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Rebeliones indígenas y negras en América Latina

Enviado por Kintto Lucas

Partes: 1, 2

A San Cono...
A mi Vieja, porque sabe rescatar la vida...

1. Introducción. El año uno de la era latinoamericana (500 Años)

3. Enriquillo

4. Agueybana

5. Hatuey

6. Cemaco

7. Urraca

8. Tecum–Uman

9. Cuauhtemoc

10. Lempira

11. Rumiñahui

12. Tisquesuza

13. Aracare

14. Sebastian Lemba

15. Lautaro

16. Guaicaipuro

17. Yaracuy

18. Jumandi

19. Nicaroguan

20. Zumbi

21. Sepe Tiaraju

22. Jacinto Canek

23. Makandal

24. Tupac Amaru

25. Tupac Catari

26. Cordua

27. Sempe

28. Fernando Daquilema

29. Fuentes Consultadas

  1. INTRODUCCIÓN. El año uno de la era latinoamericana (500 años)
  2. UNO

    A 500 años del llamado "descubrimiento de América", el gobierno español y sus pares latinoamericanos, apoyados por Estados Unidos y los países de la Comunidad Económica Europea, festejan el gran aniversario. Sin embargo, no voy a hablar de ese proceso que, iniciado con la llegada de Cristóbal Colón, llevó a la destrucción de culturas, a la usurpación de tierras y riquezas, a la explotación y casi exterminio de los indígenas. Tampoco recordaré que la conquista se sigue procesando, y que los pueblos latinoamericanos siguen sufriendo la maldición de las riquezas que aún quedan en estas tierras como diría Eduardo Galeano. Que tras el oro, el petróleo, el uranio, se lanzan hambrientas las transnacionales, conquistadoras modernas, descendientes de aquellos que invadieron estos pagos. No quiero recordar eso, ni hablar de los intereses del gobierno español y sus aliados de la OTAN en perpetuar la humillación de nuestro continente utilizando el aniversario como fachada para transformar a España en puerta de entrada de los "inversores" de la CEE hacia América Latina, para lucrar con las privatizaciones. Ni siquiera intentaré rebatir el significado histórico que dan los historiadores colonizados del continente al hecho que denominan "encuentro de dos mundos".

    Prefiero pensar en el Año Uno. El Año Uno es, nada más ni nada menos, el año posterior al del V Centenario. Tal vez el año que comencemos a reconstruir nuestro destino de América Latina, esa gran Patria Grande pluricultural y multiétnica. Avida de soluciones a sus problemas sociales y económicos. Ansiosa de libertades y participación. Con la necesidad imperiosa de transformase en un verdadero nuevo mundo, en el que la solidaridad, la soberanía, y la participación de los pueblos sean reales.

    Para que el año uno sea el comienzo transformador, debemos comenzar por rescatar el pasado dormido en las bibliotecas, y contrarrestar una historia resignada de antemano en las escuelas y liceos. Hay que desenterrar la verdadera historia, liberándola de estatuas, museos y libros empolvados.

    DOS

    Hay que reconstruir la creatividad de América Latina, comenzando ser América Latina, estructurando un nuevo tipo de sociedad, opuesta a la sociedad capitalista que nos agobia y a la sociedad estalinista que agobió el Este europeo. La nueva sociedad latinoamericana debe tener capacidad de hacerse cargo, con su propias fuerzas y sus propios medios, de una realidad que no es europea ni norteamericana. Una sociedad capaz de saber con qué elementos está hecho este gran país que denominamos nuestro continente, y como podrá ir caminando por ideas, métodos y formas organizativas nacidas de su propia geografía, sin inventarse fantasías. Para eso habrá que pelear mucho y será necesario tener una cabeza abierta, capaz de contrarrestar el proyecto de las clases dominantes que siguen limitando las posibilidades a una solución de la problemática económica, en la medida que llevan al continente a ser objeto de políticas ajenas a nuestro ser, como la privatización, bloqueando así la potencialidad de las mayorías de constituirse en sujeto político de sus propios intereses. Para comenzar a construir esa nueva sociedad es necesario que los sectores revolucionarios, junto a la gente, tropiecen con la historia real, comprobando que donde se creían predominantes las ideologías globalizantes o totalizadoras presenciamos la transición hacia el dominio de otras formas comunicativas, como la cultura en general, el arte, las religiones, las costumbres, las diversidades, los submundos y la subjetividad del pensamiento. ¡Cuidado! Esto no significa el fin de las ideologías, sino un estudio más abierto, menos cuadrado de sus influencias en la actualidad. La llave del circulo opresor de América Latina no está solo en la política y la economía, sino también a nivel subjetivo de la sociedad. Esto obliga a estudiar, resignificar y aprehender todo lo que represente la cultura latinoamericana –mitos, creencias, leyendas, la verdadera historia– para que, vinculándola a un quehacer liberador, se puedan extraer alternativas propias de un camino en el que –rescatando la vigencia del socialismo como fin– se tenga en cuenta al ser humano con todas sus potencialidades y debilidades. Con todos sus mundos, vivencias y creencias. Y así partir hacia a la construcción de un nuevo ser humano más solidario, más colectivo, más unido y más respetuoso de las individualidades y las diversidades. Un ser con una verdadera identidad. Debemos reconfirmar el espíritu que nos haga saltar de la fatalidad impuesta a la esperanza cierta, en palabras de Galeano.

    TRES

    Es necesario realizar una contraconquista y conquistar con el pueblo, el lugar y el poder donde reside el dominio de la subjetividad, que señalando como debe ser el nuevo mundo, sabrá decir como debe ser el nuevo pueblo y cuál es su misión en la dirección de una nueva sociedad.

    Hoy más que nunca las fuerzas populares del continente deben partir de América Latina para llegar a América Latina. Conocer América Latina y tornarla nuestra, como dice José Martí, es el desafío y el camino de su liberación. Ese camino, esa salida, requiere de una amplia participación de todos los oprimidos de esta sociedad. Será plurinacional (latinoamericana) por popular y diversa, popular y diversa por democrática, y democrática por su capacidad de participación desde la base, desde la raíz; en la consolidación de una sociedad revolucionaria por socialista, socialista por comunitaria, y comunitaria por el rescate del ser humano en la construcción colectiva de un poder popular. El destino de cada uno de nuestros países se juega como nunca antes en el de toda América Latina. El camino a Nuestra América no es fácil, exige un esfuerzo de imaginación que sobrepase la sustitución de economicismo estalinista por el economicismo neoliberal o la adaptación al capitalismo, pintándose la cara de otro color. Una imaginación necesaria para contrarrestar el robo de la palabra integración por parte de las clases dominantes, e impuesto desde los centros de poder del norte. La integración no es de forma sino de espíritu y propósitos, como decía Bolívar, y está íntimamente ligada a la construcción de un Nuevo Ser latinoamericano. Un ser dueño de sí mismo, capaz de conducir su propio destino como señalara Artigas.

    En el año del V centenario de la conquista, resulta imprescindible que los pueblos latinoamericanos nos acerquemos más a nuestra realidad pluricultural, multiétnica y plurinacional, proyectando el hecho puntual de 1992 hacia una lucha común por la libertad del continente. Que en el Año Uno de la Era Latinoamericana, Abya Yala, la tierra en plena madurez, nuestro continente, sea transformada por la sabiduría; Amaru, la serpiente sagrada, la resguarde y el Cóndor proteja a sus pueblos. Que en el Año Uno comience la consolidación de una nueva historia, para que en los próximos 500 años el festejo pertenezca a los pueblos... Comencemos caminado la memoria.

    Siempre que uno entra en los laberintos de la memoria tiene la posibilidad de recorrer hechos y miradas que marcaron la vida de otras épocas, y de todas.

    Las imágenes surgen entre fogonazos de luz, y de neblina, son fuego en el silencio del recuerdo, rebeldes entre el día y la noche, símbolos de lo que vendrá. Venimos del ayer caminando memorias de rebeldes y rebeldías, volvemos al presente para andar rincones de la América Latina, fundirnos con su gente y transitar parte de su vida... quinientos años después...

    1494. Hace dos años, cuando Cristóbal Colón llegó a esta isla que nombró Española, estaba gobernada por cinco caciques... Cinco jefes de alma tranquila y poca guerra... Sin embargo el camino de las semanas fue cambiando las miradas. Y fue llegando la realidad... Y vino el tiempo en que Colón tuvo que retornar a España para contar "su descubrimiento". Y llegó la hora en que cinco europeos secuestraron dos mujeres indígenas y las violaron... Y se acercó el minuto en que mataron un puñado de nativos por el placer de matarlos... Y el adelantado Colón sonrió y dijo: "servirá para que nuestros hombres sean respetados. Hay que poner temores en esta tierra y mostrar que los cristianos somos poderosos para ofenderlos y dañarlos".

    Los árboles se estremecen, coro–coros y pitirris nostalgian la selva, y el indio comienza a rebelarse. Guanacagarí el traidor, amigo de Colón, le sigue siendo fiel junto a su tribu. Los otros caciques rompen la amistad. Desde España el almirante dice y ordena "sobrecargar los navíos de esclavos", para venderlos en Madrid. Cuando regresa a la isla se sumerge en la fiebre del oro. "Hay que mostrar a los reyes que los gastos del viaje no fueron inútiles", dice.

    El Cibao, dominio del cacique Caonabo posee las minas más ricas... Todos los vecinos de la zona, mayores de catorce años, entregarán cada tres meses cierta cantidad de oro a los españoles. Los que viven lejos deben dar una arroba de algodón por persona. Para que nadie se escape del tributo Colón ordena que cada indio lleve colgado en su cuello una moneda de cobre a la que se hará una muesca especial por cada pago.

    Cierto día Caonabo ve entrar en sus tierras un grupo de soldados de Fuerte Navidad... Con sus hombres los ataca y les da muerte. Luego se dirige a la fortaleza y el fuego se hace presente en el horizonte. "Pagan por sus culpas y malas obras", dice el cacique a su gente señalando las llamas. Colón hace construir otro fuerte, en la propia región del Cibao. Caonabo lo sitia durante treinta días... Luego debe retirarse, sus fuerzas no alcanzan para vencer al invasor. Solo habría una posibilidad: la confederación de caciques. "Unámonos todos los pueblos", dice el jefe indígena.

    Levanta su tribu en armas y conversa con otros jefes. Todos están de acuerdo, Guanacagarí no. Las bajas europeas comienzan a sumarse... Convencido de que sería difícil vencer, Alonso de Ojeda, lugarteniente del genovés se presenta en la aldea de Caonabo... besa sus manos y afirma: "Traigo un obsequio del almirante". Luego muestra unas esposas de latón, metal admirado por los indios. "Solo los reyes de Castilla en sus fiestas utilizan este adorno. Debe colocarse junto al río", dice. Creyendo la palabra del enemigo, Caonabo monta en la garupa del caballo de Ojeda y parte rumbo al río. Al colocarse las esposas parte rumbo a la prisión... Colón decide exhibirlo frente a la puerta de su casa...

    Allí está Caonabo, esposado, sin hablar ni mirar al genovés. Sin embargo cuando pasa Ojeda lo saluda. "El almirante no tuvo el valor de ir a prenderme y Ojeda si, por eso lo respeto", dice a quien le pregunta... El pueblo del Cibao comienza a preparar la liberación. Colón se preocupa y decide enviarlo a Castilla... Durante el viaje, la furia de los mares destruye el barco... Encadenado a un mástil, Caonabo, primer jefe de la resistencia indígena, muere ahogado... La confederación indígena se afianza años después...

    Anacaona, la bella mujer de Caonabo lidera la región de Xaragua... El hermano del jefe asume El Cibao... La resistencia dura años pero finalmente es derrotada. El hermano es preso... Anacaona muere quemada frente a su caney... Algunos caciques sobrevivientes deciden retirarse a las montañas...

    Las rebeliones no pararán... El cacique Guarionex se levanta junto a otros jefes... estará preso tres años en el Fuerte de la Concepción, luego será desterrado y morirá en el viaje. Su hermano Mayobanex estará en prisión hasta que la vida decide olvidarlo... La entereza vuela el polvo de los siglos y resiste la invasión norteamericana de 1916, camina junto a Francisco Caamaño Deno y sus compañeros que bienpelean a otros marines que invaden República Dominicana en 1965... Sigue los caminos del viento... y la guiñada de las estrellas...

  3. CAONABO

    1498. La llovizna calma el calor de la noche dominicana pero no puede con el fuego que se extiende por el poblado indígena... Ya no queda caney en pie... Guarocuya, futuro cacique del Vaho ruco ve morir a sus padres carbonizados por las llamas españolas. Mira el presente sin descubrir el mañana... Bartolomé de las Casas, un franciscano preocupado por los indios, lo salva de la matanza y lo lleva a su convento. Allí lo bautizarán, allí pasará a llamarse Enrique... Enrique Guarocuya.

    A los doce años será dado a Francisco Valenzuela de quien recibirá buen trato. Cuando este muera pasará a ser propiedad del hijo que lo tratará como esclavo. Se quejará Enrique ante el gobernador pero conseguirá insultos y amenazas de prisión. Se quejará también ante la Audiencia de Santo Domingo, sin solución... Su vida, como la de todo su pueblo, irá empeorando.

    Con la realidad, se acabará la paciencia inculcada por los dominicos y se marchará a las montañas del Bahoruco. La adhesión de los otros caciques no se hará esperar...

    "Hermanos, consigan armas del español. Pero siempre que puedan, no derramen sangre", dirá a sus guerreros antes de organizar la guerrilla. Para proteger a mujeres, niños y ancianos los retirará a los lugares más alejados, donde se levantarán pueblos... Cada cacique con su tribu se ubicará en algún punto estratégico de la montaña, vigilando el llano que traerá la represión.

    Para evitar posibles delaciones, Guarocuya, o Enriquillo como ahora se le conoce, no dejará saber su paradero. El primer grupo de españoles que llegarán tras él, estará comandado por el joven Valenzuela. A caballo la montaña se hará impenetrable, y a pie serán vulnerados con las piedras arrojadas por los indígenas. En la retirada Valenzuela caerá en manos de Enrique... el cacique se apiadará de su enemigo advirtiéndole que no retorne.

    Después vendrá la expedición organizada por la Audiencia de Santo Domingo y será derrotada. Los indígenas sometidos abandonarán a sus amos y se sumarán a los alzados... Y el cacique descubrirá el mañana, que ya es hoy:

    1524. Catorce años de mucho pelear y los rebeldes no pueden ser vencidos.

    Cierta ocasión setenta europeos quedan acorralados en una cueva. Los indígenas prenden fuego en la entrada para asfixiarlos. Guarocuya manda apagar las llamas y los libera.

    "Tenemos que conseguir el respeto de nuestro pueblo y defenderlo con honor sin sangre porque sí. Nunca reconocimos ese rey de Castilla... Desde que llegaron sus hombres fuimos tiranizados. Por eso peleamos", dice. Cien mil castellanos de la caja del rey se han gastado para combatir a los indígenas y los españoles ya no quieren ir a la guerra... La Audiencia impone penas. Los soldados la acusan de haberse robado el dinero de las campañas. Los ataques no paran y las derrotas españolas tampoco. Un fraile se llega a la montaña a pedir que hagan la paz y escucha las palabras del jefe: "Para que no me maten como a mis mayores, vine a mi tierra. Ni yo, ni los míos hacemos mal, solos nos defendemos del invasor que quiere capturarnos. No viviremos en servidumbre".

    Meses después un capitán español llega a proponer una tregua. ¿La condición?. Si los indios entregan el oro expropiado a los españoles, pararán los ataques. Enrique accede entregarlo en la playa. Los europeos llegan por mar, dejan el barco a la vista y avanzan. Enrique se retira y sólo un pequeño grupo espera. El oro se entrega y se establece una tregua de cinco años.

    Algunos indígenas bajan al llano para instalarse en los poblados. Enrique y la mayoría de sus guerreros permanecen en la sierra. Allí caminará su vejez... Dicen los de vida vivida que con el caminar del tiempo, en el lago Enriquillo, cercano a la frontera con Haití, al pie del Bahoruco, mirando con ojos de justicia se puede ver la imagen de Enrique Guarocuya bebiendo agua, antes de volverse a la montaña.

  4. ENRIQUILLO

    1511. Los indígenas de San Juan no aceptan más nubarrones en su tierra, quieren el sol que alumbre sus vidas... Como no llega deciden sembrarlo... Es así que Agueybana II, indio esclavo de Cristóbal Sotomayor –dueño del pueblo que lleva su nombre–, decide terminar con los españoles que no fueron "ni deseados, ni llamados", según dice a sus amigos. Conversa con los jefes indígenas de distintos rincones, conspira, busca el alzamiento... Cacique heredero en tierras caribeñas Agueybana II organiza primero a su gente y luego logra confederar todos los pueblos... Antes hay que sortear un rumor que ha corrido como los alisios por toda la isla: "Los españoles no son tocados por la muerte" dicen las voces y, los indios no quieren guerrear sin salir de dudas...

    El cacique Uroyoan es encargado de conocer la verdad. Lleva adelante un plan: con tres de sus guerreros acompaña un español que va en viaje, algo usual por estos tiempos... Cuando llegan al río le proponen llevarlo alzado para que no se moje, una costumbre de la hora... Al llegar a la mitad lo hunden para ver si se ahoga. Sin salir de su asombro el español está minutos y más minutos tragando agua. Luego lo sacan a la orilla lo dejan tendido contra un árbol y esperan tres días a que resucite... Cuando comienza a oler mal conocen la realidad..."Mueren como las plantas, el pájaro o el tigre malo", dice Uroyoan. Enseguida comienza la guerra... A la hora marcada cada cacique arremete contra los españoles de su lugar. Agueybana II dirige el incendio al pueblo Sotomayor. Todos cumplen el compromiso, todos pelean, muchos españoles mueren... La revancha de Juan Ponce de León, gobernador de la isla camina rápido. "Destruiremos a todos los indígenas, terminaremos con Agueybana y toda su tribu", grita enfurecido. Con los soldados que le quedan, ataca en la noche.

    Muchos indígenas mueren pero el cacique logra escapar. En los meses siguientes se sucederán los ataques a dominios de otros jefes, produciendo cientos de bajas en los nativos. Asolando la isla...

    Los indígenas se defienden hasta el fin. Los sobrevivientes se refugian en la región de Yaguaca donde esperan el asalto español, con la determinación de Agueybana de "morir o matar al invasor". Juan Ponce de León se dirige al lugar. Llega el atardecer y el aire sigue quieto. Ya negra la noche decide retirarse. En una sola batalla puede tener muchas bajas y ser derrotado, en pequeños enfrentamientos puede ser distinto... Así logra matar a todos los caciques, entre ellos al jefe Agueybana II que deja regar su sangre reclamando un mañana... Los indios que sobreviven quedan hechos esclavos.

    Con los esclavos negros se levantarán... Caribes y taínos seguirán guerreando, obligando a los europeos a dejar algunos fuertes, pero no podrán con la continua guerra y serán casi exterminados. Y Puerto Rico seguirá colonia...

    En 1968, retomando valores de Agueybana II y sus guerreros, Ramón Emetrio Bentancor peleará la independencia... Por los tiempos otros rebeldes se adueñarán del porvenir y Pedro Albizu Campos será el encargado de combatir al nuevo colonizador norteamericano manteniendo sueños de luz y libertades... Y Puerto Rico sigue colonia... Hoy, los nacionalistas mantienen vivo el calor de sus ayeres... Nunca estrella en bandera ajena, siempre estrella libre en tierras caribeñas... Macheteros de la vida, con andares de un mundo amanecido...

  5. AGUEYBANA

    1512. Una comunidad de los indígenas taínos que habita el oriente de la isla de Cuba es invadida por los señores que vienen de Europa. Las viviendas se derrumban y el fuego corre por la aldea. No se respeta la vida, no importa la cultura, se maltratan las leyendas y se intenta fusilar los sueños de ese pueblo. Después de echar a los indios que sobreviven a la matanza y destruir las chozas que aún están en pie, los europeos construyen allí la capital de la isla dándole el mismo nombre que el poblado nativo: Baracoa. Los indígenas rebeldes se esconden en las montañas. Hatuey, un cacique llegado en canoa desde Santo Domingo, se encarga de organizar la sublevación. Antes toma una canasta llena de oro y dice a sus guerreros: "Este es el señor de los españoles, por tenerlo nos angustian, por él nos persiguen, por él han muerto a nuestros padres y hermanos, por él nos maltratan". La rebeldía se contagia y los enemigos se empeñan en capturar al jefe rebelde... En pocos meses los castellanos hacen cautivo al gran cacique. Los pájaros como el trueno y la lluvia llevan y traen la voz entre los vivos y los muertos. La tristeza corre por las aguas del río Toja, amarillea las hojas de los árboles, sube la montaña del Junke y nubla el cielo. Desde sus escondites serranos, las tribus piden al gran sol, dueño de todos los poderes del universo, que "entregue al gran cacique toda la fuerza que necesita para resistir al castigo. Que la luz de su cuerpo no se apague ni con el viento de los huracanes, ni con la voz del trueno, ni con la lluvia de los diluvios". En los alrededores, en la explanada que lleva al mar, en el descampado de Yara, los españoles invocan nuevamente la muerte del fuego. El hereje es el cacique Hatuey. La hoguera, el vino y el festejo son partes del rito preparado por los europeos. Un sacerdote conversa con el indio:

    – Hijo no temas a la otra vida. Esta vida no es la única que has de vivir. Si tu alma acepta el bautismo, irás al reino de los cielos donde Cristo es rey.

    – ¿Y quiénes viajan a ese reino?

    – Los cristianos, los hombres buenos.

    – ¿Y los españoles son cristianos?

    – Sí, ellos creen en Cristo... son hijos de Dios...

    – Entonces yo no tengo que hacer nada entre ellos. Mi alma no puede caminar con el alma de los españoles. Ella debe ser libre y vivir en el territorio que separa el reino del cielo del reino de la tierra.

    – Ave María Purísima. Dios perdone tu rebeldía. Entre las llamas, la imagen luminosa de Hatuey va desapareciendo. El sacerdote observa...

    Los viejos sabios indígenas hablan con el sol: "Que la luz de su cuerpo no se apague, ni con el viento de los huracanes, ni con la voz del trueno, ni con la lluvia de los diluvios, ni con el camino de los tiempos". De aquel oriente cubano, tierra de Hatuey, nacerán las luchas por la independencia lideradas por José Martí, aquel que susurrara a cuatro vientos en 1891: "En que patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles...

    La historia de América, de los Incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria... Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido, que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas... Del Bravo al Magallanes regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva...".

    Del oriente marchan los barbudos hacia La Habana en 1959, con la libertad a cuestas... Hoy, cuando la noche no grita con la voz del trueno, ni silba el viento de los huracanes, ni llora la lluvia del diluvio... cuando la noche es más reposada, surca el cielo de Yara una luminosidad resplandeciente. La ven los que viven cerca del mar, los de atrás de las montañas, los de Villa Baracoa, los que caminan con el sueño a flor de piel... Dicen las voces que es la luz de Hatuey, primer rebelde cubano... La luz de Yara... Alma de Oriente...

  6. HATUEY

    1513. "¿De dónde viene el oro?", pregunta Vasco Núñez de Balboa al cacique preso. "Del cielo viene", contesta burlándose el indígena. El español enfurecido aumenta la tortura... Cemaco, que así es su nombre, resiste un tiempo más pero al final decide decir el lugar donde queda la mina. Los españoles habían encallado con su barco en la entrada del golfo de Uraba donde fueron recibidos a flechazos. Fue entonces que decidieron marchar hacia la orilla de un río, donde se desarrolla un gran pueblo. Así alcanzaron el río Darién que "es como un Nilo en otro mundo", según dijeron. Las flechas del cacique Cemaco y su gente los esperaban para darles malvenida... Al ver un pueblo tan decidido los europeos se hincaron de rodillas y se encomendaron a Dios, luego prometieron a Nuestra Señora del Antigua: "Si vencemos, la primera iglesia y el primer poblado de estas tierras se llamará Santa María del Antigua". Cemaco y los suyos fueron derrotados. Ahora el cacique está preso, torturado por el oro y pensando en fugarse... En un descuido de sus guardias, una noche logra escapar y se refugia en la casa de uno de sus guerreros, desde donde incita a su gente: "Prepárense para atacar y no cesar de atacar al invasor". Y prepara la guerra.

    Los indígenas consientes de la repugnancia que el trabajo del campo inspiraba a los europeos, ven la posibilidad de vencerlos por hambre y cuando se presenta la oportunidad huyen de las plantaciones y queman los sembradíos coordinando el accionar con su jefe "que no siempre duerme y está en todo lugar".

    Hay nervioso descontento entre los invasores. Vasco Núñez envía a Francisco Pizarro con un puñado de hombres a que hagan un reconocimiento en los alrededores de la ciudad. Al poco tiempo de andar sale a su encuentro Cemaco con sus hombres... Se lucha durante minutos, y los españoles retroceden. Vasco Núñez decide salir con un gran ejército para castigar al cacique... Busca y busca pero ya no lo encuentra. Otros caciques se suman a Cemaco y mantienen la lucha. El plan es atacar la Antigua. Una joven cautiva, amante del jefe español tiene su hermano guerrero... Este la previene del peligro y la alerta a esconderse en el momento del ataque. Ella cuenta al español lo que sabe... él la convence de atraer a su hermano... Preso, la tortura se encarga del resto: todos los pormenores del complot y el nombre de todos los caciques que estarán al frente son confesados. Por tierra y agua se movilizan hacia los sitios indicados... Ajenos a la menor sospecha de traición, los indígenas son sorprendidos en medio de los preparativos del combate. El ataque no da tiempo a reaccionar. Todos los caciques son colgados... Tiempo después los indígenas incendian Santa María y nuevos caciques se sublevarán: Secativa, Tubanava, Bea, Guaturo, Corobari... Muchas zozobras esperan a Panamá... Otros invasores vendrán a quedarse con el canal y El Omar levantará el nacionalismo... pero los panameños todos tristecearán la madrugada. Tal vez un día cualquiera, de abril o septiembre, un día de luna y mil estrellas, el puma despierte... Del Darién a la sierra, del atlántico al pacífico, arderá la memoria de los sueños... y caminará la historia con sus recuerdos...

  7. CEMACO

    1520. Este rincón de Panamá á llamado Natá es pródigo en rebeldes... Madre de rebeliones y rebeldías... Tierra de Urraca, cacique de valor, vigilante alerta del pasar español, ojo de la selva, río de las montañas... Urraca los vio llegar y los siguió. Venían capitaneados por un tal licenciado Espinosa, querían a Natá por rica, para levantar un poblado...

    Aquí levantaron su campamento... Aquí el ojo del monte los sitió... Aquí los atacó... El combate fue duro y demorado antes de que los indígenas se retiraran a las orillas del río Atri, antes de que algunos guerreros se desparramaran por el campo y se dejaran prender, antes del interrogatorio y la tortura... ¿Dónde está á su jefe?", pregunta el español. "Se fue a la montaña a esconder sus tesoros", responden los nativos presos.

    Sin dejar tiempo pasar, los europeos corren hacia el lugar indicado. Los tesoros no están, están sí los indígenas... esperando agazapados al invasor que muere de a muchos. Los españoles se inundan de rabia y preparan otra incursión.

    "Daremos un escarmiento a la osadía de esos indios", dicen... y otra sorpresa los espera... No hay alma viviente en ningún rincón. Las flores están solitarias, el monte tranquilo, los pájaros aletean y cantan, son el único ruido... Pero donde menos lo imaginan, en la angostura de un río que camina quieto, surgen los guerreros de Natá. Aunque la victoria sea de las armas extranjeras, los conquistadores pierden varios soldados. Luego de la repartija de esclavos, los europeos fundan el poblado... Los indios cautivos no pararán en él.

    Aliado con Bulaba y Musa, caciques de zonas vecinas, Urraca sigue guerreando al conquistador. Villa de Natá vive en sobresalto. Los españoles quieren prender a uno de los jefes pero no pueden. Recurren al engaño... envían un mensaje a Bulaba diciendo querer negociar y asegurando que nada le ocurrirá. El cacique confiado se presenta a dialogar. Lo dejan preso y luego lo destierran. Urraca se indigna. Si el odio a los españoles ya era país en su ser, hoy el rencor traspasa las fronteras. Reúne a su gente y habla: "Es hora de destruir aquellos que no guardan fe en sus promesas... Ni palabra, ni paz guardan. Valdrá á más morir en combate que seguir la vida de zozobra".

    En pocos días inician el ataque a poblados españoles. Los indígenas esclavizados de cada lugar también se levantan. Los europeos mueren a pesar de su poderío. Villa de Natá es atacada varias veces... Y la guerra lleva años... y el poder indígena se debilita... y el ejército español arremete contra todos los poblados indios, hubiera guerreros o no... y el fuego se abre camino entre las chozas... Urraca y sus guerreros deben replegarse a las montañas.

    Allí estarán repeliendo a los invasores... pero un día paran los ataques. Al ver que son pocos y el único foco de resistencia, los europeos deciden retirarse.

    "Ni guerreros le quedan al Urraca ese, se pudrirán en la montaña, dejemos de atacarlos", dice el jefe español a sus soldados. Sin embargo, cada cierto tiempo, cuando la noche es día, los indígenas atacarán algún pueblo o realizarán emboscadas para obtener alimentos y "dañar algo al invasor"... La montaña se hace casa donde morir maldiciéndose por no poder terminar con el enemigo... Dururua tomará la lanza para victoriar algunas batallas, pero la noche seguirá oscura en la montaña. El atardecer de la vida se hará á dueño de Panamá con muerte, bombardeos y Chorrillos destruidos... Sin embargo la luna seguirá peleando por rumbear hacia la sierra, a encontrase con su camino libre, mojarse en el río de las montañas e iluminar el ojo de la selva...

  8. URRACA

    1525. "Ese día se mató y prendió mucha gente, muchos capitanes y señores", dice Pedro de Alvarado evocando la lucha de su ejército con los guerreros maya–quiché, el año anterior... Mira el campo todavía manchado por la sangre indígena y siente satisfacción por la muerte... Las altas mesetas de la cordillera guatemalteca están habitadas por la tristeza.

    Cuando los soldados españoles, gobernados por la sed de oro, entraron en esta región el pasado año, encontraron los caminos obstruidos por troncos de á árboles... Fue la primera muestra de que los habitantes del lugar no deseaban amistad con el invasor... Más adelante había grandes trincheras con palos puntiagudos clavados en el fondo... Muchos caballos y jinetes quedaron allá... los quiché sabían quienes eran los que venían. Sabían el horror del futuro... Estaba escrito en el Chilam–Balam. Llegaban los grandes amontonadores de piedras, los hacedores de esclavos... La esclavitud llegaba.

    No habría paz... Tecum–Uman y sus diez mil guerreros serán los encargados de combatir al invasor. con los brazos–alas cubiertos de plumas coloridas, corona de plata y oro y en el pecho una esmeralda como espejo que refleja los enemigos... volaba como á águila... En Pacham fue la pelea. Duró tres horas y muchos guerreros cayeron... Dicen que antes de entregarse, el capitán Tecum alzó sus brazos–alas y levantó vuelo... Dicen que se lanzó sobre Alvarado y su lanza cortó la cabeza del caballo, sin matar al jefe español... Dicen que su lanza era de espejos... Dicen que cuando fue por segunda vez, Alvarado lo esperó y atravesó de un lanzazo al capitán Tecum... Dicen que cuando cayó el cacique, un águila cayó... un quetzal, un mundo cayó... Dicen "Capitán Tecum, vuelve a volar capitán"... Dicen que desde aquel día ese rincón de la América Latina se llama Quetzaltenango... Dicen que el águila y el quetzal quedaron tendidos en la tierra... Dicen que no eran dos sino uno solo... Y al final de la batalla los españoles siguieron invocando la muerte.

    Dicen que "el cielo se volvió rojo, rojo se reflejó el sol, sobre la tierra encendida roja la sangre corrió"... Y un río ubicado al final del campo de batalla, hacia Olintepeque, cambió de color... de nombre cambió, Quiquel se llamó... A los cuatro días de caído Tecum un nuevo ejército integrado por la mayoría de los caciques quiché, surgió con ánimo de vengar la muerte del águilaquetzal.

    Pelearon bien y decidido, pero fueron derrotados. Los muertos pisoteados por los caballos. Los prisioneros vendidos como esclavos...

    "Esclavos de nuestros suelos, solo nos queda morir, más la esperanza no muere, volveremos a vivir"... Desde allí avanza la conquista hacia Utatlán, capital de los pueblos mayaquiché que, fortificada y rodeada de barrancas, resiste... Los dos jefes son quemados vivos, luego las llamas toman la ciudad... "Nos arrancaron la tierra, la milpa y el corazón, nos arrojaron al fuego, en nombre de un nuevo Dios"... A Guatemala le seguirán arrancando la tierra... Las aldeas indígenas seguirán siendo víctimas del fuego de otros ejércitos... Pero la esperanza sabrá pelear el día. Con Jacobo Arbenz en 1957. Con los que siguen buscando la libertad, en los valles, la costa, el altiplano, las montañas, la selva, los volcanes, las orillas de los ríos... En plantaciones y fábricas... Por oriente y occidente, norte y sur, por todos los rincones hay guerreros... caminantes del sueño y la esperanza... "La tarea de la liberación en el mundo indígena de Guatemala se aprende como se aprende a dar un puñado de maíz o una noche de caminata... vamos acuerpando un movimiento... pero es un gran caminar", dice Rigoberta Menchú. Y tal vez el Chilam–Balam vuelva a predecir el mañana: "llegará el día en que alcancen a Dios las lágrimas, y de sus ojos baje la justicia de un golpe sobre el mundo...

  9. TECUM–UMAN

    1525. "Llovió y relampagueó y tronó aquella tarde, hasta media noche, mucho más agua que otras veces. Y desde que fue preso Cuauhtemoctzin quedamos tan sordos todos los soldados, como si de antes estuviera un hombre llamando de un campanario y tañesen muchas campanas, y en aquel instante cesasen de repente de las tañer...", así describe el anónimo de Tlatelolco el día en que el último rey de los aztecas fue preso... Primero fue una llama grande, después cuando ya era nochecita fue una llovizna y vino la niebla... cuando la noche ya era oscura apareció nuevamente el fuego surgido como desde el infinito para ir a morir en la laguna. Cuando llegaron los españoles Cuauhtemoc se rebeló contra su suegro Moctezuma por considerarlo muy servil a los extranjeros, después organizó la defensa... Ya hace cinco años que echó a los europeos de Tenochtitlan, cinco años de la noche triste. Ahora la noche es mucho más triste aún, Tenochtitlan cae junto al jefe azteca... A la ciudad la incendian, a él se lo llevan en la canoa mientras el pueblo llora... Los de barba descargan sus cañones festejando el fuego de la muerte... Los indígenas comienzan su éxodo... por el agua se van, con los hijos a cuesta escapando a la masacre, se van... Algunos se ahogan, otros son muertos por los españoles. Muchos no son vistos y logran escapar, los conquistadores ya están más preocupados con el oro y las piedras preciosas... con el saqueo y la codicia... Noventa y tres días resistiendo. Unos escuadrones en las calzadas, otros en las canoas, otros abriendo trincheras algunos haciendo lanzas, flechas y piedras rollizas para tirar con las hondas... Mujeres, hombres y niños, todos embarcados en lo mismo, todos peleando el futuro... Dominada la ciudad los europeos destruyen los edificios que aún están en pie y luego aplanan el suelo para enterrar todos los cadáveres de una sola vez. Más tarde, sobre las ruinas de Tenochtitlán edificarán la Ciudad de México. Cuauhtemoc y sus amigos Coanacoch y Tetlepanquetzal, caciques que lucharon junto a él, reciben el martirio de la tortura, soportando con dignidad y silencio. Tecuichpo, copo de algodón, joven esposa del rey sufre la suerte reservada a las prisioneras: primero la viola Cortés y luego sus soldados. Los españoles preguntan por el tesoro abandonado cuando huyeron de Tenochtitlan, el día de la noche triste. Cuauhtemoc queda inválido de los pies pero no habla, los otros dos caciques también se mantiene sin decir una palabra... todos callan.

    Los soldados están nerviosos, reclaman el oro y creen que Cortés lo tiene pero se lo da sólo a sus colaboradores más cercanos. Algunos se alzan y sale a perseguirlos con los hombres que le quedan, se lleva a los indígenas para "asegurarse". La tristeza corre por todo el territorio. Toman la ruta del sureste, atraviesan ríos y llegan a las zonas pantanosas. Hacen, deshacen y rehacen caminos muchas veces. Cuando se aproxima la tropa, los pueblos se vacían, la gente se esfuma sin dejar nada. Se acaban los víveres y empieza el hambre, la sed, el miedo, las enfermedades. y la fatiga. Al llegar a la provincia de Acalan, más tarde estado de Campeche, para descansar... los indígenas deciden cantar su historia recordando glorias pasadas. Los jefes y los otros indios que van en la expedición bailan su areito con alegría... Ríen del destino.

    El conquistador tiembla, siente miedo al ver la seguridad de sus enemigos... los acusa de conspiración y decide matarlos de una vez. Cuauhtemoctzin y Tetlepanquetzal son colgados del sagrado árbol de la ceiba, los otros son muertos poco a poco: aperreados unos, ahorcados otros...

    Cuauhtemoc traspasa el fuego de la noche, destierra los nubarrones y se adueña del camino reclamando los mañanas que vendrán... Vendrán con el cura Hidalgo y José Morelos en 1810, con Juárez en el 61 y con Emiliano Zapata y Pancho Villa en 1910. Vendrán con la revolución y se irán... pero seguirán viniendo, aunque no se vean... los mañanas seguirán viniendo...

  10. CUAUHTEMOC

    1531. En el departamento de Gracias, Honduras, la montaña Cerquín es una fortaleza que resiste a los conquistadores. Inexpugnable a caballos, cañones y arcabuces, vive su vida de comunidad. Lempira, un cacique de cabellera adornada con plumas de Quetzal comanda los 30.000 indígenas que no aceptan ser esclavos. "No quiero conocer otro señor, ni saber otra ley, ni tener otras costumbres que las que tengo. A Cerquín no podrán entrar" suele decir el jefe indio mientras observa el ave sagrado, con su cola de brillantes colores, hacer nido en los huecos dejados por pájaros carpinteros, o volando de rama en rama para recoger sus frutos. "Solo la traición, puede vencernos –piensa–, pero la traición, no hace nido en mis guerreros". Años queriendo exterminarlo sin poder, los españoles sueñan con Lempira creyéndolo fantasma. No quieren aceptar su vida pero no pueden ignorarla. Su ejemplo los intranquiliza... y llega a otros pueblos. Los indígenas establecen una red de abastecimiento de agua y maíz que con las frutas del monte son la comida.

    Los europeos buscan cortar la red. No pueden descubrirla. "¿Por dónde les llega la comida? Están cercados y en esa montaña inmunda es imposible producir algo", gritan cargados de ira. Nadie logra penetrar en el Cerquín pero los guerrilleros indios entran y salen.

    Conocen cada rincón, cada precipicio, cada escondrijo... Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala había logrado dominar todos los jefes de los pueblos asentados en Honduras.

    Así, luego de cientos de muertes pudo fundar la ciudad de Gracias a Dios, muy cerquita del Cerquín. Lempira y sus compañeros fueron irreductibles.

    Indomables como la propia montaña, la selva o el valiente puma... "Vamos a terminar con ese indio" decían los españoles. Expedición tras expedición regresaban sin victoria. Luego de mucho perder usan la astucia... usan la traición,. Los soldados tiene miedo y no aceptan el plan. El capitán Alonso de Cáceres obliga a dos de sus lugartenientes a cumplir la misión. Se trasladan a la montaña–fortaleza, uno lleva bandera blanca de rendición, otro va detrás armado de arcabuz. Cuando Lempira se acerca a dialogar una bala se introduce en su corazón. El cuerpo rueda por la montaña... la vida camina símbolo de la raza... vuela en cada Quetzal... renace en Francisco Morazán tres siglos después, vive en los que no quieren ser esclavos... Más después, cuando desde las bananeras del litoral, o los cafetales del sur miran hacia las montañas, ven al cacique saltando el horizonte... como el Quetzal, libre de jaulas y anocheceres...

  11. LEMPIRA

    1535. Francisco Pizarro, el conquistador, llegó al territorio incaico con su sed de oro. Atahualpa, el Inca, para salvar su vida ofreció llenar un cuarto con piezas del metal amarillo sin combatir a los invasores. Rumiñahui, el guerrillero, se indignó con la actitud de su hermano y decidió pelear. Antes dijo: "Los extraños que han llegado no son ningunos Viracochas, son simples mortales y ladrones. Nos vienen a ofender. Se viene la sombra de la esclavitud. Si no luchamos hemos de hundirnos en el duelo y la miseria". Pero su insistencia de combatir a los extranjeros en Cajamarca fue en vano, entonces decidió marcharse hacia Quito donde se nombró Scyri y organizó la lucha. Hace dos años cuando el aventurero Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala, quiso llegar a Quito, tuvo que soportar las guerrillas de los rebeldes. Atraído por las riquezas del Cuzco, llegó Alvarado a la costa de Manabí con siete embarcaciones, muchos caballos, soldados, cientos de indígenas guatemaltecos sometidos y algunos esclavos negros.

    La marcha desde los pantanos tropicales hacia las nevadas montañas, fue una derrota. En el camino se perdieron, abandonados por los guías; los indígenas de Guatemala y los esclavos negros –desconocidos del frío–, murieron congelados; y al fin, Rumiñahui los echó a correr. Y caminó una voz por los caminos: "nadie vence al señor de Quito". Benalcázar que había fundado Guayaquil fue el encargado de marchar con su ejército en busca del líder indígena. Antes envía un mensajero con una cruz y la oferta de amistad.

    Los rebeldes devolverán su cadáver. En Cajamarca habían visto un símbolo de madera igual, en las manos de un tenebroso fraile que secundaba a Pizarro. Después Rumiñahui se prepara para recibir a Benalcázar. Reúne a su gente y le dice: "Es preferible morir que aceptar la esclavitud de estos hombres que robarán tesoros, mujeres y tierras". Al hablar, un volcán parece salirle desde adentro, arde su voz, sonríe su corazón y vibran sus guerreros.

    Benalcázar consigue una alianza con los cañaris para combatir a los rebeldes... el jefe indígena se adelanta y le sale al encuentro en las llanuras de Tiocajas. El lugar, favorable para el andar de los caballos españoles, no impide que los rebeldes anulen el poder del enemigo. Cada vez que matan un caballo le cortan la cabeza para mostrar que no son inmortales. La batalla va desde el mediodía hasta que la noche oscura obliga a suspenderla... y continúa al día siguiente con la salida del sol. Las llanuras de Tiocajas estaban llenas de trampas para que los europeos y sus potros quedaran ensartados... un traidor avisó Benalcázar el lugar y mostró un camino seguro para retirarse a Riobamba. Rumiñahui no desanimó y decidió atacar la ciudad... En la hora del ataque el volcán Tungurahua entró en erupción. Muchos indígenas, aterrados, creyendo que se trataba de un mal augurio, huyeron bajo la lluvia ardiente. Los españoles no se cansaron de matar gente que corría indefensa. Rumiñahui se retiró con sus soldados más fieles hacia Ambato. Luego se fue a Quito, envió a lugar seguro a los más débiles y escondió los tesoros de Atahualpa... Al acercarse los invasores obstruyó los canales que abastecían de agua la ciudad y les prendió fuego antes de retirarse... La cordillera fue su último refugio. Hasta allí marchó Benalcázar a buscarlo. Tras la resistencia logró prenderlo. Y vino la tortura... "¿Dónde están los tesoros de Atahualpa?", preguntan los invasores. "En un rincón de la montaña", responde el jefe indígena y los envía a un lugar donde nada hay... Así será durante algunos días... Las pistas falsas sirven para reposar un poco, antes del nuevo tormento... Los españoles se cansan de la burla. Al ver que no obtienen la palabra su ira se desenfrena y Benalcázar determina la justicia: muerte en la hoguera... Pero el fuego no muere la memoria... la aviva, la hace caminar por el viento de los años... la renace en las rebeliones que vendrán.

  12. RUMIÑAHUI

    1536. El reino de los chibchas está ubicado en las mesetas orientales, junto al río Magdalena. Es gobernado por dos señores: el zaque de Tunja, Quimunchatecha y el zipa de Bogotá, Tisquesuza. Cuando llegan los españoles dirigidos por Jiménez de Quesada, el zipa ordena vigilar sus movimientos por el día y por la noche, para saber qué hacen en estas tierras...

    Y así dice a su gente: "Vos que tomás y traés las aves que por el aire van volando. Y los venados, que en la tierra por su mucha ligereza no hay animal que se le compare. Y además tomás en las manos otros muchos animales de ferocidad sin igual... Vos no sos tan poderoso ahora, para terminar con ese pequeño número de extraña gente que por mi tierra tan atrevidamente se meten?. Sujétalos presos hasta aquí".

    Tisquesuza no imaginaba las armas que traían consigo las "extrañas gentes". Vestido con su manto rojo bordado de esmeraldas se pone al frente de sus guerreros en la lucha contra el ejército español. Perdida la batalla, unos se retiran con su jefe hacia Cajicá, otros se mantienen atrincherados en las casas de Bogotá, donde son cercados. Un guerrero sale y desafía a los españoles a luchar de a uno para terminar la guerra creyendo que lo válido en pelea con otras tribus, también serviría con los europeos... Un soldado a caballo, arremetió hacia el iluso indígena levantándolo por los pelos y llevándolo colgado hasta donde estaban los otros.

    Este hecho enmiedó a los guerreros, que por la noche decidieron abandonar en silencio el cerco extranjero. Tisquesuza retirado hacia la sierra inquietará a los españoles durante largo tiempo. Cierto día llega la noticia a los europeos de que vive en una casa de oro... deciden ir a buscarlo enceguecidos por la codicia. Un traidor informa que el cacique se encuentra en un bosque cercano a Facatativá. En la noche Quesada y sus hombres caen sobre ellos como cazador en busca de su presa. Primero los cerca de trampas, luego los ataca.

    Tras algunos minutos de contienda caen varios indios muertos... entre ellos está el zipa... Sin embargo esto no amedrentó a los guerreros que siguieron resistiendo... los españoles tuvieron que retirarse sin conocer la muerte del zipa, ni el paradero de sus tesoros. Los indígenas entierran a Tisquesuza con todos los honores de señor, sin que los europeos lo sepan. Nunca conocerán su tumba o las riquezas... El sobrino del cacique apresado con otros señores promete llenar una casa de oro, para salvar su pellejo... no resiste la prisión y muere antes de que se cumpla su decir... El tiempo traerá nuevas batallas y habrá un Calarca saltando la montaña... para abrir paso a otros, peleando por la selva, luchando por su gente, el árbol y las fieras...

  13. TISQUESUZA

    1542. Alvar Núñez Cabeza de Vaca había llegado a Asunción en busca de la "Sierra de la plata", un espejismo inexistente, que no encuentra... pero decide ir más allá... quiere subir el río Paraguay hacia los territorios carios. Aracaré cacique de valor, respetado por su gente se finge sometido y se ofrece para acompañarlo. Se embarcan rumbo a un nombrado Puerto Piedras.

    Ochocientos indígenas a pie van junto a los invasores. Aracaré se mueve entre las sombras para que los europeos no se den cuenta de su conspiración...

    Con extremado sigilo dice a sus fieles que incendien los campos por donde pasan... así los habitantes saben que están llegando los invasores. "Debemos luchar contra estos hombres que con solo llegar ya se creen amos", comenta el cacique a la gente que lo sigue. Los indígenas que van con la expedición desaparecen como imágenes en el monte... y no enseñan el camino. Los españoles se pierden entre los árboles iguales... Ya no hay indios que los guíen, el viento parece habérselos llevado. Aracaré aprovecha el momento y los ataca rápidamente, luego desaparece entre la vegetación... Los españoles se desesperan y deciden regresar. Tiempo después realizan una nueva expedición, esta vez son guiados por otros indios que también están en combinación con el cacique. Sin saberlo los conquistadores van hacia las tierras gobernadas por Aracaré... allí son atacados y deben esconderse. Los guías fingen estar junto a ellos y les muestran un camino para escapar. Llevan a los soldados por lugares despoblados donde pasarán hambre y sed durante treinta días.

    Algunos indígenas morirán y otros se marcharán... A los europeos los tocará el delirio, al quedarse solos en la extraña tierra. Como una sombra, Aracaré los atacará nuevamente, de a ratos para producirles pequeños estragos y ponerlos más nerviosos... Finalmente algunos lograrán regresar. Para los españoles era una traición, ver los nativos defender su tierra... Cabeza de Vaca, quien se decía cumplidor de las leyes, se reúne con los oficiales de sus tropas y los sacerdotes que lo acompañan... Entre cuatro paredes se inventa la justicia: "los daños notorios que el tal Aracaré viene causando a la corona lo transforman en enemigo capital de la cristiandad". El jefe no se quedó esperando, antes de que salieran a buscarlo los atacó nuevamente... varios serán los combates... Cuando lo llevan preso dicen a los indios de la zona que su prisión es justa por la rebeldía del cacique... Intentan explicar que la condena: "pena de muerte corporal en la horca" se apoya en la ley... Al parecer los nativos no creyeron las palabras de los conquistadores porque al morir el líder vino una gran sublevación, comandada por su hermano Taberé.

    Para reprimirla, Alvar Núñez juntó a cuatrocientos soldados y dos mil indios sometidos. "Expulsará‚á a Taberé y sus amigos y terminará‚á con todos los indios fieles", dijo el jefe español a su ejército antes de marchar. Taberé los esperó en una ciudad defendida por grandes muros de madera y rodeada de fosos–trampas cubiertos de ramas. Tres días estuvieron intentando entrar al poblado... tres días fueron repelidos por los indígenas... Al cuarto, cuando llegaba la tarde, lograron entrar. Mataron a todos los que se cruzaron por el camino y apresaron muchas mujeres. "El todo poderoso nos dio su gracia de que fuéramos vencedores de nuestros enemigos y ocupáramos el pueblo, y matáramos mucha gente", señala el cronista español relatando la masacre.

    Como los carios los indígenas de las tierras paraguayas no aceptarán las imposiciones europeas... caminarán la vida peleando su dignidad, cultivando comunidad en las Misiones... sembrando su libertad... Y vendrán otros que no aceptarán invasores, y habrá un Solano López peleando a la traición inglesa y sus súbditos de la triple alianza... y caminará el tiempo, y siempre habrá alguna esperanza...

  14. ARACARE

    1550. El maniel es la casa, la escuela, la comunidad del cimarrón. Después del sufrir como esclavo en los ingenios de caña de azúcar de Santo Domingo, la vida allí se pinta de música y colores. Enseñanza de vida y combate, oficio de libertad. El maniel es una fortaleza negra, rodeado de trampas. Los bohíos se levantan a poca altura para que la vegetación los oculte. Entre uno y otro hay cierta distancia.

    En esos terrenos se cultiva maíz, frijol, malanga, yuca y tabaco... a veces también se siembran otras cosas. Lo que se produce se reparte entre todos... se autoabastece... Para obtener carne, pólvora, sal y fusiles intercambian su producción con piratas. Dedican gente especial para el trato, manteniendo siempre prudente distancia. Al maniel llegan los negros alzados que no aceptan la esclavitud y algunos indios taínos que luchan por su libertad.

    Don Tomás, veterano de mil peleas, es el encargado de explicar a los jóvenes el porqué de la lucha. Y les cuenta de la necesidad de proteger la naturaleza... les habla de cómo sus abuelos aprendieron a amar la montaña, el monte, la noche y la lluvia libre... les habla de los dioses africanos que los protegen y les comenta de los grandes capitanes negros... Cuando habla de Lemba sus ojos se humedecen. Hace dos años el gran jefe de los sublevados partió bendecido por Xangó hacia el infinito de la memoria.

    Hacia la otra vida... "Cierto día –cuenta Tomás–, Sebastián Lemba reunió a la gente y le dijo: 'No se trata solo de escapar de los blancos. No podemos quedar conformes por llegar aquí y estarnos tranquilos. Tenemos que combatir al español allá, en sus ingenios... abajo, atacando sus intereses'. Así hablaba el capitán del Bahoruco Viejo, jefe del maniel Enriquillo". Lemba pensaba que con quedarse en la montaña se le hacía poco daño a los invasores, mientras los negros venidos de África y los indios taínos seguían como esclavos. Y para poner en práctica su pensar prepara el primer ataque a un ingenio de San Juan. Al frente va un grupo comandado por el propio Sebastián, en la retaguardia los hombres preparados para resistir la pelea en caso de que los sorprendan. Ya cerca del ingenio se allega uno que comenta: "comandante el ingenio está vigilado por altas torres donde hay guardias mirando. Los otros parecen estar dormidos". Lemba agradece la información y le comenta: "muy buen dato, pero sigamos hacia el objetivo".

    Prefiere no opinar sobre el tipo de ataque que harán... por seguridad y porque es mejor conocer la realidad del lugar donde pelear. Ya casi dentro del ingenio interrumpe la caminata.

    – Compañeros, es muy fácil. Ya sé lo que debemos hacer para que los guardias no nos descubran.

    – Si capitán, ¿qué hay que hacer?, preguntan intrigados los guerreros.

    – Para que no nos descubran, solo tenemos que no dejarnos ver.

    Tras despertar la risa de su gente, mandó a un grupo por la puerta lateral de la hacienda. Otro irá por el frente y algunos rebeldes se encargarán directamente de los guardias.

    Cuando ya estaban todos ubicados en sus puestos vino la señal de ataque... Uno de los vigilantes intenta dar la voz de alarma pero muere en el instante, atravesado por una daga. Los demás guardias son sometidos fácilmente. En pocos minutos la hacienda está ocupada... Bajo luz de velas, Lemba toma la palabra: "Muy bien señores, digan a sus amos que por aquí pasó Sebastián Lemba y sus combatientes, y que se anuncia para ellos la llegada de momentos muy difíciles. El cimarrón, como dicen ustedes, ha de luchar hasta que el español desaparezca del mapa". Los guardias sudan y tiemblan del temor a las represalias rebeldes, pero el jefe mantiene su hablar...

    – Compañeros, recojan toda la comida y el azúcar que puedan, y que todos los hermanos mantenidos como esclavos si quieren venir con nosotros que se vengan. Traigan también los caballos.

    – ¿Y qué hacemos con los españoles?, pregunta uno. – Los dejaremos vivos, si es que pueden vivir después de haber botado tanta agua del cuerpo. Vamos al maniel y que la libertad de nuestra gente, más que sueño sea una realidad.

    Así, Sebastián Lemba se convierte en el hombre más buscado por los españoles, y también más respetado y temido. Las lomas de San Juan y el Bahoruco Viejo son los lugares de su resistencia. El ataque a los ingenios se multiplica, las quemas a la caña sembrada también. Los europeos ven su economía amenazada... las expediciones contra el capitán fallan, una vez tras otra. En septiembre de hace dos años, en un combate de la Loma de la Paciencia, cerca del río San Juan es la hora... luego de mucho pelear, una bala atraviesa el corazón de Lemba. Así cae el jefe cimarrón ante el casi asombro de sus compañeros. Los españoles le cortan la cabeza después de muerto, la llevan a Santo Domingo y la cuelgan de un gancho, en la plaza central. "Así temerán lanzar nuevas rebeliones", afirma un español, creyendo haber terminado la resistencia cimarrona... El viejo Tomás habla a los jóvenes de la necesidad de seguir peleando y así conquistar la libertad "para mantener viva la llama y poder vivir libres: como el viento, el agua y el sol, sin trabajos forzados, ni latigazos...".

    La semilla que sembrara Sebastián Lemba germinará por los rincones de la República Dominicana. Las rebeliones y los rebeldes seguirán reproduciéndose por los caminos... 238 años después el capitán José Eleocadio vivirá la lucha con igual fervor, atando viento y fuego a su pensar...

  15. SEBASTIAN LEMBA

    1558. La tierra de Chile parece hundirse ante la furia de los araucanos guerreando a los conquistadores. A su frente, un cacique de sangre ardiente que vuela como pájaro cuando cabalga: le llaman Caupolicán. Algunos cuentan que la luna deja de caminar para verlo pelear... y cuando la batalla termina sigue su marcha, dando paso a los recuerdos.

    Cuando Caupolicán fue elegido Gran Toqui, por todas las tribus de Arauco, venció a diecinueve postulados. Realizó todas las pruebas encomendadas, hasta terminar cargando el tronco de un árbol sobre sus hombros durante tres días y tres noches. Al cuarto día lo dejó caer y casi inmediatamente organizó el ataque contra los españoles.

    Ahora mira los campos y acompasa el pensar de la luna: "El año que pasó, cuando caminábamos venciendo al español, mi hermano Lautaro fue muerto por la traición...".

    Lo había conocido enemigo: 1553, los llanos de Tucapel y una de las tantas batallas que tuvo el pueblo araucano...

    Valdivia, jefe del ejército español, viendo la victoria esquiva, decidió formar tres batallones: uno fue al enfrentamiento directo, otro atacó por los flancos y el tercero integrado por indígenas a la orden de los europeos, esperó en una loma para asomarse en el momento que fuera necesario. Lo comandaba Lautaro, un joven de 17 años que observaba mansamente la pelea. Pero de repente el fuego brotó de su alma y la rabia ardió en su sangre; sopló el cuerno de guerra y al grito de "cobardía" se lanzó con su batallón, como águila, contra los españoles. Su huaiqui se encargó de Valdivia... Luego, en la noche, los mapuches vistieron las ropas de los vencidos, abrieron la boca del jefe enemigo y le hicieron comer tierra mientras le repetían: "Quieres oro, hártate de oro".

    Después Lautaro fue nombrado Vice Toqui. Fueron años de mucha pelea hasta caminar venciendo. El ejército araucano se hizo dos: uno, al mando de Caupolicán, puso sitio al poblado La Imperial; el otro, dirigido por Lautaro, venció al capitán español Francisco Villagrán y se apoderó de la Ciudad de la Concepción. Pero surgió un traidor para matar la vida... por las rucas de Arauco caminó la lágrima, el licor de murtilla intentó calmar la tristeza de los guerreros y la luna escondió parte de su cara, ocultando la luz nocturna. Ni el águila ni el pinguén volaron su volar más alto... Lautaro, tendido sobre el yuyal, entregaba así su pillán al Neulén... Muchas argucias había enseñado a los araucanos: dominar los caballos, cubrirse de arbustos para avanzar hacia el enemigo, colocar trampas, utilizar lazos para voltear a los jinetes. Mucho había dejado... ahora Caupolicán recuerda.

    Horas antes de que el sol se oculte, horas antes de que las flechas de otros traidores penetren en su cuerpo, horas antes de que sus hermanos comiencen a decir "el fantasma sigue cabalgando como tigre en el viento".

    Los araucanos no se rinden. Decenas de levantamientos se sucederán. Los españoles se verán jaqueados durante años por Yanequeo, una bella mujer que dirige a los puelches en ataques sorpresa contra los poblados y después se oculta en el monte.

    Los indígenas dirán que "las almas de Lautaro y Caupolicán siguen caminando por el cielo, la luna les da protección y se incorporan en los que pelean...". Tal vez en 1815, algún guenupillán, tocó al guerrillero Manuel Rodríguez en su lucha contra la Corona Española. Tal vez vivan... Hoy los mapuches sufren el lloro de la realidad, pero –como antes– no lo aceptan... siguen peleando su autonomía...

  16. LAUTARO
Partes: 1, 2

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