fundamento de nuestra salvación (4:12).

No parece normal la reacción del Consejo, ya que lo primero en que se repara es: "Estaban sorprendidos… vien do la seguridad de Pedro y de Juan". A continuación les preguntan si eran secua ces de Jesús, pero a pesar de ello no les condenan al no tener réplica al hecho fáctico de que el nombre de Jesús y su salvación anunciada por los apóstoles, ha sanado al ex paralí tico (4:13-14). Y les ordenan salir fuera del Sanedrín con el fin de deliberar entre ellos (4:15).

Los jueces no se cuestionan las posiciones religiosas de Pedro ya que sólo les interesa solucionar el problema al que se enfrenta el Consejo, de manera que éste salga del trance de la manera más airosa posible, ya que el hecho taumatúrgico parece innegable (4:16). Al final el Consejo no les condena, sólo les amenaza y les prohíbe mencionar el nombre de Jesús en público (4:17).

Los apóstoles son llamados a presencia del Consejo para amonestarles, pero ellos responden de m anera intimidatoria diciendo que seguirán divulgando lo que habían visto y oído, y con ello refrendan la misión encomendada por Jesús (4:18-20). El Consejo los suelta con nuevas amenazas, ya que no encuentra nada punible en su actitud y les preocupa la reacción del pueblo (4:21-22).

Inmediatamente después de su liberación los apóstoles se reúnen con su comunidad para contarles lo sucedido, ya que el hecho es muy relevante y afecta a toda la comunidad. La amenaza que se cierne sobre todos ellos por parte de las autoridades judías es superada mediante una oración comunitaria.

Oración de los apóstoles en la persecución

Concluye el relato con una prueba evidente de que la oración comunitaria ha sido escuchada por Dios, ya que retembló el lugar. Además de esto, la fuerza del Espíritu pedida en la plegaria llenó a todos en la habitación (4:23-31). En el momento más necesario el Espíritu viene a ellos, reafirmando de alguna manera la efusión del Espíritu producida en Pentecostés y confirmando que los apóstoles están cumpliendo con el mandato de Jesús.

La primera comunidad cristiana

La vida interna de la comunidad, a pesar de las amenazas de las autoridades judías, transcurre en armonía (4:32) hasta el extremo que esa unión en el seno de la comunidad les hizo traspasar la frontera de los bienes privados y los muros que la propiedad de éstos levantaba entre las personas: "todo lo tenían en común" (4:33). Lucas explica que la comunidad de bienes y su distribución se efectuaba poniendo todo a los pies de los apóstoles, y luego éstos lo distribuían según las necesidades de cada uno (4:34-35).

Generosidad de Bernabé

Lo anteriormente descrito sobre la comunidad de bienes de la Iglesia primitiva es ejemplarizado por Lucas al mencionar el ejemplo de Bernabé, un levita nacido en Chipre y que residía por períodos de tiempo en Jerusalén y quien poseía en esa ciudad un campo. Bernabé lo vendió y entregó a los apósto les el dinero recibido por la venta del campo para que ellos lo administraran (4:36 -37).

CAPITULO V

Fraude de Ananías y Safira

El relato del inicio del capítulo 5 describe cómo un matrimonio, queriendo emular la acción de Bernabé en el capítulo 4, vende una propiedad. Pero en vez de actuar con limpieza de corazón, se quedan con una parte del dinero obtenido por la venta del terreno, llevando el resto a los apóstoles, como si fuese la totalidad de la recaudación (5:1-2).

Pedro, de acuerdo al don carismático recibido del Espíritu Santo, descubre el engaño perpetrado por Ananías y su esposa Safira, echándoles en cara públicamente esa ladina actuación hacia la comunidad cristiana y hacia Dios, y le dice a Ananías: "No has mentido a los hombres, sino a Dios" (5:3-4). En consonancia con la actuación de Pedro, Dios mismo ejecuta la sentencia y Ananías muere de manera fulminante. Inmediatamente se hace un silencio sobrecogedor entre los que presencian este hecho (5:5) y unos jóvenes, prácticamente preparados para la ocasión, lo amortajan e inmediatamente lo llevan a enterrar en total silencio (5:6).

Cuando Safira, la esposa de Ananías, entra en el local donde está reunida la comunidad, ignorante aún de lo sucedido, es inquirida por Pedro sobre la venta de la finca. Esta parte del texto adquiere un tono de tribunal en que la pena ya está dictada antes incluso de escuchar al reo. Pedro, en su pregunta, sólo trata de establecer la complicidad de la mujer, siendo ésta merecedora de la misma pena con que fue castigado el marido (5:7-9). Pedro señala a Safira su intento de engañar al Espíritu Santo e inmediatamente la esposa fallece al instante (5:10). La comunidad entera queda sobrecogida por la actuación del Espíritu y capta de inmediato el mensaje: no poner jamás a prueba al Espíritu Santo (5:11).

En esta narración, tanto el rigorismo del relato como la falta de oportunidad de conversión y la rotundidad fulminante de la actuación divina, no parecen estar en demasiada consonancia con la doctrina de Jesús y con la propia misión de la Iglesia. A ambos no se les concede ninguna posibilidad de arrepentimiento y de reconciliación y mueren instantáneamente.

El poder de los Apóstoles

Seguidamente Lucas nos ofrece un resumen de la vida de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén, alrededor de la actividad taumatúrgica de los Apóstoles y el temor que esto prod ucía entre los no creyentes, "aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio" (5:12-13).

De alguna manera Lucas prepara el escenario para la segunda comparecencia de los apóstoles ante el Consejo o Sanedrín. Pero a diferencia de la primera comparecencia, los apóstoles son ahora vistos con gran respeto por los habitantes de Jerusalén, aún y todo de los que no pertenecían a la comunidad cristiana. Lucas señala la continuidad de los prodigios y curaciones obradas por mediación de los apóstoles (5:12-16). El temor de los judíos no conversos es manifiesto: "no se atrevían a juntárseles" (5:13). Pero ese temor no coincide con el éxito clamoroso de conversiones en Jerusalén (5:14) , por lo que hemos de traducir esto como un temor que no impedía que el pueblo se convirtiese.

En el versículo 15 vuelve el hilo de la narración que había quedado interrumpida en el versículo 13. Ahora Pedro aparece como foco central del relato. Pedro no cura mediante procedimientos especiales; basta "siquiera con su sombra" para que el poder del nombre de Dios obre por su medio (5:15).

Al finalizar esta parte se narra cómo el eco de estos prodigios traspasa las fronteras de Jerusalén, de donde llegaban personas de pueblos vecinos en busca de sanación (5:16).

Prendimiento y liberación

En el relato que viene a continuación acerca del prendimiento de los apóstoles y de su posterior milagrosa liberación después de la defensa que de ellos hizo Gamaliel (5:17 -42), da la impresión de que Lucas pudo haber encontrado elementos duplicados en la traducción, y que los hubiera colocado uno detrás de otro. Además la historia del propio hecho no parece clara: la flagelación era una pena que se imponía a un condenado que desconocía la ley que había violado, pero éste no parece ser el caso de Pedro.

Intervención de Gamaliel

Lucas pretende dar una introducción, un e scenario concreto que sirva como marco al discurso de Gamaliel (5:35). En este discurso aparecen determinados elementos argumentativos que sirven para llegar a su conclusión (5:38-39): no ponerse nerviosos; que el tiempo les juzgue y así se evitarán mayores consecuencias.

Gamaliel se refiere a dos ejemplos para justificar su argumentación, Teudas y Judas el Galileo , que tienen determinadas conexiones con la esperanza mesiánica de Israel. Pero Lucas, en su narración, coloca a la inversa la aparición de Teudas y Judas; su cronología es manifiestamente falsa. Teudas hizo su aparición diez años antes que Judas (año 44 d.C.) Todo esto confirma que Lucas no dependía de fuentes históricas seguras, según lo asevera Josefo, historiador judío (38 -101 d.C.).

Gamaliel, como conclusión de los dos ejemplos expuestos (5:38), exhorta al Sanedrín y a los habitantes de Jerusalén a no poner obstáculos a la actuación de Dios. Si lo que cuentan los apóstoles sobre Jesús e s falso, Dios les castigará. En caso de que esto sea obra de Dios, ¿para qué meterse en camisa de once varas y terminar ofendiendo a Dios?

Gamaliel utiliza un principio inscrito en la Mishna o compilación de leyes judías. Por lo tanto el rabino argumenta jurídicamente en consonancia con la ley y las tradiciones judías: "toda asociación en nombre de Dios acabará por mantenerse" (5:39).

Como no podía ser menos, la argumentación de Gamaliel es aceptada por el Consejo (5:40). Pero éste se coloca con su actuación en una situación incómoda: estas medidas son demasiado blandas y parecen llevar implícitas una transigencia y cierta aceptación de los hechos. Finalmente los apóstoles salen del trance más afirmados en su misión. La conclusión es una reiteración de la propagación del Evangelio (5:42).

La institución de los Siete

La narración introduce un cambio importante dentro de la primitiva iglesia cristiana: por primera vez aparecen mencionados los helenistas, o sea, aquellas personas que habían adoptado la cultura helénica o griega, a pesar de ser judíos. Ello supone la expa nsión de la Iglesia más allá de Jerusalén, al mencionarnos Lucas la existencia de una comunidad compuesta por judeocristianos de cultura helenística (6:1).

El texto empieza planteando una cuestión práctica sobre la distribución de alimentos en la comunida d, ya que se trataba de una comunidad de bienes. Los helenistas están desconcertados por el reparto efectuado por los hebreos ya que, según ellos, en el suministro diario descuidaban a las viudas (6:1). Parece ser que las viudas de los judíos de la diáspora, al no contar con parientes en la ciudad, se encontraban en una situación de extrema necesidad. Parecía que la comunidad de bienes no estaba suficientemente organizada para solucionar este problema y, por ello, los Doce reúnen a su comunidad y la asamblea designa a los encargados de ese menester: Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás (6:5-6).

Una vez elegidos los Siete bajo las condiciones expuestas por los Doce, los mismos proceden a la institución del servicio mediante la imposición de manos. Esta es una co stumbre judía que ya aparece en la sucesión de Moisés. Con este gesto se confiere al encargado el don y la sabiduría necesaria para el desempeño de su nueva responsabilidad. En el versículo 4 vemos que después de ello los apóstoles reiteran su principal ocupación al servicio de la Palabra y de la oración (6:4).

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