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Vida y obra de Alexander Von Humboldt




Partes: 1, 2

  1. Su vida
  2. Los viajes de Humboldt por el mundo
  3. Sus obras más destacadas
  4. Algunos descubrimientos científicos de Humboldt
  5. Importancia de la obra de Humboldt
  6. Bibliografía básica

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Su vida

Alexander von Humboldt, está considerado como el padre de la Geografía por sus valiosas aportaciones en el estudio de la geofísica, climatología, oceanografía, biogeografía, estadísticas de población y económicas, etc. Por este motivo quisiera recordar, en este curso, algunos datos de su larga vida y de su extensa obra.

Humboldt, nació en la ciudad de Berlín, el 14 de septiembre de 1769, durante el reinado de Federico el Grande. Su padre, que llegó a ser chamberlán del rey, murió cuando Humboldt tenía 9 años. Su madre era una mujer con una fortuna considerable, severa, fría y puritana, hechos que marcaron su infancia y sus carencias afectivas, como lo señala el propio Alexander y todos sus biógrafos.

 Su familia de origen prusiano había obtenido su título de nobleza pocos años antes de su nacimiento, situación que condiciona su formación y la de su hermano Wilhem y la orienta hacia un camino eminentemente político y militar, destino trazado por su familia y el estado. Antes de su ingreso a la universidad reciben una educación inmejorable a cargo de preceptores que los inician en las ciencias naturales, los idiomas y la literatura. Posteriormente Humboldt ingresa a la universidad de Frankfurt del Oder para realizar algunos estudios de economía. Al año siguiente, en 1789, regresa a Berlín para prepararse en matemáticas, dibujo y grabado. Ese mismo año retoma sus estudios en la Universidad de Gotinga, asistiendo a cursos de geografía, botánica, geología y física. Durante este periodo realiza sus primeras exploraciones en Inglaterra y París. Humboldt nunca obtuvo un título universitario.

En un principio, sus padres lo educaron para ingresar en la Administración prusiana, pero él tenía una voluntad firme e irrenunciable hacia las ciencias naturales. El mundo natural le fascinó desde que era niño;"el pequeño boticario", le llamaban en casa. Adolescente muy vivo, con talento innato para las lenguas (posiblemente heredado de su hermano mayor Wilhelm, gran estudioso de la lingüística), la observación y el análisis, coleccionaba mariposas, conchas y piedras que recogía en sus paseos por los bosques de Tegel, en las afueras de Berlín.

La madre del joven Alejandro, mujer prudentísima y discreta, habiendo observado la vocación de su hijo para el estudio de las ciencias naturales, no vaciló, a pesar de la respetable posición social de su familia, en enviarlo a la Academia de Minas de Freiberg, donde se efectuaba a la vez estudio teórico y práctico bajo la docta dirección del profesor Werner. El joven Humboldt examinó la flora subterránea de las galerías de aquellas minas, estudio penosísimo hasta entonces no realizado por ningún naturalista, y publicó tres años después su célebre "Especimen de las plantas subterráneas de Freiberg y su fisiología química", obra inmortal que le valió el nombramiento de asesor del Consejo de Minas de Berlín, y poco después el título de director general de las minas de Auspach y de Bayreuth.

Por aquella época -que lo fue de grandes descubrimientos científicos, no obstante la tormenta revolucionaria que se desataba sobre Francia y amenazaba a toda Europa-, el sabio Galvani fundaba en Bolonia una ciencia nueva, verdaderamente nueva, sobre los movimientos convulsivos de una rana muerta al ser tocada en un nervio por la fina hoja del bisturí quirúrgico. Humboldt, ávido de saber, se lanzó al estudio de los maravillosos efectos de esa ciencia nueva, experimentándolos en sí mismo; con toda su impetuosidad juvenil, unida al deseo de avanzar un paso más en la senda del progreso científico, se hizo varias heridas en el hombro izquierdo, dejando al descubierto los músculos del brazo, y aplicó a ellos un metal a propósito para excitar las contracciones nerviosas; el resultado fue su excelente obra titulada: "Experiencias sobre la irritación nerviosa y muscular", enriquecida con anotaciones de su maestro, el eminente Blumenbach, y publicada en 1796, el mismo año en que falleció su madre, el 20 de noviembre de ese mismo año.

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Así pues, Humboldt, realizó estudios en la Academia de Minería de Friburgo, dirigida por Werner, el gran geólogo y defensor del neptunismo, la teoría que cifraba en el efecto de los océanos la obra sedimentaria de la Tierra. Humboldt ya había escrito un pequeño libro en esa línea sobre el origen de los basaltos del Rin. Su carrera como estudiante y funcionario del Departamento de Minas fue meteórica. Desde 1791 a 1797, se dedicó a trabajar en la historia natural en Alemania, combinando sus cargos, con sus primeras exploraciones por el territorio germánico con sus trabajos botánicos y experimentos sobre electricidad animal y vegetal; un saber y una práctica muy en boga entonces.

Después de 1796, cuando ya era independiente financieramente, continuó sus estudios en Jena, donde coincidió con Goethe y Friedrich von Schiller. Él mismo se sometió a dolorosos experimentos en un esfuerzo para demostrar el rol de la electricidad como una fuerza de vida. También aprendió las técnicas de mediciones geodésicas, ya que había concebido el proyecto de crear "une physique du monde", una ciencia global basada en mediciones cuidadosas y en el paradigma de que todas las fuerzas naturales actuaban armoniosamente para sostener el todo.

Para Alexander, ningún saber le era ajeno, pues se interesó por la Arqueología, Fisiología, Astronomía, Geología y desde la Historia de los fenómenos hasta la de las ideas. Dice una anédota que una bella dama parisina le preguntó, un día, si alguna vez se había enamorado, y Humboldt le respondió que " nunca había amado más que a la ciencia" (Cosmos, biografía, pág. 14, publicación en castellano de 1852).

La fortuna heredada de su madre le servirá para financiar sus exploraciones y publicaciones. Su espíritu emprendedor y viajero le llevó a proyectar una serie de viajes para cuya financiación hubo de enajenar algunas de sus propiedades.

Hizo un pequeño viaje a Italia y de allí pasó a París, ciudad que no conocía; le acompañó Leopoldo de Buch. En la capital francesa adquirió un conjunto de instrumentos que le servirían para sus investigaciones en el viaje que preparaba, dejó sin efecto una expedición que se proponía realizar en 1798 a Egipto y aplazó definitivamente, su participación en la expedición de Baudin y Halemedin a Australia, que había sido auspiciada por el gobierno del Directorio francés.

Entre sus contactos de juventud puede mencionarse a economistas como Dohm, músicos como Mendelssohn, políticos como Metternich, con el que vivió en la Universidad de Gotinga, pero el que más influyó en él fue, sin duda, George Foster. El gran explorador de los Mares del Sur, representó el ideal de una vida entregada a la aventura y el saber. Humboldt visitó Inglaterra para encontrarse con Foster que inyectó en su discípulo la pasión por lo exótico y lo cercano, por el arte y la naturaleza. Y más aún: le transmitió ese afán de libertad y conocimiento que nunca le abandonó.

El 19 de febrero de 1805 Humboldt fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Berlín. Y un mes después comenzó un viaje hacia Italia, donde permaneció 6 meses. En este periodo visitó a su hermano Wilhelm en Roma, donde era embajador de Prusia. Ascendió varias veces al Vesubio y realizó su medición junto con Louis Joseph Gay-Lussac y Leopold von Buch. Además de observar la erupción de este volcán, visitó Nápoles acompañado por Bolivar. A finales de septiembre regresó a Berlín, tras nueve años de ausencia, donde recibió todo tipo de honores y fue nombrado chambelán del rey de Prusia, cargo que ya había desempeñado décadas antes su padre, convirtiéndose en uno de sus principales consejeros. Su actividad intelectual, diplomática y científica no cesaron.

Después de varios años fuera de su patria vuelve a Berlín en 1827 y el rey de Prusia Federico Guillermo III lo nombra su consejero.

En ese momento comenzó su ciclo de 61 lecciones magistrales sobre la descripción física de la Tierra, Lecciones sobre el Cosmos, en la Universidad de Berlín y su posterior ciclo de 16 conferencias públicas sobre la materia del "Cosmos" en la Academia del Canto de Berlín. Estas ponencias le hicieron célebre en su tierra, y serían el cimiento de su futura obra de madurez, Cosmos.

En 1829, el zar de Rusia Nicolás I lo invita a visitar su país. Un día 12 de abril, y a sus 60 años, Humboldt emprende de nuevo un gran viaje, atravesando toda Rusia, por Siberia, hasta la frontera con China. Sus acompañantes alemanes fueron el mineralogista Gustav Rose y el zoólogo Christian Gottfried Ehrenberg. Realizaron numerosas excursiones a empresas mineras y siderúrgicas así como yacimientos de metales y piedras preciosas, además de realizar mediciones geomagnéticas. Este viaje le sirvió a Humboldt para comparar los aspectos geográficos en dos continentes. En el año 1830 Juan Miguel Páez de la Cadena, representante del gobierno español en San Petersburgo, propuso a la Corte española, alegando fines científicos, invitar a Humboldt a realizar un nuevo viaje a España con objeto de llevar a cabo distintas investigaciones relativas a la mineralogía de la Península Ibérica. En principio, la idea fue acogida con interés por el Gobierno de Fernando VII, y las autoridades se dispusieron a su favor. Pero Luis Fernández de Córdova, el representante español en Berlín, se negó a efectuar la invitación a Humboldt, tachándolo de liberal y constitucionalista y de todo lo que, desde el punto de vista ideológico, se oponía al absolutismo del rey de España. Fernández de Córdova mandó un informe en contra de Humboldt, un 6 de mayo de 1830, acusándole de estar a favor de la independencia de las antiguas colonias españolas en América. A pesar del apoyo de Páez de la Cadena, el viaje no se realizó.

A su regreso de Rusia, realizó varios viajes diplomáticos por encargo del rey de Prusia a Italia y Francia.

El 29 de enero de 1842, en Londres, en casa del geólogo Sir Roderick Murchinson, conoció a un personaje con el que había mantenido correspondencia desde muchos años atrás, Charles Darwin. La admiración entre estos dos grandes personajes científicos era mutua por sus trabajos respectivos, cabe destacar que uno de los dos libros de cabecera de Darwin durante a bordo del Beagle, era La Narrativa Personal de Humboldt. Desde el comienzo del viaje, Darwin siempre tuvo a Humboldt como modelo de naturalista viajero y es la figura científica más citada (16 veces) en el manuscrito de su diario de viaje.

Humboldt ,a su vez, reconoció en Darwin un gran futuro y no fue mezquino en sus elogios tanto privados como en prensa. Pero Humboldt murió unos meses antes de ver publicado El origen de las especies.

Alexander von Humboldt es considerado el último naturalista ilustrado universal. No sólo era una fuente inagotable de conocimiento, también era un abierto enemigo de la esclavitud y luchó contra toda opresión y discriminación. Su amigo Bolívar decía de él que era el descubridor científico del Nuevo Mundo cuyo estudio había dado a América algo mejor que todos los conquistadores juntos.

A Humboldt se le debe, entre otras cosas, la creación de la Sismología, la Geografía climatológica y la Biogeografía. Estudió la disposición seriada de los volcanes y la distribución geográfica de las plantas. Fue un incansable investigador del magnetismo terrestre y su intensidad local; realizó también experimentos químicos sobre gases. Por si fuera poco, sus contribuciones sobre el origen de las civilizaciones y los movimientos migratorios, o sobre las culturas precolombinas, se cuentan entre las mejores de su tiempo. Fue también uno de los creadores de la oceanografía. Sus viajes inauguraron la era de las exploraciones científicas modernas.

Murió en la ciudad de Berlín, el día 6 de mayo de 1859, a los 89 años de edad, rodeado de admiración, pero, pobre, sin dejar descendientes, en un cuarto alquilado, después de vender su biblioteca personal a su criado,que tenía más dinero que él. Sus restos fueron sepultados en el panteón de Tegel, al fondo de un hermoso bosque.

Los viajes de Humboldt por el mundo

El 3 de enero de 1799 Humboldt pasó, junto con su compañero Aimé Bonpland, de Francia a España por el puerto de La Junquera. Se estableció en Barcelona donde llevó a cabo numerosas observaciones científicas, entre la que destaca la medición de la latitud de la catedral de Barcelona. Además emprendió con Bonpland excursiones de varios días a Montserrat, a Tarragona, para visitar ruinas romanas, así como a Sagunto, para realizar mediciones en sus ruinas.

De Valencia se trasladan a Madrid, siendo Humboldt, uno de los primeros en establecer la latitud y la longitud de dicha ciudad y de otras poblaciones de importancia como Aranjuez, además de elaborar los perfiles topográficos de la sierra de Guadarrama y de la Península Ibérica (perfil Valencia-La Coruña y perfil Pirineos-Motril), en los que se descubría la presencia de la meseta, que definió Meseta Central, como el elemento del relieve más antiguo de la Península Ibérica.

Pocos meses después, en mayo de 1799, consiguió su anhelo al obtener permiso de las autoridades españolas para trasladarse a sus dominios americanos. El 5 de junio de 1799 salen de La Coruña a bordo de la corbeta de guerra Pizarro y 14 días después hacen escala en las islas Canarias. Realizan un breve recorrido por Tenerife entre el 19 y el 25 de junio de 1799. Ascendieron al cráter del pico del Teide realizando experimentos para el análisis del aire, describiendo también, la distribución altitudinal de la vegetación, que se dispone en bandas concéntricas alrededor de la cumbre. Asimismo, la estancia canaria se caracterizará por sus aportaciones botánicas, como el estudio que realizó de la violeta del Teide.

También cabe destacar las preciosas descripciones que hace de las islas Canarias, donde además de sus valoraciones sobre temas de gran transcendencia científica como el vulcanismo o la geografía vegetal, nos dejó unas bellas páginas sobre la población aborigen y la sociedad canaria de finales del siglo XVIII.

De las islas Canarias, retoman el rumbo hacia las Indias Españolas con dirección a La Habana y México, pero una epidemia desatada en la embarcación los hace desviarse hacia Tierra Firme y desembarcar en Cumaná (Venezuela), el 16 de julio de 1799.

Visitaron primero las regiones litorales, después emprendieron (febrero de 1800) una gran expedición hacia el interior; tras atravesar los "llanos" alcanzaron el río Apure, descendieron este río hasta su confluencia con el Orinoco y remontaron la parte norte-sur del gran río. A través de sus afluentes y de un transporte por tierra llegaron al río Negro, un afluente del Amazonas. Penetrando por un canal que se incorpora a este río Negro, el Casiquiare, demostrando la existencia, negada hasta entonces por los geógrafos, de una sorprendente "transfluencia". Después de una difícil travesía por el Orinoco, los dos exploradores alcanzaron Angostura en junio de 1800.

A final de ese año, Humboldt y su compañero Bonpland, visitaron Jamaica y Cuba. En 1801 estuvieron en Colombia, remontaron el río Magdalena y, en enero de 1802, llegaron a Quito donde permanecieron seis meses, realizando numerosas exploraciones de recolección de fauna, flora y muestras geológicas en varias formaciones volcánicas, destacando, especialmente, la ascensión al Chimborazo (6.310 m.), que le dio fama mundial, pues nadie había escalado tal altitud y se creía que este era el monte más alto del mundo. Uno de los hallazgos derivados de esta expedición es el estudio sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre.

Tras una incursión por la cuenca del alto Amazonas, en Perú, dieron por terminado el gran viaje, especialmente para hacer investigaciones en el Callao sobre la gran corriente marina predominante en esa zona. Alexander von Humboldt pudo percatarse de la diferencia de temperaturas del Océano Pacífico en determinadas épocas del año, al medir la temperatura de la zona oriental del océano Pacífico frente a las costas de Callao (Perú). Se forma frente a las costas de Chile, Perú y Ecuador debido a que los vientos reinantes que soplan paralelos a la costa arrastran el agua caliente de la superficie. Por este motivo, la temperatura de estas aguas es entre 5 y 10ºC más fría de la que debería ser . Desde ese momento, comenzó a llamarse a esta corriente oceánica como Corriente de Humboldt.

El regreso a Europa lo hicieron por México y Estados Unidos. En Acapulco, a donde llegaron en marzo de 1803, en medio de un gran recibimiento, exploraron, durante un año, la geografía y la vida económica mexicana, incluyendo las minas de plata de Taxco y Guanajuato, y el ascenso al volcán Jorullo cuando erupcionaba en septiembre de 1803, y partieron hacia La Habana, donde elaboró Humboldt un importante estudio político y estadístico. Luego pusieron rumbo, en exploración hasta Filadelfia, la ciudad más poblada de Estados Unidos, con unos 75.000 habitantes. En Filadelfia les acogieron los miembros de la American Philosophical Society que fundara Franklin. En una diligencia fueron a Washington, la reciente capital norteamericana, donde fueron recibidos por el presidente Jefferson. Allí, el gobierno norteamericano, en conflicto con España por los límites de Luisiana, se hizo, hábilmente, con información geográfica que utilizaría, después, para separar parte de México.

El 30 de junio de 1804, en la desembocadura del río Delaware, con más de cuarenta cajas de muestras, partieron los dos exploradores, Bonpland y Humboldt, hacia Europa, desembarcando en la ciudad de Burdeos el 3 de agosto, en medio de la aclamación general de los franceses que ya consideraban a Humboldt un héroe comparable a Napoleón.

Después de haber estado durante cinco años por el continente americano en los cuales recorrió más de 10.000 kilómetros y estuvo muy cerca de la muerte, al menos en tres ocasiones, lograba lo que ninguna exploración había conseguido reunir jamás en la historia de la ciencia natural: más de 60.000 plantas y colecciones de miles de muestras geológicas, zoológicas, arqueológicas y etnográficas, además de numerosos cuadernos con descripciones, apuntes biológicos y sociológicos, dibujos, croquis, estadísticas y centenares de registros astronómicos, barométricos, magnéticos, así como la corrección de la altitud y longitud de numerosos puntos geográficos.

En términos generales, la expedición se ocupó del estudio de los recursos naturales (flora, fauna, minerales, suelo, fenómenos,etc), así como también de la observación de las costumbres indígenas y del resto de la sociedad. Bonpland fue el encargado de recolectar las plantas, la mayoría de ellas desconocidas por la ciencia de la época, y colaborar con Humboldt en la redacción posterior de varios trabajos. Es importante señalar que Humboldt jamás aceptó dineros de gobierno alguno para evitar que sus investigaciones se supeditaran a fines secundarios como el comercio y explotación de plantas y minerales.

En 1829, Humboldt inició, por encargo del zar Nicolás I, junto con Rose, Ehrenberg y Menchenine, otro viaje que duraría nueve meses, explorando las montañas Urales y Altai, el mar Caspio y las tierras heladas de Siberia hasta la frontera con China. Este viaje le sirvió a Humboldt para cotejar los aspectos geográficos en dos continentes, y que es, en todos los aspectos el reverso del viaje a América; por eso dice a su hermano Wilhelm y en sentido peyorativo para él mismo:"Viajar por Rusia es menos agradable que hacerlo por esos países que fueron colonias españolas". Una de sus recomendaciones fue que se establecieran estaciones meteorológicas por toda Rusia, las cuales fueron establecidas en 1835. Los datos obtenidos en estas estaciones permitieron que Humboldt desarrollara el "principio de continentalidad", que las regiones interiores de los continentes tienen climas más extremos debido a la ausencia moderadora del océano. Los resultados de esta expedición fueron consignados en los dos volúmenes de Fragmentos de geología y de Climatología asiática (1832) y en los tres volúmenes que escribió él mismo: Asia central; Investigaciones sobre las cordilleras montañosas y Climatología comparada (1843).

Del viaje que Alexander von Humboldt realizó por Iberoamérica a principios del S. XIX nos quedan una serie de estudios arqueológicos realizados por él sobre el pueblo Jívaro del Amazonas y sobre los Incas del Perú pre-colombino. A continuación realizaré un breve análisis sobre sus investigaciones en este campo.

A) INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA SOBRE EL PUEBLO JÍVARO DEL AMAZONAS.

Humboldt se encontró con los Jívaros, en 1802, en el límite sur de los antiguos dominios de los Bracamoros. Recibe la visita de los Jívaros en Tomependa y en una isla sobre el río Chinchipe, como él mismo nos relata: "...30 ó 40 cabezas reunidas de hombres, mujeres y niños de la tribu de los Jívaros..." . Este grupo tenía su aldea en el río Marañón, en Tutumberos, "...frente al Pongo de Cacangores, por debajo del pueblo de Puyaya.". Puyaya se localizaba al Noreste de Tomependa y era habitada por otro grupo nativo. La localización de la aldea de los Jívaros frente a una catarata se explica por ser un lugar sagrado para los Jívaros, allí descansa el Ajútam, el ser antiguo o el espíritu de los ancestros que otorga el poder. Humboldt describe la localización de la aldea proporcionada por el gobernador de Jaén: "La gran soledad del lugar, rodeado de cataratas, separado del mundo...". Así mismo, indica que la aldea tenía 2 ó 3 años de antiguedad. Este grupo contactado por Humboldt sería el que se estaba expandiendo hacia Cajamarca (Jaén) buscando buenas tierras de alturas y hachas de metal, y que se mezclaría con otros pueblos provenientes de Chota y luego retornaría a la actual Bagua Chica (Guaguachicacu, "topa con ramas" en Aguaruna) y después se dirigiría a Chachapoyas.

La fortaleza física caracterizó a los Bracamoros en sus enfrentamientos con Incas y españoles, y también a los Jívaros del siglo XIX. Humboldt destaca que los Jívaros eran perezosos para el trabajo, entendido en términos occidentales, y proclives a lo ajeno, pero destaca su gran fortaleza física pues eran capaces de correr, nadar y remar grandes distancias. Los Jívaros habrían podido llevar con seguridad el correo siguiendo el curso de los ríos, tal como lo hacían otros nativos, aspecto que ha sido inmortalizado por una serie de dibujos realizados por él mismo.

El correo que lleva las cartas de Trujillo al gobernador desciende todo el Chamaya y el Marañón desde Ingatambo a Tomependa, ligando su guayaco o su pequeno calzón con las cartas en forma de turbante alrededor de la cabeza.

En la descripción de la Sierra de Cajamarca, contenida en sus Cuadros de la Naturaleza, también Humboldt describe al "correo nadador" como un indio joven, pero sin identificar su filiación étnica, quien, a veces acompañado de un amigo, recorría en dos días la ruta entre Pomabamba y Tomependa, bajando por el río Chamaya, luego por Pucará, Cavico y Chamaya.

La eficiencia del correo era tal que, Humboldt, estando ya en París luego de recorrer México, recibió una carta desde Tomependa . Un mapa de 1795 muestra las rutas del correo real y los caminos en la Sierra de Piura e información relevante acerca de los pueblos localizados a lo largo de la ruta de Jaén a Piura a través de Huancabamba, también los límites entre las audiencias de Lima y Quito. Sin embargo, este mapa no muestra la ruta entre Ayavaca y Huancabamba, seguida por Humboldt en 1802 ni la ruta entre la costa piurana y Ayavaca.

Asimismo, Humboldt valora la gran alegría y vivacidad de los Jívaros, comparando la nobleza del buen salvaje con la situación servil de los nativos reducidos en las misiones: "¡Como el hombre salvaje y libre es diferente al de las misiones, esclavo de la opinión y la opresión sacerdotal!". Un aspecto de la nobleza de los Jívaros es el ocio, que utilizaban para recrearse y reposar durante 2 ó 3 meses antes de las ocasionales agotadoras faenas (remar, nadar y correr grandes distancias), despreocupándose de conseguir el abundante alimento que estaba disponible. Es el reposo del guerrero antes de la ardua jornada. La fascinación de los viajeros europeos con los grupos nativos, en especial con los jefes, que registraron en América también cautivo a Humboldt.

Humboldt resalta en una carta a su hermano Wilhelm que "…También me he ocupado mucho del estudio de las lenguas americanas...", destacando especialmente la gran habilidad de los Jívaros, en comparación a los otros pueblos amazónicos que conoció, de pronunciar con fluidez las cortas frases y palabras en otras lenguas. Pero los Jívaros no solo querían aprender sino también enseñar su propia lengua:

"Tienen la misma energía al enseñar su lengua. Cuando se comienza a pedirles por signos palabras para formar el vocabulario, ellos os tormentan para continuar. Hablan su propia lengua con una rapidez asombrosa. Tienen un canto muy monótono, mezclado de gritos...".

La localización de los grupos humanos prehispánicos que habitaron la región en la cual la Cordillera de los Andes presenta la altura más baja en todo su recorrido, fue uno de los factores que ocasionaron que dichos grupos sean multilingües y culturalmente de frontera, pues dicha característica geográfica produjo una gran movilidad entre las sociedades situadas a ambos lados de la Cordillera de los Andes. Incluso se plantea que uno de los dialectos Jívaros habría sido utilizado como lengua franca "...desde la montaña amazónica hasta las tierras calientes de los valles costeños...", como señala acertadamente Hocquenghem, por ello no extraña que los habitantes de la costa de Piura hayan provenido de la Sierra y que sus lenguas sean diferentes al resto de la Costa Norte.

El poco gusto de los Jívaros por el vino, aguardiente, chicha o bebidas fermentadas fue observado también por Humboldt, en 1802. Este es un aspecto intrigante que no ha sido reportado por otro explorador. Al contrario, la relación entre la bebida y la violencia es un aspecto resaltado por etnógrafos en la Sierra Norte. Probablemente este rechazo a las bebidas fermentadas se debió a que el consumo de bebidas embriagantes y alucinógenas, entre los Jívaros está reservada a rituales para contactarse con el Ajútam, el ser antiguo o el espíritu de los ancestros que otorga el poder.

Humboldt observó la división del trabajo entre los Jívaros, mujeres dedicadas casi exclusivamente a las actividades de la cocina mientras que los hombres hilaban y tejían en algodón "...los ponchos marrones que ellos llevan..." en ceremonias ante extranjeros. Scott, en 1890, también observaría en la cuenca de río Tabaconas y en Jaén la dedicación de las mujeres a la cocina y los niños (Scott 1894). Esta actividad de los hombres dedicados al hilado y el tejido, diferente a otros grupos amazónicos, tiene su explicación en un mito que narra la competencia entre el Mono Blanco (el hombre) y el Sol (un Hombre-Sol denominado Etsá), este último, al perder, sentencia al hombre: "El hombre que no sepa tejer no ha de ponerle vestido alguno a su mujer". Así mismo, la denominación de Aguaruna usada para denominar a los Jívaros provendría de aguag (tejedor) y runa (hombre), es decir hombre tejedor.

B) ESTUDIO DEL PUEBLO INCA.

A partir de los fríos páramos de Pasto, Humboldt y sus compañeros empezaron a observar los impresionantes vestigios del Imperio Inca, especialmente el camino y los asentamientos, estos últimos (conocidos como tambos, casas o palacios del Inca) se encontraban a lo largo del Camino Inca, el cual Humboldt siguió en gran parte. En Ecuador observaron, describieron e ilustraron los siguientes asentamientos: Callo o aposentos de Mulahalo, la Casa del Inca Huayna Capac, Paredones del Inca, Cañar , Latacunga, entre otros descritos e ilustrados en Cuadros de la Naturaleza y Vues de Cordillères.

Humboldt, acompañado de Aime Bonpland y Carlos Montúfar, entra en Perú por la Sierra de Piura el 1º de Agosto de 1802, cruzando el río Calvas que divide políticamente a Perú y Ecuador. Recorrió las provincias de Ayavaca y Huancabamba hasta el 14 de Agosto. Durante estas dos semanas realizó importantes observaciones geográficas, botánicas, astronómicas y arqueológicas. Durante su estancia en la Sierra de Piura registraron sitios Incas de diferentes características: Socchabamba, Aypate, Chulucanas, Guamaní, Xicate, Huancabamba y Mulamachay entre Chulucanas y Huancabamba identifican nueve sitios. Pero algunos de ellos, como Yanta y Mandor, no se han conservado hasta el presente, constituyendo la información que Humboldt escribió en su diario de campo el único registro existente. Dejemos que sea el propio Humboldt quien nos transmita sus impresiones acerca de algunos de estos asentamientos, en especial los contenidos en sus Vues de Cordillères, y del camino Inca. La localización y descripción de otros centros Inca que Humboldt no pudo visitar, tal como Aypate, le fue trasmitida por los indígenas: "...ruinas de un palacio y de todo un pueblo peruano...".

Humboldt describe, en su diario de campo, el camino Inca que apreciaron en 1802 en la Sierra de Piura:

"El camino de los Incas, tal como se lo puede apreciar todavía casi sin interrupción desde Chulucanas [Caxas] por Guamaní [Huancacarpa]... a más de dos y media toesas de ancho [más de cinco metros] está bien alineado sin conocer ningún obstáculo elevándose de 800 a 1710 toesas [1600 a 3420 m.s.n.m.], horadando las rocas para no contornearlas, y dando otros cursos a los ríos cuando ellos molestaban la construcción. En el río Chulucanas o Cachiyacu se ve claramente fundamentos de casas y de restos del camino, prueba cierta de que el río no serpenteaba entonces como hoy día. El camino está elevado por encima del nivel del llano y sus bordes son bellas piedras de talla cuadrada".

A partir del diario de campo, Humboldt reflexiona, en sus "Vues des Cordillères", acerca del camino Inca en la Sierra de Piura:

"...El gran camino del Inca, una de las obras más útiles y gigantescas de cuantas ha ejecutado el hombre, está todavía bien conservado entre Chulucanas, Huamaní y Sachica..."

De todos los asentamientos Incas que Humboldt registró, uno destaca en relación a los demás, Humboldt lo denomina "los baños", "los baños del Inca" o "los palacios del valle de Chulucanas", se refiere a Caxas, al que describe en su diario de campo:

"Los baños del Inca, situados en medio del valle de Chulucanas a ambos lados del río, son algo de lo más bello. Son las más grandes ruinas de todas las que hemos visto. Ocupan más de 200 a 300 toesas [400 a 600 m.] de diámetro, no solamente a lo largo del valle, sino que suben sobre las colinas vecinas."

Uno de los acompañantes en el viaje de Humboldt, Carlos Montúfar, reporta también en su diario que:

"...el día 7 [de agosto] dormimos en el paramo de Chulucanas, y el 8 fuimos al pueblo de Guancabamba, atrabesando por siete caserías del Ynga que están en el camino la primera que es la mejor esta en el paramo mesmo y la llaman los baños de Ynga, tiene más de quatro quadras [ca. 400 m.] de ancho y otras tantas de largo, todos los edificios son de piedra, un pequeño río atrabiesa por enmedio de las caserías..."

En sus Vues de Cordillères, Humboldt describe un sector de Chulucanas o Caxas e incluso un plano elaborado por Bonpland:

"Las ruinas del antiguo pueblo de Chulucanas son muy importantes a causa de la extrema regularidad de las calles y del alineamiento de los edificios...El pueblo de Chulucanas estuvo, al parecer, sobre la pendiente de una colina, al borde de un pequeño río, separado de éste por un muro con aberturas correspondientes a las dos calles principales. Las casas construidas de pórfido estaban distribuidas en ocho manzanas formadas por las calles que se cortan en ángulo recto..."

Humboldt, tras subir por el camino que conduce de Caxas a lo alto de la Cordillera de los Andes llegó a Huancacarpa, escribió en su diario:

"... las [habitaciones o palacios] del Páramo de Guamaní [tienen] 1710 toesas de altura [3420 m.s.n.m.]...El edificio en la cima del Guamaní (de hermoso pórfido como todo lo precedente) es muy espacioso y tiene todavía más de 4 pies [1.3 mts.]. A pesar del frío que hace en Guamaní (tuvimos 7 1/2°R [9.4°C]) la posición de ese palacio es muy bella, pintoresca. Se encuentra en la cima de los Andes y se goza allí de una vista inmensa sobre los llanos de Piura y Lambayeque, bordeados por el horizonte del mar pacífico...".

Humboldt describe, el Tambo de Jicate, situado entre Caxas y Huancabamba:

"Pero cerca de Huancabamba y San Felipe como haciendo una entrada por el río Chinchipe y no pudiendo seguir la alta cordillera, las ruinas están en un país cálido, como las de Xicate, a 900 toesas [1800 m.s.n.m.]...pero el mejor conservado de todos es el edificio de Xicate saliendo de la Angostura de Guamaní, en un valle profundo. El tiene todavía más de 12 pies [4 m.] de alto, se ve allí las divisiones de los departamentos, las ventanas, los nichos..."

También Humboldt registra los restos de la Huancabamba Inca:

" En el mismo gran pueblo de Huancabamba se ve los restos de un palacio de los Incas que debe haber sido de los más espaciosos, pues no hay casas indias o españolas en el pueblo y en los alrededores no se descubre piedras talladas que se haya sacado de ese palacio. La iglesia situada sobre una colina recortada y rodeada de una muralla, si contiene esas piedras. Los indios habían construído un palacio en Huancabamba durante la ausencia de los Incas."

Al Suroeste de Huancabamba, Humboldt registra la tradición oral acerca de la construcción del centro Inca de Mitupampa , atribuida al temor que el Inca pasara por allí y no encontrase albergue nuevamente:

"...El príncipe vino y los guías que conducían su litera se equivocaron de camino, y lo llevaron entre dos grandes rocas, más allá de las cuales no podía pasar. El Inca se vio forzado a pasar la noche bajo el Machay, que no es sino un peñasco. Esta situación lo puso de tan mal humor que hizo colgar a los guías en el mismo lugar – prueba de que los príncipes peruanos no eran siempre tan dulces como se acostumbra a pintarlos -. Ya sea para hacer memorable a la posteridad esta noche incómoda, ya sea por temor de que el soberano pudiera pasar un día nuevamente por Mulamachay, se construyó allí una bella casa, cuyas murallas se ven todavía y a la que se denomina Horca o Justicia de los Incas."

Luego de cruzar el río Huancabamba veintisiete veces, donde "Los Incas tenían allí un camino magnífico sin pasar el Río, adosado a la roca…", la expedición de Humboldt se dirigió hacia San Felipe por el camino de la cordillera, descendiendo hacia Pomahuaca, donde registró un peculiar camino pre-Inca:

"…Terrible descenso de Pomahuaca en cerca de 800 toesas. En lo alto se encuentra la boca de una galería trabajada por los indios antes de la conquista con los vestigios de un camino de 8-10 toesas...¿Servía para alguna ceremonia religiosa donde todo el pueblo iba en procesión y esta ceremonia se hacía en la mina, bajo tierra...El obraje sería por tanto de los Puruguayos antes de la conquista de los Incas?..."

Además de los sitios descritos en la Sierra Norte de Perú, también Humboldt registró probables sitios Inca en Jaén, luego de pasar por Pomahuaca, el páramo de Yamoca, San Felipe, Pucará, Matara y Cavico:

"Entre Amaju y Chamaya hay ruinas de una casa que se parece, por la distribución de los apartamentos, a las de los Incas...Desde la boca del Río Chotano a Chamaya no hay ruinas, sino mas bien entre Chamaya y Amuju."

A partir de esta evidencia, Humboldt cuestiona que la región de Jaén en tiempos de los Incas fuese gobernada por señores locales, los Incas habrían penetrado hasta Jaén instalando un centro Inca, "...hasta en las márgenes del Amazonas...", introduciendo el Quechua (antes que los jesuitas lo hicieran), y probablemente construido una red de caminos o seguido la ruta fluvial. La instalación de un centro Inca en Jaén se explicaría por tres razones. La primera es que la actual Bagua Chica (Guaguachicac en Aguaruna), situada próxima a Jaén, fue un centro de concentración Jívaro para enfrentarse a Incas y españoles. La segunda es que la ruta del río Chinchipe, rumbo a Loja, fue seguida por los Incas en su conquista del Sur del Ecuador. La tercera es que la ruta del río Utcubamba fue seguida por los Incas para sus conquistas de la región Chachapoyas. Así, por razones estratégicas los Incas instalaron un centro Inca entre Amaju y Chamaya durante sus guerras contra los Bracamoros, construyendo además fortalezas y caminos.

La expedición regresó por Tomependa rumbo a Cajamarca, pasando por Chamaya, Cavico, Matara y luego continuaron el ascenso hacia Cajamarca por el valle del Chotano, y registraron asentamientos Incas a su paso:

"En Huambos ruinas de un gran palacio de los Incas que hacía allí de larga residencia antes de descender a los valles. El Camino de los incas sigue por Cajamarca. En el Tambillo, un poco al norte de Montán, otras ruinas de un palacio."

Al llegar a la gran planicie donde se encuentra la ciudad de Cajamarca, Humboldt reflexiona acerca de su pasado esplendor:

"¿Cuántos pueblos habrá habido en esta llanura en tiempo de los Incas?…La ciudad es más grande que Cuenca y mucho mejor construida…todo anuncia que los conquistadores pensaban conservar la antigua gloria de Cajamarca como residencia de Atahualpa…"

Humboldt describe algunos espacios y edificaciones Inca en Cajamarca , tales como la plaza, los baños del Inca, el Cuarto del Rescate:

"...La plaza es inmensa y adornada de un lindo surtidor de agua. Es de esta plaza que se distingue al noroeste el humo de los baños cálidos que se eleva en gruesas columnas y que da a la llanura un aire volcánico...El Inca tenía un palacio en los baños de Paltamarca, allí donde sale la fuente; hemos reconocido los fundamentos y la fuente, que se denomina el Tragadero, parece una cuenca artificialmente redondeada....En Cajamarca existen todavía débiles restos del palacio de Atahualpa, que hemos examinado con cuidado. Este palacio ocupaba, por lo que se ve por los fundamentos, todo el Cabildo y la prisión pública. La parte que se ha conservado mejor está frente al convento de San Francisco (entre éste y el convento de Belén). Se ve allí los restos de una escalera tallada en la roca viva, una fuente con canales...El palacio estaba colocado sobre una roca de pórfido tallado de manera que la roca viva forma una galería alrededor del palacio. Lo poco que ha quedado del palacio prueba que ha sido construído con dimensiones bien diferentes de aquellas que tienen las casas de campo del Cañar, de Chulucanas..."

En Cajamarca, Humboldt registró varios relatos acerca de los Incas y sus riquezas ocultas, y conversó con el joven Astorpilco, cuya pobre familia era propietaria de los restos del palacio de Atahualpa, y se conmovió con su tragedia:

"...Que sensación produce el aspecto de estos pobres Indios, viviendo en las ruinas de la grandeza de sus antecesores...Yo admiré esta moderación india y mis ojos se llenaron de lágrimas..."

Luego de describir, comparar y analizar los asentamientos Inca en la sierra del Ecuador y la sierra norte de Perú, Humboldt define la esencia de la Arquitectura Inca:

"Sencillez, simetría y solidez; he allí los tres rasgos característicos que distinguen de una manera ventajosa a todos los edificios peruanos" (Vues des Cordillères...1810).

Partes: 1, 2

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