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Indicadores de exclusión social en la sociedad del conocimiento

Enviado por Esther Raya Diez

  

ABSTRACT

La comunicación invita a reflexionar sobre los indicadores de medición de la exclusión en la sociedad del conocimiento, prestando especial atención a los indicadores relativos a la brecha digital

Palabras clave:

brecha digital

cambios científico-tecnológicos

desigualdad/exclusión

globalización

sociedad del conocimiento

Introducción

La comunicación que presentamos tiene por objeto de estudio el análisis de la exclusión social en las sociedades tecnológicas avanzadas y concretamente delimitar la sensibilidad de los indicadores utilizados para medir la exclusión social en su doble vertiente, de brecha digital por un lado, y desigualdad social por otro. Este es un aspecto poco estudiado en su relación con la sociedad del conocimiento. La mayor parte de los estudios se centran en una de las dos dimensiones, o bien la brecha digital como consecuencia del avance de las nuevas tecnológicas de la información, y en este caso, no se realizan diferenciaciones entre la población excluida de las nuevas tecnologías, tomándola como un todo homogéneo; o bien se analiza los problemas sociales de las personas en situación desfavorecida o de exclusión social, sin considerar de forma específica el ámbito de las nuevas tecnologías o la brecha digital como indicador de exclusión.

El objetivo del grupo de trabajo en el que presentamos nuestra comunicación consiste en la reflexión sobre los indicadores a emplear para medir el avance de los diversos países, regiones y/o colectivos en lo referente a la Sociedad del Conocimiento. Se nos pregunta ¿Qué indicadores son más adecuados para aproximar la Brecha Digital, es decir, las disparidades entre territorios y/o colectivos? Paradójicamente, en la Sociedad del Conocimiento nos encontramos con la necesidad de mayor conocimiento para abordarla, desde un punto de vista analítico, pero también, desde una perspectiva política, para corregir sus disparidades. Nuestra comunicación, trata de llamar la atención sobre la necesidad de profundizar en la construcción de indicadores que nos permitan conocer este tipo de sociedad, desde una de las disfunciones del sistema, como es la aparición de la exclusión social en sociedades tecnológicas avanzadas y postindustriales. Pero también en la necesidad de depurar indicadores que aproximándose a la medición de la brecha digital, no nublen la visión de la existencia de sectores de población que también se encuentran excluidos digitalmente, –como una parte importante de la población no excluida socialmente–, pero que su exclusión "digital" presenta unos rasgos específicos debido a su posición social desfavorecida. Esta cuestión es de suma importancia, no sólo desde la perspectiva teórica sino sobre todo desde la práctica, y en particular en relación con la aplicación de políticas para combatir la brecha digital. Si el objetivo de reducción es genérico, es decir, dirigido al conjunto de la población, ello supone un riesgo de incremento de la distancia social entre quienes están en situación de exclusión social además de digital.

El trabajo que presentamos forma parte de un proyecto de investigación titulado Indicadores de Medición de los Procesos de Exclusión – Incorporación Social, financiado por la Universidad del País Vasco (UPV0018.160-H-15427/2003) que estamos desarrollando en la Escuela Universitaria de Trabajo Social por profesoras provenientes de la Sociología, la Antropología y el Trabajo Social. El objetivo de la investigación es establecer un sistema de indicadores operativos para la medición de la exclusión social atendiendo a su multidimensionalidad e intensidad, en los diferentes ámbitos vitales como son empleo, educación, vivienda, ingresos económicos, salud, relaciones sociales y participación social. Así mismo, hemos considerado necesario incluir indicadores relacionados con el tema que nos ocupa, como es la brecha digital. Si bien, este aspecto no es tenido en cuenta de forma explícita en los diferentes estudios realizados hasta el momento.

Hemos estructurado la comunicación en tres apartados, en el primero hacemos una aproximación al concepto de exclusión social y su vinculación con la sociedad de la información. En el segundo realizamos una aproximación al concepto de brecha digital y a los indicadores utilizados para su estudio y en el tercer apartado proponemos a modo tentativo, para su debate, una serie de consideraciones en torno a la relación entre brecha digital y exclusión social, así como una serie de indicadores que consideramos sensibles para medir el concepto de brecha digital en personas en situación o riesgo de exclusión.

Exclusión social en la sociedad de la información

En los años setenta y ochenta los pensadores sociales publicaron diferentes trabajos sobre las transformaciones que comenzaban a emerger en la sociedad (Touraine 1969; Bell, 1976; Giddens, 1979; Gorz, 1980; Castells, 1986). Desde una perspectiva comparativa la evolución de las sociedades muestra los cambios acaecidos en términos de organización social. En el cuadro 4 aparece esquematizado el cambio social según la clasificación realizada por Daniel Bell.

Cuadro 1:
Evolución del Cambio Social

En cada etapa, la organización social se establece en torno a los recursos básicos para el desarrollo económico y social. En las etapas preindustrial e industrial el proyecto de sociedad se centraba en un juego de personas para tratar de dominar el medio natural o artificial; en la postindustrial, de un «juego entre personas» bajo el predominio de las tecnologías para la información. Como consecuencia de ello, la estratificación social y ocupacional se ha modificado significativamente, siendo afectada por el acceso diferencial a los conocimientos tanto profesionales como científicos y técnicos. El capitalismo avanzado necesita una mano de obra cualificada donde el saber se impone al hacer (Drucker, 1993).

La globalización de la economía y la transnacionalización de la producción, en los sectores industrial y de telecomunicación también ha supuesto cambios significativos en la composición del mercado laboral mundial. La economía globalizada y tecnificada requiere una mano de obra cualificada, adaptable a entornos cambiantes y flexible en las condiciones de contratación, que debe ser competitiva en el mercado mundial. En este contexto, la elaboración de procesos productivos rutinarios se externalizan a favor de países subdesarrollados, con menor nivel de vida y menores salarios. Ello ha impulsado la introducción de reformas en los sistemas productivos de los países desarrollados justificadas con la promesa de crear empleo. Así, el empresariado, en las décadas de los años ochenta y noventa ha reclamado reducción de la presión fiscal y flexibilidad en la contratación y despido de los trabajadores (OCDE, 1985). Sustentándose en la competitividad de las empresas se han puesto en marcha medidas de flexibilización del mercado laboral y desregulación de la protección social, a pesar de sus consecuencias para la consolidación de la ciudadanía social (Navarro, 1995; Fitoussi, 1997; Castel, 1997; Alonso, 1998; Esteve, 1998). Desde esta perspectiva, se puede afirmar que la economía informacional es potencialmente excluyente, articulándose la distinción entre «productores» y «superfluos» (Castells, 1996). Con ello, se ha evidenciado que orientarse por principios de rentabilidad mercantil conlleva a estructuras sociales vulnerables, donde una parte de la población se ubica en situación o riesgo de exclusión, lo cual repercute negativamente en el desarrollo económico de estos países, puesto que la sociedad de la información necesita una mano de obra altamente cualificada y capacitada para competir en el mercado mundial (Anisi, 1996; Esteve, 1997; Riach, 1997).

En términos generales, las sociedades postindustriales de los noventa han experimentando una serie de rasgos comunes que pueden sintentizarse en: revolución del sistema productivo como consecuencia de la aplicación de las nuevas tecnologías; reorganización internacional del trabajo; protagonismo del sector servicios y consiguiente pérdida hegemónica del industrial; mejoras de las condiciones de vida de la población, particularmente en el acceso a la cultura y educación, en los niveles de ingresos y gastos; Además, se aprecia una tendencia hacia la dualización social.

Las consecuencias sociales derivadas del mercado laboral postindustrial muestran la reducción de la población activa ocupada en la industria y pérdida de integración de la conciencia de clase; aumento del paro, o de las situaciones de no trabajo, con tendencia hacia una mayor proporción de parados de "caracterización sociológica homogénea", es decir, jóvenes, mujeres, personas con bajo nivel de instrucción, etc.; tendencia a la bipolarización de los niveles prácticos de cualificación necesarios para el funcionamiento del sistema productivo: un segmento de trabajos altamente cualificados (los que inventan , programan, desarrollan y aplican tecnología) y otro segmento mayor compuesto por quienes cubren tareas de mantenimiento, con un nivel de cualificación bajo; tendencia "desasistencializadora" a corto plazo, como consecuencia del aumento de las cargas sociales y de las políticas de reducción de los gastos públicos. El riesgo de progresivo deterioro de los grupos afectados, su posición marginal en el mercado y su bajo nivel de cobertura sindical, da lugar al surgimiento de "nuevas infraclases sociales" (Tezanos, 1994).

La estructura social postindustrial contiene una fuerte dualización social, como puede verse representado en el gráfico 1. Este fenómeno muestra el conflicto entre quienes tienen oportunidades sociales frente a quienes su vida se ha convertido en una lucha diaria por la supervivencia; entre quienes tienen el trabajo asegurado y las protecciones asociadas al mismo y quienes deben aceptar la flexibilidad o el desempleo como forma de vida (Funes, 1996:131).

Por un lado, existe un sector donde se integran las clases medias y quienes han experimentado una movilidad ascendente, derivada de su ocupación como profesionales cualificados, que configuran la "mayoría satisfecha" (Galbraith, 1997) o "mayoría social pro-sistema" (Tezanos, 1994). A este grupo de población pertenecen quienes participan de manera estable en las relaciones de intercambio socioeconómico, tanto en el ámbito laboral como de consumo. Es la sociedad de quienes están integrados en el sistema porque forman parte del mismo.

Gráfico 3:
Evolución de los perfiles de Estratificación en las sociedades industrializadas

La composición de las infraclases se deriva de la lógica del mercado que deja fuera del núcleo de oportunidades y, por tanto, poder, prestigio e influencia, a quien no necesita. El problema de las infraclases es el de su marginación del sistema como tal, su exclusión de la propia lógica de las relaciones económicas ordinarias. A esta situación se puede llegar por el origen social (minorías étnicas, extranjeros sin papeles); también por razones de movilidad social descendente como desempleo o edad (prejubilados, jóvenes y mujeres con pocas oportunidades de empleo, etc.). Se trata de una dualidad de carácter social que tiene una raíz estructural enmarcada en la evolución del sistema de producción. Será especialmente acusada durante la fase de transición del viejo sistema de producción industrial, intensivo en mano de obra, hacia el nuevo modelo postindustrial, intensivo en nuevas tecnologías.

La exclusión como problema social comenzó a visualizarse a final de la década de los ochenta; en los noventa aparecieron las primeras preocupaciones políticas sobre el fenómeno. La recuperación económica posterior a la crisis de los setenta evidenció la existencia de personas cuyas condiciones de vida no mejoraban por más que la economía creciera, estos eran los "excluidos del sistema". Además, la exclusión social no sólo designaba el incremento del desempleo a largo plazo y recurrente, sino también la creciente inestabilidad de los vínculos sociales (Castel, 1992; Xiberras, 1993; Aguilar y otros, 1995; Navarro y Luque, 1996; Tezanos, 1998). Desde aquí se ponía de manifiesto la precariedad económica y también de la relación de sociabilidad, elemento indispensable para la cohesión social.

El término de exclusión social, en su acepción sociológica actual, denota una manera de estar en la sociedad, explicitando la relación social del sujeto con el resto de la sociedad. Dicha relación no viene definida por lo que el sujeto es (identidad) sino por lo que carece, por lo que ha perdido. Así, la situación de exclusión tiende a ser definida por aquello de lo que se está excluido, esto es, el nivel de vida y los derechos sociales propios de la sociedad de pertenencia. Por su parte, la exclusión social pone de manifiesto la relación de desigualdad entre el sujeto y el resto de la sociedad, derivada de la carencia de determinados derechos sociales, particularmente los relacionados con la protección de los riesgos y la inseguridad, lo que induce al sujeto a vivir al día o a sobrevivir en los márgenes de la sociedad. Esta exclusión es especialmente patente en relación a la educación.

La exclusión de la educación en la sociedad postindustrial infraposiciona a quienes no tienen una cualificación rentable para el mercado de trabajo. En el contexto del capitalismo avanzado la educación es la llave para el acceso tanto al empleo como a la propiedad; además, en la sociedad de la información y del saber es un mecanismo fuerte de integración (Bell, 1976; Drucker, 1993; Castells, 1997). El acceso a los conocimientos científicos y técnicos se ha convertido en un criterio de diferenciación social.

La exclusión de la educación aparece con mayor frecuencia entre los sectores sociales desfavorecidos, en estos casos el papel jugado por la familia en cuanto agencia de socialización es fundamental. Diversos estudios han puesto de manifiesto la interiorización de logro diferencial según la clase social de procedencia. (1)

La exclusión de la educación, entendida como cualificación también se produce por otros mecanismos. Si la cualificación profesional se ha constituido en una condición necesaria, aunque no suficiente para el acceso al empleo, resulta que en una proporción muy amplia de los cursos de formación profesional no reglada dirigidos a desempleados exigen una titulación mínima de Graduado Escolar. Si se recuerda que el fracaso escolar es más preeminente entre la población excluida, se verá fácilmente que también son excluidos de «los programas de formación dirigidos a las personas desfavorecidas». (2) Una situación similar ocurre con las políticas de inclusión social y los indicadores de mediciación de la Brecha digital, como veremos en el siguiente apartado.

Brecha digital: indicadores de medición

La sociedad actual se caracteriza por el término red, que se define por "el conjunto de nodos interconectados. [...] Lo que un nodo es depende del tipo de redes a que nos refiramos" (Castells, Manuel, 2001: 550). Las redes son estructuras abiertas que se expanden sin límites integrando nuevos nodos que comparten los mismos códigos de comunicación, por lo que cabe considerar la estructura social basada en las redes como dinámica y abierta a todo tipo de innovaciones. La nueva estructura de la sociedad red está compuesta por redes de producción, poder y experiencia que construyen la cultura de la virtualidad en los flujos globales que trascienden en el espacio y en el tiempo, aunque no debemos pasar por alto que esta sociedad no está libre de contradicciones, conflictos y desafíos sociales. Esta red representa un cambio cualitativo en la experiencia humana. La información pasa a considerarse como un factor clave para la organización social, desatando una serie de consecuencias en las relaciones de clases, de tal manera que el nuevo sistema de clases se caracteriza por la tendencia a aumentar la desigualdad y la polarización social.

La implementación de las redes que sustenta la sociedad de la información se está realizando de modo global pero desigual debido a que se parte de realidades sociales y económicas diferentes, por lo tanto la posición relativa de cada país y región en el orden económico internacional y las desigualdades que esto genera afecta a los ciudadanos de cada sociedad concreta; por ende, las zonas más ricas y mas desarrollados serán las receptoras naturales de la información, mejorando su posición relativa, mientras en las menos ricas ocurrirá el proceso contrario. Este fenómeno se ha comenzado a denominar como brecha digital, de tal forma que aumenta la distancia entre los países ricos y los países pobres en todo el planeta, además de incrementar la distancia entre las diferentes capas sociales, dentro de cada país.

Al hablar de brecha digital estamos haciendo referencia a la "fuerte desigualdad que surge en las sociedades por la diferencia entre los que acceden a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) e incorporan su uso en la vida cotidiana, y aquellos que no pueden o no saben acceder" (Ballestero, F., 2003: 1). Esta nueva forma de desigualdad que se está gestando en la sociedad actual puede acabar generando un agravamiento de la exclusión social de ciertos sectores de la población, de tal manera que esta puede afectar a los diferentes géneros, edades, idiomas, nivel de ingresos, nivel educacional, etc, además de producirse entre los diferentes países. Con ello se profundiza e incrementa las situaciones pobreza, subdesarrollo, exclusión social de los colectivos sociales más vulnerables y desfavorecidos, tales como los inmigrantes, lo pobres, los jóvenes, las mujeres con un bajo nivel educativo, las barriadas populares, las zonas rurales...

Hemos realizado una revisión de los indicadores utilizados en catorce estudios recientes sobre brecha digital y sociedad del conocimiento, con el fin de explorar las dimensiones de interés para integrarlas en el análisis de la exclusión social en relación a este aspecto, bien como ámbito vital específico, bien vinculado a otros como la educación o el empleo. Los indicadores utilizados para medir la brecha digital combinan las dimensiones de acceso a la red, equipamiento y conocimientos.

Para acceder a la red resulta imprescindible disponer de una serie de infraestructuras que nos permitan conectarnos, tales como las redes telefónicas, que son las más comunes en la actualidad, o la fibra óptica, es decir, el cable, que permite un acceso más rápido y más efectivo a través de la banda ancha, y que paulatinamente va sustituyendo al antiguo sistema de redes telefónicas existentes, además de otros sistemas como el satélite o analógicos, que son más complejos y en muchas ocasiones limitados a usos gubernamentales, por lo que no son accesibles a todos los usuarios. Añadido a la necesidad de disponer de una serie de infraestructuras, resulta igualmente fundamental el poseer un equipo informático, PC o hardware, indispensable para poder conectarse a Internet; ambas condiciones son imprescindibles a la hora de acceder a las tecnologías de la información, si estas dos condiciones no se cumplen nos encontraremos totalmente desenchufados de la red.

Algunos ejemplos de indicadores que hacen referencia al tema de las infraestructuras son:

  • porcentaje de población que dispone de acceso al teléfono
  • porcentaje de teléfonos fijos por cada 100 habitantes
  • porcentaje de líneas telefónicas por nación
  • porcentaje de usuarios de telefonía móvil por cada nación
  • porcentaje de hogares con televisión por cable

El acceso a Internet se puede realizar desde diferentes lugares, desde el trabajo, el propio hogar, los lugares de ocio, tales como ciber-cafés, locutorios; los centros de estudios, colegios, universidades e incluso desde centros públicos, habilitados por las propias instituciones con la finalidad de acercar a todos ciudadanos la posibilidad de acceder a las nuevas tecnologías. Los indicadores comúnmente utilizados reflejan la disponibilidad en el acceso a internet. Algunos ejemplos de indicadores son:

  • Porcentaje de centros escolares (públicos – privados) con acceso a internet
  • Número de PCs por cada 100 alumnos en centros escolares (públicos – privados)
  • Porcentaje de centros de enseñanza en los que los alumnos tienen acceso continuo a la red
  • Número de ordenadores por persona y país
  • Porcentaje de personas que carecen de PC.
  • Número de hogares con PC por comunidades autónomas
  • Número de usuarios de Internet por comunidades autónomas
  • Porcentaje de familias que carecen de ordenador en cada vivienda
  • Porcentaje de personas que han acudido a las aulas de acceso libre a internet
  • Personas que acceden a internet en casa, en el trabajo o en lugares de ocio
  • Número de familias con hijos con acceso a internet según lugar de residencia en zona rural o en zona urbana

Un tercer grupo de indicadores está relacionado con el nivel de conocimientos de la población para acceder a las tecnologías de la información. El nivel de estudios está directamente relacionado con la edad de los usuarios y a la vez con el tipo de uso que se hace de la red. En la actualidad, cada vez son más jóvenes las personas que se conectan a la red, siendo éstos los que, a su vez, tienen más conocimientos del uso de la misma, debido en gran medida a que han nacido en la era de las comunicaciones y estás han estado presentes en sus vidas desde su nacimiento. Además de los jóvenes, existe un sector de la población que, como consecuencia de su trabajo y de la propia competitividad del mercado laboral, se han ido reciclando y realizando una formación continua que les permite acceder sin ningún tipo de problema a Internet, e incluso se ha dado la posibilidad de que se haya convertido en la herramienta central de su propio trabajo. Las mujeres son uno de los sectores de la población en el cual se ha observado un incremento en el uso de las nuevas tecnologías debido, en gran medida, a su incorporación masiva al mercado laboral y al alto grado de preparación. Algunos indicadores sobre esta dimensión son los siguientes:

  • Porcentaje de personas que se acogen a proyectos para disminuir la alfabetización digital
  • Porcentaje de profesores que participan en actividades de formación digital
  • Porcentaje de personas con conocmiento básico de las herramientas para acceder a internet
  • Nivel educativo de los usuarios de internet
  • Porcentaje de personas con conocimientos informáticos básicos
  • Porcentaje de personas que se reciclan para incrementar sus conocimientos de informática
  • Porcentaje de usuarios de internet que carecen de estudios

Existe también otro grupo de indicadores que tratan de medir el uso de internet. Puesto que la red se abre a nuevos usos, impensables hace unas décadas, tales como transacciones bancarias, compras on-line, abre la posibilidad a estudiar desde cualquier lugar sin tener que acudir a un centro de manera presencial, realizar consultas médicas, mantener contacto visual y oral con personas que se encuentran a miles de kilómetros en tiempo real, etc. Además de todo esto, está modificando nuestras propias relaciones sociales, ampliándolas o individualizándolas, ambas posturas contrarias, que en esta ocasión no son objeto de nuestro análisis. Algunos ejemplos de estos indicadores son:

  • Porcentaje de personas que utilizan habitualmente la red
  • Porcentaje de personas que realizan compras on-line
  • Porcentaje de personas que realizan trasferencias bancarias a través de internet
  • Porcentaje de personas que utilizan servicios sanitarios a distancias
  • Porcentaje de estudiantes que utilizan internet como soporte de estudio
  • Porcentaje de personas que utilizan los monederos electrónicos como forma habitual de pago
  • Número de estudiantes que realizan estudios superiores, postgrado on-line.

Además de todos estos indicadores algunos estudios realizados también tienen en cuenta la distribución sociodemográfica de la población usuaria de la red, estableciendo parámetros en función de los grupos de edad, el sexo, el nivel de estudio y el ámbito de residencia, principalmente.

Brecha digital y exclusión social

Como se ha señalado anteriormente el estudio de ambos conceptos suele realizarse de forma independiente, sin embargo, el avance de la sociedad del conocimiento se convierte en un riesgo de incremento de la exclusión social de quienes parten de una infraposición social. Por otro lado, si consideramos la población afectada por la brecha digital como un todo homogéneo se corre el riesgo de derivar el gasto público en reducir la distancia social entre los colectivos "conectados" a internet y los "desconectados" a internet, sin modificar la situación "digital" de la población excluida socialmente El Plan Nacional de Inclusión social considera 2 indicadores para medir la prevención del riesgo de exclusión en el acceso a las nuevas tecnologías: % de centros escolares con acceso a internet, y el número de PC por cada 100 alumnos. ¿En qué medida la mejora de estos indicadores tiene un impacto real en la población en situación excluida?¿Son suficientes para planificar políticas de reducción de la brecha digital en este sector de población? Desde nuestro punto de vista, son necesarios pero insuficientes y por ello, consideramos básico integrar ambos conceptos, o en su caso, generar indicadores precisos que tomen en consideración ambas dimensiones. En los estudios revisados hemos encontrado algunos indicadores que avanzan en esta línea, como ejemplo podemos citar los siguientes:

  • Porcentaje de población que posee equipos o programas informáticos obsoletos
  • Porcentaje de personas (jóvenes, mujeres y parados de larga duración) con bajo grado de formación que participan en programas de formación de nuevas tecnologías
  • Número de trabajadores cuyas condiciones de vida se han degradado respecto a etapas anteriores a pesar del desarrollo tecnológico
  • Porcentaje de personas que no pueden acceder a internet por sus minusvalías

Por su parte, la exclusión social desde un punto de vista empírico se tiende a analizar en relación a las carencias en cuanto al empleo, los recursos económicos, la vivienda, la salud, las relaciones personales y el grado de integración social. El estudio de la brecha digital puede integrarse como un ámbito más, de esta manera se podrían realizar aproximaciones de la "exclusión digital" de este sector de población, a través de la distribución de los indicadores de brecha digital anteriormente citados, esto es, en relación al acceso, equipamiento, conocimientos y usos de internet. También sería posible incorporar en los diferentes ámbitos vitales, indicadores relativos a la brecha digital, como por ejemplo:

En relación al empleo:

  • Situación laboral en relación a las nuevas tecnologías
  • Acceso a internet en el puesto de trabajo

En relación a la vivienda:

  • Hogares con PC y acceso a internet
  • Tipo de acceso a internet en los hogares
  • Existencia de centros públicos de acceso gratuito en el entorno y uso de los mismos

En relación a la educación:

  • Conocimientos de informáticas a nivel de usuario para acceder a internet
  • Realización de cursos de alfabetización digital
  • Acceso a internet y a las tecnologías de la información en centros escolares
  • Realización de programas de formación ocupacional a través de las nuevas tecnologías

En relación a las relaciones personales y la integración social:

  • Uso de internet en relación a transacciones, relaciones personales…

En relación a la salud:

  • Dificultades físicas, psíquicas o sensoriales para acceder a internet

Para finalizar, a modo de conclusiones o reflexiones queremos señalar que nos encontramos con un ámbito de estudio totalmente novedoso, puesto que ambos componentes son fenómenos recientes, y por tanto, no se encuentran suficientemente asentados en las ciencias sociales; carecemos de modelos claros y de estudios comparados tanto a nivel local como internacional. Además en los análisis se mezclan los niveles micro y macrosociales. Todo ello, no debe ser óbice para obviarlo como hecho social que olvidar los matices de la brecha digital tanto para el conjunto de la población, pero también para determinados sectores de población. Nadie niega que las diferencias entre los diferentes estamentos sociales se está agigantando debido a las nuevas fronteras entre los conectados y los desconectados. Internet tiene un potencial igualador, al romper fronteras espacio temporales, pero al mismo tiempo implica desigualdades en el acceso y en el uso, abogamos por que no ocurra lo mismo en su estudio, como paso previo para corregir las diferencias en su desarrollo. La red abre las puertas a un amplio sector de la población, pero también se las cierra a los más desfavorecidos, ampliando las diferencias entre los distintos colectivos. Aunque desde las instituciones y diferentes organizaciones se están tomando medidas para la reducción de la exclusión en este nivel éstas resultan insuficientes y no llegan a todo el colectivo implicado.

Las dimensiones e indicadores señalados acerca de la brecha digital nos muestran pautas a tener en cuenta cuando hacemos referencia a la exclusión en el ámbito citado. La exclusión social es un fenómeno multidimensional, por tanto, su análisis debe evitar planteamientos unidireccionales, que induzcan a sesgar el análisis, considerando como excluidos a personas por una única dimensión. Al igual que toda la población desempleada no está excluida socialmente, toda la población excluída digitalmente no está excluída socialmente, ni toda la población excluida socialmente está necesiamente excluida digitalmente. Para realizar una análisis que refleje la realidad social debemos de tener en cuenta todo el conjunto de variables, y para ello, es preciso que avancemos en la construcción integrada de indicadores, que en este caso pasan por la definición y redefinición de la relación entre brecha digital y exclusión social. Esperamos que nuestra comunicación sirva para despertar el interés por este tema y podamos avanzar en la construcción del mismo.

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NOTAS

[1] - Véase Fernández Villanueva, C. (1989) Clase social y valores: la transmisión social de la desigualdad a través de la educación familiar, en Torregrosa, J.R. y Crespo, E. (comp.) "Estudios básicos de psicología social" ed. Hora, Barcelona. informe del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (1999) constatando que existe una diferencia media de 14 puntos entre los resultados de los escolares que proceden de familias sin estudios y los que pertenecen a familias con estudios universitarios.

[2] - Además del requisito de titulación mínimo, también se da otro mecanismo de exclusión en los procesos de selección. Por un lado, en los cursos del Inem se viene aplicando el criterio de incluir a las personas que cobran prestaciones o subsidios de desempleo, así los que nunca han trabajado y por tanto, no cobran del Inem, tienen menos posibilidades de entrar en los dispositivos de formación. Por otro lado, las exigencias de resultados en términos de empleabilidad que recaen en los responsables de los cursos de formación ocupacional conllevan a la aplicación de criterios restrictivos de acceso facilitando la entrada en los programas de cualificación a las personas mejor posicionadas para conseguir un trabajo y dejando fuera a quienes tienen mayores problemas de integración asociados a su desempleo. Sobre este tema véase Raya, E. (1997) La población desfavorecida como eje de las políticas contra la exclusión social, Actas del Simposio "Políticas sociales contra la Exclusión Social", Cáritas, Madrid.

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Esther Raya Diez, Laura Merino Rodeiro


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