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Grandes tensiones con la
prensa
El gobierno de Menem también estuvo marcado por muchas acusaciones de corrupción y grandes tensiones con la prensa. Su principal crítico fue el periodista Horacio Verbitzky, quien, desde el diario Página 12, denunció una ola de irregularidades. Las tensiones entre el presidente y la prensa, encabezadas por Verbitzky, derivaron en una sentencia de la CIDH a favor del periodista que sentó precedente jurídico. Sin embargo, el país siguió creciendo hasta mediados de 1998, cuando la crisis financiera asiática produjo una recesión que duró cuatro años. Pero en el 2001, durante el mando del presidente Fernando de la Rúa, la fuga masiva de capitales, que hizo estallar la convertibilidad, causó la peor crisis económico-social de la historia argentina. El gobierno intentó controlar la situación decretando una restricción a la extracción del dinero depositado en los bancos (el llamado Corralito), que llevó a una insurrección de las clases medias y populares y causó la renuncia del presidente en diciembre de 2001. El famoso lema "que se vayan todos" incluía también a la prensa tradicional. La misma prensa que hasta hacía poco había gozado de altos índices de credibilidad debido a que se la veía como un lugar de denuncia y crítica al poder. El repudio de la sociedad era total contra las instituciones.
En dos semanas se sucedieron varios presidentes, hasta que en enero de 2002 la Asamblea Legislativa eligió a Eduardo Duhalde como presidente provisional. La pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord, según cifras del INDEC. Por su parte, según explica Francisco Rey Lennon en una nota publicada por Chasqui (número 80, diciembre, 2002), los medios argentinos también vivían una situación crítica y en cuatro años la circulación de la prensa argentina decayó en un 36 por ciento.
Hacia fines de 2002 la economía empezó a estabilizarse debido a una dramática devaluación de la moneda. En el 2003, fue elegido presidente Néstor Kirchner y desde ese año el país registró una fase de crecimiento económico. Entonces, apareció Barcelona.
Los que se quedaron
En el contexto de la crisis del 2001, una gran mayoría de argentinos quería salir del país. Uno de sus principales destinos: España. "La gente estaba sin trabajo, haciendo colas en las embajadas. Barcelona era considerado la meca del arte y muchos se iban para allá. Nosotros decidimos hacer nuestra Barcelona en Buenos Aires", dice Ingrid Beck, directora de la publicación. Y pusieron de eslogan: "Una solución europea para los problemas de los argentinos".
Pero el lanzamiento de la revista tuvo que retrasarse porque, en plena crisis, el papel subía de precio. A finales del 2002 retoman el proyecto y, gracias a un préstamo familiar de cinco mil pesos (alrededor de $1.500 dólares), emprenden las primeras dos ediciones, que se distribuyen solo en Buenos Aires. Tienen éxito y los ejemplares se agotan. "Cuando salió Barcelona los quioscos todavía estaban vacíos. Con la crisis dejaron de salir muchas revistas y recién después hubo más opciones. La gente con las justas tenía para comer y una revista era un artículo de lujo", dice Beck.
Tras la tercera edición, Barcelona es captada por la desaparecida revista TXT y sale semanalmente como un suplemento. En el 2004, vuelve a independizarse. Desde entonces, sale quincenalmente a un precio de 2.90 pesos (alrededor de un dólar). Su tiraje actual es de 17 mil ejemplares que se distribuyen en varios puntos del país y, como no tienen publicidad, viven de las ventas.
En abril del 2003 aparece la primera edición que resume en su portada el discurso de los últimos dos años: "La Argentina se estaría yendo a la mierda", titulaba. La fórmula desde entonces sería una ácida crítica a los valores establecidos a través de un humor corrosivo que invita a (o impone) cuestionarse el funcionamiento del poder. Y nadie se salva de esta crítica: la política local (el oficialismo de Kirchner en un ataúd o su mujer Cristina semidesnuda) e internacional (los conflictos en Medio Oriente), la religión (los desafortunados comentarios del Papa o un Cristo sadomasoquista), la farándula y el deporte (la desmitificación de divinidades cuestionables en la idólatra sociedad argentina), las leyes polémicas ("Aborto: cada vez más mongólicas se dejarían violar amparándose en una ley blanda"), las desgracias (las responsabilidades y debates acerca del incendio en la discoteca de Cromañón), el sexo ("Ahora dicen que tragar semen engorda"), el pasado dictatorial y la situación de los represores militares ("Habla el sidoso que ese empoma a Etchecolatz en la cárcel") y la sociedad en general ("¿A quién carajo le importan las elecciones?").
Herederos declarados del famoso tabloide francés Charlie Hebdo, algunos la relacionan con The Onion, the American finest source y son cercanos a actuales propuestas latinoamericanas como la de The Clinic en Chile. Sus precedentes en la Argentina han sido ubicados en desaparecidas revistas como Tía Vicenta, Humor, y Todo por dos pesos.
El material bruto (léase agenda) de Barcelona es la coyuntura, la actualidad. Su inspiración formal: los medios tradicionales. "Los medios grandes de la Argentina no hacen buen periodismo. Y no están necesariamente ligados a un poder que les diga qué tienen que hacer y qué no. A veces, tienen que ver más con la impericia, con los negocios, conque no contratan periodistas o les pagan poco, y tienen el diario lleno de pasantes que no saben laburar. Las notas están mal escritas, no informan bien. Por eso, Barcelona es la parodia de un diario. Hay amigos que se juntan a ver videos, a jugar Playstation, nosotros nos juntábamos a leer Clarín y nos cagábamos de risa", dice Beck.
"Cuando comenzamos, decidimos hacer una revista que nos
guste a nosotros, que no necesite publicidad para subsistir, y
que no tengamos que hablar con nadie para hacer una nota ni
desgrabar entrevistas.
Es más, al comienzo no teníamos ni teléfono", dice la directora.
Pero a pesar de esta aparente disociación con respecto a
las fuentes de
información, su diálogo
crítico con los principios de la
prensa es claro. En una nota a cargo de Adriana Amado, aparecida
en Plan V (julio
2006) se resumen "los 10 recursos
más comunes del periodismo en las páginas de
Barcelona":
1) Ante la duda, reproducir el rumor (una desmentida oportuna
convierte en noticia lo que no era más que un anuncio
falso).
2) El sexo oral y visual (cualquier alusión a las partes
habitualmente cubiertas de la anatomía humana,
asegura la atención del público).
3) Libertad de
expresión condicional (una noticia es algo que puede
estar ocurriendo o no y si ocurre, entonces, de cumplirse la
profecía, se convierte en una primicia. Para eso
está el condicional todo servicio).
4) La certeza del lugar común (una obviedad llevada a los
titulares se convierte en una revelación).
5) El uso del retoque creativo (el photoshop es
una herramienta periodísticamente válida).
6) La fuerza de la
generalización (la opinión de unos cuantos es
noticia si se presenta en forma de encuesta).
7) La cita innecesaria (una declaración no necesita ser
relevante. Si se presenta entre comillas, puede parecer
importante).
8) La interpretación pseudoprofunda (una
opinión personal puede
ser presentada como un aporte a la humanidad, cuando pretende
desvelar lo que nunca había estado
oculto).
9) "Ahora dicen" (no es relevante mencionar la fuente: solo hace
falta transmitir la idea de que "lo dicen muchos" y "por
ahí").
10) Que no falte el debate social
(Violencia en
las escuelas, patotas, nuevos políticos, todo debate
tendrá sus cinco minutos de análisis, pero no más que
eso).
Estas serían a rasgos generales las críticas que
Barcelona, de manera paródica le hace a cierta prensa
local y, al mismo tiempo, son
los recursos (llevados al límite) de los que se vale para
establecer un estilo.
Igual que la mayoría de publicaciones de este tipo, los integrantes de Barcelona son un grupo de amigos que también comparten el oficio de periodista inconforme. Provienen de la revista de rock La García y la revista cultural La Maga (ambas desaparecidas). Y además componían una banda de rock.
Aún mantienen esa filosofía de grupo, pues no reciben colaboraciones de ningún tipo.
Del mundo externo, solo publican las indignadas o elogiosas cartas al editor, porque, como una banda de rock, también viven de la polémica y la constante provocación. "Hay algo en lo que se parecen todos los lectores indignados. Siempre dicen: hasta ahora leía la revista, pero ya cruzaron el límite y ya no la leo más. Sin embargo, la revista se hace más conocida", aseguran los editores. Son quizás esos lectores los que le hacen el mayor favor a Barcelona. Como una señora que compró la mayoría de ediciones en las que se anunciaba el romance del año entre el Papa y Terri Schiavo (la mujer en estado vegetativo, cuyos familiares pedían desconectarla de la máquina que la mantenía con vida). La indignada lectora rompía los ejemplares en cada quiosco que encontraba.
Otros temas también han generado polémica, como el tratamiento de notas sobre el Medio Oriente. Una tapa de Barcelona titulaba: "Tolerancia. Un judío y una negra deciden el futuro de la humanidad". "Recibimos cartas, llamadas telefónicas y amenazas de muchos judíos principalmente. La tapa dio la vuelta al mundo y mucha gente no sabía de qué se trataba nuestra revista y la leyó fuera de contexto", dice Beck.
A pesar de estos incidentes aislados, los editores aseguran que nunca han sufrido ningún tipo de censura: "Quizá porque no nos toman tan en serio", dicen. Sin embargo, la publicación es comentada, citada y reseñada en los grandes medios como el mismo diario Clarín, Página 12 y otros. Es, sin duda, un referente del gremio periodístico y también una noticia en sí.
Los periodistas de Barcelona han querido subrayar que manejan un particular lenguaje y han hecho un celebrado aporte a la lingüística nacional. Bajo el título de "Puto el que lee" (Editorial Gente Grossa, 2006), han publicado el "diccionario argentino de insultos, injurias e improperios". Repleto de hilarantes ilustraciones, va por la segunda edición y sus 254 páginas son una guía indispensable para extranjeros y locales.
Gracias a este producto el lector se entera que en la Argentina "baboso" es el que "insiste en obtener cariño o favores sexuales del otro ante la negativa de su interlocutor"; "menemista" sería el "nuevo rico, que consume cosas caras, ostentosas y de escaso valor intelectual"; y que un ejemplo del uso de la palabra "boludo" es: "no hay nadie más boludo que esos extranjeros que, para imitar a los argentinos, se la pasan diciendo ché y boludo".
Con este lenguaje que recoge lo coloquial y el habla popular porteña, el grupo que integra Barcelona también proyecta expandirse a otros medios. Ya tienen listo un piloto de radio y TV realizado con su particular estilo que borra las fronteras entre la realidad y la ficción. Un estilo que han logrado consolidar: "Toda la tradición de la prensa gráfica argentina relacionada con el humor tiene en algún lugar la opinión seria. Aparece de un modo en el que distinguen: aquí hay humor y aquí no. En Barcelona, esos límites no existen", aseguran.
La revista Barcelona responde en diversos niveles a las
consecuencias de la inédita crisis política,
económica y social que sufrió la sociedad argentina
en el 2001 y el 2002. A pesar de la reactivación
económica posterior del país, la crisis dejó
una estructural huella traumática y provocó un
cuestionamiento generalizado. La crisis produjo que el imaginario
colectivo argentino cuestionara todos los niveles de lo
institucional y el manejo del poder (incluyendo el desempeño de la prensa tradicional), a la
clase
dirigente sin excepción y a la realidad misma tal como era
presentada, una burbuja de aparente bienestar que les
estalló a todos en el rostro. Barcelona canaliza estos
sentimientos a través de una prensa paródica, de
humor y ficción.
Al definirse como una revista política, esta
publicación contrahegemónica asume también
una actitud
decisivamente crítica. La ficcionalización de lo
"real" (entendido como la agenda noticiosa) refleja el
descreimiento y escepticismo en el discurso oficial y en la
construcción de la autoridad en
la discusión pública. Entonces, la mentira
crítica y declarada es aceptada en un honesto pacto de
lectura, y se
convierte en una poderosa manera de conocimiento
de la realidad. La parodia del formato, los géneros y los
recursos periodísticos implica un diálogo
crítico con el ejercicio de la profesión en la
Argentina y, al mismo tiempo, apuntan la necesidad de su buena
práctica. Denotan también el
conocimiento de los valores
periodísticos por parte de los editores de Barcelona: para
parodiar algo hay que tener una sólida idea de lo que
"debería ser".
Cuando Barcelona propone borrar los límites entre lo serio
y lo humorístico, los está equiparando en cuanto a
su veracidad. En cada nota el lector debe poder sonreír y
cuestionar. Para lograr esto se apela al ingenio (hay una
reivindicación del talento y la creatividad en
el oficio de contar el mundo) y a lo políticamente
incorrecto en temas sensibles de la sociedad contemporánea
(sexo, raza, clase, genocidios, guerras, etc.)
Es destacable que la crítica y la mirada lúdica
abarque todos los espectros y actores del poder: no hay buenos ni
malos. Todo lo que es noticia es criticable. Los límites
se han borrado.
Paúl Alonso,
Peruano, periodista y escritor, actualmente cursa una
doble maestría de Periodismo y Estudios Latinoamericanos
en la Universidad de
Texas, Austin, y trabaja en el Knight Center for Journalism in
the Americas.
Revista Chasqui
Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para
América Latina (CIESPAL)
Weblog:
Web:
www.chasqui.comunica.org
Web institucional: www.ciespal.net
Quito -
ECUADOR
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