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Los subespecialistas van a
estar muy ocupados con su alta tecnología. Y, si los procedimientos tecnológicos
copan la actividad del subespecialista, pueden hacer perder la visión integral
de su paciente. Y esa alta tecnología no le dará la satisfacción completa al
paciente, a pesar de que todo en apariencia se haga muy bien. Nadie oyó sus
dudas, nadie exploró sus sentimientos de depresión. Y aunque la arteria quedó
bien abierta, él sigue con el temor de que puede morir de un infarto.
Se fragmentó su estudio,
intervino el cardiólogo invasivo, el no invasivo, el fisiatra, el de medicina
nuclear, y, por último, el cirujano cardiovascular. Cada uno explicó su parte
tecnológica. Pudo oír comentarios diferentes que le originaron más
incertidumbre. Falta un director de orquesta que acompase todos estos
instrumentos. Y para mí ese Director de Orquesta es el MÉDICO DE CABECERA, que
lo ayude a disipar temores, que integre todo esos estudios, que tenga paciencia
para resolver todas sus inquietudes.
Ese médico de cabecera ha
conocido por años a su paciente y a los familiares. Conoce sus fortalezas y
debilidades. A través de esas múltiples consultas, se han establecido unos
lazos de afecto y compromiso, que buscan siempre lo mejor para el enfermo. Por
eso ese MÉDICO DE CABECERA ve más allá de los aspectos médicos. Se vuelve un
abogado de su paciente, un consejero espiritual, un psiquiatra. Le recomienda
lo mejor. No deja que lo exploten. Busca el mejor subespecialista que ayude a
solucionar problemas complejos.
Y ese paciente, agradecido,
volverá a su MÉDICO DE CABECERA. Y cuando ese paciente ha confiado en su MÉDICO
DE CABECERA, con él tomará las decisiones finales que más convengan para su
manejo. He vivido numerosas experiencias en las que mientras el MÉDICO DE
CABECERA, no dé la autorización, el paciente no se deja hacer ningún
procedimiento, aunque sea recomendado por el mejor subespecialista y con las
mejores intenciones. El paciente se siente mejor atendido, queda satisfecho. No
se siente fragmentado.
El médico general, el
médico de familia y el internista pueden ser los médicos de cabecera. Los
subespecialistas de medicina interna, por su entrenamiento básico en esta
especialidad deben conservar la actitud de internistas y manejar cada enfermo
de manera integral. Infortunadamente muchos de esos subespecialistas han
perdido esa actitud.
Las circunstancias actuales
del ejercicio profesional lo obligarán a retomar nuevamente esas actitudes por
simple supervivencia. En circunstancias especiales el mismo médico
subespecialista debe ser el MÉDICO DE CABECERA, cuando el problema principal
del paciente se relacione con su subespecialidad, y muestre otros problemas que
tengan que ver con otras subespecialidades. Cuando actúen distintos
subespecialistas siempre debe haber un director de orquesta, un MÉDICO DE
CABECERA. Este médico será el principal enlace y orientador para el paciente y
sus familiares.
La medicina de los
subespecialistas, que ejercen en el terreno limitado de su subespecialidad es
muy costosa. Así lo deben entender las empresas de medicina prepagada y las
instituciones de salud. Si hay un paciente de edad hipertenso, diabético, con
un accidente cerebrovascular isquémico e insuficiencia renal, además con
insuficiencia cardíaca y síntomas digestivos, podría ser visto por el
cardiólogo, el endocrinólogo, el neurólogo, el nefrólogo y el gastroenterólogo,
y cada cual por atender el sistema afectado, fragmentaría la atención del
paciente, cuando todos los problemas los podría atender bien un internista, que
sería el mejor MÉDICO DE CABECERA, el director de orquesta.
La relación médico-paciente
que se establece así, sería mucho mejor, que la relación fragmentada de cada
subespecialista. Cada subespecialista manejaría los problemas, y como los
ciegos que palpan las diversas partes del elefante, cada uno tendrá
apreciaciones parciales del problema. Al diluir esas responsabilidades entre
muchos médicos se pueden cometer serios errores en perjuicio del paciente. Los
exámenes de laboratorio se multiplicarían, la polifarmacia sería la regla. He
visto pacientes que toman veinte medicamentos distintos enviados por todos los
subespecialistas, cuando con sólo dos o tres se podría manejar el problema.
Esto lo bautizo "complicación de médicos."
Cada enfermedad no la tiene
que manejar un subespecialista distinto. Si hay una situación compleja sí sería
importante el concurso del subespecialista. En la mayoría de los casos esto no
es necesario. Si se puede tener una visión integral del paciente se actuará en
forma más coordinada y con más eficiencia.
Y este director de
orquesta, que trabaja con objetividad científica y honestidad, puede referir al
subespecialista cuando el problema por su complejidad necesite ayuda, y luego
devuelve el enfermo a su MÉDICO DE CABECERA para respetar en todo momento los
deseos del paciente. El internista podría solucionar la mayoría de los
problemas de salud del adulto.
Cuando ese MÉDICO DE
CABECERA dentro de su honestidad vea que no puede manejar más al paciente, debe
manifestarlo así al subespecialista: "Por favor, encárguese del señor tal
o de la señora cual."
Cuando la interconsulta se
pide en el sentido de: "Deseo saber su concepto sobre diagnóstico y
tratamiento," se debe devolver siempre el paciente con una comunicación
clara y precisa. Deja un buen ánimo de remisión, cuando el médico
interconsultado además de la nota escrita, habla personal o telefónicamente con
el médico interconsultante y la da sus opiniones sobre el diagnóstico y manejo
del caso.
Se debe evitar en todo
momento una competencia desleal con los colegas que busque acaparar pacientes.
Siempre se debe hacerse el esfuerzo de devolver el enfermo. Las instituciones
de salud deben establecer normas en las cuales el paciente vuelva a su MÉDICO
DE CABECERA. Cuando por alguna razón este MÉDICO no se encuentre de turno, o
esté ausente por un día festivo o un puente, o por cualquier otra razón que no sea
el deseo del paciente de cambiar de médico, se debe devolver este paciente al
MÉDICO tratante.
A todos estos factores
negativos se agregan las tarifas injustas, que no gratifican económicamente al
médico, que ha invertido en su preparación largos y costosos años. Además,
viene el pago tardío de sus honorarios. En sus compromisos económicos a él no
lo esperan, pero él sí tiene que esperar. Esas tarifas injustas estimularán,
por el factor supervivencia, una competencia agresiva entre médicos e
instituciones, donde el control de calidad se puede perder en perjuicio del
paciente. Entre más enfermos se vean, se compensará ese bajo ingreso. Puede
surgir aquí el canibalismo entre médicos e instituciones. Los pacientes se
verán arrebatados entre unos y otras.
Lo importante son los
resultados en bien de la salud de los pacientes. ¿Quién medirá esos resultados,
si se estratifican los pacientes? ¿Quién medirá la calidad de la atención
médica? Hay una carrera loca, hacia el aspecto comercial para poder sobrevivir.
Esto podría estimular una competencia desleal, que iría en perjuicio del
paciente quien se vería sometido a presiones indebidas, donde se aprovecha su
ignorancia en las decisiones médicas. Se subvalora la consulta médica, sin
verse muy afectados los procedimientos lo que estimulará la proliferación de
ellos como compensación al bajo precio de tal consulta.
La Ley 100 con sus EPS, IPS
y POS que busca equidad, justicia y eficiencia, agrava más la situación del
médico, quien para poder defenderse tiene que atender volumen, y sacrifica la
calidad de atención. Todos estos son factores negativos que van en contra de
una buena relación médico-paciente, básica en la solución de los problemas de
salud.
Y si se altera la calidad
de atención, para atender un volumen exagerado de pacientes en la menor
cantidad de tiempo aumentarán los errores humanos y la insatisfacción del
enfermo, que verá a su médico no como un amigo que le ayuda, sino como un
enemigo al que hay que demandar por su mal trato.
En la práctica se ve cómo
el paciente insatisfecho por la atención, vuelve a su médico particular. Esto
lo he podido observar en enfermos del ISS, que se han visto frustrados al ser
mal atendidos en urgencias por la demora inhumana debida a la congestión de
casos, o al tener que asistir a una consulta externa, desde las 5 de la
madrugada para ser atendido en forma más que rápida a las 11 del día, o a veces
más tarde.
Por eso, para mí, la
práctica privada nunca se terminará. Y si los médicos establecemos unas tarifas
que estén de acuerdo con las capacidades económicas del paciente, la práctica
privada se mantendrá o podrá aumentar.
El paciente quiere que se
lo oiga. La mayoría de los problemas que nos consultan son de origen
psicosomático, en los cuales se necesita tiempo para oír y orientar al
paciente.
Para que el acto médico
rinda buenos frutos se debe rodear de una atmósfera de ciencia, confianza,
lealtad, compromiso, respeto, equidad, justicia, trato humanizado, y tiempo
suficiente para la consulta. Todos estas actitudes deben ir de médico a
paciente y de paciente a médico. Y aquí juegan gran papel todas las
instituciones de salud, donde se incluyen las empresas de medicina prepagada,
las EPS y las IPS.
Los médicos, todos unidos
en una sola Federación Médica Colombiana, debemos luchar por defender nuestros
derechos en bien del paciente. No debemos ser convidados de piedra porque se
altera por completo nuestro ejercicio profesional y se afecta tanto la calidad
de la atención como el engranaje de la relación médico-paciente.
SUMMARY
The experience of years in
the practice of medicine, that many have changed initially caring of private
patients to recent times taking care of prepaid health plans is reflected in
the alteration of trust and effectivity of the relationship with the patient.
The importance of primary care doctor as the director of the caring of his
patient is emphasized.
Javier Gutiérrez
Jaramillo, M.D.
Profesor Titular,
Departamento de Medicina Interna, Facultad de Salud, Universidad del Valle.
Internista Cardiólogo, Fundación Valle del Lili, Cali, Colombia.
jaguti[arroba]emcali.net.co
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