Monografias.com > Política
Descargar Imprimir Comentar Ver trabajos relacionados

Algunas reflexiones acerca de los conceptos de Trabajo y Libertad en el modelo marxiano




Enviado por Sergio Morresi


    Para el marxismo
    vulgar, si la Alienación (1) tiene la función de
    ser el grillete del hombre, la
    tecnología
    pareciera, al menos en principio, cumplir el rol del alicate. En
    efecto, en tanto que la tecnología es, como el capital mismo,
    trabajo fosilizado, es gracias a ella que el hombre
    puede "liberarse" de las necesidades, satisfaciéndolas; en
    tanto que el hombre actual puede "montarse" sobre el trabajo de
    las generaciones pasadas, al encontrar satisfechas sus
    necesidades orgánicas (historizadas, determinadas
    históricamente). El hombre se vuelve un ser "libre de
    necesidades". Ahora bien, esta idea de un "sujeto libre de
    necesidades" nos lleva a pensar en la necesidad como una suerte
    de barrera a superar, un límite que es posible y deseable
    traspasar. A la vez, esta noción nos permitiría
    reestablecer la oposición que había quebrado
    Hobbes entre
    Necesidad y Libertad; esto es: continuar con el par de opuestos
    que la filosofía burguesa entronizó.

    No obstante, no nos conviene adelantarnos mucho en el
    terreno. En primer lugar es necesario saber qué es,
    efectivamente, lo que el marxismo entiende por tecnología.
    Para ello, a su vez, es necesario que averigüemos si puede
    pensarse en ella como la determinante del devenir social y si no
    es así, intentar ver entonces cuál sería su
    rol. Si éste resultara secundario, la política (o, mejor
    aún, la acción
    política) podría volver a ocupar el primer plano
    que ciertos planteos estructuralistas (que han sido preeminente
    en el marxismo durante más de dos décadas) le han
    quitado. Pero, si no deseamos que la acción
    política se torne una mera categoría del
    voluntarismo, si queremos reflexionar desde el marxismo, decimos,
    esa acción política tiene que ser un trabajo, una
    tarea cotidiana y no un "medio para". La política como
    trabajo es entonces el concepto al que
    queremos arribar. Para ello proponemos un camino algo sinuoso,
    compuesto de cuatro líneas argumentales que se
    entrecruzan.

    En primer lugar, trataremos el problema del determinismo
    tecnológico en tanto motor de la
    historia y
    presentamos algunas objeciones a esta visión y a su
    "hermana mayor" que plantea el determinismo económico. A
    continuación ampliamos el abanico por medio del concepto
    marxiano de Trabajo, reintroduciendo allí la
    diferenciación entre el trabajo como work y como
    labour. y presentando la diferenciación que a
    nuestro entender existe entre objetivación y
    objetualización. Por último, basándonos en
    esa distinción, volvemos sobre los concepto de Trabajo y
    Tecnología para reintroducir a la Libertad y, así,
    a la política como concepto central.

    Este trabajo no pretende ofrecer respuestas a todos los
    interrogantes que se plantea. Nos contentaremos, en cambio, con
    ofrecer para su discusión algunos puntos que nos parecen
    centrales para nuestro objetivo:
    redimensionar la política sin caer en el posmarxismo que,
    a nuestro entender, ha yerrado el tiro al plantear una
    situación de contingencia radical (2) , dentro de la cual
    ya no es posible plantear (si no es en razón de una
    voluntad extemporánea) un cambio social, pues
    —paradójicamente— buscando centrarse en la
    Libertad caen en la determinación de lo indeterminado (3)
    Sin embargo, no es nuestra meta ahondar en esta
    problemática, de modo que pasamos ya, sin más
    preámbulos, al primero de los puntos que nos hemos
    planteado.

    Sobre el determinismo
    tecnológico

    El determinismo tecnológico (4) no es una
    visión privativa de cierto marxismo. Teorías
    antropológicas, económicas e incluso
    filosóficas, de diferentes épocas, tendencias y
    corrientes de pensamiento,
    han abonado en diversos modos a la tesis de que
    es el curso (autónomo) de la tecnología lo que, de
    una u otra manera, rige el desarrollo
    humano (5) . En el caso específico del marxismo, el
    determinismo tecnológico se hace presente a través
    de interpretaciones, basadas sobre todo en el Prólogo a la
    Contribución a la Economía
    Política
    , donde Marx afirma
    que:

    "…tanto las condiciones jurídicas como las
    formas políticas no pueden comprenderse por
    sí mismas ni a partir de lo que ha dado en llamarse el
    desarrollo
    general del espíritu humano, sino que por el contrario
    radican en las condiciones materiales
    de vida cuya totalidad agrupa Hegel… bajo
    el nombre de ‘sociedad
    civil’… El resultado general que obtuve, y que una
    vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios,
    puede formularse [como sigue]… En la producción social de su existencia los
    hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e
    independientes de su voluntad, relaciones de producción
    que corresponden a un determinado estadio evolutivo de las
    fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones
    de producción constituye la estructura
    económica de la sociedad, la
    base real sobre la cual se alza un edificio [Uberlau]
    jurídico y político, y a la cual corresponden
    determinadas formas de conciencia
    social. El modo de producción de la vida material
    determina [bedingen] (6) el proceso
    social, político e intelectual de la vida en general. No
    es la conciencia de los hombres lo que determina [bedingen] su
    ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que
    determina su conciencia." (Marx, e: 4/5).

    Más allá de que cueste creer que varios
    renombrados teóricos basen su visión de la teoría
    marxiana de la historia en un esbozo teorético, enmarcado
    en una secuencia de autobiografía intelectual, situada en
    el prólogo de un texto que el
    mismo autor dejó de lado por considerarlo superado por sus
    posteriores trabajos (El Capital, para ser más
    precisos), vale la pena detenerse siquiera un poco en este tema
    porque nos ayudará a ver cuál es el papel que
    —en nuestra opinión— da el materialismo
    histórico a la tecnología.

    En las visiones del determinismo tecnológico
    marxiano, las Fuerzas Productivas (fuerzas productivas
    materiales) son interpretadas como herramientas,
    técnicas y conocimientos que sirven al
    hombre para dominar la naturaleza (ya
    dada) y así satisfacer sus necesidades. Pero, en este
    enfoque, el carácter de las categorías del
    concepto es relativo. Un arma es una herramienta si es usada para
    matar a un animal, pero no lo es si, en cambio, se la utiliza
    para conquistar un territorio a los fines de dominar a otros
    hombres. Del mismo modo, el
    conocimiento de la energía atómica es parte de
    las fuerzas productivas si se lo aplica para obtener
    energía con fines productivos, pero no si se usa para
    fabricar una bomba. ¿A qué se debe esta
    diferenciación?

    Dilucidar una respuesta a esta pregunta no es sencillo,
    porque aquellos que defienden el determinismo tecnológico
    desde el marxismo no hacen explícitas sus razones. No
    obstante, como bien apunta Miller (Miller: 174 y ss.) la
    explicación podría encontrarse en que esta
    restricción es necesaria para sustentar la idea de que la
    tecnología se desarrolla autónomamente, que no son
    las relaciones sociales las que la determinan, sino a la inversa,
    que éstas son determinadas o condicionadas por la
    tecnología. La idea leninista de una tecnología
    neutral es la que está presente aquí.

    Ahora bien, Marx habla de un entrelazamiento entre
    fuerzas productivas y relaciones de producción, hasta
    que:

    "…En un estadio determinado de su desarrollo, las
    fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en
    contradicción con las relaciones de producción
    existentes… Esas relaciones se transforman de formas de
    desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de las
    mismas. Se inicia entonces una época de revolución social. Con la
    modificación del fundamento económico todo ese
    edificio descomunal se trastoca con menor o mayor rapidez…
    Una formación social jamás perece hasta tanto no
    se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las
    cuales resulta ampliamente suficiente, y jamás ocupan su
    lugar relaciones de producción nuevas y superiores antes
    de que las condiciones de existencia de la misma no hayan sido
    incubadas en el seno de la propia antigua sociedad. De
    ahí que la humanidad siempre se plantee sólo
    tareas que puede resolver, [pues]… la propia tarea
    sólo surge cuando las condiciones materiales para su
    resolución ya existen o, cuando menos, se hallan en
    proceso de devenir…" (Ib.: 5).

    Sin embargo, el determinismo tecnológico marxiano
    se ha ocupado de separar cada vez más estos conceptos
    (relaciones de producción y fuerzas productivas) que Marx
    mismo había presentado unidos dialécticamente.
    Así, algunos marxistas analíticos sostienen, como
    Cohen:

    "…The economic structure or base therefore consists
    of relations of production only: it does not include the
    productive forces… they are not part of the economic base,
    because they are not economic phenomena… they are below the
    economic foundation, the ground on wich it rests." (Cohen, b:
    13/14).

    "…(1) the level of development of productive power
    determines what relations… would advance productive power,
    and… (2) relations which advance productive power obtain
    because they advance productive power, [then] (3) thew level of
    development of productive power explains the nature of economic
    structure… [Note] (3) asigns explanatory primacy to the
    productive forces…" (Ib.: 17).

    En el Prólogo de Marx, la red de relaciones de
    producción cambia junto con las fuerzas productivas. En el
    determinismo tecnológico, las relaciones de
    producción cambian si, y solo si, están agotadas
    las fuerzas productivas (véase más detalladamente
    este acercamiento en, por ejemplo, Cohen: 150 y ss.). Agotadas en
    el sentido de que ya se han desarrollado todas las formas
    posibles de aumentar la producción en ese estadio. Por
    ejemplo: el arado en la edad antigua estaba todo lo desarrollado
    que podía estarlo, si no se producía más era
    porque las relaciones de producción no lo
    permitían. Así, se entraba en una "situación
    insostenible" que culmina (¿necesariamente?) en un cambio
    revolucionario tendiente a dinamizar el proceso productivo, un
    cambio en las relaciones de producción que
    posibilitará nuevos desarrollos de las fuerzas
    productivas.

    En consecuencia, según el determinismo
    tecnológico el capitalismo no
    cambiará hasta que sea incapaz de un aumento en la
    productividad.
    Sólo la crisis entre
    las relaciones de producción y las fuerzas productivas dan
    lugar al momento revolucionario. Esta interpretación es, hay que reconocerlo, una
    muy válida y justificada lectura del
    marxismo clásico. Sin embargo, es también una
    lectura apegada al texto (¡y a qué texto!), que no
    bucea en lo profundo, que no va más allá de la
    letra de ciertos pasajes que se han convertido en
    paradigmáticos. Como lo muestra Miller
    (Miller: 178) muchas de las afirmaciones de Marx que abonan las
    tesis del determinismo tecnológico deberían ser al
    menos relativizadas por dos series de razones. La primera, el
    positivismo
    imperante en la época hacía difícil, aun
    para un pensador de la talla de Marx, sustraerse completamente a
    ciertas "compulsiones de razonamiento" que lo llevaban contra la
    dialéctica. La segunda, y más importante
    aquí, es la referida al contexto
    político.

    En su Miseria de la Filosofía, Marx
    hacía un derroche de ironías para mostrar la
    endeblez de la base sobre la que se sostenía el "socialismo
    utópico" de Proudhom y también el "recalcitrante"
    ludismo. De ese texto (recordado en el citado Prólogo a la
    Contribución…) es precisamente de donde se puede
    extraer la definición más acotada (narrowed,
    en los términos de Miller) de Fuerzas Productivas
    (herramientas, técnicas y conocimientos que sirven al
    hombre para dominar la naturaleza). Sin embargo, hay que hacer
    notar que ese tipo de terminología (visión acotada
    de las Fuerzas Productivas) es usada más en forma negativa
    —contra el ludismo, contra el socialismo utópico,
    contra la idea de que la máquina introduce un factor
    inhumano en la producción— que positiva.

    No obstante, las aclaraciones que acabamos de hacer no
    alcanzan para desterrar la idea de que Marx era un determinista
    tecnológico en menor o mayor medida. Pero antes de seguir
    con nuevos argumentos, para no complicar demasiado las cosas,
    hagamos una breve sistematización.

    Hay una lectura posible de Marx, según la cual
    las fuerzas productivas entendidas en un sentido restringido
    tienen un movimiento
    autónomo y conforman el sustrato sobre el cual se sostiene
    la base económica. Sobre esta última, a su vez, se
    monta una superestructura conformada por lo político, lo
    jurídico, lo cultural, etcétera. En esta
    visión determinista, el "edificio" no es necesariamente un
    "mero reflejo" invertido (como pretende cierta visión
    mecanicista basada en la más infeliz de las
    metáforas usadas por Marx, la de la "cámara
    oscura"), sino que es el producto
    dialéctico, determinado en última instancia por ese
    sustrato de movimiento autónomo (las fuerzas productivas),
    que a su vez está condicionado por la estructura que
    sostiene (relaciones de producción y relaciones
    sociales).

    El mayor inconveniente de esta visión es que no
    deja lugar alguno a la práctica de los hombres como
    individuos. Sus corolarios políticos, la socialdemocracia por un lado y la planificación burocrática (esto es
    "centralismo
    democrático") por el otro, han mostrado ya suficientemente
    cuáles son las consecuencias de confiar en "el devenir de
    las fuerzas productivas" como poder
    transformador independiente. Por su parte, el sistema
    capitalista ha mostrado suficientemente su capacidad de
    recuperación de las diversas crisis que ha sufrido como
    para hacer notar que las contradicciones entre las fuerzas
    productivas y las relaciones de producción no dan lugar a
    una situación revolucionaria (antes, al contrario, suelen
    ir acompañadas de movimientos políticos
    reaccionarios). De otra parte, aún los "triunfos" de la
    izquierda socialdemócrata (mayor participación política y
    económica de los trabajadores, mejores condiciones de
    vida, subsidios universales…) no cambian en nada el fondo
    problemático, justamente porque —como veremos
    más adelante— las fuerzas productivas no corren por
    un camino distinto (y menos aún autónomo) al resto
    de las relaciones sociales. Asimismo, en la U. R. S. S.
    quedó claro que la "Dictadura
    sobre las Necesidades" (un término acuñado por la
    Escuela de
    Budapest que es por cierto bastante adecuado para la
    formación económico social conocida como socialismo
    real que el de "centralismo democrático"), no puede dar
    lugar más que a una situación de enajenación, de alienación no
    demasiado diferente a la capitalista; como afirma,
    Fromm:

    "No hay mayor malentendido o mala
    interpretación de Marx que aquella que se encuentra,
    implícita o explícitamente, en el pensamiento de
    los comunistas soviéticos, los socialistas reformistas y
    los opositores capitalistas del socialismo… para Marx la
    situación de un trabajador en una fábrica
    ‘socialista’ rusa, una fábrica
    británica propiedad
    del estado o una
    fábrica norteamericana como la General Motors
    equivaldría esencialmente a lo mismo." (Fromm: 53) (7)
    .

    La "salida" ofrecida por los marxistas anglosajones como
    Miller (véase la tercera parte de su libro
    Analyzing Marx) de reconceptualizar la "base", incluyendo
    en las Fuerzas Productivas a las relaciones de producción,
    es decir teniendo en cuenta a las Fuerzas Productivas en un
    sentido ampliado no es ninguna solución. Modificando el
    orden de los factores, no se altera el producto obtenido. El
    determinismo, ya no tecnológico sino económico,
    sigue estando presente así en forma más o menos
    atenuada. Aún si se considera, como lo hacen los
    estructuralistas franceses como Poulantzas (véase su
    estudios sobre Poder Político y clases
    sociales en el Estado
    Capitalista
    ) que hay que centrarse en el Modo de
    Producción en un sentido realmente amplio, subordinando a
    la tecnología a las necesidades inmanentes del sistema, no
    se está llegando a buen puerto, pues no se está
    explicando nada y se mantiene el mecanicismo, ya no tan vulgar es
    cierto, que es un factor que no puede (¿no debe?) estar
    presente en una teoría como la marxiana.
    ¿Cuál es entonces la respuesta? ¿No
    sería acaso más conveniente resignarse a, como
    decía Daniel Bell, no alimentar nuevos mitos y tomar
    a Marx como un economicista o un tecnologista? Nosotros creemos
    que no, que otra visión no sólo es posible sino
    también más adecuada. En lo que resta de este
    trabajo, trataremos de mostrarlo.

    El primer problema que nos habíamos planteado era
    el de llegar a definir el rol que ocupa, para nuestra
    visión, la "tecnología" en el corpus del
    pensamiento de Marx. Hasta este punto, hemos afirmado que ese
    papel no puede ser protagónico, central, determinante.
    ¿Por qué? No porque, como afirman los
    estructuralistas y los analíticos, la tecnología
    esté ya determinada por el conjunto de lo
    económico, sino porque tanto lo económico como lo
    tecnológico son producto de determinadas relaciones
    sociales de producción. Pero, se preguntaría en
    seguida un objetor, ¿no es esto más o menos lo
    mismo que llevar el determinismo a lo económico,
    reduciendo (o subsumiendo) todo a estas relaciones productivas?
    ¿No seremoa así, acaso, víctimas de una
    visión esencialista al considerar al hombre como homo
    faber
    ?

    El trabajo como "work" y como
    "labour

    El problema al que nos enfrentamos es más
    sencillo de lo que aparenta. Afirmar que la tecnología se
    ve "determinada" (en sentido marxista, esto es, condicionada
    históricamente) por las relaciones sociales de
    producción no equivale a subsumir todo a un modelo
    burdamente economicista porque el concepto de "Relaciones
    Sociales de Producción" no es tomado por Marx en un
    sentido económico. Desde el momento en que se considera
    que la concepción marxiana supone un hombre que es tal en
    cuanto satisface sus necesidades de modo no instintivo (esto es
    un Sujeto productor, que con su trabajo satisface sus necesidades
    y sólo en este sentido un homo faber) se comprende
    que todo hombre es un hombre que produce, y esto no
    necesariamente en el sentido de productor objetual, un
    constructor de objetos.

    Las lecturas ligeras del marxismo (aún de parte
    de muchos marxistas) han llevado a una confusión bastante
    extendida que es de enorme gravedad, ya que supone un
    trastrocamiento de toda la teoría marxiana. Esta "mala
    lectura" conduce a pensar en el hombre como un hombre que trabaja
    para producir objetos. Sin embargo, esta visión es
    —y esta es nuestra tesis— errada. En el Modo de
    Producción Capitalista, el hombre produce objetos con la
    forma de mercancías (Marx – Engels, b: 49 y ss.). Sin
    embargo, en otras sociedades, el
    hombre produjo otro tipo de satisfactores de necesidades
    (históricas) que no llevaban impreso el doble
    carácter de valores de uso
    y valores de cambio, que no se veían fantasmatizados por
    la forma "endemoniada" forma de la mercancía. Con esto no
    se está diciendo que todo aquello que produce el hombre
    sea un objeto material. Cuando Marx afirma que los productos del
    hombre perderán su "misterio" su "carácter
    fantasmagórico" en la sociedad de productores asociados no
    está diciendo con ello que los productos del hombre sean
    exclusivamente estos objetos puros, despojados de simbolismo o de
    ideología. De hecho, no se entiende de
    dónde puede haber salido esta idea.

    El proceso que el individuo
    lleva a cabo permanentemente en su devenir no es la
    obtención permanente de objetos, sino de objetivaciones.
    La diferencia entre considerar al hombre como un productor de
    objetos y un productor de objetivaciones no es nimia. Al
    contrario, la usual confusión entre estas dos formas de
    considerar la visión de Marx es la que lleva a muchos
    autores (desde los estructuralistas a los analíticos,
    desde los hegelianos a los feurebachianos) a ver a la
    teoría marxiana como economicista, naturalista,
    positivista, mecanicista, etcétera. Una pasaje de El
    Capital
    que se contrapone a lo que acabamos de decir y que
    habitualmente se cita para mostrar el naturalismo de la
    visión de Marx es el siguiente:

    "… el trabajo es, independientemente de todas las
    formaciones sociales, condición de la existencia humana,
    necesidad natural y eterna de mediar el metabolismo
    que se da entre el hombre y la naturaleza…" (Marx – Engels,
    b: 53).

    No obstante, la cita es incompleta, porque Marx no se
    está refiriendo allí al trabajo, sino al trabajo
    útil. Las palabras que debieran estar en el lugar de los
    puntos suspensivos son: "Como creador de valores de uso, como
    trabajo útil, pues, el trabajo es…" (Ib.: 53,
    subrayado de Marx). El Trabajo Útil, probablemente uno de
    los conceptos de Marx más desatendidos en lo que respecta
    a su especificidad, es —efectivamente— lo que
    comúnmente se entiende por trabajo: la obtención de
    un objeto (valor de uso)
    que satisface una necesidad. Sin embargo, Trabajo Útil no
    es igual a Trabajo en el sentido en que lo entiende Marx. No es
    el Trabajo Útil auél que define la Esencia humana,
    sino el Trabajo a secas.

    El trabajo no es para el marxismo, como apunta Habermas
    en su Discurso Filosófico de la Modernidad, igual a
    producción material, sino a actividad de
    autoexpresión, proceso de objetivación del mundo.
    Pero "objetivación" no es "objetualización". Como
    bien lo especifica Markus (refiriéndose a la
    Historia):

    "La historia es el proceso de creación y
    continua formación del hombre por su propia actividad,
    por su propio trabajo, en el sentido de una Universalidad y una
    Libertad crecientes y la característica principal del
    hombre es precisamente esa autocreación que forma su
    propio sujeto…" (Markus: 54).

    Para que la diferencia quede en claro, sería
    bueno recuperar la diferencia entre el trabajo como "work"
    y el trabajo como "labour" de la forma en que la
    entendía Marx (8) .

    "El hecho es que el trabajo presenta dos aspectos:
    como ejecución de un trabajo es parte orgánica de
    la vida cotidiana, como actividad de trabajo es una
    objetivación directamente genérica. Marx, para
    distinguirlos se sirve de dos términos distintos: el
    primero lo denomina labour, al segundo work."
    (Heller, d: 119).

    Aquí tenemos un problema y es que esta
    visión puede inducir a la idea de que toda actividad
    humana es un trabajo como work (Heller, de quien
    extrajimos la cita, dedica varias páginas a mostrar que no
    es así). En este punto, deberíamos detenernos a
    considerar que quizás no halla aquí un "problema",
    sino, al contrario, una manera "refrescante" de considerar a la
    teoría marxiana. Totalmente conscientes de que esta
    visión es, si bien original, bastante discutible,
    queremos, pese a todo, romper lanzas en favor de ella. Cierto es
    que no podemos ofrecer citas de Marx que avalen nuestra
    posición referente a que el trabajo como work
    (proceso de "objetivación"). No obstante, pensamos que la
    idea puede rastrearse en, o más bien extraerse de, las
    ideas de Marx.

    Si consideramos, como quiere Heller en su
    Sociología de la vida cotidiana que el trabajo como
    work debe restringirse a aquello que el hombre objetiva
    como bien de uso vamos a enfrentarnos a diversos problemas, de
    hecho a los mismos que tuvieron que afrontar ella misma y su
    maestro Lukács. Por ello vamos a brindar tres argumentos
    que, nos parece, pueden dar lugar a una nueva
    interpretación, menos rigurosa para con el modelo
    marxiano, pero —creemos— más rica. Las
    implicancias de aceptar que el trabajo como work, esto es
    el trabajo como actividad, es equivalente a actividad humana no
    alienada son muchas y variadas. No trataremos de analizarlas
    aquí, en parte porque por el momento está fuera de
    nuestro alcance. Lo que sí intentaremos es mostrar que
    esta visión (la de tomar al trabajo en tanto work
    como equivalente de actividad humana (esto es, que tiene como fin
    a otro ser humano (9) ) no alienada (es decir, libre) es
    plausible dentro del paradigma
    marxiano.

    El "work" como actividad
    humana

    Consideramos al hombre como un ser de necesidades. Pero
    también como un productor de satisfactores de esas
    necesidades (10) . Usualmente, el marxismo acuerda en dar a la
    producción una primacía ontológica sobre la
    necesidad, ya que de la producción (en cuanto acto
    histórico, social) proyecta necesidades que ya no son
    pulsiones físico químicas sino históricas.
    Aquí, sin embargo sostendremos que la pregunta no es
    pertinente. Si la idea de pulsión está justamente
    relacionada con el psicoanálisis, creemos que también
    puede extraerse de esta esfera otro concepto: el de Eternidad,
    esto es el de actualidad permanente, ausencia de historia en el
    sentido de genealogía, crónica, o causalidad (11)
    .

    En tanto el hombre produce tiene necesidades. En tanto
    tiene necesidades produce. Hay tanto un efecto de necesidad como
    un efecto de producción en la actividad humana como tal.
    La causalidad queda relegada al mundo natural, pero no como
    esencial a él, sino como una objetivación humana.
    En el mundo humano, que de hecho es el único accesible a
    nosotros, no hay un punto originario (causa) y un resultado
    (efecto); no hay determinante y determinado, sino efectos
    determinados mutuamente, que se determinan en una totalidad
    concreta no reconciliada que se mueve permanentemente.

    Ahora bien, en una sociedad alienada —es decir, en
    una sociedad en la que el hombre se enajena de su producto
    (objetos y objetivaciones son ahora sobreobjetualizados), de sus
    congéneres (que son ahora sujetos objetualizados), de su
    actividad (que se convierte en trabajo objetualizado, en trabajo
    como labour) y de sí mismo (ya que se percibe como
    una cosa)—, en una sociedad tal, decimos, el hombre deja de
    percibirse a sí mismo como sujeto productor y se ve a
    sí mismo como objeto ya producido. Y es esta
    enajenación misma la que no permite la visión de
    las relaciones sociales de las que es causa/parte/efecto. En
    Los Manuscritos… Marx afirma:

    "…el obrero está, con respecto al producto de
    su trabajo, en la misma relación que está con
    respecto a un ser extraño… cuanto más se
    exterioriza el obrero en su trabajo, más poderoso se
    vuelve el mundo extraño a él; cuanto más
    se empobrece a sí mismo el obrero, más pobre se
    vuelve su mundo interior… El obrero pone su vida en el
    objeto. Pero entonces ésta ya no le pertenece; pertenece
    al objeto". (Marx, f: 110).

    El pasaje de la vida, de la capacidad del sujeto
    productor, a su producto, naturaliza, cosifica, fosiliza una
    objetivación, la convierte en inmutable. Todos los
    hombres, en su desarrollo en tanto tales realizan procesos de
    objetivación, identifican una externalidad
    (identificándose a sí mismos en ese proceso),
    mediatizan, simbolizan el mundo y así lo crean (12) . El
    problema es que, en tanto están alienados, los hombres
    —devenidos entonces puros particulares y ya no
    individuos— no sólo objetivan, sino que
    objetualizan, esto es: transforman en objeto todo aquello que les
    es externo y, en este mismo proceso, se convierten ellos mismos
    en objetos y en presas de lo que está fuera de ellos.
    Vamos a tratar de clarificar esta idea antes de avanzar
    más.

    Comencemos con un ejemplo: la naturaleza existe en tanto
    tal, tiene el carácter de diferente de lo no natural, en
    tanto el hombre la objetiva como naturaleza. En Historia y
    Conciencia de Clase
    , Lukács muestra esto con claridad
    retomando a E. Bloch. Un artista pinta un paisaje; lo puede hacer
    en tanto ese paisaje es objetivado, diferenciado de un mundo
    inconmensurable, pero también en cuanto él no se
    vea inmerso en esa objetivación, ya que si es parte del
    paisaje, ya no puede pintarlo. Esto es lo que llamamos
    "objetivación". Supongamos ahora al mismo artista,
    produciendo una pieza gráfica para publicitar una
    compañía de seguros (13) .
    Este hombre ya no sólo objetivará el paisaje, sino
    que además lo objetualizará, lo tomará como
    ya dado, ya hecho, ya puesto allí, como ya siempre objeto.
    La montaña que pinte ya no será una
    objetivación del mundo, y entonces su creación en
    tanto paisaje, sino —por ejemplo— un símbolo
    de fortaleza e intemporalidad con el que pueda identificarse a
    la empresa.
    Pero, en tanto que objetualiza el mundo, el hombre se objetualiza
    a sí mismo. En una interesante nota al pie de El
    Capital
    afirma Marx:

    "En cierto modo, con el hombre sucede lo mismo que con
    la mercancía. Como no viene al mundo con un espejo en la
    mano, ni tampoco afirmando, como el filósofo fitcheano
    "yo soy yo", el hombre se ve reflejado primero sólo en
    otro hombre. Tan sólo a través de la
    relación con el hombre Pablo como igual suyo, el hombre
    Pedro se relaciona consigo mismo como hombre. Pero con ello
    también el hombre Pablo, de pies a cabeza, en su
    corporeidad paulina, cuenta para Pedro como la forma en que se
    manifiesta el genus [género]
    humano." (Marx – Engels, b, T. 1: 65).

    Así, en tanto que el Otro le aparece como un
    objeto al hombre, él mismo se convierte en objeto. En el
    proceso productivo de la sociedad mercantil esta operación
    se produce constantemente. Las relaciones sociales de
    producción capitalistas (así como lo fueron las
    feudales) son objetivas, esto es: el producto objetivado de los
    hombres, el fruto de su actividad, de su vida como seres sociales
    (Marx, f: 116 y ss.). Pero, al mismo tiempo, esta
    objetivación de la totalidad concreta inaprehensible es
    objetualizada, con lo que pierde su carácter objetivo de
    producto de la actividad humana por el proceso que Althusser
    llama, refiriéndose a la Ideología, de "doble
    opacidad" (Althusser, a: 191 y ss.). Más claramente: la
    objetualización de las relaciones sociales de
    producción, hace que éstas pierden su objetividad.
    En otras palabras: la objetividad de las relaciones sociales de
    producción es ofuscada (ocultada) al objetualizarse
    (convertirse en dato). ¿Qué significa esto? Que al
    "velo" que toda sociedad posee, gracias al cual todos los sujetos
    pueden reconocerse en tanto seres sociales, parte de la unidad
    genérica (Marx, f: 150), se le suma un segundo velo que
    —en una extraña operación— oculta que
    exista el primero. Es por ello (y no porque suponga una realidad,
    una verdad oculta) que Marx habla de "falsa
    conciencia".

    Recapitulemos un poco. El hombre es un sujeto de
    necesidades que produce. En ese proceso de producción
    objetiva el mundo, crea parcelas, conceptos, un lenguaje; se
    crea a sí mismo y al mundo. Sin embargo, cuando se
    encuentra en condiciones de alienación, este hombre ya no
    puede percibir su poder creativo, objetivador, porque se mueve en
    un mundo que —pese a ser s obra— le aparece como ya
    dado, un mundo de objetos que le son ajenos a pesar de ser su
    propio producto. Es por eso que Gramsci puede afirmar que la
    ideología es "falsa conciencia y no obstante no
    sólo falsa".

    A riesgo de
    repetirnos constantemente intentemos dejar las cosas en claro. No
    se trata de que los objetos (en tanto productos objetuales) no
    existan. El martillo que usa un carpintero es irreductible en su
    materialidad, en este sentido no posee secreto alguno, ni el
    más mínimo, pues en tanto materialidad no es ni
    siquiera un valor de uso. Pero esto no es lo que nos importa
    aquí. En realidad, lo que nos interesa es la
    relación que se establece entre el carpintero y el
    martillo, la objetivación que hace el primero del segundo,
    y el proceso de objetualización que petrifica esa
    relación, convirtiéndola en unívoca, previa
    e inmutable, porque (y esto puede tomarse como hipótesis) la objetualización
    desobjetiva; al naturalizar deshumaniza
    .

    Volvamos ahora a nuestra idea de que el trabajo como
    work es equivalente a la actividad humana no alienada. Si
    no estamos malinterpretando a Heller, ella sostiene que se pueden
    distinguir dos tipos de trabajo. El labour es aquél
    que llevamos a cabo para satisfacer una necesidad
    orgánica, para reproducirnos en cuanto seres particulares.
    Que, con el tiempo, se halla llegado a identificar al
    labour con el trabajo alienado es harina de otro costal y
    no debería concernirnos más que en un sentido
    político (Heller, d: 122/125.). Por otro lado, el trabajo
    como work es aquél que el hombre, en tanto ser
    genérico, realiza, reproduciendo con ello la sociedad en
    la que está, "realimentando" su vida cotidiana (Ib.:
    120/122). Nuestra discrepancia con esta postura tiene su
    raíz en que mientras que aquí la autora
    húngara está proponiéndonos un concepto
    sociológico (o, al menos, uno que está entre lo
    filosófico y lo sociológico), nosotros estamos
    buscando uno filosófico (o, al menos, político
    filosófico).

    En este sentido, sostendremos una definición
    diferente del trabajo como work. En lo que respecta al
    trabajo como labour acordamos con la noción
    presentada por Heller (14) , con la salvedad de que especificamos
    que, en cuanto el trabajo labour relega al trabajo como
    work es, sí, trabajo alienado. Ahora bien,
    ¿qué entendemos por trabajo como work?
    Más arriba dijimos que lo asimilábamos a toda
    actividad humana no alienada. En efecto, desde nuestra postura,
    consideramos que toda objetivación no objetualizada es
    trabajo como work
    . Esto es decir: no
    sólo es un trabajo como work la elaboración
    de un bien de uso que no se fetichiza (como parece afirmar Heller
    en su Sociología de la Vida Cotidiana), que no
    adquiere esa "forma fantasmagórica" de la
    mercancía, sino que también lo es una actividad
    como la política (opinar, votar…) o el arte (recreación
    individual/social del mundo).

    Un primer señalamiento que se nos podría
    hacer en vista de esta definición que acabamos de dar es
    que no estamos definiendo nada, que una noción tan amplia
    del trabajo como work nos conduce a un vacío. Si de
    toda objetivación humana que no es objetualizada se puede
    decir que es trabajo, entonces, mirar un paisaje es trabajo,
    estudiar es trabajo, pensar es trabajo, hablar es trabajo… Esta
    objeción tiene todo el sentido común a su favor.
    Sin embargo, trataremos de defender nuestra definición
    determinándola un poco más.

    No todo es trabajo. Nuestra definición no afirma
    eso. Es trabajo (como work) aquél proceso en el que
    los hombres objetivan el mundo (esto es a lo externo y así
    a si mismos) y tienen conciencia de esa objetivación. En
    este sentido, la creación artística es trabajo como
    work; la teoría y la acción política
    son trabajo como work; el debate
    discursivo es trabajo como work. Pero no es trabajo como
    work la estrategia
    política (política agonal) y no lo es tampoco la
    industria
    cultural (aunque seamos sus "directores" y estemos entonces
    creándola).

    En definitiva: el proceso por el cual el hombre intenta
    la satisfacción de Necesidades "elevadas", humanas
    según la terminología marxiana, es trabajo como
    work. Si entendemos a las "necesidades humanas" como
    aquéllas que tienen como fin (y no como medio) al otro
    (Marx, f: 148), se ve claramente por qué podemos afirmar
    que nuestra idea de trabajo como work no es tan
    vacía como podría suponerse, es por eso que cabe
    resaltar la palabra humana de la definición de trabajo
    como work que venimos dando.

    Un pasaje de Los Manuscritos de París, que
    vale la pena citar aquí a modo de ejemplo,
    afirma:

    "Cuando los obreros comunistas se reúnen [a
    planificar su acción política revolucionaria]…
    se apropian… de una nueva necesidad: la necesidad de la
    sociedad y lo que parecía ser el medio se convierte en
    el fin. Fumar, beber, comer, ya no son pretextos de
    reunión o medios de
    unió. La asamblea, la asociación y la
    conversación… les bastan; en ellos la fraternidad no
    es una frase vacía, sino una verdad, y la belleza de la
    humanidad brilla en esos rostros endurecidos…" (Marx, f:
    170).

    Tecnología y
    libertad

    Al comienzo de este trabajo presentábamos la
    visión "común" que de la tecnología se
    supone tiene el modelo marxiano. Esto es: la tecnología
    libera al hombre de sus necesidades y así lo convierte en
    lo que en realidad es: un dios, un creador un dominador de la
    naturaleza, un ser genérico. Luego argumentamos en contra
    del determinismo tecnológico y de la interpretación
    economicista de las relaciones sociales de producción. A
    continuación, trajimos a colación la
    distinción marxiana entre el trabajo como work y el
    trabajo como labour, redefiniendo al primero como la
    actividad humana (que tiene como fin a otro hombre, esto es, n
    términos marxianos, radical) no alienada (esto, es libre)
    que cotidianamente llevan a cabo los individuos. En este
    apartado, nuestra intención es mostrar que la fisura entre
    el trabajo como work y el trabajo como labour es
    inextricable tanto a la sociedad mercantil como a la posmercantil
    (de productores asociados), que la idea "común" del
    marxismo es errónea, un resabio del iluminismo al que,
    probablemente, el propio Marx no pudo sustraerse.

    En su Crítica al programa de
    Gotha
    , Marx afirmaba que en la sociedad posmercantil los
    hombres se regirían por una máxima que
    rebasaría el derecho burgués:

    "En la fase superior de la sociedad comunista, cuando
    haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los
    individuos a la división del trabajo, y con ella la
    oposición entre trabajo manual e
    intelectual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de
    vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el
    desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan
    también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno
    los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces
    podrá rebasarse totalmente el estricto horizonte del
    derecho burgués y la sociedad podrá escribir en
    sus banderas: ¡De cada cual, según su capacidad; a
    cada cual, según sus necesidades!" (Marx, a:
    17).

    Asimismo, en El Capital, puntualizaba que el
    reino de la libertad sólo empieza allí donde
    termina el trabajo impuesto por la
    necesidad y por la coacción de fines externos (Marx –
    Engels, b, T. 3: 1044). Esto implica, por supuesto, la
    erradicación de la necesidad y, así, la abundancia.
    La noción de Libertad de Marx se vería entonces
    así: el hombre es libre en cuanto se libera de la
    compulsión de las necesidades. Consecuentemente, el reino
    de la Libertad adoptaría la forma de un mundo libre de
    necesidades. Esto es: para que el hombre sea un ser
    genérico, es decir para que en tanto individuo encarne a
    la humanidad toda, debe verse libre de toda compulsión,
    libre de la necesidad en el sentido de poder ya siempre
    satisfacerla. Esta sería la abolición positiva de
    la necesidad en contraste con la negativa (restricción de
    las necesidades, dictadura sobre las necesidades).

    El problema de esta línea argumentativa no es
    tanto cómo llegar a ese estado de Libertad sino si
    éste es siquiera posible o deseable. Efectivamente: siendo
    el hombre un ser temporal, mortal, finito: ¿de qué
    manera podría verse libre de la necesidad? Siendo los
    recursos escasos
    ¿cómo podría el hombre sentirse libre de
    necesidades? Centrémonos, por ahora en la segunda
    pregunta. Evidentemente, si como Marx pretendía la ciencia
    ["intelecto general" (15) ] llega a avanzar lo suficiente sobre
    el mundo material y las relaciones sociales de producción
    se transforman de tal manera que se deja atrás la
    alienación y la extracción de plusvalía
    propias del capitalismo, podríamos acceder a una
    situación donde la escasez se viera
    abatida. Ahora bien, esa situación de no escasez
    ¿sería una de abundancia? Aún si suponemos
    un estado de cosas tal que todos los hombres pueden satisfacer
    todas sus necesidades actuales, tendríamos que enfrentar
    la situación de nuevas necesidades y de nuevos hombres y,
    dado que los recursos
    naturales sí son escasos, llegamos a un
    callejón sin salida. Un problema más acuciante, ya
    no relacionado con el desarrollo tecnológico por cierto,
    es el de las necesidades elevadas, la de hombres con respecto a
    otros hombres: ¿qué pasa si yo necesito de alguien
    —lo amo— y ese alguien no necesita de mí?
    Más aún; si suponemos resueltos todos estos dilemas
    nos queda el primer interrogante planteado ¿cómo
    escapa al hombre a su condición finita?
    ¿También la ciencia
    daría respuesta a esto? Vayamos un paso más
    allá, supongamos que todo es posible ¿es deseable
    una situación en la que cada nueva necesidad, del tipo que
    sea, está ya satisfecha de antemano?

    Es probable que Marx pensara que el hombre moderno
    podía montarse sobre el trabajo acumulado a lo largo de
    toda la historia para saltar desde el reino de la necesidad
    ampliada (socialismo) al de la libertad (comunismo),
    ubicándose, como dice Heller "más allá de la
    justicia" por
    el simple hecho de aniquilar la escasez. Sin embargo, la
    abundancia no aparece mencionada como condición del
    comunismo ni en los Grundrisse ni en los Manuscritos de
    París
    , que son las dos obras que más se ocupan
    del tema de la alienación. No obstante, es posible que
    Marx abonara la idea de que la liberación de la capacidad
    humana por el uso de la máquina, que es trabajo muerto
    (pero no sólo eso), transformaría al hombre en un
    ser de necesidades satisfechas (¿un Hombre
    Nuevo?), que produciría satisfactores permanentemente
    y así transformaría todo el trabajo en trabajo
    vivo, no fosilizado ni naturalizado, sino en permanente
    crecimiento. De ser efectivamente así, Marx estaba
    equivocado, al menos en este punto. La idea de tomar a la
    tecnología como el alicate que con el que el hombre puede
    romper las cadenas que lo atan a la escasez no sólo es
    inviable en la práctica, sino, además,
    contradictoria con el resto de los planteos marxianos. De hecho,
    en la misma Crítica al Programa…, Marx afirmaba
    en contra de los lassalleanos:

    "El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La
    naturaleza es la fuente de los valores
    (¡que son los valores que verdaderamente integran la
    riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que
    no es más que la manifestación de una fuerza
    natural, de la fuerza de trabajo del hombre… Los burgueses
    tienen razones muy fundadas para atribuir al trabajo una fuerza
    creadora sobrenatural; pues precisamente del hecho de que el
    trabajo está condicionado por la naturaleza se deduce
    que el hombre no dispone de más propiedad que su fuerza
    de trabajo, tiene que ser necesariamente, en todo estado social
    y de civilización, esclavo de otros hombres… que se
    han adueñado de las condiciones materiales de
    trabajo…" (Marx, a: 10).

    Evidentemente, Marx no puede estar refiriéndose a
    una posibilidad efectiva, fáctica, cuando nos dice que la
    máxima de la sociedad comunista debe ser de cada quien
    según sus posibilidades y a cada quien según sus
    necesidades. ¿Podría, sin embargo, apuntar a un
    objetivo que sirva de ideal regulativo? ¿Podría la
    satisfacción "eterna" (en el sentido de siempre ya) de
    necesidades ser una meta imposible pero a la cual debemos
    perseguir? Nosotros creemos —en principio— que no,
    porque la aniquilación de la escasez es indeseable
    según la acepción de Libertad que el mismo Marx da
    en otros escritos, identificando a ésta con la libertad de
    la alienación y así la libertad de crear: el hombre
    es libre en cuanto se libera, no de la necesidad, sino de la
    alienación; es "más humano" no cuando se libera de
    la necesidad sino cuando sus necesidades se enriquecen y se
    humanizan. En efecto, si somos consecuentes con la noción
    de Libertad marxiana, debemos rechazar de plano el planteo
    según el cual el hombre debe aspirar a satisfacer siempre
    ya sus necesidades.

    No obstante, esto último es muy relativo.
    Sería posible revisar este concepto de "ideal" en el
    sentido en que lo hace Robert Michels con respecto a la democracia, ya
    no como regulador de la acción presente, sino como una
    práctica cotidiana como fin en sí misma que se
    realiza en el intento de conseguir el ideal:

    "El campesino de
    la fábula dice a sus hijos en el lecho de muerte que
    hay un tesoro escondido en el campo. Después de la muerte
    del anciano, los hijos escarban por todos lados para descubrir
    el tesoro; no lo encuentran, pero su labor infatigable mejora
    la tierra y
    les proporciona bienestar." (Michels: 192/193).

    La satisfacción de todas las necesidades siempre
    ya no sería entonces un objetivo posible o deseable por
    sí mismo. Sería tan sólo una idea, una meta
    que los hombres se proponen, no para llegar a ella, sino para
    crecer en tanto individuos (para "madurar" en sentido helleriano)
    en el proceso mismo. En este sentido, no hay tal cosa como un
    estado de Libertad, porque la Libertad es un trabajo; o, mejor
    aún, la Libertad es un trabajo cotidiano y
    constante.

    Podemos dar aquí un paso más. Ya dijimos
    que si fuese cierto que Marx sostenía que el en el reino
    de la libertad todas las necesidades estarían ya
    satisfechas estaba equivocado, o cayendo en una
    autocontradicción (16) . Sin embargo, hay un tipo de
    necesidades, las necesidades elevadas, humanas, que sí
    pueden estar ya siempre satisfechas. En efecto, en el reino de la
    libertad hay una escasez cuya aniquilación es posible y
    deseable a la vez: la del trabajo como work y, entonces,
    la de la participación (aquí como praxis)
    política de cada individuo. Si en la sociedad mercantil el
    trabajo como work se ve eclipsado porque es subsumido por
    el trabajo como labour, en la sociedad posmercantil
    podría esperarse la liberación del primero.
    Tratando de ser más claros: cuando Marx dice que cabe
    aniquilar la escasez puede estar refiriéndose a aquella
    escasez que es posible (y deseable) aniquilar: la de la Libertad
    humana.

    ¿La tecnología, como trabajo muerto,
    condensación de lo natural y del trabajo como
    labour del hombre, no tiene entonces nada que ver con la
    Libertad? En términos filosóficos y
    políticos, creemos que no. La tecnología, es
    cierto, no marcha aparte del resto de las actividades del hombre;
    no es autónoma, no surge por la gracia divina ni como
    fruto inherente a un Intelecto General. En tanto producto
    histórico del hombre, está condicionada
    (determinada históricamente) y, a la vez, es un
    condicionante (determinante histórico) en la medida en que
    lo es todo objeto u objetualización producido por el
    hombre; a eso se refería Marx cuando sentenciaba que el
    hombre puede hacer su propia historia, pero no en las
    circunstancias por él elegidas.

    La montaña que está interrumpiendo un
    camino puede no ser (dejar de ser) montaña por un trabajo
    del hombre sobre la materialidad de la montaña; sin
    embargo, eso no cambia el fenómeno de la montaña
    (objetualización de una materia X como
    montaña) como condicionante del proceso. Del mismo modo,
    un cierto objeto (una máquina de coser, por seguir con los
    ejemplos textiles de Marx) o una cierta objetualización
    (medidas de tiempo de las operaciones de
    cada uno de los puestos de montaje en la cadena de
    producción de la máquina de coser) son
    circunstancias históricas condicionadas y condicionantes,
    producidas por los propios hombre y, por lo tanto, pasibles de
    ser destruidas por los propios hombres, no por un acto de
    conciencia (conocimiento),
    sino por una praxis
    (aquí, acción consciente).

    Dilucidar, como intentan hacer Adorno y
    Horkheimer en la Dialéctica de la
    Ilustración
    si la técnica instrumental es ya
    ilustración, y así ya mito, y
    así ya proceso de objetualización alienante,
    requiere de un estudio aparte centrado más bien en la
    ideología que no realizaremos. Sí, en cambio,
    queremos señalar que el análisis de los frankfurtianos se acerca
    más a una suerte de demonología (es la
    técnica racional la culpable del Holocausto y
    de los campos de concentración en los Estados Unidos
    —estos últimos siempre olvidados) que a un estudio
    de corte filosófico. En este sentido, no nos parece que la
    Dialéctica… sea muy diferente a El asalto a la
    Razón
    de Lukács, que siempre ha sido criticado
    como el peor de los libros del
    filósofo húngaro.

    Por nuestra parte, nos limitamos aquí a
    señalar que no creemos que quepa dentro de la
    teoría marxiana un estudio tan reduccionista de la
    acción instrumental como los intentados por la Escuela de
    Frankfurt y algunos de sus seguidores (17) . Al menos para el
    esquema que hemos querido desarrollar en este trabajo, la
    objetualización (y, consecuentemente, la acción
    instrumental que le es congénita), es inextricable de la
    esencia humana (18) . El hombre, es cierto, produce
    objetivaciones, pero también objetualizaciones. Tanto unas
    como otras conforman mediaciones del hombre con el Mundo Material
    que es siempre inabarcable, siempre inaprehensible y siempre
    inevitable y condicionante de ese Mundo simbólico en el
    que nos movemos cotidianamente.

    Esta última idea (del mundo material como
    inevitable y condicionante) es de fundamental importancia. Muchas
    veces, remarcando el hegelianismo de Marx, se cae en un el olvido
    casi completo de Feurebach. Con esto queremos hacer referencia a
    el mundo material ya está dado en su materialidad
    abstracta. Esto es: es cierto que el hombre construye su realidad
    histórica, pero no lo hace "de la nada". Más
    allá de las objetualizaciones y de las objetivaciones hay
    un plus imposible de erradicar en tanto tal (aunque pasible de
    ser velado): la materia que funciona como referente necesario. El
    hombre puede evitar a la materia ocultándola de su campo
    de reconocimiento, pero no puede dar el
    salto —definitivo— a la nada, pues en ese
    movimiento deja de ser hombre; en un esfuerzo de
    imaginación podríamos seguir pensando en él
    como un organismo (material físico químico), pero
    ya no es hombre. Esta idea, a su vez, implica a otra: que entre
    el hombre y el mundo material siempre hay una distancia, un
    espacio vacío; en el momento en que intentamos anular la
    mediación (y así la distancia) acabamos con los
    elementos mismos. Es por eso que la noción de ser
    genérico en Marx tomada literalmente no es consistente con
    el resto de las ideas marxianas
    . Algo similar sucede en el
    campo de la física: la fusión que
    se produce cuando el vacío al interior de los
    átomos es eliminado hace que la masa deje de existir,
    quedando "tan solo" la energía
    (atómica).

    Pero regresemos a la pregunta: ¿qué
    relación hay entre la tecnología —tal como la
    definimos cinco párrafos más arriba— y la
    libertad como trabajo? Digámoslo pronto: una no necesaria.
    Además de estar condicionada, la tecnología, en
    tanto conjunto de prácticas presentes y pasadas (trabajo
    vivo y muerto, condensación de una porción de la
    naturaleza y del trabajo como labour actual y pasado
    —objetualización—) condiciona la Lucha de
    Clases, categoría que hasta cierto punto podemos segur
    utilizando por razones de comodidad pero que conviene dejar de
    lado por la de praxis política. Esto es: la
    tecnología tiene en el desarrollo de la praxis
    política un papel tan protagónico como cualquier
    otra objetualización.

    Ahora podrían preguntarnos: ¿era necesario
    un desarrollo tan complejo, tan intrincado, para hacer lo que
    otras teorías hacen de una manera tan simple y sencilla
    (relegar a la tecnología). Nuestra opinión es que
    sí porque —en primer término— el modelo
    marxiano no puede, si quiere ser consecuente y coherente y no
    ofrecer definiciones que parezcan emparches extemporáneos,
    dejar de lado toda esta argumentación. Además
    —y esto nos parece fundamental— es sólo
    atravesando este largo camino que podemos ver que la democracia
    no es una mera técnica para dirimir conflictos
    políticos, sino un trabajo, un trabajo cotidiano por la
    liberación del hombre.

    Sin embargo, proponer que el mundo como tal sea un
    conjunto de objetivaciones no implica que estemos en un mundo de
    contingencia radical, al estilo de los posestructuralistas
    (Laclau, por ejemplo). Toda teoría lingüística con referente implica una
    relación necesaria entre la palabra que nombra y lo que es
    nombrado. Se cae entonces en una de dos opciones: por un lado el
    nominalismo (la definición "da vida" a lo definido) por el
    otro la substantivación (lo definido —el objeto ya
    en sí y para sí— "da vida" a la
    definición). Ahora bien, se supone que toda teoría
    que carece de referente implica una relación contingente
    entre lo que se nombra y lo que es nombrado, elementos entre los
    que a su vez se supone una ausencia. ¿Cómo encaja
    el marxismo aquí? Los teóricos del Diamat se
    ubicaron siempre, sin mayores problemas, en la segunda de las
    posiciones de la teoría del referente, sin notar que con
    ello (o, si no queremos ser ingenuos, pensando justamente que con
    ello) estaban finalizando con la idea del hombre como creador
    para caer en el mecanicismo más burdo, lo que a su vez
    conduce a la despolitización total: el sujeto ya no hace
    nada más que atenerse a lo que ya está inscripto en
    la materia, capta lo que el objeto ya es al definirlo, al
    apropiarse de él; es cierto, ya no es una tábula
    rasa, pero tampoco es un creador; su papel es a lo sumo el de un
    prestidigitador. ¿Cuál es la otra opción si
    además no queremos volver a Hobbes? El llamado posmarxismo
    se presenta entonces como una idea atractiva por demás: la
    política vuelve con él a un primerísimo
    plano y la idea de responsabilidad recobra valor. Sin embargo,
    más allá de lo estrictamente teórico, hay
    ciertas cosas que no "cierran" (en una teoría donde, al
    contrario que en las tesis de —por ejemplo—
    Baudrillard, se presupone que todo debe cuajar) . En una realidad
    simbólica contingentemente radical ¿por qué
    elegir a la democracia por sobre la dictadura?

    Aquí, nuestro problema (el del marxismo) vuelve a
    presentarse en toda su crudeza: ¿puede la
    dialéctica ofrecer una salida a esta encerrona?
    ¿puede pensarse en un giro lingüístico que,
    sin caer en una contingencia radical, se desvincule —al
    menos en cierta medida— del referente en tanto tal?
    Nosotros creemos que sí; aunque no podamos presentar
    aquí, en este trabajo, los argumentos necesarios. creemos
    que la diferenciación entre el mundo inabarcable, el
    objeto y lo objetivo puede hallarse una veta sobre la que
    trabajar en este sentido. El camino que pretendemos emprender nos
    parece harto difícil, pero no imposible. Así como
    es posible redefinir los conceptos de mundo, de hombre, de
    trabajo, de tecnología y de democracia, podría no
    ser descabellado continuar actuando sobre la diferencia entre
    objetivación y objetualización para dar un "salto"
    lingüístico desde el marxismo y ya no un giro contra
    él.

    La materialidad irreductible en la que vive el hombre
    (la naturaleza, la vida como continium orgánico
    finito) funciona como un referente último (Esto es: la
    guerra del
    Golfo puede no haber existido, pero los soldados muertos
    están muertos), pero un referente siempre ya,
    eternamente (en el sentido en que aquí hemos usado
    el término), determinado (condicionado
    históricamente) por los símbolos que a su vez están
    siempre ya determinados por lo material irreductible. Como
    dice Voloshinov: "La vivencia —lo expresado y su
    objetivación externa— están hechos… del
    mismo material. No hay vivencia fuera de la encarnación
    sígnica" (Voloshinov: 120).

    Lo anterior no implica que estemos proponiendo
    aquí volver al estructuralismo de tipo althusseriano, donde todo
    podía entenderse por una serie discreta de determinaciones
    y sobredeterminaciones. Proponemos, sí, una nueva
    reflexión sobre (y una recuperación de) algunos
    conceptos del teórico francés, como los de efecto,
    eternidad, interpelación y doble opacidad. Los
    símbolos son siempre puestos en juego por
    sujetos concretos y su resultado de significación y/o
    comprensión depende siempre del intercambio entre esos
    sujetos concretos. Es en este terreno, en la práctica
    intersubjetiva, donde la unidad del símbolo se convierte
    en polisemia, allí es donde la libertad significativa o
    comprensiva comienza a desplegarse. En cada acto de habla hay un
    horizonte de respuesta, por eso todo lenguaje es dialógico
    ab ovo y así práctico y así
    histórico. Una vez aceptado lo uno, se nos ocurre, no
    podemos obviar lo otro. De este modo, cada acto de habla es
    histórico; está determinado por un entrecruzamiento
    concreto, por
    una "lucha" entre los sujetos hablantes que —aunque
    inmersos en una metáfora— están, precisamente
    y como su nombre lo indica, sujetos a ciertas condiciones que van
    necesariamente más allá de lo estrictamente
    simbólico; para ser más precisos: los hombres
    están siempre sujetos a su condición
    finita.

    No hay que malinterpretar esto último: no se
    trata de pensar a los sujetos como marionetas en las manos de un
    destino ya definido. Al contrario, podríamos incluso
    aceptar la caída del referente, pero aún así
    cabría apuntar que las producciones simbólicas no
    son equivalentes; si algunas son fundamentales, otras no lo son;
    la importancia (al menos en términos de efecto) de los
    distintos productos simbólicos es desigual. En todo caso
    no se trata de un devenir radicalmente contingente, sino de los
    resultados de las acciones de
    los sujetos. Recuperar la dialéctica como praxis es, en
    suma, el desafío. Recuperar a la Libertad como valor (y ya
    no como abstracción o como hecho) es el trabajo. Al fin y
    al cabo, pensar a la política como un trabajo no alienado
    (trabajo como work) es retornar a una de las definiciones
    más clásicas de la política, la
    política como el reino de lo posible, vale decir de la
    Libertad.

    Bibliografía

    • (W.) Adorno, Theodor y Horkheimer, Max:
    Dialéctica del iluminismo. Editorial Sudamericana –
    Editorial Hermes. México D.
    F., 1994.

    • Althusser, Louis, a: La
    Revolución Teórica de Marx.
    Siglo XXI Editores.
    Biblioteca de
    Pensamiento Socialista. Serie Ensayos
    Críticos. 23º Edición. México D. F.,
    1988.

    • Althusser, Louis, b: Tres notas sobre
    psicoanálisis
    en "Escritos sobre Psicoanálisis
    Freud y
    Lacan". Siglo XXI Editores. México D. F.,
    1993.

    • Cohen, Gerald: Karl Marx’s Theory
    of History: A defense
    . Princetown University Press. New
    Jersey, 1978.

    • Cohen, Gerald b: Forces and
    relations of production
    en "Analytical Marxism", Roemer, J.
    ed., op. cit.

    • Eagleton, Terry: Ideología.
    Paidós, Paidós Básica. Barcelona,
    1997.

    • Elster, Jon: Una Introducción a Karl Marx. Siglo XXI
    Editores. México D.F., 1992.

    • Freud, Sigmund: Trabajos sobre
    Metapsicología
    . Apunte de la cátedra
    Teoría Crítica. s/d, s/f. Obra de 1915.

    Geras, Norman: The Controversy
    About Marx and Justice
    en "The New Left Review" Nº150.
    Marzo – Abril de 1985.

    Geras, Norman: Bringing Marx to
    Justice: An Addendum and Rejoinder
    en "The New Left Review"
    Nº195. Septiembre – Octubre de 1992.

    • Gramsci, Antonio: El materialismo
    histórico y la filosofía de Benedeto Croce
    .
    Editorial Nueva Visión, 5º Edición. Bs. As.,
    1997.

    Habermas, Jürgen: El
    discurso
    filosófico de la modernidad(doce
    lecciones)
    . Ediciones Taurus – Altea – Alfaguara. Madrid,
    1989.

    • Heller, Agnes a: Crítica
    de la Ilustración
    . Ediciones Península.
    Barcelona, 1984.

    Heller, Agnes b:
    Teoría de las necesidades en Marx. Ediciones
    Península. Barcelona, 1978.

    • Heller, Agnes c: Más
    allá de la Justicia
    . Planeta – De Agostini. España
    (s/d), 1994.

    • Heller, Agnes d:
    Sociología de la vida cotidiana. Ediciones
    Península. Barcelona, 1994.

    Jameson, Fredric: Teoría
    de la Postomodernidad
    . Ediciones Trotta. Madrid,
    1997.

    • Laclau, Ernesto y Mouffle, Chantal :
    Hegemonía y Estrategia Socialista. Siglo XXI
    editores. México, DF, 1986.

    • Laclau, Ernesto y Zizzek Slaloj: Nuevas
    reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo
    .
    Nueva Visión. Buenos Aires,
    1994.

    • Lukács, Georg : Historia y
    Conciencia de clase
    . (2 tomos) Sarpe. s/d, 1985.

    • Marcuse, Herbert: El hombre
    unidimensional.
    Planeta – De agostini. Barcelona,
    1993.

    • Markus, Giörgy: Marxismo y
    antropología.
    Grijalbo. Barcelona,
    1974.

    McCarney, Joseph: Marx and
    Justice again
    en "The New Left Review" Nº195. Septiembre
    – Octubre de 1992.

    • Marx, Karl y Engels, Friedrich a:
    El Manifiesto Comunista en el Tomo I de "Carlos Marx y..",
    op. cit.

    • Marx, Karl y Engels, Friedrich b:
    El Capital. (3 tomos, 8 volúmenes) Siglo XXI
    Editores, 3ª edición. México D. F.,
    1984

    • Marx, Karl y Engels, Friedrich c:
    Cartas en el Tomo II de Carlos Marx y…, op.
    cit
    .

    • Marx, Karl a: Crítica al
    Programa de Gotha
    en el Tomo II de "Carlos Marx y…", op.
    cit
    .

    • Marx, Karl b: El 18 Brumario de
    Luis Bonaparte
    en el Tomo I de "Carlos Marx y…", op.
    cit
    .

    • Marx, Karl c: La Lucha de Clases
    en Francia de
    1848 a 1850
    en el Tomo I de "Carlos Marx y…", op.
    cit
    .

    • Marx, Karl d: La Guerra Civil en
    Francia
    en el Tomo II de "Carlos Marx y…", op.
    cit
    .

    • Marx, Karl e:
    Contribución a la Crítica de la Economía
    Política
    . Siglo XXI Editores, 4º Edición
    en español.
    México D. F., México.

    Marx, Karl f: Manuscritos de
    1844, economía
    política y filosofía
    . Editorial Arandu. Bs.
    As., 1968.

    Marx, Karl g::
    La Cuestión Judía en "La Sagrada Familia y otros
    escritos". Editorial Grijalbo. México D. F.,
    1958.

    Michels, Robert: Los Partidos
    Políticos. Un Estudio sociológico de las
    tendencias oligárquicas de la democracia moderna
    . (2
    volúmenes) Amorrortu Editores. 4º reimpresión.
    Buenos Aires, 1991.

    Miller, Richard: Analyzing Marx.
    Moral, Power
    and History
    . Princetown University Press. New Jersey,
    1984.

    Morresi, Sergio: La Libertad y
    la Necesidad de hacer Política.
    Revista "I
    como Icaro" Nº2, Buenos Aires, 1997.

    Morresi, Sergio y Amadeo, Javier:
    La Libertad: más acá y más allá de
    la Justicia.
    Trabajo presentado al Concurso de Jóvenes
    Investigadores organizado por la Dirección de Carrera de Ciencia
    Política.

    Poulantzas, Nicos: Poder
    Político y Clases sociales en el estado capitalista
    .
    Siglo XXI, 26º Edición. México D. F.,
    1994.

    • Roemer, John ed.: Analytical
    Marxism
    . Press Syndicate of the University of Cambridge. New
    York, 1993.

    • Rorty, Richard: Contingencia,
    ironía y solidaridad
    . Paidós. Barcelona,
    1994.

    • Soper, Karl: Marxism and Morality
    en "New Left Review" Nº163. Mayo – Junio de 1987.

    Voloshinov, Valentin: El
    Marxismo y la filosofía del lenguaje
    . Alianza
    Editorial. Madrid, 1992.

    Zizek, Slaloj: El sublime objeto
    de la ideología
    . Siglo XXi Editores. México D.
    F., 1994.

    Notas

    1. Para una discusión más profunda de la
      relación entre el concepto de Libertad y el de
      Alienación (que aquí es sobreentendida)
      véase nuestro trabajo La Libertad: más
      acá y más allá de la
      Justicia.
    2. No vamos a discutir aquí el desafío
      presentado por los pensadores posestructuralistas. Sin embargo,
      sí aclaramos que —efectivamente—fueron
      algunos de los planteos de Laclau, Zizek y Rorty los que nos
      movieron a realizar este trabajo.
    3. Una interesante discusión sobre este aspecto
      (de sentido común, por otra parte) de las posiciones
      posmarxistas puede encontrarse en los últimos
      capítulos del trabajo de Terry Eagleton:
      Ideología.
    4. El determinismo tecnológico implica varias
      series de temas que no analizaremos aquí, pues nos
      centraremos exclusivamente en los correlatos que esta corriente
      tiene para nuestro estudio.
    5. El darwinismo social es un buen ejemplo. No obstante,
      las posiciones de Comte se acercan en ciertos puntos al
      determinismo tecnológico. La escuela societécnica
      sueca (la que predijo el derrumbe del modo de regulación
      taylorista keynesiano) también abona a ciertas pautas
      del determinismo tecnológico. Las posiciones de la
      socialdemocracia alemana, tan disímiles en muchos
      puntos, parecen converger aquí (véanse los
      trabajos de Bernstein y Adler como ejemplos). La célebre
      "Biblia" de Ostwald también presenta un caso de
      determinismo tecnológico.
    6. El vocablo germano "bedingen" puede traducirse
      aquí por "condiciona". Bedingung (sustantivo
      femenino) equivale a condición.
    7. El estudio de Erich Fromm, Marx y su concepto del
      Hombre
      , que según nuestra óptica, yerra el tiro en muchos aspectos
      al interpretar los Manuscritos Económico
      Filosóficos marxianos, tiene, sobre este punto en
      particular, toda la razón. Como veremos más
      adelante, las implicancias que tiene el determinismo
      tecnológico no se refieren tan sólo (como
      pretenden algunos marxistas analíticos, tales como
      Miller y Cohen) a la concepción marxiana de la historia,
      sino que se refieren a toda la teoría marxiana (esto es
      en parte explicable, justamente, por el carácter
      analítico del estudio de esos autores).
    8. Como se verá, esta diferenciación no se
      relaciona en absoluto con la que hará Hannah Arendt en
      La condición Humana.
    9. Aquí pasamos por alto la relación de
      esta idea con la segunda formulación del imperativo
      categórico kantiano. No obstante, en un trabajo
      más fino sobre esta idea, esta relación
      debería ser bien trabajada.
    10. Para un estudio más profundo de esta idea, el
      mejor trabajo, nos parece, es el de Agnes Heller:
      Teoría de las Necesidades en Marx. En él
      nos basamos para nuestros planteos sobre el tema. Sin embargo,
      la diferenciación que hace esta autora entre necesidad y
      pulsión (diferencia entre hombre y animal) es bastante
      discutible (véase el primer capítulo de su
      Sociología de la Vida Cotidiana). Al respecto
      nosotros preferimos usar la noción feudiana de
      pulsión (Freud: 116 y ss.).
    11. Al respecto, véanse las Tres Notas sobre
      Psicoanálisis
      de Althusser.
    12. Las diferencias entre los conceptos "objeto",
      "objetivo", "objetivación" y "objetualización"
      están extraídas de Historia y Conciencia de
      Clase
      de Lukács. Muy sucintamente, podemos decir que
      el proceso de objetivación da lugar a (¿crea?) un
      "objetivo", una externalidad, un "ente" diferente al sujeto que
      puede ser un Otro, otro sujeto (yo, diferente a mi hermano), o
      un objeto (yo diferente a esa montaña). En
      contrapartida, el proceso de objetualización, produce un
      "objeto", una cosa que no sólo es externa, sino que
      aparece como ya dada, inmutable, fosilizada, reificada (yo y la
      montaña).
    13. Pedimos disculpas por lo burdo del ejemplo, pero
      nuestra intención es que quede clara la
      diferencia.
    14. De hecho tenemos algunas dudas al respecto, pero
      preferimos dejarlas en suspenso por ahora.
    15. Marx, ciertamente, tuvo una relación bien
      ambigua con el concepto de "ciencia". Al respecto, afirma
      Heller: "Marx, en efecto, fue el heredero más leal de
      la
      Ilustración… eliminaba al conocimiento
      científico, y a la ciencia en general, de la lista
      de las autoridades heterónomas, esclavizadoras del
      hombre. La ciencia no figura jamás entre los elementos
      integrantes de la superestructura… [Aparece ] como una
      capacidad intrínseca asociada a la autonomía…"
      (Heller, a: 325). También, véase al respecto
      La Revolución Teórica de Marx de
      Althusser.
      No obstante la evidencia en apoyo de estas visiones con
      respecto al pensamiento marxiano, es claro que esta postura
      (que sí está en Marx) es claramente
      contradictoria con el resto de la teoría. Si la ciencia
      está por fuera del proceso general de las relaciones
      sociales de producción, aparece entonces fuera de la
      historia, como parte de la condición humana. Ahora bien,
      si esto es fácilmente afirmable del trabajo en general,
      es muy difícil sostenerlo sobre la ciencia (al menos
      sobre la ciencia iluminista).
      En este trabajo no podemos profundizar sobre este aspecto que
      queda entonces como una cuestión —no poco
      importante, por cierto— abierta. Para evitar confusiones
      dejamos en claro nuestra posición: no importa lo que
      diga expresamente Marx, para la teoría marxiana es
      inaceptable que la ciencia adopte ese carácter de
      intelecto general, por encima o por fuera de las relaciones
      sociales de producción.
    16. Sin embargo, creemos que Marx no afirmaba eso.
      (Véase Marx – Engels, b, T. 3: 1044).
    17. Y aquí incluimos, hasta cierto punto, a J.
      Habermas.
    18. Obviamente, en el sentido marxiano. La idea de
      esencia en Marx no se refiere a una esencia metafísica, sino como sostiene Dussel una
      construcción abstracta del objeto para su
      conocimiento (Dussel: 32).

    Este texto se encuentra bajo licencia Creative
    Commons

    Sergio Morresi (*) – Javier Amadeo
    (**)

    (*) Sergio Morresi es licenciado en Ciencia
    Política de la UBA y ayudante en las cátedras
    "Teoría Política y Social II" y "Teoría de
    la Ideología" en la Facultad de Ciencias
    Sociales de la UBA.

    (**) Javier Amadeo es licenciado en Ciencia
    Política de la UBA y ayudante en la cátedra
    "Teoría Política y Social I" en la Facultad de
    Ciencias
    Sociales de la UBA.

    Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.

    Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.

    Categorias
    Newsletter