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La osteoporosis: un enfoque útil para el clínico de hoy. Epidemiología y patogénesis


Partes: 1, 2

    Publicación original: Colombia Médica, 1998; 29:
    81-86 – ISSN 1657-9534,
    Reproducción autorizada por: Corporación Editora Médica del Valle,
    Universidad del Valle, Cali, Colombia

    RESUMEN

    La osteoporosis es una
    enfermedad de distribución mundial, que afecta a unos 200 millones de personas.
    Se caracteriza por disminución de la masa ósea y una resultante propensión a
    fracturas óseas por fragilidad (Conferencia de Consenso, 1993). Las fracturas y
    sus complicaciones son causa importante de morbilidad y mortalidad en la
    población de mayores de 65 años. El conocimiento de la fisiopatología y los
    mecanismos normales de regulación del remodelado óseo, así como las funciones
    de los osteoblastos y los osteoclastos son algunas de las áreas en que más se
    ha progresado recientemente. El diagnóstico temprano, y las estrategias de
    prevención son la mejor arma para enfrentar este grave problema de salud
    pública.

    Palabras claves:
    Osteoporosis. Fracturas. Hueso. Metabolismo óseo.

    La osteoporosis es una
    entidad caracterizada por una disminución en la masa ósea, con resultante
    alteración de la microarquitectura del hueso y disminución de la resistencia
    ósea que finalmente llevan a un aumento de la fragilidad del hueso y a
    fracturas1.

    La importancia que ha
    adquirido en los últimos años, se debe al inmenso costo que para los sistemas
    de salud tienen las fracturas, así como la alta mortalidad y discapacidad que
    acarrean, sin olvidar el impacto que el dolor causa a los pacientes que las
    padecen. Se ha calculado que en el mundo puede haber unos 200 millones de personas
    con osteoporosis. El costo de atención de estos pacientes se mide en miles de
    millones de dólares2.

    El interés por esta entidad
    ha ido ganando audiencia en los últimos años, debido en parte a que la
    literatura ha sido pródiga en material sobre el tema; es muy posible que no
    haya otra entidad clínica con tantas revistas dedicadas exclusivamente a ella.
    La otra gran razón para su creciente popularidad en los círculos médicos, es el
    notorio crecimiento de la población de ancianos, por obvias razones, los más
    expuestos a sus riesgos. Con la continua mejoría de los servicios de salud en
    todo el mundo, así como los cambios en la calidad de vida y los estándares de
    salud, ha aumentado la expectativa de vida de la población; por tanto, cada día
    hay más y más personas expuestas a las consecuencias funestas de la
    osteoporosis. También, los esfuerzos de la ciencia para controlar sus efectos
    han dado frutos muy significativos, tanto en el conocimiento de la patogénesis
    como la forma de diagnosticarla, monitorizarla y tratarla con éxito. En esta
    serie de artículos, los autores condensan la información reciente más relevante
    y clínicamente útil acerca del tema. Para un tratamiento profundo y exhaustivo
    del tema, se refiere al lector a la bibliografía citada y a textos especializados
    en osteoporosis.

    ¿QUE ES LA OSTEOPOROSIS?

    Hay varias definiciones de
    la osteoporosis; es posible que todas tengan en común la fragilidad ósea y las
    fracturas como sus principales componentes; sin embargo, se deben considerar
    otros elementos como p.e., no todas las fracturas ocurren por osteoporosis, la
    magnitud y calidad del trauma también influyen. Una definición de osteoporosis
    que se acepta corrientemente, es la acuñada en 1993, sin autor conocido:
    «Enfermedad esquelética sistémica, caracterizada por baja masa ósea y deterioro
    microarquitectónico del tejido óseo, con aumento subsecuente en la fragilidad
    del hueso y en la susceptibilidad al riesgo de fracturas.»1 El
    inconveniente principal de esta definición es que deja por fuera las causas localizadas
    de osteoporosis, como las neoplasias y la inmovilización prolongada de una
    parte del cuerpo. Una definición operativa, quizá tenga mayor utilidad para el
    clínico en su práctica diaria; en ese sentido hay un acuerdo entre varias
    instituciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS),
    la Fundación Nacional de Osteoporosis de los EE.UU. y la Fundación Europea de
    Osteoporosis y Enfermedad ósea, para definirla en términos de la densidad
    mineral ósea (DMO), según parámetros de densitometría ósea. De acuerdo con esta
    definición de categorías diagnósticas, válido para mujeres caucásicas adultas,
    la osteoporosis se considera según las siguientes definiciones3:

    1. Normal. Valor de la DMO
    no mayor de 1 desviación estándar (DE) por debajo del promedio para adultos
    jóvenes.

    2. Masa ósea baja
    (osteopenia). Valor de la DMO mayor de 1 DE por debajo del promedio del adulto
    joven, pero no inferior a 2.5 DE por debajo del mismo.

    3. Osteoporosis. Valor de
    la DMO mayor de 2.5 DE por debajo del promedio del adulto joven.

    4. Osteoporosis severa
    (osteoporosis establecida). Valor de la DMO mayor de 2.5 DE por debajo del
    promedio para el adulto joven en presencia de una o más fracturas por
    fragilidad.

    Es importante anotar que
    aún no hay acuerdo sobre el punto de corte que se debe aplicar para el
    diagnóstico en hombres y en mujeres de raza negra; es posible que se deba
    utilizar uno más alto. Como la distribución de valores de la DMO es normal en
    la población sana, la incidencia de osteoporosis aumenta con la edad y esto
    coincide con las fracturas asociadas con la osteoporosis. En ausencia de
    fractura, no existe un criterio absoluto en la DMO; es decir, el punto de
    corte, definido arbitrariamente, captura o recoge a la mayoría de pacientes con
    fracturas osteoporóticas, pero puede haber cierto grado de sobreposición entre
    enfermos y personas normales. Esta definición operativa es fácil de utilizar,
    porque sigue unidades de desviación estándar comparadas con el adulto joven o
    sea el llamado "score" T.

    EPIDEMIOLOGIA DE LA OSTEOPOROSIS

    Como resultado del exceso
    de formación y mínima resorción ósea, el esqueleto crece a una velocidad
    importante durante la niñez y la adolescencia hasta llegar a un punto máximo,
    llamado el pico de masa ósea; nivel que se logra en algún momento entre los 20
    y 30 años y depende de factores genéticos, nutricionales y ambientales como el
    ejercicio. Luego viene un período de meseta, donde hay equilibrio entre la
    resorción y la formación ósea; el resultado neto es una estabilización en la
    masa ósea. Después, alrededor de las décadas cuarta y quinta, para ambos sexos,
    comienza un proceso de disminución de la masa, que es continuo y progresivo
    hasta llegar al final de la vida entre las décadas novena y décima. En esta
    etapa de pérdida, la característica es un exceso de resorción sobre la
    formación de hueso; por tanto, el balance final es negativo. Los factores
    comprometidos en la pérdida son múltiples, pero estrechamente relacionados,
    como hormonas, citocinas, absorción y utilización de calcio, disminución de
    actividad física y también posiblemente genéticos.

    La velocidad a la que
    ocurre la pérdida, es distinta según el sexo; asimismo, el resultado final es
    notoriamente distinto. En las mujeres perimenopáusicas, la disminución de masa
    ósea ocurre a razón de 2% a 3% por año en los primeros 5 años; luego continúa
    alrededor de 1%, así que al llegar a los 80 años de edad, ha perdido cerca de
    40% de su pico de masa ósea. En los hombres la tasa de pérdida es bastante
    menor; al llegar a los 80 años, han perdido cerca de 25%. Aparentemente, según
    las investigaciones realizadas, la deficiencia estrogénica es la principal
    causa de esta diversidad.

    Sin embargo, la masa ósea
    no es el único determinante de la osteoporosis; sin duda, la calidad del hueso
    también se modifica con la edad avanzada; algunos estudios han mostrado
    deficiencias en la microarquitectura del hueso, consistentes en pérdida de la
    conectividad entre las trabéculas, disminución del grosor, y pérdida de
    elasticidad y resistencia. El resultado son microfracturas y disminución de la
    resistencia al trauma.

    Si se mira a las fracturas
    de todos los orígenes, su prevalencia es bimodal; en la niñez y en mayores
    de 45 años es mayor que en los adultos jóvenes. Casi todas las fracturas por
    osteoporosis ocurren en ancianas y su incidencia aumenta con la edad. Los
    sitios más afectados son las vértebras, las muñecas y las caderas. Las mujeres
    se fracturan dos veces más que los hombres, y esto se relaciona con menor
    masa ósea pico, mayor riesgo de caídas y mayor expectativa de vida. El riesgo
    que una mujer tiene de sufrir una fractura durante su vida está cerca a 40%.
    Después de los 85 años de edad, las fracturas de cadera son las más comunes.

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