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Publicación original: Colombia Médica, 1997; 28:
145-156 -ISSN 1657-9534, |
La indicación y el uso
correcto de las transfusiones de sangre y sus componentes en individuos
traumatizados presentan muchos cambios en su manejo. Son necesarias algunas
consideraciones de orden clínico y fisiológico que se asocian con la respuesta
del organismo a la pérdida aguda de sangre y otras de índole administrativo y
logístico para una práctica apropiada y segura. Los cirujanos, anestesiólogos y
especialistas en medicina transfusional deben formar un equipo que se concentre
en manejar diversos aspectos de los problemas del paciente.
Palabras claves: Trauma.
Anemia. Transfusiones. Bancos de sangre.
************
El trauma es uno de los principales problemas sanitarios en Colombia y causa un
importante impacto en la atención de los hospitales, bancos de sangre y
servicios de transfusión. Es la primera causa de muerte en individuos menores
de 40 años y la tercera causa global de muerte, y compromete en forma seria los
inventarios de sangre y sus componentes. Aunque casi todos los traumatizados
pierden una cantidad reducida de sangre que no se debe reponer, más o menos uno
de cada seis pacientes admitidos por trauma requiere transfusión de sangre y de
ellos cerca de 10% necesitan entre uno y dos reemplazos completos de su volumen
sanguíneo con transfusiones (10-20 unidades de sangre, transfusión masiva).
El descenso de la
oxigenación tisular por la capacidad inadecuada de transporte de oxígeno tiene
serias implicaciones clínicas, especialmente por los efectos de la isquemia en
el miocardio y el cerebro. La entrega de oxígeno se define como el producto del
rendimiento cardíaco y el contenido arterial de oxígeno. Como el alza en el
rendimiento cardíaco es la compensación primaria para la capacidad reducida de
transporte de oxígeno, los cambios en la microcirculación pueden afectar el
transporte de oxígeno a nivel tisular. Cuando sube la demanda del rendimiento
cardíaco en tres o cuatro veces, el miocardio puede consumir la mitad o más del
aparente incremento en la entrega global de oxígeno, lo que resulta en isquemia
de tejidos y órganos periféricos o falla para reponer el déficit de oxígeno en
el tiempo a fin de evitar cambios isquémicos irreversibles1.
Los efectos de la anemia se
deben separar de los de la hipovolemia, a pesar de que ambos pueden interferir
con el transporte de oxígeno. Según recomienda el Colegio Americano de
Cirujanos2 hoy se acepta una clasificación que se basa en los signos
y síntomas de la pérdida aguda de sangre (Cuadro 1).
Cuadro 1: Pérdida Estimada de Sangre y Líquidos, Según
del Paciente (Adulto de Peso Promedio)
|
Clase I |
Clase II |
Clase III |
Clase IV |
|
|
Pérdida de sangre (ml) |
hasta 750 |
750-1,500 |
1,500-2,000 |
> 2,000 |
|
Pérdida de sangre (% volumen sanguíneo) |
hasta 15% |
15-30% |
30-40% |
> 40% |
|
Frecuencia del pulso |
< 100 |
>100 |
>120 |
> 140 |
|
Tensión arterial |
normal |
normal |
disminuida |
disminuida |
|
Tensión del pulso |
normal o aumentada |
disminuida |
disminuida |
disminuida |
|
Frecuencia respiratoria |
14-20 |
20-30 |
30-40 |
más de 35 |
|
Eliminación urinaria (ml/hora) |
más de 30 |
20-30 |
5-15 |
ausente |
|
Sistema nervioso central/ estado mental |
ligeramente ansioso |
moderadam. ansioso |
ansioso y confuso |
confuso y letárgico |
|
Reemplazo de líquidos (3:1) |
cristaloides |
cristaloides |
cristaloides y sangre |
cristaloides y sangre |
La hemorragia clase I,
usualmente tiene pocos efectos hemodinámicos diferentes de la vasoconstricción
y leve taquicardia y no hay alteración de la perfusión tisular.
En la hemorragia clase II,
los pacientes no anestesiados pueden manifestar ansiedad y debilidad; la
presión del pulso disminuye en respuesta a la vasoconstricción y a la
taquicardia. El llenado capilar, que refleja la perfusión tisular puede ser
lento y la frecuencia respiratoria puede estar ligeramente elevada. Los signos
de ansiedad son el resultado de un descenso en la perfusión tisular. La
experiencia enseña que los jóvenes sanos con pérdidas de esta magnitud por lo
general se tratan adecuadamente con reemplazo de cristaloides.
En las hemorragias de
clases III y IV, que se presentan con signos clínicos de prechoque y choque,
son notorios los signos de hipovolemia, a saber: marcada taquicardia, taquipnea
e hipotensión sistólica. Los individuos sin anestesia muestran alteración del
estado mental.
En las pérdidas de clase IV
se compromete la vida del enfermo y se acompañan de taquicardia e hipotensión
marcadas, una presión de pulso poco perceptible y eliminación urinaria escasa;
el estado mental está marcadamente deprimido.
La evaluación clínica se
debe complementar con el laboratorio. Cuando se colocan las líneas intravenosas
se deben tomar las muestras que incluyen clasificación sanguínea, prueba
cruzada, niveles de hemoglobina y/o hematócrito, recuento de plaquetas, tiempo
parcial de tromboplastina (PTT) y de protrombina (PT) y fibrinógeno. Un nivel
bajo de hemoglobina en un sujeto que sangra agudamente con signos de choque es
evidencia de hemorragia y no se debe malinterpretar como anemia crónica
compensada3. Sin embargo, un nivel de hemoglobina normal en un
paciente con hemorragia aguda no indica que la masa de glóbulos rojos sea
normal, pues puede reflejar una hemoconcentración por pérdida de volumen y la
falta de reemplazo del volumen plásmatico.
No se ha establecido el
límite inferior de tolerancia humana a la anemia aguda normovolémica. Se sabe
que la entrega de oxígeno es adecuada en la mayoría de los individuos a
concentraciones de hemoglobina tan bajas como 7 g/dl4. En sujetos
sanos, normovolémicos, la oxigenación tisular se mantiene, y la anemia se
tolera, inclusive con valores de hematócrito tan bajos como 18%-25%5.
El corazón no comienza a producir ácido láctico a menos que el hematócrito esté
por debajo de 15%-20%1. El flujo de lactato miocárdico no parece
afectarse aun a concentraciones de hemoglobina tan bajas como 6 g/dl6.
La falla cardíaca por lo general no ocurre sino hasta cuando el hematócrito es
inferior a 10%7.
En la anemia aguda, las
reducciones en el contenido arterial de oxígeno usualmente se toleran bien
debido al mecanismo compensatorio de aumentar el rendimiento cardíaco. A este
mecanismo compensatorio lo pueden afectar la disfunción ventricular izquierda y
los efectos de fármacos vasoactivos (ß adrénergicos o bloqueadores de los
canales de calcio); por tanto, estos pacientes necesitan concentraciones más
altas de hemoglobina para una entrega adecuada de oxígeno.
También pueden afectar la
tolerancia humana a la anemia aguda fármacos como anestésicos, hipnóticos y
bloqueadores musculares, y ciertas condiciones intraoperatorias (p.e.,
hipotermia). Los anestésicos tienen una importante acción cardiovascular y
endocrina que influye en el transporte y consumo de oxígeno y la respuesta
fisiológica a la anemia aguda. Casi todos los anestésicos causan depresión
miocárdica, descensos en la presión arterial, el rendimiento cardíaco, el
volumen de eyección, la resistencia vascular periférica, el consumo arterial de
oxígeno corporal y la demanda de oxigenación cerebral y miocárdica8.
La magnitud de esos efectos varía con el anestésico y la profundidad
anestésica. Además, los anestésicos difieren en sus efectos en el flujo
sanguíneo hepático, por tanto varían en el desarrollo de la acidosis láctica
sistémica y el déficit de base en pacientes con anemia o alteración en el
transporte de oxígeno. Se considera que los seres humanos pueden tolerar
concentraciones más bajas de hemoglobina y de transporte de oxígeno durante la
anestesia que cuando están despiertos9. Eso se puede deber a la
reducción del consumo de oxígeno inducida por el anestésico o por el bloqueador
neuromuscular.
Los principios fisiológicos
han sido reforzados por estudios clínicos que indican inconsistencias en la
asociación entre anemia y efectos adversos perioperatorios. Las series de casos
en testigos de Jehová indican que algunos pacientes toleran concentraciones muy
bajas de hemoglobina (menores de 6-8 g/dl) en el período perioperatorio sin
aumento en la mortalidad9-12. Una revisión de 1,404 cirugías en
testigos de Jehová, indicó que la falta de sangre se consideró como causa
primaria de muerte en sólo 0.6% de los pacientes y como contribuyente adicional
para la muerte en 0.9%. En otra revisión de 4,722 testigos de Jehová sólo 23
muertes se atribuyeron a anemia; todas, excepto 2, ocurrieron con
concentraciones de hemoglobina menores de 5 g/dl. Los análisis estadísticos de
una serie de testigos de Jehová encontraron que la hemoglobina por sí sola no
era predictora estadísticamente significativa de muerte a menos que fuese menor
de 3 g/dl13.
Hay poca literatura
científica que apoye un valor de hemoglobina o hematócrito como indicador de
transfusión automática, según la vieja regla de 10/30; e.d., que la transfusión
se necesita en pacientes con hemoglobina de 10 g/dl o hematócrito de 30%14.
Calcular el volumen de
sangre perdida también es poco útil, por las inexactitudes para medir las
pérdidas. Las desviaciones de fluidos entre compartimentos durante la cirugía,
y el efecto dilucional de los cristaloides; las alteraciones del volumen
intravascular debidas a la administración concomitante de coloides y
cristaloides puede producir artificialmente baja o alza en los niveles de
hemoglobina.
Los cálculos de las
pérdidas de sangre son indirectos, se deducen al medir la presión arterial, la
presión venosa central o presión capilar pulmonar, el consumo de oxígeno
corporal total, la relación en la extracción de oxígeno, y la liberación de
oxígeno que se han usado para estimar la necesidad de transfusión de glóbulos
rojos. Esas mediciones requieren procedimientos invasivos, no se han verificado
independientemente y son medidas globales (no órgano específicas) de uso del
oxígeno. En situaciones clínicas, no es posible medir directamente el
transporte adecuado de oxígeno a órganos específicos o a regiones de esos
órganos.
El proceso de toma de
decisiones acerca de transfusiones es complicado, al saber que la isquemia
miocárdica es a menudo silenciosa y más frecuente en el período postoperatorio,
cuando el monitoreo es menos intenso15. Las necesidades de
transporte de oxígeno pueden aumentar en cualquier tiempo durante el
postoperatorio debido a dolor, fiebre, escalofríos o actividad física.
El choque es un estado
fisiopatológico poco conveniente para la entrega de sustratos y oxígeno y
remover los productos finales del metabolismo en los tejidos periféricos. La
rápida restauración en la entrega del oxígeno y la eliminación de su débito,
puede ser un factor primordial en prevenir el desarrollo de la falla tisular y
orgánica postraumática16.
La isquemia silenciosa en
miocardio, cerebro, hígado y riñón y otros tejidos puede ocurrir en presencia
de signos vitales estables.
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