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Casi todos los equipos de
rayos X tienen muchos parámetros que se pueden alterar cuando se aplican a los
pacientes y dan por resultado sobreexposiciones innecesarias a los mismos y
hasta a los propios operarios, pero aún así son muy usuales y seguros si se
utiliza bien el equipo y se justifica clínicamente el empleo. En exámenes
dinámicos, el radiólogo dispone de un aparato de rayos X llamado fluoroscopio
que le permite observar en tiempo real la contracción cardíaca, el tránsito de
la sangre por una arteria de la cabeza o el flujo de orina por los riñones.
La radioterapia constituye
la tercera rama de la radiología. Nace en 1896, pero sólo toma su verdadera
dimensión a partir de 1903 con el descubrimiento del radio, y se convierte en
una de las armas principales de la lucha contra el cáncer. En la actualidad se
estima que en un programa coherente de lucha anticancerosa, la radioterapia
sola o asociada con la cirugía o la quimioterapia resulta indispensable en más
de la mitad de los casos de esa enfermedad.
La radiobiología y la
radioprotección nacen en los primeros años del siglo XX como una respuesta a
las observaciones de los médicos al comprobar que la exposición repetida a
estas fuentes de radiaciones podría provocar inflamaciones e incluso cánceres
en el propio operador. Así, entre 1920 y 1939, la frecuencia de leucemia era 10
veces más elevada en los radiólogos que entre los demás médicos. En 1934 se
comienza a vislumbrar la relación entre dosis y el riesgo de cáncer y se
formulan, por tanto, algunas sencillas reglas de radioprotección y se fija una
dosis máxima admisible.
Las radiaciones se utilizan
también en usos industriales como la radiografía de piezas metálicas en
metalmecánica, determinación de perfiles, peso básico, densidad y niveles de
material en la industria papelera, generación de energía en los reactores
atómicos y otras aplicaciones menores como eliminación de estática,
instrumentos de altitud de los aviones, detectores de humo y pararrayos.
Universidad de Würzburg,
Baviera, Alemania, noviembre de 1895. El físico Wilhem Konrad Röntgen termina
su período como rector y se dispone a realizar una investigación científica
acerca de la "naturaleza de los rayos catódicos." Desde tiempo atrás
se tenía la inquietud que estos rayos eran la clave para comprender la
electricidad. Röntgen sabe de las experiencias de su colega Philipp Lenard con
la extracción de rayos catódicos del tubo donde se generan a través de una muy
delgada ventana de aluminio, pero ¿cómo se comportan estos rayos fuera del
tubo, en el aire? ¿Qué tan lejos llegan? ¿Qué efectos tienen?
Viernes 8 de noviembre de
1895. Laboratorio de Röentgen. Sobre su mesa de trabajo está el carrete de
inducción, carrete de Rühmkorff, conectado a las baterías y listo para operar.
De los bornes del carrete de inducción salen los alambres a los electrodos del
tubo de rayos catódicos, donde tiene ya un buen vacío de 10-3 a 10-4
mm Hg, que ha alcanzado con la bomba de mercurio de Sprengel. Alrededor
del tubo de rayos catódicos coloca una cartulina negra, que envuelve completamente
al tubo sin dejar ranura. Acaba de cerrar el interruptor y activa así el
carrete de inducción, cuando su vista capta un resplandor que viene de una
placa fluorescente, que por casualidad está sobre su mesa de trabajo. El
resplandor es visible pues el laboratorio está oscuro. Cierra las ventanas del
laboratorio y ya en plena oscuridad la fluorescencia es más notoria. La
fluorescencia es la respuesta del platinocianuro de bario de la placa a la luz
que incide sobre ella: recibe luz y emite entonces un resplandor
característico. Observa que el resplandor continúa sin que la luz incida sobre
la placa, en plena oscuridad. Esto es algo raro ¿qué es lo que excita al
material de la placa fluorescente? ¿Es el resplandor producto de la activación
del carrete de inducción sobre el tubo de rayos catódicos? Al conectar y
desconectar varias veces este carrete confirma que en efecto la fluorescencia
observada en la placa es una respuesta a la actividad del tubo de rayos
catódicos. Pero el tubo está completamente cubierto por la cartulina negra y
entonces ¿no hay posibilidad de envío de luz a la placa? Así Röntgen concluye
que tiene que haber un agente desconocido, que al partir del tubo de rayos
catódicos, atraviesa la cartulina y llega hasta la placa y activa en ella su
fluorescencia. Al ubicar la placa a varios metros de distancia del tubo,
todavía se presenta el resplandor. Entonces su alcance es apreciable. Ensaya
con varios tipos de cubiertas: papel, libros, madera, para ubicar materiales
como obstáculo entre el tubo y la placa pero el resplandor persiste, aunque su
intensidad disminuye al aumentar la densidad o el espesor del material.
Se sucede el momento más
glorioso de su vida, cuando pone su propia mano entre el tubo y la placa y
¡cuál no sería su sorpresa cuando en la placa fluorescente observa no la sombra
normal de su mano, sino claramente los huesos! Röntgen es así, la primera
persona que puede ver el interior del cuerpo sin tener que abrirlo
quirúrgicamente.
Al continuar su trabajo
experimental ha descubierto que los efectos de estos rayos especiales se pueden
también registrar y con mayor claridad, en placas fotográficas. Invita a su
esposa Bertha y le pide que ponga la mano, con anillos y pulseras, entre el
tubo de rayos catódicos y la placa fotográfica. El resultado es la fotografía,
hoy llamada radiografía, que le dará más tarde la vuelta al mundo.
Tras siete semanas de
trabajo aislado en su laboratorio, Röntgen comunica al mundo su descubrimiento,
y envía a la Sociedad de Física Médica de Würzburg el 28 de diciembre de 1895
un artículo titulado "Sobre un nuevo tipo de rayos, una comunicación
preliminar."
Cuando le preguntaron qué
pensaba de su magno descubrimiento, Röentgen respondió: "No pienso;
investigo," pues consideraba que la ciencia no pertenecía sólo a los
científicos. Al juzgar que sus descubrimientos pertenecían a la humanidad y no
debían verse limitados por patentes, licencias o contratos de monopolios,
renunció a la posibilidad de hacerse rico; no exigió derechos de autor por sus
primeras imágenes radiográficas ni aceptó un título de nobleza que le
ofrecieron y donó a la Universidad de Würzburg la dotación económica del Premio
Nobel que le concedieron en 1901. Su generosidad contribuyó sin duda a la
rápida difusión del nuevo descubrimiento y preparó el terreno para el
extraordinario desarrollo ulterior del diagnóstico por imagen.
Al hablar de ese agente
activo que produjo la fluorescencia y que pasaba a través de la cartulina negra
que envolvía al tubo de rayos catódicos, lo llamó rayos X: «X» por ser
desconocidos, "rayos" por la formación regular de sombras de los
objetos ubicados entre el tubo y la pantalla fluorescente y también por las
fotografías de este agente con la cámara de agujero; es decir, ese agente se
propagaba en línea recta en todas las direcciones.
Las características
enunciadas fueron:
1. Los cuerpos se hacen
transparentes a los rayos X: la transparencia la obtienen de la apreciación de
las impresiones fotográficas con rayos X para tiempos iguales de exposición,
aunque se anotó que estaban pendientes las mediciones fotométricas, por no
contar con un fotómetro adecuado. La transparencia de las diversas sustancias a
los rayos X disminuye entre más densa sea la sustancia y al aumentar su
espesor.
2. Producen efectos
especiales: la fluorescencia en diferentes sustancias, los efectos en distintas
placas fotográficas, los efectos de calentamiento para largas exposiciones a
los rayos X.
3. Sobre la naturaleza de
los rayos X: aunque son generados por los rayos catódicos, son diferentes a
éstos, porque inciden sobre la pared del tubo de descarga o sobre otros
obstáculos, p.e., la placa metálica del anticátodo del tubo. Y, a diferencia de
los rayos catódicos, no son desviados por intensos campos magnéticos. En
contraste con la luz, estos rayos son completamente invisibles, no son
sensibles al ojo humano, ni por acercar los ojos al tubo de descarga. Tampoco
se refractan al pasar por prismas de diversos materiales, y concluyó que no es
posible producir lentes para concentrarlos, ni presentan fenómenos de
interferencia al pasar por rendijas.
La publicación de Röntgen
describía claramente la forma de obtener los rayos X, y los equipos, que en esa
época estaban en cualquier laboratorio de física y eran de fácil adquisición.
Michael Pupin, de la Universidad de Columbia, EE. UU., informó tener éxito en
generar rayos X, pues se produjeron radiografías que mostraban el esqueleto
humano: ¡el esqueleto de los vivos, no de los muertos!, lo que era muy
impactante, pues hasta ese momento el esqueleto se asociaba con la muerte.
Se genera una especulación
consumista: todos deseaban tener la fotografía de sus huesos, bañarse en rayos
X, recibir los rayos para mantenerse jóvenes, limpiar la piel, pues se les
atribuían poderes mágicos, tal vez como fuente de salud y juventud. Los
carretes de inducción y los tubos de rayos catódicos ahora son llamados tubos
de rayos X. Para los médicos, en sus consultorios, se hace casi obligatorio
ofrecer la posibilidad del uso de rayos X para el diagnóstico y tratamiento de diversas
enfermedades: se utilizan los rayos X para depilar el cuero cabelludo en los
niños que sufrían tiña. Se informan éxitos en Francia logrados con los rayos X
en el tratamiento de cánceres de estómago y boca.
En Menlo Park, Estados
Unidos, Thomas Alva Edison trabajaba con nuevas sustancias para mejorar las
placas fluorescentes a fin de producir una respuesta más rápida, que permita
obtener imágenes de rayos X en movimiento (hay que recordar que en esa época ya
se tenía el cinematógrafo). Edison experimentó así con lo que llamó
"fluoroscopio", que permitía observar el interior del cuerpo humano
en movimiento. Para lograr esto hubo que ensayar largas horas de exposición a
los rayos X de mucha intensidad, y un colaborador de Edison sufrió serias
quemaduras producidas por los rayos X. Al ser tan grave este accidente, Edison
decidió suspender los experimentos. Luego pudo mejorar los equipos de rayos X,
y aumentar su potencia, su precisión y su seguridad.
En la presentación del
descubrimiento de Röntgen se encuentra Antoine Henri Becquerel, quien está muy
interesado en comprender la naturaleza de la fluorescencia. Se pregunta ¿acaso
la fluorescencia produce rayos X? Inicia una serie de experiencias con
sustancias fluorescentes puestas sobre placas fotográficas muy bien cubiertas
con su envoltura protectora. Pero el sol de invierno de esa época (enero 1896)
es débil y no logra excitar suficientemente la fluorescencia para que ésta
genere rayos X que atraviesen la cubierta protectora del material fotográfico.
Guarda las placas en un cajón cerrado, en espera de mejores condiciones de sol.
En marzo revela las placas y buscaba obtener una huella débil de la poca
fluorescencia que logró generar. Pero su sorpresa es mayúscula al ver la huella
más intensa que lo que calculaba; así Becquerel descubrió la «radiactividad
natural»: en aquel cajón había unas sales de uranio que emitían una radiación
mayor, independientemente de cualquier fenómeno de fluorescencia. Este nuevo
tipo de radiación era aún más penetrante que los rayos X.
Nuevamente la especulación
consumista surge, pues al descubrir la existencia de zonas con intensa
radiactividad natural, muchos propietarios de balnearios termales anunciaron
los efectos benéficos para la salud que resultaban de beber sus aguas radiactivas,
se incitaba al público a introducirse en el agua y a respirar el aire de minas
antiguas, como tratamiento curativo para la artritis reumatoidea, afecciones
vasculares y padecimientos geriátricos. Posteriormente se llega a recetar
compuestos de radio (Ra-226) para afecciones como la caída del
cabello, el decaimiento general, el tratamiento de la gripa...
Charles Glover Barkla, 11
años después (1906), prueba que los rayos X son ondas transversales (como la
luz) y no ondas longitudinales, y fijó su característica de ondas
electromagnéticas. Pero, ¿cuál es entonces su longitud de onda? Para medirla
hay que pasar la radiación a través de rejillas de difracción; Röntgen no lo
había logrado pues utilizaba rejillas para luz visible, que son gigantescas
para los rayos X: la longitud de onda de los rayos X es 100,000 veces más
pequeña que la de la luz visible. En 1912, Max Von Laue, reconoce las rejillas
tridimensionales de la naturaleza: los cristales, y al experimentar mediciones
de difracción de rayos X en cristales hace posible obtener esta información.
Pero no siempre tener el
fenómeno ante los ojos lleva al descubrimiento científico. Sir William Crookes,
25 años antes del descubrimiento de los rayos X, tenía problemas con sus placas
fotográficas, pues siempre se le velaban aunque las guardaba cuidadosamente en
su mesa de trabajo, al lado del tubo de descarga de rayos catódicos: Crookes
tenía ante sí los rayos X pero no reconoció ese efecto.
Con la primera y segunda
guerras mundiales se da amplia utilización a las radiaciones y se avanza en
elementos de equipos, materiales opacos de contraste, fuentes de alta energía
para la radioterapia, aplicadores de radio para el tratamiento de cáncer y en
mejorar las técnicas clínicas. Se logra la intensificación electrónica de la
imagen en movimiento en la fluoroscopia; equipos especiales como los mamógrafos
y otros. Derivados del sonar y del radar se generan los equipos ultrasónicos,
que resultan muy atractivos para examinar a las embarazadas en busca de
anomalías fetales, diagnóstico y vigilancia de ciertas parasitosis (amibiasis,
esquistosomiasis y enfermedad de Chagas).
En 1979, GN Hounsfield
recibe el premio Nobel por su invención de la tomografía computadorizada, que
permite estudiar cortes del cuerpo en los que se combinan miles de elementos de
información para producir una imagen clara que revele nuevos datos a radiólogos
y médicos. Diez años después surge la resonancia magnética, en la que se
utilizan campos magnéticos artificiales intensivos para producir señales de
radio a partir del cuerpo del paciente, que traducidas por computadores dan
imágenes detalladas y en color. La introducción en la práctica clínica de las
técnicas de Doppler ha hecho posible observar la actividad cardíaca fetal y
visualizar el flujo sanguíneo en el interior de arterias y venas.
A partir de 1948 se inicia
la inyección (marcado) en el hombre de radioisótopos artificiales, p.e., al
observar la fijación del iodo radiactivo (I-131) en la glándula
tiroides se puede medir su radiactividad y así evaluar su actividad funcional
desde un punto de vista morfológico. Con la aparición de la escintigrafía y las
cámaras de centelleo se obtienen imágenes de calidad que permiten evaluar la
función de cualquier órgano determinado del cuerpo (gammagrafía ósea con
fosfato marcado; la gammagrafía tumoral, miocárdica y por perfusión cerebral),
luego las cámaras de positrones (tomografía de emisión de positrones), la
tomoescintigrafía y el diagnóstico funcional por imagen, hacen que la medicina
nuclear se convierta en una de las ramas más dinámicas de la imagenología
médica.
Con la radioterapia se
busca destruir selectivamente las células responsables de los fracasos
postoperatorios en más de 90 % de los casos de los tratamientos contra el
cáncer. Se maneja la radioterapia externa (con equipos de cobaltoterapia, rayos
X de alta energía, aceleradores lineales de fotones y electrones); la
braquiterapia con fuentes radiactivas colocadas en los tejidos o cavidades
naturales durante cierto tiempo; la radiofísica médica que permite medir la
cantidad exacta de radiación que se debe administrar al paciente y distribuirla
de modo adecuado en los tejidos para destruir la neoplasia cancerosa sin
alterar el tejido sano; y la radiobiología que permite conocer los mecanismos
de acción de las radiaciones y su uso óptimo tanto en el tejido normal como en
el patológico.
Los servicios radiológicos
de diagnóstico, tratamiento y prevención (protección contra posibles riesgos)
se conciben actualmente en beneficio de toda la comunidad en lugar de
concentrarlos en un grupo o una enfermedad concretos.
Otros usos de las
radiaciones son el empleo de la radiación ultravioleta, en procesos de
desinfección y enfermedades cutáneas; del láser en las operaciones quirúrgicas;
de los microscopios electrónicos; unidades diatérmicas de microondas.
Es importante incorporar
los conceptos de protección radiológica en la planificación de los servicios de
diagnóstico y tratamiento, así como coordinar los métodos de garantía de la calidad
y seguridad radiológica. El ser humano está expuesto naturalmente a las
sustancias radiactivas presentes en la tierra y el cosmos. A nivel mundial, la
dosis media por persona es de 2 milisievert (mSv) al año, lo que representa una
dosis 10 veces mayor que la que se puede recibir con un examen sencillo por
rayos X, en un procedimiento y equipos con garantía de calidad.
Los primeros efectos
identificados fueron los de carácter agudo: eritema cutáneo, cataratas y
descenso de la producción de células sanguíneas, cuando se recibían dosis más
de mil veces mayores que las que recibe al año una persona corriente a partir
de la radiación natural. Más tarde se descubrieron los efectos carcinogénicos
(estudio en pacientes que aplicaban radio en las esferas de los relojes).
Después de Hiroshima y Nagasaki epidemiológicamente se demostró que la
probabilidad del cáncer aumentaba con la dosis absorbida de radiación.
Las personas que trabajan
con radiaciones y en consecuencia los pacientes, están expuestos en forma
inevitable a dosis pequeñas de radiación en circunstancias normales. Cada
exposición a las radiaciones puede tener efectos tan negativos, como la
aparición de efectos carcinogénicos. Por tanto, la exposición a las radiaciones
debe estar suficientemente justificada y mantenerse lo más baja posible. Así la
exposición ocupacional no debe exceder de 20 mSv al año y ningún miembro del
público debe recibir más de 1 mSv al año.
En igual forma, donde se
utilizan radiaciones con fines médicos, habrá que introducir medidas de
seguridad en el diseño, uso, reparación, mantenimiento y eliminación final de
los emisores radiactivos.
Un aspecto crítico es el
ético en materia de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de los
servicios radiológicos. ¿A quién incumbe la responsabilidad de que no quede
desatendida la mayoría en aras de algunos privilegiados? ¿Son esos servicios un
derecho o un privilegio? Se presenta entonces el equilibrio entre
autoasistencia, equidad, justicia social, bienestar humano y derechos de los
débiles y, por otra parte, aumento de los gastos, relación costo-beneficio,
distribución de recursos o exclusión de ciertos grupos sociales. Así la
medicina deja de ser un arte humanístico para convertirse en una ciencia
compleja que cuesta mucho dinero (un tomógrafo computadorizado puede costar
500,000 dólares).
Wilhem Konrad Röntgen. Nace
el 27 de marzo de 1845 en Lennep, distrito del Ruhr, Alemania. Su infancia y
adolescencia la pasa en Apeldoorn, Holanda. Hace estudios universitarios en la
Escuela Politécnica de Zurich, donde se gradúa como Ingeniero Eléctrico.
Apasionado por la física y las matemáticas, trabaja en Zurich con Rudolf
Clausius y August Kundt, famosos por sus estudios en acústica. Kundt dirige su
tesis doctoral en física experimental "Estudios sobre gases" y así
inicia su carrera científica.
Durante 6 años trabaja en
equipo con Kundt y luego va a la Universidad de Würzburg hasta 1872. En
Estrasburgo inicia su carrera académica como docente e investigador consagrado
y dedicado. En 1888 publica sus estudios sobre los efectos magnéticos
producidos en dieléctricos cuando éstos se mueven en campos eléctricos y cómo
esto coincide con las ecuaciones de Maxwell. Poco después regresa a la
Universidad de Würzburg como director del nuevo Instituto de Física, hasta 1894
cuando es nombrado rector de la misma universidad y en 1895 descubre los rayos
X. Ya como científico afamado, en 1900, el gobierno de Baviera lo nombra
director del Instituto de Física de la Universidad de Munich hasta 1920 cuando
se pensiona.
Aunque Röntgen se esforzó
por evitar que su grandioso descubrimiento cambiara su vida, le tributaron gran
cantidad de honores, entre ellos la medalla Rumford en 1896, el premio Nobel en
Física en 1901; en Potsdam, el kaiser Guillermo II hizo erigir una estatua
sobre un nuevo puente. Prefirió llevar una vida modesta, y por ello nunca
patentó el método para producir rayos X. Debido a esto empobreció en medio de
la hiperinflación que afectó a Alemania después de la Primera Guerra Mundial.
Murió a la edad de 78 años en Munich el 10 de febrero de 1923.
La radiación radiactiva se
puede definir como la emisión de partículas subatómicas o simplemente energía
pura a partir de los átomos que conforman un cuerpo dado. La causa fundamental
de la radiactividad o de las radiaciones en general no es otra sino un exceso
de masa o energía que los átomos o los núcleos emiten a fin de liberarse del
sobrante y obtener su estabilidad.
Así, la radiación
radiactiva se puede clasificar en dos categorías principales: radiaciones
ionizantes y radiaciones no ionizantes. La radiación no ionizante incluye todas
las formas de radiación cuya manera primaria de interactuar con la materia no
envuelve la producción de pares iónicos. Un par iónico consta de un electrón,
con carga eléctrica negativa y el átomo del que se ha desprendido, que por
tanto poseerá una carga eléctrica positiva. Las fuentes de radiación no
ionizante incluyen: ondas de radio y televisión, radar, microondas, lámparas
ultravioleta, rayos láser, rayos infrarrojos y equipos especiales como
diatermias, radiotelemetrías, etc. Su manera principal de interacción con la
materia consiste en las excitaciones atómica y molecular.
Las radiaciones ionizantes
son las que tienen suficiente energía para romper enlaces químicos y producir
pares iónicos (ionización) durante su interacción con la materia o su paso por
ella. Se dividen en dos grupos:
La acción biológica de las
radiaciones ionizantes y no ionizantes depende sobre todo de sus niveles de
energía y en segundo lugar de varios factores, a saber, tipo de tejido
irradiado, área corporal, edad del individuo, sexo, frecuencia y acumulación de
dosis, entre otros.
De acuerdo con el nivel de
energía se pueden tener las radiaciones de bajo nivel que actúan ya sea
superficialmente (rayos ultravioleta, microondas, infrarrojos, rayos X blandos)
o con liberación de energía en dosis pequeñas que originan excitación
electrónica y absorción térmica por las moléculas y tejidos (rayos ultravioleta
duros, microondas, diatermias, rayos ß de baja energía, rayos X semiduros) que
llegan a originar efectos somáticos a largo plazo, p. e., la inducción de
cáncer en tejidos sensitivos como son la médula ósea (leucemia), tiroides,
ganglios linfáticos y tejido reticular, tracto gastrointestinal (faringe,
estómago e intestino grueso); inducción de cataratas, infertilidad temporal,
defectos de crecimiento y desarrollo fetal. Se consideran dosis bajas a las
menores al máximo permisible de 5 mSv por año.
Las radiaciones de nivel
alto implican dosis de radiación ionizante capaces no sólo de inducir más
rápidamente efectos somáticos a largo plazo, sino también efectos genéticos y
hasta síndromes agudos de radiación con probabilidad de muerte caracterizados
por irradiación en todo el cuerpo de dosis entre 1 y 6 Sv que produce un
conjunto de síntomas como náuseas, vómito, fatiga, pérdida del cabello,
irritación generalizada en las membranas del cuerpo, hemorragia, diarrea,
anemia y postración total.
No todas las células y
tejidos son igualmente sensibles o vulnerables a las radiaciones. Las células
más activas y que crecen con mayor rapidez, tienden a ser las más
radiosensibles en un tejido cualquiera, así como las que son menos especializadas.
Por esta razón, los tejidos
se agrupan según su sensibilidad, en orden de radiosensibilidad: Tejido
linfático, especialmente los linfocitos; tejido hematopoyético, productor de
glóbulos blancos y plaquetas; tejido epitelial del tracto digestivo; tejido
gonadal, los testículos son más sensibles que los ovarios; el folículo piloso,
raíz del cabello; células endoteliales de los vasos sanguíneos y el peritoneo;
epitelio del hígado y suprarrenales; otros tejidos: óseo, muscular y sistema
nervioso.
El área expuesta es de
importancia pues si compromete varios de los tejidos altamente sensibles
mencionados, puede dar lugar a respuestas específicas como el síndrome del
tracto gastrointestinal. Para determinar las dosis máximas permisibles a la
radiación, se supone que la irradiación se suministra al cuerpo entero.
Los efectos de la radiación
difieren grandemente de acuerdo con la edad. La mayor sensibilidad la tiene el
ser humano en su etapa fetal, y varía hasta completar la madurez, donde se
vuelven importantes los efectos genéticos. Se han investigado casos de
irradiación fetal con dosis altas de radiación y se ha observado microcefalia,
retardo mental y alteración del crecimiento corporal, además del aumento en la
frecuencia de aparición de leucemia y cáncer del sistema nervioso central
(casos de madres sometidas a estudios radiográficos durante el embarazo); las
alteraciones a nivel de los cromosomas de las células gonadales generan
síndromes como el de Down (mongolismo), síndrome de Turner (retardo mental, esterilidad
y atrofia sexual).
Entre mayor sea la cantidad
de radiación recibida, más agudos serán los efectos que se producen, pues
existen relaciones cuantitativas entre la extensión del daño y su dosis, pero
aun así persiste el problema para establecer las dosis límites debido a que no
hay un umbral que pueda determinar la aparición de dosis mínimas.
Los efectos finales de las
radiaciones no son inmediatos; existe un período de secuencias entre la
exposición y la aparición del efecto total, aunque la velocidad a la que se
presentan los mecanismos de alteración a nivel bioquímico es del orden de 10-16
segundos hasta 1 segundo donde se completan todas las reacciones radioquímicas
en un tejido celular. Las mutaciones a nivel de células gonadales perduran por generaciones
y se manifiestan, probabilísticamente, como cambios somáticos (labio leporino,
mongolismo, leucemia, etc.) o cambios genéticos (esterilidad, atrofia de los
órganos sexuales, retardo del crecimiento, etc.).
Por último, el efecto
biológico que se observa para un tipo de radiación, lo puede desarrollar
cualquier otro tipo de radiación.
Roberto Cuenca, Ing.
Profesor Asociado,
Escuela de Salud Pública, Facultad de Salud. Universidad del Valle, Cali,
Colombia.
rocuenca[arroba]univalle.edu.co
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