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Amado Nervo. Revista Esfinge (página 2)



Partes: 1, 2

 

Hay que ofrecer originalidad, pero de ésa que
proviene de la sinceridad del corazón,
del fondo de nosotros mismos. Seamos como la Naturaleza.
¿Habéis visto mayor originalidad que la suya?
Siempre distinta pero siempre la misma.

Pensaba que ya todo estaba dicho; que aquel que
pretendía decirnos algo nuevo no se había molestado
en leer a los clásicos, que lo que podemos hacer es dar
nueva vida a las viejas ideas de siempre. Como dijo en su
poema:

(…) Hablemos cual los Dioses que siempre hablan lo
mismo.

Mas al decir amor, dolor,
muerte,
digámoslo en verdad.

Con amor, dolores y con muerte!

En un país y unos años en que los libros
tenían poca demanda, Amado
escribió artículos cortos, sobre todo en
periódicos y revistas. Y si lo hizo por un motivo natural
de supervivencia, puesto que vivía de su pluma, un motivo
superior intelectual le movió a ello: un ansia por
alcanzar la sobriedad, la síntesis,
la concreción.

Nunca insistió en el malabarismo de los giros, no
se vanaglorió nunca de un estilo deslumbrador; el secreto
de su estilo estaba en el otro extremo: el de la discreta
elegancia, decir lo que hay que decir sin hojarasca de palabras
inútiles; para comunicar lo que se necesita es la palabra
justa.

Implicó su pluma, su corazón y su obra en
el desarrollo de
la cultura de su
país y de América. Nuestra cultura, hija luminosa de
Grecia y
Roma, ha vencido
siempre con cantos. El canto suaviza el alma y anima
el unánime esfuerzo.

No se detenía tampoco a la hora de criticar las
faltas de su
sociedad;
enemigo de la demagogia, la hipocresía y las clases
apoltronadas mientras su pueblo estaba hambriento de una
verdadera cultura que le enseñara a pensar por sí
mismo, proponía una formación filosófica,
cívica, moral, que
enseñara a los jóvenes que el trabajo
esforzado por levantar un país es como el aceite que nos
va ungiendo poco a poco para la posteridad; nos hace flexibles,
maleables, fuertes.

Uno de sus más bellos sueños era que las
montañas y los valles de Méjico se llenaran de
"colmenas", es decir, de escuelas donde los indios de la
montaña estudiaran y trabajaran (y su canto fuese como el
rumor que producen las abejas cuando laboran). Nervo
soñó esa escuela de la
montaña como la cuna de un Méjico consciente,
fuerte, bueno, sosegado, activo y feliz.

¡Qué pocos escritores, qué pocos
poetas han tenido la humildad y el santo valor de
dedicar su obra a los niños,
a las gentes ignorantes, a fin de ser comprendidos, disminuyendo
la altura de sus ideas, desmigajando su pensamiento, y
ello sin dejar de ser grandes hombres!

Por eso dedicó varias de sus obras a los
niños, entre otras los Cantos escolares, cuentos
infantiles; escribió varios artículos dedicados
a estimular la literatura
infantil, pues consideraba al niño un huérfano
en el ámbito artístico, aún cuando de su
educación
dependía el futuro del mundo.

Jamás puso su confianza en los sistemas ni en
los gobiernos; él creía en el hombre, en
la responsabilidad histórica que nos obliga a
cada uno a mejorar, aunque sólo sea un átomo, la
herencia
cultural que hemos recibido del mundo, a través del
crecimiento individual, por contagio, con un ejemplo que se
extienda y barra los egoísmos y la
indiferencia.

Cada hombre tiene
su propia función y
es una pieza única y necesaria para completar ese
maravilloso y divino puzzle que es una humanidad digna y
fraterna. ¡Feliz el hombre que durante su breve
tránsito por la tierra
procuró cada día de su vida ser mejor y más
bueno que la víspera!

De ahí el poder de
convicción y contagio que poseía su palabra humana
y cándida, porque era tal su entusiasmo y su vivencia
desde los huesos hasta las
estrellas, que continúa conmoviendo el alma de quien lee
su verso profundo y su prosa fruto de un pensamiento claro y
sincero.

EN EUROPA

En 1900, reconocido por sus múltiples trabajos,
sus Fuegos fatuos, sus Semblanzas íntimas, sus
crónicas de teatro e incluso
una zarzuela, recibe la propuesta de viajar a París en
misión
periodística. Allí contacta con el corazón
de una poderosa corriente de renovación: Goethe, Schiller,
Swedenborg, Valle-Inclán, Rubén
Darío… Su camarada Rubén.

Su lucha por el renacer de la cultura hispanoamericana
selló entre ambos una mutua admiración y una gran
concordia.

Darío fue de los pocos que conoció la
situación de miseria que Nervo pasaba en París. No
tenía siquiera para encender el fuego del cuartucho donde
vivía, y para ganarse el pan traducía libros a
destajo en francés durante noches enteras; enfermo como
estaba, jamás perdió el ánimo y el
espíritu de lucha. Continuaba redactando infinidad de
artículos para medios de
comunicación de Méjico, Buenos Aires,
Cuba
¡Cuántas tardes había recorrido las
librerías en busca de material inaccesible en su
país para enviárselo a sus compañeros
recomendándoles su lectura!
Siempre dispuesto, no había carta de tantas
que recibía de jóvenes literatos pidiéndole
un consejo, una crítica, que no recibiera una palabra de
ánimo, una recomendación a algún editor, una
crítica constructiva que les impulsara a desarrollar su
creatividad
literaria.

Así repartía su tiempo entre
la literatura y
la investigación.

Un hombre sano y fuerte espiritualmente será sano
y fuerte ante cualquier circunstancia que le plantee la vida. De
ahí que, tomando ejemplo de su amiga la araña,
pequeña protagonista de su obra autobiográfica Los
Balcones, tenaz, laboriosa, serena y persistente, fue
clarificando su pensamiento para volcarlo al mundo.

RETORNO A MÉJICO

Su situación en París se agrava ya que no
recibe subvención alguna desde Méjico para
continuar la labor comenzada. Ante la propuesta de volver a su
país dejando a medias el trabajo,
decide cumplir con su palabra aunque tenga que asirse de lo
inasible. Quizás se repitiera a sí mismo esas
palabras que con tanta fuerza
grabó en nuestros corazones:

No te resignes antes de perder definitiva,
irrevocablemente la batalla que libras. Lucha
erguido(…)

(…)sabes tú si el instante en que ya fatigado
desesperes es justo aquel que a la realización de tu ideal
precede?

Una fe vencedora de todas las adversidades, en la
sabiduría de la naturaleza, fue la rueca que hiló
su propio destino.

Jamás exclames: ¡Injusticias de la suerte!
Dios no tiene por qué intervenir en las sanciones de los
actos. Cada acto lleva en su germen mismo el premio y el castigo,
como en cada bellota está la encina. Lo que te acontezca
es lo único que debe acontecerte, y el Universo
entero no aplastará sin razón a la más
pequeña hormiga. ¡La vida, como la tierra, no se
queda nunca con nada de nadie!

Como él mismo nos recuerda en ese íntimo y
bellísimo libro dedicado
a su Amada Inmóvil, una noche de agosto en que el tedio
parecía llenar el aire irrespirable
de su cuartucho y se había perdido por sus tan queridos
jardines de París, conoció a Ana Cecilia, el gran
amor de su vida.

Regresó a Méjico en 1902. Nervo
criticó duramente, no sin proponer alternativas
constructivas, la plaga de utilitarismo que había barrido
la bruma azul del ensueño e invadido las aspiraciones y
actitudes de
los hombres, desbancando a los grandes ideales en la Historia. Su
preocupación mayor era el individuo, el
huérfano triste y pensativo que sumido en la ignorancia y
buscando en lo efímero, no llegará nunca a
nada.

Las teorías
políticas enarbolaban quimeras, las viejas
religiones
habían perdido el don de universalizarse; había que
buscar en lo profundo el alma de los seres: Todas las cosas
tienen un alma, pero para oírla hay que acercar el
oído al
vasto pecho de la tierra, y sí, entonces escucharemos los
cien mil latidos de sus cien mil corazones ¡El Universo entero
está vivo!.

La batalla del Modernismo
literario fue descubrir nuevas palabras, nuevas ideas, que les
permitieran descifrar el pulso del alma universal, su música, su ritmo y
color.

Estos años en Méjico fueron de gran
fertilidad artística. La Lira Heroica, El Éxodo,
Las Flores del camino, y su más preciado libro dedicado a
Sor Juana de Asbaje.

Junto con Jesús Valenzuela, cumplió un
viejo sueño: dirigir La Revista
Moderna de México,
desde donde impulsar la creatividad literaria.

Consigue su cátedra de castellano en la
Escuela Nacional Preparatoria y es nombrado Inspector de Enseñanza de Literatura, cargos que le
permitieron influir en la educación de su
país y en la defensa de la pureza de la Lengua
Española.

En 1905 la Diplomacia le reclama para ejercer el cargo
de 2º Secretario de la Legación de Méjico en
España.

EN MADRID

Era el diplomático perfecto: grave y austero en
las tareas administrativas, profundamente social e imbuido de
distinción con la indumentaria oficial.

Desde Madrid
viajó por toda Europa
enamorándose de cada ciudad, de su gente, de sus paisajes
y su arte. De
ahí sus bellísimas crónicas de viajes.

Fue un asiduo visitante del Ateneo madrileño,
donde asomó su brillante capacidad oratoria en
conferencias cuyos temas asombraron a más de uno en el
campo de la astronomía o de la vida en otros planetas.

Sin la noche el hombre no pensaría nada, no
sabría nada. Durante el día vemos a nuestro padre
Sol, pero la noche nos muestra los
millones de soles que iluminan los millones de mundos. ¡Es
triste que este enjambre de brillantes gire sobre nuestras
frentes sin que ellas se alcen hacia ellos. De ahí vienen
todos los males, de que no miramos las estrellas!

Ahora sus versos carecen de procedimiento;
los construye casi inmateriales, decorados con sutiles juegos de
asonancias, queriendo incluso evitar la rima.

No más música… Pero algo mejor que el
sortilegio antiguo:

el amor, el amor por
todo, a todos.

Por ver si hay un dolor, una negrura que puedas alumbrar
con luz de
estrellas.

Con la muerte de
su amada recibió el más duro golpe de su vida. El
esoterismo y la filosofía
oriental influirán su pensamiento y su obra: karma,
reencarnación, unidad universal, en versos profundos,
bellos, impregnados de la voluntad de clavarse en lo más
hondo de nuestro ser.

El dolor es un divino alquimista; sí, nos sacude
con sus garras pero siempre, sin excepción, nos levanta, y
cuando nos suelta ya no vemos lo pequeño sino lo
grande.

En 1914 Méjico corta sus lazos exteriores debido
a la Revolución
y de nuevo su pluma es el único medio de subsistencia. Las
Cortes españolas le concedieron una pensión anual
en vista de su precaria situación económica, que
él mismo declinó aceptar amablemente.

Una vez la situación en Méjico se
estabiliza, la Legación le vuelve a precisar y a sus 48
años, ya bastante agravada su enfermedad y acostumbrado a
una vida más recogida, parte hacia América
después de 13 años.

Comienza una vida ajetreada; celebraciones en su honor,
actos benéficos, conferencias.

En la primavera de 1919, se despide de sus
compañeros más cercanos y parte hacia Montevideo en
misión diplomática.

El 24 de mayo de ese año
falleció.

En noviembre de ese mismo año, desde Uruguay
salió una fragata portando los restos del poeta para
llegar a Méjico; a ella se fueron uniendo fragatas de
todos los países cuyos mares cruzaban: Brasil, Venezuela,
Argentina, Cuba, y entre un coro de trescientas mil almas le
llevaron a la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Todos los países llevaron sus banderas, sus
armadas navales y de tierra sus marchas triunfales, y en la
Universidad de
Méjico le rindieron homenaje para despedir a Amado
Nervo.

PENSAMIENTO ESTOICO

Su afinidad con el Estoicismo romano marcó
determinantemente su estilo de
vida: austero, a veces porque se vio obligado a ello, y otras
por elección propia, bajo un propósito firme y
esforzado de superación de sí mismo.

Hay que Vivir, no pasar por la Vida. Vivir es mirar,
observarlo todo de fuera adentro, sobre todo adentro, y descubrir
la naturaleza de nuestra alma.

La vida es sortear la piedra, el hoyo, la bestia, el
hombre, que nos cortan el paso, y si algo nos vence y caemos,
caer mil veces y levantarse mil veces y seguir andando, es cosa
tan bella que regocija el Universo (…) y regocija el alma con
la dicha de vencer a cada instante y de sentirse dueña de
sí misma, libre.

LA MUJER

La mujer porta, aun
sin saberlo, el amor que une y nutre, la belleza que dulcifica y
enaltece la vida, la sabiduría que orienta y da sentido a
todo lo que hacemos.

El proverbio persa dijo: No hieras a la mujer ni con
el pétalo de una rosa.

Yo te digo: No la hieras ni con el
pensamiento.

LA MUERTE

No temas la muerte; la muerte no existe, es una
ilusión, la última ilusión de esta vida.
Nada de lo que es natural debe amedrentarnos, pues todo lo que
vive en pleno contacto con la Naturaleza muere en una apacible
serenidad.

El miedo a la muerte no es natural, es impuesto por un
aparato falso de castigos posteriores, de dolor eterno y
oscuridad infinita, pero es mentira, porque el que sabe ya no
teme.

Rodeado de sus íntimos amigos, en espera de la
muerte, pidió con su cortesía usual que le abrieran
la ventana para ver el sol, dio
gracias a todos y murió en paz con la vida y con la
muerte.

Bibliografía

  1. Amado Nervo. Obras completas. Edic. de Francisco
    González Guerrero y Alonso Méndez
    Plancarte.
  2. Tránsito de Amado Nervo. Alfonso Reyes
    1914-1929. México.
  3. Amado Nervo. Homenaje a la memoria
    del poeta organizado por la Universidad Nacional 1919.
    México.
  4. Rubén Darío y la búsqueda
    romántica de la unidad. Longins Frade, Catty. Fondo
    Cultura Económica.
  5. Elevación. Amado Nervo. Introducción de Calixto Oyuela. Ed.
    Espasa Calpe, 1973.


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