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Se efectuó una incisión
vertical paramediana izquierda supra e infraumbilical, se identificaron,
ligaron y cortaron, con sutura no absorbible, los vasos gastroepiploicos
derechos cerca del píloro en la curvatura mayor del estómago, se abrió el
epiplón gastrohepático, se localizó la hoz de los vasos coronarioestomáquicos y
se procedió a ligarlos con doble ligadura gruesa no absorbible sin cortarlos.
Luego se liberó el bazo de sus medios de fijación de arriba hacia abajo en la
secuencia siguiente: ligamentos frenoesplénico, esplenorrenal y esplenocólico;
en el ligamento gastroesplénico se ligaron y cortaron los vasos cortos, se
identificaron las ramas del hilio esplénico y se procedió a ligar los vasos
polares superiores y en ocasiones los medios. Se esperó un tiempo prudencial
para que se produjera el cambio de coloración del parénquima esplénico, por
isquemia, que indicara la línea de sección, se dieron puntos en U siguiendo
esta línea, se resecaron los dos tercios superiores del órgano y se puso un
injerto libre de epiplón mayor en toda la zona cruenta, el cual se fijo con los
mismos puntos en U, y se fijó el neobazo en su celda.
Como dato curioso se debe
referir que en todos los casos se encontró un vaso patente del extremo inferior
del bazo a la gastroepiploica izquierda que en individuos sanos no existe y que
puede servir para la técnica en caso de lesión de los vasos del hilio. El
seguimiento consistió en medir los valores de plaquetas a las 6, 12 y 24 horas
después, ultrasonografías seriadas para ver la evolución del neobazo y
endoscopias seriadas, primero cada tres meses durante el primer año y después
anual.
En el Cuadro 1 se recogen
los datos en cuanto a edad y sexo. Hubo predominio marcado del sexo masculino
con 8 pacientes y una edad entre 1 y 4 años.

En el Cuadro 2 se informan
los datos preoperatorios: causa principal de la cirugía que fue el
hiperesplenismo en todos los casos, el antecedente de cateterismo umbilical que
también apareció en 100% de los casos, historia de sangrados digestivos por
várices o gastritis, que variaron desde 10 hasta 3 anuales y el recuento
hematológico que fue de 10.000 a 30.000 U/l de plaquetas, de 80 a 100 g/l de
hemoglobina y de 6x109/l a 9x109/l de leucocitos.

En el Cuadro 3 se muestra
cómo fue la evolución postoperatoria de los niños donde se observa aumento
marcado del recuento plaquetario en todos, inclusive en un tiempo tan corto
como a las 6 horas de la cirugía, disminución del número de sangrados anuales
por pacientes, desde 0 en 2 pacientes hasta 3 en 1 paciente y el resto sólo ha
tenido 1 ó 2, lo que muestra una marcada disminución de esos episodios,
desaparición de las várices en 2 pacientes y ausencia de progreso de las mismas
en el resto, evolución del tamaño del bazo que se mantuvo igual en todos y el
estado actual y seguimiento de los pacientes que ha sido de 1 a 9 años.

A pesar del auge de las
técnicas derivativas y el desarrollo de materiales para efectuarlas, aún se
mantienen en vigencia las técnicas no derivativas para tratar a estos
pacientes.
Las técnicas no derivativas
van encaminadas a resolver el hiperesplenismo secundario y eliminar o disminuir
el riesgo de sangrado del tracto digestivo por várices y/o por gastropatía
portal, a fin de evitar las serias y graves complicaciones que tienen las
técnicas derivativas sobre todo dadas por la presencia de encefalopatía
hepatoamoniacal aguda y crónica que se puede observar en estos pacientes.
Una técnica que se usó hace
muchos años es la de Sugiura Futagawa (12) y que ha tenido múltiples
variaciones (13-17) precisamente con el objetivo de conservar el bazo en la
edad pediátrica y por las dificultades para realizar la transección esofágica.
La técnica que propone el presente trabajo persigue eliminar el hiperesplenismo
y mantener la función del bazo pues se conserva una buena proporción del órgano
que funciona normalmente, lo cual no se lograba con las técnicas no derivativas
descritas antes y que consistían, entre otras cosas, en esplenectomía total
(12-16) que lleva consigo a un riesgo muy grande de iniciar el síndrome de
sepsis fulminante postesplenectomía que tan alta mortalidad tiene y reducir los
riesgos de sangrado posterior, pues elimina una cantidad importante de la
sangre que va al estómago y al esófago abdominal así como disminuye la presión
venosa intramural en el esófago distal y el estómago, todo esto si se alcanzaba
con las técnicas descritas con anterioridad (13-17), lográndose además que el
niño pudiera llegar a la adolescencia donde sería posible que se produzca la
autoderivación de la sangre, sobre todo por el sistema de las venas ácigos y hemiácigos
y las rectales, lo que lleva al descenso de la presión en la porta aunque esto
puede tener el riesgo de los síndromes hepatopulmonar o hepatorrenal los cuales
son sumamente raros y en los pacientes de este estudio no se ha visto ninguno
aunque quizás requiera un mayor tiempo de seguimiento.
Es importante señalar el
hecho de la necesidad de evitar la trombosis portal en el recién nacido e
introducir en forma adecuada el catéter o sencillamente no usar la vena
umbilical, pues esta fue la causa de la hipertensión portal en 100% de los
niños del presente estudio, lo que se contradice con lo informado por Leal et
al. (7) que fue de 10% y Sigalet et al. (10) que fue sólo 20%.
Es interesante señalar que
en esta casuística la causa principal de intervención fue el hiperesplenismo y
no el sangrado que es lo más común en la literatura (5-19) y esto puede estar
en relación con el gran desarrollo que tiene el Servicio de Gastroenterología
del Hospital Pediátrico Universitario "Juan M. Márquez", en el
tratamiento endoscópico de las várices esofágicas. Todos los pacientes
recuperaron con rapidez los valores normales de plaquetas y más lentamente los
de hemoglobina.
Todo lo anterior muestra
que, hasta el momento actual, el seguimiento ha sido satisfactorio pero no obstante
y si se tiene en cuenta que son pacientes en edad pediátrica, se debe continuar
su observación para consolidar los resultados.
La hipertensión portal es
todavía un gran reto para los gastroenterólogos y cirujanos y aún no se ha
dicho la última palabra en su manejo: quizás la solución esté en las
derivaciones pero mientras no se resuelvan los problemas que éstas tienen, es
posible realizar técnicas no derivativas como la que aquí se informa para
mejorar la calidad de vida de estos pacientes.
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Iván Cruz-Álvarez , M.D.1,
Evenildo Martínez, M.D.2, José del Canto de la Rosa, M.D.2
1. Profesor Asistente, Servicio de Cirugía, Hospital Pediátrico Universitario
"Juan M. Márquez", Ciudad Habana, Cuba.
2. Especialista de primer grado de Cirugía Pediátrica, Servicio de Cirugía,
Hospital Pediátrico Universitario "Juan M. Márquez", Ciudad Habana,
Cuba.
xiomi[arroba]infomed.sld.cu
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