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Los movimientos sociales en la Europa del Siglo XIX




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Monografía destacada
  1. Introducción
  2. Antecedentes de los movimientos sociales contemporáneos. La lucha por el pan
  3. Origen del Movimiento Obrero en Gran Bretaña
  4. La Francia revolucionaria
  5. España: escaso desarrollo económico e inestabilidad político-social
  6. La permanente inestabilidad política y social portuguesa
  7. Rusia: graves y permanentes conflictos sociales
  8. Del desarrollo económico-social belga y alemán al resurgimento italiano
  9. Documentos

Monografias.com

Introducción

La historia es el testimonio de los tiempos, luz de verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, anunciadora de lo porvenir.

Cicerón.

La historia no la hace un hombre por grande que sea. La histo-ria no es un soneto ni un solitario.La historia es hecha por mu-chos: por grupos humanos pertrechados para ello.

José Ortega y Gasset.

Como todo el mundo sabe, la Historia es la ciencia que narra los hechos de la Humanidad. Estos hechos que se realizan en un tiempo y espacio con-cretos, no son casuales sino que, por el contrario, obedecen a una serie de causas concretas que el historiador pacientemente ha de buscar y sacar a la luz. Además, los hechos históricos que realmente nos interesan no son los producidos por un individuo,por muy importante que éste sea (César,Napo- león o Whasington) sino por toda una colectividad de personas o clases sociales que forman la Humanidad y que, a lo largo de las distintas etapas históricas, han tenido un papel hegemónico o, por el contrario, tuvieron que luchar para conseguir mejorar su situación económica y social. De ahí que la Historia sea una ciencia dinámica, en constante movimiento, que nos acerca el pasado pero, a su vez, nos ayuda a entender el presente.

Por lo tanto el historiador no es un mero narrador de acontecimientos del pasado sino que ha de abordar, en profundidad, todas las actividades políticas,sociales,económicas,religiosas y artísticas de toda la Humanidad.

El oficio de historiador es complicado. Tiene que indagar y analizar gran cantidad de fuentes: cartas, documentos, informes de todo tipo, periódicos, libros diversos,revistas…y en numerosas ocasiones se encuentra con datos contradictorios. Al realizar esta obra me encontré con documentos que dife- rían sustancialmente a la hora de recoger un determinado hecho. Por ejem- plo en la manifestación denominada "Peterloo" en la Inglaterra de princi- pios del S.XIX se sabe que hubo un determinado número de muertos. Sin embargo unas fuentes dicen que murieron 11 manifestantes y otras 20.¿Qué fuente consultada sería la correcta?.

Siguiendo todas estas consideraciones me centraré en algunos de los he- chos históricos acaecidos en Europa, a lo largo del siglo XIX. Esta obra es simplemente un trabajo de aproximación histórica al denominado siglo de Las revoluciones puesto que sería poco menos que imposible pretender analizar pormenorizadamente estos hechos históricos en tan solo unas 300 páginas que configuran este libro.

La primera consideración a tener en cuenta es la nueva forma económi- ca que se impone,desde finales del S.XVIII en Europa,que será la capitalis- ta, configurando otro régimen de organización social y económico basado en el desarrollo industrial y el intercambio comercial.Son abolidos los dere- chos feudales en el campo y desaparecen del escenario las soberanías feu- dalistas para dar paso a los Estados nacionales y,posteriormente,al recono- cimiento del derecho de los pueblos a darse su propio gobierno. En otras palabras, al reconocimiento de la soberanía popular. Este proceso se da, con mayor o menor fuerza, en los diferentes países europeos e imprime su carácter fundamental a la organización social de los pueblos, en pleno apo- geo de la Revolución Industrial.

Las relaciones sociales han sido muy conflictivas permanentemente. Hay una teoría que señala el conflicto como la base de las relaciones sociales. Partiendo de esta teoría se puede observar que la conflictividad es y ha sido muy variada (obreros-empresarios, campesinos-terratenientes, etc.). En los conflictos no siempre existen pares de rivales, pero en cualquier faceta de la vida social podemos encontrar conflictos (choque de intereses, emocio-nes…). Ese choque no quiere decir que los conflictos deriven en enfrentamientos puesto que hay diferentes respuestas por parte de los protagonistas.

La más habitual es la de las personas que no se dan cuenta que están ante un conflicto en las relaciones sociales en las que están inmersos. Hay que destacar el importante papel de las creencias o circunstancias (Síndrome de

Estocolmo, presos, etc.). Además, las creencias religiosas dificultan que se pueda entender una situación como injusta.

Al margen de estos grupos que no se dan cuenta de la situación en la que viven, hay muchas más respuestas a los conflictos, y no todos producen enfrentamiento. Es muy difícil que se produzcan enfrentamientos de forma abierta, colectiva y pública.

Otras posibles respuestas son las siguientes:

  • A) Resignación: Es más habitual que el enfrentamiento.Tiene un papel importante la carencia de mecanismos para responder al conflicto. Se dan cuenta de la vida injusta pero se resigna a vivirla por creencias u otro tipo de circunstancias ("Los Santos Inocentes"( resignación de los empleados del cacique).

B) Salida del conflicto: Esta actividad se efectúa en forma de emigración ante situaciones injustas como el hambre, epidemias, etc. Mucha gente ha optado por estas salidas (emigración del campo a la ciudad y a otras ciudades o países).

C) Resistencia individual: Personas o grupos sociales entienden que están ante una situación injusta pero no tienen los recursos necesarios para producir un enfrentamiento. Lo que hacen es tratar de solucionar el conflicto sin resignarse y sin huir. Se trata de una solución oculta, con nocturnidad y con formas de resistencia poco visibles como ciertas actuaciones que sólo las conocen los responsables del conflicto y el que las provoca. Es una forma de resistencia que evita la represión, que supera la falta de organi- zación colectiva y de utilizar recursos diferentes. Se produce,con cierta frecuencia, entre campesinos dadas sus dificultades económicas, sociales y políticas para enfrentarse a los conflictos; pero también en circunstancias de una alta represión política,como en los regímenes totalitarios, o en aque- llos sectores de población con dificultades para actuar en grupos, como fue el caso de las Quintas en el siglo XIX. Esta respuesta es muy difícil de estudiar dada su característica ocultación.

D) Bandolerismo: Se produce sobre todo en el XIX. Ha sido una situación y un tipo de respuesta a los conflictos caracterizado fundamentalmente por generarse al margen de la ley, pero provocado por una situación injusta (maquis). Es más minoritario que los anteriores y puede ser tanto colectivo como individual, aunque se manifieste casi siempre de la segunda forma. También puede decirse que tiene algo de resistencia colectiva pudiendo ser posible actuar en nombre de un grupo social.

E) Movilización: Es una acción pública, colectiva y abierta. Supone la solución del conflicto a través de la presión colectiva. Es imposible de calcular, pero se puede decir que sólo supondría un 1% del total de las respuestas posibles.

Antes de analizar la acción colectiva hay que hacer ciertas matizaciones sobre los siguientes conceptos:

A)Protesta: Realizada por grupos que inician un conflicto o toman iniciativa en el mismo. Es una reacción defensiva.

B)Movilización: Cuando se dice que la gente se moviliza parece que se está haciendo referencia a una situación física, es decir, al acto de moverse, agruparse, etc. Se trata de un término muy restrictivo.

C) Acción colectiva:Es muy diferente de la acción social. Hace referencia a acciones, protestas o movilizaciones positivas que no son producto de la reacción, sino que pueden ser productos de iniciativas. Está relacionada a todo lo necesario para la protesta ocupándose del por qué una situación es injusta, de cuáles son las circunstancias que llevan a la actuación, de las propias formas de movilización, etc. Es un concepto que abarca todo el mundo de la protesta aunque es menos conocido que el resto. Una defini-

ción de acción colectiva podría ser la siguiente: "son desafíos conjuntos para influir en la distribución existente de poder".

Explicación de la definición:

- "Desafíos conjuntos": Esfuerzos o iniciativas conjuntas puesto que se trata de una acción colectiva, la cual requiere algún tipo de conexión entre las personas.

- "Para … de poder": La acción colectiva influye en el poder existente en las relaciones sociales. Para reequilibrar la situación, la acción colectiva es un mecanismo eficaz. Su éxito no se produce cuando se logra una rectificación, sino que llega cuando se dan explicaciones o cuando se produce una discusión sobre el conflicto. Pero el hecho de que las acciones colecti-vas las usen generalmente gente sin poder social no quiere decir que no sean utilizadas por grupos poderosos (convocatoria de los Estados Generales, en Francia, al iniciarse la Revolución Francesa). Se han dado situaciones históricas en las que incluso las élites actuaban a través de estas acciones (Iglesia y fieles, patrones y socios, gobernantes, nazis, etc.).

-" Acción colectiva conflictiva": Nace o produce el conflicto. No todas las acciones colectivas son conflictivas (Tuna). Lo que importa son las acciones colectivas que dañan intereses, creencias, etc. y que dan lugar a conflictos. Por otro lado, se puede entender que la acción colectiva es una forma de hacer política referida a grupos sociales cuyas acciones modifican las relaciones sociales no en su esencia sino en sus características. La reivindicación pública de cualquier situación significa hacer política. Co-

rresponde por tanto, al ámbito político con unos rasgos que la diferencian de cualquier acción colectiva de otra índole.

La acción colectiva estaría dividida como sinónimo de política en el aspecto de análisis en dos ámbitos de actuación:

A) Dimensión institucional: Sería igual al ámbito político de las instituciones: partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales o grupos de presión (multinacionales, FMI…). La acción colectiva está muy regulada, siendo muy restringida incluso para las élites,que son toda la población dada su posición respecto a las instituciones. Los partidos políticos están especializados en esta dimensión,aunque se movilicen y actúen de dis- tinta manera. En cuanto a grupos de presión sucede algo parecido,estando

regulados por leyes y mecanismos institucionales (comités, etc.), teniendo representación permanente con los sindicatos. Y por último, los gobiernos son los que hacen política y tratan de conseguir sus objetivos a través de di- ferentes organismos e instituciones. (Consejo de Ministros, Parlamento…)

  • B) Dimensión no institucional: Formada por personas o grupos que no tienen acceso a las instituciones y que necesitan otros cauces de intervención y de presión.Estos grupos también hacen política.Ante la falta de acceso directo y permanente a la política se llevan a cabo huelgas, manifestaciones,boicots,etc.Así es como se puede influir en la distribución de poder.

La acción colectiva es difícil de producirse por el simple hecho de ser colectiva; por la dificultad que entraña poner de acuerdo a los individuos. Hay que conseguir que la gente entienda que para solucionar los problemas hay que movilizarse. En resumen, es difícil constituir grupos que busquen una misma solución.

Para su realización es necesaria la existencia de un conjunto de requisitos o dimensiones imprescindibles para una acción colectiva con ciertas garantías:

A) Redes de comunicación: Tiene que haber un grado de comunicación entre aquellos que van a actuar.La agrupación la producen las redes formales e informales. Es una agrupación de comunicación de sindicatos, partidos, etc. Todas las redes pueden comunicar a la gente que está dentro de ellas, así se pueden adoptar criterios conjuntos sobre lo que está sucediendo. La gente deja de estar aislada y pasan a comentar o compartir infor- mación sobre lo que les está sucediendo a otras personas.De no haber redes

se hablaría de personas aisladas que no podrían actuar colectivamente.

Ejemplos de personas aisladas son los siguientes:

1º Mendigos:Por un lado se pueden unir a órganos de beneficencia, comedores, etc. mientras que por otro pueden actuar por sí solos.

2º Inmigrantes: Para que se produzca el paso de las redes sociales a las redes urbanas es necesario un proceso de integración.

3º Parados: Han perdido su red fundamental: el trabajo.

Los grupos no se producen por agregación de forma espontánea. Cuan-

do se crean así es porque tienen un problema que se soluciona de una forma determinada. Para hallar esa solución conjunta, los individuos deben estar integrados.

Las revoluciones no implican el uso de la violencia. Cuanto más profundos eran los conflictos, entonces más profundos eran los cambios. Pero en realidad se habían producido revoluciones casi invisibles que no han producido enfrentamientos pero que han tenido una cierta influencia en su país.

El siglo XIX conoce el auge de la Revolución Industrial. La maquinaria a vapor sustituye a la herramienta tradicional, y las fábricas a la producción artesanal. Con estas nuevas bases se cambia el sistema de producción y aparecen dos clases antagónicas entre sí. Por un lado, la burguesía que toma el poder político y el control de los nuevos medios de producción, llevada por el afán de la ganancia rápida a la máxima expresión de la ex-plotación por los capitalistas,con su política conocida como liberalismo sal- vaje. En el polo opuesto, el proletariado, que vende su fuerza de trabajo al capital. Fueron tiempos difíciles para los cientos de miles de obreros. La jornada de trabajo se prolongaba día y noche, sin límite de horario para hombres, mujeres y niños, y sin ninguna prestación social. Los obreros eran llevados a la muerte prematura en medio del hambre y la miseria. Eran hombres que no veían la luz del sol, porque la jornada comenzaba en la madrugada y terminaba cerca de la medianoche.

Todo este apogeo de industrialización, fundamentalmente en Inglaterra, no solo lleva a la producción de grandes cantidades de artículos manufac-turados, sino también a gigantescos avances en la ciencia, la tecnología y también cambios en la organización social.

En el siglo XIX, el triunfo de la burguesía, en el plano económico, fue acompañado por la difusión en la sociedad europea de los valores burgue-ses. Estos valores tuvieron más importancia en Inglaterra y en Francia que en otros países, puesto que eran modelos a seguir por los demás.

La doble revolución -la Revolución Industrial y la Revolución Francesa- provocó la ruptura de la sociedad feudal tradicional. La idea de una socie-dad inmutable y jerarquizada creada por Dios,fue reemplazada por la con-vicción burguesa de que los hombres eran los únicos responsables de su destino. Esta nueva visión del mundo estaba basada en un fuerte optimis-mo, en una poderosa fe en el progreso material que prometía la industria-lización. Los burgueses del siglo XIX tenían la seguridad de que la iniciati-va y la ambición individuales eran las únicas garantías para lograr el bie- nestar económico y social. Creían que con el fin de la sociedad feudal y con el triunfo de la burguesía en las revoluciones de 1830 y de 1848 se habían abierto las posibilidades para que los hombres progresaran socialmente.

Los trabajadores ingleses y franceses, y en menor medida los de otros países europeos, desarrollaron ya desde principios del S. XIX, una gran actividad organizativa. La creación de sindicatos, cooperativas, grupos de agitación y periódicos fueron dando forma a una resistencia organizada frente a la explotación. Así fue surgiendo el movimiento obrero.

Con estas acciones, la clase obrera europea fue desarrollando un conjun-

to de nuevos valores que la identificaban, diferenciándola de los ideales burgueses. Frente al liberalismo individualista de la burguesía, los obreros, para defender sus propios intereses, opusieron la lucha por una sociedad basada en la cooperación y en el beneficio colectivo.

Según el historiador francés Pierre Vilar, se pueden distinguir, entre los historiadores, tres actitudes posibles a la hora de analizar un determinado hecho histórico: l) Llamarse objetivo cuando uno se sabe partidario,es des- honesto. 2) Creerse objetivo cuando se es partidario, es tonto o ingénuo. 3)Saberse partidario (porque todo el mundo lo es en mayor o menor grado, y especialmente si militas en un partido político o sindicato) y explicar claramente cómo esto ha orientado los análisis, dejando al lector el cuidado de apreciarlos.Yo, evidentemente, estaría en el grupo de estos últimos.

En la sociedad actual pienso que nadie se puede considerar neutral u objetivo ante los hechos que ocurren diariamente. No lo son los medios de comunicación, aunque en sus cabeceras figuren con letras destacadas "Diario Independiente" y se decantan bien hacia posturas políticas de derechas o izquierdas hecho que los lectores o espectadores, apreciamos en sus artículos, opiniones o debates.

Las iglesias tampoco lo son y tienden, de forma directa o indirecta,a apoyar, permitir o no criticar determinados regímenes políticos o gobiernos.

El Papa Bueno, Juan XXIII, a principios de los años sesenta del siglo pasado,comentaba lo siguiente de nuestro país: "Se dice de mí que no quiero a España, pero no es a España a la que no quiero". Evidentemente lo que el Papa no quería era al régimen franquista. Toda una lección de Historia.

B. C. A.

Barrio de La Arena.

Gijón, 3 de octubre de 2011.

Antecedentes de los movimientos sociales contemporáneos. La lucha por el pan

Los primeros movimientos sociales de importancia producidos a lo largo de los siglos XVIII y XIX se debieron a la escasez del pan y a su ca-

restía.Era una forma de responder al conflicto del pan.Se trataba de una res- puesta al hambre; se producían amotinamientos para conseguir pan barato.

Esta situación se producía cuando había malas cosechas. (1)

Antes de estos siglos se velaba para que hubiese pan pero se dependía de circunstancias adicionales como el clima. Las autoridades locales ante esta situación protegían con precios elevados para evitar a los especula-

dores.Sin embargo,en el siglo XVIII hay procesos que cambian las relacio-

nes de la gente respecto del pan, ya que se produce la liberalización de la economía, es decir,la libertad de comercio de diferentes productos. Hay que tener en cuenta que el pan representaba 2/3 de la dieta alimenticia de aque- lla época. (2)

Los motines de subsistencias toman formas variadas, según se produz-can en zonas productoras de alimentos, o en los mercados y ciudades donde se venden al público. En las zonas productoras suelen ser motines para impedir la exportación de los bienes de subsistencia fuera de la comarca, por miedo a que quede desabastecido el mercado local. Típicamente se jun- tan consumidores de la zona, usualmente con muchas mujeres y niños, y expulsan a los tratantes de grano que intentan comprarlo para llevárselo otras regiones. En los mercados y ciudades, era habitual que si se temía el desabastecimiento, o los precios aumentaban a unos niveles tenidos por in- tolerables por los consumidores,la multitud se organizase para exigir que se obligase a los harineros a poner en venta lo que hubiese en sus almacenes. Otras veces se exigía el llamado justiprecio: la multitud asaltaba la tahona y vendía el pan al precio que considerase tradicional o razonable. (3)

En el Antiguo Régimen, y durante el siglo XIX,era común que la multitud exigiese a las autoridades locales que participasen en el motín y lo san- cionasen, que se pusiesen del lado del pueblo y reconociesen su derecho al abastecimiento.Hay que tener en cuenta que el abastecimiento de alimentos era una de las principales responsabilidades de los poderes públicos en esa época.Por otra parte,muchos de los motines de subsistencia europeos de los siglos XVIII y XIX se produjeron como reacción a los efectos de las políti- cas de creación de mercados nacionales interiores, liberalizados, que no seguían las formas tradicionales de control de precios y abastecimientos. (4)

Junto a las transformaciones económicas estaban, pues, también las po líticas, sin olvidar el equilibrio demográfico anterior al siglo XVIII. A par tir de ese siglo, e incluso, hasta la segunda mitad del XIX, se produjeron movimientos migratorios del campo a la ciudad, lo que supone un descenso de la producción pero un aumento del consumo dando lugar a un desequilibrio entre la oferta y la demanda. (5) Además, se crean ejércitos permanentes en tiempos de paz que necesitaban ser sustentados por el Estado,pe- ro la escasez existente provocó una mayor demanda de trigo. En esos momentos, además de cíclica, la escasez será constante dado que se necesita en los cuarteles y en las urbes. Todo esto hace que los productores de trigo protesten ante la expropiación de su trigo. (6)

Este nuevo sistema provoca los motines del pan que se pueden analizar desde dos puntos de vista: desde los lugares de producción, donde se ataca a los medios de transporte impidiendo que salga de su localidad el trigo que más tarde será convertido en pan, y desde los lugares de consumo, que hace referencia a lo que se denomina "Tasa Popular del Pan". Desde esta perspectiva, se realiza el embargo del pan existente en la localidad y se transporta hacia la plaza más importante donde será subastado. En ambos casos no se habla de gente marginada, sino de la moral de los consumidores, entendiendo qué es justo y qué es injusto. (7)

El denominado " Motín de los Gatos" sucedió en Madrid en 1699. Todo empezó en la Plaza Mayor de Madrid cuando una mujer se quejó del precio tan alto del pan. Protestó a voz en grito, preguntando cómo podría alimentar a su marido y a sus hijos. Los que la rodeaban asintieron y corearon sus gritos y las voces se fueron multiplicando. 

Justo en ese momento, el corregidor que pasaba por allí le dijo a la mujer que "mandara castrar a su marido para que no le diese más hijos". Estas palabras enojaron a la gente y se produjo el motín. Una multitud enfurecida se lanza en bandada y arrasa todo lo que encuentra a su paso, llegando hasta la casa del conde de Oropesa, que fue asaltada e incendiada. Luego la turba se dirigió hacia el Palacio Real exigiendo ver al Rey.Al salir Carlos II al balcón y dirigirles unas palabras, la muchedumbre se calmó, aunque este motín le costó el puesto de valido al conde de Oropesa. (8)

Una de las revueltas populares mejor conocidas se produjo, a mediados del S. XVIII, en España, durante el gobierno del italiano Esquilache.

Pocos años antes se pretendía acometer la reforma universitaria en Espa-ña aunque no la realiza Carlos III hasta después de pensar seriamente en la expulsión de la Compañía de Jesús de sus dominios.Es,por tanto,una conse- cuencia inmediata del vacío dejado por los jesuitas en la enseñanza. El pre- texto que sirvió para justificar el destierro fue que los jesuitas habían pro- movido el motín de Esquilache. Pero más tuvo que ver el hambre (escasez de alimentos y su elevado precio) y la falta de tacto del ministro italiano que la instigación de los jesuitas.Veamos como ocurrieron los hechos. (9)

Esquilache era el ministro preferido de Carlos III, hombre impetuoso y partidario de arreglarlo todo por la vía rápida, fue el firmante de las medi-das que encendieron en 1766 las furias populares. (10)

Una vez lograda la libertad de comercio de cereales -su gran proyecto- satisfecho por la marcha de las obras que se llevaban a cabo en Madrid, Esquilache desempolvó un viejo proyecto de los tiempos de Fernando VI, proyecto que proponía la sustitución de las arraigadas capas largas y los chambergos -enormes sombreros de ala ancha- por capas cortas y el som-brero de tres picos o tricornio. Las razones esgrimidas eran, bien mirado, obvias: a nadie se le ocultaba que aquellas larguísimas capas permitían un embozo perfecto, bajo el cual podía ocultarse cualquier arma y que, asimis-mo, el sombrero de ala ancha "vertía sombra impenetrable sobre el rostro", por lo que capa y sombrero servían para cometer toda clase de impunes fechorías. Esquilache estaba convencido de que la modificación del tradi-cional atuendo era ineludible y así lo exigió. (11)

Julián Marías ha comentado lo que la disposición tenía de dieciochesca: "Yo pienso que estas razones utilitarias -seguridad pública, conveniencia de que se pudiera reconocer a los delincuentes- no eran más que apariencia: la justificación "objetiva" de otras razones más hondas, estéticas y "estilís-ticas": los hombres del gobierno de Carlos III sin duda sentían malestar ante aquellos hombres tan de otro tiempo, tan distintos de los que se usaba en otras partes, tan arcaicos. Yo creo que la aversión a la capa larga y al chambergo era una manifestación epidérmica de la sensibilidad europeísta y actualísima de aquellos hombres que sentían la pasión de sus dos verda-deras patrias: Europa, el siglo XVIII." (12)

Al principio, aunque ya era evidente el propósito de Esquilache, no fue posible llevar a cabo el proyecto: el angustioso tema de los precios lo rele-gaba a un segundo plano. Los días 13 y 16 de febrero de 1766, el Diario Noticioso Universal publicó sendas notas del marqués de Esquilache. Este trataba de razonar la subida de los productos de primera necesidad. La última cosecha, peor aún que las anteriores, y la ya decretada libertad de comercio del grano habían originado una descarada especulación que había incidido en el aumento de los precios. La elevación del coste había seguido un proceso gradual: pan, aceite, carbón y tocino iban subiendo, a medida que corrían los años, para desesperación de los ya de por sí muy descon-tentos madrileños. En El Toboso -y en Campo de Criptana-, concretamente, se escribieron anónimos,el 26 de abril de 1766,anunciando motines si no se bajaba el precio del pan (Actas de la causa abierta,certificadas por Francis-co Lezcano el 21 de mayo de 1766,AHN/C,leg.17.802,expediente Tovoso).

Así, el pan que en 1761 se vendía en la capital a siete cuartos la libra, ascendió a ocho en 1763, a diez en 1765 y a doce en los primeros meses de 1766. Los razonamientos de Esquilache se basaban en la generosidad del Gobierno, que intentaba paliar la situación por todos los medios.Cierta-mente, Esquilache, preocupado por la subida, trató de remediar el proble-ma, no gravando en el precio del producto el que resultara de los transpor-tes de grano traído de otros lugares. Pero no es menos cierto que la forma en que dicha operación se llevó a cabo constituyó un error político: se privó a los pequeños labradores de sus mulas, con el fin de utilizarlas para el traslado del grano. El conde de Fernán Núñez explica así lo ocurrido:

"El marqués había dado unas providencias extremadamente violentas para hacer venir granos de todo el reino, a costa de sumas considerables y de grandísima incomodidad y pérdida de los conductores, violentados en parte, y cuyos clamores aumentaban el número de los descontentos,que parecían com-prarse con el mismo dinero que el rey gastaba diariamente para mantener el pan a un precio moderado."

Los dispendios del monarca y los "favores" de Esquilache,que él mismo ponderaba en sus notas de aquellos días, no hicieron mella en los madrile- ños.

En tan delicadas circunstancias, Carlos III (13) y su ministro decidieron prohibir las capas largas y los sombreros de ala ancha o chambergos. Al principio,tuvieron la precaución de limitar la prohibición al ámbito del fun- cionariado, con la idea de que, impuesta en tal ámbito,sería más fácil impo- nerla al resto de la población. El 21 de enero de 1766 aparecía el siguiente bando:

"Siendo reparable al rey que los sujetos que se hallan emplea-dos a su real servicio y oficinas, usen de la capa larga y som-brero redondo, traje que sirve para el embozo y ocultar las personas dentro de Madrid y en los paseos de fuera con des-doro de los mismos sujetos, que después de exponerse a muchas contingencias, es impropio del lucimiento de la corte y de las mismas personas que deben presentarse en todas partes con la distinción en que el rey los tiene puestos; convi-niendo cortar estos abusos que la experiencia hace ver que son muy perjudiciales a la política y experiencia del buen gobier-no, se ha dignado resolver que se den órdenes generales a los jefes de la tropa, secretarios de despacho, contadurías genera-les y particulares y a todas las demás oficinas que Su Majestad tiene dentro y fuera de Madrid, paseos y en todas las concu-rrencias que tengan, vayan con el traje que les corresponde, llevando capa corta o redigot, peluquín o pelo propio, sombre-ro de tres picos en lugar de redondo,de modo que vayan siem-pre descubiertos, pues no debe permitirse que usen trajes que les oculten cuando no puede presumirse que ninguno tenga probos motivos para ello... Advirtiendo a todos que están da-das las órdenes convenientes para que a cualquiera de los empleados que están al servicio del rey que se les encuentre con el traje que se prohíbe se le asegure y mantenga arrestado a disposición de Su Majestad."

Ante la amenaza de ser arrestados, los funcionarios, aceptaron la medi-da.Desde una óptica más abstracta, no significaba sino la injerencia estatal en un uso social arraigado.Impuesta la prohibición al funcionariado,Esqui- lache se dispuso a aplicarla a toda la población. La reacción popular fue inmediata: los bandos fueron arrancados. En sustitución,el pueblo pegaba pasquines que cubrían a Esquilache de injurias.Naturalmente, éste no se dejó impresionar y tomó medidas para garantizar el orden, movilizando a los soldados, para que colaborasen con los alcaldes. (14)

El Domingo de Ramos de 1766, varios soldados que montaban guardia no tardaron en preguntarles por qué iban así vestidos. Quedó claro que iban así porque "les daba la gana". Se oyeron insultos y los guardias trataron de detenerles, momento en que uno de los embozados desenvainó una espada, silbando al mismo tiempo. Al instante, apareció una banda armada y los militares se vieron obligados a huir. Había estallado el motín. Los amotina-dos, decididos a todo, no tuvieron inconvenientes al apoderarse del cuar- telillo de Inválidos de la Plaza, apoderándose de sables y fusiles. A conti- nuación, unas dos mil personas remontaron la calle Atocha hacia la Plaza Mayor, insultando al odiado Esquilache. El duque de Medinaceli tuvo la mala suerte de toparse con la multitud, que lo rodeó en el acto, exigiéndole que hiciese llegar al rey una serie de peticiones. (15)

Finalmente, el duque llegó hasta Carlos III, que justamente se encon-traba en compañía de Esquilache. El rey estaba tranquilo, convencido de que aquella vociferante multitud de la que le daban noticias no pasaba de ser un grupo de exaltados. Ignoraba, sin duda, que los amotinados estaban destruyendo sin piedad los 5.000 faroles que el ministro de Hacienda había colocado por toda la ciudad. (16)

Los amotinados se dirigieron primero a la mansión de Esquilache (la famosa Casa de las Siete Chimeneas), acuchillaron a un servidor del mar-qués que intentó impedirles el paso. Echaron algunos muebles por la ven-tana y saquearon la considerable despensa. Luego -y la xenofobia resultaba manifiesta- se dirigieron a la casa de Grimaldi. Se limitaron ,a apedrearla, para seguir viaje hacia la mansión de Sabatini. Esa noche,a manera de colo- fón, un retrato del marqués de Esquilache fue quemado en la plaza Mayor. Curiosamente, en Palacio se pensaba que al día siguiente los furores se habrían aplacado como por arte de magia. (17)

Pero el Lunes Santo, día 24, la situación se agravó. La tropa fue desbor- dada por la multitud que, enardecida por la noticia de que Esquilache se en- contraba en Palacio, junto al rey, emprendió una decidida marcha para pre- sentar a Carlos III sus reclamaciones e iban cantando la siguiente coplilla:

"Yo,el gran Leopoldo Primero

marqués de Esquilache augusto

rijo la España a mi gusto

y mando en Carlos III.

Hago en los dos lo que quiero

nada consulto ni informo

a capricho hago y reformo

a los pueblos aniquilo,

y el buen Carlos, mi pupilo,

dice a todo: !Me conformo!".

Así decía la décima popular que circulaba por la villa de Madrid, ins-pirada en la absoluta falta de tacto del ministro Leopoldo de Gregorio, mar-qués de Esquilache.

Los amotinados llegaron pronto al Arco de la Armería de Palacio, que estaba defendido por tropas españolas y valonas. Los valones -muy odia-dos- hicieron fuego y una mujer resultó muerta. Un impresionante gentío se concentró, coreando insultos contra los valones y contra Esquilache. (18)

Finalmente, un sacerdote se destacó en calidad de representante popular y consiguió llegar hasta Carlos III con las peticiones del pueblo. El tono era imperativo. Si el rey no les escuchaba, "treinta mil hombres harán astillas en dos horas el nuevo palacio". Es difícil imaginar el estado de perplejidad que todo esto produjo en Carlos III. He aquí la lista de las exigencias popu-lares: (19)

1º. Que se destierre de los dominios españoles al marqués de Esquilache y a toda su familia.

2º. Que no haya sino ministros españoles en el Gobierno.

3º. Que se extinga la Guardia Valona.

4º. Que bajen los precios de los comestibles.

5º. Que sean suprimidas las Juntas de Abastos.

6º. Que se retiren inmediatamente todas las tropas a sus respectivos cuarte- les.

7º. Que sea conservado el uso de la capa larga y el sombrero redondo.

8º. Que Su Majestad se digne salir a la vista de todos para que puedan escuchar por boca suya la palabra de cumplir y satisfacer las peticiones.

Al parecer, Carlos III pensó desde el primer momento -aunque con evidente disgusto- que lo mejor era aceptar estas exigencias populares, para evitar males mayores. Pero antes de tomar una decisión formal, consideró oportuno escuchar la Opinión del Consejo de Guerra, integrado por el duque de Arcos (capitán de la guardia palatina), el marqués de Pliego (co-ronel de los valones), el conde de Gazola (comandante de artillería), el marqués de Sarriá, el conde de Revillagigedo y el conde de Oñate. (20)

Como era de prever, los tres primeros, especialmente humillados por la victoria popular, hombres de armas y no de razones, se inclinaron por la negativa: el rey debía negarse a aceptar semejantes peticiones y, por la fuerza, era necesario reprimir a los amotinados y reducirlos a la impotencia. El duque de Sarriá, el conde de Oñate y el conde de Revillagigedo, tres hombres de gran experiencia, se pronunciaron en el sentido de que era mejor aceptar las exigencias: de lo contrario, se produciría un baño de san-gre de incalculables consecuencias. Hicieron notar -detalle fundamental- que los amotinados no ponían en duda la autoridad real, pero si ésta les defraudaba podían llegar a tal extremo, en cuyo caso la Corona se vería en apuros, por cuanto ni la guardia valona ni las huidizas tropas parecían en condiciones de enfrentarse con una enfurecida multitud que contaba con algunas armas robadas. Oída la opinión de los miembros del Consejo de Guerra, Carlos III dio una buena prueba de sensatez. Salió al balcón. Por intermedio de un representante, el pueblo expuso nuevamente sus exigen-cias, en primer lugar,la de que bajase el precio del pan, y que el marqués de Esquilache fuera expulsado de España lo mismo que la guardia valona. (21)

Estos eran, con mucho, los puntos más importantes. A esta altura de los acontecimientos, todo esto parecía incluso más importante que la cuestión de las capas largas y los chambergos.

Carlos III prometió dar satisfacción a estos deseos, hecho lo cual se retiró. Pero fue nuevamente llamado al poco tiempo, para que ratificase su promesa. Por fin, en cuanto el pueblo vio que los guardias valones se reti- raban hacia el interior del palacio, se calmaron los ánimos.

Como vemos, el peligro había pasado. Resignado y sin duda afectado en su dignidad de monarca ilustrado, Carlos III había sabido renunciar a su ministro Esquilache. El pueblo español había vencido en toda la línea. (22)

Pero la tormenta popular no había pasado. Un error la reavivaría en pocas horas. En efecto, Carlos III cometió un error que puso en tela de juicio la confianza que el pueblo madrileño había depositado en él. Atemo-rizado, desconfiando de la vociferante multitud que había contemplado des- de lo alto de su regio balcón, Carlos III consideró que no estaba seguro en Madrid. Al amparo de la noche, partió hacia Aranjuez, con toda su familia, incluida la anciana Isabel de Farnesio, que no se cansó de repetir que aque- lla huida le parecía asunto de cobardes.Desde luego,marcharon por el cami-no de Aranjuez bien protegidos por los guardias valones. Poco después, Carlos III y sus hombres de confianza -entre los que no faltaba Esquilache- parlamentaban en Aranjuez. (23)

En Madrid, al día siguiente una Junta Militar tomaba diversas medidas para mantener el orden. La ciudad amaneció en calma, y aquella habría sido, sin duda, una jornada tranquila. Pero el pueblo se enteró, estupefacto, de que el monarca había partido secretamente a Aranjuez. Inmediatamente, tomó cuerpo la convicción de que Carlos III sólo había cedido momen-táneamente, por razones estratégicas, a las peticiones de sus vasallos. Sin duda, ahora se disponía a armar un poderoso ejército para regresar a Ma-drid, revocar sus promesas y aplastar a los revoltosos. (24)

Esta convicción irritó a los madrileños, produciendo además una impor-tante ola de temor. Bien pronto, unas 30.000 personas -hombres, mujeres y niños- rodearon la casa del obispo de Cartagena, Diego de Rojas, presiden-te a la sazón del Consejo de Castilla. Las fuerzas armadas se vieron rápida-mente desbordadas. El obispo recibió el encargo de transmitir al rey el esta- do de ánimo del pueblo madrileño. El obispo no llegó a salir de Madrid, porque se impuso el criterio de que era fundamental retener en la villa a las personalidades más importantes,en calidad de rehenes. Comparados con los de la víspera, los sucesos eran incalculablemente más graves. El obispo Rojas se vio obligado a redactar un memorial de agravios, para el rey; un emisario partió hacia Aranjuez con el documento y el obispo quedó reteni- do en su casa. Ante la impotencia de los soldados,el pueblo saqueaba alma- cenes de comestibles y cuarteles abriendo, de paso, las puertas de las cárce- les. La ciudad estaba en sus manos. (25)

Pronto, en Aranjuez, el rey recibía el memorial. No lo dudó demasiado: despachó al mismo emisario con una carta para el pueblo de Madrid. He aquí el texto, redactado por Roda, el fino abogado que ocupaba la cartera de Gracia y Justicia:

"El rey ha oído a la representación de vuestra señoría con su acostumbrada clemencia y asegura sobre su real palabra que cumplirá cuanto ofreció ayer por su piedad y amor al pueblo de Madrid, y lo mismo hubiera acordado desde este Sitio y cualquiera otra parte donde le hubieran llegado sus clamores y súplicas; pero en correspondencia de la fidelidad y gratitud que a su soberana dignación debe el mismo pueblo, por los beneficios y gracias con que se le ha distinguido y el grande que acabe de dispensarle, espera su majestad la debida tran-quilidad, quietud y sosiego, sin que por título o pretexto algu-no de quejas, gracias, ni aclamaciones, se junten en turbas ni fomenten uniones.Y mientras tanto no den pruebas de dicha tranquilidad, no cabe el recurso que hacen ahora, de que Su Majestad se les presente".

A las nueve de la mañana del día siguiente,el emisario llegaba a Madrid, donde se dio lectura a la carta del rey. Y bastó esta carta para devolver la calma a la ciudad. Ordenadamente, las armas fueron devueltas a los cuarte-les, entre vivas al rey. (26)

Quedaba probado que la falta de tacto podía provocar desmanes incontrolables. Esta vez, Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache tuvo que partir irremediablemente. Consta que al rey le costó desprenderse de su mi- nistro. "Se ha sacrificado por mí", se lee en una carta que el rey escribió a Tanucci. Por su parte, Esquilache escribiría a propósito del pueblo de Ma- drid:"Soy el único ministro que ha pensado en su bien:he limpiado la ciu- dad, la he pavimentado,he hecho paseos,he mantenido la abundancia duran- te años de carestía. Merecía una estatua y me han tratado indignamente". El desilusionado marqués fue recompensado con la embajada de Venecia. (27)

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