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Las relaciones de trabajo en la globalización: Tres perspectivas de análisis (página 2)




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Finalmente señala las tendencias en las relaciones de trabajo contemporáneas:

1. La individualización de las relaciones de trabajo.

2. La desregulación y la flexibilidad laboral.

3. El agotamiento de los sindicales, con tres variantes:

3.1. El modelo anglosajón que apunta a la eliminación de los sindicatos.

3.2. El modelo alemán basado en las relaciones tripartitas.

3.3. El modelo japonés basado en el sindicato de empresa de carácter participacionista.

En otro autor de la corriente marxista, Sotelo Valencia (2003), se concibe la actual fase del capitalismo mundial como un proceso de extensión de la ley del valor marxista y, por ende, de la superexplotación del trabajo generalizada. Tal como lo señala este autor:

"La superexplotación, en cuanto régimen de explotación del capital en las sociedades dependientes y subdesarrolladas, se está convirtiendo también en un régimen de explotación de la fuerza de trabajo en los países capitalistas desarrollados con el fin de contrarrestar los efectos perniciosos de la larga depresión de la economía mundial en sus declinantes tasas de crecimiento, de rentabilidad y de producción de valor y de plusvalía". (Sotelo, 2003:23).

Los planteamientos centrales de este autor se pueden resumir de la siguiente manera:

a) El aumento de la explotación del trabajo es una ofensiva del capital para contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, agudizada en los últimos años.

b) Para el aumento de la plusvalía el capital se vale de la eliminación de los sistemas de seguridad social, la desregulación y flexibilización del trabajo, así como, la eliminación de los derechos laborales.

c) La globalización implica una agudización del proceso de transnacionalización de la economía capitalista y una mayor concentración de capital, cobrando vigencia en este escenario la ley marxista del valor.

d) La superexplotación del trabajo es una tendencia generalizada en todo el sistema mundo capitalista y no limitada a los países periféricos.

e) La etapa actual de la economía mundial muestra que la mayoría de las categorías de obreros estará sometida a regímenes de precarización laboral y a crecientes deterioros en sus condiciones de vida y de trabajo.

f) Debido a un debilitamiento de la estructura sindical mundial y de las luchas obreras, el curso ulterior que han asumido las políticas reestructuradoras del capital se concentra en tres dimensiones: tendencias muy fuertes a la rebaja de los salarios, aumento de la explotación y superexplotación en todas sus facetas, y extensión de la precarización del trabajo como un fiel reflejo de la imposición de la flexibilidad laboral.

Los planteamientos de estos autores marxistas resultan muy similares, coinciden en reivindicar la visión marxista del trabajo en los tiempos de la globalización, cumpliéndose en buena medida las premisas de la ley del valor trabajo: explotación, desempleo, disminución de los salarios y deterioro de la calidad de vida y de los derechos de los trabajadores. Así mismo, reconocen la debilidad del movimiento sindical y que esta decadencia de la resistencia de los trabajadores ha favorecido los procesos de desregulación flexibilización del trabajo.

La perspectiva neoliberal

Las tendencias del trabajo contemporáneo vistas como nefastas y pesimistas bajo la óptica marxista adquieren otro carácter en la perspectiva neoliberal. Así se puede ver en Milton Friedman:

"La obsesiva preocupación por el mercado económico ha dado lugar a una angosta interpretación del concepto de interés personal como egoísmo miope, como el exclusivo interés por las ganancias materiales inmediatas. Se ha censurado la economía, porque según se afirma, llega a conclusiones trascendentales a partir de un hombre económico imaginario, que es poco más que una máquina calculadora, sensible a los menos estímulos monetarios. Esto es gran error. El interés personal no equivale al egoísmo miope, sino que engloba todo cuanto interesa a los participantes en la vida económica, todo lo que valoran, los objetivos que persiguen". (Friedman, 1980: 48).

Esta concepción del individualismo será el punto de partida para configurar escenarios positivos en la era de la globalización, las bases en la que se sustenta este optimismo no son otras que el desmoronamiento del Estado regulador, el fin de la rigidez del mercado de trabajo y el imperio del mercado.

Para Hayek (1978), por ejemplo, el Estado regulador es una fuente de problemas, y su lugar debe ser tomado por el mercado:

"Sólo el mercado puede realizar de manera adecuada la asignación de recursos, pues ninguna persona o conjunto de personas podría lograr el conocimiento perfecto de todas las circunstancias que están actuando en el mercado a cada momento" (Hayek, 1978: 204).

El neoliberalismo actual se enmarcaría dentro de la tendencia que considera al Estado como un obstáculo a la libertad, ya que es el intercambio mercantil sin ninguna intervención la manifestación esencial de la libertad humana. El mercado es, además, el fundamento de lo social.

Las políticas económicas neoliberales se estructuran en el intento de difundir las instituciones de mercado hasta los límites de lo políticamente posible, asentando en la cultura pública una inquebrantable legitimidad a favor de los mercados liberalizados.

De la teoría clásica se desprende que el mercado es un sistema de asignación de recursos escasos en el cual los individuos en competencia persiguen sus propios intereses. Los agentes, provistos con mercancía y dinero, expresan sus preferencias, sus deseos y necesidades, sus demandas, e intercambian dotaciones, productos, trabajo, dinero. En su interacción se genera un sistema de precios que actúa como un sistema de señales para la coordinación de actividades. No hay ninguna instancia central. Los precios se convierten por esa vía en un modo de transmitir información. Se sabe qué hay que producir, para quién y en qué cantidad. Nadie está interesado en satisfacer las necesidades de nadie, pero cuando persigue sus propios intereses se ve obligado a atender la demanda de los demás y a hacerlo de modo eficiente, pues, de otro modo, la competencia se encargará de expulsarlo. En ese marco competitivo la distribución del producto social aparece vinculada con la aportación de cada uno. El empresario contrata trabajadores hasta que el costo de incorporar una unidad de trabajo adicional iguala el posible beneficio. De modo que el ingreso del trabajador parece relacionarse directamente con su aportación.

Para los neoliberales, el trabajo se concibe como una mercancía más, que está sujeta a las oscilaciones de la oferta y de la demanda y cuyo equilibrio determina el salario justo y evita el desempleo. Este último vendría determinado por un salario superior al de equilibrio provocado por cualquier interferencia ajena al funcionamiento natural del mercado de trabajo.

En tal perspectiva, los sindicatos son vistos también como una interferencia, la flexibilidad se convierte en solución frente a estas indeseables intervenciones, de allí las propuestas de reforma que en este sentido se le hacen a la mayoría de las leyes que protegían el mercado de trabajo.

Así mismo, los neoliberales conciben que el desempleo es causado por la existencia de rigideces en los mercados de bienes y trabajo que son el resultado, en parte, de una regulación excesiva e inadecuada. Para la solución del desempleo es necesario introducir reformas estructurales drásticas que flexibilicen las relaciones laborales. Esta argumentación, concibe la actual etapa de globalización como la fase ideal y justificante de la liberalización de los mercados laborales.

Tal como señala Ulrich Beck (2000), a partir de las transformaciones que implica la globalización, los neoliberales pueden construir un escenario optimista que se puede resumir en lo siguiente:

"Como solución mágica para la recuperación del pleno empleo se desplaza hasta allí un drástico medicamento político que combina una elevada estabilidad monetaria, unas subidas salariales moderadas y un reducido margen de huelga dentro de un estado mínimo que se limita a la creación de condiciones marco competitivas y sociales junto con un elevado grado de responsabilidad por parte de los ciudadanos y los empresarios. En cambio, las políticas laborales del Estado asistencial (programas de empleo, reforzamiento de las prestaciones estatales, etc.) aparecen como obra del diablo, tras un breve lapso de mejoras, empeoraría a buen seguro el problema del paro. En el ámbito del mercado laboral, países como EEUU, Noruega, Nueva Zelanda, Portugal o los recientemente enlazados Países Bajos presentan en general una participación estatal netamente inferior; una clara reducción de cargas fiscales e impuestos, un nivel de inversión elevado, unos salarios bajos, una conflictividad laboral mínima y un fuerte crecimiento de la fuerza de trabajo a tiempo parcial." (Beck, 2000:53).

Las recetas para llegar a ello se aplican desde la década de los ochenta en las naciones anglosajonas y en América latina. Sus postulados suscitan diversas polémicas en virtud de que la aplicación de las políticas neoliberales agudizan el desempleo y la precariedad del empleo.

La perspectiva posmoderna

Aunque la perspectiva posmoderna se nutre de varios enfoques, abordaremos lo planteado por Negri, Hart (2000) y Lazzarato (1991), en torno a la nueva sociología del trabajo en la era de la globalización.

Negri y Hardt, establecen diferencias fundamentales entre la "economía fordista" y la "economía posmoderna". La primera la consideran como un modelo de producción en el que la información y la comunicación entre productores y consumidores era escasa y relativamente lenta. Mientras que la economía posmoderna se caracteriza por ser altamente comunicacional e informacional.

La idea fundamental de estos autores gira en torno al predominio en la sociedad contemporánea del "trabajo inmaterial y afectivo":

"Puesto que la producción de servicios no resulta en bienes materiales ni durables, definimos al trabajo implicado en esta producción como trabajo inmaterial es decir, trabajo que produce un bien inmaterial, tal como un servicio, un producto cultural, conocimiento o comunicación. La otra cara del trabajo inmaterial es el trabajo afectivo de la interacción y el contacto humano. Los servicios de salud, por ejemplo, descansan centralmente sobre el trabajo afectivo y de cuidado, y la industria del entretenimiento está también enfocada en la creación y manipulación del afecto. Este trabajo es inmaterial, aún cuando sea corporal y afectivo, en cuanto que su producto es intangible, un sentimiento de comodidad, bienestar, satisfacción, excitación o pasión. Categorías tales como "servicios personales" o servicios de proximidad son utilizadas a menudo para identificar esta clase de trabajos, pero lo realmente esencial para ellos es la creación y manipulación de afectos. Esa producción, intercambio y comunicación afectiva se asocia generalmente con el contacto humano, pero dicho contacto puede ser real o virtual, como en la industria del entretenimiento." (Negri, 2000: 75).

Así mismo, los autores señalan que el crecimiento de las importaciones de países con bajo nivel salarial ha causado la destrucción de empleos industriales, intensivos en trabajo, en los países desarrollados, generando con ello, al mismo tiempo, desigualdades salariales. Del mismo modo, los flujos crecientes de inversiones extranjeras directas hacia países periféricos, que buscan aprovechar los bajos costos salariales y producir manufacturas más baratas, producen el mismo efecto sobre el mercado de trabajo interno de los países industrializados.

Los autores introducen el concepto de multitud, en lugar de los términos tradicionales: proletarios, trabajadores, clase obrera, etc. Con ello pretenden dar cuenta de las transformaciones cualitativas sufridas por la fuerza de trabajo desde los años setenta.

Este cambio consistiría esencialmente en la hegemonía del trabajo inmaterial sobre el conjunto de la fuerza de trabajo. La "multitud" sería, pues, un nuevo sujeto productivo "libre y autónomo", ya no situado en la fábrica o el lugar de trabajo sino en toda la sociedad. Esta constituye una sobreestimación del papel de la intelectualidad y de los sectores más calificados de los asalariados. El término multitud describe a un proletariado que se ha vuelto más heterogéneo, pero que está hegemonizado por el "trabajo inmaterial".

Negri y Hardt distinguen tres tipos de trabajo inmaterial:

1. El de la producción industrial que se ha informatizado y ha incorporado tecnologías de la comunicación en forma tal que han transformado el propio proceso productivo.

2. El trabajo inmaterial de las tarea analíticas y simbólicas, a su vez subdividido en manipulaciones inteligentes y creativas y tareas simbólicas rutinarias.

3. El trabajo que implica la producción y manipulación de afectos y requiere contacto humano, trabajo en modo corporal. Este trabajo inmaterial involucra inmediatamente la cooperación e interacción social, cuestión que es completamente inmanente a la propia actividad laboral.

Las afirmaciones de Negri en este terreno están a tono con los teóricos que predicen el fin del trabajo y que se convirtieron en moda intelectual en la década de los noventa, a raíz de la revolución tecnológica vinculada a la informática y a la globalización.

Otro elemento importante es el tránsito de la producción fordista basada en la jerarquía y la organización corporativa a la producción en red y a formas rizomáticas:

"En el pasaje a la economía informacional, la línea de montaje ha sido reemplazada por la red como modelo organizacional de la producción, transformando las formas de cooperación y comunicación dentro de cada lugar productivo y entre distintos lugares productivos. Los trabajadores involucrados en un único proceso pueden comunicarse y cooperar efectivamente desde localidades remotas, sin importar la proximidad. En efecto, la red de cooperación laboral no requiere de un centro territorial o físico." (Negri, 2000: 80).

La economía fordista implicaba relaciones de competencia entre los trabajadores, la posmoderna supone cooperación y mayor interacción social, sin embargo, esta no tiene un territorio único, se encuentra descentralizada y desterritorializada.

Ahora bien, la diferencia de estos autores con los teóricos marxista radica en la distinta visión que poseen acerca de la teoría valor trabajo en tiempos de globalización.

Consideran que es imposible el cálculo de la explotación en economías informatizadas y en redes y tan profundamente transnacionalizadas; en su lugar proponen la teoría del valor-afecto:

"Hay que partir de lo que la economía política ignora para definir el valor-afecto. Y debemos definirlo a partir de una aparente paradoja que querríamos expresar como sigue: el valor de la fuerza de trabajo es tanto más determinante para la producción cuanto más ineficaz se hace la medida del valor, (…). En esta dinámica paradójica, el trabajo deviene afecto, o más aún, el trabajo encuentra su valor en el afecto, si éste se define como potencia de actuar. La paradoja puede ser por tanto retomada en estos términos: cuanto más pierde la teoría del valor su referencia al sujeto (la medida era esta referencia, en tanto que base de la mediación y del mando), más reside el valor en el afecto, en el trabajo vivo que se autonomiza de la relación de capital, y expresa, por todos los poros del cuerpo, singular o colectivo, su potencia de autovalorización." (Negri, 2000: 90).

A continuación, se puede apreciar la comparación de los dos modelos en el siguiente cuadro:

Conclusiones

La visión que se tiene de las relaciones de trabajo en la globalización luce bastante compleja y disímil a la luz de los tres enfoques anteriores. Para el enfoque marxista, las relaciones de trabajo se presentan totalmente desfavorables para los trabajadores, marcada por un incremento de la explotación y un fuerte retroceso de sus organismos sindicales. Uno de los aspectos más graves de la situación es la transformación experimentada en la subjetividad de los trabajadores, quedando prácticamente víctimas de un fuerte proceso de implicación e involucramiento con el capital. Tal como lo ha expresado Robert Castel:

"La clase obrera ya no aparece como la clase portadora de una alternativa global a la organización social actual. Esto no quiere decir que la clase obrera haya dejado de existir, ni tampoco de que carezca de importancia social y política. Sería preciso discutir su tipo de existencia y los papeles que la clase obrera desempeña hoy. Esta comprobación significa únicamente que la clase obrera ha sufrido un retroceso social y político decisivo que ha desactivado la potencialidad subversiva que parecía encarnar." (Castel, 1999:38).

Los posmarxistas parecen coincidir con los planteamientos originales de Marx, salvo en lo concerniente a la teoría del derrumbe capitalista, expuesta por Marx y Engels en varias de sus obras, en particular, en el Manifiesto del partido comunista, basada en el supuesto de que las contradicciones del capitalismo aceleraría la lucha de clases y los trabajadores pasarían a una ofensiva final, que tendría como objetivo y meta la revolución proletaria y el fin del capitalismo.

A propósito de las consecuencias que las transformaciones del trabajo han tenido en la subjetividad de los trabajadores, Antunes se expresa del siguiente modo:

"La flexibilización de la unidad fabril, la desconcentración de la producción, la abrumadora desreglamentación de los derechos del trabajo, los nuevos patrones de gestión e involucramiento de la fuerza de trabajo, está llevando a la enajenación del trabajo (en el sentido marxista) a su límite —todo ello hecho bajo un incuestionable dominio de la productividad y de la modernidad social— (…) afectando a la forma de ser del proletariado fabril, tradicional. La clase que vive del trabajo se ha metamorfoseado. Como si ya no bastaran estas transformaciones, la crisis afectó también directamente a la subjetividad del trabajo, su conciencia de clase, afectando a sus organismos de representación, de los cuales los sindicatos y los partidos son expresión. Los primeros, los sindicatos, fueron obligados a asumir una acción cada vez más defensiva, cada vez más atada a lo inmediato, a la contingencia, retrocediendo su ya limitada acción de defensa de clase en el universo del capital" (Antunes, 1996: 134).

Para Antunes, al igual que para otros autores marxistas, como Mandel (1986) y Meszáros (1987), del sindicalismo de clase ya no queda rastro alguno, pues fue sustituido por el sindicalismo de participación el cual condujo a los trabajadores al abandono de las tareas de la emancipación y a sustituirlas por la adecuación al sistema.

Esto explica porqué se dan todas las condiciones para que el capital aumente su ofensiva en contra de los trabajadores, frente a la ausencia de respuestas y resistencias sindicales, los empleadores recrudecen la explotación de su mano de obra y el sistema en general intenta recuperar su tasa de ganancia sacrificando al factor trabajo.

Se puede entender la situación de los movimientos laborales como un proceso de "desagregación", el cual supone un conjunto de fenómenos tales como la disminución de la afiliación sindical en diferentes partes del mundo; el repliegue de las figuras solidarias, la división del sindicalismo; el auge del individualismo, entre otros. Richard Hyman (1996) describe la desagregación de los trabajadores del siguiente modo:

"1) Un viraje del colectivismo hacia el individualismo, reflejado en el descenso de las tasas de afiliación a los sindicatos, en una mera receptividad a las políticas y disciplinas determinadas colectivamente, o en la presencia de ambos factores.

2) Una polarización dentro de la clase obrera que muchos autores caracterizan desde el punto de vista de las relaciones entre centro periferia, o entre los de adentro y los de afuera.

3) Un creciente particularismo de las identidades y proyectos colectivos desde el punto de vista del empleador, la ocupación y el sector económico o industria.

4) La fragmentación dentro de la clase obrera organizada expresada en conflictos infra e intersindicales y un debilitamiento de la autoridad de los liderazgos nacionales y las confederaciones centrales." (Hyman, 1996:10).

En suma, siguiendo el estudio de Hyman, son diversas las corrientes (no necesariamente marxistas) que coinciden en que las organizaciones laborales atraviesan una fuerte crisis en la era de la globalización, crisis que afecta su poder de negociación y compromete las conquistas logradas hasta ahora por los trabajadores.

Mientras, para los neoliberales, las relaciones de trabajo transitan favorablemente hacia un proceso de racionalización determinado por el mercado, gracias al paulatino desmoronamiento del Estado regulador e intervencionista. Por otra parte, el debilitamiento de los sindicatos es visto de modo positivo, ya que los sindicatos y su poder negociador formaban parte de esas fuerzas oscuras que impedían el libre juego de la oferta y la demanda en el campo laboral, generando además, un conjunto de distorsiones en los salarios.

"Cuando los sindicatos consiguen salarios mayores para sus afiliados, restringiendo la entrada en una profesión o en un oficio, esos salarios más altos se obtienen a expensas de otros trabajadores que ven sus oportunidades reducidas. Pero cuando los trabajadores consiguen salarios y condiciones de trabajo mejores a través del mercado esos salarios mayores no se perciben a expensas de nadie. Todo el pastel es mayor:

hay más para el trabajador, pero también para el empresario, el inversor, el consumidor, e incluso el recaudador de impuestos" (Friedman, 1980: 341).

Desde este punto de vista lo que acontece a los movimientos sindicales en la presente fase de globalización no debe preocupar a los trabajadores, ya que es mediante la productividad, el rendimiento, la competencia y la calificación que se pueden mejorar los salarios y el nivel de vida.

La desregulación y la flexibilidad laboral son parte de esta lógica neoliberal, tal como lo plantea Lucena:

"En el terreno laboral, el enfoque neoliberal plantea la flexibilización de las relaciones de trabajo, es decir, la supresión de los vínculos rígidos entre el trabajador y un determinado centro y puesto de trabajo, con la finalidad de facilitar los procesos de renovación tecnológica y de descentralización productiva." (Lucena, 1990: 154).

En suma, las relaciones de trabajo en la etapa actual de la globalización, para la perspectiva neoliberal, se manifiesta con menos problemas que durante el periodo del Estado de bienestar, en la que se manifestaron un conjunto de distorsiones en los mercados laborales.

En este sentido, Lucena, refiriéndose a los argumentos neoliberales a favor de las privatizaciones, señala lo siguiente:

"Las administraciones estatales son ineficientes; la superioridad de la gestión privada y el incentivo de lucro sobre la gestión pública; se exalta el papel de los inversores privados; necesidad de reducir regulaciones y trabas a los negocios; necesidad de reducir la presión tributaria; relaciones de trabajo mal orientadas y especialmente sindicatos muy fuertes que poco contribuyen al funcionamiento de la gerencia." (Lucena, 1990: 154).

Finalmente, el enfoque posmoderno destaca las transformaciones profundas que ha experimentado el trabajo en lo que denominan "la era de la economía posmoderna"; estos cambios se centran en el impacto que tienen las tecnologías informacionales y comunicacionales en las relaciones de trabajo. A la luz de esta perspectiva, las organizaciones sindicales pierden significado, ya que la tendencia global es hacia la desterritorialización y desconcentración del trabajo. Igualmente, se generan una serie de fenómenos nuevos entre el trabajador y su "labor", que generalmente se cumple en el sector servicios, vinculado a redes comunicacionales y estableciendo relaciones de cooperación e interacción social entre otros trabajadores.

Las tesis de Negri sobre la hegemonía del trabajo inmaterial, lleva inevitablemente a considerar secundario toda la problemática ligada a los intereses de los trabajadores asalariados. De lo que se desprende que carece de sentido todas aquellas propuestas que tradicionalmente han planteado los sindicatos relativas a demanda del reparto de las horas de trabajo para luchar contra el desempleo, al reclamo de estatizar bajo control obrero las fábricas que cierren o despidan, o aún el enfrentamiento a las leyes que fomentan la precarización del trabajo. Por otra parte, la multitud es así un concepto que disuelve la vieja concepción de clases y de la que se nutrió el análisis sociológico durante un largo periodo, con la disolución del concepto de trabajadores, se anula también las contradicciones sociales del capitalismo en la fase de globalización.

Vistas así, las relaciones entre el capital y el trabajo se desdibujan y pasan a otra dimensión, en la que el cálculo de plusvalía y el valor trabajo pierden sentido.

Surgiendo, además, una serie de trabajos como el "cuentapropismo", la temporalidad y la precariedad, que adquieren una relevancia sobre el trabajo estable característico del modelo fordista.

El seguimiento de estas tres perspectivas de análisis conducen a conclusiones altamente incompatibles entre sí. Lo que es importante señalar es que las relaciones de trabajo no pueden concebirse homogénea ni universalmente, ya que aparecen una diversidad de procesos diversos y específicos en cada nivel de análisis, por tanto es un terreno en el que las generalizaciones no resultan convenientes.

Leticia Barrios

Bibliografía

ANTUNES, Ricardo (1996): ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo. Valencia. Piedra azul.

BECK, Ulrich (2000): Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización. Barcelona. Paidós.

CASTEL, Robert. (1999): "¿Por qué la clase obrera ha perdido la partida?". Actuel Marx, No. 26.

FRIEDMAN, Milton y Rose Friedman (1980): Libertad de elegir. Hacia un nuevo liberalismo económico. Barcelona. Grijalbo.

HAYEK, Frederick(1978): Nuevos estudios. Eudeba. Buenos Aires.

HYMAN, Richard (1996): "Los sindicatos y la desarticulación de la clase obrera" en Revista latinoamericana de estudios del trabajo, Año 2, No. 4.

LAZZARATO, Mauricio y Tony Negri (1991): "Trabajo inmaterial y subjetividad" en Futuro Anterior, No. 7.

LUCENA, Héctor (1990): "La flexibilidad neoliberal en Venezuela" en Nueva Sociedad. 110, Noviembre Diciembre. Caracas.

MARX, Karl y F. Engels (Edición de 1986): El Manifiesto del Partido comunista. En Obras Escogidas. Moscú. Progreso.

NEGRI, Antonio y Michel Hart (2000): Imperio. Barcelona. Paidós.

SOTELO VALENCIA, Adrián (2003): La reestructuración del mundo del trabajo, superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México. Universidad Obrera de México. Itaca.

Leticia Barrios Graziani


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