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Actividades productivas, organización laboral y medio ambiente en el bajo delta del Paraná

Enviado por Galafassi, Guido P

Partes: 1, 2

Descriptores Temáticos:
Medio Ambiente; Politica de Desarrollo; Planificacion de Desarrollo; Trabajo; Productores; Deltas; Manejo Forestal; Productores Agroforestales; Argentina; Buenos Aires; Entre Rios; Bajo Delta del Parana

INTRODUCCIÓN

El presente documento da cuenta de las relaciones existentes entre la práctica económica, el proceso de trabajo y el ambiente natural en pequeños y medianos productores agroforestales del Bajo Delta del Paraná [1].

Lo que se quiere destacar es la importancia que asume la consideración de las variables ecológicas en la explicación del comportamiento que adoptan los actores sociales, de acuerdo a la posición que ocupen en la estructura social.

Si hasta ahora, desde las ciencias naturales se incorporó tímidamente a lo social como un elemento más de similares características que los componentes físico-biológicos en el análisis de sistemas; desde las ciencias sociales se privilegió el estudio de las relaciones y contradicciones sociales, prestando poca o nula atención a las condiciones naturales que influyen de una u otra manera en toda existencia humana. Los desajustes ambientales del presente son el resultado de esta visión parcial de la realidad.

La complementación de variables de origen natural y social en un sistema de análisis que respete las diferencias, pero que interprete las articulaciones sociedad-naturaleza, constituye el objetivo de este estudio.

De aquí surgen dos instancias fundamentales a relevar en el trabajo empírico: a) las características de estructura y funcionamiento del ecosistema natural que influyen directa o indirectamente en el proceso social, y b) la organización de la formación social que interactúa con a).

Primeramente se define el marco teórico-metodológico con el cual se ha trabajado, lo que permite distinguir los componentes y procesos relevantes para la explicación de las conexiones causales que determinan históricamente una situación específica.

En un capítulo siguiente se describe la estructura y funcionamiento de los ecosistemas naturales del Bajo Delta, destacando aquellos aspectos de la dinámica natural que están más relacionados con el proceso productivo. En una tercera parte, luego de una breve descripción de las actividades económicas dominantes, se pasa a la explicación del proceso productivo, diferenciando actor social estudiado (unidad productiva familiar), estrategias de ingreso, organización del trabajo y técnicas productivas, considerando la incidencia de las variables ambientales en la dinámica social. Y en una cuarta parte se describen los mecanismos de articulación sociedad-naturaleza que sirven para la explicación de la forma que asume el sistema social en la región. Así se intenta dar una explicación del porqué y cómo se conforma en el Delta un complejo sistema con limitantes ambientales importantes y un proceso económico de larga data, cuyas claves están en las relaciones entre los actores de la formación social y la articulación de ésta con el sistema ecológico.

MARCO TEÓRICO Y METODOLÓGICO

El abordar la relación entre población humana y ambiente natural supone una tarea de compatibilización de las categorías ecológicas con las del correspondiente campo de las ciencias sociales. Esto posibilita no caer en un reduccionismo que enfatizaría sólo una vertiente de los factores intervinientes en el fenómeno. De esta manera, se hace conveniente distinguir principios y leyes que rigen cada porción de la realidad, pero utilizando y también construyendo conceptos que puedan dar cuenta de las relaciones y articulaciones que se plantean, definiendo tipos y grados de vinculación (Galafassi, 1993) [2].

Dado el nivel actual de difusión y extensión de la civilización, podemos afirmar que toda la naturaleza está mediada socialmente. Toda porción de naturaleza está incorporada y valorizada de alguna manera por la dinámica social [3]. El proceso de producción es donde los hombres por medio de determinadas relaciones se organizan para apropiarse y transformar porciones de naturaleza. La producción implica trabajo humano para generar productos que satisfagan las necesidades económicas individuales y colectivas [4]. Al trabajo se lo define como la organización de un marco social para luchar con la naturaleza, o como el hombre añadiéndose a la naturaleza, porque "el trabajo es esencialmente, a través de la técnica, la transformación que hace el hombre de la naturaleza qué, a su vez, reacciona sobre él modificándolo" (Friedman, 1971) [5]. La naturaleza constituye entonces, el objeto sobre el cual se actúa, a través de la incorporación de instrumentos, herramientas y técnicas de producción. Abordar el estudio de un ecosistema humanizado significa considerar una variable dependiente (utilización del suelo, apropiación de recursos naturales, etc.) como una "función compleja de una multitud de variables interdependientes de las cuales algunas desempeñan un papel preponderante" (Marsan, 1976: 43).

Para ello es importante penetrar en las situaciones concretas de apropiación y usufructo del ambiente a través de una metodología que permita acceder prontamente a los actores sociales involucrados, conociendo sus motivaciones y explicaciones particulares sobre la problemática en cuestión. La posibilidad de tal acercamiento se facilita al hacer hincapié en la fuente oral "como un medio que nos permite rescatar recuerdos y testimonios de actores conspicuos, de aspectos invisibles de los procesos sociales...que posibilitan dar la palabra a gente común o correr el velo del mundo material y mental" (Acuña, 1988:1). Esta investigación se desarrolló sobre la base de dos pilares básicos:

a) el análisis de datos secundarios que aportó fundamentalmente el material para la caracterización del ecosistema natural, y una información básica para la elaboración de la estrategia de campo, principalmente en los aspectos sociales de la problemática;

b) un trabajo de campo con visitas periódicas a la zona que incluyó entrevistas con los diversos actores sociales involucrados, resolviendo las cuestiones referidas al accionar del grupo social en relación al ambiente natural.

La recolección preliminar de datos en fuentes secundarias se basó fundamentalmente en unos pocos trabajos científicos que cubren los aspectos biológicos y antropológicos, y en un material un poco más abundante que evalúa las posibilidades de la región para implantar planes de desarrollo de diferentes características. Estos estudios, fundamentalmente de carácter socioeconómico y que se centran en las distintas potencialidades naturales del área fueron elaborados por organismos provinciales o nacionales (CFI, INTA, IFONA, Pcia. de Bs. As., Pcia. de Entre Ríos) pensando en programas de promoción del área que en general nunca fueron ejecutados. El análisis de la bibliografía existente dejó ver la total falta de información sobre los procesos sociales de relación hombre-ambiente, la inexistencia de estudios sobre las formas que adopta esta relación, en particular para cada uno de los distintos actores sociales que intervienen en el área. De aquí que se definiera como prioritario investigar las maneras en que los diferentes actores se apropian y transforman el medio natural en sus procesos productivos. El trabajo de campo se situó en la 1ra, 2da y 3ra sección de islas (mapa 1), perteneciente a los partidos de Tigre y San Fernando (mapa 2). El abordaje desde una metodología cualitativa "que depende fundamentalmente de la observación de los actores en su propio terreno y de la interacción con ellos en su lenguaje y con sus mismos términos" (Vasilachis, 1992:58), implicó realizar la recolección de datos de campo sobre la base de entrevistas abiertas a distintos actores sociales de la zona, que fueran representativos de los diferentes aspectos que adopta la organización del trabajo agrícola y forestal. El ahondar en las historias de vida de los entrevistados enriqueció el análisis aportando variados datos sobre la forma en fueron vividas las transformaciones en los estilos de vida y producción. Frecuentemente se apeló a la observación participante, acompañando a los pobladores en sus distintas tareas en el campo. Dentro de la diversidad de actores sociales, fueron entrevistados productores pequeños y medianos en sus propiedades, trabajadores temporarios y permanentes sin propiedades, y también técnicos de organismos nacionales de asistencia a la producción (INTA e IFONA). Esto último permitió cotejar un rico conjunto de datos desde un punto de vista diferente al del poblador directamente involucrado.

EL AMBIENTE NATURAL

El Delta del Paraná constituye un amplio espacio geográfico formado por tierras planas e inundables, con sectores más elevados (albardones), y de una alta fertilidad. Se ubica en el tramo inferior del río Paraná hasta su desembocadura en el Río de la Plata, confluyendo también en este punto con las aguas del río Uruguay. Su extensión total es de aproximadamente 1.750.000 ha. y su territorio se encuentra bajo la jurisdicción de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos. Geomorfológicamente ha sido dividido en cuatro sectores que presentan características propias y definidas [6]. En esta investigación se tomará solamente el sector del Bajo Delta, por constituir desde el punto de vista ecológico y socioeconómico una unidad claramente diferenciada (mapa 4).

Primeramente, es importante mencionar que el Delta constituye la conexión con el océano de la amplia red hidrográfica alrededor de la cual se estructura una de las áreas económicamente más activas de América del Sur: la Cuenca del Plata. Constituyendo uno de los sistemas fluviales más grandes del mundo, esta cuenca abarca una superficie de 3.100.000 km.., por territorios de Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Esta zona concentra la mayor parte de los suelos con mayor capacidad productiva de América del Sur; ofrece también un gran potencial industrial e hidroeléctrico, así como pastizales de excelente calidad (Adamoli et al, 1980). La región del Delta constituye, por su ubicación, un área típica y muy particular inserta como una cuña en la extensa llanura que caracteriza a los sectores medios e inferior de la Cuenca del Plata. En efecto, mientras en los llanos circundantes se practica una fuerte actividad económica basada en la agricultura y la ganadería sin observarse factores ambientales limitantes que sean de destacar, en el sector del Delta la actividad económica gira en torno a la actividad forestal únicamente, debido precisamente a factores limitativos que la definen como un área de drenaje deficiente y con ocurrencia de periódicas inundaciones. El origen, estructura y funcionamiento de los ecosistemas del Bajo Delta debe explicarse en función del accionar constante del río Paraná. El funcionamiento de cualquier sistema ecológico depende de un flujo continuo de radiación solar que entra al mismo. Pero en el caso del Delta, además de la energía solar, "recibe subsidios especiales o pulsos de materia orgánica, sedimentos, nutrientes, agua, semillas y energía hidrodinámica, aportado por el flujo propio del río Paraná y sus afluentes" (Morello, 1981:1). Este río caudaloso arrastra desde sus nacientes, y las de sus afluentes, una gran cantidad de materiales en suspensión debido a la erosión de los suelos del tramo superior. Y el tramo final (Bajo Delta o Delta propiamente dicho) se comporta como una zona receptora y concentradora de materiales. Este aporte continuo de sedimentos ricos en materia orgánica que se produce por periódicas inundaciones es lo que le otorga un alto potencial productivo a sus tierras debido a su alta fertilidad. Pero al mismo tiempo constituye el principal condicionante al asentamiento humano y a la práctica económica, originando estrategias adaptativas en los estilos de vida y de producción que deben encarar las unidades productivas para adecuarse a las cíclicas crecidas de las aguas.

Su ubicación en la confluencia de varios ríos y su cercanía al océano hacen que el Delta posea un régimen fluviomarítimo, ya que sus crecidas se deben, por un lado, a mayores caudales de los ríos Paraná y Uruguay, y por otro, a efecto de las mareas sobre el Río de la Plata (mapa 3). Las crecidas causadas por la influencia de las mareas del estuario tienen un alcance limitado, afectando principalmente al Delta Frontal, es decir a las tres primeras secciones del Delta Bonaerense (Alonzo, 1991).

Las crecientes y bajantes del Paraná hacen sentir su efecto hasta la mitad del Bajo Delta, reduciendo su volumen hasta perderse casi por completo en el Paraná Miní. El mayor aporte proviene de los cursos ubicados en la cuenca superior, habiendo una correspondencia notable entre las crecidas y bajantes de los afluentes de Brasil y las observadas en Rosario. Con respecto a la distribución a lo largo del año, "las crecidas máximas ocurren en febrero/marzo con un repunte en junio; pues el Alto Paraná transcurre en zonas de lluvias tropicales con precipitaciones de verano superiores a los 1000 mm., hasta máximos de 4.000 mm." (Foguelman, 1990). En cuanto a las restricciones que impone el ambiente natural, el ciclo de crecientes e inundaciones se encuentra entre los más significativos y obliga a adoptar estrategias y técnicas productivas para poder superarlo. Este factor limitante tiene gran incidencia sobre ciertos aspectos de la organización social, determinando, por ejemplo, ciertas características del patrón de asentamiento de las viviendas y fundamentalmente en el tratamiento que reciben las tierras para su puesta en aptitud para la práctica agrícola-forestal y en las posteriores técnicas de explotación de los diferentes cultivos. Paradójicamente, estas periódicas crecientes que actúan como un fuerte factor limitante, son, al mismo tiempo, el elemento natural que aporta el principal subsidio en nutrientes al ecosistema deltaico. Este comportamiento de las aguas, es por lo tanto, un factor integrante del sistema natural que genera una inestabilidad intrínseca y que implica un costo importante en términos económicos y en consumo de fuerza de trabajo el poder hacerle frente a través de diversos métodos como rellenamiento, endicamiento, sistemas de drenaje, etc. [7].

En principio es posible distinguir las crecientes periódicas que ocurren varias veces en el año, y las inundaciones extraordinarias cuya frecuencia es muy diversa. Es con respecto a las primeras que se generan respuestas de adaptación por parte de las unidades productivas de tal manera de no sufrir grandes pérdidas ante tal ocurrencia. En cambio las inundaciones extraordinarias superan toda previsión y en general ocasionan grandes perjuicios al productor [8]. Las lluvias rondan los 900 a 1000 mm. anuales, que junto a la evapotranspiración y la capacidad del suelo para retener agua, determinan un balance hídrico con un muy ligero déficit en los albardones en la temporada de verano, habiendo exceso de agua el resto del año, la cual no logra infiltrarse por la escasa permeabilidad de los suelos. Drena hacia los arroyos o se acumula en los pajonales interiores que permanecen anegados por semanas. Cuando las lluvias de verano superan la marca de 300 mm. generan inundaciones extraordinarias. Estas islas que se originan en realidad no son planas sino que por el contrario poseen un sector más elevado constituido por el "albardón perimetral" seguido de pequeños albardones interiores que generalmente sufren inundaciones breves y representan el 20% de la superficie. Hacia el interior se encuentra una porción de terreno en forma de cubeta poco profunda que actúa como laguna pantanosa y que cubre el restante 80% de la superficie.

El período de anegamiento constituye un importante factor de diferenciación de ambientes naturales: es mínimo en los albardones perimetrales y máximo en los puntos más bajos de la cubeta central. Esta diferencia en ambientes es importante para poder entender muchas de las prácticas productivas y pautas de asentamiento de la población isleña. La estructura edáfica de las islas es un elemento importante dentro de los condicionantes naturales a la producción. Los suelos gley húmicos que ocupan los albardones, son ricos en materia orgánica y aptos para cualquier cultivo, previa preparación del terreno. Los suelos semipantanosos ocupan la cubeta central y están frecuentemente anegados. En condiciones primitivas son inadecuados para el cultivo debido al anegamiento y la excesiva acidez, pero una vez drenados se convierten en suelos de alta productividad.

PROCESO PRODUCTIVO

Si bien el Delta se caracteriza por una gran diversidad de producciones agropecuarias e industriales tanto en la actualidad como en toda su historia, siempre existieron una o dos actividades claramente predominantes en cada etapa. Las ventajas comparativas que ofrece esta región de acuerdo a sus condiciones naturales, ubicación geográfica, inserción en el mercado, estructura socioeconómica, han variado durante el transcurso de este siglo. De esta manera, la producción dominante también cambió siguiendo el proceso anterior. Así tenemos que en la primera mitad de este siglo esta región era la principal productora de frutas para el mercado metropolitano, pero a partir de la década 50-60 esta producción fue reemplazada paulatinamente por los cultivos forestales, que constituyen actualmente casi una monoproducción, complementada en pequeños productores por el cultivo del mimbre (Galafassi, 1993b) [9]. El tipo de explotaciones, régimen de tenencia y tamaño de las mismas deriva de un largo proceso de ocupación y utilización de este medio. La predominancia de unidades productivas de tipo familiar determinó en gran medida un régimen de tenencia y tamaño de la explotación característico, basado en una extensión de pocas hectáreas en donde el trabajo era atendido fundamentalmente por los miembros de la familia [10].

El cultivo de forestales se asienta en su gran mayoría en la producción de sauce y álamo (y en mucha menor medida, pinos y eucaliptus). Esto convierte a la región del Delta en un sector monoproductor de salicáceas, constituyendo la mayor concentración del mundo en cultivos de estas especies en una sola zona ecológica y económica. La venta de la producción se canaliza hacia tres finalidades: pasta celulósica, molienda (madera aglomerada) y aserradero. La comercialización y el destino de la madera es un nudo muy importante para la producción forestal del Delta. Para aquella destinada a pasta celulósica existen sólo dos compradores, Papel Prensa y Celulosa Argentina (siendo la primera la dominante) que conforman un mercado fuertemente monopólico, estableciéndose los precios y condiciones de venta unilateralmente. El productor se ve obligado a aceptar estas condiciones, dada la falta de alternativas que existen actualmente para la producción de acuerdo a cómo se estructuran todos los elementos del sistema socioeconómico de la región [11]. El mimbre, al ser de cosecha anual, le permite al productor poder obtener ingresos periódicos mientras espera el turno de corte de la madera. Es un cultivo de bajo grado de tecnificación, pero que necesita un alto aporte de mano de obra, cubierta en los pequeños productores por el grupo familiar completo. El principal destino de la producción de mimbre fue originalmente la fabricación de canastos para frutas; al declinar la fruticultura, el mimbre comenzó a ser absorbido paulatinamente por compradores que lo destinan para elaborar artículos artesanales como canastos y muebles rústicos. Salvo una pequeña cantidad de canastos, la fabricación se realiza fuera de las islas, motivo por el cual el producto primario sale de ellas sin un valor agregado. A la venta la realizan los productores principalmente en el puerto de Tigre, donde existen unos pocos compradores habituales que a su vez revenden el producto a un grupo también reducido de fabricantes.

La fruticultura, hoy casi desaparecida, fue la más importante en la primera mitad de este siglo. Actualmente la producción se reduce a aquellas quintas que todavía mantienen algunos montes diversos para el consumo familiar, siendo muy pequeña la cantidad de este producto que aún ingresa al puerto de Tigre [12].

  • Sistemas productivos

La dinámica económica de la porción del Bajo Delta estudiada presenta una combinación de dos sistemas productivos que se relacionan entre si y con el exterior de forma diversa, presentando diferentes grados de participación en la economía de mercado. Pero ambos sistemas se estructuran sobre la base de una práctica productiva ligada al aprovechamiento directo de los recursos naturales, aunque diferenciándose por la forma y tipo de usufructo del ecosistema, uno basado en la reposición natural de los recursos y otro a partir del subsidio energético suministrado por la unidad productiva. El primer sistema productivo es aquel denominado como economía de subsistencia con una organización dispersa (INA, 1984; INTA-UNESCO, 1973) de escaso desarrollo y presencia en este sector. Se limita a la caza, pesca y recolección de especies de la flora y fauna silvestre, estando a merced de la productividad natural del ecosistema. Las actividades productivas son llevadas a cabo por productores independientes, en general no propietarios de las tierras que ocupan y que trabajan, en donde la organización del proceso productivo está centrada en el grupo doméstico (Rosato, 1988).

Los diferentes productos primarios obtenidos son destinados al consumo directo en la unidad de producción para satisfacer necesidades básicas que atienden a la reproducción de la unidad. La apropiación de elementos de la naturaleza está orientada de acuerdo a una estrategia de supervivencia, jugando los recursos obtenidos un rol fundamental en el mantenimiento de la célula familiar. Así, estos productos de origen natural adquieren sólo un valor de uso dentro de la unidad familiar y su circulación está precisamente limitada al interior de las células que los producen. El otro sistema productivo, que constituye el dominante, es de tipo capitalista, en donde el proceso de acumulación y de inserción en el mercado está claramente definido. Esto involucra a actividades económicas en donde la propiedad de la tierra y la inserción de capital son dos elementos constitutivos del sistema. La producción primaria se destina al intercambio en el mercado, es decir, los productos primarios participan de los mecanismos de oferta y demanda que operan en la región. Por lo tanto, estos productos adquieren un valor de cambio y son los que permiten el generar un proceso de acumulación en la unidad productiva. La práctica del proceso productivo implica el aporte constante de un subsidio externo al ecosistema natural, aportado a través del proceso de trabajo. La forestación, la fruticultura, la explotación del mimbre y también cierta ganadería son los rubros presentes, complementados en algunos casos con agricultura para consumo doméstico. Estas actividades son llevadas a cabo por pequeños y medianos productores que organizan su producción sobre la base del trabajo familiar, y producen para un mercado que presenta todas las características de mercado capitalista. Además existen algunos grandes predios con explotación forestal, cuya organización responde típicamente a una estructura empresarial y que en ciertos casos son propiedad de las empresas elaboradoras de papel instaladas en la zona (Papel Prensa, Celulosa Argentina, Papelera San Justo, etc.).

Como esta investigación se ha centrado en aquellos productores con organización de tipo familiar y ligados al mercado capitalista, se procederá en las páginas siguientes a profundizar en su caracterización.

  • Unidad de Producción Familiar

Dado un marco conceptual en donde se resalta el interés que reviste la dinámica y organización del grupo social que interactua con una porción de naturaleza, y al centrar el trabajo en pequeños y medianos productores, nos parece importante entonces, introducirnos aquí en la caracterización de la unidad de producción sobre la cual gira esta investigación, para lo cual se tomará previamente el trabajo de Borsotti (1978) en donde analiza aquellas situaciones en las que la familia funciona como una unidad económica. La familia como unidad económica es aquella donde se conjuga una serie de atributos que la distinguen ciertamente como una unidad productora de bienes y servicios para el mercado, aunque también para la subsistencia, y como una unidad que genera las condiciones para la reproducción de sus miembros. Esto último implica el producir la reproducción de agentes sociales en sus ciclos cotidiano y generacional. Reproducción generacional significa el proceso por el cual toda sociedad repone sus individuos de generación en generación. La reproducción cotidiana implica, en cambio, "que todos los agentes sociales reponen diariamente su existencia y capacidad de trabajo y con ello su valor de uso y de cambio" (op. cit.: 6). Este ciclo de reproducción (que incluye la reproducción biológica, social y cultural de las familias) es el objetivo central que organiza el conjunto de las actividades de todo desarrollo humano en general, y de los grupos sociales tratados en particular. Así, como unidad de producción, la familia también es una unidad de consumo, regulada sobre la base de los objetivos a lograr y al caudal de ingresos. Este consumo, que responde al proceso de reproducción de los agentes sociales está en función, entonces, de la producción de la unidad familiar y del tipo de inserción de esta en el sistema social de producción e intercambio.

Pero un elemento que define a esta unidades productivas y que las distingue de aquellas unidades de subsistencia, es que existe alguna forma de acumulación, es decir que se registra una producción de excedentes que se integra a un circuito de intercambio social que está por fuera de la unidad familiar. Por lo tanto, es en función de la producción de bienes y servicios que genera un proceso de acumulación, que debe organizarse la totalidad de la fuerza de trabajo de la familia y no sólo la de alguno de sus miembros. Que la familia constituya una unidad económica para la producción social implica, además, que debe contar con algún medio de producción (tierra o capital) que esté disponible directamente, aunque no sea de su propiedad. De la operación de estos medios de producción a partir del trabajo de la familia es que se generan excedentes para el intercambio que permiten no sólo la reproducción del ciclo productivo, sino también un proceso de acumulación que posibilitará el incremento de estos medios de producción. La unidad de producción familiar en su ciclo productivo y reproductivo genera valores de uso y de cambio que se utilizan en el consumo cotidiano o se colocan en el mercado valiéndose para esto de la fuerza de trabajo de sus miembros. De acuerdo con Borsotti, entonces, aquí es útil distinguir el trabajo doméstico del trabajo social, y el trabajo productivo del reproductivo. Para definir al trabajo doméstico se tendrá en cuenta el lugar donde se realiza y el destino del producto, en consecuencia, "trabajo doméstico es aquel que se realiza en la unidad de vivienda familiar y se destina al consumo directo de sus miembros o al mantenimiento de dicha unidad" (op. cit: 6). En cambio, trabajo social es aquel que ejecutándose en la unidad de vivienda, su producto es consumido por quienes no pertenecen a ella, o el que se realiza fuera de la unidad de vivienda o el que se realiza fuera de la unidad económica y su producto es consumido por los miembros de una unidad de vivienda. Ahora, "trabajos reproductivos son todos aquellos que se traducen en un bien o servicio susceptible de consumo inmediato por parte de los individuos, aplicable directamente a la reproducción cotidiana o generacional de los agentes sociales, ya sea que se produzca socialmente o en el hogar doméstico". Y en cambio, "trabajos productivos son los que dan por resultado un bien o un servicio no susceptible de ser consumido inmediatamente" (op. cit.: 7).

Por la combinación de estas cuatro formas de trabajo es posible encontrar entonces: 1) trabajo doméstico reproductivo para el mantenimiento de los miembros de la unidad productiva; 2) trabajo doméstico productivo, en el caso en que la unidad familiar genera sus propios medios de producción; 3) trabajo social reproductivo, en donde los bienes producidos se destinan al consumo inmediato de la unidad; y 4) trabajo social productivo, en el que sus productos no se destinan al consumo inmediato. La presencia de una u otra de estas formas de trabajo y sus posibles combinaciones está en relación al tipo de sociedad a la cual pertenece la unidad familiar, el grado de inserción, y su situación particular en la estratificación social. De esta forma, la familia recurrirá a distintas estrategias para la obtención de recursos que permitan el cumplimiento del ciclo reproductivo. Estos recursos pueden ser generados total o parcialmente por la unidad familiar. En el caso de las unidades productivas objeto de este estudio, sólo una parte de la reproducción familiar está atendida por la propia unidad, estando el resto a cargo de trabajos reproductivos producidos socialmente, a los cuales la familia tiene acceso. En la producción de bienes y servicios para ser colocados en el mercado se ponen en operación determinados procesos de trabajo que involucran la transformación de recursos para generar productos con un cierto valor de cambio. Para esto, la familia isleña, se constituye con sus miembros en conjunto para participar de dicho proceso [13], a diferencia de otros casos (familia urbana) en que participan los miembros de la familia en forma individual.

Esta organización del trabajo y la producción, y el tipo y nivel de consumo debe establecerse necesariamente basándose en acuerdos básicos que definen la composición del hogar y las obligaciones entre los miembros, las metas u objetivos a alcanzar sobre la base de valores comunes y las vías a seguir para lograrlos. Estos acuerdos básicos que se definen principalmente sobre la base de normas culturales, se enfrentan permanentemente a contextos variables, debiendo interactuar con cambiantes situaciones ecológicas, económicas, culturales y políticas. Así se originan procesos internos de cambio en la unidad familiar que deben adecuarse a las variaciones de los contextos externos (Forni et al, 1988). Las respuestas que se generan difieren ampliamente de acuerdo a la conjunción específica de situaciones. Algunos elementos de la estructura familiar son más estables y otros más cambiantes. La dirección y velocidad del cambio no necesariamente es la misma para cada uno de ellos en un proceso de cambio social y cultural. Por ejemplo un cambio desfavorable en las condiciones económicas puede ocasionar migración de los miembros jóvenes que provoca la ruptura de la estructura familiar, sin embargo no necesariamente genera una modificación en las formas productivas.

  • La Unidad Familiar Isleña: Organización, Estrategias de Ingreso y Producción

Antes de analizar la unidad familiar, es necesario definir qué entendemos por pequeño y mediano productor en el Delta, para poder comprender con qué unidad de estudio se estuvo trabajando, sin significar esto un análisis profundo de la tipología de productores, que no constituye el objetivo de este trabajo. Se sigue fundamentalmente el criterio de los propios actores sociales que delimitan a los pequeños y medianos productores en base principalmente a la extensión de la propiedad, pero que involucra también tipo de producción primaria y características de la fuerza de trabajo y la tecnología empleada. Se considera pequeños productores a aquellos cuyas explotaciones no superan las 15-20 ha., con trabajo familiar casi exclusivamente y producción mimbrera y forestal; en cambio los medianos llegan a tener explotaciones de hasta 100 ha aproximadamente, y suelen contratar mano de obra temporaria para sus producciones casi exclusivamente forestales para la cual existe algún grado de tecnificación con incorporación de maquinarias. [14] Al respecto uno de los informantes nos decía:

" y el chico es de 10 ha, 10-15 ha, son los fruticultores de antes, que ahora quedan algunos pero es poco lo que queda, y medianos podríamos llamar 50-80 ha...100 ha. medianos, y después los grandes, son los que tienen 400, 500, 800 ha, y después las empresas que tienen 1000 o 2000 ha; Papel Prensa en una quinta sola tiene 1000 ha, en otra en Entre Ríos creo que tiene más de 1000 también, y Celulosa Argentina también..." (Eduardo, productor forestal, Arroyo Grande).

Según un trabajo de Carranza (1990), los pequeños productores mimbreros poseen poca tierra, títulos de propiedad precarios o inestables, ocupan en todas las tareas productivas mano de obra familiar, siempre de baja capacitación, y poseen recursos de capital muy escasos, lo que no les permite acceder al crédito, trabajando en consecuencia, con escasa incorporación de insumos y equipos. Los productores medianos en cambio, procurando maximizar la productividad de sus forestaciones, realizan nuevas inversiones en insumos, equipos y tierras. Repetimos que no se quiere realizar una tipología de productores isleños, sino solamente caracterizar a los grupos sociales que fueron objeto del análisis. Entonces, de aquí se desprende una serie de atributos que definen al componente social en su interacción con el ecosistema natural. Algunos de éstos son de interés, pues denotan las características que asume esta interacción. En la forma de vinculación con la tierra, es decir si son propietarios o no, se puede ver la manera de apropiación que se efectúa del territorio, cuya expresión dominante es la propiedad privada trabajada por sus propietarios; existiendo algunos pocos casos de pequeños productores mimbreros con ocupación de hecho de terrenos fiscales.

La racionalidad económica, que se puede definir por la forma de vinculación con el producto, está indicando que son productores en donde se verifica una cierta capacidad de acumulación con producción de beneficios, en donde las decisiones de producción se toman de acuerdo a las circunstancias del mercado, que en la mayoría de los casos responde a un ámbito nacional con respecto al destino de los productos finales, pero que en el caso de la materia directamente obtenida de las quintas su destino es el mercado local o regional (Pto de Tigre, San Fernando, o alguna empresa papelera de la región). Esto último configura una compleja trama de relaciones que hace que la producción forestal en el Delta obedezca básicamente a las necesidades nacionales de estos productos. Por lo tanto la baja en el consumo de la madera en las últimas décadas en todo el país imprime un fuerte rasgo de subproducción en este período. Todos estos rasgos ayudan a definir al grupo social estudiado como una unidad económica basada en la reproducción ampliada de mercancías, y con una fuerte presencia de trabajo familiar que explota los altos potenciales productivos que brinda el ecosistema deltaico.

Entonces, en la unidad familiar isleña se verifica ciertamente la generación de un producto con cierto valor de cambio que se colocará en el mercado, y que se produce a través del trabajo de los miembros de la familia, atendiendo también a las necesidades de reproducción de sus integrantes. Es posible definirla como una unidad en donde los miembros en su conjunto trabajan para la producción social de bienes que serán colocados en el mercado. En este trabajo social productivo intervienen todos los integrantes, cumpliendo cada uno un rol predeterminado que está en función del tipo de tareas a realizar y también de cierto arreglo a valores comunes. La división del trabajo por sexo y por edad determina también una distribución específica del mismo que hace ocuparse fundamentalmente a mujeres y niños del trabajo doméstico y a los hombres jóvenes y adultos de las operaciones concernientes a la producción de bienes para el intercambio. La constitución de esta unidad productiva familiar se dio a principios de siglo a partir de la compra de tierras por parte de inmigrantes llegados a Buenos Aires, proceso que se facilitó debido al bajo precio de las mismas [15]. Es muy común entre los pobladores escuchar cuando el abuelo llegó al Delta y comenzó su explotación en pequeñas quintas en donde trabajaba toda la familia. Otro caso muy difundido es aquel en que se comenzaba como peón de alguna quinta frutícola y a través de un proceso de ahorro se pasaba posteriormente a ser propietario de su propia tierra, otra vez facilitado por el bajo precio de la misma. Al respecto un pequeños productor nos decía:

" acá en la isla había muchas familias que tenían un peón o dos peones, hacían fruticultura y trabajaban con ellos, a veces se casaban con los hijos de los mismos isleños o la hermana con el peón que venía de Italia o viniera de donde viniera, ese peón después empezaba a juntar plata, que cuando la plata era estable, la plata se juntaba y siempre servía. Entonces ese peón que trabajaba por día, por tanto o por mes, juntaba platita, cuando ya tenía unos pesitos después se casaba, compraba una quintita, la iba pagando mensualmente o anualmente, después se independizaba porque ya tenía más fuerza, compraba otra quinta o plantaba él, y bueno, así fue creciendo, los isleños se hicieron así...El origen del isleños propiamente dicho es eso. Y otros como el caso de mi abuelo, él era italiano y no le gustaba ser asalariado, porque él había trabajado en Buenos Aires, y bueno, entonces después que tenía juntado unos pesitos con sus cinco hijos a cuesta, se compró una quinta en el Delta, que ahora es centenaria..." (Alfredo, productor forestal, Arroyo Caraguatá).

El cambio de actividad productiva influyó directamente en el reparto de tareas entre los miembros de la unidad familiar. La intervención de mujeres en el trabajo social productivo se presentaba en la producción de frutas, participando fundamentalmente en la cosecha. En cambio, con las actuales actividades forestales, la mujer se reserva el papel del mantenimiento del hogar y diversas diligencias a la zona urbana. La reproducción cotidiana y generacional de los miembros de la unidad familiar está sustentada un presupuesto que forma su ingreso por vía monetaria y por especias. El trabajo doméstico en huertas y cría de animales aporta algunos elementos indispensables para la subsistencia. La disponibilidad de espacio en las quintas y el aislamiento con respecto a los centros de comercialización favorecen estas prácticas productivas, cuya presencia es solo la necesaria para la satisfacción de las necesidades primarias. Estos trabajos eran resueltos por los distintos miembros de la unidad familiar, quienes realizaban todas las tareas en aquellos sectores más aptos de sus quintas:

"...verduras para el consumo de la familia las cuidaban entre papá y mamá, se preparaba la tierra con tractor, que lo podía hacer mi hermano, y después sembraba mamá. Tomate, ají, habas, lechuga, acelga, zanahoria y muchas más...Durante todo el año, siempre había algún cultivo...y también gallinas, nunca se compraba pollo o huevos. Se necesitaba seis o siete meses para que crezca y están listas para el consumo, se les daba fruta, verdura y maíz. Se aprovechaban todos los lugares mejores de la quinta para las verduras, se aprovechaban los espacios libres más altos, cerca de una zanja, para el riego" (Miriam, ex-productora frutícola, arroyo Toro).

El ingreso monetario proviene de las actividades que están relacionadas con la producción comercial de la explotación. En la actualidad a través de la combinación de mimbre y madera, se genera un doble ingreso. El mimbre es un producto típico de los pequeños productores, de aquellos que poseen menos de 20-30 ha., y es el que les provee el ingreso anual, pues se cosecha todos los años. En cambio con la madera se debe esperar el turno de corte que oscila entre 10 y 14 años, y sólo algunos productores realizan plantaciones escalonadas en el tiempo de manera de tener un corte de madera todos los años. Igualmente esta alternativa es posible en productores medianos que poseen explotaciones con una extensión tal que les permita tener varias hectáreas por cada año de plantación, posibilidad que no está al alcance de los pequeños productores. Estos últimos, entonces, recurren al mimbre para obtener un ingreso todos los años, y al llegar el turno de corte de algún cuadro de forestales, ese año obtendrán un ingreso extra, pero sin dejar de producir el mimbre. Algunos ejemplos de estas alternativas se pueden detectar en las siguientes citas de pobladores:

"...entonces hay chicos que te hacen mimbre y subsisten con el mimbre hasta tanto empieza la corta de lo que tengan. Ellos te hacen mimbre y madera simultáneamente. Con el mimbre viven, con la madera acumulan." (Pedro, Ingeniero Agrónomo, INTA-Delta)

"...el chico y también un mediano tienen que tener algo de cultivo de mimbre, el mimbre se cosecha anual, todos los años...Entonces claro, tienen la cosecha anual y si tienen el ciclo de madera para ir cortando todos los años cortan, y sino tienen eso (mimbre) para ir comiendo" (Alfredo, productor forestal, arroyo Toro).

Entonces el productor forestal que desea tener un ingreso por madera todos los años debe organizar y planificar su plantación, plantando año a año un sector nuevo, y así al termino de los primeros 10-12 años tendrá su primer turno de corte y de ahí en adelante, si vuelve a replantar cada vez después de una cosecha, tendrá anualmente un ingreso por la madera cortada. Aunque este proceso no es exacto, pues las cambiantes condiciones ambientales pueden hacer que una plantación no crezca lo suficiente de tal manera que no es conveniente cortarla cuando se había previsto, determinando que ese año no haya cosecha de forestales, o si igualmente se la corta, se obtendrá un ingreso sustancialmente menor, pues cambia el destino del producto. Esta situación también puede darse porque las condiciones de comercialización en el mercado de madera no son favorables, por lo que al productor le resulta más conveniente esperar otro año antes de vender su producción a muy bajo precio. Entonces con una producción de madera todos los años de algunas pocas hectáreas y una cosecha anual de mimbre el pequeños productor puede subsistir, como lo expresa claramente este testimonio:

"...vamos a suponer que ha sido organizado y ha plantado todos los años, se hace el ciclo, porque si yo empiezo este año, sigo el siguiente, sigo el siguiente, hago 10 años de producción, si hago dos hectáreas por año, que las puede hacer cualquiera, tiene después cada año para cortar. Lo que hice hoy, en 10 años lo corto y voy haciendo el ciclo. Pero esto no alcanza para subsistir, por eso tiene mimbre, y algunos salen a trabajar afuera..." (Juan, productor forestal, Paraná Miní).

Otra alternativa que se da especialmente en la 1ra. sección de islas, en donde las quintas son de pocas hectáreas (8-12) y lo que predomina es el turismo, es sumarle a las producciones tradicionales de mimbre y madera el trabajo permanente o temporario fuera de sus quintas. Al no lograr un ingreso adecuado con su explotación este pequeño productor debe recurrir a actividades fuera de su propiedad, fundamentalmente en el corte de la madera y en el arreglo y construcción de muelles, tablestacadas y mantenimiento de casas de fin de semana. Un poblador del arroyo Toro (1ra sección) nos ejemplifica esta situación:

"...trabajo afuera desmontando, compro fracción chiquita, álamo y sauce y la cambio por trabajo. Cambio una fracción de 1/2 ha. por algún trabajo y la madera que obtengo es mía. Pero últimamente hay menos trabajo porque los turistas no plantan. Hago trabajos de carpintería, muelles, estacadas, escaleras, puentes también, para casas de fin de semana..." (Carlos, ex-productor frutícola).

El ingreso logrado en el trabajo fuera de su explotación se incorpora a la producción de su quinta, pero esta situación en general se da en productores con muy pocas hectáreas, que sólo logran subsistir sin poder desarrollar un concreto proceso de acumulación que les permita incrementar la producción y sus ingresos. Por último se presenta el caso de aportes periódicos o no, en dinero o especies por parte de familiares inmigrantes a las zonas urbanas. También existen aquellos ingresos percibidos formalmente como jubilaciones, pensiones u otro similar. Por supuesto que el ingreso principal es aquel generado por el desarrollo de la actividad primaria (forestación o mimbre), siendo los demás aportes complementarios que se suman al principal. La relación entre éstos, y el grado de importancia en la conformación del presupuesto varía en cada uno de los casos presentados, caracterizándose en medianos productores la predominancia de ingresos de su producción forestal y siendo más común en pequeños productores su combinación con las otras alternativas. La conducta cotidiana del grupo familiar está reglada entonces, por un proceso destinado a decidir cómo se combinan y organizan las distintas facultades y elementos disponibles. Estas decisiones a tomar, muchas veces no se manifiestan a través de un proceso explícito, sino que forman parte de un bagaje cultural que caracteriza a estas unidades familiares, que son principalmente descendientes de inmigrantes europeos. La semejanza con pautas de valor de las familias urbanas de igual origen es clara en muchos aspectos. La idea de ser trabajadores independientes que dispongan de su tiempo y sus propias decisiones, sin tener que estar atados a una relación de dependencia laboral, se hace presente en las entrevistas mantenidas con los productores:

"...el que nunca fue asalariado y sabe lo que es ser autónomo, disponer de lo que quiera, yo por ejemplo, capaz que un domingo a la mañana tenía que trabajar en alguna urgencia, pero al otro día, el lunes, salía. Nadie me pedía ninguna clase de condición, y hacía lo que se me antojaba. Me rompía el alma cuando quería y paseaba cuando quería y salía cuando me convenía. Esa libertad tiene un valor inmenso. En vez el que tiene que ir a la fábrica tiene que estar a tal hora y si no cumple la asistencia pierde el premio y qué se yo cuanto. No, yo trabajaba diez veces más que los fabriqueros pero cuando quería no trabajaba, ese es el asunto". (Alfredo, productor forestal)

La unidad de la familia en el trabajo hace que intervenga sólo personal contratado en las tareas que necesariamente lo requieren. La posibilidad en las últimas décadas que los hijos estudien fuera de las islas, con la consecuencia que permanezcan desarrollando sus vidas en tierra firme una vez terminada la formación escolar, forma también parte de esta serie de valores compartidos. Aunque esta decisión significó en muchos casos la ruptura de la organización familiar y el quiebre de una característica continuidad generacional en el manejo de las quintas y el desarrollo de la producción primaria.

ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO

El sistema de producción en los pequeños y medianos productores asume una organización basada fundamentalmente en los potenciales del grupo familiar. El proceso de trabajo en la unidad familiar incluye las técnicas apropiadas (tanto del manejo de los instrumentos como del conocimiento del medio natural), la programación adecuada de las diferentes actividades (debido a la estacionalidad de ciertos productos y a las diferentes tareas que pueden superponerse a lo largo del año) y a la capacidad laboral de cada productor (de acuerdo al tipo y tamaño de la explotación se determina la necesidad o no de contratar mano de obra). En algunos casos de productores medianos suelen existir relaciones asalariadas de tipo patrón empleado que organicen el proceso, y en ningún caso existen formas de cooperación sistemática entre productores. Cada productor organiza su trabajo en forma independiente sin mediar relación alguna con otros productores, definida en función de una complementación de tareas por sexo, edad y conocimientos entre los habitantes de su vivienda, además de la fuerza de trabajo contratada. Si bien, utilizando los conceptos de Caballero (1984), en cuanto al tipo de relaciones que mantiene la unidad productiva con respecto a la sociedad, se caracteriza a la primera como una empresa capitalizada que implica una dependencia alta de los distintos factores del mercado: capital, productos, bienes de consumo, servicios técnicos, etcétera. Ahora, con respecto a la relación que mantiene con la naturaleza a través del proceso de trabajo: ritmo de trabajo, relación entre tiempo de trabajo y de producción, secuencia de operaciones, proporción entre trabajo de diseño y de ejecución, mantiene la unidad familiar isleña un carácter más tradicional. La unidad de residencia es al mismo tiempo la unidad de producción, lo que trae como consecuencia que la organización del proceso productivo esté centrada en el grupo doméstico, entendiendo aquí como "un sistema de relaciones sociales que, basado en el principio de residencia común, regula y garantiza el proceso productivo" (Archetti, 1975:51). Los relevamientos y trabajos de campo realizados en el área han demostrado que la mayoría de las viviendas están ocupadas por familias nucleares (padres, madres e hijos) aunque en una gran proporción los miembros jóvenes están ausentes por haber emigrado a la ciudad. La capacidad productiva de la unidad de explotación está condicionada por las particulares características que adquiere la fuerza de trabajo familiar. Las tareas realizadas por cada miembro de la familia están en función de la capacidad operativa de éstos y de las cualidades de cada operación, así como la incorporación de trabajo asalariado dependerá del tamaño de la explotación agropecuaria y el tipo de tareas a realizar.

Según lo manifestado en las entrevistas, para el caso de las pequeñas explotaciones, todas las operaciones que intervienen en la producción son realizadas o controladas por el propio productor:

" él es el gerente, el es el peón, el es el organizador, y todos los gastos son mínimos, todo se hace económicamente" (Alfredo, productor forestal, Arroyo Caraguatá).

Un elemento importante a destacar es cierto cambio que se dió en las relaciones de trabajo dentro y fuera de la familia con la transformación de las actividades productivas en las islas. La organización del trabajo familiar y el grado y modalidad de incorporación de fuerza de trabajo asalariada no es la misma en la fruticultura que en la explotación de madera y mimbre. Este fenómeno se dio conjuntamente al proceso de mayor mecanización, transformación y aumento de superficie de las unidades de explotación. A continuación seguirá el análisis discriminando por actividad productiva, ya que si bien muchos rasgos son comunes, el tipo de producción y de productor define una organización del trabajo específica.

  • Fruticultura

El trabajo típicamente familiar se daba en la producción de frutas. Todos los miembros de la familia participaban de las tareas, y se contrataban peones temporarios y en algún caso permanente, para tareas específicas. En la fruticultura todos los integrantes del grupo doméstico participaban del proceso de trabajo en donde había tareas cualitativamente diferenciadas, comparado con la explotación forestal en donde la participación de la mujer es casi nula. Al respecto veamos dos testimonios:

" en aquella época (década del '50) toda la familia trabajaba, todos participaban de la cosecha. Una de las mujeres se quedaba en casa cocinando y el resto cosechaba. Fuera de las cosechas, las mujeres no participaban del trabajo de campo" (Miguel, ex-productor frutícola, arroyo Grande).

" Ya no es lo mismo (en la forestación) porque hay tareas que son muy pesadas, la mujer poco puede ayudar. En la fruticultura todos son útiles, porque hay tareas que son livianas, con respecto a la madera es más complicado" (José, productor forestal y ex-productor frutas).

Los miembros femeninos participaban, entonces, sólo en época de cosecha, ayudando en la misma luego de realizar tareas domésticas. El resto de las tareas estaban reservadas exclusivamente a los hombres. Los trabajos realizados consistían tanto en juntar fruta, como en seleccionarla y clasificarla por tamaño y calidad. Los trabajos de sistematización del campo, como guadañeo y zanjeo, así como las tareas de limpiado periódico de malezas, podas y pulverizaciones, eran realizadas por los miembros masculinos, padre e hijos. La poda, por ser una tarea delicada en la que el productor tenía su forma y estilo particular, nunca estaba hecha por personal contratado, siempre era realizada por miembros masculinos de la familia:

"...en nuestra quinta podaban papá, mi hermano y alguna vez mi tío, nunca los peones, porque cada quintero tiene su sistema de poda" (Miriam, ex-productor frutícola, arroyo Toro).

La contratación de fuerza de trabajo se daba fundamentalmente para la época de la cosecha, en verano, y en ocasiones también en invierno para las operaciones de desmalezado o "guadañeo". Siempre eran relaciones temporarias que sumaban trabajo al ya aportado por el grupo familiar. En ocasiones, los quinteros solían tener, además, un trabajador asalariado permanente, que podía hacer las más variadas tareas durante todo el año. Como ejemplo vale el siguiente testimonio:

"...trabajaba mi madre, trabajaba yo, trabajaba mi padre y después mi señora, e igual teníamos gente ayudando...De invierno siempre había uno o dos peones por lo menos, pero en verano (para la cosecha) a veces eran tres o cuatro personas que teníamos además de nosotros" (Jorge, ex-productor frutícola, Arroyo Caracoles).

El trabajador temporario era del mismo Delta o venía generalmente del litoral, eran reclutados por algún productor isleño en su lugar de residencia, y una vez en las islas solían turnarse y rotar de productor en productor:

" Por lo general algún vecino iba a buscar peones a Entre Ríos y estos se turnaban de quinta en quinta. También gente de la isla trabajaba como peón, que no eran propietarios, o, sólo, solamente tenían casa y lote...que trabajaba en las quintas como temporario..." (Helena, ex-productora frutícola, Arroyo Toro). Si bien no dejaba de contratarse fuerza de trabajo, se pudo constatar a través de las entrevistas cierto recelo o resquemor hacia estos trabajadores, ya que se tenía en cuenta la procedencia y personalidades de los mismos. Y en la época en que prosperaron las medidas tendientes a otorgar derechos al trabajador, la opinión de los productores visitados generalmente fue negativa con respecto a las consecuencias que esto trajo. Como ejemplo valen los siguientes testimonios:

" Generalmente los dueños de las quintas iban a Chaco o Santa Fe y traían gente de campo. Los quinteros tenían miedo e inseguridad de traer gente de villa..." (Miguel, ex-productor frutícola, Arroyo Grande).

"...cuando estuvo Perón, eh, con las ventajas pal'trabajador, y si fue ventaja pal'trabajador, fue pérdida pal'productor, por la razón de que usted vio que antes a lo mejor tomaba un peón y trabajaba dos o tres días y después se hacían echar para que le pagaran. Esta táctica a mi nunca me pareció buena...tirarse a chanta pa'que lo echaran por cuatro pesos locos" (Alfredo, ex-productor frutícola, Arroyo Caraguatá).

  • Mimbre

El cultivo del mimbre presenta en la actualidad una organización del trabajo en donde la mano de obra familiar y el trabajo manual son las características básicas. La gran cantidad de tiempo libre y fuerza de trabajo sin ocupar que deja la actividad forestal hace que se las emplee en este cultivo estacional, que concentra las tareas en seis meses durante el año. De esta manera la fuerza de trabajo familiar presente en la unidad productiva encuentra una ocupación adecuada a sus características, proporcionando al grupo social un ingreso que en general cubre las necesidades básicas. Es entonces el mimbre una producción con muy baja inversión de capital, y éste de rotación rápida, y una muy alta utilización de mano de obra, y un factor tierra que no necesita gran extensión para que una familia pueda obtener ingresos medios. Entonces la eficaz utilización de fuerza de trabajo es central en esta actividad. Las distintas tareas que implica el cultivo del mimbre son en general realizadas por el propio productor, más el aporte de mano de obra contratada de tipo temporaria y de relación muy informal. En otros casos se suele dar el trabajo de cosecha "a porcentaje". El ciclo comienza con el corte de las "varas" a fines de otoño, y según los testimonios de los productores es posible cosechar 1 hectárea en dos meses de trabajo por una sola persona, obteniendo entre 6000 y 7000 kg. Considerando que muchos isleños tienen dos o tres hectáreas plantadas y la cosecha debe realizarse enteramente en el invierno. Se deduce que deben contratar forzosamente mano de obra para conseguir terminar en término y seguir el proceso con el "spichado" y "pelado" (ver capítulo de técnicas). Estos peones contratados muy informalmente pueden realizar casi todas las tareas, siendo su retribución por cantidad de trabajo efectuado. El sistema de contratación es claramente informal, realizándose exclusivamente en forma oral. Estas condiciones se vienen dando desde tiempo atrás y el siguiente testimonio nos lo ejemplifica claramente:

"...tuvimos cuando mimbre (peones), pal'mimbre sí tuvimos...por allá, por el '40...días nomás, changas, poquitos días, changas. Pa'cortar, pa'pelar, más, más que nada pa'pelar que es cuando apura, cuando apura es cuando la pelada" (Alfredo, ex-productor, actual jubilado, Paraná Miní).

Otra forma de trabajo en el mimbre es entregar el campo cultivado a uno o dos trabajadores que realizan todas las tareas hasta el empaquetado e incluso en algunos casos la comercialización, pagándole al propietario un porcentaje de lo obtenido o un monto fijo previamente pactado. Un pequeños productor del Paraná Miní nos decía:

"...yo agarré y le dije, cuánto querés, porque no podía cortar él, cuanto querés por el cuadro, tanto, bueno le pagué lo que quería y después lo corté, lo spiché, lo pelé y después lo vendí...junto con el mío" (Pablo, productor mimbre).

También se han encontrado algunos casos en que el productor intercambia la cosecha de mimbre de sus tierras por trabajo en forestación. Por ejemplo, se otorga una producción de mimbre a cambio de que se planten nuevas hectáreas con especies para madera, o para cuidar hectáreas ya plantadas, en desmalezado, rastrillado, zanjeo, etcétera. Los trabajadores en estos casos, realizan todo el ciclo de tareas completo en el mimbre hasta su venta final.

En síntesis, el mimbre y la fruta guardan similitudes en cuanto son actividades anuales que concentran su trabajo en un período determinado del año, en la alta utilización de mano de obra familiar y temporaria, y en la poca utilización de maquinaria.

  • Forestación

El cultivo de madera ha implicado una transformación del patrón de organización laboral de la familia isleña. Si bien la mano de obra familiar sigue estando presente en un gran porcentaje, en la mayoría de los casos el productor forestal debe recurrir a fuerza de trabajo externa a la unidad productiva. El tipo y magnitud de las tareas a realizar ha obligado a un incremento en el uso de maquinarias para aumentar la productividad, y a la utilización de mano de obra especializada en determinados trabajos del ciclo maderero. Esta mano de obra temporaria que participa fundamentalmente en el volteado de los árboles, consiste en cuadrillas que van rotando de productor en productor con una estructura y organización definidas, o bien por pobladores individuales de las islas que realizan tareas de corte u otras tareas ligadas al ciclo forestal. Al respecto vale el testimonio de un técnico del INTA-Tigre:

"...cuando llega la época de corta se contrata otra gente, es otro de los problemas que tiene la gente, pero hay empresas que se ocupan de hacer el trabajo, que contratan...se dedican a cortar, y te compran en pie el monte y lo cortan para ellos, o que te cortan y que te cobran por la corta"

El transporte posterior puede efectuarlo también esta empresa, o de lo contrario se apila la madera en la costa y el productor es el que se encarga de contratar un transporte. De manera que en estos casos el propietario interviene muy poco en el proceso de cosecha. Pero en reiterados casos lo que ocurre es que el productor contrata unos pocos peones que trabajan junto con él en el corte y apilado de la madera:

"...hago toda la madera con peones, cuatro peones y yo trabajando, yo me dedico a la limpieza del terreno, de la quinta, de las zanjas, y los peones a cortar, sí...a cortar con hacha y sierra" (José, productor forestal, Paraná Miní).

Es posible combinar mano de obra permanente y temporaria, y las tareas se reparten de acuerdo a la capacidad laboral del trabajador, y las formas de pago en general se acuerdan sobre la base de la cantidad de trabajo efectuado:

" Tengo dos peones jubilados y dos muchachos temporarios solo cuando corto, le pago por tanto, por kilogramo apilado en la costa, y los jubilados tanto por metro de zanja o por hectáreas . Los jubilados sólo hacen la limpieza. Los muchachos voltean y desgajan. Las herramientas son suyas, motosierras, machetes". (Carlos, productor forestal, Paraná Miní)

La plantación es realizada por el propio productor, comprando primero las estacas y luego en general organizando su propio vivero. Los cuidados en los primeros años, así como el desmalezamiento del terreno en este período también es realizado por el propio productor, aunque en los trabajos de guadañeo puede contratarse algún personal, como en la fruta. El sistema de contrato de las cuadrillas para el proceso de corte de la madera se da en diferentes maneras, ya sea repartiendo el total obtenido de las ventas entre propietario y fuerza de trabajo; o de acuerdo a un precio fijo convenido previamente por tonelada de madera cortada. Un productor del arroyo Caraguatá nos explica con más detalle:

" Hay dos maneras de contrato acá en la isla, de destajista, uno lo toman por ejemplo, lo que se vende, vamos a decir un 30 % para el que lo hace y un 70 % para el dueño o 40, según si está la motosierra de parte del contratista o si está de parte del dueño de la quinta; y otros hacen diferente, les pagan por tonelada de trabajo, cuando terminan de cortar lo pagan, igual pueden dar a cuenta dinero pero cuando se carga se sabe que son tantas toneladas" Estas cuadrillas se encargan de cortar el árbol, trozarlo según las medidas exigidas por aserradero o papelera, y luego trasladarlo a la costa del río donde se apilan, para poder ser cargado posteriormente en los barcos de transporte, las "chatas". Muchos de los trabajadores que conforman estas cuadrillas son de otras zonas, entrerriano, santiagueños y últimamente se ha producido una gran entrada de trabajadores uruguayos. Pero la estrategia de cortar madera en otras quintas por los propios pobladores del Delta es muy frecuente en aquellas unidades familiares que poseen una superficie de terreno muy pequeña para efectuar una práctica forestal rentable. Por lo tanto subsisten con la combinación de mimbre, cortar madera afuera y un poco de cosecha de su propia quinta. Este procedimiento es muy habitual en pequeños productores y también como práctica corriente de transacción:

"...y se trabaja afuera, y hacía algún montecito, hacía madera, y después acá también algo, sauce llorón, pero poco...y había quedado en dar algo, y no le dieron plata, no le dieron, pero entonces le dieron monte y mis hermanos, los dos mayores fueron a hacer los montes allá, allá en el Guazú, la boca del Bravo...ahí hicieron monte un tiempo". (Alfredo, jubilado, Paraná Miní).

Partes: 1, 2

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