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Vida y obra de Alexander Von Humboldt



Partes: 1, 2

  1. Su
    vida
  2. Los
    viajes de Humboldt por el mundo
  3. Sus
    obras más destacadas
  4. Algunos descubrimientos científicos de
    Humboldt
  5. Importancia de la obra de
    Humboldt
  6. Bibliografía
    básica

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Su
vida

Alexander von Humboldt, está considerado como el
padre de la Geografía por sus valiosas aportaciones en el
estudio de la geofísica, climatología,
oceanografía, biogeografía, estadísticas de
población y económicas, etc. Por este motivo
quisiera recordar, en este curso, algunos datos de su larga vida
y de su extensa obra.

Humboldt, nació en la ciudad de Berlín, el
14 de septiembre de 1769, durante el reinado de Federico el
Grande. Su padre, que llegó a ser chamberlán del
rey, murió cuando Humboldt tenía 9 años. Su
madre era una mujer con una fortuna considerable, severa,
fría y puritana, hechos que marcaron su infancia y sus
carencias afectivas, como lo señala el propio Alexander y
todos sus biógrafos.

 Su familia de origen prusiano había
obtenido su título de nobleza pocos años antes de
su nacimiento, situación que condiciona su
formación y la de su hermano Wilhem y la orienta hacia un
camino eminentemente político y militar, destino trazado
por su familia y el estado. Antes de su ingreso a la universidad
reciben una educación inmejorable a cargo de preceptores
que los inician en las ciencias naturales, los idiomas y la
literatura. Posteriormente Humboldt ingresa a la universidad de
Frankfurt del Oder para realizar algunos estudios de
economía. Al año siguiente, en 1789, regresa a
Berlín para prepararse en matemáticas, dibujo y
grabado. Ese mismo año retoma sus estudios en la
Universidad de Gotinga, asistiendo a cursos de geografía,
botánica, geología y física. Durante este
periodo realiza sus primeras exploraciones en Inglaterra y
París. Humboldt nunca obtuvo un título
universitario.

En un principio, sus padres lo educaron para ingresar en
la Administración prusiana, pero él tenía
una voluntad firme e irrenunciable hacia las ciencias naturales.
El mundo natural le fascinó desde que era niño;"el
pequeño boticario", le llamaban en casa. Adolescente muy
vivo, con talento innato para las lenguas (posiblemente heredado
de su hermano mayor Wilhelm, gran estudioso de la
lingüística), la observación y el
análisis, coleccionaba mariposas, conchas y piedras que
recogía en sus paseos por los bosques de Tegel, en las
afueras de Berlín.

La madre del joven Alejandro, mujer prudentísima
y discreta, habiendo observado la vocación de su hijo para
el estudio de las ciencias naturales, no vaciló, a pesar
de la respetable posición social de su familia, en
enviarlo a la Academia de Minas de Freiberg, donde se efectuaba a
la vez estudio teórico y práctico bajo la docta
dirección del profesor Werner. El joven Humboldt
examinó la flora subterránea de las galerías
de aquellas minas, estudio penosísimo hasta entonces no
realizado por ningún naturalista, y publicó tres
años después su célebre "Especimen de las
plantas subterráneas de Freiberg y su fisiología
química", obra inmortal que le valió el
nombramiento de asesor del Consejo de Minas de Berlín, y
poco después el título de director general de las
minas de Auspach y de Bayreuth.

Por aquella época -que lo fue de grandes
descubrimientos científicos, no obstante la tormenta
revolucionaria que se desataba sobre Francia y amenazaba a toda
Europa-, el sabio Galvani fundaba en Bolonia una ciencia nueva,
verdaderamente nueva, sobre los movimientos convulsivos de una
rana muerta al ser tocada en un nervio por la fina hoja del
bisturí quirúrgico. Humboldt, ávido de
saber, se lanzó al estudio de los maravillosos efectos de
esa ciencia nueva, experimentándolos en sí mismo;
con toda su impetuosidad juvenil, unida al deseo de avanzar un
paso más en la senda del progreso científico, se
hizo varias heridas en el hombro izquierdo, dejando al
descubierto los músculos del brazo, y aplicó a
ellos un metal a propósito para excitar las contracciones
nerviosas; el resultado fue su excelente obra titulada:
"Experiencias sobre la irritación nerviosa y muscular",
enriquecida con anotaciones de su maestro, el eminente
Blumenbach, y publicada en 1796, el mismo año en que
falleció su madre, el 20 de noviembre de ese mismo
año.

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Así pues, Humboldt, realizó estudios en la
Academia de Minería de Friburgo, dirigida por Werner, el
gran geólogo y defensor del neptunismo, la teoría
que cifraba en el efecto de los océanos la obra
sedimentaria de la Tierra. Humboldt ya había escrito un
pequeño libro en esa línea sobre el origen de los
basaltos del Rin. Su carrera como estudiante y funcionario del
Departamento de Minas fue meteórica. Desde 1791 a 1797, se
dedicó a trabajar en la historia natural en Alemania,
combinando sus cargos, con sus primeras exploraciones por el
territorio germánico con sus trabajos botánicos y
experimentos sobre electricidad animal y vegetal; un saber y una
práctica muy en boga entonces.

Después de 1796, cuando ya era independiente
financieramente, continuó sus estudios en Jena, donde
coincidió con Goethe y Friedrich von Schiller. Él
mismo se sometió a dolorosos experimentos en un esfuerzo
para demostrar el rol de la electricidad como una fuerza de vida.
También aprendió las técnicas de mediciones
geodésicas, ya que había concebido el proyecto de
crear "une physique du monde", una ciencia global basada en
mediciones cuidadosas y en el paradigma de que todas las fuerzas
naturales actuaban armoniosamente para sostener el
todo.

Para Alexander, ningún saber le era ajeno, pues
se interesó por la Arqueología, Fisiología,
Astronomía, Geología y desde la Historia de los
fenómenos hasta la de las ideas. Dice una anédota
que una bella dama parisina le preguntó, un día, si
alguna vez se había enamorado, y Humboldt le
respondió que " nunca había amado más que a
la ciencia" (Cosmos, biografía, pág. 14,
publicación en castellano de 1852).

La fortuna heredada de su madre le servirá para
financiar sus exploraciones y publicaciones. Su espíritu
emprendedor y viajero le llevó a proyectar una serie de
viajes para cuya financiación hubo de enajenar algunas de
sus propiedades.

Hizo un pequeño viaje a Italia y de allí
pasó a París, ciudad que no conocía; le
acompañó Leopoldo de Buch. En la capital francesa
adquirió un conjunto de instrumentos que le
servirían para sus investigaciones en el viaje que
preparaba, dejó sin efecto una expedición que se
proponía realizar en 1798 a Egipto y aplazó
definitivamente, su participación en la expedición
de Baudin y Halemedin a Australia, que había sido
auspiciada por el gobierno del Directorio
francés.

Entre sus contactos de juventud puede mencionarse a
economistas como Dohm, músicos como Mendelssohn,
políticos como Metternich, con el que vivió en la
Universidad de Gotinga, pero el que más influyó en
él fue, sin duda, George Foster. El gran explorador de los
Mares del Sur, representó el ideal de una vida entregada a
la aventura y el saber. Humboldt visitó Inglaterra para
encontrarse con Foster que inyectó en su discípulo
la pasión por lo exótico y lo cercano, por el arte
y la naturaleza. Y más aún: le transmitió
ese afán de libertad y conocimiento que nunca le
abandonó.

El 19 de febrero de 1805 Humboldt fue nombrado miembro
de la Academia de Ciencias de Berlín. Y un mes
después comenzó un viaje hacia Italia, donde
permaneció 6 meses. En este periodo visitó a su
hermano Wilhelm en Roma, donde era embajador de Prusia.
Ascendió varias veces al Vesubio y realizó su
medición junto con Louis Joseph Gay-Lussac y Leopold von
Buch. Además de observar la erupción de este
volcán, visitó Nápoles acompañado por
Bolivar. A finales de septiembre regresó a Berlín,
tras nueve años de ausencia, donde recibió todo
tipo de honores y fue nombrado chambelán del rey de
Prusia, cargo que ya había desempeñado
décadas antes su padre, convirtiéndose en uno de
sus principales consejeros. Su actividad intelectual,
diplomática y científica no cesaron.

Después de varios años fuera de su patria
vuelve a Berlín en 1827 y el rey de Prusia Federico
Guillermo III lo nombra su consejero.

En ese momento comenzó su ciclo de 61 lecciones
magistrales sobre la descripción física de la
Tierra, Lecciones sobre el Cosmos, en la Universidad de
Berlín y su posterior ciclo de 16 conferencias
públicas sobre la materia del "Cosmos" en la Academia del
Canto de Berlín. Estas ponencias le hicieron
célebre en su tierra, y serían el cimiento de su
futura obra de madurez, Cosmos.

En 1829, el zar de Rusia Nicolás I lo invita a
visitar su país. Un día 12 de abril, y a sus 60
años, Humboldt emprende de nuevo un gran viaje,
atravesando toda Rusia, por Siberia, hasta la frontera con China.
Sus acompañantes alemanes fueron el mineralogista Gustav
Rose y el zoólogo Christian Gottfried Ehrenberg.
Realizaron numerosas excursiones a empresas mineras y
siderúrgicas así como yacimientos de metales y
piedras preciosas, además de realizar mediciones
geomagnéticas. Este viaje le sirvió a Humboldt para
comparar los aspectos geográficos en dos continentes. En
el año 1830 Juan Miguel Páez de la Cadena,
representante del gobierno español en San Petersburgo,
propuso a la Corte española, alegando fines
científicos, invitar a Humboldt a realizar un nuevo viaje
a España con objeto de llevar a cabo distintas
investigaciones relativas a la mineralogía de la
Península Ibérica. En principio, la idea fue
acogida con interés por el Gobierno de Fernando VII, y las
autoridades se dispusieron a su favor. Pero Luis Fernández
de Córdova, el representante español en
Berlín, se negó a efectuar la invitación a
Humboldt, tachándolo de liberal y constitucionalista y de
todo lo que, desde el punto de vista ideológico, se
oponía al absolutismo del rey de España.
Fernández de Córdova mandó un informe en
contra de Humboldt, un 6 de mayo de 1830, acusándole de
estar a favor de la independencia de las antiguas colonias
españolas en América. A pesar del apoyo de
Páez de la Cadena, el viaje no se
realizó.

A su regreso de Rusia, realizó varios viajes
diplomáticos por encargo del rey de Prusia a Italia y
Francia.

El 29 de enero de 1842, en Londres, en casa del
geólogo Sir Roderick Murchinson, conoció a un
personaje con el que había mantenido correspondencia desde
muchos años atrás, Charles Darwin. La
admiración entre estos dos grandes personajes
científicos era mutua por sus trabajos respectivos, cabe
destacar que uno de los dos libros de cabecera de Darwin durante
a bordo del Beagle, era La Narrativa Personal de Humboldt. Desde
el comienzo del viaje, Darwin siempre tuvo a Humboldt como modelo
de naturalista viajero y es la figura científica
más citada (16 veces) en el manuscrito de su diario de
viaje.

Humboldt ,a su vez, reconoció en Darwin un gran
futuro y no fue mezquino en sus elogios tanto privados como en
prensa. Pero Humboldt murió unos meses antes de ver
publicado El origen de las especies.

Alexander von Humboldt es considerado el último
naturalista ilustrado universal. No sólo era una fuente
inagotable de conocimiento, también era un abierto enemigo
de la esclavitud y luchó contra toda opresión y
discriminación. Su amigo Bolívar decía de
él que era el descubridor científico del Nuevo
Mundo cuyo estudio había dado a América algo mejor
que todos los conquistadores juntos.

A Humboldt se le debe, entre otras cosas, la
creación de la Sismología, la Geografía
climatológica y la Biogeografía. Estudió la
disposición seriada de los volcanes y la
distribución geográfica de las plantas. Fue un
incansable investigador del magnetismo terrestre y su intensidad
local; realizó también experimentos químicos
sobre gases. Por si fuera poco, sus contribuciones sobre el
origen de las civilizaciones y los movimientos migratorios, o
sobre las culturas precolombinas, se cuentan entre las mejores de
su tiempo. Fue también uno de los creadores de la
oceanografía. Sus viajes inauguraron la era de las
exploraciones científicas modernas.

Murió en la ciudad de Berlín, el
día 6 de mayo de 1859, a los 89 años de edad,
rodeado de admiración, pero, pobre, sin dejar
descendientes, en un cuarto alquilado, después de vender
su biblioteca personal a su criado,que tenía más
dinero que él. Sus restos fueron sepultados en el
panteón de Tegel, al fondo de un hermoso
bosque.

Los viajes de
Humboldt por el mundo

El 3 de enero de 1799 Humboldt pasó, junto con su
compañero Aimé Bonpland, de Francia a España
por el puerto de La Junquera. Se estableció en Barcelona
donde llevó a cabo numerosas observaciones
científicas, entre la que destaca la medición de la
latitud de la catedral de Barcelona. Además
emprendió con Bonpland excursiones de varios días a
Montserrat, a Tarragona, para visitar ruinas romanas, así
como a Sagunto, para realizar mediciones en sus
ruinas.

De Valencia se trasladan a Madrid, siendo Humboldt, uno
de los primeros en establecer la latitud y la longitud de dicha
ciudad y de otras poblaciones de importancia como Aranjuez,
además de elaborar los perfiles topográficos de la
sierra de Guadarrama y de la Península Ibérica
(perfil Valencia-La Coruña y perfil Pirineos-Motril), en
los que se descubría la presencia de la meseta, que
definió Meseta Central, como el elemento del relieve
más antiguo de la Península
Ibérica.

Pocos meses después, en mayo de 1799,
consiguió su anhelo al obtener permiso de las autoridades
españolas para trasladarse a sus dominios americanos. El 5
de junio de 1799 salen de La Coruña a bordo de la corbeta
de guerra Pizarro y 14 días después hacen escala en
las islas Canarias. Realizan un breve recorrido por Tenerife
entre el 19 y el 25 de junio de 1799. Ascendieron al
cráter del pico del Teide realizando experimentos para el
análisis del aire, describiendo también, la
distribución altitudinal de la vegetación, que se
dispone en bandas concéntricas alrededor de la cumbre.
Asimismo, la estancia canaria se caracterizará por sus
aportaciones botánicas, como el estudio que realizó
de la violeta del Teide.

También cabe destacar las preciosas descripciones
que hace de las islas Canarias, donde además de sus
valoraciones sobre temas de gran transcendencia científica
como el vulcanismo o la geografía vegetal, nos dejó
unas bellas páginas sobre la población aborigen y
la sociedad canaria de finales del siglo XVIII.

De las islas Canarias, retoman el rumbo hacia las Indias
Españolas con dirección a La Habana y
México, pero una epidemia desatada en la
embarcación los hace desviarse hacia Tierra Firme y
desembarcar en Cumaná (Venezuela), el 16 de julio de
1799.

Visitaron primero las regiones litorales, después
emprendieron (febrero de 1800) una gran expedición hacia
el interior; tras atravesar los "llanos" alcanzaron el río
Apure, descendieron este río hasta su confluencia con el
Orinoco y remontaron la parte norte-sur del gran río. A
través de sus afluentes y de un transporte por tierra
llegaron al río Negro, un afluente del Amazonas.
Penetrando por un canal que se incorpora a este río Negro,
el Casiquiare, demostrando la existencia, negada hasta entonces
por los geógrafos, de una sorprendente "transfluencia".
Después de una difícil travesía por el
Orinoco, los dos exploradores alcanzaron Angostura en junio de
1800.

A final de ese año, Humboldt y su
compañero Bonpland, visitaron Jamaica y Cuba. En 1801
estuvieron en Colombia, remontaron el río Magdalena y, en
enero de 1802, llegaron a Quito donde permanecieron seis meses,
realizando numerosas exploraciones de recolección de
fauna, flora y muestras geológicas en varias formaciones
volcánicas, destacando, especialmente, la ascensión
al Chimborazo (6.310 m.), que le dio fama mundial, pues nadie
había escalado tal altitud y se creía que este era
el monte más alto del mundo. Uno de los hallazgos
derivados de esta expedición es el estudio sobre el
vulcanismo y su relación con la evolución de la
corteza terrestre.

Tras una incursión por la cuenca del alto
Amazonas, en Perú, dieron por terminado el gran viaje,
especialmente para hacer investigaciones en el Callao sobre la
gran corriente marina predominante en esa zona. Alexander von
Humboldt pudo percatarse de la diferencia de temperaturas del
Océano Pacífico en determinadas épocas del
año, al medir la temperatura de la zona oriental del
océano Pacífico frente a las costas de Callao
(Perú). Se forma frente a las costas de Chile, Perú
y Ecuador debido a que los vientos reinantes que soplan paralelos
a la costa arrastran el agua caliente de la superficie. Por este
motivo, la temperatura de estas aguas es entre 5 y 10ºC
más fría de la que debería ser . Desde ese
momento, comenzó a llamarse a esta corriente
oceánica como Corriente de Humboldt.

El regreso a Europa lo hicieron por México y
Estados Unidos. En Acapulco, a donde llegaron en marzo de 1803,
en medio de un gran recibimiento, exploraron, durante un
año, la geografía y la vida económica
mexicana, incluyendo las minas de plata de Taxco y Guanajuato, y
el ascenso al volcán Jorullo cuando erupcionaba en
septiembre de 1803, y partieron hacia La Habana, donde
elaboró Humboldt un importante estudio político y
estadístico. Luego pusieron rumbo, en exploración
hasta Filadelfia, la ciudad más poblada de Estados Unidos,
con unos 75.000 habitantes. En Filadelfia les acogieron los
miembros de la American Philosophical Society que fundara
Franklin. En una diligencia fueron a Washington, la reciente
capital norteamericana, donde fueron recibidos por el presidente
Jefferson. Allí, el gobierno norteamericano, en conflicto
con España por los límites de Luisiana, se hizo,
hábilmente, con información geográfica que
utilizaría, después, para separar parte de
México.

El 30 de junio de 1804, en la desembocadura del
río Delaware, con más de cuarenta cajas de
muestras, partieron los dos exploradores, Bonpland y Humboldt,
hacia Europa, desembarcando en la ciudad de Burdeos el 3 de
agosto, en medio de la aclamación general de los franceses
que ya consideraban a Humboldt un héroe comparable a
Napoleón.

Después de haber estado durante cinco años
por el continente americano en los cuales recorrió
más de 10.000 kilómetros y estuvo muy cerca de la
muerte, al menos en tres ocasiones, lograba lo que ninguna
exploración había conseguido reunir jamás en
la historia de la ciencia natural: más de 60.000 plantas y
colecciones de miles de muestras geológicas,
zoológicas, arqueológicas y etnográficas,
además de numerosos cuadernos con descripciones, apuntes
biológicos y sociológicos, dibujos, croquis,
estadísticas y centenares de registros
astronómicos, barométricos, magnéticos,
así como la corrección de la altitud y longitud de
numerosos puntos geográficos.

En términos generales, la expedición se
ocupó del estudio de los recursos naturales (flora, fauna,
minerales, suelo, fenómenos,etc), así como
también de la observación de las costumbres
indígenas y del resto de la sociedad. Bonpland fue el
encargado de recolectar las plantas, la mayoría de ellas
desconocidas por la ciencia de la época, y colaborar con
Humboldt en la redacción posterior de varios trabajos. Es
importante señalar que Humboldt jamás aceptó
dineros de gobierno alguno para evitar que sus investigaciones se
supeditaran a fines secundarios como el comercio y
explotación de plantas y minerales.

En 1829, Humboldt inició, por encargo del zar
Nicolás I, junto con Rose, Ehrenberg y Menchenine, otro
viaje que duraría nueve meses, explorando las
montañas Urales y Altai, el mar Caspio y las tierras
heladas de Siberia hasta la frontera con China. Este viaje le
sirvió a Humboldt para cotejar los aspectos
geográficos en dos continentes, y que es, en todos los
aspectos el reverso del viaje a América; por eso dice a su
hermano Wilhelm y en sentido peyorativo para él
mismo:"Viajar por Rusia es menos agradable que hacerlo por esos
países que fueron colonias españolas". Una de sus
recomendaciones fue que se establecieran estaciones
meteorológicas por toda Rusia, las cuales fueron
establecidas en 1835. Los datos obtenidos en estas estaciones
permitieron que Humboldt desarrollara el "principio de
continentalidad", que las regiones interiores de los continentes
tienen climas más extremos debido a la ausencia moderadora
del océano. Los resultados de esta expedición
fueron consignados en los dos volúmenes de Fragmentos de
geología y de Climatología asiática (1832) y
en los tres volúmenes que escribió él mismo:
Asia central; Investigaciones sobre las cordilleras
montañosas y Climatología comparada
(1843).

Del viaje que Alexander von Humboldt realizó por
Iberoamérica a principios del S. XIX nos quedan una serie
de estudios arqueológicos realizados por él sobre
el pueblo Jívaro del Amazonas y sobre los Incas del
Perú pre-colombino. A continuación realizaré
un breve análisis sobre sus investigaciones en este
campo.

A) INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA SOBRE EL
PUEBLO JÍVARO DEL AMAZONAS.

Humboldt se encontró con los Jívaros, en
1802, en el límite sur de los antiguos dominios de los
Bracamoros. Recibe la visita de los Jívaros en Tomependa y
en una isla sobre el río Chinchipe, como él mismo
nos relata: "…30 ó 40 cabezas reunidas de hombres,
mujeres y niños de la tribu de los Jívaros…" .
Este grupo tenía su aldea en el río
Marañón, en Tutumberos, "…frente al Pongo de
Cacangores, por debajo del pueblo de Puyaya.". Puyaya se
localizaba al Noreste de Tomependa y era habitada por otro grupo
nativo. La localización de la aldea de los Jívaros
frente a una catarata se explica por ser un lugar sagrado para
los Jívaros, allí descansa el Ajútam,
el ser antiguo o el espíritu de los ancestros que otorga
el poder. Humboldt describe la localización de la aldea
proporcionada por el gobernador de Jaén: "La gran soledad
del lugar, rodeado de cataratas, separado del mundo…".
Así mismo, indica que la aldea tenía 2 ó 3
años de antiguedad. Este grupo contactado por Humboldt
sería el que se estaba expandiendo hacia Cajamarca
(Jaén) buscando buenas tierras de alturas y hachas de
metal, y que se mezclaría con otros pueblos provenientes
de Chota y luego retornaría a la actual Bagua Chica
(Guaguachicacu, "topa con ramas" en Aguaruna) y después se
dirigiría a Chachapoyas.

La fortaleza física caracterizó a los
Bracamoros en sus enfrentamientos con Incas y españoles, y
también a los Jívaros del siglo XIX. Humboldt
destaca que los Jívaros eran perezosos para el trabajo,
entendido en términos occidentales, y proclives a lo
ajeno, pero destaca su gran fortaleza física pues eran
capaces de correr, nadar y remar grandes distancias. Los
Jívaros habrían podido llevar con seguridad el
correo siguiendo el curso de los ríos, tal como lo
hacían otros nativos, aspecto que ha sido inmortalizado
por una serie de dibujos realizados por él
mismo.

El correo que lleva las cartas de Trujillo al gobernador
desciende todo el Chamaya y el Marañón desde
Ingatambo a Tomependa, ligando su guayaco o su pequeno
calzón con las cartas en forma de turbante alrededor de la
cabeza.

En la descripción de la Sierra de Cajamarca,
contenida en sus Cuadros de la Naturaleza, también
Humboldt describe al "correo nadador" como un indio joven, pero
sin identificar su filiación étnica, quien, a veces
acompañado de un amigo, recorría en dos días
la ruta entre Pomabamba y Tomependa, bajando por el río
Chamaya, luego por Pucará, Cavico y Chamaya.

La eficiencia del correo era tal que, Humboldt, estando
ya en París luego de recorrer México,
recibió una carta desde Tomependa . Un mapa de 1795
muestra las rutas del correo real y los caminos en la Sierra de
Piura e información relevante acerca de los pueblos
localizados a lo largo de la ruta de Jaén a Piura a
través de Huancabamba, también los límites
entre las audiencias de Lima y Quito. Sin embargo, este mapa no
muestra la ruta entre Ayavaca y Huancabamba, seguida por Humboldt
en 1802 ni la ruta entre la costa piurana y Ayavaca.

Asimismo, Humboldt valora la gran alegría y
vivacidad de los Jívaros, comparando la nobleza del buen
salvaje con la situación servil de los nativos reducidos
en las misiones: "¡Como el hombre salvaje y libre es
diferente al de las misiones, esclavo de la opinión y la
opresión sacerdotal!". Un aspecto de la nobleza de los
Jívaros es el ocio, que utilizaban para recrearse y
reposar durante 2 ó 3 meses antes de las ocasionales
agotadoras faenas (remar, nadar y correr grandes distancias),
despreocupándose de conseguir el abundante alimento que
estaba disponible. Es el reposo del guerrero antes de la ardua
jornada. La fascinación de los viajeros europeos con los
grupos nativos, en especial con los jefes, que registraron en
América también cautivo a Humboldt.

Humboldt resalta en una carta a su hermano Wilhelm que
"…También me he ocupado mucho del estudio de las
lenguas americanas…", destacando especialmente la gran
habilidad de los Jívaros, en comparación a los
otros pueblos amazónicos que conoció, de pronunciar
con fluidez las cortas frases y palabras en otras lenguas. Pero
los Jívaros no solo querían aprender sino
también enseñar su propia lengua:

"Tienen la misma energía al enseñar su
lengua. Cuando se comienza a pedirles por signos palabras para
formar el vocabulario, ellos os tormentan para continuar. Hablan
su propia lengua con una rapidez asombrosa. Tienen un canto muy
monótono, mezclado de gritos…".

La localización de los grupos humanos
prehispánicos que habitaron la región en la cual la
Cordillera de los Andes presenta la altura más baja en
todo su recorrido, fue uno de los factores que ocasionaron que
dichos grupos sean multilingües y culturalmente de frontera,
pues dicha característica geográfica produjo una
gran movilidad entre las sociedades situadas a ambos lados de la
Cordillera de los Andes. Incluso se plantea que uno de los
dialectos Jívaros habría sido utilizado como lengua
franca "…desde la montaña amazónica hasta las
tierras calientes de los valles costeños…", como
señala acertadamente Hocquenghem, por ello no
extraña que los habitantes de la costa de Piura hayan
provenido de la Sierra y que sus lenguas sean diferentes al resto
de la Costa Norte.

El poco gusto de los Jívaros por el vino,
aguardiente, chicha o bebidas fermentadas fue observado
también por Humboldt, en 1802. Este es un aspecto
intrigante que no ha sido reportado por otro explorador. Al
contrario, la relación entre la bebida y la violencia es
un aspecto resaltado por etnógrafos en la Sierra Norte.
Probablemente este rechazo a las bebidas fermentadas se
debió a que el consumo de bebidas embriagantes y
alucinógenas, entre los Jívaros está
reservada a rituales para contactarse con el Ajútam,
el ser antiguo o el espíritu de los ancestros que otorga
el poder.

Humboldt observó la división del trabajo
entre los Jívaros, mujeres dedicadas casi exclusivamente a
las actividades de la cocina mientras que los hombres hilaban y
tejían en algodón "…los ponchos marrones que
ellos llevan…" en ceremonias ante extranjeros. Scott, en 1890,
también observaría en la cuenca de río
Tabaconas y en Jaén la dedicación de las mujeres a
la cocina y los niños (Scott 1894). Esta actividad de los
hombres dedicados al hilado y el tejido, diferente a otros grupos
amazónicos, tiene su explicación en un mito que
narra la competencia entre el Mono Blanco (el hombre) y el Sol
(un Hombre-Sol denominado Etsá), este último,
al perder, sentencia al hombre: "El hombre que no sepa tejer no
ha de ponerle vestido alguno a su mujer". Así mismo, la
denominación de Aguaruna usada para denominar a los
Jívaros provendría de aguag (tejedor)
y runa (hombre), es decir hombre tejedor.

B) ESTUDIO DEL PUEBLO INCA.

A partir de los fríos páramos de Pasto,
Humboldt y sus compañeros empezaron a observar los
impresionantes vestigios del Imperio Inca, especialmente el
camino y los asentamientos, estos últimos (conocidos como
tambos, casas o palacios del Inca) se encontraban a lo largo del
Camino Inca, el cual Humboldt siguió en gran parte. En
Ecuador observaron, describieron e ilustraron los siguientes
asentamientos: Callo o aposentos de Mulahalo, la Casa del Inca
Huayna Capac, Paredones del Inca, Cañar , Latacunga, entre
otros descritos e ilustrados en Cuadros de la
Naturaleza y Vues de Cordillères.

Humboldt, acompañado de Aime Bonpland y Carlos
Montúfar, entra en Perú por la Sierra de Piura el
1º de Agosto de 1802, cruzando el río Calvas que
divide políticamente a Perú y Ecuador.
Recorrió las provincias de Ayavaca y Huancabamba hasta el
14 de Agosto. Durante estas dos semanas realizó
importantes observaciones geográficas, botánicas,
astronómicas y arqueológicas. Durante su estancia
en la Sierra de Piura registraron sitios Incas de diferentes
características: Socchabamba, Aypate, Chulucanas,
Guamaní, Xicate, Huancabamba y Mulamachay entre Chulucanas
y Huancabamba identifican nueve sitios. Pero algunos de ellos,
como Yanta y Mandor, no se han conservado hasta el presente,
constituyendo la información que Humboldt escribió
en su diario de campo el único registro existente. Dejemos
que sea el propio Humboldt quien nos transmita sus impresiones
acerca de algunos de estos asentamientos, en especial los
contenidos en sus Vues de Cordillères, y del camino
Inca. La localización y descripción de otros
centros Inca que Humboldt no pudo visitar, tal como Aypate, le
fue trasmitida por los indígenas: "…ruinas de un palacio
y de todo un pueblo peruano…".

Humboldt describe, en su diario de campo, el camino Inca
que apreciaron en 1802 en la Sierra de Piura:

"El camino de los Incas, tal como se lo puede apreciar
todavía casi sin interrupción desde Chulucanas
[Caxas] por Guamaní [Huancacarpa]… a más de dos y
media toesas de ancho [más de cinco metros] está
bien alineado sin conocer ningún obstáculo
elevándose de 800 a 1710 toesas [1600 a 3420 m.s.n.m.],
horadando las rocas para no contornearlas, y dando otros cursos a
los ríos cuando ellos molestaban la construcción.
En el río Chulucanas o Cachiyacu se ve claramente
fundamentos de casas y de restos del camino, prueba cierta de que
el río no serpenteaba entonces como hoy día. El
camino está elevado por encima del nivel del llano y sus
bordes son bellas piedras de talla cuadrada".

A partir del diario de campo, Humboldt reflexiona, en
sus "Vues des Cordillères", acerca del camino
Inca en la Sierra de Piura:

"…El gran camino del Inca, una de las obras más
útiles y gigantescas de cuantas ha ejecutado el hombre,
está todavía bien conservado entre Chulucanas,
Huamaní y Sachica…"

De todos los asentamientos Incas que Humboldt
registró, uno destaca en relación a los
demás, Humboldt lo denomina "los baños", "los
baños del Inca" o "los palacios del valle de Chulucanas",
se refiere a Caxas, al que describe en su diario de
campo:

"Los baños del Inca, situados en medio del valle
de Chulucanas a ambos lados del río, son algo de lo
más bello. Son las más grandes ruinas de todas las
que hemos visto. Ocupan más de 200 a 300 toesas [400 a 600
m.] de diámetro, no solamente a lo largo del valle, sino
que suben sobre las colinas vecinas."

Uno de los acompañantes en el viaje de Humboldt,
Carlos Montúfar, reporta también en su diario
que:

"…el día 7 [de agosto] dormimos en el paramo de
Chulucanas, y el 8 fuimos al pueblo de Guancabamba, atrabesando
por siete caserías del Ynga que están en el camino
la primera que es la mejor esta en el paramo mesmo y la llaman
los baños de Ynga, tiene más de quatro quadras [ca.
400 m.] de ancho y otras tantas de largo, todos los edificios son
de piedra, un pequeño río atrabiesa por enmedio de
las caserías…"

En sus Vues de Cordillères, Humboldt
describe un sector de Chulucanas o Caxas e incluso un plano
elaborado por Bonpland:

"Las ruinas del antiguo pueblo de Chulucanas son muy
importantes a causa de la extrema regularidad de las calles y del
alineamiento de los edificios…El pueblo de Chulucanas estuvo,
al parecer, sobre la pendiente de una colina, al borde de un
pequeño río, separado de éste por un muro
con aberturas correspondientes a las dos calles principales. Las
casas construidas de pórfido estaban distribuidas en ocho
manzanas formadas por las calles que se cortan en ángulo
recto…"

Humboldt, tras subir por el camino que conduce de Caxas
a lo alto de la Cordillera de los Andes llegó a
Huancacarpa, escribió en su diario:

"… las [habitaciones o palacios] del Páramo de
Guamaní [tienen] 1710 toesas de altura [3420
m.s.n.m.]…El edificio en la cima del Guamaní (de hermoso
pórfido como todo lo precedente) es muy espacioso y tiene
todavía más de 4 pies [1.3 mts.]. A pesar del
frío que hace en Guamaní (tuvimos 7 1/2°R
[9.4°C]) la posición de ese palacio es muy bella,
pintoresca. Se encuentra en la cima de los Andes y se goza
allí de una vista inmensa sobre los llanos de Piura y
Lambayeque, bordeados por el horizonte del mar
pacífico…".

Humboldt describe, el Tambo de Jicate, situado entre
Caxas y Huancabamba:

"Pero cerca de Huancabamba y San Felipe como haciendo
una entrada por el río Chinchipe y no pudiendo seguir la
alta cordillera, las ruinas están en un país
cálido, como las de Xicate, a 900 toesas [1800
m.s.n.m.]…pero el mejor conservado de todos es el edificio de
Xicate saliendo de la Angostura de Guamaní, en un valle
profundo. El tiene todavía más de 12 pies [4 m.] de
alto, se ve allí las divisiones de los departamentos, las
ventanas, los nichos…"

También Humboldt registra los restos de la
Huancabamba Inca:

" En el mismo gran pueblo de Huancabamba se ve los
restos de un palacio de los Incas que debe haber sido de los
más espaciosos, pues no hay casas indias o
españolas en el pueblo y en los alrededores no se descubre
piedras talladas que se haya sacado de ese palacio. La iglesia
situada sobre una colina recortada y rodeada de una muralla, si
contiene esas piedras. Los indios habían construído
un palacio en Huancabamba durante la ausencia de los
Incas."

Al Suroeste de Huancabamba, Humboldt registra la
tradición oral acerca de la construcción del centro
Inca de Mitupampa , atribuida al temor que el Inca pasara por
allí y no encontrase albergue nuevamente:

"…El príncipe vino y los guías que
conducían su litera se equivocaron de camino, y lo
llevaron entre dos grandes rocas, más allá de las
cuales no podía pasar. El Inca se vio forzado a pasar la
noche bajo el Machay, que no es sino un peñasco. Esta
situación lo puso de tan mal humor que hizo colgar a los
guías en el mismo lugar – prueba de que los
príncipes peruanos no eran siempre tan dulces como se
acostumbra a pintarlos -. Ya sea para hacer memorable a la
posteridad esta noche incómoda, ya sea por temor de que el
soberano pudiera pasar un día nuevamente por Mulamachay,
se construyó allí una bella casa, cuyas murallas se
ven todavía y a la que se denomina Horca o Justicia de los
Incas."

Luego de cruzar el río Huancabamba veintisiete
veces, donde "Los Incas tenían allí un camino
magnífico sin pasar el Río, adosado a la
roca…", la expedición de Humboldt se dirigió
hacia San Felipe por el camino de la cordillera, descendiendo
hacia Pomahuaca, donde registró un peculiar camino
pre-Inca:

"…Terrible descenso de Pomahuaca en cerca de 800
toesas. En lo alto se encuentra la boca de una galería
trabajada por los indios antes de la conquista con los vestigios
de un camino de 8-10 toesas…¿Servía para alguna
ceremonia religiosa donde todo el pueblo iba en procesión
y esta ceremonia se hacía en la mina, bajo tierra…El
obraje sería por tanto de los Puruguayos antes de la
conquista de los Incas?…"

Además de los sitios descritos en la Sierra Norte
de Perú, también Humboldt registró probables
sitios Inca en Jaén, luego de pasar por Pomahuaca, el
páramo de Yamoca, San Felipe, Pucará, Matara y
Cavico:

"Entre Amaju y Chamaya hay ruinas de una casa que se
parece, por la distribución de los apartamentos, a las de
los Incas…Desde la boca del Río Chotano a Chamaya no hay
ruinas, sino mas bien entre Chamaya y Amuju."

A partir de esta evidencia, Humboldt cuestiona que la
región de Jaén en tiempos de los Incas fuese
gobernada por señores locales, los Incas habrían
penetrado hasta Jaén instalando un centro Inca, "…hasta
en las márgenes del Amazonas…", introduciendo el
Quechua (antes que los jesuitas lo hicieran), y probablemente
construido una red de caminos o seguido la ruta fluvial. La
instalación de un centro Inca en Jaén se
explicaría por tres razones. La primera es que la actual
Bagua Chica (Guaguachicac en Aguaruna), situada
próxima a Jaén, fue un centro de
concentración Jívaro para enfrentarse a Incas y
españoles. La segunda es que la ruta del río
Chinchipe, rumbo a Loja, fue seguida por los Incas en su
conquista del Sur del Ecuador. La tercera es que la ruta del
río Utcubamba fue seguida por los Incas para sus
conquistas de la región Chachapoyas. Así, por
razones estratégicas los Incas instalaron un centro Inca
entre Amaju y Chamaya durante sus guerras contra los
Bracamoros, construyendo además fortalezas y
caminos.

La expedición regresó por Tomependa rumbo
a Cajamarca, pasando por Chamaya, Cavico, Matara y luego
continuaron el ascenso hacia Cajamarca por el valle del Chotano,
y registraron asentamientos Incas a su paso:

"En Huambos ruinas de un gran palacio de los Incas que
hacía allí de larga residencia antes de descender a
los valles. El Camino de los incas sigue por Cajamarca. En el
Tambillo, un poco al norte de Montán, otras ruinas de un
palacio."

Al llegar a la gran planicie donde se encuentra la
ciudad de Cajamarca, Humboldt reflexiona acerca de su pasado
esplendor:

"¿Cuántos pueblos habrá habido en
esta llanura en tiempo de los Incas?…La ciudad es
más grande que Cuenca y mucho mejor construida…todo
anuncia que los conquistadores pensaban conservar la antigua
gloria de Cajamarca como residencia de
Atahualpa…"

Humboldt describe algunos espacios y edificaciones Inca
en Cajamarca , tales como la plaza, los baños del Inca, el
Cuarto del Rescate:

"…La plaza es inmensa y adornada de un lindo surtidor
de agua. Es de esta plaza que se distingue al noroeste el humo de
los baños cálidos que se eleva en gruesas columnas
y que da a la llanura un aire volcánico…El Inca
tenía un palacio en los baños de Paltamarca,
allí donde sale la fuente; hemos reconocido los
fundamentos y la fuente, que se denomina el Tragadero, parece una
cuenca artificialmente redondeada….En Cajamarca existen
todavía débiles restos del palacio de Atahualpa,
que hemos examinado con cuidado. Este palacio ocupaba, por lo que
se ve por los fundamentos, todo el Cabildo y la prisión
pública. La parte que se ha conservado mejor está
frente al convento de San Francisco (entre éste y el
convento de Belén). Se ve allí los restos de una
escalera tallada en la roca viva, una fuente con canales…El
palacio estaba colocado sobre una roca de pórfido tallado
de manera que la roca viva forma una galería alrededor del
palacio. Lo poco que ha quedado del palacio prueba que ha sido
construído con dimensiones bien diferentes de aquellas que
tienen las casas de campo del Cañar, de
Chulucanas…"

En Cajamarca, Humboldt registró varios relatos
acerca de los Incas y sus riquezas ocultas, y conversó con
el joven Astorpilco, cuya pobre familia era propietaria de los
restos del palacio de Atahualpa, y se conmovió con su
tragedia:

"…Que sensación produce el aspecto de estos
pobres Indios, viviendo en las ruinas de la grandeza de sus
antecesores…Yo admiré esta moderación india y mis
ojos se llenaron de lágrimas…"

Luego de describir, comparar y analizar los
asentamientos Inca en la sierra del Ecuador y la sierra norte de
Perú, Humboldt define la esencia de la Arquitectura
Inca:

"Sencillez, simetría y solidez; he allí
los tres rasgos característicos que distinguen de una
manera ventajosa a todos los edificios peruanos" (Vues des
Cordillères…1810).

Partes: 1, 2

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