En el presente trabajo pretendemos explorar los trabajos de Slavoj Zizek en torno al concepto ideología y utilizarlos como herramienta teórica que nos permita explorar las construcciones ideológicas de la organización "Montoneros".
En la primera parte de esta exposición, buscaremos analizar el modo en que Zizek articula los aportes del psicoanálisis lacaniano con el corpus marxista occidental. Aquí junto a desarrollos propios de Lacan, daremos cuenta de ciertas categorías que reconceptualizadas por Zizek, consideramos de utilidad para el análisis discursivo (síntoma, lo real como vacío-carencia y campo para acción ideológica, significantes y punto nodal, goce, el estadio del espejo e identificación).
En el segundo apartado, se vincularán los conceptos con distintos discursos de la organización montoneros a partir de una hipótesis de trabajo.
Lacan es para mí básicamente un instrumento.
Yo no soy psicoanalista, respeto mucho mi propia libertad,
quiero ser libre de dar vueltas alrededor de un problema,
y sería una pesadilla para mí estar obligado a psicoanalizar todo lo que me rodea.
Pero a pesar de todo encuentro a la teoría y a los conceptos lacanianos
extremadamente aplicables para analizar nuestra situación ideológica.
(Zizek, S. en entrevista "La ideología funciona cuando es invisible"
Diario "La Voz del interior". Noviembre de 2003)
2.1
En Zizek el marxismo contemporáneo adquiere las influencias de un binomio marcado por el psicoanálisis y la lingüística, que se escenifica a partir de la constelación teórica propuesta por Jacques Lacan, desde la cual se estructura la crítica al Althusserianismo y a la teoría crítica en general. El gesto inaugural que permite esta vinculación establecida por Zizek entre la teoría psicoanalítica y Marx es la relectura lacaniana del fetichismo de la mercancía desde la noción de síntoma.
Lacan sitúa el momento preciso en que Marx inventa el síntoma: "Se han de buscar los orígenes de la noción de síntoma no en Hipócrates, sino en Marx, en la conexión que él fue el primero en establecer entre capitalismo ¿y que?, los viejos y buenos tiempos, lo que llamamos la época feudal" (Lacan, 1975:106). La sociedad feudal se estructura a través de la mistificación fetichista de las relaciones entre los hombres: los súbditos se comportan ante sus reyes como si "ser rey" fuera una propiedad natural en ellos, y no el resultado de una red de relaciones sociales. Así, en la sociedad feudal, la noción de servidumbre describe la forma efectiva y visible de la vida social. Con el pasaje a las sociedades burguesas, los vínculos de servidumbre son disueltos y la vida social pasa a estar compuesta por las relaciones entre hombres libres: "El modelo es el intercambio de mercado: dos sujetos se encuentran y su relación carece de las trabas de la relación del Amo, del patrocinio y del cuidado del Amo por sus súbditos; se encuentran como dos personas cuya actividad está cabalmente determinada por sus intereses egoístas; cada quien procede como un bien utilitario; la otra persona está despojada para cada quien de toda aura mística; todo lo que ve cada quien en su socio es a otro sujeto que sigue su interés y que a él solo le interesa en la medida en que posee algo –una mercancía- que pueda satisfacer alguna de sus necesidades" (Zizek, 2001ª: 62).
El núcleo de la teoría marxista del fetichismo de la mercancía consiste en denunciar el carácter mistificante del intercambio mercantil y la adopción de la forma mercancía de los productos del trabajo: "(la forma mercantil) refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende (…) refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores (…). Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos" (Marx, 1999:98/9).
La relectura lacaniana de Marx se centra entonces en el desplazamiento de las relaciones fetichizadas entre los hombres en la sociedad feudal hacia el surgimiento del fetichismo en las relaciones entre cosas en las sociedades de intercambio. "El lugar de fetichismo ha virado simplemente de las relaciones intersubjetivas a las relaciones ‘entre cosas’: las relaciones sociales cruciales, las de producción, ya no son inmediatamente transparentes en la forma de las relaciones interpersonales de dominio y esclavitud (del Amo y sus siervos, etc), sino que se disfrazan –para valernos de la precisa fórmula de Marx- ‘bajo la forma de relaciones sociales entre cosas, entre los productos del trabajo’" (Zizek, 2001ª: 53). He aquí el surgimiento del síntoma: las relaciones de dominio y servidumbre supuestamente superadas con el surgimiento de la sociedad burguesa, han sido meramente reprimidas, y en tanto objetos de represión re-aparecen en su mismo seno, tras la máscara de las libres relaciones entre cosas. Así, desde esta relectura de Marx, Lacan construye la definición de síntoma como signo de lo no-asimilable, de lo que no funciona dentro del ámbito de lo decible y re-aparece enmascarado para contradecir la totalidad en la que surge y que es su condición de posibilidad.
Desde esta idea, Zizek retoma la lectura lacaniana haciendo entrar al psicoanálisis en el marxismo con un nivel de intimidad que lo vincula con sus principios más fundamentales, con la totalidad de sus postulados teóricos. Ya desde Zizek, entonces, el síntoma es un elemento particular que subvierte su propio fundamento universal1 : Marx inventa el síntoma cuando descubre en el seno de la sociedad burguesa una asimetría, un desequilibrio, que desmiente el universalismo de los "derechos y deberes" burgueses sin anunciar con ello una mera realización imperfecta de estos principios universales: lo singular del síntoma es que no es una imperfección a ser abolida con un posterior progreso, sino que resulta propio del universal ideológico que en sí subvierte.
"En este sentido podemos decir que el procedimiento marxiano elemental de crítica de la ideología es ya ‘sintomático’: consiste en detectar un punto de ruptura heterogéneo a un campo ideológico determinado y al mismo tiempo necesario para que este campo logre su clausura, su forma acabada" (Zizek, 2001ª: 47).
Así, por ejemplo, la Libertad como Universal Ideológico dentro de las sociedades burguesas abarca una serie de especies (libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad de comercio, etc), pero también, por medio de una necesidad estructural constitutiva, una clase particular de libertad –la del obrero que vende libremente su propio trabajo en el mercado- que subvierte esta noción universal. Esta libertad es un síntoma, en tanto es el opuesto mismo de la libertad efectiva: al vender libremente su trabajo, el obrero efectivamente pierde su libertad.
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