
La tentación. Pecado original. La biblia, el
calefón y la hoguera. Retrato de Adán y Eva. Los
crucifijos de piel. Sexo de Dios. Retorno al paraíso. Arte
y dogma. Experimento fallido. El mazo de hueso. La caza rupestre.
Estatuaria.

Retrato de Adán y Eva

¿Es el hombre tan sólo un error de Dios? ¿O
es Dios tan sólo un error del hombre? Nietzsche El mito es
aquello de lo cual dice un Padre de la Iglesia: “Lo que se
cree siempre, en todas partes y por todos”, o sea que quien
cree que vive sin mito o fuera de él, constituye una
excepción. Más aún, es un desarraigado que
no se halla sinceramente vinculado con el pasado, con lo
ancestral (que siempre vive en él), ni con la sociedad
humana actual. C. G. Jung

La tentación En la nueva versión del
paraíso, no habrá manzana. La serpiente se
disfrazará imitando a Nietzsche y le susurrará a
Eva en el oído: “Querida Eva, dime ¿la muerte
de Dios fue tan sólo un error de Dios, o fue tan
sólo un error del hombre?” Y así
comenzará la sutil tentación.

Pecado original El pecado original: haber nacido. Dios es
cómplice.

La biblia, el calefón y la hoguera Discépolo deja
su biblia junto al calefón, pero se quema. Después,
Tom Wol fe escribe La hoguera de las vanidades.

Retrato de Adán y Eva Hace muchos años
existió un inspiradísimo pintor. La
Inquisición lo quemó por impío y hereje. El
problema consistió, según los mejores
teólogos de la época, en que el desafortunado
pintor ejecutó un hermoso óleo cuyo tema era la
Creación; pero en un exceso de imaginación
pecó de vanidad al retratar a Adán y Eva con
ombligos. ¿Quién pudo haberlos engendrado si no fue
Dios?, se preguntaron todos. Al parecer, nadie pudo disuadir a
los inquisidores de que los ombligos tam bién eran de
barro.

Los crucifijos de piel Cae una llovizna fría. El cortejo,
presidido por el obispo y un grupo de eclesiásticos de
alta investidura, avanza por las principales calles del pueblo.
Las calles, tapizadas de pedruscos que hieren los pies de los que
marchan descalzos, son lo suficientemente estrechas y tortuosas
como para evitar que los fieles se desborden. Los únicos
carentes de calzado, claro, son los condenados, que encima deben
cargar con los pesados troncos donde serán atados y
quemados. Soldados, de rostro agrietado y cruel, los azotan. La
procesión termina con exagerada solemnidad en la
única plazoleta existente, lugar apropiado para la quema
de brujas y toda clase de herejes. Oscurece. Un mar de antorchas
se eleva al cielo. Bajo la molesta garúa, las piras
aguardan su tributo. Crece la expectativa. Vuela alguna que otra
sandalia mojada, y un verdugo es golpeado en la oreja con un
trozo de pan duro.

La multitud ríe jubilosa y pide sangre. El obispo, que
viste sus mejores ropas para tan grata ocasión, eructa
despreocupado; finge indiferencia y señala, con gesto
desdeñoso, a la que él imagina como la más
despreciable de sus víctimas. El señalado apenas
puede mantenerse en pie. Es un hombre débil y enjuto como
una astilla, que dice ser la reencarnación de Jesucristo.
Lleva barba, pelo largo y corona de espinas. El obispo, rodeado
de estandartes y lujo, ordena que lo crucifiquen. Lo ensartan con
grandes clavos de hierro, para deleite del público. Pasa
el rato y de sus partes sangrantes surgen algunos objetos
pequeños, como brotes. Pedazos de piel desgarrada caen al
suelo convertidos en crucifijos vivos. Extrañas figuras se
mueven dentro, pugnando por salir. El obispo se pone
rígido del susto y se desploma. Otros huyen despavoridos o
quedan simplemente extasiados. Retrato La sorpresa es más
grande todavía cuando la silueta del obispo, ya muerto y
pudriéndose, aparece recortada con mayor nitidez sobre los
crucifijos.

Sexo de Dios Desde Gen.: 1,1 hasta Gen.: 1,25, Dios es presentado
por la biblia en singu lar. Después alterna con el plural:
“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme
a nuestra se mejanza...” (Gen.: 1,26). “Y creó
Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;
varón y hembra los creó” (Gen.: 1,27).
Según esta versión bíblica del
Génesis, ¿cuál es el sexo de Dios? Para que
toda Creación esté completa se necesita una
tríada. La Santísima Trinidad es un ejemplo:
están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este
último término proviene de la traducción del
griego pneuma, y tiene connotación asexual por una
cuestión dogmática de la Iglesia (exclusión
de la mujer). En el original hebreo es ruah, concepto femenino
que significa aire. El Uno es la Divinidad (único Dios que
está en todo y es todo), expresado por extensión en
sus tres personas.

Retorno al paraíso Reflexiones de un feto: el tabú
de la desnudez no me afecta, ¿será éste un
re torno al paraíso?

Arte y dogma Observo La Vírgen de Port Lligat, de
Dalí. Magnífica ejecución. Pero me parece
que el pescado que pintó está crudo.
¿Será que Dios se equivocó de Dogma, o
Dalí de pescado?

Experimento fallido Adelantándose a Mary Shelley, Dios
intenta crear a Frankenstein, pero le sale Eva.

El mazo de hueso Se desató pesadamente los cordones, se
quitó los zapatos y se recostó con la piel del
día aún puesta. Tuvo sueños maravillosos.
Despertó antes de despuntar el sol, tomó su mazo de
hueso y se fue a cazar su jabalí diario. Pronto
olvidó sus zapatos.

La caza rupestre Se detuvo, asaltado por una duda. Observó
los rasgos aún indefinidos de su presa y
gruñó. Escupió en el hueco de una piedra, y
junto con la saliva mezcló un poco de polvo rojo.
Revolvió con el dedo índice y aplicó el
color en abundancia sobre la futura herida. Gruñó
nuevamente. Para que la magia dé buen resultado es
necesario aproximarse a la mayor perfección. Esto incluye
cada mínimo detalle. Por esa misma razón, no se
descuidó. Dibujó a su presa con una pierna menos
para evitar que ésta corriera. Respiró mejor,
satisfecho ante las perspectivas. Porque las presas humanas son
ricas, pero difíciles de capturar.

Estatuaria Ella, que modelaba con sus delicadas manos estatuillas
de arcilla, queda embarazada. Al nacer su criatura, pobre mujer,
sufre una terrible experiencia: su hijo también nace
estatua.
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