"Si un lugar puede definirse como lugar de
identidad, relacional e
histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio
de identidad ni como relacional ni como histórico,
definirá un < no lugar>."
Marc Augé.
El fantasma imperfecto de Juan Martini se circunscribe en una escritura que parecería ser un tópico de fines de los ochenta y de los noventa (lo podemos ver en Wasabi de Alan Pauls, en El aire de Sergio Chejfec) que hace a la espacialización del relato en zonas intermedias, de pasaje, de espera, de vacilar, donde las acciones se desdibujan en zonas de indecisión, los sujetos están imposibilitados de reconstruir un panorama, son sujetos pasivos que miran el devenir vertiginoso de los cambios, de las transformaciones de la época.
Minelli ve por la televisión o por la prensa escrita (como el Barroso de Chejfec) noticias que van contando las catástrofes contemporáneas (hundimiento de barcos, caída de aviones, incendios forestales), como la transformación o la desaparición de una época moderna del siglo veinte (muerte de músicos de jazz, resabios, achicamientos y transformaciones del ejército de la china comunista, transformación del estatus social de los viejos republicanos de España). Los medios masivos, la información, es uno de los relatos que cuenta las transformaciones. A través de las noticias se advierte el pasaje a otra época (Minelli también está en una situación de pasaje, en un aeropuerto, de vuelta a su país). También homogeneizan, incluyen en su haber a lo sublime mediatizado (el papa dando misa).
El espacio del aeropuerto configura una zona donde se condensan cuestiones que hacen a la nueva época: ausencia de la naturaleza en su territorio (los aromas son artificiales, el aire está dado por calefacción, los ruidos son mecánicos o electrónicos, la hora se conoce por los relojes y no por los movimientos del sol; la naturaleza aparece en la zona de los sueños de Minelli -casa de camino de tierra que cruza la llanura, planicie con hierbas verdes-, o en el estadio moderno que cristaliza Casablanca ), la sensación de estar en un espacio hiperficcional, construido, donde hasta los policías parecieran ser copias de reproducciones de películas, la publicidad, el mercado, los medios masivos que parecieran impregnar todas las zonas de lo social (Jameson caracteriza a la posmodernidad como una época donde hasta el inconsciente, mediante la publicidad, y la naturaleza, con la devastación de bosques, etc. están subsumidos a la lógica del capital), la industria cultural como la igualación de todo en lo mismo dada en los negocios de basura, la imposibilidad de construir un sentido frente a la multiplicidad de fragmentos dispersos, lo efímero de las relaciones en los no lugares, etc.
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