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El choque hipovolémico se
debe a la reducción en el volumen sanguíneo después de la pérdida de sangre.
Los principios básicos de su manejo son la identificación de la hipovolemia y
restituir con rapidez la pérdida de volumen. La respuesta al choque
hipovolémico se manifiesta con un rendimiento cardíaco normal o aumentado,
resistencia vascular periférica normal o aumentada y da como producto una
entrega y consumo de oxígeno disminuidos debido al flujo lento y a la
desviación tisular. En el paciente traumatizado, la pérdida de volumen incluye
la pérdida concomitante en masa de glóbulos rojos; restaurar esta masa es de
importancia crítica.
El choque también se asocia
con pérdida de la regulación térmica y disminución de la producción de calor.
Además, el ambiente frío y el uso de líquidos intravenosos fríos puede
contribuir a la hipotermia clínica, que lleva a coagulopatía sin deficiencia en
los factores de la coagulación17. La coagulopatía en el choque
típicamente sigue a la activación y/o consumo de factores de la coagulación.
Además, un efecto fibrinolítico sucede después del trauma18 y se
activan tanto las plaquetas como la cascada intrínseca de la coagulación por el
trauma y la lesión vascular19. En consecuencia, muchos individuos
con pérdida de sangre presentan alteraciones de la coagulación. Algunas
lesiones específicas, como el trauma cerebral, inducen coagulación
intravascular diseminada (CID).
En presencia de hipotermia,
la función de las plaquetas y de la coagulación puede ser normal por pruebas de
laboratorio, pero anormal en la sala de operaciones17. Por lo anterior,
se debe ser cuidadoso y administrar liquidos calientes, evitar el uso de sangre
fría de banco sin calentar. Además, puede ser necesario el calentamiento activo
del paciente.
La acidosis resulta del
inadecuado aporte de oxígeno y la no remoción de productos de desecho. El ácido
láctico es un producto del metabolismo anaeróbico y se acumula en los tejidos
en el sistema vascular. Igualmente, la acidosis local desvía la curva de
disociación de oxígeno a la izquierda y mejora la entrega de oxígeno; pero la acidosis
sistémica tiene un mayor impacto en otros procesos metabólicos y en la
captación de oxígeno por la hemoglobina en el pulmón.
Luego, el choque prolongado
puede originar una falla multisistémica y daño cerebral por la tardanza o falla
en la reanimación efectiva del paciente en choque16. A menudo cuando
la hora crítica para la reanimación ha pasado, se puede reanimar al paciente
hasta lograr una presión arterial normal; sin embargo, ha ocurrido daño celular
irreversible y la sobrevida puede ser imposible.
Consideraciones generales.
El manejo del paciente con sangrado masivo requiere considerar:
1. Tratamiento de la
hipovolemia.
2. Tratamiento de la
hipoxemia.
3. Tratamiento de la
hemostasia.
El tratamiento inicial de
toda víctima de trauma con sangrado complicado e hipotensión es asegurar la
perfusión adecuada de los órganos vitales tan rápido como sea posible, con las
soluciones intravenosas. La hipoperfusión persistente lleva al choque
irreversible y fatal, a las insuficiencias renal y respiratoria.
Seguidamente, y en
ocasiones de manera simultánea, se debe mejorar el transporte de oxígeno, para
tratar la hipoxemia. La anemia aguda severa causa sobrecarga cardíaca con
efectos secundarios en la circulación coronaria. La elevación del hematócrito y
hemoglobina al tiempo con el volumen intravascular, son esenciales para el
transporte de oxígeno y la protección del miocardio.
Tratamiento de la
hipovolemia. El acceso venoso es crítico en el manejo del choque. La velocidad
en administrar los fluidos y la sangre está limitada por el diámetro y la
longitud del tubo que se utilice. Un catéter intravenoso corto y de gran
diámetro es la mejor elección. Un catéter venoso central-8, insertado a través
de las venas femoral o subclavia, puede permitir una velocidad de flujo de
1,000 ml/minuto de cristaloides y 500 ml/minuto de glóbulos rojos cuando se
infunden a presión. Para la conexión al equipo estándar de transfusiones se
hace necesario sustituir este último por un tubo de mayor diámetro a fin de
obtener una velocidad de flujo mayor y calentar la sangre. Se ha estandarizado
el uso de filtros en línea de 170 µm durante la transfusión de sangre y
glóbulos rojos empacados. Algunos de ellos se usan con tubos de flujo alto, que
proporcionan una velocidad de 300 ml/minuto. Algunos pequeños microagregados
pueden pasar a través del filtro; la relación entre estos microagregados y la
disfunción pulmonar no se ha confirmado. El uso de filtros finos para remover
esas partículas es innecesario al restringir la velocidad de flujo y no
adicionan ningún beneficio.
Durante el curso de la
reanimación inicial se deben monitorizar el pulso, la presión sanguínea, la
frecuencia respiratoria y la eliminación urinaria. Es apropiado el monitoreo
electrocardiográfico, particularmente con la administración de sangre y
productos sanguíneos fríos, debido a que las arritmias no son raras. El
monitoreo de la temperatura corporal y presión arterial seriada son esenciales
para asegurar el impacto de la reanimación.
La evaluación continua del
estado neurológico puede dar claves acerca de la extensión del choque; la
disminución del nivel de conciencia puede reflejar que el choque progresa o que
existe una lesión neurológica progresiva. En pacientes inestables, ancianos y
los que tienen enfermedad cardiovascular o pulmonar, es beneficioso el
monitoreo de la presión venosa central y/o la presión arterial. Es crítico el
uso de un catéter directo en la arteria pulmonar para monitoreo del rendimiento
cardíaco, entrega de oxígeno y consumo en la reanimación y manejo juicioso de
líquidos. Esas mediciones derivadas del catéter hacen más apropiado el uso de
las transfusiones para mejorar la entrega de oxígeno, más que el solo
tratamiento de la presión arterial baja o de bajo nivel de hemoglobina20.
El monitoreo del paciente debe incluir la respuesta hemodinámica y de retorno
de la perfusión con la valoración del estado mental, volumen de orina, llenado
capilar y ausencia de acidosis.
La reanimación inicial con
fluidos más comúnmente se inicia con soluciones cristaloides como solución
salina normal o lactato de Ringer. En muchas instancias el lactato de Ringer es
el fluido de elección, debido a que la reanimación masiva con salina normal
puede llevar a acidosis hiperclorémica. Cuando se trata de pequeños volúmenes
(menos de
El protocolo de reanimación
inicial del paciente que presenta choque es dar
Cuando se inicia la
transfusión, la solución salina al 0.9% es apropiada como fluido intravenoso
concomitante o para diluir los glóbulos rojos. El lactato de Ringer no se debe
usar, pues contiene 2.7 mEq/litro de calcio, que es suficiente para coagular la
sangre en la bolsa o el tubo intravenoso. Los glóbulos rojos en el nutriente
preservativo ADSOL (Baxter Healthcare Corp. Deerfield, IL) no requieren
dilución adicional.
El uso de coloides, como
albúmina al 5%, fracción proteica plásmatica y dextrano-40 e
hidroxietilalmidón, también se indican en la reanimación de pacientes
traumatizados. Se han usado como expansores de volumen los polímeros y el
almidón. Debido a los costos, a la coagulopatía que se inicia con la infusión de
coloides, o a dificultades en las pruebas de compatibilidad de la sangre
después de administrar coloides, se ha desaconsejado su uso20.
Además, la reanimación con coloides no proporciona ventajas clínicas sobre los
cristaloides y puede aumentar la tasa de complicaciones relacionadas con la
retención de fluidos intravasculares22 (Cuadro 2).
Cuadro 2: Comparación Cristaloides vs. Coloides
|
Cristaloides |
Coloides |
|
|
Retención intravascular |
Pobre |
Buena |
|
Edema periférico |
Común |
Posible |
|
Edema pulmonar |
Posible |
Posible |
|
Eliminción fácil |
Sí |
No |
|
Reacciones alérgicas |
No |
Raras veces |
|
Altera compatibilidad in vitro |
No |
Sí |
|
Coagulopatía asociada |
No |
En ocasiones |
|
Costo |
Bajo |
Alto |
Los estudios de metanálisis
sobre mortalidad en pacientes con trauma severo, favorecen el uso de
cristaloides23.
La reanimación con pequeños
volúmenes de salina hipertónica (al 3.5% ó 7%) con o sin dextrano se usan como
expansores del volumen intravascular24. Si se administran 250 ml de
solución salina al 7.5% se aumenta el volumen intravascular aproximadamente en
un litro. Esta solución es útil en individuos con lesión cerebral severa,
cuando administrar grandes volúmenes de soluciones cristaloides puede aumentar
el edema cerebral.
En la actualidad se estudia
la posibilidad de una reanimación inicial con suministro diferido de fluidos;
esto se refiere a un protocolo para tratar pacientes con heridas penetrantes
del tronco. La hipótesis del estudio sugiere que los cristaloides que se
administran antes de contener la fuente de la hemorragia, en el período inicial
del trauma, pueden ocasionar movilización de coágulos sanguíneos y causar más
hemorragia y sobrecarga de volumen. Los pacientes de este protocolo no recibieron
cristaloides sino hasta llegar al quirófano; la sobrevida de los controles y de
los pacientes fue semejante. Otros factores observados indican menores
porcentajes de insuficiencia pulmonar, infección, coagulopatía y falla
multisistémica de órganos25.
Tratamiento de la
hipoxemia. La decisión de transfundir de emergencia requiere un detallado
análisis médico que debe incluir la combinación de factores como condición
clínica del paciente, concentración inicial de hemoglobina, respuesta a los
fluidos de reanimación, coexistencia de enfermedad respiratoria, o cardíaca y
condición vascular, y, por último, medición de la oxigenación tisular obtenida
por monitoreo cardíaco o periférico. El próposito principal de la transfusión
de emergencia es restaurar la perfusión y revertir los efectos del choque para
asegurar la entrega adecuada de oxígeno.
La evaluación del paciente
en cuanto a la respuesta a la infusión rápida de
Pautas para transfusión de pacientes traumatizados:
Ciertos patrones de lesión
indican al clínico la necesidad de instituir la transfusión temprana. Los
pacientes con heridas penetrantes en tórax, cuello, abdomen o extremidades
proximales, con frecuencia están hipotensos debido a lesiones de vasos
sanguíneos mayores. Evaluar el trauma cerrado es más complejo. Ciertas lesiones
se asocian con pérdida considerable de sangre, sobre todo en quienes ingresan
hipotensos. Las fracturas de pelvis y el trauma abdominal cerrado severo
característicamente tienen una notable pérdida sanguínea y requieren
transfusión. Los sujetos con trauma multisistémico que están en choque se deben
considerar para transfusión temprana.
La pérdida externa de
sangre se debe evaluar continuamente. El control de las heridas externas por
presión directa es de gran valor. El control del sangrado con torniquete de las
extremidades es una solución a corto plazo, pero se debe usar con precaución
como una medida salvadora de vidas antes de la intervención operatoria. Las
heridas abiertas pueden tener pérdida significativa de sangre, sobre todo si el
enfermo sufre una coagulopatía.
Intraoperatoriamente, la
decisión para transfundir la deben realizar entre el cirujano y el
anestesiólogo. El monitoreo de signos vitales incluye técnicas invasivas para
asegurar la tensión arterial y la presión venosa central (y potencialmente la
presión de llenado del corazón izquierdo). El monitoreo de los niveles de ácido
láctico o exceso de base también se deben considerar. Las soluciones
cristaloides y/o coloides se usan para reemplazar el volumen en primera
instancia. La transfusión de glóbulos rojos puede ser necesaria si continúa la
pérdida de sangre. La necesidad de plasma fresco congelado (PFC) para prevenir
o corregir coagulopatías y el uso de plaquetas se pueden determinar por la
presencia clínica de sangrado capilar o coagulopatía y evidencia de laboratorio
de la deficiencia. La necesidad de crioprecipitado se debe basar en los niveles
de fibrinógeno. En situaciones de trauma, la pérdida sanguínea con frecuencia
se sobreestima tanto por la observación, como por los niveles de hemoglobina.
El juicio clínico y la experiencia son importantes en esos casos para evitar la
tendencia a sobretransfundir a los pacientes.
Los factores que afectan la
respuesta del paciente quirúrgico a la disminución de la concentración de
hemoglobina incluyen la reserva cardiopulmonar (presencia o ausencia de
enfermedad cardíaca y/o pulmonar e índice hemodinámico y efecto de drogas y
anestésicos); la velocidad y magnitud de la pérdida de sangre (actual y
anticipada), consumo de oxígeno (afectado por la temperatura corporal,
drogas/anestésicos, sepsis, actividad muscular), y enfermedad ateroesclerótica
(cerebral, cardiovascular, periférica, renal).
La transfusión está raras
veces indicada cuando la concentración de hemoglobina es mayor de 10 g/dl y
casi siempre se indica cuando es menor de 6 g/dl.
La determinación de
transfundir glóbulos rojos con hemoglobinas entre 6 y 10 g/dl se basa en los
riesgos del paciente para complicaciones derivadas de la oxigenación
inadecuada.
Hay disponibles varias técnicas
para reducir la pérdida de sangre en las intervenciones quirúrgicas. El uso de
electrocauterio en la incisión se ha identificado como una medida que reduce la
pérdida de sangre durante las exploraciones abdominales y torácicas. Igualmente
el coagulador de argón es de valor en la incisión y en el manejo de lesiones de
órganos sólidos. La autotransfusión se puede usar en la laparotomía exploradora
o en la toracotomía y en el manejo de emergencia en los traumas ortopédicos
severos. Su uso en las lesiones intestinales es tema de controversias. La
autotransfusión puede reducir las necesidades en el banco de sangre pero éste
no puede reemplazar el uso de sangre alogeneica en pacientes con hemorragia
severa continua.
Los agentes farmacológicos
sistémicos tienen poco valor para reducir el sangrado en el trauma. Sin
embargo, el colagéno microfibrilar como agente local, y otro coagulante tópico,
se han usado por largo tiempo en cirugía. El pegante de fibrina también ha sido
de valor para controlar la hemorragia en lesiones de órganos sólidos. Cuando
ocurre sangrado coagulopático en presencia de hemorragia continua, el
empacamiento de la cavidad abdominal y el cierre de las heridas pueden ser
útiles. Estas técnicas se emplean en lesiones del hígado pero a veces se
aplican en hemorragias masivas si hay trauma de pelvis, con compromiso renal o
pancreático27.
Sangre total vs. glóbulos
rojos. Desde que es posible la centrifugación y la separación de diversos
componentes (glóbulos rojos, crioprecipitado, plaquetas, plasma fresco
congelado, granulocitos, etc.) a partir de una unidad de sangre completa, ésta
ya no se encuentra disponible para el uso en muchos países e instituciones.
Así se conserva el recurso
limitado que es la sangre humana, debido a que una unidad donada puede
beneficiar terapéuticamente a varios enfermos, además también proporciona el
método óptimo de transfusión a quienes requieren grandes volúmenes de un
componente específico de la sangre. Al mismo tiempo reduce el riesgo de
sobrecarga circulatoria, minimiza la sensibilización a proteínas plasmáticas y
a ciertos antígenos celulares.
Sin embargo, en situaciones
de transfusión masiva algunos prefieren sangre completa porque la terapia con
componentes aumenta el riesgo de enfermedades infecciosas cuando se requieren
en forma simultánea glóbulos rojos y plasma fresco congelado.
En la sangre completa
almacenada, la función plaquetaria es virtualmente nula después de 48 horas de
almacenamiento a 4° C; además, hay pérdida progresiva de los factores lábiles
de la coagulación (V y VIII). El factor VIII es muy inestable y se reduce a
50%, 30% y 6% de los niveles basales a los días 1, 5 y 21 de almacenamiento,
respectivamente. El factor V es también lábil y disminuye 50% de los niveles
basales después de almacenamiento por 14 días28.
Por todo esto, la sangre
total no equivale a la sangre que se pierde en un paciente o que se colecta de
un donante y no contiene todos los factores de coagulación, ni las plaquetas,
que son esenciales en una hemorragia masiva, donde hay compromiso de la vida
del individuo e hipervolemia, lo que complica la situación clínica.
La sangre recolectada en
citrato-fosfato-dextrosa-adenina-1 (CPDA-1) se puede almacenar hasta por 35
días entre 1° C y 6° C. Las soluciones aditivas con diferentes concentraciones
de dextrosa, adenina, fosfato sódico y manitol en cloruro de sodio (conocidas
como AS-1, AS-3, y AS-5), algunas de ellas disponibles en la actualidad en
Colombia, permiten extender la vida media de los glóbulos rojos (42 días), pues
les mantienen una aceptable sobrevida. Algunos sistemas con aditivos permiten
recolectar unidades de glóbulos rojos con un volumen total de
Sin embargo, en la mayoría
de los hospitales no se usa sangre total y se suplen las necesidades
específicas de los pacientes con terapia de componentes. En otras regiones, los
bancos de sangre mantienen inventarios de sangre total para usar en pacientes
con sangrado masivo.
La sangre total
"fresca" de menos de
Los concentrados de
glóbulos rojos muestran la misma capacidad de transporte de oxígeno que la
sangre total, porque tienen la misma cantidad de hematíes.
Selección del grupo
sanguíneo que se va a transfundir. En la actualidad se ha estandarizado que los
receptores en quienes se desconozca el grupo ABO se les debe aplicar glóbulos
rojos grupo O29.
Como el tiempo tiene
importancia en los individuos exsanguinados, no es prudente esperar a que se
completen las pruebas de tipificación sanguínea antes de iniciar una
transfusión. En esas situaciones, la reanimación inicial con sangre debe consistir
en glóbulos rojos grupo O no cruzados30.
En un refrigerador para
sangre, adecuadamente monitorizado, debe haber disponibles de
Durante la preparación de
los glóbulos rojos, las células usualmente se centrifugan y se resuspenden en
soluciones aditivas (AS), que extienden la viabilidad y mejoran la velocidad de
flujo. Sólo pequeñas cantidades de plasma contienen anti-A o anti-B
(aproximadamente 20-30 ml) permanecen en los concentrados de glóbulos rojos
resuspendidos en las soluciones aditivas AS-1 (Adsol), AS-3 (Nutricel) y AS-5
(Optisol). En consecuencia, cuando se determina el tipo de sangre del paciente,
de manera segura se le puede cambiar al tipo específico necesario o tipo
compatible sin peligro del riesgo de hemólisis por la transfusión pasiva de
anticuerpos que ocurren de forma natural. El uso de tipo específico de sangre
conserva el limitado inventario de unidades grupo O.
Los concentrados de
glóbulos rojos preparados en CPDA-1 (citrato, fosfato dextrosa adenina)
solución anticoagulante preservativa pueden contener tanto como 50 ml a 80 ml
de plasma. Esta cantidad de plasma en individuos con altos títulos de anti-A
y/o anti-B puede causar hemólisis31. Por tanto, los glóbulos rojos
de grupo O en CPDA-1 son menos deseables que unidades en Adsol para receptores
diferentes de grupo O y, además, tienen una velocidad de flujo más reducida.
Después de la determinación del grupo específico del paciente, se deben usar
glóbulos rojos tipo específico en CPDA-1.
Sin embargo, el uso de
glóbulos rojos tipo específico en situaciones de urgencia/centros de trauma es
materia de discusión. El riesgo de incompatibilidad ABO es mayor y la reacción
transfusional hemolítica por errores humanos o error técnico que se origina
durante períodos de alta emoción, es una consideración mayor para evitar el uso
de glóbulos rojos tipo específico30,32. Los errores al identificar
los enfermos, rotular las muestras, procedimientos múltiples o simultáneos de
tipificación, pruebas y problemas del personal, aumentan el riesgo de errores
humanos. El error en la administración de sangre se eleva durante situaciones
en las que múltiples individos traumatizados requieren transfusión urgente. En
algunos centros, las admisiones múltiples acontecen en 50% de los casos de
trauma; la sangre grupo O se usa exclusivamente en situaciones multicasuales33.
Cuando esos pacientes se envían a las salas de operaciones o a las unidades de
cuidado intensivo, las subsecuentes transfusiones deben ser de tipo específico.
Infortunadamente, esto produce una alta demanda de este grupo O, pero evita los
errores potenciales serios de la incompatibilidad ABO.
El retardo en el tiempo
para reconocer la necesidad de transfusión y la disponibilidad de unidades de
tipo específico (sin cruzar), los citan quienes se oponen al uso de glóbulos
rojos de tipo específico. Sin embargo, la tipificación ABO y Rh toma
aproximadamente de
El uso de glóbulos Rh
positivo o negativo para transfusión en situaciones de emergencia y/o trauma
varía. Hay filosofías y prácticas distintas sobre el manejo de los componentes
sanguíneos que contribuyen a esta variedad. Casi todos los receptores de
transfusión en situaciones de emergencia se hallan en dos grupos: hombres
jóvenes (cerca de 75%) con heridas penetrantes o trauma cerrado sin historia de
transfusión previa y pacientes con un cuadro agudo o recaídas de alguna
condición que a menudo ha requerido transfusiones previas de sangre34.
Debido a que sólo entre 8% y 10% de la población de donantes de sangre son Rh
negativos, la disponibilidad universal de este producto para todos los
requerimientos de transfusión en emergencias o trauma no es posible. Sin
embargo, se ha establecido la seguridad y eficacia del grupo O-Rh positivo en
varones jóvenes sanos35-37; muchos médicos aceptan el uso exclusivo
de glóbulos rojos grupo O-Rh positivo.
Alternativamente, algunos
centros de trauma han decidido el uso de
En casos de vida o muerte,
se puede ahorrar tiempo al transportar unidades de grupo O-Rh positivas a la
sala de urgencias, al mismo tiempo que el paciente va rumbo al hospital.
Debido a la profunda
hipovolemia que sufren los sujetos con hemorragias masivas, una gran cantidad
de anticuerpos circulantes se pierden fuera de la circulación. Los anticuerpos
que quedan son diluidos en su concentración por los cristaloides o coloides y
las transfusiones administradas.
En muchos casos el enfermo
que recibe al principio componentes Rh negativos, cuando se agota el inventario
(que siempre es limitado), se recurre a la sangre Rh positiva, lo que deja un
mayor número de eritrocitos antigénicos en circulación. Bajo el protocolo de
uso inicial de componentes Rh positivos, al paciente se le cambia a sangre Rh
negativa luego de su reanimación inicial. Con frecuencia se reduce el número de
eritrocitos Rh positivo circulantes en el individuo ya estabilizado, en
comparación con la estrategia opuesta.
El uso de globulina inmune
Rh, luego de la transfusión de concentrados Rh positivos, no es recomendable ni
eficaz (cada dosis neutraliza sólo 15 ml de glóbulos rojos incompatibles). No
todos los pacientes Rh negativos producirán anti-D.
Si se necesitan más de dos
unidades de O sin prueba cruzada, es mejor continuar la transfusión con
unidades O antes que cambiar al grupo específico del paciente porque a veces se
puede producir la hemólisis de las células donadas.
El plasma AB se debe
proteger con todo juicio contra usos innecesarios. Cualquier individuo puede
recibir plasma AB; menos de 5% de los donantes de sangre son grupo AB. El
plasma del grupo AB, se debe reservar para personas de este grupo y para los
que requieren plasma previo a la determinación del grupo sanguíneo. Cuando el
grupo ABO se conoce, se debe administrar plasma compatible o tipo específico.
Para productos que
contienen plasma, idealmente los glóbulos rojos del receptor deben ser compatibles
con los anticuerpos ABO del plasma donado. Para la selección del componente
cuando no hay disponible una unidad idéntica ABO se puede guiar por el Cuadro
3.
Cuadro 3: Selección de Sangre para Transfusión de Acuerdo
con el Sistema ABO
|
Grupo del paciente |
1ª |
Alternativas 2ª |
3ª |
|
O |
- |
- |
- |
|
A |
A |
concentrado O |
- |
|
A2 con anti-A1 |
A2 |
concentrado O |
- |
|
activo a 37° C |
B |
B |
- |
|
concentrado O |
- |
- |
|
|
AB |
AB |
concentrado A o |
- |
|
B* |
concentrado O |
- |
|
|
A2B con anti-A1 |
A2B |
concentrado A2 o B* |
- |
|
concentrado O |
- |
- |
- |
|
activo a 37° C |
- |
- |
- |
Selección de Otros Componentes para Transfusión
|
Producto |
Tipo de componente sanguíneo requerido |
|
Plasma fresco congelado |
Debe ser compatible con eritrocitos del receptor |
|
Plaquetas |
Todos los grupos abo son
aceptables; se prefieren los grupos compatibles con los glóbulos rojos del
receptor. Las plaquetas para neonatos deben ser de grupo específico
|
|
Crioprecipitado |
Todos los grupos son aceptables |
* Usar uno u otro de estos
grupos, pero no transfundir los dos en el mismo paciente.
Los derivados plasmáticos
como álbumina al 5% y 25%, y globulina inmune Rh se administran
independientemente del grupo ABO y Rh.
Cuando se transfunden
mujeres jóvenes D negativas, se prefiere usualmente cambiar a grupo ABO
compatible antes que el Rh (p.e., de glóbulos rojos A negativo a O negativo, en
lugar de transfundir A positivo). El paciente Rh negativo con un anti-D debe
recibir sólo sangre Rh negativa.
La sangre con antígenos
negativos no es necesaria para pacientes con autoanticuerpos debido a que el
autoanticuerpo no destruye los glóbulos rojos antígeno positivos transfundidos
más rápido de lo que son destruidos los propios glóbulos rojos antígeno
positivos.
A menudo es deseable
retornar a la transfusión de sangre con grupo específico después de administrar
sangre de un grupo ABO distinto al del paciente. La seguridad de administrar
sangre con el grupo específico ABO depende del estado de anti A y/o anti B en
una muestra de sangre del receptor. Cuando el suero de una muestra fresca es
compatible con los glóbulos rojos del grupo ABO original del paciente, se puede
usar sangre de grupo específico para la transfusión. Si la prueba cruzada es
incompatible debido a la presencia de anticuerpos ABO, la transfusión se debe
continuar con los glóbulos rojos del grupo ABO compatible usado como
alternativa.
Si el cambio de grupo
compromete sólo el sistema Rh, el cambio a la sangre Rh de tipo específico es
simple, debido a que no se espera encontrar los anticuerpos en el plasma del
receptor o donante. Sin embargo, la situación se puede complicar si el paciente
ha recibido sangre de un tipo Rh distinto al suyo antes que la prueba se
realice. Esto puede dificultar el correcto tipo de Rh. El verdadero Rh del
receptor se puede establecer sólo con una prueba de células autólogas en una
muestra colectada antes de la transfusión o en células autólogas obtenidas
postransfusión de manera especial. Si hay dudas acerca del tipo de Rh del
receptor, es mejor transfundir con sangre Rh negativo.
No es necesario tipificar
de rutina la sangre para otros sistemas de grupos sanguíneos distintos al ABO y
Rh; sin embargo, si el receptor tiene un anticuerpo inesperado la decisión de
seleccionar o no unidades negativas para el antígeno correspondiente depende
del aloanticuerpo específico y la urgencia clínica de la transfusión. En
general, si el receptor tiene un anticuerpo inesperado que se considera
clínicamente significativo, se debe seleccionar sangre negativa para el
antígeno correspondiente en la prueba cruzada. Si el anticuerpo es débilmente
reactivo o difícilmente demostrable, es necesario usar antisueros para filtrar
(tamizar) las unidades donadas a fin de encontrar el fenotipo con
antígeno-negativo. Si el paciente en la muestra pretransfusión no tiene
anticuerpos inesperados, se puede abreviar la prueba cruzada a la
centrifugación inmediata en salina para confirmar la compatibilidad ABO.
Hay que tener en cuenta que
después de una transfusión de grandes volúmenes de sangre en un período corto,
la proporción de células y plasma del propio paciente se reduce en la circulación.
La muestra pretransfusional deja de ser representativa del estado serológico y
las pruebas cruzadas con la muestra inicial tienen menos validez. Cuando un
individuo del grupo A, B o A,B, ha recibido de
Si el receptor es A,B y no
hay disponible unidades con este grupo, se le pueden suministrar concentrados
de GR A, B u O. Pero si ha recibido previamente sangre total puede tener
anticuerpos anti-A o anti-B según el tipo transfundido. Así, pues, no se recomienda
transfundir sangre A y B en forma indiscriminada. Se debe hacer una evaluación
de las reservas disponibles de cada grupo y administrar uno solo.
Se debe dejar constancia en
el registro de la transfusión y en la historia clínica del paciente del número
de unidades transfundidas sin pruebas de compatibilidad y su justificación.
Otros sistemas de grupo
sanguíneo. La importancia de los grupos sanguíneos se determina por la
capacidad que tiene un anticuerpo contra un antígeno del sistema para que pueda
causar hemólisis o aglutinación in vivo (37° C). Se les llama anticuerpos con
significancia clínica y son usualmente IgG.
Exceptuando los del sistema
ABO que son IgM, y junto con el Rh son los más importantes en medicina
transfusional; los anticuerpos que aglutinan a temperatura ambiente o más baja
son por lo general IgM y no se consideran clínicamente significativos. Los
sistemas de grupo sanguíneo como Duffy, Kell, Kidd, Lewis y MNSs son menos
importantes en la clínica. Las razones incluyen la frecuencia de genes, las
propiedades inmunogénicas, y la naturaleza de los anticuerpos formados. Los
anticuerpos en esos sistemas de grupo son generalmente IgG y con excepción de
los del sistema Kidd, no causan hemólisis intravascular.
Cuadro 4: Tiempo Mínimo Requerido
para Liberar Componentes Sanguíneos
Durante Emergencia/Transfusión Masiva
|
Componente sanguíneo |
Tiempo (min.) |
|
Grupo O, sin cruzar |
2-5 |
|
Tipo ABO específico, sin cruzar |
10-15 |
|
Rastreo de anticuerpos |
20-40 |
|
Centrifugado inmediato de prueba cruzada |
5-10 |
|
Coombs indirecto |
35-40 |
|
Plaquetoféresis (despachar) |
10-15 |
|
Concentrado de plaquetas
(agrupación de 6 unidades y despacho) |
25-30
|
|
Plasma fresco congelado
(descongelar y despachar dos unidades) |
30-40
|
|
Crioprecipitado
(descongelar, agrupar, y dispensar 10 unidades) |
30-40
|
Pruebas de compatibilidad
en emergencia. Se necesitan de
Varios factores afectan la
manera como se manejan las emergencias y los servicios de transfusión. En
muchas instituciones, la separación física de estos servicios y el centro de
trauma o sala de emergencia no permiten una adecuada y pronta disponibilidad de
la sangre. Otros factores influyentes incluyen: el tiempo que se gasta en
recibir resultados de las pruebas de coagulación y/o hematología, la
disponibilidad del personal del servicio de transfusión, la disponibilidad de
unidades de cuidados intensivos y facilidades de la sala de operaciones, el
nivel de comodidad de los cirujanos y la disponibilidad de los servicios de
consulta en medicina transfusional.
Debido a que los errores
humanos para identificar los pacientes y sus muestras se dan en situaciones de
alta emoción en los centros de trauma y en las salas de cirugía, se debe tener
especial cuidado en identificar al enfermo a quien se ordena la sangre o que va
a ser transfundido. Los sujetos que llegan a las unidades de trauma con
frecuencia están inconscientes, o carecen de sus efectos personales para su
identificación correcta, o pueden no estar acompañados de conocidos o parientes
que confirmen la identidad.
Otro factor que contribuye
a los errores son los casos donde los familiares o los hijos tiene el mismo
nombre. Se ha seguido una gran variedad de sistemas para identificar una
víctima desconocida. Un método de identificación único alfanúmerico en lugar
del nombre del paciente es la medida más popular de identificación (ejemplo: TF
# 213). Los múltiples procedimientos simultáneos y la sobrecarga de trabajo del
personal responsable de las pruebas, aumenta el riesgo de errores de oficina. Las
muestras de sangre para el laboratorio, las solicitudes, todos los resultados y
la sangre de este paciente se agrupan bajo ese código hasta cuando se pueda
determinar la identidad correcta del individuo.
La identificación exacta
del sujeto y de la sangre o de los componentes que se van a transfundir, y
confirmar la compatibilidad, son los procedimientos críticos y de mayor
importancia porque el tipo más común de error que se asocia con las muertes se
debe a deficiencias en este proceso, al transfundir sangre o componentes ABO
incompatibles.
La responsabilidad de la
exacta identificación del componente por transfundir descansa tanto en el
personal del banco de sangre que lo despacha como en el representante del
servicio clínico que lo recibe.
Cuando se reciben la sangre
o el componente, se debe confrontar con la forma de solicitud para verificar si
el producto es correcto.
Como regla, dos enfermeras
o una enfermera y el médico, deben constatar que el nombre del paciente, el
número asignado por el banco, el número de la historia clínica, los tipos ABO y
Rh, y la fecha de expiración, sean correctos y apropiados en todas las unidades
que se van a transfundir, que correspondan con el producto solicitado y que
éste sea compatible. Además, se debe asegurar que la unidad esté sellada, que
conserve el sistema cerrado, que tenga todos los rótulos del producto deseado,
nombre del componente, pruebas infecciosas negativas, así como observar el
aspecto físico que incluye: presencia de gas, turbidez, cambios de color o alteraciones
en su volumen.
Toda discrepancia se debe
comunicar al banco de sangre y hasta no aclararla o repetir las pruebas si es
necesario, no se debe iniciar la transfusión. Toda la información del rótulo de
la bolsa se debe conservar hasta cuando termine la transfusión.
SUMMARY: Patients who have lost blood for
trauma and require blood and blood components replacement present many
challenges in their management. These challenges are best met if there is a
close communication among clinicians, surgeons, anesthesiologists, the
transfusion services and specialists in transfusion medicine. Knowledge of the
clinical aspects and physiology associated with hemorrhage and other logistic
and administrative considerations are necessary for safe transfusional
practices.
Armando Cortés Buelvas, M.D.
Profesor Titular y Jefe del Departamento de Patología, Facultad de Salud,
Universidad del Valle, Cali.
Director del Banco de Sangre y Servicio de Transfusión.
Cruz Roja Colombiana Seccional Valle, Cali.
arcortez[arroba]univalle.edu.co
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