Jean-Jeaques Rousseau y la ilusión burguesa de la voluntad general

  1. Conformación y creación de la voluntad general
  2. Poder soberano, gobierno y representación
  3. Consideraciones finales
  4. Bibliografía

Todos los hombres son iguales en el gobierno republicano

así como en el despótico:

en el primero porque lo son todo, en el segundo porque no son nada.

Montesquieu, El espíritu de las leyes

Conformación y creación de la voluntad general

La descripción del estado de naturaleza que hace Tomas Hobbes en su clásico libro Leviatán, parece encontrar su forma más acabada en la imagen delineada por Rousseau sobre la sociedad civil. Así, este último sostiene que existió un hombre natural que era feliz porque no estaba sometido a la voluntad de ningún hombre, ya que

"…el hombre verdaderamente libre no quiere sino lo que puede y no hace sino lo que quiere."

Es el hombre de la sociedad civil el que siente un deseo irracional de poder. Un hombre corrompido por la propiedad, la industria, el comercio. Todas estas cadenas lo atan y no le permiten ser libre, por lo que si la tarea es

"…recuperar al hombre natural y perfeccionarlo bajo la forma de un cuerpo social, (esto) requiere de un pacto social que restituya bajo otra forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado y por lo cual cada uno uniéndose a los demás no obedezca sin embargo más que a sí mismo permaneciendo tan libre como antes"

Este pacto que es al mismo tiempo de sumisión y de asociación funda la voluntad general, que garantiza la libertad y cuyo poder es irresistible, indivisible.

De esta manera orden y libertad son integrados en el concepto de voluntad general: el hombre es libre sólo cuando obedece la ley que él mismo se ha dado. Obediencia y sumisión a la ley es obediencia y sumisión a uno mismo.

La voluntad general siempre tiende a la igualdad y al bien común, a diferencia de la voluntad individual, que apunta al propio interés, y con ello a la diferencia.

Tampoco debe confundirse con la voluntad de todos, que es la sumatoria de las voluntades individuales y, por lo tanto, siempre cambiante.

La voluntad general es, entonces, por definición, aquello que es igualmente bueno para todos, la instancia en la que se reconcilia lo justo con el interés del individuo; aquello que nos acerca a los que nos ha arrebatado la sociedad civil, es decir, aquello que nos libera.


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