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Los nazis, las SS y su proyecto esotérico




  1. El nazismo como secta esotérica
  2. Las SS, modelo de un "nuevo hombre" deshumanizado
  3. Notas
  4. Bibliografía

Los símbolos del nazismo, más que cualquier otra de sus terribles realidades, reflejan la mentalidad de sus artífices como fundadores conscientes de una ideología y una "Weltanschauung", una visión del mundo, una cosmovisión. En dicha cosmovisión, el hombre aparece en el centro: como proyecto antrópico, el nazismo adoptó una extravagante amalgama de elementos culturales de los antiguos pueblos nórdicos precristianos, de la cultura brahmánica de la India, del budismo, del maniqueísmo persa y del jesuitismo católico. De hecho, en el campo de las ideas, todo lo que rodeó al III Reich alemán de Adolf Hitler buscó su inspiración en un cientifismo descarnado acunado en fantasías esotéricas y mitológicas. La segunda guerra mundial, con la aniquilación de los nazis y su obra, ocultó e imposibilitó el proyecto social, cultural, antrópico (llamarlo "antropológico" sería un exceso) y seudo-intelectual que pretendía imponer con su "Nuevo Orden", y que constituye una de las facetas menos conocidas de la Historia del nacional-socialismo alemán.

El nazismo como secta esotérica

El "Nuevo Orden", o el mundo futuro a construir por el triunfo del nacional-socialismo según los ideólogos y planificadores del III Reich, debía estar en posesión de símbolos mágicos que despertaran el fanatismo de las masas, y que reflejasen los principios básicos del movimiento nacional-socialista, los cuales eran desconocidos para la mayor parte de los propios nazis, en lo que concierne a su pleno significado (mágico y cargado de poder sobrenatural). Sólo los "grandes hombres" (Adolf Hitler, Heinrich Himmler y sus colaboradores de mayor confianza) estaban capacitados para estar en posesión del "verdadero conocimiento" (esotérico) requerido para guiar y gobernar (recordando esta máxima la de los antiguos druidas germánicos y nórdicos, quienes consideraban a los "iniciados" en sus cultos y misterios como los únicos a los que se instruía en el uso ritual de la escritura rúnica, considerada por ellos como el código mágico que encerraba la clave del poder mágico) gracias a su sabiduría incuestionable (por su origen hermético) a la "multitud anónima, la colectividad de los servidores" (las palabras son de Adolf Hitler). Todo el esoterismo que rodea al nazismo, tanto al histórico como al actual (que pervive tanto en los ámbitos semiclandestinos de los grupos neonazis como en una buena porción de sectas y sociedades secretas, poco conocidas y de una influencia insospechada) es en sí mismo un elemento o rasgo propio de cualquier sociedad esotérica o "secta" que se precie de poseer un conocimiento "superior", sobrenatural o mágico, que dote a sus poseedores de un carácter sobrehumano o de "elección cósmica".

No en vano, este carácter sectario y esotérico es común en diverso grado al nacionalsocialismo alemán histórico y a diversas sectas y comunidades esotéricas actuales, que practican la "magia negra", el satanismo o doctrinas más o menos "satanistas", en las que se hace abundante uso de sistemas mistéricos y supuestos conocimientos sobrenaturales. Dichas sectas han demostrado una notable capacidad para inducir en sus adeptos conductas suicidas (recuérdese, si no, el famoso caso de los Davidianos en los Estados Unidos, que se inmolaron tras presentar encarnizado combate a las fuerzas de orden público), de entrega fanática asociada a un empleo irrestricto de la violencia, y de ensalzamiento del papel social y cultural del "guerrero". El nacional-socialismo alemán dio muestras, sobre todo durante la segunda guerra mundial, de poseer la misma capacidad, y de haberla ejercido a conciencia valiéndose para ello de todos los resortes de poder del Estado alemán y de sus fuerzas armadas. El más claro ejemplo lo constituye su élite de las "SS", las Schutzstaffel o Escuadras de Protección, que constituyeron, en diversos e importantes sentidos, el embrión de la Germania que aspiraban a materializar Hitler y Himmler, sobre todo éste último, quien era el jefe supremo de la poliforme organización de las SS o Reichsführer SS.

Las SS, Schutzstaffel, o "Escuadras de Protección", constituyeron desde el momento mismo de su creación, en la década de 1920, la encarnación misma del ideal nacional-socialista alemán. Sus miembros, seleccionados por su pureza racial y sus aptitudes guerreras, estaban llamados a personificar lo que habría de convertirse en la nación alemana del futuro, en un plazo calculado por sus creadores en no más de ciento veinte años. Sus miembros se caracterizaron siempre por su lealtad absoluta hacia el "Führer" (caudillo, guía o líder) Adolf Hitler hacia y los principios del nazismo, estando dispuestos, más que cualquier otro uniformado alemán en servicio de armas a morir por la implantación del llamado "Nuevo Orden" en Alemania, en Europa y en el mundo. Su creación respondió a la necesidad sentida por Hitler de proteger su propia persona, que fue creciendo con el tiempo a medida que su fama personal aumentaba, requiriendo de un cuerpo de guardaespaldas de élite, cuyos integrantes estuvieran dispuestos expresamente a dar su propia vida por la de Hitler sin vacilar. La extensa milicia paramilitar de las "SA" o "Sturmabteilungen" (Secciones de Asalto) del NSDAP era, por el contrario, un cuerpo orgulloso de su propia independencia de criterio y sus lealtades particulares dentro del propio partido nazi. De hecho, las SA llegaron a convertirse en un díscolo miembro de la familia nazi, tomando algunas iniciativas por cuenta propia, que llegaron a poner en peligro en no pocas ocasiones los planes de Hitler. [1] Los líderes de las SA exigían para sus tropas un papel demasiado prominente, en opinión de Hitler, en el Estado nacional-socialista: pretendían convertirse en el núcleo de la refundada "Werhmacht", las fuerzas armadas del III Reich, perspectiva que aterrorizaba a los jefes y oficiales del "Reichswehr", el altamente preparado ejército de la República de Weimar, que tanto habían hecho por allanar el camino de Hitler hacia el poder, y al que éste en ningún caso pretendía poner en su contra antes de tener sus riendas firmemente en sus manos.

Las SS, modelo de un "nuevo hombre" deshumanizado

El "Reichsführer SA" Ernst Röhm y su círculo de íntimos, viejos veteranos de la primera guerra mundial, reclamaban para sí un protagonismo tal dentro del NSDAP, que ponían en peligro la posición de liderazgo de algunos jefes locales y regionales del partido expresamente designados por Hitler, tal como puso de manifiesto la pugna entre Josef Göbbels y las SA de Berlín. Por último, el hecho de constituir en la práctica una familia o facción "izquierdizante" dentro del NSDAP, convertía a las SA en un serio obstáculo para el autocrático poder personal de Hitler dentro de su partido, lo cual era para éste el más grave de sus muchos pecados políticos y morales. Si Hitler quería realmente adueñarse de la cumbre del poder en Alemania, debía deshacerse de las SA como contrapoder autónomo en el seno del NSDAP, y una buena manera de hacerlo era estableciendo una milicia alternativa, en la que expresamente estarían prohibidos los rasgos más llamativos y desagradables de las SA: la tolerancia hacia la homosexualidad entre sus miembros (Röhm era homosexual, y ese rasgo hacía que en torno a él existiese una "camarilla" de igual tendencia que en la práctica monopolizaba el mando de las SA), el pasado criminal de un importante número de ellos (sobre todo en los duros y turbulentos años posteriores a 1918), y su estética tabernaria de borrachos pendencieros, de pandilleros de cervecería. [2]

La nueva "Orden" nacional-socialista debía convertirse en un ejemplo a seguir para el pueblo alemán en general: la raza, el honor, la lealtad inquebrantable hacia Hitler, la temeridad, la educación de estética distinguida, la efectividad en el combate y el deseo de dar la vida por el régimen pasarían a formar parte del espíritu fundacional de las SS. Así, en marzo de 1923, esta nueva "fuerza de choque" paramilitar, pasaría a estar integrada por sus primeros "guerreros", que bajo la denominación inicial de "Stabswache" (guardia de estado mayor) estaría conformada por dos incondicionales de un aún desconocido Adolf Hitler: Josef Berchtold y Julius Schreck, sus dos miembros fundadores. Ambos se encargaban de ser los guardaespaldas permanentes de Hitler, protegiendo su frágil persona en todos sus mítines y manifestaciones públicas. Nada más organizarse esta "Stabswache", se hizo patente la necesaria incorporación de nuevos miembros, pasando al poco tiempo a cambiar su nombre por el mucho más "marcial" de "Stosstruppe Adolf Hitler" (Tropa [=compañía] de Asalto Adolf Hitler), y a contar con una selecta plantilla de soldados voluntarios caracterizados por su lealtad incondicional hacia Hitler, su acendrado fanatismo ideológico y sus disposición a encargarse del "trabajo sucio" del partido, es decir, la persecución de los líderes y personajes más decididamente antinazis y su eliminación física. Las prueblas de selección para ingresar en la "Stosstruppe A.H." eran mucho más rigurosas que las que realizaban las SA, de forma que, para cuando se dotó a Heinrich Himmler con el pomposo nombramiento de "Reichsführer SS" (jefe imperial [=nacional] de las SS) en 1929, éste ya contaba con disponer bajo su mando a poco menos de medio regimiento, unos 1.000 soldados aproximadamente. En sí el número resultaba muy reducido ante el gigante de las SA, que por aquellas fechas contaba con unos 100.000 uniformados, y que en 1932 (un año antes de que Hitler fuera nombrado "Reichskanzler" o presidente del gobierno alemán) contaba en sus filas con cerca de 400.000 hombres. La "Orden" que pasó a estar tutelada por Himmler respondía ya al nombre de "Schutzstaffel" (Escuadras de Protección), habiendo pasado previamente por un decreto de reestructuración en 1925 impulsado por uno de sus forzudos fundadores, Julius Schreck.

Himmler parecía un poco fuera de lugar en su nuevo puesto: era ante todo una persona extremadamente educada y afable, y físicamente muy poco aparente. Pero en lo personal era un nazi ferviente, fanático, apasionado por las glorias semilegendarias de la antigua Germania precristiana, introvertido, sin un especial carisma como líder, y con una apariencia más semejante a la de un intelectual bohemio que al de un jefe de guardaespaldas. Los que lo conocieron en persona dejaron de él un retrato bastante afable: lo calificaron como un personaje sensible, afectuosa, atenta y amable con sus colaboradores y familiares, carácter que hacía extensivo a sus mascotas y a los animales en general, puesto que había seguido la carrera de ingeniero agrónomo y tenía cierta afición a la naturaleza y el mundo rural. No obstante, el fino seleccionador de personal que era Adolf Hitler le dio el puesto de "Reichsführer SS" porque Himmler era un intelecto trabajador y organizado, y porque conocía un aspecto poco llamativo de su por lo demás poco llamativa personalidad: tenía unas descomunales ansias de poder, lo que lo espolearía a desempeñar sus funciones con total dedicación, llegando a sorprender a muchos que se creían más aptos que Himmler para aquel puesto. Hitler no se equivocó en su elección: hizo de Himmler su hechura más fiel y más dispuesta a traspasar todos los límites de lo legal y lo humanitario para imponer al pie de la letra, a fuego y sangre, la "sagrada" voluntad del "Führer".

En apenas cuatro años, las SS pasaron de ser una fuerza simbólica, una guardia personal de Hitler, a una sociedad interclasista con más de 50.000 miembros por toda Alemania. Además, no se insistirá lo bastante, estos hombres habían sido seleccionados en función de unos criterios genuinamente nazis, y comenzaron a formar unidades de operaciones especiales cuando tal concepto apenas era un "desideratum" fraguado en los letales campos de batalla de la primera guerra mundial; la especial intensidad de su peligro y destructividad había impulsado a los analistas militares más lúcidos, dentro y fuera de Alemania, a impulsar la creación y desarrollo de grupos reducidos de combate de élite, selectos, entrenados para soportar condiciones excepcionalmente duras de sufrimiento físico y privaciones, y adoctrinados en un férreo deseo de cumplir su misión por encima de cualquier otra consideración, incluida su propia integridad física. Para dar pie a estos grupos de asalto de élite, se recurrió en un primer momento a Bruno Schultz, un miembro del NSDAP con experiencia militar y como instructor de milicias, al que se confirió el rango honorífico de "Hauptsturmführer SS", supuestamente equivalente al de "Hauptmann" (capitán) del Reichswehr. Las medidas propuestas por Schultz para el reclutamiento y selección de nuevos miembros de las SS se resumen en una conocida declaración suya: "Somos como el especialista que hace crecer las plantas y que, cuando desea cultivar una nueva raza pura, primero recorre su campo para arrancar de él todas las plantas que no desea tener en él. Nosotros también debemos empezar desbrozando al material humano que, en nuestra opinión, no cumple los requisitos mínimos exigibles para formar parte de las SS." [3]

Siguiendo las especificaciones establecidas por el Hauptsturmführer Schultz se establecieron los siguientes requisitos para ingresar en las SS: los aspirantes debían ser de "pura raza aria" y preferiblemente, rubios y de ojos claros (las medidas de selección en este sentido fueron relajándose a medida que la segunda guerra mundial fue endureciéndose, y se hacía cada vez más necesario obtener reclutas de contingentes "menos deseables" pasando a ser admitidos y reclutados un número cada vez menor de hombres de aspecto nórdico y un creciente segmento de individuos de diversa procedencia étnica y nacional, tales como bosnios, ucranianos, balcánicos o caucasianos, cuya biometría estaba bastante alejada del "ideal ario") debiendo probar mediante investigaciones genealógicas que descendía de sangre sin "contaminación" judía al menos hasta mediados del siglo XVIII. Los criterios "raciales" empleados en la selección de los aspirantes al llamado "Schwarzes Korps" (el "Cuerpo Negro", debido al color de sus uniformes) fueron determinados expresamente por Schultz: primero, el sujeto preferible era aquel que perteneciese a la más anhelada "estirpe nórdica", y cuyas características anatómicas habían de ser contrastadas mediante estudios detallados de base "racialmente científica" [4]; segundo, todo aquel aspirante que tuviera una presencia significativa de caracteres "racialmente nórdicos", aunque no tuviera todos los deseados o posibles, podría ser también admitido en una segunda categoría en cuanto a idoneidad; tercero, a continuación podía establecerse un grupo adicional en que concurrieran rasgos anatómicos "racialmente nórdicos" con otros considerados como "alpinos, mediterráneos o balcánicos". Los dos últimos grupos, que estaban propiamente fuera de los parámetros de selección óptimos para incorporarse a las SS, estaban representados por europeos (alemanes tanto como austríacos, belgas, holandeses o escandinavos, sobre todo después de que sus naciones cayeran bajo ocupación alemana a partir de 1940) sin rasgos anatómicos "de raza nórdica" y por el resto de candidatos o reclutas que "no eran de raza europea" y no poseían ningún "signo distintivo de carácter ario".

Además de superar estas "pruebas de aptitud racial", realizadas por "personal médico" que examinaba atentamente los rasgos "étnico-anatómicos", los aspirantes entregar una foto de su propio rostro, que el propio Reichsführer SS examinaría minuciosa y pacientemente con una lupa para comprobar personalmente el grado de pureza racial de cada candidato. Por otro lado, el aspirante a soldado SS debía medir bastante más de 1,70 m de estatura para poder optar al ingreso en las llamadas "SS-Verfügungstruppen" (Tropas de Servicio de las SS) exigiéndose de los reclutas aspirantes a la "Erste Division Leibstandarte SS Adolf Hitler" (División SS nº 1 Estandarte [=batallón] Personal de Adolf Hitler) no menos de 1,84 m, mientras que los que deseasen ser destinados a los "SS Totenkopfverbände" (Unidades SS de la Calavera), de corte represivo-policial y encargadas, por ejemplo, de los servicios de guardia, vigilancia y administración de los diversos campos de concentración ("Konzentrationslager", popularmente conocidos en Alemania por las siglas "KZ"), trabajos forzados ("Arbeitslager") y, a partir de 1942, de exterminio ("Vernichtungslager"), debían tener una estatura superior a 1,71 m.

Dos jefes efectivos que ejemplificaban como pocos la mentalidad y el perfil propio de los miembros más representativos de las SS fueron el "Obergruppenführer" (General SS de Cuerpo de Ejército) Josef "Sepp" Dietrich, y el también "Obergruppenführer" y jefe supremo de los "SS Totenkopfverbände" Theodor Eicke. Dietrich estuvo durante mucho tiempo al mando de la "1. SS Division Leibstandarte Adolf Hitler", la más antigua y la de mayor prestigio militar y político de toda la organización SS. Tanto entre sus homólogos de la "Wehrmacht" como entre sus colegas con mando en las SS fue considerado siempre como un jefe duro. Extremadamente exigente y severo con sus subordinados, fue capaz de formar una de las unidades más temidas por cualquier enemigo del nazismo sin excepción, tanto dentro como fuera de Alemania. La primera acción armada de relieve en que tomó parte la "Leibstandarte" tuvo lugar en la propia Alemania entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934: se trató de la desarticulación, detención y asesinato en masa de la cúpula de las "Sturmabteilungen", las SA, víctimas de un golpe interno de Hitler en el seno del NSDAP que pasó a la Historia bajo el nombre de "la Noche de los Cuchillos Largos". [5] Dietrich era considerado por muchos como una de las encarnaciones más fieles del nazismo, y entre las exigencias que él mismo estableció para la selección de reclutas en la División "Leibstandarte" estaba la exclusión de los que él consideraba "niños", es decir, aquellos candidatos menores de 23 años de edad; la edad máxima para entrar en la unidad eran los 35 años. Transmitió admirablemente a toda la cadena de mando de su división una mentalidad perfeccionista, que no toleraba la más mínima "disfunción" física, según sus propias palabras. Con este término se refería a cualquier imperfección, por pequeña que fuese, y que no supusiera una causa de exclusión en las ya de por sí rigurosísimas pruebas de aptitud física y racial, pudiendo ser el hecho de haber pasado por una operación quirúrgica menor o un arreglo en la dentadura.

Por su parte, el "Obergruppenführer" Theodor Eicke también creaba tendencia en cuanto a la mentalidad propia de las SS. Era considerado, lo mismo que Dietrich, como uno de los más fanáticos y exigentes miembros del NSDAP, y por ello fue nombrado para dirigir los "SS Totenkopfverbände". Inculcó en sus soldados un profundo odio anticristiano por la oposición que el cristianismo suponía para los valores nazis y su imposición, llegando a ordenar el fusilamiento de alguno de sus soldados por no obedecer su expresa orden de abandonar todo culto, por más inadvertido que pasase, a Cristo, siendo probado éste por la posesión de algún crucifijo o medalla entre las pertentencias personales del sujeto. Eicke creía firmemente que la misión de las "Unidades de la Calavera" era trascendental: se trataba en definitiva de "mantener a raya" a los enemigos, reales o potenciales, del Estado nacional-socialista. En uno de sus discursos, expresó así esa idea: "Sois unos soldados sin igual, que incluso en los días y las noches de paz lucháis contra el enemigo: el enemigo que está dentro de las alambradas." Para que sus subordinados llevasen a cabo esta labor "sagrada" con total eficacia, los adoctrinó en la violencia y en la creencia de que la compasión supone un grave peligro, porque el prisionero del Estado nacional-socialista es un enemigo aun cuando esté privado de sus fuerzas y a merced de sus guardianes. Todo aquel que formase parte del particular ejército represivo de la "Calavera" era castigado con una severidad inusitada por la más mínima infracción de las obligaciones castrenses, y se esperaba que esa presión por el terror fuera luego ejercida sobre los prisioneros. La infracción de las normas no se consideraba una posibilidad real: el entrenamiento diario se basaba en el empleo maximizado de la violencia, terror al que sólo la camaradería y el orgullo por el cumplimiento perfecto del deber ponía un contrapeso soportable. Los resultados eran claramente deshumanizadores, tal como se desprende de las palabras con las que el "Obersturmbannführer" Rudolf Höss, comandante en jefe del "Vernichtungslager" de Auschwitz-Birkenau, describía la conducta de los guardianes SS-Totenkopf del citado campo: "un odio y una antipatía tal por los prisioneros, que resultaría inconcebible para aquellos que no estuvieran dentro del campo". [6]

Fue esta especial formación académica en el odio como valor conscientemente cultivado la que insensibilizó en grado sumo a los soldados de las SS; la que hizo posible que éstos perdieran todo respeto por la vida, tanto la de los "enemigos del Reich" que caían en sus manos, como por el temor a perder las suyas propias y, en consecuencia, la que les volvería capaces de los monstruosos crímenes que después de 1945 fueron denunciados y divulgados para oprobio de Alemania. Aun así, muchos quedaron marcados mentalmente por la ejecución masiva de muertes de prisioneros, y quedaron psíquicamente desquiciados para el resto de su vida. Retomando una de las ideas expuestas al principio sobre las conductas suicidas en que caen los miembros de algunas sectas esotéricas, los soldados de la "Calavera" fueron objeto de este sometimiento de la voluntad en un grado tan alto, que en el campo de batalla ofrecieron unos resultados nunca vistos antes, en el Viejo Mundo al menos: las unidades de las SS fueron mucho más temidas que cualesquiera otras de las fuerzas armadas alemanas, porque podían lanzarse al ataque, con una combatividad fanáticamente irracional, aunque se enfrentasen objetivamente a fuerzas muy superiores, quedando garantizada su propia aniquilación. En definitiva, los que se convertían, merced al entrenamiento ideológico y conductual, en auténticos SS, quedaban invalidados para ser cualquier otra cosa, conclusión a la que se llegó tras estudiar a fondo el caso de algunos oficiales SS que fueron capturados en 1945 y juzgados por los Aliados Occidentales. Un "Hauptsturmführer SS", rango equivalente al de "Hauptmann" (capitán) de las fuerzas armadas regulares alemanas, testificó en los Juicios de Núremberg y, preguntado sobre qué sintió cuando se le ordenó ejecutar a ochenta internos del campo de Auschwitz sin motivo aparente, declaró con toda franqueza: "No tengo sentimientos. Ésta es la preparación que recibí, con el fin de cumplir cualquier orden que me dieran mis superiores." [7]

Más allá de personajes clave como Dietrich o Eicke, que los hubo y bastantes en la Alemania nazi, el personaje que se encargó como ningún otro de convertir en realidad los sueños del nazismo sobre sus "guerreros de la raza" como hombres del futuro "Nuevo Orden" fue sin duda Heinrich Himmler, jefe supremo de las SS, a las que imprimió su sello personal. Himmler tomó como misión principal el encargo de materializar las ideas de Adolf Hitler, que exigían que las SS exhibieran "una voluntad fiera, una fuerza invencible; el sentimiento de la superioridad racial personificado." [8] En esta misión se apoyó en jefes como Paul Hausser, jefe de la inspección general de las SS, imbuido de la necesidad de llevar a la práctica las teorías defendidas por jefes como Eicke, según las cuales, la dureza con los soldados y el empleo de la misma por las SS "ahorraban mucha sangre" de soldados alemanes en guerra; dichas teorías no eran enteramente originales, sino que en parte se habían basado en las experiencias extremas de las situaciones operativas reales del Frente Occidental de la primera guerra mundial. [9] Hausser fue un militar de vocación que se empeñaría en transformar la rama militar de las SS, las llamadas "Waffen-SS", destinadas a los campos de batalla de la segunda guerra mundial, en un cuerpo de "sangre y honor" ("Blut und Ehre", uno de sus lemas), cuya combatividad y eficacia debía sembrar el terror entre los soldados enemigos con sólo nombrarlas. Hausser se valió en buena medida de los consejos y experiencias de un antiguo veterano de la primera guerra mundial, el "Obergruppenführer SS" Felix Steiner, quien entre 1916 y 1918 había formado parte de las unidades experimentales de asalto "Sturmtruppen", seleccionadas y entrenadas especialmente con el fin de sobrevivir y abrir brechas en los letales campos de fuego artillero de la guerra de posiciones en el Frente Occidental. Desde la inspección general de las Waffen-SS, Hausser tuvo la máxima autoridad en todo lo relativo a régimen interno, disciplina, organización y administración de personal de las Waffen-SS, integradas en su mayor parte por voluntarios de los países ocupados por Alemania a partir de 1939, pero también por regimientos alemanes de las SS que eran convertidos en unidades de combate, abandonando sus funciones represivas en retaguardia.

Duro con sus subordinados pero a la vez sensible a sus necesidades más básicas, su bienestar esencial y su seguridad, supo cumplir su tarea magníficamente, por lo que acabó recibiendo el mando efectivo de un cuerpo de ejército, con mayoría de unidades SS y fuerzas acorazadas, en 1943, el "Primer Cuerpo Panzer SS". En marzo de aquel año Hausser ordenó, contraviniendo órdenes expresas de Hitler, evacuar la ciudad de Járkov, en Ucrania, ya que la situación operativa determinaba que si las fuerzas que la ocupaban no se retiraban del núcleo urbano, serían cercadas por fuerzas soviéticas mucho mayores y aniquiladas sin remedio. A continuación, sin embargo, ordenó que sus unidades SS atacasen a los rusos nada más ocupar éstos la ciudad, cosa que hicieron por sorpresa y con gran efectividad, pese a enfrentarse a una inferioridad numérica muy abultada. Hitler, al conocer que Jarkov había sido evacuada por Hausser, había hecho algo infrecuente en él: salir de su retiro en Rastenburg para volar hasta el cuartel general del Grupo de Ejércitos Sur ("Heeresgruppe Süd"), dirigido por el mariscal Von Manstein, para destituir a Hausser en persona y obligar a las tropas alemanas a reconquistar la ciudad. Cuando Hitler llegó al cuartel de Von Manstein en Vinnitsa, Hausser ya había conseguido hacer justamente lo que Hitler pensaba imponer por la fuerza y a base de destituciones y castigos ejemplares. Al año siguiente, Hausser fue encargado de fuerzas aún mayores en combate, el "Grupo de Ejércitos B" en Francia, donde las unidades de las Waffen-SS estaban presentes en gran número, debiendo enfrentarse a los anglo-americanos tras el Desembarco de Normandía. La paternal responsabilidad hacia sus soldados y el dominio que demostró de la conducción operativa de tropas de combate dejaron harto probadas sus aptitudes para supervisar de arriba abajo todos los detalles de la vida diaria y el adiestramiento de las Waffen-SS y de los regimientos SS con funciones de combate, misión a la que fue destinado tras la caída de Francia en otoño de 1944 y hasta el final de la guerra.

Hausser tuvo mucho que decir sobre las pruebas de selección para el personal con destino en las SS, y para empezar mantuvo el nivel de las pruebas de cultura general y aptitudes intelectuales muy por debajo del que era habitual en las fuerzas armadas. De tal forma, cerca del 40% de los nuevos reclutas de las SS en 1944 apenas sabían más que leer medianamente y hacer cuentas simples. Y esta falta de instrucción no afectaba sólo a las clases de tropa, sino que también era tolerada en los aspirantes a oficial de las SS. Si un joven era poco estudioso, por pereza o falta de aptitud, podía verse postergado por las academias oficiales de la "Wehrmacht", pero no por las de las SS, que lo acogerían de buena gana. En éstas lo que más se buscaba era la lealtad, no la inteligencia: si los hombres de las SS debían ser "los protectores de la raza y la sangre" alemanas, tenían que acoger sin titubeos la "verdad nazi", para que su entrega fuese total e incondicional, hasta el punto de lanzarse al ataque a una muerte segura, o de ejecutar sin cuestión a miles de prisioneros. Para ambas cosas, una inteligencia demasiado cultivada no podía ser más que un estorbo. Si el soldado estaba "demasiado instruido" antes de ingresar en las SS era posible que no se creyera tan plenamente las teorías político-raciales que se inculcaban en la organización, y si al final se tomaba el nacional-socialismo con el convencimiento y el fanatismo requeridos, no importaba si no era especialmente brillante intelectualmente.

El aspecto académico de todos aquellos que habían superado las exigencias iniciales para formar parte de la "Familia SS" iba desde el estudio del llamado "manual de etiqueta" (que buscaba que los SS practicasen los modales propios de la "nobleza de servicio" militar, tradicional en Prusia, pero sólo en lo relativo a cuestiones de urbanidad, como las normas de educación en la mesa, o sobre cómo emplear fórmulas de cortesía en la correspondencia privada) hasta las clases de doctrina político-racial, que eran con mucho las más frecuentes y numerosas. Éstas estaban organizadas en tres fases o cursos: en el primero, el SS estudiaba la Historia del NSDAP y los "25 puntos" del "Mein Kampf" de Hitler, que pretendían ser un resumen básico del ideal nacional-socialista alemán; en el segundo se estudiaban los "fundamentos raciales" de las SS, haciéndose mucho hincapié en que el soldado pertenecía al "Herrenvolk" (el pueblo de los amos) o "raza de señores", y que su misión era defender el derecho de ésta, y el de la Alemania nazi, a sojuzgar y gobernar a la "raza de los esclavos", el "Sklavenvolk"; en el tercer y último curso, se estudiaba en detalle cuáles eran los enemigos del III Reich (supuestos y reales) y por qué amenazaban a éste, explicando de forma minuciosa los motivos por los cuales era imprescindible que el Estado naciona-socialista actuase de forma implacable contra sus dos mayores enemigos: los judíos y los comunistas. El hombre sometido a semejante educación se iba transformando, merced a un entrenamiento castrense brutal y conductualmente orientado a excitar el odio y amortiguar los sentimientos humanitarios, en un fanático anticomunista y un conspicuo exterminador de prisioneros, judíos y de otras categorías, en un campo de concentración.

Notas

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[1] A. J. Barker, SS-Gestapo. Madrid, San Martín, 1977.

[2] R. Ludlum, Historia secreta de las SS. Barcelona, Crítica, 1999.

[3] Citado en H. van Capelle y P. van de Bovenkamp, Hitler's henchmen. Londres, Watfare, 1990.

[4] Las comillas son mías, para acentuar el hecho de que la cientificidad de toda la "ciencia racial" era más que cuestionable, lo cual tampoco quiere decir que se basara en supuestos totalmente fantásticos. En definitiva, puede hablarse de una seudociencia racial, teñida por prejuicios y presunciones de índole fantasiosa e ideológica. Puede consultarse, entre otros, al respecto de la peculiar relación de los nazis con el concepto de verdad científica, el reciente estudio de G. Posner y J. Ware, Mengele, el médico de los experimentos de Hitler. Madrid, Esfera de los Libros, 2002.

[5] N. Tolstoy, La Noche de los Cuchillos Largos. Madrid, San Martín, 1978.

[6] Citado en C. Ailsby, Waffen-SS: la 'Guardia Negra' de Hitler en la II Guerra Mundial. Madrid, Libsa, 2002.

[7] Citado en J. R. Elting y G. H. Stein, Las SS, la guardia pretoriana de élite del III Reich. Barcelona, Óptima, 2002.

[8] Citado en H. B. Gisevius, Adolf Hitler. Barcelona, Plaza y Janés, 1966.

[9] Véanse al respecto las detalladas aportaciones de W. Fowler, El Frente del Este en la II Guerra Mundial. Madrid, Libsa, 2003.

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Autor:

Jorge Benavent

 


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